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El Cid entra en Burgos

El Cantar de Mio Cid Ya por la ciudad de Burgos el Cid Ruy Díaz entró.
Sesenta pendones lleva detrás el Campeador.
Todos salían a verle, niño, mujer y varón,
a las ventanas de Burgos mucha gente se asomó.
¡Cuántos ojos que lloraban de grande que era el dolor!
1. Y de los labios de todos sale la misma razón:
El Cid convoca a sus vasallos; éstos se destierran con él. "¡Qué buen vasallo sería si tuviese buen señor!"
Adiós del Cid a Vivar.
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(Envió a buscar a todos sus parientes y vasallos, y les dijo cómo el rey le mandaba Nadie hospeda al Cid.
salir de todas sus tierras y no le daba de plazo más que nueve días y que quería Sólo una niña le dirige la palabra para mandarle alejarse.
saber quiénes de ellos querían ir con él y quiénes quedarse.)
De grado le albergarían, pero ninguno lo osaba,
A los que conmigo vengan que Dios les dé muy buen pago; que a Ruy Díaz de Vivar le tiene el rey mucha saña.
también a los que se quedan contentos quiero dejarlos. La noche pasada a Burgos llevaron una real carta
Habló entonces Álvar Fáñez, del Cid era primo hermano: con severas prevenciones y fuertemente sellada
"Con vos nos iremos, Cid, por yermos y por poblados; mandando que a Mío Cid nadie le diese posada,
no os hemos de faltar mientras que salud tengamos, que si alguno se la da sepa lo que le esperaba:
y gastaremos con vos nuestras mulas y caballos sus haberes perdería, más los ojos de la cara,
y todos nuestros dineros y los vestidos de paño, y además se perdería salvación de cuerpo y alma.
siempre querremos serviros como leales vasallos." Gran dolor tienen en Burgos todas las gentes
Aprobación dieron todos a lo que ha dicho don Álvaro. cristianas
Mucho que agradece el Cid aquello que ellos hablaron. de Mío Cid se escondían: no pueden decirle nada.
El Cid sale de Vivar, a Burgos va encaminado, Se dirige Mío Cid adonde siempre paraba;
allí deja sus palacios yermos y desheredados. cuando a la puerta llegó se la encuentra bien cerrada.
Por miedo del rey Alfonso acordaron los de casa
Los ojos de Mío Cid mucho llanto van llorando; que como el Cid no la rompa no se la abrirán por nada.
hacia atrás vuelve la vista y se quedaba mirándolos. La gente de Mío Cid a grandes voces llamaba,
Vio como estaban las puertas abiertas y sin candados, los de dentro no querían contestar una palabra.
vacías quedan las perchas ni con pieles ni con mantos, Mío Cid picó el caballo, a la puerta se acercaba,
sin halcones de cazar y sin azores mudados. el pie sacó del estribo, y con él gran golpe daba,
Y habló, como siempre habla, tan justo tan mesurado: pero no se abrió la puerta, que estaba muy bien cerrada.
"¡Bendito seas, Dios mío, Padre que estás en lo alto! La niña de nueve años muy cerca del Cid se para:
Contra mí tramaron esto mis enemigos malvados". "Campeador que en bendita hora ceñiste la espada,
el rey lo ha vedado, anoche a Burgos llegó su carta,
2 con severas prevenciones y fuertemente sellada.
Agüeros en el camino de Burgos No nos atrevemos, Cid, a darte asilo por nada,
porque si no perderíamos los haberes y las casas,
Ya aguijan a los caballos, ya les soltaron las riendas. perderíamos también los ojos de nuestras caras.
Cuando salen de Vivar ven la corneja a la diestra, Cid, en el mal de nosotros vos no vais ganando nada.
pero al ir a entrar en Burgos la llevaban a su izquierda. Seguid y que os proteja Dios con sus virtudes santas."
Movió Mío Cid los hombros y sacudió la cabeza: Esto le dijo la niña y se volvió hacia su casa.
"¡Ánimo, Álvar Fáñez, ánimo, de nuestra tierra nos echan, Bien claro ha visto Ruy Díaz que del rey no espere gracia.
pero cargados de honra hemos de volver a ella! "

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Suéltase el león del Cid Los viajeros entran en el reino de Castilla
Miedo de los infantes de Carrión Duermen en el robledo de Corpes
El Cid amansa al león A la mañana quédanse solos los infantes
Vergüenza de los infantes con sus mujeres y se preparan a maltratarlas.
