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Violeta: legado de música y folclor

El centenario de la cantautora chilena, que se celebra hoy, 4/10/2017 ha invitado a repasar los hitos de su vida, su
cancionero y su incansable labor como investigadora de lo nuestro. Aquí, las inspiraciones, de norte a sur, que
alimentaron el arte y ritmos de la festejada.

Desde su nacimiento en San Carlos, provincia de Ñuble, hasta su extensa estadía en Europa, Violeta Parra investigó,
recopiló, se nutrió y aprendió sobre nuevos instrumentos y formas de hacer música. Enseñanzas que inspiraron su obra y
que reflejó en canciones. Con motivo de su centenario, fueron entrevistados el autor de la más completa biografía de la
folclorista hasta la fecha, Víctor Herrero; el reputado musicólogo Juan Pablo González, y el musicólogo y director de la
Revista Musical Chilena, Dr. Luis Merino, para desentrañar qué latitudes y rescates están presentes en las canciones más
importantes de la festejada. Especialistas que concuerdan en que en la zona centro-sur encontró la iluminación para
gran parte de su material, y que el paso por Europa fue crucial para ampliar su paleta sonora.

Arriba quemando el sol: Violeta y el norte

En sus viajes al norte, la folclorista conoce varios instrumentos de la zona, pero “su relación con estos era ambigua; te
diría que hasta fines del año 50 es bastante purista, es como la guitarra, la guitarra traspuesta, que son distintas formas
de afinaciones campesinas y pare de contar”, detalla Víctor Herrero.

Pero fue también esa zona la que sirvió de inspiración para uno de sus grandes himnos de denuncia social: Arriba
quemando el sol. Luis Merino opina: “La sonoridad es del norte. Lo que llamamos técnicamente los músicos las
estructuras pentatónicas, o sea, de aquellas escalas que fundamentalmente tienen cinco notas”.

La jardinera: Violeta y el centro

Fue en el año 1952 donde se marca un punto de inflexión en la carrera de Violeta Parra: comienza su extensa labor de
recopilación e investigación de las raíces chilenas, primero en la comuna de Barrancas, actual Pudahuel, y luego por todo
Chile. Pero es la influencia de la zona central del país la que según los especialistas marca a la cantautora. “La mayoría de
las canciones están más vinculadas con la zona central y con la estructura de la décima”, dice Juan Pablo González. Y
ejemplifica: “La jardinera como tonada, y como cueca, La cueca de los poetas”.

Merino complementa: “Lo que fue su base musical estuvo en la tradición campesina de la zona centro-sur de Chile”.

Es de esta zona también donde toma algunos de los instrumentos característicos, como el guitarrón. Aunque no existe
registro fonográfico de la autora utilizándolo, Herrero detalla: “Ese fue su primer gran descubrimiento. Muchos
musicólogos creían que ese instrumento se había perdido que ya no se tocaba y ella lo descubre en unos fundos”.

Arauco tiene una pena: Violeta y el sur

Fue en uno de sus viajes al sur donde la folclorista vive otro hito: conoce la sirilla. “En un viaje a Chiloé el año 1959-1960,
ella descubre la sirilla, que es un canto y baile de origen español que solamente existía en Chiloé. A ella le gustó mucho,
a tal punto que varias de sus canciones más famosas son sirillas, por ejemplo, Gracias a la vida”, remarca Herrero.

El retrato de la realidad del pueblo mapuche es otro de los intereses de Violeta que esta conoció en sus viajes al sur, y el
que reflejó en Arauco tiene una pena, donde se utiliza el instrumento cultrún, por ejemplo.

González sigue: “Era un mundo complicado para estudiar y para aprender. Además, es un tipo de lenguaje musical que
es muy diferente al que ella manejaba. El mapuche no usa guitarra, no tiene ese acompañamiento, y de los instrumentos
mapuches ella intentaba incorporar el cultrún, pero era muy poco práctico para sus giras, porque pesaba mucho.
Finalmente, como instrumento de percusión ella usa el bombo argentino, que musicalmente le funcionaba más”.

Volver a los 17: Violeta y Europa

La influencia compositiva de Violeta Parra no solo llegó desde América del Sur, también la encontró en una Europa
donde su segunda estadía, entre 1962 y 1965, fue la más fructífera. “En París y también en Ginebra era un hervidero de
músicos latinoamericanos. Ahí conoce el cuatro o guitarra venezolana, el que era reacia a tocar. Igual lo tocó, pero le
puso “guitarrilla”. Volver a los 17 lo toca con el cuatro. Se acerca más a la quena y empieza a tener un sonido un poquito
más autóctono, así más folclórico como lo conocemos hoy. El charango no me consta que lo conoció ahí, pero es
probable por la cantidad de músicos que lo usaban. El año 66 visitó dos veces Bolivia y ahí conoce a Ernesto Cavour
(compositor boliviano), quien luego le regalaría un charango. Ella lo ocupa en Gracias a la vida y Run Run se fue pa’l
norte”.

