Está en la página 1de 239

VAZQUEZ DE MELLA

Y LA EDUCACION NACIONAL
VAZQUEZ DE MELLA
Y
LA EDUCACION NACIONAL
Fragmentos de los principales discursos y escritos
del insigne pensador y elocuente tribuno concernientes a la educación

PORTADA DEL
EXCMO. SR. D. JO SE IBA Ñ EZ M A R TIN
Ministro de Educación Nacional

INTRODUCCION POR EL
EXCM O . SR. D. M A N U E L DE B O F A R U L L Y R O M A Ñ A
Académico de la Real de lurlsprudencia y Legislación

EPILOGO DEL
EXCM O . SR. D. R O M U A L D O DE T O L E D O R O B L E S
Director General de Enseñanza Primaria

«JUNTA DEL HOMENAJE A MELLA»


ALFONSO XH «8
1* 5O
INDICE
Pfrftn»*
Portada, por el E x cito . Sr. D. José Ibáñez Martín ........ 5
Introducción, por el Excmo. Sr. D. Manuel de BofarulI ... 7
Vázquez de Mella ... ........................................ U
I.—Su personalidad ...................................................... ]3
a).—El pensador ... ........................................... 14
b).—El orador ............................................................ 17
c).—El v id en te........................................................... 20
d).—El conversador ........ ..................................... 21
e).—El verbo de la Tradición ............................... 22
II.—Su doctrina política.............................................. 24
1 . La Tradición y el progreso ........ ......... 24
2. Soberanía social y p olítica.............. ........ 24
3. Lá Monarquía .................................................... 25
4. La representación nacional ... ............. 25
5. Las clases sociales ............................................. 26
6- La constitución interna .................................... 26
7. La Patria, la Nación y el E stado................... 26
8. Patriotismo ................................. .............. ••• 27
9. La monarquía legítima ............................... 27
10. La voluntad y la tradición nacionales ........ 28
III.—Su teoría social .................................................. 29
1. Las personas sociales.—Sacrificio y justicia.—
Zoología o Teología ....................................... 29
2. Derecho de propiedad........................................ 3®
3. Trabajo integral ....................
4. Armonía de las clases ........
5. Agentes de U» reforma social
6. La decadencia moral .............
7. La revolución.........................
jV.—Su ideal religioso y patriótico
1. La Religión ............................
2. Lá Iglesia ...............................
3. El Pontificado.........................
ÍNDICE

Páginas

V.—Su aspiración in te rn a c io n a l..................... .. ......... 37


1 . El M editerráneo ...................... ...................... 37
2. La Federación con Portugal ............................. 37
3. La Confederación con Hispanoamérica ......... 38
YI.—Su apostolado .............................. ... 39
V II— Su influencia en ios destinos de España ......... 41
VIII.—E l adiós del genio ....................... ..................... 43
IX.—F utura proyección de su doctrina ...................... 47

LA EDUCACION

L—La enseñanza religiosa 51


1. BI deber de estudiar, conocer y am ar a España 51
2. La Iglesia, cátedra de enseñanza comparada ... 57
3. La Religión formó el alma de España y su en- •
señanza debe ser obligatoria .............................. 62
4. Tributo al talento ..................................................... 64
5- La Religión, manifestación de’ genio nacional ... 67
n .— La enseñanza laica ........................................................... 73
1. El m aestro neutro ....................... *............................ 73
2. El Estado neutro y la Enseñanza l a i c a ................ 75
3. Los grados de la secularización d o c e n te ................ 78
4. Libertad de pensamiento en la Cátedra ............... 82
5. La secularización conduce al ateísmo ..................... 85
6. Otros errores ................................................................ 89
7. La Institución libre de enseñanza ..................... 92
8. La libertad de conciencia y die cultos ............... 94
9. El entendimiento y el problema religioso ........ 97
10. l*a intransigencia y la tolerancia ........................... 99
m .—La libertad de enseñanza................................................. 105
1 . Separación de escuelas y presupuesto ............... 105
2- Consecuencia de la separación de creencias ......... 109
3. La separación del Estado y la escuela ................ 111
IV,—El Estado y la Enseñanza .............................................. 117
1 . El Estado liberal y la Enseñanza ........................... 117
2. La Enseñanza, la Nación y la Patria: la unidad
religiosa ........................ ....................................
3. La Enseñanza y Id Iglesia ...................... ............... 123
4. El Concordato, la Constitución y la Enseñanza 126
5. EL Estado neutro, incompetente para enseñar ... 131
V.—La Enseñanza y los ideales de España ...................... 135
1 . La escuela, prolongación de la f a m ilia ....... ^ ... 135
2. La falta de patriotismo, característica española 137
3. La base fija de la política internacional ............... 141
INDICE
257

IRM
VI.—La educación en un toma teológico 145
1. La Encarnación .................... 145
2. La Virgen, ideal de belleza ............. 148
3. España y María ................................ 150
4. La Virgen, trono de la Encarnación 153
5. Seguridad d©^ éxito .......................... 156
VII.—rEl Idioma .............................................. 161
La lengua nacional y las lenguas regionales ... 161
VIII— Fiestas religiosas............. .............................................169
1 . Miércoles de ceniza ..................................... ..............169
2. La P a sió n ......................... ....... . ... 172
3. El Corazón d4 Jesús ................... ................176
4. El Día de D ifu n to s................................................... 179
5. La Inm aculada............................................................182
6. La Nochebuena .............. ..................... ... 184
IX.—Pensamientos ... 189
1 . Dios ............................. .................... ............. 189
2. P a t r i a ...........................................................................193
3. Tradicionalismo ... ............................................. ........197
4. P o lític a ......................................................................... 199
5. Ramillete de pensamientos breves .......................204
X.—Juicios..sobre personalidades ... 209
XI»—Juicios sobre abstracciones ........ 219
XII.—Dogmas nacionales ......... ••• 223
1 . Criterio geográfico ... ....................................... 223
2. Negociaciones sobre Gibraltar ... 224
3. La importancia del Estrecho 225
4. Los tres ideales de España ... 226
. 5. La conducta de Francia ......... 227
6. La Federación con Portugal ... 229
7. Los Estados Unidos sudamericanos ............■■■ 233
8. Las grandezas de España_ ............ 235
9. (El índice de España, señalando al id e a i........
XIII.—Definiciones 243
Contestaciones a varias Preguntas 248
Epílogo, por e1. limo. Sr. ¡D. Romualdo de Toledo 251
¿n, <-y/í £ c .¿ o n a f
■£Í<5- e-aÁ¿¿a'7iab elf^i-t,e4en¿& ¿t^z-e erv &>
■rbá^'e- ^ -rrie?n &&(& c/e1?^.en¿ezf^Le*z& ci-c/c>i. ^ 2 .< zn -

c /c ^ c o c e ^ ^ e ¿bct/ccr^o ^ a^Z '& óé& f c/e- /a ,

t*¿aÁz, c*??Z'4Gt^JZ’€Z,e/cz, c&wXctincaÁz, er¿-


¿aC’a'C¿&¿¿> d e 4&Ó- ¿¿/&cz/&<> ¿zá ^

web, e& ma£p-n¿y£c>0 ^ a - Z ^ ¿¿z<? ^ir¿u, 2¿z>ó


jp&?t'ei'CZ'C-c&rt'&& o b e^en ^eo . e ú ^ 'Z ^ c ^ c /tró - t/' úctfiezJ

rpc¿& c¿e ¿ezsa&zr& zt- a- j f - & c4 a ¿ ett'¿ a i&

&?'¿- /cc^tcZ'%' (^cc& ¿e &o2-Z e¿^iorzc/e- e n - e ^ t6 n ¿ z ¿ e -ló £ z ^

G cw c¿et,¿0.
s & ¿ * m ,a> e¿faoó. tA eia& ta& l& ó a&o&2*3¿o¿eC

&4cot/ a te ú , ¿e ¿¿z ¿ íc r t - a b - T r i& ó e ^ u ,4 c v i a ^ n ^ e -^ r / e .

Q ^" u ^ ^ i ’/í.V'.
INTRODUCCION

La «Junta del Homenaje a Mella» acordó, hace algún


tiempo, efectuar una recopilación de aquellos escritos y
fragmentos de discursos y conferencias del genial pensador
y orador excelso Vázquez de Mella que tuviesen un carác­
ter eminentemente educativo y pedagógico, y ofrecerla al
Ministerio de Educación Nacional, por si creyera conve­
niente su publicación, para ser distribuida a los maestros y
maestras de todas las escuelas públicas de España.
Acogida favorable y entusiastamente la idea por el se*
ñor Ministro y por el Director General de Enseñanza Prima­
ria, que, además, de la manera más cariñosa, y por mí agra­
decida, aceptaron el ruego que les hice de que escribieran
el señor Ibáñez Martín el prólogo, y el señor Toledo el
epílogo de la obra, me honra la citada Junta con el
encargo de que haga yo la introducción de ella.
A este propósitot nada, a mi juicio, más pertinente y
adecuado que considerar brevemente, en esta introducción,
la importancia vital y decisiva que para los individuos y
para la sociedad encierran los problemas de la enseñanza;
y como, hoy más que nunca, precisa procurar una sólida
educación cristiana si han de formarse hombres sanos y fot-
jarse pueblos fuertes, que, basados en los principios de Or­
den, Derecho y Libertad, vivan a la sombra de la Cruz
la única, verdadera vida, y promuevan el único, verdadero
progreso. Y también es oportuno y obligado examinar su­
cintamente la personalidad y la obra de don Juan Vázquez
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL
8

de Mella, puesto que suyas son las ideas áureas y las fe­
cundas doctrinas que en este libro se recogen, para contri­
buir a la restauración religiosa y nacional de nuestra amada
Patria.
Si se considera que la idea precede al deseo y este a la
acción, se compenderá que la formación integral del hom­
bre sólo puede alcanzar se formando la mente y conducién­
dola a la verdad; educando el sentimiento para que guste
del bien y de la belleza, y moldeando la voluntad para que
■tienda a su natural fin, que es el bien y la virtud. Y, para
ello, utilizar, además de los resortes naturales que la ilus­
tración dicta, los medios sobrenaturales que la Fe y la Igle­
sia católica deparan.
He ahí la significación, la trascendencia y la majestad
ide la escuela católica. Frente a ella, la escuela laica y la
escuela anticristiana divinizan al hombre y a la sociedad, ha­
ciéndoles un Dios y llevándolos a la depravación. La es­
cuela sin Dios, escribió nuestro insigne Menéndez y Pelayo y
sea cual fuere la aparente neutralidad con que el ateísmo se
disimule, es una indigna mutilación del entendimiento hu­
mano en lo que tiene de más ideal y excelso: es una extir­
pación brutal de los gérmenes de verdad y de vida que laten
en el fondo de toda alma para que la educación los fectmde.
Es la sociedad misma, no el Estado, la que tiene el de­
recho y a la que incumbe la obligación primordial de aten­
der a la organización de la enseñanza y a la actividad de
la escuela; aparte el derecho inmediato y supereminente que
en el campo educativo, con todos los medios necesarios para
ello, corresponde a la Iglesia, conforme acaba de proclamar
en reciente alocución el Pontífice reinante.
El Papa recuerda que si el Estado, tiene derecho a in­
tervenir en materia de educación, es para procurar el bien
común, y que ese bien común exige que el Estado tutele y
respete el derecho a la educación, que pertenece, por dere­
cho natural, a la familia, y, por derecho divino, a la Igle­
sia. E igualmente Su Santidad Pío X II exalta la misión de
los maestrost a los que exhorta a que miren siempre su es•
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 9

cuela como si fuera el templo en donde entra el decoro y


la pureza, en donde señorea la virtud y la rectitud, en don­
de palpita la religión que eleva y sublima el espíritu; es­
cuela en la que se halla presente Dios, no de manera diver­
sa a como está en la mente y en el corazón del maestro,
donde escruta sus pensamientos y sus afectos, que han de
tender al bien y a la virtud moral para que sekzn verdaderos
maestros de las almas juveniles de sus educandos.
A este designio tan alto, casi sagrado, y urgente —la
educación cristiana por la escuela católica— quiere contri­
buir la Junta del Homenaje a Mella del modo más noble y
decidido, y, al propio tiempo, en la forma más permanente
y eficaz: recordando la eminente figura y el apostolado mag­
nífico del gran Vázquez de Mella, y dando perennidad y
difusión a sus doctrinas y magisterio, especialmente en las
escuelas, hogar en que se han de forjar las almas y templar
los caracteres.
Y para contribuir a esa colosal obra formativa —no po­
lítica y de partido, siempre frágil y caduca, sino sustancial­
mente nacional y patriótica, y por eso firme y duradera—,
dedicamos este libro, con todo el fervor de nuestro corazón.
Que él produzca abundantes y selectos frutos constituyen
nuestra ilusión y nuestro anhelo.
VAZQUEZ DE MELLA

Sólo pronunciar su nombre y evocar su apostolado es


suscitar recuerdos que no se borran de la mente ni del co­
razón. Es conducirnos al último tercio del siglo pasado y
primero de la actual centuria; es revivir en nuestra memo­
ria la España de la Monarquía constitucional, liberal-par•
lamentaría ; los partidos del turno ; las guerras coloniales ¿
el caciquismo y la oligarquía; las corridas de toros patrió­
ticas y «La marcha de Cádiz» ; la tragedia de 1898; las vo­
ces en el desierto de Costa, Madrazo y Ganivet; la política
sectaria y la política acomodaticia de los partidos turnan­
tes; los nobles intentos de Polavieja, Silvela y Maura; Fe-
rrer, la semana trágica y la masonería internacional; el
¡Maura, no!; el descrédito de los Gobiernos y el fracaso del
Parlamento; las Juntas de Defensa y la Solidaridad Catala­
na; el divorcio entre el Estado y la Nación; la quiebra de
un sistema político corruptor y corrompido ; la dictadura del
General Primo de Rivera; los augurios inquietantes para
nuestra Patria ; un partido, más bien una Comunión, que a
través de tres generaciones y de persecución continuada,
mantuvo sin mancilla sus principios de Dios, Patria y Rey...,
y un coloso, que en su exaltación y defensa, consumió su
vida toda, ¡Vázquez de Mella!
Al recordar su nombre y su obra, se evocan también los
de Balmes y Donoso Cortés, Menéndez y Pelayo y Apartst
Guijarro, como él, campeones insignes de la España cristia-
na y tradicional. De ellos fué Mella continuador excelso, y
12 VA24)Utt DK MULLA Y LA EDUCACION N A C W H á í .

por sff W múi próximo a nosotros, fot su grandilocuencia


nn par, y habtt títfúdo con su pluma y con su palabra a
(<*do W ámbito nano nal, dijó más profunda kunlla y tatito
má% lamina ta
/,—SU PERSONALIDAD

Nació en Cangas de Onis, Principado de Asturias, el $


de junio de 1861; a los diet años quedó tin padre, teniente
coronel del Ejército; cursó la segunda enseñanta en el Co­
legio de Valdediós, y con su virtuosa madre pasó a Gafa•
cía, siguiendo la carrera de Leyes en la ínclita Universidad
iompostelana.
Sus primeras armas oratorias las ki&o en el Ateneo de
Santiago, y como periodista se destacó en La Re*tau ración
y en El Pensamiento Galaico, de dicha ciudad, colaborando
después en El Correo Español, de Madrid, en el que adqui­
rió gran notoriedad por sus artículos religiosos, políticos y
sociales, y del que fué más tarde director.
En i Bq$ fué elegido diputado a Cortes por Estella (Na.
varra), y desde su primera intervención se manifestó carné
extraordinario orador y polemista formidable. Desde vntom.
ces, hasta 1919, perteneció Mella, como diputado tradicio•
nalista, a todos tos Parlamentos, representando distritos de
la nobilísima Navarra, interviniendo en todos los debates so-
Umnes y contendiendo con los grandes oradores del Con­
greso', Cdnovas del Castillo, Marios, Salmerón, Pidal, Sil-
vela, Moret, Maura, Canalejas, Alvaret, Lerroux y Cambó.
En todos sus discursos brilló tanto por su tabee y elo­
cuencia como por su je y patriotismo acendrados, por lo
macho de su doctrina y lo espléndido de su expresión.
En apostolado político recorrió todas las región** de
España, y en todos los momentos difíciles de nuestra Patria
su voe y esjuerto jamás faltaron a la buena cauta* Espe­
cialmente cuando las audacias demagógicas de Canalejas
v al estallar la guerra europea -1914—, prestó #/ más te-
14 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

ñalado servicio a España, poniéndose al lado del magiste­


rio de la Iglesia en orden a la enseñanza y respeto a las
Congregaciones religiosas, y pugnando por el mantenimien­
to de la neutralidad cuando se guiso, por los aliados, en*
vclver a España en la vorágine de la Gran Guerra.
Fundó El Pensamiento Español, que dirigió en el ocaso
de su vida pública, al separarse de Don Jaime, y desde que
sufrió la amputación de una pierna, operación soportada
con cristiana edificación, Mella se recluyó en su casa, si­
guió escribiendo, entre otras obras excelsas» La Filosofía de
la Eucaristía, a la que habían de seguir la filosofía de los
restantes Sacramentos y formar la Filosofía de la Teología ;
prosiguió varios capítulos de la Historia de la Civilización,
y retocó algunos trabajos que pensaba publicar, especialmen­
te sus Discursos parlamentarios.
Fué tachado de bohemio y holgazán por quienes, proba­
blemente, no se destacarían por su diligencia y disciplina.
Y si bien es cierto que en alguna ocasión no fué muy cons­
tante ni ordenado en el trabajo, algo, y mucho más, hay que
perdonar a los genios. Lo indudable es que su labor fué
abrumadora, y más parece propia de una serie de hombres
de extraordinaria capacidad de trabajo que de un solo hom­
bre. En un mes, cuando sus propagandas por Cataluña, en
el año ig o jt llegó a pronunciar ciento veinte discursos, y hubo
día en que habló en público durante nueve horas. ¿Cómo ta­
charle de negligente, sin incurrir en agravio?

a) E l PENSADOR.

Mella fué, ante todo, un pensador original, vigoroso y


profundo, al par que brillante, y, sobre todo, seguro, por lo
mismo que fué filósofo y metafísico católico, excelso.
La orientación filosófica de su espíritu campea en todas
las obras que salieron de su pluma y en cuantas produccio­
nes brotaron de su ingenio privilegiado. Para él la filosofía
tué lo que debe ser-, la más alta expresión de la verdad hu-
fAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 15

mana sometida y puesta *l servicio de la verdad divina.


De esta filosofía cristiana procuró y consiguió ser, no sólo
discípulo fiel, sino apóstol fervoroso.
El mérito de sus arengas populares, de sus discursos par­
lamentarios, de sus conferencias doctrinales, de sus artícu­
los periodísticos y de sus obras de mayor empeño, proviene
precisamente de ese pensamiento filosófico certero y rico que
los anima. Sin él no se explicarían aquellas sus sorprenden­
tes síntesis históricas en que Mella fué maestro consumado;
aquel conocimiento profundo de las leyes morales que rigen
los destinos del hombre y marcan la ruta de la Humanidad
al través de los siglos; aquel sutil análisis de las causas su­
premas a que obedecen las revoluciones y las vicisitudes de
los pueblos; aquellos atisbos proféticos y clarividencias ge­
niales que en las lecciones de lo pasado aciertan a descifrar
los acontecimientos de lo porvenir; aquellos vuelos de águi­
la caudal que se posa en la cumbre de la montaña para
contemplar sosegadamente el panorama inmenso de la ver­
dad una y múltiple, empírica y racional. Y ese su pensa­
miento augusto, no es sólo en sus famosos discursos y bri•
liantes conferencias, en sus magistrales escritos y en sus di­
sertaciones doctas en que se manifiesta, sino en las frases
breves y penetrantes que constituyen como máximas o sen­
tencias exquisitas, de las que algunas recordó ya en su ma­
ravilloso prólogo al volumen X X IX el Señor Patriarca Obis­
po de Madrid-Alcalá.
«La verdad es que desde el Calvario acá, una sola ba­
talla se riñe en el mundo; la que libran incesantemente el
naturalismo pagano, de una parte, y el sobrenaturalismo cris­
tiano, de otra.»
«Za tendencia que resume todos los esfuerzos de la cien*
cia atea de hoy puede formularse asi; rebajar el hombre al
nivel de la bestia y elevar la bestia al nivel del hombrean
«Sin el sentimiento común en el presente y en el pasado,
que junte en una unidad corazones y conciencias, no hay
Patria.»
«No puede existir una sociedad sin un orden de princi-
16 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

ptos morales y jurídicos inmutables e inviolables, que sirva de


frontera a la libertad humana, individual o colectivas
«El liberalismo consiste esencialmente en la negación de
un orden religioso, moral y jurídico superior y obligatorio,
como límite de la libertad humana, empezando por la del
individuo y acabando por la del Estado.»
«Las Ordenes religiosas son atributo del alma y de la-
esencia de España.»
aLa Iglesia es el canal hecho por Dios entre el cielo y la
tierra para que circule y se desborde el torrente de la gracia.»
«El amor es la primera y la última palabra de la Iglesia
católica. ¿Y cuáles son las causas del amor? La bondad y
la belleza, dos hermanas gemelas que andan siempre juntas
y abrazadas a la verdad, que es la hermana mayor. »
«El Estado no será nunca más que un poder trashumante
si no expresa, en una unidad jurídica estable, los funda­
mentos en que la sociedad descansa y los cauces que han
abierto los siglos para que discurra por ellos la tradición
nacional.»
«El individualismo engendró el socialismo, con el con­
cepto abstracto del individuo, con la destrucción del Régi­
men Corporativo y con la soberanía social absorbida en el
Estado omnipotente. »
«El catolicismo no es sólo un dogma, un culto, un sacer­
docio; es más: el catolicismo es una civilización entera que
penetra en todos los órganos de la vida.»
«Rusia, inmensa fábrica de anarquía, donde los zares ro­
jos han llevado ya a la cumbre la enorme tiranía que se va
extendiendo sobre el mundo.»
«Llega una hora, una hora suprema de la Historia en
que, despues de tres siglos de herejías y uno de ateísmo, el
mundo va a temblar otra vez.»
«¿Que es la disciplina, nervio del Ejército, más que la
jerarquía en acción?»
«La Patria es la comunidad moral e histórica de que nos
sentimos parte. El pueblo en que hemos nacido, la región a
que pertenecemos, forman la pequeña Patria; y todas estas
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 17

regiones, enlazadas en una gran unidad histórica, forman la


Patria común, que se llama España. »
«No hay acto nacional de trascendental importancia- en
que no a-parezca la imagen de la Virgen María.»
«Aquella España gloriosísima realizó empresas tales, que
ellas solas bastarían para hacer la gloria de muchos pue­
blos... ¡Ah! Si nos fijamos en todos aquellos hombres, reyes,
guerreros, descubridores, sabios, artistas..., parece que for­
man selvas; para abarcarlas es necesario mirarlos desde el
cielo. »
«La historia del Pontificado no es, politicamente, otra cosa
que un porfiado combate contra el cesarismo, y una continua
cruzada en favor de la libertad.»
«La revolución hace astillas los tronos que tratan de sal­
varse ofreciéndola, a cambio de su benevolencia, fragmentos
de altar.»

b) E l o ra d o r.

De su oratoria dijo un Príncipe de la Iglesia y también


de la elocuencia, el difunto Arzobispo Fray Zacarías Mar­
tínez, que no tiene quizá la pompa y emoción de la de Do­
noso, ni los colores y matices tropicales de la de Castelar,
ni la precisión descriptiva y lapidaria, de la de Maura, ni
la fuerza emotiva de la de Pidal; pero que tiene más solidez
y sustancia, más filosofía y teología, más historia y ciencia,
y más dialéctica que la de todos ellos, y más amenidad tam-
bién; y cuando Mella se caldeaba en la fragua de su fe ca­
tólica y de su patriotismo sin rival, o su indignación se des­
bordaba ante las injusticias sociales y la vileza de la men­
tira, entonces su elocuencia subía a las cumbres más altas
a que puede llegar la palabra humana.
Por eso, al solo anuncio de un discurso de Mella, se lle­
naban los locales donde se iba a pronunciar, y cuando Mella
se levantaba a hablar, los oyentes le escuchaban con silencio
casi religioso, se adueñaba del público y lo arrebataba, y las
18 VAZQUEZ D t MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

multitudes, enloquecidas fo t el entusiasmo, le aclamaban


en ovacione%inenarrables.
Y es que, como de ti escribió Pemán, fué el grande y
perfecto orador que restauró el crédito de la elocuencia. Por
tila, y desde el solio de su pensamiento, nobilísimo for las
alturas de los más puros ideales a que se remontaba, fué el
vendaval de fuerte y sano esplritualismo que pasó por su ge-
neración aireando una sociedad caduca.
¿Sus discursos memorables? Aparte los parlamentarios,
en los que hay piezas oratorias únicas por su inspiración y
grandilocuencia; los de propaganda religiosa, tradicional y
regionalista, aparecen sus conferencias magistrales, que han
dejado recuerdo imborrable sobre la Historia de la Civiliza­
ción, en la Academia Universitaria Católica, en noviembre
de 1908; el Proyecto de Asociaciones, en Barcelona, en ene“
ro de 1909; en honor de Menéndez y Pelayo, en el teatro de
la Princesa, en junio de 1912; en la Real Academia de Juris-
prudencia y Legislación, sobre El examen del nuevo dere­
cho a la ignorancia religiosa, en mayo de 1913; en junio del
mismo año, por las fiestas constantinianas, en la iglesia de
San Jerónimo; en el teatro de la Zarzuela, defendiendo nues­
tra neutralidad, en mayo del 15; en el teatro del Centro, en
abril del año 20, acerca la Síntesis de stjciología cristiana;
en mayo del mismo año, en el teatro Real, sobre La trans­
formación de la mujer por el cristianismo y la transforma­
ción de la sociedad por la mujer; en dicho teatro de la Zar­
zuela, en abril del 22 , con motivo de la gran campaña so­
cial, y en el teatro de las Damas Catequistas, en mayo
del 22, sobre La Virgen María y las Federaciones Marianas.
De todas esas magnas conferencias suyas, quizá la que
sobrepasó las cumbres de la sublimidad fué la que pronun­
ció en el gran acto necrológico dedicadó a Menéndez y
Pelayo por la Asociación Católica Nacional de Propagan-
distas, en el teatro de la Princesa t y en el que intervinieron
nuestro insigne Angel Herrera, actual Obispo de Málaga, R i­
cardo León, don Alejandro Pidal, Fray Zacarías Martínez y
Mella. De su discurso inolvidable es aquel párrafo magnifico
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION JfACIOJfAL 1*

señala el contraste del Mundo con Dios y sin Dios,


y describe insuperablemente la agonía Sabio.
«Suponed que la Humanidad entera eree nuestro Sím­
bolo; suponed que practica nuestro Decálogo; suponed que
el Sermón de la Montaña inflama todos los corazonest y de-
cidme si la tierra no parecerá una colonia del cielo. Pero
poned enfrente de eso una sociedad en donde el hombre crea
que la tumba no es pórtico de la inmortalidad, sino la fron­
tera da la nada; suponed que no tiene alma espiritual y que
toda la vida y que todas las cuentas se liquidan acá en la
tierra; que no es más que un puñado de materia agitada f o t
instintos; que no tiene libertad ni responsabilidad; que las
ideas de justicia, de derecho, de mérito, de demérito, de
virtud, son manifestaciones de la fuerza consiguientes, nece­
sarias, fatales; que son enfermedades, como ha llegado a de­
cirse; que pueden ser hasta la virtud y el vicio, según la
frase de un positivista, dos productos como el vitriolo y el
azúcar; haced creer eso a una sociedad, suprimid todo ese
fondo moral que la ha hecho grande y con él toda abnega­
ción, todo sacrificio, todo heroísmo, todo martirio, y decid­
me, ¿qué es eso? ¿Es una sociedad humana? No ; eso es una
yeguada sin instinto. Y entre esos dos ideales, el de la po­
lítica secularizadora que va a parar al reino animal, pero con
la suficiente inteligencia para no tener el instinto de los bru­
tos, y el ideal cristiano, que va a traer de nuevo y a restau­
rar el paraíso sobre la tierra, no habría ni posibilidad de
duda en la elección. El gran Menéndez y Pelayo, que en
todas las páginas de sus libros rindió acatamiento profundo
a la doctrina católica, lo hizo en el último acto de su vida;
y entonces fué cuando escribió la más grande de sus obras;
es decir, que no la escribió, ya no podía escribirla, y aun­
que tuviese su mano libre y no atada por la muerte, que se
acercaba, y aunque se superaran su estilo y sus condiciones
artísticas, no fubiera podido escribirla, no hubiera podido.
u¿No recordáis una escena dolorosa que toda la Prensa ha
descrito? Cuando yo se habla confesado fervorosamente
20 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

cuando ya sus labios no podían articular una palabra, cuan-


do sus manos empezaban a estar rígidas y frías, cuando aque'
lia frente, trono del pensamiento, iba a rendirse a la muer­
te , su herm ano , Enrique Menéndez y Pelayo, el ilustre
autor de La Golondrina, el sucesor literario de Pereda, cq*
gió conmovido un crucifijo que había tenido en sus manos,
al morir, la madre de Menéndez y Pelayo y lo puso sobre
los labios del gran sabio; eran dos agonizantes que se mi­
raban, era el agonizante que estaba en la cruz y la ciencia
personificada en Menéndez y Pelayo, que agonizaba tam■
bién; en aquel aliento divino que no sabría describir empezó
a verlo todo, a leerlo todo; y allí estaba la unidad suprema;
en aquella página iba a apagar para siempre toda la sed de
belleza; por eso los labios del sabio, al extinguirse la vida,
exhalaron el último aliento, sus ojos encendidos miraron a
los ojos del Redentor, y entonces no fué sólo Menéndez y
Pelayo, el que besó a Jesucristo crucificado, fué también Je*
sucristo el que besó en él la ciencia espáñola. »

c) E l v id e n te .

Tenía el poder dominador de la síntesis, vió siempre los


asuntos y contempló los sucesos desde las alturas en amplia
visión compensiva y vuelo raudo de superación. En el dis­
curso maravilloso del jo de mayo de 1915 , en el teatro Real,
de Madrid, exclamaba; «Hay en la Historia algo más ex­
celso e invisible que los motivos y pretextos puramente ma­
teriales, porque en esos lagos humanos, cuyas frondas rim
ean, hay una brisa que mueve y levanta las olas: es el soplo
de Dios que agita las aguas.»
En España, la disolución de los partidos políticos, el ad­
venimiento de la Dictadura, la calda de la Monarquía, la
persecución de la Iglesia, la tiranía del proletariado, la re­
volución sin pecedentes que ha asolado a nuestra Patria,
la victoria conseguida, con la ayuda de Dios, por la sangre
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 21

de sus hijos, y la restauración de España las anunció innu­


merables veces.
En cuanto a Europa, sus vaticinios de antes de la guerra,
de la guerra misma y de la revolución que gangrenaria las
entrañas del Continente después de la guerra, señalando con­
cretamente en el bolchevismo ruso al gran azote providen­
cial, tuvieron exacto cumplimiento.
«El bolchevismo —exclamaba—, consecuencia de tres
centurias de herejías y de un ateísmo oficial, es ahora la
consecuencia inmediata de la más terrible de las guerras; y
puede llegar un momento —ya ha llegado— en que, empu­
jado por la ira de Dios y confundiéndose con las tormentas
de los cielos, arrase los pueblos y cambie de sus asientos las
naciones. »
Y, finalmente, sus terribles presentimientos para esta so•
ctedad paganizada, que prevé deshecha por el comunismo y
ei anarquismo, ¿no son lección arrancada a la realidad viva
de hoy? «En ella —escribe— sólo el odio reina como él úni­
camente pueda reinar; por medio del desorden, que es su
ministro, y el crimen, que es el ejecutor de sus sentencias
de muerte.»

d) E l c o n v e rsa d o r.

Admirable conversador, con su talento e ingenio extra­


ordinario y pasmosa erudición y singular amenidad, era él
embeleso de cuantos le escuchaban en tertulia o conversa­
ción privada.
Recuerdo dos ocasiones memorables;
Una, viviendo todavía en la modesta casa de huéspedes
de la calle de la Cruz, fui a visitarlo con el insigne agus­
tino Padre Miguélez. Acababa de almorzar y estaba con al­
gunos amigos tomando el café. El Padre Miguélez le pre­
guntó sobre su investigación filosófica de los Misterios de
la Encarnación y de la Eucaristía, y Mella expuso sus ideas
con tan exuberante elocuencia, con tanta profundidad, bri-
22 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

liantes y encanto, que sólo cuando el frto del atardecer y la


oscuridad en la habitación obligó a encender la luz, nos di­
mos cuenta de que habían transcurrido mas de tres horas y
que teníamos que separarnos.
Otra ves, ya habitando en la casa en que murió del
paseo del Prado, jó , fui a verle lleno de ilusión. Acababa
yo de llegar de Avila, donde el Superior de los Dominicos,
Padre José García, me había entregado un libro que acababa
de recibir de Friburgo, obra del gran teologo Padre Del
Prado, titulado De principi fundamentali philosophiae cris-
tianae, que, a su vez, era la síntesis más alta de la filosofía
escolástica.
Era después de almorzar, y rodeado de amigos y corre­
ligionarios, gustaba una taza de aromático café. Le entregué
el libro y expresé la complacencia que sentía la Orden Do­
minicana porque el primer ejemplar llegado a España de
dicha obra fuera para él\ Lo tomó, me dió las gracias, y,
sonriente, me dijo; «:Lo conozco perfectamente.» «¿Cómo?»,
pregunté. «Porque el Padre Del Prado me ha escrito, y epis­
tolarmente he discutido con él», me contestó. Seguidamente
con inspiración y facundia abrumadoras, en panorama dila­
tado y magnífico, expuso su opinión y comentario a la filo­
sofía de San Alberto Magno, de Santo Tomás, de Escoto y
Suárez, para terminar «frente al nada más allá. ¡Plus nitral»
¡Más de tres horas estuvimos spmetidos al influjo de aque­
lla catarata de fe, saber y elocuencia, sin que nuestra admi­
ración decayeraf ni se iniciara el cansancio /
¡Lastima que un taquígrafo no hubiera recogido las jo­
yas desgranadas en aquella oración portentosal

e) E l VERBO DE LA TRADICIÓN.

, C J HJ a ™aSni,icenciaJ e su palabra y los esplendores de


su pluma, Vázquez de Mella iluminó durante cerca de cua­
renta añas los horizontes y el cielo de nuestra Patria, y, como
nadu, exfresó el pensamiento y -nnmovió el septir naciona-
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 23

les, arrebatando la voluntad de adeptos e indiferentes y aun


de adversarios.
De ahí que de los hombres de su tiempo haya sido el que
ha dejado recuerdo más vibrante y eco más perdurable.
Porque no sólo fué pensador genial e insigne, filósofo
profundo y seguro, teólogo altísimo, místico sublime, escri­
tor magnífico y aleccionador, sino, además, orador portento­
so, con acento de iluminado y visión profética, como no ha
habido otro alguno de entonces acá; polemista formidable, que
en las mallas de su dialéctica pulverizaba al adversario, y
dominador de la síntesis, y de la opulencia en la frase, y de
la elegancia en el decir, que constituyen la grandilocuencia.
Con esas dotes singulares, llevado por su recio y apasiona­
do espíritu de proselitismo, su voz tonante y sus escritos
maravillosos alcanzaron todo el ámbito nacional y a todos los
sectores sociales, a los que como ninguno conmovió con su
inteligencia soberana, con su ardor de apologista eminente
de la Religión y de la Iglesia, con sus acentos de cantor
excelso y enamorado de las glorias nacionales y con su te­
nacidad de apóstol infatigable de la restauración de Espa­
ña, según sus esencias católica, tradicional y caballeresca.
Mereció por eüo ser llamado el « Verbo de la Tradición»,
y en verdad que no sólo la descubrió, la restauró y fué su
apologista mejor, sino que, como nadie, dió nuevo, rico y fe­
cundo contenido, al propio tiempo que sistematización y ac­
tualidad, al tradicionalismo hispano.
II. — SU DOCTRINA POLITICA

Recojamos sintéticamente sus ideas fundamentales.

i. L a tradición y el pr o g r eso .

La tradición —afirma— no es una rutina, menos un re-


troceso; la tradición es el progreso social, aEl primer inven-
te —dice— ha sido el primer progreso, y el primer progre­
so, al transmitirse, ha sido la primera tradición que empem
taba. La tradición es el afecto del progreso; pero como le
comunica, es decir, le conserva y le propaga, ella misma es\
el progreso social. El progreso individual no llega a ser so­
cial si la tradición no le recoge en sus brazos• Romper el
intimo enlace entre la tradición y el progreso constituye la
mayor de las aberraciones, »

2. S o b e ra n ía s o c ia l y p o lític a .

El filosofismo francés del siglo XVII y todas las doctri­


nas revolucionarias poclaman como norma la unidad de la
soberanía, y que ésta corresponde al Estado.
Pues bien; Mella mantiene que hay dos soberanías: la so­
beranía social, que emerge de la familia, pasa por la escuela
y llega a las regiones y a las clases que las enlaza, y el más
alto poder que dirime sus contiendas y dirige la acción co­
lectiva, que es el Estado, a quien incumbe la soberanía po­
lítica. Por eso hay dos jerarquías; una ascendente, formada
por una serie de personas colectivas; otra descendente y de*
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 25

Ugada del Estado, que debe servirla y no servirse de ella;


y por eso, cuando la soberanía social invade la política o la
política invade la social, nacen las graves enfermedades y
profundas perturbaciones en los Estados.

3. L a M o n a rq u ía ,

Partidario de la monarquía hereditaria, social e histórica-


mente responsable, la monarquía tradicional representativa,
advierte que nada tiene que ver con la soberanía. Absolutis­
mo —dice— es la invasión de jurisdicciones ajenas; absolu­
tismo fué el cesarismo pagano y lo es la democracia liberal.
Mas el monarca que defiende y ejercita prerrogativas que le
competen, actúa legítimamente; pero es que%además, su po­
der se halla limitado por una trilogía social compuesta por
un poder superior espiritual, cuyo fin se identifica con el
último del hombre; otro temporal, que lo es el fin común
social, y el conjunto de jerarquías, de personalidades colec­
tivas inferiores al Estado, que tienen personalidad y atri­
buciones propias.

4. L a r e p r e s e n ta c ió n n a c io n a l.

La representación nacional, no la atribuía al absolutis­


mo del número, que será siempre expresión de la cantidad»
y, por lo tanto, de la fuerza, pero nunca por eso del derecho;
ni a los partidos políticos, parasitarios del cuerpo de la na­
ción, sino a las fuerzas vivas e intereses legítimos de ella,
y por eso a las clases y a las corporaciones.
2b‘ VAZQUEZ DE MELLA V LA EDUCACION NACIONAL

5. L a s c la s e s s o c ia le s .

En toda sociedad que no se improvisa existe un numero


de clases como categorías que expresan los intereses colecti*
vos, Así, existe un interés material, representado por la
agricultura, la industria y el comercio y por los obreros de
esos distintos órdenes o categorías; existe un interés intelec­
tual, representado por la Universidad y por las corporacio­
nes científicas; existe un interés religioso y moral, represen­
tado por el sacerdocio; existe un interés histórico de clase,
que no es tan sólo de la aristocracia de la sangre, sino la
del talento y de la virtud, que expresan todas las superiori­
dades sociales.

6. L a c o n s titu c ió n in t e r n a .

La constitución interna brota del concepto de la nación,


que no es una suma de individuos, sino de una hermandad
compuesta de las diferentes unidades históricas que tienen
una unidad superior, un vínculo común; y no es tampoco una
unidad uniforme, sino varia, y no simultánea, sino sucesi­
va, formada por los siglos.

7. L a P a tr ia , l a N ació n y e l E s ta d o .

La Patria no es sólo el lugar donde nace y vive el cuer­


po, sino la atmósfera de la religión y moral en que respira
el alma; no sólo la tierra que pisamos, sino los recuerdos,
las glorias, las tradiciones, las grandazas y desventuras que
han llegado a formar de todos los españoles una gran familia.
El espíritu común, basado en la unidad de creencias y
"vetado en una historia general independiente, constituye
la Nactón. Y la conciencia y el sentimiento de la Nación es
la Patria.
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 27

Los dos vínculos que la constituyen, el sucesivo de la


tradición histórica y el simultáneo de la unidad espiritual,
forman la trama interior que liga unas generaciones con otras
y que pasa con sus hilos invisibles penetrando las almas y
asociándonos en una hermandad que va a lo largo de lost
siglos contando sus noches y sus auroras, estremeciéndose de
júbilo en los días venturosos, y juntando las lágrimas y la­
vando con ellas las heridas de la madre en las horas tr¿i-
gicas.

8. P a tr io tism o .

Unidad de creencias y autoridad inmutable que la cus­


todie, sólo eso constituye naciones y enciende patriotismos.
«;Escepticismo y egoísmo, duda e interésl —exclama—.
¿Quién será el taumaturgo que saque solidaridad moral y
amor patrio de esas cisternas ?»
Como síntesis de su idea social y política halla Mella en
la religión católica la base de la unidad interna de la na­
cionalidad española, y en la monarquía tradicional la base
de la unidad externa de nuestro Estado.

9. L a M o n a rq u ía le g ítim a .

El Soberano, en la concepción cristiana, no es sólo titu­


lar de derechos, sino que, conforme mantuvieron nuestros
juristas y teólogos, es fundamentalmente sujeto de deberes
para el bien común. Y la persona humana constituye un
límite y a la vez un fin que da sentido y orientación al Po­
der público.
La legitimidad del titular del Poder soberano la somete
Mella a un doble condicionamiento; por razón del origen
y por razón del ejercicio. En cuanto al origen, el Soberano
ha de haber adquirido el Poder de conformidad con las nor­
mas del derecho escrito o consuetudinario establecido en la
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

nación. La legitimidad del ejercicio estriba en la conformt


dad con el derecho divino positivo, el derecho natural y las
leyes y tradiciones fundamentales del pueblo que rija.
Si falta la legitimidad de ejercicio, puede suceder que>
cuando esa ilegitimidad sea pertinaz y constante (que sólo
así habrá tiranía), desaparezca y se destruya hasta la de
origen* y puede suceder, como ocurrió muchas veces en la
Edad Media, que empezando el Poder con ilegitimidad de
origen llegue a prescribir el derecho del Soberano desposeí­
do por haber adquirido el usurpador la legitimidad de ejer­
cicio. Es decir, que para Mella, de acuerdo con los prin­
cipios de la filosofía católica, la legitimidad, para ser com­
pleta, ha de serlo en el origen y en el ejercicio; si una de
éstas falta, la legitimidad es parcial, incompleta. Y en con­
flicto las dos legitimidades incompletas, la de ejercicio debe
prevalecer sobre la de origen.

10. L a v o lu n ta d y l a tr a d ic ió n n a c io n a le s .

' La verdadera voluntad nacional no es la voluntad pasa­


jera y mudable de un día, aunque fuese entonces expresión
del estado de opinión del país, sino la voluntad de las ge­
neraciones que se han sucedido sobre el suelo de la Patria,
y que se expesa no por actos pasajeros y mudables como
el que nace de una elección parlamentariaf sino por hechos
constantes de la Historia que tienen su expresión exacta en
las tradiciones fundamentales de un pueblo. Esas tradicio­
nes etu Es-paña se resumen en esa trinidad augusta: la uni­
dad católica, que es la tradición fundamental en el orden
religioso; la monarquía cristiana, que es la tradición funda­
mental en el orden político, y la libertad municipal, que es
la tradición democrituosocial de nuestro pueblo. En ellas
&stá vinculada la voluntad nacional
III,—SU TEO RIA SOCIAL

i. L as personas sociales .— S a crificio y ju s t ic ia .


Z oología o T e o lo g ía .

Hay sobre la persona social o colectiva dos teorías bá­


sicas y radicalmente opuestas: una, la teoría de progenie ro­
mana, que nació del cesarismo imperial, que ha establecido
la monarquía absoluta y el regalismo protestante y que ha
engrosado con la libertad abstracta de la escuela de Kant
y con el pacto de Rousseau, y según la cual no existe más
que la persona individual por propio derecho y la persona
colectiva que se llama Estado, y todas las demás existen por
concesión, autorización o tolerancia del Estado mismo. Fren­
te a ella, la teoría social cristiana que vivió en la Edad
Media y que ha prosperado en la Moderna, mantenida por
el Pontificado y por una legión inmensa de publicistas, al­
gunos de ellos representantes de la escuela orgánica en el
campo de la heterodoxia, como Ahrens, sostienen que la per­
sona colectiva existe, como la individual, por propio dere­
cho, y que el Estado tiene derecho a reccytocerla, pero jamás
a crearla ni a perturbar su existencia. Esta última es la teo­
ría que sustentó Mella y que fundaba en dos leyes sociales
escritas en lo más profundo de la naturalesa humana. Una
es la ley de cooperación universal, que se funda en la limi­
tación del ser finito; la otra es que toda institución se funda
en una necesidad de la naturalesa humana y que cuando las
necesidades a que corresponde son legítimas y fundamenta­
les, aquellas instituciones subsisten por si mismas, sin de­
pendencia del Estado, y por eso existe la familia y se fot-
30 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

marón e/ municipio, la comarca y la región, y las asociacio­


nes y las corporaciones.
Es fecunda y consoladora su afirmación de que el sa­
crificio comparte con la justicia el imperio de las sociedades;
que ninguna sociedad estable se ha podido edificar sobre el
« interés, y que, en consecuencia, sólo el espiritualismo cató­
lico salvará al mundo. Ante la anarquía espiritual —procla­
maba— dos grandes corrientes se proyectan: una que va de­
rechamente a la zoología y otra que va hacia la teología; las
relaciones esenciales del hombre no las dicta el capricho ni
fuerza, sino que tienen como fundamento inconmovible la
religión, la ntoral y el derecho, de donde brotan Iqs vínculos
religioso, ético y jurídico, y después el que marca el interés
económico y la coacción.

