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La

Novia del Millonario

Ruso

(Capítulo 3 de la Serie del

Millonario Chekhov)

Leona Lee

Todos los derechos reservados.

Copyright 2014 Leona Lee, J. Starr


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Nota: Este libro es la tercera

entrega de una serie de 3 sobre el

millonario Chekhov.

Capítulo 2: La Amante Inocente

den Millonario

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Índice

Capítulo 1
Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 10

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Nota del autor

Capítulo 1

Sarah se despertó al sonar una

alarma, y se incorporó asustada. No

se iba a acostumbrar nunca a aquel

solido, e inmediatamente miró hacia

la cama para asegurarse de que

Vitaly estaba bien.

"Lo siento, guapa"- le dijo una

enfermera con tono alegre, antes de

salir de la habitación tras comprobar

las máquinas.

Sarah se levantó de la silla y se

estiró. Se había vuelto a quedar


dormida. Las enfermeras ya no la

despertaban cuando terminaba el

horario de visitas. Desde el

accidente de Vitaly, Sarah había pasado casi todas las noches en el

hospital, mientras él permanecía en

coma.

¿Ya habían pasado dos meses

desde el accidente? Se preguntó

Sarah a la vez que contemplaba el

amanecer por la ventana. No podía

creer todo lo que había sucedido en

los últimos meses. Desde que

empezó a trabajar para Vitaly

Chekhov en VIC Enterprises, su vida

había sido un verdadero torbellino

emocional.

Cuando aceptó las prácticas, supo

que iba a trabajar con uno de los

mejores empresarios del negocio de

la logística, pero nunca pensó que se iba a enamorar de él. Se había

alejado de él dos veces, y en ambas

ocasiones acabó regresando a su

lado. Sacudiendo la cabeza, observó

la figura inerte sobre la cama. Aún

no podía creer el poder que aquel


hombre ejercía sobre ella, pero, tal

y como le decía noche tras noche,

mientras velaba su sueño, lo amaba.

Sólo esperaba poder decirle cuánto

una vez que estuviera consciente.

Aunque lo sacaron del coma

inducido, aún no se había

despertado, y cada día que pasaba

los médicos eran menos optimistas,

pero Sarah se negaba a aceptar

que no despertaría nunca. Vitaly era un luchador. Un luchador apasionado

y obstinado que debía despertarse

pronto, porque lo necesitaban.

Desesperadamente.

A los 24 años, la experiencia de

Sarah no estaba a la altura de los

más de diez años de diferencia que

existían entre ellos, y menos con su

educación conservadora, pero eso

no le impidió disfrutar de todo lo que

Vitaly le ofrecía, y el sexo era

fantástico. En cuestión de semanas,

había pasado de ser virgen a tomar

parte en actividades voyeristas que

podrían haber causado un accidente


si el chofer de la limusina le hubiese

prestado más atención a ella que a la carretera.

Todas las noches, Sarah revivía sus

escapadas sexuales, a menudo en

nuevos escenarios, que hacían que

se despertara jadeando. Esperaba

no hablar en sueños, ya que no

quería que las enfermeras supieran

qué soñaba.

Aunque no todo era sexo. La pasión

y motivación de Vitaly no tenían

parangón en la industria en la que

construyó su negocio prácticamente

de la nada, para acabar

convirtiéndose en uno de los

solteros más ricos y codiciados de

San José. Y ella había aprendido

mucho bajo su tutela, asimilando con rapidez todo lo que le enseñaba y

manteniendo satisfechos a clientes y

proveedores con unos márgenes de

beneficio cada vez mayores.

Pero al mismo tiempo, muchas

cosas habían salido mal. No creía

que alguien acusado de espionaje

debiera quedar impune. Si Sarah no


hubiese estado en el lugar oportuno

en el momento adecuado, nunca

habrían averiguado que Marcus, uno

de los empleados de más confianza

de Vitaly, era el responsable de la

filtración de información.

Furioso por la traición y movido por

un fuerte deseo de destruir a su

rival, Vitaly había logrado organizar un plan para acabar con Dmitri

Nardiv, antiguo amigo suyo, y con

todos los miembros del equipo de

compras de la costa este de VIC

Enterprises. La fiscalía de Nueva

Jersey se interesó por varios

contratos de importación de Nardiv,

que al final condujeron a su arresto,

mientras que el resto de sus clientes

se pasó a VIC Enterprises.

Según Ivan, el jefe de seguridad de

VIC Enterprises, el accidente que

dejó a Vitaly en coma no fue tal, ya

que alguien le había cortado los

frenos. Y aunque Dmitri ya estaba

en la cárcel cuando ocurrió el

accidente, era posible que él mismo hubiese dado la orden; él u otros


varios posibles sospechosos, ya que

los arrestos afectaron a muchas

personas que vieron cómo de

repente se quedaban sin sus

ingresos extra.

Al haber nacido y crecido en la parte

central de California, para Sarah los

mafiosos y sicarios eran un invento

de Hollywood, y no algo real.

Todavía no podía creerse la enorme

lista de gente que deseaba ver a

Vitaly muerto, o, al menos, fuera del

negocio.

La vibración del móvil la pilló por

sorpresa, lo sacó del bolsillo y lo

apagó. Suspirando, recogió sus cosas, besó a Vitaly y se dirigió al

coche. Había empezado a dejar

ropa limpia en la oficina y, entre el

gimnasio de la empresa, donde se

duchaba, y las cafeterías del trabajo

y del hospital, donde reponía

fuerzas, podían pasar varios días

sin que pasara por su casa.

Al llegar a la décima planta, Sarah

aceptó gustosa el café que le


ofrecía Laurel, la recepcionista, que

estaba sentada en su escritorio. Las

tres horas de diferencia entre San

José y Nueva York, la obligaban a

pasarse las mañanas corriendo de

aquí para allá.

Sonrió al ver su ropa colgada en bolsas de la tintorería. El personal

de apoyo de Vitaly se había

deshecho en atenciones hacia Sarah

cuando ésta regresó al trabajo, y se

había hecho cargo de casi todo.

Cuando Sarah estaba revisando su

mail, vio una solicitud para una

videoconferencia. Tras abrir la

ventana, sonrió a Simon en su

pantalla, y continuó degustando el

café. Al ser uno de los pocos

empleados que quedaban en la

oficina de Nueva York, Simon había

redoblado sus esfuerzos y, con la

ayuda de su equipo y de Sarah,

había conseguido que todos los

nuevos contratos se firmaran.

Seguían teniendo algún que otro

problema con los sindicatos y las


autoridades portuarias de Nueva

Jersey y Nueva York, ya que a

muchos de sus miembros no les

agradaba la atención que estaban

recibiendo por parte de la policía.

Pero los trabajadores estaban

entusiasmados con la posibilidad de

una promoción, y continuaban

esforzándose sin apenas

contratiempos. Salvo por uno. Vitaly

Chekhov continuaba en coma.

-Buenos días, Simon. ¿Cómo vamos

con la aprobación aduanera para el

último flete de Rusia?

-Todos los productos han sido liberados esta mañana, y en estos

momentos están siendo cargados en

camiones. Saldrán a mediodía.

-Estupendo. ¿Ha habido algún

problema?

-Ninguno. Aunque es más económico

venir a Nueva Jersey, la autorización

y aprobación parecen ser menos

complicadas en Nueva York.

-Haz lo que creas oportuno. Me

gustaría arreglar las cosas con los


trabajadores portuarios de Nueva

Jersey.

-Sí, siguen enfadados. Nos va a

llevar un tiempo.

Cuando Sarah y Simon estaban revisando la lista de clientes y

cualquier posible contingencia, Ivan

entró en la oficina acompañado de

un hombre con un maletín. Haciendo

gestos para que se sentaran, Sarah

terminó con la vídeo llamada antes

de volverse hacia ellos. Se levantó y

caminó alrededor del escritorio,

mientras Ivan le presentaba a

Joseph Williams, el investigador

encargado del accidente de Vitaly.

-¿Café?- Ofreció Sarah dirigiéndose

hacia la puerta.

-No, gracias- fue la rápida respuesta

de Ivan- Pero es mejor que cierres

la puerta- Sarah hizo lo que le pedía

y regresó a su escritorio.

-¿Qué ha averiguado?

-Está claro que la trama de Nardiv

se extiende más allá de lo que nos

imaginábamos en un principio-
comenzó Joseph. Sarah escuchó

con atención los detalles de la

investigación sobre Dmitri Nardiv,

que abarcaba más de una década.

Por lo que el investigador pudo el

averiguar, Nardiv estaba involucrado

en la importación de mercancías

ilegales, como alcohol y drogas, y

hasta en la trata de blancas.

Basándose en unos documentos

hallados en posesión de Marcus,

sabían que el plan era implicar a VIC Enterprises con la intención de

destruir no sólo la reputación de

Vitaly, sino también todo su imperio.

Sarah tuvo que hacer un esfuerzo

para mantener la boca cerrada al

ver todas las pruebas que le iban

presentando. Cuando Joseph

terminó, Sarah cogió su café y dio

un sorbo para humedecerse la boca

antes de hablar.

-¿Se sabe algo más del accidente?-

consiguió preguntar.

-Sí y no- respondió Ivan. –Según

hemos averiguado, los frenos del


coche no fueron manipulados por

nadie de la zona, y no hemos podido encontrar ningún rastro que nos

conduzca a alguien en particular.

Tenemos oídos en Nueva York y

Nueva Jersey, pero, hasta ahora no

ha habido suerte. He reforzado las

medidas de seguridad para Vitaly y

para todos los miembros de la

organización, tú incluida, y he vuelto

a llevar a cabo una verificación de

antecedentes para todo el personal

de VIC. Si hay otro topo, está bien

escondido.

Sarah tragó con dificultad. Aunque

entendía la necesidad de una mayor

seguridad, volvió a cuestionarse su

decisión de regresar y ayudar a que

el negocio saliera adelante. Si su familia supiese el peligro que estaba

corriendo, la hubieran obligado a

regresar a casa de inmediato.

Tampoco se lo había contado a sus

mejores amigas, porque Ivan le

había pedido que lo mantuviera en

secreto hasta que supieran quiénes

estaban involucrados.
Era la primera vez que les ocultaba

algo, y en esos momentos

necesitaba más que nunca de su

amistad. Aunque sabía que estaba

haciendo lo correcto, no hubiera

estado de más tener un poco de

apoyo moral.

Tras ponerse de pie, Sarah

acompañó a los dos hombres hasta la puerta. -Por favor, mantenedme

informada de todo lo que averigüéis.

-Por supuesto- Ivan le apretó el

brazo cariñosamente antes de

encaminarse hacia el ascensor con

el investigador. No dejaba de

sorprenderle las responsabilidades

que Sarah asumía sin quejarse. No

tuvo que haber sido fácil volver al

trabajo después de las acusaciones

vertidas contra ella. Sin duda era

una mujer muy especial, para dar

ese paso y mantener la calma.

Aunque VIC Enterprises podía salir

adelante sin ella, su colaboración

suponía que apenas hubiese

problemas durante el día a día.


Vitaly estaría encantado de

comprobar lo bien que todo estaba

saliendo.

Capítulo 2

Con un gemido, Sarah apretó los

puños, aún dormida. Había sido otra

larga semana, y al entrar casi a

rastras en el hospital, se sintió

completamente abrumada. Los

médicos se mostraban cada vez

menos optimistas, pero las

enfermeras continuaban animándola

con historias de otros pacientes que

habían despertado del coma.

Seguían alentándola a que le

hablara, pero a menudo no sabía

qué decir, por lo que había

empezado a leerle en voz alta. Esa

noche había traído una de sus

historias favoritas, pero estaba tan cansada, que se había quedado

dormida nada más colocar la cabeza

sobre la cama. Soñaba que Dmitri la

perseguía por las calles de

Manhattan mientras buscaba a

Vitaly y, cada vez que se daba la


vuelta, allí estaba Dmitri.

Se asustó y se agitó en sueños. De

repente, apareció Vitaly, que derribó

a Dmitri antes de estrechar a Sarah

entre sus brazos. Abrazándose a él

firmemente, lloró mientras le decía

que le había estado buscando.

Sarah suspiró al sentir su mano

acariciándole el cabello. Al

despertarse, se dio cuenta de que

no era un sueño. Alzando la cabeza, se sorprendió al ver a Vitaly

mirándola, mientras le seguía

acariciando. Respirando

entrecortadamente, se lanzó sobre

él y besó su rostro.

