Está en la página 1de 8

TEMA 16- EL BARROCO EN ESPAÑA.

ARQUITECTURA (LA IGLESIA, EL


PALACIO, LA PLAZA MAYOR), ESCULTURA (GREGORIO FERNÁNDEZ Y
MARTINEZ MONTAÑES).

Conocemos como Arte Barroco al Estilo que domina en Europa entre los siglos XVII-
XVIII.

Normalmente se asocia con el Arte Barroco la idea de que es un estilo caracterizado por
una decoración muy recargada, por ser un arte caprichoso y extravagante, de temática y
elementos formales retorcidos. Sin embargo, no todo el Arte Barroco responde a esta
idea, lo cual nos demuestra que se trata de un estilo heterogéneo que difícilmente encaja
en definiciones muy estrictas.

De hecho, la propia denominación “barroco”, es de origen misterioso y no se sabe


exactamente su significado.

¿Qué unifica, por tanto, al Barroco?. Es difícil decirlo, pero se puede decir que el
Barroco es el arte de la apariencia. En el Arte Barroco la realidad se confunde con la
ficción, el edificio barroco parece un teatro en el que la arquitectura es el escenario y las
esculturas los personajes que protagonizan el drama. A la pintura le ocurre otro tanto.
Las escenas religiosas se representan como si fueran momentos de la vida cotidiana,
como si personajes de la calle protagonizaran una obra de teatro que representara los
textos sagrados.

El teatro, el drama religioso es, por tanto una de las esencias del Barroco. Hay que
recordar que el teatro y la ópera es uno de los géneros literarios y musicales que más se
desarrolla en el siglo XVII.

De todos modos esta comparación no oculta que en el Barroco dominan dos tendencias
muy diferentes.

Por un lado, tenemos una tendencia clasicista que se resiste a abandonar los principios
del Renacimiento, aunque en la realidad se encuentra muy lejos del espíritu de éstos:
este es el caso del Gran Siglo Francés de la época de Luis XIV, el Barroco Inglés,
heredero de Palladio y la primera fase de la Arquitectura Barroca Española, heredera del
Estilo Herreriano. También se encuentra en la pintura de Carraci y la Escuela de Bolonia
o en la pintura de N. Poussin.

Por otro, tenemos una tendencia decorativista que encaja con ese recargamiento
ornamental, extravagante y complejo: ésta encaja con la pintura de Trompe L´oeil, con
el Estilo Rococó y con el Churrigueresco.

Por último está la tendencia naturalista, posiblemente la más valorada y creativa del
Barroco. El Naturalismo es un nuevo realismo que idealiza la religión haciéndola más
cercana que nunca a la realidad. El naturalismo centra a menudo su análisis en lo feo o
en lo aparentemente vulgar, pero a su modo idealiza la realidad cotidiana, elevándola
por encima de esa presunta vulgaridad. Se puede considerar como naturalista el arte
italiano de principios del siglo XVII (Bernini, Borromini, Caravaggio), el Siglo de Oro
Español (Imaginería, Pintura), la pintura de los Países Bajos, etc.
El Barroco fue el Arte de la Contrarreforma Católica y del Concilio de Trento (que
estableció una serie de recomendaciones para la construcción de iglesias y la
iconografía religiosa).

Uno de los focos más importantes del Barroco Temprano del siglo XVII fue la Roma de
los Papas (Urbano VIII). Los Papas convirtieron el Arte Barroco en la propaganda de la
Contrarreforma Católica contra el Protestantismo. Algo similar ocurrió con el Barroco
Español, especialmente con la Imaginería Barroca Española. Estas ideas religiosas
pretendían ensalzar el sentimiento sobre la razón en materia religiosa.

El Barroco también fue el Arte al servicio del Absolutismo. En este sentido hay que citar
el Gran Siglo Francés, el arte de las academias propagado por Luis XIV. Los palacios de
este rey o de los Habsburgo de Viena o Madrid y los Borbones que gobernaron España
en los siglos XVII-XVIII (Felipe IV, Felipe V, Carlos III). El arte es la expresión del
triunfo, del poder del monarca absoluto, elegido por Dios para gobernar.