2. D e re c h o de p ro p ied ad .

El derecho de propiedad se funda en el deber que tene­


mos de buscar nuestra perfección intelectual, moral y ma­
terial. El derecho individual a cumplir ese deber es el fun­
damento general de la propiedad. El fundamento inmediato,
(cla mutualidad de las remuneraciones». Las distintas cate­
gorías del trabajo son los medios que el hombre tiene para
cumplir aquel deber.
La tesis colectivista de Marx ha sido engendrada por la
escuela individualista, y ambas desembocan en el comunis­
mo y la anarquía, que son azotes providenciales a esta so­
ciedad utilitaria y apóstata.

3. T ra b a jo i n t e g r a l .

En su teoría del trabajo integral, al lado del que se re­


fiere a la transformación y a la combinación de los objetos
hay el de protección y el de perfección de los sujetos. Traba-
1* de transformación, trabajo de combinación, trabajo de
protección, trabajo de perfección,; no puede existir uno solo
VAZQUEZ DE MELLA V LA EDUCACION NACIONAL 31

sin los otros; son entre sí solidarios, y forman con sus cate-
gorías la esencia de las clases. De ahí que existan y merez­
can igual consideración y defensa el trabajo material, el
técnico y el científico, él de protección jurídica y coactiva y
sanitaria, y el trabajo de perfección científica, literaria, ar­
tística y moral, abarcando en la perfección literaria y cien­
tífica a. las ciencias teológicas, filosóficas, históricas y lite­
rarias. ‘

4. A rm o n ía de l a s c l a s e s

Consecuencia de la relación íntima entre sí de esta ca­


tegoría de trabajo es la armonía de las clases, y que no hay
derecho al producto íntegro del trabajo en una categoría
sola, porque todas ellas, y, por tanto, todas las clases, son
colaboradoras en cualquier trabajo, y todas tienen, en con­
secuencia, una legítima participación en él. Y esa solidari­
dad en distintas categorías de trabajo, fundamento general
de la sociedad, es la que asienta la mutualidad de las remu­
neraciones, o lo que es lo mismo, el salario de clase, cam­
biable por su' naturaleza.
Dentro de la doctrina de trabajo integral están los limi­
tes de la sociedad y la organización del Sindicato integral,
pues ya que todas las clases colaboran indistintamente al tra­
bajo y al valor, preciso es que estén representadas de un
modo permanente en los municipios autónomos, y en las re­
giones y en las Cortes. En ellas formaba una «Comisión per­
manente de las clases sociales», sin excluir a la obrera, y
ella sería el tribunal arbitral de las contiendas sociales.

5. A g e n te s d e l a r e f o r m a s o c ia l.

Los agentes de la reforma social son, para Vázquez de


Mella, la Iglesia en el orden social y moral; el Estado en el
político de conjunto, y las jerarquías ascendentes de las
grandes personas sociales, desde la familia y el municipio
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAl
¿2

a la reglón, ayudadas por un fuerte sindicalismo integral


que anule al revolucionario disolvente.
Y para realizarla pide la independencia económica y ad­
ministrativa de la Iglesia, la autonomía económica del Mu­
nicipio y de la Región y la representación de los intereses
y de las clases sociales.
La «autarquías, es decir, el derecho de realizar su fin,
mantiene que es un atributo social de la Familia, de la Cor­
poración, de la Universidad, del Municipio y de la Región.

6. L a decadencia moral .

Anatemizaba la decadencia moral de la sociedad mo­


derna; uPor la ausencia o quebrantamiento de los principios,
por la falta de creencias y aumento de dudas, han caído
—afirma— los grandes caracteres; y a la disminución de los
caballeros ha seguido el aumento de los hipócritas y cobar­
des; y pido la intervención social de la mujer, formada por
ei espíritu cristiano, en la acción social. »

7 . L a R e v o lu c ió n

Predijo horas de congoja mortal para la sociedad huma­


na, para los Estados europeos y para España, y temía que
entre las olas de la revolución fueran arrastrados los altares
y tronos, y desaparecieran instituciones gloriosas de otras
edades, y exclama, fija la vista en Aquel que sabe andar
sobre las aguas: «Yo no temo lo que sucederá, pero tenemos
la obligación, todos los que somos creyentes, de juntarnos en
un haz y afirmar, vigorosa, enérgica e integrámente, nues­
tras creencias, porque si llega la catástrofe, y caemos en el
J >0 de batalla, aunque no veamos la aurora del gran dl&>
C(*m
h r / em°i ectr a C7*5*0 Redentor; Cuando las muchedut**
tetir w* °¿¡Ueci as. co*' ^ vino de la impiedad, volvían a f*
ve rex ]uda¿orum, nosotros no hemos negado ni
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 33

nos hemos mojado de Ti. Te hemos confesado públicamente,


y en la hora en que temblaba el corazón de nuestros herma*
nos les hemos dirigido una palabra de amor y de esperanza.»
Con su altísima y profunda formación metafísica y teo­
lógica, con sus dotes preclaras de filósofo y de historiador,
escribía, y no terminó, la Historia de la Civilización:. D e
ellat la introducción fué objeto de una magistral conferencia,
que pronunció con su elocuencia arrebatadora en el Centro
de Defensa Social en 1902. Mediada ya la obra, le sorpren­
dió la muerte.
El capítulo V, intitulado El peligro comunista y ácrata,
y la barbarie exterior, lo dedicaba a examinar y comprobar
una ley que advierte recorriendo la historia de los principa­
les pueblos antiguos y modernos. Tal es la relación entre las
civilizaciones corrompidas y la barbarie, o, por mejor decir,
las barbaries ; una, la interior, consecuencia de la misma des­
composición que castiga a sus premisas, y otra, la exterior,
que se da cuando un pueblo, más puro o más corrompido%
más creyente o infiel, aparece como una pena providencial
contra la corrupción al llagar al límite en que 'acaba la mi­
sericordia y empieza la justicia.
Las naciones—dice—se disuelven, las patrias se apa.
gan, por lo que la civilización está en crisis. Esto no son
capaces de comprenderlo los que miden la civilización por
la prosperidad material del conjunto. Pero el orden material
depende del moral y del religioso, y cuando se rompe el
primer anillo, pronto se separan los otros dos, y la cadena
queda deshecha en el suelo.
Cuando a los hombres se les quita la legitimidad de la
gloria, a que tienen derecho, de la vida futura, exigen im­
periosamente toda la herencia en la presente.
Es la barbarie interior, la de los efectos, que se encarga
de residenciar a las causas; pero como al fin y al cabo las
dos son bárbaras, una corruptora y otra corrompida, hijas
de un paganismo reincidente, a veces no basta la barbarie
interior, y entonces llega la barbarie exterior a completar el
castigo con un diluvio de fuego que consuma las escorias y
i
34 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

deje limpios los metales para que los junte y funda de nuevo
la Iglesia y la autoridad en el crisol del orden.
Esta es la ley que se atreve a calificar de ley penal de
las naciones. «Jl oda civilización que se corrompe —yescri­
be— tiene cerca una barbarie que la acecha.» Y cuando no
hay a manos barbarie de repuesto para el castigo, no son
necesarias para el rigor de la pena. En la misma sociedad
se forma, como en la carne muerta de los gusanos.
«F cuando basta la barbarie interior no se necesita que
el castigo venga de fuera; pero cuando la perversión es tan
grande que los efectos no tienen fuerza para hacer retroceder
hasta la justicia a las causas, la barbarie exterior llega sin
jaita. Así, el mal mismo, realizado libremente por el hombre,
coopera de un modo directo al plan providencial, al bient
sirviéndole de castigo.»
Esta es la explicación de la actual situación del mundo.
IV.—SU IDEAL RELIGIOSO Y PATRIOTICO

1. L a R e l ig ió n .

La Religión es, para Mella, la tradición fundamental del



pueblo es-pañol; ella formó el alma de nuestra Patria, y sin
ella no se pueden conocer las manifestaciones de la activi­
dad hispana. ¿Se quiere estudiar la filosofía española? ¿Se
quiere estudiar nuestra admirable mística? ¿Se quiere estu­
diar nuestra literatura, nuestro grande y prodigioso teatro?
¿Se quieren estudiar la pintura, la escultura y la arquitec­
tura españolas? Que se estudien prescindiendo de la fe que
las animó y que les sirvió de motor; que se prescinda de ella
en aquellas empresas nacionales que realizó España; la Re­
conquista, el descubrimiento y la civilización de América y del
Pacífico, el dominio del Mediterráneo, la lucha con la Pro­
testa; que se estudien separadas de aquel principio religiosa
que ha sido el alma de todas ellcs, y entonces, ¿qué kisto*
ria será esa más que un cadáver o una leyenda falsificada
o desfigurada, pues se suprime de ella la idea directriz, el
pensamiento motor, la voluntad y el amor que informan toda
la historia de España?

2. L a I g le s ia .

La Iglesia explica con el amor todas las cosas y el en­


cadenamiento de sus dogmas. En un mundo donde triunfan
el dolor y la muerte, sólo la Iglesia católica ha tenido el
atrevimiento sublime de explicarse a sí misma y a todas las
cosas, hasta el mismo Autor de ellas, por esa ley de unidad
expresada en el amor.
36 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

Por el amor explica el origen y el fin del Universo y


del hombre que le compendia, y todos sus dogmas, y toda
su moral, y su doble jerarquía, y su culto. Extraordinaria sín­
tesis católica, y del Dios humanado que desciende hasta
nosotros, abrazando en su persona lo infinito y lo finito, que
es el Cristo vivo que está en el altar.
La Iglesia constituye las naciones, y su unidad moral
presidió el mundo. Con su Decálogo, su Sermón de la Mon­
taña y su Símbolo, unió las almas, los entendimientos y
los corazones, posesionándose de todos, Ocupándolos y ha­
ciéndolos ascender a las alturas.

3. E l P o n tif ic a d o .

El Pontificado, aparte de su carácter religioso, divino-


humano, es la primera institución social. Porque es la antor­
cha de la libertad y la cátedra de la civilización.
La historia del Pontificado no es otra que un porfiado
combate contra el cesarismo y la barbarie, y una continua
cruzada en favor de la verdad y de la libertad del mundo.
Donde no ha llegado la luz del Pontificado entera con
la palabra de sus misioneros, o filtrada incompletamente en
los fragmentos que ha arrancado de sus enseñanzas la here-
impera todavía la barbarie o se descompone la civili­
zación.
V.—SU ASPIRACION IN TERN AC IO N AL

En orden a la expansión de nuestro espíritu nacional,


tres ideales forman la abrazadera espiritual de nuestra raza:
el dominio del Estrecho de Gibraltar y de Tángert la fede­
ración con Portugal, y la unión más íntima cada vez con la
América española. Este triple ideal fué un hecho en la his­
toria pasada de España y aspira a que sea un hecho tam­
bién en la histeria futura.

t. E l Med iterrá n eo .

La soberanía sobre las dos costas del Estrecho y el do­


minio de Tánger son la garantía de la independencia nació*
nal, de nuestra acción en Africa y de nuestra influencia en
el Mediterráneo.

2. La f e d e r a c ió n c o n P o r t u g a l .

La federación con Portugal, que étnica, geográfica e his­


tóricamente es un miembro de la nacionalidad española, es
postulado de la grandeza de ambos países. Portugal y Es­
paña tienen derecho a que en la Península haya una sola
política^ internacional, y no dos antagónicas, fundadas sobre
la separación. La absurda política internacional ha dado por
resultado en ambos países una común servidumbre. La fede­
ración fuede unir a los dos pueblos en una libertad y gran­
deza comunes.
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAI»

3 La c o n f e d e r a c ió n c o n H isp a n o a m é ric a .

La confederación tácita con los Estados hispanoamerica­


nos brota de la comunidad de origent y durante varias cen­
turias de la comunidad de historia, y en todo momento de
la comunidad de raza y de espíritu. La población de Espa­
ña no está toda en el territorio europeo; se encuentra exten­
dida por el Continente americano, singularmente en el Cen­
tro y en el Mediodía. Dieciocho Estados hablan la lengua
más extendida en nuestro solar. Una emigración constante
renovaba y acrecía la sangre española que circula por socie­
dades que llevan impreso el sello de nuestra estirpe.
Una conferencia tácita en pie de igualdad, pero con la
primacía de honor para la madre que. puede resolver con el
arbitraje, en que se junten la justicia y el amor, las discor­
dias interiores de sus hijos, formaría, estrechando los víncu­
los intelectuales y comerciales por un creciente intercambio
espiritual, los Estados Unidos del Sur que contrapesarían
la acción de los Estados Unidos del Norte.
España, descubridora y civilizadora del Nuevo Mundo,
€S» geográficamente, la parte avanzada de Europa que sale
ú.1 encuentro de America, y tiene la misión de estrechar las
rdaciones entre los dos centros, que son la sede de la civi­
lización en la tierra.
VI.—SU APOSTOLADO

En el bendito empeño de vindicar a I4 Iglesia y a E s­


paña, a la ciencia y a la fe, precedieron a Mella eminentes
varones de los que él se confiesa discípulo y continuador.
Ellos fueron, lo hemos dicho ya% principalmente, Balmes,
Donoso Cortés y Menéndez y Pelayo; y Mella fué su conti­
nuador, defendiendo con el torrente de su elocuencia por
toda la nación ideas y doctrinas que sus antecesores en parte
expusieron.
Para ello, dotóle Dios de talento excepcional, y con su
tenaz esfuerzo e inmenso saber allegó caudal amplísimo y
elevado, indispensable al apologista. Conoció como de él
escribió el gran orador sagrado don Diego Tortosa. las reali*
dades de la naturaleza material y de la naturaleza humana;
abarcó los dos abismos sobre los que está suspendido el hom­
bre : el del espacio y el del tiempo : escudriñó cuanto aquí es
dado a la arcilla humana los insondables misterios de Dios y
de su naturaleza, para añadir al conocimiento de los hechos el
de las causas, y a las claridades oscuras de lo finito los res­
plandores sin eclipse y sin ocaso del orden sobrenatural.
En su vastísima cultura, familiares le fueron las ciencias
todas, desde las físicas y matemáticas a las morales y po­
líticas; pero encontró en la filosofía y en la teología católicas
la médula de león para sus tareas apologéticas. La filosofía
elemental de Balmes le inicia; la Suma Teología de Santo
Tomás termina la obra.
Mella estudia, en primer término, el problema religioso
en si mismo y en sus variadas relaciones; examina a fondo
la sociedad en que vive, y se convierte en paladín infatiga­
ble del catolicismo. Junto a él viven los derrotistas. los de
VAZQUEZ DE m rt .t.a y LA EDUCACION NACIONAL

la generación degenerada del 98, siempre propicios a echar


un puñado de tierra sobre lo que ellos juzgan ataúd de Es­
paña. Mella se enciende en sana ira y desde el primer mo­
mento entona en loor de su Patria los cantos más armoniosos
que han resonado en labios españoles. ¡Qué España la suya,,
tan grande, tan sugestiva> tan sabia, tan imperial, tan ar­
tista y tan 'religiosa, tan nueva y tan antigua ; brazo de Roma,
madre fecunda de naciones y baluarte inconmovible de la ci­
vilización cristiana! Colocado entre la Iglesia y el Estador
clama insistentemente por la unión moral, íntima, y por la
separación económica y administrativa. Años antes que el
catalanismo apareciera con sus tendencias peligrosas, expone
Mella ampliamente el sano regionalismo, defiende con tena­
cidad y con lucidez extraordinaria la teoría de la soberanía
social, y reclama la representación por clases y la autarquía
municipal; eleva a la categoría de dogmas nacionales las
directrices de la política internacional de España, escudriña
a fondo el problema social, exige la armonía de las clases
y la aplicacióp de su teoría del trabajo integral, y llama
con voz atronadora a las conciencias de los ricos que no oyen
las enseñanzas de la Iglesia.
VIL—SU INFLU ENCIA EN LOS D E STIN O S
DE ESPAÑA

Por ese sublime apostolado suyo en defensa y divulga­


ción de los principios vitales del Derecho público cristiana
y de los ideales imperecederos de nuestra Patria, y en im­
pugnación de la heterodoxia de todos los matices, el libera­
lismo, el eclecticismo y la revolución, influyo como pocos
desde la oposición en la política nacional y en los destinos
de España.
¿Quién no recuerda con admiración y gratitud sus reso­
nantes campañas en el Congreso de los Diputados en loa
y defensa de la Iglesia y de las Congregaciones religiosas,
en favor de la enseñanza católica y del honor e integridad
de la Patria, del respeto a las personas individuales y colec­
tivas, y a la soberanía Social; en custodia vigilante de la
neutralidad de España, en definir y divulgar los que cali­
ficó de dogmas nacionales en el orden internacional?
¿Quién no evoca con nostalgia y reconocimiento su me­
ritoria labor periodística, tan docta, contundente y brillan­
te, y sus grandilocuentes discursos de propaganda que elec­
trizaban a las multitudes entusiasmadas y rundían los audi­
torios más cultos de toda España, en exaltación de los prin­
cipios religiosos y políticos, y soluciones sociales y económi­
cas de la Comunión Tradicionalista?
¿Quién con más ardor y clarividente insistencia pregonó
el sombrío porvenir de nuestra Patria y el de Europa, vic­
tima de su corrupción y aposiasla; la marcha acelerada de
la revolución, que arrasaría las naciones destrozadas por la
guerra, y la decisiva contienda entre el ateísmo y las legio­
42 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

nes esforzadas de Cristo, Redentor de los hombres y dé­


los pueblos?
¿Quién, en los cinco primeros lustros de la actual cen­
turia y batalló con mayor generosidad e intrepidez, e hizo más
en el orden público por los ideales de la religión católica,
la Patria soberana, la monarquía legítima y las modernas ten.
dencias católicosociales?
Sin el apostolado nobilísimo de Mella, la Comunión Tra~
dicionalista no hubiera ofrecido el grandioso ejemplo que dió
en nuestra gloriosa Cruzada nacional, ni nuestros campos de
batalla se hubieran teñido con las amapolas sangrantes de
nuestros tercios heroicos y bravos requetés. Sin Mella, no
existiría hoy, aunque difusa, esa corriente de opinión vigo­
rosay consciente y esperanzadora que puede ser el más só­
lido fundamento de la futura organización del nuevo Estado
español, dique providencial contra la barbarie contempo­
ránea.
VIII.—EL ADIOS DEL GENIO

Enamorado de España y de sus grandezas, de la reli­


gión y de' su Iglesia, las cantó como nadie, y como nadie
Pudo decir con el poeta:
<cCristiano y español, con fe y sin miedo canto mi reli­
gión, mi Patria canto.»
Pero sus últimos acentos, su adiós postrero habían de ser
Para sus dos más grandes amores: la Virgen Santísima y
Jesucristo Sacramentado.
El 29 de mayo de 1924, en el teatro Real, de Madrid,
Heno como en la mayor de sus solemnidades, pronunció su
último, entrañable y más elocuente discurso sobre La di­
vinidad de la Iglesia católica, que ofreció como flor del alma
a la Virgen María.
Ved cómo lo dijo:
(.(.Por contrariedades de la vida, por preocupaciones y do­
lencias, fatigados a un tiempo mi cuerpo y mi espíritu, no
estaba mi ánimo propicio para ponerme de nuevo en comu­
nicación con el público y subir a la tribuna; pero personas
que ejercen sobre mí gran autoridad empezaron a moverme
a ello, y f después, un recuerdo íntimo, que pesa siempre so­
bre mis propósitos, me decidió por completo a hacerlo. Ese
recuerdo es el de un hogar donde ardían dos llamas: la de
la virtud y la del honor, que se levantan muchas veces me­
lancólicamente en mi memoria. La muerte la extinguió, pero
sus últimos resplandores brillarán siempre en mi memoria
para alumbrarme el camino de la vida. Cuando yo había
llegado a las fronteras de la muerte, que extendía sus alas
negras sobre mi frente, las oraciones de mi madre me sal­
varon, y, cumpliendo una promesa, subió de rodillas las lar­
gas escaleras que conducen a la gruta de Covadonga, ofre-
44 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

ciándome a la Virgen como un ex voto para que no vacilara


nunca mi fe, ni me faltase su amor ; y mando mi madre mu­
rió , al darme con el último adiós su escapulario, parece que
delegó en éste su maternidad; y faltarla yo a un deber do»
bUmente filial si, al ser requerido por vosotros para rendirle
homenaje, no acudiese al sitio que me destináis para presta•
ros en lo que pueda mi concurso.»
Esta conferencia maravillosa, en que se dieron cita todos
los destellos del genio en la elevación del pensamiento y en
la galanura de la expresión, que es el canto más excelso en
afología de la Iglesia católica que he escuchado, termina
poniendo bajo la protección de la Virgen Santa a España
y diciendo; *Si esta E.uropa, que mira demasiado al Rhirt
y poco a las vertientes del Cáucaso, a los arenales de la Asi­
ría y al Bósforo; si esta Europa, amenazada por oirá gue­
rra que pudiera ser la última, no cae envuelta en escombros
sobre los cuales lance tristes resplandores la lámpara del Va­
ticano, para que peregrinos de otro hemisferio vengan a leer
la sentencia de muerte escrita por el dedo de Dios sobre su
huesa; si esta Europa no ha de morir, nosotros, permanecien­
do como un núcleo incontaminado, fiel al espírtu de Cristo,
podremos ser su Covadonga, pues quedaríamos en medio det
rebajamiento general como las pirámides de tierra que se
dejan en los desmontes para medir todo lo que baja el nivel.
Pero si peleamos, y no es la hora de la muerte, todo se nos
dará, por añadidura, y vendrán las recompensas que Dios
nos concede hasta al que da un vaso de agua en su nombre.
Si irradiamos el honor y la virtud, y permanecemos fieles a la
Iglesia y a la Madre España, ¡ah], entonces veremos que
hasta el Poder público surge dignificado y sublimado de las
entrañas mismas de la constitución interna, y sube triunfan­
te, no al Olimpo de los dioses, que no son más que pasio­
nes deificadas, ni al Capitolio, colina pagana donde suele
ascender ti éxito injusto; subirá a una cumbre que está ei-
piritualmente más alta, porque refleja el Tabor y el CaU
vario y el Monte Olívete de la Ascensión; al Cerro de lo9
Angeles, que harán dosel de sus alas „
VAZQUEZ DE MELLA Y LA BDÜCACION NACIONAL 49

K ## año después, cumpliendo la promesa que hiciera


en el sanatorio en que le fué amputada una pierna y serle
administrada la sagrada comunión, al salir de la operacién
con vida, escribió con pluma de ángel más qut de hombre
su famosa, Filosofía de la Eucaristía. Apenas terminada, sin
retocar siquiera, la llevó el Cardenal Reig, representante de
España, al Congreso Eucaristico de Chicago. Ya en la tra­
vesía# a bodo del Aquitania, los pelados de todos los países
d*> Europa que acudían a la magna asamblea quedaron ma­
ravillados del estupendo trabafo. Después, en el Congreso,
fué la voz de España que por el genio de Mella, ungido de
Dios, habla cruzado el Océano que antes pasara Colón y lle­
gado a América para que el viejo y el nuevo mundo se unie­
ran poclamando el universal triunfo de adoración al Rey
inmortal de los siglos.
Como epílogo, en Filosofía de la Eucaristía humilde­
mente se pregunta Mella:
«¿Qué se deduce de este estudio? Que la ratón humana
es cosa grande y magnifica cuando el orgullo no la hace
opaca para recibir la luz de lo sobrenatural. Por eso hay que
llevarla hasta la frontera, en donde terminarán sus furias,
para que sepa que no termina allí la realidad, sino que em­
pieza el océano insondable de lo infinito, que le dice con la
voz que. penetra en las almas que saben amar: «Póstrate y
adora. »
Siguió después trabajando en la filosofía de los restan­
tes sacramentos, que había de constituir el gran tratado de
la Filosofía dr la Teología ; pero no pudo terminarla, como
tampoco su Historia dr la Civilización. El Señor lo llamar
ba a Si.
Pero poco antes de morir aún dedicó la siguiente cuar­
tilla a Cristo Sacramentado:
” Señor: Tú que por unir sin confusión lo finito y lo in­
finito en tu divina persona eres el foco del amor y el centro
dt la unidad, enciéndenos en llamas de caridad tan ardien­
tes que nos hagan amar por Ti hasta el odio de nuestros
enemigos, y comunícanos un celo tan constante que nos Ueve
46 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL-

a atraer a nuestros hermanos separados para que vuelvan a


tu Iglesia y se abracen con nosotros al pie de tu altar, a firt
de que juntos proclamemos tu realeza suprema.
¡Que ella impere sobre esta sociedad que se desune, se'
enfria y decae en la medida en que te abandona!
¡Que tus brazosy extendidos por la misericordia, la es~
trechen sobre tu corazón, para que beba en él los raudales
de una vida que no muere
IX .—FU TU RA PROYECCION^ DE SU D OCTRINA

Para la restauración social y política de nuestra Patria,


la concepción política de Vázquez de Mella, su ideario de
reforma social y económica, y de política internacional, serán
antorcha que ilumine y guía certero en el camino del resur­
gimiento de la España tradicional y cristiana.
La monarquía legítima representativa y limitada; jerar­
quía de poderes; representación nacional basada en la restaura-
ción orgánica local y corporativa; autonomía de las regio­
nes y municipios para la administración de sus peculiares
intereses; Cortes representativas emancipadas del sufragio
universal, parlamentarismo y partidos políticos; democra­
cia jerárquica que niegue los principios del jacobinismo y
proclame que no todos tienen derecho a mandar porque el
Gobierno corresponde a la selección de los aptos y prepara­
dos , pero que todos tienen derecho a ser bien gobernados;
política internacional enderezada a la independencia y gran­
deza de España mediante el reconocimiento de sus derechos
al Mediterráneo y a su influencia en Africa y América, serán
supuestos ideales inexcusables en la futura política nacional.
Figura excelsa de España y del catolicismo, fué Mella,
el varón justo y eminente que buscó siempre el bien y la
verdad.
La Religión y la Patria fueron sus excelsos amores, a
los que consagró su vida toda; y en la mañana desapacible
r cruda del 26 de febrero de 1928, la Iglesia y España,
unidas en el mismo pesar y duelo, le condujeron hasta la
eternidad.
MANUEL Í)E BOFARULL.
LA EDUCACION

LA ENSEÑANZA RELIGIOSA

1. El deber de estudiar, conocer y amar a España.


2. La Iglesia, cátedra de enseñanza comparada.
3. La Religión formó el alma de España y su enseñanza debe
ser obligatoria.
4. Tributo al talento.
5. La Religión, manifestación del genio nacional.
LA ENSEÑANZA RELIGIOSA

1. El deber de estudiar, conocer y amar a España.

Si es necesario conocer a la Nación para amarla,


hay que conocer su vida íntima, hay que conocer la idea
directriz de sá historia, el principio vital que ha infor­
mado su ser y todas las manifestaciones de su. genio, y
para conocer eso, cuando se trata de España, hay que
conocer la Religión católica. Y entonces veréis brotar
como conclusión la necesidad de imponer la enseñanza
religiosa, incluso a los no creyentes, si queréis ser espa­
ñoles.
Pero, ¿es verdad que la Religión católica constituye
el elemento predominante y directivo de la Patria y de
la Nación española? ¡Ah! Para negarlo, a fin de eludir
la consecuencia de la ensieñanza religiosa obligatoria,
hay que negar su historia, es decir, negar a España. No
tengo más que trazar ante vosotros las líneas más gran­
des y más generales, de esa historia para demostraros
que la Religión católica es la inspiradora de España, la.
informadora de toda su vida, la que le ha dado el ser,
y que sin ella no hay alma, ni carácter, ni espíritu na­
cional.
Salimos de la uñidad externa y poderosa de Roma,
que tendió su manto a España, cerca de seis siglos, pero
ni con su inmensa red administrativa y militar, ni con
la transfusión de su lengua y de su derecho, ni con te-
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

rrib k s hecatombes que dejaron pavesas y escombros en.


los lugares que fueron ciudades heroicas, pudo salvar
las diferencias de las razas iberoceltas y de las coloni­
zadoras fenicias y helénicas, que. apoyadas en la diver­
sidad geográfica, latían bajo su yugo recibiendo su po­
derosa influencia, pero también devolviéndola y comu­
nicándola en la Literatura y el Imperio. Fué necesaria
una unidad más fuerte y más íntima que llegase hasta
las conciencias y aunase en un dogma, en una moral
y en un culto de almas, y las iluminase con la palabra
de les Apóstoles, y las ungiese con sangre de mártires,
y las limpiase de la ley pagana en los circos y en los
Concilios, estrechándolas cen una solidaridad interna
que. por ministerio de la Iglesia y del tiempo, se con­
vertirá en alma colectiva. Por eso, cuando el caudillaje
militar de los bárbaros se repartió los jirones de la púr­
pura imperial sobre el cadáver de Roma, la Iglesia se
interpuso entre el godo, arriano y rudo, y el hispanorro-
mano. católico y culto, y venció a los vencedores, in­
fundiéndoles la fe y el saber de los vencidos.
Cegó en los Concilios toledanos el abismo que los se­
paraba. formando aquel Código singular, el mejor de su
época, el Fuero Juzgo, donde brotaba ya, rompiendo la
corteza absolutista, el germen de la Monarquía cristia­
na. con la diferencia de] Rey y del tirano, y se armoni­
zaban los tres grandes elementos de la civilización que
empezaba: el romanismo. el germanismo y el cristia­
nismo, superior y más poderoso que los dos. Suprimió
la ley de castas y la separación familiar, sembrando la
semilla de la nacionalidad en un surco tan hondo que
podrá crecer y prosperar bajo las olas de la invasión
musulmana. Y cuando esa invasión se desborda, y las
legiones sarracenas se apoderan de las islas y de las
grandes ciudades del Mediterráneo, y saltan el Pirineo
y hacen temblar a Europa, ¿quién salva a la civiliza­
ción d¡e una catástrofe, organizando fe, lucha secular de
la reconquista. ¿Quien la dirige? ¿De dónde salen los
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 53

grandes ejércitos que van a pelear desde las montañas


hasta las llanuras y desde las llanuras hasta el mar?
Salen de las cuevas de los leremitas y tienen su base
de operaciones en los monasterios de las montañas. Esa
reconquista, que es la cruzada de Occidente, no es una
serie de guerras como las cruzadas de Oriente; es una
sola campaña, un inmenso campo de batalla, donde se
dan citas las generaciones y los siglos guiados por el
mismo plan que va trazando la Iglesia con la Cruz en
el suelo peninsular. El ejército central sale de la cueva
del Auseva; el de la izquierda baja del santuario de la
Borunda y de San Juan de la P e ñ a ; el de la extrema iz­
quierda recibe su impulso de los que se extienden por la
Marca Hispánica y acampa en Ripoll. y el de la derecha
aparecerá en la frontera de Portugal más tarde, sem­
brando de templos las etapas de su jomada. ¿Y qué su­
cede cuando esos ejércitos avanzan? Alfonso II, apoyán­
dose en algunos núcleos de resistencia que han quedado
intactos en Galicia, llevará un día sus fronteras hasta el
Miño; Ramiro II las llevará, después de la memorable
batalla de Simancas, hasta el Duero; Alfonso VI las lle­
vará hasta el Tajo, y Alfonso el Batallador hasta las ri­
beras del Ebro, desde Tudela a Zaragoza; y las hues­
tes que recorren la orilla del Mediterráneo que tendrán
que agitarse debajo de sus garras, llegarán con Beren-
guer IV hasta la desembocadura del Ebro, arrojando a los
dominadores más allá de la Ribera de Tortosa; y las
que siguen la línea del Atlántico llegarán con Alfonso
Enríquez a la desembocadura del Tajo, que los lanzará
a la desolada llanura del Alentejo. Y cuando una nueva
invasión, que parece que trae el desierto y la traslada
por encima del estrecho, nos ataca, todos los reyes avan­
zarán unánimes, porque Alfonso IX' de León entrega par­
te de sus guerreros y se queda de reserva con los de­
más, y entonces será la Iglesia la que extienda los
mantos de los caballeros de sus Ordenes Militares para
que cubran la tierra empapada con su sangre en el cen-
54 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

tro peninsular y puedan pasar sobre ella los reyes con­


federados alrededor de la Cruz y llevarla en triunfo por
el paso del Muradal, hasta las colinas de las Navas, y
descender después con un santo, que esconde el sayal de­
bajo del armiño, hasta el Guadalquivir, y llegar más
tarde a la Vega de Granada, y ponerla en sus adarves.
Y no se parará allí a dormir el sueño de la victoria reali­
zada, bajo pabellones de lau rel; se asomará al mar para
cautivarle y educarle con su fe y con su genio, y se, deten­
drá un momento a descansar en el pórtico de la Rábida
para convertirlo en el pórtico de un Nuevo Mundo, y por
medio de un sublime terciario, Colón, que anda buscando
dinero para una nueva cruzada, protegido por tres frai­
les. Fray Juan Pérez. Fray Antonio de Marchena y Fray
Diego de Deza, y por una reina que lleva por apellido
el de la Iglesia, cruzará por rumbos desconocidos el
Océano y pondrá el nombre de la Virgen, ofreciéndole
su empresa, a la carabela que dirige; el de San Salva­
dor a la primera isla que descubre; el de Santa Cruz
a la primera nave que construye en la Isabela; y al
desembarcar en Cádiz, después del segundo viaje, cu­
brirá su cuerpo con el sayal del franciscano. Y será en­
tonces cuando los guerreros emularán la fe de la legión
de misioneros más heroicos que el mundo ha conocido,
y, con el ardor del P. Olmedo o el P. Zumárraga, de An-
chieta y Montoya. el gran Cortés, apenas pasado Tabas-
co, pondrá el nombre de Veracruz a la primera ciudad
que levante en el continente mejicano. Y cuando aquel
glorioso aventurero, Vasco Núñez de Balboa, saliendo
de Santa María de Darién con un puñado de españoles y
dominando tribus indias que le secundan o se dispersan,
atraviesa, ante los mismos naturales consternados, ríos
que se desbordan, pantanos que tienen la muerte en la
superficie y en el aire, y selvas jamás cruzadas, itine­
rario que produce espanto en el ánimo de los viajeros
modernos, cuando, despues de exceder las fuerzas hu­
manas, ve tenderse ante sus ojos el inmenso mar del
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 55

Sur como un espejo que quiere reflejar tanto heroísmo,


antes de penetrar en él con la espada en la mano o to­
mar posesión de sus aguas en nombre de los monarcas
españoles, caerá de rodillas al lado de su capellán An­
drés de Vera, y entonará aquel Te Deum que, con ellos,
entonará toda nuestra raza, acompañados por el m urm u­
llo solemne de las olas del Océano que pronto va a que­
dar cautivo entre los brazos de nuestra costa y estre­
chado por nuestro genio.
Por la Iglesia fuimos con el P. Urdaneta y Elcano a
dar la vuelta al planeta, y con San Francisco Javier a
evangelizar millones de hombres más allá de las fronte­
ras donde pararon las victorias de Alejandro.
Por la Religión fuimos a pelear en los pantanos de
Flandes, para contrabalancear el poder de la Protesta,
que hubiera sucumbido sin la hora trágica en que se
hundió la Invencible; por ella hicimos la última cruza­
da en Lepanto, y fué nuestra nación, como se ha dicho
muy bien, la amazona que salvó a la raza latina de la
servidumbre protestante, y la libertad y la moral del
servo arbitrio, de la fe sin obras, de la predestinación
necesaria, con los teólogos de Trento y con los tercios
que pelearon en todos los campos de batalla de Europa;
y nosotros fuimos los que todavía, al comenzar el si­
glo xix, en las luchas napoleónicas, salvamos a Europa
de la tiranía revolucionaria del César, como se ha reco­
nocido, pues fué un francés. Chateaubriand, quien dijo,
con razón, que los cañones de Bailén habían hecho tem ­
blar todos los gabinetes europeos. Y en las contiendas
de los siglos xix y xx. ¿no es verdad que todo gira alre­
dedor de la Cruz? Nuestras luchas civiles, nuestras con­
tiendas políticas, o por afirmaciones o por negaciones,
todas se refieren a la Iglesia ; y nuestros enemigos de
hoy mismo, si se suprimiera el Catolicismo en España, se
quedarían asombrados, se quedarían absortos, unos y
otros, al encontrarse sin programa. El grado de odio y
de opresión a la Iglesia, lo que se ha de cercenar de sus
56 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

derechos, ese es el programa de los que se llaman an­


ticlericales, de modo que aun como negaciones viven en
esa afirmación soberana, que es el soporte espiritual de
la Patria.

(Discurso en la Real Academia de Jurisprudencia


y Legislación. 17 de mayo de 1913.)
2. La Iglesia, cátedra de enseñanza comparada.

El plan de la Redención, las verdades superiores


que supone, los medios que proporciona, y las obliga­
ciones que establece, necesitaban un depositario y un
intérprete que no hiciese inútil la obra divina por una
aplicación arbitraria y contradictoria. Y esto no podía
hacerse más que de tres maneras diferentes: o dejan­
do los medios y la interpretación a cada hombre de
modo que nadie sie equivocase y todcs fueran infalibles:
—o dejándolos a algunos que gozasen de esa prerrogati­
va—, o dejándolos a todos indirectamente por medio de
una sola autoridad que no se engañase nunca. Con lo
primero la restauración hubiera excedido al desorden,
desde el primer hombre, y, puesto que cayó, podía errar.
Lo segundo sería, o una multiplicación innecesaria de
autoridades que. siendo perpetua, destruiría la unidad
por la repetición de las unidades supremas, o haría in­
útil su variedad si la obra de todas había de ser única.
Luego no queda más que el tercer extremo: una autori­
dad, un intérprete de un órgano social proporcionado a
la naturaleza de la doctrina interpretada y de los me­
tí i¡ojS aplicados., y que se mantuviese uno. perpetuo y
exento de contradicción sobre todas las disputas de los
hombres que. por la triple diferencia de capacidad, de
cultura y de rectitud, rara vez se ponen de acuerdo, aun
en verdades naturales, si llevan aparejadas obligaciones
que liguen la voluntad. Y ese órgano social, inmutable
en su esencia e infalible en su autoridad suprema, es la
Iglesia Católica; y si queréis que os lo muestre con la
claridad de la evidencia, no necesito tampoco las múl­
tiples pruebas teológicas; me basta simplemente que la
miréis como una escuela filosófica cualquiera y compa-
53 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

rándola con todas las escuelas filosóficas que en el mun­


do han sido. Que como la miréis atenta e imparcial-
mente, sin que la pasión empañe los ojos, pronto descu­
briréis en ella el sello de lo divino
Evocad del panteón de la Historia todas las escuelas
filosóficas, que han pasado como noches o como auro­
ras por el entendimiento humano. Dejad el panteísmo
oriental sumergiendo la individualidad en el Océano sin
riberas del Dios-Todo; recorred todas las doctrinas de
la edad clásica desde el período presocrático hasta el que
se inicia en la Academia y el Liceo; observad cómo se
apagan los astros helénicos, lanzando llamas apenas
perceptibles en las últimas escuelas escépticas y sen­
sualistas ; fijad la vista en todos los cambiantes y ma­
tices del unitarismo neoplatónico. desde Plotino hasta
Proclo; seguid la restauración de Aristóteles, y le ve­
réis cristianizado y sirviendo de arsenal dialéctico para
la defensa del Dogma en las escuelas católicas, y troca­
do en panteísta con la unidad del entendimiento agente,
separado de los individuales a modo de razón imperso­
nal o identificada con la divina, en las escuelas arábi­
gas; ved el tumulto de disputas y de escuelas que se
inician con el Renacimiento, que resucita todas las va­
riedades y contradicciones del pensamiento griego, y
seguid el proceso intelectual que inaugura Descartes,
que completa Kant, y que se desarrolla en todas las di­
recciones del panteísmo germánico para morir en el mo­
nismo positivista de la evolución spenceriana, o en el
dualismo de los fenomenistas neokantianos, en el solip-
sismo de los más lógicos o en el antiintelectualismo de
los inmanentistas y pragmáticos. Miradas en conjunto
las escuelas filosóficas gentílicas y las separadas en ma­
yor o menor grado de la ortodoxia cristiana, represen­
tan el cuadro de una inmensa orgía intelectual, porque,
cuando se las lleva a sus últimas consecuencias y se las
quiere reducir a unidad, sólo la encuentran en estas
cuatro aberraciones con que tratan de resolver el pro-
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 59

blema funáiamisntal del conocimiento: o la identidad


esencial del sujeto y el objeto en el panteísm o; o la se­
paración de los dos, rompiendo la relación de correspon­
dencia entre elk>s, en el escepticismo y .el agnosticismo;
o la negación del objeto en el idealismo; o la identidad
de composición de los dos términos y la negación de todo
lo universal en el materialismo, que son las formas dis­
tintas de »ahogar la Unidad, o de m atar la Verdad, y siem­
pre la de sublevarse contra el Orden.
Mirad ahora la Iglesia católica. Es el más vasto sis­
tema de Filosofía y de Teología que ha brillado entre los
hombres. Hace cerca de dos mil años que ha puesto cá­
tedra, teniendo por discípulos a los pueblos más ilus­
tres, y, cuando apareció en la tierra, era ya el cumpli­
miento de los vaticinios de una cadena de profetas y la
confirmación de las creencias de un pueblo que llega
con sus orígenes hasta el umbral de la Historia. Y en ese
pueblo, que pudiera decirse que fué la Iglesia antigua,
se dió ya el extraño espectáculo de tener la Filosofía
más elevada sán tener filósofos; de ser el más codicioso
y tener más alto y desinteresado el ideal; de ser el más
indómito y tornadizo y conservarle intacto en su por­
ción más selecta. Y la Iglesia, que con él se enlaza, ¿qué
enseña sobre todas las grandes cuestiones que pueden
interesar al hombre? En Psicología afirma la unidad, la
identidad, la simplicidad, la espiritualidad y la inmorta­
lidad del alma humana, y la inteligencia y la voluntad
libre como facultades superiores. Y afirma la libertad de
tal mamiera, que es una de las bases subjetivas de su mo­
ral. En Teología afirma a un Dios como el Ser «a se», el
Ser necesario, que tiene en su esencia la razón de su
existencia, acto puro, creador, conservador, y providen­
te y fin de todos los seres. En Metafísica afirma los prin­
cipios de identidad, de contradicción, de causalidad, de
sustancialidad, la relación de los atributos finitos con los
atributos infinitos, y no hay una sola categoría ontoló-
gica que no haya sido iluminada con un rayo de luz des-
60 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

prendido de los misterios que enseña. En Cosmología,


la finitud del Universo y su origen por creación; en
Biología, la diferencia esencial entre la acción transiti­
va de lo inorgánico y la inmanente de la vida, y entre
lai vida sentitiva, ordenada, a lo particular y la vida inte­
lectiva a lo universal; en Lógica, todas las leyes de la
razón, inductiva y deductiva, porque no se puede lesio­
narlas, ni atacar ningún principio ontológico, sin lesio­
nar sus dogmas, y de ellas se sirve para exponer su doc­
trina ; en Etica, afirma un código de deberes para el in­
dividuo en sus relaciones con los demás y con Dios, sin
que quede un acto libre fuera de sus dominios; en De­
recho. formula uno supremo: el de alcanzar el fin últi­
mo que comprende como medios a todos los derechos
innatos, fundamento de los adquiridos; en Sociología,
afirma la familia como unidad primera monogámica,
indisoluble, de procedencia patriarcal y no de ridículos
matriarcados que son degradaciones parciales y posterio­
res; y la Sociedad, no como un organismo ¡supraorgáni-
co!, sino como una jerarquía de personas individuales
y colectivas enlazadas por la justicia, y un medio nece­
sario para que el hombre se conserve, perfeccione y
cumpla su destino, que no se encierra en la tierra; en
Derecho público afirma el Estado como un medio entre
dos fines, el inmediato y temporal del hombre, que le
está subordinado, y el último a que lo está el Estado
mismo, la jerarquía de los poderes sociales de que el
Estado es el más extenso, pero no el más independien­
te. puesto que está limitado por la independencia de los
demás, las libertades corporativas y públicas, las con­
diciones de la ley justa y los límites de la obediencia;
en Economía social, los fundamentos de la propiedad y
los deberes de la riqueza en favor de los necesitados;
en Religión, la Creación, la Caída, la Redención, la Igle­
sia, como un Magisterio, infalible para que no se altere
la 'Tradición y la Escritura, es decir, se afirme a sí mis­
ma, que es la afirmación de todas esas cosas, vive en
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL íll

medio de una constante controversia, y no hay un día


sólo de su historia en que haya podido reposar un mo­
mento, porque no ha cesado de combatir jamás. No h a­
bla sino para condenar las doctrinas de sus enemigos y
para afirmar las propias. Nunca investiga, nunca duda,
nunca vacila; afirma o niega; pero, como niega nega­
ciones, afirma siempre. Y por sostener esas afirmacio­
nes, ha perfumado el mundo con el sacrificio de sus
mártires y de sus apóstoles; su historia parece un río
de sangre que ha brotado de las llagas del Redentor, y
sus ondas nunca han dejado de correr sobre la tierra y
han salpicado todas las selvas, y han enrojecido todas
las playas; y esa escuela, con millones de discípulos
que dlan lai vida por confirmar su doctrina,, que ha ence-
rrado ten sus aulas a la aristocracia intelectual del gé­
nero humano, y que ha irradiado tanta luz. que basta
señalar en un mapa el punto adonde no haya llegado
entera o filtrada, para saber que todavía pertenece a la
geografía de la barbarie, está en pie hace cerca de dos
mil años, y es una, inmutable en su esencia, perpetua
en la sucesión de los tiempos, y. viviendo en controver­
sia continua y en contradicción constante, no se ha con­
tradicho jamás... Señores, ¿tiene otros caracteres la
verdad?
Si mira atrás, el origen de su origen está en el ori­
gen de la Historia. Mira adelante, y dice que no term i­
nará cuando concluyan los siglos, y que vivirá en los
cielos cuando se apaguen los astros, y. en presencia del
género humano, sigue repitiendo ante todos los errores
que pasan en tumulto delante de su Cruz, saludándola
militarmente al morir, con el ¡venciste! del Apóstata:
«Yo sola soy la verdad.» Si alguno me dice que 1este he­
cho, único en la Historia, no es obra de Dios, sino del
hombre, le miro con compasión. ¡El desgraciado niega
a Dios y se ignora a sí mismo, porque no sabe lo que
es el hombre!
(Discurso en Santiago.— 18 de mayo de 1902.)
3. La R eligión form ó el alma de España y su enseñanza
debe ser obligatoria.

