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III.

DOCTRINA Y JURISPRUDENCIA DE LA COMISION SOBRE DERECHOS


INDIGENAS (1970-1999)

1. Derecho a la vida, la libertad y la integridad personal

Centenares han sido los casos en que debió intervenir la Comisión por alegadas
violaciones a los derechos de personas indígenas, agredidas o muertas por agentes del
Estado en el contexto de la represión de movimientos disidentes en las décadas de los
ochenta y principios de los noventa. Algunos de estos casos eran considerados “masacres”,
ya que las muertes eran indiscriminadas, en algunos casos represalias masivas por acciones
de grupos disidentes. La Comisión emitió numerosas resoluciones y recomendaciones, así
como pedidos de medidas precautorias frente a amenazas o peligros inminentes para la vida
de personas indígenas con respecto a violaciones sistemáticas contra personas y
comunidades indígenas especialmente en casos de Guatemala y Perú, recomendando a los
Gobiernos respectivos su esclarecimiento, reparación a las familias, investigación y condena
de los responsables y medidas legislativas adecuadas.[1]

Estos derechos, en combinación con otros como el de libertad de circulación y


residencia (Art. 22) y el derecho a la honra y dignidad (Art. 11), aplicados tanto a individuos
como a comunidades indígenas, fueron refirmados por la Comisión en el contexto de
conflictos internos[2]:

“…Para el cumplimiento del propósito del Gobierno de erradicar lo que


denomina la subversión, éste ha dividido a la población campesina e indígena
entre aquella que considera susceptible de incorporarse a los programas
sociomilitares del Gobierno, a la que ha organizado en patrullas de autodefensa
civil y provisto de “fusiles y frijoles”, y aquellos sectores campesinos e
indígenas que considera proclives a la guerrilla, a los cuales por todos los
medios posibles se les ha castigado, llegándose a cometer a ese respecto
gravísimas violaciones de derechos humanos, que en algunos casos incluyen la
destrucción y saqueo de aldeas enteras y la matanza de sus habitantes.”

La Comisión también consideró en un caso [3] que el ataque contra una comunidad
indígena en el que habían muertos varios indígenas Saramaca incluía una motivación racial
en el contexto de conflictos entre el Gobierno y la tribu Saramaca, y por consiguiente
correspondía reparaciones por daño moral a toda la comunidad. La Corte Interamericana
decidió en cambio que no había evidencias que la motivación para el ataque y muertes
hubiera sido racial, sino que se había dado por la situación subversiva que ocurría en ese
momento en el país.

La Corte tampoco aceptó el pedido de la Comisión de reparaciones a la comunidad como un


todo fundamentado en que la sociedad tradicional cimarrona era un caso excepcional puesto
que las víctimas eran miembros no solo de su propio grupo familiar, sino también de su
grupo de comunidad o tribal, o como dijo la Comisión, “la aldea es como una familia en
sentido amplio”. Al respecto, sostuvo la Corte que en todas las sociedades las personas
forma parte tanto de su familia como de comunidades intermedias, y que la indemnización a
la comunidad procederá en caso de que esta hubiera sufrido daños directos, y no por el
asesinato de uno de sus miembros.

2. Derecho a la propiedad

En 1970 la Comisión ya se refirió a la obligación del Estado en defender las tierras


indígenas, en el caso de los Guahibos en Colombia[4]. Luego en 1985 la Comisión emitió
una resolución en el caso de los Yanomami del Noroeste de Brasil (Estados de Mato Grosso y
Roraima) por el que recomendaba delimitar y demarcar el Parque Yanomami incluyendo más
de 9 millones de hectáreas en su mayoría de bosque amazónico, habitat de los
aproximadamente 12.000 Yanomami.[5] Esta resolución fue doblemente importante porque
confirmó que el sistema es capaz de procesar violaciones a derechos colectivos, como en el
caso de la propiedad, vida, salud y bienestar del pueblo Yanomami.[6] Era la primera vez
que una resolución de un organismo intergubernamental solicitaba esa demarcación. La
resolución cubría también aspectos de salud, educación e integración social. Como en la
época Brasil no había ratificado la Convención, la resolución se basó en los derechos a la
vida, a la libertad y seguridad(Art. I), a la residencia y tránsito (Art. VIII) y a la preservación
de la salud y bienestar (Art. IX) de la Declaración.

También la Comisión intervino en casos en que las violaciones se referían


centralmente al despojo de la propiedad de tierras de comunidades indígenas. El más notorio
es el caso “Los Cimientos” de Guatemala, en el cual una comunidad alegaba que el Ejército
había desalojado de sus tierras y las había entregado a otra comunidad, por razones
políticas. En el caso fue arbitrado por un comité con la intervención del Gobierno de
Guatemala y las partes interesadas, solución que implicó un peritaje respecto a los títulos
controvertidos entre dos comunidades respecto al mismo bien, y compensaciones
respectivas, las que están en proceso de implementación.

El primer caso referido a derechos de propiedad que la Comisión envió a la Corte


Interamericana para su tratamiento, es el caso conocido como” Awas Tingi” de Nicaragua,
que demanda el respeto de los derechos de la Comunidad Indígena Mayagna (Sumo). La
demanda en el caso citado interpuesta por la Comisión el 4 de Junio de 1998, se refiere a la
supuesta violación por parte del Estado nicaragüense, de los artículos 1 (Obligación de
Respetar los Derechos), 2 (Deber de Adoptar Disposiciones de Derecho Interno), 21 (Derecho
ala Propiedad Privada) y 25 (Protección Judicial) de la Convención Americana; debido a la
falta de demarcación y de reconocimiento oficial del territorio de dicha comunidad. La
Comisión también solicitó a la Corte, basada en el Artículo 63.1 de la Convención, la
reparación de las consecuencias de las violaciones a los derechos objeto de su demanda.

El respeto a los bienes materiales de los indígenas fue también objeto de atención
especial de la Comisión, remarcando el carácter discriminatorio contra los indígenas de
ciertas prácticas de agentes del Estado. La Comisión sostuvo que:

Desde el punto de vista de los derechos humanos referidos a la propiedad de


una persona, un pequeño plantío de maíz merece el mismo respeto que una
cuenta bancaria o una fabrica moderna; la posesión pacífica de un documento
de identidad por un campesino es tan importante como el respeto a los papeles
privados de un estudio jurídico, y sólo pueden ser revisados o confiscados por
orden de autoridad competente.[8]

En el primer acuerdo de solución amistosa que restablece legítimos derechos de


propiedad a una comunidad indígena del hemisferio en el sistema interamericano de
derechos humanos, la Comisión formalizó el 25 de Marzo de 1998 el acuerdo por el que el
Estado paraguayo se comprometió a adquirir casi 22.000 hectáreas para ser transferidas a
las Comunidades Lamenxay y Riochito, ambas del pueblo Enxet-Sanapaná en el Paraguay,
con lo cual se dio cierre al caso respectivo por reivindicación de tierras de ocupación
ancestral, sobre las que terceros habían logrado título de propiedad. Dicha solución amistosa
fue aprobada por la Comisión por considerar que respetaba los derechos reconocidos en la
Convención, según su Artículo 49.

3. Protección a la familia

La Convención en su Art. 17 reconoce a la familia como el elemento natural y


fundamental de la sociedad, que debe ser protegida por la sociedad y el Estado. El concepto
de “familia”, aunque universal, varía en su estructuración real según las culturas, y así ocurre
en distintas culturas indígenas americanas. Así lo reconoció la Corte a petición de la
Comisión, en una decisión sobre reparaciones cuando decidió quiénes eran los sucesores de
las víctimas de una violación al derecho a la vida y a la integridad personal.

En el caso mencionado de los Saramacas, la Corte aceptó la posición de la Comisión


en el sentido que se tomara en cuenta la estructura familiar de los cimarrones (maroons) de
los cuales los Saracamas forman parte; y que es esencialmente una estructura matriarcal,
donde la poligamia es común, y donde el cuidado de la descendencia recae en el grupo
comunal organizado según la línea matrilineal. La Corte sostuvo que la evidencia ofrecida
llevaba a la conclusión que el derecho nacional surinamés de familia no era efectivo para los
Saramacas, quienes lo desconocen y adhieren a sus propias reglas. Mas aún sostuvo, los
Saramacas no llevan sus conflictos de familia a las cortes nacionales, sino que los resuelven
de acuerdo a sus usos e instituciones. Por otra parte, -indico la Corte-en el caso particular,
el Estado había reconocido la existencia del derecho consuetudinario Saramaca. En
consecuencia las reparaciones fueron asignadas de acuerdo a este principio, reconociendo
que el principal grupo de familiares es el “bee” compuesto por los descendientes de una
mujer en particular, y por consiguiente la compensación por cada víctima se adjudicó a cada
uno de los “bees” que le correspondían, cuyo titular debía distribuirlos entre sus miembros.

4. Reclutamiento militar discriminatorio de indígenas, atentatorio a la


libertad, a la dignidad humana y al derecho a circulación

La Comisión condenó el reclutamiento forzoso y en condiciones semejantes a la


servidumbre para formar patrullas de autodefensa que se impuso en períodos de lucha
antisubersiva a poblaciones rurales e indígenas en varios países. También el reclutamiento
militar forzoso de jóvenes indígenas a través de procedimientos ilegales, fue condenado por
la Comisión en 1993,en un caso individual[9] rechazando la práctica violatoria de redadas
violentas de jóvenes indígenas con procedimientos ilegales. La Comisión considero que el
Estado era responsable a raíz de esas practicas de sus agentes, de la violación del derecho a
la libertad personal (Art. 7) la protección de la dignidad humana (Art. 11) y el derecho de
circulación (Art. 22) así como de los Arts. 8 y 25 por no haber cumplido con las garantías
judiciales y de debido proceso, y al hacerlo remarcó también su carácter discriminatorio
considerando que:

“…continúan las prácticas discriminatorias en el reclutamiento que hacen que la


casi mayoría de los conscriptos sean jóvenes Maya-Quiché. Esas prácticas
consisten fundamentalmente en aplicar severamente el reclutamiento sobre la
población rural e indígena, mientras resulta casi automática la exención de los
jóvenes procedentes de los sectores ladinos, urbanos y de mayores ingresos.”

5. Derecho a la protección judicial

El derecho a una justicia rápida y eficaz debe ser garantizado por los Estados. En un
caso relativo a la muerte de un indígena Macuxi de Brasil[10], que fuera arrestado en forma
discriminatoria, y luego murió a raíz de malos tratos durante su detención, la Comisión luego
de condenar esas acciones policiales, caracterizó como violatoria del Art. 25 de la
Convención, la conducta del Estado en postergar indefinidamente el proceso criminal contra
los responsables, proceso que llevaba casi diez años sin completarse con la consiguiente falta
de indemnización a los familiares.

6. El concepto de derecho colectivo en relación de los derechos


humanos

Desde el comienzo y a través de toda su práctica sobre los derechos humanos de las
personas indígenas, la Comisión ha aceptado el concepto de derechos colectivos, en el
sentido de derechos de los que son titulares y se refieren a condiciones jurídicas de conjuntos
o organizados de personas como es el caso de las comunidades y pueblos indígenas. Desde
su primera resolución al respecto en 1971, donde habla de la protección a las poblaciones
indígenas, como en forma constante y pacífica en casos sucesivos, la Comisión ha atendido,
decidido y efectuado recomendaciones a los Estados referidos al goce y respeto
colectividades indígenas.

A. Los derechos colectivos en casos individuales referidos a poblaciones


indígenas

En el caso 1690 presentado a la Comisión en 1970, referido a la población Guahibo de


Colombia, ésta aceptó el caso, estableció su competencia sobre el mismo, y el Estado de
Colombia igualmente respondió refiriéndose a los derechos de las comunidades indígenas, en
este caso alegadamente violados por incursiones de colonos y de agentes armados del
Ejército que penetraron en tierras ancestrales indígenas.

En 1973, en el caso 1802, sobre los Aché de Paraguay que alegadamente sufrían
ataques, prácticas de desnutrición forzada, tentativas de esclavizar y de hacer desaparecer a
dicho pueblo, igualmente la Comisión aceptó el caso. El informe del relator especial de la
Comisión se referían tanto a atentados a derechos individuales de personas Aches, como la
vida, integridad personal, etc., pero también incluía el análisis del alegado genocidio,
desconocimiento de tierras colectivas, y la destrucción del lenguaje, música tradicional y
prácticas religiosas, es decir derechos de clara naturaleza colectiva.[11]

En el ya mencionado caso “Yanomami”, el tema fundamental de la petición fue la


delimitación y demarcación del territorio Yanomami, derecho que no solo era un derecho
colectivo de los Yanomami como pueblo, sino que por su naturaleza iba más allá del concepto
de propiedad reconocido en la Declaración y la Convención, e incluía derechos políticos sobre
la misma, igualmente de carácter colectivo, relacionados con la parcial autonomía de dicho
territorio con relación a la jurisdicción política de los Estados federales y de la Unión
brasileña, derechos individuales y colectivos que fueron posteriormente reconocidos
explícitamente en 1988 por el Estado por al establecerse la nueva Constitución de la
República Federativa del Brasil. La Comisión en su Informe emitido en 1985 reconoció esos
derechos colectivos de los Yanomami, y recomendó al Estado Brasileño la toma de medidas
para implementar los mismos, en particular la demarcación de las tierras, y medidas de
carácter colectivo referidas a su educación, salud e integración social.

Tal vez el caso individual en que la Comisión salió en defensa más global de los
derechos colectivos de indígenas, fue el conocido como “de los Miskitos” de Nicaragua.

La denuncia original se refería al bombardeo de poblaciones, el asesinato de personas, la


amenaza de eliminar la “casta” indígena”, la erradicación masiva de aldeas y “en especial la
campaña difamatoria desprestigiando la autentica lucha de nuestros pueblos indígenas por
sus territorios y autonomía…”[12] El análisis del caso por la Comisión que requirió varios
años y visitas a la zona, se abocó en profundidad a derechos colectivos de los Miskitos,
incluyendo el derecho a la autonomía y autogobierno. A tal efecto la Comisión en su análisis
revisó los antecedentes históricos de dicho derecho, incluyendo el análisis del Reino Miskito
creado y reconocido en 1697 pro la Corona Británica, y los tratados entre la Corona Inglesa,
la República de Nicaragua y los representantes indígenas.[13] Posteriormente en dicho
Informe la Comisión sigue refiriéndose a los derechos colectivos de los Miskitos, citando a la
Conferencia Episcopal de Nicaragua cuando ésta dice que “es un derecho y un deber
preservar la legítima posesión y el uso de sus riquezas del patrimonio cultural tradicional y
cultural de los pueblos indígenas…”. Posteriormente la Comisión acepto la ampliación de la
denuncia que sintetizaba así las principales reinvindicaciones indígenas:

1. Los derechos indígenas a la tierra en territorio indígena deben ser reconocidos


en su totalidad y no como parcelas o secciones otorgadas por el Gobierno.

2. Se debe garantizar a los indígenas sus derechos a los recursos naturales de su


territorio.

3. Se debe reconocer el derecho indígena a la autodeterminación o autonomía


dentro de su territorio.[14]

Así aceptada la petición por la Comisión el Estado nicaragüense en sus diversas


respuestas también se refiere ampliamente a esos puntos, con clara aceptación de la
jurisdicción de la Comisión al respecto. Finalmente la Comisión produce su informe y en él
indica explícitamente que “estudió extensamente en este Informe si correspondía a los
indígenas miskitos invocar un derecho especial, en su carácter de grupo étnico.” Respecto a
dichos derechos la Comisión se pronuncia afirmativamente en sus conclusiones y
recomendaciones, refiriéndose a la importancia de realizar como parte de la solución
amistosa del caso una reunión para tratar entre otras, las siguientes materias de naturaleza
colectiva:

a. Medios y condiciones apropiados para que os pueblos miskito, sumu y rama, a


través de las organizaciones existentes o de las que puedan establecer, si así lo desean esas
poblaciones, participen en el diálogo con el Gobierno de Nicaragua, que se iniciaría con esta
Conferencia.

b. Participación de los miskitos y otras etnias en las decisiones a nivel nacional


que puedan afectar sus intereses, así como en la administración de la región de la Costa
Atlántica;

c. Estudio de una solución al problema de las tierras ancestrales de los indígenas


que permita tener en cuenta tanto las aspiraciones indígenas como los intereses económicos
y la unidad territorial de la República.

d. Estudio de la forma en que se promoverá y garantizará el respeto a la


identidad cultural de los pueblos indígenas de la Costa Atlántica.[15]

Finalmente, en su informe final sobre la solución amistosa del caso, la Comisión se


refiere a los reclamos de varios derechos colectivos de los miskitos en particular a su propia
administración y a las tierras indígenas. Se refiere en particular a los reclamos de tierras
“por considerar que el Gobierno está violando sus derechos a las (tierras ancestrales” e
introduciendo perjudiciales modificaciones al sistema de tenencia y explotación de esa tierras
a través de la Reforma Agraria.”[16] La Comisión recuerda su recomendación al Gobierno, y
a la falta de manifestación clara del mismo para cumplirla. Es claro que la Comisión no se
refiere directamente al respeto al derecho individual a la propiedad de los miskitos, sino que
lo hace a través de su derecho colectivo a determinar la forma de tenencia y explotación de
las tierras ancestrales.

Esta posición se aplica también en el caso de los “Awas Tingi” de Nicaragua que en
1998, la Comisión decidió presentar a la Corte Interamericana. Entre otros la demanda de la
Comisión reitera lo que esta sostuviera en varios informes especiales respecto a la utilización
continuada de sistemas colectivos tradicionales para el control y el uso del territorio,
esenciales para su supervivencia como pueblos, así como para el bienestar individual y
colectivo. En ellos la Comisión subraya que el control de la tierra se relaciona tanto con su
capacidad para obtener los recursos que sustentan la vida, como para el espacio geográfico
necesario para la reproducción cultural y social del grupo.[17]

En una reclamación sobre derechos de la nación Cheroquí (Cherokee) relativos a un


pacto firmado entre los Estados Unidos y esta Nación sobre cesión de territorio de una
porción de los Cheroquís a la nación Cheroqui; la Comisión manteniendo su bien establecida
posición aceptó la reclamación para procesamiento prima facie. El Gobierno de los Estados
Unidos en su respuesta explicó en los sustantivo la situación del acuerdo que había logrado
respecto a esos derechos colectivos con las distintas secciones de la Nación Cheroquí.[18]

B. Los derechos colectivos en el Proyecto de Declaración Americana sobre


los Derechos de los Pueblos Indígenas

En la preparación del Proyecto de Declaración Americana sobre los Derechos de los Pueblos
Indígenas, la Comisión desarrolló desde 1990 el principio jurídico que derecho individual y
derecho colectivo no se oponen, sino que son parte del principio de goce pleno y efectivo de
los derechos humanos. Siguiendo el precedente del Art. 29 de la Declaración Universal de
Derechos Humanos y el Art. 27 del Pacto sobre Derechos Civiles y política que reconocen que
existen derechos que solo pueden ser gozados en conjunto con los restantes miembros de
una colectividad, la Comisión consideró que el pleno goce por parte de cada individuo de
ciertos derechos individuales solo es posible si se reconoce dicho derecho al resto de los
individuos miembros de esa comunidad, en tanto grupo organizado. El derecho a utilizar el
lenguaje propio, o a profesar una religión o creencia espiritual no solo requiere el respeto al
individuo de hacerlo, sino también el respeto a esa colectividad a establecer sus instituciones,
practicar sus rituales, y desarrollar esas creencias o elementos culturales comunes. En el
proyecto de Declaración dicho concepto se plasma en todo su articulado, relativo a derechos
culturales, políticos y económicos.[19] Los derechos que se enuncian en el proyecto tienen
como sujeto de los mismos a las comunidades indígenas, se refieren a condiciones jurídicas
colectivas de las mismas, y pueden ser reivindicados según el caso sea por los individuos,
sea por las autoridades representativas en nombre e la comunidad.

[1] La CIDH se movilizó desde principios de los ochenta, en defensa de los derechos de los indígenas
guatemaltecos. En 1982 realizó una misión de observación a Guatemala y a los campamentos de indígenas guatemaltecos
refugiados en México visitas que fueron la base para el 1er Informe sobre los Derechos Humanos en Guatemala
1983. Luego de una nueva visita en 1985 la CIDH emitió en 1986 una vigorosa resolución condenando las miles de
ejecuciones sumarias, detenciones ilegales y desapariciones durante las Administraciones de los Generales Romeo Lucas
García, Efraín Ríos Montt y Oscar Humberto Mejía Víctores, y recomendando investigaciones, esclarecimientos, castigo,
reparaciones a las familias y medidas legislativas apropiadas. (Res. 225-86- CIDH Informe Anual 1986).
Con respecto al Perú también la Comisión procesó numerosos casos individuales. En su Informe Anual de 1990-91
por ejemplo, se incluyen las resoluciones condenando por las violaciones al derecho a la vida e integridad personal en 49
casos, muchos de ellos de múltiples víctimas ultimadas, o desaparecidas, o torturadas, en su gran mayoría campesinos
indígenas.
[2] CIDH, Informe Especial sobre Guatemala, 1983.
[3] Aloeboetoe et al. (Suriname) Véase, Corte I.D.H. Sentencia de Reparaciones. 10 de Setiembre de 1993.
[4] Caso 1690. Véase Sección II. e.
[5] Ver la Resolución 12/85 en esta publicación y en el Informe Anual de la CIDH 1985, pag 24 y sigs.
[6] Véase Sección II. e.
[8] CIDH. Cuarto Informe sobre la Situación de Guatemala, Washington D.C. 1993, pag. 38.
[9] CIDH Caso 10 975 Piche Cuca.(Guatemala) Informe Nº 36-96. Informe Anual 1996, pag 299.
[10] CIDH, Informe Anual 1998, Caso 11.516 Ovelario Tames de Brasil.
[11] Davis, S. op.cit. p 38
[12] Denuncia original de MISURASATA, organización de varias etnías miskitas y sumo. Cit. En CIDH “Informe
sobre la situación de los derechos humanos de un sector de la población nicaraguense de origen
miskito.”OEA/Ser.L/V/II.62.doc 10 rev.3 y doc. 26 Washington D.C. 1984 p.13 (en adelante” CIDH Informe sobre situación
de los Miskitos”)
[13] CIDH, Informe sobre situación de los Miskitos. P.2 y sigs.

[14] CIDH, Informe sobre situación de los Miskitos. P. 25.


[15] CIDH, Informe sobre situación de los Miskitos. P. 142. El Gobierno aceptó la realización de dicha
Conferencia; posteriormente se aprobó la ley “Estatuto de las Poblaciones de la Costa Atlántica” que consagra esos
derechos, actualmente ejercidos por los pueblos indígenas de esa región nicaragüense.
[16] CIDH Informe sobre los Miskitos.
[17] CIDH Informe sobre la situación de los Derechos Humanos en Ecuador. OEA/Ser. L/V/II.96.Doc.10, rev 1, 24
abril 1997. P. 122.
[18] El caso fue declarado inadmisible sin embargo debido al no agotamiento de los recursos de la jurisdicción
interna. Informe 6-97 Caso 11.071 sobre admisibilidad. CIDH Informe Anual 1996 OEA/Ser.L/V/II.95 pag. 160 y sigs.
[19] En el cuestionario inicial utilizado por la Comisión en 1992, (reproducido en esta publicación, Sec. II, doc. 4 se
consulta a gobiernos y organizaciones indígenas sobre 22 posibles áreas de derechos colectivos de los pueblos indígenas.
RESOLUCIONES RELATIVAS A CASOS INDIVIDUALES

RESOLUCION Nº 12/85
CASO Nº 7615
(BRASIL)
5 de marzo de 1985

ANTECEDENTES:

1. El 15 de diciembre de 1980 se interpuso ante la Comisión


Interamericana de Derechos Humanos una petición contra el Gobierno de Brasil en
la cual los peticionarios, Tim Coulter (Executive Director, Indian Law Resource
Center); Edward J. Lehman (Executive Director, American Anthropological
Association); Barbara Bentley (Director, Survival International); Shelton H. Davis
(Director, Anthropology Resource Center); George Krumbhaar (Acting President,
Survival International, U.S.A.) y otras personas, alegan violaciones de los derechos
humanos de los indios Yanomami, citando en particular los artículos I (Derecho a la
Vida, a la Libertad, a la Seguridad e Integridad de la Persona); II (Derecho de
Igualdad ante la Ley); III (Derecho de Libertad Religiosa y de Culto); XI (Derecho a
la Preservación de la Salud y al Bienestar); XII (Derecho a la Educación); XVII
(Derecho de Reconocimiento de la Personalidad Jurídica y de los Derechos Civiles);
y XXIII (Derecho de Propiedad de la Declaración Americana de los Derechos y
Deberes del Hombre).

2. Del examen de los documentos y testimonios sometidos a la


Comisión, se pueden inferir los siguientes antecedentes de hecho y de derecho en
este asunto:

a. En el Estado de Amazonas y en el Territorio de Roraima, en la


frontera con Venezuela, habitan entre 10,000 a 12,000 indios
Yanomami;

b. La Constitución brasileña garantiza el derecho de los indios a


su propio territorio y estipula que éste constituye propiedad
permanente e inalienable (Enmienda Constitucional N 1/69, artículo
198). Además, consagra el derecho de los indios al uso exclusivo de
los recursos naturales de su territorio;

c. El artículo 23 del Estatuto del Indio (Ley 6.001 de 1973)


establece que constituye territorio de los indios “las tierras ocupadas
según sus costumbres y tradición inclusive territorios donde realizan
actividades indispensables para su subsistencia o que son de utilidad
económica para ellos”;

d. El artículo 2 de la Ley 6.001 garantiza también el derecho de


los indios y de las comunidades indígenas a “poseer
permanentemente las tierras que ocupan, reconociéndoles el derecho
al usufructo exclusivo de las riquezas naturales encontradas en
ellas”;
e. El artículo 6 del Código Civil brasileño establece que los indios
son considerados “relativamente incapaces” y están bajo la “tutela”
de la FUNAI. Dicha institución es dependiente del Ministerio del
Interior y fue creada para la defensa, protección y preservación de
los intereses y patrimonio cultural de los indios así como también
para la promoción de programas y proyectos relacionados con el
desarrollo social y económico de éstos;

f. En la década del 60 el gobierno brasileño aprobó un plan de


explotación de los vastos recursos naturales y de desarrollo de la
región amazónica. En 1973 comenzó la construcción de la autopista
BR-210 (Rodovia Perimetral Norte) la cual, al atravesar el territorio
de los indios Yanomami, obligó a éstos a abandonar su habitat y
buscar refugio en otras localidades;

g. Durante la década del setenta fueron descubiertos ricos


depósitos minerales en las zonas de Couto de Magalhäes, Uraricäa,
Surucucus y Santa Rosa—territorios de los Yanomami—los que
atrajeron a compañías mineras y a exploradores independientes
(garimpeiros) agravando así el desplazamiento de miles de indios;

h. Entre 1979 y 1984 se realizaron diversas gestiones y se


presentaron varios proyectos tendientes a delimitar como territorio
indígena un Parque Yanomami.

i. En marzo de 1982, luego de una intensa campaña de


protesta por parte de organizaciones nacionales e internacionales de
derechos humanos y de defensa de los indígenas, el Gobierno del
Brasil por decreto ministerial GM/N 025 estableció la interdicción en
el Territorio Federal de Roraima y Estado de Amazonas de un área
continua de 7,000,000 hectáreas destinadas a los indios Yanomami.
Entre otras estipulaciones, dicho decreto asignaba a la FUNAI la
responsabilidad de adoptar para la protección de los indios Yanomami
las siguientes cinco medidas:

i. la interdicción de un área continua de tierra;

ii. el establecimiento de una estructura administrativa


con suficientes puestos de control a los efectos de coordinar e
implementar la asistencia a los Yanomami;

iii. la construcción de pistas de aterrizaje en los puestos


de control y diversas áreas a los efectos de atraer a los grupos
indígenas aislados así como también establecer una infraestructura
para la creación de caminos y carreteras;

iv. la adopción de medidas protectoras de los grupos


indígenas especialmente aquellas relacionadas con las áreas
interdictas para proteger el medio natural y preservar las
construcciones y equipos existentes; y
v. coordinar y dirigir las actividades de las misiones
religiosas.

j. El 12 de setiembre de 1984, el entonces Presidente de la


FUNAI, Sr. Jurundy Marcos da Fonseca, sometió una nueva propuesta
al Grupo interministerial de Trabajo que había sido creado en 1983
mediante Decreto 88.118 tendiente a definir el futuro Parque
Indígena Yanomami en una superficie de 9.419.108 hectáreas
cuadradas, la que comprendería prácticamente todo el territorio y las
aldeas en que habitan los Yanomami. Hasta ahora, sin embargo, esa
proposición no se ha concretizado.

3. En la presentación formulada por los peticionarios y en


posteriores testimonios e informes presentados por éstos a la Comisión se
formularon las siguientes alegaciones:

a. La penetración masiva de personas extrañas al área ha tenido


desvastadoras consecuencias físicas y sicológicas para los indígenas; ha
ocasionado la ruptura de su organización social milenaria, ha introducido la
prostitución entre las mujeres la que era desconocida y ha causado gran
número de muertes, las que han sido causadas por epidemias de influenza,
tuberculosis, sarampión, enfermedades venéreas, etc.

b. A pesar de reiteradas intervenciones en favor de los indios,


por parte de múltiples organizaciones humanitarias, religiosas e indígenas,
poco han hecho las autoridades responsables para la protección de la salud
de los indígenas y asegurar la implementación de las disposiciones
constitucionales y de la ley;

c. Los proyectos de desarrollo agrícola realizados por el Instituto


Nacional de Colonización y Reforma Agraria (INCRA), creado para el
beneficio de los indios desplazados de sus tierras, no han producido los
efectos esperados. El resultado, por el contrario, ha sido la pérdida de sus
tierras y el traslado forzoso a comunidades agrícolas que no corresponden a
sus costumbres y tradiciones;

d. El proceso de integración de los indios, tal como está


establecido en la legislación y es aplicado por las autoridades responsables,
tiende a la desintegración y destrucción de las comunidades indígenas en
lugar de facilitar su bienestar económico y social;

e. La ocupación y desarrollo de la zona del Amazonas y del


Terrritorio de Roraima ha resultado en la destrucción de campamentos, la
desaparición y muerte de centenares de indios Yanomami y amenaza con su
extinción.

f. La propuesta para la creación del “Parque Indígena


Yanomami”, si bien ha recibido el apoyo de un sector del Gobierno Federal,
por otro lado, ha sido objetada por sectores interesados primordialmente en
el desarrollo económico del Estado de Amazonas y del Territorio de Roraima,
los cuales han manifestado su oposición al proyecto, lo que se ha traducido,
hasta ahora, en un incumplimiento de la Ley 6.001 que prevé la reserva de
las tierras indígenas.

4. Todas las comunicaciones de los peticionarios han sido


oportunamente transmitidas al Gobierno de Brasil, al cual la Comisión ha solicitado
la información pertinente. El Gobierno en sus Notas N 127 de 13 de mayo de 1981,
N 316 de 3 de noviembre de 1981, N 101 de 14 de abril de 1982 y N 38 de 13 de
febrero de 1985 en respuesta a dichas solicitudes de la Comisión, ha comentado
ampliamente la legislación brasileña en relación con el estatuto legal y los derechos
civiles y políticos de los indios, así como también los principales puntos suscitados
en las denuncias de los peticionarios en términos que se resumen a continuación:

a. Estatuto legal de los indios en Brasil. Derechos civiles

i. De acuerdo con la ley brasileña los indígenas son considerados


relativamente incapaces para ejercer determinadas actividades y son
puestos bajo tutela administrativa para su protección. La Ley provee
protección adecuada a todos los “individuos” y “comunidades de
indios”.

ii. La Constitución Federal garantiza a los indios el derecho de


tránsito, de reunión y expresión. La FUNAI no interfiere de ninguna
manera en el goce de estos derechos.

iii. Desde 1980, la FUNAI ha aumentado el presupuesto destinado a


la educación de los indios para que estudien en centros educativos
cercanos a sus comunidades.

b. Derechos políticos

i. Los indígenas son titulares de derechos políticos garantizados por la


Ley 6.001 de 1973. El ejercicio de estos derechos depende de la
verificación de las condiciones especiales establecidas en esta Ley y
la legislación pertinente.

ii. La emancipación está regida por el artículo 11 del Estatuto del


Indio (Ley 6.001) la cual puede ser declarada por el Presidente de la
República por medio de un decreto cuando lo requiera la mayoría de
sus miembros y que la plena integración en la colectividad nacional
esté comprobada por investigación realizada por el órgano federal
competente. La emancipación no puede emanar de la iniciativa del
órgano titular (FUNAI) o ser declarada independientemente de la
voluntad de la comunidad. En lo que concierne a la participación de
los indígenas en la Cámara Municipal, el Gobierno ha señalado que
“hay algunos indígenas en la Cámara Municipal, particularmente en el
Estado de Mato Grosso do Sul”.

c. Protección de la salud de los indígenas


El Gobierno ha informado a la Comisión que en los últimos años
mediante la FUNAI con la colaboración a través de un convenio con la
asociación francesa “Medecins du Monde” y la Comisión para la
Creación del Parque Yanomami ha venido preocupándose de atender
la salud de los Yanomami a través de vacunaciones masivas y control
de epidemias.

d. Protección de las tierras indígenas

Las tierras de los indios están protegidas tanto por la Constitución


Federal como por el Estatuto del Indio (Ley 6.001, artículos 6, 22,
24, 25 y 44). En cuanto a la creación del Parque Indígena Yanomami,
el Gobierno ha reconocido que ya ha expirado el plazo establecido
por la Ley 6.001 para la demarcación de las tierras indígenas (Nota N
316) e informado a la Comisión Interamericana de Derechos
Humanos que “la definición del área Yanomami está siendo
cuidadosamente considerada y se encuentra en la fase final de su
estudio por parte de representantes de la FUNAI, la Secretaría
General del Ministerio del Interior, la Secretaría Especial del Medio
Ambiente, el Instituto Brasileño de Desarrollo Forestal y el Instituto
Nacional de Colonización y Reforma Agraria bajo la coordinación de la
Secretaría General del Consejo de Seguridad Nacional”.
También ha informado el Gobierno que la FUNAI se viene esforzando
por concluir la retirada de todos aquellos que ocupan ilegalmente las
tierras indígenas. Esta tarea ha sido cumplida en varias zonas.
Posteriormente, por nota N 38 de 13 de febrero de 1985, el Gobierno
informó a la Comisión que con respecto a la extensión de un área
continua para los Yanomami, el Presidente de la FUNAI encaminó el
12 de setiembre de 1984 al Grupo de Trabajo Interministerial,
instituido por el Decreto 88.118/83, una nueva propuesta para la
definición del futuro Parque Indígena Yanomami cuya superficie será
de 9.419.108 hectáreas. El área designada incluirá todas las áreas
aisladas Yanomami (Ajarani, Catrimani y Pacu) y su creación
depende de la regularización de los límites y de la creación de una
infraestructura que, por el momento, se encuentra en una etapa
avanzada.
Asimismo, en dicha nota de febrero del corriente año, el Gobierno
informó a la Comisión que el Presidente de la FUNAI, atendiendo a la
solicitud de los jefes de los puestos de control en el área Yanomami,
por decreto ministerial N 1817/E del 8 de enero de 1985, prohibió el
tránsito o permanencia de personas o grupos no indígenas,
principalmente “garimpeiros” y que hasta la fecha no se había
permitido la entrada de ninguna empresa minera en territorio
Yanomami.

e. Posibilidad de transferencia de grupos tribales y de


intervención del Gobierno en las zonas de los indios

i. La Ley 6.001 otorga al Presidente de la República el


poder y derecho de intervenir en las áreas habitadas por indios,
expropiar y trasladarlos por razones excepcionales (artículo 20) entre
ellas: la realización de obras públicas relacionadas con el desarrollo
nacional y la explotación de las riquezas del subsuelo que pertenecen
al Estado Federal, de interés relevante para la seguridad y el
desarrollo nacional, así como por razones de seguridad nacional.
Dicha transferencia puede ser realizada mediante decreto del
Presidente de la República.

