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Muchas mujeres sueñan con ser como Xena la Princesa

Guerrera. Paulina lleva ese deseo a alturas insospechadas.


Renuncias del Autor:

Paulina, Minya, Lila, Hower, Xena, Gabrielle, Argo y todos los demás
personajes que aparecen en la serie Xena: Princesa Guerrera son propiedad
exclusiva de MCA/Universal y Renaissance Pictures. No se ha pretendido
infringir ningún copyright al escribir este relato.

Advertencia: este fanfic contiene muestras atracción y sexo entre


mujeres. Menores y no interesados en el tema, abstenerse. Además,
aparece una buena cantidad de lenguaje inadecuado, impropio y hasta
malsonante.

Nota sobre el contenido: Este fanfic sigue al final del episodio ―The Play’s
The Thing‖, de la 4ª temporada. No es necesario haberlo visto, aunque sí
conveniente. Por tanto, conviene decir que seguir leyendo a partir de aquí
puede significar un cierto ―spoiler‖ respecto a ese episodio, aunque de poca
importancia. Sea como sea, conviene tener en cuenta que el fanfic utiliza
como personaje principal a Paulina, que hace el ―papel‖ de Xena en la
infame obra de teatro que se representa en ese episodio. De todas formas,
todo este fanfic tiene poco o nada que ver con ―The Play’s The Thing‖, tan
sólo hace un uso probablemente abusivo del personaje de Paulina.

Nota sobre el lenguaje: Este fanfic incluye muestras de lenguaje


coloquial y malsonante propias del castellano hablado en España. Su
comprensión puede ser en ocasiones difícil para lectores de la América
Hispana.

Dedicatoria: A Damiata, para que lo lea sin comer magdalenas (yo ya me


entiendo).

Calificación: [hum/alt/subt]
Autor: Ignacio (Iggy)

A solas en la habitación de la posada, se contempló en el

espejo de bronce de cuerpo entero. De acuerdo, sus ojos no eran


azules, sino más bien marrones. Sin embargo, el resto... el resto no 4
estaba nada mal, se dijo Paulina, ensayando una de sus mejores
sonrisas de ¿a-que-estoy-buena? Como siempre, la pregunta no
formulada tuvo el efecto de convencerla a sí misma de que sólo cabía
una respuesta: sí. No tenía nada que envidiar a Xena, como no
fueran esos malditos ojos super-mega-hiper-azules de las narices.
Todo lo demás resistía sin problemas la comparación, incluida su
melena negra y su espectacular cuerpo serrano. Como para
convencerse a sí misma de sus pensamientos, empezó a quitarse
aquel ridículo disfraz de Xena que había conservado de aquella
desastrosa representación teatral. Lanzando uno tras otro los flojos
trozos de tela que imitaba cuero, al fin quedó desnuda frente al
espejo y pudo admirarse a sí misma a gusto. No, no estaba nada
mal, y además era capaz de dar saltos mortales casi tan increíbles –
no casi, sino tanto o más – como los de la famosa princesa guerrera.
Paulina, Princesa Guerrera - Ignacio (Iggy)

Su sonrisa autocomplaciente se torció cuando echó un vistazo a


un lado. Allí, sobre la cama, yacían varias piezas de ropa de lo más
variado. Entre ellas debería encontrar algo apropiado para ella, para
una heroína de su talla y hermosura.

La verdad era que no conseguía decidirse. Por una parte, le


convenía algo oscuro y un tanto sado-maso; aquello daba un aire de
estudiado pasado maldito, además de que servía para mantener viva
la comparación con Xena. Por otra parte, le interesaba ir marcando
algo de su propio estilo, y la verdad era que el de la princesa
guerrera le resultaba un tanto demasiado siniestro.

Todavía dudando, cogió con dos manos un complicado conjunto 5


de piezas metálicas, en oro y plata, que tintinearon al alzarse. Un
conjunto que a primera vista nadie diría que era un vestido. Se
trataba una obra del famoso diseñador Jean-Paulus Gaulthierus
–bueno, en realidad era una imitación– que tenía la extraña virtud de
tapar lo que no hacía falta, enseñando a cambio lo que usualmente
se ocultaba. Tras varias contorsiones y esfuerzos, sólo posibles
gracias a su espléndida forma física, logró al fin encasquetárselo.
Desde luego, resultaba espectacular. Elevaba sus pechos de forma
asombrosa, y realzaba todo lo realzable y alguna cosa más. Sin
embargo, resultaba algo... incómodo... Paulina gimió al volver a
contorsionarse en su intento por quitarse aquel trasto diabólico,
hasta que de repente este saltó por los aires, en miles de trozos
metálicos que se dispersaron por la habitación.
Paulina, Princesa Guerrera - Ignacio (Iggy)

Tras un instante de pasmo, la de nuevo desnuda Paulina esbozó


un frustrado puchero, al tiempo que daba pataditas en el suelo.
—Jooo, seguro que a la princesa guerrera no le pasan estas cosas...,
—se dijo. Estaba a punto de empezar a llorar cuando recordó que la
princesa guerrera ni lloriqueaba, ni hacía pucheros, ni tan siquiera
daba pataditas de frustración. Por tanto, debía contenerse,
mostrando su rabia poniendo sólo cara de mala leche.