La Religión fué en España la propulsora de toda


nuestra civilización; y cuando todavía en Parlamentos
que no quiero ahora calificar, en esos telares legislati­
vos que hacen y deshacen sin cesar Gobiernos..., todavía
se discute si la Religión se ha de enseñar en los Insti­
tutos y en las escuelas, yo les diría: ¡Ah!, ¿pero creéis
que hay algún ciudadano que se respete a sí mismo,
que puede ignorar el propio pueblo en que nació y en
que vive, y que tenga derecho a ignorarlo? Pues el que
no conozca el Catolicismo, que ha sido el alma de nues­
tra civilización, no será otra cosa que un ignorante de
la Historia de España. No le pido que escriba o que es­
tudie la historia de nuestros santos, desde los dos Após­
toles y los siete Varones Apostólicos, y los Mártires de
Tarragona y Zaragoza, que cantó Prudencip; le pido que
estudie y aprenda los iasgos más salientes de las ma­
nifestaciones de la actividad española.
¿Quiere estudiar la filosofía española? ¿Quiere estu­
diar nuestra admirable música? Que las estudie pres­
cindiendo de la fe que las animó y que les sirvió de
motor, que prescinda de ella en aquellas empresas na­
cionales que realizó España: la Reconquista, el descu­
brimiento y la civilización de América y del Pacífico, el
dominio del Mediterráneo, la lucha con la Protesta; que
las estudie separadas de aquel principio religioso que
ha sido el alma de todas ellas, y entonces, ¿qué Hidtoria
será ésa, más que un cadáver o una leyenda falsificada
o desfigurada, pues se suprime la idea directriz, el pen-
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 63

samiento motor, la voluntad y el amor que informan toda


la Historia de España?
Queríamos formar una generación católica y españo­
la ; queríamos que no estuviese esta generación despren­
dida de la cadena de los siglos que fueron; que no se
separase por un abismo de las generaciones anteriores;
que fuese la continuidad de la tradición viva que se con­
funde con la esencia de la Patria. Y eso ¡era un atenta­
do a la libertad! ¡Ah!, esa libertad que han invocado
los grandes sectarios no es más que la aplicación sin lí­
mites, en el orden social o político, de la libertad psico­
lógica, que consiste en preferir, entre los diferentes mo­
tivos, uno, o no preferir ninguno; esa libertad, después
de ahogarla en su origen, después de negarla con el da-
terminismo, después de sostener que el hombre no es
más que el resultado de una evolución fatal, o que no
ea nada más que el fenómeno sin sujeto del agnosticis­
mo, vienen a pedirla absoluta en el orden social y en el
orden político, sin ver que, al romper las relaciones con
Dios, al ponerla como un ariete contra esas relaciones,
niegan a Dios y vuelven a caer en aquellas doctrinas
agnósticas y monistas, que era de donde habían parti­
do para destruirla, negándola así al principio y al fin.
pero explotándola ilógicamente contra los que la afir­
man y la defienden contra tales aberraciones.

(Discurso en ei teatro de lu Zarzuela .—1 abril 1922.)


4. Tributo al talento.

Su Señoría me hablaba de las injusticias que ha­


cemos negando méritos intelectuales a hombres que no
profesan nuestras creencias, y decía que así se había
juzgado aquí mal a Jorge Hegel, hasta que le juzgó de
otra manera un ilustre filósofo, de memoria para mí ve­
nerable, el Padre Ceferino González. Yo recuerdo que
le llamaba el profeta apologista de la idea, y que decía
que hubiera sido el Santo Tomás del siglo xix si hubie­
ra esclarecido su conciencia la luz del Cristianismo.
¡Ah. señor Azcárate! Yo soy uno de los que reconocen,
sin necesidad de que lo dijera el Padre Ceferino, el ge­
nio de Hegel, que, aun partiendo de una identidad ab­
surda y tratando de sacar lo real de lo ideal, y lo con­
creto de lo abstracto, regía de tal manera las deduccio­
nes y tenía muchas veces tales adivinaciones-, que pudo
decir de él gráficamente otro insigne católico, Menén-
des y Pelayo: «que no había una esfera de la ciencia en
que no hubiese dejado grabada su huella de león.» Y,
¿cómo no hemos de reconocer el mérito dondequiera que
exista, si toda la Edad Media cristiana tributó homena­
je. muchas veces excesivo, hasta convertirlo en una es­
pecie de razón de Iglesia supletoria en la mente de al­
gunos doctores, a un filósofo pagano, como Aristóteles?
Pues qué, ¿el maestro estagirita, el filósiofo por a-ntono*
masía, aquel que muchas veces resolvía con la autori­
dad de su palabra las contiendas en la escuela, era aca­
so clerical, nacido en el ssno del Cristianismo, ungido
por la fe de Cristo? Y, sin embargo, todas aquellas escue­
las, lo mismo las que se apoyaban en él para defender
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 65

las enseñanzas católicas como las que le tomaban como


base de operaciones para fines opuestos, como las ará­
bigas, todas le rendían t r i b u t o ; hasta hubo algún
católico que tuvo el honor de luchar y de ser vencido
por Santo Tomás de Aquino, Siger de Brabante, que
sostenía aquella absurda teoría de Averroes, según la
cual una cosa puede ser verdadera según la fe. y falsa
según la razón; y quería, llevado de su veneración al
filósofo cordobés, cristianizarle, a pesar de ser casi pan-
teísta y musulmán. Era tal el respeto que profesaban los
filósofos cristianos a los gentiles, que varias veces ha
tenido que intervenir la Iglesia para evitar ese amor,
en ocasiones excesivo y causa de no pocos descarríos.
Y en muchas escuelas católicas, como las de los je­
suítas, de tal modo se enseñaron las humanidades en el
siglo xviii, que, por haber salido de sus aulas algunos
de los grandes que olvidaron la doctrina católica que allí
habían aprendido, no ha faltado algún ilustre sacerdote
y apologista que escribió un libro titulado Sobre la his­
toria del origen del mal en Europa , que considerase
aquellas enseñanzas de la literatura gentílica tn las cá­
tedras de las Ordenes religiosas y el espíritu que de
ellas se desprendía como una de las causas de la Revo­
lución. Reconocer el mérito en donde está. ¿Quiere Su
Señoría que se lo diga? Si S. S. estuviese ausente..., no
me atrevo a decirlo, porque está S. S. presente. Yo re­
conozco en algunos virtudes naturales que yo no tengo,
viviendo en una atmósfera cristiana penetrado por lo
sobrenatural y pudiendo recibir mejor las altas inspi­
raciones de la gracia, sin duda por una naturaleza más
rebelde al bien que la vuestra, pero más afortunada al
pertenecer a un redil que yo no podía escoger y del que
he tenido la dicha de no salir ; yo admiro en los demás
las virtudes que no poseo. ¿Cómo entonces habéis de su­
poner que yo, con un orgullo satánico, me crea con una
superioridad moral e intelectual a vosotros?
¡Cuántas veces nos lamentamos, al leer los libros de
s
66 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

los filósofos y pensadores heterodoxos del siglo pasado y


los del presente, que no hayan reconocido toda' la ver­
dad, no para añadirle nuevos resplandores, sino para co­
municarlos a las inteligencias que los necesitan y con
ellos serían más grandes!
Admiramos la fuerza nativa del talento y lamenta­
mos que se vuelva contra sí mismo poniéndose al servi­
cio de una causa que al fin le mata, al querer matar la
idea religiosa. El término de toda secularización, que es
el término de todo anticlericalismo, es la muerte de la
Religión.

(Discurso en el Congreso de los Diputados .—6 de ju ¿


7iio de 1913.)
5. La Religión, manifestación del genio nacional.

En nombre de la cultura española y de la Histo­


ria de España, la Religión católica debe ser obligatoria
para todos los que han nacido en el suelo español.
Un pueblo (lo he dicho en otra parte, y, como yo no
tengo doctrinas diferentes cuando hablo en una Acade­
mia y cuando hablo en el Parlamento, lo que he dicho
allí lo mantengo aquí, aunque más brevemente), un
pueblo no es culto nunca si se ignora a sí mismo; un
pueblo que se ignorase a sí mismo, sería tan ignorante
como un hombre que. no supiera su propia biografía.
Y un pueblo se ignora perpetuamente a sí mismo si
no conoce su historia; y no conocerá su historia si no
conoce sus creencias, los sentimientos, las aspiraciones
que le animaron; y cuando ese pueblo es España, no ne­
cesito yo demostrarlo, porque está en la mente de to­
dos: no hay una manifestación del genio nacional, ni
en filosofía, ni en religión, ni en ciencia, ni en artes,
ni en las más altas empresas sociales de la historia, des­
de que salimos del dominio romano hasta las mismas lu­
chas civiles y políticas de estas centurias y de las pasa­
das, que no esté de una manera o de otra, por amor o
por contraste, inspirada por el sentimiento religioso de
nuestro pueblo. Y si esa religión ha penetrado en nues­
tra constitución social, porque ha penetrado en la fami­
lia y en la sociedad, y ha transformado nuestro derecho
público, y ha hecho nuestra constitución interna porque
ha sido la que formó el alma nacional y ha labrado el
carácter común, quien la ignore, ni en las artes, ni en
las ciencias, ni en la religión, ni en los grandes hechos
6S VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

de nuestra historia podrá penetrar. No le será lícito aso­


marse. por decirlo así, al alma de las generaciones que
pasaron; no podrá saber lo que fué la gran centuria xiv,
cuando llegamos a aquella explosión espiritual de nues­
tra raza ante la cual, según la frase de un escritor po­
sitivista, el mundo, subyugado por nuestro genio, tuvo
que doblar la cabeza para dejarnos pasar; no podrá sa­
ber lo que es el mundo espiritual de nuestra raza, ni
sorprender los secretos de nuestros artistas, ni admirar
el ingenio de nuestros filósofos, ni la elevación subli­
me de nuestros teólogos, si no conoce la religión cató­
lica, forma substancial de nuestro pueblo, motor de
nuestra raza, agente vivo de nuestra historia. Dejar,
pues, que la religión católica, inspiradora del alma na­
cional, no sea estudiada ni comprendida, no es obra de
cultura: es obra de barbarie.
Pero aun tratándose de España, si miramos al con­
junto de las obras científicas que se vienen desplegando
en nuestro tiempo y que constituyen un timbre de ho­
nor, una verdadera gloria de la edad presente; ese afán
de saber que. lo mismo en las ciencias naturales que en
los estudios históricos, se ha despertado en legiones de
investigadores, penetrando donde no habían penetrado
otros, al estudiar desde la arquitectura de los átomos
hasta la arquitectura de los astros o descubriendo con
el microscopio y queriendo examinar las corrientes de
la vida en la entraña de las células, y con el telescopio
hasta las manchas de] sol; cuando como si fuesen pá­
ginas de un libro recorre todas las capas geológicas del
planeta y, deseando conocer todas las edades, ha ido a
buscar entre los montículos de Babilonia y Nínive ver­
daderas bibliotecas de ladrillos cuneiformes, donde ha
estudiado civilizaciones que estaban sepultadas; y ha
penetrado en las edades históricas y en aquellas que pre­
ceden a la historia, y ha revuelto las tumbas, y los. hue­
sos. y os pe emales prehistóricos para encontrar allí
go que sea como el vestigio de unas instituciones que
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACiON NACIONAL 69

pasaron; y cuando la Humanidad está sedienta de sa­


ber, no puede ignorar esa gloriosa institución que ha
puesto en el mundo cátedra hace dos mil años, y que, an­
tes de que apareciera en él para dividir en dos hemis
ferios la Historia y las Edades, tenía una inmensa dinas­
tía de protetas y patriarcas que llegaban hasta los pri­
meros albores de la Historia; y cuando esta institución
gloriosísima ha abarcado el linaje humano, y no hay
nada—desde la caída de Roma, desde la invasión y la
conversión de los bárbaros, desde la lucha del Pontifi­
cado y del Imperio, el movimiento de las Cruzadas, los
grandes cismas que desgajaron y dividieron la Cristian­
dad, y desde la lucha de la Reforma, en el siglo xvi,
hasta la Revolución francesa, con todas sus consecuen­
cias, hasta todo lo que hoy amamos o combatimos—, no
hay nada que no esté unido de tal forma a ella que has­
ta un impío, como Renán, pudo decir, señalando a la
Cruz, que la Iglesia lleva en sus manos a través de los
siglos: «Tú serás la bandera en tomo de la cual reñi­
rá la Humanidad la última batalla.»
¡No se puede imponer a nadie la enseñanza de una
institución sin la cual está suprimida toda la Historia,
sin la cual la Historia no es nada!

(Discurso en el Congreso de los D iputados .—6 de ju ­


mo de 1913.)
11

LA ENSEÑANZA LAICA

1. El maestro neutro.
2. El Estado neutro y la Enseñanza laica.
3. Los grados de secularización docente.
4. Libertad de pensamiento en la Cátedra.
5. La secularización conduce al ateísmo.
6. Otros errores.
7. La Institución libre de enseñanza.
8. La libertad de conciencia y de cultos.
9. El entendimiento y el problema religioso.
10. La intransigencia y la tolerancia.
n
LA ENSEÑANZA LAICA

1. El m aestro neutro.

Cánovas del Castillo, desde la tribuna del Ateneo


y desde el Parlamento, ha anatematizado, diciendo, con
razón, que no tenía derecho una sociedad a impo­
ner, contra la voluntad del padre y de la familia, una
enseñanza que ambos rechazaban. Si hay algo absurdo,
algo que sea antítesis de la libertad humana, es el maes­
tro neutro, que ni siquiera pertenece a los géneros en
que está dividida la Humanidad. ¿Qué haría ese maes­
tro en presencia de su discípulo, que. cuando llegue en
la Historia Universal al magno acto de la Redención, le
preguntase?: «¿Qué opinas de Jesucristo y de la Igle­
sia?» «¡Ah!—respondería el maestro neutro—. Lo que
yo pienso no puede decirse; sería atacar a la libertad de
conciencia.» Y el maestro tendría que profesar la hipo­
cresía ante el alumno; pero eso no se realizaría jam ás;
sería necesario amputarse la conciencia; y el maestro
no sería hipócrita, aparentaría permanecer neutral; pero
concluiría faltando a ello por inculcar el virus racionalis­
ta en el alma de sus discípulos. La neutralidad sería
mentida, porquie, cuando llegjase el momento último, se
cerrarían las escuelas en nombre de la libertad de en­
señanza, como ha ocurrido en Francia.
74 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

Este es el progreso heterodoxo; así van a regenerar


y a libertar la sociedad española, con la libertad de cul­
tos que no aumentará un templo más que no sea cató­
lico; con el matrimonio civil, con la secularización de
cementerios; con esto se va a salvar la sociedad espa­
ñola.

(Discurso en O viedo.—A bril de 1916.)


2. El Estado neutro y la Enseñanza laica.

Hay una ley sociológica comprobada por la His­


toria, que yo me atrevo a señalar y a formular así: No
puede haber comunidad de instituciones donde no hay
comunidad de principios. Una institución es la realiza­
ción de un principio y no de los contrarios. Toda insti­
tución supone una necesidad que la origina, un fin a que
tiende, medios proporcionados para alcanzarlo, y cuan­
do hay diferencias sustanciales de concepto acerca de
la necesidad, del fin y de los medios, los que se agru­
pan en ella estarán separados por abismos, no permane­
cerán unidos interior y libremente, sino sujetos por el
lazo externo de la fuerza y dispuestos, apenas se rompa,
a formar instituciones diferentes según los diferentes
principios.
No hay una institución en que no se manifieste esa
ley. La más grande de todas, la Iglesia, la confirma;
cuando no se acepta su doctrina o su autoridad, se apar­
ta de ella el grupo disidente formando la herejía y el
cisma. En el Estado, creencias opuestas lo disgregan for­
mando Estados diferentes, o. por lo menos, con autono­
mía federativa, como sucedió en las luchas religiosas
provocadas por la Reforma, y como sucede ahora que la
diversidad de creencias acerca de la sociedad y el po­
der forman partidos que son Estados dentro del Estado
que quieren construir conforme al plano de sus respec­
tivos programas.
Mientras no se cambie la naturaleza humana, para
que inteligencias con juicios opuestos acerca de las mis­
mas cosas piensen de igual manera, y voluntades diri-
76 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

gidas a fines contrarios obren del mismo modo, impera­


rá esa ley, que prueba cómo el error y la pasión no son
capaces de destruir otra ley más alta y que ésa confir­
ma, cuando en medio de la más profunda división, de
la más honda discordia, los que niegan la unidad, la an­
dan buscando para imponerla a los demás y sustituir
con una nueva la que destronaron.
¿Y a esa unidad negativa de grupo por oposición a
la unidad positiva que se combate, revelada en el an­
tagonismo de las creencias, podrían substraerse las ins­
tituciones docentes? Precisamente por ser los estableci­
mientos de enseñanza sociedades intelectuales y morales,
es donde primero se manifiesta la discordia y donde, a
pesar de todos los artificios legales, se rompe la unidad
de la escuela.
La escuela única (y hablo, con ese término genérico,
de todos los grados de la enseñanza) súpome enseñanza
única, y ésta un concepto idéntico del hombre y sus re­
laciones, De la contestación que se dé a las tres pregun­
tas perpetuas que ningún ser racional puede dejar de
formularse sin dejar de serlo, acerca de su origen, su na­
turaleza y su destino, depende la respuesta que se for­
mule en materia de Religión, de Etica, de Derecho natu­
ral, de Sociología, de Pedagogía.
Si no hay unidad de símbolo en la doctrina y de de­
cálogo en la moral, no puede haber enseñanza única ni,
por lo tanto, escuela única. Con dos conceptos opuestos
del hombre, no puede haber una sola enseñanza para el
hombre.
Por eso, cuando un Estado neutral, a un tiempo ig­
norante y pedagogo, quiere imponer la unidad de la es­
cuela sobre la diversidad de creencias, no le quedan más
que dos procedimientos y dos formas para realizarlo: la
escuela neutra y la Universidad anárquica.
La escuela neutra es la supresión de la enseñanza re-
ligiosa de los creyentes en favor de los que no creen. La
Universidad, como conglomerado de sistemas, donde se
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 77

hablan las lenguas de todas las sectas, es una Babel.


Hacina en las cátedras a la juventud, para que en unas
oiga decir que sí, en otras no, y en otras qué sé yo, y
del choque de tantas opiniones, del remolino confuso de
ideas heterogéneas en torno de inteligencias sin prepa­
ración y sin dirección por seguir varias corrientes a un
tiempo, quedan, no las bases de una cultura sólida, sino
la anarquía mental y la niebla del escepticismo, que
mata la fe y el entusiasmo en las almas.
Amputación de las creencias, mutilando la concien­
cia, o anarquía primero y escepticismo después. Tal es
la terrible disyuntiva, sepulcro de las civilizaciones que
se pudren, adonde va a parar la escuela única, crea­
ción ficticia y externa de una ley tiránica con enseñan­
zas contrarias que la niegan y la desgarran por dentro.

(Discurso en la Academia de Jurisprudencia..1—17 de


mayo de 1913.)
3. Los grados de la secularización docente.

Vamos a examinar brevemente algunos grados de


la secularización en la enseñanza. Ya sé que por juris­
consultos distinguidos ha sido admirablemente tratado
este punto desde el derecho vigente; yo no voy a insis­
tir sobre esta cuestión, y como me gusta plantear los
problemas clara, escueta y lógicamente enfrente de los
adversarios, aceptando, provisionalmente, hasta sus prin­
cipios, para combatirlos con las consecuencias que de
ellos se deducen, prescindo en absoluto de todas las leyes
vigentes, y empiezo por decir: Quemad, si queréis, toda
la ley de enseñanza de Moyano del 57, que era en par­
te una traducción de la ley belga de entonces; suprimid,
si queréis, la Constitución del 76, con el artículo 11 y
con los artículos 12 y 13; suprimid todas las Reíales ór­
denes que han venido aclarando o enturbiando ese ar­
tículo y prescindid también de los primeros artículos
del Concordato. Yo me encuentro en presencia de un
Estado que se llama católico, y ni siquiera quiero ape­
lar a esa cualidad para combatirlo. ¡Católico se llama!
Ya me contentaría yo con que fuese musulmán. La co­
rriente de la palabra me ha llevado a ponerle por deba­
jo del Estado musulmán; pero no retiro la frase, por­
que, si fuera musulmán, afirmaría siquiera un Alá, y
una Providencia, y una vida futura, como límite a los
descarríos de la libertad; si fuera musulmán, podría
gozar de aquel derecho que en el emirato independien­
te, o califato ya, de Córdoba, se concedía a los católi­
cos, cuando había, en las afueras de la ciudad, ocho mo-
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 79

nasterios con numerosos monjes equiparados en el or­


den económico a los conquistadores, y, dentro de ella,
escuelas donde se enseñaba libremente la doctrina cató­
lica y toda la ciencia isidoriana, representada por Spe-
raindeo, por Sansón, por Alvaro y San Eulogio, sin la in­
tromisión de los Califas de entonces, edificante contraste
con la intervención de los directores de Instrucción pú­
blica y los ministros de ahora. Van a llegar tiempos
como aquellos en que el gran Fenelón, gimiendo bajo el
cesáreo yugo de Luis XIV, al ver oprimida y vejada a
la Iglesia de su patria por las libertades galicanas, que
él llamaba, con razón, libertades ante el Papa y servi­
dumbres ante el Rey, decía: «Queremos la libertad, ¡si­
quiera como en Turquía!» Pues bien, hemos llegado nos­
otros a un momento en que podemos pedir al Estado ca­
tólico, como una gracia, siquiera la libertad del califato
de Córdoba.
La enseñanza religiosa se declara potestativa en la
escuela. A primera vista, esto parece que no tiene gra­
vedad alguna, que es una reforma muy modesta: ¡de­
clarar nada más que potestativa la religión para no
ofender, por supuesto, la famosa libertad de conciencia!
El Estado que declara que la enseñanza es meramente
potestativa, y que el padre que quiera puede retirar a su
hijo de la escuela con el pretexto de que profesa religión
distinta a la católica, aunque no sea verdad, no advierte
que en esa declaración se contradice y se niega a sí mis­
mo; porque al declarar que el padre puede obligar al
niño hasta a la ignorancia religiosa, reconoce en el pa­
dre el derecho de educarle y de enseñarle; y entonces
niega su propio monopolio, ya que afirma que pertenece
a la patria potestad hasta un derecho sobre el fin últi­
mo del hombre, el de vedar al hijo el conocimiento de
Dios y de la relación que con El le liga. Y si reconoce
esa potestad en el jefe de la familia, es claro que el
maestro será un delegado que sustituya al padre en su
derecho de enseñar y educar, y no un delegado y un fun-
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL
80

Clonarlo del Estado, lo cual es negar la tesis del monopo­


lio docente y del pedagogo supremo.
Pero la declaración del Estado, además de la con­
tradicción, incluye la impiedad. Considerar como potes­
tativa la enseñanza de la religión es afirmar que es li­
bre y potestativo el aceptar o no las relaciones que ligan
al hombre con Dios en el orden natural y en el orden
sobrenatural, que en eso consiste la religión; y el Estado
que declara que esas relaciones no son obligatorias, sos­
tiene implícitamente que esas relaciones no existen, o
que si existen, no son conocidas, o que, si son conocidas,
no hay el deber de conformar el entendimiento ni la vo­
luntad con ellas; y cualquiera de esos tres supuestos im­
plica el ateísmo, porque Dios no sería fin del hombre si
éste pudiese prescindir de las relaciones de dependencia
con El en los actos de la vida.
Así, la declaración de que la religión es potestativa
lleva necesariamente implícito el ateísmo ; y lleva nece­
sariamente la degradación y el envilecimiento del niño,
porque al colocarle entre dos magisterios rivales: el de
su padre, que puede pedir al maestro que enseñe o no la
religión, y el del maestro, que puede manifestar lo con­
trario; entre el Estado, que declara potestativa la reli­
gión, y la Iglesia, que la declara obligatoria, pone en­
frente al ciudadano y al cristiano, parte, por decirlo así,
en dos su conciencia, y al niño que acaba de salir del ho­
gar lo lianza a un campo de batalla cuando está inerte,
y cuando no puede ni siquiera llevar las armas de su fe.
Y en esa lucha con que empieza su vida verá al compa­
ñero que abandona la escuela para no oír hablar de Dios
porque su padre le impone la ignorancia religiosa; oirá
una afirmación en su casa, otra en la escuela y otra al
condiscípulo de aula y no tendrá punto de apoyo’ ni la in*
e ígencia ni el corazón, que empiezan a desarrollarse; ca­
recerán e a firmeza de principios y de normas de que
nace la firmeza de los caracteres; su voluntad quedará
a rofiada, su entendimiento herido por la duda, y enton­
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 81

ces no será la escuela’ fábrica de fundición de caracteres,


sino fábrica de máquinas de dudar, de ciudadanos muti­
lados.

( Discurso en la Academ ia de Jurisprudencia.—17 de


m ayo de 1913.)
4. Libertad de pensamiento en la Cátedra.

¿Conocéis cosa tan singular como esa entidad que


ha aparecido ahora de nuevo en el mundo y que se llama
el maestro neutro? Penetrad en ese concepto y veréis
que es tan degradante y vil que hay que rechazarlo, no
sólo en nombre de la Religión, sino de la naturaleza y
de la dignidad humanas. ¡Un maestro que en presencia
de sus discípulos no se atreve ni a negar ni a afirmar
nada acerca de las cuestiones que más interesan al hom­
bre! Ese maestro enseña Historia, porque la Historia for­
ma parte esencial de la cultura, y al referir los grandes
sucesos históricos, tiene que hablar un día del Cristianis­
mo, tiene que hablar de la Iglesia católica, tiene que ha­
blar de sus luchas para mantener su independencia en­
frente de los Césares de otros tiempos y de los Césares
posteriores...; tiene que hablar de las instituciones que
ella informó y de las inmensas consecuencias sociales que
deja como estelas en el mundo. ¿Y qué dirá el maestro
neutro acerca de esas cosas? Nada dice; se calla. ¿Por qué
se calla? Se calla porque no sabe nada acerca de esas
cuestiones. ¡Ah!, pues si no sabe juzgar de los grandes
hechos históricos, de sus causas, de sus consecuencias, de
sus resultados, que abandone su puesto y se retire; no
es él quien debe enseñar, sino quien diebe ser enseñado.
Entonces lo que habrá que hacer es trabajar en su inteli­
gencia lo bastante para ver si deja siquiera de ser tonto.
Pero ¿es que lo sabe? ¿Es que conoce cuáles son las
consecuencias y cuáles son los principios que han produ­
cido e informado esos hechos y tiene acerca de ellos un
criterio y un juicio formados? Entonces, ¿por qué ante
la pregunta insistente del discípulo se calla? ¡Lo sabe y
calla! ¡Oh!, entonces, si la verdad que tiende al proseli-
tismo, la certeza que tiende a extenderse, la co n v icció n
firme que tiende a comunicarse, se detienie en aquella con-
VAZQUEZ DK MELLA V LA EDUCACION NACIONAL 93

ciencia y no sale a aquellos labios, es porque no anida


en aquella alma con la sinceridad, que es su aroma; en­
tonces, el que antes considerábamos como un inepto, será
otra cosa peor todavía, será un hipócrita que calla la ver­
dad, que oculta, que no se atreve a comunicar sus convic­
ciones, o por no perder el puesto, o por rendir servilmen­
te acatamiento a un,a ley criminal, o por inepto que no
sabe juzgar acerca de los hechos más culminantes en la
vida de los hombres. Escoged cualquiera de los términos
de la disyuntiva y veréis cómo baja del maestro al dis­
cípulo el envilecimiento de la inteligencia, o la degrada­
ción de la voluntad, porque siempre, siempre el ejemplo
aerá el maestro más grande. ¿Y qué moral será la de una
juventud que penetra en un aula donde sabe que no ha­
bita ]a sinceridad, porque el maestro neutro la ha mata­
do, dejándola como un cadáver a la puerta?
Pero subamos un escalón más. Ya no es la enseñanza
potestativa de la religión en la escuela, ya no es el maes­
tro neutro, no; es ya el profesor en la plenitud de su
derecho rigiendo ampliamente, sin fronteras para su al­
bedrío. la inteligencia de los discípulos. Es el proflesor que
goza de la llamada libertad de la cátedra, aunque casi
siempre se reduzca a la del catedrático, para enseñar to­
das las doctrinas, y si quiere, para barrenar todos los fun­
damentos sociales. ¡Saludemos esa suprema libertad del
maestro! Nada le detiene, por lo menos, en el orden es­
peculativo y doctrinal. El puede, si quiere, en nombre de
su derecho, atacar el derecho, y. en nombre de su liber­
tad, negar la libertad
¡Oh! No hay, al pancer, cosa tan libre; pero si se
reflexiona bien, nada hay exteriormente tan libre como
tirano. Mirada desde arriba la libertad del tirano, no tie­
ne límites; mirada desde abajo, donde los oprimidos se
quejan, es claro que la libertad de aquél está formada con
la merma de la libertad de todos los que sufren.
Ese hombre colocado en esa cátedra, sin obligaciones
que la ley no le exige, no le contienen, no es más que un
84 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

tirano enfrente de conciencias y voluntades que valen,


por lo menos, tanto como la suya. El goza de plena liber­
tad de conciencia. ¿Y sus alumnos? ¡Ah! Sus alumnos,
inermes aún, sin energías para sostener las armas, ni pre­
paración para el combate, tienen una posición inferior y
desigual enfrente del catedrático. El, por la altura del
cargo, por la jerarquía social que ocupa, por el conoci­
miento de la materia que enseña, por el prestigio de la
cultura que se le supone, goza de una superioridad privi­
legiada para ejercer, si quiere, un despotismo intelectual,
imponiendo las doctrinas más absurdas a los discípulos,
rendidos a su esclavitud ante su libertad. Pero esa im­
posición dogmática ejercida en nombre de la libertad so­
bre los que r.o pueden defender la suya, no es, señores,
una imposición y una enseñanza gratuita, es una enseñan,
za que rscibe una remuneración pública. ¿Y de dónde
sale? Pues tratándose de España, el profesor anticatólico
la recibe, en su totalidad, de los que no piensan ni sien­
ten como él y oponen su conciencia de cristianos a sus
dogmatismos de sectario; y si se comparan su imposición
dogmática y la procedencia de su sueldo, habrá que darle
un nombre y decir de él que es un tirano que se convierte
en un verdugo a sueldo de las víctimas.
¿Cuál es entonces la conclusión práctica que se deri­
va del concepto del Estado interconfesional y neutral, y
de su invasión ilógica en la enseñanza? ¿Acaso mi tarea
es exclusivamente negativa? ¿Es que yo no voy a señalar
más que las inconsecuencias y las contradicciones que re­
sultan de negar la obligación religiosa en la enseñanza pri
mana, de afirmar la neutralidad de la escuela y la liber­
tad sin fronteras en la cátedra? N o; lo que voy a deducir
es una consecuencia que el Estado neutral no se atreve a
sostener, pero que es eminentemente lógica y que basta
ella sola para darle la muerte. Discurramos un poco y
aparecerá ante vuestros ojos clara como la luz.
(•Discurso en la Academia, d'e Ju rispru den cia. —1? de
mayo de 1913.)
5. La secularización conduce al ateísmo.

Secularizar, sencillamente, como Viviani. como Jau-


rés y como todos los librepensadores lo han declara­
do, es descristianizar, es descatolizar, es querer arrancar
de la vida individual como de la vida pública, primero del
Estado, después de la sociedad, por último del individuo,
que no pueden tener normas religiosas opuestas y dife­
rentes, la raíz de la religión y de todo lo sobrenatural.
Si no es eso. no es nada. Si se quiere secularizar, como
decía el señor Alvarez, desde el nacimiento hasta la
muerte, pagando por la escuela, entonces, ¿qué le queda­
ría a la Iglesia si ste secularizan todas las cosas? Y esa se­
cularización, arrancando de raíz todos los principios reli­
giosos, no es, ni menos ni más, que el ateísmo.
La religión no es nada; sieria un vocablo vacío si no
fuese el conjunto de relaciones naturales v sobrenatura­
les que ligan al hombre con Dios, y. por consiguiente,
tiene que abarcar todas ias formas individuales y socia­
les en que el individuo se manifiesta; y no soy yo. es
Renán el que con razón decía que la religión produce
si|empre efectos civiles, efectos sociales y efectos po­
líticos.
La religión católica —de la que un filósofo alemán de­
cía que era el cristianismo absoluto— tiene una antropo­
logía, una teodicea, una ética, tiene un derecho natural,
en su Símbolo, en ru Decálogo, en su Sermón de la Mon­
tana, y tiene que producir consecuencias y efectos civiles,
y sociales, y políticos. Lo que hay es que el Sr. Azcárate
todavía está influido por aquel extraño concepto de reli­
gión de una secta que fué el viejo krausismo, que la con-
86 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

sideraba como una de tantas esferas, como un comercio,


como el arte, como la ciencia, en que se realizaban los
llamados fines humanos Había que encerrarla en aquella
esfera, y como no admitía más que un concepto panteísta
de la vida, que era la realización de una esencia común
y única que se manifestaba en las determinaciones indi­
viduales y sociales, y como no admitía un fin supremo y
ultraterreno en el hombre y una institución especial para
alcanzarlo, afirmaba una igualdad de fines que no eran
más que manifestaciones diversas de la actividad huma­
na, y así quedaba encerrada la religión en aquella esfera
de tan reducido tamaño; como si yo para combatir la de­
mocracia. o la república, o el socialismo, fabricase de an­
temano y previamente un concepto arbitrario conforme a
mis principios y procurase encerrar en él vuestras doctri­
nas. Cuando yo os acusase y combatiese desde ese punto
de vista, vosotros teníais razón para decirme que yo no
tenía derecho a fabricarme un concepto arbitrario de
vuestras doctrinas, sino que debía discutirlas tal como
vosotros las afirmáis y sostenéis.
Pues cuando se quiere combatir a la religión, no se la
dsbe desnaturalizar y reducir a esa esfera arbitraria; hay
que verla como ella es, como ella se define á sí misma,
como la afirman los creyentes, y no como la desnatura­
liza el vulgar filósofo alemán.
Decís que hay que secularizar toda la vida, y cuando
se afirma la secularización como un deseo, afirmáis ante
toda Europa que España está oprimida, vejada, y muchas
veces, al oiros hablar de libertad de conciencia y de pen­
samiento, los ojos miran a vuestras manos y a vuestros
pies a ver si lleváis las esposas y el grillete, porque ha­
bláis como si estuvieseis, encadenados, cuando aquí tenéis
bautizo civil, entierro civil, casamiento civil, y todos los
civilismos que se os antojen. Lo que hay es que vosotros
lo que querríais es hacer para los creyentes obligatorio
aquello que ahora tené'.s para vosotros, o para quien 1°
quiera, como voluntario; y así se da el caso in v e r o sím il
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 87

de que el Estado —que tiene el derecho, y lo ejercita cons­


tantemente, para conocer en sus estadísticas todos los
nacimientos, todos los matrimonios, todos los entierros—,
no tiene derecho, ni lo ha tenido nunca, no ya desde el
punto de vista religioso, sino desde el punto de vista del
más elemental derecho natural, a que él, que ha venido
en último término, como la postrera consecuencia y coro­
lario de una jerarquía ascendiente eje sociedades que em­
piezan en la familia; él, el último peldaño de esa escala
ascendente de personas colectivas; él, que representa el
derecho político, no tiene facultades a ser Estado casamen­
tero, ni a legislar sobre el derecho natural, ni, por lo tan­
to, sobre el vínculo de la familia; porque lo que es la te­
chumbre no puiede legislar sobre los cimientos que él mis­
mo no ha fabricado y sobre los cuales el edificio y la te­
chumbre se levanta.
Pero no es sólo eso; es que, al hablarnos de la fórmula
obligatoria del matrimonio civil, tratáis de imponer una
fórmula que mi conciencia rechaza. Imponed la fórmula
contraria y veréis cómo surge la protesta con indignación:
imponed al no creyente la fórmula del matrimonio canó­
nico y se levantará indignado, diciendo: Oprimes mi con­
ciencia con una fórmula que rechaza. ¡Ah! Pero cuando
nos la imponéis a los demás, nosotros no debemos protes­
tar, porque tenéis una libertad de conciencia para vos­
otros y para nosotros otra
Habláis del entierro civil. Voy a deciros lo que he
oído a un republicano —que ahora no está sentado en esos
bancos, pero que es compañero vuestro—, que me decía
que le molestaba mucho eso de que en el programa repu­
blicano se estuviera hablando siempre del cementerio ci
vil, y decía: «Parece que se trata de convertir el partido
en una funeraria, hablando siempre del entierro, cuan­
do de lo que hay que hablar es de la manera de triunfar
y de vivir.» Y aun decía más, exponiendo un argumento
que voy a formular de otra manera, pero que en sustan
cia es el suyo: O se cree o no se cree en la inmortalidad
88 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

del alma; si se cree, lo importante es que se junten las


almas; si no se cree, ¿qué importa que dos montones de
materia inorgánica, en que terminan los cuerpos, se jun­
ten o se separen? Pueden dos personas durante toda la
vida estar unidas por el afecto, pero separadas por un
abismo de creencias y sentimientos; y cuando el cuerpo
ya no tiene conciencia de su ser. cuando el alma lo ha
abandonado, cuando no le informa, cuando no es más
que una materia inorgánica, que ni siente ni conoce si­
quiera que es materia, ¿qué importa la separación? Si
no importa la separación durante la vida, ¿cómo va' a
importar ahora cuando la vida está ausente? ¿Y con ese
programa de matrimonios y entierros vais a resolver las
cuestiones planteadas en la sociedad española? Tenéis
todo lo que podéis desear para vosotros, nadie oprime
vuestra conciencia, y cuando vais a esos mítines, en que
bramáis enfurecidos contra las argollas y contra la tira­
nía, habláis en nombre de la misma tolerancia, en el mo­
mento mismo en que estáis atacando los fundamentos de
esa sociedad y de ese Estado que decís que os encadenan.

(Discurso en el Congreso de los D ipu tados .— 6 de ju ­


nio de 1913.)
6. Otros errores.

El señor Azcárate nos habló también, recordando


sin duda un artículo muy brillante y muy ingenioso pu­
blicado en la prensa por el señor Zulueta, nos habló del
Edicto de Milán (pues seguramente fué una equivocación
puramente material, no otra cosa puede pensarse tratán­
dose de persona tan docta como el Sr. Azcárate. el que di­
jese Edicto de Nantes), y nos dijo que el Edicto de Milán
no era más que la consagración de la libertad de cultos, y
que los republicanos y los librepensadores debieran haber
engalanado también sus casas para celebrar aquello que.
después de todo, no era más que el triunfo de la libertad
de cultos.
Si leéis bien el Edicto de Milán, observaréis que, en
un Estado que había perseguido, de la manera más feroz
que se recuerda en la Historia, a la Iglesia católica, y que
era la afirmación plena del cesarismo. porque tenía una
religión completamente del Estado, al afirmar la libertad
de la Iglesia, en un mundo que en su inmensa mayoría
ni era todavía cristiano, era lo único que entonces la Igle­
sia podía conseguir, y era el mayor de sus triunfos. Por­
que hay que tener en cuenta que Constantino afirmaba,
no simplemente la libertad de una creencia, sino la liber­
tad de una sociedad, a la que empezaba en ese mismo
Edicto por reconocer el derecho de propiedad y obligaba
a que se le devolviesen bienes que durante la persecución
se le habían arrebatado; y no creo que eso lo defiendan
los señores Azcárate y Zulueta. porque podrían inspirar
temores y redelos a los desamortizadores. Hay que recor­
dar que en aquel Edicto se daba el golpe de gracia al
90 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

cesarismo dominante, que juntaba en una sola mano las


dos potestades; porque el jus pontificis pertenecía al em­
perador, que era el jefe de la religión, y que entonces era
el cesarismo el dogma de toda la sociedad pagana; y lo
encontramos lo mismo en los imperios asirios que en
Egipto, y en Grecia que en Roma; lo mismo en el Anfic-
tionado helénico que en el Patriciado romano; y al
romper el cesarismo, al separar las dos potestades, al po­
ner enfrente de la civil la potestad eclesiástica, empiezan
en el mundo las relaciones entre la Iglesia y el Estado.
Por eso nosotros defendemos esa libertad y la conme­
moramos como el hccho glorioso de la muerte1del cesaris­
mo en el mundo, como la afirmación de la sociedad reli­
giosa católica, cuyo reconocimiento hacia el emperador,
que presentía que la gran unidad moral del cristianismo,
mucho mayor que la unidad material de Roma, iba á do­
minar al mundo; y por eso aparta el trono imperial para
dejar sitio a la humilde cátedra «del que tenía por funda­
dor de su dinastía» a un pescador de Galilea. Nosotros
conmemoramos estle hecho, como lo conmiemoró, sin exci­
tación alguna oficial, espontáneamente, el pueblo de Ma­
drid, demostrando cuál era su creencia; lo hacemos por­
que miramos a la Historia, y vemos a la Iglesia persegui­
da y humillada salir «por una grieta» de las catacumbas,
como una paloma teñida en sangre de los mártires, que
extiende sus alas sobre el Coliseo desierto y sobre el Ca­
pitolio vencido y cruza continentes y mares que nunca
adivinaron ni conocieron las águilas de Roma.
Lo que debéis vosotros celebrar no es el Edicto de
Milán, sino el Edicto de enseñanza dado por el sobrino
de Constantino. Juliano el Apóstata. En ese edicto de
enseñanza, Juliano el Apóstata, anticipándose al laicismo
moderno, quiso fundar allí una especie de Institución libre
de enseñanza. Prohibía a los católicos la enseñanza, y
hasta el estudio de las humanidades, y quería hacer una
enseñanza oficial obligatoria y pagana, contraria comple­
tamente a las esencias religiosas y católicas.
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL yi

Y ¡caso singular' En París, vuestros correligionarios


trataban de levantar una estatua, no a Constantino cier­
tamente, sino a Juliano el Apóstata, cerca del Museo de
Cluny, buscando como pretexto el haber sido gobernador
en aquella región de la Galia. Renán, con una intención
manifiesta, pero con bastante retraso, aconsejaba a Mar­
co Autfelio que siguiera el ejemplo de Juliano el Apósta-
.ta acerca de la libertad de enseñanza.
Son muy curiosas las palabras de Renán, y voy a
leéroslas, porque parecen un prólogo de ciertas cosas que
están sucediendo ahora. Medítelas el señor López Muñoz
y tome nota de ellas:
«Si Marco Aurelio, en vez de emplear los leones y la
silla que abrasa, hubiese empleado la escuela primaria y
una enseñanza racionalista en el Estado, habría preveni­
do mejor la seducción del mundo por el sobrenatural
cristiano...»
En el siglo iv Juliano lo comprendió. ¡Pero era dema­
siado tarde!...

(Discurso en el Congreso de los Diputados. — 6 de


Junio de 1913.)
7. La Institución libre de enseñanza.

