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A G U I D E P O S T S

O U T R E AC H

P U B L I CAT I O N

Cómo

Cómo

Hacer Hacer

De De Jesús Jesús

Tu Tu Mejor Mejor

Amigo Amigo

Por

NormaN ViNceNt Peale

GUIDEPOSTS OUTREACH

Guideposts, fundado en 1945 por el Dr. Norman Vincent Peale y su esposa, Ruth Stafford Peale, es un ministerio interreligioso sin fines de lucro dedicado a ayudar a las personas de todos los niveles de vida a lograr su máximo potencial personal y espiritual. Sus programas y productos inspiradores tienen como base fundamental dos convicciones:

las historias reales son poderosas maneras de motivar a la gente a llevar una vida mejor y la fe en Dios puede ser reforzada aplicando verdades espirituales a la vida diaria.

La ayuda pastoral de Guideposts Outreach se esfuerza en cumplir nuestra misión al proveer publicaciones inspiradoras gratuitas a personal militar y a hospitales, hogares de ancianos, iglesias, establecimientos penales y otras organizaciones que sirven al público. Además, invitamos a nuestros lectores a que nos envíen sus pedidos de oraciones –por teléfono o por correo postal o electrónico. Cada día hábil, el personal y los voluntarios de Guideposts oran para que se satisfagan las necesidades de cada persona en particular.

Para obtener más información en inglés sobre la ayuda pastoral de Guideposts Outreach, por favor visite guidepostsfoundation.org

A G U I D E P O S T S

O U T R E AC H

P U B L I CAT I O N

Cómo

Cómo

Hacer Hacer

De De Jesús Jesús

Tu Tu Mejor Mejor

Amigo Amigo

Por

NormaN ViNceNt Peale

Guideposts Outreach

Título del original en inglés: How To Make Jesus Your Best Friend © Copyright 2006 por Peale Center for Christian Living Traducción: Daniel A. González y Asociados Impreso en EE.UU. • 92011 • 018-4849

CONTENIDO

Cómo usar este librito

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1 Conócelo

4

2 Conoce a uno de Sus seguidores

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3 Estudia Sus enseñanzas

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4 Habla con Él

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5 Entrégale a Él tus temores más profundos

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6 Haz de Él tu mejor amigo

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CÓMO USAR ESTE LIBRITO

Lo mejor de la amistad es que es sumamente práctica. Cuando tienes un buen amigo, tienes a alguien que “en tiempos de angustia es como un hermano” (Proverbios 17:17). Cuando Jesús es tu mejor amigo, tienes a alguien “más fiel que un hermano” (Proverbios 18:24). Hoy en día, el mundo está enfrentando nuevamente el desorden y la confusión, y muchos individuos están enfrentando profundas crisis personales. Pero cualquiera que sea la crisis, es imprescindible tener un amigo sabio y compasivo que se preocupe por nuestras necesidades. Este librito te presenta al Maestro. Lo conocerás, así como a algunos de Sus seguidores. Estudiarás Sus enseñanzas básicas y aprenderás a hablar con Él. Finalmente, tendrás la oportunidad de iniciar una relación para toda la vida con Él como tu mejor amigo. Y eso, más que cualquier otra cosa, te ayudará a superar cualquier adversidad que estés enfrentando.

Lee un capítulo de este librito a la vez –léelo atentamente

y reflexiona sobre los pasajes de la Biblia citados. Luego tómate el tiempo para efectuar los “pasos para la acción” al final del capítulo. Cuando lo hayas hecho, continúa con

el próximo capítulo. Al seguir esta fórmula simple y práctica, conocerás

a la mejor Persona que jamás ha existido y que todavía

vive. Él se convertirá en tu mejor amigo. Él te guiará en los mejores momentos de la vida, y también en los más

difíciles. Además, Él te tomará de la mano cuando sea el momento de entrar a la próxima vida.

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Conócelo

uando quieres hacer una amistad, el primer

paso es conocer a esa persona. Y conocer a

Jesús es una experiencia encantadora, porque Él es el personaje más interesante de toda la historia. Jesucristo es la persona más interesante que jamás ha existido, el hombre más amable que jamás caminara sobre la tierra, la mente más maravillosa que jamás haya visto la historia humana y la personalidad más increíble que jamás estuviera entre nosotros. A medida que las personas llegan a conocer mejor a Jesús como la persona real que vivió y caminó entre nosotros, he notado que se acercan más y más a Él. Hay varias razones para ello. En primer lugar, las personas se acercan a Jesús porque Él las ama. ¿Crees que cualquiera te ama como lo hace Jesús? Bueno, tu esposo/a te ama. Tu madre, tu padre y tu familia te aman. Pero nadie te ama como Jesús. Su única razón para venir y estar entre nosotros