-¡Estás despierto! No me lo puedo

creer- lloró Sarah, pulsando el botón

para llamar a la enfermera.

Incorporándose, le sonrió, mientras

le acariciaba la mejilla. Cuando la

enfermera asomó la cabeza, Sarah

se retiró para que viera que estaba

despierto.

-Voy a llamar al médico de guardia-

les dijo la enfermera sonriendo.


-Tengo mucho que contarte. Todos están muy preocupados. No puedo

creer que estés despierto. Es

genial- Al entrar el médico, Sarah

tuvo que obligarse a sí misma a

dejar de hablar.

-Sr. Chekhov, me alegro de ver que

por fín ha despertado- dijo

acercándose a la cama. Mientras la

enfermera le tomaba los signos

vitales, el médico le sometió a una

serie de pruebas para asegurarse

de que no tenía ninguna lesión

nerviosa. Tras darle hielo triturado,

la enfermera dejó el vaso sobre la

cama y salió. -Sé que le va a costar

hablar pero, ¿puede decirme dónde

está y cómo se llama?

-Vi-Vitaly ChCh-Chekov. Hosp…

hospital- respondió con voz ronca.

-¿Sabe qué le ha ocurrido?

-Coche. Frenos.

El médico asintió con la cabeza -¿Y

esta encantadora señorita? ¿Quién

es?

-Sarah. Mmm…mi Sarah.


Sarah se tapó la boca, luchando

contra las lágrimas. No podía creer

que estuviera despierto y hablando.

Cogió el móvil y envió un mensaje a

Ivan, tras lo cual el médico se volvió

para hablar con ella.

-No estaremos seguros hasta que le hagamos más pruebas, pero parece

prometedor- le dijo con una sonrisa -

Le espera un largo camino por

delante.

-¿No podía haberme dicho sólo la

buena noticia?- Bromeó Sarah

estrechándole la mano.

-Ahora, si me disculpan, tengo que

hacer las rondas- Y volviéndose a

Vitaly: -Sr. Chekhov, durante los

próximos días va a estar muy

ocupado mientras nos aseguramos

de que todo funciona correctamente.

Cuando el médico se fue, Sarah se

sentó en el borde de la cama. Se

secó las lágrimas de los ojos, no podía creer que por fin estuviera

despierto.

-Me siento como en un sueño. Como

si en cualquier momento voy a


despertar en esa silla y tú vas a

seguir en coma.

Vitaly le apretó la mano, mirándola.

Aún estaba aletargado y, aunque

sentía que debía hacer algo, su

cuerpo y su mente no se ponían de

acuerdo. Inclinando la cabeza hacia

atrás, cerró los ojos. Iba a tener que

tomarse las cosas con calma.

Capítulo 3

Sólo habían pasado tres días desde

que Vitaly saliera del coma, y ya

estaba perdiendo la paciencia.

Todas las pruebas fueron positivas,

la resonancia magnética tuvo un

resultado normal, y consiguió

ponerse en pie y andar unos diez

pasos con ayuda. Estaba

convencido de que si le daban el alta

podría contratar la ayuda necesaria

para acelerar su proceso de

recuperación, pero los médicos

insistieron en que permaneciera

ingresado.

Desde que despertó, había tenido


muchas visitas, todas con muchas ganas de verlo, pero lo único que

quería era a su Sarah. La habitación

se había llenado rápidamente de

flores y regalos, pero nada de eso

le importaba. Ivan entró con una

cesta enorme.

-Oh no, ¿tú también?- le dijo.

-¿Yo? Ni lo sueñes. Se la he

interceptado a una bailarina exótica

cuando salía del ascensor- explicó

Ivan rebuscando dentro de la cesta.

-Mmmm, es comida- añadió,

sacando una bolsa de frutos secos y

acomodándose en una silla.

-¡Eh! a lo mejor me apetecen. Y ¿no

querrás decir una voluntaria, no una bailarina?

-No por la forma en que iba vestida-

bromeó con una mueca. -Y en

cuanto a esto- dijo mostrándole el

paquete de frutos secos -Aún te

tienen con una dieta para bebés. Te

estoy haciendo un favor,

deshaciéndome de la tentación-

añadió, y se metió un puñado de

anacardos en la boca.
Vitaly rió -Ponme al día.

Mientras Ivan hablaba, Vitaly cerró

los ojos. Se sentía abrumado por

todo lo que había sucedido desde el

accidente. No sólo habían logrado

hacerse con todos los contratos de la costa este, sino que además

Simon había encontrado nuevos

clientes y, entre todos, habían

agilizado los trámites aduaneros, lo

que complació a los clientes rusos,

ansiosos por establecerse en el

mercado estadounidense.

No acababa de creerse lo bien que

estaba yendo todo.

Su último recuerdo de Sarah era la

expresión herida de su rostro tras

acusarla de vender secretos. Había

sido un completo idiota y, aunque

ella podría haberse ido, se las

arregló para encontrar al verdadero

culpable. Y después del accidente,

había dejado sus sentimientos de lado y había regresado a él.

La enfermera le había dicho que

pasó casi todas las noches en el

hospital, leyendo o hablándole.


Después de todo lo que le había

hecho, ella permaneció a su lado.

Se maldijo a sí mismo por todo el

tiempo perdido que podría haber

pasado junto a ella, y juró que no iba

a volver a suceder.

-Tierra llamando a Vitaly- Abriendo

los ojos, Vitaly observó la perpleja

expresión de Ivan. -Si estás

cansado puedo volver más tarde.

-No, no es eso. Es…

-Sarah- terminó Ivan por él.

-Sí.

-Según mi parecer, y el de toda la

décima planta y la oficina de Nueva

York, tienes mucho por lo que pedir

perdón. Empezando desde ya-

añadió Ivan cuando Sarah entró en

la habitación y dijo mirando a la

cesta:

-Por fin se le ocurre a alguien enviar

comida- y cogió un paquete de

galletas. -No sabes cuántas veces

me habría venido bien.

-Bueno, el jefe estaba en coma-


bromeó Ivan tomando una galleta.

-Cierto- respondió Sarah mientras

continuó inspeccionando la cesta a la vez que masticaba- Pero estaría

bien que alguien pensara en las

visitas; el jefe tampoco podía

apreciar las flores.

-Os estoy escuchando- les regañó

Vitaly mirando a ambos. Volviéndose

hacia él, Sarah no pudo contener la

risa y explotó.

Inclinándose, le rozó los labios con

los suyos. -Y no sabes lo que me

alegro de que así sea- dijo,

retirándole el pelo de la frente.

-Supongo que es hora de irme- dijo

Ivan, levantándose. Y acercándose

a la cama, le dio un apretón en el

hombro a su jefe, antes de besar a Sarah en la mejilla. -Volveré

mañana- agregó mientras se dirigía

a la puerta.

Cuando se fue, Vitaly tomó la mano

de Sarah. -¿Por dónde íbamos?

Tras quitarse los zapatos, Sarah se

tumbó junto a él y comenzó a

acariciarle el rostro. Sonriendo, le


cubrió la cara de suaves besos. Al

llegar a su boca, le mordió

ligeramente el labio inferior, antes de

succionarlo. Gimiendo, Vitaly le rozó

la nuca y se besaron con más

intensidad.

Cuando se separaron, él estaba

jadeando y Sarah le miró

preocupada. -¿Estás bien?

Vitaly asintió con la cabeza: -Sí, me

va a llevar un tiempo recuperar la

energía. Y aunque me encantaría

hacerte el amor, me canso con sólo

besarte- contestó con pesar.

-No te preocupes. Estoy feliz con

tenerte de vuelta- le dijo Sarah,

acariciándole el brazo. Vitaly se

incorporó y le secó las lágrimas.

Riendo, Sarah inclinó su cabeza

hacia atrás e intentó frotarse los

ojos, pero él la detuvo y besó la

palma de su mano. Sarah cerró los

ojos.

-Tengo algo que decirte.

Apretando su mano, él la miró


temeroso de que lo fuera a

abandonar de nuevo. Sarah supo

que si le miraba a los ojos no sería

capaz de hablar, cosa que no

entendía porque se lo había estado

repitiendo todas las noches desde el

accidente. Cogiendo su mano,

respiró hondo y cerró los ojos con

más firmeza.

-Te lo he estado diciendo desde

hace tiempo, pero ésta es la

primera vez que lo vas a escuchar y

no sé por qué estoy teniendo tantos

problemas, pero es que a veces me

dejas sin habla y, bueno, si le

preguntas a cualquiera que me conozca, te dirá que no me corto un

pelo a la hora de expresar mi

opinión- Se detuvo de repente,

dándose cuenta de que estaba

hablando demasiado.

-Sarah, yo...- ella lo interrumpió

agitando la cabeza.

-Te quiero- consiguió espetar. -No

podía mirarle, al menos por el

momento. -No sé exactamente cómo


ocurrió, pero la noche del accidente

me di cuenta de que la vida es

demasiado corta, e

independientemente de tus

sentimientos, te lo tenía que decir.

Así que, te quiero, Vitaly Chekhov.

Ante su silencio, Sarah abrió lentamente los ojos, no muy segura

de lo que esperaba ver. Se

sorprendió al ver que le temblaban

los labios y los ojos se le llenaban

de lágrimas. -Vitaly, yo...- empezó a

decir.

-Yo también te quiero, mi kotyonok,

pero no me había dado cuenta. He

estropeado las cosas de tal manera

que creí que te había perdido para

siempre. Cuando ocurrió el

accidente, pensé que no te iba a ver

más, y entonces me desperté aquí,

contigo. No puedo explicar cómo

me...- pero antes de que terminara,

Sarah le rodeó con sus brazos,

llorando en silencio.

-Oh, Vitaly, no quiero separarme de

ti nunca más.
-Yo tampoco, kotyonok- respondió

él, acariciándole el cabello.

Capítulo 4

Tras dos semanas más de hospital,

Vitaly fue dado de alta y los médicos

le dijeron que se lo tomara con

calma. Aunque se seguía cansando

con facilidad, ya era capaz de

recorrerse toda la planta sin apenas

ayuda. Su médico se oponía a que

regresara al trabajo tan pronto, pero

accedió a condición de que lo hiciera

a tiempo parcial, y de que lo dejara

si se sentía fatigado. Vitaly contrató

a un fisioterapeuta para que fuera a

su casa tres veces por semana, y

hacía los ejercicios que le asignaba.

Aunque se esforzaba por recuperar

su forma física, no dejaba de pensar en hacerle el amor a su gatita rubia.

Se imaginaba poseyéndola en todas

las habitaciones y sobre todos los

muebles de la casa.

Con el fin de mantener una

apariencia de normalidad en su

trabajo, Vitaly empezó a trabajar


desde la oficina de su casa, pero

después de una agotadora sesión

con el fisioterapeuta tras varias

horas de estar sentado, tenía unas

ganas enormes de tumbarse. Sarah

había estado dividiendo su tiempo

entre su casa y la oficina, y llegó

justo cuando el fisioterapeuta se iba.

Subiendo lentamente las escaleras,

Vitaly hizo un esfuerzo para llegar al dormitorio mientras Sarah corría por

delante de él. Decidió que lo mejor

era no ayudarle, ya que lo tenía que

hacer por sí mismo y, aunque su

orgullo le impedía pedir ayuda, no

quiso complicar las cosas

agobiándole.

Para cuando entró en el dormitorio,

ella ya había retirado la colcha y

colocado la tablet y el teléfono en la

mesita de noche. Sonriéndole, se

dirigió hacia él y tomó su mano. La

besó y le atrajo hacia la cama, y él

se sentó con un suspiro.

-No me imaginaba que me iba a

costar tanto recuperarme- confesó


recostándose. -He dormido durante semanas. Debería sentirme mejor.

-El médico dijo que te lo tomaras

con calma- respondió ella

arrodillándose delante de él para

quitarle los zapatos. Le dio un

masaje en los pies, y él cambió de

postura y se recostó contra el

cabecero.

-Aunque podría acostumbrarme a

toda esta atención- añadió mientras

Sarah le masajeaba las piernas. -

Oh, Sarah, tus manos tienen un

tacto divino- Vitaly cerró los ojos,

disfrutando de las caricias. Desde

que despertó, no podía dejar de

tocarlo y, cuando no estaban juntos,

no paraba de pensar en sus manos sobre él.

