Désiré Charnay

Ciudades y ruinas
.
americanas

Prólogo
Lorenzo Ochoa

Traducción
Rocío Alonzo

U ConHfo N8Clonal
para ••
Cultura' 10 Arln
df\9712

ÍNDICE

Prólogo . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11

Prefacio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 29
1
l. VERACRUZ.Partida de París=-Veracruz.c-San Juan de
J' BIBLIOTECA CENTRAL Ulúa.-Aspecto generalde la ciudad.-El puerto.c--Blmue-
~~~aut.-f lle.-Excursión en.los alrededores.-El norte.deVeracruz.-
La partida.-Medellín.-La carretera de México . . . . . . . . 33

II. MÉXICO.El valle de México.-La ciudad.-El mexica-
no.-Aspecto general.-El santo Sacramento.-El temblor
de tierra.-La vida en México.-Las costumbres.-El pa-
seo.-La Alameda.-Los toros.-El teatro . . . . . . . . . . . . . 49
Título original en francés: Cités et ruines américaines
III.COSTUMBRES.El pueblode México.-Los indios.-Las
Primera edición en Mirada Viajera: 1994 pulquerías.-Los entierros de niños.-El clero.-Los asal-
tantes de caminos.-La utilidad de los alzacuellos.-Los
Traducción: Rocío Alanzo monumentos de la ciudad de México.-Los suburbios.-
Producción: Dirección General de Publicaciones del Las ruinas de Tlalmanalco. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 59
CONSEJO NACIONAL PARA LA CULTURA
YLASARTES IV. ANÉCDOTASY REFLEXIONES................ 75
Portada: Francisco Fernández, Taca, El viento, 1990 V. TEHUACÁN.Salidaa Mitla.-Estado de los caminos.-
Colección Francisco y Maru Cordero
Tehuacán.-Aventuras de Pedro.-La Venta Salada.-Mo-
D.R. © 1994, Dirección General de Publicaciones lesto encuentro.-Teotitlán del Valle.-La fonda.-Una
Calz. México Coyoacán 371 noche en el bosque.-Tecomabaca.-El jaguar y el torren-
Xoco, CP 03330 te.-Quiotepec.-El Güero López y su grupo.c--Cuica-
México, D.F. tlán.-Don Dominguillo.-El caballo robado.-El valle de
ISBN 968-29-6577-2 Oaxaca.......................................... 91

Impreso y hecho en México
8 Ciudades y ruinas americanas Índice 9

VI. OAXACA.La ciudad.-Las costumbres.-El baile.- bajorrelieves.-Las ruinas.-El palacio y los templos.-
El clero.-La historia de don Rafael.-Las pasiones polí- Trabajos fotográficos.-Fracasos.-Las noches, aparicio-
ticas.... . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 103 nes.-Las luciémagas.-Los tigres.-Retomo a Santo Do-
mingo 211
VII. MITLA. Larga permanencia.-Fenómenos fotográfi-
cos.-Los tres valles.-Monte Albán.-El viejo conven- XIV.TUMBALÁ.Partidaa SanCristóbal.-De Palenqueal
to.-Santa Lucía.-Santa María del Tule.-El sabino.- rancho.-Ausencia de los indios.-Salida al ranchode No-
Mitla.-Las ruinas.-El pueblo.-Las pitayas.-Clichés pa.-Caminos terribles.-Carlos, mi mozo, desesperado.-
perdidos.-Toma de la ciudad.-Salida a Veracruz . . . . . 115 Hambre.-Los simios.-Nopa.-San Pedro.-Tres días de
espera.-El cabildo.-Actitud hostil de los habitantes.-
VIII. LA MONTAÑA. El rancho en el bosque.-Hua- Llegada de los indios.-Su abandonopor la noche.-De
jimoloya.-La escolta.-La sierra.-Ixtlán.-Los indios y San Pedro a Tumbalá.-Tres noches en la selva virgen.-
sus pueblos.-El alcalde.-El topil y el viejo.-Ozoc y el Los jaguares.-Llegada a Tumbalá. . . . . . . . . . . . . . . . . . . 229
fabricante de .órganos.-La bajada de Cuasimulco.-Y e-
tla.-Tuxtepec.-Tlacotalpan.-Alvarado.-Veracruz.-El XV. SANCRISTÓBAL.Tumbalá.-El cura.-La caceríade
sitio . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 129 pavos.-Jajalun.-Chilón.-Citalá.-El dominicoy su ami-
go.-Costumbres indias.-Huicatepec.-Cancuc.-Los car-
IX.YUCATÁN.Salidade Veracruz.-El vaporMéxico.- gadoresindios.-Tenejapa.-San Cristóbal.-Hospitalidad
Sisal.-Los indiosprisioneros.-Mérida.-La SemanaSan- del señor Bordwin.-Las costumbres.-Las iglesias.-El
ta en Mérida.- Tiposy costumbres.-Primera expedicióna salterio.-El gobierno.-Ruinas en los alrededores de
Izamal.-La antigua vía india . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 147 Comitán. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 243

X. CHICHÉNITZÁ. Segunda expedición.-Dzitás.-Pis- XVI. TEHUANTEPEC.La ciudady el valle de Chiapas.-
té.-El Cristo de Pisté.-Chichén Itzá.-Las ruinas.-El Los rebaños en el monte.-El río.-Tuxtla.-Don Julio
músicoindígena.-El regreso.-El médico a palos... . . . 161 Lickens.-La fiestade Corpus.-Nueva organización.-De
Tuxtla a Tehuantepec.-La compañía americana.-Los
XI.UXMAL.Regresoa Mérida.-Partida a Uxmal.-Uayal- patricios.-La persecución.-Los órganos.-Totalapa.-
ké.-Sakalum.-La familiaB.-Ticul.-La haciendade San Oaxaca.-Historia de ladrones.-México 257