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fue el amor: “Pues Dios amó tanto al mundo, que dio ”

a su Hijo único

Mientras estuvo en la tierra, Jesús nunca vio una computadora, un televisor, un avión o una bomba. Sin embargo, Él es el Pensador más grande entre nosotros, cuyo mensaje es tan verdadero hoy como cuando fue proferido. ¿Cuál es ese mensaje? Simplemente éste:

una persona es más importante que las computadoras, los televisores, los aviones o las bombas. Y Jesús ama

a esa persona, hasta murió por ella. Eso es algo mara-

villoso, es lo máximo. Otra razón por la cual nos acercamos a Jesús es que lo necesitamos en nuestra experiencia humana. Él nos dice que somos mejores de lo que pensamos que somos. Jesús te dice que tú eres positivamente maravilloso. ¡Eres un hijo de Dios! Él te dice que no debes ser

una persona pecadora, mala, vindicativa, prejuiciosa

o temerosa. Él te dice que no seas así, porque no es

para eso que fuimos creados. Él te dice que puedes ser cualquier cosa que quieras ser. No tienes que sentirte

derrotado; ni estar deprimido. Eso es lo que Jesús te está diciendo. La tercera razón por la cual las personas acuden a Jesús es que Él nos da el poder para superar cualquier tragedia, cualquier dificultad, cualquier problema en esta vida. Yo no sé qué problemas puedas estar enfrentando, pero sé que hay tan sólo unos pocos problemas humanos básicos. Acude a Él y Él te dará el poder para superarlos. Hay un poder ilimitado en el conocimiento de Jesús, cuando realmente llegas a

(Juan 3:16).

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conocerlo. La mayoría de las personas sólo lo trata superficialmente y, por consiguiente, consigue sólo resultados superficiales. Pero para aquéllos que van más profundo, está disponible un poder tremendo. Después de un discurso que di a un grupo grande de educadores, un joven me estrechó la mano y dijo simplemente: “Gracias”. “¿Gracias por qué?”, le pregunté. “Si no hubiera sido por algo que usted dijo, yo no sería hoy el director de una escuela secundaria”, contestó. “¿Qué fue lo que dije y dónde?”, le pregunté. “Hace muchos años, yo estaba en Vietnam en un puesto alejado, rodeado de sacos de arena. Usted vino a hablarnos. ¿Lo recuerda?” “Sí, me acuerdo”. “Bueno, nos reunieron y nos dijeron que un predica- dor de Nueva York iba a hablar con nosotros, y que el Presidente lo había enviado”. Entonces me contó su historia: “Antes de ir a Viet- nam, nunca tuve buenas calificaciones en la universi- dad. Mis profesores me dijeron que no tenía ninguna capacidad, que nunca sería más que un estudiante de bajas calificaciones, así que dejé la universidad en el tercer año”. “Cuando lo conocí a usted ese día en Vietnam, yo estaba desanimado. Además de sentirme como un don nadie, no quería estar allí, aunque pensaba que debía hacerlo. Entonces usted se puso de pie entre los sacos de arena y empezó a hablarnos de Jesucristo, algo que

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me sorprendió. Para usted no había ninguna diferencia

si éramos judíos, protestantes o católicos, o negros o

blancos. Usted nos dijo que nosotros éramos todos hijos de Dios y que Jesucristo nos amaba a cada uno de nosotros. ¿Se acuerda de eso?” “Sí”, le respondí. “Recuerdo que yo los miraba a to-

dos ustedes, muy jóvenes, y que estaba tan conmovido

y se podían oír las bombas

estallar a la distancia”. “Bueno”, siguió, “mientras usted hablaba sobre Jesucristo aquel día, yo le entregué mi vida a Él en ese mismo instante. Y, ¿sabe qué? empecé a creer que tenía un futuro, que yo no era una persona de bajas calificaciones’. Y cuando regresé a Estados Unidos, volví a la universidad y me gradué”. “Ahora, soy el director de una escuela secundaria,

y ¿sabe lo que hago? Les digo a mis estudiantes que

que apenas podía hablar

son mejores de lo que ellos creen, y que Jesucristo tiene el poder para hacer que sean ¡cualquier cosa que ellos quieran ser!” Ese hombre que estaba de pie delante de mí irra- diaba amor por Jesús. ¡Fue maravilloso! De veras, no puedo entender por qué la iglesia no se aviva y deja de hablar de muchas otras cosas y se concentra en hablar de Jesús. ¡Él es la respuesta!

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Pasos para la acción

1. Siente el poder del amor de Jesús personalizan- do Juan 3:16: “Pues Dios amó tanto al mundo, que dio a su Hijo único, para que [yo] que creo en él no muera, sino que tenga vida eterna”.

