Diseño de tapa: Gabriel Marini g_marini@hotmail.

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Sinopsis Para mejorar la presencia de sus países en el mundo, los gobiernos federales y regionales pueden comunicarse directamente con los ciudadanos de otras naciones y superar así el tradicional modelo de diplomacia interestatal. La construcción de relaciones exteriores mediante estrategias de comunicación recíproca y de difusión cultural puede, a mediano y largo plazo, mejorar la percepción e inserción internacional de un país en vías de desarrollo. Contar un país es la esencia de la diplomacia pública. La Argentina, frente a una nueva ocasión política, puede exportar en clave comunicativa sus potencialidades hacia la ciudadanía italiana. Este libro evalúa el posicionamiento de la imagen argentina en Italia con el propósito de sugerir iniciativas de diplomacia pública que mejoren el conocimiento del país en la opinión pública extranjera y viceversa. Autor Matías Marini nació en Miramar, en 1979. Es licenciado en Comunicación Social y periodista de la sección “Internacionales” del periódico argentino Perfil. Es autor de Cuestión de Comunicación. Medios, cultura y sociedad: una experiencia interdisciplinaria (Ed. Martin, 2003) y de Perón vs. Perón. La construcción del adversario peronista en los discursos electorales de Kirchner y Menem (Universidad FASTA, 2004). Miembro del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales, fue productor televisivo en la productora Cuatro Cabezas y en 2006 fue becado por el Estado italiano para cursar el posgrado en Sistemas de Comunicación en las Relaciones Internacionales, en la Università per Stranieri di Perugia, Italia. En 2000 fue distinguido por el diario La Nación por su ensayo breve acerca de las nuevas tecnologías de la información. A los 11 años comenzó a trabajar como cronista televisivo en una señal regional y, desde entonces, desempeña sin pausa tareas periodísticas en medios nacionales y extranjeros. Correo electrónico del autor: matiasmarini@gmail.com

A Tito, mi abuelo. In memoriam. A los inmigrantes que fundaron este país sin haber conocido privilegios. A Ella. No hay tiempo ni distancia que, al fin, la vuelvan prescindible.

“Se repite que todos los caminos llevan a ella; mejor sería decir que no tiene término y que, bajo cualquier latitud, estamos en Roma”. Italia (fragmento), Jorge Luis Borges (1961).

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INDICE Prólogo Introducción I. Cooperación y confrontación: escenarios mundiales para la comunicación internacional I.1. Configuración de una política exterior I.1.1. La cultura política en los asuntos exteriores II. La dimensión comunicativa del poder en las relaciones internacionales II.1. Hacia una diplomacia postestatal II.1.1. Confines con la propaganda II.2. La opinión pública como actor global II.2.1. Los estereotipos. Una forma de conocimiento II.3. Taxonomía de la diplomacia pública II.3.1. La diplomacia cultural y la construcción de relaciones II.3.1.1. La diáspora, una embajadora itinerante III. Argentina: desde América latina hacia Europa III.1. Breve diagnóstico de la situación argentina y regional III.2. Eje Mercosur – Unión Europea III.3. Argentina e Italia. La cultura como vínculo internacional III.3.1. Senderos políticos III.3.2. Migraciones III.3.3. Economía, industria y energía III.3.4. Caminos que se bifurcan: la crisis de los bonos IV. La política exterior y la imagen argentina. Temas de agenda, países objetivo y percepciones IV.1. Atributos de la imagen internacional argentina. Variables de percepción en Italia IV.2. La Argentina en ojos italianos Consideración y familiaridad con la Argentina La Argentina y América latina La Argentina, Italia y el mundo V. Una diplomacia pública para Argentina V.1. ¿Qué Argentina queda? 3 5 8 14 15 19 20 26 27 28 30 34 37 41 42 46 50 53 63 65 67 70 73 75 75 87 91 95 99

Anexo Entrevistas “La Argentina es considerada un poco a los márgenes” 102 Franco Danieli, viceministro de Asuntos Exteriores para los Italianos en el Mundo. Gobierno Prodi “El vínculo con Argentina podría ser una de las claves” 106 Donato Di Santo, subsecretario de Estado para las Relaciones Exteriores con América latina. Gobierno Prodi. “No suele relacionarse la idea del Mercosur con la Argentina” 109 Victorio Taccetti, embajador argentino ante Italia. “Es una tierra por descubrir” 111 Fulvio Occhiucci, responsable del Servicio Exterior del Centro Exterior de las Cámaras de Comercio de la Región Umbria. Cuestionario 114 Referencias bibliográficas y mediáticas Agradecimientos 117 123

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Prólogo Un círculo virtuoso precede y atraviesa este original trabajo de Matías Marini. Él vino a Italia gracias a una beca del Ministerio italiano de Asuntos Exteriores, con un programa de los más frecuentes y eficaces, de sostén al estudio universitario de estudiantes que manifiestan interés por nuestro país. Esta actividad de atracción cultural es imprescindible para desarrollar una buena diplomacia pública. Marini ha estudiado en la Università per Stranieri di Perugia, un centro neurálgico para la difusión de nuestro idioma en el mundo entero. Por lo tanto, en Perugia ha podido asistir a dos de mis cátedras: la primera, sobre la teoría y la praxis de la diplomacia pública italiana, destinada a los estudiantes de cursos de especialización; la segunda, sobre la actualidad política, económica y social de Italia, dirigida a alumnos provenientes de un gran número de Estados extranjeros. En el curso de esta última actividad, que se encuentra entre las más importantes y particulares del Ateneo perusino, Marini ha podido observar en persona nuestro modo de “contar Italia al mundo”. Contar un país es la esencia más clara y viva de la diplomacia pública de un Estado. Por último, y aquí se cierra el círculo virtuoso, Marini ha elaborado su proyecto de investigación sobre las relaciones de diplomacia pública entre la Argentina e Italia, contribuyendo con este importante trabajo a aquella biblioteca que, espero, favorecerá la construcción de un centro de estudios en Perugia sobre el tema de la diplomacia pública. A continuación, trataré de resumir los que considero como los cuatro fundamentos teóricos de este libro. 1) Las relaciones bilaterales entre países que ocupan una posición medio-alta o medio-baja en el sistema internacional, respecto de las capacidades de grandes potencias económicas y militares, pueden favorecer buenas prácticas de cooperación y la difusión de conductas de reciprocidad a nivel estructural. No son sólo las relaciones multilaterales, por lo tanto, las que facilitan aquella ética del diálogo que hoy se coloca como presupuesto indispensable para el desarrollo económico y político en un sistema de participación y responsabilidad colectivas. 2) Con mayor razón esto sucede cuando los Estados que mantienen relaciones bilaterales, especialmente de tipo constructivo, tienen como referencia más amplia –además del sistema multilateral con el cual interactúan- una o más arenas territoriales macroregionales con un cierto grado de institucionalización. En el caso de este estudio se trata obviamente del Mercosur y de la Unión Europea. 3) Para que las relaciones bilaterales de tal tipo puedan afirmarse y reforzarse, la política intergobernativa debe saber extraer ventaja de las relaciones transnacionales que pasan por encima de los gobiernos. Sin embargo, es necesario considerar que si bien los Estados de algún modo “ganan” en la confrontación con las fuerzas transnacionales (empresas, organizaciones no gubernamentales, etc.), desde el momento en que las anticipan y extraen beneficio de su existencia, éstas pueden conducir a los Estados a modificar sus políticas. 4) Para comprender semejante proceso y contribuir con su buen gobierno, es útil el conocimiento de la diplomacia pública tal como se ha desarrollado en los distintos países y de las metodologías elaboradas en este campo de estudios. Específicamente, en el plano teórico la investigación se ha beneficiado con su referencia a la gestión de los estereotipos y a la construcción de relaciones de largo plazo y de reciprocidad; en el plano metodológico, el instrumento preseleccionado ha sido la entrevista en profundidad con interlocutores privilegiados. Este libro sobre las relaciones entre la Argentina e Italia y, en particular, sobre las oportunidades de diplomacia pública argentina, posee una indiscutida relevancia científica por diversos motivos. En términos históricos concierne a las estrechísimas afinidades políticas y culturales entre dos países unidos por vínculos de descendencia. En términos sociales, su publicación ve la luz en un período de recuperación de la economía argentina luego de una seria crisis económica que ha involucrado incluso a ahorristas italianos. Tal relevancia encuentra su confirmación en los resultados del trabajo, que trataré de dilucidar en tres puntos destacados. En primer lugar: la presencia de la Argentina en el sistema de información internacional (y en particular europeo) es baja y no restituye una imagen favorable del país (que es visto débil, política y económicamente). Aumentar la visibilidad de un país no siempre compensa; es más, puede dañarlo si la información no subraya sus mejores cualidades. En Italia, sin embargo, una élite interesada se vale de la Internet para actualizarse sobre los hechos argentinos. El gobierno

