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Universidad Nacional de Colombia

Ciencia Política
Introducción a las ciencias sociales
CAMILO DAVID CÁRDENAS BARRETO

Reseña sobre el escrito La lógica de las ciencias sociales de Karl Popper

El presente texto tiene como propósito reconstruir las ideas principales de la ponencia La lógica de
las ciencias sociales de Karl Popper, la cual está estructurada en veintisiete tesis. No es de interés
resumir cada tesis una por una, en cambio, se expondrán los conceptos más relevantes de tal
ponencia sobre la ciencia y, en particular, su idea de la lógica de la situación como «el método
puramente objetivo en las ciencias sociales» (Popper, 2008).
El título La lógica de las ciencias sociales ya sugiere el tipo de tratamiento que dará Popper
al tema: lo que dice es que las ciencias sociales operan mediante una «lógica», un concepto que no
se reduce al ámbito de la lógica formal, sino que involucra, también, las formas particulares con
las que un científico social investiga determinado aspecto de la realidad, o sea, aspectos de método
o de metodología. En qué consiste esa «lógica» de la investigación de las ciencias sociales es el
tema de su escrito.
La ponencia de Popper se inscribe en el llamado criticismo o racionalismo crítico, que
pretende replicar tanto al positivismo —y a su variante conocida como positivismo lógico— como
al relativismo epistemológico. El positivismo, que nace a partir del pensamiento de Comte en los
albores de las ciencias sociales, se puede caracterizar como un movimiento filosófico según el cual
para que las ciencias sociales sean ciencia éstas deben adoptar los métodos empleados por las
ciencias naturales. La fundamentación de la sociedad y su ordenamiento debe darse con base en la
ciencia y no en la filosofía, la cual es teórica-especulativa. Por su parte, el positivismo lógico
sostiene que sólo tienen sentido las proposiciones analíticas —tautologías de la matemática y la
lógica, que no hablan sobre el mundo— y las proposiciones empíricas —el conjunto de enunciados
verificables de la ciencia—. Estas últimas proposiciones se verifican inductivamente y junto a las
analíticas son las únicas con sentido, de ese modo, se excluyen las proposiciones de la metafísica,
las cuales no sólo no se verifican en el mundo, sino que en algunos casos constituyen
pseudoproposiciones que nacen de un mal uso de la sintaxis lógica. En definitiva, tanto al

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positivismo como al positivismo lógico los alimenta un espíritu verificacionista e inductivista que
ve en la forma de investigación de las ciencias naturales su modelo a seguir.
Por último, el relativismo epistemológico es una postura filosófica según la cual no es posible
tener un conocimiento universal y objetivo de la realidad, sino que éste es, precisamente, un saber
relativo a las circunstancias particulares de un individuo o de una comunidad de investigadores. En
últimas, el relativismo niega la posibilidad de una ciencia. Popper lo define de la siguiente manera:
Me refiero al relativismo en general, al relativismo histórico que considera que la verdad
objetiva no existe, que sólo existen verdades para tal o cual época histórica, y al relativismo
sociológico que enseña que hay verdades o ciencias para éste o aquel grupo, que hay, por
ejemplo, una ciencia burguesa o una ciencia proletaria (Popper, 2008, pp. 23-24).

Popper argumentará que la antropología, a diferencia de la sociología, seguirá este lindero


verificacionista e inductivista del positivismo y que tal disciplina concebirá erróneamente que sólo
por basarse en la observación y en mediciones estadísticas ya será científica —gozará de
objetividad científica—. Esa postura Popper la denominará naturalismo o cientificismo
metodológico (2008, pp. 16-17) y en su décima tesis agregará que: «El triunfo de la antropología
es el triunfo de un método pretendidamente basado en la observación, descriptivo, supuestamente
más objetivo y, en consecuencia, aparentemente científico natural» (2008, p. 18).
Pero esta concepción de la ciencia y la investigación científica es errónea. La ciencia no parte
de la mera observación, sino de un problema o un campo de problemas. En otras palabras, una
observación sólo es científicamente significativa cuando da lugar a un problema de investigación:
«Y lo que en tal caso se convierte en punto de partida del trabajo científico no es tanto la
observación en sí como la observación en su significado peculiar, es decir, la observación
generadora de problemas» (Popper, 2008, p. 14). Es por ello por lo que, contra una concepción
empirista ingenua del conocimiento, Popper sostiene que éste «no comienza con percepciones y
observación o con la recopilación de datos o de hechos, sino con problemas» (2008, pp- 12-23). La
ciencia no comienza con una mera verificación de observaciones, ni con una mera acumulación y
descripción de ellas, sino que la estructura mental del científico tiene, por decirlo así, un trasfondo
de comprensiones previo que le permite «interpretar» la realidad de un modo científicamente
determinado. Ello implica una relación entre conocimiento e ignorancia: entre más sabemos, más
ignoramos, pues «no existe problema sin conocimiento ni problema sin ignorancia» (p. 13). Un