2. Haz una “estimación positiva” de ti mismo al estilo de Jesús, haciendo una lista sólo con tus posibilidades y potencial.

3. Agrégale poder a tu vida memorizando esta pro- mesa: “Pero a quienes lo recibieron y creyeron en Él, les concedió el privilegio de llegar a ser hijos de Dios” (Juan 1:12).

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Conoce a uno de Sus seguidores

I REALMENTE QUIERES conocer a alguien, es- tudia cómo son las personas que escoge como

amigos. En el caso de Jesús, éste es un tema interesante. Considera, por ejemplo, a Pedro, el pescador des- carado y musculoso que dejó sus redes y pasó tres años viajando con Jesús. Su especialidad particular parecía ser hablar o actuar primero y pensar después. Una noche, en un jardín oscuro cerca de Jerusalén, Pedro sacó su espada y le cortó la oreja a un guardia que iba a arrestar a Jesús. Sin embargo, unas pocas horas después, estaba desconcertado y frustrado, y negó que conocía a Jesús. Se podría pensar que no tenía mucha capacidad para ser un líder. Pero poco a poco Pedro se entregó totalmente al poder de Jesucristo y un día el Señor le dijo: “Tú eres Pedro (que significa piedra), y sobre esta piedra voy a construir mi iglesia” (Mateo 16:18).

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Pedro se puso a la altura de esa confianza. Se convirtió en uno de los portavoces más poderosos y elocuentes del siglo primero, enfrentándose una y otra vez con las autoridades que intentaban silenciarlo. Hoy en día, Jesús tiene la misma clase de seguidores. Hace poco, recibí un mensaje del presidente de una de las empresas más grandes de Estados Unidos. Él había tomado varias decisiones lamentables, una tras otra; y dos o tres de ellas habían sido desastrosas. Se pasaba las noches desvelado y, por consiguiente, estaba cansado y sin energía. Él quería que le prescribiera “una receta espiritual personal, preparada especialmente” para él. Me explicó este pedido, que parecía tan raro, mencionando que cuando está enfermo físicamente, va al médico para que le dé una receta únicamente para él, Walter T., con las instrucciones específicas de cómo y cuándo tomar el medicamento. Por lo tanto, me pidió que como yo también era doctor, si le podía prescribir una receta para su condición emocional y espiritual. Era un pedido difícil, pero me di cuenta de que él hablaba en serio. No se trataba de una broma ni un pedido vago. Así que le dije: “Antes de que te prescriba una receta, por favor contesta estas preguntas: ¿crees en Dios?” “Sí, creo en Él”, me respondió. “¿Y aceptas a Jesucristo como tu Señor y Salvador?” “Con todo mi corazón”, contestó. “¿Crees en la Biblia, y en la oración?” “Sí, ciertamente creo”.

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“Cuándo yo te dé esta ‘receta espiritual’, ¿la seguirás al pie de la letra?” “Déme la receta, Dr. Peale, y yo haré todo lo posible para seguirla”. Así que yo tomé una hoja de papel y escribí en la

parte de arriba: “Receta espiritual para Walter T., debe ser tomada como se indica.” Y la firmé “Norman Vin- cent Peale, Doctor en Divinidad”. Esa designación, que yo jamás uso, era para que pareciera más oficial. Esto es lo que le receté:

1. Lo primero que debes hacer al despertarte cada

mañana, es decir: “Este es el día que hizo el Señor;

¡gozaremos y nos alegraremos en él!” (Salmo 118:24).

2. Haz un poco de ejercicio vigoroso.

3. Todas las mañanas di: “Con la ayuda del Señor,

éste será un gran día”. Lee un capítulo del evangelio según Mateo, Marcos, Lucas o Juan, e intenta visu- alizar a Jesús como un amigo que está viviendo las experiencias allí descritas.

4. Si es posible, ve a tu oficina caminando.

5. Antes de empezar a trabajar, repite lo siguiente:

“Los que confían en el Señor tendrán siempre nuevas fuerzas y podrán volar como las águilas; podrán correr sin cansarse y caminar sin fatigarse.” (Isaías 40:31). Ten en cuenta que el foco no está en un surgimiento

de poder espiritual, sino en la habilidad de caminar, es decir, en seguir adelante.