Aunque parezca paradójico, el Barroco también es el arte de la burguesía calvinista de


los Países Bajos. La pintura barroca se convierte así en un arte democratizado que
ensalza la nueva ideología burguesa. Las Provincias Unidas de Holanda se convierten
en el siglo XVII en la nueva potencia económica gracias al dominio de los mares y a la
actividad mercantil de los burgueses holandeses.

Por último, el Barroco es el arte de una sociedad sumida en una crisis entre la fe y la
ciencia, entre la Metafísica y el Empirismo. Las “verdades” presuntamente científicas
de la Edad Media ceden ante el desarrollo de la ciencia y la experimentación.
Consiguientemente el arte empieza a valorar únicamente la apariencia, es decir, lo que
se puede apreciar con los sentidos.

Durante el Barroco se produce una integración total de las artes plásticas.

EL BARROCO ESPAÑOL

El Barroco Español ocupa los siglos XVII y XVIII, es decir, un largo período en el que
en España reinan dos dinastías. Los Austrias o Habsburgo durante el siglo XVII (Felipe
III, Felipe IV y Carlos II) y los Borbones de origen francés durante el siglo XVIII
(Felipe V, Fernando VI, Carlos III y Carlos IV).

En este espacio de tiempo España pasó de ser la principal potencia mundial a un país de
segunda fila. Curiosamente, mientras España vivía en el siglo XVII una lenta
decadencia política y económica, se producía el gran siglo de la cultura española: El
Siglo de Oro (Cervantes, Lope de Vega, Quevedo, Góngora, etc.). Durante el siglo
XVIII, en cambio, España sufrió también una decadencia cultural, destacando al final
del siglo una figura aislada excepcional: Goya.

ARQUITECTURA BARROCA EN ESPAÑA

Dada la crisis del siglo XVII, en España no se produjeron grandes proyectos


arquitectónicos fuera de los proyectados por la Corona que centró sus esfuerzos en la
nueva capital: Madrid.
Los reyes Felipe III y Felipe IV convirtieron a Madrid en sede de la Corte a principios
del siglo XVII. Por ello, Madrid se convirtió en la Capital del Barroco Español. Madrid
se dotó de Palacios como el del Retiro (1631) o en él se realizaron planificaciones
urbanas como la de la Plaza Mayor.

Madrid fue el principal foco del Barroco Español, sin embargo, también hay que
destacar una serie de Escuelas Regionales Barrocas como Salamanca, Santiago de
Compostela, Zaragoza, Valencia, Granada, Sevilla, etc.

En muchos casos las edificaciones barrocas no se realizan ex novo, sino que se añaden a
otras edificaciones anteriores, especialmente en las numerosas catedrales españolas.

Materiales: una de las características más interesantes de la arquitectura barroca


española es que frecuentemente recurre a materiales endebles o de poca calidad. En
España como en ningún otro lugar, la arquitectura se convierte en apariencia de riqueza,
al cubrir los materiales humildes (como el ladrillo) con elementos ornamentales. Un
ejemplo de esto son las bóvedas encamonadas, es decir, las bóvedas falsas de yeso que
cuelgan de un armazón de madera.

Plantas: en las iglesias dominan las plantas longitudinales, especialmente la planta


jesuítica (no hay, por tanto, innovaciones en las plantas, y menos aún la imitación de las
extravagantes plantas del Barroco Italiano) mientras que las típicas plazas porticadas
tienen planta cuadrada o ligeramente rectangular.

Alzado: lo más característico de los alzados de las iglesias barrocas españolas son la
persistencia de las fachadas canónicas de dos torres gemelas (recuerda la perduración
del Arte Gótico en España durante el siglo XVI), y de fachadas que recuerdan a las
fachadas-retablo del Gótico Isabelino y del Plateresco. Por lo demás los alzados de las
iglesias continúan dominados por cúpulas y torres como en el Renacimiento. Lo más
característico de los alzados de las plazas y palacios del Primer Barroco de principios
del siglo XVII es el remate de las torres a base de chapiteles apiramidados imitación de
los de El Escorial.