La ley 6.001 de 1973 prevé condiciones en las cuales los órganos


estatales pueden proceder a la transferencia de grupos indígenas a
áreas equivalentes a las que ellos están acostumbrados.

ii. En lo que concierne a la explotación y concesión de


los minerales en tierras indígenas, el artículo 168 de la Constitución
establece que: “En Brasil las riquezas del subsuelo pertenecen en su
totalidad a la Unión aún cuando se encuentren en propiedad privada”.
A fin de proteger los intereses del patrimonio de los indios, la Ley
6.001 permite la explotación del subsuelo indígena sólo en caso de
interés nacional relevante, por entidades públicas federales, después
de haber obtenido la anuencia de la FUNAI y solamente cuando se
trata de minerales estratégicos necesarios a la seguridad y desarrollo
nacional.

CONSIDERANDO:

1. Que los peticionarios denunciaron a la Comisión la violación de los


derechos humanos de los Indios Yanomami por parte del Gobierno de Brasil y de la
Fundación Nacional del Indio (FUNAI), organismo gubernamental de tutela a los
indios creado para administrar la política indígena del Gobierno e implementar la
Ley 6.001 del 19 de diciembre de 1973 denominada “Estatuto del Indio”.

2. Que las violaciones denunciadas tienen su origen en la construcción


de la autopista transamazónica BR-2310 que atraviesa los territorios donde viven
los indios; en la falta de crear el Parque Yanomami para la protección del
patrimonio cultural de este grupo indígena; en la autorización de explotar las
riquezas del subsuelo de los territorios indígenas; en permitir la penetración masiva
en el territorio de los indios de personas extrañas transmisoras de enfermedades
contagiosas diversas que han causado múltiples víctimas dentro de la comunidad
indígena y de no proveer la atención médica indispensable a las personas
afectadas, y finalmente, por proceder al desplazamiento de los indios de sus tierras
ancestrales con todas las negativas consecuencias para su cultura, tradición y
costumbres.

3. Que la Constitución Federal de la República estipula en su artículo 4,


numeral IV que los bienes de la Unión incluyen “a las tierras ocupadas por los
selvícolas”, y que por otra parte el artículo 198 expresa:

Las tierras habitadas por los selvícolas son inalienables según los términos
prescriptos por la Ley Federal, cabiéndoles la posesión permenente y quedando
reconocido su derecho al usufructo exclusivo de las riquezas naturales y a todos los
beneficios que puedan ser obtenidos de ellas.

4. Que para efectos legales, la Ley 6.001 en su artículo 3 establece dos


grupos de indígenas:
c. los “Indios o Selvícolas” es decir, individuos de origen pre-colombino
cuyas caracaterísticas culturales los distinguen de la sociedad
nacional, y

d. la “Comunidad Indígena o Grupo Tribal” que se refiere a los que


viven aislados de la comunidad nacional.

5. Que, por su parte, para la protección del territorio indígena, la Ley. 6.001
(Estatuto del Indio) estipula:

Artículo 19
Por iniciativa y bajo la supervisión del órgano federal de asistencia a
los indios, las tierras indígenas serán administrativamente
demarcadas de conformidad con el proceso establecido por decreto
del Poder Ejecutivo.
Artículo 25:
El reconocimiento del derecho de los indios o grupos tribales a poseer
permanentemente las tierras en que viven, según los términos del
artículo 198 de la Constitución Federal, no dependerá de la
demarcación de éstas, y será asegurado por el órgano federal de
asistencia a los selvícolas...

6. Que el artículo 20 de la Ley 6.001 estipula que la Unión puede


mediante decreto del Presidente de la República intervenir en los territorios
indígenas en casos excepcionales tales como: a) por razón de seguridad nacional;
b) para realizar obras públicas relacionadas con el desarrollo nacional; y c) para la
explotación de riquezas del subsuelo de interés relevante para la seguridad y el
desarrollo nacional.

7. Que el Derecho Internacional, en su estado actual y tal como se


encuentra cristalizado en el artículo 27 del Pacto Internacional de Derechos Civiles
y Políticos, reconoce a los grupos étnicos el derecho a una protección especial para
el uso de su idioma, el ejercicio de su religión y, en general, de todas aquellas
características necesarias para la preservación de su identidad cultural.

8. Que sobre el tema de las poblaciones indígenas la Comisión ha


señalado:

Que la Comisión considera que la protección de las poblaciones


indígenas constituye tanto por razones históricas como por principios
morales y humanitarios, un sagrado compromiso de los estados;
Que en diversas oportunidades esta Comisión ha debido tomar
conocimiento de casos en los cuales se ha comprobado que abusos de poder
cometidos por funcionarios gubernamentales encargados de tareas de
administración en relación con comunidades indígenas han ocasionado
gravísima lesión a los derechos humanos de sus integrantes;
Que estos agravios a los derechos humanos resultan tanto más reprobables
si se atiende al hecho de provenir de agentes del poder público y de tomar
por víctimas a personas o grupos para los cuales es particularmente difícil el
ejercicio eficaz de los medios de defensa establecidos por las legislaciones
de los respectivos Estados.
Por ello recomendó que:
1. Todos los estados que dispensen muy particular interés a la
adecuada capacitación de los funcionarios que deben ejercer sus tareas en
contacto con las referidas poblaciones, despertando en ellos la conciencia de
su deber de actuar con el mayor celo en defensa de los derechos humanos
de los indígenas quienes no deben ser objeto de discriminación de especie
alguna. (OEA/Ser.P.AG/doc. 305/73, rev. 1, 14 marzo 1973, pág. 89)

9. Que la Organización de los Estados Americanos ha establecido como


acción prioritaria para los países miembros, la preservación y fortalecimiento de la
herencia cultural de los grupos étnicos y la lucha en contra de la discriminación que
invalida su potencial como seres humanos a través de la destrucción de su
identidad cultural e individualidad como pueblos indígenas.

10. Que del cuidadoso examen de los hechos realizados por la Comisión,
incluido las respuestas del Gobierno de Brasil resulta lo siguiente:

e. Que con motivo del inicio, en 1973, de la construcción de la


autopista BR-210 (Rodovia Perimetral Norte), el territorio que por tiempos
inmemoriales habitaban los indios Yanomami fue invadido por trabajadores
en la construcción de la autopista, geólogos, exploradores mineros y colonos
deseosos de asentarse en dicho territorio;

f. Que tales invasiones se llevaron a cabo sin previa y adecuada


protección para la seguridad y salubridad de los indios Yanomami, lo cual dio
como resultado un considerable número de muertes por epidemias de
influenza, tuberculosis, sarampión, malaria, enfermedades venéreas, etc.;

g. Que indígenas habitantes de varias aldeas cercanas a la ruta


de la autopista BR-210 (Rodovia Perimetral Norte) abandonaron sus aldeas,
convirtiéndose en mendigos o en prostitutas sin que el Gobierno de Brasil
adoptase las medidas necesarias para impedirlo; y

h. Que con posterioridad al descubrimiento, en 1976, de


minerales de estaño y otros metales en la región donde habitan los indios
Yanomami, se generaron graves conflictos que dieron origen a actos de
violencia entre exploradores y explotadores de esos minerales, por una
parte, y los indígenas, por otra. Tales conflictos, que ocurrieron
especialmente en las áreas de la Serra dos Surucucus, Couto de Magalhäes
y Furo de Santa Rosa afectaron la vida, seguridad, salud e integridad
cultural de los Yanomami.

11. Que de los hechos expuestos precedentemente surge una


responsabilidad del Estado brasileño por la omisión de haber adoptado oportuna y
eficazmente medidas para proteger los derechos humanos de los Yanomami.

12. Que el Gobierno de Brasil, en los últimos años, ha adoptado diversas


medidas para superar y aliviar los problemas originados con los indios Yanomami.
Entre esas medidas el Gobierno de Brasil ha informado, por nota de su
Representante Permanente ante la Organización de los Estados Americanos de 13
de febrero de 1985, que el Gobierno de Brasil ha adoptado las siguientes medidas
para proteger la seguridad, salud e integridad de los Yanomami:
i. El Presidente de la FUNAI envió una propuesta al grupo
interministerial de trabajo el 12 de septiembre de 1984 solicitando la
definición y delimitación del futuro Parque Yanomami, el cual tendría una
superficie de 9,419,108 héctareas;

j. El área propuesta para ese Parque cubriría las áreas aisladas


de Ajarani, Catrimani y Pacu, así como cuatro puestos de control, tres de
vigilancia y un número de misiones religiosas para que puedan prestar
asistencia médica y otros servicios a los indígenas;

k. La FUNAI, con la colaboración de la asociación francesa


“Medicins du Monde” y la Comisión para la Construcción del Parque
Yanomami está ejecutando un programa de salubridad entre los Yanomami,
el cual incluye especialmente masivas vacunaciones preventivas y control de
epidemias;

l. El presidente de la FUNAI ha prohibido el desplazamiento de


personas o grupos no indígenas, especialmente exploradores mineros, en el
área propuesta para la creación del Parque Yanomami;

m. Hasta ahora ninguna compañía minera ha ingresado a la


región de los Yanomami; y

n. El plano de ayuda y asistencia a los Yanomami continúa


siendo ejecutado por la Delegación Regional N 10 de la FUNAI, la cual tiene
su sede en Boa Vista, Roraima.

LA COMISION INTERAMERICANA DE DERECHOS HUMANOS,


RESUELVE:

1. Declarar que existen suficientes antecedentes y evidencias para


concluir de que en razón de la omisión del Gobierno de Brasil para adoptar
oportunas y eficaces medidas en favor de los indios Yanomami se ha producido una
situación que ha dado como resultado la violación, en perjuicio de éstos, de los
siguientes derechos reconocidos en la Declaración Americana de los Deberes y
Derechos del Hombre: Derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad (artículo 1);
Derecho de residencia y tránsito (artículo 8); y Derecho a la preservación de la
salud y bienestar (artículo 9).

2. Reconocer las importantes medidas que en los últimos años,


particularmente desde 1983, ha adoptado el Gobierno de Brasil para proteger la
seguridad, salud e integridad de los indios Yanomami.

3. Recomendar:

a) Que el Gobierno de Brasil continúe adoptando medidas sanitarias de


carácter preventivo y curativo a fin de proteger la vida y la salud de los
indios expuestos a adquirir enfermedades infecto-contagiosas;
b) Que el Gobierno de Brasil, a través de la FUNAI y de conformidad con
su legislación, proceda a delimitar y demarcar el Parque Yanomami, tal
como la FUNAI lo propuso al grupo interministerial de trabajo el 12 de
setiembre de 1984;

c) Que los programas educacionales, de protección médica y de


integración social de los Yanomami sean llevados a cabo en consulta con la
población indígena afectada y con la asesoría de competente personal
científico, médico y antropológico; y

d) Que el Gobierno de Brasil informe a la Comisión de las medidas


adoptadas para implementar estas recomendaciones.

4. Incluir esta Resolución en el Informe Anual a la Asamblea General de


la Organización de los Estados Americanos.

Notas: El Dr. Andrés Aguilar no participó en las deliberaciones y decisiones de este


caso.
La Dra. Gilda Russomano se inhibió de participar en este caso de conformidad con
lo dispuesto en el artículo 19 del Reglamento.

INFORME No 90/99
CASO 11.713
COMUNIDADES INDÍGENAS ENXET-LAMENXAY y
KAYLEYPHAPOPYET -RIACHITO-
PARAGUAY
29 de septiembre de 1999

I. RESUMEN

1. En este caso, relacionado con la reivindicación de tierras de las comunidades


indígenas Lamenxay y Riachito (Kayleyphapopyet), ambas del Pueblo Enxet-
Sanapana, y presentado a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (en lo
sucesivo la "Comisión" o la "CIDH") por la organización indígena "Tierra Viva",
asesorada por el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJlL), se firmó
el 25 de marzo de 1998 un acuerdo de solución amistosa, propiciado por la
Comisión, conforme al cual el Estado paraguayo se comprometió a adquirir una
superficie de 21.884.44 hectáreas ubicada en el Distrito de Pozo Colorado,
Departamento de Presidente Hayes, del Chaco paraguayo, entregarla a las
mencionadas comunidades indígenas y titularla a su nombre ante los órganos
competentes. En el presente informe de solución amistosa, la CIDH efectúa una
reseña de los hechos alegados por los peticionarios y de la solución amistosa
lograda y acuerda hacer seguimiento a algunas obligaciones pendientes del Estado.

II. TRÁMITE ANTE LA COMISIÓN

2. El 12 de diciembre de 1996 la Comisión recibió la denuncia, y el 8 de enero de


1997 abrió el caso, transmitió las partes pertinentes de la denuncia al Estado
paraguayo y le pidió información a ser presentada dentro de un plazo de 90 días. El
8 de mayo de 1997 la Comisión se puso a disposición de las partes para tratar de
llegar a una solución amistosa del caso. El 23 de junio de 1997 Paraguay presentó
su respuesta a la denuncia. El 3 de julio de 1997 se celebró una audiencia de
solución amistosa en Paraguay. El 25 de marzo de 1998 se firmó en Washington un
acuerdo de solución amistosa, y posteriormente hubo varias reuniones entre la
Comisión, el Estado y los peticionarios, con el objeto de dar seguimiento a los
compromisos asumidos en el acuerdo de solución amistosa. El 30 de julio de 1999,
en Asunción, el señor Presidente de la República del Paraguay, doctor Luis Angel
González Macchi, entregó a representantes de las mencionadas comunidades
indígenas, en presencia de la CIDH, documentos que acreditan el cumplimiento por
parte de Paraguay de los compromisos asumidos en el acuerdo de solución
amistosa.

III. HECHOS ALEGADOS POR LOS PETICIONARIOS

3. Alegaron que los Enxet son un pueblo indígena que habita la región del Chaco
paraguayo, con una población total de aproximadamente 16.000 personas.
Señalaron que en la Zona Anglicana del Chaco paraguayo habitan
aproximadamente 6.000 indígenas Enxet y refirieron que antes de la invasión de su
territorio, los Enxet vivían principalmente de la caza, la pesca y la recolección,
aunque también tenían pequeños cultivos y criaban algunos animales domésticos.

4. Señalaron que a partir de 1885 el Gobierno paraguayo comenzó a vender todas


las tierras del Chaco a extranjeros, y que para 1950 todo el territorio Enxet había
sido ocupado por los nuevos propietarios. Refirieron que los Enxet han venido
reivindicando sus territorios tradicionales desde hace muchos años, han realizado
varias solicitudes de tierras al Instituto de Bienestar Rural (IBR) del Paraguay y han
iniciado acciones judiciales tendientes a decretar medidas de no innovar en las
tierras que están reivindicando conforme a sus derechos constitucionales y legales.

5. Refirieron que en 1991 los representantes indígenas de las comunidades Enxet


Santa Juanita, Riachito, Laguna Pato y Los Lapachos, ubicadas en la jurisdicción de
Pozo Colorado, Departamento de Presidente Hayes, del Chaco paraguayo, iniciaron
ante el Instituto de Bienestar Rural (IBR) los trámites administrativos para la
recuperación de sus territorios tradicionales, ubicados en el Chaco, solicitud que
tuvo mayor énfasis a partir de 1992, cuando la Constitución paraguaya reconoció el
derecho a la propiedad de la tierra de los pueblos y comunidades indígenas.

6. Señalaron que el 9 de diciembre de 1993, y como forma de garantizar el


procedimiento administrativo para la recuperación de sus tierras ancestrales
iniciado ante el Instituto de Bienestar Rural (IBR), los representantes judiciales de
las mencionadas comunidades indígenas solicitaron a un juzgado medida preventiva
de no innovar sobre las tierras reclamadas, la cual fue acordada en febrero de
1994.

7. Adujeron que los ocupantes de las fincas no acataron la medida judicial


decretada, por lo cual se intentaron las acciones penales correspondientes.
Explicaron que tal desacato a la decisión judicial perjudicaba las posibilidades de
acceso a la propiedad de la tierra de las comunidades indígenas Enxet de Santa
Juanita, Riachito, Laguna Pato y Los Lapachos, y que dos años después de
decretada la medida cautelar, el expediente judicial todavía se encontraba en etapa
sumaria.
8. Indicaron que aun cuando el juicio criminal por desacato llegue a su término y se
establecieran responsabilidades penales en el caso, era necesario que el Estado
paraguayo concluyera el procedimiento administrativo iniciado en 1991 para la
dotación definitiva de tierras a las identificadas comunidades indígenas, y
garantizase la efectividad de tal procedimiento, a través de la vigencia de las
medidas de no innovar decretadas por el Juzgado Civil en 1994, como única forma
de garantizar el derecho a la propiedad de las tierras de los Enxet.

9. Argumentaron que los hechos referidos implicaban una violación por parte del
Estado paraguayo de los derechos a garantías judiciales, a la protección judicial, a
la propiedad, al derecho a la residencia, y a los beneficios de la cultura,
contemplados en los artículos 8, 25, 21 y 22 de la Convención Americana sobre
Derechos Humanos, y XIII de la Declaración Americana de los Derechos y Deberes
del Hombre, respectivamente, todo ello en transgresión del deber genérico
contemplado en el artículo 1(1) de la Convención Americana de respetar y
garantizar los derechos humanos consagrados en tal instrumento internacional.

IV. SOLUCIÓN AMISTOSA LOGRADA

10. El 3 de julio de 1997, a instancia de la Comisión, que ofreció sus buenos oficios
a fin de celebrar una audiencia de solución amistosa, se celebró tal audiencia en
Asunción, con asistencia de la CIDH1, de autoridades del Estado paraguayo, de las
organizaciones no-gubernamentales representantes de las comunidades indígenas
en cuestión, y de líderes indígenas. En tal reunión se acordó que Paraguay
compraría las tierras referidas en la denuncia y las entregaría a las comunidades
indígenas Enxet-Lamenxay y Kayleyphapopyet-Riachito.

11. En noviembre de 1997 se celebró una nueva audiencia ante la Comisión, en la


cual Paraguay anunció que había pagado la mitad del monto de las tierras, y acordó
con los peticionarios una serie de medidas destinadas a obtener la entrega y
posesión de las tierras a las comunidades indígenas en cuestión. En marzo de 1998
el Gobierno pagó el saldo del precio a los dueños anteriores de la tierra.

12. El 25 de marzo de 1998 se reunieron en la sede de la Comisión, en Washington,


D.C., representantes del Estado, de los peticionarios y de la propia Comisión. En
esa oportunidad se firmó un acuerdo de solución amistosa, fundada en el respeto
de los derechos humanos reconocidos en la Convención Americana, mediante el
cual Paraguay reconoció en tal contexto la existencia del derecho de las referidas
comunidades indígenas a la tierra, tanto en el marco nacional como internacional, y
ambas partes convinieron en una serie de aspectos.2

13. Paraguay declaró haber adquirido y pagado en forma total a los propietarios
anteriores, el terreno de 21.884.44 hectáreas, en la suma total de 4.705.154,966
guaraníes, ubicado en el distrito de Pozo Colorado, Departamento de Presidente
Hayes, del Chaco Paraguayo, a unos 311 kilómetros de Asunción, sobre el Ramal
Pozo Colorado -Sta. Juanita, el 23 de julio de 1997, mediante la Resolución de
Adquisición N° 37/97, y se comprometió a transferirlo libre de todo tipo de
gravámenes y con todos los títulos saneados y en regla a las Comunidades Enxet-
Lamenxay y Kayleyphapopyet -Riachito- ambas del pueblo Enxet-Sanapaná.

14. El Estado se comprometió a entregar la tierra a las señaladas comunidades en


un breve plazo, a fin de que pudieran ocupar, usar y gozar dicha tierra mientras se
procedía a realizar los trámites de escrituración y se obligó a realizar un inventario
de todos y cada uno de los bienes muebles y accesorios, instalaciones
electromecánicas, etc., existentes en la propiedad.

15. Asimismo, el Estado paraguayo se comprometió a proveer la asistencia


necesaria a estas comunidades, consistente en la provisión de víveres,
medicamentos, herramientas y medios de transporte para el desplazamiento de las
distintas familias y sus pertenencias desde su residencia actual hacia su nuevo
lugar de asentamiento, y garantizó a las comunidades indígenas el retiro del
personal que trabajaba en los terrenos adquiridos, como las pertenencias de éstos
y de los antiguos dueños de la Estancia.

16. Paraguay garantizó asimismo a las comunidades Enxet-Lamenxay y


Kayleyphapopyet -Riachito- la asistencia sanitaria, médica y educacional en su
nuevo asentamiento, así como el mantenimiento en buen estado de los caminos de
acceso a la propiedad.

17. Ambas partes acordaron que en caso de haber conflictos en la interpretación de


alguna de las obligaciones del Acuerdo, recurrirían a la Comisión a fin de que ésta
interpretase el alcance de las obligaciones y derechos del acuerdo, y convinieron en
darle amplia publicidad.

18. Los peticionarios, por su parte, se declararon satisfechos en todos sus reclamos
surgidos a raíz de los hechos que motivaron el caso, y expresaron que la
intermediación de la Comisión había sido decisiva para lograr una solución amistosa
en este caso.

19. La Comisión manifestó su profunda satisfacción por la solución amistosa


alcanzada en el caso, y expresó a cada una de las partes, el Estado de Paraguay y
los peticionarios, su felicitación por los esfuerzos que realizaron para colaborar con
la Comisión en la solución de la situación denunciada.

20. Con posterioridad a la firma del acuerdo de solución amistosa, hubo varias
reuniones entre la Comisión, el Estado y los peticionarios, tanto en Asunción como
en Washington, D.C., con el objeto de dar seguimiento a los compromisos asumidos
en el referido acuerdo de solución amistosa.

21. Para el mes de julio de 1999, fecha en que la Comisión efectuó una visita in-
loco al Paraguay, estaba pendiente efectuar el traspaso del título de las tierras a
nombre de las mencionadas comunidades indígenas. El 30 de julio de 1999,
durante tal visita in-loco, la Comisión se reunió con el señor Presidente de la
República, doctor Luis Angel González Macchi, y recibió de su parte la información
de que el 27 de julio de 1999 Paraguay tituló las tierras en cuestión a nombre de
las señaladas comunidades, cumpliendo así con la totalidad de los compromisos
inmediatos que había asumido. En dicho acto, el señor Presidente de la República
entregó a representantes de las mencionadas comunidades indígenas, en presencia
de la CIDH, los correspondientes títulos de propiedad de dichas tierras.

V. CONCLUSIONES

22. La Comisión reitera su reconocimiento al Estado paraguayo por su voluntad de


resolver este caso a través de medidas de reparación, incluyendo las necesarias
para reivindicar esta tierra y transferirla a las comunidades indígenas Lamenxay y
Kayleyphapopyet -Riachito- y la asistencia comunitaria necesaria a estas
comunidades. La CIDH reitera asimismo su reconocimiento a los peticionarios y a
los afectados por la aceptación de los términos del acuerdo en referencia.

23. La CIDH seguirá acompañando el cumplimiento de los compromisos de carácter


continuado asumidos por Paraguay, relativos a la asistencia sanitaria, médica y
educacional, en el nuevo asentamiento de las comunidades Enxet-Lamenxay y
Kayleyphapopyet -Riachito-, así como el mantenimiento en buen estado de los
caminos de acceso a la propiedad. A tal efecto, la Comisión solicita al Estado y a los
peticionarios que le envíen reportes trimestrales, a partir del 1° de enero del 2000,
respecto al cumplimiento de tales compromisos.

24. La CIDH ratifica que la modalidad de la solución amistosa contemplada en la


Convención Americana permite la terminación de los casos individuales en forma no
contenciosa, y ha demostrado, en casos relativos a diversos países, ofrecer un
vehículo importante de solución de presuntas violaciones, que puede ser utilizado
por ambas partes (peticionarios y Estado).

25. La Comisión acuerda transmitir este informe a las partes interesadas, publicarlo
e incluirlo en su Informe Anual a la Asamblea General de la OEA.

Dado y firmado en la sede de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos,


en la ciudad de Washington, D.C., a los 29 días del mes de septiembre de 1999.
Firmado por Robert K. Goldman, Presidente, Hélio Bicudo, Primer Vicepresidente,
Claudio Grossman, Segundo Vicepresidente, Jean Joseph Exumé y Carlos Ayala
Corao.

INFORME Nº 34/98
CASO 11.610
LOREN LAROYE RIEBE, JORGE ALBERTO BARÓN GUTTLEIN Y
RODOLFO IZAL ELORZ
MÉXICO
5 de mayo de 1998

1. El 4 de marzo de 1996, la Comisión Interamericana de Derechos


Humanos (en adelante "la Comisión" o "la CIDH"), recibió una
denuncia presentada por Robert W. Benson y otros abogados (en
adelante "los peticionarios"), en representación del sacerdote católico
Loren Laroye Riebe Star, de nacionalidad estadounidense, y de los
beneficiarios de seis proyectos educativos, económicos y de caridad
en el Estado de Chiapas, México. En la petición se alega la violación
por parte de los Estados Unidos Mexicanos (en adelante "el Estado";
"el Estado mexicano" o "México"), de los siguientes derechos
consagrados en la Convención Americana sobre Derechos Humanos
(en adelante la "Convención Americana"): integridad personal
(artículo 5); libertad personal (artículo 7); garantías judiciales
(artículo 8); protección de la honra y de la dignidad (artículo 11);
libertad de conciencia y de religión (artículo 12); libertad de
pensamiento y expresión (artículo 13); reunión (artículo 15); libertad
de asociación (artículo 16); propiedad privada (artículo 21);
circulación y residencia (artículo 22); igualdad ante la ley (artículo
24); y protección judicial (artículo 25).

2. La denuncia fue ampliada posteriormente por el Taller Universitario


de Derechos Humanos y el Centro por la Justicia y el Derecho
Internacional (en adelante, "TUDH" y "CEJIL" respectivamente, o en
general, "los peticionarios"), alegando hechos violatorios casi
idénticos respecto a otros dos sacerdotes católicos extranjeros de la
diócesis de San Cristóbal de las Casas, Chiapas: el Rev. Jorge Alberto
Barón Guttlein, de nacionalidad argentina; y el Rev. Rodolfo Izal
Elorz, de nacionalidad española.

I. HECHOS DENUNCIADOS

3. La denuncia refiere que el 22 de junio de 1995, en horas de la


tarde, el Rev. Riebe fue sacado bajo un pretexto falso de su rectoría,
luego de lo cual abruptamente fue encañonado con un arma por
autoridades policiales. Los policías, quienes se negaron a
identificarse, y carecían de orden de arresto, trasladaron al Rev.
Riebe a las instalaciones de la Policía Estatal Judicial de la ciudad de
Tuxtla Gutiérrez, capital del estado de Chiapas. En dicho sitio, fue
desnudado y sometido a un examen médico. No le permitieron hacer
sus necesidades fisiológicas por varias horas, y tampoco fue
informado en momento alguno de las razones de su privación de
libertad. Posteriormente, el Rev. Riebe fue llevado al aeropuerto de
Tuxtla Gutiérrez.

4. La ampliación de la denuncia respecto al Rev. Barón Guttlein


señaló que el 22 de junio de 1995, mientras el religioso viajaba a
bordo de su vehículo, fue obligado a detenerse en el desvío de El
Carmelito, Chiapas, por una camioneta. De la misma descendieron
cuatro hombres quienes, sin mandamiento escrito o documento de
autoridad alguna, lo hicieron descender, vendando sus ojos y
cubriéndole el rostro con una chaqueta. En esas condiciones fue
puesto en el suelo de la camioneta de sus captores, y viajó unas tres
horas hasta llegar a destino, donde los captores le quitaron las
vendas y se percató de que se encontraba en Tuxtla Gutiérrez. Los
individuos no identificados que lo retenían, le obligaron a desnudarse
para que otra persona, tampoco identificada, le practicara un examen
médico. Luego de ello, lo trasladaron al aeropuerto de dicha ciudad.

5. Respecto al Rev. Izal Elorz, la ampliación de la denuncia indicó que


el 22 de junio de 1995, el mismo iba conduciendo un vehículo de su
propiedad cuando fue interceptado por varios individuos armados,
quienes no se identificaron. El sacerdote fue despojado de su
automóvil por dichos individuos, quienes lo subieron a empellones a
la cabina de una camioneta, y lo trasladaron con rumbo desconocido,
rodeado por dos hombres armados que lo custodiaban. La denuncia
continúa indicando que, al llegar a Tuxtla Gutiérrez, el religioso fue
conducido a las instalaciones de la Policía Judicial, donde lo
desnudaron delante de sus captores para revisar posibles lesiones
producidas por éstos. También denuncian los peticionarios que el
Rev. Izal Elorz fue sometido a un exhaustivo interrogatorio, el cual
más bien consistía en imputaciones directas de supuestos actos
ilícitos que habría cometido; en ningún momento se le permitió la
asesoría de un abogado. Posteriormente, fue llevado al aeropuerto de
la ciudad.

6. Los tres religiosos, que habían sido llevados al aeropuerto de


Tuxtla Gutiérrez, fueron luego trasladados en un avión del Gobierno
hasta el aeropuerto de la Ciudad de México, donde fueron sometidos
a un interrogatorio político por parte de autoridades mexicanas de
inmigración. Estuvieron presentes en ese momento representantes de
las Embajadas de los EE.UU. de América, de España, y de Argentina,
además de un abogado de la Comisión Nacional de Derechos
Humanos (CNDH). Sin embargo, los peticionarios señalan que no se
permitió a estas personas asistir o participar de los respectivos
interrogatorios a los sacerdotes, que versaban sobre los partidos
políticos, los grupos políticos indígenas, el Ejército Zapatista de
Liberación Nacional (EZLN), y las ocupaciones de tierra.

7. La denuncia señaló además que las autoridades mexicanas


intervinientes en el procedimiento descrito, comunicaron a los
sacerdotes que no tenían derecho a ser asistidos por un abogado; a
conocer los cargos en su contra; las respectivas pruebas; los
nombres de quienes los acusaban; o de ser defendidos de manera
alguna. Finalmente, las autoridades anunciaron que los tres
sacerdotes serían expulsados por "realizar actividades no permitidas
por su status migratorio".

8. Los tres sacerdotes fueron escoltados por seis agentes de


inmigración, y subidos a un vuelo de American Airlines, que decoló a
las 08:40 a.m. del 23 de junio de 1995 con destino a Miami, EE.UU.
En dicha ciudad, recibieron un comunicado de la Secretaría de
Gobernación de México, en el cual les hacían saber las causas de la
deportación y las imputaciones hechas por las autoridades
migratorias de México. Las órdenes de aseguramiento y ejecución,
conforme a la denuncia, fueron dadas a conocer a los sacerdotes una
vez que los mismos estaban fuera del territorio mexicano, a pesar de
que la fecha que aparece en los mismos es el 21 de junio de 1995.

II. TRÁMITE ANTE LA COMISIÓN

9. El 16 de abril de 1996, la Comisión solicitó información al Estado,


asignando a la denuncia el número de caso 11.610. El Estado
respondió el 17 de julio de 1996, requiriendo que se declare
inadmisible la petición bajo los artículos 46 y 47 de la Convención
Americana; dicha información fue transmitida a los peticionarios por
la CIDH.