Ruegos inútiles de doña Sol
Estaba el Cid con los suyos en Valencia la mayor Crueldad de los infantes
y con él ambos sus yernos, los infantes de Carrión.
Acostado en un escaño dormía el Campeador, En el robledal de Corpes entraron los de Carrión,
ahora veréis qué sorpresa mala les aconteció. las ramas tocan las nubes, muy altos los montes son
De su jaula se ha escapado, y andaba suelto el león, y muchas bestias feroces rondaban alrededor.
al saberlo por la corte un gran espanto cundió. Con una fuente se encuentran y un pradillo de verdor.
Embrazan sus mantos las gentes del Campeador Mandaron plantar las tiendas los infantes de Carrión
y rodean el escaño protegiendo a su señor. y esa noche en aquel sitio todo el mundo descansó.
Pero Fernando González, el infante de Carrión, Con sus mujeres en brazos señas les dieron de amor.
no encuentra dónde meterse, todo cerrado lo halló, ¡Pero qué mal se lo cumplen en cuanto que sale el sol!
metióse bajo el escaño, tan grande era su terror. Mandan cargar las acémilas con su rica cargazón,
El otro, Diego González, por la puerta se escapó mandan plegar esa tienda que anoche los albergó.
gritando con grandes: "No volveré a ver Carrión. Sigan todos adelante, que luego irán ellos dos:
"Detrás de una gruesa viga metióse con gran pavor esto es lo que mandaron los infantes de Carrión.
y, de allí túnica y manto todos sucios los sacó. No se quede nadie atrás, sea mujer o varón,
Estando en esto despierta el que en buen hora nació menos las esposas de ellos, doña Elvira y doña Sol,
y ve cercado el escaño suyo por tanto varón. porque quieren solazarse con ellas a su sabor.
"¿Qué es esto, decid, mesnadas? ¿Qué hacéis aquí alrededor?" Quédanse solos los cuatro, todo el mundo se marchó.
"Un gran susto nos ha dado, señor honrado, el león." Tanta maldad meditaron los infantes de Carrión.
Se incorpora Mío Cid y presto se levantó, "Escuchadnos bien, esposas, doña Elvira y doña Sol:
y sin quitarse ni el manto se dirige hacia el león: vais a ser escarnecidas en estos montes las dos,
la fiera cuando le ve mucho se atemorizó, nos marcharemos dejándoos aquí a vosotras, y no
baja ante el Cid la cabeza, por tierra la cara hincó. tendréis parte en nuestras tierras del condado de Carrión.
El Campeador entonces por el cuello le cogió, Luego con estas noticias irán al Campeador
como quien lleva un caballo en la jaula lo metió. y quedaremos vengados por aquello del león."
Maravilláronse todos de aquel caso del león Allí los mantos y pieles les quitaron a las dos,
y el grupo de caballeros a la corte se volvió. sólo camisa y brial sobre el cuerpo les quedó.
Mío Cid por sus yernos pregunta y no los halló, Espuelas llevan calzadas los traidores de Carrión,
aunque los está llamando no responde ni una voz. cogen en las manos cinchas que fuertes y duras son.
Cuando al fin los encontraron, el rostro traen sin color Cuando esto vieron las damas así hablaba doña Sol:
tanta broma y tanta risa nunca en la corte se vio, "Vos, don Diego y don Fernando, os lo rogamos por Dios,
tuvo que imponer silencio Mío Cid Campeador. sendas espadas tenéis de buen filo tajador,
Avergonzados estaban los infantes de Carrión, de nombre las dos espadas, Colada y Tizona, son.
gran pesadumbre tenían de aquello que les pasó. Cortadnos ya las cabezas, seamos mártires las dos,
así moros y cristianos siempre hablarán de esta acción,
que esto que hacéis con nosotras no lo merecemos, no.
No hagáis esta mala hazaña, por Cristo nuestro Señor,
si nos ultrajáis caerá la vergüenza sobre vos,
y en juicio o en corte han de pediros la razón."