Valoración estética: en la Arquitectura Barroca Española se produce una evolución


estética tendente a una progresiva complicación decorativa, desde los seguidores del
Herreriano (desnudez decorativa), hasta el Churrigueresco (horror vacui).

Funcionalidad: por su funcionalidad tenemos que destacar varios tipos de edificios: las
iglesias, los palacios y sobre todo, las plazas mayores. La Plaza Mayor es, con mucho,
la realización más peculiar del Barroco Hispano. Como ocurría con la Roma de los
Papas, la Plaza Mayor, responde a la necesidad de crear espacios urbanos nuevos para
funciones también nuevas (ocio, representaciones teatrales o religiosas, etc.). Por contra,
mientras que las plazas romanas son espacios abiertos, la Plaza Mayor Española se
caracteriza por ser un espacio cerrado sobre sí mismo. La funcionalidad de este tipo de
plazas es muy variada. Se trata de espacios lúdicos donde se celebran corridas de toros,
cañas, etc., pero también donde se celebran espectáculos teatrales, autos de fe, mercado,
etc. Todo ello va en la línea barroca de la ostentación y el espectáculo.

En la Arquitectura barroca Española hay que destacar tres fases:


1ª Fase (1ª mitad del siglo XVII): persistencia del Estilo Herreriano.

2ª Fase (2ª mitad del siglo XVII): estilo ornamental.

3ª Fase (siglo XVIII): influencia francesa y Churrigueresco.

1ª Fase (1ª mitad del siglo XVII): persistencia del Estilo Herreriano.

Como había ocurrido con otros estilos arquitectónicos anteriores, España fue reticente a
incorporar tempranamente las innovaciones artísticas italianas o francesas durante las
primeras etapas del Barroco. Así la primera etapa del barroco Español siguió fiel al
último estilo del Renacimiento: el Estilo Herreriano.

Juan Gómez de la Mora fue el principal representante de este primer barroco


caracterizado por la sobriedad decorativa y la limpieza de líneas (herencia del estilo de
Bramante y Palladio). El modelo es El Escorial, y así, los nuevos edificios barrocos
copian algunos elementos de éste como las ventanas rectangulares sin enmarcar, las
molduras lisas, y sobre todo los chapiteles apiramidados de pizarra.

Juan Gómez de la Mora trabajó fundamentalmente en Madrid, durante el reinado de


Felipe III y principios del reinado de Felipe IV. Estas obras de la capital son pagadas por
los reyes en gran parte, continuando así la obra de Felipe II en El Escorial. De hecho, la
obra de Gómez de la Mora que menos se ajusta a estos cánones es La Clerecía de
Salamanca (1617), que no se encuentra en Madrid. Esta iglesia, responde a los modelos
de planta jesuítica, y muestra cierta complejidad decorativa, lo cual no es extraño en la
capital del Plateresco. La aportación de Gómez de la Mora más acorde con su estilo se
encuentra en el patio interior, mucho más sobrio decorativamente que la fachada (que,
en parte es del siglo XVIII).

En Madrid encontramos la Plaza Mayor de Madrid (1617) y La Cárcel de Corte (1629),


en los que se utiliza abundantemente el ladrillo, y los chapiteles apiramidados de
pizarra. La Plaza Mayor de Madrid es una de las muestras más interesantes del estilo de
Gómez de la Mora, por la sobriedad decorativa, y la utilización del estilo toscano en la
columnata inferior. El único elemento que rompe la austeridad del diseño original es la
Casa de la Panadería, de construcción posterior. El diseño de esta plaza mayor nos sirve
para ilustrar la estructura de este peculiar espacio urbano. Normalmente es de planta
cuadrada o rectangular con las entradas disimuladas hacia el interior. Al nivel de la calle
encontramos los soportales sobre los que se edifican los edificios de viviendas.
Normalmente entre éstos destaca un cuerpo algo más elevado u ornamentado que
cumple diversas funciones (ayuntamiento, etc.).

