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La parte dogmática de la Constitución

Es la que recoge el orden de valores que responde la Constitución, los principios


constitucionales que son esenciales para la comprensión del orden jurídico general y los
derechos fundamentales que la Constitución reconoce y protege. En la parte dogmática
también se encuentran determinadas declaraciones generales que se agotan en su propia
formulación (Ejemplo: La capital de España es la villa de Madrid.).

No en todas las Constituciones hay parte dogmática, pero siempre hay parte orgánica. Lo
normal en los países de nuestro entorno geográfico y cultural es que existan ambas partes. La
parte dogmática suele ir antes que la parte orgánica pero el orden de los factores es aquí
irrelevante. Hay determinadas Constituciones cuya parte dogmática está fuera de la misma, así
por ejemplo en Francia las distintas Constituciones que se han sucedido en el tiempo
incorporan como parte dogmática la famosa Declaración de Derechos del Hombre y el
Ciudadano de la revolución francesa que suele figurar a modo de preámbulo del texto
constitucional. En la Constitución americana de 1787 la parte dogmática está constituida por
las diez primeras enmiendas a la Constitución que se incorporaron a la misma en 1791 como
consecuencia de la exigencia planteada por algunos Estados federados con motivo de su
ratificación.

La parte dogmática de las Constituciones que se sucedieron en Europa en la época de la


monarquía constitucional pura o régimen doctrinario (Constituciones pactadas) planteó el
problema de su consideración o no como efectivo Derecho. En efecto, el valor de la ley como
voluntad general y norma emanada de los parlamentos situó a la misma en la cúspide de la
jerarquía normativa mientras que los preceptos de la Constitución se contemplaban como un
conjunto de objetivos y programas cuya transformación en Derecho efectivo y válido requería
de la intermediación de la ley. Es decir, se produjo el predominio del concepto material de
Constitución frente al concepto ideológico, en cuya aplicación la Constitución era, recordamos
ahora, la norma reguladora de los procesos políticos en el seno del Estado y, en todo lo demás,
era más bien una declaración de intenciones que la ley se encargaría de perfilar y ultimar. Esta
situación se mantendrá hasta la cuarta oleada de constitucionalización, producida tras la
segunda guerra mundial, en la que, como sabemos, se vuelve al concepto ideológico que
conlleva la supremacía de la Constitución y su carácter de Derecho inmediatamente válido y
aplicable. Terciando en esta polémica, la doctrina constitucionalista italiana acuñó una
diferenciación dentro de la parte dogmática entre dos tipos de normas:
+ Normas preceptivas de una Constitución

Las normas preceptivas serían aquellas que constituyen Derecho válido e inmediatamente
aplicable, sin que intermediación de cualquier otra norma para tener eficacia. Además se
consideran que son normas que tienen un contenido esencial que no está disponible para el
legislador ordinario, es decir que éste no tiene más remedio que respetar y que, por lo tanto
constituyen Derecho inmediatamente aplicable con independencia o no de que se produzca
una legislación de desarrollo del precepto constitucional. Finalmente ese contenido esencial se
considera tan importante que suele establecerse que el desarrollo de la norma constitucional
hay que hacerlo mediante un procedimiento legislativo especial en el sentido de ser un
procedimiento agravado respecto al procedimiento legislativo ordinario.

+ Normas programáticas en una Constitución

Las normas programáticas son normas que constituyen Derecho válido pero no directamente
aplicable, porque requieren la promulgación de una ley que es la que hace factible el
cumplimiento efectivo de la norma programática. Precisamente este problema de la no
aplicabilidad directa es el que cuestiona su carácter de Derecho. Pero si decimos que
constituyen Derecho válido es porque aunque no sean directamente aplicables si que sirven de
pauta interpretativa del ordenamiento jurídico; porque son normas que suponen un mandato
al legislador para que haga la correspondiente ley; y porque son normas cuya existencia disipa
cualquier duda posible sobre la constitucionalidad de determinadas leyes que, caso de no
existir la norma programática, podrían ser reputadas como inconstitucionales. (Ej. Si no
hubiese una norma programática que estableciese el derecho a la seguridad social, cualquier
ley que lo estableciese, al imponer unas cotizaciones obligatorias de empresarios y
trabajadores podría ser inconstitucional, debido al elemento confiscatorio que conlleva).

Tanto las normas preceptivas como programáticas constituyen hoy día Derecho válido y real.
Es decir son efectivas normas jurídicas. La diferencia entre una y otras está en su aplicabilidad
directa o indirecta.