Las damas mucho rogaron, mas de nada les sirvió;
empezaron a azotarlas los infantes de Carrión,
con las cinchas corredizas les pegan sin compasión, arremeten los infantes a los del Campeador.
hiérenlas con las espuelas donde sientan mas dolor, Cada uno al adversario que le tocaba atendió.
y les rasgan las camisas y las carnes a las dos, Embrazaban los escudos delante del corazón,
sobre las telas de seda limpia la sangre asomó. bajan las lanzas, envuelta cada cual en su pendón,
Las hijas del Cid lo sienten en lo hondo del corazón. las caras las inclinaron por encima del arpón,
¡Oh, qué ventura tan grande si quisiera el Creador a los caballos los pican con la espuela, y pareció
que asomase por allí Mío Cid Campeador! que todo el suelo temblaba cuando el ataque empezó.
Desfallecidas se quedan, tan fuertes los golpes son, Cada cual en su adversario tiene puesta la atención.
los briales y camisas mucha sangre los cubrió. Se juntan los tres del Cid con esos tres de Carrión,
Bien se hartaron de pegar los infantes de Carrión, ya los tenían por muertos los que están alrededor.
esforzándose por ver quién les pegaba mejor. Ese buen Pedro Bermúdez, el que primero retó
Ya no podían hablar doña Elvira y doña Sol. con aquel Fernán González cara a cara se juntó,
los escudos se golpean ambos sin ningún pavor.
129 El de Carrión a don Pedro su escudo le traspasó,
Los infantes abandonan a sus mujeres pero le ha dado en vacío, la carne no le alcanzó,
y por dos sitios el asta de su lanza se quebró.
Lleváronse los infantes los mantos y pieles finas El golpe aguanta don Pedro, ni siquiera se inclinó,
y desmayadas las dejan, en briales y camisas, él ha recibido el golpe, mas con otro contestó.
entre las aves del monte y tantas fieras malignas. Por la guarnición del centro el escudo le horadó,
Por muertas se las dejaron, por muertas, que no por vivas. todo lo pasa la lanza, que nada se resistió.
¡Qué suerte si ahora asomase el Campeador Ruy Díaz! En el pecho se le clava, muy cerca del corazón;
la loriga en tres dobleces lleva puesta el de Carrión,
130 se rompen los dos primeros, el último resistió,
Los infantes se alaban de su cobardía pero tan fuerte fue el golpe que dio el del Campeador,
que con túnica y camisa la loriga se le entró
"Los infantes de Carrión por muertas se las dejaron en la carne; por la boca mucha sangre le salió.
Ni la una ni la otra darse podían amparo Se le rompieron las cinchas, ninguna le aprovechó,
Los de Carrión por aquellos montes se van alabando: y el caballo, por la cola, en tierra le derribó.
"Ya de aquellos casamientos estamos muy bien vengados, Por muerto le da la gente que estaba allí alrededor;
no debimos por mancebas siquiera, haberlas tomado, clavada tiene en el cuerpo la lanza; don Pedro echó
porque para esposas nuestras son de linaje muy bajo. mano a la espada, y el otro, que a Tizona conoció,
La deshonra del león ya se va vengando." no espera el golpe y confiesa: "Por vencido me doy yo".
Se lo otorgaron los jueces y don Pedro le dejó.
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El rey designa fieles del campo y amonesta a los de Carrión 151
Los fieles preparan la lid Martín Antolínez vence a Diego
Primera acometida
Pedro Bermúdez vence a Fernando Martín y Diego González se acometen con las lanzas,
Con los dos jueces el rey los mojones señaló tan fuertes fueron los golpes que se les quebraron ambas.
que cierran el campo; todos se apartan alrededor. El buen Martín Antolínez echa mano de la espada,
Bien explicado les queda a todos los seis que son todo el campo relumbró, era tan limpia y tan clara.
que está vencido quien salga del campo que se marcó. A su enemigo dio un golpe que de través bien le alcanza,
La gente despeja el campo, hacia atrás se retiró, el casco que lleva encima a un lado le derribaba
a seis lanzas de distancia de la raya se quedó. y las correas del yelmo del golpe quedan cortadas;
Ya les sortean el campo, ya les partían el sol, el acero hasta la cofia y la capucha llegaba,
salen los jueces, los bandos frente a frente están los dos. y todo, capucha y cofia, con la espada se lo arranca,
Arremeten los del Cid contra los tres de Carrión, el pelo le va rozando, hasta la carne se entraba,
trozos del yelmo y la cofia por aquel campo rodaban. Muy grandes son los pesares por las tierras de Carrión.