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de Buenos Aires podría entonces dirigir a este grupo su propia comunicación pública, con la difusión de un boletín digital, la activación de un portal, etc. En segundo lugar: a la percepción de la Argentina como un país débil en el plano institucional y económico, se contrapone la imagen de una sociedad culturalmente rica, con un nivel de instrucción alto e instituciones universitarias válidas en el contexto latinoamericano. La actividad de diplomacia pública dirigida a los italianos y no sólo, por ejemplo en el ámbito del proyecto Marca Argentina, podría entonces sopalancar esta imagen de país civil e ingenioso, incluso con instituciones que no estén a la altura. Para concluir: la notoriedad del escritor Jorge Luis Borges es un recurso valioso (entre los entrevistados en enste libro, es considerado la figura más representativa de casi ¼ de quienes expresan una preferencia). Quizá dentro de no mucho estarán maduros los tiempos para crear institutos Borges de cultura, con iniciativas dirigidas tanto a grupos específicos como a la opinión pública. Y creo que Roma –la “ciudad ubicua”, como la representa el poeta en el epígrafe que Marini eligió para inaugurar su libro- estaría inmensamente complacida de acoger el primero. Dr. Emidio Diodato Florencia, enero de 2008

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Introducción Según un estudio de la agencia argentina GlobalNews, las noticias sobre América latina en los principales diarios europeos y estadounidenses son escasas y han disminuido su presencia en los últimos años. En promedio, ocupan entre 0,3% y 6% de la información total1. Los diarios españoles son los que más espacio dedican a las noticias latinoamericanas2. Los países en vías de desarrollo suelen ocupar el centro de la información internacional en ocasión de catástrofes naturales, guerras civiles, golpes de Estado, estallidos económicos o para ser promocionados como exóticos destinos turísticos. Tal circunstancia promueve lecturas estereotipadas de grandes zonas del planeta. Los sucesos de la Argentina contemporánea han contribuido con ese reservorio global de creencias asociadas a determinadas regiones del planeta. Sobre la base de la percepción que un grupo selecto de italianos se ha creado de la Argentina, este trabajo se propuso trazar líneas generales de acción comunicativa para que la política exterior pueda negociar la inserción del país en realidades internacionales favorables a su desarrollo, como el caso de Italia. Crear canales globales de comunicación que acompañen la misión de toda buena política de relaciones con el mundo: mejorar el bienestar de los ciudadanos. La Argentina ha dilapidado por décadas poder, riqueza y autonomía (Tokatlián 2004, 158). Una buena política exterior incrementa el poder, la riqueza y la autonomía de un país. Para ser sostenible en el largo plazo, el inédito crecimiento de la economía argentina en el último quinquenio necesita de nuevos mercados -emergentes y maduros- y de condiciones favorables para la inversión interior y extranjera. Por eso, mi propósito fue hallar, en el marco de la diplomacia argentina, vehículos comunicacionales para mejorar la percepción del país en Italia. Mejoría que podría traducirse en el encuentro de nuevos socios y renovadas relaciones bilaterales e intrabloques que propendan al desarrollo y a una inserción mundial competitiva del país. Habitamos un mundo que, aunque aún unipolar en el aspecto militar, parece seguir progresando hacia un multilateralismo comercial con múltiples polos económicos. La asociación entre la Unión Europea (UE) y América Latina y el Caribe (ALC), por ejemplo, declaró su propósito de fomentar un sistema internacional basado en los principios del multilateralismo, regido por reglas consensuadas de aplicación universal y por mecanismos multilaterales de control. Un informe del Parlamento europeo asegura que con América latina la UE profesa una “común predilección por el multilateralismo y la multipolaridad” (Salafranca 2006, 20). La diferencia entre los conceptos de multipolarismo y multilateralismo en las relaciones internacionales reside, según el punto de vista que aquí adoptaré, en que el primero describe un sistema mundial con protagonismo global de unos pocos Estados que crean un balance mutuo de poder con un primus inter pares (Estados Unidos, Europa, Japón, Rusia, China); mientras el segundo favorece el diálogo mundial y las acciones consensuadas de todos los actores del sistema, incluidos los no estatales. Desde una visión neorrealista, como la inaugurada por Kenneth Waltz en 1979, el comportamiento de los Estados (de las unidades del sistema mundial) se explica más en los condicionamientos estructurales impuestos por el sistema a sus partes, que en los atributos o características de cada uno de ellos. Entender la estructura de un sistema internacional permite explicar modelos de comportamiento estatal. Para esta escuela de pensamiento, los Estados determinan sus intereses y estrategias sobre la base de cálculos racionales acerca de sus propias posiciones en el sistema. Una pieza que antes de moverse evalúa su entorno y la posición de sus pares. Mi propósito en estas páginas no es el de dar respuestas abarcadoras (nada más alejado de mis capacidades), sino el de explorar las potencialidades comunicativas de un país a partir del estudio de su posición en la estructura mundial y en la percepción de líderes de opinión extranjeros. El presente estudio académico, financiado por una beca del Ministerio italiano de Asuntos Exteriores, ha sido elaborado en el marco de la carrera de especialización en Sistemas de Comunicación en las Relaciones Internacionales de la Università per Stranieri di Perugia, en Italia,
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En casos como los periódicos El País, de España, se trata de 5%; Le Monde, de Francia, y el Financial Times, de Inglaterra, 2%; en medios como The New York Times, de Estados Unidos, apenas alcanza 0,3%. 2 Cfr. “Argentina en los medios internacionales, 2000-2004” en http://www.globalnews.com.ar.

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con la tutela teórica del profesor Emidio Diodato quien, además de su sapiencia académica, aportó su conocimiento del caso italiano en materia de diplomacia pública. Si bien la posición que Italia ocupa hoy en el mundo es diferente de la argentina, sus ejemplos de política exterior en materia de comunicación y de relación con sus ciudadanos residentes en el extranjero pueden prefigurar líneas de acción para Argentina. Para descubrir y comunicar a las naciones clave los rasgos que hacen al país único, singular en el concierto de naciones y sus ventajas comparativas, es necesario antes diagnosticar su imagen internacional tanto en los medios como en las creencias y actitudes de la opinión pública. Deben identificarse los estereotipos que las audiencias se han formado, aportando a los hacedores argentinos de política exterior evidencias sobre las actitudes hacia la Argentina y sus variables. Una vez superada esta etapa y con los resultados a la vista, se sugerirán elementos de acción para una estrategia de diplomacia pública capaz de influir en la lectura externa del país. La estructura de este documento se divide en dos grades secciones. Una teórico-histórica que estudia las características de la diplomacia pública en el actual escenario mundial. Otra práctica, que ofrece los resultados del trabajo de campo destinado a censar la percepción que de la Argentina se ha formado un grupo de líderes italianos. Ambas secciones se desarrollan a través de cinco apartados. El primero, de carácter introductorio, menciona el debate clásico en Relaciones Internacionales sobre la confrontación y la cooperación entre los actores del sistema. Esboza un panorama sobre la relación dialéctica entre la arena internacional y los flujos comunicacionales mundiales. No es lo mismo para la comunicación un escenario de prevalencia de la fuerza que del Derecho. En un segundo apartado, se propone un abordaje teórico de la diplomacia pública y los conceptos a ella asociados. El tercer capítulo ofrece un marco para el análisis de la posición argentina: traza un panorama sumario de la cultura política latinoamericana, su vinculación con los principales temas que tradicionalmente guiaron su política exterior y las variables que integran su formulación; reseña además el posicionamiento argentino actual, su relación con el Mercosur y la UE, y se establece un parangón histórico-cultural con Italia, desde el cual deducir una estrategia bilateral de comunicación internacional. En cuarto lugar, se estudian los temas que conforman la agenda internacional del gobierno argentino y los intereses nacionales que darán sustento a una política de comunicación con el mundo. Se expondrán además los resultados de una medición cualicuantitativa destinada a evaluar la percepción y estimar la presencia de la Argentina en la opinión pública italiana. Para esto se realizó una serie de entrevistas y una ronda de consultas con líderes de opinión italianos. A partir de los datos arrojados por esta experiencia, la quinta y última sección esbozará las conclusiones, propondrá líneas de acción y proyectos de diplomacia pública dirigidos hacia Italia. Tal como enunciado al inicio de este documento, la evaluación de la imagen de un país en una comunidad extranjera no puede ser aleatoria. La opinión pública exterior debe ser desagregada en grupos sociales y en líderes de opinión con influencia sobre los medios, el gobierno y la ciudadanía. Aquí se empleó un diagnóstico a dos entradas: la primera, consistió en una serie de entrevistas personales semi estructuradas con funcionarios italianos –cuyo contenido se encuentra en el Anexo-; la segunda etapa, en cambio, consistió en un trabajo de campo con diversos líderes de opinión italianos que respondieron a un cuestionario semi cerrado, con ítems del tipo elección múltiple (multiple choice) y otros de respuesta libre. El cuestionario usado abreva en parte en modelos utilizados por el British Council en ocasión de su encuesta mundial para medir la percepción del Reino Unido en el exterior. El muestreo fue federal, es decir que incluyó a representantes de buena parte de las veinte regiones que conforman el territorio italiano. A los efectos de establecer criterios de selección, los entrevistados y encuestados fueron seleccionados según la concepción que de “líder de opinión” utilizó el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI) en ocasión de su encuesta de 2002 sobre la opinión de la ciudadanía argentina acerca de la política exterior y de defensa del país. Así, fueron considerados líderes de opinión las personas que: i) tienen participación en procesos de toma de decisión políticos, económicos y sociales que afectan a la sociedad en su conjunto o a una significativa porción de la misma; ii) pueden ser “escuchados” y “vistos” por una audiencia extensa. Por lo tanto, la selección de los entrevistados se realizó sobre la base de dos criterios: posición institucional (cargos, funciones desempeñadas) y representación (ser considerado una persona influyente por otros miembros igualmente representativos). Ingresan en la clasificación

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académicos, funcionarios, dirigentes, intelectuales, religiosos, sindicalistas, militares, periodistas, empresarios, jóvenes profesionales y estudiantes de posgrado que puedan alcanzar una posición de influencia en el futuro. Sobre la base de estos criterios se confeccionó una muestra intencionada (purposive sample); un listado de 54 personas a las cuales se les envió el cuestionario. La encuesta se desarrolló en dos etapas, una cuantitativa y otra cualitativa, ambas conducidas en simultáneo. El apartado cualitativo de la investigación consistió en entrevistas personales abiertas con ciudadanos italianos de influencia, pertenecientes al tipo de grupo ya enunciado. El trabajo empírico (las entrevistas y el sondeo de percepción) se propuso explorar el modo en que los italianos perciben a la Argentina; en qué categoría la colocan en comparación con otros actores mundiales; cuál es el conocimiento general que poseen sobre las características de la nación; qué tipo de sentimientos los anima; imágenes positivas y negativas. Fue también prioritario identificar los elementos que componen los procesos de formación de opinión entre los líderes. Detectar, por ejemplo, qué fuentes de información determinan las creencias acerca de la Argentina para, desde ellas, elaborar estrategias de llegada. Los capítulos de este trabajo son el cociente de numerosos datos de la realidad y no pocas expresiones personales de deseo. Por esto, el libro no pretende más que tener la forma de una sugerencia. O más bien –quizá-, de una apelación: redescubrir a la Argentina en ojos ajenos.