—Grrr... —Su expresión dejó paso a un ceño bien fruncido, pese


a que el gesto no la favorecía nada. En fin, tendría que conformarse
con el segundo conjunto, se dijo encogiéndose de hombros. Se
trataba de una imitación de la vestimenta habitual de Xena, realizada
en cuero crudo, y por tanto de color no tan negro como el original,
además de ser un tantillo maloliente. Era una imitación semi-barata,
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no tan cutre como la de tela, pero bastante insatisfactoria. Paulina,
poco convencida, se la puso, comprobando que además le quedaba
algo ajustada. Esas imitaciones no se hacían para cuerpos tan
rotundos como el suyo, se dijo, con lo que recuperó parte de su
anterior buen humor.

Sin embargo, subsistía el problema: era demasiado similar al


vestuario de Xena. Debía darle un «toque», algo sexy tal vez...
Entonces le vino a la mente la imagen de la pequeña ayudante de
Xena, aquella tal Gabrielle. Ella sí que iba en plan sexy... Ombligo al
aire, fardando de tripita plana y abdominales... Maldita fuera... Y sin
embargo, sabía llamar la atención, pese a su cortita estatura.
Sonriendo de forma encantadora –o al menos eso pensaba ella–
Paulina agarró sin dudar unas tijeras y la emprendió con el falsificado
disfraz. Tras unos cuantos cortes más decididos que bien dados, el
Paulina, Princesa Guerrera - Ignacio (Iggy)

traje quedó convertido en un dos-piezas, que le permitía mostrar su


vientre, tan plano como el que más, y más que el de muchas...

Aquello la llevó a pensar en su ex, Minya. En su entusiasmo tras


descubrir que podía ser una heroína tanto o mejor que Xena, se
había liado con ella, pues sabía que necesitaría una adecuada
ayudante. Pero pronto se dio cuenta de las limitaciones de aquella
robusta campesina. Minya no era la más apropiada para ella, desde
luego, razón por la que le había dado la patada bien pronto. Aquella
mujer no es que fuera una admiradora de Xena, ¡es que se creía
Xena! ¿Cómo podía pretender ser Xena, cómo podía estar tan loca?
¿Acaso no le resultaba evidente, a ella y a todo el mundo, que Xena
sólo podía serlo ella, Paulina?

Meneando la cabeza ante las locuras de que era capaz la gente, 7


salió de la habitación. Ya se sentía lista para su manifiesto destino,
ser una auténtica princesa guerrera, ¡qué coño! ¡No «una», sino «la»
auténtica princesa guerrera!

Su entusiasmo se evaporó al dar apenas tres pasos fuera de la


habitación. Olvidaba algo, algo importante... ¡Hostia! ¡Claro! ¡Seguía
sin ayudante! ¿Pero dónde podría conseguir una ayudante adecuada,
alguien que no desmereciera de su porte y presencia, aunque sin
hacerle sombra? En esto iba pensando, mascullándolo para sí
cabizbaja, cuando casi sin darse cuenta estaba fuera del albergue.
Entonces sintió que alguien la agarraba por el hombro, obligándola a
darse la vuelta y a abandonar sus cavilaciones
Paulina, Princesa Guerrera - Ignacio (Iggy)

Sorprendida, y también algo cabreada, se vio frente a un


hombrecillo grueso y con delantal, que la miraba enfadado.

—¡No puede irse sin pagar! —le espetó el individuo, algo


enrojecido y sudoroso.

¿Quién coño era ese tipo y de qué le hablaba? Entonces, de


repente, recordó que se trataba del posadero. Su cara ansiosa y la
forma en que se retorcía nerviosamente las manos acabaron de
cabrearla del todo. Sintió su sangre hervir de manera creciente y
peligrosa...

Tras breves instantes, el perplejo y magullado posadero salió de


debajo de los destrozados restos de lo que había sido su mostrador,
sólo para escuchar los imperiales gritos de aquella mujer. 8
—¿Te crees que puedes cobrarle a una heroína como yo? ¿Acaso
le cobrarías a Xena, eh? Da gracias que te haya dejado con vida,
¡gilipollas!

Sacudiéndose una mano contra la otra y dándose media vuelta,


Paulina salió del lugar con toda la elegancia y garbo que ella sabía
que la caracterizaban.