Cuando descarga este tajo la tan preciosa Colada A los del Cid que de noche salgan el rey les mandó
comprende Diego González que con vida no se escapa, para que no les asalten ni tengan ningún temor.
tira riendas al caballo para que vuelva la cara, De día y noche marchaban, que muy diligentes son,
la espada lleva en la mano, mas no se atreve a emplearla. ya los tenéis en Valencia con el Cid Campeador:
El buen don Martín entonces le arremete con la espada, por malos dejaron a los infantes de Carrión,
un golpe le dio de plano, que de filo no le alcanza. bien cumplieron el mandato que les diera su señor.
Allí oyerais al infante las grandes voces que daba:
"Váleme, Señor glorioso, líbrame ya de esta espada".
El caballo refrenó, por escapar de Colada, ¡Cuánto se alegra de aquello Mío Cid Campeador!
fuera del campo le lleva, don Martín dentro quedaba. Envilecidos se quedan los infantes de Carrión.
"Don Martín, venid acá, el rey Alfonso gritaba, Quien a damas escarnece y así abandona a traición,
por todo lo que habéis hecho la lid está bien ganada". que otro tanto le acontezca o alguna cosa peor.
Y aquello que dice el rey los jueces lo confirmaban. Pero dejemos ya a esos infantes de Carrión,
muy pesarosos están de sus castigos los dos.
152 Hablemos ahora de este que en tan buenhora nació.
Muño Gustioz vence a Asur González ¡Qué grandes eran los gozos en Valencia la mayor,
El padre de los infantes declara vencida la lid por honrados que quedaron los tres del Campeador!
Los del Cid vuelven cautelosamente a Valencia La barba se acariciaba don Rodrigo, su señor:
Alegría del Cid "Gracias al rey de los cielos mis hijas vengadas son,
Segundos matrimonios de sus hijas ya están limpias de la afrenta esas tierras de Carrión.
El juglar acaba su poema Casaré, pese a quien pese, ya sin vergüenza a las dos".
Ya comenzaron los tratos con Navarra y Aragón,
Quiero contaros ahora algo de Muño Gustioz, y todos tuvieron junta con Alfonso, el de León.
y con ese Asur González cómo se las arregló. Sus casamientos hicieron doña Elvira y doña Sol,
Muy grandes golpes se dieron en los escudos los dos. los primeros fueron grandes pero éstos son aún mejor,
Asur González, que era muy forzudo y de valor, y a mayor honra se casan que con esos de Carrión.
el escudo le traspasa al buen don Muño Gustioz; Ved cómo crece en honores el que en buenhora nació,
tras de pasarle el escudo la armadura le quebró, que son sus hijas señoras de Navarra y Aragón.
mas no le coge la carne, la lanza en vacío dio. Esos dos reyes de España ya parientes suyos son,
Cuando este golpe recibe, otro da Muño Gustioz, y a todos les toca honra por el Cid Campeador.
por la guarnición del centro el escudo le partió, Pasó de este mundo el Cid, el que a Valencia ganó:
no se pudo resguardar, la armadura le rompió, en días de Pascua ha muerto, Cristo le dé su perdón.
le hiere a un lado del cuerpo, que no junto al corazón, También perdone a nosotros, al justo y al pecador.
por la carne se le ha entrado la lanza con el pendón, Éstas fueron las hazañas de Mío Cid Campeador:
al otro lado del cuerpo más de un palmo le asomó, en llegando a este lugar se ha acabado esta canción.
un tirón le dio a la lanza, de la silla le movió
y al ir a sacar la lanza en tierra le derribó:
rojos han salido el asta y la punta y el pendón.
Que estaba herido de muerte todo el mundo se creyó:
Muño recobra la lanza y a rematarla marchó,
pero el padre del infante grita: "No le hiráis, por Dios,
vencido ha sido en el campo, esta lucha se acabó".
Los jueces dicen: "Así lo hemos oído los dos".
Que despejaran el campo el rey Alfonso mandó,
las armas que allí quedaron él para si las tomó.
Se van como muy honrados los tres del Campeador,
que ya han ganado esta lucha, por gracia del Creador.
