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Las teorías más aceptadas de la ciencia aseguran que el hombre americano no se originó en

su propio continente, sino que ingresó por Asia para diseminar la raza humana en esas
“lejanas” tierras. Pero las tradiciones orales de los indígenas americanos no dicen
precisamente lo mismo, aludiendo el origen de su raza, cultura y tradiciones a una tierra
legendaria y abundante, de la cual sus antepasados llegaron. Esta tierra pereció por causa de
cataclismos y catástrofes terrestres y al día de hoy no se hallan registros oficiales, pero en las
tradiciones de los pueblos originarios americanos persiste de forma inquebrantable. ¿Cuál es
el origen del hombre Americano? ¿Teoría científica, tradición oral? Tanto una como otra, por
ahora, parecen ir por caminos separados.

Hace ya más de 500 años es sabido y ha quedado registrado en crónicas de la conquista,


tradiciones orales y códices, gran parte de la historia de nuestros ancestros americanos.
Mucho se ha querido borrar, tergiversar y silenciar en esa etapa negra de la historia, pero el
nativo fue sabio y logró rescatar fracciones de su legado, donde las claves de su cultura y
orígenes difieren en parte del relato oficial.

En los anales de la cultura indígena y su tradición oral, han quedado muchas claves acerca del
origen del hombre americano, la cual en cierto punto se contrapone a las teorías oficiales
modernas. En pocas palabras, muchas de las tradiciones andinas hablan de un paraíso terrenal,
una tierra en donde los pueblos de América tendrían su base genética y cultural primigenia allá
perdida en el tiempo. Diferentes estudios señalan al mítico Mu, el continente perdido del
océano pacífico, dotado de una civilización de gran desarrollo que pereció tras este cataclismo
a gran escala. Los pioneros en formular la teoría de Mu, fueron James Churchward y Augusto
Le Plongeon descifrando diferentes códices.

Los antiguos plasmaban en sus memorias, que sus antepasados habían venido desde una
tierra abundante, ubicada en el poninete, al oeste, por donde se esconde el sol. El origen
para el hombre americano tiene un enlace directo al diluvio, a un cataclismo que destruyo su
hogar primigenio, obligándolo a refugiarse y luego salir para dar vida a una nueva
humanidad, a un nuevo ciclo de la raza, en una nueva etapa donde se heredara su cultura.
Eso es lo que ellos recuerdan.

La ciencia nos dice que hasta el día de hoy que la teoría más aceptada del poblamiento de
América es la del antropólogo checo Alex Hrdlicka quien sostuvo que el hombre llegó a
América desde Asia cruzando el Estrecho de Bering, utilizando como vía terrestre la última
glaciación 12000 a. C. aproximadamente. Ahora, ¿Se podría haber hecho migraciones tan
arriesgadas caminando cientos de kilómetros a través de la cruda y helada tundra polar?.
Algunos dirán que sí, otros que no, aunque si tomamos en cuenta la teoría del poblamiento
temprano, veremos que existe un gran debate, pues se han encontrado en América restos
humanos fechados en 30000 años de antigüedad en conjunto con hallazgos lingüísticos y
genéticos de una longevidad similar. Si fuese por la ciencia oficial, en América no hubiese
existido el hombre hasta hace 14000 años, siendo la cultura andina y americana una
ramificación de las migraciones asiáticas, continuando ese lazo cultural.

Es también una realidad de que se carecen pruebas oficiales, mayormente óseas, o resulta que
las mismas no son suficientes o permanecen muy aisladas. Los sistemas de datación no son
precisos al día de hoy, aunque todo vestigio histórico americano que sobrepase los 14000 años
antes del presente termina bajando su longevidad por parte de muchos científicos. Eso
también resulta extraño…
Las pruebas y teorías de la ciencia, sin duda, deben ser tomadas, como así también las voces
de nuestros antepasados. Debemos saber que nuestros pueblos originarios eran portadores de
una gran sabiduría ancestral, con avanzados conocimientos en medicina, artes, matemáticas,
arquitectura, navegación, un perfecto y preciso dominio de los astros y una cosmovisión
increíble, con gran respeto y adoración a la naturaleza y el universo. En muchas de las
disciplinas anteriormente nombradas los conocimientos en América eran más avanzados que
en Europa al momento de la conquista. Es muy importante remarcar esto, para notificarnos
que los antiguos no hablaban por hablar en determinadas cuestiones.