Sus móviles sonaron al mismo

tiempo.

-¿Listo para volver al trabajo?-

preguntó con una sonrisa apenada.

Asintiendo con la cabeza, él alcanzó

su móvil mientras ella revisaba sus

mensajes. -Buenas noticias-

exclamó tras leer uno de Simon


informándoles de que había estado

trabajando para reinstaurar las

relaciones con la Autoridad Portuaria

de Nueva Jersey, y había negociado

con éxito una tregua con el

sindicato.

Tras quitarle el móvil de las manos, Vitaly colocó ambos sobre la mesilla

de noche y se volvió a recostar

contra el cabecero.

-Es un buen momento para deciros

lo orgulloso que estoy de vosotros y

de todo lo que habéis hecho

mientras yo estaba en el hospital,

pero me está gustando demasiado

tu tacto. No pares.

Soltando una carcajada, Sarah se

apartó de la cama y Vitaly abrió un

ojo para mirarla. -Has parado- dijo

simplemente.

Tomando un mando a distancia,

pulsó un botón y el sonido de un

saxofón tocando una melodía jazz inundó el cuarto.

-Creo que llevo demasiada ropa-

bromeó Sarah quitándose los

zapatos con sendas patadas.


Dándole la espalda, cerró los ojos

dejando que la música la envolviera.

Nunca había apreciado el jazz hasta

que conoció a Vitaly, y le encantaba

la forma en la que el compás

parecía vibrar dentro de ella.

Comenzó a mecerse al ritmo de la

música. Levantando los brazos,

echó la cabeza hacia atrás y dejó

que la música fluyera por ella en

serenas oleadas.

Tras abrir la cremallera del pantalón,

dejó que éste se deslizara por sus caderas hasta el suelo. Doblándose

por la cintura, sacó los pies de la

prenda y la arrojó al pie de la cama.

Se dio la vuelta y continuó bailando

a la vez que asía el bajo de su

camisa y se la sacaba lentamente

por la cabeza.

Con los ojos aún cerrados, dejó que

la triste melodía la inundara.

Profiriendo un gemido, Vitaly pensó

en todas las cosas que deseaba

hacerle mientras la contemplaba, allí

bailando, enfundada en lencería de


encaje.

-¡Mujer! El médico dijo que me lo

tomara con calma. ¿Cómo puedo

hacer eso contigo bailando de ese modo? Aunque no me quejo.

Inclinado la cabeza, Sarah se

encaminó hacia la cama, se subió y

gateó lentamente hacia él. -¿Sabes

qué, Sr. Chekhov? ¿Por qué no te

relajas y dejas que yo me encargue?

Observándola, vio como sus manos

se posaban en su cinturón y le

soltaban la hebilla, para después

sacarlo por completo. Lo golpeó

contra su mano, sonriendo

socarronamente, antes de inclinarse

por encima de él para dejarlo sobre

la mesilla. Al hacerlo, su

pensamiento la delató y se sonrojó.

Vitaly la agarró por la barbilla, le

giró la cabeza y le acarició el brazo.

-¿Te acuerdas del tacto del cuero en

tu piel?

Sarah se humedeció los labios y

asintió con la cabeza, sin saber qué

responder. Aunque sólo la había


azotado una vez, se había

convertido en una de sus fantasías

preferidas, pero no tenía ni idea de

cómo sacar el tema ahora que

estaba despierto. Sonriendo, Vitaly

se alegró de comprobar que le

gustaba.

-Cuando esté más fuerte- le dijo. -

Pero de momento, ¿tienes algún

plan?

Soltando su barbilla, se volvió a relajar, esperando al siguiente

movimiento. Sarah cerró brevemente

los ojos, dejándose llevar por la

música, y le soltó el botón del

pantalón, antes de bajarle la

bragueta. Levantándo las caderas,

Vitaly la miraba mientras ella le

quitaba los pantalones.

Estaba tan hermosa, concentrada y

con el ceño fruncido. Sabía que

quería complacerle, por lo que

reprimió sus ganas de tomar la

iniciativa. Era su momento, lo había

sido durante meses, y quería

averiguar qué le iba a hacer.


Ella le hizo cosquillas en el pie al

quitarle los calcetines. Poniendo un pie sobre su regazo, se lo masajeó

un rato antes de inclinarse para

besarle el empeine. Él respiró

entrecortadamente al sentir el

cosquilleo de su cabello. Cogiendo

el otro pie, le frotó la planta antes

de inclinar la cabeza y empezar a

darle besos a lo largo del empeine.

Le separó un poco las piernas y se

acomodó entre ellas. Deslizando las

manos por sus muslos, los masajeó

lentamente mientras se miraban a

los ojos. Sonriendo tímidamente, le

besó la cara interna de los muslos,

desplazándose poco a poco hacia

arriba.

Vitaly cerró los ojos ante la sensación que le producía su cabello

sobre la piel, que se sumó a la

excitación provocada por el tacto de

sus dedos recorriendo todo su

cuerpo. Pensó que se iba a volver

loco cuando sintió el rastro de su

cálido aliento subiéndole por las

piernas.
Desde que se conocieron, Sarah

había dejado su huella en él, y supo

que ya no podía vivir sin ella. Gimió

al sentir su lengua en la ingle, justo

antes de que empezara a lamérsela.

Levantando los brazos, cerró los

puños y los colocó detrás de su

cabeza, resistiendo la tentación de

apresurarla.

Comenzando por la base, Sarah le

lamió y besó el pene, subiendo

hasta el glande. Atenta a su

respuesta, dedicó más tiempo a las

zonas sensibles, mientras él

comenzaba a retorcerse sobre el

colchón.

-Sarah- se quejó, -me vas a matar-

Ella se detuvo y lo miró, y él le

devolvió la mirada.- Lo siento, no he

querido decir eso. Por favor…

continua.

Tomando su polla en la mano,

comenzó a aplicar un movimiento

rítmico hacia arriba y hacia abajo,

intentando no llorar. Si bien era cierto que le habían cortado los


frenos, Vitaly conducía de forma

peligrosa, y Sarah se preguntaba si

ella fue la causa de su accidente.

Cerró los ojos y se concentró en la

música, modificando sus

movimientos. Inclinándose, le besó

el pene y lamió delicadamente el

líquido pre seminal. Tras trazar

círculos con la lengua, encontró su

punto favorito por debajo del glande

y lo presionó con los labios.

Negándose a acelerar el ritmo,

presionó la misma zona con el labio

inferior, a la vez que exhalaba aire

caliente en su polla. Cuando él

gimió, la atrapó en su boca. Había esperado tanto tiempo para hacer

eso, que su boca empezó a salivar.

Subiendo la cabeza con la misma

lentitud, estableció un ritmo lento y

constante aplicando presión sobre

una vena con el labio inferior.

Vitaly se clavó las uñas en las

palmas de las manos, controlándose

para no agarrarla por el pelo.

Inclinándose hacia atrás, se dio


cuenta de que se movía siguiendo el

ritmo de la música. Cogió el mando

a distancia y puso una melodía más

animada. Sarah le miró y, apretando

más fuerte la base de su verga,

aceleró el ritmo, mientras él elevaba

sus caderas para profundizar más cada movimiento descendente.

En unos instantes, sintió cómo

aumentaba su placer, y su cuerpo se

tensó en preparación para la

descarga. Gritando su nombre,

embistió con las caderas, a punto de

correrse. Sarah mamaba con fuerza,

continuando con el movimiento de

cabeza mientras él llegaba al clímax.

Cuando él terminó, se sentó con una

sonrisa en el rostro, limpiándose los

labios con los dedos y

metiéndoselos en la boca para

lamerlos.

Con un gemido, él la atrajo hacia sí

y la miró a los ojos.

-Has estado increíble- le dijo, apartándole el pelo de la cara. -Eres

una mujer increíble y preciosa.

-Eso lo dices porque te acabo de


dar tu primer orgasmo en meses-

bromeó. Ante el silencio de él,

levantó su mirada. -Era una broma-

Vitaly se encogió de hombros con

indiferencia y ella le golpeó

juguetonamente en el brazo.

-¡Ay!- se quejó, frotándose. -Acabo

de salir del hospital. Por favor.

Antes de que ella pudiera hablar, la

agarró por los brazos y se colocó

encima. Apoyándose sobre ella, le

sujetó los brazos por encima de la

cabeza y levantó la parte superior de su cuerpo. Mirándola, sonrió,

observando cómo se dilataban sus

pupilas en respuesta.

-¿Prefieres esto, kotyonok?- le

susurró mordisqueándole la nariz.

-Sí, por favor- suspiró Sarah antes

de que él la besara en la boca.

Vitaly gimió al sentir cómo su lengua

se unía a la de él en una ansiosa y

embriagadora danza.

Retirándose un poco, desplazó su

peso sobre la cama, para no hacerle

daño. Aunque estaba recuperando


sus fuerzas, era un proceso lento, y

el orgasmo, junto con el esfuerzo de

subir las escaleras, le había debilitado. Pero quería devolverle el

favor. Se merecía mucho más.

Mucho, mucho más. Por ahora,

podía darle placer.

Sujetándola por las muñecas, le

recorrió el brazo con el dedo índice

hasta llegar al pecho, donde la

palma de su mano le rozó el seno.

Se le puso la piel de gallina.

Inclinándose, le besó la parte

superior de los pechos, mientras

continuaba recorriendo su cuerpo

con el dedo. Cuando su mano llegó

a la cintura, le acarició el monte de

Venus y sopló sobre sus pezones a

través del sostén.

Intentando liberar sus brazos, Sarah gruñó frustrada al no poder tocarle.

Aunque le gustaba que la sometiera,

también le encantaba tocarle, y él

sabía que se impacientaba al no

dejarla hacer lo que quería. Levantó

una pierna y colocó el pie sobre su

cadera, arqueándose contra él.


Animado por sus ansias, le frotó el

coño con los dedos, antes de

introducir uno por la pernera de sus

bragas.

-Estás muy mojada, kotyonok. Tan

deseosa.

-Vitaly- gimió ella, moviendo sus

caderas hacia delante y hacia atrás.

Al sentir dos dedos dentro de ella,

Sarah intentó liberar sus muñecas y se movió con más ímpetu contra su

mano.

-Eso es, gatita, folla mi mano.

Muéstrame lo que quieres- Observó

cómo se mordía el labio y

continuaba moviendo las caderas.

Gimiendo, se impulsó con el pie

empujando con más fuerza,

moviéndose más rápido.

-Muy bien- susurró él al sentir los

músculos contraerse alrededor de

sus dedos. Retorciendo la mano,

comenzó a embestirla y Sarah

intentó una vez más soltar sus

muñecas. Él las sujetó aún más

fuerte, aumentado la velocidad de su


mano. Gimiendo, Sarah sacudió la cabeza llegando al orgasmo, y

continuó dando sacudidas de placer.

Soltando un grito, empujó hacia

abajo con el pie, restregándose

contra él. Vitaly gruñó de placer al

sentir el efecto del orgasmo

inundando su mano.

Cuando por fin se calmó, extrajo la

mano y abrazó a Sarah, que tembló

cuando el sudor de su piel comenzó

a secarse. Vitaly cubrió a ambos

con una manta mientras la sujetaba

firmemente contra él.

Capítulo 5

Vitaly llevaba dos semanas en casa

y estaba ansioso por volver a la

oficina. Aunque tenía todo lo que

necesitaba para llevar el negocio

desde su hogar, echaba de menos

trabajar en su despacho. Y tuvo que

admitir que se aburría. Aún no podía

hacer muchas cosas, y estaba harto

de estar tumbado.

Su fisioterapeuta le había dado una

tabla de ejercicios para combatir la


atrofia muscular producida por el

coma, y le había recomendado no

hacer demasiado en poco tiempo,

pero estaba impaciente por

recuperarse.

Sarah estaba en la oficina desde el

amanecer. Debido a todo el trabajo

que tenían en la costa este y en

Europa, acudía pronto para estar

disponible.

Después de terminar sus ejercicios,

Vitaly se duchó y se preparó para ir

a la oficina. Se sentía bien y decidió

sorprender a todos con una visita.