10. Los peticionarios presentaron sus observaciones a la respuesta


del Estado en una comunicación de fecha 14 de setiembre de 1996; a
su vez, ésta fue transmitida a dicho Estado por la CIDH. La respectiva
información fue suministrada por México el 7 de noviembre de 1996.

11. El 29 de julio de 1997, la CIDH recibió dos comunicaciones del


TUDH, denunciando los mismos hechos del presente caso, e
incluyendo como víctima de los mismos al Rev. Barón Guttlein. La
CIDH incorporó la información al expediente del caso, incluyendo
como peticionarios a la entidad mencionada y a CEJIL.

12. Con fecha 18 de agosto de 1997, el TUDH presentó una denuncia


respecto al Rev. Izal Elorz. En aplicación del artículo 40(2) de su
Reglamento, la CIDH decidió acumular al presente caso las denuncias
respecto a los Revs. Izal Elorz y Barón Guttlein. Las partes
pertinentes de la petición respecto al primero de ellos fueron
transmitidas al Estado el 25 de agosto de 1997; y respecto al
segundo, el 18 de noviembre de 1997.

13. El Estado respondió a los hechos denunciados respecto al Rev.


Izal Elorz, con fecha 23 de setiembre de 1997; los peticionarios
presentaron sus observaciones a esta última comunicación el 3 de
noviembre de 1997.

14. La ampliación de la denuncia respecto al Rev. Barón Guttlein fue


contestada por el Estado el 9 de diciembre de 1997, y las
correspondientes observaciones de los peticionarios fueron recibidas
el 26 de enero de 1998. El Estado se pronunció al respecto en su
comunicación de 27 de febrero de 1998.

15. Durante su 97º período de sesiones, la Comisión celebró una


audiencia sobre el presente caso, a la cual comparecieron el Rev.
Riebe, así como los representantes de los peticionarios y del Estado
mexicano.

III. JURISDICCIÓN

16. La CIDH tiene jurisdicción prima facie para conocer del presente
caso, por tratarse de alegatos sobre derechos reconocidos y
consagrados en la Convención Americana. Los hechos denunciados
tuvieron lugar cuando la obligación de respetar y garantizar los
derechos establecidos en dicha Convención se encontraba en vigor
para México.1
IV. ADMISIBILIDAD

17. El pronunciamiento de la Comisión sobre la admisibilidad de las


denuncias que se ventilan ante ella, tiene como propósito lograr
mayor seguridad y certeza jurídicas, además de enfocar a las partes
en las cuestiones centrales.2 La CIDH pasará a analizar el
cumplimiento de los requisitos de admisibilidad previstos en la
Convención Americana y su Reglamento, respecto a la presente
denuncia.

A. Agotamiento de los recursos internos

18. Los propios Estados partes en la Convención Americana deben,


en principio, velar por la observancia de los derechos consagrados en
la misma, y proveer los mecanismos jurídicos internos tendientes a la
efectiva investigación de hechos violatorios de tales derechos, al
castigo de los culpables y a la indemnización de las víctimas.3

19. En el trámite del presente caso, el Estado ha planteado la


inadmisibilidad de la petición por falta de agotamiento de los recursos
de la jurisdicción interna. La Corte Interamericana ha establecido que
cuando un Estado invoca el incumplimiento de dicho requisito de
admisibilidad, el peticionario tiene la carga de probar que los recursos
internos fueron agotados o que proceden las excepciones
contempladas en el artículo 46(2) de la Convención Americana.4

20. De acuerdo a los peticionarios, la averiguación previa iniciada


respecto a los tres sacerdotes se identificó con el Nº 9883/DGM/95.
Sus representantes en México interpusieron amparo indirecto, para
proteger los derechos que alegan violados respecto a cada uno de los
religiosos, con fecha 14 de julio de 1995. En los tres casos el juzgado
de distrito federal resolvió desechar las acciones; conforme a los
peticionarios, las resoluciones fueron adoptadas sin haber estudiado
el fondo del asunto.

21. Los representantes de los Revs. Riebe, Barón Guttlein e Izal Elorz
dedujeron recurso de revisión del amparo, apelando el
desechamiento. El tribunal colegiado de circuito decidió revocar la
resolución, y ordenar al juez de distrito que admitiera la demanda y
continuara con el procedimiento. La sentencia de dicho juez de
distrito, de 9 de julio de 1996, negó la protección de la justicia
federal. Los representantes de los sacerdotes interpusieron un
recurso de revisión contra esta última sentencia, que fue decidido por
el tribunal colegiado de circuito en el sentido de confirmar la
resolución impugnada. La notificación de esta sentencia se realizó el
30 de enero de 1997 a los representantes legales de los sacerdotes.
Los peticionarios indican que dicha resolución judicial agotó los
recursos de la jurisdicción interna, puesto que no existe en el
ordenamiento jurídico mexicano otra instancia superior a la cual se
pueda apelar, a fin de solicitar la revocación de la resolución del juicio
de amparo en segunda instancia.

22. La postura del Estado sobre la cuestión se modificó al responder


el 23 de setiembre de 1997 la ampliación de la denuncia, con los
hechos respecto al Rev. Izal Elorz. En efecto, el Estado mexicano
omitió mencionar el requisito de agotamiento de los recursos
internos, y en cambio sus alegatos se refirieron, de manera exclusiva,
a los aspectos de fondo sobre la ausencia de violaciones a la
Convención Americana. Lo mismo es cierto de la respuesta de dicho
Estado de 9 de diciembre de 1997 respecto al Rev. Barón Guttlein.
Cabe destacar que en el momento de enviarse ambas
comunicaciones, ya existía una decisión definitiva respecto a los tres
juicios de amparo.

23. La CIDH considera como una cuestión no controvertida que el


recurso de amparo era el remedio idóneo disponible en México para
remediar las violaciones alegadas. El Estado tampoco disputó la
aseveración de los peticionarios de que la sentencia del tribunal
colegiado de circuito, que confirmó la resolución del juicio de amparo
en los casos de los tres sacerdotes, agotó los recursos de la
jurisdicción interna. En consecuencia, la Comisión considera que la
presente denuncia cumple con los requisitos de admisibilidad
previstos en el artículo 46 de la Convención Americana.

B. Solución amistosa

24. En la audiencia celebrada respecto al caso, la CIDH se puso a


disposición de las partes para iniciar un procedimiento de solución
amistosa, fijando un plazo de 30 días para que aquéllas se
pronuncien. El Estado respondió el 24 de marzo de 1998, expresando
que no podría aceptar la propuesta de solución amistosa al caso, si la
pretensión de los peticionarios era la de reingresar al territorio
mexicano, por tratarse de una cuestión no negociable para las
autoridades de dicho país. Por su parte, los peticionarios
respondieron el 25 de marzo de 1998, manifestando que aceptaban
someterse el procedimiento mencionado, pero con la condición de
que el Estado garantice el reingreso de los tres sacerdotes a México,
bajo un status migratorio apropiado a sus tareas religiosas.

25. En virtud de lo anterior, al no cumplirse la condición propuesta


por los peticionarios para dar inicio al trámite de solución amistosa, la
Comisión considera que dicha etapa procesal no resulta viable, y
pasará a considerar el fondo de la denuncia.

V. CONCLUSIONES
26. Con base en su análisis, la CIDH concluye que se encuentra
plenamente acreditado el cumplimiento de los requisitos de
admisibilidad previstos en el artículo 46 de la Convención Americana.
En cuanto al artículo 47(b), la CIDH concluye que no resulta aplicable
al presente caso, puesto que los hechos descritos tienden a
caracterizar una posible violación de derechos protegidos por la
Convención Americana. Por lo tanto, la Comisión tiene jurisdicción
para conocer y decidir respecto al fondo de la denuncia.

27. Teniendo en cuenta los argumentos de hecho y de derecho


antes expuestos,

LA COMISIÓN INTERAMERICANA DE DERECHOS HUMANOS,

DECIDE:

1. Declarar admisible la petición.

2. Transmitir el presente informe a los peticionarios y al Estado


mexicano.

3. Continuar con el análisis sobre el fondo de la denuncia.

4. Hacer público el presente informe e incluirlo en su Informe Anual


a la Asamblea General de la OEA.

Dado y firmado en la ciudad de Caracas, Venezuela a los 5 días del


mes de mayo de 1998. (Firmado): Carlos Ayala, Presidente; Robert
K. Goldman, Primer Vicepresidente; Jean Joseph Exumé, Segundo
Vicepresidente; Comisionados Alvaro Tirado Mejía, Claudio Grossman
y Hélio Bicudo.

INFORME Nº 31/ 99
CASO 11.763
MASACRE DE PLAN DE SÁNCHEZ
GUATEMALA
11 de marzo de 1999

I. RESUMEN

1. La petición que dio lugar al presente caso denunció la masacre de 268 habitantes
de Plan de Sánchez, Baja Verapaz, por parte de miembros de las Fuerzas Armadas
de Guatemala el 18 de julio de 1982. Los peticionarios manifiestan que la masacre
fue perpetrada en ejecución de una política del Estado "dirigida a decapitar el
movimiento insurgente por medio de la erradicación estratégica de su base de
apoyo civil". Sostienen que las violaciones fueron en tal escala que representan
violaciones masivas de la Convención Americana sobre Derechos Humanos y las
disposiciones pertinentes del derecho humanitario internacional, y constituyen
crímenes contra la humanidad y genocidio.

2. Los peticionarios alegan que el Estado es responsable de los actos de sus


agentes que mataron hombres, mujeres y niños civiles, en violación de los artículos
4, 5, 7, 12, 13, 19, 21 y 24 de la Convención Americana, por no responder con
medidas de protección judicial y garantías, en violación de los artículos 8 y 25, y
por no respetar y asegurar los derechos de las víctimas, en violación del artículo
1(1). En particular, los peticionarios sostienen que el Estado no ha llevado a cabo
una investigación seria destinada a establecer oficialmente los hechos y la
responsabilidad por los delitos, y no ha enjuiciado y castigado a los autores
materiales e intelectuales o reparado las consecuencias.

3. El Estado reconoce que, durante el conflicto armado que tuvo lugar en


Guatemala, ambas partes cometieron abusos, y sucesos como los ocurridos en Plan
de Sánchez constituyen testimonio de ese hecho. Reconoce que las graves
consecuencias para las víctimas son evidentes. El Estado sostiene que la Comisión
para el Esclarecimiento Histórico (en adelante "la CEH"), creada por acuerdo de las
partes en el conflicto, emitirá consideraciones sobre la responsabilidad institucional,
y el poder judicial de Guatemala todavía no ha determinado la responsabilidad de
cualquier agente del Estado en los hechos denunciados. El Estado sostiene que la
petición es inadmisible porque los peticionarios no han agotado los recursos
internos, y porque no fue presentada oportunamente.

4. Como se establece en el informe que sigue, después de examinar los alegatos


de las partes en materia de admisibilidad, la Comisión decidió admitir el presente
caso y proceder a un análisis de sus méritos.

II. TRÁMITE ANTE LA COMISIÓN

5. La Comisión recibió la petición, en una versión en idioma inglés, el 25 de octubre


de 1996. La versión en idioma español, requerida para su posible presentación al
Estado, fue recibida el 4 de febrero de 1997. El caso 11.763 se abrió el 1º de julio
de 1997. Mediante nota de esa fecha, la Comisión transmitió las partes pertinentes
de la petición al Estado de Guatemala, solicitando la información considerada
pertinente dentro del plazo de 90 días.

6. De conformidad con la solicitud de los peticionarios del 14 de agosto de 1997, la


Comisión programó una audiencia sobre el caso durante su 97o. período de
sesiones, y notificó a ambas partes mediante nota del 4 de septiembre de 1997.

7. La respuesta del Estado a la petición, de fecha 1 de octubre de 1997, fue


recibida por la Comisión el 3 de octubre de 1997. Esta información fue transmitida
a los peticionarios el 6 de octubre de 1997, requiriéndose observaciones en el plazo
de 45 días.

8. La referida audiencia tuvo lugar el 9 de octubre de 1997 en la sede de la


Comisión, con la presencia de representantes de ambas partes.

9. Los peticionarios solicitaron una audiencia adicional mediante una nota


presentada el 16 de enero de 1998. Mediante nota del 11 de febrero de 1998, la
Comisión les informó que no podría concederla debido al volumen de audiencias ya
programadas para su próxima reunión.
10. El 12 de mayo de 1998, el peticionario proporcionó a la Comisión la copia de
una carta que había sido transmitida a la Comisión Presidencial Coordinadora de la
Política del Ejecutivo en Materia de Derechos Humanos (COPREDEH), indicando los
recursos internos que se habían intentado y los que habían quedado pendientes
durante los seis meses anteriores. Mediante nota del 15 de julio de 1998, la
Comisión indicó que la información sería incorporada al archivo del caso.

III. LA POSICIÓN DE LAS PARTES

A. La posición de los peticionarios

11. Los peticionarios caracterizan la zona de Rabinal como una zona habitada
predominantemente por miembros de la población maya, y describen a Plan de
Sánchez como una localidad habitada enteramente por una población maya-achi en
el momento de producirse los hechos en cuestión. Los peticionarios alegan que en
1982 los militares mantenían una fuerte presencia en Rabinal, y que los soldados
preguntaban periódicamente en Plan de Sánchez acerca de los desplazamientos de
los residentes varones, intimidando a los miembros de la población local,
particularmente aquéllos que no participaban en las Patrullas de Autodefensa Civil
(denominadas en adelante PAC)1. Como consecuencia, los peticionarios sostienen
que existía "un clima de temor considerable a principios de 1982 en Plan de
Sánchez", y que a veces los hombres abandonaban la comunidad para esconderse
de los soldados.

12. Como Plan de Sánchez está ubicada en el camino a Rabinal, el domingo 18 de


julio de 1982, día de mercado, los pobladores de las aldeas vecinas estaban
pasando por la comunidad. Según la petición, entre las víctimas de la masacre se
encontraban residentes de las comunidades de Chipuerta, Joya de Ramos, Raxjut,
Volcanillo, Coxojabaj, Las Tunas, Las Minas, Las Ventanas, Ixchel, Chiac, Concul,
Chichupac, Plan de Sánchez y el centro municipal de Rabinal.

13. Los peticionarios alegan que, temprano en la mañana del 18 de julio de 1982,
cayeron dos granadas al este y al oeste de Plan de Sánchez. Supuestamente, entre
las 2:00 y las 3:00 p.m., llegó a Plan de Sánchez un grupo de alrededor de 60
hombres que vestían uniformes militares y portaban rifles de asalto, y cuatro
"judiciales".2 Estos cuatro "judiciales" fueron identificados por testigos, y los dos
oficiales a cargo fueron identificados como los tenientes Solares y Díaz. Los
peticionarios informan que algunos soldados vigilaban los puntos de entrada a la
comunidad, mientras que otros iban de puerta en puerta recogiendo a los
pobladores. Las niñas y las mujeres jóvenes fueron llevadas a un lugar, mientras
que las mujeres mayores, los hombres y los niños fueron reunidos en otro.
Aproximadamente 20 niñas entre 12 y 20 años de edad fueron llevadas a una casa
donde fueron violadas y luego muertas. Se obligó al resto de la población a
concentrarse en otra casa y el patio adyacente. Los peticionarios alegan que
alrededor de las 5:00 p.m., los soldados arrojaron dos granadas de mano al interior
de esa casa y luego dispararon a mansalva sus armas de fuego sobre la casa y el
patio, matando a puntapiés o golpes a los niños pequeños. Se informó que se
escucharon varios disparos en otro lugar, donde posteriormente se encontraron
cuatro cuerpos. Los peticionarios manifiestan que unas horas más tarde los
soldados incendiaron la casa en la que había sido ultimada la mayoría de las
víctimas, abandonando luego la comunidad.

14. Los peticionarios alegan que los residentes que no habían estado presentes o
que habían escapado retornaron a la mañana siguiente, encontrando que la casa
incendiada aún humeaba y que la mayor parte de los cadáveres eran irreconocibles.
Supuestamente, los comisionados militares que llegaron al lugar horas después
consultaron a la base militar de Rabinal qué hacer con los cuerpos. Se ordenó
entonces a los miembros de las PAC local y a los sobrevivientes que enterraran
rápidamente los cuerpos, bajo amenaza de que si no lo hacían la comunidad sería
bombardeada. La mayoría de los cadáveres fueron enterrados en 21 fosas en el
lugar mismo de la masacre. Los sobrevivientes informaron que los soldados
regresaron varias veces, los días siguientes para saquear las casas y amenazar a
los pobladores que habían retornado. El temor por lo ocurrido y a la presencia de
los soldados hicieron que los sobrevivientes se alejaran por varios años de la
comunidad.

15. Los peticionarios informan que en 1993, miembros de la comunidad se


acercaron a la Oficina del Procurador de Derechos Humanos en busca de apoyo
para denunciar la masacre y solicitar la exhumación de los cadáveres, con el fin de
iniciar una investigación y enterrar nuevamente los cuerpos de sus seres queridos
con dignidad. Después de superar una serie de obstáculos de procedimiento, a
mediados de 1994 el Equipo de Antropología Forense de Guatemala (EAFG) exhumó
19 fosas en Plan de Sánchez, que contenían los restos de por lo menos 84 víctimas.
El EAFG informó sus hallazgos en marzo de 1995.

16. Los peticionarios presentan pruebas testimoniales, circunstanciales y físicas


en respaldo de sus alegatos. Los peticionarios también citan el informe del 2 de
septiembre de 1996 del Procurador de Derechos Humanos sobre las masacres de
Plan de Sánchez, Chichupac y Río Negro. El informe establece la responsabilidad de
los agentes estatales, incluidos las PAC, los comisionados militares, los miembros
del Ejército y oficiales de alto nivel, por no haber protegido a la población local y
por intentar encubrir los delitos para asegurar la impunidad de los autores
materiales e intelectuales. El informe del Procurador de Derechos Humanos
concluye que esas masacres fueron llevadas a cabo como parte de una política
estatal premeditada.

17. Los peticionarios afirman que la masacre de Plan de Sánchez fue llevada a
cabo de acuerdo con la campaña de "tierra arrasada" del Estado, "dirigida a
decapitar el movimiento insurgente a través de la erradicación estratégica de su
base de apoyo civil". Indican que esta masacre es una de las 42 llevadas a cabo por
el Ejército en las zonas rurales de Guatemala en el mes de julio de 1982. Afirman
que los delitos alegados en su petición constituyen violaciones de los artículos 4, 5,
7, 12, 13, 19, 21 y 24 de la Convención Americana, y que el hecho de que el
Estado no haya investigado, enjuiciado o castigado a los responsables, o reparado
las consecuencias, viola además los artículos 1(1), 8 y 25. Sostienen que los delitos
representan violaciones masivas de la Convención y de las disposiciones pertinentes
del derecho internacional humanitario, y constituyen crímenes contra la humanidad
y genocidio.

18. Con respecto a la admisibilidad del caso, los peticionarios sostienen que los
sobrevivientes invocaron y ejercieron los recursos internos en la medida de lo
posible, pero que fue imposible agotarlos. Esencialmente no fue posible agotar los
recursos internos porque los involucrados fueron objeto de amenazas e
intimidaciones, y la Ley de Reconciliación Nacional impidió el enjuiciamiento de los
responsables. Además, tales recursos han resultado ineficaces porque las
autoridades no han respondido en la forma requerida. Los peticionarios alegan que
antes de la masacre, los habitantes de Plan de Sánchez intentaron denunciar actos
de intimidación por parte de los soldados, ante las autoridades judiciales locales. En
vez de recibir asistencia, fueron multados. Después de la masacre, los
sobrevivientes fueron amenazados por soldados y miembros de las PAC y se vieron
forzados a alejarse de la zona por espacio de varios años. Apenas en 1993 pudieron
iniciar su búsqueda de justicia. Los peticionarios alegan que los obstáculos puestos
en su camino por las autoridades hicieron que la primera exhumación se demorara
por espacio de más de un año, y la segunda por espacio de más de dos años.
Informan que las irrefutables evidencias presentadas al Ministerio Público en marzo
de 1995 no provocaron una respuesta seria. En resumen, los peticionarios afirman
que a pesar del tiempo transcurrido desde la masacre y de los esfuerzos de los
sobrevivientes por lograr que se haga justicia, los recursos invocados no han
logrado producir resultados sustantivos.

B. La posición del EstadO

19. Como se señala anteriormente, el Estado reconoce que la masacre de Plan de


Sánchez ocurrió y condena la pérdida de vidas guatemaltecas. El Estado sostiene
que las muertes fueron perpetradas en el contexto de un conflicto armado en el
cual ambas partes cometieron abusos. En el curso de las negociaciones efectuadas
para concluir el conflicto, el 23 de junio de 1994, el Estado y la Unidad
Revolucionaria Nacional Guatemalteca (denominada en adelante "URNG")
suscribieron el "Acuerdo para el Establecimiento de la Comisión para el
Esclarecimiento Histórico de las Violaciones a los Derechos Humanos y los Hechos
de Violencia que han Causado Sufrimientos a la Población Guatemalteca". La
Comisión tiene el mandato de aclarar actos de violencia relacionados con el
conflicto, sin perjuicio de la capacidad de las víctimas de utilizar recursos penales.
Si bien el Estado señala que la CEH carece de atribuciones para ejercer una función
judicial, constituye una "instancia nacional" y emitiría consideraciones con respecto
a la responsabilidad institucional por violaciones anteriores de los derechos
humanos.

20. El Estado indica que la gravedad de los daños sufridos como resultado de los
sucesos ocurridos en Plan de Sánchez es evidente. Sin embargo, sostiene que no
está en condiciones de abordar la supuesta participación de las Fuerzas Armadas
guatemaltecas, porque la Constitución de Guatemala atribuye al poder judicial la
exclusiva competencia para examinar evidencias y emitir conclusiones con respecto
a la responsabilidad individual.

21. Con respecto a la admisibilidad del caso ante la Comisión, el Estado sostiene
que los peticionarios no agotaron los recursos internos, como se requiere. En su
respuesta a la petición, el Estado informó que: los acontecimientos denunciados se
hallaban pendientes ante el Ministerio Público en el proceso No. 291-94; el Juzgado
de Primera Instancia de Cobán, Alta Verapaz, tomó jurisdicción de los procesos
391-93 y 344-95; y el Ministerio Público estaba esperando los resultados de las
pruebas balísticas que había solicitado. El Estado afirma que su sistema legal
contempla las normas y procedimientos que garantizan la administración de la
justicia, y sostiene que, en consecuencia, el recurso al sistema interamericano es
improcedente en este caso. Señala que los peticionarios deberían presentar su
reclamo ante las autoridades judiciales apropiadas, con el fin de participar
activamente en los procedimientos internos, que incluyen las medidas legales para
impugnar las decisiones con las que no están de acuerdo. El Estado alega además
que la petición fue presentada con posterioridad al límite temporal establecido en la
Convención y el Reglamento de la Comisión.

IV. ANÁLISIS

A. Competencia de la Comisión

22. En virtud de su mandato, la Comisión es competente para examinar la


materia de este reclamo, ya que se relaciona con supuestas violaciones de los
artículos 1, 4, 5, 7, 8, 12, 13, 19, 21, 24 y 25 de la Convención Americana. El
Estado de Guatemala ha sido parte de esa Convención desde que fuera ratificada el
25 de mayo de 1978, y los alegatos en discusión se relacionan con hechos
supuestamente ocurridos después de esa fecha. La Convención entró en vigencia
para todas las partes el 18 de julio de 1978. Los peticionarios tienen locus
standipara presentarse de acuerdo con el artículo 44 de la Convención. En su
presentación, los peticionarios han efectuado denuncias que, de cumplir con otros
requisitos y resultar ciertas, podrían tender a establecer la violación de un derecho
protegido por la Convención Americana.

B. Requisitos para admitir una petición

23. La petición incluye la información requerida en el artículo 32 del Reglamento de


la Comisión, y satisface las condiciones establecidas en el artículo 46(1)(c) de la
Convención Americana y el artículo 39 del Reglamento de la Comisión, ya que no se
halla pendiente de resolución en otro procedimiento internacional
intergubernamental, ni duplica esencialmente una petición pendiente o
anteriormente considerada por la Comisión.3

Agotamiento de los recursos internos

24. El artículo 46 de la Convención Americana especifica que, para que un caso


sea admitido, se requiere que "se hayan interpuesto y agotado los recursos de
jurisdicción interna, conforme a los principios del derecho internacional
generalmente reconocidos". Este requisito tiene por objeto asegurar al Estado
respectivo la oportunidad de resolver disputas dentro de su propio marco jurídico.
Cuando no se cuenta con los recursos internos en la práctica o por ley, sin
embargo, queda excusado el requisito de agotar tales recursos.4 El artículo 46(2)
de la Convención especifica que esta excepción se aplica: cuando no exista
legislación interna del Estado que regule el debido proceso legal para la protección
del derecho o derechos que se alegan han sido violados; cuando no se haya
permitido al presunto lesionado en sus derechos el acceso a los recursos de la
jurisdicción interna, o haya sido impedido de agotarlos; o cuando haya retardo
injustificado en la decisión sobre los mencionados recursos. En consecuencia,
cuando un peticionario alega que no puede probar el agotamiento de los recursos,
el artículo 37 del Reglamento de la Comisión establece que se transfiere al
Gobierno la carga de demostrar cuáles recursos internos específicos restan por ser
agotados y si éstos ofrecen reparación efectiva a los supuestos perjuicios.

25. Como se señala anteriormente, en el caso actual los peticionarios alegan que
han invocado los recursos contemplados en la ley, pero que ha sido imposible
agotarlos. Invocan cada una de las tres excepciones establecidas en el artículo
46(2) de la Convención. En primer lugar, con respecto a la disponibilidad de debido
proceso dentro del sistema jurídico interno, los peticionarios alegan que la Ley de
Reconciliación Nacional constituye un potencial impedimento al enjuiciamiento de
los perpetradores de los hechos denunciados.5 Como los peticionarios no han
demostrado que la aplicación de esta ley se haya procurado en la práctica, o que
haya afectado de otra forma el caso bajo estudio, no resulta necesario seguir
considerando dicho alegato en esta etapa. En segundo lugar, con respecto al tema
del acceso a los recursos internos, los peticionarios alegan que los actos de
intimidación realizados antes, durante y con posterioridad a la masacre impidieron
a los afectados buscar protección o recurso judicial. Además, alegan que cuando
algunas de las víctimas buscaron protección judicial contra amenazas proferidas por
soldados en el período anterior a la masacre, fueron multadas y rechazadas. Los
peticionarios sostienen que las denuncias efectuadas por los sobrevivientes en 1993
no han provocado las medidas de investigación requeridas, y que las autoridades
pertinentes han obstaculizado y demorado las medidas que fueron invocadas, tales
como las exhumaciones y las solicitudes de estudios balísticos y otras pruebas. En
tercer lugar, los peticionarios alegan que ha habido demoras injustificadas en la
emisión de una sentencia por parte del poder judicial guatemalteco.

26. El Estado sostiene, en primer lugar, que las autoridades han asumido
jurisdicción en la forma del proceso No. 291-94 ante el Ministerio Público, y los
procesos 391-93 y 344-95 ante el Juzgado de Primera Instancia de Cobán, Alta
Verapaz. En segundo lugar, el Estado afirma que la CEH está desempeñando un
importante papel en la investigación de abusos pasados y la atribución de
responsabilidad institucional. Con respecto al acceso a los recursos y la demora en
la obtención de una decisión final planteada por los peticionarios, el Estado no ha
respondido expresamente a su afirmación de que las víctimas que buscaban
protección judicial contra las amenazas anteriores a la masacre hayan sido
rechazadas. Tampoco ha impugnado su alegación de que los sobrevivientes se
alejaron de la zona de Plan de Sánchez por miedo, y de que ese mismo miedo les
impidió procurar recurso judicial por espacio de once años. Además, el Estado no
ha proporcionado información acerca de las causas por las que la investigación
penal invocada en 1993 aún permanece en su etapa inicial.

27. La Comisión encuentra que los sobrevivientes y los familiares de las víctimas
se vieron impedidos de invocar recursos internos por varios años debido al miedo
que los afectaba a ellos y a la comunidad en general. La norma del agotamiento de
los recursos internos no requiere la invocación de recursos cuando ello arriesga la
integridad física del peticionario, o cuando tal invocación no ofrece posibilidades de
éxito.6 Además de la información que figura en autos, los informes de la Comisión
provenientes del período bajo estudio documentan la vulnerabilidad de las
poblaciones de las zonas rurales frente a los abusos de derechos humanos y el
consiguiente clima de inseguridad, e indican además que en el momento de
producirse los hechos denunciados, el poder judicial se encontraba "desprovisto de
independencia, autonomía e imparcialidad".7 Incluso, una vez que los
sobrevivientes consideraron que podían procurar un recurso judicial, los registros
del caso demuestran que la investigación criminal que se lleva a cabo desde hace
cinco años aún no ha avanzado más allá de la etapa más inicial, lo que lleva a la
Comisión a concluir que los recursos han estado sujetos a indebidas demoras. El
Estado ha afirmado que se encuentran pendientes los procedimientos judiciales
para argumentar que los recursos internos no han sido agotados como era
requerido, sin explicar las deficiencias alegadas por los peticionarios. La existencia
formal de recursos legales no es por sí misma suficiente para demostrar que
ofrecen la reparación efectiva y disponible requerida por el artículo 46(1)(a).8 En
consecuencia, el Estado no ha cumplido con la carga de la prueba establecida en el
artículo 37 del Reglamento de la Comisión.

28. Aunque el Estado también ha invocado la labor que realiza la CEH como un
medio para aclarar violaciones anteriores y establecer la responsabilidad
institucional, ha reconocido que las funciones de esta última no sustituyen en modo
alguno las responsabilidades del poder judicial. El mandato de la CEH declara
específicamente que no atribuirá responsabilidad a ningún individuo, y que su
informe y sus recomendaciones no tienen efecto judicial alguno.9 Dado que "los
recursos de jurisdicción interna" referidos en el artículo 46 de la Convención son
recursos judiciales que se ejercen de acuerdo con los principios del debido
proceso,10 la vital labor llevada a cabo por la CEH no impide la admisibilidad del
presente caso ante esta Comisión.11

Oportunidad

29. En su respuesta del 1º de octubre de 1997, el Estado señaló que la presente


petición había sido sometida fuera del tiempo especificado por la Convención
Americana, "lo que es reconocido por el reclamante". La Comisión ha revisado en
detalle las actuaciones del caso con relación a la cuestión de la oportunidad de la
petición y no ha encontrado ningún reconocimiento de esta naturaleza. De acuerdo
con el artículo 46(1)(b) de la Convención, una petición debe ser presentada en
forma oportuna para ser admitida, es decir, dentro de los seis meses de la fecha en
la que la parte demandante ha sido notificada de la sentencia final al nivel interno.
La norma de los seis meses asegura certidumbre y estabilidad legal una vez que se
ha adoptado una decisión. La norma no se aplica cuando ha sido imposible agotar
los recursos internos debido a una ausencia de debido proceso, denegación del
acceso a los recursos o demora injustificada en la emisión de una decisión final. En
tal caso, el artículo 38 del Reglamento de la Comisión establece que la fecha final
para la presentación será "un período de tiempo razonable, a criterio de la
Comisión, a partir de la fecha en que haya ocurrido la presunta violación de los
derechos, considerando las circunstancias de cada caso concreto". Esta norma
tampoco se aplica cuando los alegatos se refieren a una situación continua, en la
que los derechos de la víctima se ven supuestamente afectados en forma continua.

30. En vista de la ausencia de una sentencia final en el presente caso, las


determinaciones indicadas en la sección precedente sobre recursos internos, y las
aserciones de los peticionarios de que el caso involucra una denegación continuada
de justicia, se requiere que la Comisión determine si la petición fue presentada
dentro de un tiempo razonable en las circunstancias específicas. Se alega que la
masacre tuvo lugar en 1982. Los peticionarios sostienen que los sobrevivientes no
pudieron denunciar los delitos ante las autoridades guatemaltecas antes de 1993,
debido a los actos de intimidación a los que habían sido sometidos y al temor
consiguiente. El Estado no ha refutado expresamente estas alegaciones. Los
peticionarios alegan que los sobrevivientes hicieron todo lo posible para agotar los
recursos que habían invocado antes de presentar su petición ante la Comisión en
octubre de 1996 (en inglés) y en febrero de 1997 (en castellano). En virtud del
análisis anterior y bajo las circunstancias específicas, la Comisión considera que los
peticionarios invocaron los recursos domésticos cuando era posible para ellos
hacerlo, y la norma de presentación oportuna no constituye un impedimento para la
admisibilidad de la petición.

V. CONCLUSIONES

31. La Comisión concluye que tiene competencia para conocer de este caso y que
la petición es admisible, de conformidad con los artículos 46 y 47 de la Convención
Americana.

32. Con fundamento en los argumentos de hecho y de derecho antes expuestos y


sin prejuzgar sobre el fondo de la cuestión,

LA COMISIÓN INTERAMERICANA DE DERECHOS HUMANOS,

DECIDE:

1. Declarar admisible el presente caso.

2. Notificar esta decisión a las partes.

3. Continuar con el análisis del fondo de la cuestión.

4. Ponerse a disposición de las partes con el fin de alcanzar una solución


amistosa fundada en el respeto de los derechos consagrados en la Convención
Americana e invitar a las partes pronunciarse sobre tal posibilidad.
5. Publicar esta decisión e incluirla en su Informe Anual a la Asamblea General de
la OEA.

Dado y firmado en la sede de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos


(CIDH), en la ciudad de Washington, D.C., a los 11 días del mes de marzo de 1999.
(Firmado): Robert K. Goldman, Presidente; Hélio Bicudo, Primer Vicepresidente;
Claudio Grossman, Segundo Vicepresidente; Comisionados Alvaro Tirado Mejía y
Carlos Ayala.