6. Al mediodía, agradécele a Jesús por la buena

mañana y, si es posible, ve a almorzar caminando. A lo largo del día, trata de mantener la tensión baja. Practica

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confiar en que Él está guiándote en cada decisión. 7. Cuando te acuestes a dormir, agradécele al Señor por el día, sin importar lo que te haya sucedido. Pon en Sus manos las decisiones que hayas tomado y déjalas allí. Repite la frase: “Aquí está la calma, aquí está el descanso; que descanse el fatigado. Pero no quisieron hacerle caso” (Isaías 28:12). Muchos meses después, volví a ver a Walter T. y le pregunté cómo estaba. Me contó cómo el mejoramiento gradual, interrumpido por algunos contratiempos, lo había devuelto a la cima. “Usted me dio la medicina más científica y eficaz que jamás he recibido”, dijo. “Usted es realmente un médico, usted me hizo bien”. “No, Walter”, le contesté. “No fui yo, sino el Gran Médico, Jesús”. “Claro”, dijo, “nosotros conocemos la fuente del poder curativo”. Cuando uno lee sobre alguien como Pedro, o se encuentra con alguien como Walter, es muy fácil descubrir y entender el poder que se obtiene al tener a Jesús como amigo.

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Pasos para la acción

1. Usa la receta que le di a Walter T. como guía para escribir tu propia receta espiritual.

2. Jesús promete que una relación activa con Él traerá un gran beneficio a tu vida. Memoriza la cita: “Pidan, y Dios les dará; busquen, y en- contrarán; llamen a la puerta, y se les abrirá” (Mateo 7:7).

3. Haz una lista de cuatro cualidades que buscarías en un buen amigo. Guárdala a mano mientras lees este librito.

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Estudia Sus enseñanzas

3 Estudia Sus enseñanzas U N P R O B L E M A que tienen

U N PROBLEMA que tienen muchas personas para conocer realmente a Jesús es que confían en

información de segunda mano. Lo que quiero decir con esto es que saben poco de Él excepto lo que han oído de otros. Mucho dolor y muchos de los mo- mentos más oscuros de la historia, se han debido a que alguien, en alguna parte, ha dicho saber algo especial de Jesús que no se había revelado al público general. Esto no es verdad. Jesús fue muy claro en Sus enseñanzas y, además, tuvo el cuidado de dejarlas escritas en el Nuevo Testamento. Es fácil descubrir por ti mismo lo que Él dijo. En resumidas cuentas, Jesús enseñó lo siguiente:

“Yo soy el camino, la verdad y la vida” (Juan 14:6). Son Sus palabras, no las mías. Si estás confundido por algún asunto o relación per- sonal, Jesús puede mostrarte el camino. Él te iluminará el camino que tienes delante cuando trates de seguirlo.

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Pero, como la luz de una linterna en el sendero de un bosque oscuro, Él te muestra sólo unos metros del viaje. Tienes que dar un paso adelante antes de que se ilumine más lo que sigue del camino. Cuando estás confundido y necesitas respuestas de- sesperadamente, puedes confiar en Jesús para revelarte la verdad. Yo creo que este aspecto de Su personalidad es especialmente importante para las personas de hoy, que tienen que tomar decisiones morales y éticas cada vez más complicadas. Una guía simple que te mantendrá en el camino es preguntarte: “¿Qué haría Jesús?” ¿Quieres vivir –verdaderamente vivir, no simplemente existir– de un día al otro? ¿Quieres despertar cada día con la alegría anticipada por lo que el día te traerá? Entonces cree que la vida empieza y continúa con la ayuda de Jesucristo. De Él viene la maravillosa enseñanza: “El que está unido a Cristo es una nueva persona. Las cosas viejas pasaron; se convirtieron en algo nuevo” (II Corintios 5:17). La Pascua es un ejemplo de cómo Jesús nos hace ver el poder de la vida, que generalmente asociamos con la eternidad. Pero la vida eterna no sólo está en el futuro –también la puedes tener hoy. No tienes que esperar la muerte; puedes ser resucitado hoy, si sientes que parte de tu espíritu se ha muerto. De hecho muchos estamos muertos aun cuando estamos vivos. ¿Qué es en realidad la vida? La vida es ser sensible. Es estar lleno de alegría, es ser vital, ser efervescente, estar entusiasmado con la idea de la victoria. Si esto no te caracteriza, quizás necesitas ser resucitado.

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Una vez, un prominente hombre de bienes raíces de Florida me escribió, diciendo: “Yo he vivido durante

cincuenta y un años, pero hasta hace cinco años estuve muerto”. “Unos años antes, estaba concretando muchos con- tratos de venta y ganando mucho dinero. Pero empecé

a beber, y me quedé asombrado de lo rápido que todo

se vino abajo. Lo perdí todo, incluidos mi familia y mi negocio. Me volví un pobre desamparado”. “Finalmente decidí saltar desde el puente al río que atraviesa mi ciudad. Pero, en el camino, pasé por una reunión de Alcohólicos Anónimos y algo me instó a entrar. Encontré en la mesa uno de sus sermones im- presos, me lo puse en el bolsillo, me quedé un rato, y me fui camino al puente”. “Al pasar por el banco de un parque, me senté y leí el sermón. Usted decía que Jesucristo es superior

a cualquier debilidad humana. Pensé en esto y me

sorprendí diciendo en voz alta: ‘Jesús, ¡cámbiame!’ Regresé a mi cuarto y dormí doce horas seguidas. Al despertar, me sentí libre de mi debilidad. Hoy estoy lleno de agradecimiento por la nueva vida de los últi- mos cinco años”. ¿Quién, sino Jesús, podría hacer eso? La vida de este hombre se había hundido profundamente, pero Jesús le infundió nueva vida. Él lo re-creó así como la tierra se re-crea en la primavera. Así de grande es Su poder.