X
Paulina, Princesa Guerrera - Ignacio (Iggy)

Caminó a grandes pasos por largo rato, hasta que se detuvo de


repente. El incidente con el posadero la había sacado de sus casillas,
y estaba caminando deprisa pero sin rumbo. ¿Adónde iba? ¡Ah sí, lo
de la ayudante! Pero seguía sin saber dónde encontrar una, una
buena, claro... Xena se había limitado a llevarse a la primera
interesada en el puesto que le salió al paso. Pero a ella no se le
cruzaban más que tenderas de gruesos brazos y mediana edad y
campesinas que iban a sus compras y que apenas la miraban de
reojo con extrañeza antes de seguir con sus cosas. Aquello no iba por
buen camino... Tenía que pensar algo. ¿Qué era lo más parecido a
Gabrielle que podía encontrar? ¿Qué? ¿¡Qué!? Demonios... ¡Ah sí!
Gabrielle tenía una hermana, ¿no era así? Vivía en Potidea, claro. La
cara se le iluminó a Paulina cuando comprendió que lo único que
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tenía que hacer era llegarse hasta ese pueblo de mala muerte y
llevarse consigo a aquella muchacha.

En consecuencia, debía desplazarse. ¿Cómo se desplazaba Xena?


Muy sencillo, a caballo, a yegua para ser exactos. Por tanto,
necesitaba una buena yegua que le hiciera las veces de Argo. El
problema era que no tenía dinero suficiente para comprarse una, y
dudaba que se la regalasen, pese a su evidente heroicidad. El
asuntillo con aquel molesto posadero había mostrado que no todo iba
a ser fácil por aquel camino.

Sin embargo, Atenas era conocida por su mercado de caballerías


de ocasión, lo que le daría la oportunidad de conseguir una ganga.
Tras mucho recorrer establos y cuadras, y ya oliendo toda ella a
bosta, le fue mostrado un ejemplar cuyo precio se ajustaba a su
Paulina, Princesa Guerrera - Ignacio (Iggy)

magro presupuesto. Desde luego, ya tenía sus años el animalito,


tendía a cabecear hacia un lado –signo inequívoco de tener un ojo
tuerto– y su aspecto era un tanto... subalimentado. Pero era una
yegua, se dijo Paulina forzando su optimismo al máximo. Pagó pues,
y la condujo por la rienda por las calles, alegre. Ahora, debía darle un
nombre... ¿Argo Bis? No, demasiado obvio. ¿Argocinante? Puaj...
¿Bella? La miró de reojo. No era bella, desde luego. Sin embargo,
teniendo en cuenta el fascinante cuerpo que la iba a montar, bien
podía llamarse así. ¡Eso era! Se llamaría Bella, y...

Delante de ella cruzó otra yegua, está bien lozana, y entonces,


para estupefacción de Paulina, «Bella» empezó a desarrollar una
monstruosa erección. Paulina la miró espantada. ¡Joder! ¡Se había
confundido! No se había fijado demasiado, y... bueno, era un caballo.
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Qué se le iba a hacer, concluyó, encogiéndose de hombros y
sujetando a «Bella» bien fuerte de las riendas, antes de que en sus
ansias organizara la parda en medio de la calle.

—Soooo, Bella. —gritó Paulina, tirando de las riendas. Pese a

ello, el macilento caballo así llamado continuó su cansino trote


durante unos cuantos metros más, casi estrellándose contra una
pared. Paulina desmontó, no con tanto garbo como habría deseado.
Paulina, Princesa Guerrera - Ignacio (Iggy)

Estaba hecha polvo, y además...— ayyy... —¿Cómo se las apañaba


Xena para cabalgar de aquí para allá, apeándose siempre fresca
como una rosa? La nueva heroína se masajeó el dormido trasero,
cuidando de no rozar su enrojecidos e irritados muslos. Algo tendría
que hacer para cuidar sus doloridas partes íntimas...— ay...
—Caminando como sólo los jinetes avezados lo hacen, se dirigió
hacia la plaza.

Allí estaba al fin, en Potidea. Por los dioses, vaya villorrio...


Ánimo, se dijo, sólo vienes a por tu ayudante, y puerta. Veamos, Lila
se llamaba la hermana de Gabrielle. Sin duda era una rústica
campesina, pero al ver a una mujer de su porte, seguro que perdía el
culo por ella y la seguía de inmediato a todas partes, como había
hecho su hermana con Xena. Claro que... ¿y si no le iban las tías?
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Bah, en ese caso ya se le ocurriría algo.

—Pero, ¿por qué habría yo de irme contigo a ninguna parte?

—respondió Lila de nuevo con aquella cargante testarudez tan propia


de su familia. Paulina suspiró, desesperada. Pidió al tabernero otra
cerveza con un gesto, al tiempo que se soplaba el flequillo.
Paulina, Princesa Guerrera - Ignacio (Iggy)

—Vamos a ver... —Habría que probar con otra cosa, en vez de lo


de buscar aventuras y hacer justicia. Quizá funcionara una apelación
a los sentimientos fraternales—. ¿No se te ha ocurrido pensar que no
sólo tu hermana tiene derecho a salir por ahí a ver mundo? Ella por
ahí, pasándolo bien con Xena, y tú aquí muerta de asco en este
jodido poblacho de mala muerte...