José.-Uxmal.-Las ruinas.-El regreso.-La tormenta.-Las
indiasde San José. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 177 XVII.EL POPOCATÉPETL.Ascensoal Popocatépetl.-El
pueblo de Amecameca.-La familiaPérez.-Tomacoco.-
XII. EL USUMACINTA. Campeche.-La ciudad.-El El rancho de Tlamacas.-Excursiones por los alrededo-
hotel.-La canoa.-La travesía.-El Carmen.-Don Fran- res.-El cementerioindio.-El volcán.-Regreso a Ameca-
cisco Anizán.-El Usumacintahasta Palizada.-El cayu- meca.-Partida paraVeracruz.-Encuentrodedospartidos.-
co.-Cuatro días en el río.-El rancho.-San Pedro y la Más ladrones.-Dolores Molina.-Su secuestro.-Vera-
cacería de cocodrilos.e-Los pantanos.-La iguana.-Las cruz.-Retomo a Europa 271
Playas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 195

XIII. PALENQUE.De Las Playas a Palenque.-El pueblo
de Santo Domingo.-Don Agustín González.-Los dos
114 Ciudadesy ruinas americanas

nal le hacía temer una desgracia. Pero don Eusebio, siempre al ·~
asecho como un tigre vigilando a su presa, raramente abandonaba ·
su ventana. Un día, como en toda la mañana no se había escucha-
do ni un solo tiro, doña Marianita abrió la ventana. Luisito se VII.MITLA
precipitó a ésta para mirar, ella misma no pudo contener un mo-
mento de curiosidad.
-¡Por Dios! -gritó el padre-. Retírense de ahí.
Al mismo tiempo, un tiro aislado se escuchó y el niño, con
una bala en la frente, cayó en los brazos de su madre.
-¡Jesús! -gritó ella=-. ¡Ah, Jesús! ¡Mi hijo! ¡Mi hijo! ¡Ah,
Dios!
Se desmayó, también se le creyó muerta.
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Tenía al niño en sus brazos. Los dos estaban cubiertos de
-~ 111111 it sangre formando un cuadro espantoso. Don Rafael, mudo, feroz,
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aterrado, se precipitó sobre ellos: el pobre niño estaba muerto.
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Don Rafael arrastra desde aquel día una vida medio apagada;
q-¡111111111• en cuanto a doña Marianita, está loca. Larga permanencia.-Fenómenos fotográficos.-Los tres valles.-Monte
,ijllillli:! 11 El clero anima con su ejemplo esa disolución de costumbres Albán.-El viejoconvento.-Santa Lucía.-Santa MaríadelTule.-El sabino.-
Mitla.-Las ruinas.-El pueblo.-Las pitayas.-Clichés perdidos.-Toma de
~~;l~>;i :: que se encuentra casi por todos lados en México. Pero es dificil la ciudad.-Salida a Veracruz.
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encontrar una provincia donde éste manifieste con mayor inge-
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¡j,'I ~1•1111•I nuidad el relajamiento de las mismas. Esperaba mi equipaje desde hacía dos meses y aún no llegaba.
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,,::k :: La primera vez que observé esta extraña manera de vivir, fue Temía que el estado de los caminos no hubiera permitido al
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l'~M:::: en un baile donde me presentaron a la señorita X., hija del cura remitente enviármelo, así que tuve que poner manos a la obra con
X. Éste mismo, en traje de calle, se encontraba presente. los recursos que me ofrecía la ciudad. Empecé a fabricar nitrato
Supe después que gran número de tales señores tenían familia, y algodón-pólvora, contaba con algunos cristales y uno de mis
que muchos de ·ellos se daban la gran vida, que ofrecían bailes instrumentos; encontré éter y alcohol. Para revelar la imagen debí
y banquetes, que otro (una excepción, cierto) mantenía a tres emplear sulfato de hierro, que se encuentra en todas partes.
hermanas a la vez, de las cuales tenía hijas que estaban dotadas Mis primeras pruebas no fueron muy buenas, los clichés de
bajo los privilegios de tal o cual iglesia, de donde él era cura. los monumentos de la ciudad eran malos. Días después hice otros
Tiempo después, encontrándome en una casa dejuego de muy mejores, casi satisfactorios. Así que preparé mi expedición a
mala reputación, encontré a dos sacerdotes en sotana. Uno de Mitla, porque debía regresar a Yucatán, remontar a Palenque, atra-
ellos, tuteando a apuntadores y croupiers, jurando como un con- vesar la sierra y darle la vuelta a Chiapas pasando por Tehuan-
denado, tenía sobre sus rodillas a una mujer pública con la cual tepec para regresar a Oaxaca. Hubiera querido hacer este largo
se había asociado. Había allí cincuenta personas quizá, pero de viaje antes de la estación de lluvias si era posible; el tiempo apre-
toda esa gente, yo era el único asombrado. miaba.