Por lo anteriormente expuesto, no se le debe restar trascendencia a la tradición oral si se la


analiza con algo de rigor. Recordemos que leyenda no es sinónimo de mito y para los pueblos
originarios era la forma de mantener vivos sus fenómenos culturales e históricos. Si bien es
lógico pensar que las tradiciones pueden haberse deformado con el tiempo, es sabido que la
tradición oral es algo sagrado y existían maneras de memorizarla a rajatabla para que la misma
no se deformase, como por ejemplo con códices, utilizados en muchos casos como ayuda
memoria para recitar la tradición y como método de aprendizaje.

El explorador húngaro-argentino Juan Móricz, en su obra “El origen Americano de los Pueblos
Europeos” realiza una interesante reflexión: “Estos mismos pueblos hasta la fecha, no nos han
proporcionado ningún elemento que nos autorizara a pensar que para llegar al continente, han
tenido que cruzar los hielos y témpanos del estrecho de Bering que de verificarse, hubieran
dejado huellas indelebles en sus tradiciones y leyendas. Esto sin tener en cuenta que aún hoy
resulta una hazaña digna de admiración, si la realizara una expedición bien equipada y que
conociera el fin que persigue su viaje.”

Tengamos en cuenta que, estas tradiciones orales fueron relatadas por los nativos a muchos
cronistas y sacerdotes de la conquista, y estos mismos las han registrado en historias
reveladoras (se les hayan filtrado o no) acerca del origen de nuestros ancestros. Ejemplos de
estos cronistas podemos nombrar a Juan de Velasco, Pedro Sarmiento de Gamboa, Giovanni
Anello Oliva, Pedro Cieza de León y Fernando de Montesinos entre otros.

Una constante relevante en las tradiciones andinas (y de muchas culturas mundiales) resultan
ser la creación por un lado, y el diluvio universal por otro. Este último es de gran importancia y
desencadena una pieza fundamental en el rompecabezas, ya que hay muchas referencias de
que el poblamiento en América fue antes y también después de esta catástrofe “natural”, la
cual borró de la faz del planeta grandes pedazos de continente. Esa hundida y destruida tierra,
sería un lugar abundante y maravilloso donde se cobijó a los padres de América.

Entonces, ¿Cuál es la tierra desaparecida de la cual hablan los pueblos andinos? ¿Dónde se
ubicaría ese lugar portador de su legado?

“Todos parecen estar de acuerdo en que el origen del hombre americano deberá ajustarse a
través del estrecho de Bering, todos excepto los mismos indígenas quién es recordaban una
patria que había sido destruida por terremotos, sepultada apareciendo en su lugar un
infinito mar. Y es posible aceptar que nuestros antepasados recibieran de allí sus avanzados
conocimientos”. Mónica Plataneo en su libro “América y el misterio de los orígenes”.

Como cuenta la tradición (así como en el antiguo testamento bíblico) también hubo arcas de
refugio, pero las arcas andinas parecieron ser las montañas en muchos de los casos, o el
inframundo (mundo subterráneo), en donde se habrían refugiado los supervivientes del
diluvio. Así funcionó el instinto de sobrevivir para la raza humana y guardar en las entrañas de
la tierra la antigua sabiduría sagrada y ancestral. Luego de la catástrofe, el repoblamiento
continental se realizaría una vez más, en un nuevo ciclo; tal vez, con muchas pérdidas, pero
dejando un legado muy importante para las generaciones futuras, obligadas a recuperar la
memoria. Veamos algunos puntos interesantes de la tradición.

El Memorial de Sololá nos dice:

“Escribiré las historias de nuestros primeros padres y abuelos que se llamaban Gagavitz
el uno y Zactecauh el otro; las historias que ellos nos contaban: que del otro lado del
mar llegamos al lugar llamado Tulán, donde fuimos engendrados y dados a luz por
nuestras madres y nuestros padres ¡oh hijos nuestros! […] De cuatro [lugares] llegaron
las gentes a Tulán. En oriente está una Tulán; otra en Xibalbay; otra en el poniente, de
allí llegamos nosotros, del poniente; y otra donde está Dios. Por consiguiente había
cuatro Tulanes ¡oh hijos nuestros!, Así dijeron. Del poniente llegamos a Tulán, desde el
otro lado del mar; y fue a Tulán a donde llegamos para ser engendrados y dados a luz
por nuestras madres y nuestros padres, Así contaban”.

En esta tradición indígena maya escrita en idioma kaqchikel fueron asentadas las claras
referencias de la procedencia de los ancestros kaqchikeles, dejando en evidencia su llegada a
las nuevas tierras por mar desde el poniente, es decir el oeste. En los Anales de los Xahil
también se hace la referencia de estos 4 lugares de la “abundancia”. ¿Cuál sería esa tierra
madre de la cual llegaron, ubicada donde se esconde el sol?