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1 Las PAC fueron creadas a fines de 1981 por el régimen militar de facto del General Ríos Montt, como parte
de la política de exterminar el movimiento guerrillero mediante la reubicación de la población indígena, y la
erradicación de "toda persona o comunidad de personas sospechosas, a través de procedimientos violatorios de
los derechos humanos". CIDH, Cuarto Informe sobre la Situación de los Derechos Humanos en Guatemala,
OEA/Ser.L/V/II.83, doc. 16 rev. 1 de junio de 1993, 55. Las PAC se iniciaron en el departamento de El Quiché,
y se expandieron a otros departamentos. Véase en general, id. C. VI.

2 Los peticionarios indican que los "judiciales" habían sido un cuerpo de investigaciones de la policía.
Supuestamente habían dejado de existir en forma oficial antes de los acontecimientos denunciados, pero
habían continuado funcionando en la práctica en asociación con el Departamento de Inteligencia del Ejército.
Los peticionarios alegan que estas personas eran conocidas en sus comunidades con esas atribuciones, y
podían amenazar e intimidar impunemente a la población.

3 Esta norma se refiere a procedimientos de naturaleza gubernamental internacional. La labor realizada por la
CEH no implica esta disposición, ni las partes alegan que lo hace. La CEH es una institución independiente
creada por los Acuerdos de Paz de Guatemala para investigar e informar acerca de las violaciones a los
derechos humanos y otros actos de violencia cometidos en relación con el conflicto armado. La CEH emitió
recientemente un informe final sobre los resultados de sus investigaciones y las causas que dieron lugar al
conflicto, así como recomendaciones tendientes a asegurar que tales violaciones no se repitan.

4 Véase Corte I.D.H., "Excepciones al agotamiento de los recursos internos" (Arts 46.1, 46.2.a y 46.2.b de la
Convención Americana sobre Derechos Humanos) . Opinión Consultiva OC-11/ 90 del 10 de agosto de 1990,
Ser. A No.11, párrafo 17.

5 La Ley de Reconciliación Nacional establece que la extinción de la responsabilidad penal puede aplicarse a:
delitos políticos contra la seguridad del Estado, el orden institucional y la administración pública; delitos
comunes "directa, objetiva, intencional y causalmente" vinculados con delitos políticos; y delitos comunes
perpetrados con el ánimo de prevenir, impedir o realizar delitos políticos y comunes afines. La Ley establece
que la amnistía no se aplicará a los delitos de genocidio, tortura, desaparición forzada y aquéllos con respecto a
los cuales no existe prescripción o que no admitan la extinción de la responsabilidad penal, de conformidad con
la legislación interna o los tratados internacionales ratificados por Guatemala.

6 Véase OC-11/90, supra, párrafo 33; véase e.q., Informe 6/94, caso 10.772, El Salvador, publicado en
Informe Anual de la CIDH 1993, OEA/Ser.L/V/II.85, doc. 9 rev., 11 de febrero de 1994, p. 191, 195-96.

7 CIDH, Informe sobre la Situación de los Derechos Humanos en Guatemala, OEA/Ser.L/V/II.61, doc.47 rev.1,
5 de octubre de 1983, p.142; véase en general, Tercer Informe sobre la Situación de los Derechos Humanos en
Guatemala, OEA/Ser.L/V/II.66, doc.16, 3 de octubre de 1985.

8 Véanse Corte I.D.H., Caso Velásquez Rodríguez, Fondo, Sentencia del 29 de julio de 1988, Ser. C No. 4,
párrafo 63; Caso Godínez Cruz, Fondo, Sentencia del 20 de enero de 1989, Ser. C No.5, párrafo 65; Caso
Fairén Garbi y Solís Corrales, Fondo, Sentencia del 15 de marzo de 1989, Ser. C No.6, párrafo 86.

9 Acuerdo sobre el Establecimiento de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico de las Violaciones a los
Derechos Humanos y los Hechos de Violencia que Han Causado Sufrimientos a la Población Guatemalteca,
Operación, párrafo III.

10 Véanse Corte I.D.H., Caso Velásquez Rodríguez, Excepciones Preliminares, supra, párrafo 91; Caso
Velásquez Rodríguez, Fondo, supra, párrafo 66; Caso Godínez Cruz, Fondo, supra, párrafo 69.

11 La Comisión ha afirmado que, a pesar de la importancia y el valor de la labor de las comisiones destinadas
a establecer la verdad acerca de las pasadas violaciones de los derechos humanos, sus funciones no sustituyen
un adecuado proceso judicial, y no reemplazan la obligación del Estado de investigar las violaciones cometidas
dentro de su jurisdicción con el fin de identificar a los responsables, imponer las sanciones apropiadas e
indemnizar a las víctimas. Véase, e.q., CIDH, Informe 1/99, caso 10.480, El Salvador, publicación aprobada el
27 de enero de 1999; Informe 36/96, caso 10.843, Chile, publicado en, Informe Anual de la CIDH 1996,
OEA/Ser.L/V/II.95, doc.7 rev., 14 de marzo de 1997, p. 162, 182-83, párrafos 74-77; Informe 28/92, casos
10.147 et al., Argentina, publicado en, Informe Annual de la CIDH 1992-93, OEA/Ser.L/V/II.83, doc.14, corr.1,
12 de marzo de 1993, p. 42, 52-53; e Informe sobre la Situación de los Derechos Humanos en El Salvador,
OEA/Ser.L/V/II.85, doc. 28 rev. 11 de febrero de 1994, p. 76-77.

INFORME Nº 99/99
CASO 11.140
MARY y CARRIE DANN
ESTADOS UNIDOS1
27 de septiembre de 1999

I. RESUMEN

1. El presente informe se refiere a denuncias de presuntas violaciones de los derechos


humanos de estadounidenses nativos, indígenas estadounidenses de la Nación Western
Shoshone, consagrados en la Declaración Americana de Derechos y Deberes del Hombre (en
adelante, "la Declaración Americana").

2. El 2 de abril de 1993, Steven M. Tullberg y Robert T. Coulter, del Indian Law Resource
Center (en adelante, "los peticionarios") presentaron una denuncia ante la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos (en adelante, "la Comisión") en nombre de Mary y
Carrie Dann, hermanas entre sí e indígenas estadounidenses (en adelante, "las hermanas
Dann" o "las Dann"), contra los Estados Unidos de América (en adelante, "Estados Unidos" o
"el Estado").

3. Los peticionarios manifiestan que las hermanas Dann son ciudadanas de los Estados Unidos
y miembros y portavoces del Grupo Dann de la Nación Western Shoshone, y que viven en una
hacienda en tierras del Grupo Dann, en la pequeña comunidad rural de Crescent Valley,
Nevada. Los peticionarios manifiestan también que las tierras del Grupo Dann han sido
reconocidas desde hace largo tiempo por la Nación Western Shoshone como propiedad de
dicha nación, ocupadas y utilizadas por el Grupo Dann, y que no forman parte de ninguna de
las pequeñas reservas y "colonias" de la Nación Western Shoshone que el Gobierno Federal
reconoce como propias de esa nación en Nevada.

4. Los peticionarios manifiestan que Estados Unidos reconoce, conforme a su legislación, que
los Western Shoshone son indígenas estadounidenses, y que el gobierno de ese país mantiene
una relación oficial con algunas tribus de la misma Nación registradas a nivel federal.2 Los
peticionarios manifiestan también que ni el Grupo Dann ni Mary y Carrie Dann son miembros
de ninguna de esas entidades tribales. Además manifiestan que Estados Unidos mantiene con
los Western Shoshone una relación basada en un tratado vigente, a saber, el Tratado de Ruby
Valley de 1863, que es un "Tratado entre los Estados Unidos de América y Grupos
Occidentales de los Indios Shoshone, ratificado por los Estados Unidos en 1866 y promulgado
el 21 de octubre de 1869".3 Los peticionarios manifiestan también que ni el Grupo Dann ni
Mary y Carrie Dann son miembros de ninguna de esas entidades tribales. Los peticionarios
manifiestan también que conforme a la legislación estadounidense, el Tratado de Ruby Valley
está plenamente en vigor, y que la Constitución de los Estados Unidos establece que todos los
tratados, incluidos los celebrados con indígenas estadounidenses, forman parte de la
legislación suprema de los Estados Unidos.

5. Los peticionarios manifiestan que las hermanas Dann han invocado los títulos aboriginales
de la Nación Shoshone, y derechos basados en el Tratado, y sostienen que ellas y sus
ancestros han utilizado y ocupado las tierras de que se trata desde época inmemorial. Los
peticionarios manifiestan también que la utilización, por parte de las hermanas Dann, de las
tierras de origen de la Nación Western Shoshone, estuvo exenta de perturbación y de
impugnaciones hasta principios de la década de los setenta, en que el Gobierno de los Estados
Unidos, a través del Departamento del Interior, intimó a las hermanas Dann a retirar el
ganado "intruso" que estaba en las tierras de dichas hermanas.4

6. Los peticionarios manifiestan que la hacienda de la familia es el único medio de vida para
las hermanas Dann. Manifiestan asimismo que dichas hermanas han venido criando ganado en
tierras de la Nación Western Shoshone y produciendo sus propios alimentos desde la década
de los cuarenta, y que satisfacen todas sus necesidades vendiendo ganado, bienes y productos
del agro a indígenas vecinos de la Nación Western Shoshone y a personas de otros orígenes
étnicos.

7. Los peticionarios sostienen que Estados Unidos ha violado los derechos de las hermanas
Dann al confiscar las tierras de la Nación Western Shoshone "a través de la utilización de un
procedimiento groseramente injusto que ?extinguió? el título indígena a la tierra a cambio del
pago de unos pocos centavos por acre". Los peticionarios manifiestan también que las
hermanas Dann y muchas otras personas impugnaron la reivindicación de sus tierras realizada
por los Estados Unidos, pero que nunca lograron impedir esa apropiación. Además, los
peticionarios manifiestan que como consecuencia del procedimiento referido, el Gobierno de
los Estados Unidos ha venido invadiendo ilegalmente sus tierras, y ha amenazado con
confiscar su ganado e inmueble sin respetar el debido proceso y sin justa indemnización.

8. Los peticionarios manifiestan que Estados Unidos, a través de sus leyes y procedimientos
confiscatorios y racialmente discriminatorios, ha privado a las hermanas Dann de sus derechos
humanos básicos y fundamentales, previstos en la Declaración Americana, a saber el artículo
II, derecho de igualdad ante la ley, el artículo XVII, derecho al reconocimiento de la
personalidad jurídica y los derechos civiles, el artículo XVIII, derecho a un juicio justo.
Además, los peticionarios manifiestan que se produjeron violaciones de ciertos artículos de la
Convención Americana sobre Derechos Humanos: los artículos 1, 8, 21, 24 y 25; de la Carta
de las Naciones Unidas y de la Declaración Universal de Derechos Humanos, así como de otros
instrumentos internacionales.

9. La Comisión concluye que este caso es admisible, por haberse cumplido los requisitos de los
artículos 37 y 38 de su Reglamento.

II. PROCEDIMIENTOS REALIZADOS ANTE LA COMISIÓN

10. Habiendo recibido la petición el 2 de abril de 1993, así como los escritos ulteriores de las
partes, la Comisión cumplió las normas de procedimiento de su Reglamento. Ha estudiado,
examinado y considerado toda la información proporcionada por las partes.

11. El 7 de abril de 1993, la Comisión inició un expediente y conforme al artículo 34 de su


Reglamento, por nota de esa misma fecha remitió las partes pertinentes de la petición al
Gobierno de los Estados Unidos, y le solicitó que, dentro de un plazo de noventa días contados
a partir de la fecha de recepción de la petición, le suministrara la información que considerase
pertinente para que la Comisión pudiera establecer si se habían agotado los recursos y
procedimientos jurídicos internos de los Estados Unidos.

12. El 16 de agosto de 1993, los peticionarios escribieron a la Comisión y le informaron que


Estados Unidos publicó una notificación (que se adjunta para información de la Comisión) el 3
de agosto de 1993, en que establecía que la Oficina de Administración de Tierras de los
Estados Unidos (en adelante, "BLM", United States Bureau of Land Management) se propone
confiscar todo el ganado que se encuentre en las tierras que las Dann han utilizado para
apacentar a su ganado durante muchas generaciones. Los peticionarios señalaron que el
Gobierno de los Estados Unidos probablemente se proponga vender el ganado de las Dann y
del Consejo Nacional de la Nación Western Shoshone que se encuentra en las tierras.
Afirmaron que ello tendría consecuencias devastadoras para las Dann y para la Nación
Western Shoshone, y agravaría aún más las enormes perturbaciones que el Gobierno ya les ha
infligido. Además, los peticionarios solicitaron a la Comisión que considerara el caso en forma
urgente y dictara medidas cautelares conforme al artículo 29(2) de su Reglamento.

13. El 27 de agosto de 1993, el Gobierno de los Estados Unidos escribió a la Comisión y le


solicitó que le concediera una prórroga del plazo de presentación de su contestación de la
demanda, hasta el 10 de septiembre de 1993.

14. El 7 de septiembre de 1993, la Comisión escribió al Gobierno de los Estados Unidos y le


informó que había recibido información referente a la notificación de la BLM el 3 de agosto de
1993, sobre la intención de confiscar el ganado de las Dann. En su carta del 7 de septiembre
de 1993, la Comisión solicitó que Estados Unidos se abstuviera de materializar su intención de
confiscar el ganado perteneciente a las Dann hasta que el caso hubiera sido resuelto. Además,
la Comisión concedió a los Estados Unidos la prórroga del plazo solicitada hasta el 10 de
septiembre de 1993 para la presentación de la contestación de la demanda.

15. El 9 de septiembre de 1993, Estados Unidos remitió su Contestación de la demanda y


sostuvo que el caso era inadmisible conforme al artículo 37 del Reglamento de la Comisión, y
negó haber violado los derechos humanos de las Dann. Afirmó también que había establecido
un mecanismo destinado a indemnizar a la Nación Western Shoshone por la apropiación de
sus derechos como pueblos aborígenes a lo largo de la historia, y que la labor encaminada a
completar este procedimiento administrativo aún no había finalizado. Además, el Gobierno de
los Estados Unidos se declaró plenamente identificado con el objetivo de lograr una solución
pacífica y equitativa de los referidos asuntos. Asimismo manifestó que se reservaba el derecho
de considerar más detenidamente el fundamento de los argumentos de los peticionarios, si
fuera necesario.5 El 22 de septiembre de 1993, la Comisión remitió a los peticionarios las
partes pertinentes de la contestación del Estado, solicitándoles que presentaran a la Comisión
sus observaciones sobre la misma dentro de un plazo de 45 días. El 2 de noviembre de 1993,
los peticionarios escribieron a la Comisión solicitando una prórroga hasta el 14 de diciembre
de 1993 para responder a la Contestación del Estado. La Comisión otorgó la prórroga
solicitada hasta el 3 de noviembre de 1993.

16. Los peticionarios remitieron su respuesta a la Contestación del Estado y reiteraron la


posición de las Dann, según la cual el caso había sido presentado en tiempo, se habían
agotado los recursos internos, y que el caso era admisible conforme al artículo 37 del
Reglamento de la Comisión. Los peticionarios reafirmaron asimismo sus argumentos con
respecto a las supuestas violaciones de derechos humanos de las Dann consagrados en la
Declaración Americana. Además, solicitaron que la Comisión se informara sobre el plan
pendiente del Secretario del Interior, Excelentísimo señor Bruce Babbitt, de establecer un
proceso de solución de las reclamaciones de la Nación Western Shoshone. Además, los
peticionarios solicitaron a la Comisión que procurara iniciar un proceso de solución de las
reclamaciones y lo controlara, y asimismo que adoptara las medidas apropiadas que fueran
necesarias para facilitar un arreglo amistoso que diera vigencia a los derechos humanos de las
Dann y del pueblo Western Shoshone.

17. El 3 de enero de 1994, los peticionarios escribieron a la Comisión y le informaron que "en
la sección introductoria de las Observaciones de los peticionarios en el caso arriba referido,
observamos que la petición fue presentada dentro del plazo de un año contado a partir de la
fecha de agotamiento de los recursos internos. Tal como se aclara en el texto de nuestra
argumentación, esa presentación tuvo lugar dentro de los seis meses siguientes al
agotamiento de los recursos internos. Esperamos que esta carta disipe todo malentendido". La
Comisión remitió a los Estados Unidos las partes pertinentes de la Respuesta de los
peticionarios el 6 de enero de 1994, y solicitó al Estado que adoptara todas las medidas que
considerara necesarias para que la Comisión pudiera recibir toda la información pertinente a
este caso dentro de un plazo de 30 días.

18. El 4 de febrero de 1994, el Estado se dirigió a la Comisión y reiteró brevemente su


posición con respecto a la admisibilidad y al fondo del asunto y solicitó una prórroga hasta el 3
de marzo de 1994 para formular su réplica a la contestación de los peticionarios.

19. El 3 de marzo de 1994, el Estado reiteró su posición de que el caso no se refería a una
violación de derechos humanos, sino que se trataba de un prolongado litigio sobre títulos
inmobiliarios y cuestiones de utilización de la tierra que han sido y aún son objeto de
cuidadosa consideración por los tres poderes del Gobierno de los Estados Unidos. El Estado
reiteró también su argumento de que la petición era inadmisible conforme al artículo 37 del
Reglamento de la Comisión. Sostuvo, asimismo, que estaba preparando una respuesta
completa a la última comunicación de los peticionarios, en consulta con autoridades federales
especializadas en el asunto. Además solicitó que la Comisión, conforme al artículo 34(6) de su
Reglamento, le concediera una prórroga del plazo hasta el 4 de abril de 1994, a fin de realizar
el análisis del asunto y presentar una respuesta apropiada.

20. El Estado se dirigió a la Comisión y reiteró una vez más su posición sobre la admisibilidad
y el fundamento de la Petición, y solicitó una prórroga hasta el 18 de abril de 1994, para dar
respuesta a la contestación de los peticionarios del 22 de diciembre de 1993. La Comisión hizo
lugar a la solicitud de los Estados Unidos de que se le concedieran tres prórrogas el 25 de
febrero y el 15 de abril de 1994. El 18 de abril de 1994, el Estado remitió su réplica a la
contestación de los peticionarios del 22 de diciembre de 1993. La Comisión remitió a los
peticionarios las partes pertinentes de esas cartas y la réplica con fechas 25 de febrero y 13
de mayo de 1994, respectivamente. El 4 de mayo, los peticionarios solicitaron una prórroga
del plazo de que disponían para responder a las cartas de los Estados Unidos, dado que las
Dann y el Gobierno de los Estados Unidos estaban esforzándose en resolver el caso. La
Comisión concedió la prórroga solicitada.

21. Estando pendiente este caso y hasta el presente, la Comisión siguió dándole tramite y
remitió a cada parte el texto de los escritos de la otra parte.

22. El 10 de octubre de 1996 se celebró una audiencia ante la Comisión con respecto a la
admisibilidad y al fundamento de la Petición. En esa audiencia las Dann fueron asistidas por
las siguientes personas: Sra. Carrie Dann, una de las víctimas, que prestó declaración
testimonial con respecto a las afirmaciones planteadas en la petición, y Steven M. Tullberg,
Robert T. Coulter, abogados registrados y peticionarios, y Amstrong Wiggins, abogado.

23. El Gobierno de los Estados Unidos estuvo representado en la audiencia del 10 de octubre
de 1996 por las siguientes personas: Tom Tonkins, Asesor Político Principal de la entonces
Embajadora Harriet Babbitt en la Misión de los Estados Unidos ante la OEA; Daria Zane,
abogada del Departamento de Justicia, quien expuso los argumentos que respaldaban la
posición del Estado; Mary Jane Sheppard, abogada de la División de Asuntos Indígenas del
Departamento del Interior; Peter Schwartz, Asesor Jurídico de la Oficina de Derechos
Humanos y Refugiados del Departamento de Estado; Kathy Ng, Asesora Jurídica de la Oficina
de Derechos Humanos y Refugiados del Departamento de Estado.

24. En la audiencia celebrada ante la Comisión ambas partes mantuvieron sus posiciones
referentes a la admisibilidad y a los méritos de la petición. En resumen, los peticionarios
informaron a la Comisión, entre otras cosas, que el Estado confiscó y vendió el ganado de las
Dann en dos ocasiones: 161 equinos en marzo de 1992 y 269 en noviembre de 1992. Los
peticionarios sostuvieron también que las tierras en cuestión son objeto de una reivindicación
formulada por una compañía de minería de oro, la Oro Nevada Mining Company, conforme a
una ley que permite a las compañías mineras adquirir tierras del Estado por un pago
simbólico. Además, los peticionarios sostuvieron que la compañía Oro Nevada había formulado
una notificación oficial de su intención de practicar perforaciones exploratorias en varias zonas
de las tierras de pastoreo utilizadas por las Dann, y que todas las tierras baldías utilizadas por
las Dann están sujetas actualmente a reivindicaciones concretas de compañías de minería de
oro. Los peticionarios sostuvieron que el caso era admisible conforme al artículo 37 del
Reglamento de la Comisión, y que la Petición había sido presentada en tiempo conforme al
artículo 38 de ese Reglamento, dado que la reclamación de las Dann con respecto al título de
sus tierras está vigente.

25. El Estado sostuvo ante la Comisión, entre otras cosas, que el caso era inadmisible
conforme al artículo 37 del Reglamento de la Comisión, ya que las Dann no habían agotado los
recursos internos, y que el caso había sido presentado extemporáneamente según lo previsto
en el artículo 38 del Reglamento de la Comisión. Sostuvo también que el título de las Dann a
las tierras se había extinguido a través del prolongado litigio ante las cortes de los Estados
Unidos, incluida la decisión de la Suprema Corte de 1985. Además, el Estado sostuvo que se
había depositado dinero en un fondo fiduciario en beneficio de las Dann. El Estado argumentó
que la fecha del dictamen final en el caso fue la desestimación definitiva de las
reivindicaciones de las Dann por el Tribunal de Distrito de los Estados Unidos, el 6 de junio de
1991.

26. En la audiencia, la Comisión planteó una serie de preguntas referentes al caso, cuyas
respuestas se reflejan en la réplica del Estado de fecha 28 de febrero de 1997. Los miembros
de la Comisión formularon las siguientes preguntas a los Estados Unidos en la audiencia
celebrada el 10 de octubre de 1996:

Pregunta Nº 1: ¿Cuál es la situación actual de la cantidad adjudicada a la Nación


Western Shoshone?

27. Contestación del Estado:6 El Estado contestó que a la fecha de la sentencia definitiva
(agosto de 1977), recaída en el caso de la Comisión de Reivindicaciones Indígenas, la ley
establecía que la suma adjudicada debía ser depositada en el registro, en que acumularía
intereses hasta que fuera acordado y aprobado un plan de distribución por parte del
Departamento del Interior, si se llegaba a ese acuerdo dentro de un plazo de seis meses o por
parte del Congreso, si se excedía ese plazo. El Estado manifestó que hasta la fecha no se
había elaborado ningún plan de distribución debido a la falta de acuerdo entre los diversos
participantes, y que la cuestión de la distribución no había dado lugar a ningún rechazo directo
de la distribución por parte de los participantes. El Estado sostuvo que, entretanto, el dinero
se mantiene en una cuenta a interés y que una vez que se elabore un plan, el mismo será
presentado al Congreso de los Estados Unidos a los efectos de su aprobación, y que una vez
aprobado el plan se distribuirá el monto dispuesto por la sentencia, incluidos los intereses.

Pregunta Nº 2: ¿Qué procedimiento prevé la legislación de los Estados Unidos para la


expropiación de bienes? ¿En qué puede basarse la expropiación?

28. Contestación del Estado: El Estado contestó que conforme a la legislación estadounidense
hay dos modos a través de los cuales el país adquiere el título a determinados bienes por
medio del ejercicio de potestades soberanas. Primero, el método denominado de expropiación
directa, en virtud del cual el Estado inicia una acción judicial para expropiar el inmueble de
una persona. El Estado sostuvo que esa expropiación debe estar encaminada a un fin de
interés público, por ejemplo, la construcción de una carretera.

29. El Estado sostuvo que a ese modo se agrega el denominado "de expropiación a la
inversa", que consiste en que algún acto realizado por el Estado, distinto de la interposición de
una acción judicial, dé como resultado que un particular sea privado de la utilización de sus
bienes. El Estado sostuvo que ello puede ser causado, por ejemplo, por el anegamiento del
inmueble en relación con la construcción y el llenado de una represa, y que esa medida del
Estado constituye un acto oficial encaminado a alcanzar una finalidad de interés público. El
Estado sostuvo que en ambos casos se otorga una justa indemnización.

30. El Estado afirmó que la Comisión de Reivindicaciones Indígenas fue establecida


específicamente para ocuparse de litigios y decidir las reivindicaciones indígenas en un
procedimiento que equivalía a una expropiación a la inversa de bienes tribales, que tuvo lugar
en el período en que se produjo una emigración hacia el Oeste en territorio estadounidense. El
Estado sostuvo también que promovió la emigración hacia el Oeste, el establecimiento de los
emigrantes en tierras baldías y la iniciación de un proceso de fomento agrícola de esos
predios, y que esas actividades se habían realizado para alcanzar la finalidad de interés
público de promover la colonización y el desarrollo agrícola. Además, el Estado sostuvo que, al
mismo tiempo, en lo que respecta a la Nación Western Shoshone, la Comisión de
Reivindicaciones Indígenas llegó a la conclusión de que los actos del Estado constituían una
privación del uso de tierras utilizadas por la Nación Western Shoshone, que requerían una
justa indemnización, y que la misma fue otorgada.

31. El Estado sostuvo que, si bien la Nación Western Shoshone no había estado en condiciones
de presentar sus argumentos en el procedimiento realizado ante la Comisión de
Reivindicaciones Indígenas, según los cuales las tierras debían mantenerse a nombre de la
tribu, y que ésta seguía siendo la propietaria de las mismas, ese impedimento no había sido el
único en las Reivindicaciones formuladas por los estadounidenses nativos en esa época, y que
los estadounidenses no nativos que planteaban acciones referentes a interferencias en el goce
de su propiedad se veían confrontados con idéntica dificultad. El Estado sostuvo que,
sencillamente, no había renunciado a su inmunidad de soberanía ni había cedido su
competencia con respecto al tema de los títulos, por lo cual las Dann tienen que reconocer que
sus tierras han sido expropiadas y que por lo tanto sólo pueden aspirar a una indemnización.
El Estado afirmó que actualmente sí permite que se planten acciones en su contra tendientes a
obtener un título pacífico a las tierras; no obstante, esas reivindicaciones siguen estando
sujetas a limitaciones, y aún así están específicamente excluidas las tierras de los
estadounidenses nativos. El Estado sostuvo que aun cuando su posición no prosperara en esos
litigios, puede optar por retener en su poder las tierras y pagar una justa indemnización.

Pregunta Nº 3: ¿En qué situación se encuentran actualmente las tierras de las


Peticionarias? ¿Cuál es la situación actual?

32. Contestación del Estado: El Estado contestó que, conforme a lo arriba establecido, el
título, la propiedad y la posesión de las tierras que constituyen la hacienda de las Peticionarias
están registrados a nombre de su padre, y además, en la medida en que cumplan los
requisitos de la BLM, siguen teniendo derecho a obtener un permiso para apacentar su ganado
en las tierras públicas. El Estado sostuvo que nunca había intentado desalojar de su hacienda
a las Dann, quienes pueden mantener la situación que tenía su padre en la medida en que
cumplan con las disposiciones del permiso.

33. Los argumentos de las partes referentes al fondo de la cuestión figurarán en el informe
sobre los méritos de la petición.

34. El 9 de diciembre de 1997, el abogado Thomas E. Luebben solicitó permiso para


intervenir en apoyo del caso de las Dann, a nombre de la tribu Yomba Shoshone.

35. El 6 de febrero de 1998, los peticionarios informaron a la Comisión que S. James Anaya,
del Indian Law Resource Center de Albuquerque, Nuevo México, había sido agregado como
abogado autorizado en este caso.

36. El 27 de febrero de 1999 los peticionarios escribieron a la Comisión solicitando una


audiencia y la adopción de medidas cautelares conforme al artículo 29 del Reglamento de la
Comisión, a los efectos de evitar perjuicios inmediatos, graves e irreparables para las Dann.
Los peticionarios manifestaron que la Oficina de Administración de Tierras de los Estados
Unidos (BLM) emitió una serie de notificaciones y órdenes, el 19 de febrero de 1998, en que
se señala que las Dann y otros miembros de la Nación Western Shoshone estaban ocupando
ilegalmente determinadas tierras, les ordenaba retirar su ganado y sus bienes de esas tierras
y las apercibía de la imposición de multas, penas de prisión, incautación de ganado y de
bienes, si no cumplían lo ordenado. Los peticionarios sostuvieron que existía la urgente
necesidad de que la Comisión dictara medidas cautelares, dado que esa acción agresiva del
Gobierno agrava el peligro al que está expuesta la supervivencia económica y cultural de las
Dann y de otros miembros de la Nación Western Shoshone.

37. El 17 de marzo de 1998 los peticionarios solicitaron que la Comisión permitiera que la
tribu Yomba Shoshone interviniera en apoyo del caso de las Dann como copeticionario.

38. El 6 de marzo de 1998, como respuesta a la solicitud de los peticionarios de que se


adoptaran medidas cautelares, la Comisión escribió al Gobierno de los Estados Unidos y le
reiteró su solicitud de que se abstuviera de hacer efectiva esa medida hasta que la Comisión
investigara los hechos aducidos.

39. El 16 de julio de 1998 los peticionarios se dirigieron a la Comisión para informarle que,
pese a la reiteración de la solicitud que la Comisión había formulado al Estado, la BLM había
persistido en sus actividades de penetración ilícita en las tierras de las Dann y de otros
miembros de la Nación Western Shoshone. Los peticionarios manifestaron que el 2 de abril de
1998 la BLM había dictado órdenes y decisiones adicionales contra las Dann (se adjuntan
copias para información de la Comisión), en que se les exigía y ordenaba retirar su ganado de
las tierras en disputa y pagar una multa de US$288.191,78 por apacentar su ganado en forma
supuestamente no autorizada. Los peticionarios solicitaron que la Comisión dictara medidas
cautelares conforme al artículo 29(2) de su Reglamento.

40. El 5 de agosto de 1998 el Estado respondió a la nota de la Comisión del 6 de marzo de


1998, y entre otras cosas estableció que "por respeto hacia la Comisión, el Departamento de
Estado había iniciado un diálogo interinstitucional con los organismos federales pertinentes,
para considerar más detenidamente la solicitud de la Comisión. No obstante, entretanto no
dejaría en suspenso la aplicación normal de sus leyes".

41. El 3 de junio de 1999 los peticionarios se dirigieron a la Comisión para informarle, entre
otras cosas, que pese a solicitudes anteriores realizadas por la Comisión al Estado para que se
abstuviera de hacer efectivas las medidas contra las Dann, funcionarios federales seguían
realizando actos de penetración ilícita en las tierras de las Dann y otros miembros de la Nación
Western Shoshone, emitiendo nuevas órdenes y decisiones contra los mismos. Los
peticionarios sostuvieron que a los efectos de defenderse contra las medidas agresivas del
Estado, las Dann habían impugnado las decisiones adoptadas contra ellas por la BLM, haciendo
uso del procedimiento administrativo interno pertinente. Los peticionarios manifestaron que el
18 de diciembre de 1998 la BLM había rechazado sus recursos.

42. Además, los peticionarios sostuvieron que las Dann, confrontadas con el peligro inminente
de incautación de su ganado sin previo aviso, habían iniciado un diálogo con la BLM a los
efectos de llegar a un acuerdo con respecto a la utilización, y administración, por parte de las
Dann, de las tierras descritas en las notificaciones referentes a ocupación ilícita. Los
peticionarios manifestaron que las Dann y los funcionarios de la BLM habían mantenido una
reunión el 28 de marzo de 1999 y que las Dann fueron invitadas a presentar un proyecto de
acuerdo de medidas provisionales, que presentaron a la BLM el 28 de marzo de 1999. Los
peticionarios manifestaron que el proyecto de resolución de la situación presentado por las
Dann fue rechazado por la BLM, y que a ese proyecto se contrapusieron condiciones que en
esencia suponían la repetición de la posición de la BLM, según la cual se había extinguido el
derecho de los miembros de la Nación Western Shoshone a sus tierras ancestrales.

43. Además, los peticionarios manifestaron que el 28 de mayo de 1999, apenas dos días
después que las Dann hubieran recibido la respuesta de la BLM a su proyecto, la Oficina había
emitido una "notificación de intención de incautar" todo "ganado no autorizado que pastara en
tierras públicas", y que en la notificación se preveía que toda incautación que se realizara
podía efectuarse sin previo aviso y en cualquier momento una vez transcurridos cinco días de
la notificación, dentro de un período de 12 meses. Los peticionarios solicitaron a la Comisión
que dictara medidas cautelares y manifestaron, entre otras cosas, que la notificación afectaba
a las hermanas Dann y a la mayor parte de las restantes comunidades de la Nación Western
Shoshone, y que ponía de manifiesto la intención de Estados Unidos de privarlas del acceso a
sus tierras ancestrales y de la utilización de las mismas.

44. El 28 de junio de 1999, la Comisión remitió las partes pertinentes de la comunicación de


los peticionarios fechada el 3 de junio de 1999 y dictó medidas cautelares contra el Gobierno
de los Estados Unidos conforme al artículo 29(2) de su Reglamento. La Comisión solicitó al
Estado que adoptara las medidas pertinentes encaminadas a dejar en suspenso la
materialización de su intención de incautar el ganado de las hermanas Dann hasta que hubiera
tenido la oportunidad de investigar plenamente las reclamaciones que se planteaban en la
Petición.

