Está en la página 1de 4

Ethica

"Lo que ha quedado del nombre de Spinoza no son sus demostraciones, que creo que
no convencen a nadie, su método geométrico: todo eso ha desaparecido. Lo único que
hay son esas dos imágenes, la del hombre Spinoza, que nació y murió en Holanda, que
rehusó favores que le ofrecían los grandes, que quiso vivir en humildad; y luego, la
idea de un Dios infinito".
J.L. Borges

“La política descansa sobre el hecho de que todo el mundo está muy contento de tener
alguien que dice De Frente march hacia cualquier lado...”
J. Lacan (Conferencia de Ginebra sobre el síntoma)

Diego Moreira

Borges, cuando habla de Quevedo afirma que muchos escritores establecieron un


símbolo que los representa. Así “Homero tiene a Príamo, que besa las homicidas
manos de Aquiles; Sófocles tiene un rey que descifra enigmas y a quien los hados harán
descifrar el horror de su propio destino; Lucrecio tiene el infinito abismo estelar y las
discordias de los átomos; Dante, los nueve círculos infernales y la Rosa paradisíaca;
Shakespeare, sus orbes de violencia y de música; Cervantes, el afortunado vaivén de
Sancho y de Quijote; Swift, su república de caballos virtuosos y de yahoos bestiales;
[...]”. Agrego: Freud lo inconsciente incognoscible; Lacan, el objeto “a”; Sócrates, la
mayéutica y el daimon interior; y Spinoza, la ética y el deseo.

Al respecto, una tarde poco antes de la puesta del sol me encontraba en una
pequeña y confortable escuela de la calle Serrano, en Palermo Viejo. Cuando sentí un
ruido de pasos y un repentino movimiento de personas. Era Borges que llegaba para dar
una charla sobre el barrio y Evaristo Carriego, el escritor entrerriano, que vivió hasta su
muerte en la calle Honduras al 3784. Borges, presentaba un aspecto elegante y sereno,
de piel rugosa y encorvado por los años, aunque sus manos temblaban. Con voz débil y
monocorde recorrió el barrio, cada esquina, cada portal, las casas con zaguán, la
madreselva de Malabia entre Güemes y Santa Fé, el almacén de la esquina, tramando
así, una mitología de Buenos Aires. Cuando le resultó evidente que era suficiente, dio
espacio a las preguntas. Una se impuso entre otras ¿y la ética Borges, que piensa?
Con aire enigmático, se apresuró a recitar:

“No lo turba la fama, ese reflejo


De sueños en el Sueño de otro espejo
Ni el temeroso amor de las doncellas
Libre de la metáfora y del mito
Labra un arduo cristal: el infinito
Mapa de Aquél que es todas Sus estrellas.”

Creo que agregó: “Me he pasado la vida leyendo a Spinoza. Murmuró otras
frases y se retiró con paso mesurado. Lo recitado corresponde a un fragmento de un
soneto dedicado a Spinoza incluido en su libro de versos preferido “El otro, el mismo”.

Recuerdo que en 1981 Borges habló sobre Spinoza, en la “Escuela Freudiana de


Buenos Aires”. Le resultó grato que en la vasta biblioteca de Spinoza estuviesen
Cervantes y Quevedo. Afirmó que Spinoza nunca podría haber dialogado con Quevedo,
la desmesura de Quevedo lo habría impedido. "Al decir Spinoza creo que pensé en mí.
Yo no podría conversar con Quevedo". Por un instante Borges fue Spinoza, como en
otro, Carriego. Él reconocía “ser otro”. Al respecto escribió: “Creo que literalmente así
es, y que esas momentáneas identidades [No repeticiones!] que aniquilan el supuesto
correr del tiempo, prueban la eternidad”.

Quizá, en esta “momentánea identidad”, Borges recordó que el 27 de julio de


1656, un muchacho de 24 años, sólo ante un tribunal, escuchó el siguiente veredicto:
“los señores del Mahamad os hacen saber que, como ya hace tiempo que tienen
noticias de las malas opiniones y acciones de Baruch de Spinoza, procuraron por
diversos medios y persuasiones retirarlo de sus malos caminos. y no pudiendo
remediarlo, sino que, por el contrario, tuvieron cada día mayores noticias de las
horrendas herejías que practicaba y enseñaba, y de las enormes obras que cometía,
[...] examinando todo esto en presencia de los señores Hahamin, deliberaron con su
parecer que dicho Spinoza sea excomulgado.” Este veredicto se acompaño con la
formula de una maldición y la resonancia del shofar: “Según la decisión de los ángeles
y de acuerdo con el fallo de nuestra sagrada comunidad, excomulgamos, expulsamos,
execramos y maldecimos a Baruch de Spinoza”.

En un principio, las autoridades para evitar un conflicto le ofrecieron a Spinoza


una pensión de mil florines, si no hacía publicas sus ideas, a la par que debía
mantenerse como miembro, aunque no activo de la comunidad. Cuando esta propuesta
no fue aceptada por Spinoza decidieron expulsarlo.