Cuando en un pueblo el sentido de la moral se halla a tal punto Pero cuando quise partir, me di cuenta de que mis productos
pervertido que los ejemplos parecidos no levantan más que algu- ya no servían.
nas quejas discretas de la gente honesta, hay que velarse el rostro Durante ocho días, hice experimentos más variados, utilicé los
y perder la esperanza de salvación de este pueblo. viejos y nuevos baños, tenía una docena de colodiones diferentes,
empleé todos los reveladores y todos los fijadores: trabajo inútil
116 Ciudades y ruinas americanas Mitla l 17

El colodión llegó a perder toda sensibilidad. Con una exposición parecen resistir a la acción del tiempo tan bien como al edificio
de cinco minutos al sol y un instrumento doble, no podía obtener español y, cuando pasen los siglos y formen una sola y misma
más que una mancha en el lugar del objetivo. ruina, el viajero asombrado de esta creación extraña confundirá
Desesperado, mezclé todos los colodiones y esperé. la obra de mármol de los vencedores con el humilde monumento
Días después me propuse hacer una nueva tentativa, hice un de los vencidos.
cliché a las siete, era bueno; a las siete y medía, no resultó. Al Estas ruinas mezcladas, ¿no ofrecen al espíritu del observador
día siguiente, hice dos, sin poder lograr un tercero; al otro día tres una imagen sorprendente de esa civilización española del Nuevo
y, progresivamente, uno más cada día, pero nunca más de uno. Mundo, que no ha dejado tras de ella más que recuerdos perdidos,
De repente, el colodión no me daba más que positivos sobre soledad y desolación? Ese muro de tierra, humilde pero sólido
vidrio, otro día negativos, y eso, sin que me fuera posible hacer todavía, que sostiene este edificio incompleto, ¡,no es acaso la
uno u otro a mi elección. He buscado en vano la clave de este imagen viva de esta raza india, humilde también, sumisa y opri-
fenómeno tan curioso y dejo a los fotógrafos eruditos el trabajo mida, que gime desde hace siglos bajo el peso agobiante de una
..
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de encontrar las causas. Mi posición era de lo más embarazosa,
temí por un momento no poder lograr nada. He viajado entonces
civilización mentirosa, ruina hoy de un monumento inconcluso?
El camino que conduce al viejo templo domina el valle; cu-
-me decía a mí mismo-- 3 000 leguas con el objeto de llevar bierto de tumulis vírgenes hasta el día de la completa profanación,
~ a Europa la imagen de estas maravillosas ruinas, tan poco cono-
~~
;
'. ofrece al anticuario preciosos testimonios de la civilización india.
cidas, tan interesantes, para encontrarme, delante de ellas, impo- Estas eminencias, según toda probabilidad, son tumbas de
-u tente para reproducirlas. donde se podrían exhumar ricos tesoros científicos. Me esforcé
1 .•
Estaba desalentado, desanimado. No tenía noticias de mi por realizar unas búsquedas, pero en vano; los indios no permiten
1·" equipaje y el estado de la provincia empeoraba día con día. Estuve tocar los viejos recuerdos de sus ancestros. Hubiera necesitado el
(
•... a punto de flaquear y de abandonar la partida. Llegué, sin em- apoyo del gobierno, el cual la agitación y la amenaza de un sitio
-111

':: bargo, a sobreponerme y, costara lo que costara, quise terminar me impidieron obtener.
1:~ mi obra. [Esperar! ¡La paciencia es algo muy bello para quien sabe Al oeste de Oaxaca, tocando la ciudad, se encuentra el monte
practicarla! Albán, montaña de pendientes bruscas corno todas las de la
Los valles me ofrecían una larga serie de paseos; tenía mi cordillera, coronada por una meseta de media legua cuadrada, por
caballo y, cada día, solo, frecuentemente, recorría uno u otro, lo menos.
indiferente a las aventuras peligrosas de esas solitarias excur- Esta meseta, que parece trabajada por la mano del hombre,
siones. no muestra hoy más que una arena confusa, masas imponentes de
El valle del oeste, el primero viniendo de México, sólo ofrece morteros de piedras con subterráneos angostos, fuertes, explana-
al viajero tierras cultivadas, pueblos, haciendas y algunas eleva- das, contrafuertes y gigantescas piedras talladas. Los subterráneos
ciones dudosas donde la ciencia no tiene nada que tomar y el están formados por grandes losas paralelas y cuya cúpula es
turista nada que copiar. Es el menos rico de los valles y el menos remplazada por dos inmensas piedras que se apoyan una sobre la
interesante. En el segundo, se encuentra un vasto convento, otra. Tales piedras se hallan revestidas de esculturas que muestran
empezado por Cortés, inconcluso hoy y fundado sobre el empla- cabezas de perfil que recuerdan un tipo extranjero. El pasaje
zamiento de un templo indio del cual algunas paredes de adobe mismo es tan estrecho, que no permite a más de una persona
subsisten todavía. Parece que los constructores del edificio mo- avanzar a la vez.