El señor Azcárate hablaba de la Institución libre


a propósito de las palabras que he pronunciado aquí últi­
mamente. Yo he dicho que era una especie de conspira­
ción subrepticia para apoderarse del presupuesto de Ins­
trucción Pública. No lo digo yo ahora; ya el año 80 lo
afirmaba el señor Menéndez y Pelayo; la cosa viene de
antiguo; por eso no culpaba yo de todo al actual Minis­
tro de Instrucción Pública; pero cuando se discuta el
presupuesto de este departamento, cifra por cifra, enton­
ces veremos y examinaremos esos sueldos y subvenciones,
puesto que ahora el examen sería estéril, por no dar hasta
el nuevo presupuesto resultados positivos a la crítica.
Y no se irrite S. S. ahora tanto contra mí, que de los
labios de un elocuente miembro de la minoría conserva do -
dora, el señor Bullón, cuando se discutió el presupuesto
de Instrucción Pública salieron ya esas censuras contra
la Residencia de Estudiantes, contra la manera de funcio­
nar —áunque haya miembros ilustres, que soy yo el pri­
mero en reconocerlo— de esa Junta de Pensiones, que no
debiera ser única y central, sino formada por los claus­
tros universitarios de toda España, soy yo, señor Azcára­
te, indirectamente con otras personas, de los que hemos
recomendado a brillantísimos escolares, algunos que ha­
bían obtenido todos los años premios en sus carreras, y
como no llevaban el cuño de la Institución, no pudieron
entrar en la Residencia, ni ir al extranjero; y se ha reco­
mendado también a los que no eran de mi derecha, sino
más bien algo inclinados a la izquierda; pero como no lo
eran completamente e infundiesen sospechas, no pudieron
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 93

alcanzar las pensiones que. a pesar del buen deseo de


miembros de la Junta, casi monopoliza la Institución li­
bre. Todo eso va a aparecer detallado cuando se discu la
el presupuesto de Instrucción Pública y antes en trabajos
que ya se están preparando, porque esa campaña que sé
ha venido haciendo en la sombra no se hará más, tendrá
que hacerse a la luz del día, y esa centralización de la
enseñanza por medio de inspectores, quienes se otorgan
las facultades de todas las Juntas, hasta las de los direc­
tores, y hasta las del propio ministro del ramo; esa cen­
tralización de 1& enseñanza, puesta en manos de unos ins
pectores salidos de la Institución y examinados y refren­
dados por la Institución, no podría continuar. No conti­
nuarán tampoco las famosas bibliotecas circulantes, y no
porque venga yo con un índice expurgatorio a condenar­
las sólo en nombre de la religión y de la ley de 1857,
porque no lo necesito; he visto la lista de los libros que
amañosamente ocultaban y he comprendido que no nece­
sitaban el Museo Pedagógico y el señor Cossío molestarse
para formarla; la había visto yo muy cerca del Ministe­
rio de Instrucción; se forma con pequeñas variedades, pe­
riódicamente, en las sábanas y en las tablas donde se ex­
tienden todos los años las bibliotecas de feria.
Si aquella inmensa algarabía, si aquel caos doctrinal
que supone esos catálogos, donde sin clasificación alguna
científica se resuelven las más heterogéneas materias en
traducciones que martirizan las lenguas de los libros,
mezclando a Santo Tomás y a Kant con otros filósofos
mutilados y novelistas de todos los colores, y todo es leí­
do por maestros y discípulos, habrá que poner al lado de
cada escuela una casa de orates.

(Discurso en el Congreso de los Diputados. — 6 de


junio de 1913.)
8. La libertad de conciencia y de cultos.

El señor Azcárate. en frente de nosotros, natural­


mente, tratándonos como una cosa siempre anacrónica y
medieval, según la dialéctica de los motes en uso, invoca
contra nosotros la libertad de conciencia y de cultos.
Siempre he creído yo que eso de la libertad de cultos,
invocada por los que generalmente no tienen culto algu­
no. era cosa que sólo sucedía en España. En otras partes,
la pluralidad de cultos precede a la libertad de cultos.
Cuando hay pluralidad de cultos, es decir, cuando existen
o coexisten varios cultos como un hecho social, el. Estado
no tiene más remedio que consignarlo en la ley, y eso su­
cedió en esa Bélgica, que, con desconocimiento de su his­
toria contemporánea, invoca como ejemplo el señor Az-
cárate-
En Bélgica —compuesta de dos elementos tan diferen­
tes de razas como los valones y los flamencos, y en creen­
cias como los protestantes, los israelitas y los católicos—
existía la pluralidad de cultos y existía la sinagoga y e¡
templo protestante al lado de la catedral y la iglesia ca­
tólica. y no sólo existía, sino que en la revolución que
en 1830 hizo contra Holanda, contra la tiranía calvinista
de Holanda, se fundaba, entre otras razones, en la tiranía
docente de aquel Estado, que quería imponer una ense­
ñanza contraria a las exigencias de la conciencia católi­
ca. y, además, que reivindicaba para sí el Patronato para
el cual no temía título alguno, como sucedió en Malinas
y en Gante. Y entonces elementos tan contrapuestos como
judíos, protestantes y católicos hicieron aquella revo­
lución.
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 95

La pluralidad de cultos existía en la sociedad, y. natu­


ralmente, al informar a la Constitución del Estado, no
como un principio, sino ca n o un hecho, el ilustre Prime*
do de MaJinas/, llevando la voz de los católicos en un do­
cumento magnífico dirigido a la asamblea en donde se
estaba elaborando la Constitución, puso como condiciones
previas para que los católicos la aceptasen —no como una
tesis, sino como una hipótesis— el que no existiese Patro­
nato eclesiástico, el que no hubiese presentación, por la
Corona, de los Prelados y de los sacerdotes (porque él de­
cía que una institución que no sé administra a sí misma
no es libre), y, además, la libertad de enseñanza y la li­
bertad de las Ordenes religiosas; y en virtud de esas li­
bertades consignadas en aquella Constitución (por otro
lado deficientísima), en un pueblo de razas heterogéneas
y de cultos distintos, pudo lograr lo que vosotros no nos
concedéis aquí —estando en mayoría los católicos, no ha­
biendo la oposición y la divergencia de razas y no debien­
do nuestro origen a una revolución contra un Estado cal­
vinista—: una Universidad católica, como la de Lovaina.
que sólo ella —porque en Lieja se hacen los estudios es­
peciales de ingeniería a que acuden muchos extranjeros-
tiene más alumnos que todas las otras tres Universidades,
y donde hay una autonomía universitaria tan completa
que posee la colación en grados académicos; y por eso allí,
en proporción a todos los pueblos de Europa, existen más
Comunidades religiosas que en ninguno, y por eso hace
veintiséis años que está en el poder el partido católico,
apoyado principalmente por los elementos flamencos.
¿Qué tiene que ver el ejemplo de Bélgica con el ejem­
plo de España? El señor Azcárate, que en este punto es
gran generalizados decía que en materia de religión hay
que tener siempre este criterio; no debe admitirse más
que lo que sea universal, no lo que sea diferente.
El señor Azcárate ve, por ejemplo, en Alemania. Aus­
tria y Bélgica, diferencias con relación a nosotros, y dice:
«Lo que la Iglesia admite y tolera allí debe admitirse y
96
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

to lerarse en España, pues cuando tiav Querencia en un


punto com parado con otro, es prueba de que eso no per­
tenece a la esencia de la religión.» Es increíble que en en-
tendim iento tan claro y tan culto como el del Sr. Azcárate
puedan germ inar estas cosas, porque yo no haría más que
obligarle a que aplicase esa nocióín de universalidad a los
Estados, y se encontraría con que el Poder público sería
u n a pura abstracción en el mundo. Imaginad un Estado
centralizador y otro descentralizados otro federativo, otro
unitario, otro republicano, otro monárquico, y decid:
n ad a de lo que sea particular, individual, tiene importan­
cia ; lo esencial, lo común, es lo único que debe tomarse
en cuenta ; un Estado que no sea centralizador ni descen-
tralizador, ni federativo, ni unitario, ni republicano, ni
m onárquico, éste será el Estado, y ese Estado no se ha en­
contrado en ninguna parte, por aquella razón porque De-
M aistre no había encontrado en el mundo más que fran­
ceses, rusos, italianos, españoles, pero al hombre no lo
había (encontrado en ninguna parte. Y es que la univer­
salidad y la abstracción con que nosotros le ccincebimos,
aunque tenga un fundamento en la realidad, de esa ma-
ñera con esa universalidad separada, no existe fuera de
nosotros. Porque ya Aristóteles había demostrado, como
u n a verdad, en la filosofía perenne y tradicional que en
T o r d e n concreto sólo existe lo individual, aunque tenga
caracteres comunes.
(Discurso en e l C on greso d e los D iputados. - 6 de
junio de 1913.)
9. El entendim iento y el problem a religioso.

Desconociendo este concepto, aplicaba el opuesto el


señor Azcárate, aplicaba el de universalidad a la religión.
Invocaba una vez más, no sé cuántas veces lo ha hecho,
porque es urna obsesión del señor Azcárate, el Congreso de
las religiones de Chicago. No había necesidad de ir a Chi­
cago y a los Estados Unidos para hablar de Congresos de
religiones, porque en España tuvimos un Congreso de re­
ligión que se conoce con el nombre de Congreso de Tor-
tosa. Un judío que se había llamado Halorqui y que se
había convertido a la religión católica, que era hombre
eminentísimo y conocedor como pocos de la Escritura, y
que pasó a la Historia con el nombre de Jerónimo de San
ta Fe, convocó en Tortosa a los rabinos más ilustres en­
tre todos sus antiguos correligionarios para procurar con­
vencerlos. No fué en una hora, ni eln dos, ni en tres se­
siones, tn las que entabló la discusión; fué durante mu­
cho tiempo, fué en sesenta y nueve sesiones ; sje agotó
el análisis, se agotó la exégesis y se revisaron los anti­
guos textos que conservaba de la Biblia la Sinagoga;
y él fué comentando las profecías que. con una adi­
vinación y anticipación profética, describen desde el
nacimiento hasta la muerte del Salvador, y logró conver­
tirlos a todos, menos a dos, que continuaron manteniendo
su judaismo; y eso sucedió en España, en el siglo xv, du­
rante la época del Cisma Occidental.
¿Y cómo no había de ser así si en el Concilio de Flo­
rencia, y antes en el de Lyon, la Iglesia católica había in­
vitado a la controversia a los cismáticos griegos-, y en el
Concilio de Trento había dado salvoconducto a los pro­
testantes para que acudiesen a discutir , y los invitaba al
Concilio Vaticano, y desde el Concilio de Jerusalén hasta
7
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

la hora presente la Iglesia no es más que una constante


discutidora, que ha pasado por el mundo tratando de con­
vertir a todos aquellos que estaban fuera de su redil es­
piritual?
La Iglesia ha pasado la vida combatiendo, luchando,
no en la cumbre, no en la cima de la jerarquía; allí la
Iglesia no discute, afirma o niega; mas, como niega nega­
ciones, afirma siempre; pero en todos los grados inferio­
res de la jerarquía, por medio de sus apóstoles, de sus
doctores y de sus apologistas, pasó por el mundo en per­
petuo combate, y es la única institución, entre todas las
escuelas religiosas y filosóficas, que puede decir: Hace
dos mil años que he puesto cátedra en el mundo y no hay
nadie que haya podido señalarme una contradicción dog­
mática ni doctrinal, y eso que no he cesado un momento
de combatir y de luchar.
Toda institución afirma siempre el principio que le
sirve de fundamento y de base, y tiene, por consiguiente,
que repugnar y que combatir todos los principios contra­
rios. ¿Cómo había la Iglesia católica de ser una excepción
en una ley que rige a todas las instituciones? ¿Conocéis
alguna Institución en el mundo, religiosa, social, política,
artística, del orden que sea, que al afirmar su principio
afirme también al mismo tiempo el de la institución con­
traria que la combate? Una institución que niega su ori­
gen se suicida, y al afirmarle tiene que contradecir el
principio contrario; y eso es lo que ha hecho siempre la
Iglesia católica, en lo cual no se diferencia de ninguna
otra institución; y por esa razón, cuando muchos, como
el señor Azcárate indicaba ayer, argumentan para defen­
der la libertad de cultos, se encuentran cogidos en los
términos de esta disyuntiva inexorable, que no admite,
porque es disyuntiva de contradicción, un término medio,
y que yo quiero brevemente exponer.

(Discurso en el Congreso de los D iputados .— 6 de ju ­


nio de 1913.)
1Ú. La intransigencia y la tolerancia.

No hay más que estos cuatro términos posibles, y


nadie ha podido encontrar otro distinto; y el que lo en­
cuentre que lo señale. En presencia del problema religioso
el entendimiento humano no puede hacer más que estas
cuatro afirmaciones: o todas las religiones son verdade­
ras, lo cual sería absurdo, porque siendo opuestas entre sí
no pueden ser a un tiempo verdaderas; o todas son fal­
sas, y en ese caso no existe la relación natural y sobre­
natural con Dios, que en eso consiste la esencia de la re­
ligión ; y si no existe relación con El, es que El no existe,
porque no puede haber un ser finito que no tenga relacio­
nes de absoluta dependencia a la vez de causalidad y fina­
lidad con Dios; y si no existen esas relaciones es porque
no existe Dios, y si no hay Dios, como no hay religión ni
culto, no puede h&ber libertad de cultos.
El tercer extremo será aquel de los que defienden el
Congreso de las religiones de Chicago, d t eso que se
llama ciencia de la religión comparada, que empezó
por ser una crítica de la: Iglesia Católica y que aca­
ba por ser una apología, y que consiste en conside­
rar que es verdadera la religión como fondo común
de todas las religiones, pero no en lo que todas entre
sí tienen de diferentes. Ha llegado alguno, como Germi-
nus, á pronunciar esita frase, que ha corrido entre ciertas
escuelas y entre ciertas sectas: que la religión era divina,
aunque fueran humanas las formas en que se manifiesta
y las diferencias que las separan. Pues señores», si eso fue­
ra así yo diría: juntad todas, reunid las religiones y a
ver qué es lo que queda como residuo de todas ellas. Si
100 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

las incluís todas, Dios será uno y dual, será múltiple,


como lo fué en la India, en Persia y en el politeísmo oc­
cidental ; será un Dios inmanente y será un Dios trascen­
dente ; y como no puede ser todas las cosas a un tiempo,
o será una de ellas o no será nada. Las relaciones con Dios,
o serían de identidad o serían de parte a todo, o de acci­
dente a substancie^ de efecto a causa; y como entile sí son
contradictorias, esas relaciones darían por fondo común
el absurdo. Y tratándose del hombre, extremo de esas re­
laciones, ¿cuál sería su origen? Sería por creación, por
evolución o por emanación; y como no puede ser todas
esas cosas a un tiempo, el resumen sería también el absur­
do, y mirando a su fondo, su supervivencia, su absorción
o su aniquilamiento daría también por resultado el absur­
do. Y, si, en vez de incluirlas todas consideráis sólo1las tres
religiones monoteístas, las consecuencias que de ese mo­
noteísmo se deducen serían legítimas o falsas; si eran le­
gítimas habría que aceptarlas como una consecuencia na­
tural de las afirmaciones de su Teodicea, y ya desapare­
cería lo puramente común. ¿Eran falsas? Pues habría que
buscar la regla para distinguirlas de las verdaderas, y
esa regla no estaría en el fondo común. Luego no queda
más que el cuarto extremo: una verdadera, y las demás
falsas, y entonces ¿dónde está el lugar para la libertad
de cultoi como principio?
El señor Azcárate y otros, muchas veces desde esos
bancos, nos motejan a nosotros, como suele suceder de
continuo, de intransigentes, de intolerantes. Nosotros so­
mos la intransigencia, somos la intplierancia. No creáis que
voy a justificarme de esos motes ; al contrario, los acep­
to. Yo soy intransigente, soy intolerante, pero advertid
una cosa, y es que los que lo dicen y los que nos atacan
son tan intransigentes y tan intolerantes como nosotros.
¿Sabéis por qué? Porque aunque otra cosa diga la decía-
mación vulgar común, aunque otra cosa afírme la super­
ficialidad y la frivolidad reinantes, que se para más en las
palabras que <n las cosas, todos somos intransigentes, to*
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 101

dos somos intolerantes. La intransigencia y la intoleran­


cia (no os asombre la paradoja ni protestéis contra ella,
porque yo, al lado de la afirmación pongo siempre la prue­
ba), es una ley del entendimiento humano que está gra­
bada en el alma; es una ley psicológica. EJ entendimiento
se adhiere a una verdad, y si se adhiere a ella y la reco­
noce como una verdad1 inmediata, como los axiomas, o
como una verdad mediata que con ellos se enlaza, ¿cómo
queréis que al mismo tiempo que se adhiere a esa ver­
dad acepte la proposición contraria, convirtiendo al en­
tendimiento en la sede del absurdo? Si el entendimiento
se adhiere a una verdad y si la voluntad la ama como su
objeto, ¿cómo no queréis que mire con odio todo lo que
sea contrario al objeto de su (amor? Por eso, yo he dicho
alguna vez que el que cree ama, y el que ama aborrece
todo lo que es opuesto a su fe y amor. El límite de la In­
tolerancia ¿sabéis dónde empieza? Donde acaba la certeza
propia, y si se pudiesen medir la® creencias por las can­
tidades, diría que el que cree como diez no es tolerante
con las opiniones de los demás hasta once; que el que
cree hasta veinte, no tolera las opiniones más que desde
veintiuno.
Lo que hay es que aquí se confunden las especies y
las cosas, porque hay una tolerancia que se refiere a fas
personas y otra que se refiere a los intereses. La transi­
gencia con las personas puede empezar desde el perdón
del agravio hasta aquello que lleva consigo nada más que
la cortesía ; y la transigencia en materia de intereses se
llama generosidad; pero cuando se sale de la materia de
los intereses y de las» personas y se llega a la de las ideas,
todos somos intransigentes, porque transigir en principios
se llama apostasía
Ved a un incrédulo protestando contra un creyente
que ceda en Ib fe que profesa; invertid los términos y
pedid que ceda el incrédulo en favor del creyente y veréis
cómo cede. ¿Por qué? Porque el hombre, en presencia de
un juicio o de un objeto, no puede tener más que tres ac-
102 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

titudes: o afirma, o niega, o duda. El que afirma no pue­


de transigir con ti que niega ni con el que duda, pero el
que niega no transige con el que duda, ni mucho menos
con el que afirma, y el que duda no transige con los dos.
Esta es una ley esencial de la naturaleza humana, de tal
manera, que está en todas las agrupaciones humanas, al­
canza a todos los partidos, a todas las escuelas, a todas
las sectas, a todas las religiones.
Todos sois intransigentes. Es intransigente el señor
Iglesias, que defiende los dogma6 del colectivismo y no
aceptará la propiedad individual inmueble, porque está
enfrente de sus doctrinas; es intransigente el partido ra­
dical que defiende el señor Lerroux en los puntos en que
el sieñor Lerroux afirme; naturalmente, que, como hay
tantas evoluciones y cambios en la política, no puede ase­
gurarse en todos los momentos cuáles serán; lo son los
republicanos, que siguen manteniendo ferviente culto a la
forma republicana; es intransigente el partido liberal,
que no quiere rectificar su conducta en presencia del par­
tido conservador, y es intransigente el partido conserva­
dor, que quiere que los republicanos rectifiquen, y lo son
todos los partidos, y lo son todas las escuelas, y lo somos
todos, porque si do fuera así, ¡ah!, ya lo he dicho yo al­
guna vez. la Humanidad tendría como ideal la psicología
de Pilatos.
Se habla mucho de la tolerancia, que es la virtud de
los que no suelen tener ninguna. La virtud de la toleran­
cia es muy fácil de invocar, y es muy frecuente invocarla
cuando se está sosteniendo precisamente lo contrario,
cuando se está defendiendo una tesis y se la quiere im­
poner sobre los demás.

(Discurso en el Congreso d<* los D ipu tados . — 6 de


junio da 1913.)
111

LA LIBERTAD DE ENSEÑANZA
1. Separación de escuelas y presupuesto.
2. Consecuencias de la separación de creencias.
3. La separación del Estado y la escuela.
III

LA LIBERTAD DE ENSEÑANZA

1. Separación de escuelas y presupuesto.

Señor don Femando Martín-Sánchez Julia.


Mi distinguido amigo: Ocupaciones apremiantes me
impiden asistir al mitin que organiza esa simpática y bri­
llante juventud escolar: pero quiero que vayan estas líneas
para demostrarle que asisto en espíritu y me asocio por
completo a esa obra de verdadera y cristiana libertad.
La enseñanza es función social en la que sólo le co­
rresponde al Estado la protección y la cooperación para
suplir la deficiencia de las» entidades docentes que tienen
su fuente primera en la familia, de que es prolongación
la escuela, como lo es de la escuela el Instituto y la Uni­
versidad. Son órganos de la «soberanía social» y no de­
pendencias de la «política», pues el Poder público no es
pedagogo ni puede enseñar más que en la ley. y cuando
ésta se acomoda a la moral y a la necesidad pública legí­
tima. que son reglas supremas de la norma escrita.
Hay un problema que los resume todos, que se formu­
la en las tres preguntas perpetuas acerca del origen, la
naturaleza y el destino del hombre. No se puede contes­
tar a una sin responder a las demás, y no se puede pres­
cindir de ellas sin prescindir del hombre y colocarse fuera
de la razón
106 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

Cuando hay conceptos opuestos del hombre, de sus re­


laciones v su vida por inhibirse de la cuestión o por re­
solverla contradictoriamente, no puede haber unidad de la
enseñanza y, por lo tanto, de escuelas.
Ante una sociedad dividida en creencias que llegan a
la esencia del hombre mismo y que trascienden a la Reli­
gión y a la Filosofía, y. por consiguiente, a.la Etica, al
Derecho, a la Sociología y a la Pedagogía, se da el absur­
do de un Estado que .se declara por un lado, doctrinal­
mente incompetente, pues no sabe cuál es la verdad re­
ligiosa y moral, y que reclama, por otro, el monopolio
docente para imponer y administrar él solo, directa o in­
directamente. la enseñanza.
Hay una ley que la sociología determinista no alcanza,
pero que toda la Historia confirma, y que yo he formula­
do alguna vez asá: «No puede haber comunidad de ins­
tituciones donde no hay comunidad de principios.»
Podrá existir la unidad exterior del reglamento y de
la fuerza, pero la diferencia substancial acerca del régi­
men y del fin de la institución mantendrá la lucha en­
tre sus miembros, y, dentro de los muros del edificio, ha­
brá una batalla constante de ideas y de sistemas que aca­
barán por derribarlo para vivir aislados} o producirán, con
el continuo choque del «si» y del «no», el triste «qué sé
yo» de un enervante y estéril escepticismo, destrozando la
unidad de creencias y. con ella, el pedestal del carácter.
El Estado neutro y el maestro neutro son dos formas
de la irracionalidad, pues el hombre normal afirma, niega
o duda, porque piensa y no declara en huelga el enten­
dimiento en presencia de la realidad que le interroga.
El Estado que se declara neutral entre todas las cues­
tiones que más interesan al hombre, diciendo que ignora
la verdad en Religión, en Moral, y, por lo tanto, en los
fundamentos de] Derecho, es un Estado que se jubila a sí
propio, declarándose inepto para gobernar.
El maestro neutro, ante la cuestión del origen del Uní
verso, de la vida, del hombre, de la familia, de la socie-
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 107

dad, de la Religión, del Cristianismo, si expone y razona


lo quie cree, no es neutral, y si calla, porque no sabe, 66
ignorante, no debe enseñar, sino ser enseñado; y si lo sabe
y calla, no tiene ni siquiera la sinceridad que puede acom­
pañar a una conciencia errónea, y subordina la’ convic­
ción al interés, y es un hipócrita.
Por eso, del Estado incompetente y de la sociedad di­
vidida en doctrinas y en sectas, no se puede deducir ja­
más el monopolio docente y la escuela única.
La enseñanza irreligiosa es contraria a las relaciones
trascendentales del hombre, y, por lo tanto, al hombre
mismo; y por eso, no como un ideal, sino como una tris­
te consecuencia de circunstancias adversas a nuestras
creencias, y mientras la posición del Estado, con respecto
a la Iglesia y a la separación de creencias, y, como conse­
cuencia natural, la «separación de presupuestos» para sos­
tenerlas. Es lo que defendí hace tiempo en el Parlamento
y fuera del Parlamento. *
Así no se dará el caso de que los católicos paguen la
enseñanza heterodoxa y que los verdugos de la fe en las
almas creyentes estén a sueldo de sus víctimas.
Libertad dle enseñanza frente al monopolio docente;
separación de escuelas frente a la hipocresía de la escue­
la neutra y a la anarquía mental universitaria; esa debe
ser nuestra divisa para combatir ahora y preparar el adve.
nimiento del reinado de Cristo y del espíritu de la ma­
dre España que bajo su cruz se formó sobre la ciencia, el
arte y todas las manifestaciones de la vida.
Saludando con el mayor afecto a esa juventud, que re­
presenta el porvenir de la Patria, soy siempre suyo afec­
tísimo, Juan Vázquez de Mella.
(Carta l&ída en el teatro de la Zarzuela en el m itin ca­
tólico de 14 de mayo de 1920.)
108 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

La fórmula de cierta heterodoxia se reduce a estas ne­


gaciones: matrimonio civil, secularización de cementerios
y libertad de cultos; con eso está regenerada España y
salvada la sociedad, y todos los problemas estaban resuel­
tos, menos uno: el de la enseñanza. Algunos disidentes,
discurriendo con lógica democrática, pedían que se su­
primiese la enseñanza religiosa, porque era beneficiosa
para los creyentes y perjudicial para los demás ; pero era
más lógica la SGlución que yo propuse y que mereció de
La C roix ser aceptada como programa; si están separadas
las creencias, separemos las escuelas. ¿Para qué queréis
el maestro único? Vosotros, en contra nuestra, pedís las
escuelas neutras primero, para implantar las laicas des­
pués, aunque aquélla no es más que ésta disfrazada.
¿No decís que respetáis las creencias y que no permi­
tís que se lesione la conciencia del no creyente? Pues divi­
did la escuela, poned los maestros laicos de una parte y
los católicos de «otra, y dividid también el presupuesto na­
cional del Ministerio de Instrucción Pública.
A la división de escuelas seguirá la división de presu­
puestos; pero aquí la lógica democrática se detiene e in­
siste en pedir la unidad de escuelas para tener la u’jiidad
de presupuestos, porque quiere que los católicos paguen
la escuela impía, al maestro que siembre la negación de
la fe que se predica en el seno familiar; y si eso fuera el
derecho, si eso fuera la libertad, sería un derecho y una
libertad sacrilegos.

(Discurso en Oviedo.—A bril de 1916.)


2. Consecuencia de la separación de creencias.

La separación docente y económica frustraría el fin


que se va buscando con el uniformismo de la escuela,
la secularización, que también se frustra y destruye a sí
misma a poco que se examine y se prolongue su concepto.
¿Qué es secularización? Secularizar, como lo declaran las
palabras de los francos y los actos de los que no lo son.
es descristianizar, descatolizar, es eliminar el orden so­
brenatural para arrancar hasta las raíces de la vida re­
ligiosa, expulsándola de la vida política primero y de la
social e individual después. De ahí la antítesis que se
quiere establecer y que está en el fondo die todi6 las de­
clamaciones sectarias entre la Religión y la Civilización.
¡Como si pudiera haber una civilización sin derecho y un
derecho sin un deber moral anterior, y un deber sin liber­
tad, sin espiritualidad en el sujeto que lo ha de cumplir,
y un orden superior, y, por lo tanto, un vínculo de depen­
dencia con un Ordenador que expresa y reclama el culto,
es decir, la Religión!
Si la secularización es el progreso y la religiosidad,
la reacción y el atraso, la consecuencia sería esta: a mayor
secularización, mayor progreso; ai secularización completa,
progreso completo. Y como el sumum de la secularización
es el ateísmo, una sociedad de ateos, es decir, de hombres
que se crean originándose por eü desarrollo de 9eres infe­
riores y de fuerzas inconscientes, sin libertad, que no pue­
de salir de donde no estaba, y sin negar su causa, sin obli­
gaciones que no son posibles, sin libertad, sin justicia, que
es una palabra sin sentido si no hay obligación de cum­
plir preceptos y restpetar derechos, una sociedad así sería
110 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

una agrupación zoológica, pero sin el instinto, y, afortu­


nadamente, una sociedad semejante no se ha conocido to­
davía en la Historia, que sigue demostrando que la ver­
dadera antítesis está entre civilización y secularización.
Ya sé yo que algunos escritores positivistas y librepen­
sadores han tropezado, según ellos dicen, con algunas tri­
bus salvajes, sin creencias religiosas de ninguna especie,
cosa que andaban buscando con mucho afán; pero sé tam ­
bién que otros viajeros que no iban con un propósito de­
terminado, que no hicieron el viaje tan aprisa y que em­
pezaron por estudiar las lenguas de las tribus para enten­
der lo que creían, han probado que esa supuesta irreli­
giosidad era falsa; pero, en último término, aunque exis­
tiera. ¿qué demostraría? Que algunos salvajes pensaban
como muchos librepensadores.
He examinado las relaciones del Estado, que pretende
ser neutral, con la escuela en una sociedad dividida, y
las del individuo con la escuela y el Estado, y he llegado,
por ese aspecto solo, y argumentando sobre un hecho y
la tesis de los adversarios, a la separación docente. Par­
tíamos de la diversidad, y tuvimos que llegar a la sepa­
ración.

(Discurso en la Academ ia de Jurisprudencia .— 17 de


m ayo de 1913.)
3. La separación del Estado y la escuela.

La separación de las escuelas, según la separación de


las creencias, es tesis que, por supuesto, implica la liber­
tad de enseñanza, es decir, la libertad de fundar estable­
cimientos de enseñanza que la misma Constitución, con
algunas atenuaciones, reconoce.
¿Es que yo sostengo esa separación como un principio
y un ideal mío? No; la separación de creencias, la lucha
de conciencias; y opiniones es un mal. porque la unidad
es un bien. Se opone al fin social, que debe ser común
para que la sociedad no se disperse, si los núcleos que la
forman siguen fines varios y encontrados. Y cuando la
separación es honda y se perpetúa, mata el espíritu colee
tivo, disuelve las naciones y disgrega los Estados, confir
mando una ley histórica expresada en una sentencia di­
vina.
Parto de la separación como un hecho funesto y deduz­
co acerca de él una consecuencia lógica y directa de la
neutralidad y de la incompetencia doctrinal que el Es­
tado afirma de sí mismo, pero que él de ninguna manera
quiere deducir, porque frustraría sus propósitos seculari-
zadores.
Lai misma libertad igual de todas las propagandas, que
la verdad no puede aceptar nunca sin negarse a reconocer
su igualdad con las doctrinas que la combaten, si fuese
practicada imparcialmente se volvería contra los que la
invocan como recurso de táctica para asaltar el Poder,
pero no para presenciar impasibles la batalla sin inclinar­
se a ninguno de los contendientes, porque eso sería una
112 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

declaración de inutilidad. Mientras no se encuentren hom­


bres que no afirmen, ni nieguen, ni duden, es decir, que
no piensen, que no sean racionales, no será posible ni el
Estado neutro ni el maestro neutro. Lo que está siempre'
detrás de esos nombres es precisamente lo contrario, la
parcialidad sectaria, pero llevando por delante la hipocre­
sía para ocultarla.
Arguyamos creyendo leal al adversario. Neutralidad
y monopolio son cosas diametralmente opuestas y que no
pueden residir en una misma entidad. La neutralidad exi­
ge la libertad, y la libertad de enseñanza, la de enseñar
y ser enseñado, la de adoctrinar y la de aprender, que re­
claman, para ser posiblets. estas dos cosas: eLderecho a
fundar sin imposición del Poder público el centro de en­
señanza o de aceptarlo libremente, y el derecho a la elec­
ción de escuela. Y es claro que la elección de centro do­
cente para enseñar y de (escuela pana aprender, suponen la
existencia de la variedad y la negación de la escuela
única. )
El derecho a la educación religiosa exige la escuela
religiosa, y si la escuela es neutra y única no existe ni
hay términos para que la elección sea posible. ¡Existirá
la escuela privada! Pero sujeta a la pública, que en los
grados superiores de la enseñanza llega a imponer pro­
grama, examen y colación de títulos académicos. Por una
inspección cautelosa se la va centralizando y absorbiendo,
porque el Estado docente ni quiere la competencia ni
basta el privilegio; reclama el monopolio.
Y para que se advierta bien su tiranía, no hay nada
más que observar el doble movimiento de c o n c e n t r a c i ó n
de maestros y discípulos en escuelas católicas y laicas qu¿
se verifica fuera de la acción despótica del Estado. A llí
donde todavía no se ha impuesto su voluntad no se va 8
a neutralidad ni a la confusión de enseñanzas, S£ va a 1®
separación.
Hay que romper el molde del uniformismo legal y Pr0
clamar, como enseña de combate, la libertad de enseñan-
VAZQUEZ DÉ MELLA y LA EDUCACION NACIONAL

za enfrente del privilegio que ya quiere ser monopolio


Y aun los que no piensen como nosotros, pero que conser­
ven con cualidades de raza algo del sentimiento de liber­
tad y de dignidad para no sufrir la tutela ofensiva de in­
ferioridades notorias, y cuantos reclaman ha autonomía
universitaria y la variedad de enseñanzas regionales, de­
ben secundar nuestro esfuerzo.
La libertad de enseñanza exige lo que no tiene derecho
a negar un Poder neutro en presencia de una sociedad
dividida: la separación del Estado y la escuela y la sepa
ración de las escuelas entre sí conforme a la separación
de las creencias.
Señores: ésta no es todavía la última conclusión con
relación al Estado, pues hay otra que no es más que una
aplicación de la anterior y que la completa, porque es
muy práctica: la separación de presupuestos.
Nosotros no necesitamos ni queremos el óbolo de los
heterodoxos para nuestras obras docentes y sociales, abier
tas precisamente para recibirlos con amor, como tantar
escuelas libres dondie se día enseñanza gratuita a los hijos
de los incrédulos. Y es soberanamente inicuo que el di­
nero de los católicos sirva para remunerar la enseñanza
que mata la fe de sus hijos. Después de haber dilapidado
el opulento patrimonio de las fundaciones y Universida-
dieis, formado con 1-a generosidad de las generaciones ca­
tólicas, forzar a los creyentes a que entreguen parte de
su riqueza para sostener las enseñanzas que rechaza su
conciencia, obligarlos a que paguen la apostasía de sus
hijos es una tiranía oprobiosa.
La separación de presupuestos, consecuencia lógica de
la separación de escuelas, como ésta lo es de la. separación
de creencias y del Estado, neutral entre sus contiendas,
es una exigencia de la libertad que hay que imponer a
los Poderes públicos. Y es una operación muy fácil de rea­
lizar. Cuando el Estado devuelva la función docente que
usurpa porque no es política, sino social, v que él, con
una centralización absurda, ha convertido en un servicio
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIOLA!
114

administrativo, la separación de presupuestos se produ­


cirá ella sola.
Pero aun mientras detenta la enseñanza, mientras no
reduce su acción tutelar a la simple inspección pública,
a la cooperacion. que son las únicas atribuciones que le
corresponden, si quiere1dejar a la voluntad social mani*
festarse. si se inclina ante esa opinión que tanto invoca,
no tiene más que leer en la estadística de la población
que él mismo forma y sumar entre los veinte millones
de españoles los que son católicos y los quie no lo son,
duplicar y triplicar siquiera la cuota con que por habi­
tante se contribuye por año a la instrucción pública (aun
con los nuevos aumentos no llega a dos pesetas), y hacer
el reparto y la entrega a la representación de las diver­
sas escuelas, que le facilitarían el trabajo y eliminaríati
una multitud de organismos tan costosos como inútiles»

(Discurso en la Academ ia de Ju rispru den cia. — 17 de


mayo de 1913.)
1V

EL ESTADO Y LA ENSEÑANZA

1. El Estado liberal y la Enseñanza.


2. La Enseñanza, la Nación y la P atria : la unidad religiosa.
3. La Enseñanza y la Iglesia.
4. El Concordato, la Constitución y la Enseñanza.
5. El Estado neutro, incompetente para enseñar.
IV

EL ESTADO Y LA ENSEÑANZA

1. El Estado liberal y ’la Enseñanza.

El Estado liberal interviene en la enseñanza, y ¡cosa


singular, señores!, el Estado, que no es agricultor;
el Estada, que no es industrial; el Estado, que no es co­
merciante, aunque tenga la obligación de cooperar y de
favonácer al comercio, a la agricultura y a la industria,
el Estado se declara a sí mismo, no cooperador ni fomen­
tador de la enseñanza, sino pedagogo supremo, y hasta
maestro único. ¡Y qué contradicción tan singular! Nc
sabe nada de los problemas más trascendentales, de los
que han sido siempre los primeros en todos los momentos
de la Historia, y al mismo tiempo no tolera competencias
y quiere ser el maestro único de las generaciones presen­
tes y venideras. Se concibe que un Estado que afirme un
01 den natural y s<flbrenatural. que un Estado creyente
como el de las edades cristianas, hasta un Estado budista,
o un Estado musulmán, trate, sirviendo como de instru­
mento a la creencia que profesa, de llevarla a la práctica
y de infundirla; pero que un Estado que se declara a sí
mismo interconfesional, que declara que nc sube nada de
lo que no debe ignorar nadie, ni por obligación, ni por
cultura, se declare ai sí misma incompetente primero y
el más competente después para intervenir en la enseñan-
118 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

z a ; eso es absurdo. Y, sin embargo, ved cómo interviene.


La gradación es la siguiente: primero se declara potesta­
tiva en la escuela la enseñanza religiosa; después se de­
clara neutra la escuela, y más tarde se suprime la religión
hasta en las escuelas privadas, centralizando la enseñan­
za en las públicas y dispersando a los maestros religiosos
para que detrás de la ignorancia religiosa venga el odio
de la escuela francamente atea.

(Discurso en la Academ ia d e Jurisprudencia. — 17 de


m ayo de 1913.)
2. La Enseñanza, la Nación y la Patria: la unidad
religiosa.

El individuo no tiene sólo Delación con el Estado,


la tiene también con la Nación y la Patria cuando ha na­
cido y vive en una sociedad no improvisada. La Nación y
la Patria no son el Estado.
Un derecho político esencialmente unitario, aunque
sea unas veces de filiación individualista, pero siempre
hija del absolutismo de una razón sin límites superiores,
los confunde o, a lo más, les enseña una relación cuanti­
tativa de parte a todo.
No voy a exponer y demostrar ampliamente la teoría
de la Nación; me basta señalar sus rasgos principales,
que, como corresponden a hechos, no se pueden negar,
para marcar su identidad objetiva con la idea de la Pa­
tria y sus diferencias y su relación fundamental con el
Estado.
Una nación no es un todo social simultáneo formado
por una agrupación de habitantes sobre un pedazo de
mapa ; es, antes que eso, un todo moral sucesivo e histó­
rico. En su período de formación supone una variedad de
causas externas e internas, desde las geológicas, geográ­
ficas y étnicas, hasta las lingüísticas, y las influencias de
cultura y la acción de otros pueblos que, si las ejercen,
también las reciben. Para que esa variedad de factores de
distinta energía no obren desordenadamente y se reduz­
can a jerarquía y produzcan como causas parciales un
efecto común, es necesario un principio de unidad supe­
rior que junte interiormente los entendimientos y los co­
razones. Cuando este principio actúa sobre varias genera
120 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

ciones y a través de siglos y la obra colectiva se realiza


con notas psicológicas e históricas inconfundibles, la Na­
ción existe.
¿Y cuál es ese principio que reduce a unidad todas las
causas externas e internas de nacionalidad? La Religión.
que es el primero de los lazos sociales, porque es él pri­
mero de los lazos internos, puesto que junta la inteligen­
cia en una creencia y las voluntades en una ley moral,
y trasciende por sus efectos sociales a las costumbres, Vi
derecho, al arte, a toda la vida colectiva de un pueblo. \
Si queréis la prueba experimental no hay más que se­
ñalar un hecho que por su universalidad constituye una
ley histórica. No hay nada que una tanto como la Reli­
gión, ni nada que separe tanto como la diversidad de
creencias. Por eso no hay un odio como el odio a la Re­
ligión. ni un amor tan grande como el que la Religión
inspira. Al mayor impío le basta observar este hecho y
mirar la historia de las naciones para reconocerlo.
Dadme un pueblo con unidad geográfica perfecta, con
una raza única, no sólo histórica, sino originaria, con uni­
dad de costumbres, con uniformidad de legislación no im­
puesta por algunos, sino aceptada por todos, con una sola
lengua hasta sin matices dialectales, y una sola y única
soberanía, con una organización y forma que nadie re­
chace. No se puede dar más unidad ni homogeneidad
mayor.
Pues bien, señores: que liar discordia, religiosa o la irre­
ligión, que cuando no la precede la sigue, penetre en ese
recinto, morada de paz donde habitan abrazadas tantas
unidades, que se siente en el hogar y ponga una concien­
cia frente a otra conciencia, que dispute en la plaza del
municipio y penetre en las clases sociales y las divida en
partidos, y ya veréis cómo una sola soberanía, y una sola
ley, y un*a sola geografía, y una solfii raza, y un solo dic­
cionario, y una sola gramática, la diferencia empezada en
la familia subirá hasta el Estado, y todas esas unidades
se harán pedazos, la guerra ocupará el puesto vacante de
VAZQUEZ DE MELLA V LA EDUCACION NACIONAL 121

la paz para repartir en fragmentos el Estado y proclamar,


con la disolución, la necesidad de la unidad religiosa y
moral para constituir las naciones.
Observad el reverso del hecho social: que en una agru­
pación forzosa de emigrantes y aventureros o de razas
conquistadoras y bárbaras y pueblos domeñados y cultos,
no haya ni unidad de ley, ni de soberanía, libremente
aceptada, ni de costumbres, ni de lenguas, ni de raza,
pero que la unidad religiosa penetre en ese campo de ba­
talla, que estreche a los combatientes en sus brazos, que
venga en su ayuda a tiempo para que la unidad que em­
pieza sea sucesiva, y al cabo de algunos siglos, del caos
informe habrá surgido una Nación.
Por eso las naciones son obra del Cristianismo. El mun­
do pagano no las conoció, y. fuera del pueblo hebreo, en
lá siociediad gentílica, la Nación, por falta de unidad re­
ligiosa, rota por las castas y los dioses, no pasó de los
linderos de la ciudad clásica.
La unidad religiosa es una perfección que admite di­
ferentes grados en el mahometismo, pues sólo el Cato­
licismo es el teísmo completo, y también aplicaciones di­
versas por la composición distinta de los pueblos sobre
que obra, y por eso el efecto que produce es de diferente
intensidad y perfección.
Pero cuando desaparece por completo como causa y
cuando el influjo de acción como hecho histórico ya pro­
ducido deja de existir, podrá haber Estados y Confedera­
ciones de Estados que lleven el nombre de las antiguas
naciones, pero cuando llega ese caso las naciones han
muerto. A ese fin tiende la reacción pagana, que consti­
tuye la esencia de la revolución; pero no lo ha conseguido
más que en minorías sociales, que prueban por el contras
te lo mismo que aborrecen. En todas partes, y muy espe­
cialmente en nuestro pueblo, la obra colectiva de las cen­
turias anteriores, el espíritu de las generaciones creyen­
tes, sdgue obrando por miedio de una atmósfera moral que
ellas han producido, y que todavía, a pesar suyo, envuel
122 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

ve á los que reniegan de su causa y los aparta con felices


inconsecuencias de abismos morales.
Señores: la N&ción. una vez constituida por la unidad
de la creencia y del tiempo sobre las variedades natura-
lie», tienje un principio informante que, a semejanza de
nuestro espíritu, se llama alma y espíritu nacional, y
consiste en un fondo común de ideas, de sentimientos y
de aspiraciones expresado en tradiciones y costumbres se­
mejantes. ¿Y cómo se revela? Por dos atributos sin los
cuales no existe Nación. Uno interior, un carácter común
que no excluye los caracteres locales y regionales; antes
bien, los supone, porque resulta de su cruzamiento y es
como su síntesis que da una cierta manera de pensar,
sentir y obrar en la ciencia, en el arte y en la práctica de
la vida y en la acción y el choque con otros pueblos; y
otro exterior, una historia general e independiente; ge­
neral. porque tampoco anula, sino que supone como natu­
ral variedad las historias particulares; independiente,
comparada con la de otros pueblos y porque pueden exis­
tir los trazos principales, prescindiendo de la acción reci­
bida de los extraños, muchas veces condensada y supe­
rada con la propia ejercida sobre ellos.
La conciencia y el sentimiento más o menos claros e
intensos de esa comunidad moral e histórica, que en su
grado máximo se llama Nación y de las que nos sentimos
parte, constituye la Patria.

(Discurso en la A cadem ia de Jurisprudencia. — 17 de


m ayo de 1913.)
3. La Enseñanza y la Iglesia.