Si revisamos el Popol vuh:

“Hallábanse todas las tribus temblando y tiritando de frío cuando llegaron a donde
estaban Balam Quitzé, Balam Acab, Mahucutah e Iqui Balam. Grande era la aflicción
de sus corazones y tristes estaban sus bocas y sus ojos. En seguida llegaron los
suplicantes a presencia de Balam-Quitzé, Balam Acab, Mahucutah e IquiBalam. -¿No
tendréis compasión de nosotros, que solamente os pedimos un poco de vuestro fuego?
¿Acaso no estábamos juntos y reunidos? ¿No fue una misma nuestra morada y una
sola nuestra patria cuando fuisteis creados, cuando fuisteis formados? Tened, pues,
misericordia de nosotros!, dijeron.”

¿De qué morada o patria en común hablaban? ¿Sería su antigua tierra, la que se situaba en el
poniente? ¿Por qué tenían tanto frio? ¿Acaso venían escapando de la extrema helada? Es muy
llamativo este hecho, porque nos daría un claro indicio de que durante el período glacial ya
existía el hombre en América.

Tomemos esta interesante referencia del Título de Totonicapán hecha por la Wikipedia:

“Al igual que el Popol Vuh, el Título de Totonicapán describe cómo los ancestros de los
k’iche’ viajaron desde un lugar mítico denominado Siete Cuevas, Siete Barrancos a otro
lugar llamado Tulán Suywa con el fin de recibir sus dioses. De Tulán Suywa los
ancestros viajaron al oeste por mar hacia el altiplano de Guatemala. […] En el Título de
Totonicapán, se utiliza esta última versión en la cual Paxil Cayala y Tulán Suywa son
fusionados en el mítico lugar de origen. Este lugar se describe como el paraíso terrestre
y es denominado Wuqub’ Pek Wuqub’ Siwan, Siwan Tulan (Siete Cuevas, Siete
Barrancos, Palacio Barranco). El Título de Totonicapán relata que los primeros
ancestros de las «siete naciones» eran poderosos nawales (hechiceros) que viajaron
por el agua desde Tulán Siwan. La mención del paraíso y del «verdadero Sinaí», y la
ubicación de Tulán, en el este, al otro lado del mar, parecen mostrar la influencia de las
creencias cristianas en el texto. Tulán se identifica en el texto como un lugar de
oscuridad.”

En esta descripción también es llamativo como la propia Wikipedia menciona que el texto
puede tener una clara influencia (y yo agrego manipulación) cristiana ya que se cambia de
ubicación de oeste a este a la “tierra de la abundancia” y también se hacen referencias a
ubicaciones geográficas post conquista. Lo más importante es remarcar que las distintas
tradiciones orales hablan de un mismo origen en esa tierra prometida en tiempos remotos
revelándonos posiblemente una América por demás antigua.

El investigador ecuatoriano Manuel Palacios en su libro “Amerika Prohibida” realiza un muy


buen estudio de las tradiciones orales. En sus teorías menciona la etnia de los “shillis” como los
precursores americanos y el linaje Kara de los primeros Incas como Manco Capac. Palacios
rescata una tradición oral de su tierra natal referente al “lugar de origen” de los pueblos allí
establecidos:

“Otro de los mitos que he logrado recuperar a través del conocimiento contenido en las
palabras y el estudio de etimología, es el de Chipipe, topónimo ancestral de la zona
donde crecí, Salinas, y en el cual se encierra el origen de la “raza roja”, en la isla roja o
MU ya que “Chi” en shillipanu es árbol y Mu es rojo, e indicativo de achiote. “Pi” o “Bi”
es agua, emerger y “Pe”: período lunar. […] de acuerdo a la cosmovisión Kara,
podríamos interpretar que la tierra ancestral tiene un origen prediluviano, sin indicar
necesariamente que éste deba tener relación con el diluvio conocido. […] Como los
Karas, según mi interpretación del relato de Giovanni Anello Oliva, […]
desembarcaron en la zona geográfica de Karakes (Actual bahía de Caráquez) y luego
se movieron hacia Sumpa (Actual Salinas), es lógico que llevaran consigo el mito del
origen, y a la montaña más prominente de la zona, y asentamiento ancestral de los
pueblos pesqueros hasta la década de los 70, se la haya bautizado con el nombre de
Chipipe. La cosmovisión aporta, que luego de muchas lunas (grandes períodos lunares),
la “tierra roja” empezó a hundirse, y solo quedó a flote su extremo oriental,
correspondiente a la actual Sudamérica.“