La obra más bella de Gómez de la Mora es el Convento de la Encarnación (1611), con


una fachada de una sobriedad bramantesca ejemplar, (desnudez decorativa, pilares sin
columnas adosadas, líneas de impostas separando los pisos y frontón vacío) está
realizada en sillares de piedra.

2ª Fase: Barroco Ornamental (Segunda Mitad del siglo XVII)

Durante la segunda mitad del siglo XVII la austeridad decorativa del Barroco Temprano
de Gómez de la Mora da lugar a un enriquecimiento decorativo. Al mismo tiempo, se
multiplica el número de obras barrocas, especialmente fuera de Madrid, constituyéndose
así las escuelas regionales. Muchas de estas obras no son construcciones nuevas sino
intervenciones en edificios anteriores. Esto es una consecuencia lógica de la crisis
económica en que se sume España en el siglo XVII.

El enriquecimiento decorativo no llega al horror vacui, pero juega especialmente con las
molduras, el claroscuro, los escudos recortados, etc.

Una de las características más destacadas son las peculiares torres barrocas españolas,
formadas por una superposición de prismas: tetraedro, cuerpo ochavado (para las
campanas), pequeña cúpula, toda ella interrumpida con balaustradas, cornisas y
cupulines.

Las principales obras son:

Alonso Cano: fachada de la Catedral de Granada (1667).


Herrera el Mozo: Basílica de El Pilar de Zaragoza (1680).

3ª Fase: El Churrigueresco y el Rococó (siglo XVIII)

En la tercera etapa del Barroco Español la arquitectura llega al máximo de la


complejidad decorativa, por propia evolución nacional y por la influencia del Rococó
Francés.

Tras la Guerra de Sucesión (1701-1714), Felipe V de Borbón (francés, nieto de Luis


XIV) se convierte en el nuevo rey de España. Este rey y sus descendientes traen a
España el arte palaciego francés y las primeras academias. Felipe V traerá a España la
tradición palaciega de Versalles.

Esta tradición de Versalles se aprecia en los diferentes palacios construídos por Felipe V
en los alrededores de Madrid: Palacio Real de Madrid, La Granja de San Ildefonso,
Palacio de Aranjuez.

El Palacio Real de Madrid o Palacio de Oriente fue construido por iniciativa de Felipe V
para sustituir al Alcázar de los Austrias (incendiado en 1734). En principio es diseñado
por F. Juvara (1735), pero su discípulo Sacchetti introduce muchas modificaciones
sobre el plan original. Su planta recuerda a la del Louvre, pero su alzado se asemeja más
a Versalles, lo mismo se puede decir de sus jardines. Los jardines de la granja de San
Ildefonso también imitan a Versalles aunque a una escala menor. La Granja también fue
construída a instancias de Felipe V (1721), primero por Teodoro Ardemans, y después
por F. Juvara. En este caso, lLa Granja muestra una mezcla de influencias, pues la planta
recuerda a la de El Escorial con la ubicación de la iglesia en el medio. La decoración de
estos palacios sigue los principios del Rococó francés.

El Arte Churrigueresco recibe su nombre de los Churriguera, familia de artistas


madrileños que se afincan en Salamanca en el siglo XVIII, sin embargo, el principal
representante del Churrigueresco fue Pedro Ribera, arquitecto madrileño. El
Churrigueresco es un estilo decorativo marcadamente recargado, caracterizado por la
utilización sistemática de la columna salomónica, el estípite, los frontones curvos y
partidos, los cortinajes y la imitación de la arquitectura efímera, los escudos recortados,
etc.