La enseñanza, que es la cuestión de las cuestiones,


puesto que concentra la religiosa en lo que mira a lo
futuro, encierra la respuesta a la temerosa pregunta de
si las generaciones que vendrán serán ateas o creyentes,
que comprende la respuesta de si continuará la civiliza­
ción o si sucumbirá sepultada por una reacción pagana
manifiesta en toda la ciencia y la política heterodoxas,
como el caso increíble de un atavismo que en nombre del
progreso salta hacia atrás veinte siglos en la Historia.
Pues esa cuestión ¿s resuelta de estas dos maneras dife­
rentes: donde la Iglesia es dependiente, la enseñanza es
esclava; donde la Iglesia es independiente, la enseñanza
es libne, y siempre los grados de libertad en la enseñanza
se miden por los de independencia en la Iglesia. Y la
prueba de que no es sólo una coincidencia, que aun así
ya sería bien extraña, está en que el derecho sobrenatu­
ral, conferido par el mandato divino a la Iglesia, de e n ­
señar a las gentes y el derecho natural, esencial en toda
sociedad "perfecta a la independencia económica tienen
un vínculo de estrecha solidaridad, no sólo por la unidad
del sujeto en que radica, sino por la que existe entre la
vida material y la vida moral y entre la autonomía y el
magisterio supremo. Por eso. al retroceder en la Historia,
se ve siempre que cuando la Iglesia era económica y ad­
ministrativamente libre, la Escuela y la Universidad que
ella formó en los claustros de sus monasterios y en los
pórticos de sus catedrales estaban emancipadas del yugo
docente del Estado, formando federaciones de repúblicas
literarias, y que cuando su independencia económica cayó
124 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL,

saqueada por la Revolución, arrastraron cadena la Uni­


versidad y la Escuela. ¡No podían vivir emancipadas las
hijas cuando era esclava la madre! Pero si queréis par­
ticularizar estos hechos por naciones, todavía aparecerá
más de resalto los efectos de la dependencia económica.
Plumas elocuentes han descrito el cuadro sombrío dt
la iglesia josefista en Austria, convertida en dependencia
burocrática del Poder civil, monopolizado por el capita­
lismo judaico, hasta el punto de reglamentar, antes de la
revolución de 1848, los textos teológicos conforme a mode
los jansenistas La sacudida revolucionaria y el esfuerzo
heroico de católicos insignes luchando por la independen
cia administrativa de la Iglesia, no han logrado aún más
que reanimar algo el espíritu nacional con el partido anti­
semita. pero s?n romper esas ligaduras, que se han exten­
dido, sometiendo al noble pueblo magiar, a la nación de
San Esteban, a una minoría luterana y judaica que, apo­
yada en la servidumbre de la Iglesia, intenta ahogar par­
lamentariamente los restos de Constitución secular de
Hungría y poner en trance de irremediable disolución todo
el Imperio. En Francia, la Iglesia ha sido equiparada
afrentosamente, en un ministerio de cultos, con el pro­
testantismo y el judaismo, y cuenta las persecuciones
por lustros y poco menos que por décadas las expulsiones
de sus hijos predilectos, a pesar del tesón caballeresco
que en algunas ocasiones han dado muestras los católicos
franceses. En Italia está situada la Iglesia en la persona
del Papa, y ya el Estado descarga sus más rudos golpes
sobre la familia, antes que el socialismo, que le invade,
los descargue más rudos sobre la propiedad.
En Portugal, bajo la monarquía de Coburgo, se supri­
men por decreto los noviciados y se cierran las casas re­
ligiosas, estando abierto el Parlamento, sin que proteste
en él nadie, a pesar de tener asiento en la Cámara de los
Pares todos los obispos del reino. En España se hacen ya
programas políticos distintos de los grados de opresión a
la Iglesia, y en nombre de la Libertad s<- mutila la ense-
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 125

ñanza privada paia suprimir la católica, y se pone en


perpetuo litigio por los que perdieron los magníficos res­
tos del más grande Imperio colonial que ha existido en
el mundo, a las Ordenes religiosas, que le colonizaron con
heroísmos sublimes y le mantuvieron con su fuerza roo
ral, durante tres centurias, intangible para la patria.

(Discurso en Santiago.— 18 de m ayo de 1902.)


4. El concordato; la Constitución y la Enseñanza,

Su Señoría, para rectificar las afirmaciones mías so­


bre la enseñanza, quiso suscitar aquí nada menos que
el problema de los universales, que tuvo hasta trece solu­
ciones en la Edad Media, es. decir, el problema crítico
resucitado por Kant. Su señoría—que es, intelectualmen­
te, una mezcla de krausista y de kantiano, que no ha lle­
gado a perfecta unidad, como lo revela el discurso de en­
trada en la Academia de Ciencias Morales y Políticas,
donde hay entrambas cosas, sin que se las haya, podido
educir a síntesis»—, ha querido reducirme a mí a unidad,
y por eso ha hecho una singular teoría de los universa­
les. que suponía que yo defendía. ¿Cómo había yo de de­
cir esa enormidad cuando, a propósito de una afirmación
del señor Azcárate, recordaba aquella sentencia aristoté­
lica de que en lo objetivo y en lo real sólo existe la subs­
tancia individual, y que lo universal con la abstracción,
quiero decir, a la manera universal, como la mente lo
concibe no existe de esa manera en la realidad, lo cual
es cosa muy distinta de suponer a la manera kantiana,
como S. S. imaginaba, que yo creía quie lo universal exis­
te solo en la mente?
No. Yo no soy conceptualista, como Abelardo, ni afir­
mo teorías kantianas, ni comparto el semikrausismo, ni
el semikantismo de S. S. No creo que el señor López Mu­
ñoz afirme que, existiendo aquí diputados concretos:
unos diputados republicanos, otros conservadores, otros
tfadicionalistas, otros de Id mayoría, crea S. S. que el
concepto de diputado está en los bancos. Yo no lo en­
cuentro.
Es claro que ese concepto universal que nosotros per­
cibimos tiene fundamento objetivo en la realidad, porque
VAZQUEZ DE MELLA y LA EDUCACION NACIONAL
\ 127

hay caracteres comunes, y existe el árbol, pero sólo los


árboles no existen en la realidad.
El señor López Muñoz confundía ló universal con lo
absoluto, como confundían los panteístas que S. S. ha se­
guido la determinación cuando se la considera como una
negación, con la determinación cuando se la considera como
una perfección; por eso hacen de Dios el ser indeterminado.
Si se trata de lo primero, ¿cómo he de negarlo yo? Pero
si se trarta de perfección, es el ser absolutamente deter­
minado.
Pero la confusión de lo universal con lo absoluto que
hizo S. S. me llevaría muy lejos, y como, naturalmente,
no vamos a tratar esa cuestión, que está por completo
fuera del debate, y que por esa afirmación mía ha queri­
do S. S. levantar para ocultar aquella otra inanidad del
pensamiento, no de S. S., sino del programa del partido
que ha defendido al contestarme, por eso no le seguiré
yo por ese camino.
Su Señoría empezó por un canto religioso a la escue­
la ; empezó por un canto a la escuela cristiana y abominó
de la escuela neutra, de la escuela laica, haciendo tal apo­
logía de la escuela cristiana, que a los aplausos de la ma­
yoría estuvimos nosotros tentados de unir los nuestros
Pero después de aquella afirmación de que la escuela es
la prolongación de la familia y que debía ser esencial­
mente religiosa., porque sin la idea de un Dios creador y
providente, de una ley moral, no puede haber fundamento
ni para el deber ni para el derecho, y, por lo tanto, para
la justicia y la sociedad; después de eso. S. S., creyendo
tocar otro registro, nos plantó una vez más el himno de
Riego. S. S. habló de la tradición y del progreso y entonó
otro himno al espíritu moderno, para decir, como siem­
pre, que nosotros éramos los que representábamos aquí
la reacción, que nosotros éramos lo atávico, que éramos
medievales, que defendíamos una tradición petrificada y
que S. S. representaba la vida moderna, el espíritu mo­
derno.
I VAZQUEZ U t MULLA Y LA EDUCACION NACIONAL

Pero ¿quién había aquí habiadb üe espíritu moderno


y de vida moderna? Yo, apoyándome en el testimonio de
Los más grandes pueblos europeos modernos, pedía a Su
Señoría lo que S. S. no es capaz de conceder; después
de tantas palabras y de períodos tan retóricos, no ha te­
nido una sola frase para contestarme a mí. ¿Qué ha di­
cho S. S. respecto a la separación de las escuelas según
las creencias, que era la tesis que yo defendí? Ni siquiera
la ha mencionado S. S. Yo deducía, discurriendo sobre la
ignorancia religiosa y la obligación de imponer esta en­
señanza como un corolario de nuestra historia; pero cuan
do argumentaba, por decirlo así, ad hominem, no invoqué
para nada, recuérdelo bien el señor López Muñoz, nada
que no se refiriese al derecho vigente. Empecé por decir
que no invocaba el artículo 11 de la Constitución y que
no creía que en España existiese el Estado católico, como
exigía el primer párrafo de este artículo; como le dije
a S. S. que no invocaba para nada los primeros artículos
del Concordato y que no invocaba tampoco la ley Mo-
yano del 57; lo habéis oído los señores diputados. Su Se­
ñoría ahora me argumenta sobre el artículo 11 de la Cons
titución. Según ese artículo, en su primera parte, el Es­
tado es católico, y según su segunda parte, no se moles­
tará a nadie por sus creencias religiosas, reconociendo un
límite: el de la moral cristiana; al revés del artículo 21
de la Constitución del 69, que ponía el de la moral uni­
versal. Y ¿cuáles serán las consecuencias de ese artícu­
lo? Porque yo no quiero tratar ahora de la concordancia
de ese artículo con los primeros del Concordato. Doy por
supuesto que ese artículo ha variado lo que en el Con­
cordato se estableció. En el Concordato se decía que la
enseñanza, toda la enseñanza, la oficial y la no oficial,
sería religiosa, y ahora, dada la tolerancia del artículo 11,
puede decirse que la privada puede no ser católica, o no
ser religiosa; p*ro la oficial, dada la declaración del Es
tado, debía serlo, y como no lo es, s*ñor López Muñoz,
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

por esa razón considero yo violado el artículo- 11 hasta en


su primera parte.
Yo he pedido la separación de las escuelas, según la
separación de las creencias, en católicas para los católi­
cos, disidentes paTs los disidentes, ateas o librepensado­
ras para los librepensadores y ateos, y he pedido, ade­
más, la consecuencia natural, que era la separación del
presupuesto; y para hacerlo, y porque el testimonio de
Alemania, en donde esto se está practicando, no es de
ningún pueblo medieval, ni reaccionario, ni atávico, que
necesite los consejos y advertencias ni los acicates para
marchar por la senda del progreso, mi pensamiento no
ha sido bien interpretado, como se deduce de los últimos
párrafos del discurso del señor López Muñoz.
El señor López Muñoz hablaba también de la intran­
sigencia, asombrándose de lo que yo había suscitado aquí.
Empecé por distinguir la intransigencia cuando se refie­
re a la doctrina, de la intransigencia cuando se refiere a
acciones de las personas y de los intereses.
Si la intransigencia, en materia de intereses, se llama
generosidad, y cuando se trata de agravios personales,
perdón; cuando se trata de principios, puede llamarse
apostasía. Y he dicho que, en el orden lógico —S. S., que
es profesor de Lógica, debe recordarlo muy bien—, la opo­
sición de los juicios está regida por aquellas leyes dialéc­
ticas que dimanan de un principio de contradicción y de
contrariedad, y, según ellas, cuando la mente se adhiere
a un objeto, tiene, naturalmente, que rechazar el contra­
rio y cuando la voluntad se dirige hacia un fin, rechaza
el opuesto.
Es claro que eso no excluye la polémica a que indi­
rectamente se refería S. S. Toda polémica supone entre
los dos adversarios un principio común, de donde parten
para luchar entre sí, porque si no hubiera un principio
común, una certeza entre los dos, serían como dos líneas
paralelas trazadas en el mismo plano, que no se encon­
trarían jamás
190 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

Partiendo de un principio o de una verdad común re­


conocida por los dos, pueden deducir de ella consecuen­
cias y llegar a convencerse. Eso no excluye la intransi­
gencia; mientras el entendimiento no esté convencido y
se oponga al que trate de convencerle, será una certeza
que lucha con otra certeza; pero cuando al entendimiento se
le demuestre la verdad de un juicio o de una verdad me­
diata, se le impondrá la evidencia y aceptará la certeza,
y entonces la defenderá con igual intransigencia ooin que
había defendido la anterior. Eso no contradice ninguna
de las dos cosas, señor López Muñoz; la contradicción
está en S. S.
Su Señoría elogió aquí otra vez los actos del Monar­
ca, prescindiendo de la responsabilidad ministerial, y vino
con esto a afirmar que había actos propios del Monarca
que merecen el aplauso y que lógicamente podían mere­
cer también la censura; y con esto ha venido a afirmar
la Monarquía responsable de que yo hablaba y a sostener
el régimen representativo y a vulnerar el parlamentario.
Y no quiero ya recoger (no sé si he dejado por reco­
ger algo de la contestación de S. S.), porque no me toca
a mí recogerla, la afirmación de S. S. El señor López Mu­
ñoz dice que viene a intervenir por primera vez en este
debate, que viene desde el Senado, y que concluye hacien­
do una invocación a la disciplina de la mayoría. Yo creo
que S. S., cuando ocupaba el banco azul esta tarde en el
Congreso, creyó, sin duda, que lo estaba ocupando en el
Senado, porque he notado una gran sorpresa en muchos
diputados de la mayoría al ver que se invocaba su disci­
plina y se requería su apoyo, y ellos se miraban unos a
otros y se preguntaban: Pero ¿se discuten aquí las man­
comunidades o se trata aquí de un debate político plantea,
do por el señor Maura?

(Discurso en el Gongreso de los Diputados. — § de


junio de 1913.)
5. El Estado neutro , incompetente para enseñar.

Un estado interconfesional y neutro, que no afirme


rmguna religión positiva, se declara a sí mismo incom­
petente para intervenir en la enseñanza en todas las cues­
tiones doctrinales: porque no sabe nada aceroa de las
cuestiones religiosas, morales y fundamentales; porque
acerca de los problemas que se refieren al origen, natu­
raleza y fin del hombre y a sus relaciones y a las norrrns
de su vida individual y colectiva, ese Estado no sabe nada;
y si sabe algo es por medio de un juicio cuyo resultado
es afirmar que todas las creencias son iguales para él,
es decir, que todas son opiniones dudosas, o que todas las
considera como Jalsas, Jo cual es imponer a la sociedad
su negación. Pero, si quiere abstenerse de pensar en esas
materias que ignora, la primera consecuencia de un Es­
tado neutro, de un Estado interconfesional, será la de no
ser pedagogo, la de no ser competente en la enseñanza.
Ser pedagogo y maestro único, por un lado, y declararse
a sí mismo incompetente, por otro, para entender en las
cuestiones más árduas y graves y que más interesan a los
hombres, es una contradicción manifiesta.
¿Cuál es entonces la consecuencia inmediata de un Es­
tado neutro? La completa libertad de enseñanza. La en­
señanza no le corresponde al Estado. Al Estado le corres­
ponde en la enseñanza, como en todos los órdenes de la
vida, como en el comercio, en la agricultura, en la indus­
tria. una cierta inspección y vigilancia, y, además, la co­
operación y el fomento de esos órdenes, pero de ningún
modo la enseñanza misma, que es función social y no po­
lítica. El Estado no es metafísico, ni astrónomo, ni ma-
132 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

temático, ni naturalista ; el Estado no puede ser pedago­


go, porque ignora todas esas cosas, y en materia de feli-
gión, de derecho y de moral, él mismo empieza por exten­
derse patente de incompetencia. ¿Cuál será entonces la
consecuencia de un Estado sin creencias enfrente de una
sociedad en su mayor parte creyente? ¿Creéis que os voy
a pedir, como consecuencia de la cultura y de la Histo­
ria de España, la imposición de la enseñanza1 religiosa
para los creyentes y para los no creyentes? No. La conse­
cuencia que se deriva del Estado neutro enfrente de una
sociedad dividida en creencias y lo que yo pido y deman­
do, es la separación de escuelas, según la separación de
las crencias. Escuelas católicas, para los católicos; disi­
dentes, para los disidentes; para los ateos y librepensado­
res, escuelas laicas. ¿Es esto tiránico? ¿Es esto clerical?
¿Qué decís vosotros a esto? ¿Es un dogma’ clerical y tirá­
nico la separación de las escuelas según las doctrinas?
¿Os huele esto a teocracia? Pero ahora he de deducir
otra consecuencia. Al decir esto miro yo a Alemania, a
los grandes pueblos de Europa, y me considero más euro­
peo que vosotros.
Digo, señores, que nosotros, que pedimos el Estado
neutro y el interconfesional y la separación de la ense­
ñanza, nosotros que afirmamos esto nos proclamamos por
ello europeos; y aquí tropiezo otra vez con esa famosa
europeización respecto a la que creó que se ha exagera­
do el sentido en que Costa la entendió. Si europeizarse
consistiera, por decirlo a¡sí, en descastarse, en desespaño*
lizarse. arrancando hasta la raíz de la originalidad para
no ser más que una débil copia del extranjero, habrá que
maldecir la frase y hasta al autor de la frase; pero no
creo que sea eso lo que signifique en la mente de Costa
V

LA ENSEÑANZA Y LOS IDEALES DE ESPAÑA


1. La escuela, prolongación de la familia.
2. La falta de patriotismo, característica española.
3. La base fija de la política internacional.
y
LA ENSEÑANZA Y LOS IDEALES DE ESPAÑA

1. La escuela , prolongación de la familia.

En él empieza por afirmarse que el padre que quie­


ra puede sustraer a sus hijos a la enseñanza religiosa
católica de las escuelas; y al hacer eso declara implíci­
tamente que el padre tiene como deber inherente a la pa­
tria potestad el de educar a sus hijos hasta el punto de
imponerles, de privarles o de exigirles una enseñanza re­
ligiosa cualquiera. En este caso, si el padre tiene el pleno
derecho de educar a sus hijos, y aun de privarles de la
enseñanza religiosa, la consecuencia brota espontáneamen­
te: la escuela será una prolongación de la familia y no
una prolongación del Estado; el maestro será un delega­
do que represente al padre y que ejercite en su nombre
la misión de enseñar, pero no será un funcionario que
le ejercite en nombre del Estado. Y entonces habéis he­
rido por completo el monopolio docente en virtud del
cual habéis hecho este decreto y habéis establecido esa
norma en las escuelas.
Y no es sólo eso ; habéis declarado, al menos implí­
citamente, que la enseñanza religiosa no es obligatoria,
y aun exigía alguno de vuestros amigos, deduciendo ló­
gicamente las consecuencias de vuestro principio, que los
no creyentes no pudieran recibirla No os asombréis de
lo que voy a decir ni lo consideréis paradójico o intran­
sigente. No es lo mismo imponer una enseñanza que im-
136 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

poner una convicción; la convicción tiene siempre ele­


mentos subjetivos, sin los cuales no puede existir; la
convicción supone la adhesión de la mente a una cosa que
produce certeza, y tiene el asentimiento de la voluntad;
no la puede exigir nadie desde fuera si cooperan a ella el
entendimiento y la voluntad desde dentro, pero una en­
señanza se puede recibir sin que implique la convicción
y el asentimiento de aquel que recibe la enseñanza. Esto
sucede cuando estudiamos, por ejemplo, diversos y con­
tradictorios sistemas en la historia de la filosofía, que no
por eso arrastran nuestro asentimiento.

(Discurso en el Congreso de los Diputados. — 6 de


junio de 1913.)
2. La falta de patriotismo , característica española.

Un ilustre escritor extranjero me decía no ha mu­


cho tiempo, después de recorrer nuestra Península: «Sien­
to manifestar a usted una cosa que me ha amargado pro­
fundamente. No es que en el orden material España esté
en tal situación de inferioridad con los demás pueblos que
haya que reconocerlo y proclamarlo, afirmando esa infe
rioridad en términos que sean para ella denigrantes, no;
el grado de cultura externa, lo mismo en producción que
en comunicaciones, no implica un cambio brusco ni una
alteración substancial en el orden de la civilización de los
pueblos.
»Yo he visto con asombro —me decía—, en el orden
material, que no hay una aldea en Guipúzcoa y en Na­
varra, que he recorrido, en que no haya luz eléctrica, y
me he quedado admirado porque en gran parte del ba­
rrio de Passy, de París, y en otros de las afueras, así
como en la avenida de Waterloo, en Bruselas, no existe
luz eléctrica; yo he visto en Guipúzcoa más teléfonos
que en ningún punto de Alemania. Aun cuando en otras
partes de España el número de analfabetos sea grande,
la producción sea escasa, las comunicaciones difíciles, no
es en eso en lo que consiste la inferioridad; pueblos hay
que figuran como grandes y cultos que no tienen compa­
ración con el vuestro en algunas de sus regiones; no
está tampoco vuestra inferioridad en el número de ar­
mas de vuestro ejército; sabemos cuál es vuestra histo­
ria, cuál es el vigor de vuestro temperamento militar,
cuál es vuestra población y cómo podríais reclutar un
ejército poderoso en pocos meses. No está tampoco la in-
138 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

ferioridad en el número de barcos de vuestras escuadras,


bien administrada vuestra hacienda, podríais, en poco
tiempo, duplicar vuestra armada.»
«Entonces —le dije—, ¿está en nuestra cultura inte­
lectual?» «Tampoco; si no la tenéis extraordinaria, si no
domináis, como en el siglo xvi, en Europa, que no sólo
dominásteis con las armas, sino también por las letras,
podéis dominar porque tenéis una de las inteligencias más
equilibradas de los pueblos modernos. No tenéis la intui­
ción brillante del francés, pero tenéis más profundidad;
no tenéis el análisis del italiano, pero sois más sintéticos;
no tenéis la observación paciente del inglés, pero teneis
más ingenio; y no tendréis a veces la paciencia, la lentitud
y la profundidad del alemán, pero le aventajáis en otras
cualidades.»
«¿Cuál es entonces —le dije—, la causa de nuestra
inferioridad, puesto que en el orden moral no la reconoz­
co? ¿Qué os ha: producido esa tristeza que expresáis con
una cortesía, que yo agradezco, al indicarme algo que ape
ñas queréis confesar porque teméis herirme?»
Y él, después de buscar palabras corteses "para suavi­
zar la idea, me dijo lo que yo llevo desde entonces gra­
bado en mi alma. Pues me vais a oír, porque voy a ha­
blar muy alto, ya que el asunto lo merece.
Entonces ese extranjero ilustre, con una cortesía que
yo agradecí, me dijo: «He paseado desde los Principados
danubianos hasta la desembocadura del T ajo; conozco
todos los pueblos de Europa y de América, y puedo afir­
maros que no hay un pueblo, al menos en las clases más
intelectuales y altas, menos patriota que vuestro pueblo.»
«¿Como? —exclamé indignado—. ¿Menos patriota que
nosotros?»
«Sí —dijo él— ; hé juzgado por la Prensa, por los dis­
cursos vuestros en la Academia y en el Parlamento, y en
todas partes, desde que entré en España, os he oído ha­
blar a vosotros de tal suerte que veo con asombro que
España es el pueblo que más se injuria, que más se ca-
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 139

lumnia, que más se insulta a sí mismo; no sé de ningún


pueblo que, viviendo en Europa, diga que no es europeo;
no sé de ningún pueblo que reniegue de su casta y de su
historia, y de una historia como la vuestra, que se ha con­
fundido tantas veces con la historia universal.
¡Ah señores! Todavía llevo aquellas palabras lacerando
mi corazón: que mi pueblo no era patriota, que mi raza
no amaiba a su país... ¡Mi patria, que levantó en los mares
un mundo en el que ha engendrado más Estados que nin­
gún pueblo de la tierra, que hablan todavía su propia len­
gua y proclaman su grandeza! ¡Mi patria, que encarceló
un mar y le sujetó entre los brazos de sus costas; la que
hizo que el sol no pudiera alumbrar a la tierra sin antes
hacer pasar sus rayos por el oro de la corona de nuestros
reyes! ¡Que este pueblo se desprecia, se injuria, se escar­
nece a sí mismo; que dice que no es Europa», y ahora...
ahora, cuando fuisteis a llevar a Don Alfonso a París, se ha
dicho que hemos también oonseguido un triunfo, porque
ya se nos admite a libre política!
Decía que he oído a un extranjero que había recorri­
do todos los pueblos de Europa hablar del pueblo espa­
ñol en comparación con los demás, y después de ver las
diferencias de prosperidad material y de cultura en to­
dos los órdenes (yo debo reconocer en eso nuestra inferio­
ridad), y de afirmar nuestra capacidad nativa para toda?
las grandes empresas, me decía, cubriendo con eufemis
mo y velos de cortesía las palabras para no ofender en
mí el corazón del patriota, que había una cosa en la cual
éramos nosotros inferiores a todos los pueblos, y que esta
cosa era la faha de patriotismo. Y como yo me sublevara
él me dijo: «Es que en todas partes, en la palabra ha­
blada y escrita, por dondequiera que he ido, en España
no he oído más que un largo lamento, un largo quejido,
una larga protesta contra España, que es un pueblo que
se injuria y se calumnia constantemente a sí mismo. No
he oído de ningún pueblo que diga de si mismo que no
es Europa; no he oído de ningún pueblo que a todas ho-
140 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

ras y todos los días se esté rebajando ante los extranje­


ros.» Y por eso yo decía que una de las cosas —son dos,
hablaré luego de la segunda—, que una de las cosas que
más me han molestado a mí en el viaje del Monarca a
París no ha sido el viaje mismo, ni las consecuencias di­
plomáticas que tendrá o pueda tener, sino aquel coro que
aquí se formó diciendo: «Ya Europa nos ha admitido a
libre plática; ya estamos perdonados del fusilamiento de
Ferrer; ya Europa nos ha perdonado; ya hemos ingre­
sado en el concierto europeo.» Esto me ha herido en las
entrañas.

(Discurso en el Congreso de los Diputados. — 6 de


junio de 1913.)
3. La base fija de la política internacional.

Por estos tres ideales que forman la abrazadera es­


piritual de nuestra raza hay que luchar. Si los Gobiernos
entendieran bien su cometido, si en la política imperase
el alto espíritu patriótico que raras veces se nota en las
alturas de los Ministerios, ¡ah, señores!, entonces esos
ideales saldrían del hogar a la escuela y de la escuela a
la vida pública, como una enseñanza encendida en todas
las almas. Y un Gobierno verdaderamente católico, que
sintiera esa unidad y esos ideales de que os hablo, que
viviera y se preocupase por el porvenir de esta Patria
que podría ser tan grande, haría que formara parte de la
enseñanza y que se educara al niño en el hogar y en la
escuela, con la vista fija en ese ideal triple, en el cual
se encierra el porvenir de la Península y la raza. Toios
los hijos de España deberían oír desde el regazo de sus
madres que tenemos un fin común y colectivo que une
a todos los pueblos peninsulares: el dominio del Estre*
cho, la federación con Portugal y la unión con América
Cuando nuestro pueblo sienta esos ideales, cuando los
lleve encendidos en el alma, ya se verá cómo, en la pri­
mera ocasión propicia que se presente en la Historia, sur
girán con una potencia y una energía tales, que asombra­
rá al mundo. ¿Y sabéis por qué? Por una causa que vos­
otros, que vestís el honroso uniforme militar y lo habéis
visto en varias ocasiones salpicado con vuestra propia
sangre, sabéis mejor que nadie, y es que, a pesar de to­
dos los prodigios de la ciencia contemporánea, el corazón
sigue siendo el primer elemento de combate.
Cuando estos ideales culminen en el alma de nuestro
142 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

pueblo como un deseo y una esperanza se habrá avanza­


do mucho para que lleguen a ser tres realidades. Y para
eso no es necesario que en un momento se traten de lle­
var a cabo; ya sabéis que la oportunidad y la prudencia,
que en todos los actos de la vida individual y colectiva
han de regular la conducta, se requieren singularmente
en la vida política del Estado. Pero debéis tener en cuen­
ta siempre que las alianzas internacionales varían, pues
no hay tratados eternos ni perpetuos, sino que estos tra­
tados se ven cambiados por las circunstancias, a través
de las cuales pasan los pueblos: y así puede darse el caso
de que una nación enemiga que haya estado en lucha
con nosotros, andando el tiempo, pueda convertirse en una
nación am iga; y es que las alianzas varían; lo que no va­
ría son las bases geográficas e históricas de una política
internacional.

(Discurso en Barcelona.—8 de junio de 1921.)


LA EDUCACION EN UN TEMA TEOLOGICO
La Encarnación.
La Virgen, ideal de belleza.
Esvaña y María.
La Virgen, trono de la Encamación.
Seguridad del éxito.
Vf

LA EDUCACION EN UN TEMA TEOLOGfCO

FILOSOFIA DE LA MARIOLOGIA

1. La Encarnación.

El Cristianismo, es decir, el Catolicismo verdadero,


porque es el completo, resuelve las relaciones entre lo
infinito y lo finito por medio de un dogma central, la
Encamación, que salva el abismo entre los dos sin la con­
fusión monista ni la separación dualista y deísta, al unir
sin confundir y al distinguir sin separar la naturaleza hu­
mana y la divina.
El hombre, microcosmos , compendia la creación en las
dos substancias de su naturaleza, y al unirse ésta a la di­
vinidad, en la persona del Verbo, se realiza la más ma­
ravillosa armonía, y los seres finitos, creación líbre de
Dios, se unen con El. y el abismo queda colmado sin
identidades ni separaciones absurdas.
Una elevadísima Teología, sostenida por una pléyade
de apologistas, teólogos y místicos, y que llega hasta el
Instaurare omnia in C hristo , de San Pablo, y hasta el
Evangelio, de San Juan, afirma que la Encarnación se
hubiera verificado aun sin la culpa del hombre, para in­
finita glorificación extrínseca de Dios y para realizar la
comunicación más grande de Dios, el cual, no pudiendo
ceder sus atributos, une, por modo eminente, con la na­
to
*
146 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

turaleza más sintética, todas sus obras a Sí en la per-


sona del Verbo.
Pero es indudable que, dada la culpa primitiva, es fin
esencial la Redención, y la Redención no podía venir del
hombre solo, que era el culpable y que no tenía el poder
de restaurarse a si mismo ; y aunque, hablando en abso­
luto, Dios pudiera redimir al hombre aun sin la interven­
ción del hombre mismo, la conveniencia y la armonía de
los dogmas parece que pedían que la redención no vinie­
se de Dios solo, sino de Dios hombre.
Pero Dios, que, por decirlo así, inclinaba su miseri­
cordia sobre nuestras miserias, podía unir a sí. una natu­
raleza finita, cbra suya, pero no una naturaleza mancha­
da por el pecado, obra de la libertad humana; y por eso
la Encarnación pedía una naturaleza inmaculada’, exenta
de toda sombra, para encamarse y poder asumir una hu-
manidad incontaminada en la persona del Verbo.
Y ved aquí el encadenamiento dsl plan divino: la cul­
pa reclama del amor la Redención ; la Redención supone
la Encarnación que salva el abismo entre lo finito y lo
iníirito. y la Encamación pide una naturaleza inmacula­
da, y esa naturaleza no puede tomarse más que de un seaio
virginal, pues toda unión con el hombre pecador la man­
charía.
Así resulta, además, la correspondencia entre la Re­
dención y la caída, pues si el hombre y la mujer partici­
paron de la culpa, también participan en la restauración,
y el segundo Adán no tiene más padre que Dios, como
el primero.
Al dogma central de la Encarnación se refieren, direc­
ta o indirectamente, todas las herejías que gravitan lógi­
camente hacia el panteísmo al sentar premisas que la al­
teran o la niegan en su esencia o en sus efectos y al le­
vantarse contra la Virgen para blasfemar de la persona
de Cristo.
Sobre ella triunfará el famoso argumento (el de Es­
coto, formulado ya, por una singular anticipación, más
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 147

de un siglo antes, por un escritor compostelano); «Podía


hacerlo; convenía que así lo hiciese; luego lo hizo.»
La Encamación, que es. como se ha dicho, el sacra­
mento supremo del que se derivan los demás, establece
una prodigiosa jerarquía de perfecciones para subir des­
de el pecado, ahogado poí^el arrepentimiento y la gracia,
hasta Dios.
La distancia entre el ser infinito y el finito es infini­
ta, y sólo el ser infinito podía llenarla. El abismo entre
una naturaleza limitada y la que posee la perfección sin
límites parece que se agranda cuando la limitada está,
además, manchada por la culpa y se la compara con la
santidad esencial. ¿Cómo levantarla hasta Dios? Borran­
do con la gracia la culpa para que el alma ascienda hasta
la cumbre de la santidad.
Pero como se puede resistir a lá gracia y hay la posi­
bilidad de perderla, esas cumbres sirven pera ver me­
jor la debilidad humana y la extensión del abismo que
la separa de Dios. El abismo, en cierto modo, se disminu­
ye cuando se coloca sobre él la naturaleza inmaculada
que no ha necesitado desprenderse del pecado para as­
cender al sitio más alto a que pueden llegar todos los
seres, y el abismo se cierra cuando de esa naturaleza in­
maculada se toma una humanidad pura para unirla y
asumirla en la persona del Verbo.
Santidad, Pureza Inmaculada, Humanidad deificada,
es decir, el Santo, la Virgen, Cristo; esa es la escala que
salva la antítesis suprema en que mueren todas las reli­
giones y filosofías que ignorán o niegan el nudo de la
Encarnación que ata el Universo a Dios.
2. La Virgen , ideal de belleza.

Bi tipo de la Virgen es de una grandeza tal que exce­


de a todas las ideas más altas de los hombres.
Hija, esposa, madre, virgen, todo a un tiempo y en
una sola unidad, es el ideal realizado de una belleza so­
brenatural que toscamente los artistas de la primera épo­
ca» de la Edad Medila querían representar la imaglen de
Santa Ana teniendo en su regazo a la Virgen, que tenía
en el suyo al Niño Dios.
Ruborosa y humilde en la salutación angélica; trans^
portada de gozo en el Magníficat; ^atravesada con todas
las espadas del dolor en el Stabat Mater dolorosa, bajo
todas las formas y advocaciones, ha rendido la admira­
ción de los hombres, pues hasta el mahometismo, la reli­
gión de la impureza, ha proclamado en el Corán su vir­
ginidad y su concepción inmaculada, y ningún verdadero
poeta ha pasado delante de su altar sin saludarla con una
vibración de su lira y de su alma.
El despertar de la niñez y de las primeras oraciones
puestas con los primeros besos en los labios, las horas
doradas de la adolescencia que no volverán, las inquie­
tudes, las ilusiones, las esperanzas y también los desen­
gaños que las m architan; las congojas y las alegrías, todo
se enlaza a la que nos comunicó la savia del c erpo y del
alm a; y por eso, cuando la perdemos, nos acompaña como
una sombra invisible, dejándonos un recuerdo fúnebre
que los años no borran en la memoria y una espina siem­
pre clavada en el corazón. (G randes aplausos.)
¡La orfandad! ¿Qué religión y filosofía han pensado
en aliviarla y en suprimirla sustituyendo la madre muer­
ta con una que no muere nunca?
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 149

Sólo una religión divina podía' hacerlo, y la Iglesia


nos la muestra en la Virgen, no como un símbolo, sino
como una realidad, como la realidad que invocaban en las
horas de angustia nuestras madres y de la que todos guar­
damos testimonio, porque es ella la que, en momentos
supremos, cuando el corazón es arrastrado por las aguas
negras del dolor, parece que se inclina hacia nosotros y
nos alarga su manto para que, asidos a él nos salvemos
del naufragio.
3. España y María.

La historia de España está de tal manera unida


al culto de la Virgen que sin él no se concibe. En el
décimo Concilio de Toledo ya se regulan isus festivi­
dades que se venían celebrando; y cuando la nacionali­
dad empieza, todas las lenguas la cantan como la alon­
dra a la aurora. La de Castilla puede decirse que empieza
con la vida de Santa María Egipcíaca, la oaitalana con el
Desconsuelo de Raimundo Lulio y la gallega con las Can­
tigas de Alfonso el Sabio. Y cuando toda la Península se
estremece con las terribles invasiones de Almanzor, que
amenazan reducir la Reconquista a Jas grutas y las mon­
tañas de donde salieron los primeros guerreros; cuando
los normandos siembran el espanto de las costas y la mo­
narquía naciente vacila en el siglo milenario, un obispo
compostelano, San Pedro de Mezonzo, como, un quejido
de angustia, pero también de esperanza y de amor, que
sale del alma española, formula la Salve que después re­
zará la Cristiandad entera. Y con el siglo xm , cuando to­
dos los esfuerzos se agotaban en la lucha contra ios albi-
genses, Santo Domingo de Guzmán, como supremo pre­
cursor, por inspiraciones de lo Alto, instituye el Rosario.
Y bien puede decirse que toda la Reconquista no es más
que la marcha triunfal de España al través de un río de
sangre y una selva de laureles, cuyas ramas van separan­
do con su espada los cruzadas para abrir paso a la Virgen
que los protege con su manto y lo tiende sobre ellos como
un dosel de gloria, y por eso dan su nombre a la carabela
de Colón y a la prodigiosa de Magallanes, la primera que
dió la vuelta a la tierra.
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 151

Y a la historia común corresponde la particular de las


regiones, que parece que se agrupan ante un altar de la
Virgen para recibir el calor y la protección de la madre.
Sevilla, con los esplendores de su cielo y la gallardía de
su Giralda, y las vegas perfumadas que riega el Gua­
dalquivir, se abité como una rosa para exhalar el aroma
de su alegría ante la imagen de su Macarena. Granada
ofrece sus'maravillosos cármenes a la Virgen de las An­
gustias, como si quisiera endulzar su amargura; en Mur­
cia, la Virgen de la Fuensanta reina sobre las fiestas, los
cantos y los hogares de la muchedumbre campesina; en
Valencia, la Virgen de los Desamparados parece una pa­
sionaria ante la que se inclinan amorosamente todas las
flores de su huerto; en Cataluña, sobre las rocas que pa­
recen las columnas de un templo ciclópeo quebrantadas
por un terremoto, se levanta la Virgen de Montserrat,
más alta que las chimeneas de las fábricas, que asemejan
con las nubes de humo sus incensarios; en Navarra, una
raza más fuerte que el granito y el roble de sus montañas,
se postra ferviente y rendida ante la Virgen del Puig y
del Camino; en Vizcaya, por encima del árbol milenario
de sus libertades, la Virgen de Begoña preside el trabajo
fecundo de sus hijos; en Asturias, en una grieta del Au-
sevá, la Virgen de Covadonga, la Virgen de las Batallas,
la primera que vieron mis ojos, señala en el hilo del agua
que brota a sus pies y se filtra en el musgo de las rocas
el torrente que se convertirá en río de sangre que atra­
vesará la Península y penetrará en el mar, señalando el
camino que recorrerán los audaces aventureros para do­
minar el planeta ; en Galicia, en la incomparable Cate­
dral compostelana, frente al Pórtico de la Gloria, el arco
de triunfo levantado por la Fe y el Genio a los cruza­
dos de Las Navas, los versos de Rosalía de Castro parecen
caer sobre la Virgen de la Soledad como gotas de llanto
con que la piedad popular quiere regar las heridas que
producen en su corazón las espadas del dolor; en Extre­
madura, la Virgen de Guadalupe, a cuyos pies fué a des-
152 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

cansar como un león fatigado el gran Emperador, señala,


con el esplendor y la decadencia de su culto, la grandeza
y la postración de su pueblo; en León, Santa María, don­
de Alfonso VII quiere poner como un exvoto su espada y
el manto imperial que intenta extender sobre los demás
Estados; en Castilla, la Virgen que llevan en el arzón de
su caballo el Cid Campeador y San Femando, y las múl­
tiples imágenes de la Virgen del Carmen, que parece en­
contrar su pedestal más apropiado en el corazón de Santa
Teresa, y, finalmente, en Aragón, en las márgenes del
río que da nombre a toda la Península, se levanta' la Vir­
gen cuyo Pilar indica una tradición que sube hasta la edad
gótica y los últimos tiempos de Roma y llega a la edad
apostólica como un cimiento de España. Porque la Vir­
gen, con sus distintas advocaciones, coronada de estrellas
o atravesada por espadas dolorosas o triunfantes, resume
con su culto los amores de esta patria, que creció bajo
su manto desde el Auseva, al empezar la gran Cruzada
occidental, hasta terminarla invocando su nombre en la
última de las Cruzadas, en Lepanto.
4. La Virgen, trono de la Encarnación.

Si la Encarnación es el misterio central, pues supo­


ne los misterios anteriores, y a él sé refiere como prolon­
gación el más sublime, la Eucaristía, que los resume to­
dos, la Virgen es como el trono de la Encarnación, y de
este centro de verdad de amor nacen nuestros deberes.
El deber de la propaganda intelectual y moral para
dilatar el imperio de la Fe y de la Caridad. Ya lo he
indicado algunas ^eces: el Docete omnes gentes dirigido
al apostolado supremo, en cierta manera alcanza también
a los humildes en la medida de sus fuerzas. La enseñan­
za durará tanto como la ignorancia, y la ignorancia tanto
como los hombres. Demostrar verdades, desvanecer pre­
ocupaciones, apagar odios y encender amores; es decir,
extender y atraer, esa es la fórmula que condensa los
rasgos de la propaganda intelectual. No lo será si se di­
rige al hombre mutilado, que es un simple combinador de
abstracciones o un tanimal movido por el instinto; sino al
hombre completo, que tiene una voluntad libre, que debe
inclinarse al bien supremo y que unas veces se eleva a
los grandes sentimientos y otras se abate hasta las pa­
siones miserables.
Cuando la certeza ha tomado posesión de un entendi­
miento y cuenta con la adhesión de la voluntad, sale, por
el proselitismo, al encuentro de los seres para dilatar su
dominio. La fe es un conquistador que sólo vive conquis­
tando. El que la posee, cuando no puede conquistar con la
palabra y con la pluma, que conquiste con el ejemplo,
que vale más que la pluma y que la palabra. No rendirse
cuando los demás se rinden es imponer un tributo a la
victoria. Donde no hay apóstoles no encontraréis héroes ni
mártires.
La propaganda necesita, para desplegarse, el centro
154 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

de una unidad espiritual que le sirve de punto de par­


tida y de base de operaciones, y eso supone un estudio de
los fundamentos y las claves de la Filosofía y la Teología,
que iluminan las ciencias jurídicas y sociológicas, que en
ellas se fundan hasta cuando las niegan, porque entonces
parten de filosofías contradictorias que son la oremisa ocul­
ta que las sirve para interpretar los hechos que ponen
por delante.
No ae trata de obligaros a escribir nuevas Summas
Theologicas, pero sí a estudiar las Summas contra los gen­
tiles modernos, de que hay muchos ejemplos acomodados
a las necesidades actuales y a los errores nuevos, más
nuevos en la forma que en el fondo.
Hay en esto un defecto en que muchos tratados abun­
dan: el desmenuzamiento y la división excesiva de las
materias, que pulveriza las cuestiones, haciendo perder
la idea del conjunto. El entendimiento humano tiende a
la unidad, que es su origen y su fin, y lá busca con el
prodigioso poder de la abstracción, viendo en las cosas
lo universal y apartando lo particular.
Está bien que admiréis todos los pormenores de una
catedral piedra por piedra, pero no olvidéis el plan del
conjunto que está sobre todas ellas. El prestigio de que
gozan muchos errores en el vulgo intelectual estriba en
que son falsas síntesis que pretenden ser unidades, como
la evolución, aptas para explicarlo todo.
No se pueden demostrar a priori los grandes misterios,
pues dejarían de serlo; pero una vez revelados, se puede
probar la armonía que tienen entre sí y fijar con la ra­
zón las bases de la Apologética y de la Teología, de tal
manera, que sin sombras de hermosianismos se demues­
tren... Yo mismo tengo entre mis trabajos (hace tiempo
empezados y nunca concluidos, por la dispersión de la
atención a que me han obligado malandanzas políticas)
uno que pienso titular con un poco de arrogancia «Demos­
tración de la verdad católica por todos los errores que la
combaten».
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 155

Expuesta y razonada la doctrina católica, se pueden


deducir a priori los errores contrarios como negaciones
parciales de ella y confirmados después en la Historia y
sacar del conjunto de todos, por la unidad de contraste
con esa doctrina, la única unidad que tienen, una prueba
en que el error resulta a su manera tributario y demos­
tración indirecta de la verdad negada.
Una cosa os debe alentar en vuestras propagandas y
polémicas: la calidad intelectual de vuestros adversario?
en España, que no es para producir espanto (risas), pues
aun la fuerza política que reciben las llamadas «izquier­
das» se debe a Ja táctica singular de los que no quieren
ser izquierdistas, y que tienen dos partes: primero, los
Gobiernos las incuban y las protegen, y después se dedi­
can a tenerles miedo y a regular por él su acción. (A plau ­
sos y risas.)
Por eso, en las luchas religiosas con los librepensadores
el primer conflicto está entre su ignorancia y nuestra
cortesía, y la caridad, que llega en apoyo de la cortesía.
Yo sé de uno que pasaba por docto y quería escribir un
libro en que tenía que referirse a doctrinas religiosas, y
no para combatirlas, y pedía a un amigo mío que le diese
una nota sobre lo que eran los Sacramentos y su núme­
ro... Y yo mismo, discutiendo con uno de los librepensa­
dores más encumbrados, cuando impugnaba los funda­
mentos de la moral racionalista que él quería sostener,
noté su asombro —que no era menor que el mío—• al ver
cómo se extrañaba de que yo fijase las bases de la Etica
-en las relaciones trascendentales con Dios, demostradas
por la razón, cuando él creía que la Etica natural que
afirmamos los católicos era una Etica sobrenatural, fun­
dada en la revelación cristiana, confundiendo la ley na­
tural con la ley de gracia, que para él era todo lo mismo.
Ya sé que la fe que se refiere a lo sobrenatural es un
don de Dios, pero se ha de preparar desvaneciendo los
obstáculos que acumulan los errores.
5. Seguridad del éxito.

El Sermón de la Montaña es el complemento del De­


cálogo. Una ola de lujuria —más extensa quie nunca,
porque hoy existen medios para difundirla que el paga­
nismo desconoció— amenaza invadir los hogares cristia­
nos, y para contenerla hay que restaurar el amor cristia­
no, que va extinguiéndose bajo la tiranía de la carne. Y
el amor cristiano no va de cuerpo a cuerpo, va de alma a
alma y de las dos su Dios.
Vivimos en una época pavorosa, porque las luchas que
acaba de presenciar el mundo no han terminado, y, des­
pués de una tregua precaria y de una paz, que es una
guerra de intereses, estallarán con más furia. En esta hora,
a fin de combatir y trabajar para que el mundo vuelva a
Cristo, debéis tener en cuenta la sabia y hermosa regla
ignaciana que condensaba gráficamente el admirable in­
genio del Padrp Gracián:
«Obrad como si no tuvieseis más medios que los na­
turales y trabajad como si no los tuvieseis más que so­
brenaturales.» Y si llega la ola sangrienta, que ya se ha
desbordado en tantas playas y arrastra entre sus espumas
las ruinas de una sociedad corrompida, no tengáis temo­
res sobre el resultado de la contienda, que las olas y las
tempestades pasarán y permanecerá la palabra de Cristo.
Recordad que la Iglesia hace dos mil años que está
combatiendo a la im p ie^ d y al vicio, conjurados contra
ella, que marcha en medio de un augusto aislamiento sin
celebrar pactos con el error y el vicio; y si ha zozobrado
algunas veces el ánimo de sus hijos, su nave, acostumbra­
da a surcar los mares irritados, no ha zozobrado nunca.
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 157

Y, para concluir, quiero presentaros como un ejemplo


y en una imagen de la Virgen la imagen de la victoria.
Hace poco me lo referían con toda suerte de pormenores
unos jóvenes católicos llegados del Nuevo Mundo.
La revolución sectaria más enfurecida se había ensa­
ñado con una de las repúblicas, hijas, por la civilización
de España; con la de Méjico. Inverosímiles tiranuelos sa­
quearon las iglesias, convirtiendo a muchas en templo de
vicios. Dispersaron a los sacerdotes, persiguieron a los fie­
les, prohibieron hasta el sacrificio de la Misa, y deseando
herir a todos los creyentes en su mismo corazón, en el
centro de sus amores, en la Virgen de Guadalupe, la que
llevó en triunfo Hernán Cortés a través de las selvas del
Nuevo Continente, una mano criminal colocó una bomba
debftjoi de su altar; y cuando, después de un horrible
estallido que destrozó el altar y los mármoles y candela­
bros y las vidrieras del templo, cesó el estruendo y se
desvaneció el polvo de las ruinas, los fieles y los crimina­
les vieron con asombro la imagen intacta y sin haber su­
frido la más ligera rozadura el cristal que la protegía,
destacándose dulce y sonriente como el amor venciendo
al odio y pisando la serpiente de la anarquía.