derno utilizaron estas murallas para remplazar los andamiajes en Las masas más grandes se encuentran al sur de la meseta.
su construcción. Estas murallas de adobe se hallan, en efecto, en Presentan, en general, una forma cuadrada y se componen de una
medio de la nave y aún sostienen partes de un campanario mo- pirámide truncada de pendientes muy inclinadas que alcanzan
derno. El adobe ha tomado la consistencia de la piedra, los muros una altura de 25 pies aproximadamente, de un recinto que puede
118 Ciudades y ruinas americanas Mitla 119

distinguirse todavía y de grandes amontonamientos de mam- postería; en una palabra, señales irrefutables de invasiones suce-
postería en ruinas que eran antaño palacios, moradas, templos o sivas y de horrendas luchas.
fortalezas de esas naciones desaparecidas. El Marquesado, con sus valles fértiles, debía ofrecer a las
El todo está sembrado de pedacería de vasijas de extrema emigraciones de los pueblos una estancia fácil en su marcha ha-
delicadeza, con un barniz rojo y brillante. Un italiano de México cia el sur; parece haber sido, en este universo, el gran camino
mandó, hace algunos años, practicar aberturas en estos montones del hombre, donde cada raza dejó caer a su vez alguno de sus
de piedras; sacó collares de ágatas, obsidianas trabajadas y diver- recuerdos.*
sas joyas de oro maravillosamente elaboradas. Debo suspender mi paseo por el campo: el ejército liberal
¡Qué museo no se enriquecería con cuidadosas exploraciones! enviado contra Cobos, entonces en Teotitlán, se había dispersado
Monte Albán es, en nuestra opinión, uno de los restos más sin combate; Oaxaca podía defenderse todavía con mil doscientos
preciosos y ciertamente la más antigua de las civilizaciones ame- hombres que formaban la guarnición de la ciudad. El gobierno
ricanas. En ningún lado hemos encontrado esos perfiles extraños tenía dinero y municiones y juzgó más prudente poner "pies en
de tan asombrosa originalidad, de los cuales se busca en vano polvorosa" durante la noche, dejando la ciudad sin autoridad,
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alguna analogía con los recuerdos del Viejo Mundo. sin policía y sin protección contra los malhechores.
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Tales ruinas no tienen nada en común con las ruinas del valle, Se temía un pillaje y todos los interesados, es decir, los
;;¡ tampoco con las de Mitla; los materiales no son de ninguna ma- comerciantes y la gente rica, organizaron un comité de vigilancia.
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nera los mismos y la arquitectura es diferente. En el valle, sólo Todos y cada uno tomaron sus armas para velar por la seguridad
hay adobe; en Mitla, se encuentra una mezcla de tierra amasada pública. Se expidió a campo traviesa, al jefe del ejército reaccio-
L
t., y grandes piedras recubiertas con piedrecillas de diferentes tama- nario, un expreso para acelerar la llegada de las tropas y, mientras
\·' ños y, en los fuertes que defendían el palacio, más adobe; en tanto, cada quien montó su guardia e hizo su patrulla.
( Ofrecí mis brazos como todos, y por lo demás, todo marchó
.~· •• 11 Monte Albán, sólo hay construcciones de piedra unidas con ce-
•" bien, o casi; sólo la primera noche fue tormentosa: hubo un poco
'~ mento y mortero de cal. En el valle, los muros de los templos eran
de fusilería, dos o tres arrestos y un asesinato.
':' perpendiculares a los techos, cortándose en ángulo recto; Mitla
presenta la misma arquitectura. El desdichado era un prefecto de los alrededores que venía
En Monte Albán, por el contrario, se encuentra la construc- cargado con los impuestos de su pueblo y que no sabía nada de
ción llamada de bóveda, es decir, dos muros perpendiculares hasta los acontecimientos de la ciudad. Fue la primera víctima. A la
la altura de apoyo, que se inclinan uno hacia otro hasta formar entrada de un arrabal, recibió un balazo que lo tiró del caballo;
únicamente una separación de 25 centímetros, cerrada por una dándolo por muerto, lo despojaron de los 1 500 francos que lle-
losa. Parece, en verdad, que los fundadores de estas ruinas, des- vaba, de su sarape, su caballo y su sombrero.
plazados por las emigraciones del norte, continuaron su retirada Reanimado por el fresco de la noche, tuvo el valor de caminar
hacia el sur atravesando la sierra de Chiapas y, dividiéndose en más de un kilómetro. Yo lo encontré dando traspiés como un bo-
dos ramas, una que siguió hasta Guatemala y la otra que llegó rracho; sus gemidos atrajeron mi atención y llegué para verlo
hasta las planicies del Golfo, fundaron los palacios de Palenque desplomarse. Llamé, la gente vino y lo transportamos a una tienda
y más tarde los monumentos de Yucatán, que tienen con las ruinas de abarrotes donde lo acostamos agonizando sobre algunos sacos
de Monte Albán más de un punto de semejanza. vacíos. La bala debió atravesar el pulmón; el médico al que
Al margen de esta suposición, creemos poder afirmar que el llamamos ni siquiera lo miró; le quedaba poco tiempo de vida.