Un romance sobre el Cid: El Cid Campeador, el mito que devoró al personaje
Del singular concilio habido en la ciudad de Roma JOSÉ MARÍA PLAZA

Universal. Los tres personajes españoles más


A concilio dentro en Roma Habló allí un honrado duque, conocidos en el mundo son don Quijote, don
Juan Tenorio y el Cid Campeador, y de todos
el Padre Santo ha llamado; que dicen el Saboyano: ellos sólo uno existió en la realidad: Rodrigo Díaz de
por obedecer al Papa, —¡Maldito seas, Rodrigo, Vivar, el guerrero medieval por excelencia, el mejor
allá fue el rey don Fernando; del Papa descomulgado, caballero. Y así se le puede caracterizar: duro (y
hasta cruel) en la guerra, benigno y tolerante
con él iba el Cid Ruy Díaz, porque deshonraste un rey, en la paz y muy preocupado por cuidar a los suyos,
muchos señores de estado. el mejor y más preciado! a su mesnada, a ese grupo de hombres fieles que
Por sus jornadas contadas —Dejemos los reyes, duque, formaba su ejército particular y que fue,
en Roma se han apeado; ellos son buenos y honrados, literalmente, invencible. Nadie, ni cristianos ni
moros, pudo derrotarlo.
el rey, con gran cortesía, hayámoslo los dos solos
al Papa besó la mano; como muy buenos vasallos. La leyenda. Fueron tales las hazañas de Rodrigo
no lo quiso hacer el Cid, Y allegóse cabe el duque, Díaz que, ya en vida, las cantaban los juglares,
que no lo había acostumbrado. un gran bofetón le ha dado. convirtiéndose en un héroe, querido por el pueblo y
En la iglesia de San Pedro El Papa, cuando lo supo, temido por el enemigo. Ejércitos que les
triplicaban en número, como el del conde de
don Rodrigo había entrado, al Cid ha descomulgado; Barcelona, se dieron media vuelta al saber que el Campeador y sus hombres aceptaban
viera estar las siete sillas oyéndolo don Rodrigo, frontalmente la batalla. El Cid ha inspirado novelas y obras de teatro en Europa. La creación
de siete reyes cristianos ante el Papa se ha postrado; más importante es el Poema (o Cantar) de Mio Cid, cuya primera edición apareció en 1207.
viera la del rey de Francia —Si no me absolvéis, el Papa,
Equívocos. La popularidad del Poema de Mio Cid fue tal que ha contribuido a que se
junto a la del Padre Santo, seríaos mal contado, confunda realidad y leyenda, y que no se tenga una idea clara de la verdadera figura de
y la del rey su señor que de vuestras ricas ropas Rodrigo Díaz. Parte de lo que se cuenta en el poema no es cierto (sobre todo, el rapto y
un estado más abajo. cubriré yo mi caballo. venganza de las hijas del Cid), pero la descripción del personaje, aunque idealizada, se
aproxima bastante a su figura. Fue, sin duda, el mejor caballero de su tiempo. Además de su
Vase a la del rey de Francia, El Papa, padre piadoso, valor y su fuerza, destaca por ser un enorme estratega.
con el pie la ha derribado; tal respuesta le hubo dado:
la silla de oro y marfil —Yo te absuelvo, don Rodrigo, Campeador. El sobrenombre con el que se le conoce da una idea de sus pasos: los árabes le
hecho la ha cuatro pedazos. absuélvote de buen grado, llamaron Cid, que quiere decir señor (sidi), en señal de respeto, temor y admiración;
tomara la de su rey con que seas en mi corte Campeador significa "vencedor en el campo de batalla", pues el joven Rodrigo nunca perdió
ningún duelo. Nació en Vivar, cerca de Burgos, en 1048 y falleció en Valencia el 10 de julio de
y subióla en lo más alto. más cortés y mesurado. 1099, cansado y muy afectado por la muerte de su hijo, al que mandó a guerrear junto a las
huestes del rey Alfonso VI. Entre ambas fechas, se desarrolla una vida heroica que parece
de leyenda.

Reconquista. No hay espacio suficiente aquí para recrear su biografía. Si te interesa, acude a
El Cid histórico (Planeta), de Gonzalo Martínez Díaz, la obra más completa, aunque demasiado
académica. Quizás para iniciarte en su figura no estaría de más que curiosearas Mi primer
Cid (Espasa), una novela para jóvenes basada en los hechos históricos. Para darte una idea de
la grandeza de Rodrigo Díaz, sólo diremos que se cree que si el Cid hubiese tenido el poder de
Alfonso VI, su rey, la Reconquista española podría haber finalizado entonces en vez de cuatro
siglos más tarde.

(AULA El mundo 15/10/2007)

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