(Discurso pronunciado en el teatro de les Damas C ate­


quistas .—7 de mayo de 1922.)
VII

EL IDIOMA
1. La lengua nacional y las lenguas regionales.
Vil

EL IDIOMA

La lengua nacional y las lenguas regionales.

No comprendo siquiera que se haya planteado como


un problema las relaciones entre la lengua regional
y la lengua común. Yo creo que en España las regiones
más acentuadas y completas son pueblos bilingües, y que
las dos lenguas, la regional y la común, obedecen a dos
necesidades imprescindibles. Yo afirmo t í libre uso de la
lengua para todo cuanto quieran y para todo cuanto de­
seen y necesiten los que la hablan en uná región; no pon­
go en esto límites en mi afirmación, que no puede ser
más categórica. Para todos los actos, no digo literarios,
porque eso nadie lo niega, sino judiciales, para todo, pue­
de usarse la lengua regional. Y no comprendo aquellos
extraños temores que sienten algunos acerca de la merma
que puedan producir en la lengua común las lenguas re­
gionales. Más hay que temer por éstas que por aquélla.
El vasco, sin tomar la fecha desde más lejos que la
primera guerra civil, ha decrecido mucho; no se habla
en Alava, ni en Valmaseda, ni en Bilbao; se ha reducido
en Navarra, casi a Alsasua y el Baztán. El catalán mismo,
con hablarse tanto, con ser una lengua completa y litera­
ria y tener poetas eminentísimos, no ha impedido que el
castellano se extienda tanto que apenas hay catalán que,
si no lo habla, no lo entienda; cosa que en mayor grado
11
162 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

sucede en G alicia; pues en las villas y ciudades se habla


el castellano y en los pueblos y caseríos es difícil que
haya ya uno que no lo entienda, si no completamente, en
parte, siendo más difícil que un castellano entienda a un
campesino gallego que un campesino entienda a un cas­
tellano.
¿Cómo se comunican las regiones españolas entre sí y
con los veinte Estados americanos que tienen el castella­
no como lengua oficial? Pues tendrían que comunicarse
en la lengua castellana, que es la que hablan esos veinte
Estados. La existencia, pues, de esa lengua no es una
imposición legal; se funda en una necesidad común. Es
evidente que las lenguas, que son uno de los hechos más
naturales y espontáneos, no tiene el Estado derecho a li­
mitarlas y cercenarlas ; tiene el deber de respetarlas.
Yo he dicho que los gramáticos vienen después que
la lengua está formada, y los filósofos vienen después de
los gramáticos; pero los poetas preceden a los gramáti­
cos, a los filósofos y aun a las lenguas, en el sentido que
de un dialecto rural, que no sirve ni para expresar las co­
sas más ordinarias de la vida, sd ha pasado por la lira de
un poeta, si ha recibido un rayo de su inspiración, podrá
tomar, si no los tiene, vocablos de otros dialectos y de
otras lenguas, y tendrá el aglutinante de una inspiración
y se concentrará en un canto y en un poema, y allí acu­
dirá la gente de otras lenguas a beber en el raudal de la
poesía que pasó por el alma de un bardo, que enalteció
los vocablos del vulgo campesino hasta elevarlos a len­
guaje literario. Por eso, aunque parezca paradoja, yo he
afirmado que son los artistas, los poetas, los que hacen
verdaderamente la lengua, la cual nace, además, y no de­
pende de las autoridades, y muchas veces de la voluntad
de los hombres; que se dilata conforme a una ley histó­
rica —que he señalado alguna vez y en la que no se re­
para bastante— por el centro geográfico y la importancia
del Estado que la habla. Si Galicia estuviera en el centro
de la Península, o lo estuviera Cataluña, seguramente que
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 163

la lengua oficial sería el gallego o el catalán, porque el


centro geográfico influye de una manera extraordinaria
en la dilatación de las lenguas.
En Francia, el francés era muy inferior al provenzal,
al normando y a otra® lenguas; pero el Estado, que se
levantó sobre los demás, estaba en el centro de Francia,
con la Monarquía de los Capelos, que fué la que más
creció y se impuso a las otras lenguas.
En el centro de Inglaterra y de la eptarauía anglosa­
jona estaba el inglés, que entonces era inferior a las len­
guas célticas, e impuso su predominio- Prusia y Sajonia,
por una razón análoga, impusieron, con el poderío del
Estado, el actual alemán, que se hablaba tn los pueblos
germánicos. Y Toscana llegó a imponer su lengua sobre
el Veneciano, el Napolitano y el Siciliano.
Siempre el centro geográfico, como punto de coinci­
dencia y de enlace de todos los Estados, tiene la virtud
de dilatar la lengua que habla, y cuando el Estado llega
a adquirir preponderancia, sus diplomáticos, sus conquis­
tadores, lo extienden y llevan como una estela de su so­
beranía.
Así se explica que sólo un libro, como el del Padre
Malón de Chaide, en el prólogo de la «Magdalena» —él.
que era de origen vasco—, reclame para el castellano una
extensión que corresponda a la de los dominios que la
soberanía del Estado iba conquistando. ¿Por qué? Porque
era la época de la grandeza, de los esplendores de España,
cuando el Estado español sometía a América y al Paci­
fico, dominaba a Europa; y aquella lengua que el Esta­
do español hablaba casi hizo callar entonces, literaria­
mente, a las lenguas regionales, como si se confundiese
su fuerza con la del Poder público.
Por esto, yo he protestado siempre de que la lengua
común que todos hablamos se llame lengua castellana,
porque su origen estuvo en Asturias, y de allí bajó a la
llanura leonesa y castellana, donde se ha desarrollado con
la savia que le comunicaron todas las regiones, que de to-
1M VAZQUEZ D I MILLA Y LA EDUCACION NACIONAL

das salieron los escritores y poetas que la han formado.


Si no fueran ellos, ¿qué quedaría del castellano? Cer­
vantes y Saavedra Fajardo son nombres de origen galle­
go; Lope de Vega, Calderón y Quevedo son nombres
montañeses; Ercilla es vasco, y Jáuregui, aunque sevilla­
no, de procedencia éuskara; BoScán y Moneada, catala*
nes; Guillén de Castro, valenciano; los Argensolas y Zu­
rita, aragoneses; Meló y Gil Vicente, portugueses, y Ca-
moens, nieto de un caballero gallego, que también escri­
bió poesías castellanas; todos han contribuido a formar
la lengua mal llamada castellana, que tiene cientos de vo­
cablos éusJoaros y árabes, y que también los* ha recibido
de sus contemporáneas, la gallega y catalana, porque, a
manera de esponja, ha tenido que recoger en todas las
regiones, que eran sus fuentes, el cfcudpl necesario para
constituir una lengua que, por obedecer a necesidades co­
munes, hablamos todos.
Esta lengua castellana, formada por todas las regio*
nes, no es lengua castellana, porqüe no es una lengua re­
gional; es lengua de comunicación, y, por lo tanto, len­
gua común española.
¿Quién sería el que se atreviese a decretar que una
región que tuviese lengua propia, como Galicia y\ Cata­
luña, dejase de hablar la llamada castellana? ¿No r r ia
esto una violencia tan absurda como la de prohibir el oto
del gallego o del catalán?
Las lenguas peninsulares obedecen a dos necesidades:
a la necesidad de comunicación con América y de las re­
giones entre sí corresponde la castellana; a la comunica­
ción interior, a la manifestación de su derecho, de su li­
teratura y de todo lo que es su genio y .su vida, las len­
guas que no han rebasado los linderos regionales. ¿Por
qué no afirmar las dos? Repito que las regiones, con len­
gua propia, deben ser pueblos bilingües, y que para to­
dos los usos literarios y jurídicos puede emplearse la len­
gua propia, que es un hecho social incuestionable, que no
tiene derecho a mermar ni a cercenar el Estado, pero que,
VAZQUEZ D t MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 165

al mismo tiempo, debe afirmarte la lengua común, que et


un lazo y un vínculo nacional para que ae comunique
toda laf raza española repartida en dos continentes.
(Discurso pronunciado en Santiago. — 31 de julio
de 1918.)
/

VIII

FIESTAS RELIGIOSAS
1 Miércoles de Ceniza.
2. La Pasión.
3. El Corazón de Jesús.
4. El Día de Difuntos.
5. La Inmaculada.
6. La Nochebuena.
VIII

FIESTAS RELIGIOSAS

1. Miércoles de ceniza.

Después del Carnaval con sus locuras, la Cuaresma


con sus austeridades.
El primero es la fiesta de las pasiones; la segunda,
de los deberes
El Carnaval lleva como divisa el epitafio de Sardaná-
palo: «Come, bebe, goza; todo lo demás es nada.»
La Cuaresma parece decir al hombre, mostrándole el
cielo: «Toma la cruz y sígueme.» Entre uno y otra hay
la diferencia que entre la cortesana que apura la copa
de las impurezas en medio de la orgía y extingue una vi­
da de ignominia, retorciéndose en el lecho de un hospitsU,
con todas las torturas del espíritu y todas las convulsio­
nes del dolor, y el austero religioso que, despegado de
las podredumbres terrenales, se arrodilla al borde del se­
pulcro para ver mejor las miserias y vanidades humanas
convertidas en un puñado de polvo y una calavera y po­
der levantar el corazón a Dios y elevar hasta El la ora­
ción, pidiéndole que abrevie el plazo del destierro y apre­
sure la hora en que las tempestades del alma se serenan,
sus anhelos encuentran término y su voluntad reposo.
Comparad un baile de máscaras con un templo el día
de Viernes Santo, y comprenderéis el abismo que separa
al Carnaval y la Cuaresma.
El Carnaval disfraza a los hombres y los engaña, mos-
170 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

trándoles la vida como un festín que debe term inar en


una orgía. La Cuaresma arranca al hombre la careta y
pone sobre su frente ceniza para indicarle que los place­
res de la carne se truecan en polvo y sólo las virtudes se
convierten en coronas inmortales.
La vida es el término de vuestros deseos ; gozad de
ella, dice el Carnaval.
La vida presente es un medio; dirigidle a su fin su­
premo, dice la Cuaresma.
Y las dos voces llegan al oído del hombre; pero la
primera tiene por auditorio las pasiones y la segunda la
conciencia. Y entre los que escuchan la palabra que ha­
bla al espíritu y los que sólo atienden a la que se dirige
a la carne, hay oposición constante y lucha inacabable.
Esa guerra se enciende dentro de nosotros, y el propio
corazón es teatro de la gran batalla que riñen perpetua­
mente el apetito y el deber.
¡Dichosos los que triunfan en el combate y obtienen
la victoria!
En el fondo de los placeres materiales se encuentra
siempre el dolor del alma, y en el fondo del dolor acepta­
do con resignación cristiana encuentra la alegría el co­
razón.
Y es que las risas que producen llanto son falaces
velos del mal. y las tribulaciones que engendran dichas
en el alma son ocultos canales del bien.
Divina es una religión que sabe convertir las lágri­
mas en sonrisas y las pesadumbres en venturas, porque
sólo Dios puede ser Rey absoluto del corazón humano.
El orgullo que a veces le devora encuentra, como tér­
mino de su grandeza, un montón de ceniza.
El incendio de las pasiones no deja tras de sí más que
ese miserable residuo.
Y hay que esconderlo debajo de una losa para que no
lo lleve el viento.
Por eso la Iglesia dice hoy al hombre: «Acuérdate que
eres polvo y que en polvo te has de convertir.»
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 171

El huésped inmortal que le anima permanece, el polvo


pasa.
Y las cosas que de él salen en él terminan, porque es
frágil y perecedero todo lo que no reconoce en Dios su
origen y su fin.
Fortuna, riqueza, honores; he aquí vuestro compen­
dio: «un puñado de ceniza».
Es decir, nada.
«Las cenizas de Alejandro —decía Shakespeare— qui­
zá sirvan para tapar el agujero de un tonel.»
«Todas las grandezas humanas —afirmaba Aparisi—
las cubren diez pies de tierra.»
¡Y qué profunda verdad encierra esta sublime senten­
cia, trazada en el frontispicio de un templo, sin duda por
la mano de un santo!
«¡El placer de morir sin pena vale la pena de vivir
sin placer!»
¡Profunda sabiduría que ne se aprende en los libros
de los impíos, pero que la fe católica sabe leer y estu­
dian en el polvo de los muertos!
¡Desgraciado del que tenga que aprenderla al otro
lado del sepulcro!
2. La Pasión.

Al lado de la figura siniestra de Judas y la sombría’


y feroz de Herodes, aparece en la historia de la Pasión
La del pretor de Judea, eterno modelo die los jueces dé­
biles y de los cortesanos de la plebe.
Aquel grupo despreciable que forman a la puerta del
Pretorio los ancianos, escribas y príncipes de los sacer­
dotes, delatando como iniquidad a la justicia misma, es
el prólogo digno de aquel sublime interrogatorio en el
que el Dios Hombre contesta al juez prevaricador que le
pregunta si es Rey: «Mi reino no es de este mundo.» Es
decir, no depende del mundo, porque está comprendido en
las fronteras de los siglos y sale de los linderos del tiem­
po para dilatarse por la eternidad.
Y si a la deducción capciosa del gobernador romano:
«Luego eres rey», replica el Redentor del mundo: «Para
eso nací y para eso vine al mundo, a dar testimonio de
la verdad; aquel que la sigue escucha mi voz», Pilatos
pronuncia esta frase, compendio de todos los escepticis­
mos, que repetirán, acompañándole con la sonrisa del in­
crédulo, sus discípulos, como suprema conquista de una
ciencia que tiene por principio la duda y por término la
nada. «¿Qué es la verdad?».
Delante del que es el camino, la verdad y la vida»
Poncio Pilatos pregunta, como la impiedad contemporánea
delante de la Iglesia: «¿Qüé 'es la verdad?» Y ellos mis­
mos dan la contestación, entregando el Justo a Herodes,
recibiéndole después y proclamándole delante de los pér­
fidos acusadores su inocencia con esta oprobiosa contra­
dicción, escarnio de la «justicia»: «No he hallado en ese
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 173

hombre culpa alguna, ni Herodes tampoco. Y así, le daré


libertad después de haberle castigado.»
¿Qué es la justicia para el que pregunta qué es la
verdad? Un nombre vacío, como la virtud para el estoico
romano.
\irtu d , verdad y justicia, no son en la realidad-más
que una misma cosa, y por eso la duda que hiere a una
alcanza con la negación a las otras.
Cristo es inocente y Pilatos no sabe lo que es la ver­
dad, ni, por lo tanto, el error; se contradice, y temien­
do, por un lado, el remordimiento de su conciencia, y
por otro el furor de la turba que grita, le propone, antes
del injusto castigo, que elija entre Barrabás y Jesús.
Lois que habían recibido en triunfo al Señor y bacía
pocos días entonaban el hosanna, piden ahora la libertad
del criminal y la muerte del Justo, dando perpetuo ejem­
plo de la movilidad caprichosa y tornadiza del Rey Turba
y de la incierta y precaria existencia de lo que sobre su
voluntad soberana se levanta.
—¿Y qué haré de Jesús? —pregunta tímidamente el
juez cobarde.
—¡Crucifícale! ¡Crucifícale! —contesta la turba insa­
ciable.
—¡Pero si no hallo en él culpa! Le castigaré con azo­
tes y le soltaré.
Esta solución infame produce la sangrienta y horrible
escena en el patio del Pretorio, donde la soldadesca inju­
ria y atormenta al que, coronado de espinas, con una caña
en la mano y la irrisoria púrpura en los hombros, mues­
tra Pilatos, diciendo:
—Ved aquí el hombre.
Y él, el juez, señala la figura ensangrentada del Re­
dentor a la compasión de la muchedumbre, frenética de
ira y sedienta de sangre. Y el crucifícale, crucifícale infer­
nal sale otra vez, con ensordecedor clamoreo, de aquellos
labios manchados por la blasfemia.
—¡Crucificadle vosotros!
174 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

— ¡Debe morir, según la ley, porque se hizo hijio de


Dios—contestan las turbas.
Y Pilatos, débil, cobarde, cede ante los gritos y voci­
feraciones de la multitud. Interroga de nuevo al Justo,
y no encontrando en él culpa alguna, está dispuesto a
absolverlo, cuando el grito de «¡Si le sueltas no eres
amigo del César!» le hace retroceder.
—¿He de crucificar a vuestro Rey? —dice con adula­
ción y sarcasmo.
—No tenemos más Rey que al César —replica la mu­
chedumbre.
Y entonces Pilatos, lavándose las manos, consuma la
iniquidad, entregando al Justo, después de declararle ino­
cente por última vez.
¿Qué es la verdad?.. Es inocente, pero le castigaré...
¡Crucificadle vosotros!... Soy inocente de la sangre de
ese Justo.... pero os le entrego...
La debilidad, la cobardía^ la adulación servil a la masa
sanguinaria, forman el rasgo dominante de este modelo
perpetuo y acabado de todos los políticos prevaricadores.
El transaccionismo doctrinario que cree en la iniquidad
de Barrabás y en la justicia de Jesús, y por satisfacer
las corrientes de la opinión liberta al primero y azota al
segundo, debe reconocer en Pilatbs al jefe de la escuela..
Teme disgustar al César y desagradar a la muchedum­
bre, y por eso cede, claudica y traiciona la verdad y
ajusticia el derecho.
La Iglesia es la depositaría de la verdad, de su parte
está la razón y la justicia es su causa..., pero no hay que
desagradar a la falsa opinión que grita y ruge a las puer­
tas del templo.
Es preciso transigir. Dejemos la verdad eterna en bra­
zos de la turba deicida y así evitaremos mayores males.
¡Como si pudiera haberlos mayores que la condena­
ción de los apóstatas y la muerte de los pueblos que tie­
nen la desgracia de sufrirlos!
Proclamar la verdad y la inocencia para crucificarla
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 175

después de haberla cubierto de escarnio, es el perenne


procedimiento de los discípulos de Pilatos, con los cua­
les no transigiremos jamás los servidores de Cristo, dis­
puestos a confesarla siempre y a darle vida en holocausto.
3 El Corazón de Jesús .

¡Admirable Providencia de Dios! En los momentos


mismos en que las sectas y partidos conjurados contra
la Iglesia celebran con criminal regocijo el primer cen­
tenario de aquella oprobiosa revolución, que fué, según
la frase de Aparisi, la invasión del infierno en el mundo,
y aun puede decirse que la blasfemia social lanzada a los
cielos por una generación envilecida y sacrilega, todos
los pueblos católicos esparcidos sobre la faz de la tierra
se aprestan a conmemorar, llenos de santa alegría, el se­
gundo centenario de la sublime revelación hecha por
Nuestro Señor Jesucristo a la Beata MSría de Alacoque.
Así. a la festividad que recuerda las explosiones siniestras
del odio satánico contra Cristo y su Iglesia, opone la fe
católica la grandiosa festividad del amor divino, que en­
ciende en las almas llamas resplandecientes y las levan­
ta hacia el foco de perenne luz, apartándolas de las mi­
serias terrenales.
La Revolución Francesa, expresión del naturalismo
social y político, alimentado en las aguas impuras de la
Protesta, arrastró sus propias ignominias por los mula­
dares de la impiedad, humillándose ante una prostituta,
símbolo de sus concupiscencias, y adorando en un templo
profanado el corazón del facineroso Marat empapado en
aguardiente; mientras los discípulos de Voltaire y Ro-
bespierre recuerdan^ aquella saturnal sacrilega, los hijos
de la Iglesia, hincadas en el polvo las rodillas y abatidas
las frentes, inflaman sus corazones en las amorosísimas
llamas que brotan del lacerado de Jesús.
El centenario de la conversión de Recaredo fué la pro-
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 177

testa tres veces secular de la España católica contra el


principio revolucionario que establece la apostasía de los
Estados.
El centenario de las revelaciones de María de Alaco-
que y la consagración de las familias católicas al Sagra­
do Corazón de Jesús son la protesta universal de los hijos
de la Iglesia, que se levanta a los cielos para desagraviar
a la justicia divina de las iniquidades con que la provo­
can las blasfemias y apostasías de muchedumbres co­
rrompidas.
Y las plegarias fervorosas y ardientes que dirigen ante
el santuario tantas almas hermosas, perfumadas con la
inocencia o la virtud, ¿no impedirán que el fuego de la
divina cólera caiga sobre la moderna Pentápolis?
Las amorosísimas efusiones del Sagrado Corazón de
Jesús, manifiestas por modo tan admirable en este siglo
materialista, dicen que aún podemos esperarlo todo de
la misericordia del Señor, que hizo sanables las naciones.
Porque en" la misma centuria, devorada juntamente
por el cáncer de la impiedad y del egoísmo, el Salvador
de los individuos y de las sociedades ha establecido con
admirable solicitud el remedio al lado de la dolencia, y
la fuente de salud allí donde corren las venenosas aguas
que matan los corazones. Así, a los entendimientos orgu­
llosos que, henchidos por la soberbia racionalista, comen­
zaron identificando la.razón con Dios, para concluir des
pués, por lógica deducción y justo castigo, identificán­
dola con el instinto del bruto, les ha mostrado, por medie
de su divina Esposa, con la declaración de la infalibilidad
pontificia, la flaqueza de la humana mente y la necesidad
de una norma superior a las que ella caprichosamente se
traza; y ante los desatados raudales de impurezas que de­
gradan los cuerpos y las almas, presenta, con la defini­
ción de la Inmaculada Concepción de María, el modelo
perfecto de angelical pureza; y. finalmente, para desha
cer los hielos que la indiferencia y el egoísmo amontonan
sobre los espíritus, ha hecho brillar entre los hombres
12
178 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

la sublime hoguera de los celestiales amores y de la ar­


diente caridad que abrasa al Sagrado Corazón.
De esta manera, por caminos misteriosos y con mara­
villosas armonías, va introduciéndose en la sociedad y
desterrando de ella las dudas y las sombras.
Verdad es que la apostasía general de los Estados de
la vieja Europa impide la consagración oficial de las na­
ciones al Sagrado Corazón de Jesús; pero para aliento-
de los que desmayan y alivio de los que sufren, aún se le­
vanta la voz nobilísima y caballeresca del Jefe de la Casa
de Borbón para ofrecer al Rey de Reyes y Señor de Se­
ñores, juntamente con su persona y su augusta familia,
la Comunión que como poderoso resto de las antiguas
edades cristianas aún se conserva y representa.
Imitando nosotros tan alto ejemplo y respondiendo a
los anhelos más dulces del alma, rendidamente le pedi­
mos al Sagrado Corazón que se digne aceptar la ofrenda
de la España tradicional, y aparte de ella toda la mundana
pasión, para que pueda serle una obra grata, y, por lo
tanto, útil a la Iglesia, a la Patria y Monarquía católica,
la fuente de su vida y de su grandeza.
4. El Día de Difuntos.

Así como en la tierra alternan soles espléndidos con


noches tenebrosas, y en el corazón de los hombres se su­
ceden los momentos de dicha y alegría y las horas del do­
lor, que le inundan de tribulaciones y de sombras, tam­
bién en la Iglesia católica, grandioso conjunto de divinas
armonías, se ofrecen sublimes contrastes; y por eso, des­
pués de la fiesta de Todos los Santos, cántico de victoria
con que bendice a los que, venciéndose a sí mismos, con­
quistaron la gloria, celebra llena de santa tristeza el día
de los difuntos, derramando oraciones sobre sus almas y
lágrimas sobre sus sepulcros.
Su inextinguible amor de madre no se detiene en los
linderos de la vida terrenal, sino que lleva sus consuelos
y sus plegarias a las regiones eternas.
La guadaña de la muerte no puede romper el vínculo
que la liga amorosamente con sus hijos.
Por eso, en el día de difuntos, parece que se anudan
solamente los lazos fraternales que unen a la gran fami­
lia cristiana dividida en el tiempo y en la eternidad.
Día verdaderamente grande, que con sus graves re­
cuerdos y amargas tristezas enseña a los cristianos lo de­
leznable de las cosas humanas y la necesidad de apartar
los ojos del suelo y dirigirlos a lo alto.
¡El día de los muertos! Al volver la vista atrás y con­
templar el camino recorrido, aun cuando la nieve de la
edad no haya cubierto nuestras cabezas y brille en la
frente la aureola de la juventud, ¡cuántos luctuosos re­
cuerdos se levantan en la memoria y cuántos pesares se
despiertan en el alma!
180 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

Al recorrer la áspera senda de la vida han caído a


nuestro lado tantos muertos queridos que parece que, al
apartarse de nosotros, se han llevado algo de nuestro ser,
dejándonos enlutado el corazón por el velo fúnebre del
dolor.
Pero la voluntad del católico no se doblega a la pesa­
dumbre, porque al través de las nubes que forman el llan­
to de sus ojos, percibe los dulces resplandores de la es­
peranza y el brillo celestial de las moradas eternas.
Es la muerte tránsito fugaz entre lo perecedero y lo
perdurable, que no temen las almas que se apoyan en
la Cruz.
«N u estras vid a s son los ríos
que van a dar a la mar,
que es el m orir .»

¡Qué amargas y salobres deben ser las aguas de ese


mar para los desdichados que consideran al sepulcro, pel­
daño de la eternidad, como la frontera de la nada!
Si no quedase del hombre más que el puñado de pol­
vo que se esconde debajo de una losa, la abnegación, el
sacrificio, el heroísmo, la virtud, serían aberraciones in­
dignas o delirios de un loco, y los desenfrenos del apeti­
to y las degradaciones del vicio la única cosa racional.
Aunque la filosofía no demostrase con sus razones evi­
dentes la inmortalidad del alma, y todas las generaciones
arrodilladas al borde de las tumbas no protestasen contra
la negación impía, aún proclamaría la existencia de la
vida futura cuanto hay de grande y generoso en el cora­
zón humano.
Si sobre él se desencadenan recias tempestades y el
alma se sumerge en olas^de amargura, el impío, abrasado
por la desesperación, tratará de evitarlas con un crimen
horrendo y un dolor eterno; pero el católico sabe que
contra todos los infortunios le ampara la fe y le da fuer­
zas la resignación.
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 181

¡Oh! Si no existieran argumentos filosóficos que de­


muestran de admirable manera la divinidad de la Igle­
sia católica, bastaría para probarla el asombroso conjun­
to de sus dogmas, moral y culto, que la presentan ante
las inteligencias elevadas como edificio portentoso de tan
excelsa belleza que todos los grandes poetas, en mayor o
menor grado, la han sentido, y, sobre todo, su sublime
armonía con los sentimientos del alma humana, cuyas
penas endulza y cuyos dolores consuela, trocándolos en
dicha inefable, porque es imposible que bondad y belle
za vivan separadas de la verdad y confundidas con el
error.
Sólo ella en el mundo ha podido hacer el dolor ama­
ble, querida la tribulación y los mayores infortunios so­
portables.
La que sabe trocar las lágrimas en sonrisas y las an­
gustias en dulcedumbre, desvanece con su divina clari­
dad las sombras del día de difuntos, mostrándonos sobre
las fúnebres coronas depositadas en tierra las palmas in­
mortales que ostentan sus hijos en la gloria.
5. La Inmaculada.

El 8 de diciembre celebra nuestra Madre la Iglesia la


Inmaculada Concepción de la Virgen María.
Por misterioso designio de la Providencia, en el siglo
de la sensualidad y del positivismo, Pío IX, desde la cá­
tedra de San Pedro, hizo la apoteosis de la pureza, decla­
rando solemnemente la Inmaculada Concepción de María,
de la misma manera que en la frente de la soberbia ra­
cionalista definió la infalibilidad pontificia.
El 8 de diciembre, fecha memorable en los anales de
la Cristiandad, lo será -singularmente en España, que es
patrimonio de María y la aclama por su celestial Patro-
na. Porquíe el culto y el amo¡r a la Virgen María de tal
manera está encendido en los corazones españoles, que
se halla enlazado con toda su historia y brilla como una
honrosa distinción en el espíritu de sus hijos.
No hay acto nacional de trascendental importancia en
que no aparezca la imagen de María.
Bajo su protección, y fortalecidos con su auxilio, pe­
lean los primeros soldados de la Reconquista, y a medida
que avanza la Cruzada nacional, los reyes más ilustres
le levantan templos, y bajo sus arcadas pasan lias genera­
ciones católicas y monárquicas entonando himnos y mur­
murando plegarias. Entre los primeros murmullos de la
lengua castellana se escuchan los loores de Berceo, y el
albor de la lengua •gallega y portuguesa son/las Cantiga?
de Alfonso el Sabio a la Virgen, como los más dulces mur­
mullos del lemosin salen de los encendidos labios de Ral
mundo Lulio, que canta con inspiración popular las glo-
rias de María.
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 183

Desde que Pelayo se inclina reverente ante ella en Co-


vadonga, hasta que Pulgar clava su nombre en la Mez­
quita de Granada, del fondo de todos los corazones espa­
ñoles sale, como una música divina, la Salve exhalada
como un lamento del alma por San Pedro dé Mezonzo.
Su nombre invoca en el fragor de la lucha el conquista­
dor de Córdoba y Sevilla; de ella recibe el rosario San­
to Domingo de Guzmán, e inspiración el más grande de
nuestros pintores; y sus cantos arrullan la cuna del niño,
y hasta el pobre mendigo pronuncia su nombre para so­
licitar la caridad.
Ella es Madre de los que sufren y esperanza de os
que lloran, y su manto celestial ampara a las almas cris­
tianas de las tristezas y de los infortunios. ¡Desgraciado
del quie no la ofrece, cuando niño, flores en sus altares
perfumadas con amorosas plegarias! El no sabrá lo que
es levantar el corazón a lo alto en los momentos de su­
prema angustia y recibir la suave luz de la resignación
que serena las tempestades de la vida. Condenados están
a perpetua orfandad los que no quieren postrarse ante
Madre tan amorosa y excelsa.
Por eso los fieles hijos de lá Iglesia, que lo son de
María, entonan cánticos de júbilo el día de la Inmacula­
da Concepción, que es la fiesta de la pureza y de la cris
tiana fraternidad, porque, como hermanos de Jesucris­
to, todios nos abrazamos bajo los pliegues del manto de
su Santísima Madre.
6. La Nochebuena.

¡Cuántos recuerdos y alegrías encierra para el cris­


tiano aquella noche memorable, que fué día espléndido
para la humanidad, porque sobre las pajas de un pese­
bre brilló el astro de la verdad y los divinos heraldos
anunciaron la paz a los hombres de buena voluntad!
El Libertador del mundo levanta su trono en un pe­
sebre para damos ejemplo de humildad, y nace pobre, y
sin abrigo, como si quisiese demostrar a los hombres y
a las sociedades redimidas y regeneradas por El, que la
civilización que brota de su doctrina como magnífico rau­
dal ha de tener, como caracteres indelebles, no la inde­
pendencia racionalista, sino la sumisión y obediencia, y
ha de colocar la virtud sobre la riqueza, y los progresos
morales sobre los materiales, uniendo con el brazo de la
caridad a los débiles con los poderosos.
Los Reyes Magos, guiados por celeste luz, van a pos­
trarse ante la cuna del Dios Hombre como ejemplo del
deber que tienen todas las potestades de rendirse ante
la suya, y como muestra de la obligación que pesa sobre
los reyes de hincar la rodilla y ofrecer la corona al que
da y quitia los reinos, y juzga las justicias de los? hombreis.
En el portal de Belén comienza aquella frontera que
termina en el Calvario y que separa perpetuamente dos
mundos.
El que se engrandece y prospera a la sombra protecto­
ra de la Cruz, porque es libre al amparo de su Ley; y
el que esclaviza al hombre con la cadena del naturalis­
mo y ahoga la sublime tendencia de la naturaleza a la
posesión del bien infinito, encerrándola en el estrecho
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

círculo de la vida presente y mostrándole como único por­


venir este valle de lágrimas, convertido en tenebrosa
mazmorra, cuando no le iluminan los eternos resplan­
dores.
Sobre Belén y el Calvario se levanta el arco triunfa!
de la civilización cristiana rematada por la Cruz.
El apetito rebelde, que no sufre la ley del deber, y
las debilidades y errores de la razón que trata de cohones­
tar sus desórdenes, han hecho que muchos hombres, repi
tiendo el perpetuo non serviam, de Luzbel, hayan dicho,
como la muchedumbre djedcida: «No queremos que Cris­
to reine sobre nosotros.»
Y creen progresar cuando, vueltas las espaldas a la
Cruz, retroceden hacia el paganismo que ella derribó.
Este retroceso, disfrazado ccn el nombre de progreso,
es la mayor aberración que se ha visto en el mundo.
La Nochebuena, para las víctimas del error moderno,
es un recuerdo ridículo, o, a lo más. la conmemoración
del nacimiento del Sócrates judío.
Para el católico es el más grande y sublime de los
recuerdos, porque señala la fecha en que, cumpliéndose
las profecías, apareció el Hijo de Dios en la tierra para
rescatar al humano linaje de la servidumbre del pecado
y otorgarle la inmortal libertad del deber, que es la ci­
fra y compendio de todas las justas libertades.
Y por eso, en la familia cristiana es la Nochebuena la
fiesta de religiosa intimidad, en que se avivan los afec­
tos con la cordial y amorosa alegría, pero también con
solemne tristeza, porque en esa noche memorable evoca
la memoria’ el recuerdo de las personas queridas y siente
el corazón mortal angustia al ver que ya no se congregan
bajo un mismo techo aquellos que formaban, en cierto
modo, parte de nuestro ser y de nuestra vida.
¡Las dulces horas de la infancia, los regocijados dúos
de la primera juventud cómo asaltan la memoria en esta
noche, pintándonos lejanas perspectivas de ventura que
ya no volverán!
186 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

Alegrías y tristezas, melancolías y placeres, forman la


tram a de la vida del corazón y parece que el día de No­
chebuena nuestra inteligencia se esfuerza en resumir tan­
tos recuerdos y afectos, como si antes de m irar al porve­
nir quisiese recorrer de nuevo la senda emprendida. Que
el corazón encierra tantos misterios que se complace en
renovar sus propias heridas, y recordar los días felices
para atormentarse con la amargura de haberlos perdido
Así lo comprende ese gran poeta que se llama el pue­
blo, y por eso ha sabido expresar las tristezas de la No­
chebuena en aquel sencillo e inspirado cantar:

La Nochebuena se viene,
La Nochebuena se va^
Y nosotros nos irem os
Y no vo lverem os más.
PENSAMIENTOS
DIOS.—Jesucristo, Rey de Reyes.—Cómo castiga Dios a los
pueblos.—Independencia de la Iglesia.—Sin religión no
hay caridad.—Inversión del fin supremo.—Los únicos
contendientes.—La verdadera paz.—Sumisión al Papa.—
El Corazón de Jesús.
PATRIA.—A España.—Resurrecciones gloriosas.—En Espa­
ña no hay herejías indígenas.—Heroísmo y martirio .—
No hay patriotismo si no se conoce la Historia.—Los hé­
roes del Dos de Mayo.—Amor a España.—La grandeza
de los pueblos.—Lecciones de la Historia.—Gobernar
desde fuera.
TRADICIONALISMO.—La Comunión Tradicionálista, tíni­
ca en el mundo.—El Tradicionalismo, savia de la Pa­
tria.—Dilema profético.—Altar y trono.—Los muertos
que vos matáis...
POLITICA.—Tiranía de la falsa libertad.—Disciplina, de­
pendencia y orden.—Hechos verídicos y pintorescos.—
El liberalismo español.—La ceguera política.—Locuras
de ideal.—Gobernar con el derecho.—Lo que no puede
vivir .—¿Para qué sirven los Parlamentos?—Programa
negativo.—Los bramidos revolucionarios.—Puente para
la República.—Deslinde de campos.—Encadenamiento
lógico. —Profecía cumplida. —Programa revolucionario.
Eliminación de los partidos.—La Historia y los partidos.
Ramillete de pensamientos breves.
IX

PENSAMIENTOS

1.—Dios.

Jesucristo , R ey de R eyes — Jesucristo es el Rey de


los Reyes, porque es Dios. Su divinidad es el fundamen­
to de su absoluta realeza. No se puede negar la segunda
sin atacar la primera.
Dios Hombre. Todas las cosás están sujetas a su im­
perio sin limitación alguna. Reina sobre el ser y los actos
de los individuos, y sobre la existencia y acción de las
sociedades y los pueblos.
Admitir su soberanía individual y negar la social es
mermar su poderío arbitrariamente y cercenar sru realeza,
rechazando, por lo tanto, su divinidad.
La cima del Calvario es la cumbre que separa los dos
hemisferios de la Historia en que se reparte la vida de
los pueblos (IV, 227.) (1).
Epopeya de la redención y de la grandeza española .—
Dos hechos hay que no han tenido epopeya: la Re­
dención, porque todas las tentativas, como las de Klops-
tock y Ojeda, eran demasiado grandes para otros asun­
tos, pero demasiado pequeñas para él, que lo abarca
todo...
La Redención no tuvo epopeya, y la grandeza españo­
la del siglo xvi tampoco la tuvo.
¡Ah! Si nos fijamos en todos aquellos hombres, reyes,
(1) Las indicaciones que se hacen en lo» paréntesis se refieren al tomo
y página en que se encuentran estos pensamientos en las OBRAS COMPLE.
T A S do Vázquez de Mella.—N. del R.
190 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

guerreros, descubridores, sabios, artistas..., parece que


forman selvas. Nosotros los vemos aislados, y ellos esta*
ban juntos, y para abarcarlos entonces era necesario mi­
rarlos desde el cielo.
Pero os diré más: esa epopeya fué tan grande que sólc
podrían contarla el cielo y el infierno. El cielo, para pre­
miarla con un mundo, y el infierno, con un rugido de
impotencia; que, aun estando decadentes, todavía la per­
sigue, como si temiera que volviéramos a ser gran­
des. (III, 42.)
Sin Dios es lógica la rebelión.—Ningún hombre tiene
derecho a mandar sobre otro hom bre; esta sentencia será
la anarquía o la justicia, según se afirme o se niegue la
doctrina de los tres derechos. Nadie puede mandar sobre
los demás, si no hay un orden superior que mande sobre
todos. (XIII, 241.)
Cómo castiga Dios a los pueblos.—Si los pueblos tu ­
viesen alma subsistente e inmortal, como los individuos,
encontrarían en una vida futura el galardón de sus mé­
ritos y la pena de sus delitos; pero como viven y mue­
ren en el tiempo, en la tierra reciben las recompensas y
los castigos.
Y como Dios sería injusto, y la ley moral mentira, si
quedase la maldad sin pena, por eso los delitos sociales
son castigados con catástrofes y las civilizaciones corrom
pidas con barbaries. (XXIII, 188.)
Independencia de la Iglesia.—Queremos nosotros la
unión moral e íntima entre la Iglesia y el Estado, pero
queremos su separación económica, porque queremos la
Iglesia libre, independiente, con patrimonio propio, que
no necesite vivir a mercad del Estado, ni sea sojuzgada
por lás instituciones, para que cuando España caiga en
una catástrofe gigantesca, el espíritu de Jiménez dle Rada,
y el de Cisneros, y el del Cardenal Mendoza, y Albero-ni,
resplandezcan bajo las mitras «episcopales y se levanten
los báculos señalando las mismás líneas que las espadas
de los cruzados.
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 191

Si todavía en España se congregan las muchedumbres


bajo las bóvedas de los templos, si todavía nos podemos
cobijar al lado del ara y arrodillamos sobre los sepulcros
de nuestros antepasados y no se escarnece la Cruz de
Cristo levantada sobre el altar, débese a estos volunta­
rios carlistas que con la espada en la mano han estado
a la puerta del santuario impidiendo que la ola sacrilega
de la Revolución llegara a salpicarle con su lodo.
(XV, 110.)
Sin religión no hay caridad.—Para aquel que niega la
vida futura, para el que cree que más allá del sepulcro
no existe nada, el sacrificio de la vida es un absurdo, es
un imposible, porque es sacrificar precisamente el bien
supremo, reducido a la vida presente, a otra cualquiera,
y por eso mismo es alterar todo el orden y jerarquía de
los fines; pero para el católico, para el que cree que
existe la vida futura, la caridad puede llegar hasta el sa­
crificio de la vida misma, puesto que por encima de la
vida terrena, por encima de lo perecedero del tiempo,
está la vida que comienza en el sepulcro, que no concluye
nunca, porque sale del dominio del tiempo y entra en
el de la eternidad. (XI, 170.)
Inversión del fin supremo.—-Si el sepulcro es el abis­
mo del silencio, del silencio donde se apaga para siem­
pre la llama de la vida, no se puede obrar de la misma
manera que si el sepulcro es pórtico de la inmortalidad
que el espíritu atraviesa, dejando a la entrada un mon­
tón de materia inorgánica, y que era orgánica en el ins­
tante antes de abandonarla.
Necedad del altruism o religioso.—La egolatría es la
ética del ateísmo. No creer en la vida futura y ser altruis­
ta es hacer profesión de necio, porque es sacrificar el
único bien, el presente, a la nada futura, que no tiene
derecho a nada. (IV, 58.)
Los únicos contendientes. — Es preciso estar ciegos
para no ver que los nuevos y únicos contendientes serán
el verdadero socialismo católico de la Iglesia, que pro­
192 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

clama la esclavitud voluntaria por la caridad y el sacri­


ficio, y el socialismo ateo de la Revolución, que afirma
la esclavitud por la fuerza y la tiranía del Dios-Esta­
do. (XIII, 128.)
La v e rd a d e ra paz.—La caridad era la p az; el humani­
tarismo, la hipocresía y la egolatría que ocultaba la gue­
rra. Por eso el heraldo divino no anunció la paz más que
a los hombres de buena voluntad, es decir, de la orien­
tada hacia el cielo y no de la inclinada hacia la tierra.
(XXIV, 257.)
El Corazón de Jesú s .—La Iglesia ha¡ levantado un Co­
razón que atrae y reúne todos los corazones; sobre un
mar de odio ha levantado un amor en donde se concen­
tran todos los amores; ha hecho que el Corazón de Jesús
como una hoguera divina inclinada sobre la tierra, ilu­
mine esta noche sombría, y con sus llamas nos invita a
que juntemos « ellas las nuestras, para que derritan .el
egoísmo que separa y enciendan la caridad que une las
almas.
Señores, en esta hora hay que poner allí lá confianza
plena, porque de allí se recibe la luz y de allí se recibe
la fuerza, de allí se recibe la energía para combatir, y
con una bandera desplegada alrededor ce la Cruz, que
tenga ese Corazón por centro, no hay temor a la derrota;
la victoria será perpetua, porque los que sean vencidos
■aquí, tri nfarán en otro reino mejor. (XV, 381 y 382.)
2. P a t r i a

