Está en la página 1de 3

LA MISA

La misa del domingo no está en discusión; está lloviendo ... a misa, ¡que calor! ... a
misa, nevó en Jauja ... a misa, me siento mal ... si no me estoy muriendo … a misa.
A misa voy a alimentarme del cuerpo, la sangre y la palabra de Dios; estamos
hablando de felicidad, ¡llénate de Dios! ... pero fíjate bien … ¿sabes porque mucha
gente no va a misa todo lo que debería ir? ... porque no hemos comprendido la
misa.
La misa es una cita, una cita hermosísima y funciona como todas las citas.
Imaginense que yo les dijera ahorita que la próxima semana tengo cita con el Papa,
Ustedes me dirían ¡qué maravilla!, ¿que le va a pedir? ¿que le va a dar?. Si yo les
dijera que la próxima semana tengo una cita con el Presidente del Perú, ustedes me
dirían: ¡qué maravilla! ¡ya la hiciste! … te va a dar una autopista, un centro
comercial.
¿Pues saben que? … ni tengo cita con el Papa, ni con el Presidente ... cada
semana ... tenemos una cita con Dios ... ¡Nuestro Padre, nuestro hermano, nuestro
amigo! ... nuestro principio y nuestro fin ... de dónde venimos y adónde vamos … El
Señor de nuestra existencia, cada semana una cita con él.
¿Saben cómo funciona esta cita? ... como todas las demás … llegas y antes de
entrar, te revisas; no vayas a traer una galleta, mermelada; te ves los zapatos, te
arreglas el pelo; ya que estas bien entras y lo primero que haces, decirle una cosa
bonita a quien te recibió: “me han dicho que usted es un tipazo”, “gracias por
recibirme, es usted una gran persona”. Apenas ya le dijiste eso, comienza el
diálogo; él habla, tú hablas, él habla, tú hablas; termina el diálogo, se llega un
compromiso, nos intercambiamos un regalo. Cuando tú vas a una cena, por lo
menos llevas una ensalada, una gelatina, una botella de vino; ¡intercambio de
regalos!; y cómo termina una cita: apretón de manos … se renueva el compromiso y
nos vamos.
Parece mentira, les acabo de decir exactamente que es una misa ... llegas y antes
de entrar te revisas, porque crees que el Sacerdote dijo: “para celebrar dignamente
estos sagrados misterios reconozcamos nuestros pecados”. No es tiempo de
apagar el celular ... ¡ya lo apagaste!; no es tiempo de peinar a tu hija … lo haces
después; no es tiempo de buscar las llaves en la bolsa … ahí están. Es tiempo de
revisar la conciencia … ¡si entras dentro de ti, puedes comulgar!. Dice el evangelio:
subieron al templo un fariseo y un publicano, el fariseo no dejaba de decir:
gracias Dios mío, porque yo no soy un pecador; el publicano decía:
Perdóname Dios mío ... porque soy un pecador ... dice Jesús: ¿quien bajó
justificado a su casa? … ¡el pecador!. Hermanos, hermanas … de ahora en
adelante ni una distracción cuando diga el Padre: “reconozcamos nuestros
pecados” … entonces ya después dices: “yo confieso que soy un pecador,
por mi culpa mi culpa mi gran culpa, y peque de pensamiento, de palabra, de
obra y de omisión” … en ese momento Dios me limpia de mis pecados ... si tengo
pecados mortales tengo que ir con un sacerdote, pero si no … ya lo reconocí ...
¡estoy limpio! … Dios me da la dignidad, la posibilidad de acercarme a comulgar.
Apenas pasó eso, entras a misa y le dices a Dios unas cositas bonitas … ¿cuáles?
... ¡Gloria a Dios en lo alto del cielo! ¡sólo tú eres santo, sólo tú señor, sólo tú
altísimo! … ni el materialismo, ni el sexo, ni la droga, ni nada … ¡solo tú!, es lo
que decimos en cada misa y por eso estoy aquí. Y de pronto comienza el diálogo ...
¿cuál es el diálogo? … ustedes dirán: “en la misa nadie habla ... sólo el
sacerdote” … ¡mentirota!. En la primera lectura Dios te habla … tu respondes con
un salmo. Dios te habla en la segunda lectura, respondemos con el Aleluya. Dios
te habla en el evangelio … ¡además el mismo Jesús! ... por eso se dice Aleluya y
nos ponemos de pie, porque está entrando el Señor. En una misa solemne, con
incienso y con velas, el diácono lleva el evangelio así, mostrandoselo a todos …
¿porqué?, porque el evangelio no es un libro, ¡el evangelio es una persona! ...
por eso cuando oigo Aleluya, me pongo de pie, está entrando al Señor … ¡que
belleza!.