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Pasos para la acción

1. Lee el sermón más famoso de Jesús, que se en- cuentra en Mateo, capítulos cinco, seis, y siete. Haz tu propia lista con Sus consejos prácticos.

2. Visualízate en una ladera con vista a un lago, sentado/a en la grama y escuchando a Jesús.

Permite que la vista, los sonidos y los olores de un lindo día de primavera te relajen, mientras que las verdades de la lección llenan tu mente.

3. Memoriza la promesa de Jesús en cuanto a Su enseñanza: “Si ustedes permanecen unidos a

pidan lo que quieran y se les dará.” (Juan

15:7).

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Habla con Él

4 Habla con Él U N INDICIO de amistad profunda y verdadera es la posibilidad de

U N INDICIO de amistad profunda y verdadera es la posibilidad de hablar con un amigo de

cualquier cosa, sin temor y detalladamente. En la medida en que vayas conociendo a Jesús, más querrás comunicarte con Él. La buena noticia es que ésto es posible a través de un simple ejercicio espiritual llamado oración. La oración es simplemente una conversación entre tú y Jesús. No compliques demasiado el proceso. No pienses que debes llenar la conversación de palabras extrañas y piadosas, ni utilizar alguna de la jerga tradi- cionalmente aceptada. Simplemente habla con Jesús en el idioma normal y cotidiano. En una conversación simple y honrada, ábrele tu corazón y díle todo sobre tus esperanzas, sueños, temores y fracasos. Para orar correctamente, tienes que estar en buenos términos con Jesús. A veces a esto se le dice “estar bien con Dios.” Significa que tienes que ser honrado

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con Él y pedirle perdón. Él ya te conoce mejor que tú mismo, así que debes contarle honesta y contritamente cualquier cosa mala que hayas dicho, pensado o hecho. Él eliminará estas barreras de comunicación. Hablar con Jesús es un proceso en ambas direc- ciones; tienes que practicar oír espiritualmente para escuchar Su voz.

Otro término para esto es la “meditación receptiva”. Relaja tu cuerpo, siéntate en silencio, haz que toda la tensión salga de tu cuerpo. Disciplina tu mente a cal- larse completamente, para que los pensamientos de Cristo puedan pasar por ella sin impedimentos.

La oración tiene un gran poder cuando usas estos

principios.

Mi yerno Paul Everett dirigía un ministerio llamado

el Experimento (la prueba) de Pittsburgh. El concepto viene del renombrado ministro Sam Shoemaker. Algu- nos negociantes dijeron que no creían que Dios tuviera nada que ver en los problemas prácticos de sus vidas cotidianas. Así que Sam les planteó un desafío: “No dudarían en poner a prueba un nuevo enjuague bucal por unos días a ver si funciona mejor, ¿verdad? Bueno, yo los desafío a poner a prueba la oración”. “Quiero que todos ustedes prometan que van a orar todos los días durante un mes por su necesidad más urgente –aunque no crean en la eficacia de este método. Les garantizo que en ese tiempo Dios, de alguna manera, iluminará su problema”.

En los años subsiguientes, miles de personas han

obtenido ayuda práctica con las pruebas de oración.

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Una de mis historias preferidas que Paul cuenta es la de Bob, un ingeniero que tenía graves problemas de dinero. Un compañero de trabajo lo desafió a que orara por eso durante 30 días. Después de dos semanas se en- contraron y se dieron cuenta de que no había progreso alguno. De hecho, ¡la situación de Bob estaba peor! Bob le preguntó a su compañero: “¿Te has acordado de orar todas las noches?” “Sí, oro cada noche antes de acostarme”, respondió. “Bueno”, dijo Bob, “por lo menos nosotros dos estamos haciendo nuestra tarea”. En la mañana del día 29, se encontraron de nuevo. Esta vez, ambos estaban desanimados con el aparente silencio de Dios. Estuvieron de acuerdo, sin mucho interés, en orar el último día. “Recuerda,” dijo el amigo de Bob, “no le digas a Dios cómo resolver el problema, simplemente pídele que te lo resuelva, y cree con todo tu corazón que Él te dará una respuesta”. Esa tarde, Bob entró en la oficina de su amigo gri- tando: “No lo puedo creer, acabo de recibir un aumento de sueldo –¡seis meses antes de lo debido!” Hay un tremendo poder cuando se habla con Jesús mediante la oración.