Cuando se acomodó en el asiento

trasero del coche, tuvo que admitir

que le agradaba salir de casa para

algo que no fuera otra visita al

médico. Al llegar a la oficina, se

encontró en la entrada con Ivan, que

le dio una palmadita en el hombro

antes de estrecharle la mano.

Volviéndose a mirar por encima del

hombro, su chofer le dedicó una

tímida sonrisa antes de volver a


meterse en el coche.

-No te enfades con él- le dijo Ivan al

entrar en el edificio- Tiene órdenes

de ponerse en contacto conmigo si

sales de casa.

-¿Me estás vigilando?

-Os vigilo a todos desde el

accidente, pero sobre todo a ti, jefe.

Al salir del ascensor en el décimo

piso, fue recibido por Laurel, la

recepcionista, que dio un salto y lo

abrazó. Cuando se dirigía a su

oficina, vio que había una reunión en la sala de conferencias. Entró y se

sentó en silencio junto a la puerta,

mientras Sarah daba una

presentación sobre el estado actual

de sus clientes y proveedores.

Los asistentes eran su equipo de

gestión de ventas y marketing,

finanzas y asuntos de gobierno, así

como los que quedaban del equipo

de Nueva York, en vídeo

conferencia. Se quedó impresionado

de lo bien que se manejaba Sarah,

teniendo en cuenta que casi todos


tenían al menos el doble de su

edad, o más. Por la forma en la que

llevaba la reunión, estaba claro que

no era la primera vez, y todo el mundo la trataba con respeto.

Cuando encendieron las luces para

dar paso a la ronda de preguntas,

Simon le dio la bienvenida, y el resto

se puso a aplaudir. Preocupado por

haber interrumpido la reunión,

intentó salir de la sala, pero sus

empleados no se lo permitieron. Le

hicieron sitio en la mesa, y el equipo

siguió con la reunión, deteniéndose

de vez en cuando para ponerle al

día.

Después de la reunión, varios

miembros del equipo de gestión se

acercaron para hablar con él, y para

cuando pudo abandonar la sala de

conferencias, Sarah ya había salido.

Cuando llegó a su oficina, ella le

saltó encima y empezó a besarlo.

-Que sorpresa más agradable- le

dijo con una sonrisa. -Si hubiera

sabido que venías, habríamos


retrasado la reunión.

-No te preocupes. Fue una decisión

espontánea. Siento haberos

interrumpido.

-Eso nunca- le tranquilizó, mirándole

con preocupación. -¿Quieres

sentarte? ¿O ir a tu oficina?

A Vitaly le costaba admitir que

estaba cansado, pero la cabeza le

daba vueltas. Colocando el brazo

alrededor de su cintura, Sarah dejó que se apoyara en ella mientras se

dirigían a la oficina de él. Una vez

dentro, Vitaly se inclinó

pesadamente sobre su escritorio,

antes de rodearlo y sentarse en su

sillón con un suspiro.

-Creía que iba a estar menos

cansado- afirmó al darse cuenta de

que estaba sudando.

-Te lo tienes que tomar con calma.

-Unos días van a ser mejores que

otros, ya lo sé. Pero es tan

frustrante...- Sentándose junto a él,

Sarah le acarició la pierna y se

inclinó para besarlo.


-Es genial que hayas venido.

Antes de que pudiera responder,

Diane, su asistente personal, y

Susan, su secretaria, entraron en la

oficina. Le saludaron alegremente y

le pusieron al día con todo lo que les

había pasado en su vida personal,

así como con las anécdotas de la

oficina. Sonriendo amablemente, él

asintió con la cabeza mientras ellas

hablaban. Intentó llamar la atención

de Sarah, pero ésta le hizo un

gesto de despedida y se levantó

para abandonar la habitación,

mientras él la miraba con gesto

enfadado.

No podía creer que no lo rescatara

de una situación de la que no sabía cómo escabullirse. Se sentía mal

por haberles interrumpido, pero

había estado fuera de la oficina

durante más de cuatro meses, y no

le interesaban las historias de

orinales de Diane ni del nuevo

compañero de entrenamiento de

Susan. Aunque apreciaba a su


personal, y el trabajo duro que

llevaban a cabo, no estaba

preparado para ese grado de

confianza.

Mientras planeaba todo tipo de

maldades a las que someter a

Sarah por abandonarlo, Ivan entró

en la oficina con una bandeja con

cafés. –Señoritas. Jefe- saludó, repartiendo los brebajes. -Sé que no

lo habéis visto en meses, pero tengo

que hablar con él.

Ambas mujeres se levantaron de un

salto y le dieron sendos besos a

Vitaly en la mejilla, antes de coger

sus cafés y salir por la puerta.

Vitaly suspiró. -O eres muy oportuno

o te ha avisado Sarah.

Sonriendo, Ivan se sentó frente a él.

-Quiero pensar que soy oportuno,

pero ha sido cosa de Sarah. Ha

visto que estabas en apuros y con

todo lo que han estado trabajando,

no quería ser ella quien las echara.

-Muy inteligente.

-Sí, lo es, y somos muy afortunados


de tenerla con nosotros.

-Sobre todo yo.

-Sobre todo tú.

-¡Eh!

-¿Qué?- preguntó Ivan riéndose. -

Estoy de acuerdo contigo.

-No tienes que estar de acuerdo con

tanta rapidez.

Cuando los hombres llevaban un

rato charlando y bromeando, Sarah

llamó a la puerta -¿Hay moros en la

costa?

-Aquí está- dijo Ivan poniéndose en

pie. Le besó en la mejilla e hizo una mueca dirigida a Vitaly, antes de

dejarlos solos.

Sentándose junto a él, Sarah puso

unos documentos sobre la mesa.

-Ya que estás aquí, podrías ponerte

al día con las últimas cifras.

Durante las dos siguientes horas

repasaron juntos los contratos más

problemáticos, y Vitaly aportó ideas

sobre cómo resolverlos. Antes de

que se dieran cuenta, había

anochecido, y Laurel se asomó para


darles las buenas noches e

informarles de que los demás ya se

habían ido.

Sarah se levantó y estiró los brazos, y Vitaly admiró su figura. Se acordó

de la foto que había visto en el

rancho de sus padres. Se parecía

mucho a su madre, con su cabello

largo y rubio, sus curvas y su

minúscula talla, en contraste con su

padre y hermanos, que eran

bastante altos. A pesar de ser un

hombre que siempre había salido

con mujeres altas, tuvo que admitir

que le agradaba el tamaño de

Sarah.

Y su resuelta gatita sabía llevar

reuniones y manejar clientes.

Cuando se conocieron, ella le había

mostrado algunos ejemplos de los

trabajos que había llevado a cabo en el rancho de su familia y, aunque

al principio había dudado de sus

habilidades, estaba claro que las

había transferido con facilidad a su

empresa de logística. Sonrió

recordando cómo habían hecho el


amor durante la tormenta.

-¿En qué piensas?

-Perdona, ¿qué?- Vitaly regresó al

presente y miró a Sarah, que estaba

sentada delante de él, sonriendo.

-Estabas perdido en tus

pensamientos.

-Sí- Miró a su alrededor y vio que la

recepción estaba a oscuras. -Laurel

ha dicho que todos se han ido,

¿verdad?

Sarah asintió con la cabeza.

-Estupendo, cierra la puerta.

Sarah se encaminó hacia la puerta y

Vitaly admiró sus movimientos. Se

había deshecho de los zapatos

hacía horas, y caminaba descalza.

Se dio la vuelta y se sonrojó al ver

su intensa mirada.

-Me encanta cómo te sonrojas,

kotyonok. Ven aquí.

Al llegar a su lado, él le tomó de la

mano. Girándola, la besó

delicadamente en la muñeca antes

de plantarle un fuerte beso en la


palma. Colocándola entre sus piernas, le levantó la blusa y besó su

estómago, antes de bajarle la

cremallera del pantalón. Lo dejó

caer hasta los tobillos. Le ayudó a

sacar los pies y la volvió a

posicionar entre sus piernas.

Le sacó la blusa por la cabeza y la

observó, sólo llevaba un sostén y un

tanga a juego. Con un gemido, la

asió por las caderas y la atrajo

hacia él. Le mordisqueó el vientre y

Sarah se quedó sin aliento.

Aferrándose a sus hombros, vio

cómo iba subiendo hacia sus

pechos. Vitaly deslizó las manos por

su cuerpo y le atrapó los senos,

rozando sus pezones con los

pulgares. La mirada de Sarah

empezó a desenfocarse al sentir la

familiar sensación de placer

extenderse por todo su cuerpo.

Cuando sus piernas comenzaron a

temblar, se sentó a horcajadas en

su regazo, mientras él deslizaba los

tirantes del sostén por sus hombros.


Tirando de las copas hacia abajo,

dejó sus pechos expuestos delante

de él. La atrajo hacia sí y se metió

uno de los pezones en la boca,

mientras seguía acariciando el otro

con su mano. Gimiendo, Sarah

arqueó la espalda y Vitaly cambió

de pezón, succionando fuerte y

pellizcando el otro.

Sarah dio un respingo al notar su

mordisco, y se excitó aún más. Le

parecía increíble que el dolor

pudiera aumentar su placer.

Vitaly se levantó y colocó a Sarah

sobre el sofá, para después bajarse

al suelo. Le agarró el tanga y lo

rompió por un lateral,

arrancándoselo del cuerpo. Le

introdujo dos dedos entre los

pliegues y soltó una risita al ver

cómo ella se arqueaba.

-Estás mojadísima- susurró mientras

la embestía con los dedos. Sarah

subió una pierna sobre el respaldo

del sofá y colocó el otro pie en su hombro. Elevando las caderas,


comenzó a moverse al ritmo de sus

embestidas. Abrió los ojos, bajó

ambas manos y se metió los dedos

en el coño, para sacarlos al poco

rato y restregarse sus propios jugos

por los pezones erectos.

Lanzando un gruñido, Vitaly sintió

como crecía su erección. -Eres

jodidamente sexy, Sarah- le dijo,

retorciendo sus dedos dentro de

ella. Ella continuó pellizcando sus

pezones, gimiendo al sentir que

llegaba al orgasmo. Cuando él sintió

el espasmo de los músculos en sus

dedos, bajó la cabeza rápidamente

y encontró su clítoris con facilidad.

Lo atrapó fuertemente entre sus los

labios y lo mordió suavemente.

Sarah se pellizco con más fuerza los

pezones, a la vez que chillaba y

arqueaba la espalda. Al gritar su

nombre, él aumentó las embestidas

de su mano, lamiendo a la par sus

jugos.

Sarah se empezó a calmar


lentamente, y Vitaly se desabrochó

la camisa y se bajó los pantalones

por debajo de las caderas.

Alzándola, la llevó hasta su escritorio

y la puso en el borde. Sarah le

rodeó la cintura con las piernas y

levantó las caderas para que él la

empalara.

Sujetándola fuertemente, comenzó a

embestirla con un ritmo frenético,

mientras ella daba sacudidas contra

él. Lo aferró con firmeza intentando

sincronizar sus embistes. Gimiendo,

Vitaly sintió cómo se tensaba a

medida que el placer se acumulaba

en su cuerpo.

Con un aullido, arremetió contra ella

y se corrió. Siguió embistiendo,

abrazándola con firmeza mientras

ambos disfrutaban de sus

orgasmos.

Al terminar, ella le tomó el rostro

entre sus manos y le besó con

ternura.

-Ha sido increíble- le susurró,


besándolo. Vitaly gruñó en

respuesta y caminó de espaldas,

dejándose caer en el sofá,

arrastrando a Sarah con él. Aún no

estaba preparado para dejarla ir, y

comenzó a besarle la espalda.

-Eres tú, señorita Jenkins, la que es

increíble. Hace menos de una hora

estaba agotado y apenas podía

moverme. Y ahora, bueno, estoy

aún más cansado y tampoco me

puedo mover- confesó, riéndose. -

¡Ay!- exclamó al golpearle ella en el

brazo.

-Y yo que pensaba que ibas a decirme que te doy fuerzas- bromeó

fingiendo estar enojada.

-Así es, Sarah. Así es.

Capítulo 6

Sarah se puso el abrigo y regresó a

toda prisa a la oficina. Llevaba tres

días en Nueva York y tenía la

sensación de que alguien la estaba

vigilando. Después de pasar cinco

horas sentada en su escritorio,

decidió tomarse un descanso y dar


un paseo para estirar las piernas.