Marquesado ofrece a los viajeros el más vasto y rico objeto de
estudio.
Por todas partes hay tumulis, templos, palacios, ruinas, un • El padre Antonio de Remesa! cuenta que se encontraron en el valle rastros de diez
amontonamiento extraño de tierras reunidas, de masas de mam- lenguas diferentes.
120 Ciudades y ruinas americanas Milla 121

Una mujer llegó, su amante, según dijeron. Un sacerdote que tiempo que personifica, su corteza los borra para siempre de su
se encontraba allí le dio rápidamente una absolución de circuns- superficie, como el tiempo los borra del corazón que los dictó.
tancia; después, se desarrolló una comedia que podría llamarse "la Los indios vigilan sin embargo que ninguna mano profana
comedia de la muerte" o "el testamento". ataque al viejo monumento. Como a todo lo que concierne a su
La mujer se inclinaba al oído del herido, que ya no la oía: pasado, lo rodean de una supersticiosa veneración. Nadie lo visita
-¿A quién le dejas la casa? más que bajo su vigilancia, barren y limpian todos los días el pie
Después, colocando su oreja sobre la boca del moribundo, del árbol y no soportarían que se rompiera la menor de sus ramas.
tomaba como testigos al sacerdote y a las personas presentes, que El indio tiene la religión del recuerdo y, quizás, en las noches de
tal casa le había sido otorgada. El sacerdote aprobaba, uno de los tormenta, oye gemir a sus ancestros entre las ramas centenarias
presentes redactaba. del viejo sabino.
-¿A quién el dinero? Al clero -dijo ella bajo una señal del Algunos viajeros explican este fenómeno de vegetación como
confesor. la unión de tres troncos diversos. Nosotros lo examinamos con
-¿A quién tal propiedad? cuidado y no pudimos descubrir más que uno solo, al cual su vigor
Y el testamento, terminado de esta manera, se hizo circular promete todavía siglos de existencia. Horticultores y sabios afir-
para que todos firmaran. Algunos se abstuvieron, entre ellos, yo. man que el árbol de Santa María del Tule debe tener por lo menos
¡
,1 1111
¿Habrá sido reconocido como válido ese testamento? Lo ignoro. de dos mil quinientos a tres mil años. Así pues, esto sería una
Al día siguiente, las tropas reaccionarias hicieron triunfantes su prueba más de la antigüedad de la civilización del valle, pues el
entrada a la ciudad, al son de las campanas y de las fanfarrias. sabino es un árbol cultivado que siempre se encuentra cerca de
i. Así pues, ya podía continuar con mis excursiones.
1 j ~L las ruinas, como en los lugares de recreo de los reyes aztecas, en
i" A la entrada del tercer valle, en la salida de Oaxaca, se
i: encuentra el pueblo de Santa Lucía, célebre por sus peleas de
Chapultepec, Coyoacán, Texcoco, etcétera. ¡Tres mil años! Nos
remontamos entonces al periodo egipcio; había entonces en el
'"..,, gallos. Dos leguas más lejos, se esconde el bonito pueblo de Santa valle hombres, una civilización, palacios. ¡Qué horizontes para los
'
(,j María del Tule, bajo bosquecillos de guayabos, chirimoyas y espíritus investigadores, qué consecuencias puede sacar de aquí
granados. El viejo árbol llamado sabino, que cubre con su sombra la filosofia!
el patio de una pequeña capilla, es bien conocido en toda la Rumbo al este, el valle se estrecha. Se atraviesa Tlacolula, se
república; de lejos, la cúpula de verdor que corona su enorme siguen a lo largo las colinas, a los pies de las cuales canteras a
tronco hace creer en la existencia de un pequeño bosque. De cerca, cielo abierto aún presentan bloques medio tallados por los anti-
causa estupor y admiración su prodigioso desarrollo. guos constructores de Mitla.
El tronco, en su mayor diámetro, mide 40 pies; sobre otra cara, En línea oblicua hacia la derecha, se llega a San Dionisio,
podría tener 30. A 20 pies del suelo, conserva las mismas dimen- último pueblo de la planicie que se detiene bruscamente para
siones; a esta misma altura, se bifurca y sus vigorosas ramas, desembocar sobre Totalapa.
semejantes a robles centenarios, llevan a 100 pies de ahí la sombra El valle de Tlacolula, como el que se dirige hacia el sur, es
de su enramado protector. No es tan alto como lo haría suponer el centro de un rico cultivo: nos referimos a la cochinilla. Desde
la enormidad de su diámetro y supongo que no mide más de 150 hace tres siglos, el indio saca de este producto sumas inmensas;
pies de altura. además, cultiva maíz, caña de azúcar y trigo; explota minas de
Fuera de lo gigantesco de su tamaño, lo que sorprende al oro y plata que sólo él conoce; nada le falta para asegurarse una
visitante es el admirable vigor que lo distingue. Está lleno de vida feliz, abundante y fácil. Gran número de ellos podrían per-
incisiones hechas en la corteza que no resisten ahí más de un año. mitirse ciertos lujos, pero no.