Spinoza sufrió el “kherem” [la excomunión] y luego de un tiempo se le aplicó el


“chammata”, es decir, la cláusula de la imposibilidad de regreso. Abandonado por
familiares y amigos, en los primeros cinco años vivió en los suburbios de Amsterdam.
Para sobrevivir Spinoza aprendió a fabricar y pulir lentes ópticas. Allí Preparó su primer
manuscrito filosófico “Tractatus de Deo et Homine ejusque Felicitate (Tratado de
Dios, del Hombre y de su felicidad). probablemente en el mismo período escribió el
Tractatus theologico-politicus (Tratado teológico-político) y la disertación De
Intellectus emendatione (De la reforma del entendimiento), aunque publicados años
después. Le propusieron una “Cátedra de Filosofía Occidental” en la Universidad de
Heidelberg, pero Spinoza, para mantener autónomo su pensamiento no aceptó.
Tampoco le pareció conveniente aprobar el ofrecimiento del rey de Francia Luis XIV,
de una duradera pensión si le dedicaba alguno de sus trabajos.

Spinoza concurrió a la Escuela de Franz Van de Enden que solía cuestionar los
dogmas establecidos. Allí aprendió el latín que le permitió leer a los clásicos, entre
ellos, Séneca y Ciceron. Se interesó vivamente por los trabajos de sus contemporáneos
como Descartes, Bacon y Hobbes. De acuerdo al contexto recurría a determinados
nombres: con sus familiares y clientes se llamaba “Bento”, Baruch en la comunidad y
en sus escritos firmaba Benedictus.

Para Freud, la trama anímica de Spinoza y de Leonardo da Vinci, se enlazan


íntimamente. El lugar de engarce se encuentra en el anhelo investigador en su
carácter insaciable e infatigable. En ambos el conocimiento opera de sustituto e
introduce una perdida. La investigación sustituye el amar y el odiar.1

El texto más importante de Spinoza es su obra Ethica Ordine Geometrico


Demonstrata. El manuscrito quedó sin publicar en vida del autor. Sus amigos, luego de
su muerte en 1672 lo dieron a la prensa para rescatarlo del olvido. La “Etica demostrada
al modo de la geometría” se ocupa de Dios y la libertad a la manera de los geómetras.
Considera que ambos derivan de una oculta estructura matemática. Cuestiona la idea de
libertad a partir de la necesidad. El hombre puede pensarse libre porque posee voluntad,
pero esa voluntad responde a una ley, a una necesidad. El dios de Spinoza no genera lo
nuevo y no legisla, lo llama “Deus sive Natura”. Se trata de la naturaleza en su absoluta
perfección, la moral implica no afectar ni alterar el despliegue de esta perfección. En la
“Ethica” emplea unas 100 proposiciones no demostradas, 259 teoremas, 122 escolios y
72 corolarios.

El filósofo Xavier Zubiri afirma que cierta confusión conceptual en la ontología


de Spinoza le lleva al panteísmo. Sin embargo, este supuesto panteísmo no es otra cosa
que la reducción del campo de Dios al significante en su carácter universal.

Lacan, alrededor de sus 14 años, se entretenía dibujando el plan de la “Ethica”


con flechas y colores en las paredes de su habitación en el departamento del bulevar
Beaumaronais. Guiado por el profesor Jean Baruzi del Colegio Stanislas, recorría sin
dificultad diversos textos de filosofía. Es posible conjeturar cierto enlace o analogía
entre las tres modalidades de conocimiento que propone Spinoza, a saber: conocimiento
sensorial, conocimiento racional y conocimiento intuitivo y los tres registros (real,
imaginario, simbólico) de Lacan.

Spinoza en la “Ethica” Libro II afirmó que el deseo es la esencia del hombre,


podemos decir, que el deseo construye la realidad anímica. El concepto de esencia en
Spinoza se enlaza a la noción de lo verdadero. Su formula “ldeo vera debet cum suo
ideoto convenire” implica que una idea verdadera debe (es necesario) estar de acuerdo
con lo que es ideado por ella.

Así, como Spinoza Borges fue objeto del “kherem” [la excomunión] y
posteriormente del “chammata” [imposibilidad de regreso]. Freud excomulgado por la
Sociedad Médica, en su vejez sufrió el destino del exilio. Sabemos que la Institución
Psicoanalítica [IPA] excluyó a Lacan, decretando nula su enseñanza y la posibilidad de
su retorno. En tiempos en que nuestra Sociedad excluye masivamente a sus miembros,
muchos condenados a un exilio sin retorno, podemos preguntarnos si podrá nuestra
sociedad y porque no, la Institución de los Psicólogos, sustraerse de los encantos del
“kherem” y del “chammata”.

1 Freud S. (1910) Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci- AE.


Si el deseo es la esencia del hombre, como nos enseño Spinoza, y el hombre en
Spinoza es el sujeto ¿Podrán las instituciones configurar un espacio en el cual el sujeto
se constituya como tal? Es evidente que nuestras instituciones requieren del deseo de
sus miembros para salir de sus impasses. Sólo el deseo pondrá coto al goce en la
servidumbre y la exclusión de sus integrantes. Sólo el deseo posibilitará, por una parte,
la eficacia de su quehacer y por otra, el limite ético de su actividad.