Casi al instante comprendió que se había pasado un poco


llamando así a su amado pueblecito. La chica parecía ofendida,
aunque tal vez también desconcertada por la idea que acababa de
entrar en su dura mollera. En lugar de pedir disculpas por lo impropio
del comentario, Paulina decidió que lo mejor sería meter aún más el
dedo en la llaga.

—Ella se ríe mucho de ti. —Le confesó, inclinándose hacia ella 12


como haciéndole una confidencia—. Tu hermana piensa que eres una
pueblerina que jamás será otra cosa que una simple. Eso de ver
mundo no va con ella, me decía cuando le comenté que eras la
adecuada para ser mi ayudante.

—¿Eso te ha dicho? ¿Eso te ha dicho? —La muchacha boqueaba


como un pez fuera del agua.

Paulina sonrió. La chica no mostraba demasiada inteligencia, de


acuerdo, pero al menos era fácil de liar. Ya sólo había que dar el
toque final.

—Eso me dijo, aunque bueno, ejem... No exactamente con esas


palabras... No quisiera yo que por esos comentarios, tú ahora te
lanzaras a la aventura, sólo por demostrarle que está equivocada...
Paulina, Princesa Guerrera - Ignacio (Iggy)

La muchacha se puso en pie de repente, sus ojos refulgiendo de


ira.

—¡Qué se habrá creído la muy guarra! ¡Vamos!

—¿Cómo dices? —Paulina se mantuvo sentada, con su mejor


expresión de inocencia fingida.

—¡Nos vamos! ¿No era eso lo que querías?

—¿Cómo? ¿Así de repente?

—Uh, bueno... Mis pobres padres...

—Ahh... —Paulina simuló estar pensando que sus peores


sospechas se habían confirmado—. Ya sabía yo que no eras como
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Gab...

Se interrumpió cuando Lila salió en tromba de la posada,


arrastrando sus faldas. Lo había conseguido, claro, se dijo sonriendo
con malicia al tiempo que la seguía.

Paulina iba llevando a Bella por las riendas a lo largo del

camino. El triste caballo bastante hacía con transportar sus bolsas, y


Paulina, Princesa Guerrera - Ignacio (Iggy)

no era buena idea obligarlo a más, salvo que quisiera matarlo. Así,
además, lo tendría fresco por si era necesaria una enérgica
cabalgada, según dictaran las circunstancias.

Por lo tanto, caminaba junto a Lila, de manera que apenas podía


dejar de fijarse en ella. La chica no era fea, ni mucho menos, aunque
no se podía comparar con su guerrera, claro. Tenía cierto encanto
campesino, sin duda el tipo de atractivo que había motivado a Xena
hacia Gabrielle. Y si quería seguir los pasos de la princesa guerrera,
debía... La verdad era que en toda la tarde no había captado en la
muchacha el menor interés, aunque aquello pareciera increíble.

En todo caso, montárselo con ella sería lo más conveniente. No


sólo por lo apetecible de la muchacha, sino por mantener el
paralelismo. Paulina sabía que la relación de Xena con Gabrielle era 14
tanto o más famosa que sus mismos hechos heroicos. Xena, princesa
guerrera... je... Xena, princesa bollera, sabía que la llamaban por ahí,
no en su cara desde luego. Aquello daba un aire interesante y
morboso. Sí. Debía seguir sus pasos.

Puesto que ya casi era de noche, se detuvieron para dormir al


raso. El frío de la noche y la realidad de la vida en el camino
parecieron abrumar a Lila, que se sentó junto al fuego con un
aspecto mucho menos animoso que al abandonar Potidea.

—Oye, ¿y qué vamos a hacer a partir de ahora? ¿Adónde vamos?


—preguntó la muchacha, abrazándose las rodillas bajo la falda.

—Bueno, iremos por ahí, haciendo el bien y todo eso, ¿no?


—Paulina no tenía muy claro en qué consistía la vida de princesa
Paulina, Princesa Guerrera - Ignacio (Iggy)

guerrera por cuenta propia, aunque eso no la preocupaba. Estaba


mucho más interesada en la chica que se encontraba tan cerca de
ella.

—¿Sí? Bueno, no sé, tú sabrás, supongo. ¿Ahora vamos a


dormir?

Lila, cuando se concentraba en algo, tendía a bizquear un poco.


En aquel momento, a Paulina le resultó algo incluso atractivo, clara
muestra de que estaba un tanto caliente.

—Sí, eso, a dormir. —respondió, extendiendo una única manta


sobre la hierba y palmeando el lugar junto al que se recostó.

—Pero... ¿No tenemos una manta para cada una? Yo creía que...
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—No, no, no... —meneó la cabeza Paulina—. Está claro que no
sabes mucho de guerreras y ayudantes, ¿eh? Siempre han de dormir
juntas, por si ocurre alguna... emergencia. Pero no te preocupes, yo
te lo enseñaré todo. —insistió, sonriendo al tiempo que se quitaba la
armadura de pega y se quedaba en ropa interior.