González finaliza: “En sus dos estadías en París, con la música latinoamericana, andina, venezolana, peruana, argentina,
se va a producir como un gran encuentro de todas esas corrientes”.
Cada 4 de octubre se celebra el Día nacional de la Música y los Músicos Chilenos, evento que conmemora con su fecha el
natalicio de Violeta Parra. Y es que no es casualidad que en ese día se recuerde a Violeta, puesto que ella es una de las
cantautoras chilenas más reconocidas, no solo en nuestro país sino que también a nivel mundial.

Hija de Clarisa Sandoval y de Nicanor Parra, Violeta Parra desde muy pequeña fue influenciada por las artes. Su padre
era profesor de música, lo que llevó a que tanto Violeta como sus ocho hermanos incursionaran en la música y en el
espectáculo.

En su inicio como cantante, Violeta Parra se dedicó a recolectar canciones tradicionales del campo, hecho que fue
influenciado por su hermano Nicanor Parra. Para esto, recorrió el centro y sur de Chile, rescatando esas canciones que
estaban al borde de quedar en el olvido. A estas les agregaría un ritmo propio del folclore nacional, en compañía de
instrumentos como la guitarra, zampoñas, el cuatro, entre otro. Luego de esto se dedicaría a escribir sus propias
canciones, las cuales actualmente son parte del colectivo de todos los chilenos como Gracias a la vida o Volver a los 17,
por nombrar algunas.

Violeta Parra incursionó también en las artes plásticas, debido a que una enfermedad en el año 1959 le impidiera tocar
guitarra y cantar. Dado a su personalidad activa, no se quedó tranquila y se dedicó a elaborar pinturas antropomorfas,
en la que borraba el espacio pictórico. Sus obras se caracterizaban principalmente por utilizar colores fuertes, que
representaban su emocionalidad. Entre sus pinturas más conocidas destacan “Velorio de Angelito” del año 1964, un óleo
pintado sobre tela que representa una tradición muy común que estaba presente en la cultura campesina de esos años,
el velar a los bebés fallecidos vestidos de ángeles, como una analogía a su pureza e inocencia. A esto se suma la propia
experiencia de Violeta con el fallecimiento de su hija Rosita Clara, una de sus 4 hijos, a la cual le dedicaría además la
canción Rin del angelito.
Violeta además aprendió a expresarse a través del bordado. Sus arpilleras retrataban figuras tradicionales del campo y la
cultura popular chilena. La figuras eran similares a las de sus pinturas. La artista decía que “Las arpilleras son la parte
hermosa de la vida, y las pinturas la tristeza de la existencia”, lo cual se puede reflejar en los diversos temas que trata en
cada forma de arte. Tras cuatro años dedicándose a esto, sus obras llegaron a ser expuestas en el Pabellón Mansano del
Palacio de Louvre en 1964. Según el catálogo revisado del Museo Violeta Parra, en aquella exposición se
presentaron arpilleras, pinturas al óleo sobre tela o madera prensada y esculturas en alambre.

Hasta el día de hoy sus obras son consideradas importantes puesto que en cada una de ellas lograba retratar una
realidad social chilena que nadie había mostrado antes al mundo. Parra estaba muy influenciada por movimientos
sociales y políticos de la época, por lo cual le tenía una tendencia a mostrar la pobreza, lo aislado, aquella realidad que
muchas veces era ignorada en su época.

Actualmente son cientos los artistas chilenos que se declaran influenciados por su música de alguna u otra forma.
Romina Núñez, integrante del grupo musical Las Comaires, es una de ellos. Se dedica a recopilar y difundir canciones de
la tradición popular. Para ella, Violeta Parra tiene una gran importancia en el rescate del folklore nacional. Así mismo,
son varios los grupos musicales que han hecho nuevas versiones de sus canciones, como Chancho en Piedra, quienes
realizaron un cover de “Casamiento de negros”. El grupo además estuvo presente en el evento del día de la Música y
músicos chilenos y conmemoración de los 100 años de Violeta. A ellos se suman sus nietos, Javiera y Ángel Parra quienes
se encargan de mantener presente la música de su abuela en la actualidad a través de tocatas y conciertos.

El legado de Violeta Parra está presente en cada ámbito de nuestra cultura, haciéndose presente además en el cine con
la película “Violeta se fue a los Cielos”, del director Andrés Wood, la cual tuvo una muy buena recepción en el público a
nivel mundial, pero sobretodo en Chile, donde se destacó la forma en que la artista y su vida fueron presentadas en la
cinta.

Así, podemos ver que a sus 100 años de natalicio Violeta sigue presente.

Escucha aquí el reportaje realizado por Catalina Hernández y Marcela Drago.