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RODULFO – EL NIÑO Y EL SIGNIFICANTE

C12 - DONDE EL JUGAR ERA, EL TRABAJAR DEBE ADVENIR

Una de la tareas más específicas de la adolescencia, es la TRANSFORMACIÓN de lo que el JUGAR


como practica significante en TRABAJO. Si dicha tarea queda sin realizar o gravemente fallida en la
adolescencia, se compromete todo lo que va a ser del orden de ese modo específico de la SUBLIMACIÓN
que es el TRABAJO más a allá de aquel periodo, partiendo del adulto joven que hereda la falla.

CASO
Era un muchacho que empezó tratamiento a los dieciséis años, lo dejo enseguida, y lo retomo un año
después, ahora por mucho tiempo. El tratamiento se inició por exclusiva iniciativa del paciente, quien
convenció al padre para que se lo pagara, el motivo era una angustia crónica y difusa, pero muy intensa, que
de algún modo parecía ligada a cierta producción de actuaciones para librarse de ella: pequeños robos y
vandalismo figuraban en esa serie, así como fumar asiduamente marihuana, incluso estuvo a punto de
complicarse en cadenas de distribución.
Era muy inactivo en todas las demás cosas, incluyendo la vida sexual, tenía una especie de trabajo a
las órdenes de su padre, “changas”, no en forma demasiado regular. El padre hacia un trabajo de tipo
intelectual, y lo convocaba exclusivamente para tareas a realizar con el cuerpo, sin ninguna clase de
inclusión del otro aspecto, no se daba oportunidad de enriquecimiento por ese lado. El padre no le pagaba en
forma regular y previamente convenida, sino con un ritmo errático y teñido de familiaridad, o sea que desde
su intervención no se inscribía, no se introducía la categoría simbólica de trabajo.
Lo que primero surgió como posible de ser analizado era el hecho de aquella DISOCIACIÓN ENTRE
MENTE Y CUERPO, para ponerlo en lenguaje corriente, donde él se sentía con el aspecto no valorizado, no
marcado fálicamente.
Más significativo o más preocupante era verlo demasiado absorbido por ACTIVIDADES
AUTOERÓTICAS, donde se podía describir cierto grado de REGRESIÓN DE UNA SUBLIMACIÓN a sus
FUENTES PULSIONALES, esto se relaciona también con la FORMA COMPULSIVA, en que se daba en
él la masturbación, no al servicio del placer, sino como PROTECCIÓN contra una angustia muy penetrante
y difícil de soportar.
El muchacho era muy dado a bromas que rozaban el vandalismo, y había tomado a su vecina del piso
de abajo como víctima preferencial, esta mujer tenía un gran patio al que él accedía desde su balcón,
entonces se dedicaba a tirar anilinas de diversos colores, cosa que cuando su vecina baldeaba, se teñía todo
ese extenso rectángulo. Luego abandono las anilinas y las reemplazo por su propia CACA, que acumulaba
en un balde y luego la arrojaba. Es licito llamar a este proceso DESUBLIMACIÓN, perdida de sublimación.
Otra característica que apareció en los primeros tiempos del tratamiento era la aparente ausencia o
silenciamiento de IDEAL DEL YO, la falta de horizonte, del “serás”, de fantasías prospectivas o proyectos,
de efectos de anticipación respecto de alguna cosa. En cambio, lo encontramos con una HIPERTROFIA
DEL YO IDEAL, de lo que contrariamente se sitúa en lo que ya es, personificación pura. La deficiencia en
este registro cerraba al muchacho la posibilidad de encarar cualquier cosa que implicase un ponerse a
trabajar, un proceso. Había abandonado así ya muchas actividades, invariablemente comenzadas con
entusiasmo (guitarra, por ejemplo). En este punto se produce un PRIMER EFECTO DEL ANÁLISIS, en el
sentido de que, después del primer intento abortado de comenzarlo, una vez que lo reinicia, casi un año más
tarde, es capaz de sostenerlo.
Nuevos hechos van dando cuenta de la disociación mente-cuerpo: termina finalmente el secundario y
se anota en una carrera universitaria de las llamadas menores. Repetia la disociación entre trabajo físico e
intelectual planteada por su relación con su padre. Era una típica transacción no seguir una carrera mayor, tal
como aquel que la tenía (el padre, creo), pero tampoco losa y llanamente no estudiar.
Sobrepasados los diecisiete años, el material comenzó a incluir MALESTAR respecto de su TOTAL