Matías Marini Buenos Aires, enero de 2008

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I. Cooperación y confrontación: escenarios mundiales para la comunicación internacional ¿Es posible que la Argentina sea relevante para el mundo? ¿Puede esta nación volver a ocupar un rol de actor destacado como supo hacerlo a comienzos del siglo XX, con una diplomacia que hasta desafiaba públicamente a la estadounidense Doctrina Monroe3? Su posición de socio regional en el Cono Sur, ¿es adecuada para tal fin? ¿Hasta qué punto el mundo avanza hacia la creación de ejes transcontinentales Sur-Sur entre economías emergentes? La desatención que desde enero de 2001 EE. UU. demostró hacia América latina y la creciente asunción de gobiernos contestatarios en la región, ¿es una ocasión para mejorar la situación internacional de sus países? El mundo post 11 de Septiembre, ¿permite la emergencia de nuevas voces en el concierto mundial o, por el contrario, favorece la reproducción de un concierto polifónico pero estable? ¿Cuál es el margen disponible para la acción de nuevos actores? Luego del breve interregno de post Guerra Fría en la década de los noventa, cuando algunos intelectuales hasta profetizaron el fin de la Historia, el escenario global comienza una vez más a definirse en términos dialécticos, de confrontación, mediante el empleo de estereotipos discursivos, algunos propios de los años ochenta. La comunicación recobra su rol estratégico y central en la política exterior. Desde su implosión de 2001, la Argentina replantea los términos de su inserción internacional. La política exterior del país tiene por delante desafíos que pueden traducirse en nuevas oportunidades. Durante el último lustro, la visibilidad argentina en los medios del mundo alcanzó una alta exposición, pero con una constante lectura negativa. Sin embargo, estudios recientes, citados en este documento, indican un crecimiento sostenido desde 2004 del volumen de noticias positivas sobre el país publicadas en el exterior, especialmente en materia de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), derechos humanos, energía, comercio, inversiones y turismo. Pero la diferencia entre cómo es realmente la Argentina, cómo quisiera ser vista en el exterior y cómo es finalmente percibida, puede ser enorme. Inconducente es analizar las relaciones externas de los Estados prescindiendo del modo en que estos vínculos son configurados por sus necesidades e intereses intestinos. Gran parte de las decisiones nacionales en política y economía se adopta luego de evaluar la situación internacional. La política exterior de las naciones es a menudo el eje vertebral para el diseño de políticas internas y viceversa. Se trata de dos variables inseparables, de relación dialéctica, que interactúan en la configuración de sus objetivos, a las que se suma el concepto de interés nacional, que autores como Martin Clark colocan en la base de la política exterior: sin una visión clara de cuál es el interés de una nación y sin una estrategia para alcanzarlo, no puede existir una política exterior, porque ella es, tal como apunta el pensador, la persecución y realización de dicho interés en las relaciones con los otros Estados (1999, 71). Vacilará una política exterior que pretenda transmitir al mundo una imagen nacional arbitrariamente desvinculada de las variables locales. Las actuales condiciones internas obligan a la Argentina a reconfigurar su proyección exterior, lesionada por su pasada crónica volatilidad económica y su errática administración política. El país ha perdido importancia y presencia en el escenario de las relaciones internacionales. El éxito en el desarrollo de los países está dado, en gran medida, por la forma en que combinan sus capacidades de poder tangibles -recursos humanos, productivos y naturales- e intangibles capital, conocimiento, cultura- con su entorno inmediato, articulando su contexto interno con el internacional. De esta articulación dependerán también las posibilidades de incrementar su autonomía, no ya en términos de confrontación, sino de libertad para relacionarse. La comunicación es uno de esos atributos de poder intangible, de modo que su gestión forma parte de las capacidades de poder de las naciones. El poderío fáctico, lejos de diluirse, puede encontrar en las formas del soft power (poder suave) herramientas para alcanzar objetivos a corto,
3 Como embajador en Uruguay, el ex presidente argentino Roque Sáenz Peña fue portavoz en el I Congreso Panamericano (1889-1890), foro en el que se manifestó contra la Doctrina Monroe de Estados Unidos con el lema “América para la Humanidad”. Lanzado en 1823 por el presidente estadounidense James Monroe como declaración para la política exterior de su país, este principio alcanzó estatus de doctrina en 1845. Establecía como objetivo disuadir a los países europeos de intervenir en los asuntos de las naciones del continente americano. Algunos estudiosos argentinos argumentan que gestos como el de Roque Sáenz Peña quedaron marcados en la memoria institucional del Departamento de Estado, lo que contribuyó a las posteriores gestiones de EE. UU. para marginar a la Argentina del comercio mundial (cfr. Escudé 1992).

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mediano y largo plazo. No se trata de ejercer una política de “poder sin poder”, sino de ser creativos y eficientes en el empleo de recursos intangibles. Como ya lo demostraron las nuevas tecnologías de la información y las fuentes renovables de energía, la comunicación como mensaje puede dar a los países menores del sistema mundial herramientas para ser participantes activos en un mundo hiperconectado. Ciertos actores relevantes del globo suelen combinar con eficacia ambos recursos (hard y soft, o tangibles e intangibles), aunque en ocasiones algunos de ellos soslayen los esfuerzos diplomáticos para adoptar vías expeditas como la militar o sanciones económicas para precipitar la resolución de conflictos. Pero los costos a largo plazo de medidas únicamente duras suelen ser devastadores, no ya sólo para quienes las adoptan, sino para los actores pequeños del sistema, que sufren las consecuencias de frecuentes medidas unilaterales adoptadas por los centros mundiales de decisión. De los actores centrales del sistema, huelga enfatizar el costado cooperativo antes que de confrontación de Europa, por lo general inclinada a agotar las vías diplomáticas antes de llegar al desenlace bélico. Como indicó el estadounidense Jeremy Rifkin, “los estadounidenses son más propensos al uso de la fuerza militar en el mundo, de ser necesario, para proteger lo que percibimos como nuestros propios intereses vitales. Los europeos son más reacios a usar la fuerza militar y, en cambio, favorecen la diplomacia, la asistencia económica, y ayudan a evitar el conflicto y prefieren operaciones de conservación de la paz para mantener el orden”4 (Rifkin 2005, 14). Ambos puntos de vista -estadounidense y europeo- se entrecruzan incluso en el perfil que según las partes debería tener hoy la fuerza multinacional OTAN: un dispositivo militar ofensivo, según los primeros; un instrumento para el mantenimiento de la paz, de acuerdo con los segundos. Últimamente, Italia parece haberse inclinado hacia la segunda opción. En línea similar se expresa un conciudadano de Rifkin, Joseph Nye, ex asesor de comunicación de Bill Clinton y autor del concepto de soft power, que más adelante estudiaremos. “Europa – escribió- ha usado con suceso la atracción de su exitosa integración política y económica para obtener los resultados que desea, y los Estados Unidos a menudo han actuado como si su presencia militar pudiese resolver los problemas” (2006). Basta citar un dato elocuente: mientras la UE es hoy el primer proveedor de fondos para las operaciones de las Naciones Unidas –con Italia como sexto contribuyente mundial-5, EE. UU. es el mayor deudor del organismo multilateral por antonomasia. “Los europeos son los únicos en condiciones de disuadir a sus aliados de EE.UU. de oponerse sin cesar a la única concepción legítima del orden mundial”, sostiene el filósofo alemán Jürgen Habermas6 en referencia a la agitada relación entre EE.UU y la ONU. La visión multilateral de las relaciones internacionales, factor quizá de divergencia entre europeos y estadounidenses, ha sido también explorada por el académico inglés Mark Leonard en su estudio sobre la diplomacia pública británica, país que vio afectada la imagen entre sus socios de la Unión debido a su histórico alineamiento estratégico con EE. UU. “Un vacío en la presentación de mensajes estratégicos que no es del todo considerado por la diplomacia pública británica en los Estados Unidos es el referido al tema del multilateralismo –notó Leonard. El entusiasmo europeo general por transferir soberanía nacional hacia instituciones multilaterales como la Unión Europea, o hacia acuerdos multilaterales como el tratado de Kyoto sobre el cambio
4 Las traducciones en este libro fueron hechas por el autor sin el espíritu de ofrecer una versión literal del texto, sino de interpretar su sentido general. 5 Sin embargo, el compromiso europeo con la cooperación económica no es inmutable. Los países miembros de la ONU suscribieron en 2000 los llamados “Objetivos de Desarrollo del Milenio”, un compromiso que con el lema “Make poverty history” se propone alcanzar una serie de objetivos para 2015. Los países comunitarios, por ejemplo, se comprometieron a destinar 0,33% de su PIB a ayuda pública para el desarrollo. Sin embargo, dicho compromiso se desdibuja en Italia, país que en junio de 2006 se encontraba último entre las naciones de la OCSE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) en lo que a la relación cooperación-PIB se refiere: en 2005 Italia destinó sólo 0,15% para descender en 2006 a 0,11% (cfr. Cesvol 2006). También en materia de ayuda humanitaria Italia está en deuda: se coloca en el penúltimo de una lista de 23 naciones, justo antes de Grecia, según el Humanitarian Response Index, investigación presentada en noviembre de 2007 por el ex secretario general de la ONU, Kofi Annan. La clasificación completa se ordena del siguiente modo: Suecia, Noruega, Dinamarca, Holanda, Comisión Europea, Irlanda, Nueva Zelanda, Canadá, Reino Unido, Suiza, Finlandia, Luxemburgo, Alemania, Australia, Bélgica, Estados Unidos, España, Japón, Francia, Austria, Portugal, Italia y Grecia. 6 Cfr. “La construcción de una Europa política” en Clarín, sección El Mundo, 7 de enero de 2007.