45. El 22 de septiembre de 1998, la tribu Yomba Shoshone envió una nota a la Comisión en
la que sostienen respaldan la petición de las Dann. El 27 de septiembre de 1999, la Comisión
fue informada de que la tribu Yomba Shoshone deseaba intervenir como amicus curiae. El 24 y
27 de septiembre de 1999, la tribu Ely Shoshone se dirigió a la Comisión solicitando intervenir
en este caso como amicus curiae. El 24 de septiembre de 1994, los peticionarios, en nombre
de Mary y Carrie, informaron a la Comisión que aceptaban la intervención de las tribus Yomba
y Eli en el caso como amicus curiae.

III. POSICIÓN DE LAS PARTES SOBRE LA ADMISIBILIDAD

a. Posición de los peticionarios

46. Los peticionarios manifiestan que la petición es admisible. Afirman que las hermanas Dann
han agotado los recursos internos existentes en los Estados Unidos, incluidos los
procedimientos de impugnación administrativa y apelación judicial previstos en el artículo 37
del Reglamento de la Comisión, y que la petición fue presentada en tiempo conforme al
artículo 38 de dicho Reglamento. Como respaldo de esa posición, los peticionarios manifiestan
lo siguiente: en 1974 Estados Unidos planteó una acción judicial contra las Dann ante una
Corte Federal en el Estado de Nevada, sosteniendo que es el propietario de las tierras del
Grupo Dann. El Estado solicitó a la Corte Federal que condenara a las Dann a pagar daños y
perjuicios por ocupación ilegítima de tierras ajenas y ordenara el desalojo de las hermanas
Dann de las tierras de la Nación Western Shoshone en que llevan a pastar su ganado.

47. Los peticionarios manifiestan que en la demanda federal contra las Dann, el Estado
sostuvo que los derechos de los aborígenes de la Nación Western Shoshone y los derechos
establecidos por tratados a la posesión de tierras se habían extinguido legalmente por
ocupación gradual. Los peticionarios manifestaron también que el Estado sostenía que los
derechos territoriales de los aborígenes de la Nación Western Shoshone habían caducado en
virtud de otro procedimiento, que se tramitaba en otro caso pendiente ante la Comisión de
Reivindicaciones Indígenas. Además, los peticionarios manifiestan que en ese litigio Estados
Unidos y el abogado que supuestamente patrocinaba a la Nación Western Shoshone habían
aceptado y estipulado oficialmente que los derechos territoriales de la Nación Western
Shoshone se habían extinguido en 1872. En el caso de las Dann, el Estado sostuvo que la
estipulación a la que habían llegado mutuamente el Gobierno y el abogado en el litigio
planteado ante la Comisión de Reivindicaciones Indígenas obligaba a las hermanas Dann.

48. Los peticionarios afirman que las Dann no autorizaron lo expresado ni participaron en el
litigio ante la Comisión de Reivindicaciones Indígenas, y que muchos otros miembros de la
Nación Western Shoshone habían intentado durante años ser oídos en ese litigio e interrumpir
el proceso de extinción de su título. Los peticionarios afirman que las Dann plantearon una
defensa judicial seria y pusieron de manifiesto claramente la injusticia y los abusos de
derechos humanos que están sufriendo. Los peticionarios manifiestan también que el juez que
falló en la Corte Federal de Nevada hizo suyo el argumento del Gobierno de los Estados
Unidos. Los peticionarios sostienen, además, que en segunda instancia la Corte Federal de
Apelaciones había rechazado ese argumento, sosteniendo que las Dann no podían verse
afectadas desfavorablemente por un litigio planteado ante la Comisión de Reivindicaciones
Indígenas en el que ni siquiera se había llegado a una decisión.

49. Los peticionarios manifiestan que en 1978 la Corte Federal de Apelaciones7 devolvió el
caso de las Dann a la corte de primera instancia para la realización de un juicio, que la corte
de primera instancia no adoptó medida alguna durante cuatro años, al parecer a la espera de
que se decidiera en forma definitiva el litigio planteado ante la Comisión de Reivindicaciones
Indígenas. Los peticionarios manifiestan que se dictó una resolución definitiva en el caso
planteado ante la Comisión de Reivindicaciones Indígenas el 12 de diciembre de 1979, y
cuatro meses más tarde la corte de primera instancia dictó sentencia sin apertura de causa
según la cual el título de la Nación Western Shoshone a sus tierras aborígenes se había
extinguido el 12 de diciembre de 1979, en virtud de esa misma resolución de la Comisión de
Reivindicaciones Indígenas. Los peticionarios manifiestan también que, conforme a ese fallo, el
Gobierno de los Estados Unidos recién extinguió el título a las tierras de las Dann y lo adquirió
para sí cinco años después de haber incoado el caso contra las Dann.

50. Los peticionarios manifiestan que las Dann no aceptaron la validez de ese fallo y lo
impugnaron ante la Corte de Apelaciones, que en 1983 volvió a revocar la decisión de la corte
de primera instancia y falló a favor de las Dann.8 La Corte de Apelaciones declaró que el título
de la Nación Western Shoshone no podía haberse extinguido, porque aun cuando se había
llegado a una resolución definitiva en el litigio planteado ante la Comisión de Reivindicaciones
Indígenas, no se había pagado la indemnización monetaria a los miembros de ese pueblo. Los
peticionarios manifiestan que debieron transcurrir casi 10 años de litigios y dos instancias de
apelación para que se llegara a un fallo favorable a las Dann. No obstante, el Estado apeló
ante la Corte Suprema de los Estados Unidos.

51. Los peticionarios manifiestan que la Corte Suprema de los Estados Unidos dictó
sentencia9en respaldo del argumento del Gobierno de que a los miembros de la Nación
Western Shoshone se les había "pagado" la indemnización en dinero correspondiente al caso
planteado ante la Comisión de Reivindicaciones Indígenas, y que ese pago "tuvo lugar cuando
el Congreso realizó la apropiación de esa suma y la depositó en una cuenta de la Tesorería de
los Estados Unidos controlada por el Secretario del Interior". Los peticionarios manifiestan que
la Corte Suprema se rehusó a entender en las reclamaciones constitucionales de las Dann, que
existía una oposición generalizada de los miembros de la Nación Western Shoshone a aceptar
el dinero, y que ninguna suma ha llegado a manos de los miembros de dicha nación indígena.

52. Los peticionarios manifiestan que la Corte Suprema devolvió el caso a la Corte de Primera
Instancia para que instruyera nuevas actuaciones. Los peticionarios manifiestan que la Corte
de Primera Instancia acogió por tercera vez el argumento del Gobierno de que, como
consecuencia del pago, en 1979, de la suma adjudicada por la Comisión de Reivindicaciones
Indígenas, las Dann han quedado privadas del derecho de reivindicar títulos a las tierras de los
indígenas de la Nación Western Shoshone. Las Dann apelaron el fallo ante la Corte Federal de
Apelaciones. Ésta confirmó la sentencia de la Corte de Primera Instancia y declaró como fecha
de extinción la estipulada por los abogados, 1872, emanada del litigio planteado ante la
Comisión de Asuntos Indígenas. Declaró que si bien no era posible seguir litigando con
respecto a los derechos tribales de la Nación Western Shoshone, las Dann podrían tener
derecho a reivindicar "derechos aboriginales" conforme a la legislación estadounidense que
estuviera en vigencia antes de 1934, año en que Estados Unidos promovió la colonización de
tierras por parte de personas no indígenas en Nevada. La Corte de Apelaciones devolvió una
vez más el caso a la Corte de Primera Instancia.

53. Los peticionarios manifiestan que en virtud de que la Corte de Primera Instancia había
fallado contra las Dann en tres oportunidades y las había privado de la posibilidad de
reivindicar derechos como miembros de la Nación Western Shoshone, inclusive invocando
derechos previstos en el tratado celebrado con esa nación, que a su juicio constituyen el
aspecto fundamental del asunto, y llegando a la conclusión de que su reivindicación de
derechos individuales sería fútil y las apartaría de los objetivos mismos por los habían venido
luchando, las Dann decidieron retirar todas las defensas basadas en reivindicaciones
individuales de títulos. Los peticionarios manifiestan también que las Dann formularon una
declaración ante la Corte de Primera Instancia en que expresaron su profunda decepción
frente a la falta de equidad de las cortes de los Estados Unidos, al cabo de 16 años de
esfuerzos infructuosos para hacer valor sus reclamaciones, emanadas en derechos históricos
de los indígenas. Además los peticionarios manifiestan que las Dann informaron a la Corte y al
Gobierno de los Estados Unidos que seguirían ocupando y utilizando sus tierras, pese a la
aparente conclusión de las cortes de que las Dann eran ahora intrusas en la tierra de sus
ancestros de la Nación Western Shoshone.

54. Los peticionarios sostienen que el Consejo Nacional de la Nación Western Shoshone y
varios miembros de esa nación a título individual iniciaron una acción por derechos de caza y
pesca en que se plantearon temas directamente vinculados a los problemas jurídicos
planteados por las Dann. Los peticionarios manifiestan en ese caso que los Demandantes de la
Nación Western Shoshone afirmaron que la adjudicación y pago, en el litigio planteado ante la
Comisión de Reivindicaciones Indígenas, no podía dar lugar a la extinción general de los
derechos de la Nación Western Shoshone en virtud de lo que manifestaba el Estado. Los
peticionarios afirman que, conforme a normas de preclusión federal firmemente establecidas,
los demandantes de la Nación Western Shoshone manifiestan que debería subsistir el derecho
a seguir litigando sobre todos los temas, salvo aquellos que fueron objeto de procedimientos y
resolución específicos por parte de la Comisión de Reivindicaciones Indígenas, porque dicha
Comisión no trató la cuestión de los derechos "continuos" previstos en el tratado celebrado
con la Nación Western Shoshone, y que no debería impedirse la interposición de una acción
sobre ese tema en otro caso.

55. Los peticionarios afirman que la Corte Federal de Primera Instancia falló contra los
Demandantes de la Nación Western Shoshone a través de una sentencia sin apertura de causa
del 19 de julio de 1990. En segunda instancia, la Corte de Apelaciones confirmó esa decisión.
Los demandantes de la Nación Western Shoshone comparecieron ante la Corte Suprema de los
Estados Unidos solicitando la revisión de las decisiones de las cortes inferiores. La Corte
Suprema rechazó la solicitud de revisión por sentencia del 5 de octubre de 1992. Los
peticionarios manifiestan que el rechazo, por parte de la Corte Suprema, de lo solicitado por
los miembros de la Nación Western Shoshone, en la práctica impide que se hagan efectivos los
derechos que conforme a la ley tienen todos los miembros de esa Nación, incluidas las Dann.

56. Los peticionarios argumentan que el agotamiento de los recursos internos se produjo al
concluir el juicio Western Shoshone National Council c. Molini,10 el 5 de octubre de 1992,
conforme al artículo 37 del Reglamento de la Comisión. Los peticionarios manifiestan también
que la petición fue presentada en tiempo, dentro de un plazo de seis meses, conforme al
artículo 38 del Reglamento de la Comisión, y que el rechazo del pedido de avocación por parte
de la Corte Suprema, el 5 de octubre de 1992, determinó la fecha de agotamiento definitivo
de los recursos internos en el caso, y que la situación de las Dann es de carácter "continuo".
57. Los peticionarios argumentan que se han intentado y agotado otros recursos internos. En
una carta presentada ante la Comisión y fechada el 3 de junio de 199911, los peticionarios
manifiestan que las Dann impugnaron el contenido de las cartas presentadas por la Oficina de
Administración de Tierras de los Estados Unidos (BLM) y que el 18 de diciembre de 1998 el
Departamento del Interior de los Estados Unidos, a través de la Junta de Recursos
Administrativos sobre Tierras12 se pronunció contra ellas y declaró que la BLM está facultada
para incautar el ganado de las Dann y confiscar su propiedad. La resolución de la Junta de
Recursos Administrativos sobre Tierras del Ministerio del Interior establece: "se confirman las
decisiones del 26 de mayo de 1998, y el 2 de abril de 1998, por las que se declara que las
Dann, que son las recurrentes, tienen calidad de 'intrusas', y se intima el retiro del ganado y
las mejoras y se determinan los daños y perjuicios".

58. Los peticionarios manifiestan que las Dann trataron de lograr la resolución de este caso a
lo largo de los años con representantes del Gobierno de los Estados Unidos. Especialmente,
señalan que el Secretario del Departamento del Interior, Excelentísimo señor Bruce Babbitt,
inició conversaciones encaminadas a un arreglo y convocó a una reunión en Denver el 19 de
enero de 1994 con representantes de la Nación Western Shoshone. Los peticionarios
manifiestan, además, que se realizaron reuniones ulteriores en Salt Lake City, Utah, los días 8
de marzo, 28 de junio y 22 de septiembre de 1994.

59. Los peticionarios manifiestan que el 26 de enero de 1999, las Dann fueron instadas a
reunirse con la BLM y a presentar un proyecto de acuerdo de medidas provisionales, que la
BLM rechazó, y contrapuso a la propuesta de las Dann condiciones en las que esencialmente
se repite que los integrantes de la Nación Western Shoshone ya no tienen derecho a sus
tierras ancestrales.13 Además, los peticionarios manifiestan que el 28 de mayo de 1999,
apenas dos días después que las Dann hubieran recibido la respuesta de la BLM a su
propuesta, la BLM emitió una "notificación de intención de incautar" todo "ganado no
autorizado que pastara en tierras públicas", estableciendo que ello podría realizarse sin más
trámite, dentro de un período de 12 meses.

60. Además, los peticionarios manifiestan que las Dann han agotado los recursos internos de
Estados Unidos conforme al artículo 37 del Reglamento de la Comisión y que la petición fue
presentada en tiempo conforme al artículo 38 de dicho Reglamento, porque se trata de una
situación "continua".

b. Posición del Estado

61. En la contestación a la petición de fechada el 9 de septiembre de 1993 y en sus


subsiguientes respuestas, el Estado niega haber violado los derechos humanos de las Dann o
de los miembros de la Nación Western Shoshone previstos en los artículos II, XVII y XVIII de
la Declaración Americana por haberse apropiado o haber expropiado tierras del Grupo
Dann.14 El Estado afirma que las reclamaciones de las Dann no se refieren en modo alguno a
una violación de derechos humanos, sino que guardan relación con prolongados litigios sobre
títulos inmobiliarios y cuestiones de utilización de tierras que han sido cuidadosamente
considerados por los tres poderes del Gobierno de los Estados Unidos.

62. El Estado sostiene que los estadounidenses nativos de la Nación Western Shoshone
efectivamente ocuparon una región que abarca gran parte de lo que es actualmente el Estado
de Nevada. Agrega que históricamente los miembros de la Nación Western Shoshone
atravesaban una extensa región en los meses veraniegos pero acampaban durante los meses
de invierno. Manifiesta también que en la década de 1800 la mayor parte de los habitantes de
los Estados Unidos comenzaron a desplazarse hacia el Oeste, hacia nuevas regiones, y a
colonizarlas, y que la zona del Estado de Nevada ocupada por los miembros de la Nación
Western Shoshone era una de esas zonas occidentales que iban siendo colonizadas.

63. El Estado sostiene que el título a las tierras en cuestión fue cedido a los Estados Unidos
por México en 1848, sujeto a ocupación por parte de los estadounidenses nativos. El Estado
manifiesta que en 1863 firmó un tratado con la Nación Western Shoshone, conocido con el
nombre de Tratado de Ruby Valley, y que conforme a ese tratado Estados Unidos y la Nación
de los Western Shoshone convinieron en cesar las hostilidades mutuas y vivir amistosamente.
El Estado manifiesta que, con posterioridad a este tratado celebrado con la Nación de los
Western Shoshone, trató a determinadas tierras comprendidas dentro de la zona en cuestión
como tierras de los Estados Unidos.

64. El Estado afirma que el movimiento hacia el Oeste que había comenzado en la década de
1800 prosiguió, y que su gobierno promovió la colonización y el desarrollo agrícola de esa
región occidental que comprendía el Estado de Nevada. Manifiesta que para promover esa
colonización donó tierras a personas que viajaron a alguna de esas regiones occidentales y se
instalaron en ellas, estableciendo su residencia permanente y una granja o hacienda, y que si
la persona reunía determinados requisitos, el Estado le otorgaba una patente de tierras, es
decir un instrumento que le otorgaba o transfería las tierras públicas en cuestión.

65. El Estado manifiesta que el padre de las Dann, Dewey Dann, que no era un
estadounidense nativo, se instaló en una región de Nevada, estableció una hacienda en esas
tierras y adquirió el título a las mismas concedido por el Gobierno de los Estados Unidos, a
través de una patente, y se dedicó allí a la cría de ganado para la venta de carne. El Estado
sostiene que concedió a Dewey Dann permiso para apacentar su ganado en tierras públicas
hasta su fallecimiento, en la década de los sesenta, y que Dewey Dann cumplió sus
obligaciones conforme a ese permiso. Agrega que no interfirió en el derecho de las Dann al
pastoreo de ganado conforme al permiso expedido originalmente a su padre, y que la
hacienda de las Dann está ubicada en esas tierras objeto de patente. El Estado señala que,
tras el fallecimiento del padre de las Dann, éstas comenzaron a apacentar un mayor número
de animales que el autorizado por el permiso otorgado a su padre y agrega que ese exceso fue
perjudicial para los pastos e interfirió con la utilización de las tierras públicas por parte de
otros ganaderos.

66. El Estado manifiesta que los peticionarios no han agotado los recursos internos disponibles
en los Estados Unidos y que la petición de las Dann es inadmisible conforme al artículo 37 del
Reglamento de la Comisión. Señala que la BLM trató de manejar el asunto en la esfera
administrativa con las Dann, a quienes envió cartas y con las que analizó el tema, pero que
ellas se rehusaron a retirar los animales que superaban el número permitido. El Estado afirma
que la incautación de equinos de las Dann fue un acto de aplicación coercitiva de normas
legales encaminado a hacer cumplir las disposiciones sobre pastoreo, y no una "confiscación",
situación que habría planteado cuestiones constitucionales.

67. El Estado manifiesta que, a raíz de que las Dann siguieron apacentando su ganado en
forma no autorizada, la BLM, tras notificarlas formalmente de su intención de adoptar
medidas, incautó en dos oportunidades los equinos cuyo número superaba el autorizado.
Además, manifiesta que la Oficina de Administración de Tierras incautó 161 equinos en marzo
de 1992 y 269 en noviembre de 1992, todos los cuales pertenecían a las Dann, y que el
reglamento federal de apacentamiento de ganado permitía a las Dann recuperar esos animales
pagando multas, lo que las Dann se han rehusado a hacer. Además, el Estado manifiesta que,
posteriormente, los animales fueron vendidos conforme al reglamento.

68. El Estado afirma que los intentos de resolver el asunto fueron infructuosos, por lo cual
interpuso una acción judicial contra los peticionarios, con la finalidad de hacer que las Dann
retiraran el ganado no autorizado. Agrega que la Corte Suprema de Estados Unidos
declaró15que si bien la suma de dinero no ha sido distribuida, el establecimiento de una
cuenta fiduciaria constituye el pago y el pleno cumplimiento de las obligaciones de los Estados
Unidos en todos los asuntos referentes a la controversia. El Estado sostiene que en la
sentencia de la Corte se establece claramente que la cuestión del título tribal original a las
tierras en cuestión fue resuelta por la Comisión de Reivindicaciones Indígenas; no obstante, en
la resolución se establece específicamente que la Comisión no resolvió cuestiones referentes a
ningún derecho aboriginal individual que pudieran tener las Dann.

69. El Estado afirma que las Dann todavía podrían tratar de hacer efectiva su reivindicación
sobre las tierras en cuestión ante las cortes de los Estados Unidos tomando como base "títulos
aboriginales individuales". Agrega que los peticionarios optaron voluntariamente por no
invocar ni agotar ese ámbito de recursos legales que estaba a su disposición y que ahora
tratan de agotar ante la Comisión.

70. El Estado manifiesta que las Dann han omitido agotar los recursos internos y que la
petición se ha presentado fuera de plazo conforme al artículo 38(1) del Reglamento de la
Comisión, ya que fue interpuesta más de seis meses después de la resolución final del
caso,16 que se dictó más de siete años antes de que presentaran su demanda, por lo cual es
inadmisible. El Estado sostiene también que los peticionarios no pueden eludir el requisito de
la presentación en tiempo sosteniendo que ha existido una violación continua de sus
supuestos derechos, ya que han omitido interponer, y con mucho más razón agotar, los
recursos internos disponibles en la materia.

71. El Estado manifiesta que los peticionarios no pueden basarse en el caso Western Shoshone
National Council c. Molini17 para evitar la aplicación del artículo 38 (1) del Reglamento de la
Comisión, porque ese caso se refería a la afirmación del Consejo Nacional de Western
Shoshone de que sus derechos como aboriginales previstos en tratados de caza y pesca
debían sobrevivir a la extinción de su título a esas tierras. El Estado manifiesta que el caso
"Molini" no guarda relación con la reivindicación del título aboriginal cuya existencia invocan
las Dann pero al que decidieron renunciar, ante las cortes de los Estados Unidos. Agrega que,
aun cuando el caso "Molini" u otro caso fuera pertinente, ello no alteraría el hecho de que las
Dann tenían a su disposición un ámbito de recursos legales --la reivindicación de un "título
aboriginal individual-- que optaron por no agotar".

III. ANÁLISIS

A. Competencia de la Comisión

72. Los peticionarios manifiestan que el Estado ha violado sus derechos consagrados en los
artículos II, XVII y XVIII de la Declaración Americana. La petición fue planteada por los
peticionarios, el Indian Law Resource Center y los señores Steven M. Tullberg, Robert T.
Coulter y S. James Anaya, abogados registrados, todos los cuales están legitimados para
presentar una petición a la Comisión conforme al artículo 26 de su Reglamento.18

73. La Comisión toma nota de que con anterioridad a su comunicación del 28 de junio de
1999 al Estado, éste ha argumentado en sus escritos que las Dann podrían haber defendido
sus reivindicaciones de un título aboriginal por sus tierras y optaron por no hacerlo. El Estado
también ha argumentado que las Dann han transformado sus reclamaciones de propiedad de
las tierras en una violación de derechos humanos para volver a pleitear cuestiones que han
sido y deben ser conocidas en un proceso creado por el Congreso de los Estados Unidos para
indemnizar a los indígenas estadounidenses por lesiones históricas que se les infligieron.
Además, el Estado argumenta que las distintas alegaciones esgrimidas por las Dann y por
otros grupos Western Shoshones en relación con este proceso han sido reiteradamente
examinadas y desestimadas por los tribunales de Estados Unidos y que la Suprema Corte de la
nación dictaminó por unanimidad en 1985 que, pese a no haberse distribuido el dinero
adjudicado, el establecimiento de una cuenta fiduciaria constituye pago y cabal cumplimiento
de las obligaciones de los Estados Unidos en relación con todos los aspectos de la
controversia.

74. El Estado argumenta que el agotamiento final en el caso de las Dann se produjo con la
desestimación de su caso en forma definitiva por la Corte de Distrito de Nevada, tras el retiro
de sus reivindicaciones el 6 de junio de 1991. El Estado argumenta también que las Dann no
han agotado los recursos internos en virtud del artículo 37 del Reglamento de la Comisión y
que no pueden basarse en el caso "Molini", laudado el 5 de octubre de 1992, porque no atañe
a las Dann, ya que no fueron partes del mismo.

75. El artículo 37 del Reglamento de la Comisión establece:

(1) Para que una petición pueda ser admitida por la Comisión, se requerirá que se hayan
interpuesto y agotado los recursos de la jurisdicción interna, conforme a los principios del
derecho internacional generalmente reconocidos.

(2) Las disposiciones del párrafo precedente no se aplicarán cuando:

(a) no exista en la legislación interna del Estado de que se trata el debido proceso legal, para
la protección del derecho o derechos que se alega han sido violados.

(b) no se haya permitido al presunto lesionado en sus derechos el acceso a los recursos de la
jurisdicción interna, o haya sido impedido de agotarlos.

(c) haya retardo injustificado en la decisión sobre los mencionados recursos.

(3) Cuando el peticionario afirme la imposibilidad de comprobar el requisito señalado en este


artículo, corresponderá al Gobierno, en contra del cual se dirige la petición, demostrar a la
Comisión que los recursos internos no han sido previamente agotados, a menos que ello se
deduzca claramente de los antecedentes contenidos en la petición.

76. A los efectos del análisis, la Comisión hace referencia a la Opinión Consultiva OC-11/90
de la Corte Interamericana de Derechos Humanos sobre la cuestión del agotamiento de los
recursos internos, en la cual la Corte, al interpretar el artículo 46(1)(a) y 46(2) de la
Convención Americana19, que son similares al artículo 37(1) y 37(2) del Reglamento de la
Comisión, señaló:

Al tenor del artículo 46.1.a. de la Convención y de conformidad con los principios generales del
Derecho internacional, incumbe al Esado que ha planteado la excepción de no agotamiento,
probar qu en su sistema interno existen recursos cuyo ejercicio no ha sido agotado (Caso
Velásquez Rodríguez, Excepciones Preliminares, supra 39, párr. 88; Casp Fairén Garbi y Solís
Corrales, Excepciones Preliminares, supra 39 párr. 87 y Caso Godínez Cruz, Excepciones
Preliminares, supra 39, párr. 90).

77. La Corte Interamericana de Derechos Humanos, en el Caso Godínez Cruz, opinó lo


siguiente sobre el tema del agotamiento de los recursos internos:

De los principios de Derecho internacional generalmente reconocidos resulta, en primer lugar,


que se trata de una regla cuya invocación puede ser renunciada en forma expresa o tácita por
el Estado que tiene derecho a invocarla, lo que ya ha sido reconocido por la Corte en anterior
oportunidad (v. Asunto de Viviana Gallardo y otras, Decisión del 13 de noviembre de 1981,
No. G 101/81. Serie A, párr. 26). En segundo lugar, que la excepción de no agotamiento de
los recursos internos, para ser oportuna, debe plantearse en las primeras etapas del
procedimiento, a falta de los cual podrá presumirse la renuncia tácita a valerse de la misma
por parte del Estado interesado. En tercer lugar, que el Estado que alega el no agotamiento
tiene a su cargo el señalamiento de los recursos internos que deben agotarse y de su
efectividad.20

78. La Comisión observa que las hermanas Dann han invocado y agotado los recursos
internos de Estados Unidos a nivel administrativo y judicial. Esto comenzó en 1978 cuando las
Dann impugnaron y apelaron la denegación de sus reclamaciones por parte del tribunal federal
de primera instancia ante la Corte Federal de Apelaciones que decidió en su favor y que los
Estados Unidos apelaron ante la Corte Suprema, la cual falló contra las Dann en 1985 y
devolvió la causa al tribunal de distrito de Estados Unidos. La Comisión observa que, sobre la
base del dictamen de la Corte Suprema contra las Dann en 1985, el tribunal de distrito de
Estados Unidos dictó sentencia contra las Dann en 1991 por invasión de propiedad, porque
retiraron todas sus reivindicaciones de derechos aboriginales individuales el 6 de junio de
1991, optando por interponer reivindicaciones en base a los derechos aboriginales de la tribu
Western Shoshone.

79. La Comisión señala lo prolongado del litigio y la historia de este caso en las cortes internas
de los Estados Unidos, conforme a lo que surge de los escritos presentados por ambas partes,
y asimismo en la decisión de la Suprema Corte recaída en el caso Western Shoshone National
Council c. Molini.21 Las Dann argumentan que la decisión final en "Molini" se produjo el 5 de
octubre de 1992, y que esa es la fecha del agotamiento definitivo de los recursos internos
puesto que fue la fecha en que la Corte Suprema de Estados Unidos denegó la revisión del
caso. Los peticionarios han argumentado que la decisión en el caso "Molini" efectivamente
impide toda reparación judicial de las reivindicaciones contractuales de las Dann y de otros
Western Shoshones.

80. La Comisión toma nota de que los peticionarios argumentan que la petición fue
interpuesta ante la Comisión el 2 de abril de 1993, por lo cual estaba en plazo. Los
peticionarios también invocaron y recorrieron recursos administrativos internos para negociar
con la BLM de Estados Unidos a lo largo de los años. Esto ocurrió el 19 de enero de 1994, el 8
de marzo, el 28 de junio y el 22 de setiembre de 1994 y, más recientemente el 26 de enero
de 1999. Los peticionarios sostienen que las Dann y otros Western Shoshones siguen
procurando una reparación política y que la Comisión debe supervisar ese proceso y alentarlo,
de conformidad con su facultad para promover una solución amistosa.

81. Además la Comisión toma nota de que las Dann recurrieron las órdenes y decisiones
adoptadas en su contra por la Oficina de Administración de Tierras (BLM), y que el 18 de
diciembre de 1998, la Junta de Recursos Inmobiliarios del Departamento del Interior de los
Estados Unidos declaró que la BLM puede incautar ganado de las Dann y confiscar su
propiedad.22 Esta información figuraba en la carta de los peticionarios fechada el 3 de junio
de 1999, y las partes pertinentes de la misma fueron remitidas al Gobierno de los Estados
Unidos, e incluidas en la carta de la Comisión dirigida a ese Gobierno el 28 de junio de 1999;
en ella la Comisión decretaba la adopción de medidas cautelares contra los Estados Unidos
conforme al artículo 29(2) de su Reglamento.23 No consta en autos ningún escrito de Estados
Unidos respecto de las reclamaciones de los peticionarios remitidas al Estado el 28 de junio de
1999 en relación con el tema del agotamiento de los recursos internos respecto de la
sentencia de la Junta de Apelaciones Inmobiliarias del 18 de diciembre de 1998,24 y los
renovados intentos de las Dann el 26 de enero de 1999 por resolver el caso.

82. Además, la Comisión señala que las Dann iniciaron un diálogo con la BLM a los efectos de
llegar a un acuerdo con respecto a la utilización y administración, por parte de las Dann, de
las tierras que se describen en las notificaciones sobre ocupación ilegal, y que tras una reunión
celebrada el 26 de enero de 1999, los peticionarios manifestaron que se había instado a las
Dann a presentar un proyecto encaminado a resolver las reclamaciones. La Comisión señala
que el 28 de marzo de 1999, tomando como base los escritos presentados por los
peticionarios el 3 de junio de 1999, la BLM rechazó la propuesta formulada por las Dann para
resolver este caso y expidió una "notificación de intención de incautar todo ganado no
autorizado que paste en tierras públicas, lo que podrá realizarse sin previo aviso dentro de un
período de 12 meses".

83. Por lo tanto, la Comisión concluye, tomando como base lo que antecede, que las Dann han
invocado y agotado a lo largo de los años los recursos internos disponibles en los Estados
Unidos conforme al artículo 37 de su Reglamento y, más recientemente, el 18 de diciembre de
1998, cuando la Junta de Recursos Inmobiliarios del Departamento del Interior rechazó los
recursos interpuestos por las Dann, contra las órdenes y notificaciones de la BLM, y el 28 de
mayo de 1999 cuando las Dann recibieron una "notificación de intención de incautar su
ganado" apenas dos días después de haber recibido la contestación de la BLM a su propuesta
del 28 de marzo de 1999.

C. Presentación de la petición en plazo

84. El artículo 38 del Reglamento de la Comisión establece:

1. La Comisión se abstendrá de conocer aquellas peticiones que se presenten después del


plazo de seis meses, a partir de la fecha en que el presunto lesionado en sus derechos ha sido
notificado de la decisión definitiva, en caso de agotamiento de los recursos internos.

85. La Comisión toma nota del argumento de las partes sobre el tema de la presentación en
plazo, que puede encontrarse en la Parte III del presente informe, donde los peticionarios han
afirmado que la decisión en el caso "Molini" de 1992 debe tomarse como fecha de la decisión
definitiva en el caso de las Dann. Los peticionarios también han suministrado a la Comisión
información adicional en la que muestran nuevos intentos por agotar los recursos internos al
apelar a la Junta de Recursos Inmobiliarios del Departamento del Interior, que dictó su
decisión final el 18 de diciembre de 1998. Además, los peticionarios sostienen que las Dann se
reunieron con representantes del BLM y les presentaron una propuesta para resolver el caso y
que esta propuesta fue denegada en mayo de 1999. Además, los peticionarios afirman que la
situación denunciada es "continua" y que las Dann han realizado varios intentos de invocar y
agotar los recursos internos.

86. La Comisión toma nota del argumento del Estado sobre el tema de la presentación de la
petición en plazo, con anterioridad a la comunicación de la Comisión al Estado el 28 de junio
de 1999. El Estado argumentó en sus escritos anteriores que la fecha del dictamen final en el
caso de las Dann es de 1991, cuando el tribunal de distrito de los Estados Unidos falló contra
las Dann por invasión de propiedad, después que la causa fuera devuelta por la Corte
Suprema al tribunal de distrito en 1985. El Estado argumenta que la petición de las Dann fue
interpuesta fuera de plazo de acuerdo con el artículo 38(1) del Reglamento de la Comisión, y
que los peticionarios no pueden basarse en el caso "Molini", que no se relaciona con las Dann
puesto que no fueron partes en el mismo.

87.|La Comisión hace referencia a diversas fechas que podrían tomarse con las fechas en que
se produjo el dictamen definitivo. Además, la situación materia de la denuncia en este caso es
"continua" y "vigente". Primero, en 1991, segundo, el 5 de octubre de 1992 y, tercero, el 18
de diciembre de 1998, cuando la Junta de Recursos Inmobiliarios del Departamento del
Interior falló contra las Dann, que habían apelado las órdenes y notificaciones del BLM.
Segundo, el 28 de mayo de 1999, cuando las Dann recibieron una "notificación de intención de
incautar su ganado", apenas dos días después de que recibieran la respuesta del BLM a su
propuesta del 28 de marzo de 1999.

