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El dominio propio

Si quieres alcanzar la santidad debes tener el rasgo de carácter que implica el


dominio propio. Conquistarte a ti mismo es más valioso que conquistar una ciudad.
Cuando lo logres serás una persona satisfecha, más equilibrada y sana.

Muchas cosas que no te convienen querrán dominar tu vida. El pecado no es permitido


por Dios pero a veces parece que no lo recordamos. Si no te dominas a ti mismo
cualquier cosa te dominará. Toma el control de tu vida o algo más lo hará. Para
lograrlo debes practicar, así como se entrena con el objetivo de ser bueno en
cualquier deporte. Esta práctica debe ser diaria e intensa, lee la Biblia, busca tiempo
a solas con el Señor y aléjate de las situaciones de tentación. Recuerda que las
decisiones de hoy tienen consecuencias en el futuro y tú decides lo es mejor para ti.

La vida cambia completamente cuando sales del colegio e inicias tus estudios en la
universidad. Nadie te dice qué hacer, no te presionarán para asistir a clases ni podrán
quejas a tus padres. Pero sólo aquellos que tienen dominio propio decidirán hacer lo
bueno para vencer. Si quieres vivir en santidad ordena tu existencia y conviértete en
el jefe que te prohíbe obrar mal. Nadie puede instruir a otra persona si no se instruye
a sí mismo primero. No tendrás autoridad para educar a tus hijos si no les das ejemplo
de dominio y conducta honorable. Los padres deben inspirar a sus hijos desde
pequeños. Conviértete en su héroe para que anhelen ser como tú.

En 2da. de Timoteo 1:7 lemos: Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino
de poder, de amor y de dominio propio.

Seguramente tú también has intentado dejar algo que no está bien y debes insistir
porque el Señor te ha dado espíritu de dominio propio y poder en el amor. El Espíritu
Santo te fortalece para evitar lo que no te conviene. Cuando te enfrentas a
situaciones difíciles Él te advierte para que te alejes. El Señor te anhela. La Biblia
dice que cuando estamos con Cristo somos uno solo con Él. Fuimos hechos para ser
uno mismo con Dios.
Desde los once años tengo el privilegio de ayudar a muchos jóvenes. En esa tarea veo
que no practican el dominio propio y no buscan llevar una vida en santidad.
Recuperemos el dominio propio, decide ser santo, aún cuando hayas cometido
pecado. Esfuérzate por imitar a Jesús, cuida tu cuerpo porque le pertenece al Espíritu
Santo.

Reconoce que debes dejar todo aquello que no te permite ser santo y que tienes que
cambiar para bien. Busca a tu Padre Celestial que ha sembrado con amor y paciencia
en tu camino. Dios es fiel y quiere hacer de ti una mejor persona. Para ser usado por
Él dile que sí, entrégale tu vida porque este es el momento justo para hacerlo.

Sin dominio propio es imposible ser líder. No es el inicio sino el final lo que vale.
Demuestra que eres capaz de obrar bien.

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