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Pasos para la acción

1. Haz tu propia prueba de oración –elige un problema, busca un compañero de oración y comprométanse a orar todos los días.

2. Escucha a Jesús. No pases todo tu tiempo de oración hablando. Tómate el tiempo para re- lajarte físicamente y para estar completamente callado, para que puedas oírle hablar.

3. Memoriza la promesa de Jesús: “Y todo lo que ustedes, al orar, pidan con fe, lo recibirán” (Mateo 21:22).

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Entrégale a Él tus temores más profundos

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ODOS TENEMOS momentos en nuestras vidas cuando el temor se apodera de nosotros. Pu-

ede ser miedo a un nuevo trabajo o miedo al rechazo en una relación. Una de las emociones más paralizantes para los seres humanos es el temor. La mano de un amigo es de gran ayuda en los mo- mentos de miedo. Cuando Jesús es tu mejor amigo, tienes Su fuerza en cualquier situación difícil. De hecho, Él no nos ha dado un “espíritu de temor, sino un espíritu de poder, de amor y de buen juicio” (II Timoteo 1:7). El miedo es una fuerza enorme. Efectivamente ha arruinado a millones de personas, y ha frustrado la vida de multitudes. El miedo. ¡Qué poder tan tremendo! Pero existe un poder mucho más grande que supera el miedo; el poder de la fe. Nada iguala el poder de la fe. La fe puede socavar el miedo; puede destruir el temor. Cuando conozcas a Jesús, encontrarás que la fe es

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más que una actividad intelectual; la fe es una entidad;

la fe es una sustancia; la fe es un remedio curativo. El segundo antídoto contra el miedo es el amor. En un viaje a Hawai con mi esposa Ruth, visitamos a

unos amigos en la isla de Maui. Su casa está a la orilla del mar, en la saliente de un gran acantilado, rodeada por un bosque denso. Detrás de la casa se eleva un volcán y abajo del volcán corre un río que forma lo que

se conoce como las “Siete piscinas sagradas”. Aquí, un

lugar conocido por su poder místico y espiritual, los primeros hawaianos venían a rendir culto. Cerca de ahí hay una pequeña iglesia que fue con-

struida en 1825 por misioneros de Nueva Inglaterra. Motivados por el amor a las personas de Maui, afron- taron el largo viaje para llevarles el mensaje de Jesús.

Y

durante años, la iglesia se llenaba con trabajadores

de

las plantaciones cercanas. Pero la economía cambió

y la iglesia se deterioró. Ahora está restaurada y fuimos a visitarla. En el interior hay imágenes de esos primeros misioneros, una pareja de Nueva Inglaterra con rostros más bien seve- ros, rígidos quizás, pero con amor en sus corazones. Entré al púlpito y por casualidad le di una mirada a la

Biblia, que estaba abierta en el capítulo 13 de la primera carta a los Corintios. Estas palabras se destacaban: “El amor jamás dejará de existir”. El amor no les falló a ellos en aquel entonces, y no

te fallará nunca a ti. Si estás profundamente consciente

de que Jesús te ama, y si te llenas de amor por Él y tu prójimo, puedes decirle adiós a tus temores.

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Quizás nuestro mayor temor es la muerte. Reci- entemente he visto muchos artículos y libros de ex- periencias “cercanas a la muerte”; pareciera que las personas están más interesadas que nunca en enfrentar ese miedo. De las historias que he oído, la que mejor ilustra este tema es la del doctor Leslie Weatherhead. Tiene que ver con un bebé en estado prenatal. El bebé está cerca del corazón de su madre, está bien alimentado y feliz; le gusta estar ahí. Imaginen, enton- ces, que alguien le dice al bebé: “No te vas a quedar aquí. Vas a nacer”. Y él sabría que al nacer, tendría que dejar este lugar calentito y seguro. Eso no sería un

“nacimiento” para él. Eso sería morir, y morir es el fin. Seguramente el bebé diría: “Yo no quiero nacer; no quiero morir. Me gusta estar aquí; estoy contento

y feliz”. Pero llega el día del nacimiento y, desde su

punto de vista, él se muere en ese lugar y nace en nuestro mundo. ¿Qué pasa entonces? El bebé siente el calor, la ter- nura, las manos amorosas que lo sostienen suavemente.