[Cuántas letras entrelazadas, cuántos juramentos tomaron al vie- Como todo pueblo ignorante, el indio está imbuido de supers-
jo árbol como testigo de eternos amores! Pero, como imagen del ticiones, pero no he encontrado más que en el Marquesado la
Mitia ID
122 Ciudades y ruinas americanas

avaricia elevada al estado de vicio nacional. En todas partes del modernos de caoba, pero pude percatarme de que nada tenía que
mundo, el hombre esconde el numerario, pero sabe gozar de él hacer con este lujo y que su yerno, un mestizo ambicioso, llevaría,
y utilizarlo de acuerdo a sus necesidades. El indio nunca lo goza; ante los dioses indios, la pena de haber derogado una costumbre
produce y no consume. Cualquiera que sea su fortuna o la suma tan arraigada: Para ella, su pequeño palacio no consistía en nada
de sus productos, vive de la misma manera. Su cabaña no se más que una especie de museo, en medio del cual era una perfecta
distingue de ningún modo de la cabaña del pobre, tiene por eterno extraña; nunca una cama de caoba había abrigado su sueño; se
vestido el amplio pantalón de algodón burdo y el grueso sarape acostaba en el piso, sobre un petate. Su vestimenta era como la
de lana y, por alimento, la tortilla con frijoles y chile. de los suyos, una tela de lana amarrada alrededor de la cintura
El indio viaja con sus víveres y la bolsa llena con algunos y toda su vida la pasaba en una pequeña tienda que ocupaba la
reales para la copita de rnezcal, porque adora el alcohol, pero eso esquina de su casa, donde pedía a crédito maíz, mezcal y algodón.
es todo; siempre hay que pagarle con monedas, porque nunca Mitla, a donde una carreta de bueyes había transportado mi
podría dar cambio de un peso. material, se encuentra en la parte más inculta e ingrata del valle,
Vi a un indio pedir cuatro reales a un comerciante a quien la adosada a las montañas. Aquí reina un viento violento y continuo
víspera había vendido 1 500 francos de cochinilla. que reseca todo. La vegetación es casi nula y presenta únicamente
-Pero, ¿qué diablos has hecho con tu dinero? -le pregun- grandes plantas llamadas pitayales, que sirven para hacer cercas
taba el comprador. y cuyo fruto es delicioso. Éste alcanza el tamaño de un huevo de
-¡Ah, señor! Lo tengo colocado -respondió. Eso quería cisne, la pulpa es amarilla rojiza salpicada de puntos negros y
decir que estaba enterrado; pero, ¿dónde? Nadie lo sabía, ni su de un sabor comparable al de la fresa; resulta extremadamente
(, mujer ni sus hijos. Cuando el indio muere, su secreto se extingue refrescante en época de calor y los habitantes obtienen de él
1
I" con él. Rico, no lega a los suyos más que la miseria y la misma buenas ganancias en los mercados de Oaxaca.
¡''
inútil pasión de adquirir. Si por casualidad descubre algún tesoro El sitio de Mitla, que en tiempos de la Conquista ocupaba un
'"
,;: desconocido, respeta el secreto del propietario quienquiera que inmenso emplazamiento, no presenta hoy más que un conjunto de
éste sea y, lejos de tocarlo, lo vuelve a cubrir religiosamente. seis palacios y tres pirámides en ruinas.
'·' Conocí a un obrero, casi sin trabajo, que me afirmaba haber El lugar que ocupaba el pueblo contiene una construcción
descubierto dos escondites que encerraban sumas importantes. rectangular cuyos revestimientos de piedra no ofrecen ninguna
"Indícame el lugar -le dije-, y te pagaré bien." Sin darle escultura. De una longitud de 30 metros por un ancho de cuatro
importancia a la ingenuidad de mi oferta, me respondió que no aproximadamente, sólo tiene una abertura en uno de los lados
podía; como yo insistí en conocer el origen de una superstición pequeños; el destino funerario de los palacios de Mitla podría
tan extraña, me dijo: "Eso no se debe hacer." también serle aplicado, admitiendo, por su simplicidad, que esta
Se ha calculado que los valles deben encerrar, en numerario sepultura estuviera reservada a personajes de segundo orden.
escondido, algo así como ¡1 500 millones! La Casa del Cura es el primer edificio al norte, sobre el decli-
Tal suma fuera de circulación ... ¡Qué espantosa pérdida para ve de Ja colina. Consiste en una confusión de patios y construccio-
la sociedad! nes, con paramentos adornados de mosaicos en relieve de diseño
Sólo conocí una excepción a esta regla. Fue en Mitla, cerca muy puro. Bajo los salientes de los encuadramientos, se encuen-
de las ruinas: una vieja india de una fortuna inmensa, pero sos- tran rastros de pinturas completamente primitivas donde ni siquie-
pechosa (porque se le atribuía el descubrimiento de varios teso- ra la línea recta es respetada: son toscas figuras de ídolos y líneas
ros), se había mandado construir una magnífica casa, con un pa- que forman meandros cuyo significado nos escapa.