Lila, con aspecto poco convencido, se la quedó mirando con


evidente desconfianza. Sin embargo, al fin se tendió a su lado, muy
despacito y sin hacer el menor atisbo de quitarse ni una sola de sus
múltiples y voluminosas prendas.

Cogiendo un extremo de la manta, Paulina se envolvió en ella. La


maniobra tuvo el conveniente efecto –nada casual– de acabar
rodeando a Lila tanto con la manta como con su brazo. La chica se
Paulina, Princesa Guerrera - Ignacio (Iggy)

había tendido dándole la espalda, de modo que así la atrajo hacia ella
por la cintura.

—¿Eh? ¿Qué haces? —le preguntó, juntando sus brazos ante su


pecho aunque sin moverse.

—Bueno, la noche es fría, y nos podemos dar un poco de calor...


—Paulina no desperdició la ocasión de darle un buen magreo
mientras hablaba, acariciando las caderas y trasero de la muchacha.
Espléndidamente firmes, se decía cuándo, esta vez sí, Lila se
revolvió, zafándose de su abrazo y gritando con mucho más énfasis:

—¡Ehh! ¿¡Qué haces!?

Se había liberado de su abrazo y vuelto hacia ella. Sus


estrábicos ojos brillaban de indignación en la oscuridad.
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—Bueno, bueno, no te pongas así. —Paulina comprendió que la


chica no se iba a dejar. Por incomprensible que aquello resultase,
parecía que no se sentía atraída por una mujer tan despampanante
como ella. En fin, se dijo, lo mejor sería dejarlo correr, de momento.
No debía arriesgarse a perderla tan pronto. Ni siquiera Xena había
conseguido tirarse a Gabrielle en la primera noche. O al menos eso
creía.

—Tranquila, era sólo el típico ―buenas noches‖ de camaradas


guerreras. —Aquello se lo había contado su hermano mayor de
cuando se enroló en el ejército de un señor de la guerra—. Acabo de
recordar que, después de todo, sí que tenemos otra manta. Mira en
las alforjas...
Paulina, Princesa Guerrera - Ignacio (Iggy)

X
El lago tenía un aspecto inmejorable. Paulina se olisqueó un

sobaco, arrugando la nariz ante el tufo. Era el problema de la vida


campestre. Lo mejor sería aprovechar el soleado día, el cristalino
lago... y la compañía. Echó una mirada de reojo a Lila. Tampoco
parecía fresca como una rosa, precisamente. Además, durante todos
aquellos días, la muchacha no se había quitado su vestido de
campesina en ningún momento. Paulina se dijo que ya estaba harta
de imaginar sus formas... Tenía que verlas, y a ser posible... jeje...
Además, ya empezaba a estar algo más que caliente... 17
—Creo que podríamos darnos un buen baño, ¿no crees, Lila?

Su ayudante la miró con instantánea desconfianza. Durante


aquel tiempo, siempre había reaccionado así ante sus muestras de
confianza. Los pellizcos en el trasero no eran de su agrado, eso ya lo
sabía Paulina, e incluso la hacían reaccionar de mala manera. La
marca del bofetón que le diera la última vez ya casi se había borrado
de su cara, pero no el recuerdo.

—Está bien. Tú vigila mientras yo me desvisto tras esos


matorrales, y...

Paulina la interrumpió al comprobar por dónde iba la cosa.


Paulina, Princesa Guerrera - Ignacio (Iggy)

—Nada de «tú vigila». Mejor si nos bañamos juntas, que así


ahorraremos agua.

—¿Ahorrar agua? ¿¿En un lago?? —Lila no era tan tonta, después


de todo. Habría que idear un engaño un poco más sofisticado.

—No, bueno, jeje, era broma... Lo que pasa es que hay un


monstruo en este lago. Pero no te preocupes, —insistió, al ver la cara
de susto de la chica—, que conmigo en el agua no tienes nada que
temer. —terminó, pensando que no tenía ―casi‖ nada que temer, para
ser exactos...

Tras un buen rato tranquilizándola sobre el peligro del monstruo,


aunque no tanto como para que se atreviera a meterse en el agua
sola, al fin logró que accediera, refunfuñando. Sin embargo, se 18
desvistió dándole la espalda, desconfiada y tímida a la vez. La chica,
como había sospechado, no estaba mal sin ropa. Un trasero algo más
grande que el de su hermana, sí, pero con una piel blanca y rosada
muy interesante. Paulina se quitó su ropa con rapidez, metiéndose en
el agua antes que Lila.

—¡Ven, vamos, no seas tímida! —la animó, con un gesto con el


brazo.