Ve un rostro maravilloso, lleno de amor, que lo mira. A medida que pasa de la infancia a la juventud y luego a la madurez, el futuro se muestra luminoso ante él. Entonces se empiezan a sumar los años. Se le pone

el pelo canoso y se vuelve un poco débil. Él sabe que

un día va a morir, que dejará este lugar para irse a otro. Por supuesto que protesta: “No quiero morirme. Me gusta estar aquí. Me gusta sentir la calidez del sol en el rostro, el frío de la nieve, el olor de la lluvia. La vida es buena. No quiero irme de aquí”. Pero un día,

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él muere para este mundo.

¿Qué pasa entonces? ¿No es razonable esperar que Jesús, su mejor amigo, estará allí para recibirlo con sus grandes manos amorosas y que lo mirará con ojos infinitamente amorosos? El hombre mirará a su

alrededor y quedará sin aliento ante toda la maravilla

y

la belleza que ve. Todos los temores desaparecerán

y

todas las lágrimas se secarán. Entonces este hombre

dirá: “¿Por qué tenía tanto miedo de esta cosa llamada

muerte? Ahora puedo ver que ¡ésto es la vida!” Jesús nunca cambia. Él es “el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Hebreos 13:8).

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Pasos para la acción

1. En una hoja de papel, anota tus tres mayores temores. Para enfocar la fe en superar tus mie- dos, míralos, uno por uno, y repite: “Yo creo, yo creo, yo creo” después de cada uno.

2. Para enfocar el poder del amor en tu miedo, memoriza el texto: “Donde hay amor no hay miedo. Al contrario, el amor perfecto echa fuera el miedo” (I Juan 4:17).

3. Si supieras que te vas a morir mañana a las 6 de la tarde ¿qué es lo primero que harías? Hazlo ahora, y considera la muerte como un viaje, no como el fin temido.

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Haz de Él tu mejor amigo

UENO, ya deberías estar listo para dar el próximo paso y hacer de Jesús tu mejor amigo.

La esencia de este proceso es poner tu fe y tu confianza completamente en Él. Camina con Él todos los días y todas las noches. Camina y habla con Él; deja que Él te acompañe. Igual que lo harías con un amigo. Tú vives con tu esposo/a y conversan. Hay com- pañerismo; hay comunicación. Tú le puedes decir cualquier cosa y él/ella te puede decir cualquier cosa. Puede que uno regañe al otro. Y que se molesten por un momento, pero todavía se aman. Jesús también te regañará. Así que la mejor manera de convertirse en mejores amigos es empezar a vivir consciente y deliberadamente con Jesús. Él dijo: “Yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20). Él quiere estar contigo. La mejor manera de conocer a Jesús es imaginar que estás con Él. Es el mismo tipo de experiencia que el enamorarse,

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pero más profunda y más intensa. A veces se le llama “despertar espiritual”. Algo pasa profundamente en tu interior y luego estás lleno de luz y calidez y de un sentimiento de vida nueva. Esto puede ocurrir rápida y dramáticamente. Pero también puede ser una experi- encia como la del desarrollo de una rosa, que empieza con el brote y termina con la flor en todo su esplendor. Hacer de Jesús tu mejor amigo significa que pones tu confianza completamente en Él y en Sus enseñanzas. Si sigues lo que Él dice, obtendrás buenos resultados. No estarás libre de adversidades ni problemas, pero irás por el camino de la vida tomando buenas decisiones y viviendo una vida correcta. Y cuando la vida se acabe, Él te guiará y te llevará a ese lugar del cual, como dijo Shakespeare, “ningún viajero ha regresado”. Por inter- medio de Él, atravesarás la muerte y Dios te recibirá en Su Reino celestial. La primera iglesia a la que me correspondió ir estaba en Berkeley, Rhode Island. Era un pueblo industrial. Las personas no tenían una educación superior, pero eran buena gente. Había un hombre que de vez en cuando iba a la iglesia. Era un hombre violento. Podía decir groserías, reaccionar de manera muy agresiva, y ser ofensivo y odioso. Sin embargo, él seguía yendo a la iglesia. Una noche, me preguntó: “Reverendo, ¿puede Jesús cambiar a un tipo como yo? No bebo. No voy detrás de las mujeres. No robo. Lo que hago es decir groserías y enojarme y ser tan ofensivo como el diablo. ¿Cree usted que Jesucristo

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puede cambiarme?” “Henry”, le dije, “te estoy diciendo que Él sí puede.

Si aceptas a Jesús, crees en Él y das testimonio público

de tu fe, vas a cambiar”. “Bueno”, dijo, “yo creo en Jesús. Creo que Él es

nuestro Salvador. Él es el Hijo de Dios”. Y dijo todos

los conceptos teológicos.