A España —rEn otros tiempos fuiste grande y gloriosa


porque viniendo de una época de luchas seculares como
la Reconquista, llenaste al mundo de grandezas y esplen­
dores; aquello fué tu grandeza, fué tu gloria; viniste
de gloriosa estirpe y subiste algunos peldaños más en la
escala del esplendor y de la grandeza; ahora vives de la
ignominia, de la bajeza; aprende a maldecir las obras de
tus enemigos; aprende a lanzar una sombra negra y te­
rrible sobre este pasado de ignominias y de bajezas; ins­
pirándote en aquello que ha constituido en los días de
tu poderío la alteza que aún admiran las naciones que
sojuzgaste: vuelve1a levantar lia. Cruz y la espada, y ve­
rás cómo Europa entera! bendice a les cruzados españo­
les que, no queriendo tolerar ni los oprobios, ni las ver­
güenzas de los momentos presentes, arrojan a los verdu­
gos y a sus cómplices en aquel sepulcro que ellos habían
querido fabricar para el cadáver de la Patria. (XV. 122.)
Resurrecciones gloriosas.— L a que triunfó de Corinto,
ae Arrio, de líos Hussita® y Albigenses. las que encendie­
ron las llamas del divine» amor del pobrecito Serafín de
Asís, la que triunfó die la Reforma y de la Protesta lu­
terana. dando a Cristo en América inmensos territorios
erw compensación de los qüe en Europa perdía; la que
sobrenadó en el mar de sangre de la Revolución France­
sa, quedando, cuando las olas sangrientas se retiraron,
como una isla de esqueletos, para clavar otra vez su sa­
grado estandarte allí donde se alzaron los palos de la gui-
ía
194 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

llotina; también vencerá ahora en la nueva y tremenda


batalla del moderno paganismo. (X X V I, 180.)
E n España no hay herejías indígenas .—El carácter es­
pañol, fecundado por la Iglesia y hasta por condiciones
nativas especiales que ella ha sabido desarrollar en el
espíritu de nuestra raza, no admite creencias opuestas a
la creencia católica; todas perecen y se agostan aquí an­
tes de que puedan arraigar. (I, 237.)
H ero ísm o y m artirio .—La Iglesia con la Cruz y la Mo­
narquía con la Corona, grabaron en el alma de España
ese altivo concepto de la vida al que sirvió de firme ¡apo­
yo la fortaleza nativa de la raza.
Por eso lo que en la historia de otras naciones es her­
mosa excepción, es el rasgo común de la nuestra, que no
tiene más que dos páginas: heroísmo y martirio. (III. 353.)
N o hay patriotismo sí no se conoce la Historia .—Si
fueran familiares para todos los españoles los hechos de
Cortés, de Pizarro. de Almagro, de Orellana, de Soto, de
Ponce de León, de Alonso de Ojeda, de Magallanes, de El-
cano, de Vasco de Gama y de Alburquerque y Juan de
Castro; si se refiriesen las hazañas de Don Jaime el Con­
quistador, de Pedro III y de Lauria, y al lado de los ca­
pitanes de Granada brillasen en la memoria popular con
Gonzalo de Córdoba y Pescara, y Leiva, Navarro y el
gran Duque de Alba, y Farnesio, y Requesens, y Don
Juan de Austria, y el Marqués de Spínola, al ver pasar
la bandera roja y amarilla de las gloriosas barras, el re­
cuerdo de Trafalgar borraría el de Cavite, y el de Lepan-
to el de Santiago de Cubar y los soldados de los nuevos
Tercios, sintiendo atrás el clamor que sale de los sepul­
cros de los héroes y de los mártires, devorados por la
sed de gloria, subirían otra vez sin fatigarse la agreste
pendiente de la montaña, y llegarían a la cumbre donde
el laurel extiende sus ramas de perenne verdor sobre la
frente de los vencedores. (IV, 84 y 85.)
L o s héroes del D os de M a y o .— ¡Ah! Si los héroes del
Dos de Mayo y de la guerra de la Independencia se le*
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 195

vantaran de sus tumbas y vieran cómo partidos enemi­


gos de las creencias e instituciones que ellos amaron con
todo el entusiasmo de sus corazones los insultaban al ha­
cerlos defensores de ideas que detestaron y aborrecieron,
pedirían a los españoles que aman lo que ellos- amaron y
odian lo que ellos odiaron, que los vengasen de tamaña
afrenta y no considerasen como hijos de la Patria co­
mún a los qire conculcan sus tradiciones y quieren matar
el espíritu que le infundieron Dios y los siglos.
Que no es patriota español quien no piensa y ama
como pensaron y amaron nuestros gloriosos antepasados
(XII, 7.)
A m o r a España.—Amo yo mucho, mucho, a España.
Pero la amo como Dios y la Historia la hicieron, con su
variedad opulenta, rematada por una unidad divina que
bajó de las alturas para enlazarla, y con una corona que
la circundó con amor para que no la rompiesen cetros ex­
tranjeros.
La quiero con sus razas y sus lenguas, con sus mon­
tañas y sus valles, con sus cordilleras y sus llanuras,
amurallada por los Pirineos y batida por los mares, le­
vantada sobre las islas que conserva para tender los bra­
zos a las islas y continentes que el centralismo le ha per­
dido; pero no la quiero como una prolongación monó­
tona del Sahara, ni la quiero sujeta a compás con pue­
blos encerrados en nichos administrativos, formando ga­
leras de cementerio, para quie, al llegar la ola revolucio­
naria. no la arrastre mutilada y deshecha, o para que no
la encuentre exangüe el invasor y vea volcada por las
sectas a la puerta del templo profanado la pila bautis­
mal en que abreve satisfecho su caballo. (XXVI. 31 y 32.)
La grandeza de los pueblos .—No se mide por su gran­
deza material; se mide por el corazón. Yo desearía
más formar parte de una sociedad de santos, aunque fue­
sen ignorantes, que de una sociedad de sabios que fue­
sen criminales (XV, 380).
Lecciones de la Historia .—Los ejércitos franceses, que
196 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

en 1808 traían en los pliegues de sus banderas escritos los


principios del 89, fueron expulsados por las bayonetas de
nuestros voluntarios al otro lado de los Pirineos. Los que
vinieron en sentido contrario en 1823 entraron triunfan­
tes y salieron aclamados.
Este hecho desvanece con su elocuencia todas las so­
fisterías y declamaciones de los desfiguradores de la His­
toria. (X II, 11 y 12.)
3. T r a d ic io n a l is m o

La Comunión Tradicionalista, única en el mundo .— Yo


rogaría a nuestros adversarios se dignasen recorrer todos
los puntos del planeta, todos los Estados..., y no encon­
trarían una Comunión como la nuestra, representante die
viejas y gloriosas tradiciones, que no vive, como plantar
parasitaria, a la sombra del Poder, sino enfrente de él,
luchando contra el Estado armado..., y que vive sin ha­
ber alcanzado el presupuesto, no teniendo más que re­
cuerdos tristes y abnegados sin cuento. .. y delante una
línea nebulosa de esperanza que parece va alejándose,
como si nunca hubiese de realizarse... (XIV, 25.)
El tradicionalismo, scvia de la Patria .—El núcleo de
la sociedad española permanece incontaminado por un
prodigio divino
El tradicionalismo vive cada vez más pujante, y mien­
tras él no muera, España existirá. Creencias, tradiciones,
libertades, lealtad caballeresca, consrtarcia inquebranta­
ble y nobles audacias, viven todavía en esa Comunión glo­
riosa que los combates y las desventuras fortalecen con
una energía que no se agota jarnos, porque el manantial
de donde mana tiene su fuente en el cielo.
España vive en el tradicionalismo; pero fuera de éi,
¿dónde está el pueblo español?
El cuerpo inerte aún se ve. pero el alma no se sien­
te. (XII, 30.)
Dilema profético .—Tradicionalismo o Socialismo, Car­
lismo o Anarquía; ese es el porvenir, y es preciso pensar
196 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

en decidirse pronto por uno u otro extremo, porque la


República democrática, lejos de aplazar con su procla­
mación la contienda, anticipará la lucha y la solución.
No tenemos prisa. Preferimos que la anarquía vaya
delante. Para ejercer el oficio de la Guardia civil, hemos
de llegar a tiempo. (XVI, 53.)
Altar y T ro n o .—El Altar y el Trono, como la cuna, el
hogar y el sepulcro, son la Patria. Familia y templo, tie­
rra y tradición la forman. Por eso nosotros, que la lleva­
mos con toda la integridad de su concepto en la mente y
con toda la grandeza del amor en el corazón, al decir
¡Viva la Religión! o ¡Viva el Rey!, decimos ¡Viva Espa­
ña!, y al aclamar a la Patria, vitoreamos a la Religión
y al Rey.
En la tradición se enlazan, y en el sentimiento nacio­
nal se juntan al calor de unos mismos amores. (XII, 19.)
L o s m uertos que vo s matáis .—Nosotros no desaparece­
mos nunca; somos como el ave en que la vieja gentilidad
quiso personificar la perpetuidad de la vida, porque re­
nacen de nuestras propias cenizas. ¡Cuántas veces, con
irrisión sarcástica, los que tan poco amigos son de las
cosas de lia Iglesia, han entonado responsos sobre nuestro
sepulcro! Y nosotros, obedientes, como Lázaro de Beta-
nia, a la voz divina hemos levantado la losa y hemos ras­
gado el sudario que nos envolvía, e irguiéndonos sobre lo
que consideraban nuestro túmulo, como sobre un pedes­
tal. con una juventud que las adversidades renuevan, nos
hemos apercibido al combate. (XV, 125 y 126.)
4— P o L í T I C A

Tiranía de la falsa libertad.—Poned frente a mí toda


esa tabla de los derechos escritos en el frontispicio de to­
das las Constituciones, las libertades de enseñanza, de
cultos, y yo os digo: Dentro de la libertad de pensamien­
to, de conciencia, de asociación, de esas libertades que
empiezan por negar todo vínculo y todo límite religioso,
está comprendida la tiranía y la barbarie. (XVIII, 115.)
Disciplina , dependencia y orden.—La disciplina se fun­
da en la jerarquía, la jerarquía en la dependencia, y to­
das las dependencias en la esencial del hombre a Dios,
que quiere que se guarde ei orden de los fines, de las
necesidades y de los medios. (XIII, 241.)
Hechos verídicos y pintorescos —'Y el ministro 'que
oye a cien personas en una mañana y tiene que ocuparse
en quinientos asuntos, como no hay cabeza que resista un
esfuerzo mental como el que se necesita para fijar y dis­
persar la atención sobre tantas materias, tiene que des­
cansar en el subsecretario. Pero como el subsecretario se
ve asediado y visitado lo mismo que un ministro, y a ve­
ces más, tiene que descansar en los directores generales,
y como los directores generales están acosados de trabajo,
de visátas, de recomendaciones y no les llega para su la­
bor el tiempo, aunque el día fuese de cuarenta y ocho ho­
ras, descansan en los jefes de Negociado; y como a los
jefes de Negociado, si no en tanto grado en bastante, les
sucede lo mismo, descansan en empleados anónimos, y
ésto®, a su vez, en los escribientes; y así concluye por do-
200 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

minarnos y gobernarnos con la efectividad de la sobera­


nía una oligarquía de covachuelistas, que es además ri­
dicula. porque no tiene por diadema más que una colec­
ción de tinteros, de expedientes y de engrudo. (X, 184.)
E l liberalism o español .—Aun no ha muerto la tradi­
ción, todavía no se ha extinguido la raza, aún queda en
el hogar de la Patria el rescoldo que una brisa celeste
o el viento de una catástrofe puede convertir en magnífi­
ca hoguera que calcine las osamentas de extrañas tiranías
y alumbre los horizontes como la aurora de una nueva
edad y de una vida nueva. (X III, 131.)
L a ceguera política.—Transigir, cuando se debe resistir;
pactar, cuando se debe luchar y herir y atacar cuando la
justicia y la conveniencia imponen la generosidad, son las
formas contrarias de ceguera con que el miedo y el odio
nublan les entendimientos cuando marchan acelerada­
mente y sin lazarillo hacia el abismo. (X X III, 137.)
Locu ras de ideal .—Eso era lo digno, lo caballeroso, lo
español y lo útil y lo práctico, porque el yugo servil lleva
con su deshonra aparejada la ruina y la miseria natural.
¡Locura, locura!, repetirán los ipibéciles que nos han
arrojado a esta horrenda sima.
¡Locura la de Pelayo en el Auseva, locura la de Cor­
tés en Méjico, locura la de Velarde en el Parque!
Gracias a esas locuras, que son el tejido d-e nuestra
historia, fuimos respetados y grandes como no lo ha sido
pueblo alguno de la tierra.
Si los prudentes y los prácticos de ahora hubieran es­
tado en Covadonga, aún usaríamos turbante. Si hubieran
aconsejado a Cortés, habría muerto en Extremadura ol­
vidado de los hombres, y si dan reglas de prudencia a
los héroes del Dos de Mayo, ya no existiríamos como na­
ción. (X X III, 96.)
G obernar con el derecho .—Cuando no se puede gober­
nar desde el Estado con el deber, se gobierna desde fue­
ra, desde la sociedad, con el derecho. ¿Y cuándo no se
puede gobernar con el derecho solo porque el Poder no
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL M

)e reconoce? Se apela a la fuerza para mantener el dere­


cho y para imponerle. ¿Y cuando no existe la fuerza?
Nunca falta en las naciones que no han abandonado to­
talmente a Cristo, y menos en España; pero si llegara a
faltar por la desorganización, ¿qué se hace? ¿Transigir y
ceder? No, no. Entonces se va a recibirla a las Catacum­
bas y al Circo, pero no se cae de rodillas porque estén
los ídolos en el Capitolio. (I, 60.)
L o que no puede vivir. —Ningún régimen ni sistema
puede vivir cuando está sobre un pueblo que le aborrece
y le desprecia. (XIII, 99.)
¿Para qué sirven los Parlamentos ?—Los Parlamentos
no sirven para gobernar.
Los Parlamentos no sirven para legislar.
Los Parlamentos no sirven para evitar los despilfarras.
Los Parlamentos son impotentes para evitar las revo­
luciones.
¿Para qué sirven, pues, los Parlamentos?
Para nada. Y cuando una institución no presta utili­
dad alguna, suprimirla es. sencillamente, responder a las
proposiciones' más rudimentarias del sien t id o común
(XIII, 34.)
Programa negativo.—No esperéis solución positiva de
los problemas vitales que aquejan a nuestra sociedad; el
liberalismo no las tiene; no tiene más qus un programa
negativo: el de vejar y perseguir a la Iglesia. Hay una
fortaleza: la Iglesia; hay otra que hla nacido debajo de
ellai y a su somlbra, la España tradicional. El liberalismo
niega la IgUesia, niegla. la España tradicional, punto por
punto, y ése es su programa; no tiene ni ha tenido nun­
ca otro. (XIV, 174.)
Los bramidos revolucionarios.—Dormía el tradiciona­
lismo un momento fatigado, porque una catástrofe fra­
guada por la traición pasó como una noche por su frente;
pero ha sentido bramar la ola revolucionaria con más fu­
ria, y ha empezado a despertarse, y su corazón alienta ya
dispuesto a nuevos combates. Señor, abrid más el pecho
202 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

a la esperanza, ved cómo la voluntad de Dios está pró­


xima a descender sobre nosotros, exigiéndonos la última
prueba, y ved siempre, en un deber superior por el he­
roísmo y en el sacrificio de un pueblo que no reconoce
ni una frontera en la muerte, la medida del vuestro para
restaurarle. (XV, 201 y 202.)
Pu en te para la R ep ú blica . —Las Monarquías parlamen­
tarias son un puente para la República, y como sabemos
que este género de Gobierno no evita la Revolución fiera,
porque ellas comienzan por ser la personificación de la
Revolución mansa, lo único que a lo más consiguen es
aplazarla. (XV, 8.)
D eslin d e de campos.—Pronto llegará la hora en que
los campos se deslinden y vayan al Oriente las palomas
y al Occidente las arpías. (XV, 83.)
Encadenam iento lógico. —El fin último, Dios; el de­
ber moral, medio de alcanzarlo; el dierecho, medio de
cumplir el deber; la perfección y la conservación, debe­
res individuales primarios; la cooperación social, ley para
realizarlos; la autoridad, exigencia de esa ley, y el sa­
crificio, regla capital de que los anteriores -son aplicacio­
nes. Tal es el encadenamiento lógico de algunas de las
verdades que sirven de fundamento a la Sociología y Eco­
nomía cristianas. (X X IV , 225.)
Profecía cumplida.—Cuando estalle el orden material,
sin lazos con el cielo, rodará, como un alud que desploma
la tormenta, desde la cima del Estado hasta las llanuras
sociales, aplastando todo lo que defendía. Una nube de
cenizas pasará por el horizonte girando en largos torbe­
llinos, semejantes a los pliegues del manto de la muerte.
Las llamas, asomándose entre los escombros, señalarán
el camino que va recorriendo el exterminio, acompañado
de rugidos y de lamentos; y al extinguirse las últimas
hogueras, como cirios apagadas en charcos de sangre, ven­
drá la noche, ¡la terrible noche!, extendiendo sus cres­
pones sobre cementerios habitados por el silencio, y que
antes fueron espléndidas ciudades, y allá, en el confín de
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDI CACION NACIONAL 203

las sombras, como una luna siniestra, centelleará satisfe­


cha la roja pupila de Luzbel. (Esto escribía Mella en E l
Pensamiento Español el 12 de enero de 1920. Su visión
profética se ha cumplido.) (XXIII, 178 y 179.)
Programa revolucionario.— Los partidos doctrinarios y
radicales de la Revolución no han tenido más que un pro­
grama: demoler, desde los cimientos a las bóvedas, todo
el edificio que con sublimes y seculares esfuerzos habían
ido levantando generaciones católicas y monárquicas so­
bre un suelo amasado con su sangre; oponer a cada em­
presa histórica una catástrofe, a cada gloria una ignomi­
nia, a cada derecho una licencia, a cada virtud cívica una
corrupción, y, finalmente, a la comunidad de creencias,
de sentimientos, de instituciones fundamentales, de tradi­
ciones, de recuerdos y de aspiraciones comunes que cons­
tituían el espíritu nacional, un solo principio: el de ne­
gar ese espíritu , y una sola libertad: la de romper esas
vnidades y de disolver la Patria- (V, 127.)
Eliminación de los partidos. — Eliminar los partidos
parlamentarios no es cercenar el ser de la Patria; es ali­
viarla de un peso que la oprime, es redimir a un cautivo
y levantar del suelo a una reina desfallecida y humillada.
(V, 282.)
La Historia y los partidos —Donde la Historia inspi­
rada por las Ordenes religiosas decía: Ciencia y Arte in­
dígenas, los partidos han puesto: Copias borrosas y ex­
tranjeras; donde aquélla decía: Descubrimiento y civili­
zación del Nuevo Mundo y de la Oceanía, ellos han pues­
to : ¡ Pérdida ignominiosa de las Colonias y Tratado de
París! ; donde aquélla decía: ¡Lepanto!, ellos han pues­
to: jCavite! ; donde aquélla decía: Hegemonía sobre Eu­
ropa y nunca menos del tercer puesto, cuando decíamos
a Francia el primero, ese régimen ha puesto. ¡Menos que
Bélgica y Holanda, a n t i g u a s provincias españolas!
(V. 274.)
5 .— R a m i l l e t e de p e n s a m ie n t o s breves

«La verdad es que desde el Calvario acá, a pesar de


todos los nombres, una sola batalla se riñe en el mundo:
la que libran incesantemente el naturalismo pagano, de
una parte, y el sobrenaturalismo cristiano, de otra.»
«La tendencia que resume todos los esfuerzos de la
ciencia atea de hoy puede formularse así: rebajar el hom­
bre al nivel de la bestia y elevar la be,sitia al nivel del
hombre.»
«Sin el sentimiento común en el presente y en el pa­
sado, que junte en una unidad corazones y conciencias,
no hay Patria.»
«Unidad de creencias y autoridad inmutable que las
custodien; sólo eso constituye naciones y enciende pa­
triotismos.»
«No hay acto nacional de trascendental importancia
en que no aparezca la imagen de María.»
«Aquella España gloriosísima realizó empresas tales,
que ellas solas bastarían para hacer la gloria de muchos
pueblos... ¡Ah! Si nos fijamos en todos aquellos hombres,
reyes, guerreros, descubridores, sabios, artistas..., parece
que forman selvas; para abarcarlos es necesario mirarlos
desde el cielo.»
«Ningún pueblo se ha levantado de su postración mal­
diciendo los días jtejanos y grandes de su historia.»
«El primer invento ha sido el primer progreso, y el
primer progreso, al transmitirse a los demás, ha sido la
primera tradición que empezaba.»
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 205

«Ei progreso individual no llega a ser social si la tra­


dición no le recoge en sus brazos. Es la antorcha que se
apaga tristemente al lanzar el primer resplandor, si la
tradición no la recoge y la levanta para que pase de ge­
neración en generación, renovando en nuevos ambientes
el resplandor de su llama.»
«El derecho a profesar las creencias más opuestas o
de no profesar ninguna y manifestarlo sin limitación re­
ligiosa, moral ni histórica, por lo menos en el orden es­
peculativo y en la órbita de la propaganda, tal es la te­
sis liberal.»
«La historia del Pontificado no es. políticamente, otra
cosa que un porfiado combate contra el cesarismo y una
continua cruzada en favor de la libertad.»
«La Revolución hace astillas los tronos que tratan de
salvarse, ofreciéndola, a cambio de su benevolencia, frag­
mentos de altar.»

(P ró lo g o del Excmo. y Rmo. Dr. D. Leopoldo E ijo G a -


ray, Patriarca de las India.>. Obispo de Madrid-Alcalá, al
volum en X X I X . )
X

JUICIOS S03RE PERSONALIDADES

Alarcón. — Ampuero (José J.). — Arcipreste de Hita. — Ayala


(Abelardo). — Balmes.—Cautelar.—Castro ( Rosalía de).—
Cervantes.—Díaz de Vivar (Rodrigo).—Donoso Cortés.—
Gil (Ricardo). — Golpe (Salvador). — Helio (Ernesto).—
Iturribarría.— Lope de Vega.— Menéndez y Pelayo.—Nava-
rro Villoslada.— Polo de Medina.—Tassara (Gabriel). —Te­
jado (Gabino).
X

JUICIOS SOBRE PERSONALIDADES

Alarcón. —No sólo fué bruñidor de áurea prosa, sino


cincelador de versos por donde corrió abundante la ins­
piración. El gran novelista, que de la confesión de un
calavera hace una novela como El escándalo, era también
altísimo poeta, y con lira completa que da la nota en la
oda A l Atlántico . Alarcón, que escribió páginas proféti-
cas anunciando la revolución social, dirigía con frecuen­
cia su alma hacia los humildes para levantarlos hacia el
Cielo. (XVIII, 13 y 14.)
A m pu ero (D . José). —Pero cuando cae un hombre como
don José de Ampuero, a los que le conocíamos íntimamen­
te nos parece que se derrumba el muro de una historia
y que la brecha abierta nos deja ver. con los arcos y co­
lumnas que permanecen en pie. las trazas del alcázar
moral que habitaba, y con la visión sentimos el deseo
de impedir su ruina, imitando su ejemplo para restau­
rarle. (XVII, 41.)
El Arcipreste de Hita.—No vamos a hacer la semblan­
za, un poco difícil, de Juan Ruiz. el famoso Arcipreste
de Hita, porque si fué archivo de sales y donaires y su
ingenio regocijado y maleante, fuente inagotable de sá­
tiras e ironías, también personificó la corrupción de su
tiempo, y si la ortodoxia se salva en sus poesías, la mo­
ralidad y la decencia son, con frecuencia, flageladas.
(XVIII, 23.)
Ayala.— Don Abelardo López de Ayala fué poeta líri-
14
VAZgUEZ UK Mfcli.LA V LA EDUCACION NACiONAl

co y dramático eminente, y bien lo demostró en el Te j a


do de vid rio , en el Tanto por ciento, en Consuelo y en la
primera de sus obras teatrales. E l hom bre de Estado ,
cuya crítica le alcanza a él mismo. Las andanzas políti­
cas de Ayala, tan variadas y contradictorias, gastaron en
empresas desdichadas una actividad y energía espiritual
que, puesta al servicio de su vocación artística, hubieran
duplicado su mérito, con ser tan grande.
El antiguo redactor y defensor elocuente, en su pri­
mer discurso de El Padre C o b o s , inspirado por una musa
dramática semejante a la del gran Tamayo, conservó en
medio de su agitada vida política la fe religiosa y los
sentimientos hidalgos, que levantaban su inspiración ha­
cia el Cielo siempre que lograba apartar su alma de las
influencias malsanas del medio político en que estaba
aprisionada. (X V III, 37.)
B a lm es .—Presintió los conflictos sociales de nuestros
días, y sus estudios sobre el socialismo, las relaciones de
patronos y obreros y las doctrinas socialistas de la época,
leídos hoy, causan tal admiración que con justicia se ha
dicho que fué un precursor de Ketteler y una especie de
comentarista anticipado de la Encíclica de León X III.
(X V II, 5.)
Castelar.—D. Emilio Castelar fué el orador cósmico y
apocalíptico, que cree que la Historia es una colección de
metáforas, y la filosofía un conjunto de tropos de que
él puede usar como guste para adornar con viejos perifo­
llos y deslustrados cintajos el posibilismo encanijado y
enclenque, y la democracia senil que ha escogido como
lugar de refugio y desván de asilo la imaginación de Su
Señoría, vasta como el espacio, revuelta como el oleaje
del mar, variable como el tiempo y caprichosa como una
coqueta. (X V III, 191.)
Castro (Rosalía d e ).—Rosalía es el ruiseñor de las enra­
madas de Padrón, que, poniéndose en el pórtico de la
Gloría de la Catedral compostelana. sintió la poesía mo­
VAZQUÜZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 211

derna ante el arte medieval. Las Anduriñas de Rosalía


volaron más alto que las poesías de Becquer.
Rosalía, eñ sus cantos, es el reflejo del alma gallega.
Con sus Cantares, que son el pórtico de la Gloria, y sus
Follas Novas, el Interior de la Catedral y las Orillas del
Sar, lágrimas vertidas ante el Cristo de la Soledad.
(XVII, 78.)
Cervantes .—La vida de Cervantes se desliza entre
grandezas soñadas y miserias reales. Con la cabeza con­
fina con los grandes ideales que la enseñorean siempre
con altos pensamientos, y su? pies pisan lodo y abrojos.
Había en él esos dos grandes aspectos. Como Don Qui­
jote, tenía quimeras en la fantasía, y vió al través del
ideal la realidad, y la realidad nublada y empañada se
sublevó contra su ideal. Y también él tuvo, como San­
cho, que transitar por las clases sociales, pero siendo el
escudero de sí mismo. Dentro de él había una unidad
profundamente española y cristiana, que había atado esos
dos mundos, y por eso parece que, al transfundir su alma
en Don Quijote, como era tan grande y no podía conte­
nerla, con lo que sobraba infundió la vida a Sancho.
(XVIII, 147.)
Díaz de Viva r (R od rigo ).—Era la personificación de la
fe nacional, y 1k>era también del sentirriento monárquico,
demostrando hasta tal punto que el conquistador de rei­
nos es el único Soberano particular —llamémosle Sobera­
no, puesto que soberanía ejerció— , que de caballero an­
dante se trueca en dominador de reinos y de reyes, pero
que no se ciñe la corona. (XIV, 209.)
Donoso C o r té s —El gran orador era también gran es­
critor y pensador ilustre. Sus contemporáneos, reconocien­
do su poder mental y su elocuencia, no comprendieron
bien un pensamiento que volaba sobre ellos y que no al­
canzaban sus críticas. Muchos de sus conceptos, que los
detractores llamaban paradojas y sofismas, aquilatados
por el tiempo, resultan ahora vaticinios cumplidos o que
están a punto de cumplirse, probando que quien veía en
212 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

el presente lo por venir era un entendimiento genial.


(X X IV , 293 y 294.)
Fernández (C a y e ta n o ). —El verso fluye de su pluma con
extrema facilidad, siendo causa de algún desaliño; pero
la intención siempre elevada, la nobleza del pensamien­
to y el gracejo, se sobreponen de tal manera que sus fá­
bulas, aunque menos conocidas, superan a los secos diá­
logos de Fray Amador, y a las de Hartzenbusch, E l placer
de la virtu d , Parentesco de las virtudes y al interrumpi­
do de E l águila y la lechuza . (X V III, 20.)
G il (R ic a r d o ). —El dulce poeta que nos honró con ,su
amistad tenía la nostalgia de la grandeza pasada, amor
hondo a la Iglesia y España, la tristeza que produce el
aumento del fango social y la disminución del manan­
tial de aguas vivías que antes regaba la vida del pueblo;
y su inspiración, no queriendo manctoairse, daba con fre­
cuencia fuertes aletazos para subir con elevaciones mís­
ticas a las regiones soberanas donde no anochece nunca.
(X V III, 17.)
G o lp e (S a lva d o r). —Salvador Golpe era un grande y
tiernísimo poeta, que derramaba su inspiración románti­
ca, siemple noble y pura, en versos y en prosa, que con
frecuencia asemejaban, por la belleza de sus líneas, án­
foras clásicas.
Pocas almas, no sólo entre los vates gallegos, sino en­
tre todos los contemporáneos, habrán existido tan poé­
ticas como la suya.
La misma literatura forense, ingrata y agria, a que
tuvo que rendir tributo gran parte de su vida, no con­
siguió entorpecer su labor predilecta, no logró secar ni
enturbiar el raudal de armonía que brotaba y pugnaba
siempre por salir del fondo de su alma. (X V III, 53.)
H e lio (E r n e s to ). —Ernesto Helio era un admirable escri­
tor en quien se juntaban intuiciones de vidente, agude­
zas y penetraciones de crítico, síntesis geniales, erudi­
ción vasta y cernida por un espíritu elevado que no re­
petía lo leído porque lo había hecho sustancia suya, y,
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 213

sobre todo, un sentido tan profundamente cristiano, que


de muchas de sus páginas salen aromas ascéticos que
elevan la voluntad y la ayudan a ser buena. (X VII. 61.)
Ituvribarría .—Iturribarría era un sacerdote vasco que
encerraba bellezas románticas en ánforas clásicas. Alma
dulce y melancólica., y dd fuerte temple de los hombres
de su raza, reflejó la naturaleza en espléndidas estrofas.
Pero las cuerdas de su lira vibraron mejor cuando corrie­
ron por ellas las lágrimas.
Cantó el dolor cristiano que fortifica, y no el placer
mundano que enerva. Subió con sus pesadumbres hasta
el Calvario, donde también el dolor fué redimido, y pa­
rece que el corazón maternal, atravesado por las espa­
das del sufrimiento, se inclinó sobre el suyo para que pu­
diese cantarle en poesías como La Dolorosa y La Virgen
de Begoña. (XVIII, 5.)
Lope de Vega .—De la fantasía desbordada, acaso úni­
ca en la Historia, de Lope de Vega, pasarán al teatro las
figuras de su dramas y poesías que forman selva, y por
su lira prodigiosa todos los sentimientos humanos. El lí­
rico llega muchas veces a la altura del dramático. El
mismo, que había escrito sonetos libidinosos como el que
empieza Picó atrevido un átomo viviente, cuando las pa­
siones fueron vencidas, puso su lira como un exvoto en
el altar, y encerró en versos inmortales las lágrimas del
arrepentimiento. (XVIII, U2.)
Menéndez y Pelayo .—Hacía poco que había muerto
la madre de Menéndez y Pelayo. y yo le encontré un día
en la calle y conversé con él. El sabio estaba apenadísi­
mo. y cuando le hablé de ella, diciéndole. para consolar­
le, que sabía cuántas eran sus virtudes, y para animarle
cómo había sido edificante su muerte, a Menéndez y Pe-
layo se le arrasaron los ojos de lágrimas y empezó a so­
llozar delante de mí como un niño; y yo. queriendo con­
solarle, apelé a sus sentimientos cristianos, y le dije:
—Parece increíble que hombre de su fe y de su tesón,
que sabe que al morir su madre abrazada al crucifijo, y
214 VAZQUEZ DE M E M A Y t,A EDUCACION NACtONAl

que al terminar una vida justa con una muerte santa ha


entrado en un mundo mejor que el que usted y yo ha­
bitamos ; parece increíble que usted no reconozca a la Reí i*
gión como suprema fuente de consuelos.
—Es verdad —contestó; y cogiéndome cariñosamente
un brazo y bajando la cabeza, después de una pausa, la
levantó hacia el cielo, más sereno, y me dijo entonces
esta frase, que me iluminó como un relámpago y por un
momento me dejó ver el fondo de su espíritu— : Verda­
deramente Jesucristo es Dios y El es nuestro Salvador,
porque yo no podría creer en un Dios que no quisiese y
no pudiese enjugar mis lágrimas con el paño de la es­
peranza. (X V III, 103.)
Navarro ViUoslada.—En Navarro Villoslada hay dos
aspectos que se revelan en dos manifestaciones de su es­
píritu: el de novelista y el de político. Entrambos enla­
zados en la unidad interna, que juntaba, bajo el pabellón
de la fe. al pensador y al artista.
Con razón ha sido apellidado el Walter Scott español.
Amaya supera a Ivanhoe. Tenía lo que llamaba Menén­
dez y Pelayo la segunda vista histórica. (X VII, 7.)
Polo de Medina.—Salvador Jacinto Polo de Medina es
un ingenioso poeta, murciano, del siglo xvn, feliz imita­
dor de Cervantes en algunos de sus escritos en prosa y
de Quevedo en el Viaje de este mundo al otro, que se pa­
rece a los Sueños, y sentencioso y cortado como Salustio
y Saavedra Fajardo, y no inferior a éste en algunas pá­
ginas del Gobierno moral. Pero fué, ante todo, gran sa­
tírico y humorista, lleno de gracejo y de donaire en los
epigramas que algún docto crítico comparó con los me­
jores de Marcial. (X V III, 31.)
Tassara ( Gabriel de*).—Tassana fué uno de los más gran­
des poetas del siglo pasado. Su lira tenía todas las cuerdas,
aunque dominase la épica, que dió vibraciones homéricas.
E? preciso recordarlo a esta generación, que se entretie­
ne co.' guitarras mal templadas, arpas y liras por donde
VAZQUEZ OE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 215

pasó triunfante el Arte r o z á n d o l a s con »us alas


(XVIII, 3.)
Tejado (G a b in o ). —Tejado, modelo de pureza de doctri*
na, era un gran escritor y un admirable polemista, que
la sabía unir a una prosa fácil y abundante, precisa y
seca, o cáustica y desgarradora, según lo exigía la idea,
que nunca hacía esclava de la forma ; antes bien. la im­
ponía servidumbre con altivo señorío.
Juntaba a la profundidad de pensamiento la claridad
de expresión, y a una dialéctica férrea una ironía lucia-
nesca y un donaire y una gracia que hicieron de su pluma
espada triunfadora en el palenque de la Prensa. (X V II, 18.)
XI

JUICIOS SOBRE ABSTRACCIONES

La crueldad.— El Cesarismo.— N o llores sobre mis ruinas.— La


opinión pública.— El H om bre y la Careta.— El duelo .—
La tiranía.— La eternidad.— La mujer.
XI

JUICIOS SOBRE ABSTRACCIONES

La crueldad.— La crueldad endurece el corazón, seca


la fuente de los sentimientos delicados y es incompatible
con el amor del espíritu, que además supone la admira­
ción al objeto amado, lo cual es un cierto modo de infe­
rioridad, que no ouede soportar quien desea sojuzgarlo
todo. (XVII, 106.)
E l Cesarismo .—Si es estable acaba siempre en femi­
nismo, y éste en una laguna de fango, primero, y en una
laguna de sangre, después. (XVII, 110.)
¡N o llores sobre mis ruinasl— ¡Jacobino, no llores so­
bre mis ruinas, que son, como yo, medievales! Llora so­
bre tus obras, sobre tu laicismo, que es el que, gastando
y dividiendo las energías de una nación y empleando el
poder como un proyectil contra las conciencias que sim­
bolizaba la vieja Catedral, ha cargado los cañones ale-
manes que han disparado contra mí. (XVII. 117.)
La opinión pública .—Luego la opinión públicá recla­
ma, en virtud de su misma naturaleza, dos cosas: pri­
mera, conocimiento de las cosas comparadas; segunda,
unidad de principios y normas que sirvan de extremo B
la comparación y de premisas al raciocinio. (XVII, 129.)
El hombre y la careta.—Un hombre cubierto con una
careta y envuelto en dominó, al mirarse ante un espejo
se queda sorprendido, preguntándose con gran sencillez:
«¿Quién es ese?»
Y después, riendo por dentro, puede añadir: «Ese
soy yo.»
Y, sin embargo, ése no es el otro: una persona de que
todos hablan y con cuyo traje y fisonomía nadk se dis­
fraza porque nadie le conoció.
220 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

De modo que no conocemos al otro y no queremos co­


nocernos a nosotros mismos.
¡Parece que nos tenemos miedo!
¡Oh! La careta es una mentira de que se sirve la
tontería de los hombres como de un pasaporte.
Es una medida preventiva que se toman inútilmente
para dejar de ser lo que son. (X V II, 192.)
E l d u elo .—Después de dar o recibir una estocada, el
que faltó ante Dios y la conciencia queda más criminal
que antes.
Siempre será verdad lo que decía ingeniosamente el
Padre Cobos: «Y o soy calvo, usted me lo llama; nos ba­
timos y queda demostrado que tengo cabellera.»
Jamás hay en el duelo igualdad moral ni física, por­
que es imposible que tengan razón sobre un mismo asun­
to dos personas que se consideran mutuamente agravia­
das, ni además será nunca igual la agilidad y máestría en el
manejo de las armas, ni la serenidad en el pulso y la
tranquilidad en el ánimo. (X V III. 204.)
L a tiranía .—Es una planta que sólo arraiga en el es­
tiércol de la corrupción. Es una ley histórica que no ha
tropezado con una excepción. En un pueblo m,oral, la
atmósfera de virtud seca esa planta al brotar. Ningún pue­
blo moral ha tenido tiranos y ninguno corrompido ha de­
jado de tenerlos. (XXIV, 105.)
L a eternidad .—La eternidad es el atributo del ser in­
finito, basando en él la solución de la filosofía cristiana
en que lo finito se funda en lo infinito. (XV, 137.)
L a m u je r .— Si nunca se ha conseguido la sublimidad
en la mujer como en las épocas cristianas, en que los hom­
bres se batían por su Dios y por su dama, cierto es tam­
bién que se ha rodeado a la mujer de tal grandeza que
es ya la soberana del hogar y manda hoy en el corazón
del hombre. Ella es, como la Iglesia católica, o reina o
mártir; y aquella emancipación se ha conseguido con su
cetro, que es la Cruz, a Ja cual debe defender siempre para
que no la arrojen al polvo los tiranos. (XV, 139.)
X I I

DOGMAS NACIONALES

1. Criterio geográfico.
2. Negociaciones sobre Gibraltar.
3. La importancia de! Estrecho.
4. Los tres ideales de España.
5. La conducta de Francia.
6. La Federación con Portugal.
7. Los Estados Unidos sudamericanos.
8. Las grandezas de España.
9. El índice de España señalando al ideal.
X II

DOGMAS NACIONALES (1)

I. Criterio geográfico.

V ___

Tengo uno fijo, permanente, el criterio que siguen


todos los demás pueblos. es el que yo llamaré cri­
terio geográfico, al que yo he dado un nombre: la auto­
nomía geográfica.
Hoy los Estados no son Estados nómadas, son Estados
que tienen territorio fijo, y todo Estado completo que lo
sea de veras tiene derecho a la dominación absoluta y
soberana sobre su territorio. Esta es una de las bases
más fundamentales del Derecho Internacional.
Nosotros tenemos los límites natuiales más definidos
Ya sé yo que ciertos geógrafos modernos han puesto has­
ta en litigio las fronteras naturales, exagerando la difi­
cultad de señalar bien los dos caracteres, el de protec­
ción y el de obstáculo. Claro está que si no hay por par­
te de los naturales una preparación orgánica y técnica,
no existe ni aun en el Himalaya obstáculo ni protección
sobre el globo; pero si hay algunas bien definidas, ellos
lo afirman, son las de la Península Ibérica, porque, aun­
que tengamos parte de nuestra raza extendida al otro
lado del Pirineo, es un hecho evidente que la muralla de
los Pirineos y el mar nos demarcan con límites tales que
no existe ningún otro Estado en la Europa actual que
pueda presentar unas fronteras como las que tenemos
nosotros.
(1) mejor para los maestros <tue inspirarse en la doctrina patrió
N ada
tica que expuso Vázquez, de Mella en sus «Dogmas Nacionales», para ense­
ñarla a los nifios de las escuelas primarias, formando su mente y su co­
razón en tan altos ¡«leales.— N del H
2. Negociaciones sobre Gibraltar.

Acerca de Gibraltar ha habido, si no estoy en este


instante transcordado, hasta siete generaciones distintas
Antes de la paz de Utrech, en los preliminares, ya nego­
ció Felipe V para que, en el Tratado secreto que inten
taba hacer en Versalles, Inglaterra no llevase la compen­
sación de Gibraltar. Después, Felipe V negoció dos ve­
ces con motivo de la Cuádruple Alianza, y en la segunda.
Jorge I. que le ofreció acceder, no pudo llevarlo a cabo
porque lo rechazó el Parlamento británico. La cuarta vez
se puso de acuerdo con el Emperador para conseguirlo,
pero Inglaterra y Francia lo estorbaron. La quinta nego­
ciación s.e verificó en tiempos de Femando VI, que trató
de la devolución de la plaza, y Pitt se la ofreció, pero
a cambio de que le ayudásemos nosotros a reconquistar
para Inglaterra la Isla de Menorca, que había perdido.
La sexta y la séptima gestión se realizaron, en tiempos
de Carlos III. por Fioridablanca y Aranda, y las dos fra­
casaron.
Después no se volvió a tratar, porque lo que intentó
Godoy no pasó de preliminares de la reivindicación de
Gibraltar.
3. La importancia del Estrecho.

Ved, señores, que el Estrecho de Gibraltar es el


punto central del planeta. Une cuatro continentes: une
y relaciona el Continente africano con el Continente eu­
ropeo ; es el centro por donde pasa la gran corriente
asiática y donde viene a comunicarse con las naciones
mediterráneas toda la gran corriente americana; es más
grande y más importante que el Skagerrach y el Categat.
que el gran Bel y elvpequeño Bel, que al fin no dan
paso más que a un mar interior, helado la mitad del tiem­
po; es más importante que el Canal de la Mancha, que
no impide la navegación por el Atlántico y el Mar del
Norte; es muy superior a Suez, que no es más que una
filtración del Mediterráneo, que un barco atravesado con
su cargamento puede cerrar, y que los Dardanelos. que si
se abrieron ,a la comunicación no llevarían más que a un
mar interior; y no tiene comparación con el Canal de
Panamá, que corta un Continente. Dios nos ha dado la
llave del mar latino. La Geología, la Geografía, la Topo­
grafía, las olas mismas del Estrecho, chocando con el
acantilado de la costa, nos están diciendo todos los días:
aquí tenéis la puerta del Mediterráneo y la llave : aquí
está vuestra grandeza.
4. Los tres ideales de España.

Restaurados nuestro poderío y nuestra Nación, po­


dríamos dirigirnos a los Estados de América, que hemos
amasado con nuestra sangre, a los cuales hemos infundi-
do nuestra civilización, y fundar con ellos un Imperio
espiritual, diplomático y mercantil, en pie de igualdad,
y volverían a surgir en los dieciocho Estados que hablan
nuestra lengua por una confederación tácita, y vendrían
a agruparse alrededor de nuestra bandera. Y todo eso,
que son los tres ideales de España, lo.s tres objetivos de
nuestra política internacional —el dom inio del Estrecho ,
la federación con Portugal y la confederación tácita con
los Estados americanos.
La autonomía geográfica de España exige el dominio
del Estrecho, la federación con Portugal, y, como punto
avanzado de Europa y por haber civilizado y engrande­
cido y sublimado a América, esa red espiritual tendida en­
tre aquel Continente y el viejo Continente.
5. La conducta de Francia.

Francia discrepa de nosotros en muchos puntos. No


es enteramente exacto ese latinismo, porque aunque ten­
gamos una correspondencia ética con la parte meridional
de Francia, no la tenciros con el centro galo ni con el
Norte, en gran parte germánico, y porque hay una dife­
renciación muy grande entre su psicología y la nuestra;
pero yo, que reconozco (la reconocen muchos escritores
franceses) la ligereza francesa, y a veces su superficiali­
dad, también reconozco su intuición brillante y genial, la
transparencia de su estilo, y fui yo quien dijo en el Par­
lamento, y repito aquí, que Francia era como la aduana
del espíritu humano, y que todas las grandes ideas, bue­
nas o malas, tenían que pasar por ella y recibir su sello
para circular rápidamente por el mundo. Yo proclamo esas
cualidades de Francia, y yo, que he censurado agriamen­
te la política jacobina, soy el que en estos instantes reco­
nozco la grandeza que, a pesar de ella, existe en Francia.
¿Y cómo no reconocerla, si a mí me ha causado profundai
admiración, si algunas veces esa admiración ha movido
la pluma para cantar las grandezas de aquellos que. vícti­
mas expulsadas del propio hogar, lanzados fuera del te­
rritorio, al sonar la hora trágica para su patria lo olvidan
todo ; y aquellos religiosos y sacerdotes, expulsados de
Francia, vienen hasta de Oriente, precipitadamente, en
las nave®, y llegan al suelo de la patria y no preguntan
quién manda ni quién los dirige, y no ven nada más que
la bandera y van a las trincheras a luchar heroicamente?
Y esa nación, que vió cómo se postergaba, se hería y
se escarnecía la conciencia católica; que vió cómo una po-
228 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

lítica antimilitarista, que había llegado hasta la escuela,


no reconocía el servicio de los tres años, llegaba hasta
a negar el saludo jerárquico y a establecer la delación y
las fichas en el Ejército, y había negado, con sus votos
en el Parlamento, los grandes aprestos militares y la ar­
tillería gruesa; a pesar de todo, cuando llegó la hora del
combate, se los ve recogerse dentro de sí mismos, ir a
pelear en las trincheras, oradar, por decirlo así, el suelo
de la patria, y con abnegación, con sacrificio heroico, re­
garle con su sangre, como si buscasen allá en lo más hon­
do del suelo las raíces de la vieja Francia para fecundar­
la de nuevo. Yo tengo hasta fe en su triunfo. ¿Sabéis por
qué? Porque creo que cuando salga purificada por la prue­
ba caldaria de la catástrofe, cuando reanude los eslabo­
nes de su historia y suprima el paréntesis jacobino, vol­
verá a ser grande.
Con Francia tenemos nosotros relativamente inxereses
antagónicos en el Mediterráneo, porque ella desearía ser
allí la primera potencia, y extenderse por todo el Norte
africano, y claro está que eso pugna con nuestros intere­
ses; hemos tenido muchas luchas en la Historia, hemos
tenido muchas oposiciones y contrastes, pero esos contras­
tes y esas luchas que hemos podido tener con ella, como
otros pueblos, son relativamente accidentales; con Fran­
cia, el día de mañana podríamos nosotros estrechar nues­
tras relaciones.
6. La Federación con Portugal.