tio plantado de árboles cítricos y flores raras. Tenía todo un jardín Tales pinturas se reproducen con la misma imperfección en
con pájaros exóticos, pavos reales, guacos, gansos de Barbaría, todo palacio donde un abrigo cualquiera supo preservarlas del
cisnes, etcétera; sus habitaciones estaban llenas de muebles deterioro del tiempo.
Mitia 125
124 Ciudades y ruinas americanas

importantes, se encuentran al suroeste de los que reproducen
La incorrección de estos dibujos unidos a palacios de arqui- nuestras fotografías. Se hallan casi rasos y enterrados, ya que ios
tectura tan correcta, adornados de paneles de mosaicos de mara- muros no se levantan a más de tres o cuatro pies del suelo. Las
villoso trabajo, hunde al espíritu en extraños pensamientos: ¿no enormes hileras de ladrillos y los bloques inmensos que las dis-
podría encontrarse la explicación de este fenómeno en la ocupa- tinguen, les dan una importancia mayor que la de los palacios hoy
ción de los palacios por una raza menos avanzada que la de los todavía en pie. Los indios se apropiaron de estas ruinas, fijaron
primeros fundadores? Se trata de una simple hipótesis que emito. sus moradas en medio de los patios y los muros les sirven de
He dado a esta primera ruina la apelación de Casa del Cura,
cercas.
porque el venerable sacerdote que la ocupa desde hace medio El material empleado, ya lo hemos dicho, es la tierra batida
siglo, supo aprovechar los inquebrantables muros del edificio mezclada con guijarros y revestida de piedras. Algunos subterrá-
antiguo para acomodarse un retiro vasto y confortable, recubierto neos se extienden bajo las ruinas. Éstos ya han sido abiertos una
hoy por un techo moderno. vez, pero la actitud hostil de los indios los hizo cerrar antes de
La iglesia del pueblo, colindante con esta construcción, se que se hubieran podido recorrer y extraer los tesoros que encie-
halla por completo construida con materiales del viejo palacio.
.
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"" Arriba, a la izquierda, se encuentra la pirámide truncada de
rran. Yo quise en vano proseguir con la misma empresa, pero
hubiera necesitado el apoyo de cincuenta hombres para proteger
origen indio, coronada por una capilla moderna. Dicha pirámide mis trabajos, apoyo que tampoco pude obtener de un gobierno
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es de adobe, con escalera de piedra. Los españoles tuvieron mucho desorganizado que no podía sostenerse a sí mismo.
cuidado en hacer desaparecer hasta el menor vestigio del templo Nunca se llegará al conocimiento completo de tales monumen-
que la coronaba. El gran palacio, cuyo conjunto se conserva aún tos mientras perduren en México los continuos desórdenes. La
1, entero y del cual sólo falta la techumbre, se compone de una vida de los viajeros está sin cesar a merced del primer bandido
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I" construcción en forma de tau, cuya fachada principal, que mira que llegue, así como a la discreción de las poblaciones indias.
hacia el sur, es la más bella, la más considerable y la mejor con- Todos los días les ocurre -como a mí me ha sucedido- verse
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servada de los diversos monumentos de Mitla. Tiene 40 metros despojados del fruto de seis meses de trabajo, de un gasto enorme
c. de frente y envuelve una pieza de la misma extensión, cuyas seis y de innumerables fatigas; a mí me rompieron varios clichés y me
columnas monolíticas, de aproximadamente catorce pies, sostie-
quitaron todas mis notas.
nen la cubierta. Tres puertas anchas y bajas dan acceso a la pieza Además, las ruinas van deteriorándose cada día. Los indios
cuyo piso está cubierto por una espesa capa de cemento. aceleran este deterioro ya de por sí bastante rápido y, empujados
A la derecha, un corredor oscuro comunica con un patio por una extraña superstición, acuden en bandas desde los pue-
interior igualmente cimentado cuyos muros, como la fachada blos más lejanos y se apoderan de estas pequeñas piedras talladas
principal, están cubiertos de paneles de mosaico y de dibujos con que componen los mosaicos, persuadidos de que, entre sus manos,
encuadramientos de piedra. El patio es cuadrado y proporciona se convertirán en oro. La administración local debería poner térmi-
luz a cuatro piezas angostas y largas, cubiertas de arriba a abajo no a este vandalismo estúpido; sería suficiente una orden al al-
de mosaicos en relieve cuyos dibujos en bandas se sobreponen calde del pueblo y un guardia que se relevara a diario.