DEPENDENCIA ECONÓMICA, acentuada por las características erráticas e imprevisibles de los pagos del
padre. Se puso en marcha una fase de SIMULACROS de trabajar, en “curros”, donde le prometían
significativas sumas de dinero sin experiencia ni recomendación, los acogía con credulidad pero pronto
percibía que algo no encajaba en lo que se le estaba ofreciendo, y prevaleciente su escisión, los aceptaba
como buenos. No gano dinero, pero a lo largo del recorrido, llegamos al PRIMER DESCUBRIMIENTO
TRASCENDENTE de su análisis. El conocía la palabra trabajo y la manejaba en el registro preconsciente
más superficial, pero la CATEGORIA SIMBÓLICA DE TRABAJO no se hallaba inscripta en seria para él,
no existía en el marco de las investiduras que deben entrar en juego para que se produjese cualquier
asunción subjetiva de lo que fuere. Esta ausencia retorna en lo real del simulacro.
No encontramos ninguna circulación del orden lúdico al orden del trabajo, no hay flujo ni
transformación de la libido que permita nuevas adquisiciones subjetivas. Encontramos una actividad de
jugar que tiende a diluirse progresivamente en actings, perdiendo su contenido sublimatorio y regresando a
sus fuentes pulsionales, en dirección a la tendencia antisocial.
Cada vez que decía “voy a trabajar”, era un DELIRIO, como empezó a advertir y a decir él. Conviene
tomar el término delirio al pie de la letra, como una actividad restitutiva de una dimensión faltante, relleno
de una categoría simbólica de la que el sujeto carece.
Fueron desplegándose una serie de IMAGOS, que implicaban diversos fragmentos de IDEALES: uno
era la imago del LINYERA, que formaba parte del mito familiar vía un lejano antepasado, que revelo estar
en la raíz de la atracción del paciente sobre todo lo que llevase el sello de marginal. Esta imago impregnaba
su vida con un presagio de FRACASO y de inercia, y se asociaba a su INCAPACIDAD DE TRABAJAR
EN GRUPOS, jugando o estudiando, como su fracaso en los deportes que exigiesen juntarse con otros, lo
único posible de hacer en grupo eran actuaciones del tipo de los pequeños hurtos. Esta imago es una
fracasada en lo tocante a la SUBLIMACIÓN, no porque no trabaje, sino porque el linyera no genera una
alternativa creadora. Esta imago conduce al padre, que pertenecía formalmente a una institución, pero
ocupaba allí posiciones que bordeaban hasta lo delictivo, no parecía poder convivir con regulaciones y
normas.
Cuando lentamente empezó a inscribir su no inscripción del trabajo, emergió otra imago: IMAGO DE
TERRATENIENTE, que conducía a un segmento familiar, a un pasado mejor, del que quedaban hectáreas
en el interior del país, pero que se asociaba a ellas la idea de no servir para nada, ya que el abuelo y el padre
atestiguaban un fracaso al respecto. Al mismo tiempo, se mantenía una intensa idealización del VIVIR DE
RENTAS, vinculado a los hombres activos del pasado, generadores de riqueza.
Llegamos juntos a concluir lo siguiente: los verdaderos hombres, viriles y vitales, estaban confinados
en un pasado de varias generaciones atrás. Su estatuto muy poco tenía que ver con el ideal del yo, sino solo
una relación de nostalgia y veneración. En comparación, los hombres de estas últimas generaciones eran
fracasados.
En esta familia, operaba una DENEGACIÓN de asignar algún valor libidinal al trabajar. Cuando el
paciente se incorporó en un grupo de pintores, durante mucho tiempo lo oculto a su familia racionalizándolo
en que le avergonzaría esa actividad. Pronto pude demostrarle que en realidad, el trabajar mismo aparecía
como una CATEGORIA DENIGRADA, el verdadero ideal era poder vivir sin hacerlo, en lo cual él, a su
manera, había perseverado.
El análisis descubrió un TRABAJO que SI le había ENCOMENDADO EL PADRE, y que sin saberlo
el cumplía. Sus padres estaban separados, y todo ocurría como si el padre, autor material de la separación,
dejase al hijo en pago por liberarse de su mujer, inserto la consigna: “vos tenes que cuidarla”. El padre
reenviaba a su hijo a la situación edípica y se invierte la función paterna en cuanto al corte con lo materno
primordial. Cuando lo enviaba a hacer el trabajo sucio en las changas, se resignifica la parte sucia como lo