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climático, puede ser considerado con sorpresa entre los círculos dirigenciales en los Estados Unidos. Este es un tema de disonancia cognitiva, donde el caso del multilateralismo que los europeos encontraron convincente no cuaja con los estadounidenses para que éstos puedan al menos reconocer las bases del entusiasmo europeo (…). Existe una tensión entre presentar al Reino Unido como el aliado más cercano y natural de los Estados Unidos (…) y, a la vez, tratar de destacar los temas del multilateralismo. Por concentrarse en el primer objetivo, es probable que el Reino Unido haya perdido de vista el segundo” (Leonard 2002, 120). Cierto es también que las relaciones de Europa con el mundo, especialmente con Oriente Medio y Asia Central, están guiadas no sólo por un impulso idealista o cooperativo, sino además por la dependencia estructural que la falta de reservas petroleras y la volatilidad energética europeas generan para con esos territorios7. Europa es hoy uno de los mayores importadores mundiales de gas y petróleo. Bruselas estima que en 2030 el aumento de la dependencia exterior de la UE será de 90% en petróleo y de 70% en gas. La UE evita así provocar tensiones con esta región del planeta y con los grandes proveedores8.
Mientras Italia importa 95% de su energía, España se presenta como el país europeo de mayor dependencia energética, con 99% de su petróleo y gas importado. En 2004 el consumo de gas y petróleo de la UE, según el país proveedor, se distribuyó así: Rusia (24% de gas, 27% de petróleo), Noruega (13% y 16%), Oriente Medio (19% del petróleo), Argelia (10% del gas) y resto del Norte de África (12% del petróleo). En noviembre de 2006 Italia llegó a un acuerdo con Argelia para construir un gasoducto que conecte por vía submarina al norte de Africa con la isla italiana de Sardegna y, desde ella, hacia la región de Toscana, con el objetivo de abastecer a toda la Península y también a Europa. Además de ser uno de los principales importadores mundiales de energía, luego del trauma de Chernobyl en 1986 Italia cerró mediante un referéndum las puertas al desarrollo de energía nuclear, la vía de abastecimiento autónomo que sus socios europeos ya presentan como pilar del futuro, sobre todo luego de los recientes desplantes rusos. 8 Evidencia es el ejemplo del acuerdo privilegiado ofrecido a Rusia en 2006 luego de que usara su gas como arma geopolítica: se prevé un mayor reconocimiento político del ex coloso soviético y la no intromisión en sus asuntos internos (como el caso checheno; los derechos humanos) a cambio de abastecimiento energético garantizado. Rusia, con su monopolio estatal Gazprom, vuelve a ser un actor central del equilibrio internacional de poderes luego del desplome de la bipolaridad. Es el primer exportador mundial de gas natural y el segundo de petróleo; vende el 26% del gas consumido en Europa, cuyo 80% es distribuido mediante conductos que atraviesan Ucrania y Bielorrusia. Después de la crisis política de suministro energético entre Rusia y Ucrania –y más tarde con Georgia y Bielorrusia- Europa discute nuevas vías de tránsito para el aprovisionamiento. En enero de 2007, en alusión al corte de provisión energética rusa a Bielorrusia a través del oleoducto Druzhba, que afectó a Polonia, Alemania, Eslovaquia y Ucrania, la entonces presidenta de turno de la UE Angela Merkel declaró que “es inaceptable el bloqueo de los suministros sin alguna consulta. Es un socio estratégico, pero la confianza en Rusia como proveedor energético quedó destruida por estos episodios”. Turquía puede ser un enclave para la nueva política de seguridad energética de la Unión. El Consejo europeo estimula la exploración de vías alterativas de abastecimiento energético luego de reconocer que “una mayor dependencia de las importaciones procedentes de regiones y proveedores inestables implica un grave riesgo. Algunos grandes productores y consumidores utilizan la energía como palanca política. También constituye un riesgo para el mercado energético interior de la Unión el que los agentes externos no obedezcan a las mismas reglas del mercado ni estén sometidos a las mismas presiones en el plano de la competitividad” (Bruselas 2006). El desarrollo de nuevas infraestructuras energéticas podría convertir a Turquía en un pasaje privilegiado hacia Europa del gas y del petróleo del Cáucaso, del Golfo Pérsico y de Asia central. La UE buscar convertirla en una gran plataforma para el tránsito de energía. Con el Mar Negro como pívot, los recursos de Asia central podrían fluir a través de Turquía hacia Bulgaria, Rumania (ambos miembros de la UE desde enero de 2007) y Hungría hasta llegar a Austria e Italia. Este proyecto lleva el nombre de Nabucco (Talbot 2006). Desde junio de 2006 funciona el oleoducto que transporta el petróleo desde Bakú, la capital de Azerbaiján, hasta el puerto turco de Ceyhan, pasando por Georgia -un enclave geopolítico tanto para Rusia como para Europa y EE.UU., por lo que estos últimos retardan el reconocimiento de la independencia de Osetia del Sur, la república independiente de facto dentro de Georgia. Conocido como el oleoducto BTC (Bakú-Tbilisi-Ceyhan), de US$ 4 billones, se transformó en una ruta alternativa a la infraestructura rusa para alcanzar los mercados occidentales, especialmente el sur de Europa. Como contraofensiva, el 15 de marzo de 2007 Rusia firmó un acuerdo con Bulgaria y Grecia para la construcción del oleoducto Burgas-Alexandroupolis (BAP), competencia directa para el BTC y el primero que el Estado ruso controla en el territorio europeo. El tema energético será un elemento importante en las negociaciones para la adhesión de Turquía a la UE, máxime si se tienen en cuenta los planes para la realización de un gasoducto que conectaría Irán con Europa, también a través de Turquía. Se analizan además formas de transportar gas natural líquido (LNG, según la sigla en inglés) por mar y procesarlo para su uso con la tecnología propia del país importador. Esto evitaría la dependencia territorial y sustituiría una parte de los elevados costos de los oleoductos y gasoductos que atraviesan zonas políticamente inestables del planeta. Con este procedimiento, Rusia se propone suministrar gas a mercados como EE. UU. y Canadá. La dependencia de las repúblicas centro-orientales europeas del gas ruso funciona ya como contrapunto, como balance de poder frente al eje euroatlántico (Washington-Bruselas). Para reforzar este contrapunto, la administración Putin podría jugar la carta báltica: un gasoducto que llevará el gas del norte
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Sin embargo, según un informe presentado en enero de 2008 por la La organización defensora de derechos humanos Human Rights Watch, “tanto EE.UU. como la Unión Europea han tenido gran consideración con elecciones falseadas y violaciones de los derechos humanos. Lo que se puede constatar, dice el experto, es que EE. UU. y la UE tienen más o menos consideraciones de acuerdo con sus propios intereses. Europa, por su dependencia del abastecimiento ruso de energía, tiene más consideraciones con Rusia que EE. UU. Pero EE. UU. tiene más consideración por ejemplo con Arabia Saudita y Pakistán, por los propios intereses energéticos y geopolíticos norteamericanos”. Sin embargo, a pesar de una agenda internacional hoy atestada de nuevas doctrinas de seguridad nacional, el Viejo Continente promueve una concepción de seguridad cooperativa -y no sólo de contención-, según la cual la paz es indivisible y, por lo tanto, el resultado de acciones colectivas (Tokatlián op. cit., 93)9. A esta concepción parece adherir Italia, cuyo actual ministro de Asuntos Exteriores sostuvo que “promocionar la libertad y la democracia, y luchar por el desarrollo y contra la pobreza en el mundo, es no sólo un deber moral para las democracias contemporáneas, sino también nuestra mejor política de seguridad”10. A la vista los resultados. En 2004 Europa alargó sus fronteras pasando de 15 a 25 países (hoy 27) e incluyó así una parte considerable de la Europa oriental. En espera para el próximo proceso de ingreso están Croacia, Montenegro, Turquía y quizá Serbia. Desde el fin de la Guerra Fría, la UE es el instrumento occidental más eficiente para extender las zonas de paz y la seguridad global en el marco de democracias estables y desarrollo de economías de mercado con Estado de bienestar. Desde 2002, Europa empleó 100 mil millones de dólares para sostener su ampliación hacia oriente. En cambio, sólo en el pantano iraquí, EE. UU. desembolsó desde el inicio del conflicto 300 mil millones de dólares con un costo de 2500 de sus soldados muertos11. Siguiendo con los gastos militares, en el mismo año los 25 miembros de la UE, en su conjunto, destinaron 155 mil millones de dólares en concepto de gastos de defensa. EE.UU., por su parte, desembolsó en igual período 399 mil millones de dólares para defensa, es decir 244 mil millones más que el presupuesto total de todos los países europeos combinados12. El canciller italiano sostiene que “actualmente existen dos culturas que compiten entre sí. Una descansa sobre la idea de conducir la globalización con la fuerza; la otra se funda sobre la idea de conducirla a través del derecho. Ambas tienen raíces alemanas: Kant e Carl Schmitt. Yo estoy del lado de Kant”13. El derecho que hace a la fuerza o viceversa14. La diferencia en el pensamiento de
de Rusia hacia Alemania, a través el Mar Báltico. Este diseño le permitirá a Rusia evitar a las tres repúblicas bálticas y a Polonia, filoamericanas y con arraigados sentimientos antirusos. 9 El principio se manifestó vigente en la Cumbre UE-ALC de 2006, en Austria. En el documento conclusivo, los mandatarios de ambos bloques manifestaron apoyar “plenamente el sistema de seguridad colectiva consagrado en la Carta de las Naciones Unidas. Expresamos nuestro apoyo a todas las operaciones de mantenimiento de la paz bajo mandato de las Naciones Unidas”. Respecto de sus relaciones internacionales, declararon abstenerse “de la amenaza o uso de la fuerza inconsistente con los propósitos y principios de las Naciones Unidas, y [comprometerse] a preservar la solución de controversias por medios pacíficos y de conformidad con los principios de la justicia y el derecho internacional. Rechazamos con firmeza todas las medidas coercitivas de carácter unilateral y efecto extraterritorial contrarias al Derecho internacional y a las normas generalmente aceptadas de libre comercio. Coincidimos en que este tipo de prácticas representa una amenaza grave para el multilateralismo” (cfr. Declaración de Viena, 2006). 10 D’ALEMA, Massimo. “Diplomacy al dente” en The Wall Street Journal, 14 de junio de 2006. 11 Cfr. MORAVCSIK, Andrew. “La UE non è in declino. Piace anche a Bush” en Corriere della Sera. 16 giugno 2006, p. 40. 12 Cfr. “Fiscal Year 2004 Budget”. Center for Defense Information. 4 de agosto de 2003. http://www.cdi.org 13 “L’Europa ha bisogno non di meno, ma di più ritmo”. Entrevista a Massimo d'Alema en Frankfurter Allgemeine Sonntagszeitung, 28 maggio 2006. 14 Un ejemplo concreto de este debate en el seno de la política exterior estadounidense, a la que seguramente aludió D’Alema en su planteo, emergió con la disidencia pública de John Brady Kiesling, un ex diplomático de carrera del Departamento de Estado que en 2003 renunció por desacuerdo con la invasión de su país a Iraq, un mes antes del comienzo del conflicto. “Las políticas que ahora nos piden llevar a cabo –escribió en el New York Times- no sólo son incompatibles con los valores estadounidenses sino también con los intereses estadounidenses. Nuestra ferviente búsqueda de guerra con Iraq nos está llevando a dilapidar la legitimidad internacional que ha sido el arma estadounidense más potente en ataque como en defensa desde los días de Woodrow Wilson. Hemos empezado a desmantelar la más larga y efectiva red de relaciones internacionales que el mundo jamás haya conocido. Nuestro actual camino traerá inestabilidad y peligro; no seguridad.” Cfr. “Threats and responses State Department; U.S. Diplomat

