Está en la página 1de 4

Ensayo sobre la

Apología de
Sócrates

Profesor: Álvaro Mora Pardo

Alumno: Rodrigo Leiva Z.


La Apología de Sócrates es escrita por Platón que consta de un diálogo que
hace Sócrates en el juicio al que es llevado acusado de no creer en ningún
dios, de convertir el argumento más débil en el más fuerte, de ser un orador
habilidoso y de corromper a la juventud.
Sócrates comienza su defensa dirigiéndose al jurado y a todos los atenienses,
asegurando ignorar la impresión, que lo dicho por sus acusadores, haya dejado
en lo presentes y pidió que le fuera permitido demostrar que nada de lo dicho
se ajustaba a la realidad.
Sócrates dejó en claro que no utilizaría palabras rebuscadas, ni hermosos
discursos para lograr convencerlos de que lo absolvieran, defendiendo ante
todo la verdad y la justicia.
La primera acusación que, Sócrates, se detiene a analizar es la del orador
habilidoso, asegurando que si para sus acusadores ser una orador que se
atiene a la verdad es ser un orador habilidoso, entonces él no tendría reparo en
aceptar que era un orador pero nunca en el sentido en que sus propios
acusadores lo son.
Tras haber dejado claro la forma en la que se defendería, Sócrates continuó
recordando las primeras acusaciones de las que víctima, acusaciones que
construyeron la mala fama que él tenía ante muchos de los presentes, quienes
habían escuchado aquellos rumores cuando eran solo unos niños o
adolescentes, edades en las que el ser humano es más manipulable.
Sócrates prosiguió clasificando a sus acusadores en los antiguos y los
recientes, y pidió que se le permitiera empezar por desmentir las acusaciones
hechas por los más antiguos, y fue así como empezó su defensa de la
acusación que aseguraba que el era capaz de convertir el argumento más débil
en uno muy fuerte, y dijo no saber ni poco ni nada sobre aquellos asuntos y
reto a la audiencia a averiguar sobre aquello de lo que él hablaba y presentar
resultados de sus investigaciones para así comprobar que él estaba diciendo la
verdad.

Sócrates siguió adelante con su monólogo asegurando que él no era como los
sofistas, que él no andaba deambulando por las calles con la intención de
educar a las personas ni de cobrar por compartir sus conocimientos y que si
bien, encontraba hermoso que hubiera quien dedicara su vida a enseñar y
fascinar a los pobladores de todas la ciudades por las que pasaban, pero él no
era uno de ellos, el no pedía dinero ni agradecimiento de nadie.

Sócrates continuó asegurando que la especia sabiduría que poseía era lo que
lo había llevado a ser objeto de un sin fin de acusaciones tan alejadas de la
realidad, pero que su sabiduría era completamente humana.

Comenzó a relatar la historia, en la cual, su amigo Querefonte se presentó ante


el Oráculo de Delfos y le cuestiono si había otro hombre en el mundo más
sabio que Sócrates y el Oráculo respondió que no, no había alguien más sabio
que él, al enterarse de aquello, Sócrates se dio a la tarea de descubrir aquello
que el dios quería decir con eso y comenzó por acercarse a todas aquellas
personas que eran considerados por los demás, y por ellos mismos, sabios, los
primeros fueron los políticos, ahí, Sócrates descubrió, que los que decían ser
sabios y eran reconocidos como tal, no lo eran realmente, que presumían de
algo que no eran y por hacérselos saber se ganó la enemistad de muchos.
Al terminar con los políticos, fue a donde los poetas, y después con los
artesanos, con ambos la historia se repitió, al igual que los políticos, los poetas
y los artesanos presumían ser más sabios de lo que realmente eran, creían
que por conocer y saber hacer bien su oficio, creían que sabían todo, en todos
los asuntos, algo que a Sócrates le parecía petulante y obscurecía todo
conocimiento que pudiesen poseer.

Tras aquella investigación, Sócrates se ganó un sin fin de enemigos, pero


descubrió que el dios decía la verdad, que él era más sabio que todos ellos
porque era capaz de reconocer que la verdad era que él no sabía nada.

Dejando claro lo anterior, Sócrates paso a defenderse de la acusación


realizada por Meletos, quien aseguraba que Sócrates corrompía a la juventud
por no reconocer a los dioses de la ciudad, y para hacerlo, Sócrates solicitó
que el propio Meletos, quien siempre se había negado a dialogar con él,
contestara algunas preguntas, las respuestas dadas por Meletos llevaron
a Sócrates a concluir que no era él quien corrompía a los jóvenes y que en
caso de hacerlo los hacía de manera involuntaria, por lo que pudo comprobar
que Meletos estaba equivocado o mentía en ese aspecto.

Con respecto a que no creía en los dioses de la ciudad, Sócrates comprobó


que creer en genios y divinidades era creer en los dioses.

Sócrates fue declarado culpable y aseguró que no tenía miedo a la muerte, que
de hecho, prefería morir que vivir sin poder hacer aquello para lo que los
dioses le habían puesto ahí; Sócrates defendió hasta el último momento que
era un hombre justo y que prefería pagar el peor de los castigos antes de ser
infiel a sus pensamientos.