Pues mira, qué pena lo que tengo que decirte. La mayoría de las veces la gente no
se entera de las lecturas y por tanto no te llevaste nada de esta misa … si al
terminar la misa te pregunto: ¿de qué trató el evangelio? … ¿que me dirás? : no te
acuerdas, no se escuchó bien. Perdón que te haga la pregunta, si saliendo de misa,
no te acuerdas de qué trató el evangelio y las lecturas ... me puedes decir: ¿a qué
viniste? ... Ah no, yo vine a comulgar … ¡no me digas!. Dice San Agustín: “no es
más importante el cuerpo de Cristo, que la palabra de Cristo” … nos nutrimos
con el cuerpo y la sangre de Cristo, para poder vivir su palabra … se te acaba de
escapar una parte de la misa enorme. De ahora en adelante, en misa, que nada te
distraiga … “es que en mi parroquia se oye mal” ... cómprate el misal, sigue las
lecturas … “es que en mi parroquia pasa a leer una señora que lee mal” … pasa en
todos lados. El otro día en mi parroquia, salió una señora a leer y dijo a mitad
de lectura: “abran paso” ... ¡perdón! “Abraham pasó del otro lado del mar” …
se desbarató la misa la tía está, al final todos diciendo: “estuvo preciosa la
misa” … ¿por la homilía? ... no por la estupidez que dijo la señora. Nada es
pretexto para no vivir la misa, llévate el misal y sigue las lecturas.
Entonces termina el diálogo ... ¿y que sigue? ... ¡intercambio de regalos! … yo traje
agua, vino y pan … me llevó el cuerpo, la sangre y la palabra de Cristo ... ¡qué
maravilla!. Además, en misa nos van a pasar una charolita para la ofrenda, yo lo
puedo decir aquí porque esta no es mi parroquia; hermanos, hermanas, ¡sean
generosos con Dios! … hay gente que echa 10 céntimos y pide vuelto … ¡sé
generoso con Dios!, es para mantener las vocaciones, el seminario, la formación,
los curas que viven en los lugares más pobres del mundo, para mantener nuestra
iglesia, para decorar nuestros templos ... ¡generosidad!.
Pero sabes qué es lo que te quiero, decir si yo tuviera que dar en cada misa el
equivalente a lo que me llevó, tendría que traer a cada misa unos 10,000 millones
de dólares. Nadie puede pagar la sangre y el cuerpo de Cristo … cómo no los tengo
¿que es lo que puedo hacer? … cuando el sacerdote levante la patena, súbete
espiritualmente a la patena y dile a nuestro Señor: “Señor nada más traje S/. 5, S/.
10, S/. 20; ¿pero sabes que? … ¡traigo más! ... te ofrezco cuidar a mi suegra, te
ofrezco cuidar a mis hijos, te ofrezco trabajar con honestidad, te ofrezco ver la
televisión con pureza cambiarle a lo que no me conviene, te ofrezco que no
voy hablar mal de nadie”. Los primeros días de este año, le preguntó a una
hermana de la Parroquia: “Hermanita cuál va a ser su propósito de principio
de año” … me dice ... yo creo que la agarre medio shockeada, porque no se le
ocurría nada … y dice: “Hermanito no voy a hablar mal de los demás” ... yo le
dije: “Ah, usted es de las que hablan mal de los demás” … y me dice:
“Hermanito, es que uno se propone no criticar … pero es que la gente no
colabora”
Hermanos, hermanas, no hables mal de nadie; hoy cuando se nos pida la ofrenda,
si que bueno, pon todo lo que pongas; pero cuando se levante la patena pon tu
corazón completito. Entonces la misa ¡te sabe! ... termina el intercambio de regalos
y viene lo fundamental ¡compromiso! … ¿cuál es el compromiso? ... Jesús se
presenta en el altar … hermanos, hermanas habían oído esta expresión: “cada
misa, es viernes Santo” … no hermano, cómo cree ... no exagere ... ¡grábatela!:
“cada misa, es viernes santo” … ¿porque? ... porque lo importante del viernes no
fueron los clavos, ni la corona, ni la cruz. Lo importante del Viernes Santo es el
ofrecimiento de Cristo a su Padre; cuando Jesús en Getsemaní, ya en la madrugada
del viernes, se levanta y dice: “Levantaos ... Vámonos de aquí, ya llega el que
me entrega ... nadie me quita la vida, la doy yo por mí mismo ... ¿a quien
buscáis? ... a Jesús de Nazaret ... soy yo, dejar ir a estos”. Y Jesús se entregó
por nosotros.
Mira, lo importante no fueron los clavos ... si Jesús hubiera muerto en la flagelación,
no hubiera habido clavos, ni cruz, ni hubiera habido redención. Si Jesús hubiera
muerto con la bofetada del guardia, no hubiera habido flagelación. El compromiso
de Cristo es que hoy viene nuevamente al altar ¿sabes para qué? … para salvarte a
ti y a mí, para que tú y yo no podamos decir: “yo no estuve el viernes Santo, yo no le
escupí, yo no lo clave”. Hermanos, hermanas yo Edwin Casas/Silvia Campos soy
más pecador que los romanos, ellos no sabía lo que hacían. Los fariseos no
conocían a Jesús, yo lo conozco y lo puedo traicionar. Yo sé que son 2000 años de
iglesia, de cristianismo, de eucaristía. A mí el señor ya me ha perdonado 10000
veces en la confesión y sigo cayendo en pequeñas tonterías, a veces en grandes.
Hoy Jesús viene al altar para salvarme a mí, que no estuve allá; viene con un
sacrificio no cruento, pero idéntico … ¡Padre, bajó otra vez al altar por mis
hermanos! ... entonces, hay que vivir la misa de una manera diferente.
Cómo termina, antes se decía: “podéis ir en paz, la misa ha terminado” … ya no se
dice la misa ha terminado … “¡vayamos con alegría!, a ser testimonio de Cristo en el
mundo” … la misa nunca termina … “lo que viví aquí, lo tengo que vivir allá afuera”
ese es mi compromiso.