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ambos alemanes radica “en el hecho de que Schmitt declara el libre derecho a la guerra como el único derecho y así transforma a la fuerza superior en juez –explica un académico estadounidense-, mientras que Kant aboga por una condición de legalidad que precisamente excluye el libre derecho a la guerra. (…) Schmitt entiende a la ley internacional como un orden espacial de superpoderes cuyo ‘derecho’ a la guerra libre es ilimitado. (…) Esto lo coloca en oposición diametral a Kant. Para Kant, ‘el concepto de derecho internacional pierde sentido si es interpretado como el derecho de ir a la guerra’. Él incluso (…) rechazó el modelo de ‘balance de poderes’, apoyado por Schmitt, como un continuo recurso para la guerra. (…) En la distinción amigo-enemigo Schmitt ve el criterio crucial de la política” (Eberl 2004). La expansión de la UE -que por momentos parece avanzar en desmedro de su solidez internareaviva el ideario kantiano de un espacio mundial de estabilidad y de libertades perpetuas sobre la base de un derecho comúnmente dado y consensuado. Las conversaciones entre el bloque europeo y Serbia para su ingreso consideran que aislar a la nación eslava no haría más que prorrogar la inestabilidad balcánica en la periferia europea. Una eventual ampliación europea hacia Marruecos, Turquía e Israel (por citar algunos de los países que han formulado pedido de admisión) podría hacer del Mediterráneo un espacio geopolítico de estabilidad prolongada15. Este esquema europeo contrasta con el de una diplomacia coercitiva como forma de relación con terceros Estados; un estilo en el cual la misión determina la colación y no viceversa, tal como de cara a la tercera guerra del Golfo propuso Donald Rumsfeld, ex ministro de Defensa de EE. UU. El sustituir la diplomacia por la fuerza retrotrae a una concepción antropológica del mundo en donde los Estados se comportarían como el hombre en su estado de naturaleza, en búsqueda de la supervivencia en un ambiente caótico, de indefinidas amenazas que pueden estallar de un momento al otro, sólo regulado por medio de un sistema de balance de poderes equilibrado por los más fuertes. Una suerte de darwinismo internacional. En tal escenario, la concepción de un derecho común puede no ser decidida mediante procesos de consenso, sino a través de la guerra, en cuyo caso el derecho sería tan privado como provisional. El derecho del más fuerte. La filosofía de Immanuel Kant se mueve en un sentido contrario cuando propugna la gobernanza global de una liga de naciones, una federación internacional sin pretensión de centralidad gobernativa, orientada no tanto a la utópica búsqueda de la paz perpetua, sino a evitar el estado de guerra permanente. En este esquema kantiano de mantenimiento de la paz mundial y reducción de las amenazas, la guerra deja de ser justa para pasar a ser legal. Y la guerra será legal sólo si es declarada legal por la liga, decía Kant, hoy la ONU. En 2006 esta filosofía bicentenaria fue retomada por la UE y ALC. “Estamos comprometidos con el enfoque multilateral (…). Seguiremos fomentando el respeto al derecho internacional y fortaleceremos nuestro compromiso con un orden basado en normas internacionales”, enuncia la Declaración de Viena de 2006, particularmente elocuente, suscripta por ambas regiones. “Hoy, más que nunca, la adhesión universal al Estado de derecho y la confianza en el sistema para prevenir y adoptar medidas punitivas contra las violaciones a las normas, constituyen condiciones indispensables para alcanzar una paz y una seguridad duraderas. Recordamos la obligación de solucionar pacíficamente las controversias y animamos a todos los Estados a recurrir con mayor

Resigns, Protesting 'Our Fervent Pursuit of War” en New York Times, sección Op-ed, del 27 de febrero de 2003. Sin embargo, algunos teóricos del neorealismo repararon en la función histórica y la legitimidad de la guerra, como lo hizo el francés Raymond Aron: “Si la utilización de la fuerza es absolutamente culpable, todos los Estados están marcados por una especie de pecado original. (…) Aquél que quiera comprender la historia no deberá limitarse a considerar la antinomia entre la fuerza y las normas jurídicas, sino que debe distinguir entre los distintos modos en que ha sido utilizada la fuerza y reconocer la legitimidad histórica, sino jurídica, del empleo de la fuerza en determinadas circunstancias, y hasta de ciertas violaciones del derecho existente (el derecho internacional es conservador por esencia y obliga a los Estados, unos con respecto a otros, pero, a veces, es la misma existencia de un Estado la que se encuentra en juego) (…) En tanto que la supervivencia de las naciones no esté garantizada por un tribunal todopoderoso o un árbitro imparcial, la consideración del equilibrio de fuerzas tiene que entrar a formar parte del juicio ético-histórico relativo a los motivos de los bandos enfrentados” (1985, 720-721). 15 En 2006, el entonces primer ministro italiano Romano Prodi fue el único jefe de gobierno no africano invitado a participar en la reunión de la Unión Africana. El dato indica el rol geopolítico que el continente negro le reconoce a Italia.