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problema no sólo se da sobre la base de un conocimiento previo que orienta la observación, sino
que revela el campo de nuestra ignorancia, que no todo lo conocemos ni lo podremos conocer.
La ciencia, pues, no está sobre un suelo absolutamente firme y definitivo, aunque el ideal de
la verdad o ciencia «pura» pueda ser un valor que oriente la investigación científica —un ideal al
que nunca se llegará, pero que inspira a la investigación (Popper, 2008, p. 27)—. Más aún, Popper
sostiene en su sexta tesis, que califica como la principal, que: «El método de las ciencias sociales,
al igual que el de las ciencias naturales, radica en ensayar posibles soluciones para sus problemas»
(2018, p. 15). La ciencia es un conjunto de ensayos de respuesta y de errores, que se critican
objetivamente una y otra vez. Son provisionalmente científicos los ensayos que resisten a la crítica.
Pero no hay algo así como una verificación definitiva, sino que las teorías y resultados de la ciencia
siempre pueden ser falibles. En esto consiste el criticismo.
Pero el criticismo, que opera tanto en ciencias sociales como naturales, tiene a la lógica
deductiva como su «órgano» (2008, p. 29). Este es el aspecto formal de la «lógica de la
investigación» y consiste en una aplicación de la lógica deductiva —que parte de premisas
generales para concluir premisas particulares— a las teorías científicas. En vez de aplicar la lógica
inductiva como lo hacía el positivismo —esto es, verificar enunciados generales a partir de
enunciados particulares—, Popper sostendrá que la lógica deductiva es un órgano de crítica que
permite determinar cuándo una proposición o teoría científica se ha falsado:
[…] la lógica deductiva no es tan sólo la teoría de la transferencia de la verdad de las
premisas a la conclusión, sino, del mismo modo, e inversamente la teoría de la retransferencia,
de la falsedad de la conclusión a por lo menos una de las premisas (2008, p. 30).

Así, por ejemplo, si tenemos que la conclusión científica «la Tierra es plana» se ha mostrado
falsa, ello cuestionará la verdad de algunas de las premisas que sostienen esa conclusión —tal vez
las observaciones que sustentaban esa afirmación eran erróneas—. Esta es una forma aproximada
de aplicación de la forma lógica del modus tollendo tollens, según la cual, si tenemos la proposición
«A entonces B», si negamos «B», entonces tenemos «no-A». Y esta aplicación es aproximada
porque Popper reconoce que, aunque una teoría científica pueda tener consecuencias lógicas
negativas, puede respecto a otras —que tienen mayores consecuencias lógicas negativas— seguir
provisionalmente vigente (2008, p. 35). No habría, tampoco, una falsación absoluta.
Pero la crítica es posible porque el interés de la ciencia es la verdad de sus afirmaciones
dentro de un campo de problemas —y de intentos de soluciones por ensayo y error—: «Lo que
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como críticos de una teoría intentamos mostrar es por supuesto, que su aspiración a la verdad no
es justificada, que es falsa». (Popper, 2008, p. 31). La búsqueda de la verdad —esto es, la
coincidencia o correspondencia de un enunciado con los hechos que refiere— es, por decirlo así,
el interés o valor propiamente científico. Si esta búsqueda y sus resultados son útiles o no, si
benefician o no a un determinado grupo social, tales implicaciones pertenecen a un campo de
problemas extracientíficos (Popper, 2008, p. 26). Por supuesto, los campos de problemas
científicos y extracientíficos están relacionados, pero su separación posibilita especificar en qué
reside la labor propiamente científica:
[…] aunque no es posible mantener totalmente separado el trabajo científico de aplicaciones y
valoraciones extracientíficas, combatir la confusión de esferas de valor y, sobre todo, excluir
las valoraciones extracientíficas de los problemas concernientes a la verdad constituye una de
las tareas de la crítica de la discusión científica (Popper, 2008, p. 27).

