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La relación cón Jesús

Entonces se le dijo: «Sal fuera y permanece en el monte esperando a Yavé, pues Yavé va a pasar.» Vino
primero un huracán tan violento que hendía los cerros y quebraba las rocas delante de Yavé. Pero Yavé
no estaba en el huracán. Después hubo un terremoto, pero Yavé no estaba en el terremoto. Después
brilló un rayo, pero Yavé no estaba en el rayo. Y después del rayo se sintió el murmullo de una suave
brisa. Elías al oírlo se tapó la cara con su manto, salió de la cueva y se paró a su entrada.
1Rey,11-12

¿Por qué a los chicos les cuesta tener una relación cercana con Jesús? Siempre me pregunté
eso. En primer lugar me resulta difícil ver como ante la mínima palabra sobre la religión
muestran abiertamente su descreimiento que muchas veces no es sólo adolescente sino
profundo ya que parte del descreimiento en la misma Iglesia. Me llevó esto a preguntarme (sin
tener respuesta) qué es lo que durante años y años hemos hecho mal para que todo el mundo
se escape de la religión. Tal vez hemos llenado de normas y preceptos la vida de fe, creando la
imagen de un Dios que, aunque exigente, parece imposible de ser amado (¿pero se puede ser
católico de cualquier forma?), o quizá sucedió que nos pareció más cómoda la idea de que la
evangelización era algo ya pasado de moda, o la fe algo simplemente del libro, o no hemos
rezado suficiente. Y digo todo esto porque dudo que Dios haya dejado de dar el don de la fe a
tantos como antes, me cuesta pensar en la sola responsabilidad de Dios respecto al
descreimiento. Y es que todos queremos ser amados, incluso Dios.

Me animo a bosquejar una idea o tesis personal básica y poco teórica, con errores tal vez
teológicos pero que surge del conocer las relaciones interpersonales de los jóvenes de hoy. He
tenido la suerte de poder acompañar a muchos chicos y chicas que han empezado una etapa
de noviazgo. Es llamativo, al menos, la necesidad del contacto permanente que tienen.
Gracias a su Dios que se ha inventado todo tipo posible de chat y red social capaz de conocer
qué es de la vida del otro en todo momento. No han sido pocos los que me han contado que
hablan “salvo cuando duermen la siesta”. Esto es: mientras estudian, mientras están con otros
amigos, mientras cenan con sus viejos, etc., etc. He aquí que cuando creen que son libres, se
están convirtiendo cada vez más en prisioneros de una relación que poco a poco va tomando
tintes, no quiero exagerar, cuasi enfermizos. Porque a partir del contacto permanente crecen
los miedos e inseguridades a la hora de no recibir respuesta, aumentan los celos y se corre el
riesgo de creer que “amor” es estar todo el tiempo charlando, o también que el cariño válido
es el que se hace visible casi con exclusividad a través de mensajes y fotos de Facebook,
Twiter e Instagram.

Siendo esta la realidad de muchos de los pibes, se vuelve entendible lo difícil que es
relacionarse con un Jesús que habla en el silencio, que habla al corazón, que transforma de a
poco, y que hace que descubras su cariño lentamente. Que no enamora con mensajes y
sonidos llenos de luces brillantes, sino que se revela con recaudos, de forma sencilla pero
seductora. ¿Cómo no va a ser difícil para nuestros chicos crear un vínculo con alguien que los
quiere desde siempre pero que no usa celular, del que no hay fotos y que encima nos desafía?
Qué difícil es para nuestros jóvenes empezar una relación en la que en definitiva no manejan
nada, en la que las cosas no dependen de ellos, en la que no pueden celar ni hacer planteos.

Qué desafío difícil el de mostrar que ese Amor supera a cualquiera, que ese Amor acepta
planteos y también da respuestas, que ese Amor se hace concreto, que se transita de a poco y
que siempre va a darte todo, que no se va a guardar nada, que nunca deja solo, que siempre
va a cumplir sus promesas y que, al superar toda generosidad humana, nos da mucho más de
lo que podemos imaginar.

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