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frecuencia a las instituciones internacionales en el ámbito de la solución de controversias, entre ellas la Corte Internacional de Justicia”16. Un escenario global de confrontación, donde la supremacía militar marca la diferencia, no sería el ámbito ideal para el desarrollo de países como los latinoamericanos, aunque algunos de ellos (Venezuela, Brasil, Chile) hayan iniciado su rearme. El auxilio y la protección del derecho internacional, mediante sus tratados y convenios, es quizá la mejor arma de los actores menores e intermedios del sistema para procurar una participación representativa. Cuanto menor resulta la cuota de poder fáctico de los países pobres en el equilibrio mundial, mayor será la necesidad de promover lo que el chileno Luciano Tomassini, uno de los académicos más destacados en Relaciones Internacionales, ha llamado “mecanismos de manejo colectivo de problemas internacionales” (1998, 242). Cuanto más débil o pequeño es un país, mayor es la importancia de la cooperación. El Mercosur se encamina en este sentido cuando adopta decisiones consensuadas para el saldo de su deuda externa y la toma de posición conjunta en política exterior. Mientras en los años noventa fue esencialmente comercial, el bloque del nuevo milenio comenzó a adoptar un perfil político –no exento de polémicas- con miras a estrategias de desarrollo productivo, social y energético comunes. En tal contexto, los países en vías de desarrollo cuentan con un singular instrumento de acción en política exterior: la diplomacia pública. A mayor vulnerabilidad frente a las condiciones exógenas del sistema mundial, más atento debería ser el diseño para el desarrollo de estrategias de abordaje en relaciones internacionales. La tesis de este libro es que la diplomacia pública puede mejorar la percepción positiva de los países en vías de desarrollo y favorecer así una beneficiosa inserción en el sistema mundial. Si se estudia el accionar de la política exterior en función de sus resultados, será mediante la evaluación de sus aportes para mejorar la inserción internacional del país. En un escenario mundial diversificado y competitivo, una activa diplomacia pública puede ser un instrumento válido para exponer las ventajas comparativas de un actor estatal, mejorando el conocimiento de su idiosincrasia en la interacción con la opinión pública de otros países. Esta puede ser una nueva ocasión para los países pequeños del sistema. La revolución de las nuevas tecnologías de la comunicación podría generar un efecto de descentralización y nivelación en la estructura del sistema internacional, dotando de mayor poder a los Estados menores y a los actores no estatales en la medida en que estos recursos intangibles resultan fácilmente asequibles (Diodato 2004, 148,149). Pero esta es una hipótesis por verificar, si se tiene en cuenta que desde hace más de dos décadas los actores menores pugnan por un nuevo orden mundial de la información cuyo mayor objetivo, según Armand Mattelart, debiera ser el de reequilibrar un flujo internacional de la información signado por un intercambio desigual (Mowlana 1990). Credibilidad y confiabilidad son variables para una sólida comunicación con el mundo. El estudio de las percepciones ocupa su lugar en el análisis de las relaciones internacionales. La visión del otro puede ser fuente para la formulación de la política exterior. Como a menudo ha sucedido en la relación argentino-brasileña desde comienzos del siglo XIX hasta el presente, esta visión del otro puede descansar sobre prejuicios y estereotipos. Sin embargo, no es ocioso insistir en que la comunicación puede sólo resultar un valor agregado para la política exterior y las condiciones estructurales de una nación. No todo puede resolverse desde la comunicación. El postulado contrario es más bien una quimera que este estudio desea evitar. El fracaso de ciertas políticas públicas puede en parte explicarse por falencias comunicacionales. Pero el éxito de las mismas difícilmente será mérito exclusivo de una o varias estrategias de comunicación. Si la comunicación puede asistir a la política a través de la diplomacia como canal de expresión, esa utilidad estará signada por la búsqueda de nuevas condiciones para el desarrollo en el caso de los países con economía emergente o en vías de industrialización. El concepto de desarrollo al que alude este estudio cuando supone que la comunicación puede contribuir a la mejora de una
En las cláusulas 15 y 18 de la Declaración se lee: “Estamos comprometidos con el enfoque multilateral para hacer frente al reto actual del desarme, la no proliferación y el control de armas, en particular de las armas nucleares, químicas y biológicas. Por lo tanto promovemos la instrumentación, la universalización y el fortalecimiento de los mecanismos de desarme y de no proliferación, fortaleciendo el papel de las Naciones Unidas. (…) [E]n la lucha contra el terrorismo no debemos destruir lo que defendemos. Los derechos humanos, el derecho humanitario internacional, las libertades fundamentales y el Estado de Derecho deben ser respetados plenamente en la lucha contra el terrorismo.”
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nación, es un concepto amplio que no se reduce sólo a su aspecto económico. Así, las cuestiones del desarrollo económico y social y de los derechos humanos suelen ser importantes ejes temáticos en las relaciones internacionales de los países periféricos. I.1. Configuración de una política exterior Cada período histórico sugiere nuevas reglas de comportamiento internacional. Como ya se dijo aquí, no es posible alienarse del contexto histórico ni de la estructura mundial para comprender la dinámica del sistema global. De modo que es posible establecer algunos criterios para la configuración de una política exterior que se ajuste a las necesidades de cada realidad nacional, a saber: a) la posición del actor estatal en la economía regional y mundial; b) su posición geoestratégica. Respecto de la primera opción, los modelos de inserción puestos en marcha por países latinoamericanos han respondido a la interacción de dos variables. Por un lado, las condiciones sistémicas, entre las que no pueden marginarse las de orden político (unipolaridad, multilateralismo, interdependencia); por el otro, los paradigmas económicos que dominaron cada época (keynesianismo, neoliberalismo) y promovieron diversos tipos de modelos de desarrollo e inserción internacional (Bernal-Meza 2005, 49). Luciano Tomassini señaló algunos factores reales de los que depende la orientación, la calidad y el vigor de una política exterior: 1) su visión acerca de las características que presenta el sistema internacional en un momento determinado y de las oportunidades y limitaciones que plantea; 2) su relación con la sociedad y con la historia, es decir, con la estructura social, la cultura política y el régimen de gobierno heredados del pasado histórico y con su visión respecto del futuro; 3) las principales áreas de articulación externa de cada país, que definen los intereses que integrarán su agenda internacional, y la jerarquía existente entre los mismos; 4) el peso interno de la política exterior; esto es, la importancia que esta tiene en la estrategia de desarrollo; 5) el hecho de cuán activa o pasiva es esa política y 6) la organización institucional con que cuenta el país para formularla y llevarla a cabo. En síntesis, la articulación entre agenda, objetivos y estilo. Tomassini también detalló los aspectos que diferencian la política exterior de los países. Se refirió a i) la agenda internacional, entendida como los intereses que los países persiguen en su accionar externo; ii) los objetivos, como la posición que la nación desea alcanzar o el estado de cosas que quiere lograr; iii) el estilo que caracteriza la aplicación de esa política que, por ejemplo, remite a su carácter activo o pasivo, de choque o conciliador, etc. En esta última variante, la del estilo, ubicaremos a la diplomacia pública como canal de expresión para los objetivos de la política exterior trazados en los dos primeros puntos (los aspectos i y ii de la política exterior argentina serán analizados en el capítulo IV). La importancia de una nación ya no se mide únicamente en los términos realistas de acumulación de poder y aislamiento para controlar procesos externos, sino más bien a través de su capacidad para participar activa y efectivamente en los asuntos mundiales mediante el uso de todos los foros multilaterales posibles. Es en la categoría estilo que la diplomacia pública podría favorecer el desarrollo gracias a su capacidad para incrementar la voz propia de los países menores en política internacional y en los debates de la arena global. Se trata de hallar los caminos para aumentar la participación en las decisiones mundiales e incidir en su agenda aportando las prioridades que surgen en las zonas relegadas del planeta. Influir en los asuntos globales es hoy un desafío frente a una agenda global prácticamente copada por temas vinculados al terrorismo; una suerte de “securitización” del mundo que muchas veces margina los debates vinculados con la cooperación Norte-Sur, el desarrollo, el medioambiente y los derechos humanos y socio-económicos. En los países industrializados “el énfasis de la política exterior [ha] estado en los problemas estratégicos o geopolíticos, ocupándose su política exterior, esencialmente, de los problemas de la seguridad y del conflicto. En cambio, en los países más pequeños –tal el caso de los latinoamericanos- el énfasis ha estado en la dimensión económica de las relaciones internacionales” (Bernal-Meza 2000, 366). Durante la segunda mitad del siglo XX, finalizada la Segunda Guerra Mundial y agotada su relación comercial preferencial con la ex potencia Gran Bretaña, la Argentina adoptó un paradigma en política exterior signado por una agenda que impulsaría su elevada participación en la acción internacional. El país fue probablemente el primero en foros internacionales en señalar que las reglas de juego del orden económico mundial convenido a partir de la segunda posguerra no