en variantes hasta el techo. Los dinteles de las puertas son enor- Los caprichos del colodión tuvieron a bien permitirme lograr
mes bloques que alcanzan cinco o seis metros. todas las reproducciones de las ruinas. Contaba con cerca de
El segundo palacio es uno de los más maltratados de Mitla, veinte que hice transportar a Oaxaca, donde, a mi vez, me apresuré
entre los que aún existen. Sólo la puerta queda en pie, con su dintel a regresar. Como no tenía barniz, fabriqué uno con una mezcla
esculpido; dos columnas en el interior dan testimonio del mismo de ámbar y cloroformo, que tampoco tuvo éxito. Decidí entonces
orden observado en la pieza grande ya descrita. protegerlas provisionalmente con una capa de albúmina, receta
El cuarto palacio se distingue en su fachada oriental por dada por Van Monckhoven, en su Tratado de [otografia.
paneles mucho más alargados. Cuatro palacios, quizá los más
Mitia 127
126 Ciudades y ruinas americanas

Una vez barnizados los clichés, los puse a secar al sol y ya tido conservaba prudentemente su posición, uno sin salir, el otro
me ocupaba en los preparativos de mi partida, pero las cosas sin intentar un asalto. Había que terminar. Hice mis visitas de
cambiarían. Fui a la ciudad a visitar a algunas personas, propo- despedida a las personas que me demostraron alguna amistad
niéndome, a mi regreso, depositar religiosamente mis clichés en durante mi estancia en la ciudad. Debo, en agradecimiento, recor-
sus cajas de ranuras. dar con qué gracia fui recibido en casa del señor Lancen, empre-
¡Ah, señor Monckhoven, qué ha hecho! Al regresar, cuál no sario francés; con qué amabilidad la señora Lancon me hizo el
sería mi estupefacción al ver que todo había desaparecido: la honor de su deliciosa compañía y puso a mi disposición los
contracción de la albúmina lo había borrado todo. recursos de una biblioteca selecta que me permitió escapar del
Cierto, fue una gran desgracia; mis productos y mis recursos aburrimiento numerosos días. Es tan raro reunir, como la señora
agotados me hacían desesperar. Agreguen a todo esto que las Lancon, tantas virtudes privadas y tan sólida instrucción, que el
tropas liberales, expulsadas tres meses antes, venían a su vez a recuerdo de su benévola hospitalidad es, en mí, inseparable de la
sitiar a los reaccionarios. La ciudad iba a cerrarse; hacía más de admiración que experimento por sus méritos. Ojalá estas pocas
cinco meses que esperaba y ¡no había noticias de mi equipaje! líneas puedan llevarle el testimonio de mi sincera gratitud.
.. La situación era desastrosa. Hice acopio de todo mi valor y Cuando mis preparativos estuvieron terminados, me costó ~ !

regresé a Mitla. gran trabajo encontrar mulas y un sirviente dispuesto a seguirme. 1

Únicamente pude encontrar a mi viejo carretero para acom- Necesitaba además, otro que conociera la sierra y el oficio de
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~j ~ pañarme. Los caminos estaban cortados por grupos armados y arriero, lo que no resulta fácil. Una mula mal cargada se despelleja
todo el mundo se quedaba en casa. y muere después de algunos días de marcha, sobre todo en las
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Estaba solo, completamente solo; pero puse tal persistencia montañas, donde las subidas y bajadas imprimen a los bultos un
vaivén muy doloroso para el pobre animal. Compré dos mulas y 'I
1.' y tal energía, que, en cinco días, sin dormir y pasando las noches ,f'

en la preparación de mis productos y mis lentes, realicé de nuevo un mulo con sus aparejos en 150 pesos, y eso que eran bastante
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malos los pobres animales. I'.
mi obra. Ya era tiempo; mis fuerzas estaban agotadas y me costó ',,
....
'.. gran trabajo regresar a la ciudad. Las tropas enemigas coronaban En cuanto a José, tuve que prometerle el doble de la paga
ordinaria, 20 francos diarios. Para mí, llevaba como montura el
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ya las alturas; las calles estaban cortadas por barricadas, el fuego
'' empezaba. El peligro no existía realmente para nadie y el enemigo caballo gris, objeto de mi intercambio con el Güero López y que,
ofrecía más bien el espectáculo de un juego de fuegos artificiales afortunadamente, nadie me había reclamado.
que el de un bombardeo. Día y noche, una batería de dos piezas
de doce y dos morteros, colocados sobre la colina, lanzaba bolas
y bombas sobre el convento de Santo Domingo, donde se habían
atrincherado las tropas de Cobos. Pero las bombas estallaban
siempre a cientos de pies arriba del edificio, de manera que los
habitantes, desde lo alto de las azoteas de sus casas, podían juz-
gar con toda seguridad el valor de los golpes y seguir con la mira-
da los estallidos de las bombas.
Cuando, de uno u otro campo, una bola alcanzaba aproximada-
mente su blanco, entonces la gente echaba hurras y aullidos salvajes;
el hábil tirador era el héroe de aquel día. Sin embargo, la vista
de esta guerra inofensiva ofrecía poco atractivo a mis ojos y yo
esperaba con paciencia a que terminara. Pero ocho días pasaron,
después quince, y la discusión no había dado un paso. Cada par-