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Las gaviotas del naufragio

Nada más confuso que ir perdido y no tener certeza de dónde llegar. Esa era la situación de la
gaviota después de salir de la más terrible de las tormentas, volaba sobre un mar nublado, todavía
picado, y faltaba poco para caer la noche.

Tenía que encontrar una solución. La primera que se le ocurría era volar hasta el amanecer, era lo
que siempre había hecho; pero era consciente que el cansancio físico podía ser superior a sus
fuerzas. Así que mientras volaba buscaba un “algo” que le ayudara a salir del problema, por lo que
aguzó su vista sobre el mar rizado y hacia el horizonte. Lo hizo una y otra vez, con la tozudez que la
caracterizaba y, a la vez, que necesitaba. Abajo una figura llamó su atención y voló directamente
hacia ella para asegurase que no fuera una ilusión debido al extremo desespero. ¡Era cierto! Un
alijo de plástico flotaba sobre las frías aguas del océano. Sin pensarlo, descendió sobre él. Allí, se le
ocurrió quedarse hasta el amanecer.

Sin embargo, no podía dormir; se preguntaba: ¿Dónde estoy? ¿Si me quedo en esta isla de plástico
a vivir? ¿Me llevará la isla a algún lugar en cuánto tiempo? ¿Seré capaz de vivir el resto de mi vida
sola? ¡Si con el tiempo, esta isla se convierte en micropartículas de plástico, estaré perdida!

Pero el cansancio, el frío y la incertidumbre terminaron por adormecer su cuerpo. Durmió el resto
de la noche, sin saber si soñaba o si en su cabeza remolinaban sinnúmero de preguntas.

El nuevo día comenzó a desperezar con suaves rayos de luz; a la gaviota se le antojaron dorados y
de una belleza sin igual. Sabía que con el sol llegarían los vientos calientes, que si los usaba podía
ahorrar fuerzas. Sin dudarlo, apenas sintió la briza entibiecida se impulsó y elevó su cuerpo sobre
el viento; había tomado la decisión de explorar, de ver más allá. Si bien era cierto que había
encontrado una isla de plástico -que le garantizaba, por lo menos por un largo tiempo-, un lugar
para vivir; también, era cierto que su ser le exigía lograr su más grande sueño: ser una gaviota de
crucero.

Una gaviota de crucero tiene oportunidades que nunca pueden soñar las gaviotas de pesqueros, y
menos, las de fiordos: las gaviotas de crucero hacen parte de las alegrías humanas, son
fotografiadas, reciben regalos gastronómicos en cubierta y los enamorados se abrazan para ver
cómo se pierden al volar en el azul de las tardes de veranos cuando los buques fondean a poca
distancia de los puertos.

De tal modo, la gaviota voló semanas sobre el mar sin que viera nada distinto que cardúmenes de
deliciosas sardinas y picos de olas, sin que ello fuera impedimento para seguir buscando. Gracias a
su terca persistencia, al filo del mediodía, una de las tantas búsquedas, dio su fruto; a lo lejos se
veía una estructura, que parecía ser un barco.

Así que voló hacia allí. Efectivamente, era un viejo barco sin tripulación, un naufragio de los que
vagan sin rumbo a causa de algún tsunami; en él había una colonia de gaviotas: algunas en viejos
tiempos fueron gaviotas de pesqueros, otras de cruceros y, las más jóvenes, gaviotas nacidas en el
naufragio mismo.
Luego de presentarse y de ser recibida y alojada en uno de los camarotes, la gaviota comenzó a
averiguar sobre qué hacían allí, cuáles eran sus preocupaciones, cómo se veían en el futuro; cada
respuesta la asombraba más: ninguna gaviota parecía tener interés en hacer del naufragio un lugar
mejor ni de salir a buscar algún barco pesquero o un barco crucero; ni siquiera las gaviotas más
jóvenes, aparentemente, mostraban interés en el asunto.

Por lo que la gaviota decidió contar historias, traer al presente situaciones, acontecimientos,
anécdotas, mitos de la vida de las gaviotas. Así logró motivar a otras gaviotas que querían saber
más, ir más allá del cotidiano, hacer de la vida una vida mejor que la que estaban viviendo. Ello dio
origen a generar roles de compromiso: unas gaviotas buscaban barcos al norte, otras al sur y, así,
hacia los cuatro puntos cardinales; tenían que volver al mundo civilizado y ser viajeras de barcos
modernos, sí los más modernos.

En el naufragio, lo que primero fue un alboroto con los días se convirtió en disciplina y normas de
conducta, entre ellas, la más importante: hacer las cosas y tratar a las demás gaviotas desde el
corazón; por ello, el naufragio se convirtió en una comunidad amorosa, donde cada una trabajaba
por el bienestar de las demás y a la vez hacía lo necesario para lograr su sueño. Algunas veces
hacían las cosas en comunidad y la cooperación era su mayor fortaleza.

De vez en cuando pasaban barcos pesqueros, cargueros y cruceros que llevaban consigo gaviotas,
a las que algunas gaviotas del naufragio se unían para cumplir sus sueños.
UNIMINUTO lleva en sus manos la más humana de las banderas, el compromiso humano con lo
humano y lo ambiental, la fe y el amor cristiano: un compromiso misional que reconoce la
necesidad del cambio, un argumento amparado por la práctica de una constante innovación
institucional y apego a los valores que han caracterizado el razonamiento y las acciones
institucionales.

No es una institución educativa que se dedica a impartir conocimientos basados en las normas de
competencia laboral, a formar personas especialistas en hacer cosas, en seres desprovistos de
valores distintos al de la producción y el desempeño funcional laboral o empresarial. Uniminuto va
más allá en su compromiso con la enseñanza, comienza por reconocer al estudiante como un ser
dotado de valores singulares que está en capacidad de crecer en ellos y desempeñar profesiones,
así como de ofrecer interrelaciones bajo los criterios de la ética, el razonamiento moral y los
valores cristianos, todo ello dentro de una centrada visión humanista, que motiva al estudiante
para ser forjador, autoregulador y poseedor de su propio proyecto de vida.

De este modo la Institución contribuye a mejorar el impacto de la educación superior en el país,


posibilita el desarrollo cognitivo del individuo desde su ser, tanto como en función de hacer del
país una Nación más viable, humana, solidaria, amorosa, reflexiva y sobre todo capaz de defender
espacios de tolerancia y respeto por lo diferente.