incestuoso, el cargar con la madre, y los pagos que el padre le hacía, de ritmo caprichoso y errático,
correspondían a su misión de cuidar a la madre. Esto no puede resultar ajeno a las inhibiciones y la falta de
deseo de sus acercamientos sexuales. Este era también el único trabajo autorizado a realizar en términos del
discurso familiar.
El ANÁLISIS era el PRIMERISIMO TRABAJO que hacia provecho de sí mismo y tenía que
sostenerlo él. Durante todo el transcurso, el padre seguía pagándole erráticamente las sesiones, lo que
empezó a molestarlo, y a sentir su palabra involucrada en la cuestión, el paciente se incluyó como
responsable en lo que le pasaba, y lo valioso de esto reside en el apresto por DEFENDER AQUELLO QUE
DESEABA.
Estos pasos importantes, no lo libraban de la REPETICIÓN, el grupo de pintores tenia características
particulares: eran casi todos adolescentes, que no sabían pintar a excepción del patrón, quien presentaba
rasgos de personalidad similares al de su padre. La actividad oficial que convocaba al grupo una vez
instalado, se iba desdibujando y desplazando, como fumar marihuana y emborracharse.
Cuando todo lo anterior forzaba a concluir en una nueva huida por sus carencias simbólicas,
inesperadamente empezó a tomar distancia, aprendió en serio (jugando) el oficio, estrictamente por
añadidura. Descubrió que tenía cierta técnica que le daba un medio de vida concreto y propio. Si el patrón
recordaba aspectos de su padre, en un punto decisivo diverge, pues le enseña algo, le transmite
SIGNIFICANTES DE UN OFICIO.
A través de su nueva actividad fue RESTITUYENDO y REPARANDO su CAPACIDAD DE JUGAR
con ese plus del aprendizaje de algo que lo ayudaba a convertirse en adulto. Estimo que doblegar la
REPRESIÓN fue determinante para estos logros.
El desenlace fue el abandono del grupo y ponerse a trabajar solo, la soledad advino como condición
para soportar la tarea. Surgieron dificultades nuevas para analizar, como hacer la conexión entre su tarea y el
pago por ella. En el registro imaginario, el dinero era una maravilla que aparecía o se desvanecía con la
mayor facilidad y por mucho tiempo fue incapaz de asociar ganarlo con esfuerzo suyo, un acto sintomático
era olvidarse de acordar el aspecto económico.
Pasados los veinte años, egreso de la universidad, y traslado su disociación entre lo físico y lo
intelectual a su carrera, siguió trabajando de pintos y su título quedo a un lado. Lo susceptible de análisis era
la imposibilidad de armar un proyecto en torno a su título que demostrase al ideal del yo en funcionamiento.
La resolución de esta escisión entre su doble vida entre su oficio y su título, no llego hasta que el paciente
rondaba los treinta años, cuando “accidentalmente” la vinculo a la recuperación de adolescentes drogadictos,
delincuentes y marginales, su profesión fue verdaderamente incorporada al campo de la SUBLIMACIÓN,
pudo por primera vez PONERLA A JUGAR, retroactivamente cobro sentido haberla estudiado. Aprendió a
reconocer menos renegatoriamente y andarse con más cuidado del deseo de fracaso y destrucción que un
mito puede albergar.

En mayor o en menor grado las formaciones de deseo largamente desplegadas y desarrolladas en el


campo del jugar infantil y adolescente pasan, ceden gran parte de su fuerza y de su poder intrínseco al
trabajar como actividad central en la existencia adulta, otorgándoles así una base pulsional decisiva, y que la
supremacía visible del proceso secundario en el diseño de los “proyectos anticipatorios” y en la realización
técnica del trabajo no deben escabullirnos. Sin esta base el trabajar o no puede constituirse o se
seudoconstituye como una fachada acaso socialmente muy redituable pero subjetivamente vacía de
significación. El surgimiento de una verdadera actividad de trabajo ayuda a la organización y a la
reorganización de secuencias de tiempo con principio y fin. Antes de eso, el análisis para el muchacho
parecía un antiproceso infinito, donde cada sesión era y sería igual a la anterior, mucho después de
consolidar su posibilidad de trabajar, le fue imaginable la idea de final, de duración limitada.

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