Siguiendo con lo postulado, el reconocido investigador Andreas Faber-Kaiser nos


brinda en su artículo “Los amigos voladores de los indios Hopi” otra interesante
historia:

“Kasskara y los siete mundos. De acuerdo con la tradición hopi, la historia de la


Humanidad está dividida en períodos que ellos denominan «mundos», los cuales están
separados entre sí por terribles catástrofes naturales: el primer mundo sucumbió por el
fuego, el segundo por el hielo y el tercero por el agua. Actualmente vivimos en el cuarto
mundo. Y en total, la Humanidad deberá recorrer siete. No siendo comprobables
históricamente los dos primeros mundos, la memoria tribal de los hopi se remonta a la
época del tercer mundo, cuyo nombre era Kasskara. Este era el nombre, en realidad, de
un inmenso continente situado en el actual emplazamiento del océano Pacífico. Pero
Kasskara no era la única tierra habitada. Existía también el «país del Este». Y los
habitantes de este país tenían el mismo origen que los de Kasskara.”

¿Claras referencias a Mu, Atlántida y el cataclismo?. Una vez más el origen del hombre
americano se relaciona con estas tierras legendarias.

Luego de esta mención es imposible pasar por alto la idea relatada en muchas de las leyendas
acerca de ciclos de vida, de eras de existencia humana. Los Meshicas y los Incas hablaban del
“quinto sol”, marcando que la tierra había pasado por cinco etapas diferentes desde su
creación. Es por esto que decíamos que las tierras legendarias son un enlace directo al
cataclismo.

Y finalizando los postulados sobre las tierras legendarias de América, nombraremos a


la misteriosa Isla de Pascua, enclavada en el medio del océano pacífico, que forma
parte del triángulo polinésico en tierras chilenas. ¿Cómo conecta en el misterio de las
tierras legendarias?. Uno de los puntos incómodos para muchos es la presencia del
muro de características incaicas en el centro ceremonial Vinapu, un muro único en la
isla, con esculpido idéntico al que uno se puede encontrar en Cuzco. Igualmente, no
solo esta construcción conecta indiscutiblemente estas dos tierras, sino también las
voces de los antiguos nativos. Para los rapa nui, su isla se denominaba “te pito o te
henua” traducido como “el ombligo del mundo”, el mismo indicativo que los Incas le
daban al Cuzco, capital del Tawantinsuyo. Si usamos tan solo el sentido común, el
ombligo es la cicatriz que queda en medio de nuestro cuerpo cuando nos quitan el
cordón umbilical y nos separan de nuestra madre. Por lo tanto, ¿serían estos pueblos
americanos los hijos de una tierra madre en común?. Y aquí inevitablemente vuelve a
aparecer “la tierra de la abundacia”.

Las leyendas rapa nui hablan de que por agua llegaron sus habitantes a esas tierras,
luego del hundimiento de “Hiva”, su tierra madre. Ellos eran grandes navegantes y
arribaron a esta isla por “mandato divino”, isla de características curiosamente
similares a las de su tierra natal.

La isla se encuentra rodeada por cientos de Moais (la palabra significa “el rostro
viviente de los antepasados”), imponentes estatuas colosales megalíticas que en su
mayoría miran hacia el interior de la misma, excepto la formación de los “Ahu Akivi”
que miran hacia el mar. Se dice que representan a los 7 exploradores que llegaron tras
el hundimiento de su tierra madre. ¿Los 7 exploradores miran a su tierra natal? Sin
entrar en más detalles… ¿Se podría aventurar que Rapa Nui fuese un trozo de Hiva o
MU? ¿Existe una conexión entre los incas y los Rapa Nui? ¿Por qué tanto simbolismo y
misterio en una isla alejada del mundo entero? Tal vez, no sea descabellado pensar
que el origen de estas dos civilizaciones sea el mismo, y proceda de remanentes de
una antigua era.