Lila entró mucho más despacio, cubriéndose los pechos con los
brazos. Llevaba el jabón, y se mantuvo alejada de ella,
enjabonándose mientras seguía dándole la espalda. Paulina al fin se
le acercó.
Paulina, Princesa Guerrera - Ignacio (Iggy)

—¿Me pasas el jabón, por favor? —le preguntó con seriedad,


alargando el brazo. La chica la miró con timidez, eludiendo fijarse en
sus exuberantes pechos, pese a que casi los tenía a la altura de la
cara.

—Sí, ten. —Respondió tan sólo, tendiéndoselo y dándose de


nuevo la vuelta. Paulina aprovechó el movimiento para pasarle el
jabón por los hombros.

—Te enjabono la espalda. Eso es todo. —Dijo con su mejor voz


tranquilizadora. Lila no contestó, de modo que ella siguió con lo suyo,
pasándole el jabón más abajo. Cuando parecía que la chica se había
relajado, Paulina dejó caer el jabón. Sus manos se deslizaron bajo los
brazos y se posaron como quien no quiere la cosa sobre ambos
pechos de su atractiva ayudante. Por un segundo, la muchacha no 19
reaccionó, incluso pareció soltar un suspiro. Aprovechó para
pellizcarle ambos pezones, satisfactoriamente erectos, cuando de
repente se revolvió, escapando del abrazo como una anguila.

—¡Ehhh! —exclamó—. ¡Ya está bien! ¡Quiero que dejes de


sobarme de una vez!

—Vamos, vaaamos... —la tranquilizó Paulina—. No es para tanto.


Sólo una muestra de afecto, nada más...

—¡Ni afecto ni nada! Te acompaño, cocino, limpio, de acuerdo,


¡pero nada más!

—Vamos Lila, no seas niña. Supongo que ya sabes lo que hace tu


hermana con Xena, ¿no?
Paulina, Princesa Guerrera - Ignacio (Iggy)

—Me da igual. Ya está bien, y punto. O eso, o me vuelvo a


Potidea y que te haga de ayudante tu abuela.

—Está bieeen, tranquila, como tú quieras... —Sonrió,


apaciguadora—. Y ahora, no te muevas, que tengo que bucear para
buscar el jabón. Debe estar entre tus piernas...

—¡Paulina!

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Las dos se hallaban tendidas sobre un terraplén que las

ocultaba del cercano camino. Paulina miró de reojo a Lila, tendida


muy cerca de ella y con la mirada fija al frente. Parecía animada ante
la posibilidad, al fin, de tomar parte en algo de acción. También ella
deseaba algo de eso. Ya estaba harta de ir de aquí para allá sin que
les saliera al paso ni un miserable señor de la guerra, ni monstruo, ni
siquiera un gigante, aunque fuera bajito. ¿Cómo se lo montaba Xena
para verse envuelta en tantísimas aventuras? La vida de guerrera por
libre parecía excitante, cuando en realidad había sido hasta entonces
más bien aburrida. Ahora tal vez les saliera al paso alguna aventura.
Paulina abrió y cerró los puños, deseando patear algún culo.
Necesitaba algo de acción, aunque sólo fuera para dar rienda suelta a
su calentura... Además, viéndola repartir leches, Lila se encandilaría
Paulina, Princesa Guerrera - Ignacio (Iggy)

con ella al fin. Era lo mismo que había pasado a Gabrielle con Xena,
¿no?

Allí, a lo lejos, se veía avanzar una carreta en dirección al punto


en que estaban. Serían esclavistas o asesinos, seguro. Tenían que
serlo. Si no empezaba a repartir hostias de una vez, acabaría
violando a la ingenua muchacha que se encontraba tendida a su lado.

Lila, tan crédula como siempre, miraba al frente, convencida de


estar ante su primera aventura. Paulina, a su lado, apenas podía
concentrarse en la carreta, echando constantes miradas de soslayo a
la muchacha. No era gran cosa, de acuerdo, pero... todos esos días
compartiendo con ella todo menos la cama la hacían tan atractiva
como Helena de Troya...
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—¡Mira, mira, ya se acercan! —gritó la muchacha a su lado,
señalando con el dedo. Paulina le lanzó una mirada de reproche, que
recordó la necesidad de mantenerse en silencio.

—Muy bien, —susurró ella—, ya los veo. Sin duda se trata de un


grupo de esclavistas, ¿ves?

Aprovechó la excitación de Lila para pasarle una mano en torno a


la cintura, al tiempo que señalaba con la otra mano ante ella. La
chica se comportaba como una niña, expectante, y pareció no darse
cuenta del contacto. Paulina sonrió.

—Er... Sí, puede ser... —La carreta ya estaba cerca, y en efecto,


estaba conducida por tres hombres de no muy buen aspecto,
armados como soldados o mercenarios. Tras ellos, sobre la alargada
Paulina, Princesa Guerrera - Ignacio (Iggy)

carreta descubierta, se veía un grupo de unas ocho mujeres jóvenes,


sentadas en sendas hileras.