Al pasar por delante de Macy's, el

escaparate llamó su atención y entró

a hacer las primeras compras

navideñas. Bajó al sótano y almorzó

tranquilamente antes de regresar a

la oficina.

En las escaleras mecánicas creyó

ver a alguien que había visto esa mañana al llegar a la oficina. Cogió

el móvil para hacerle una foto, pero,

al levantar la vista, el hombre ya no

estaba allí. Volvió a la oficina

pensando que estaba demasiado

cansada, pero seguía teniendo la

sensación de que la vigilaban.

Al llegar a su despacho, decidió

enviar un email a Ivan con sus

sospechas. Él le pidió más

información de inmediato, pero al no

haber prestado demasiada atención,

no supo decirle mucho, aparte de

que era un hombre alto de unos

treinta y tantos años, con un abrigo

largo y un gorro. Después de unas

cuantas horas más de trabajo, decidió dar por finalizada su jornada.


Para complacer tanto a Vitaly como

a Ivan, había accedido a usar el

coche de la compañía. Al llegar a la

planta baja, el chófer la estaba

esperando. Además, Ivan le había

asignado un escolta para que la

acompañara al apartamento y lo

revisara antes de que ella entrara.

Con los puños apretados, asintió

con la cabeza y se metió en el

coche. Esperaba que su vida no

fuera así para siempre.

Al llegar al apartamento, el escolta

entró primero, mientras Sarah

esperaba en la puerta. Tras

asegurarse de que todo estaba bien, se despidió. Sarah abrió una

botella de vino y decidió darse un

baño. Mientras se relajaba en la

bañera, repasó mentalmente los

acontecimientos del día y, cuando

terminó, seguía sin estar convencida

de que alguien la había estado

siguiendo.

Sarah entró en el dormitorio principal

y contempló la ciudad a través de


los amplios ventanales. Le

encantaba cómo las luces de Times

Square inundaban la habitación con

un caleidoscopio de colores.

Sintiéndose demasiado expuesta,

decidió dormir en la otra habitación,

que era mucho más pequeña y más resguardada. Tras coger el vino y su

tablet, se instaló en la cama para

llamar a Vitaly.

-Kotyonok. ¿Qué tal va todo en

Nueva York?

-Todo bien. Para mañana ya habré

acabado y podré volver a California,

seguramente por la tarde.

-¿No quieres pasar allí el fin de

semana?

-Te echo mucho de menos para

quedarme aquí sin ti. Y además….

¿Te ha hablado Ivan de mi email?

-Sí. ¿Has vuelto a ver a ese

hombre?

-No, pero me siento muy incómoda.

Iba a dormir en el dormitorio

principal pero, bueno, necesitamos

cortinas, o persianas. Me siento muy


expuesta, como si cualquiera

pudiera verme.

Vitaly lanzó una risotada: -

Pondremos cortinas, si así te vas a

sentir más tranquila.

-Sí, mejor.

-¿Vas a dormir en el cuarto de

invitados?

-Sí, esa es mi intención. Me he dado

un baño y ahora estoy tomando este

delicioso vino, pero no dejo de

pensar en ti.

-Bueno, estoy aquí. ¿Quieres mostrarme cuánto me echas de

menos?

Sonriendo con malicia, Sarah colocó

la tablet en un banco a los pies de la

cama. Se tumbó y miró a Vitaly. -

¿Me ves bien?

-Sí.

Se soltó el cinturón del albornoz y lo

abrió. Doblando una rodilla, abrió las

piernas y comenzó a recorrer su

cuerpo con los dedos. Inclinando la

cabeza hacia un lado, miró a Vitaly,

sonriendo a la cámara.
-Ojalá estuvieras aquí- le dijo

agarrándose los senos mientras él la

observaba.

Sus manos rozaron suavemente sus

pechos. Al trazar círculos alrededor

de las areolas, sus pezones se

pusieron erectos. Cerró los ojos y

se pellizcó delicadamente los

pezones. Abrió la boca y se lamió

los labios con anticipación. Con una

mano se acarició el vientre y con la

otra continuó masajeándose los

pechos y pellizcándose los pezones.

Sintió un estremecimiento al ver

cómo Vitaly se inclinaba hacia

delante.

Contuvo el aliento cuando sus dedos

encontraron el clítoris, y lo presionó

suavemente. Comenzó a temblar y

se lamió de nuevo los labios. Se agarró la labia imaginándose que

era Vitaly, mientras su otra mano

bajaba lentamente por su cuerpo.

Se abrió los pliegues con dos

dedos, y continuó trazando círculo

alrededor del clítoris.


Al introducir un dedo, notó lo

húmeda que estaba. Jadeando, se

metió otro dedo y sus músculos

internos se retiraron ante la invasión.

Balanceando las caderas, se apoyó

en el colchón con los talones a la

vez que arqueada la espalda. Sintió

la deliciosa sensación del orgasmo

tomando forma dentro de ella. Cerró

los ojos, pero Vitaly la interrumpió.

-Mírame, kotyonok. Si no puedo estar contigo, al menos déjame ver

la pasión en tus ojos- Sarah abrió

los ojos y aceleró el movimiento de

su mano. Metiendo y sacando los

dedos, se frotó el clítoris con el

pulgar, al tiempo que gemía.

Con ambas manos se masajeó los

pechos, juntándolos tentadoramente.

Arqueando la espalda, abrió las

piernas aún más y continuó

acariciándose. Contemplando la

expresión de Vitaly, se imaginó que

estaba en el cuarto con ella,

sentado en la cama, viendo cómo se

masturbaba para él.


Con un gemido, siguió acariciándose

todo el cuerpo. Con una mano se abrió la vagina, mostrándosela, y

con la otra encontró sus zonas más

sensibles. Gimiendo sin cesar, miró

a Vitaly y sintió cómo llegaba al

orgasmo. Gritando su nombre, se

revolcó en la cama frotándose el

clítoris y metiendo y sacando los

dedos continuamente.

Al calmarse un poco, creyó

escuchar a Vitaly emitiendo ruidos

parecidos. Sonriendo

seductoramente, se metió los

dedos en la boca. Vitaly gruñó con

fuerza y gritó su nombre.

Extendiendo el brazo, Sarah tomó su

copa de vino y le dio un sorbo.

-Oh, mi Sarah. No te puedes imaginar lo erótico que es esto. No

veo el momento de que lo vuelvas a

hacer cuando estemos juntos- Sarah

se sonrojó y asintió con la cabeza,

escondiéndose tras la copa de vino.

-Que duermas bien, mi amor.

Hablamos mañana.

-Buenas noches, Vitaly. Te quiero.


-Yo también te quiero, kotyonok.

Sonriendo, Sarah desconectó la

videollamada y apagó la tablet. Tras

meterse bajo las sábanas, se tocó

brevemente. No sabía que

masturbarse para él la excitara

tanto. Tendría que volver a hacerlo

muy pronto.

Capítulo 7

Vitaly se detuvo en seco al entrar en

la oficina del departamento de

seguridad. No esperaba que Ivan

estuviera en mitad de una reunión.

Aún no tenía muy claro cuándo se

celebraban las reuniones de los

distintos departamentos. Tras

saludarle con un gesto de la mano,

se dirigió a la oficina privada de Ivan

y se sentó a esperarlo. Diez minutos

más tarde, el jefe de seguridad

entró y le plantó una taza de café

delante de él.

-Buenos días, jefe. ¿Qué te trae por

aquí?- Ante la expresión de Vitaly,

tomó asiento. -¿Sarah?


-Por supuesto. ¿Has averiguado

algo sobre la persona que le está

siguiendo?

-Bueno, aún no sabemos si la están

siguiendo- Levantó la mano al ver

que Vitaly estaba a punto de

protestar. -Sin embargo, según la

descripción que me dio, podría

tratarse de alguien que trabaja para

Nardiv, pero no tenemos pruebas.

Hasta ahora, no he podido verlo en

ninguna cámara.

-Pero ¿estamos seguros de que

Nardiv está detrás de todo esto?

-Probablemente. Pero, como he

dicho, no tenemos pruebas. Tú sabes mejor que nadie de lo que es

capaz.

-Estoy tan sorprendido como tú.

Cuando nos separamos, no

esperaba saber nada más de él. Al

principio pensé que todo esto lo

desencadenó el habernos

encontrado por casualidad el año

pasado.

Ivan sacudió la cabeza: -Hemos


averiguado que ya tenía a Marcus

en el bolsillo cuando éste empezó a

trabajar para ti. Probablemente

mucho antes; estas cosas llevan su

tiempo. No fue una decisión

espontánea. Nardiv ha estado

planeándolo durante algún tiempo.

Parece odiarte.

-Y más ahora que el gobierno está

involucrado. ¿Cuándo vuelve Sarah?

-Su vuelo sale esta tarde, llegará

sobre las nueve. -¿Quieres que

envíe un coche para recogerla? o

¿vas a ir tú?

Poniéndose en pie, Vitaly sonrió a

Ivan: -Voy a ir yo.

Capítulo 8

Vitaly observó cómo su Gulfstream

G650 aterrizaba y se dirigía al

hangar privado. Salió del coche y se

apoyó contra él, esperando a que la

tripulación abriera la puerta y sacara

la escalera. Sarah salió del avión y

le saludó con la mano, descendió

por la escalera y caminó hacia él.


Se sorprendió al verla envuelta en un

abrigo.

-Demasiada ropa para San José,

¿no crees?

Poniéndose de puntillas para

besarle, Sarah sonrió: -Es lo único

que tenía para taparme. ¿Podemos

ir a casa por el camino largo?

Vitaly cerró los ojos ante la

repentina visión de lo que llevaba

Sarah debajo del abrigo, o de lo que

no llevaba. Tras darle instrucciones

al conductor, se metieron en la parte

trasera del coche mientras la

tripulación colocaba sus bolsas en el

maletero. Ella ya había subido el

vidrio de privacidad y estaba

cómodamente sentada de cara al

asiento trasero; Vitaly se sentó

frente a ella. Tras colocar los pies a

ambos lados de él, sonrió y

comenzó a desabrocharse el abrigo.

Vitaly cogió el mando a distancia y

puso música.

Con cada botón que abría, él pudo ver partes de su piel, a medida que
ella se descubría poco a poco.

Cuando llegó al último botón, abrió

el abrigo y se recostó en el asiento,

mirando a Vitaly fijamente.

-Oh, Sarah…- fue todo lo que pudo

decir, empapándose de su belleza.

Pensó que iba a llevar la lencería

que le había regalado, pero estaba

completamente desnuda, a

excepción de unas medias negras y

sus Louboutins.

Inclinándose hacia adelante, le

acarició las piernas mientras ella lo

observaba en silencio. Le ayudó a

quitarse el abrigo y la atrajo hacia

él. Montándose sobre él a

horcajadas, rozó su erección y

empezó a restregarse contra ella.

Había soñado con aquello la noche

anterior, después de masturbarse

para él, y no pudo pensar en otra

cosa durante todo el día. Le

extrañaba que se hubiera podido

concentrar en el trabajo, y no veía la

hora de subir a bordo del avión para


regresar a casa.

Le acarició la mejilla mirándole con

ternura. -¿Te he dicho hoy que te

quiero?- le preguntó, tocándole el

rostro.

-Mmmm, no, creo que no- bromeó

él.

Al inclinarse para besarlo, él la detuvo y atrapó uno de sus pezones

en su boca. Sarah jadeó: -Te amo,

Vitaly- gimió.

-Mmmm, podría pensar que sólo me

quieres por cómo te hago sentir.

Queriendo protestar, Sarah sólo

pudo gemir ante el tacto de sus

manos masajeándole los senos y de

su boca chupando sus pezones.

Deslizando los dedos por su cabello,

le atrajo hacia sí, mientras él reía

contra sus pechos. - A mi kotyonok

le gusta esto, ¿verdad?- susurró

contra su piel, y ella se restregó con

más fuerza contra sus vaqueros.

Vitaly la echó hacia atrás sobre el asiento de enfrente y se desabrochó

los pantalones sin dejar de mirarla.

Ella bajo las manos por su cuerpo y


comenzó a jugar con su palpitante

clítoris, para acabar introduciéndose

los dedos en el coño. Se sonrojó al

sentir lo húmeda que estaba.