En los pueblos originarios difícil resulta abandonar la idea del continente desaparecido. Todo
lo referido al “mito” oral, parece señalar hacia donde hoy yacen las eternas aguas del pacífico,
lugar que con añoranza se recuerda a la patria del inicio, de la que hablaban los primeros
americanos. Y es ahí donde debemos dirigirnos. ¿Pero porqué no existen vestigios físicos o
arqueológicos? O sí existen… pero permanecen ¿olvidados?.
Charles Berlitz - “Misterios de los mundos olvidados”: “En 1966, un gran
descubrimiento llevado a cabo a la altura de la costa del Perú produjo gran conmoción
en el mundo de la arqueología, aunque nunca se llegó a hacer público. Todo comenzó
cuando la Universidad de Duke patrocinó un viaje de investigación oceanográfica, bajo
la dirección del doctor Robert Menzies, con el exclusivo fin de localizar cierta especie
rara de molusco marino en la zanja de Milne-Edward, frente a la costa peruana. En el
curso de esta búsqueda, las cámaras fotográficas captaron lo que luego fue descrito
como columnas talladas, que se extendían por una llanura submarina a una
profundidad de mil brazas. Posteriormente se utilizaron modernos aparatos de sonar, y
se comprobó la existencia de otras columnas y rocas talladas en la vecindad, que
parecían ser restos de antiguas construcciones, aunque, según el doctor Menzies «…la
idea de una ciudad hundida en pleno Pacífico era algo verdaderamente increíble…».
Una inspección preliminar de las fotografías que se obtuvieron demostró que las
columnas no sólo estaban talladas sino que, además, parecían grabadas con ciertos
caracteres escritos. Las fotografías de estas columnas talladas se guardan celosamente
en los archivos oficiales y jamás se ha dado ninguna información sobre las mismas.
Tampoco se ha intentado organizar una expedición para rescatarlas del fondo del mar,
ya que ello implicaría unos gastos considerables […]”

Este descubrimiento relatado en el libro de Berlitz es real y ocupó la tapa de la revista


“Science News” el 9 de abril de 1966. Al día de hoy podemos comprobarlo de forma
online en este enlace. Es decir, también hay pruebas físicas y arqueológicas; entonces,
¿Porqué estas pruebas están celosamente guardadas y no se volvieron a estudiar?

El ORIGEN y una vez más el origen. Ciencia y misterios conjugados en un tópico existencial y
recurrente. Esa pregunta que muchos nos hacemos día a día, tratando de poder descifrar un
poquito acerca de nosotros mismos, de nuestras bases y valores como seres humanos. ¿De
dónde venimos? ¿Qué parámetros traemos y conservamos a lo largo de nuestras vidas para
actuar en consecuencia?

“Sólo es mi deseo advertir la importancia de las manifestaciones antiguas de las que


constituimos la raza responsable de recoger sus vestigios, sus silencios, sus ecos, a los fines de
establecer concretamente lo que fueron. Pues fueron lo que somos y lo que somos serán y los
próximos serán porque los primeros fueron. […] El indio vive aún consagrando su tradición oral,
sagrada, la que ha permanecido “limpia” de la influencia occidental.”
Mónica Plataneo - “América y el misterio de los orígenes”

Como conclusión final puedo agregar, que mucho hace falta por indagar aún. América es un
continente viejo, pero los descubrimientos arqueológicos están a la orden del día y si bien la
ciencia hace sus esfuerzos para descubrir la verdad, todavía hay muchas cuestiones que deben
salir a la luz. El origen del hombre americano es un misterio, por lo menos hasta que de alguna
manera se corra el velo, comenzando por los responsables en tocar “temas que no se tocan”,
taxativos, liberando información desde las altas esferas religiosas o bien tratando de
reinvestigar (aprovechando el auge de la tecnología actual) las teorías ya establecidas,
inamovibles y estancadas en libros de historia hace centenares de años.

¿Estaremos dispuestos como humanidad a dar luz a la totalidad de los hechos?


Fuentes:

Fragmentos extraídos de “América, una respuesta invisible” por Mariano Mancini (http://www.indo.com.ar/)

Charles Berlitz - “Misterios de los mundos olvidados” (1974)

Mónica Plataneo - “América y el misterio de los orígenes” (1978)

Juan Móricz - “El origen Americano de los Pueblos Europeos” (1968)

Manuel Palacios Villavicencio - “Amerika Prohibida” (2014)

https://www.sciencenews.org/sn-magazine/april-9-1966

https://es.wikipedia.org/wiki/Mu_%28continente_perdido%29

https://es.wikipedia.org/wiki/Anales_de_los_Cakchiqueles

https://es.wikipedia.org/wiki/Diluvio_universal

http://www.ancient-origins.es/artefactos-escritos-antiguos/tesoros-m%C3%A9xico-c%C3%B3dices-mixtecos-
aztecas-mayas-que-sobrevivieron-los-conquistadores-002665

http://americaindigena.com/s8docs.htm

http://andreas.faber.cat/articulos/extraterrestres/los-amigos-voladores-de-los-indios-Hopi/

https://es.wikipedia.org/wiki/Teor%C3%ADa_del_poblamiento_temprano