—Sí, sí. Mira, ¡deben ser vírgenes de Hestia secuestradas por


esos miserables! —apuntó Paulina, excitada ahora también por la
posibilidad de caza, tanto como para olvidar la necesidad de silencio.

—Uh... —De repente, la muchacha no parecía tan entusiasmada,


sino dubitativa—. No sé... No parecen vírgenes de Hestia. Van un
poco... ligeritas de ropa, ¿no?

Ahora que estaban casi a su lado, vio que era cierto. Las ocho
mujeres vestían ropas de colores, y sus cabelleras no estaban
recatadamente recogidas, como correspondía, sino extendidas en
amplias melenas. Sus vestidos, además, dejaban poco a la 22
imaginación, con amplios escotes.

—Estooo... Sí, bueno, seguro que esos miserables las obligan a


vestir así para... para venderlas luego como...

Lila interrumpió sus improvisadas explicaciones con una nueva


muestra de desconfianza.

—Pero... No parece que vayan atadas ni nada, y... Parecen un


poco vulgares para ser vírgenes de Hestia...

—Nada de eso. Son vírgenes de Hestia, ¡estoy segura! —Paulina


no se iba a dejar chafar la ocasión, ahora que la tenía. Eran vírgenes,
secuestradas y listas para ser vendidas como esclavas, y ella las
liberaría. ¡Y pobre de quien se opusiera!
Paulina, Princesa Guerrera - Ignacio (Iggy)

—No, no... Espera, ahora que lo pienso... este es el camino hacia


Corinto, y la feria es dentro de nada. Ya sabes cómo es Corinto en
época de feria... O eso me han contado... —se ruborizó—. Creo
que van a Corinto a... esto... Ya me entiendes, que son... y esos
tipos deben ser sus... eh...

De improviso, y dejando a Lila con la palabra en la boca, Paulina


se puso en pie de un salto. Montando en Bella, la espoleó hacia el
grupo, dejando a la joven atrás y lanzando al tiempo su grito de
guerra, sospechosamente parecido al de Xena.

—¡Que no son vírgenes, que son putas! —oyó que Lila exclamaba
a sus espaldas, aunque no le hizo el menor caso, espoleando en
cambio a Bella hacia la carreta.
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Conociendo la costumbre que tenía aquel jamelgo de frenar
veinte metros más adelante de lo adecuando, tiró de las riendas
mucho antes de alcanzar su objetivo. Y como era de temer, el
grandísimo hijo de yegua clavó instantáneamente los cascos,
lanzando a su jinete por encima de su cabeza. Con un nuevo grito
muy parecido al anterior aunque esta vez motivado por el espanto,
Paulina salió volando y acabó por estrellarse contra la parte trasera
de la carreta, quedando inconsciente.

Lila se había puesto en pie para no perder de vista el repentino


ataque de su guerrera. Pudo así ver el desenlace de la cabalgada, y
se llevó un apretado puño a la boca en cuanto Paulina se estrelló. Sin
embargo, en cuanto vio que los tres hombres de la carreta se
apeaban, sorprendidos, y rodeaban a la indefensa Paulina, no lo
Paulina, Princesa Guerrera - Ignacio (Iggy)

dudó. La obligación de una ayudante era socorrer a su guerrera,


incluso en las situaciones más desesperadas.

Saltó el terraplén por tanto, y remangándose sus faldas echó a


correr hacia el grupo. Se plantó así tras los hombres que rodeaban a
Paulina, y ruborizada y jadeante por el esfuerzo de la carrera, les
gritó:

—¡No os atreváis a tocarla!

Los tres sujetos se volvieron con parsimonia. En cuanto la vieron


allí, sonrieron. Sus sonrisas no los hacían parecer menos
amenazadores, sino más. Uno de ellos dijo:

—Vaya, vaya, ¿qué tenemos aquí? Otra jovencita perdida... ¿No


querrás unirte también a nuestra expedición?
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—¡No! —respondió Lila con firmeza, más de la que sentía. La voz


le tembló algo al proseguir, aunque intentó parecer dura
amenazándolos con el dedo—. ¡Dejadla en paz! Marchaos, o...

—¿O qué? —sonrió aún más el primero, avanzando hacia ella


lentamente, seguido por los otros dos a su lado.

—Uh... —Lila se dio entonces cuenta de lo indefensa que estaba.


Ni siquiera tenía un palito como el de su hermana, y aunque lo
hubiera tenido, no habría sabido qué hacer con él. Retrocedió un
paso, mientras los tres hombres la rodeaban.
Paulina, Princesa Guerrera - Ignacio (Iggy)

Paulina recobró la conciencia poco a poco, con la típica sensación


de «¿dónde estoy?». Se masajeó la dolorida cabeza, incorporándose.
¡Ah, sí, las vírgenes a las que había que salvar! Pero...

Vio entonces las espaldas de los tres hombres. Rodeaban a una


chica, que se debatía y gritaba. La estaban atando o algo... ¡Era Lila!