Se llevó los dedos a los labios y los

chupó ruidosamente. Vitaly gimió y

se bajó los vaqueros hasta las

caderas, y su erección brotó libre;

empezó a tocarse observándola.

Le ordenó que se girara y se

sentara sobre su regazo. Ella dobló

las rodillas y, sujetando sus piernas

por detrás de las de él, descendió

lentamente sobre su verga. Se encontraba tan mojada que él la

pudo penetrar con toda facilidad, y

ambos gimieron con deleite.

Agarrándola por las muñecas, le

puso los brazos por detrás de su

espalda, y los sujetó con una mano

mientras con la otra le acariciaba el

vientre.

-Fóllame- profirió, y ella comenzó a

subir y a bajar las caderas con

lentitud. Vitaly se estremeció al

sentir cómo los músculos de su


vagina se tensaban alrededor de su

polla con cada movimiento. La

inclinó hacia adelante y deslizó una

mano por debajo para jugar con su

clítoris, y Sarah comenzó a mover sus caderas haciendo ochos. Vitaly

sentía los espasmos de ella a

medida que aumentaba su placer.

La detuvo y le ordenó que se diera

la vuelta, ella protestó. No pudo

evitar reírse ante su enojo al haber

sido interrumpida.

Se apoyo contra él, de forma que

quedó completamente empalada y,

empujando con los talones, se dio la

vuelta. Vitaly creyó ver el cielo al

sentir su tenso coño girando

lentamente sobre su verga. Pero no

se perdió la mirada engreída de ella

mientras pasaba una pierna por

encima de él y se sentaba de frente.

Sarah trató de agarrarse a sus hombros, pero él volvió a colocarle

los brazos detrás de la espalda.

Inclinándose hacia adelante, sacó el

cinturón del abrigo y le ató las

muñecas. Se rió al ver la expresión


de su cara, ya que sabía lo mucho

que disfrutaba tocándole.

-Quiero que tengas una experiencia

de manos libres, kotyonok. Para que

las pueda usar yo en otros sitios- le

dijo, tomando sus pechos. Jugueteó

con sus pezones, que se pusieron

rígidos y duros, y los apretó con los

pulgares. -¿Por dónde íbamos?- le

preguntó, masajeando sus senos.

Con una sacudida de sus caderas, Sarah tensó los músculos y

comenzó a moverse hacia adelante

y hacia atrás. Inclinó la cabeza y

cerró los ojos, dejando que su

cuerpo vibrara de placer.

-Los ojos abiertos, kotyonok- le

recordó él, clavándole los dedos en

los pechos.

Con un gemido, Sarah empezó a

aumentar la velocidad de sus

movimientos a medida que el placer

se extendía por todo su cuerpo.

Susurró su nombre una y otra vez,

manteniendo el contacto visual,

mientras su cuerpo se contraía con


espasmos. Él le pellizcó con fuerza

los pezones, y ella chilló.

Estrellándose una y otra vez contra

él, experimentó múltiples orgasmos,

uno detrás de otro.

Vitaly jadeó, aferrándose a su culo.

Empujando con sus caderas hacia

arriba, la sujetó fuertemente contra

él, mientras los músculos de su

coño ordeñaban su orgasmo. Ella

consiguió liberar sus muñecas y le

puso los brazos alrededor del cuello.

Sus labios se separaron y sus

lenguas arremetieron la una contra

la otra.

El zumbido del interfono les advirtió

de que estaban llegando a casa.

Sentándose en su asiento, Sarah se

puso el abrigo, mientras Vitaly se subía los pantalones. Antes de

entrar al edificio, Sarah sonrió al

conductor. A diferencia del de Nueva

York, no dejó ver si los había estado

observando o no, cosa que ella

agradeció.

Capítulo 9
Esa noche iba a hacerlo. Vitaly

contempló el anillo antes de cerrar la

caja y metérsela en el bolsillo.

Quería sorprender a Sarah y pedir

su mano durante la fiesta de

Navidad que iba a celebrar en su

discoteca Casbah. Había planeado

esperar hasta Noche Vieja, pero

habían pasado por tantas cosas

durante los últimos meses, que no

quiso esperar más. Le extrañaba

que ella no lo supiera, porque se le

daba muy mal guardar secretos.

Cuando decidió que quería casarse

con ella, viajó al rancho de su familia

para pedir permiso a su padre. Pero no esperaba tener que ganarse la

aprobación de todos los miembros

adultos de la familia, al verse allí

sentado con su padre, su tío, su tía

y sus cuatro hermanos. Llevaba un

discurso bien preparado, pero le

salió incoherente y desarticulado, ya

que no estaba seguro de a quién

debía dirigir su propuesta.

Sonriendo amablemente, se sintió


como si lo estuvieran sometiendo al

tercer grado, intentando responder a

un aluvión de preguntas sobre sus

intenciones para con ella. Agradeció

mentalmente a Sarah por no

haberles contado nada de lo que

había ocurrido entre ellos, preocupado por no salir con vida de

allí.

Tras diversas vacilaciones,

tartamudeos y deliberaciones varias

entre los miembros de la familia, fue

aceptado entre risas, felicitaciones y

golpes en la espalda. Suspirando

aliviado, estrechó la mano de todos

y cada uno haciéndoles prometer

que guardarían el secreto, y les

invitó a su fiesta de Navidad. Quería

que Sarah estuviera rodeada de su

familia y amigos cuando le

propusiera matrimonio.

La conversación con las amigas de

Sarah fue un poco más complicada,

ya que sabían mucho de lo que había ocurrido entre ellos. Lisa fue

la primera en darle su aprobación,

pero Mia y Chloe fueron más


difíciles de convencer. Todas eran

conscientes de lo mucho que había

sufrido Sarah por la forma en la que

él la había tratado, y la apoyaron

mucho cuando necesitó distanciarse.

Después de admitir que se había

comportado como un canalla, les

aseguró que haría todo lo posible

para que nunca volviera a ocurrir.

Tras contemplar el anillo una vez

más, lo volvió a meter en el bolsillo y

salió de la casa. Sarah estaba

trabajando en la oficina, y había

quedado con él en la discoteca para cenar y bailar. No sabía que esa

noche iba a estar cerrada. Vitaly se

montó en el coche y se dirigió a

Casbah.

No podía creer lo lejos que habían

llegado en tan poco tiempo; había

pasado poco más de un año desde

que la viera por primera vez, y ahora

iba a pedirle que fuera su esposa.

Algo que nunca pensó que ocurriría

de nuevo.

Su primera esposa, Nadia, creció en


el barrio en el que Vitaly vivía con su

tío, después de que sus padres le

enviaran de aprendiz con él. Había

sido su primera relación para

ambos, y casarse les pareció lo más natural, aunque en retrospectiva, lo

único que tenían en común era un

talento para beber vodka y gastar

dinero. Cuando estaban sobrios,

siempre discutían.

Después de disolver su negocio con

Dmitri y decidir que se mudaba a la

costa oeste, Nadia se quedó en

Nueva York y, durante casi diez

años, apenas se relacionaron el uno

con el otro, aparte de los depósitos

mensuales que él ingresaba en su

cuenta bancaria. Le sorprendió que

Nadia accediera a divorciarse

después de tanto tiempo, aunque

era posible que el cheque de seis

cifras que incluyó con los papeles del divorcio, la hubiera ayudado a

decidirse.

Al llegar al club, le extrañó la

cantidad de coches que había en el

aparcamiento. Fue recibido por sus


empleados, que se habían

encariñado con Sarah, y todos los

familiares y amigos de ésta.

Además de su familia más cercana,

también estaban las esposas y los

hijos de sus hermanos. Mientras

todos esperaban la llegada de

Sarah, había un ambiente muy

animado.

Después de servir la segunda ronda

de bebidas, Vitaly miró el reloj. Eran

casi las ocho, y Sarah ya debería estar allí. Le había enviado dos

mensajes de texto, pero aún no

había contestado, por lo que pidió a

seguridad que echaran un vistazo,

por si había perdido la noción del

tiempo. Se levantó para brindar y vio

a Ivan junto a la puerta. Su

expresión hizo que casi dejara caer

el vaso, y se encaminó rápidamente

hacia él.

-Jefe, tenemos un problema.

-¿Dónde está Sarah?

-Aún no lo sabemos.

-¿Qué ocurre? ¿Dónde está mi hija?


- quiso saber Bill Jenkins, el padre

de Sarah, que se había acercado a ellos.

-Señor, es lo que estamos tratando

de averiguar- le contestó Ivan

mientras intentaba alejarse con

Vitaly para hablar con él a solas.

-No, no os vayáis- exclamó Lisa

colocándose al lado de Bill. -Podéis

hablar delante de todos.

Ivan y Vitaly se miraron el uno al

otro mientras la familia y los amigos

de Sarah se agrupaban a su

alrededor, exigiendo saber qué

estaba pasando. A una señal de

Vitaly, Ivan sacó su móvil y le mostró

un vídeo.

-Sarah se ha desconectado justo después de la siete, y los de

seguridad la han visto salir del

edificio. Tras recibir tu mensaje, he

enviado a un guarda para que

echara un vistazo en el

aparcamiento, por si todavía estaba

allí. Ha encontrado su coche abierto,

y su bolso y las llaves en el suelo.

Hemos revisado las cámaras del


aparcamiento y hemos vimos esto.

Mientras Ivan hablaba, Vitaly vio

cómo una limusina negra, parecida a

la suya, se detenía junto al coche de

Sarah. Cuando Sarah se dio la

vuelta, la puerta trasera se abrió.

Vio cómo se inclinaba para meterse

en la limusina, se detenía e intentaba alejarse. En ese momento,

el conductor salió del coche y la

obligó a meterse dentro, antes de

volver a ponerse al volante.

-Creyó que habías enviado el coche.

Cuando la sala se llenó de

murmullos, Ivan levantó una mano

pidiendo silencio, y Vitaly volvió a

reproducir el vídeo.

-Siento mucho tener que compartir

esta información de esta manera,

pero no tengo otra opción. Según

este vídeo, parece que la señorita

Jenkins ha sido secuestrada- les

informó, levantando la mano una vez

más para acallar sus voces.

-Hemos llamado a la policía, y de

momento no sabemos quién se la ha


llevado ni por qué, pero estamos

haciendo todo lo posible para

encontrarla sana y salva. Ahora, si

me disculpan.... -Cuando Ivan se dio

la vuelta para irse, le llovió un aluvión

de preguntas. -Siento no poder ser

de más ayuda en estos momentos.

Y cogiendo a Vitaly del brazo, lo

arrastró fuera de la discoteca. -

¡Espere!- gritó Bill, corriendo detrás

de ellos. -No nos puede dejar así y

largarse sin más.

-Lo siento, señor, pero mi intención

era hablar primero con el Sr.

Chekhov. Usted insistió en que se lo

dijera a todos. Ahora, si nos

disculpa, necesitamos al Sr.

Chekhov. -Ivan empujó a Vitaly hacia

el coche y se dio la vuelta. -En

cuanto sepamos algo se lo haremos

saber. Tiene mi palabra.

Al ponerse el coche en marcha, Ivan

arrancó su teléfono de las manos de

Vitaly. -¿Qué más sabemos?-

preguntó éste, mientras Ivan se


metía el móvil en el bolsillo.

-Suponemos que tiene algo que ver

con Nardiv. Desde que salió libre

bajo fianza, ha estado muy ocupado.

-¿La han sacado del estado?

Ivan asintió con la cabeza: -

Probablemente. Hay demasiados

aeropuertos privados en la zona que

no necesitan presentar planes de

vuelo. Tengo a gente investigando

qué aviones privados han

despegado durante la última hora, y

estamos revisando las imágenes de

seguridad de los aeródromos más

cercanos. Si conseguimos el número

de cola del avión, podremos rastrear

a dónde se dirige. También estamos

vigilando todos los vuelos de llegada

a los aeropuertos de la costa este.

-¿Y la policía?

-Nada útil, pero no esperábamos otra cosa.

Vitaly sacudió la cabeza, -No. ¿Y el

FBI?

-Ya se han puesto en contacto,

están en la oficina. Creen que se


trata de un caso de secuestro y

rescate.

-¿Y tú qué crees?

Frotándose la cabeza, Ivan miró a

su jefe. Habían trabajado juntos

demasiado tiempo como para

mentirle, pero no le apetecía tener

ese tipo de conversación con él en

esos momentos. Suspiró. -No creo

que vayan a pedir rescate.