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estaban pensadas para beneficiar a las naciones en vías de desarrollo. “Desde los primeros momentos de su actuación dentro del sistema interamericano, la Argentina ha protagonizado el papel del país que más intensamente proclamó la necesidad de una cooperación económica en la región, sosteniendo desde 1947, frente a los que ponían el énfasis en la seguridad militar e ideológica, una posición según la cual los problemas de los pueblos latinoamericanos debían resolverse fundamentalmente a través de medidas económicas y sociales” (Lanús 1984, 200). En el marco de la contienda Este-Oeste, la posición del país se caracterizó por un elevado perfil en los foros mundiales en defensa de la paz y del desarme; la ampliación de las asociaciones comerciales extranjeras más allá de las ideologías imperantes; la oposición a los intentos por frustrar una redistribución del poder global y favorecer a los países subdesarrollados en el sistema financiero; el impulso de la comunión latinoamericana y la superación del tradicional modelo agroexportador con una gradual industrialización por sustitución de importaciones. I.1.1. La cultura política en los asuntos exteriores Se ha escrito aquí que las variables políticas internas condicionan la formulación de la política exterior de las naciones y que, por lo tanto, la diplomacia no debería marginar el rol de la cultura en la construcción y mejora de las relaciones internacionales. Los patrones de concepción que cada sociedad proyecta sobre sus objetos políticos (instituciones, estructuras, roles gubernamentales) configuran su particular cultura política, entendida como el sistema de creencias empíricas, símbolos expresivos y valores que define la situación en la que se desarrolla la acción política. Con esta premisa, la cultura política podría también definirse como la matriz de valores políticos, actitudes y comportamientos en cuyo seno se localiza el sistema político. Si se desagregan los componentes de este concepto se observa que, por su parte, los valores políticos encarnan la idealización conceptual de las normas de un sistema político considerado adecuado por una determinada sociedad; las actitudes son las orientaciones de la sociedad respecto de los procesos políticos; y las conductas la forma en que, individual o colectivamente, los ciudadanos aplican sus valores y actitudes en situación concretas (Ebel 1990). Este conjunto de valores políticos, actitudes y comportamientos puede incidir en el tenor de las relaciones internacionales y orientar la conducta exterior de los países. Así, en las políticas de largo plazo anidarán valores culturales estables que fundamenten –o contradigan- visiones de Estado más allá de las coyunturas gubernamentales. En cambio, en los programas estratégicos de mediano plazo y en las acciones externas tácticas concretas y reactivas es posible encontrar variables circunstanciales, de mutación periódica, tales como la posición de los actores internacionales, sucesos externos no previstos y relaciones comerciales. En particular, la influencia de la cultura política en la política exterior toma cuerpo al considerar tres dimensiones distinguidas por John Lovell (1990) –en la tabla 1 se reproduce el esquema propuesto por el autor. La primera dimensión descansa sobre los mitos fundacionales asociados a la historia de una nación, compartidos por líderes y ciudadanos, además de una cierta visión del rol y posición del país en los asuntos mundiales. Entre los argentinos, por ejemplo, supo hallar difundida aceptación la idea de una Argentina primus inter pares en la región gracias a su acción decisiva en las batallas independentistas del Cono Sur a comienzos del siglo XIX -que incluyen la liberación de Chile y Perú-, su componente demográfico europeo y sus otrora tradicionales altos índices de calidad en la enseñanza pública. Ya el ex presidente interino de la Argentina, Eduardo Duhalde, gustaba decir en 2002 que el país estaba “condenado al éxito” (cfr. Marini 2004). La idea retomada por el mandatario reavivaba la tradición mesiánica que a comienzos del siglo XX ancló tanto en la Argentina como en Brasil, la de dos países con un destino imperial cuya convivencia en un mismo espacio se presentaba traumática. Otro ejemplo es EE. UU., cuya emergencia mundial a fines de 1890 se apoyó en la idea de que el orden internacional podría construirse sobre la base de valores modernos propios como la industrialización y una civilidad liberal y democrática. Con el eurocentrismo y su equilibrio de poderes en el ocaso, el idealismo del presidente Woodrow Wilson en la primera posguerra buscó un nuevo orden apoyado en conceptos universales de cooperación y diálogo entre naciones, una visión global de interacción cultural como convergencia de valores, abolición de la diplomacia secreta y valoración de la opinión pública mundial (Ninkovich 1990). Las actuales intervenciones militares estadounidenses en el mundo aún se sostienen en nombre de “la libertad (v.g. Enduring

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Freedom) y la democracia”. La retórica estadounidense del “destino manifiesto” y el rol de “faro del mundo” (guiding light) opera como un significativo soporte mítico-cultural para justificar sus acciones en política exterior. La segunda dimensión a considerar por sus efectos sobre la política exterior es la que contempla la imagen –estereotipos- que las élites políticas y los ciudadanos se forman de las demás naciones, en particular de sus vecinos, de las distintas regiones del mundo y de otros actores de la política mundial, como los organismos internacionales. La voluntad argentina de imprimir nociones de patriotismo en la educación geográfica de fines del siglo XIX y principios del XX incluyó la descripción del país como un Estado vulnerable rodeado de vecinos inestables como Chile y Brasil y otros amenazantes para las fronteras de la república. Un decreto del ministerio de Justicia y Educación argentino de 1888 instó a los docentes a remarcar a los alumnos que la nación afrontaba numerosos peligros por parte de los países vecinos. La alimentada sensación de perenne peligro externo legitimó posteriores narrativas geopolíticas sobre la declinación económica y la marginalidad creciente de la Argentina en los asuntos mundiales a partir de los años treinta, como así también las doctrinas de seguridad nacional de mediados de los setenta. Durante decenios, los militares argentinos abrevaron en la geopolítica germana del “espacio vital” (Großraum), teorizada por Carl Schmitt y aplicada durante el Tercer Reich, según la cual un Estado, que existe como una entidad política, debe siempre identificar correctamente a sus enemigos para preservar su propia forma de existencia. La formula sirvió también para reforzar la unidad interna del Estado, de los habitantes del territorio. La preocupación por una supuesta intención de Brasil de expandir sus dominios en el Río de la Plata, vinculada con la idea de una injusticia territorial postcolonial y con la violación del Tratado de Tordesillas17, se propagó hasta comienzos de la década de los ochenta, como se lee en los escritos geopolíticos de militares argentinos que describen la frontera como una fuerza al servicio de las contingencias políticas, una isobara que establece el equilibrio entre dos presiones (Dodds 2000, 170). Después de décadas de desencuentro por mutua desconfianza y recelo, la Argentina y Brasil han pasado de una relación de confrontación subsistente a otra de cooperación comercial y asociación política estratégica18. Esta transición demuestra cómo un valor negativo de percepción impulsó una acción exterior para revertir, en lugar de profundizar, el camino del desencuentro. Similar es la mutación del vínculo bilateral argentino-chileno, que hasta comienzos de la década anterior estuvo amenazado por desencuentros militares y territoriales, como los veinticuatro litigios fronterizos verificados en el siglo XX. Una tercera dimensión de la cultura política, teorizada por Lovell, consiste en la institucionalización de los hábitos y actitudes que conciernen a la resolución de conflictos interpersonales. En este sentido, la conducta de la política exterior podría adoptar normas culturales que establezcan pautas para la resolución de problemas, vinculadas con creencias y actitudes profundas sobre el sentido del compromiso y de la conflictividad en asuntos humanos. La última dictadura argentina no hubiese aceptado sin reparos el arbitraje papal en su conflicto limítrofe con Chile sin su autoproclamada condición de “occidental y cristiana”. George Kennan, ex consejero de la Casa Blanca y teórico del realismo en política internacional, ofreció otro ejemplo de esta tercera dimensión cuando señaló la tendencia recurrente entre los hacedores de política exterior de su país hacia un abordaje legal-moralista de los problemas internacionales. Encontró parcial explicación a este fenómeno en el fuerte impacto que la profesión de abogado o de experto en leyes produjo entre los hombres de Estado. Tratándose de un pragmático de las relaciones internacionales, esta observación de Kennan tiene el sabor de una crítica implícita a sus pares.

El Tratado de Tordesillas demarcó el reparto del mundo apenas descubierto y del mundo todavía por descubrir entre los reyes de Castilla y Portugal. Se formalizó mediante un acuerdo firmado el 7 de junio de 1494 en la localidad española de Tordesillas y con él ambos reyes se comprometieron a cumplir una serie de cláusulas para repartirse el Océano y delimitar las fronteras africanas. En 1506 el Tratado fue confirmado por una bula papal de Julio II, a pedido del rey portugués Manuel I que reclamaba la pertenencia de Brasil luego de que fuera descubierto por el reino de Castilla. 18 Para profundizar sobre la historia de la relación argentino-brasileña, ver RUSSELL, Roberto; TOKATLIÁN, Juan Gabriel (2003). El lugar de Brasil en la política exterior argentina. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica y LAFER, Celso (2002). La identidad internacional de Brasil. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

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Tabla 1. Variables en la formación de la política exterior

Estabilidad relativa

Cambio periódico

Cambio frecuente

Factores geográficos (geopolítica) Factores demográficos

Patrones de intercambio Alianzas “Reglas” de la diplomacia

Oportunidades desafiantes externas Eventos domésticos, demandas La agenda de políticas

Forma de gobierno Organizaciones internas Sistema económico Políticas y personal Cultura y subculturas Opinión pública Mitos, ideales, intereses Imagen de los otros Hábitos en la resolución de conflictos

Estas variab les pued en expli car

Políticas de largo plazo

Políticas de corto plazo, programas Feedback

Acciones específicas, decisiones

Los valores políticos, actitudes y comportamientos pueden ser comunes a varios países, dando lugar a una cultura política regional. Por ejemplo, analistas internacionales han reconocido en la tradición caudillista, el militarismo y el machismo denominadores comunes de la cultura política de América latina. La presencia colonial del Imperio español legó a la organización institucional de la región una visión tomista del cuerpo social, una filosofía política organicista que abrevaba en la tradición aristotélica según la cual la buena sociedad estaba adecuadamente ordenada como comunidad jerárquica hecha de elementos sociales gubernamentalmente sancionados, cada uno desempeñando una función propia e indelegable en una sociedad orgánicamente integrada. La finalidad de este orden social era la consecución del bien común, administrado por una élite en cuya cúspide un líder -monarca, caudillo, dictador- era garante del orden y del bien de la sociedad. Esta herencia española habría sentado en América latina las bases institucionales para la construcción de sociedades compactas, ordenadas y balanceadas que desalentaban la competencia entre los actores. Un complejo de instituciones que reflejaría los principios hispánicos de gobierno -organicismo, patrimonialismo, personalismo y monismo político- en oposición al pluralismo republicano orientado hacia la armonía entendida como proyecto social no competitivo que puede ser impuesto desde arriba. Sin embargo, la propia rigidez del monismo frente al cambio y a la alternancia política, construye al interior de su sistema resistencias que causan su desestabilización. Dicha dicotomía se vería en parte reflejada en la tradicional alternancia de gobiernos dictatoriales y democráticos en América latina. Las consecuencias sobre la doctrina, la política exterior y la práctica diplomática de los países del área serían la oscilación entre