“Pero”, le pregunté, “¿alguna vez te has entregado personalmente a Él?” “¿Cómo se hace eso?” me preguntó. “Sólo díle: ‘Jesús, yo no puedo manejarme solo por más tiempo. No puedo hacer nada solo. Te entrego mi

vida. Ahora tú te encargarás de mí’”. Y agregué, “sería de gran ayuda si lo hicieras en voz alta, públicamente.” “Bueno” dijo, “no sé si puedo hacerlo”. Un domingo por la noche, mientras predicaba algo similar, vi a Henry sentado en la iglesia con su esposa. Así que invité a quien quisiera encontrar al Señor a acercarse y a arrodillarse ante el altar. Cinco personas se acercaron. Henry fue una de ellas. Les pedí a cada uno que dijera en voz alta: “Confieso mis pecados al Salvador. Creo en Dios. Creo en Jesús. Creo en el Espíritu Santo. Creo en la Biblia. Me entrego a Jesús,

mi Salvador”. Finalmente llegué a Henry. Él tragó saliva y titubeó,

pero repitió las afirmaciones con una gran sinceridad. Luego me preguntó: “¿Ahora ya han salido de mí todas esas cosas malas?” “Henry”, le contesté, “en el nombre de Jesucristo,

yo como tu pastor, digo que estoy seguro de que ya

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has cambiado. Ya no vas a decir groserías. No vas a estar lleno de odio, JAMÁS”. Realmente yo estaba corriendo un riesgo, pero creía lo que estaba diciendo y confié en el poder de Jesús. Al día siguiente, yo estaba en el seminario de teología donde todavía estudiaba. Y les conté a mis colegas sobre Henry. Me dijeron: “Has cometido un tremendo error. ¿Cómo respondió él?” “Dijo que él creía en el Señor Jesucristo y en lo que

dice la Biblia”, contesté. “La Biblia promete: ‘Cree en el Señor Jesucristo y serás salvado’”. “¡Ay!” dijeron, “cometiste un error terrible; ése es

el peor tipo de psicología”.

“Bueno, pues,” les dije, “yo no estaba usando la psi- cología, estaba tratando de utilizar el poder de Dios”.

Que yo sepa, Henry no dijo más groserías después

de esto. Tampoco perdió el control de su temperamento. En este ejemplo que ocurrió cuando yo era un joven

predicador, vi claramente el poder de Jesús en acción.

A través de los años he observado este maravilloso

poder ayudar a muchas personas y creo firmemente en él –y estoy seguro de que te ayudará a ti también.

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Pasos para la acción

Para tener verdaderamente a Jesús como tu mejor amigo, sigue estos pasos:

1. Deja a un lado todo lo que sabes que es malo en tu vida. No puedes ignorar este asunto. Has llegado al momento en el cual se tiene que hacer esta separación.

2. Elimina de tu mente para siempre todo el odio, el resentimiento, los celos y los rencores. Debes perdonar sinceramente a todos aquellos contra quienes guardas algún resentimiento.

3. En todas las situaciones en las que sea posible, reconcíliate con las personas a quienes has hecho daño.

4. Empieza a vivir con tu nuevo amigo. Cree que Jesús está contigo, y actúa “como si” Él está a tu lado cada día. Acepta como un hecho que has cambiado y eres una nueva persona.

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NORMAN VINCENT PEALE fue pastor de la

iglesia Marble Collegiate en la ciudad de Nueva York por más de 50 años. Ganó fama como el “pastor de millones de personas” a través de la transmisión dominical de su programa por radio. Su libro, El Poder del Pensamiento Positivo, editado inicialmente en 1952, está aún a la venta, y se han vendido más de 20 millones de ejemplares en 42 idiomas. Fue el autor de 47 libros y estableció, con su esposa Ruth Stafford Peale, las revistas Guideposts y Positive Thinking. El doctor Peale recibió 22 títulos honoris causa y más de 30 premios, entre ellos la Medalla de la Libertad otorgada por el presidente de Estados Unidos.

Oración para fortalecer la fe Pondré en ustedes un corazón nuevo y un espíritu nuevo
Oración para
fortalecer la fe
Pondré en ustedes un corazón nuevo y un
espíritu nuevo –Ezequiel 34:16
Señor, siento que mi fe se debilita. A veces
dudo y hago cosas que quisiera no haber
hecho. Pero en la debilidad está la fuerza,
y te agradezco por la maravillosa verdad
que hay en lo que haces por las personas.
Tú nos diste la vida, una vida vibrante, una
vida sin fin, una vida llena de emociones,
de entusiasmo inacabable. Ayúdame a
creer en eso con todo mi corazón. Por esto
te doy las gracias, en el nombre de Jesús.
Amén.
¿Podemos orar por ti?
Si necesitas el poder de la oración, por favor llama al
ministerio de Our Prayer al 203-778-8063 (atendemos
en inglés de lunes a viernes, 7 AM - 10 PM, hora del Este),
o envía tu petición en inglés o español yendo al sitio web
OurPrayer.org, 24 horas al día.
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