Vitaly se clavó las uñas en las palmas de las manos. Después de

todo lo que había pasado, su Sarah

estaba de nuevo fuera de su alcance

y, esta vez, su vida estaba en

peligro. Le prometió mentalmente

que iba a rescatarla sana y salva,

pero no estaba seguro de que no

fuera a haber un derramamiento de

sangre.

Capítulo 10

Sarah se despertó con un gemido y

abrió los ojos poco a poco. Le dolía

la cabeza y no sabía por qué. Se

incorporó lentamente, cerrando los

ojos de nuevo al darle vueltas la


cabeza, intentando no vomitar. Con

los ojos entrecerrados, miró a su

alrededor. ¿Dónde estaba?

Al poner los pies en el suelo, se dio

cuenta de que estaba descalza, y

trató de recordar lo que había

ocurrido.

Le había prometido a Vitaly que se

encontrarían en Casbah para cenar,

pero había perdido la noción del

tiempo e iba a llegar tarde. Por suerte se había llevado la ropa a la

oficina, y se había cambiado antes

de salir. Se acordaba vagamente de

que al salir del ascensor había

saludado al guarda de seguridad,

cuando se dirigía al coche. Se

sorprendió al ver una limusina en el

aparcamiento y supuso que Vitaly la

había enviado. Pero, ¿que había

pasado después?

Frotándose las sienes, recordó

asomarse al oscuro interior del

coche, antes de darse cuenta de

que no era la limusina de Vitaly. Y

luego se despertó allí. Pero ¿dónde


estaba? Mirando alrededor,

comprobó que estaba en una oficina sin ventanas, pero ¿a quién

pertenecía? El sonido de una llave

en la cerradura atrajo su atención y

levantó la mirada.

Un desconocido entró en el cuarto.

Se detuvo al ver que estaba

despierta y se quedó allí, mirándola.

Le entregó una botella de agua

antes de darse la vuelta y salir de

nuevo. Oyó cómo cerraba la puerta

con llave.

Sin saber qué hacer, Sarah se

quedó allí sentada contemplando la

botella de agua. Miró el tapón, que

no parecía haber sido manipulado;

tenía la boca seca, así que la abrió

y dio un largo trago. Cerrando los ojos, obligó a su estómago a

calmarse y dio otro sorbo.

Una vez segura de que no iba a

vomitar, se puso en pie con

dificultad. Le dolía menos la cabeza,

y no se sentía como si la hubieran

golpeado, por lo que supuso que la

habían drogado.
Se dirigió a la puerta y trató de

abrirla, sabiendo que estaba

cerrada con llave. Se dio la vuelta e

intentó abrir todos los cajones del

escritorio y del armario, pero

también estaban cerrados. No había

ningún objeto que pudiese utilizar

como arma o como herramienta

para abrir los cajones. Con un suspiro, se volvió a sentar en el

sillón. Temblando, subió los pies al

asiento y se abrazó a las rodillas.

¿Dónde estaba? ¿Cuánto tiempo

había pasado?

Vitaly estaría desesperado, pensó

Sarah, preocupada por él. Iba a ser

la primera Navidad que pasaban

juntos y ella estaba… ¿dónde? No

sabía cuanto tiempo había pasado

cuando volvió a escuchar el sonido

de la llave en la cerradura. Dmitri

Nardiv entró en la oficina. Sarah

intentó no parecer demasiado

sorprendida, y fingió un valor que no

sentía.

-Sr. Nardiv, me sorprende verle aquí.


Me hubiera imaginado que con su

futuro pendiente de juicio se lo

pensaría dos veces antes de

secuestrarme.

-Al contrario, señorita Jenkins, usted

es sólo una herramienta.

-Porque eso le salió muy bien la

última vez- le espetó Sarah,

recordando cómo había intentado

sobornarla para que robara secretos

de la empresa y, cuando no

funcionó, intentó incriminarla por

espionaje.

-Subestimé su afecto por Chekov.

-El motivo por el que le rechacé no

tuvo nada que ver con mi afecto por Vitaly, como dice usted, sino por

haber elegido a la persona

equivocada. Si me hubiese dejado

en paz, ahora no estaría en

problemas.

Flexionando sus manos, Dmitri la

miró con dureza. Estaba furioso con

esa zorrita. Lo había perdido todo

por su culpa. Y todos sus clientes

habían salido corriendo a los brazos


de Chekov. Le iba a enseñar lo que

era una pérdida… enviándole a su

novia descuartizada.

Sonrió, y Sarah tragó saliva. Estaba

loco. -¿Qué va a hacer con migo?-

le preguntó, deseando que su voz no

sonara tan asustada.

-Como ya he dicho, señorita

Jenkins, usted no es nada más que

una herramienta que voy a utilizar

para acabar con Chekhov. Póngase

cómoda. Va a pasar mucho tiempo

aquí.

-¿Y si tengo que ir al baño?

Dmitri señaló al hombre que le había

traído el agua. -Boris le llevará.

Ahora, si me excusa, tengo mucho

que hacer.

Boris se dispuso a seguir a Dmitri

fuera del cuarto, pero Sarah lo

detuvo. -Boris, ¿puedo ir al baño?

Con un gruñido, Boris la esperó

junto a la puerta. Sarah se levantó y le siguió. Aunque aún se sentía un

poco mareada, se encontraba lo

bastante bien como para echar una


discreta mirada a su alrededor.

Parecían estar en un edificio

industrial, fue lo único que pudo

inferir, eso y que el suelo de

cemento estaba frío bajo sus pies

descalzos.

De repente, se chocó contra él y

levantó los brazos para mantener el

equilibrio. Al hacerlo, sintió la pistola

que llevaba en la espalda. Dándole

unas palmaditas, le sonrió y entró en

el cuarto de baño, y cerró la puerta

tras ella.

Una vez dentro, se apoyó en la pared y echó un vistazo a su

alrededor. El baño estaba en la

parte exterior del edificio, y tenía

una pequeña ventana enrejada,

cerca del techo. Demasiado alta y

estrecha para escapar por ella, pero

pudo ver parte del paisaje urbano de

Manhattan. Al menos sabía que

estaba en Nueva York.

Mirando a su alrededor, vio un

armario que parecía prometedor.

Cuando iba a abrirlo, Boris golpeó la


puerta. Preocupa por si entraba,

hizo lo que había ido a hacer. Abrió

el grifo del agua caliente para

calentarse las manos, pero salió

fría. Con un suspiro, se lavó y secó la cara, y justo entonces Boris abrió

la puerta de par en par. Mirándola

con recelo, la dejó abierta para que

saliera.

De camino a la oficina, Sarah creyó

escuchar la sirena de un barco.

Quizás se encontraban cerca del

puerto. Como había estado allí

varias veces, intentó recordar los

distintos lugares en los que se

podría esconder si conseguía

escapar. Pero era invierno, y no

tenía abrigo, ni zapatos. Mientras

Boris esperaba a que entrara a la

oficina, Sarah se frotó los brazos y

le miró.

-Mmm... hace mucho frío. ¿Me puedes traer una manta?- le pidió

con una sonrisa. Gruñendo, él la

empujó dentro de la oficina y cerró

la puerta. Vaya, no ha ido muy bien,

pensó Sarah, preguntándose si


entendía inglés. Poco después, la

puerta se abrió y Boris le arrojó dos

mantas, antes de volver a cerrar con

un portazo.

-Un punto para mí- murmuró,

dirigiéndose al sillón.

Capítulo 11

La Navidad pasó y el pánico se

apoderó de Vitaly. Nadie se había

puesto en contacto con él, y aún no

sabían dónde estaba Sarah, ni si

estaba viva. No quería poner más

presión sobre su personal, por lo

que comenzó a responder

personalmente a las constantes

llamadas de familia y amigos de

Sarah, que querían saber si había

alguna novedad. El FBI había

establecido un puesto de vigilancia

en la oficina y otro en la hacienda

familiar de Sarah, por si alguien se

ponía en contacto. Después de

veinticuatro horas, estaban bastante decepcionados, y al tercer día

recogieron sus cosas y se fueron.

Vitaly no perdió la esperanza, ya


que estaba trabajando con unos

investigadores privados para

rastrear el paradero de Sarah, pero

todo lo que averiguaban les llevaba

a un punto muerto. Estaba

convencido de que Nardiv estaba

involucrado, y que estaba jugando

con él para volverlo loco de

preocupación, y lo estaba

consiguiendo.

Al sexto día, por fin tuvo noticias en

forma de un mensaje procedente de

un número bloqueado, con una foto

de Sarah sosteniendo un periódico.

Sin molestarse a informar a las

autoridades, Ivan entró en acción,

intentando determinar la ubicación

de Sarah. Ocho horas más tarde,

recibieron un mensaje de texto con

instrucciones.

*******

Vitaly recorría una y otra vez el

pasillo del avión. -No vamos a llegar

antes por desgastar la alfombra- le

dijo Ivan cuando pasó por su lado.


-No puedo estarme quieto.

-¿Lo has intentado?

Con un resoplido, Vitaly se sentó

frente a él. -¿Contento?- Ivan soltó

un bufido y sacó unos documentos de su bolsa.

-¿Quieres que lo repasemos otra

vez?

-No. Sé lo que quiere.

Aunque Vitaly se sintió aliviado al ver

que Sarah seguía viva, al menos en

el momento de la fotografía, ahora

sabía que Nardiv estaba detrás del

secuestro. Al tener actividades

ilegales en otro país, el gobierno

federal estaba interesado en todas

sus cuentas y le había confiscado

todos los activos conocidos, por lo

que se vio obligado a cerrar el

negocio. Su costoso abogado logró

que le concedieran la libertad bajo fianza a condición de que entregara

su pasaporte, aunque eso no quería

decir que no pudiera conseguir otro.

Vitaly a menudo se sorprendía de la

ingenuidad del sistema judicial.

Sabía que a Nardiv no le quedaba


nada en ese país, y no le importaba

lo más mínimo, pero tenía que

encontrar a Sarah.

Se metió la mano en el bolsillo y

sacó la caja del anillo. La abrió y lo

contempló durante un rato, antes de

cerrar los ojos. Tenía que salvar a

Sarah.

-¿Es el anillo?- Asintiendo con la

cabeza, Vitaly cerró la caja y miró a

Ivan. -¿Puedo verlo?- Ivan tomó la caja, la abrió y dejó escapar un

silbido.

-¿Te ha ayudado alguien a elegirlo o

te has decidido por el pedrusco más

grande que has visto?- le preguntó,

devolviéndoselo.

-Un poco de cada- respondió Vitaly

con una sonrisa. Aunque se daba

cuenta de que a Sarah le podría

parecer demasiado, tanto su

secretaria como su asistente

personal insistieron en que era

perfecto. Mirando al anillo, decidió

que se lo iba a entregar lo antes

posible. Y ella iba a decir que sí,


¿verdad? Se lo metió en el bolsillo,

prometiéndose a sí mismo que cometería todo tipo de tropelías si

alguien le tocaba un solo pelo a

Sarah.

Tras aterrizar en Nueva York, el

avión se dirigió a un hangar donde

fueron recibidos por el equipo de

seguridad que Ivan había

contratado. Según sus informes,

Nardiv había desaparecido tres días

antes junto con su jefe de seguridad,

Boris Banovich, y otros dos

hombres, y desde entonces no

habían sido vistos en público.

También sabían que seguía en

contacto con su abogado. Gracias a

las cámaras de vigilancia de la

ciudad, fueron capaces de reducir la zona de búsqueda al distrito

portuario; y había un carguero

programado para zarpar en dos

días con destino a Europa del este.

Habían intentado poner algunos

hombres en la zona pero, debido a

los recientes problemas con las

autoridades portuarias, los


lugareños no querían extraños en el

área, por lo que estaban

manteniendo las distancias para no

poner sobre aviso a Nardiv.

Vitaly comenzó a caminar en

círculos tras oír el informe. -Y ahora

¿qué?

-Tienes que encontrarte con Nardiv, como hemos planeado- respondió

Ivan. -Mientras tanto, seguimos

trabajando bajo cuerda. Si

encontramos a alguno de sus

hombres, lo raptamos y le sacamos

la ubicación de Sarah, pero tú tienes

que hacer tu parte. Y sin

heroicidades. Sobre todo, sin

heroicidades- recalcó Ivan,

señalándole con el dedo. No quería

que su jefe arriesgase su vida otra

vez.