88. Por lo tanto, la Comisión concluye, teniendo en cuenta lo que antecede, que esta
petición fue presentada en plazo de acuerdo con el artículo 38(1) de su Reglamento, sobra la
base de la decisión de la Corte, específicamente, en 1992. La Comisión también concluye que
la situación denunciada por las Dann, desde la decisión de 1992, es "continua" y "vigente" ,
por lo cual su petición no es inadmisible por imperio de la norma de los seis meses dispuesta
en el artículo 38(1) del Reglamento.

D. Duplicación del procedimiento

89. Esta petición satisface el requisito del artículo 37 del Reglamento de la Comisión porque
la información en autos no revela que se encuentre pendiente de solución en otra instancia
internacional de la que el Estado afectado sea miembro; ni duplica sustancialmente una
petición pendiente o ya examinada y resuelta por la Comisión o por otro organismo
gubernamental internacional del que el Estado afectado sea miembro, según el artículo
39(1)(a) y (b) de su Reglamento.

90. Dado que el agotamiento de los recursos internos y la presentación de la petición en


plazo en este caso pueden involucrar cuestiones relacionadas con los méritos del caso, la
Comisión formulará una determinación definitiva al respecto cuando tenga oportunidad de
decidir sobre los méritos del presente caso.

V. CONCLUSIÓN

91. La Comisión concluye que esta petición es admisible, por haberse cumplido los requisitos
de los artículos 37 y 38 de su Reglamento, y que plantea una violación prima facie de
derechos humanos, a saber, los previstos en los artículos II, XVII y XVIII de la Declaración
Americana de los Derechos y Deberes del Hombre. Sin prejuzgar sobre el fundamento de la
petición ni sobre las violaciones de derechos humanos aducidos por los peticionarios en
nombre de las hermanas Dann, la Comisión analizará la validez de esas peticiones en la etapa
de determinación de sus méritos.

LA COMISIÓN INTERAMERICANA DE DERECHOS HUMANOS,

DECIDE:

1. Declarar que la petición es admisible conforme a los artículos 37 y 38 de su


Reglamento.
2. Ponerse a disposición de las partes a los efectos de llegar a un acuerdo amistoso
en este caso.
3. Mantener en vigencia las medidas cautelares dispuestas el 28 de junio de 1999.
4. Transmitir el presente Informe a los Estados Unidos de América y a los
peticionarios.
5. Hacer público el presente Informe y publicarlo en su Informe Anual a la
Asamblea General.

Dado y firmado en la sede de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en la ciudad


de Washington, D.C., el 27 de septiembre de 1999. (Firmado) Hélio Bicudo, Primer
Vicepresidente; Alvaro Tirado Mejía, Carlos Ayala y Jean Joseph Exumé, Comisionados.

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1 Los miembros de la Comisión Robert Goldman, Presidente, y Claudio Grossman no participaron de las deliberaciones y
decisión sobre este informe, en virtud del artículo 19(2)(a) del Reglamento de la Comisión.

2 El Consejo del Grupo de Battle Mountain; la Tribu Duckwater Shoshone, el Consejo del Grupo Elko; el Consejo Shoshone
Ely; el Consejo del Grupo Fork South; el Consejo Tribal Temoak; la Tribu Shoshone Timbisha; el Consejo del Grupo Wells; el
Consejo Tribal Yomba.

3 (18 Stat. 689).

4 Se da el nombre de "tierras de las Dann" a las tierras de la Nación Western Shoshone utilizadas y ocupadas por dichas
hermanas.

5 El argumento de los Estados Unidos con respecto a la admisibilidad de la petición aparece en el Capítulo III de este Informe
en la sección titulada "Posición de los Estados Unidos sobre la Admisibilidad".

6 Contestación de los Estados Unidos fechada el 28 de febrero de 1997.

7 United States of America v. Mary Dann and Carrie Dann, No. 77-1696, Corte de Apelaciones de los Estados Unidos, Noveno
Circuito, 15 de marzo de 1978.

8 United States of America v. Mary Dann and Carrie Dann, Nos. 80-4298, 80-4345, Corte de Apelaciones de los Estados
Unidos, Noveno Circuito, 19 de mayo de 1983.

9 38 470 U.S. 39 (1985).

10 49 951 F. 2o. 200 (Noveno Circ. 1991), av. Denegado (1992).

11 El 28 de junio de 1999 la Comisión adjuntó y remitió al Gobierno de los Estados Unidos las partes pertinentes de esa carta,
y dictó medidas cautelares conforme al artículo 29.2 de su Reglamento. Véase el Capítulo II del presente Informe, titulado
"Procedimientos realizados ante la Comisión".

12 Decisión de la Junta de Recursos Administrativos sobre Tierras de la Secretaría del Interior, 18 de diciembre, IBLA 98-372.

13 Idem. Véase la carta de los peticionarios del 3 de junio de 1999, Procedimientos realizados ante la Comisión.

14 Estos argumentos serán incluidos en el Informe sobre los méritos de la petición.

15 Véase United States v. Dann, 470, U.S. 30 (1985) y 873 F. 2o. 1189, 1200 (Noveno Cir.) ("Dann III"), av. Denegado, 493
U.S. 890 (1989).

16 Véase United States v. Dann 470 U.S. 39 (1985).

17 951 F. 2o. 200 (Noveno Cir. 1991), av. Denegado, 113 S.Ct. 74 1992.

18 El artículo 26 (1) del Reglamento de la Comisión establece: "Cualquier persona o grupo de personas, o entidad no
gubernamental legalmente reconocida en uno o más Estados miembros de la Organización puede presentar a la Comisión
peticiones de conformidad con el presente Reglamento, en su propio nombre o en el de terceras personas, referentes a
presuntas violaciones de un derecho humano reconocido, según el caso, en la Convención Americana sobre Derechos
Humanos o en la Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre.

19 Estados Unidos no es parte de la Convención Americana. El artículo 46(1) de la Convención Americana dispone:

Para que una petición o comunicación presentada conforme a los artículos 44 o 45 sea admitida por la Comisión, se requerirá:

a. que se hayan interpuesto y agotado los recursos de jurisdicción interna, conforme a los principios del Derecho Internacional
generalmente reconocidos;

El artículo 46(2) de la Convención Americana dispone:

Las disposiciones de los incisos 1.a. y 1.b. del presente artículo no se aplicarán cuando:
a. no exista en la legislación interna del Estado de que se trata el debido proceso legal para la protección de los derechos o
derechos que se alega han sido violados;

b. no se haya permitido al presunto lesionado en sus derechos el acceso a los recursos de la jurisdicción interna, o haya sido
impedido de agotarlos, y

c. haya retardo injustificado en la decisión sobre los mencionados recursos.

20 Objeciones Preliminares (Sentencia del 28 de junio de 1987), Decisiones y Sentencias No.3.

21 Idem 951 F. 2o. 200 (Noveno Cir. 1991), av. Denegado, 113 S.Ct. (1992)

22 Decisión de la Junta de Recursos Inmobiliarios del Ministerio del Interior, el 18 de diciembre, IBLA 98-372.

23 Véase el Capítulo II, Procedimientos realizados ante la Comisión.

24 Ibid, IBLA 98-372.

INFORME Nº 36/00
CASO 11.101
MASACRE "CALOTO"
COLOMBIA
13 de abril de 2000

I. RESUMEN

1. El 16 de diciembre de 1992 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (en


adelante "la Comisión") recibió una petición presentada por la Corporación Colectivo de
Abogados "José Alvear Restrepo" (en adelante "los peticionarios"), contra la República de
Colombia (en adelante "el Estado", "el Estado colombiano" o "Colombia") en la cual se alega la
ejecución extrajudicial de Darío Coicué Fernández, Ofelia Tombé Vitonas, Carolina Tombé
Ñusque, Adán Mestizo Rivera, Edgar Mestizo Rivera, Eleuterio Dicue Calambas, Mario Julicue
Ul (o Mario Julico), Tiberio Dicué Corpus, María Jesús Guetia Pito (o María Jesusa Güeitía),
Floresmiro Dicué Mestizo, Mariana Mestizo Corpus, Nicolás Consa Hilamo (o Nicolás Conda),
Otoniel Mestizo Dagua (u Otoniel Mestizo Corpus), Feliciano Otela Ocampo ( o Feliciano Otela
Campo), Calixto Chilgüezo Toconas (o Calixto Chilgüeso), Julio Dagua Quiguanas, José Jairo
Secué Canas, Jesús Albeiro Pilcué Pete, Daniel Gugu Pete (o Daniel Pete), Domingo Cáliz
Soscué (o Domingo Cálix Sescué) así como daños a la integridad física de Jairo Llamo Ascué,
miembros de la comunidad indígena Paez del norte del Cauca (en adelante "las víctimas").

2. Los peticionarios alegan que el 16 de diciembre de 1991 en la hacienda "El Nilo",


Municipio de Caloto, agentes del Estado violaron los derechos a la vida, la integridad personal,
las garantías judiciales y a la protección judicial (artículo 25) de las víctimas, consagrados en
los artículos 4, 5, 7, 8, 25 y 1(1) de la Convención Americana sobre Derechos Humanos (en
adelante la "Convención" o la "Convención Americana") y en los artículos I, XVIII y XXVI de la
Declaración Americana de los Derechos y Deberes del Hombre (en adelante la "Declaración" o
la "Declaración Americana").

3. Durante el trámite del presente caso, el Estado reconoció su responsabilidad por los
hechos alegados por los peticionarios. El 7 septiembre de 1995, las partes iniciaron un proceso
de solución amistosa con los buenos oficios de la Comisión. A pesar de los esfuerzos realizados
tanto por el Estado como por los peticionarios y del reconocimiento de responsabilidad
efectuado, el 5 de octubre de 1998 las partes dieron por terminado el proceso de solución
amistosa y se decidió continuar con el trámite del caso.

4. Tras analizar los elementos de hecho y de derecho aportados por las partes durante el
trámite, así como los reconocimientos resultantes del proceso de solución amistosa, la
Comisión declaró el caso admisible, estableció la responsabilidad del Estado por la violación de
los artículos 4, 5, 7, 8, 25 y 1(1) de la Convención Americana y evaluó las medidas adoptadas
para reparar el daño causado.

II. TRÁMITE ANTE LA COMISIÓN

5. El 21 de enero de 1993, la Comisión abrió el caso bajo el número 11.101 y transmitió las
partes pertinentes de la denuncia al Estado colombiano con un plazo de 90 días para presentar
información. El 17 de marzo de 1993 el peticionario envió información adicional sobre el caso,
la cual fue debidamente transmitida al Estado.

6. El Estado presentó su respuesta el 10 de junio de 1993. Los peticionarios presentaron sus


observaciones e información adicional el 25 de agosto, el 10 de septiembre y el 30 de
diciembre de 1993, las cuales fueron debidamente remitidas al Estado.

7. El 27 de enero de 1994, durante el 85º período ordinario de sesiones de la Comisión, se


celebró una audiencia sobre el caso. El 9 de marzo de 1994 el Estado presentó información
por escrito, la cual fue debidamente transmitida a los peticionarios. A su vez, los peticionarios
enviaron información adicional el 24 de junio de 1994. El 26 de septiembre de 1994 se llevó a
cabo una audiencia durante el 87º período de sesiones de la Comisión. El 5 y 7 de octubre de
1994 el Estado remitió información sobre los recursos internos y el 3 y 7 de febrero de 1995
los peticionarios presentaron información adicional con relación a los procesos internos.

8. El 22 de febrero de 1995 la Comisión se puso a disposición de las partes con el objeto de


lograr una solución amistosa del asunto, otorgándoles un plazo de 30 días para dar su
respuesta. El 22 de marzo de 1995 el Estado solicitó una prórroga, la cual fue concedida. El 22
de marzo de 1995, los peticionarios fijaron su posición frente a la propuesta. El 12 de mayo de
1995 el Estado expresó su interés en iniciar un proceso de solución amistosa y señaló que
estaría dispuesto a crear un Comité de Impulso de las investigaciones en curso. Los
peticionarios presentaron observaciones el 29 de junio, el 21 de julio y el 6 de septiembre de
1995 sobre los criterios que, desde su punto de vista, debían guiar la búsqueda de una
solución amistosa.

9. El 7 de septiembre de 1995, durante el 90º período de sesiones de la Comisión, se celebró


una audiencia donde las partes reiteraron su ánimo de iniciar un proceso de búsqueda de
solución amistosa, de conformidad con lo previsto en el artículo 48(f) de la Convención
Americana. Como resultado, se firmó un acta de entendimiento para la creación de un Comité
de Impulso para la Administración de Justicia. El 14 de septiembre de 1995 el Estado envió
una comunicación relativa al caso. El 12 de diciembre de 1995, una delegación de la Comisión
participó en una reunión del Comité de Impulso en Colombia para informarse sobre su
funcionamiento, gestiones y avances.

10. El 23 de febrero de 1996, durante el 91° período ordinario de sesiones, se celebró una
segunda audiencia en la cual el Comité de Impulso presentó un informe final donde se
formulan una serie de recomendaciones. En dicha reunión las partes acordaron continuar con
el proceso de solución amistosa mediante la creación de un Comité de Seguimiento a las
Recomendaciones formuladas por el Comité de Impulso.

11. El 21 de mayo de1996, el Estado presentó copia del acta de entendimiento suscrita por el
Estado y los peticionarios donde se crea el Comité de Seguimiento a las Recomendaciones
formuladas por el Comité de Impulso. El 8 de octubre de 1996, durante el 93º período
ordinario de sesiones de la Comisión, las partes expresaron su parecer sobre los obstáculos en
el funcionamiento del Comité con el fin de evaluar los avances en el proceso de solución
amistosa. El 9 de octubre de 1996, el Estado presentó un "Informe de Implementación de las
Recomendaciones sobre los casos Los Uvos, Caloto y Villatina". El 18 de octubre de 1996, la
Comisión instó a las partes a superar las dificultades surgidas en el proceso de seguimiento a
las recomendaciones del Comité. En febrero de 1997, el Comisionado Robert K. Goldman –-
Relator para Colombia--, el Embajador Jorge E. Taiana --Secretario Ejecutivo de la Comisión--
y la entonces Especialista Denise Gilman, se trasladaron a Colombia con el fin de participar en
una serie de reuniones relativas al estado del proceso de solución amistosa.

12. El 7 de octubre de 1997, en el marco de una audiencia celebrada durante el 97º período
de sesiones de la Comisión, el Comité de Seguimiento presentó un informe de evaluación del
cumplimiento de las recomendaciones formuladas por el primer Comité de Impulso a la
Administración de Justicia. El 16 de octubre de 1997, la Comisión emitió una Resolución
mediante la cual resolvió continuar con los esfuerzos para solucionar en forma amistosa el
presente caso hasta el 98º período de sesiones.

13. El 16 de febrero de 1998, el Presidente del Comité de Seguimiento comunicó a la Comisión


que las partes presentarían sus informes por separado ante la Comisión. En la audiencia
celebrada el 23 de febrero de 1998, durante el 98º período ordinario de sesiones de la
Comisión, las partes expresaron su intención de dar por terminado el procedimiento de
solución amistosa y solicitaron un pronunciamiento sobre el fondo del caso. En esa
oportunidad, los peticionarios presentaron sus observaciones respecto del cumplimiento de las
recomendaciones contenidas en el informe del Comité de Seguimiento presentado en octubre
de 1997 ante la Comisión. El 3 de marzo de 1998 la Comisión solicitó al Estado información
adicional sobre las medidas adoptadas para investigar y juzgar a los responsables de los
hechos por la justicia penal ordinaria. El 31 de marzo de 1998 el Estado solicitó una prórroga
de treinta días, la cual fue concedida. El 31 de julio de 1998 el Estado remitió copia del
discurso pronunciado por el Presidente de la República en el acto de reconocimiento de
responsabilidad en los hechos del caso Caloto, entre otros. El 5 de octubre de 1998, en el
marco del 100° período ordinario de sesiones, se celebró una nueva audiencia en la cual las
partes reiteraron su convicción sobre la imposibilidad de llegar a una solución amistosa del
asunto. El 2 de marzo de 1999, durante el 102° período de sesiones, los peticionarios
reiteraron su solicitud de un pronunciamiento sobre el fondo del asunto con base en el artículo
50 de la Convención.

II. POSICIONES DE LAS PARTES E INTENTO DE SOLUCIÓN AMISTOSA

A. Posición del Peticionario

14. Los peticionarios alegan que el día 16 de diciembre de 1991 aproximadamente 80


personas pertenecientes a la comunidad indígena Paez del norte del Cauca, habitantes del
Resguardo de Huellas, acudieron a una cita aparentemente convocada por los nuevos dueños
de ese predio en la parte montañosa de la hacienda "El Nilo", Corregimiento El Palo, Municipio
de Caloto. La reunión habría sido convocada con la finalidad de discutir la presencia de la
comunidad indígena, así como el reconocimiento de las mejoras por ellos efectuadas al terreno
en los últimos cuatro años. A las 21:00 horas, aproximadamente, hombres fuertemente
armados se presentaron en el lugar. Los peticionarios señalan que conforme a los testimonios
recabados algunos de ellos portaban vestimenta de las fuerzas de seguridad. Parte de estos
individuos habrían procedido a retener y amedrentar al grupo de indígenas reunido mientras el
resto se desplazó por los alrededores en busca de los miembros de la comunidad indígena que
permanecían en sus viviendas. Una vez reunidos todos los indígenas que vivían en la
Hacienda, identificaron a los supuestos líderes de la comunidad y los fusilaron. Los
peticionarios alegan que los atacantes dispararon indiscriminadamente sobre el resto de los
miembros de la comunidad quienes, presos del pánico, intentaron huir del lugar. Como
resultado perdieron la vida Darío Coicué Fernández, Ofelia Tombé Vitonas, Carolina Tombé
Ñusque, Adán Mestizo Rivera, Edgar Mestizo Rivera, Eleuterio Dicue Calambas, Mario Julicue
Ul (o Mario Julico), Tiberio Dicué Corpus, María Jesús Guetia Pito (o María Jesusa Güeitía),
Floresmiro Dicué Mestizo, Mariana Mestizo Corpus, Nicolás Consa Hilamo (o Nicolás Conda),
Otoniel Mestizo Dagua (u Otoniel Mestizo Corpus), Feliciano Otela Ocampo (o Feliciano Otela
Campo), Calixto Chilgüezo Toconas (o Calixto Chilgüeso), Julio Dagua Quiguanas, José Jairo
Secué Canas, Jesús Albeiro Pilcué Pete, Daniel Gugu Pete (o Daniel Pete) y Domingo Cáliz
Soscué (o Domingo Cálix Sescué). Jairo Llamo Ascué resultó herido de bala en el brazo
derecho. Los peticionarios señalan asimismo que tras la masacre fueron destruidos y
quemados los ranchos que la comunidad indígena había construido en el predio, así como sus
enseres y animales domésticos.

15. Los peticionarios alegan que la masacre fue perpetrada por civiles y miembros de la Policía
Nacional. Consideran que las pruebas testimoniales, periciales de balística e inspecciones
producidas en los procesos penal y disciplinario señalan la responsabilidad de oficiales de la
Policía Nacional. Concretamente, alegan que dos oficiales de la Policía y varios agentes del
servicio de narco-terratenientes habrían tenido participación en la masacre.

16. En cuanto al deber de brindar la debida protección judicial con relación a las violaciones
perpetradas, los peticionarios alegan que los órganos del Estado han incurrido en diversas
acciones y omisiones que han generado impunidad. Sostienen que inicialmente la
investigación habría sido adelantada por el teniente Libardo Morales Lagos, miembro de la
Policía Nacional, Jefe de la Unidad Investigativa MECAL, quien presentó un testigo mediante el
cual se acusó a las Fuerzas Revolucionarias de Colombia (FARC) de haber perpetrado los
hechos. El mayor general Miguel Antonio Gómez Padilla, Director General de la Policía, afirmó
por su parte que mediante una investigación interna se había confirmado que la Policía no
había participado en los hechos. Sostienen asimismo que, pese a la seriedad de los elementos
recabados desde un comienzo contra el mayor Durán Argüelles y el capitán Castañeda Mateus,
éstos no fueron indagados con la celeridad del caso. Señalan que algunos de los testigos, en
ampliación de indagatoria, se retractaron de las acusaciones contra los oficiales de la Policía
Nacional y otros civiles, y que estas retractaciones fueron valoradas de modo de obstaculizar
la investigación y encubrir o eximir de responsabilidad a los autores y cómplices de la
masacre. En su opinión, el desarrollo del proceso penal tendió a descartar la responsabilidad
penal de miembros de la Policía Nacional. Los peticionarios también han cuestionado la
actuación de la Procuraduría General de la Nación en la investigación sobre las relaciones de
los oficiales implicados con los civiles Luis Alberto Bernal Seijas y Orlando Villa Zapata.

17. Con base a estos elementos, alegan que el Estado violó los derechos a la vida, la
integridad personal, la libertad personal, las garantías judiciales y la protección judicial
contemplados en los artículos 4, 5, 7, 8, 25 y 1(1) de la Convención Americana y en los
artículos I, XVII, y XXVI de la Declaración Americana. En cuanto al cumplimiento con los
requisitos de admisibilidad en el presente caso, alegan que se ha producido una situación de
denegación de justicia que los exime del agotamiento de los recursos internos conforme al
artículo 46(2)(c) de la Convención. Asimismo, consideran que la investigación y juzgamiento
de los presuntos responsables se ha dilatado más allá de un plazo razonable.

B. Posición del Estado

18. El Estado no ha cuestionado la versión de los hechos presentada por los peticionarios.
Tampoco ha cuestionado las alegadas violaciones de la Convención y la Declaración
Americanas. Durante las etapas iniciales del procedimiento aportó información sobre el estado
de los procesos en el ámbito doméstico;1 posteriormente alegó que los recursos de la
jurisdicción doméstica no habían sido agotados y que en ese contexto no era dable pensar en
un reconocimiento explícito de responsabilidad del Estado2.

19. En una etapa posterior y a la luz de las conciliaciones en materia contencioso


administrativo y de las conclusiones del Comité de Seguimiento creado en el marco del intento
de solución amistosa, el Estado reconoció su responsabilidad internacional en este
caso.3 Concretamente, el 29 de julio de 1998 el Presidente de la República efectuó un
reconocimiento público de la responsabilidad que le corresponde al Estado colombiano por la
acción u omisión de servidores públicos en la ocurrencia de los hechos violentos de Caloto4.

C. Los esfuerzos de las partes por solucionar el caso amistosamente

1. La creación y la labor del Comité de Impulso para la Administración de Justicia

20. El 7 septiembre de 1995, durante el 90º período de sesiones, el doctor Carlos Vicente de
Roux, en representación del Estado, y María Victoria Fallón, Gustavo Gallón Giraldo y Juan
Carlos Gutiérrez, en representación de los peticionarios, acordaron emitir un acta de
entendimiento en la cual se contempla la creación de un Comité de Impulso para la
Administración de Justicia con relación a este caso en el marco del intento de solución
amistosa de conformidad con el artículo 48(f) de la Convención Americana.

21. El Comité fue definido como un organismo de impulso a procesos internos, lo que le
impidió recibir y valorar directamente pruebas y pronunciarse sobre responsabilidades
individuales e institucionales. El mandato del Comité consistió en: 1) propender por la
realización de las actuaciones judiciales y disciplinarias que garanticen la marcha diligente de
los procesos; 2) identificar elementos de prueba sobre los hechos de que se trata y propender
por su judicialización; 3) promover la protección de testigos y, de ser el caso, de los
funcionarios judiciales y disciplinarios que adelanten las investigaciones; 4) respaldar tanto el
debido ejercicio del derecho de defensa de los sindicados como los derechos y las actividades
de la parte civil; 5) propender, cuando ello fuere conveniente para la tarea investigativa, por
el cambio de radicación de los procesos y la creación de unidades especiales de Fiscalía y del
Cuerpo Técnico de Investigaciones; 6) propender por la reparación de los perjuicios generados
por los hechos de que se trata; 7) presentar un informe a la CIDH en su siguiente período
ordinario de sesiones sobre el ejercicio de las funciones enunciadas en los puntos anteriores y
sobre los resultados de las respectivas gestiones y los factores que hubieren incidido en su
éxito o fracaso.5

22. La composición del Comité de Impulso incluía representantes de las víctimas en una serie
de casos tramitados ante la Comisión, en el caso de Caloto; el Colectivo de Abogados "José
Alvear Restrepo" y la entonces Comisión Andina de Juristas, Seccional Colombiana;
representantes del Ministerio de Relaciones Exteriores, el Ministerio de Defensa Nacional y la
Consejería Presidencial de Derechos Humanos; representantes de la Defensoría del Pueblo, el
Fiscal General de la Nación y la Procuraduría General de la Nación, en representación de los
organismos estatales de control; y representantes del Episcopado colombiano6. El Comité de
Impulso se instaló formalmente el 29 de septiembre de 1995 en la ciudad de Bogotá en un
acto público y presentó su informe final en febrero de 1996 en el 91° período ordinario de
sesiones de la Comisión. Dado el consenso sobre el valor de la labor realizada por el Comité de
Impulso, la Comisión tendrá en cuenta sus conclusiones y recomendaciones a lo largo del
presente análisis.

23. En un plano general, las recomendaciones del Comité se concentran en la problemática


indígena de la zona. En ese sentido, el Comité concluyó que la masacre de Caloto afectó al
conjunto de la comunidad indígena Paez del norte del Cauca, y que las medidas a adoptarse
con relación al caso deben tener en cuenta las pretensiones y reivindicaciones planteadas por
esta comunidad, además de revestir un carácter preventivo con el fin de evitar que hechos
como el que nos ocupa se repitan en el futuro. Las recomendaciones del Comité señalan que el
Estado debe atender a la obligación de protección de los derechos fundamentales de los
pueblos indígenas, cuyo primer derecho, el de la vida, debe entenderse en términos
colectivos, como el derecho a la reproducción étnica y cultural, el derecho al territorio y el
derecho a la autodeterminación. Cabe señalar que con anterioridad a los hechos del caso el
Estado celebró acuerdos con los representantes y las autoridades de la comunidad indígena
Paez del norte del Cauca, con la finalidad de completar su territorio y garantizar su
autodeterminación mediante la dotación de tierras y la puesta en marcha de un plan
alternativo. El informe señala que dichos compromisos han sido objeto de cumplimiento
parcial.7 El 23 de diciembre de 1991 el Estado se comprometió a adquirir y entregar 15.663
hectáreas, de las cuales sólo se habrían adquirido 5.296 hectáreas. Asimismo, el 14 de mayo
de 1992 se comprometió a llevar adelante un Plan de Desarrollo Alternativo compuesto por 16
proyectos a ejecutarse en el norte del Cauca, para el cual sólo se habría obtenido financiación
para dos proyectos. En vista de estos compromisos, el Comité instó al Estado a darles pleno y
pronto cumplimiento y planteó algunas propuestas para complementar y facilitar este
proceso.8 Finalmente, el Comité solicitó a la Comisión que, independientemente del trámite y
de la conclusión del caso 11.101, se mantenga atenta a la evolución de la problemática
territorial y de autodesarrollo de esta comunidad y a su potencial incidencia en la ocurrencia
de futuros hechos de violencia y violaciones de los derechos humanos9.

24. En lo que se refiere a la masacre de Caloto en sí, el Comité formuló alrededor de 30


recomendaciones con relación a la realización de diligencias, ampliación de declaraciones e
incorporación de pruebas en el contexto del proceso penal, con la finalidad de esclarecer los
hechos y juzgar y sancionar a los responsables10. En materia disciplinaria las
recomendaciones estuvieron dirigidas a agilizar los procesos con el objeto de que se
establezcan las responsabilidades y sanciones correspondientes11. En cuanto a los procesos
en materia contencioso administrativa, el Comité de Impulso instó a las partes a celebrar
acuerdos conciliatorios.

2. La creación y la labor del Comité de Seguimiento a las Recomendaciones del


Comité de Impulso para la Administración de Justicia

25. En febrero de 1996 durante el 91º período ordinario de sesiones de la Comisión, las partes
decidieron crear el Comité de Seguimiento de las recomendaciones acordadas por el Comité de
Impulso para la Administración de Justicia. El mandato del Comité consistió en: a) buscar,
recoger, centralizar y trasmitir a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos
información sobre las medidas de impulso acordadas; b) presentar informes periódicos ante la
Comisión Interamericana de Derechos Humanos sobre el desarrollo de sus funciones y el
resultado de las mismas; c) informar a la Comisión sobre los obstáculos que encuentre en el
ejercicio de sus funciones; d) presentar un informe a la Comisión en su período ordinario de
sesiones siguiente sobre el ejercicio de las funciones encomendadas y sobre los resultados de
las gestiones, con indicación de los factores de éxito o fracaso12.

26. El 7 octubre de 1997, durante el 97º período ordinario de sesiones de la Comisión, el


Comité de Seguimiento presentó su evaluación del cumplimiento con las recomendaciones
formuladas por el Comité de Impulso a la Administración de Justicia.13 El Comité acogió
positivamente el reconocimiento de responsabilidad internacional del Estado y concluyó que se
había dado cumplimiento parcial a las recomendaciones del Comité de Impulso. Recomendó
continuar con el trámite de solución amistosa con relación a la ejecución de las
recomendaciones pendientes de cumplimiento o de gestiones adicionales.

27. En cuanto al esclarecimiento del caso, el Informe concluye que existe una situación de
impunidad con relación a los oficiales de la Policía Nacional implicados en la masacre y que ella
es atribuible a la actuación de la justicia penal militar. Se llegó a conclusión similar en materia
disciplinaria. Como resultado de ello, el Comité formuló recomendaciones relativas a la
obligación del Estado colombiano de investigar, juzgar en la jurisdicción ordinaria y sancionar
a los responsables de los hechos.

28. En materia contencioso administrativa, el Comité señaló que se celebraron acuerdos


conciliatorios en los procesos pendientes. En cuanto a las medidas de reparación social,
recomendó el pleno cumplimiento con los convenios sobre adjudicación de tierras a través del
procedimiento más expeditivo y dentro de un término razonable, en concertación con las
comunidades indígenas. En ese sentido, el Comité consideró aplicable el artículo 56 transitorio
de la Constitución Nacional para efectos de la reparación integral.14 El Comité consideró que
el Estado no había cumplido con su compromiso de desarrollar el procedimiento legal para la
adquisición y adjudicación de tierras. Con relación a los proyectos del Plan de Desarrollo
Alternativo Indígena del Cauca, determinó que tres de ellos se encontraban en trámite de
ejecución y los demás no contaban con asignación de recursos15.

29. El 16 de octubre de 1997 la Comisión emitió una resolución en la que reconoce los
esfuerzos de las partes para lograr una solución amistosa del caso, así como la decisión del
Estado de reconocer su responsabilidad internacional. La Comisión también recomendó al
Estado reparar monetariamente, conforme a la Ley 288 de 1996, a los familiares de las
víctimas que no hubiesen sido indemnizados. Decidió así mismo continuar con el proceso de
solución amistosa hasta el período ordinario de sesiones siguiente, tras el cual tomaría una
decisión sobre el trámite final que se daría al caso, a cuyos efectos solicitó a las partes que
presentaran información adicional sobre los avances que se produjeran.

3. Rompimiento del proceso de solución amistosa y grado de cumplimiento con los


compromisos asumidos

30. Dado que no fue posible dar cumplimiento a todos los compromisos de la solución
amistosa dentro de los plazos acordados el 5 de octubre de 1998, durante el curso de la
audiencia celebrada el 100° período ordinario de sesiones, se dio por terminado este proceso.
Las partes solicitaron a la Comisión que se pronunciara sobre el fondo del caso e hiciera el
debido reconocimiento de la ejecución parcial de las recomendaciones formuladas por los
Comités creados en el marco del proceso de solución amistosa. De ese modo se facilitaría la
reparación de la víctima sobreviviente y de los familiares de las víctimas fatales aún no
compensados en sede contencioso administrativa, mediante el mecanismo previsto en la Ley
288/9616.

III. ANÁLISIS SOBRE COMPETENCIA Y ADMISIBILIDAD

A. Competencia

31. La Comisión es competente para examinar el reclamo presentado por los peticionarios. Los
hechos alegados en la petición afectaron a personas físicas sujetas a la jurisdicción del Estado
cuando la obligación de respetar y garantizar los derechos establecidos en la Convención ya se
encontraba en vigor para éste17. La Comisión procede entonces a analizar si el presente caso
satisface los requisitos establecidos en los artículos 46 y 47 de la Convención Americana.

B. Requisitos de Admisibilidad

1. Agotamiento de los recursos internos y plazo de presentación de la petición

32. El agotamiento previo de los recursos internos es una regla establecida en interés y
beneficio del Estado y, por lo tanto, es renunciable18. En el presente caso, el 29 de julio de
1998 el Estado efectuó un reconocimiento expreso de responsabilidad por los hechos materia
del presente caso; por lo tanto, este requisito debe darse por satisfecho19.

33. En lo que respecta al cumplimiento con el requisito de la presentación de la petición dentro


del plazo de seis meses contados desde la notificación de la decisión definitiva de los
tribunales internos, se encuentra vinculado al agotamiento de los recursos internos, por lo que
no resulta aplicable al presente caso.

