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Domingo II de Cuaresma

Monición de entrada y acto penitencial:

En el camino hacia la Pascua, la Iglesia pone siempre ante nuestros ojos en


este segundo domingo de Cuaresma la figura de Jesucristo transfigurado. Su rostro
glorioso tiene que servirnos de estímulo a los que intentamos seguir sus pasos, pues
nos ayuda a comprender que la Pasión es el camino que conduce a la resurrección.
Por ello que ahora, al reunirnos ante Jesús que camina hacia la cruz y la
resurrección, reconocemos la debilidad de nuestro seguimiento, y pedimos
humildemente perdón a Dios por nuestros pecados.

Monición a las lecturas


Este domingo se nos anticipa el misterio de Cristo resucitado y glorificado a la
derecha del Padre. Así ocurrió en el misterio de la transfiguración que nos presenta
el evangelio: por la cruz, a la luz. Dios entregó a su Hijo a la muerte por nosotros;
pero la Pasión es el camino de la resurrección. Así hemos de vivir el misterio de la
cruz siempre, y de modo especial en estos días de Cuaresma, llenos de esperanza en
que un día también resucitaremos. Al participar en la eucaristía del cuerpo glorioso
de Cristo, nos hacemos partícipes ya de los bienes eternos del cielo.

Oración de los fieles


1. Para que la gracia de Dios brille sobre la Iglesia y la transfigure. Roguemos al
Señor.

2. Para que los que han sido ungidos por el Espíritu y sirven a su pueblo escuchen la
Palabra de Dios y la hagan vida. Roguemos al Señor.

3. Para que la gracia de Dios brille sobre los pueblos marginados y la esperanza los
transfigure. Roguemos al Señor.

4. Para que la gracia de Dios brille sobre los hombres que viven sometidos al pecado
y los transfigure. Roguemos al Señor.

5. Para que la gracia de Dios brille sobre nosotros y la promesa de la Pascua nos
transfigure. Roguemos al Señor.
Para la misa familiar
Ofrendas
Cirio
Con esta vela encendida queremos pedirte, Señor, que ilumines nuestra fe,
para que podamos descubrirte no sólo en los momentos de gozo, si no sobre todo, en
las pruebas y dificultades de la vida.
Pan y vino
Como los apóstoles, también nosotros decimos: “¡qué bien se está aquí!” Es tu
presencia sacramental, son tu Cuerpo y tu Sangre, que recibimos en la comunión, los
que nos haces experimentar tu amor. ¡Quédate siempre con nosotros!