Aparentemente podríamos considerar al Churrigueresco como un estilo derivado del


Rococó, pero esto no es así, pues se trata de un estilo que se origina en España y se
inspira en la tradición del horror vacui decorativo del Plateresco, e incluso mantiene
algunos de sus elementos como la heráldica, las fachadas-retablo, etc. Algunas
realizaciones del Estilo Churrigueresco se pueden introducir en la llamada “arquitectura
orgánica”, toda una corriente de la arquitectura que convierte a los edificios en
organismos con apariencia de vida.

Pedro de Ribera realizó en Madrid algunos de los principales ejemplos del


Churrigueresco: los templetes del Puente de Toledo y el Hospicio de San Fernando
(1722). Estas obras se inspiran claramente en las arquitecturas efímeras muy típicas del
Barroco. El Hospicio de san Fernando en Madrid presenta una fachada-retablo con una
profusa decoración (estípites, cortinajes, escudos, oculi, etc.). Con una sensación de
horror vacui y de arquitectura orgánica. La compleja decoración genera asimismo unos
sugerentes efectos de claroscuro.

Alberto de Churriguera realizó la Plaza Mayor de Salamanca entre 1729-1750. Se trata


de una plaza de planta cuadrangular como la de Madrid, en ella se destaca asimismo un
cuerpo como ocurre con la Casa de la Panadería de Madrid, sin embargo, la plaza de
Salamanca muestra claramente cómo el Estilo Churrigueresco ofrece ahora una
decoración mucho más recargada a base de frontones curvos y partidos, estípites y
vanos enmarcados por molduras mixtilíneas y quebradas.

ESCULTURA BARROCA ESPAÑOLA

Materiales y técnicas: excepto las escasas muestras de escultura de bronce, realizadas a


la cera perdida, la imaginería barroca española está dominada por la escultura de madera
policromada. La talla de la madera llega a un alto grado de virtuosismo especialmente el
uso del trépano para el trabajo de las cavidades bucales, etc. La policromía se sigue
aplicando con gran virtuosismo y pericia técnica, pues es lo que más contribuye al
realismo. Para ello se usaban las técnicas que ya se utilizaban durante el Renacimiento,
es decir, el estofado y las carnaciones, pero ahora el estofado y dorado tiene menos
importancia. Una novedad es la frecuente utilización de postizos (objetos, pelo, cuentas
vítreas, etc.). El caso extremo de la utilización de postizos son las imágenes de vestir,
imágenes realizadas con un armazón de madera en las que sólo se tallan la cabeza y las
manos, mientras que el resto de la escultura se cubre con un vestido.

Soporte: en el caso de las esculturas ecuestres de bronce la escultura es exenta sobre


pedestal, pero en la imaginería policromada hay una gran variedad de soportes. Se sigue
utilizando el retablo, pero el retablo barroco es diferente al renacentista. Algunas veces
los retablos barrocos renuncian a la disposición “en cuadrícula de los retablos del
Renacimiento, dando más importancia a la calle central y simplificando las
representaciones. Además el retablo se decora con columnas salomónicas, tarjas,
estípites, etc. Por otro lado, suele ser muy habitual combinar la decoración en relieve
con la pintura para representar los fondos. Como novedad, durante el Barroco se ponen
de moda los Pasos Procesionales. Las portadas y las tumbas dejan de ser los lugares más
utilizados para la escultura.
Temática: la temática es exclusivamente religiosa. Tienen especial protagonismo los
temas que tienen que ver con la Pasión de Cristo y los escultores tienden a tratarlos con
un realismo descarnado enfatizando todos los detalles truculentos que impresionen o
muevan a piedad a los cristianos. En torno a la Semana Santa y la Pasión se crean
auténticos tipos iconográficos: la Ultima Cena, la Oración en el Huerto, el
Prendimiento, Ecce Homo, Crucifixión, Piedad, Dolorosa, etc. Uno de los temas más
desarrollados en el Barroco es el de la Inmaculada, en este motivo iconográfico la
Virgen aparece con el pelo suelto sin corona ni aura de santidad, rezando, en actitud
reflexiva y sostenida por puttis y/o nubes. Es evidente que los escultores escogen a
personajes “populares” como modelos de sus esculturas, lo cual da un mayor realismo a
dichas imágenes.