2. Duplicación de procedimientos y cosa juzgada

34. No surge del expediente que la materia de la petición se encuentre pendiente de otro
procedimiento de arreglo internacional, ni que reproduzca una petición ya examinada por éste
u otro órgano internacional. Por lo tanto, corresponde dar por cumplidos los requisitos
establecidos en los artículos 46(1)(c) y 47(d) de la Convención.

3. Caracterización de los hechos alegados

35. La Comisión considera que las alegaciones de los peticionarios relativas a la presunta
violación de los derechos a la vida, a la integridad y libertad personal, así como la falta de
sanción efectiva a los responsables y la demora en la investigación, podrían caracterizar una
violación de los derechos garantizados en los artículos 4, 5, 8, 25 y 1(1) de la Convención
Americana. Por cuanto la falta de fundamento o la improcedencia de estos aspectos del
reclamo no resultan evidentes, máxime cuando el Estado ha reconocido expresamente su
responsabilidad, la Comisión considera satisfechos los requisitos establecidos en el artículo
47(b) y (c) de la Convención Americana.

C. Conclusiones sobre competencia y admisibilidad

36. La Comisión considera que es competente para examinar el reclamo presentado por los
peticionarios y que el presente caso es admisible de conformidad con los requisitos
establecidos en los artículos 46 y 47 de la Convención Americana.

IV. ANÁLISIS DE FONDO A LA LUZ DEL RECONOCIMIENTO DE RESPONSABILIDAD


DEL ESTADO

37. Antes de pasar a analizar el fondo del caso, corresponde abordar dos cuestiones
preliminares. En primer término corresponde pronunciarse sobre la procedencia de las
alegadas violaciones a las normas de la Declaración Americana. En este sentido, cabe señalar
que la Convención Americana entró en vigencia para Colombia el 18 de julio de 1978. Desde
entonces ésta, y no la Declaración, se convirtió en la fuente de derecho aplicable por la
Comisión20siempre que el reclamo se refiera a la presunta violación de derechos
substancialmente idénticos en ambos instrumentos y no se trate de una situación de violación
continua21. En este caso, los derechos presuntamente violados por el Estado colombiano bajo
la Declaración se encuentran similarmente protegidos bajo la Convención y los hechos que
dieron pie al reclamo de los peticionarios tuvieron lugar después de la entrada en vigencia de
la Convención Americana para Colombia. Por lo tanto, la Comisión sólo se referirá a las
presuntas violaciones al Tratado y no a la Declaración.

38. En segundo término, corresponde establecer los estándares interpretativos a ser


empleados por la Comisión a la luz de los hechos y las características de las violaciones
alegadas y reconocidas por el Estado en este caso. El artículo 29(b) de la Convención
Americana establece que ninguna disposición del Tratado puede ser interpretada de manera
de limitar el goce y ejercicio de cualquier derecho reconocido en otra convención de la cual sea
parte el Estado en cuestión.22 En este sentido corresponde señalar que Colombia es parte del
Convenio 169 de la OIT sobre Pueblos Indígenas y Tribales (en adelante "el Convenio
169")23.

39. El artículo 2 del Convenio 169 establece la obligación de los Estados de desarrollar una
acción coordinada y sistemática con miras a proteger los derechos de los pueblos indígenas o
tribales y garantizar el respeto de su integridad. Esta acción debe incluir medidas:

a) que aseguren a los miembros de dichos pueblos gozar, en pie de igualdad, de los derechos
y oportunidades que la legislación nacional otorga a los demás miembros de la población;

b) que promuevan la plena efectividad de los derechos sociales, económicos y culturales de


esos pueblos, respetando su identidad social y cultural, sus costumbres y tradiciones, y sus
instituciones;

c) que ayuden a los miembros de los pueblos interesados a eliminar las diferencias
socioeconómicas que puedan existir entre los miembros indígenas y los demás miembros de la
comunidad nacional, de una manera compatible con sus aspiraciones y formas de vida.

El artículo 4 del Convenio 169 establece que los Estados parte deben adoptar las medidas
especiales que sean necesarias para salvaguardar las personas, las instituciones, los bienes, el
trabajo, las culturas y el medio ambiente de estos pueblos y que tales medidas especiales no
deben ser contrarias a sus deseos, expresados libremente.

40. En el ámbito americano también se han consagrado normas que deben ser tenidas en
cuenta por la Comisión al analizar los derechos y el alcance de las obligaciones del Estado
conforme a la Convención. La norma de interpretación establecida en el artículo 29(d) de la
Convención Americana establece que los derechos protegidos no deben ser interpretados de
manera de excluir o limitar el efecto que puedan producir actos internacionales de naturaleza
similar a la Declaración Americana. En este sentido cabe señalar que la Carta Americana de
Garantías Sociales de 1948 se refiere al deber de los Estados de adoptar las medidas
necesarias para amparar la vida, libertad y propiedad de la población aborigen24. La Comisión
misma en su Resolución sobre la "Protección Especial de los Pueblos Indígenas" ha
recomendando a los Estados miembros adoptar medidas para asegurar que sus agentes
actúen con suma diligencia en esta tarea25.

41. En el presente caso, el Comité de Impulso reconoció que los sucesos de la masacre de
Caloto afectaron al conjunto de la comunidad indígena Paez del norte del Cauca, y que las
medidas a adoptarse para reparar el daño deben revestir un carácter preventivo y atender las
pretensiones y reivindicaciones de esta comunidad26. Por lo tanto, en el presente caso, la
Comisión considera necesario interpretar las obligaciones establecidas en la Convención
Americana a la luz de las obligaciones especiales de protección de la vida, la integridad física,
la propiedad, la cultura, el medio ambiente y el trabajo de los pueblos indígenas o tribales
previstas en el Convenio 168, la Carta Americana de Garantías Sociales y la resolución sobre
la "Protección Especial de los Pueblos Indígenas".

A. El derecho a la vida y a la integridad física

42. El Informe del Comité de Impulso señala que el 6 de diciembre de 1991 la Sociedad
Agropecuaria Piedra Blanca Ltda. adquirió el predio "El Nilo" a sabiendas de que se encontraba
habitado por indígenas que ejercían la posesión de una parte de la hacienda desde hacía
aproximadamente cuatro años. Una vez adquirido el predio, esta entidad intentó lograr que los
indígenas abandonaran las tierras a cambio de una compensación por el valor de sus ranchos
y las mejoras realizadas al predio. Tras el rechazo de la oferta, los indígenas comenzaron a ser
víctimas de hostigamientos y presiones, incluyendo la destrucción de algunos de sus ranchos
días antes de la masacre, con el fin de que abandonaran la finca. El 16 de diciembre de 1991
un grupo de individuos llegó a la casa principal de la hacienda "El Nilo" portando armas de uso
privativo de la fuerza pública. Algunos tenían la cara pintada y otros cubrían su rostro con
pasamontañas. Estos individuos obligaron a las víctimas a tenderse en el suelo en hilera,
bocabajo, donde las ejecutaron.27

43. El Comité de Impulso llegó a la conclusión de que existían claros indicios sobre la
participación de la Policía en la masacre.28 El Estado, por su parte, habida cuenta de las
conclusiones resultantes del intento de solución amistosa, aceptó su responsabilidad
internacional en la comisión de los hechos por parte de sus agentes29.

44. El artículo 4(1) de la Convención Americana establece que nadie debe ser privado de su
vida arbitrariamente. Esta obligación del Estado debe ser interpretada a la luz de su deber de
brindar especial protección a las comunidades indígenas y tribales que habitan bajo su
jurisdicción. La Comisión considera que los hechos, según fueran establecidos por el Comité de
Seguimiento, creado por el Estado y los peticionarios bajo los auspicios de la Comisión, y
según han sido reconocidos por el Estado, constituyen una grave violación de la obligación de
garantizar el derecho de toda persona a que se respete su vida y al deber especial de
protección de los miembros de la Comunidad Indígena Paez del norte del Cauca. Las
motivaciones de la masacre --desalojar a los indígenas del predio en el cual habitaban
conforme a derecho-- y la metodología conforme a la cual fue ejecutada --la identificación y
ejecución de los líderes de la comunidad con la clara intención de amedrentar al resto de sus
miembros-- constituyen una gravísima violación a las obligaciones internacionales del Estado
conforme al artículo 4 de la Convención Americana a la luz de los estándares vigentes sobre
protección especial.

45. Según surge de la investigación adelantada en sede disciplinaria, el señor Jairo Llamo
Ascué recibió un proyectil de arma de fuego en su brazo derecho durante el episodio. La
Comisión considera que esto constituye una violación del artículo 5(1) de la Convención
Americana, que establece el derecho de toda persona a que se respete su integridad física,
psíquica y moral30.

46. Con base en las consideraciones de hecho y de derecho que preceden y en vista del
reconocimiento de responsabilidad del Estado, la Comisión concluye que el 16 de diciembre de
1991 un grupo de civiles actuado de manera conjunta con agentes de la Policía Nacional
privaron arbitrariamente de la vida a Darío Coicué Fernández, Ofelia Tombé Vitonas, Carolina
Tombé Ñusque, Adán Mestizo Rivera, Edgar Mestizo Rivera, Eleuterio Dicué Calambas, Mario
Julicué Ul (o Mario Julico), Tiberio Dicué Corpus, María Jesús Guetia Pito (o María Jesusa
Güeitía), Floresmiro Dicué Mestizo, Mariana Mestizo Corpus, Nicolás Consa Hilamo (o Nicolás
Conda), Otoniel Mestizo Dagua (u Otoniel Mestizo Corpus), Feliciano Otela Ocampo (o
Feliciano Otela Campo), Calixto Chilgüezo Toconas (o Calixto Chilgüeso), Julio Dagua
Quiguanas, José Jairo Secué Canas, Jesús Albeiro Pilcué Pete, Daniel Gugu Pete (o Daniel
Pete) y Domingo Cáliz Soscué (o Domingo Cálix Sescué) e hirieron a Jairo Llamo Ascué, en la
hacienda "El Nilo", Corregimiento El Palo, Municipio de Caloto en violación a las obligaciones
establecidas en los artículos 4(1) y 5(1) de la Convención Americana sobre Derechos Humanos
a la luz del especial deber de protección de las poblaciones indígenas.

B. El derecho a la protección judicial y la obligación del Estado de respetar y


garantizar los derechos protegidos en la Convención

47. Según surge de la información aportada por las partes, así como del Informe del Comité
de Seguimiento, el Juzgado de Instrucción de Orden Público de Cali inició la investigación en
diciembre de 1991 y vinculó a ella al mayor de la Policía Nacional Jorge Enrique Durán
Argüelles, quien se desempeñaba como comandante del distrito de Policía de Santander de
Quilichao y al capitán Fabio Alejandro Castañeda Mateus, Jefe de Antinarcóticos de Santander
de Quilichao. El 7 de abril de 1992 el Juez de Instrucción de Orden Público de Cali se abstuvo
de proferir medida de aseguramiento contra los oficiales. El representante del Ministerio
Público apeló esta decisión, pero ella fue confirmada en segunda instancia. El 28 de enero de
1994 se produjo la calificación del sumario y se decidió proseguir la investigación contra los
oficiales de la Policía Nacional, Mayor Jorge Enrique Durán Argüelles y Capitán Fabio Alejandro
Castañeda Mateus, y los civiles Orlando Villa Zapata, Leonardo Peñafiel Correa, Edgar Antonio
Arévalo Peláez y Nicolás Quintero Zuluaga. Algunos de los civiles se acogieron a la opción de la
sentencia anticipada y fueron condenados por los delitos de homicidio, tentativa de homicidio,
incendio y porte ilegal de armas de uso privativo de la fuerza pública. El 4 de septiembre de
1996 el Fiscal de conocimiento adscrito a la Unidad de Derechos Humanos calificó el mérito de
la investigación y profirió resolución de acusación contra los oficiales Jorge Enrique Durán
Argüelles y Fabio Alejandro Castañeda Mateus por homicidio múltiple en "concurso real
homogéneo heterogéneo" y como coautores responsables de los ilícitos de tentativa de
homicidio, porte ilegal de armas de uso privativo de la fuerza pública y daño en bien ajeno.
Dicha decisión fue apelada y confirmada en segunda instancia.

48. En febrero de 1997, el Juzgado de Primera Instancia de la Policía Nacional promovió


colisión de competencia positiva. Mediante resolución de marzo de 1997, los jueces regionales
de Cali remitieron el proceso a la justicia penal militar. La apelación de esta decisión fue
declarada improcedente. En septiembre de 1997, la jurisdicción castrense declaró la nulidad
de todo lo actuado en la justicia ordinaria, revocó las medidas de aseguramiento que pesaban
contra los oficiales de la Policía acusados y ordenó la libertad incondicional del capitán
Alejandro Castañeda Mateus, único miembro de la institución que se encontraba detenido. La
parte civil solicitó se reenviara el proceso a la justicia ordinaria, con fundamento en la
Sentencia C-358 de la Corte Constitucional de Colombia que establece que los casos que
involucren graves violaciones de los derechos humanos deben ser juzgados en aquella
jurisdicción. Esta solicitud fue desechada por el juez penal militar. La Comisión ha tomado
conocimiento de que, finalmente, el 26 de julio de 1999 el Tribunal Superior Militar resolvió
cesar todo procedimiento contra el mayor Durán Argüelles y el capitán Castañeda Mateus.

49. Cabe señalar que la Oficina de Investigaciones Especiales de la Procuraduría General de la


Nación inició investigación disciplinaria el 10 de enero de 1992 como resultado del informe
evaluativo del Juez de Orden Público de Cali del 22 de octubre de 1992, que establece que "las
pruebas recopiladas […] indican seriamente que los oficiales de la Policía Nacional, Mayor
Jorge Enrique Durán Argüelles, el Capitán Fabio Alejandro Castañeda Mateus, tuvieron
relaciones con personas que proyectaban amedrentar a un grupo de indígenas de la
Comunidad de Paez, dirigiendo uno y participando efectivamente el otro. Existen suficientes
elementos de juicio que ameritan la apertura de formal averiguación disciplinaria contra los
oficiales de la Policía"31. La averiguación fue remitida a la Procuraduría Delegada para la
Defensa de los Derechos Humanos, la cual corrió pliego de cargos contra el mayor Durán
Argüelles y el capitán Fabio Alejandro Castañeda Mateus el 18 de diciembre de 1992. El 8 de
julio de 1993 se profirió resolución de absolución. El 10 de agosto de 1993 el Defensor del
Pueblo presentó consideraciones sobre esta Resolución y solicitó al Procurador General de la
Nación que estudiara su posible revocatoria. El 14 de agosto de 1996, la Consejería
Presidencial de los Derechos Humanos y el Ministerio del Interior se sumaron a la solicitud. El
30 de septiembre de 1997 el Procurador General informó al Comité de Seguimiento que la
cuestión se encontraba en trámite ante su despacho. Sin embargo, en su informe final, el
Comité señaló el hecho de que transcurridos ya cinco años desde la masacre, no era posible
instar acciones adicionales. Como consecuencia, cabe concluir que los oficiales implicados no
han sido y aparentemente no serán objeto de sanción disciplinaria alguna32.

50. Los familiares de las víctimas presentaron sus reclamos indemnizatorios ante la justicia
contencioso administrativa. El Estado cumplió con la recomendación del Comité de Impulso de
celebrar acuerdos conciliatorios en estos procesos33. Sin embargo, éstos fueron impugnados
por los llamados en garantía (vale decir, los agentes de policía). A pesar de que el Consejo de
Estado habría decidido por la improcedencia de la impugnación, no le consta a la Comisión que
los acuerdos hayan sido ejecutados y, como consecuencia, los familiares de las víctimas
continuarían sin ser efectivamente compensados.

51. Los peticionarios alegan que el Estado ha incumplido su obligación de investigar los hechos
del caso y juzgar y sancionar a los responsables conforme a los artículos 8 y 25 de la
Convención Americana. El Comité de Seguimiento, por su parte, concluyó en su Informe Final
que la impunidad de los miembros de la Policía Nacional responsables por la masacre es
atribuible a la actuación de la justicia penal militar34. Corresponde a la Comisión determinar
si la actividad judicial emprendida por el Estado --que se ha extendido por ocho años y se ha
desarrollado en gran parte en jurisdicción militar y disciplinaria-- satisface los estándares
establecidos por la Convención Americana. El artículo 8(1) establece:

Toda persona tiene derecho a ser oída, con las debidas garantías y dentro de un plazo
razonable, por un juez o tribunal competente, independiente e imparcial, establecido con
anterioridad por la ley, en la sustanciación de cualquier acusación penal formulada contra ella,
o para la determinación de sus derechos y obligaciones de orden civil, laboral, fiscal o de
cualquier otra índole.

Por su parte, el artículo 25 establece:

1. Toda persona tiene derecho a un recurso sencillo y rápido o a cualquier otro


recurso efectivo ante los jueces o tribunales competentes, que la ampare contra
actos que violen sus derechos fundamentales reconocidos por la Constitución, la
ley o la presente Convención, aun cuando tal violación sea cometida por
personas que actúen en ejercicio de sus funciones oficiales.
2. Los Estados partes se comprometen:

a. a garantizar que la autoridad competente prevista por el sistema


legal del Estado decidirá sobre los derechos de toda persona que
interponga tal recurso;
b. a desarrollar posibilidades de recurso judicial, y
c. garantizar el cumplimiento por las autoridades competentes, de
toda decisión en que se haya estimado procedente el recurso.

Estas normas establecen la obligación de prever el acceso a la justicia con garantías de


legalidad, independencia e imparcialidad dentro de un plazo razonable y con las debidas
protecciones, así como la obligación general de proporcionar un recurso judicial eficaz frente a
la violación de los derechos fundamentales, incorporando el principio de eficacia de los
instrumentos o mecanismos procesales. Según ha señalado la Corte Interamericana de
Derechos Humanos (en adelante "la Corte")

Los Estados partes se obligan a suministrar recursos judiciales efectivos a las víctimas de
violación de los derechos humanos –artículo 25-, recursos que deben ser sustanciados de
conformidad con las reglas del debido proceso legal –artículo 8.1-, todo ello dentro de la
obligación general a cargo de los mismos Estados, de garantizar el libre y pleno ejercicio de
los derechos reconocidos por la Convención a toda persona que se encuentra bajo su
jurisdicción.35

52. El Estado reconoció su responsabilidad internacional por los actos de sus agentes con
relación a la masacre. Sin embargo, tras ocho años de ocurrida, sólo se ha establecido la
responsabilidad penal de algunos de los civiles implicados. La Comisión nota que, a pesar de
que se abrió investigación contra los miembros de la Policía Nacional implicados en la
masacre, tras una contienda de competencia se trasladó la causa a la justicia penal militar.

53. La Comisión debe señalar que en los casos en los cuales la violación de un derecho
protegido tiene como consecuencia la comisión de un ilícito penal en el ámbito del derecho
interno, las víctimas o sus familiares tienen derecho a que un tribunal ordinario en forma
rápida y efectiva determine la identidad de los responsables, los juzgue, imponga las
sanciones correspondientes y éstas se cumplan efectivamente. No cabe duda que estos casos
requieren de la sustanciación de un proceso penal que incluya una investigación y sanciones
penales, así como la posibilidad de obtener una reparación.

54. En el presente caso, se trasladó el juzgamiento de los oficiales implicados en la masacre


de los veinte miembros de la comunidad indígena Paez del norte del Cauca a la justicia penal
militar. En dicha jurisdicción se declaró la nulidad de todo lo actuado en la justicia ordinaria y
en julio de 1999 el Tribunal Superior Militar decidió cesar todo procedimiento contra los
acusados, mayor Durán Argüelles y capitán Castañeda Mateus.

55. La Comisión ha expresado en repetidas oportunidades que, por su naturaleza y estructura,


la jurisdicción penal militar no satisface los requisitos de independencia e imparcialidad
establecidos en el artículo 8 de la Convención Americana. La falta de idoneidad de los
tribunales penales militares como foro para examinar, juzgar y sancionar casos que involucran
violaciones de los derechos humanos ya ha sido materia de pronunciamiento por parte de la
Comisión:

El sistema de la justicia penal militar tiene varias características singulares que impiden el
acceso a un recurso judicial efectivo e imparcial en esta jurisdicción. En primer lugar, el fuero
militar no puede ser siquiera considerado como un verdadero sistema judicial. El sistema de
justicia militar no forma parte del Poder Judicial del Estado colombiano. Esta jurisdicción es
operada por las fuerzas de la seguridad pública y, en tal sentido, queda comprendida dentro
del Poder Ejecutivo. Quienes toman las decisiones no son jueces de la carrera judicial y la
Fiscalía General no cumple su papel acusatorio en el sistema de la justicia militar36.

En su decisión del 5 de agosto de 1997, la propia Corte Constitucional de Colombia estableció


que

Para que el sistema de justicia penal militar pueda ser competente con respecto a un delito
debe existir desde el comienzo un vínculo evidente entre el delito y las actividades propias del
servicio militar. En otras palabras, el acto punible debe constituir un exceso o un abuso de
poder que tenga lugar en el contexto de una actividad directamente vinculada con una función
legítima de las fuerzas armadas. El nexo entre el acto delictivo y la actividad vinculada con el
servicio militar se rompe cuando el delito es extremadamente grave, como ocurre con los
delitos contra la humanidad. En estas circunstancias, el caso debe ser remitido al sistema de
la justicia civil37.

56. La Comisión considera que la masacre de veinte miembros de una comunidad indígena con
el fin de desalojarlos del predio que habitaban en la Hacienda "El Nilo", Municipio de Caloto, no
puede ser considerada como parte de las funciones legítimas de los agentes de las fuerzas de
seguridad. Consecuentemente, el hecho de que los acusados hayan sido juzgados en
jurisdicción penal militar constituye una seria violación del derecho a la protección judicial y
las garantías de imparcialidad del juzgador consagrados en los artículos 8(1) y 25 de la
Convención Americana.

57. La falta de un recurso adecuado y eficaz frente a la violación de los derechos reconocidos
en la Convención constituye en sí misma una violación del Tratado. Los recursos y
mecanismos judiciales no sólo deben estar previstos formalmente en la legislación sino que
deben ser eficaces y rápidos en establecer si ha existido una violación de derechos humanos y
en reparar sus consecuencias. La Corte Interamericana ha establecido que:

Si el aparato del Estado actúa de modo tal que la violación sigue impune y no se restablezca,
en cuanto sea posible, a la víctima en la plenitud de sus derechos, puede afirmarse que ha
incumplido el deber de garantizar el libre y pleno ejercicio a las personas sujetas a su
jurisdicción38.

58. La Comisión no puede sino concluir que después de ocho años el Estado no ha investigado,
juzgado y sancionado de manera adecuada y eficaz a sus agentes por la responsabilidad penal
que les cabe en los hechos de la masacre de Caloto.

59. La protección judicial debida por el Estado incluye también el deber de reparar a las
víctimas o sus familiares por las consecuencias de las violaciones sufridas. La víctima
sobreviviente y los familiares de las víctimas fallecidas tienen derecho a una reparación que
incluya una compensación de tipo monetario por el daño sufrido. Conforme a la información
aportada por las partes y aquella recabada durante el proceso de solución amistosa, se arribó
a una serie de conciliaciones en los procesos intentados en lo contencioso-administrativo cuya
ejecución aun no se habría hecho efectiva. En el marco del proceso de solución amistosa, el
Estado también se comprometió a cumplir con compromisos de reparación social que
involucran la asignación de tierras a la comunidad indígena de Paez. Estos compromisos se
encuentran en proceso de ejecución. Concretamente, se habría asignado una partida
presupuestal de mil quinientos millones de pesos colombianos para la compra de tierras en el
año en curso y de mil millones para el año siguiente.

60. Con base en las consideraciones de hecho y de derecho que anteceden, la Comisión
concluye que el Estado ha incumplido con su obligación de brindar protección judicial
adecuada conforme a los artículos 8 y 25 de la Convención Americana. Por otro lado, el Estado
ha cumplido parcialmente con su obligación de esclarecer los hechos y de reparar a los
familiares de las víctimas fallecidas y a la Comunidad Indígena Paez del norte del Cauca.

C. Obligación de respetar y garantizar los derechos protegidos por la Convención

1. El artículo 1(1) de la Convención establece la obligación de los Estado partes de

respetar los derechos y libertades reconocidos en ella y a garantizar su libre y pleno ejercicio a
toda persona que esté sujeta a su jurisdicción, sin discriminación alguna por motivos de raza,
color, sexo, idioma, religión, opiniones políticas o de cualquier otra índole, origen nacional o
social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición social.

La Corte ha interpretado que esta obligación involucra el deber de organizar las estructuras a
través de las cuales se manifiesta el ejercicio del poder público de manera tal que sean
capaces de asegurar jurídicamente a todas las personas el libre y pleno ejercicio de sus
derechos fundamentales.39 La Corte ha establecido que el artículo 1(1), en relación con el
artículo 25, obliga al Estado a garantizar a toda persona el acceso a la administración de
justicia y en particular a un recurso rápido y sencillo para lograr que los responsables de las
violaciones de los derechos fundamentales sean juzgados y obtengan una reparación por el
daño sufrido. Estas normas guardan relación directa con el artículo 8(1), que consagra el
derecho de toda persona a ser oída con las debidas garantías y dentro de un plazo razonable,
por un juez o tribunal independiente e imparcial para la determinación de derechos de
cualquier naturaleza. Se trata de obligaciones que constituyen pilares básicos del Estado de
derecho en una sociedad democrática, tal como lo entiende la Convención40.

62. En este caso, el Estado ha incumplido con su obligación de juzgar y sancionar a los
responsables de la masacre, conforme a los estándares de los artículos 8(1) y 25. Sin
embargo, ha cumplido parcialmente con su obligación de garantizar el esclarecimiento del
caso. Concretamente, ha participado activamente de los Comités de Impulso y Seguimiento
instaurados como parte del esfuerzo por solucionar el presente caso de manera amistosa y en
la producción de informes que han contribuido a esclarecer los hechos, las responsabilidades
individuales y las dificultades en la investigación judicial. También ha cumplido parcialmente
con su obligación de garantizar la debida reparación a los familiares de las víctimas mediante
el impulso de las conciliaciones en la jurisdicción contencioso administrativa y el proceso de
implementación de los proyectos para la reparación social debida la comunidad indígena Paez
del norte del Cauca.

63. Según ha señalado la Corte, los Estados parte tienen el deber jurídico de prevenir
razonablemente las violaciones de los derechos humanos,41 y esta obligación "abarca todas
aquellas medidas de carácter jurídico, político, administrativo y cultural que promuevan la
salvaguarda de los derechos humanos"42. La Comisión considera que existen elementos que
indican que el Estado incumplió con su deber de prevención en conjunción con el derecho a la
vida consagrado en el artículo 4 del Tratado. La información aportada por las partes señala
que más de una semana antes de la masacre, el 7 de diciembre de 1991, miembros de la
comunidad indígena Paez denunciaron las amenazas de las cuales eran objeto y solicitaron la
protección de las autoridades43. La Oficina de Investigaciones Especiales de la Procuraduría
General de la Nación señaló que:

Como los indígenas se negaron a llegar a un acuerdo fueron amenazados, según sus
aseveraciones[…], por el supuesto representante de la sociedad compradora Gilberto Márquez
quien, al parecer, se hacía acompañar de un grupo de hombres armados. Ante esta situación,
los indígenas acudieron a informar al Alcalde y a la Personera; y en reunión efectuada en la
Vereda El Carrizal, pusieron en conocimiento de la problemática, al Gerente Regional del
INCORA y al Secretario de Gobierno Municipal. Esto fue corroborado por el Alcalde y la
Personera en sus declaraciones[..]44

Este hecho ha quedado corroborado por el informe elaborado por una delegación de la Cámara
de Representantes a la región caucana de Caloto en enero de 1992, que afirma:

El Gobierno del Cauca fue informado a tiempo, por parte de la Comunidad Indígena del
Resguardo de Huellas, de las graves amenazas que pesaban sobre su integridad, sin que éste
tomara medida alguna para protegerlos. Fue, como lo ha dicho el Consejo Regional Indígena
del Cauca, "una muerte anunciada"45.

64. Como consecuencia, las autoridades del Estado se encontraban en conocimiento de la


situación de riesgo inminente en la cual se encontraba la comunidad indígena Paez del norte
del Cauca y no adoptaron las medidas necesarias para proteger sus derechos fundamentales,
dejando a las víctimas indefensas y facilitando su posterior ejecución extrajudicial46. Días
después, agentes del Estado participaron en la comisión de las graves violaciones del derecho
a la vida y la integridad física anticipadas por las referidas amenazas. La Comisión considera
que estos hechos constituyen graves omisiones en el cumplimiento del deber de prevenir
violaciones de los derechos fundamentales previstos por la Convención Americana y de brindar
especial protección a las comunidades indígenas.

65. Con base en estos elementos de hecho y de derecho, la Comisión concluye que el Estado
colombiano ha faltado a su obligación de prevenir la violación y garantizar los derechos a la
vida, la libertad y la integridad personal, así como el derecho a la protección judicial de las
víctimas conforme al articulo 1(1) de la Convención, a la luz de la obligación de brindar
especial protección a la comunidad indígena Paez del norte del Cauca.

V. ACTUACIONES POSTERIORES AL INFORME 114/99

66. El 28 de septiembre de 1999 la Comisión aprobó el Informe 114/99 conforme al artículo


50 de la Convención Americana. En dicho Informe la Comisión, en vista de la información
recabada durante este proceso, así como del reconocimiento de responsabilidad de la
República de Colombia, concluyó que agentes del Estado junto a un grupo de civiles violaron el
derecho a la vida de Darío Coicué Fernández, Ofelia Tombé Vitonas, Carolina Tombé Ñusque,
Adán Mestizo Rivera, Edgar Mestizo Rivera, Eleuterio Dicue Calambas, Mario Julicue Ul (o
Mario Julico), Tiberio Dicué Corpus, María Jesús Guetia Pito (o María Jesusa Güeitía),
Floresmiro Dicué Mestizo, Mariana Mestizo Corpus, Nicolás Consa Hilamo (o Nicolás Conda),
Otoniel Mestizo Dagua (u Otoniel Mestizo Corpus), Feliciano Otela Ocampo (o Feliciano Otela
Campo), Calixto Chilgüezo Toconas (o Calixto Chilgüeso), Julio Dagua Quiguanas, José Jairo
Secué Canas, Jesús Albeiro Pilcué Pete, Daniel Gugu Pete (o Daniel Pete) y Domingo Cáliz
Soscué (o Domingo Cálix Sescué), el derecho a la integridad física de Jairo Llamo Ascué y el
derecho a las garantías y a la protección judicial de todos ellos, conforme a los artículos 5(1) y
(2), 8 y 25 de la Convención Americana. La Comisión también concluyó que el Estado había
faltado parcialmente a su obligación de garantizar estos derechos y de tomar las medidas
necesarias para prevenir su violación a la luz del artículo 1(1) del Tratado. Asimismo
recomendó al Estado "(1) Llevar a cabo una investigación completa, imparcial y efectiva en la
jurisdicción ordinaria con el fin de juzgar y sancionar a los responsables de la masacre. (2)
Adoptar las medidas necesarias para reparar a Jairo Llamo Ascue, así como a los familiares de
las víctimas que aún no hayan sido compensados. (3) Adoptar las medidas necesarias para
cumplir con los compromisos relativos a la reparación social en favor de la comunidad indígena
Paez del norte del Cauca. (4) Adoptar las medidas necesarias para evitar que en el futuro se
produzcan hechos similares, conforme al deber de prevención y garantía de los derechos
fundamentales reconocidos en la Convención Americana. (5) Adoptar las medidas necesarias
para dar pleno cumplimiento a la doctrina desarrollada por la Corte Constitucional colombiana
y por esta Comisión en la investigación y juzgamiento de casos similares por la justicia penal
ordinaria".

67. Con fecha 19 de octubre de 1999 la Comisión trasmitió el Informe al Estado con un plazo
de dos meses para dar cumplimiento a estas recomendaciones. El 20 de diciembre de 1999 el
Estado solicitó una prórroga para presentar información sobre el cumplimiento con las
recomendaciones, la cual fue debidamente otorgada. Finalmente el 24 de enero de 2000, el
Estado presentó información sobre el cumplimiento con los compromisos acordados en el
marco del proceso de solución amistosa.

68. En primer lugar, el Estado informó que había dado cumplimiento pleno a 21 de las 31
recomendaciones formuladas por el Comité de Impulso en materia penal. Aclaró que había
cumplido con otra recomendación de manera parcial, que había incumplido cuatro y que
carecía de información sobre la implementación de las seis recomendaciones restantes. En
cuanto al proceso ante la justicia penal militar, el Estado sostuvo que las causas adelantadas
contra Jorge Durán Argüelles y Fabio Alejandro Castañeda Mateus, que se encontraban en
apelación ante el Tribunal Superior Militar, fueron resueltas el 22 de julio de 1999 con cesación
de procedimiento a favor de los implicados. También señaló que la parte civil en el proceso se
habría abstenido de interponer recurso alguno, a pesar de existir la posibilidad de solicitar la
confirmación del fallo de primera instancia que negaba la cesación de procedimiento y
promover colisión de competencias ante el Consejo Superior de la Judicatura. En cuanto a los
procesos que se adelantan ante la justicia ordinaria, señaló que se profirió sentencia
condenatoria contra el Cabo Segundo Pedro Pablo Agredo Montilla y los agentes de la Policía
Edgar Montoya Ojeda, Luis Ernesto Soto Cardona y Héctor Marín Mejía; y los particulares Luis
Alberto Bernal Seijias, Orlando Villa Zapata, Neimberg Marín Z., Carlos Alberto Flórez Alarcón
y Leonardo Peñafiel Correa, quienes se encontrarían recluidos, con excepción del señor Alberto
Bernal Seijas, quien no habría sido capturado aun, y el señor Orlando Villa Zapata, quien se
habría fugado de la prisión "Vista Hermosa" de Cali a mediados de 1998. Esta fuga estaría
siendo investigada por la Unidad de Delitos contra la Administración de Justicia de la Dirección
Seccional de Fiscalías de Cali. Asimismo, ante la Unidad Nacional de Derechos Humanos cursa
una investigación contra el señor Carlos Mario Vásquez Velásquez, quien aún no se ha
presentado ante las autoridades.