Entonces, la ciencia —natural o social— aspira a la verdad, pero también pretende explicar
mediante nexos causales determinados hechos de la realidad, los cuales, en el primer caso, dan
lugar a la noción de que una teoría se aproxima más a la verdad que otra, y en el segundo, a que
una teoría puede tener mayor fuerza o contenido explicativo, es decir, explicar más hechos de la
realidad (Popper, 2008, pp. 33-34). La ciencia social, pues, no es pura descripción, no es pura
fenomenología descriptiva, sino que intenta «describir [el] entorno social [humano] —con ayuda,
desde luego, de teorías explicativas, ya que, como hemos indicado, no existe una descripción
absoluta—, [lo que] constituye, pues, la tarea fundamental de la ciencia social» (Popper, 2008, p.
35).
Así las cosas, la sociología tiene un objeto propio: el entorno social humano, en el que existen
instituciones sociales que se «instancian» en objetos físicos-simbólicos como edificios, banderas,
telas, etc., y este objeto de estudio es en algún sentido independiente de entidades psíquicas o
mentales de la psicología como creencias, deseos, intenciones. De ese modo, sociología y
psicología, aunque son ciencias sociales, tienen sus objetos distintivos y, además, «podemos inferir
que es imposible explicar la sociedad exclusivamente en términos psicológicos o reducirla a la
psicología» (Popper, 2008, p. 35).
Finalmente, la sociología es independiente o «autónoma» respecto a la psicología en otro
aspecto: tiene una dimensión «comprensiva» (Popper, 2008, p. 36), lo cual significa que es posible
interpretar o comprender las acciones de los actores sociales según su situación. La lógica de la
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situación consiste «en analizar la situación de los hombres que actúan lo suficiente como para
explicar su conducta a partir de la situación misma, sin más ayudas psicológicas» (Popper, 2008,
p. 37). Es decir, se realiza un análisis de la situación sociohistórica de determinado agente, qué
factores lo llevaron a actuar de determinada manera —según determinados fines; dentro de ciertas
instituciones—, para comprender sus acciones. Sin embargo, Popper no ofrece una
conceptualización más rigurosa sobre lo que podría consistir la «situación» y los factores que la
determinan —para ser analizados— y reconoce que sus reconstrucciones al respecto son
«supersimplificadas y superesquematizadas» (2008, p. 38).
En resumen, Popper dejó enunciada una manera de investigación social que separa la
psicología de la sociología y posibilita la explicación de una acción social según la situación —
cuyos análisis se pueden corregir o refutar de acuerdo con un uso crítico de la lógica deductiva—
y no mediante la apelación a entidades infalsables o incontrastables —como creencias, deseos o
intenciones de un actor social—. La ciencia social, al igual que la ciencia natural, aspira a la verdad
y elabora descripciones apoyadas por teorías causalmente explicativas. No parte de una mera
observación, sino de un problema o un conjunto de ellos. A su vez, la construcción de la ciencia
social es un proceso de crítica permanente, de ensayo y error, pues no existe una verificación
definitiva de una teoría; justamente, la objetividad de la ciencia social reside en esta posibilidad
del uso de la lógica deductiva para su crítica constante. Ello no significa que la ciencia social deba
caer en el naturalismo metodológico, que no es más que una forma de reduccionismo metodológico
que no atiende a la especificidad del objeto social. Queda, por último, determinar qué tan fructífero
ha sido este enfoque o «lógica» de la situación y cuáles han sido sus principales aportes a la
comprensión de los hechos sociales.

Referencias
Popper, K. (2008). La lógica de las ciencias sociales. En K. Popper, T. Adorno, R. Dahrendorf, y
J. Habermas, La lógica de las ciencias sociales (pp. 11-40). México: Colofón.