No basta, señores, el dominio del Estrecho, porque


para completar la autonomía geográfica, es necesaria ls
unión con Portugal. ¿En qué forma y de qué manera? La
conquista, jamás; la absorción, nunca; una federación.
Sería necesario un órgano, y ese órgano sería una federa­
ción, o bien en forma de monarquía dual, o bien en forma
de imperio, con una Monarquía en lo internacional su­
bordinada. Se dice: ¿Es que entonces estableceríamos una
dominación indirecta sobre Portugal? No; establecería­
mos una federación.
¿Cómo? Apoyándonos sobre un partido español.
Existe en Portugal una parte de la clase media que no
responde a la pureza de la raza portuguesa, porque de
raza portuguesa es la mayor parte de su aristocracia, y
en el pueblo bajo se conserva pura; pero pdr una influen­
cia detestable de las colonias sobre la Metrópoli no suce­
de así en parte de la clase media, y ésta sola produce
esas revoluciones cinematográficas que tienen algo de mo­
tines zoológicos.
Y piara que Portugal no sea el Méjico de Europa, es
necesario que, apoyándonos en los elementos más sanos
de Portugal, en un partido español, o ibérico si queréis,
lleguemos a la federación de toda la Península con una
sola política internacional. Esa es mi aspiración en lo que
a Portugal se refiere. Y no es la aspiración de un español
en contraposición a un lusitano, aparte de que en un sen­
tido verdadero somos españoles todos, como decía Almei-
da Garre en el famoso estudio sobre Camoéns, en aquella
230 VAZQUEZ DE MULLA Y LA M U C A 6 I0 N NACIONAL

frase que repetía con orgullo Menéndez Pelayo: «Españo­


la® somos y de españoles nos diebemos preciar todos
los que habitamos en la Península Ibérica.» Y si queréis
oír las palabras de un ilustre historiador lusitano, de Oli-
veirá Martins, yo os las recordaré; pero antes quiero
leeros otras que he copiado de un gran español del si­
glo xvn. Cuando Felipe II, en las Cortes de Tomar, reco­
nocía con una amplitud verdaderamente extraordinaria
todos los privilegios, fueros, instituciones, usos y costum­
bres que tenía Portugal, hasta el punto de aceptar una
multitud de criados, damas, grandes y caballeros portu­
gueses a su servicio y no permitir que ningún español
ejerciese cargo militar ni civil en Portugal, llegando al
caso inusitado de que no pasasen de media docena los em­
pleados españoles en Portugal, cuando se emancipó en el
año 1640. Y ved lo que un español, embajador y escritor
ilustre, decía a los portugueses cuando se emanciparon,
comentando lo que Felipe II les había prometido y cum­
plido. Son palabras del insigne Saavedra Fajardo, que de­
cía a los portugueses en el siglo xvn:
«No deben desdeñarse los portugueses de que se junte
aquella Corona con la de Castilla, pues de ella salió como
Condado y vuelve a ella como Reino, y no a incorporarse
y mezclarse con ella, sino a florecer a su lado, sin que se
pueda decir que tienen Rey extranjero, sino propio, pues
no por conquista, sino por sucesión... poseía el reino y lo
gobernaba con sus mismas leyes, estilos y lenguajes, no
como castellanos, sino como portugueses, y aunque tenía
su residencia en Madrid, resplandecía Su Majestad en
Lisboa. No se veían en los escudos y sellos de Portugal,
ni en sus flotas y armadas, el León y el Castillo, sino las
Quinas. No se daban sus premios y dignidades a extranje­
ros, sino solamente a los naturales, y éstos gozaban tam­
bién de los de Castilla y de toda la Monarquía, favoreci­
dos con la grandeza, con las encomiendas y puestos ma­
yores de ellas, estando en sus manos las armas de mar y
tierra y el gobierno de las provincias más principales. El
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 231

comercio era, como en todas partes, común; también la


Religión y el nombre general de españoles .»
Oíd ahora lo que dice Oliveira Martins, en su Historia
de Portugal, al examinar los fundamentos de la naciona­
lidad portuguesa. Los va señalando todos, y hablando de
las fronteras de Portugal, ya había dicho: «¿Qué fronte­
ras serán las nuestras que cortan perpendicularmente los
ríos y las cordilleras?» Y examinaba la raza y no encon­
traba diferencia, y examinaba el lenguaje y veía que era
una lengua románica, como la lengua gallega de la cual
se deriva, y afirma después:
«Quien pise Portugal y España observará ciertamente,
o no tiene ojos, una afinidad innegable de aspecto y de
carácter, un parentesco evidente entre los pueblos de los
dos lados del Miño, del Guadiana, de la Raya Seca del
Este. Si esos hombres no hablasen nadie distinguiría las
dos naciones. Y, por otra parte, ¿confunde alguien un
algarbés o un alentejano puro con un puro mienense
(minhoto)? La historia común funde, no separa; después
de ver que a pesar de transcurridos siete siglos no hay di­
ferencias marcadas, la observación de los hombres lléva­
nos a creer que, con efecto, en Portugal faltó una unidad
de raza, sobrando, por el contrario, una voluntad enérgi­
ca o una capacidad notable en sus principios... Con un
trozo de Galicia, otro de León, otro de la España meri­
dional sarracena, esos príncipes compusieron para sí un
Estado.
«Verdad es que nuestra independencia restauróse en
1640; pero, ¿cómo? ¿Se atreverá alguien a decir que fué
una resurrección? ¿No será la historia de la Restauración
la nueva historia de un país que. destruida la obra del
Imperio ultramarino, surge en el siglo xvi. como en el
nuestro aparece Bélgica para las necesidades del equili­
brio europeo? ¿No vivimos desde 1641 bajo el protectora­
do de Inglaterra? ¿No hemos llegado a ser «positivamente»
uná factoría británica?
»En sus lenguas, en sus tradiciones, en su carácter, el
232 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

celta de Irlanda encuentra siempre un punto de apoyo


vivo y positivo. ¿Queréis una prueba de la diferencia? Los
puntos de apoyo que nosotros buscamos «han muerto o son
negativos»; muerto el Imperio marítimo y colonial, la In­
dia y toda la historia que terminó con los Lusiadas en
1880 ; negativo el odio de Castilla, que ni nos oprime ni
nos odia.»
7. Los Estados Unidos sudamericanos.

Si hay Congreso de la Paz en la hora de la liquidación


de la guerra o ésta se termina por paces parciales im*
puestas por el vencedor, España necesita afirmar sus
ideales, y necesita afirmarlos de una manera solemne en
este período que la anteccde, Necesitamos una unidad que
esté más allá de las fronteras, y ya que las unidades mo­
rales interiores se han roto, es necesario que, siquiera más
allá de las fronteras, por encima de las discordias de los
partidos, de las luchas, de los enconos, haya algo que nos
junte y que nos una.
Yo quiero que esos tres grandes objetivos de la políti­
ca internacional: la soberanía en el Estrecho, la federa­
ción con Portugal y el requerimiento a los pueblos ame­
ricanos, que es su consecuencia, nos ligue, nos una, nos
junte a todos los españoles en una región serena adonde
las pasiones no lleguen, donde los rencores acaben y los
amores comiencen, la que se extienda sobre todos I09 par­
tidos. Propugnemos este ideal, defendámoslo todos, hable­
mos también nosotros de una España irredenta, y si se
dice que somos imperialistas, no importa ; los españoles
del siglo xvi también lo eran, iban bajo el manto y el
cetro de Carlos V, y se cubrieren die gloria en todos los
campos de batalla. Sí, seamos imperialistas del Imperio
español; pidamos que esos objetivos se cumplan.
Entonces nos podremos erguir en este estruendo de Eu­
ropa y dirigirnos a los pueblos americanos, y decirles:
«Vosotros nos debéis vuestra civilización, os hemos dado
todo lo que teníamos, hemos llevado allí, con Alonso de
Cárdenas, nuestros Municipios gloriosos; hemos llevado
nuestras Cortes y nuestro Gobierno representativo, os he-
234 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

mos llevado nuestras tradiciones, hemos erigido el monu­


mento de nuestras leyes de Indias, hemos levantado esas
razas e injertado en ellas la sangre española, y esos Esta­
dos americanos que hablan nuestra lengua, formados es­
tán con nuestra carne y son obra de nuestra civilización.
Ahora, emancipados de Europa, no veáis la nación humi­
llada, postrada y envilecida ; mirad cómo nos levantamos;
al levantarla ved detrás de nosotros la progenie de los na­
vegantes y de los conquistadores que con sus espadas to­
caron todas las cumbres, y los misioneros, qué con sius
cruces conductoras de una vida sobrenatural, tocaron
nuestras alrma-s; y recordad cómo toda esa inmensa cordi­
llera de los Andes, con sus bosques y sus ríos, vibró como
un arpa gigantesca, con sones de epopeya que todavía no
ha podido igualar ningún pueblo de la tierra. Formemos
ahora los Estados Unidos españoles de América del Sur
para contrapesar los Estados Unidos sajones del Norte.
Y si me decís que es soñar, que es sueño ideológico,
buscar la realización de esos ideales, os diré que esie sue­
ño lo están realizando todas las naciones de la tierra. El
pangermanismo significa ese dominio de las razas sobre
el territorio que habitan sus naturales; el panhelenismo
significa la tendencia de querer dominar las islas del mar
Egeo y todas aquellas que llevan sello helénico; aquellos
Estados balcánicos que son nada más que naciones inci­
pientes tratan de completar su nacionalidad sobre por­
ciones de Turquía. Francia tiene un irredentismo en Alsa-
cia y Lorena; Italia lo tiene en Trieste y en el Trentino;
lo tiene Finlandia y todos los países que se extienden a
lo largo del Báltico, donde, a pesar de los vendavales
moscovitas, no se ha podido extinguir el germen y la flora
de nacionalidades indígenas; lo tiene Inglaterra, rama
germánica que se asienta y domina por su territorio sobre
los países célticos. Todos buscan su autonomía geográfi­
ca, todos aspiran a que se complete el dominio del terri­
torio nacional. ¿Y será aquí como dicen, sueño romántico,
vago idealismo, cosa quimérica, lo que pretendo yo?
4. Las grandazas de España,

Amo a mi Patria y la evoco en mis sueños, y deseo


vivir en una atmósfera que no se parezca a la atmósfera
que me rodea en la hora presente ¡Cuántas veces, al
apartar la vista de la realidad actual, me dirijo hacia la
Historia pasada, y la evoco y la busco en «aquel período de
intersección entre una España que termina y otra que co­
mienza! Entonces veo aquella reconquista que se va for­
mando con hilos de sangre que salen de las montañas y
de las rutas de los eremitas, que van creciendo hasta for­
mar arroyos y remansos, y veo crecer en sus márgenes
los concejos, y las behetrías, y los gremios, y los seño­
ríos, y las Cortes, y a los monjes, y a los religiosos, a los
cruzados, a los pecheros, a los solariegos, a los infanzones,
enlazados por los Fueros, los Usatjes. los Códigos, los Poe­
mas y los Romanceros; descendiendo hacia la vega de
Granada en un ocaso de gloria, para ver allí el alborear
de un Nuevo Mundo con la conquista de América y del
Pacífico, y entonces pasan ante mi fantasía Colón y El-
cano, Magallanes y Cortés; los conquistadores, los nave­
gantes y los aventureros, y a medida que el Sol se levan­
ta, mi alma arrebatada quiere vivir y sentir y admirar
a políticos como Cistneros y como Felipe II. a estadistas
y caudillos como Carlos V y como Juan de Austria, y,
por un impulso de ia- sangre, quiero ser soldado de los Ter­
cios del Duque de Alba, de Recaséns y de Farnesio, y
quiero que recreen mis oídos los periodos solemnes de
Fray Luis de Granada, y las estrofas que brotan de la
lira de Lope y de Calderón, y que me traiga relatos de
Lepanto aquel Manco a quien quedó una mano todavia
236 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

para cincelar sobre la naturaleza humana a Don Quijote;


y quiero ver pasar ante mis ojos los embajadores de los
Parlamentos de Sicilia y de Munster que se llaman Que-
vedo y Saavedra Fajardo ; y ver la caída de Flandes al
través de Las lanzas de V e lá z q u e z ; y quiero sentarme en
la cátedra de Vitoria para ver cómo el pensamiento teo­
lógico de mi raza brilla en aquella frente soberana, y
quiero verle llamear en lá mente de Vives, sembrador de
sistemas, y en la de Suárez ascender hasta las cumbres
de la metafísica; y quiero más: quiero que infundan
aliento en mi corazón y le caldeen las llamas místicas que
brotan en lo más extenso del espíritu español con Santa
Teresa y San Juan de la Cruz, y quiero ver a los peni­
tentes varoniles y desgarrados en los cuadros terribles de
Ribera; quiero, en fin. embriagarme de gloria española,
sentir en mí el espíritu de la madre España, porque cuan­
do se disipe el sueño, cuando se desvanezca el éxtasis, y
tenga que venir a la realidad presente, ¿qué importa que
sólo sea recuerdo del pasado lo que he contemplado y
sentido? Siempre habrá traído ardor al corazón y fuego a
la palabra para comunicarle al corazón de mis hermanos
y decirles que es necesario que se encienda más su patrio­
tismo cuanto más vacile la Patriá.

(D iscu rso en el teatro de la Zarzuela de M adrid.— 31


de mayo de 1915.)
9. El índice de España señalando al ideal.

Por esos tres ideales que forman la abrazadera es­


piritual de nuestra raza hay que luchar. Si los Gobiernos
entendieran bien su cometido, si en la política imperase
el alto espíritu patriótico, que raías veces se nota en las
alturas de los Ministerios, ¡ah señores!, entonces esos
ideales saldrían del hogar a la escuela, y de la escuela a
la vida pública como una enseñanza encendida en todas
las almas. Y un Gobierno verdaderamente católico que
sintiera esa unidad y esos ideales de que os hablo, que
viviera y se preocupase por el porvenir de esta Patria
que podría ser tan grande, haría que formara parte de la
enseñanza, y que predicara ai niño en el hogar y en la
escuela con la vista fija en ese ideal triple, en el cual se
encierra el porvenir de la Península y de la raza. Todos
los hijos de España deberían oír desde el regazo de sus
madres que tenemos un fin común y colectivo que une a
todos los pueblos peninsulares: el dominio del Estrecho,
la federación con Portugal, la unión con América.
Cuando nuestro pueblo sienta esos ideales, cuando los
lleve encendidos en el alma, ya se verá cómo, en la pri­
mera ocasión propicia que se presente en la historia, sur­
girá con una potencia y una energía tales que asombra­
rá al mundo. ¿Y sabéis por qué? Por una causa que vos­
otros, que vestís el honroso uniforme militar y lo habéis
visto en varias ocasiones salpicado con vuestra propia
sangre, sabéis mejor que nadie, y es que, a ptsar de to­
dos los prodigios de la ciencia contemporánea, el corazón
sigue siendo el primer elemento de combate.
VA/gllK/ l)K MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

Cuando esos ideales culminen en el alma de nuestro


pueblo como un daseo y una esperanza, se habrá avanza­
do mucho para que lleguen a ser tres realidades. Y para
eso no es necesario que en un momento se traten de llevar
a cabo; ya sabéis que la oportunidad y la prudencia, que
en todos los actos de la vida individual y colectiva han
de regular la conducta, se requieren singularmente en la
vida política del Estado. Pero debéis tener en cuenta siem­
pre que las alianzas internacionales varían, pues no hay
tratados eternos ni perpetuos, sino que estos tratados se
ven cambiados por las circunstancias a través de las cua­
les pasan los pueblos ; y así puede darse el caso de que
una nación enemiga que haya estado- en lucha con nos­
otros, andando el tiempo, pueda convertirse en uña na­
ción amiga; y es que las alianzas varían; lo que no va­
ría son las bases geográficas e históricas de una política
internacional.
Y yo, que he sostenido en diferentes ocasiones, y lo
sostendré siempre, que las bases de esa política interna­
cional, es decir, las geográficas e históricas, deben ser la
norma fija y permanente de esa política; yo, que he sos­
tenido y sostendré siempre que las alianzas varían, lo de*
muestro con el hecho de que yo, que he combatido a In­
glaterra tanto, no como nación, puesto que sería ridículo
el combate entre Inglaterra y y o ; yo, repito, que he com­
batido tanto a Inglaterra en cuanto se refiere a España,
podría ser mañana un partidario suyo y un entusiasta de­
cidido de la Gran Bretaña si se desprendiera de todo do­
minio en el Estrecho y nos dejara en las manos la llave
del Mediterráneo, que es nuestra.
Si así lo hiciera, yo, francamente, no tendría, al me­
nos en ese aspecto, por qué combatirla. Yo, que aplaudiré
a cualquier nación que nos favorezca, aunque sea por in.
terés suyo y no nuestro (porque ya sabéis aquella regla
de que son amigos nuestros los enemigos de nuestros ad­
versarios), aplaudiré asimismo toda alianza que, ltjos d#
al#jamo« del ideal. 1« fav»r»zot. Y aj áttír est«, oreo que
VAZQUKZ DE MKIA.A V J,A KIHJCACION NACIONAL 239

pienso como debe pensarse y siento como debe sentir


todo buen español.
Cuando pronuncié, acerca de este mismo tema, duran­
te la guerra, un discurso que tuvo bastante resonancia,
el discurso de la Zarzuela, un amigo mío se lo leyó a un
inglés que solía visitar con frecuencia nuestra Península,
y este inglés dijo, refiriéndose a mí: «Si yo fuera espa­
ñol, pensaría como é l; pero como soy inglés, prenso todo
lo contrario.»
Ya están lejanos los días de las carabelas de los gran­
des descubrimientos y de los audaces navegantes, pero
salieron de nuestra raza, y romo tenían un ideal que les
encendía el alma, por eso fué grande nuestro pueblo en
aquella época Si nosotros sintiéramos y pensáramos y
amáramos ese ideal, como lo sintieron y lo amaron nues­
tros antepasados, la España de ahora sería tan grande
como la España que fué.
Señiores, ¿qué Estado del mundo puede decir hoy:
Hay veinte Estados que hablan la lengua de comunica­
ción entre todas mis regiones y que tienen ei sello de mi
civilización?
¿Hay algún otro pueblo que pueda decir otro tanto?
Un gran historiador lusitano, vanagloriándose de las
grandezas de su patria y considerándolas parte del con­
junto peninsular, llegó a decir: «Inglaterra y Holanda
vinieron más tarde; España y Portugal fueron las na­
ciones colonizadoras por excelencia.» Y lleno de legítimo
orgullo, en un capítulo en que trata del cuadio de la
grandeza de España, dice que ésta, en el siglo xvi, des­
pués de haber salido de la Reconquista, adquirió tal vi­
gor, toil energía y tales arrestos, que. cuando se puso en
marcha, todas las naciones, sobrecogidas de asombro, se
apartaron a un lado para dejarla pasar.
Yo ya sé que podrá haber a quien le parezca lo que
yo digo romanticismo; pero, ¡ah señores!, es que la poe­
sía es una parte de la vida. También en este sentido la
poesía es necesaria. Es necesario s*r altruista, pues los
240 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

hombres completamente utilitarios, los hombres egoístas,


no dejan de sí escrito más que los desastres que producen
a los demás.
Sí, señores, es necesario ser altruista. Es necesario no
pensar sólo en el presente, sino también en el día de ma­
ñana. Es necesario un poco de poesía que alumbre la vida,
que sin ella es demasiado sombría. Ahora, el hecho de
recordar grandezas pasadas, una generación que tiene
muy pocas propias, le llama romanticismo. ¡Es claro! La
sombra del pasado es tan grande, que nos cubre por com­
pleto, y es mucho más cómodo señalar en él defectos, y
cuando no se encuentren entre los propios historiadores,
acudir a tomarlos de los historiadores enemigos, de los
que han fabricado la leyenda negra contra nosotros.
¡Y creemos que nos absolvemos a nosotros mismos de
la decadencia de la hora presente disminuyendo las gi<an-
dezias pasadas! P eto, mientras exista América, la sombra
de Hernán Cortés, de Vasco Núñez de Balboa, de Alma­
gro, de Pizarro y de Orellana, brillarán como una cons­
telación sobre el Continente de que España hizo un altar,
y mientras haya memoria entre los hombres, la raza que
subió un día los Apeninos y los Andes, que cubrió de lau­
reles los pantanos de Flandes y escaló las cimas del pen­
samiento y el arte, esa raza será grande en la Historia.
Y si sus herederos quieren conservar el recuerdo para
que les sirva de estímulo al corazón, no les importe que
hombres positivistas y materialistas, incapaces de sentir
el ideal, digan que es mucho mejior imitar a Sancho que
a Don Quijote. Prefiramos siempre a la bota henchida de
Sancho Panza, que refresca su boca llena de refranes, la
escuálida figura de Don Quijote alzando sobre la fatigada
cabalgadura la lanza, que parece el índice de España se­
ñalando el ideal.

(D iscu rso en el Círculo del E jército y de la A rm a da , de


Barcelona .—8 de junio de 1921.)
XIII

DEFINICIONES

Decálogo. — Catolicismo. — Religiones monoteístas. — írreli-


gión. — Escepticismo. - - Tolerancia. — Masonería. —
Tradición. — Revolución. — Monarquía. — Absolutismo.
Liberalismo. — Democracia. — Nación. — Religión. —
Arte. — Disciplina y jerarquía. — Contestación a varias
preguntas.
XIII

DEFINICIONES

1. Absolutismo.—El absolutismo consiste en la ilimi-


tación jurídica del Poder, y consiste en la invasión de la
soberanía superior política en la soberanía social; y aun
se puede dar en los órganos de ésta si penetran los prin­
cipales en los subalternos. (X, 181.)
2. A rte .—El arte es lo que mejor refleja a un pue­
blo, porque en el arte entra el hombre completo, la idea,
la fantasía, el sentimiento y hasta la sensibilidad extema
como medio para realizar lo ideal. La creación artística
es lo que más se parece a la creación divina, pues aun­
que, como toda obra humana, tenga que basarse en ele­
mentos preexistentes, el artista la anima, la imprime un
carácter y una unidad nueva que convierte en persona
que, a veces, tiene en el recuerdo y en la Historia más
relieve que las personas vivas que, absortas, la contem­
plan. (XXI, 273.)
3. Catolicismo.—El Catolicismo forma un sistema di­
vino en que los dogmas están tan maravillosamente en­
lazados, que no se puede negar uno solo sin negarlos to­
dos, ni afirmar uno con lógica sin tener que admitir,
cuando menos, la posibilidad de los demás. Y esa prodi­
giosa unidad, expresión de la infinita, no cabe en las mez­
quinas concepciones humanas, que necesitan ser aplicadas
por ella. (XXI, 285.)
4. Decálogo .—El Decálogo es el código de la libertad
No se le puede derogar, ni siquiera en parte, ni en un
244 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

solo individuo, sin que surja un tirano armado con una


pasión o alimentado con un vicio. (X X IV , 106.)
5. D em o cra cia .—Dios ha establecido en el orden so­
cial jerarquías como en el orden físico. No somos ni po*-
demos ser todos iguales; pero hay una democracia muy
grande, de la que soy yo, no su apóstol, porque no me
considero con fueraas para ello, pero sí quisiera ser su
divulgador. Hay una democracia cristiana que no está
fundada en el rebajamiento de los grandes- para que des­
ciendan al nivel de los pequeños, sino en el engrandeci­
miento de los pequeños para que puedan elevarse hasta
los grandes. La verdadera democracia no consiste en la
igualdad.
Las dos democracias, la cristiana y la revolucionaria,
lucharon siempre en la historia y luchan más ahora y con
sus propios nombres en el seno desgarrado de la socie­
dad presente. Y todas esas luchas no son más que el pró­
logo de la suprema que reñirán después en el ocaso que
ya parece que ha comenzado a teñir el horizonte con" san­
grientos colores. (X IX , 108.)
6. Disciplina y jera rqu ía .—Una jerarquía en a-cción;
eso es la disciplina.
¿Y en qué se funda la jerarquía?
En ]a dependencia, en la relación de superioridad e
inferioridad. Donde no hay dependencia, no hay ni puede
haber jerarquía, no hay ni puede haber disciplina, y
donde no hay disciplina, el Ejército no existe. (X II, 226.)
7. E scepticism o .—El escepticismo es una' interroga­
ción que pone una pregunta sobre todas las. cosas y la
respuesta sobre ninguna. (X X I, 239.)
8. Irrelig ión .—En el fondo de toda civilización mo­
derna lia,te la barbarie, porque es barbarie todo lo que sea
sublevación contra los principios morales y religiosos,
(XV, 273.)
.9. Libera lism o .—El liberalismo no es más que una
anarquía moderada que se detiene, por medio d© la incon­
secuencia, tn la mitad del camino.
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 245

El vulgo no lo entiende así. pero las cosas no depen­


den del entendimiento del vulgo; él es el que depende,
como todas las inteligencias, plebeyas o distinguidas, de
la realidad. (XVI, 39.)
10. Masort&ría.—La Masonería ha sido, desde el si­
glo x v i i i , el gran motor de las revoluciones del x ix y
del xx, y el judaismo es el gran director de la masonería.
La logia no es más que la antesala de la sinagoga.
(XIII, 249.)
11. Monarquía.—La Monarquía política de derecho
divino, sea absoluta o limitada, ha sido siempre rechaza­
da por la Iglesia, aunque asombre 1? afirmación a los que
no se enteran nunca de lo que combaten. La Iglesia no
ha reconocido jamás, fuera de dos excepciones en la teo­
cracia hebrea, más que dos Monarquías de derecho divi­
no ; la Monarquía doméstica del padre en la familia, que
es de derecho divino natural, y la Monarquía del Ponti­
ficado, que es de derecho divino positivo. Todas las demás
mionarquíás y poliarquías las considera de derecho nacio­
nal o político, es decir, de derecho humano. (II. 129.)
12. Nación —Una nación es una unidad histórica, que
sólo puede ser destruida o cambiada por otra unidad his­
tórica opuesta, y ésta supone, además de las opiniones y
actos libres, factores naturales que no se pueden fabri­
car con pactos ni convenciones. (XXVII. 244.)
13. Región .—La región es una sociedad pública o una
nación incipiente que, sorprendida en un momento de su
desarrollo por una necesidad poderosa que ella no puede
satisfacer, se asocia con otra u otras naciones completas
o incipientes como ella y les comunica algo de su vida y
se hace partícipe de la suya, pero sin confundirlas, antes
bien, marcando las líneas de su personalidad y mante­
niendo íntegros, dentio de su unidad, todos los atribu­
tos que la constituyen. (X, 211.)
14 Religiones monoteístas. — Las religiones mono­
teístas son tres: Judaismo, Cristianismo y Mahometis­
mo. Pero el Judaismo, prólogo del Cristianismo, es una
246 VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL

prueba cen su dispersión, y separado del Cristianismo,


es un error. El profetismo y el mesianismo, aplicación de
su monoteísmo, si rechaza a J e s u c r i s t o y siu Iglesia,
es falso, porque no se ha podido cumplir. El Mahometis­
mo, al considerar como dos grandes profetas a Jesucris­
to y a Mahoma, que enseñan lo opuesto, es contradicto­
rio. y niega la naturaleza humana, porque suprime, con
su fatalismo, la libertad, base de la moral y del deber.
15. R e v o lu c ió n .—Una revolución (no la Revolución,
que tiene un sentido doctrinal e histórico diferente) es el
cambio violento del régimen establecido en un pueblo.
Puede ser justa o injusta, según el régimen que derriba
y el régimen que establece.
La primera pregunta que hay que hacer a una revolu­
ción que empieza es ésta: ¿ A dónde vas? Y esa pregun­
ta no se puede contestar sin responder a esta otrar ¿De
dónde vienes? Es decir, ¿quién te impulsa y hacia qué
te impulsa?— (X X IV , 121.)
16. Tolerancia .—*Se habla mucho de la intolerancia,
que es la virtud de los que no suelen tensr ninguna. La
virtud de la tolerancia es muy fácil de invocar, y es
muy frecuente invocarla cuando se está sosteniendo pre­
cisamente lo contrario, cuando se está defendiendo una
tesis y se la quiere imponer sobre las demás. (VI, 252.)
17. Tradición. — Jurídicamente, la tradición es el
vínculo establecido por el derecho a la inmortalidad de
los antepasados y el deber de respetarla de los descen­
dientes, que a su vez tienen el derecho al respeto de sus
sucesores. Pero esta relación jurídica se funda, como to­
das. sobre la ley m oral; y por eso toda tradición no su­
bordinada a ella no puede ser respetada, porque las re­
laciones con Dios y la naturaleza humana que ordenan
son las más antiguas y respetables de todas las tradiciones.
La tradición, ridiculamente desdeñada por los que ni
siquiera han penetrado su concepto, no sólo es elemento
necesario del progreso, sino una ley social importantísi­
ma, la que expresa la continuidad histórica de un pue*
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 247

blo, aunque no se hayan parado a pensar sobre ello ciertos


sociólogos que, por detenerse demasiado a admirar la na­
turaleza animal, no han tenido tiempo de estudiar la hu­
mana en que radica.
La tradición es como el mayorazgo espiritual de un
pueblo, y los fundadores quieren que se transmita a las
generaciones venideras. No hay derecho a malveisar ese
patrimonio, pero sí a acrecentarlo, sí a aumentarlo. ¿Por
qué? Porque los venideros tienen derecho a esa obra, y
no es lícito que entre ellos y los antepasados se inter­
pongan algunos para privarlos de la herencia y abrir en
la Historia una sima para progreso, que no puede mu­
chas veces salvarla. (XVIII, 65.)
Co n t e s t a c i o n e s a Va r i As P r e ü u ñ TAS

¿Qué es la Religión?
El conjunto de relaciones naturales y sobrenaturales
que ligap al hombre con Dios.
¿En qué consiste la Moralidad?
En la ecuación de nuestras acciones con las relaciones
esenciales de causalidad y finalidad; tomarla como de
fuente mediata, el objeto, el fin y las circunstancias.
¿Qué es el deber?
La necesidad moral de conformar los actos con esas
realidades.
¿Qué.es el Derecho?
La potestad de cumplir el Deber. El Derecho es un
medio directo cuando es innato e indirecto cuando es ad­
quirido para el deber moral, al que está subordinado. El
deber jurídico es simultáneo con el derecho, como' fun­
dados los dos en la ley de igualdad.
¿Qué es la Justicia?
La ecuación entre el Derecho y el Deber.
¿Qué es la disciplina?
Es la jerarquía en acción.
¿En qué se funda La. jerarquía?
En la dependencia, en la reacción de superioridad e in­
ferioridad.
E P I L O G O
E P IL O G O

Es realmente difícil querer engarzar en forma de epí­


lo g o de este admirable libro uvas pocas frases mías que
significan, sobre todo, mi adhesión, homenaje y recuer­
do hacia la figura superlativa del insigne pensador, tri­
buno y Maestro, D. Juan Vázquez de Mella.
Empresa llena de dificultades cuando por delante y
en él largo correr de unas bellas páginas ha quedado Ia
admirable lección de sabiduría original que significa
siempre esta palabra ardorosa del gran Maestra; palabra
calcinadora, que no es, en definitiva , sino una catarata
de pensamientos, una doctrina hecha ascua, una Filoso­
fía de la Historia, una exaltación de patriotisma y, en
fin , una pura, alta y conmovedora página de Teología y
Apologética
Pero m i pensamiento y mi ánimo, frente a tanta fron­
da noble y ejemplar , tienen esta vez , con mi reiterado
tributo a aquel espíritu vidente y guiador, un alcance U-
mitado y breve: anotar y destacar toda la aptitud didác­
tica y la energía educadora que encierra d pensamiento
vivo y la Gramática candente de nuestro insigne M ella.
N o olvidemos que la Pedagogía, la. nuestra sobre todo,
la que lleva por dentro y por fuera el sello de lo autén­
ticamente español, no hay que buscarla sólo con afanes
mínimos en los Manuales, w¿ siquiera en los Tratados es­
pecíficos. La Pedagogía española, cargada de Patriotis­
mo y Fe, electricidad y pasión, de «locura», como diría
Vázquez de Mella.— «gracias a esas; «locuras», escribe el
252 VAZQUEZ DE MSLLA Y LA BDUCACION NACIONAL

in sign e tribuno, refirién d ose a las hazañas de P ela yo,


H e r n á n C o rté s , D aoiz y V e la rá e , etc., y que constituyen
e l tejido de nuestra H istoria , fu im o s respetados y gran­
d es com o no lo ha sido p u eblo alguno ewi la Tierra —, se
Halla im presa y düuída en las obras y tratados de nues­
tros grandes ascéticos, de nuestros m ísticos insuperables,
d e nuestros teólogos únicos, de nuestros pensadores ex­
traordinarios.
Y eso fué M ella , un Maestro; eso fu é sil obra p olié­
drica: u n tratado de la m e jo r Pedagogía.
Peda gogía caliente, q u e no es capaz de escribirla sino
q u ien lleva en sí. com o aquel español egregio , llam as de
patriotism o desbordante, palabras y luz. tocados en la
doctrina y en el costado del M aestro d e los M aestros: él
H o m b r e Dios.
E ste libro, lleno de tantos aciertos, esconde uno que
para m í es fundam entalísim o: el de com pon er dentro de
una temática variadísim a una guía em ocional para los
educadores .
N inguna de las ideas fundam entales de toda sana obra
educativa, sus conceptos perm anentes y exactos sobre la
Fe. la Patria, la Historia, la Filosofía, el Estado, la F a m i­
lia. han quedado ausentes en la acertada antología que
integran estas páginas. P o r eso no vacilam os en definir
este libro com o u n tratado de Pedagogía y Didáctica .
N a d ie com o el M aestro, en todos sus grados y jera r­
quías, necesita ciertam ente wn p rofu n d o contenido téc­
nico. al servicio de una cultura asentada en los princi­
p ios fundam entales de la ciencia; pero no es cultura in ­
diferente. m om ificada y am bigua, sino una cultura n e r­
vada. firm e, que habla los dos) idiomas: el de la m ente
y el del corazón; que distingue , sobre tod o , el sabor de
una patria in conm ovible. « A m o a España — decía M e lla —,
p ero la am o com o D ios y la H istoria la hicieron », y que
•encierra en lo íntim o aquel ím petu que conocieron las
catacumbas, capaz de darlo todo, sangre , vida y hogar en
defensa y entrega a la vo z de Dios.
VAZQUEZ DE MELLA Y LA EDUCACION NACIONAL 253

A q u í está, <*n las paginas que anteceden, esa cultura


y esa didáctica. Jamás la Pedagogía , si ha de ser eficazr
incitadora y profunda, podrá tener perfil y fisonomía de
un herbario de opiniones, y menos aún una preceptiva
matematica como si la inteligencia y ef alma del niñe
fuesen un teorema fácil que empieza y termina cuando
se quiere.
E l mérito de esta antología es que está en ella la Cul­
tura , pero también la gracia, la emoción, la dinámica sub­
yugadora, que es lo que el educador más necesiten
P o r eso no decimos que éste es un libro útil. Es un
libro necesario. Tiene en él la Escuela, lecturas, comen­
tarios, quehaceres de la más compleja didáctica, y tie­
ne el M aestro meditación . anchura. estímulos, fuente y
caminos múltiples que la más ligera lectura acusa y
destaca.
Gran servicio ha prestado la Junta organizadora del
Hom enaje a nuestro insigne tribuno tradKionálista al pu­
blicar un libro que tartto ha de contribuir en la forma­
ción católica y profundamente española, tanto del Pro­
fesorado como de la niñez española.

R O M U A L D O DE TOLEDO
OBRAS COMPLETAS
DE VAZQUEZ DE MELLA

VOLUM EN ES PUBLICADOS

I* SELECCION DE ELOCUENCIA E HISTORIA.—Llamamiento


promoviendo el Homenaje a Mella.—Prefacio por el Excelentí
simo Fray Zacarías Martínez, Arzobispo de Santiago.—Apuntes
para una biografía, por D. Miguel Peñaflor.— Prólogo, por la
Sra. D a Blanca de ?os Ríos. — Religión. — Patria. — Mo­
narquía. — Dogmas nacionales—Vaticinios,—Tradición—Inter
nacionalismo.—Política.— Sociología.—Etica.
II.—IDEARIO. I.—Prólogo de D. Víctor Pradera.—Abogadis­
mo.— Agentes de la reforma sociaL—Economía.—Ejército.—En­
señanza.— Episcopado.—Apologética.—Apostasía de la pseudo-
ciencia.— Aristocracia. — Asociaciones. — Bolchevismo.—Caci -
quismo.— Constitucionalismo. — Crítica.—Democracia. — Dicta­
dura.— Dogmas nacionales. — Estadolatría.—Etica.—Feminismo.
Fiestas religiosas.— Filología.
I I I — IDEARIO. II.— Prólogo de D. Rafael Marín Lázaro.—Filo­
sofía.— Filosofía de la Historia.—Franciscanismo.—Iglesia —
Integralismo.— Internacionalismo. — Jacobinismo.—Judaismo.
Jurisdicciones. — Latinismo. — Liberalismo.—Libertad. Libre­
pensamiento.— Marruecos.—Mártires.— Modas socia es. Monar­
quía.— Municipio.
IV — IDEARIO. I I I — Prólogo de D. Antonio Goicoechea.—Par­
lamentarismo. Patria.— Poder civil y eclesiástico.—Pontificado
P r o p i e d a d — Reforma. — Regionalismo. — Religión.— República.
Revelaciones históricas. — Salario.—Sátira.—Secularización.— Se
p a r a t i is m o .— Socialismo agrario.— Sociología. — Teología. — Tia-
bajo integral.— 'Trabajo único.— Tradicionalismo.—Vaticinios.—
Vínculos sociales.
^ — LA PERSECUCION RELIGIOSA Y LA IGLESIA INDEPEN­
DIENTE DEL ESTADO ATEO.— Prólogo de D. Manuel Sellante.
Invocación-— La persecución religiosa.— La Iglesia independien­
te del Estado ateo.

V I.— DISCURSOS PARLAMENTARIOS. 1.— Prólogo de D. M i­


guel F. Feñafior.— Temas religiosos.

V I I — DISCURSOS PARLAMENTARIOS. I I — Prólogo del señor


Marqués de Figuieroa.— L a pérdida de las Colonias.— L a res­
ponsabilidad de la catástrofe colonial.— El regionalismo, la pér­
dida ilegal de Filipinas y la alianza inglesa.— Cuestión econó­
mica.

V I I I — DISCURSOS PARLAMENTARIOS. III.— Prólogo del se­


ñor Conde de Romanones.— L a responsabilidad ministerial y la
responsabilidad social.— Los derechos de las minorías.— La so­
beranía inmanente, la Constitución interna y la Monarquía de­
mocrática.— La crisis militar y la legitimidad de las mayorías
parlamentarias.—¡El liberalismo y ei anarquismo.— El sufragio-
universal.— El Poder armónico en e' régimen constitucional.—
Debate político.

IX — DISCURSOS PARLAMENTARIOS. IV.— Prólogo de D. José


M.* Pemán.— Para la Historia.— Crítica del liberalismo.— La ley
de jurisdicciones.— Bases de una nueva ley de imprenta.— P a­
tria y Ejército.— Reformas militares.

Xv— DISCURSOS PARLAMENTARIOS. V — Prólogo ¿Je Don


Luis Martínez Kleiser.— E! Ejército, el programa carlista y el
regionalismo.— Defensa de la propaganda regionalista.— Defen­
sa de los fueros de Navarra.— E ’ liberalismo y el separatismo
nacional y colonial.— Filosofía del regionalismo, crítica del cen­
tralismo y el constíituciolnalismo.— Tradición y progreso.— La
estadolatría contemporánea.— Afirmaciones patrióticas.

X I — DISCURSOS PARLAMENTARIOS. V I.— Prólogo de D. Luis


Rodríguez de Viguri.— Tradicionalismo.— Síntesis de las doctri­
nas liberales.— La legitimidad de origen y de ejercicio.— Con­
troversia.— Los hechos de fuerza y la legitimidad del Poder.—
Re aciones de la Iglesia y el Estado.— Defensa de la libertad
contra el liberalismo.— Marruecos.— El absurdo de la retroacti-
vidad.— Varios asuntos.
XII. DOGMAS NACIONALES.—Prólogo de D. Esteban Bilbao —
Introducción de D. Benjamín Fernández Medina.— Artículos —
Discursos.— Juicios de Prensa.

XIII. POLITICA GENERAL. I.—Prólogo del Sr. Conde de Ro­


dríguez San Pedro.— Miremos a Cristo.—El régimen parlamen­
tario— La democracia.— Normas de gobierno.— Corolarios del
sistema liberal.— £11 Ejército y el Régimen.

XIV. POLITICA GENERAL. II.—Prólogo de D. Agustín G. de


Amezúa.— Notas dei recopilador, por D. Claro Abánades—Ex
tracto de discursos.— Interviús.—Discursos.
X V — POLITICA TRADICIONALISTA. I —Prólogo de D Salva­
dor Mingtii jón.— Interviús.— Brindis.—Discursos.
X VI.— POLITICA TRADICIONALISTA. I I —Prólogo del señor
Conde die Rodezno.— Artículos sobre tradicionalismo.
X V II.— CRITICA. I.—Prólogo de D. Rafael Comenge .—Juicios de
personalidades.— JuÜcios políticosociales.— Crónica: Viaje del
Marqués de Cerra’.bo.
X V III-— CRITICA. II.— Prólogo de D. Ramiro de Maeetu.—Fio
res nuevas y viejas.— Juicios de personalidades y obras.
X I X — FILOSOFIA - TEOLOGIA . APOLOGETICA. I —Prólogo
por Fr. Cándido Fernández. O. P.— ¡Libertad! ¡Progreso! ¡Evo-
ludión!— La pon tica de Balmes.— Fiestas constantinianas —
Examen del nuevo derecho a la ignorancia religiosa.—Apéndice.
X X .__ FILOSOFIA - TEOLOGIA - APOLOGETICA I I —Prólogo.
por Fr. Justo Pérez de Urbel, benedictino.—Artículos.—Discur­
sos.
X X I — FILOSOFIA-TEOLOGIA-APOLOGETICA. III. — Prólogo,
por el M. Iltre. (Dr. D. Diego Tortosa. Canónigo —Otro Prólogo,
por el P Miguélez.—El tema de la Eucaristía—Filosofía de la
E u c a r i s t í a — El último discurso: Divinidad de la Igesia Cató­

lica.— Apéndice.
X X II.__JMLOSOFIA-TEOLOGIA-APOLOGETTCA. i\. Prólo­
go pOr D Angel Herrera O r i a . — Catolicismo y ateocracia: La
cuestión religiosa. La situación de la Iglesia en las principales
naciones de E u r o p a . — Síntesis de la sociología cristiana: Sólo
el esplritualismo cató'.ico salvará a la sociedad.
X X U I.—tTEMAS INTERNACIONALES.—Prólogo, por el Exce-:
lentísimo Sr, Dutjue. de M a u ra A rtíc u lo s.--In te rv iú s.^ D is-
curso en Santander.
X X X V — TEMAS SOCIALES. I — Prólogo, por D. Severino A z-
aar.— Artículos publicados en «El Corred Español» (1889-1892).
Artículos publicados en «E l Pensamiento Español» (1919:: y
1920).— M oral social.— Diálogos sociales,— Donoso Cortés y la
cuestión social.— Una conversación.
X X V — TEMAS SOCIALES. II.— Prólogo, por D. Dimas de Mada-
riaga.— L a transformación de la mujer por el Cristianismo y
'a transformación de la sociedad por la mujer cristiana.— La-
gran campaña social—C rítica del socialismo: Los católicos de­
bemos form ar un partido para la lucha social.— Después del.
discurso.
X X V I — REGIONALISMO. I.— Carta da S. E. él Cardenal Pácellr
a la «Junta del Homenaje a M ella».— Artículos.— Discursos y~
extractos da conferencias.
X X V I I — REGIONALISMO. I I — Prólogo de D. Eduardo Aunós
Pérez.— Regionalismo asturiano-— Regionalismo gallego.— Con­
ceptos y bases de la restauración municipal.— Libertad, regio­
nalismo. neutralidad.— De !a Semana regionalista de Santiago.— >
La psicología de Cataluña y el porvenir de nuestra raza.
X X V III.— EL PENSAMIENTO DE MELLA.—Prólogo de D. Pedro-
Sáinz y Rodríguez.— Selección de los puntos capitales de las
doctrinas que propugnó.
X X IX .— FLORILEGIO.— Prólogo del Excmo. y Reverendísimo se­
ñor D. Leopoldo Eijo Garay, Patriarca Obispo de Madrid-Al-
caiá.
X X X — INDICE TEMATICO ANALITICO Y CRONOLOGICO, por
el Excmo. y Reverendísimo Sr. D. Rafael García y García de-
Castro, Obispo de Jaén, en colaboración con D. Claro Abánades;
López, e Introducción de D. Manuel de Bofarull y Romañá-
JUNTA DEL HOMENAJE A MELLA

Presidente: Excmo. Monseñor D. Julián Díaz Valdepares


de la Sierra.

Vocales: Excma. Sra. Condesa Viuda de Pradera.

Excmo. Sr. Marqués de la Vega de Anzo.

limo. Sr. Conde de la Florida.

Excmo. Sr. D. Joaquín Bau Nolla.

limo Sr. D. Ricardo de Oreja Elósegui.

Secretario: Exmo. Sr. D. Manuel de Bofarull y Romañá.

Recopilador: rimo. Sr. D. Claro Abánades López.

Oficinas: Alfonso XII, 18. 1*. Teléfono, 219671.