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1/19/2018

EN MI BUSQUEDA ANSIOSA DE BERTHA LA MOSCA

¿Para dónde se fue Bertha, la mosca? A hoy, mientras conversaba con mis amigos, Bertha se
asentó en mi copa y me mi miro y yo la mire. Nos miramos fijamente hasta que pude ver, como
por cosa de inspiración, sus dos ojos. Cada uno de ellos contenía dentro de sí quinientos ojitos
muy pequeñitos. Cada ojito era independiente al otro, así que era capaz de ver cosas distintas a
la misma vez. Pero, en este caso, los mil ojitos me miraron sin parpadear. Por un instante me
perdí; en una matriz de ojos de distintos colores con distintos estilos que ha decir verdad ese
momento me pareció una eternidad.
Aún estaba en esa matriz de ojos coloridos y lucidos que más bien parecían estar llenos de agua
cristalina transluciente cuando, como si hubiese despertado de un sueño, Bertha ya no estaba
en mi copa; se había ido. Vi por todos lados, arriba, abajo, en las esquinas, en los lugares más
oscuros y hasta en los lugares que nadie ha buscado, y no la encontré. Rápidamente, fui a mi
laboratorio a buscar una lupa y tome datos de las huellas digitales de sus patitas que quedaron
en mi copa para compararlas y así ver porque lugares se desplazó. Empecé buscando huellas
por una esquina en donde el clima es adecuado; siendo que ahí ni el sol ni la briza estorban la
tranquilidad. Pero también busque ahí porque supe, por un amigo, que ahí es en donde
naturalmente las moscas de toda esa región llegan a aparearse. Cuando llegue al lugar que más
se me daba como el indicado, siendo que por ahí mismo había visto a algunos familiares de
Berta antes, rápidamente tome mi lupa y empecé por la huella que más correspondía a la que
tenía en mi mano. Curiosamente, sin poder creer, verifique una y otra vez la primera patita.
Porque, me pareció demasiada suerte haber encontrado las huellas de Bertha en el primer
intento. Pero, enseguida me decepcione cuando verifique las otras patitas las cuales no
correspondieron.
Para no cansarlos, el primer intento fue lo más cerca que estuve de Bertha. Porque, después de
eso verifique cuatro millones de patitas y ninguna me dio un indicio. Me obsesione tanto con
las ansias de encontrar a Bertha que vendí todas mis propiedades e invertí todo el dinero en
todo los recursos que me hubiesen podido llevar a donde Bertha. Pero, pronto me di cuenta
que con tantas moscas que contar, necesitaba inventar algo que pudiese calcular números y así
fue como invente la calculadora. Luego, contrate a veinte muchachos de los más listos en mi
pueblo y les di cinco calculadoras a cada uno; siendo que se trataba de tantos millones de
moscas había necesidad de mucho espacio para almacenar tantísimos números. Después de
nueve cientos cuarenta minutos de haber buscado por todos los rincones de un espacio tan
infinito, vinieron los muchachos; sin nada, cansados y hambrientos. Todos estaban cubiertos de
lodo lo cual me hizo ver que habían hecho un gran sacrificio.
Esa noche me fui a dormir cansado y triste. Me pareció que hasta el sol tuvo pena de mí al igual
que la luna y las estrellas. Ninguno de ellos quiso mostrar su rostro, simplemente esa tarde solo
mostraron apenas su resplandor un poco más opaco. Quizás supieron que mi dolor era grande.
Me acosté apague la luz; esta vez pensé en Bertha como nunca antes había pensado y de esa
forma me quede dormido. De repente, como cuando se despierta de una horrible pasadía,
desperté de golpe que hasta Bertha que estaba a mi lado despertó. Sin vacilar ni un instante,
tome a Bertha en mis brazos y le di un bezo en la frente. Después de todo el gran laberinto que
acababa de soñar, somos dos moscas felices, y los seremos por muchas horas.

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