Asintiendo con la cabeza, Vitaly

cogió su móvil justo cuando recibía

un mensaje con instrucciones sobre

dónde reunirse. Dio un bufido

cuando vio la ubicación. La antigua oficina de ambos, que ahora

formaba parte de un centro


comercial. Tras subirse a la limusina,

se dirigió a su apartamento,

mientras Ivan se alejaba en otro

coche. El plan era que Ivan fuera

primero al sitio y lo rodeara de

hombres para poder atrapar a

Nardiv cuando éste apareciera.

Cuando Vitaly llegó al apartamento,

dio ordenes a su escolta para que le

esperara abajo, y le dijo que

regresaría a tiempo para el

encuentro. Tras entrar en la

vivienda, se dirigió al dormitorio,

dejó las bolsas y se cambió de ropa.

Al volver a salir, se quedó helado.

Nardiv estaba en el salón,

apuntando a Sarah con una pistola.

-Me alegro de que hayas venido

sólo, viejo amigo- le dijo Nardiv. -

Pareces cansado. ¿No duermes

bien?

Ignorando a Nardiv, Vitaly miró a

Sarah. Aparte de su aspecto

desaliñado, no parecía estar herida.

-¿Estás bien?- Sarah asintió con la


cabeza y, cuando estaba a punto de

hablar, Nardiv le dio unos golpes con

el arma en la sien.

-Tú no tienes nada que decir- le dijo,

golpeándola de nuevo. Haciendo una

mueca de dolor, Sarah apartó la cabeza, pero él la atrajo hacia sí y

miró a Vitaly: -¿Has hecho lo que te

dije?

-Tengo los documentos preparados,

y puedo transferir el dinero a

cualquier cuenta que me digas,

pero, antes, deja ir a Sarah. Ya no

hay necesidad de que la retengas.

-Ni hablar. Se queda conmigo como

garantía, hasta que acabemos con

los negocios.

-No pasa nada, Vitaly, estoy bien-

dijo Sarah, sonriendo con valentía.

Asintiendo con la cabeza, Vitaly

cogió su maletín. Sabía que su

equipo de seguridad se daría cuenta de que algo andaba mal y vendrían

a buscarle; sólo tenía que entretener

a Nardiv hasta que llegaran.

-Tengo que admitir que me

sorprendió que cambiaras la


ubicación original. Hace años que no

he estado allí, y me hacía ilusión ver

el sitio- le confesó Vitaly mientras

abría el maletín y sacaba unos

documentos.

-Ya no queda nada de los viejos

tiempos, como muy bien sabes-

respondió Nardiv mirándole. –

Hacíamos buen equipo. Tú y yo.

Pero tuviste que arruinarlo todo.

-¿Yo? Tú eres el que decidió hacer contrabando.

-¡Por supuesto! Es donde estaba el

dinero. Y lo sigue estando. Pero tú

continúas juzgándome, como si

nunca hubieses hecho nada malo.

-Reconozco que no he sido un

santo, pero yo al menos no

quebranté ninguna ley, y aún así me

hice rico, aunque a base de mucho

tiempo y paciencia.

-¿Y qué va a pasar ahora, Vitaly? Te

lo voy a quitar todo.

Encogiéndose de hombros, Vitaly se

reclinó en su silla. -Sé lo que es

trabajar duro, Dmitri. Lo he hecho


antes. Lo puedo hacer de nuevo.

Agarrándo a Sarah por el pelo,

Dmitri se levantó y la arrastró con él.

-¿Te será tan fácil cuando tu

preciosa Sarah ya no esté?- Antes

de que Vitaly pudiera responder, se

escuchó un fuerte ruido en la puerta

de entrada. Dmitri giró la cabeza y

Sarah se arrojó al suelo, haciendo

que perdiera el equilibrio y la

soltara. Saltando de su silla, Vitaly

se abalanzó sobre él y la pistola

salió volando.

Moviéndose hacia un lado, Sarah se

puso de pie buscando un arma,

cuando la puerta de entrada se

estrelló contra la pared y apareció

Ivan con otros dos hombres. Al ver la pistola, la recogió y vació el

cargador en el suelo, antes de

colocar el arma sobre la mesa.

-¿Estáis bien los dos?- Ambos

asintieron. Uno de los guardas de

seguridad sacó unas abrazaderas

de plástico y ató con ellas a Nardiv.

-Te has tomado tu tiempo- le dijo


Vitaly, mientras recuperaba el

aliento. Volviéndose a Sarah, la

abrazó con fuerza. -¿Te han hecho

daño?

-No. Estoy bien. Sólo un poco sucia.

-La poli está en camino. Creo que

ambos deberíais ir al hospital a

haceros un chequeo.

-¡No!- gritaron los dos.

-O no.

Capítulo 12

Tras varias horas, por fin regresó la

paz al apartamento. Vitaly y Sarah

estaban tumbados en la cama, y él

la contemplaba mientras ella

dormía. Después de que todos se

fueran, la había metido a la ducha

para lavar la mugre de los últimos

días. La inspeccionó con cuidado,

pero no encontró lesiones ni heridas,

mientras pensaba en vapulear a

Nardiv en caso de que encontrara

alguna.

Quería hacerle el amor en la ducha,

pero ante sus constantes bostezos,


la secó y la arropó en la cama,

donde se quedó dormida casi al instante. Por lo poco que había

dicho, estuvo cautiva en una oficina

del puerto, bajo la atenta mirada de

Boris.

Cuando Ivan se dio cuenta de que

Nardiv no iba a aparecer en el lugar

acordado, llamó al equipo de

seguridad de Vitaly y descubrió que

éste no había salido del

apartamento. Registraron el edificio

y encontraron a dos matones de

Nardiv; Boris fue apresado cuando

intentaba entrar en la vivienda por el

garaje. Una vez detenidos todos sus

hombres, fue cuestión de determinar

la mejor manera de entrar en el

apartamento sin poner en peligro a sus ocupantes.

En el pasillo, fuera del apartamento,

los planes de Ivan se fueron al

traste cuando uno de los hombres

de Nardiv intentó escabullirse y tiró

un jarrón al suelo. En ese momento,

Ivan dio orden de abrir la puerta,

que fue cuando descubrió que


Nardiv ya había sido sometido.

Vitaly le acarició el pelo a Sarah, y

ella se despertó poco a poco.

Mirándole medio dormida, le sonrió.

-Mi héroe- murmuró, acurrucándose

contra su pecho. Él soltó una risita y

le frotó la espalda, mientras ella se

estiraba junto a él.

-¿Vas a dormir todo el día y toda la noche?

-Mmmm, esta cama es muy

cómoda.

-¿Sabes que es Noche Vieja?

Sarah levantó la cabeza para

mirarle. -¿Me he perdido la

Navidad?

-No- contestó él, besándole la

frente. -Está esperando a que

volvamos. Pero estamos en un sitio

ideal para recibir al año nuevo. Si es

que te levantas de la cama.

-Bueno, tengo hambre y... ¡MI

PADRE! ¡Mi familia! ¿Saben que

estoy bien?

-Relájate, kotyonok. Todo el mundo ha sido informado y tienen muchas

ganas de verte- Vitaly se levantó de


la cama. -Los puedes llamar

mañana. Esta noche es para

nosotros. Quédate ahí. Te llamo

cuando esté listo.

Sarah se tumbó de espaldas y

contempló el techo. No podía creer

que había estado secuestrada

durante más de una semana y que

no tenía ni un solo rasguño. A pesar

de las amenazas de Dmitri, estaba

segura y de vuelta con Vitaly, donde

pertenecía. Tuvo que admitir que

debería haber intentado escapar,

pero tenía demasiado miedo.

Dmitri parecía desesperado, y la gente desesperada se comporta de

forma irracional, pero Boris era un

empleado dedicado, y no dudaba de

su capacidad para llevar a cabo

todas las amenazas proferidas por

su jefe. Con un suspiro, se prometió

a sí misma que iba a tomar clases

de defensa propia en cuanto

regresara a California.

Vio a Vitaly salir del baño. -¿Estás

lista, kotyonok?
-¿Para qué?

-Ven.

Tras ponerse el albornoz, Sarah le

siguió y se quedó sin aliento al ver lo

que había preparado. El cuarto de baño estaba repleto de velas que

proyectaban un alegre resplandor

por toda la estancia. La bañera

rebosaba de burbujas y un aroma a

vainilla y fresas llenaba el aire.

-Es maravilloso- Besándole la

cabeza, Vitaly la abrazó por detrás.

-Cuando nos conocimos olías a

fresas, y siempre pienso en ti

cuando las huelo- Le deslizó el

albornoz por los hombros. -Ven,

vamos a meternos- Sarah se sentó

dentro de la bañera y suspiró. El

agua estaba muy buena.

Desplazándose hacia delante, hizo

sitio para Vitaly, que se colocó

detrás de ella, y se apoyó contra su pecho. Él produjo dos copas de

champán y le pasó una. Tras tomar

un sorbo, Sarah sonrió.

-Vaya, señor Chekhov, ¿estás

tratando de emborracharme otra


vez?- bromeó Sarah. Vitaly deslizó

una mano por su cintura y le acarició

el vientre.

-Esta vez no voy a dejar que bebas

tanto como para quedarte dormida.

Además, creo que ya has dormido

suficiente por hoy- Riendo, Sarah se

acurrucó contra él, bebiendo de su

copa. Él dejó la suya y, cogiendo

una fresa, se la acercó a los labios.

-Dale un mordisco; le cambia el

sabor al champán- Tras morder la fruta, tomó otro trago.

-Caramba, es alucinante- Riéndose,

él le ofreció otro bocado y soltó un

gemido cuando ella le lamió el jugo

de la mano.

-Mi valiente gatita, qué cosas me

haces.

-No soy tan valiente. No hice

absolutamente nada cuando estaba

secuestrada. Debería haber

intentado escapar, pero no tenía

zapatos, ni abrigo, y, bueno, estaba

asustada.

-Hiciste lo que tenías que hacer,


kotyonok. Boris Banovich es un

asesino as sueldo. Temblando, Sarah levantó su copa, y él se la

rellenó. -Ya ha pasado todo, y

tenemos mucho que celebrar. O eso

espero.

-¿Qué quieres decir?

-La noche que te secuestraron había

organizado una fiesta en el club.

Incluso fui a ver a tu padre para

pedir permiso. Quería que todos tus

familiares y amigos estuvieran allí

cuando…- le puso la caja del anillo

delante y la abrió; Sarah se quedó

sin aliento.

-Sarah, mi Sarah. Hemos pasado

tanto en tan poco tiempo, y cada día

que pasa siento que no puedo vivir sin ti. Eres mi corazón, kotyonok.

¿Me das tu consentimiento para

convertirte en mi esposa?

Con un chillido, Sarah se dio la

vuelta en la bañera, y Vitaly hizo una

mueca de dolor. -Mujer, cuidado con

esos codos y rodillas, que tengo

planeado hacerte el amor- Riendo,

se lanzó sobre él y le besó. -¿Eso


es un sí? Porque todavía no he

escuchado un sí- le dijo,

devolviéndole el beso.

-Oh, Vitaly, sí, por supuesto que

quiero ser tu esposa.

Cuando el reloj se acercaba a la

medianoche, se encontraban en frente del ventanal del salón,

envueltos en un abrazo. Mirando

hacia Times Square, pudieron

distinguir la bola mientras se

preparaba para caer. Encendieron la

radio para escuchar los gritos de la

multitud al empezar la cuenta atrás.

A medianoche, la estrechó entre sus

brazos.

-Feliz año nuevo, cariño. Te quiero.

-Feliz año nuevo, mi amor. Yo

también te quiero.

**Fin de la Tercera Parte**

Nota del autor :

¡Hola, querido lector! Si te ha

gustado la tercera parte de Vitaly y

Sarah, ¡deja una reseña positiva!

¡Espero que hayas disfrutado de la

serie! Dime si quieres que siga con


esta serie o que empiece una nueva

¡Muchas gracias por leerme!

¡Espero noticias tuyas! ¡Os quiero a

todos los fans!

-Leona Lee

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Document Outline
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 10
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Nota del autor