69. Con relación a las seis recomendaciones formuladas por el Comité de Impulso en materia
disciplinaria, el Estado señaló que cuatro de ellas se cumplieron plenamente, una parcialmente
y otra no fue implementada. Los procesos disciplinarios pendientes de decisión fueron
resueltos en favor de los investigados. Asimismo sostuvo que conforme a los datos provistos
por Policía Nacional, en octubre de 1997 los señores Alcibiades Escué y Ancízar Bolaños
solicitaron a la Procuraduría General de la Nación abrir investigación disciplinaria contra el
Brigadier General Hugo Rafael Martínez Poveda y otros. En marzo de 1998 la Procuraduría
decidió archivar la queja por considerar que la denuncia no se refería a una falta disciplinaria.

70. En cuanto a la recomendación del Comité de Impulso relativa a la celebración de acuerdos


conciliatorios en materia contenciosa administrativa, el Estado refiere que algunas de las
indemnizaciones reconocidas se tramitaron por vía de aplicación de la Ley 288 de 1996. En
efecto, el Comité de Ministros emitió su Resolución Número 3 de 1997 a la luz de las
recomendaciones que la Comisión Interamericana formulara durante su 97º período de
sesiones. El Estado informó que de un total de 16 demandas presentadas ante el Tribunal
Administrativo del Cauca, se llegó a conciliación en once y en cinco se arribó a acuerdos
parciales. En tres de esos procesos no hubo conciliación debido a que los curadores ad
litem de los menores involucrados carecían de la correspondiente autorización judicial y por
ese motivo se encontrarían pendientes de decisión. Confirmó, asimismo la celebración de una
audiencia de conciliación en el Tribunal Administrativo del Cauca en enero de 1998, habiendo
sido llamados en garantía el Mayor Jorge Enrique Durán Argüelles y el Capitán Fabio Alejandro
Castañeda Mateus. Estos oficiales interpusieron recurso de apelación contra la providencia que
aprobó totalmente la conciliación ante el Consejo de Estado. El 9 de diciembre de 1998, el
Consejo de Estado negó el recurso y confirmó el fallo de primera instancia.

71. El Estado confirmó que ni el señor Jairo Llamo Ascué --sobreviviente de la masacre quien,
según se determinara, resultó herido-- ni ninguno de sus familiares se encuentra registrado
como demandante en las acciones interpuestas ante el Tribunal Administrativo del Cauca, ni
en las conciliaciones realizadas en virtud de la Ley 288 de 1996. Sostiene que tampoco
aparecen en la lista contenida en la solicitud de pago por conciliación que presentó la
Corporación Colectivo de Abogados "José Alvear Restrepo" al Ministerio de Defensa el 23 de
septiembre de 1999.

72. En cuanto a las recomendaciones del Comité de Impulso en materia de reparación social,
el Estado sostuvo que han sido cumplidas parcialmente y que algunas aun se encuentran en
etapa de implementación. Concretamente, el Estado sostiene que el procedimiento para la
adquisición y adjudicación está en marcha y gradualmente se estaría comenzando a adquirir
algunos terrenos. El Estado apuntó que se produjeron dificultades de orden legal en el
desembolso de los recursos asignados, así como en la identificación de propietarios de la
región que estuvieran dispuestos a vender sus tierras. Informó que hasta el presente se
habrían adquirido un total de 6.877.829 hectáreas, restando 8.778.171 hectáreas por adquirir.
Afirma que la Dirección General de Asuntos Indígenas del Ministerio del Interior continúa en la
tarea de búsqueda de predios y confía en que durante los primeros meses del año se
concretará su adquisición. En cuanto al desarrollo de las obras concertadas dentro del Plan de
Desarrollo Alternativo Indígena del Cauca, el Estado señaló que se han ejecutado la mayoría
de los proyectos propuestos, restando la implementación de cuatro de ellos cuyos contratos se
encuentran pendientes de legalización ante la Unidad de Contratos del Departamento
Administrativo de la Vicepresidencia de la República.

73. Por último, el Estado destacó la importancia y el valor de la solución amistosa como
mecanismo que en este caso particular permitió alcanzar importantes logros en algunas de las
áreas abordadas durante el proceso y reconoció la voluntad y el compromiso de las partes.
Asimismo, se comprometió a seguir adelantando y promoviendo las gestiones tendientes al
cumplimiento de las recomendaciones de la Comisión.

VI. CONCLUSIONES

74. La Comisión desea expresar su reconocimiento al esfuerzo realizado por los peticionarios y
el Estado colombiano para solucionar el caso mediante un proceso de solución amistosa, y
lamenta que este proceso haya fracasado en su etapa final. En vista de la información
recabada durante este proceso, del reconocimiento de responsabilidad de la República de
Colombia, y de su respuesta, la Comisión reitera su conclusión de que agentes del Estado
junto a un grupo de civiles violaron el derecho a la vida de Darío Coicué Fernández, Ofelia
Tombé Vitonas, Carolina Tombé Ñusque, Adán Mestizo Rivera, Edgar Mestizo Rivera, Eleuterio
Dicue Calambas, Mario Julicue Ul (o Mario Julico), Tiberio Dicué Corpus, María Jesús Guetia
Pito (o María Jesusa Güeitía), Floresmiro Dicué Mestizo, Mariana Mestizo Corpus, Nicolás
Consa Hilamo (o Nicolás Conda), Otoniel Mestizo Dagua (u Otoniel Mestizo Corpus), Feliciano
Otela Ocampo (o Feliciano Otela Campo), Calixto Chilgüezo Toconas (o Calixto Chilgüeso),
Julio Dagua Quiguanas, José Jairo Secué Canas, Jesús Albeiro Pilcué Pete, Daniel Gugu Pete (o
Daniel Pete) y Domingo Cáliz Soscué (o Domingo Cálix Sescué), el derecho a la integridad
física de Jairo Llamo Ascué y el derecho a las garantías y a la protección judicial de todos ellos,
según los artículos 5 (1) y (2), 8 y 25 de la Convención Americana. El Estado ha faltado
parcialmente a su obligación de garantizar estos derechos y ha incumplido con su deber de
tomar las medidas necesarias para prevenir su violación conforme al artículo 1(1) del Tratado.
VII. RECOMENDACIONES

75. Con fundamento en el análisis y las conclusiones del presente Informe,

LA COMISIÓN INTERAMERICANA DE DERECHOS HUMANOS REITERA AL ESTADO


COLOMBIANO LAS SIGUIENTES RECOMENDACIONES:

1. Llevar a cabo una investigación completa, imparcial y efectiva en la jurisdicción ordinaria


con el fin de juzgar y sancionar a los responsables de la masacre.

2. Adoptar las medidas necesarias para reparar a Jairo Llamo Ascué, así como a los
familiares de las víctimas que aún no hayan sido compensados.

3. Adoptar las medidas necesarias para cumplir con los compromisos relativos a la
reparación social en favor de la comunidad indígena Paez del norte del Cauca.

4. Adoptar las medidas necesarias para evitar que en el futuro se produzcan hechos
similares, conforme al deber de prevención y garantía de los derechos fundamentales
reconocido en la Convención Americana.

5. Adoptar las medidas necesarias para dar pleno cumplimiento a la doctrina desarrollada por
la Corte Constitucional colombiana y por esta Comisión en la investigación y juzgamiento de
casos similares por la justicia penal ordinaria.

IX. PUBLICACIÓN

76. El 24 de febrero de 2000 la Comisión transmitió el Informe 2/00 adoptado de


conformidad con el artículo 51 de la Convención Americana a los peticionarios y al Estado
colombiano y le otorgó un plazo de un mes a este último para presentar información sobre el
cumplimiento con las recomendaciones precedentes. El 23 de marzo el Estado se dirigió a la
Comisión con el fin de solicitar una prórroga la cual fue debidamente concedida. Finalmente el
Estado presentó su respuesta por nota del 31 de marzo de 2000.47

77. Con relación a la reparación de la víctima sobreviviente y los familiares de los fallecidos,
el Estado informó que el Comité para la Defensa Judicial del Ministerio de Defensa Nacional
estudiaría la posibilidad de indemnizar al señor Jairo Llamo Ascué mediante el procedimiento
establecido en la Ley 288 de 1996. Cabe señalar que tras la emisión del Informe 2/00 los
peticionarios se comunicaron con la CIDH con el fin de aclarar que el señor Ascué se habría
abstenido de plantear reclamos ante la jurisdicción contencioso administrativo por causa del
temor originado a raíz de los hechos de violencia ocurridos en el presente caso. Con relación a
los familiares de las víctimas restantes, el Estado informó que se habría programado una
audiencia de conciliación con el fin de evaluar la situación de una nueva lista de demandantes
por los hechos de Caloto. En relación con la recomendación del Comité de Impulso en materia
de ampliación territorial para el pueblo Paez del norte del Cauca informó que se han aprobado
para el presente año $1.000.000.000.oo destinados a la ejecución del proyecto "Adquisición
de tierras para comunidades indígenas afectadas por la masacre del Nilo. Acuerdo La María
Piendamó" (15.663 hectáreas) y la Dirección General de Asuntos Indígenas se encontraría
adelantando los trámites correspondientes. Asimismo, los proyectos cuyo trámite se
encontraba en la etapa de legalización en el Departamento Administrativo de la Presidencia de
la República ya se encontrarían en etapa de ejecución. El Estado también hizo referencia a las
medidas adoptadas para asegurar que en el futuro se aplique la doctrina de la Corte
Constitucional colombiana y la CIDH en materia de investigación y juzgamiento de hechos
similares a los ocurridos en Caloto ante la justicia ordinaria.

78. En virtud de las consideraciones precedentes y de conformidad con los artículos 51(3) de
la Convención Americana y 48 de su Reglamento, la Comisión decide reiterar las conclusiones
del párrafo 74 y sus recomendaciones, hacer público este Informe e incluirlo en su Informe
Anual a la Asamblea General de la OEA. La Comisión, en cumplimiento de su mandato,
continuará evaluando las medidas tomadas por el Estado colombiano con relación a las
recomendaciones mencionadas, hasta que hayan sido cumplidas.

Aprobado por la Comisión interamericana de Derechos Humanos, a los 13 días del mes de
abril de 2000 (Firmado): Hélio Bicudo, Presidente; Claudio Grossman, Primer Vicepresidente;
Marta Altolaguirre, Robert K. Goldman, Peter Laurie; y Julio Prado Vallejo, comisionados.

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1 Comunicaciones del 10 de junio de 1993 y 9 de marzo de 1994.

2 Comunicaciones del 5 de octubre de 1994 y del 12 de mayo de 1995.

3 Informe Final del Comité de Coordinación para el Seguimiento de las Recomendaciones acordadas por el Comité de Impulso a la Administración de Justicia en los casos de Los Uvos, Caloto
y Villatina presentado en la audiencia celebrada en el 97º período ordinario de sesiones de la Comisión Interamericana, p. 19.

4 Palabras del Presidente de la República en el Acto de Reconocimiento de la Responsabilidad del Estado en los hechos violentos de Villatina, Caloto, Los Uvos y los casos de Roison Mora y
Faride Herrera.

5 Acta de entendimiento firmada el 7 de septiembre de 1995 por Carlos Vicente de Roux, Consejero Presidencial para los Derechos Humanos, en representación del Estado y por María
Victoria Fallón, Gustavo Gallón Giraldo y Colectivo de Abogados "José Alvear Restrepo" en representación de las organizaciones peticionarias ante la Comisión Interamericana de Derechos
Humanos. Participaron como observadores calificados a nombre de la Comisión Claudio Grossman y Leo Valladares.

6 El Comité también incluía a la Dirección de Asuntos Indígenas del Ministerio del Interior, el Consejo Regional Indígena del Cauca –CRIC- y las madres de Villatina, en calidad de
observadores.

7 Informe Final del Comité de Impulso a la Administración de Justicia en los casos de Los Uvos, Caloto y Villatina, p. 142.

8 Las propuestas planteadas fueron: 1. Expedir un decreto presidencial que contenga: a) La orden de dotar al pueblo de Paez de una ampliación territorial de 10.367 hectáreas,
correspondiente al saldo del plan de adquisición de tierras contemplado en el acuerdo del 23 de diciembre de 1991. b) La asignación de recursos de destinación específica al Instituto de
Reforma Agraria (INCORA) para proveer dicha adquisición. c) El establecimiento de un procedimiento especial de emergencia para las mencionadas adquisiciones. d) La declaratoria de las
áreas de ampliación territorial que se adquieran como "zona de reserva agrícola alimentaria" en orden a la reconstrucción de la economía tradicional del Pueblo de Paez. 2. Tramitar de
inmediato los proyectos de "Desarrollo Alternativo" del Pueblo de Paez, de acuerdo con el compromiso adquirido por el gobierno de Colombia, a través de los fondos del Sistema Nacional de
Cofinanciación, estableciéndose un procedimiento para el efecto.

9 Informe Final del Comité de Impulso a la Administración de Justicia en los casos de Los Uvos, Caloto y Villatina presentado en la audiencia celebrada en el 91º período ordinario de
sesiones de la Comisión Interamericana, p.143.

10 Las principales recomendaciones en materia penal formuladas en el Informe final del Comité de Impulso a la Administración de Justicia en los casos de Los Uvos, Caloto y
Villatina presentado en la audiencia celebrada en el 91º período ordinario de sesiones de la Comisión Interamericana, son las siguientes: a) Verificar la existencia de la supuesta diligencia de
allanamiento a la finca La Josefina (al mando del teniente Marín, de la Tercera Brigada de Cali), días antes de la masacre y allegar copias al proceso. Realizar las diligencias tendientes a
precisar la plena identidad del Teniente Marín y oírlo en versión juramentada. b) Allegar a la investigación, los recibos de la Empresa de Telecomunicaciones de llamadas de larga distancia,
realizadas desde los teléfonos de personas involucradas en los hechos, así como desde el Comando de Policía de Santander de Quilichao, en el período comprendido entre octubre de 1991 y
marzo de 1992. c) Ampliar la declaración al indígena García Ciclos, para que informe si el Mayor Jorge Enrique Durán Argüelles, el Capitán Fabio Alejandro Castañeda Mateus, u otros
mandos superiores conocían de la permanencia de dos agentes de la policía en las haciendas Canaima, La Selvita y La Selva, así como realizar diligencias tendientes a precisar la plena
identificación de los policías, sus grados, mandos superiores y dependencias a las que estaban vinculados. Oirlos en versión jurada. d) Indagar sobre las cuentas corrientes y de ahorros a
nombre de Jorge Enrique Durán Argüelles y Fabio Alejandro Castañeda Mateus, en las entidades bancarias y de ahorros del país, allegando extractos, recibos de consignación y el origen de
las transferencias. Con la colaboración de la Unidad de Patrimonio de la Fiscalía General de la Nación, investigar el origen de eventuales incrementos en los patrimonios de estos oficiales, a
título personal o a nombre de terceros, y determinar la posible relación de estos hechos con el objeto de la masacre de Caloto. e) Establecer si Luis Alberto Bernal Seijas ha tenido o no
vínculos con el sector oficial, concretamente con las Fuerzas Militares o de Policía, en qué calidad o condición y durante qué períodos. Pedir copias a la Fiscalía Regional de Cali, de la
investigación preliminar que se adelanta contra Luis Alberto Bernal Seijas, José Antonio Bernal Seijas y Lliliana Díaz Cadena, por el presunto delito de enriquecimiento ilícito. f) Determinar
en qué libro se registra el ingreso y salida de personas ajenas a la institución. Verificar si el libro destinado para esos efectos existe y si en él aparecen relacionadas las personas que
ingresaron a la Estación de Policía el día 16 de diciembre. g) Realizar las diligencias de inteligencia necesarias a fin de establecer la naturaleza de los vínculos entre los oficiales Durán
Argüelles y Castañeda Mateus con los testimoniantes (el Presidente del Consejo y la Secretaria de Gobierno Municipal) para determinar el valor probatorio de sus versiones. h) Recibir la
declaración de la totalidad de los agentes que prestaban servicio en la fecha de los hechos, en las Estaciones de Policía de Santander de Quilichao y Caloto, con la finalidad de establecer las
tareas ejecutadas los días anteriores y posteriores al 16 de diciembre de 1991, las actividades desplegadas por el Capitán Castañeda Mateus y el mayor Durán Argüelles, entre otras. i)
Solicitar a la Policía Nacional las diligencias realizadas en la investigación interna llevada a cabo por esa institución y adjuntarlas al proceso. j) Averiguar el curso de la investigación penal de
la muerte del señor Valencia Vacca (presunto comprador de la Hacienda El Nilo), asesinado al día siguiente de ocurrida la masacre y allegar copias de la misma al expediente. k) Oír la
declaración del miembro de la Policía Nacional, quien advirtió al indígena Lino Adrián Zapata sobre la inminencia de una agresión a su comunidad. l) Escuchar en ampliación de indagatoria al
mayor Durán Argüelles y al capitán Fabio Alejandro Castañeda Mateus, sobre las circunstancias de tiempo, modo y lugar en que se planearon y ejecutaron los hechos. m) Que se reiteren las
órdenes de captura contra los señores Carlos Vahos Mejía y Luis Alberto Bernal Seijas y se requiera a las autoridades encomendadas para la ejecución de dichas órdenes, a fin de que
informen las gestiones realizadas al efecto. n) Que se evalúe la situación de seguridad de cada uno de los testigos en el proceso y junto con la Oficina de Protección de Testigos y Derechos
Humanos del Ministerio del Interior se estudie la posibilidad de incluirlos en estos programas. o) Que se solicite información a la oficina de investigaciones Especiales de la Procuraduría
General de la Nación, sobre el estado de la investigación que cursa en ese despacho por la muerte del abogado Oscar Elías López, asesor jurídico del CRIC, y quien asesoraba a los indígenas
en la investigación de la masacre.

11 En materia disciplinaria recomendó: a) Solicitar información a la Procuraduría Departamental del Cauca sobre si esa dependencia adelantó o no investigación disciplinaria contra el alcalde
y la personera municipal. En caso positivo, cuál fue el resultado. De no existir tal investigación, solicitar que la Delegada de Derechos Humanos asuma la investigación por la actitud dilatoria
y negligente de dichos funcionarios; b) solicitar al Procurador General de la Nación información acerca de los resultados de la petición elevada por el Defensor del Pueblo, el 10 de agosto de
1993, en la que pedía que se integrara una Comisión de Orden Público, que estudiara la posibilidad de revocar directamente el fallo de la Delegada de Derechos Humanos, del 8 de julio de
1993, mediante el cual absuelve de los cargos formulados a los oficiales de la Policía Nacional; c) Insistir al Procurador General de la Nación, la necesidad de revocar directamente el fallo en
los términos solicitados por el Defensor del Pueblo; d) Reiterar a la Procuraduría General de la Nación, información acerca de la sanción a los miembros de la Policía Nacional, cuestionados
por los vínculos de amistad con algunos de los autores materiales e intelectuales de la masacre y por encubrir irregulares relaciones e insistirle en que se pronuncie de fondo lo más pronto
posible; e) Solicitar a la Procuraduría para los Derechos Humanos el envío de la investigación por supuestas torturas, con el fin de establecer la incidencia que hubiera podido tener en la
decisión del 8 de julio de 1993, mediante la cual la Procuraduría Delegada para los Derechos Humanos absuelve de los cargos formulados a los oficiales de la Policía Nacional. Se debe
ahondar en el esclarecimiento de la conducta omisiva, presumiblemente constitutiva de falta disciplinaria, del Alcalde y la Personera Municipal, toda vez que las declaraciones obrantes
incriminan a estos funcionarios. Incluso el mismo Alcalde, en su exposición, reconoce al menos una actitud dilatoria y negligente para reclamar la intervención y ayuda de otras autoridades
que pudieron haber impedido la pugnacidad, que culminó con el genocidio; f) Solicitar a la Procuraduría Delegada para Asuntos Agrarios, a la Procuraduría Departamental del Cauca y a la
Procuraduría Provincial de Santander de Quilichao, el envío de los resultados de las investigaciones disciplinarias adelantadas sobre los hechos de Caloto y sobre la legalidad de la titulación
de las tierras, a la Procuraduría Delegada para los derechos Humanos; g) Solicitar a la Procuraduría General de la Nación culminar la investigación que se adelanta contra la doctora Tahí
Barrios Hernández, Procuradora Delegada para los Derechos Humanos, por las supuestas irregularidades cometidas en el ejercicio de sus funciones en la investigación disciplinaria de Caloto
Uno, de acuerdo a las consideraciones del Defensor del Pueblo en solicitud de Revocación Directa de Fallo y los argumentos contenidos en la queja presentada por el Ex-Senador Anatolio
Quirá y miembros del CRIC.

12 Acta de entendimiento que crea el Comité de Coordinación para el seguimiento de las recomendaciones acordadas por el Comité de Impulso para la Administración de Justicia en los
casos de Los Uvos, Caloto y Villatina.

13 Por razones de organización interna el Comité de Seguimiento no presentó su informe a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en la fecha prevista. Asimismo, se presentaron
obstáculos para su funcionamiento tales como problemas de presupuesto, manejo de la reserva en materia penal y disciplinaria y la falta de acuerdo para la elección de su Presidente, lo que
fue posteriormente superado. Una delegación de la CIDH visitó Colombia con la finalidad de apoyar el trabajo de este Comité.

14 Dicho artículo establece: "Mientras se expide la ley a que se refiere el artículo 329 (Ley Orgánica de Ordenamiento Territorial, que debe establecer la conformación de las entidades
territoriales indígenas), el Gobierno podrá dictar las normas fiscales necesarias y las demás relativas al funcionamiento de los territorios indígenas y su coordinación con las demás entidades
territoriales". Constitución Política de Colombia 1991.

15 Informe del Comité de Coordinación para el Seguimiento de las Recomendaciones acordadas por el Comité de Impulso para la Administración de Justicia en los casos de Los Uvos, Caloto
y Villatina, presentado en el 97º período de sesiones de la Comisión Interamericana.

16 La Ley 288-96 establece un mecanismo para la implementación de los aspectos compensatorios de las decisiones emitidas por órganos intergubernamentales con relación a la
responsabilidad del Estado por la violación de derechos humanos.

17 Colombia ratificó la Convención Americana sobre Derechos Humanos el 31 de julio de 1973 y ésta entró en vigor el 18 de julio de 1978.

18 Corte IDH Asunto Viviana Gallardo y otras, 13 de noviembre de 1981, párrafo 26; Caso Velásquez Rodríguez, Excepciones Preliminares, párrafo 88; Caso Fairén Garbi y Solis Corrales,
Excepciones Preliminares, párrafo 87 y Caso Godinez Cruz, Excepciones Preliminares, párrafo 90.

19 Informe Final del Comité de Coordinación para el Seguimiento de las Recomendaciones acordadas por el Comité de Impulso a la Administración de Justicia en los casos de Los Uvos,
Caloto y Villatina presentado en la audiencia celebrada en el 97º período ordinario de sesiones de la Comisión Interamericana, p. 19. En el mismo sentido, el 29 de julio de 1998 el
Presidente de la República aceptó la responsabilidad que le corresponde al Estado colombiano por la acción u omisión de servidores públicos en la ocurrencia de los hechos violentos de
Caloto, en el Acto de Reconocimiento de la Responsabilidad del Estado en los hechos violentos de Villatina, Caloto, Los Uvos y los casos de Roison Mora y Faride Herrera.

20 Al pronunciarse sobre el valor jurídico de la Declaración Americana, la Corte confirmó que, en principio, para los Estados parte en la Convención, la fuente específica de obligaciones con
relación a la protección de los derechos humanos es la Convención misma. Corte I.D.H. Opinión Consultiva OC-10/89 (Interpretación de la Declaración Americana sobre Derechos Humanos)
del 14 de julio de 1989, párrafo 46. En el mismo sentido se ha pronunciado la Comisión Interamericana, ver, Informe 38/99, Argentina, Informe Anual de la CIDH 1998, párrafo 13.

21 La Comisión ha establecido que tiene competencia para examinar violaciones a la Declaración y a la Convención toda vez que se verifique una situación de violación continua a los
derechos protegidos en estos instrumentos, tal como la generada, por ejemplo, por una situación de denegación de justicia que tenga su origen antes de que el Estado en cuestión haya
ratificado la Convención y se prolongue tras la manifestación del consentimiento y la entrada en vigor del Tratado para ese Estado. Ver por ejemplo, Res. 26/88, Caso 10.190, Argentina,
Informe Anual de la CIDH 1987-1988.
22 Véase Corte IDH Opinión Consultiva OC-1/82 "Otros tratados" objeto de la opinión consultiva de la Corte (artículo 64 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos), 24 de
septiembre de 1982, Serie A N°1.

23 Convenio 169 sobre Pueblos Indígenas y Tribales, Organización Internacional del Trabajo (1989). Colombia ratificó este Convenio el 7 de agosto de 1991. El Convenio entró en vigor el 6
de septiembre de 1991. El artículo 1 establece que su ámbito de aplicación alcanza a los pueblos tribales cuyas condiciones sociales, culturales y económicas les distingan de otros sectores
de la colectividad nacional, y que estén regidos total o parcialmente por sus propias costumbres o tradiciones o por una legislación especial o a los pueblos considerados indígenas por el
hecho de descender de poblaciones que habitaban en el país o en una región geográfica a la que pertenece el país en la época de la conquista o la colonización o del establecimiento de las
actuales fronteras estatales y que, cualquiera que sea su situación jurídica, conservan todas sus propias instituciones sociales, económicas, culturales y políticas, o parte de ellas.

24 Carta Americana de Garantías Sociales, aprobada en la Conferencia de Bogotá de 1948, artículo 38.

25 CIDH Resolución sobre la protección especial de los pueblos indígenas, OEA /Ser.L/V/II.29, doc 38, rev. (1972). Ver también Proyecto de Declaración Americana sobre los Derechos de
los Pueblos Indígenas, aprobado por la CIDH durante su 95° período de sesiones, Informe Anual de la CIDH 1996, p. 663.

26 Informe del Estado Colombiano en el marco del "Comité de Seguimiento al cumplimiento de las recomendaciones acordadas por el Comité de Impulso a la administración de justicia en
los casos de Villatina, Los Uvos y Caloto", p. 34.

27 Informe Final del Comité de Impulso a la Administración de Justicia en los Casos de Villatina, Los Uvos y Caloto, p.70.

28 Entre ellos, recibos de la compañía telefónica donde aparecen llamadas efectuadas desde la Comandancia de Policía de la zona a la residencia del señor Bernal Seijas, representante legal
de la Sociedad Agropecuaria Piedra Blanca Ltda. y a la de su administrador. Asimismo, testigos indicaron que el día siguiente agentes de la Policía recogieron las vainillas que encontraron en
el lugar, lo cual afectó la trascendencia de la prueba de balística que consta en el proceso, ibidem, p. 80-81.

29 Informe Final del Comité de Coordinación para el Seguimiento de las Recomendaciones acordadas por el Comité de Impulso a la Administración de Justicia en los casos de Los Uvos,
Caloto y Villatina presentado en la audiencia celebrada en el 97º período ordinario de sesiones de la Comisión Interamericana. p. 19. En el mismo sentido, el 29 de julio de 1998 el
Presidente de la República aceptó la responsabilidad que le corresponde al Estado colombiano por la acción u omisión de servidores públicos en la ocurrencia de los hechos violentos de
Caloto, en el Acto de Reconocimiento de la Responsabilidad del Estado en los hechos violentos de Villatina, Caloto, Los Uvos y los casos de Roison Mora y Faride Herrera.

30 Informe evaluativo de la Procuraduría Delegada para la Defensa de los Derechos Humanos, Expediente 134918, folio 259.

31 Informe Final del Comité de Impulso a la Administración de Justicia en los Casos de Villatina, Los Uvos y Caloto, p. 60 y 61.

32 Informe Final del Comité de Coordinación para el Seguimiento de las Recomendaciones acordadas por el Comité de Impulso a la Administración de Justicia en los casos de Los Uvos,
Caloto y Villatina, p. 9. La Procuraduría Delegada para la Policía Nacional abrió una investigación contra oficiales y suboficiales de la Policía por vínculos de amistad con presuntos
narcotraficantes o personas conocidas en la región como autores de hechos punibles. Pero esta averiguación, conocida como "Caloto 2", no se relaciona en forma directa con los hechos del
caso. En todo caso, el 30 de octubre de 1997 la Procuraduría Delegada para la Policía Nacional dio por terminado el proceso disciplinario en forma anticipada con base al principio de
favorabilidad, a solicitud de los inculpados.

33 Ibídem, p. 9-10.

34 Informe Final del Comité de Coordinación para el Seguimiento de las Recomendaciones acordadas por el Comité de Impulso a la Administración de Justicia en los casos de Los Uvos,
Caloto y Villatina, p. 8.

35 Corte IDH Caso Velásquez Rodríguez, Excepciones Preliminares, Sentencia del 26 de junio de 1987, párrafo 91.

36 CIDH Tercer Informe sobre la Situación de los Derechos Humanos en Colombia (1999), p. 175 a 186. Ver también Segundo Informe sobre la Situación de los Derechos Humanos en
Colombia (1993), p. 237 donde se expresa "Los tribunales militares no garantizan la vigencia del derecho a obtener justicia, ya que carecen de independencia, que es un requisito básico
para la existencia de este derecho. Además, en las sentencias que han dictado han puesto de manifiesto pronunciada parcialidad, pues con frecuencia se han abstenido de imponer
sanciones a los miembros de las fuerzas de seguridad que, probadamente, han participado en graves violaciones de derechos humanos".

37 Corte Constitucional de Colombia, Decisión C-358 del 5 de agosto de 1997.

38 Corte IDH Caso Velásquez Rodríguez, Sentencia del 29 de julio de 1988, párrafo 176.

39 Ibídem, párrafo 166.

40 Corte IDH Caso Castillo Páez, Reparaciones, Sentencia del 27 de noviembre de 1998, párrafo 106.

41 Corte I.D.H. Caso Velásquez Rodríguez, Sentencia del 29 de julio de 1988, párrafo 174.

42 Ibidem, párrafo 175.

43 Informe Final del Comité de Impulso a la Administración de Justicia en los Casos de Villatina, Los Uvos y Caloto, p.119.
44 Oficina de Investigaciones Especiales de la Procuraduría General de la Nación, Informe del 28 de enero de 1992.

45 Informe Final del Comité de Impulso a la Administración de Justicia en los Casos de Villatina, Los Uvos y Caloto, p.119.

46 Ver en este mismo sentido, Informe 24/98, Informe Anual de la CIDH 1997, párrafo 53.

47 Nota EE 567 de la Dirección General de Asuntos Especiales del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Colombia, de fecha 31 de marzo de 2000.

Nº 5/99

COMUNICADO DE PRENSA

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha tomado conocimiento del


asesinato de Ingrid Washinawatok (41), miembro de la comunidad indígena de la Nación
Menominee y con reconocida labor en cuestiones humanitarias; Lahe´ena´e Gay (39),
Directora de Pacific Cultural Conservancy International en Hawaii; y Terence Freitas (24),
ambientalista, todos de nacionalidad estadounidense. Las víctimas fueron secuestradas el
pasado 25 de febrero cuando se dirigían de Saravena (Arauca) al Municipio de Cubará
(Boyacá) donde tiene su sede la Asociación de Cabildos y Autoridades Tradicionales de la
comunidad indígena U´wa de Colombia. Los cuerpos fueron encontrados en la localidad de La
Victoria, Venezuela, por la Policía Judicial de ese país, con múltiples heridas de bala y signos
de haber permanecido atados y vendados.

Las tres víctimas apoyaban la causa de la defensa ambiental del territorio ancestral del Pueblo
U´wa –con cuyos líderes también se reunió la CIDH durante su visita in loco de diciembre de
1997— y se encontraban en Colombia realizando actividades de intercambio cultural.

Ante estos acontecimientos, la CIDH desea expresar su más enfática condena al criminal
secuestro y posterior asesinato de estos tres defensores de los derechos de los pueblos
indígenas. Las normas del derecho internacional protegen el derecho a la integridad personal
de los civiles y prohiben la ejecución extrajudicial bajo cualquier circunstancia tanto en
tiempos de paz como en tiempos de conflicto armado.

La Comisión insta al Estado colombiano a intervenir decididamente a fin de investigar,


identificar y castigar a los responsables de estos crímenes atroces.

Washington, D.C., 8 de marzo de 1999


ANEXOS

1. Informe del Caso 7615 Yanomami vs. Brasil


Resolución Nº12/85 5 de marzo de 1985

2. Sentencia de la Corte Interamericana sobre


reparaciones
Caso Aloeboetoe y otros vs. Suriname

3. Informe Nº 90/99 - Solución Amistosa


Caso 11.713 Exnet vs. Paraguay

4. Informe Nº 49/99 Caso 11.610


Loren Laroye Ribe Star y otros vs. México

5. Informe Nº 31/99 Caso 11.763


Masacre de Plan de Sánchez (Guatemala)

6. Informe Nº 26/00 Caso 11.821


Aldea de Moiwana (Suriname)

7. Informe 99/99 Caso 11.140


Mary y Carrie Dann (Estados Unidos)

8. Informe Nº 36/00 Caso 11.101


Masacre Caloto (Colombia)

9. Comunicado de Prensa Nº 5/99, Asesinato


Comunidad Indígena "Menominee" (Colombia

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