Elementos Formales: las estructuras compositivas utilizadas son tradicionales, es decir,


ya se encontraban en los precedentes del Renacimiento, y se basan en los modelos
clásicos y renacentistas (contraposto, composición piramidal, fusiforme). Sin embargo,
frecuentemente se aprecia el influjo de la escultura de Bernini en las estructuras
compositivas abiertas y en la ampulosidad de los ropajes que parecen agitados por el
viento y ocultan la anatomía. La gestualidad del rostro está muy conseguida, esta
gestualidad está acentuada por la policromía y los postizos. También es destacable la
expresión de las manos.

Valoración Estética: la imaginería es naturalista y en ocasiones puede calificarse de


hiperrealista, el escultor tiene la pretensión de que sus obras parezcan personajes
verosímiles y cercanos al espectador que en cualquier momento pueden cobrar vida. En
ciertos casos el escultor realiza auténticas investigaciones de anatomía sobre cadáveres
o los efectos de los golpes o heridas para plasmar estos detalles en sus obras. Otra
característica es la teatralidad, los gestos vehementes y apasionados. El pathos ayuda a
dramatizar los gestos de las imágenes sagradas e impactar mejor en los sentimientos del
espectador. En ciertas ocasiones, como en las Inmaculadas hay una pretensión idealista
en la representación tanto física como psicológica, se trata, como en el Renacimiento, de
representar a María como una mujer bella y virtuosa. Sin embargo, contrapuesta a ella
hay también una estética de lo feo, lo grotesco, a veces precisamente contrastando con
la belleza y acentuándola. Por último hay que repetir la importancia de los temas
morbosos y truculentos.

Funcionalidad y simbolismo: la imaginería barroca pretende despertar sentimientos


religiosos de piedad, compasión y culpabilidad. Los cristianos deben acercarse a la
religión por los sentimientos e impresiones más que por la razón. De ahí la importancia
de una imaginería impactante, intensamente teatral y dramática con figuras cercanas y
verosímiles que en cualquier momento amenazan con cobrar vida.

Principales Ejemplos:

Durante el siglo XVII destacan dos escuelas:

La Escuela Castellana tiene su principal centro en Valladolid y es heredera de los


principales maestros del Renacimiento: Alonso Berruguete y sobre todo, Juan de Juni,
aunque llega a extremos abiertamente naturalistas e incluso feístas. La Escuela
Vallisoletana se caracteriza por una preferencia hacia los temas más escabrosos y
truculentos de la Pasión realizados con todo tipo de detalles morbosos sin ninguna
concesión al equilibrio o el buen gusto.

Su principal representante es Gregorio Fernández. El estilo de este autor se caracteriza


por el pathos extremo, la teatralidad y los característicos pliegues angulosos similares a
los de las esculturas del Gótico Tardío. Buena parte de sus obras se encuentran en el
Museo Nacional de Escultura de Valladolid: La Piedad, el Cristo Yacente, el Ecce
Homo, el Bautismo de Cristo.

La Escuela Andaluza es mucho más “clásica”, en el sentido de que se deja llevar más
por el equilibrio y la medida.

Uno de los escultores españoles más “clásicos” es Juan Martínez Montañés. Este realizó
el Cristo de la Clemencia y la Inmaculada de la Catedral de Sevilla (popularmente
conocida por “la Cieguita”). También hay que mencionar el Retablo de Santiponce con
el San Jerónimo y la Adoración de los Pastores. Este calsicismo de Martínez Montañés
no resta ni un ápice al realismo de sus esculturas que parece que van a cobrar vida en
cualquier momento.

Otros escultores españoles son Alonso Cano o Francisco Salzillo.

VOCABULARIO (9)

Plaza Mayor

Bóveda encamonada

Chapitel apiramidado

Imposta

Arquitectura orgánica

Paso procesional

Ecce homo

Inmaculada

Fusiforme