Paulina se puso en pie de un salto, dispuesta a lo que fuera...


Trastabilló y a punto estuvo de caer de nuevo. El golpe la había
mareado y desorientado. Pese a ello, se sobrepuso, dirigiéndose
hacia la espalda del más próximo de los hombres, sin que este se
diera cuenta de ello.

—¡Ejem! Hola... —dijo, al tiempo que palmeaba su espalda.


Como era de esperar, el tipo se volvió, sorprendido. Paulina no perdió 25
el tiempo con explicaciones, sino que le arreó tal patada en la
entrepierna que el sujeto dio un saltito en el aire. Su cara de
sorpresa se acentuó entonces, y con los ojos bien abiertos y los
carrillos hinchados cayó al suelo, al tiempo que gemía débilmente.

—¡Paulina! ¡Menos mal! —gritó entonces Lila al verla, con una


satisfactoria expresión de alivio en su cara. Los otros dos se volvieron
entonces, al tiempo que ella sacaba su espada, una buena imitación
de la de Xena.

Procedió a moverla en molinete por encima de su cabeza. Al


primer giro pasó justo por delante de las narices de uno de los
asaltantes, que quedó lívido del susto.
Paulina, Princesa Guerrera - Ignacio (Iggy)

—¡Malditos secuestradores de vírgenes de Hestia! —gritó


Paulina, fuera de sí, entusiasmada—. ¡Os voy a cortar los cojones!

Los dos aludidos quedaron pasmados ante ella, y no dudaron ni


un instante en volverse y salir huyendo despavoridos hacia el bosque.

Lila se le acercó entonces, con su pelo revuelto, tanto como sus


ropas; a saber qué habían intentado esos tipos, y una expresión
arrebatada de alivio. Paulina recibió un muy interesante abrazo, que
aprovechó para pasar su mano por la cintura de la muchacha.

—¿Cómo estás? ¿Te has hecho daño? —El interés que mostraba
Lila por su salud era muy agradable, se dijo Paulina mientras la
tranquilizaba.

—Nada, nada, no te preocupes. No hay quien pueda con


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Paulina... —sonrió, al tiempo que bajaba aquella mano hasta un
amplio aunque firme trasero, que agarró con fuerza.

—¡Paulina! ¿Ya estamos? —La muchacha se apartó entonces de


su lado, escapando como siempre... Maldición, se dijo Paulina... Ni
por esas... joder... Habría que cambiar de tema, otra vez...

—Bueno, ahora tenemos que ocuparnos de estas pobres vírgenes


secuestradas. —Dijo, al tiempo que se volvía hacia las ocho mujeres.
Estas se habían reunido en un grupo al pie de la carreta, y no
parecían ni asustadas ni aliviadas. Además, la verdad era que sus
ropas no eran las propias de unas vírgenes de Hestia; no dejaban
mucho a la imaginación, por no decir que lo que se veía resultaba
muy interesante...
Paulina, Princesa Guerrera - Ignacio (Iggy)

—Podéis marchar por donde habéis venido, hacía del templo de


Hestia. —Les anunció con expresión magnánima. Extrañamente,
siguieron sin parecer agradecidas, antes bien sorprendidas o
preocupadas.

—No tenéis nada que temer ahora... —insistió, dirigiéndose hacia


ellas. Aprovechó para echar un buen vistazo hacia aquellos escotes,
que tantas y tan bien formadas cosas dejaban ver—... Yo misma os
escoltaré hasta el templo, si hace falta...

El grupo se cerró en un corrillo entonces, al tiempo que varias de


ellas se encogían de hombros y hacían algún curioso gesto con sus
índices contra sus sienes. Tras una larga sesión de cuchicheos entre
el corrillo de las presuntas «vírgenes», al fin este se disolvió y varias
de ellas se dirigieron hacia Paulina, sonriendo.
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—Muy bien, hermosa y valiente guerrera, te agradeceremos
nuestra liberación como sólo nosotras podemos hacer... —le dijo una
de ellas, mientras las demás le sonreían de forma claramente
provocativa y la rodeaban por todos lados.

«Coño, qué vírgenes más raras», se dijo Paulina, muy consciente


de lo insinuante de los gestos que le dirigían. Tras un buen rato de
reflexiones –por no mencionar las excitantes caricias que le fueron
dedicadas por aquellas «vírgenes»– Paulina se encogió de hombros y
se dijo ¡qué carajo! Sonriendo también, se dejó arrastrar por todas
ellas tras unos cercanos matorrales. Allí, en medio de una confusión
de brazos y piernas y oyéndose una variedad de «ooohs» y
«aahhhs», ocurrieron durante largo rato una serie de cosas que
Paulina, Princesa Guerrera - Ignacio (Iggy)

provocaron que Lila, que se había limitado a contemplar el desarrollo


de la escena paralizada de asombro, acabara con toda su cara de un
intenso color rojo tomate.

(FIN)

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