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reafirmaciones nacional-populistas radicales y la alineación total con los actores más poderosos del sistema (Ebel op. cit.)19. Sin embargo, no debe subestimarse la influencia que la tradición de valores políticos pluralistas de las revoluciones norteamericana y francesa del siglo XVIII ejercieron en los intelectuales latinoamericanos de la independencia y de la posterior construcción nacional, evidente en el caso argentino. Por ejemplo, autores extranjeros aseguran interpretar en los tratados de integración territorial de Domingo Sarmiento (Argirópolis: O la capital de los Estados Confederados del Río de la Plata -un diseño de organización política para la Argentina y la región), por ejemplo, un proyecto amplio que suponía por parte de la Argentina la búsqueda de inspiración en el liberalismo europeo como forma de contrarrestar el legado español de caudillismo que algunos autores identificaron con el gobierno de Juan Manuel de Rosas (cfr. Dodds op. cit., 154). De igual modo evidente fue la influencia intelectual de los representantes del pensamiento político italiano del Risorgimento20 en la construcción de la Argentina moderna sobre una base republicana y liberal en el siglo XIX. Este debate que a la sazón agitaba a Italia fue transmitido por italianos presentes en la Argentina antes de la gran inmigración, la mayor parte de ellos periodistas. De los nueve miembros de la Primera Junta de 1810, tres eran hijos de italianos: Manuel Belgrano, Manuel Alberti y Juan José Castelli. Al momento de conducir la organización nacional de la República Argentina, particular relieve mereció el pensamiento de Giuseppe Mazzini, cuyo movimiento cultural Joven Italia (1831), orientado a fundar un república italiana unitaria, fue inspirador para políticos como Bartolomé Mitre y otros pregoneros libertarios enfrentados a Rosas. La coincidencia de principios con la logia de Mazzini se intensificó cuando el escritor Esteban Echeverría fundó en Buenos Aires la Joven Argentina y la Asociación de Mayo; sus respectivas actas fundacionales poseían análogas bases filosófico-políticas. Influyente fue también la figura de Giuseppe Garibaldi, el “héroe de los dos mundos”, cuya amistad con Mitre fue documentada y a quien se recuerda en cada comuna argentina con una plaza o calle que lleva su nombre, tal como sucede en la Italia moderna.

Datos recientes confirmarían la particular cultura política de la región. El informe de 2004 de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos indicó que “la democracia [en América latina] se encuentra en un estado de incertidumbre y de precariedad”. Otro documento de 2004 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo demostró que la proporción de latinoamericanos propensos a sacrificar un gobierno democrático a cambio de avances económicos y sociales reales supera el 50%. A estos resultados se sumaron las estimaciones del mismo año de la ONG chilena “Latinobarómetro”, según las cuales el respeto por los partidos políticos ha disminuido claramente y la participación en las elecciones se reduce. Concretamente, el respaldo a la democracia pasó de 61% en 1996 a 53% en 2004. El número de personas indiferentes al tipo de régimen político pasó de 16% a 21% durante el mismo período. 20 Nombre con el que se conoce al proceso de unificación territorial del reino de Italia, en 1861.

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II. La dimensión comunicativa del poder en las relaciones internacionales. El Emirato de Qatar, en 1996, lanzó desde su territorio la red de noticias Al Jazeera (en castellano “La península”), exclusivamente financiada por las arcas del Estado, al margen de la competencia comercial. Desde el 15 de noviembre de 2006 esta señal árabe compite con CNN y BBC mediante su versión en inglés (Al-Jazeera English TV). Transmite para Occidente desde Asia. Si bien la señal goza aún de una elogiable libertad editorial (invita a políticos israelíes para que expongan la cuestión hebrea; debate la condición de la mujer; discute sobre la conveniencia de hospedar bases americanas en el propio territorio), es para Qatar un instrumento de poder en un mundo árabe y persa atestado de mutuas rivalidades. Se dijo ya que la gestión de los asuntos internacionales no es prerrogativa sólo de los Estados que poseen fuerza militar o una economía desarrollada. Los países pueden valerse de sus recursos de soft power (comunicación, información, cultura, medios) para intentar modelar la agenda informativa y orientar las preferencias de otros actores. El concepto pertenece al académico Joseph Nye, quien adoptó la idea de “poder suave” luego de distinguir los diversos medios usados para influir en el comportamiento de terceros y obtener objetivos deseados. Tres son los medios que Nye cita para este fin: la coerción (amenazas por la fuerza; un ejemplo puede ser la política realista de “palos y zanahorias” aplicada por EE.UU. en la URSS, durante la Guerra Fría), los pagos (incentivos económicos; en su momento el Plan Marshall) y la atracción (el soft power). En el marco de una estrategia de comunicación, un país puede contarse al mundo valiéndose de su atractivo: incrementar el prestigio internacional (más allá de sus elementos de poder real); aumentar la influencia política sobre otras naciones; ofrecerse como destino turístico; promover exportaciones y atraer residentes e inversores -la tasa de inversión no está sólo vinculada con factores económicos como el nivel de productividad o el crecimiento del PIB; depende en gran medida de las expectativas políticas de los inversores sobre las certezas de las reglas de juego. La eficiencia y el despliegue de las facultades del soft power por parte de países menores (o, como diría Waltz, por parte de las “unidades de menor capacidad”) dependerán del escenario mundial que en deberán actuar; un teatro realista, donde la fuerza es el motor de las relaciones internacionales, ciertamente reducirá el espacio para acciones en el plano comunicacional, de ahí la pertinencia del capítulo anterior en este libro. Pero la idea de instrumentos intangibles de poder, mundializada por Nye en sus publicaciones, encuentra ya antecedentes en el pensamiento político italiano de comienzos del siglo XX. Antonio Gramsci, uno de los padres del comunismo italiano, identificó a los Aparatos Ideológicos del Estado (AIE) como instituciones que ejercen una hegemonía simbólica, intelectual y cultural sobre los ciudadanos en las sociedades modernas. Esta idea fue más tarde retomada por pensadores de tradición marxista como el francés Louis Althusser. El concepto considera AIE a sistemas institucionales tales como el eclesiástico, el escolar -tanto público como privado-, el políticopartidario, el sindical, el complejo informativo -que incluye a todos los tipos de medios masivos de comunicación-, el familiar, el jurídico y el cultural -literatura, arte. Lo que diferencia a los AIE de los aparatos represivos del Estado -ejército, policía- es su facultad para ejercer un poder simbólico sobre la población, una violencia de tipo ideológica y no material. Así, el Estado comprendería dos cuerpos: el de las instituciones que encarnan su aparato represivo y el de aquellas que actúan a nivel simbólico. El soft power de un país va más allá del control gubernamental; se extiende a la cultura popular y a los actores privados de la sociedad civil. Como recurso, puede abrevar en al menos tres fuentes: la cultura (en aquellos aspectos que resultan atractivos para otros), los valores políticos (cuando son ejemplos en el extranjero) y la política exterior (cuando es vista como legítima y provista de autoridad moral). Valores tales como la promoción de la democracia y de los derechos humanos son mejor alcanzados por este tipo de poder. El poderío económico o militar no es garantía ni requisito para ejercer la capacidad de atracción. Italia, por ejemplo, no es potencia militar y su economía en el marco de la UE ha descendido, pero alberga en su interior más de la mitad del patrimonio cultural mundial, por lo que sigue siendo modelo de atracción. La Península posee la mayor parte de las riquezas artísticas del planeta, secundada lejanamente por España que, por sí sola, no alcanza a ofrecer el patrimonio que alberga la región Toscana, al norte de Italia.

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II.1. Hacia una diplomacia postestatal “Hoy en día los países se relacionan entre sí mucho más sobre la base de contactos interpersonales que intergubernamentales. El poder de la gente se volvió tan importante como la política”. La declaración pertenece a Robert Ratcliffe, el inglés que en 2000 dirigió desde el British Council una encuesta mundial para evaluar la imagen exterior del Reino Unido. La muestra incluyó a más de seis mil jóvenes líderes en treinta países. Los Estados nacionales ya no son capaces de controlar por sí solos la política mundial. La agenda de los países es cada vez mayor, multitemática y polisémica. Un desafío para las tradicionales estructuras organizacionales de las cancillerías. La multiplicación de la llamada sociedad de la información desafía el protagonismo del clásico modelo de vinculación sólo interestatal en las relaciones internacionales, a favor de otro, quizá algo más caótico, marcado por la injerencia de nuevos actores participantes en la comunicación. La promoción de relaciones más allá de los Estados nacionales, rasgo distintivo de la diplomacia pública, coincide con el cuestionamiento de la pertinencia del pensamiento realista en relaciones internacionales, según el cual es la lucha entre los Estados por el poder lo que mueve al mundo; una visión Estado-céntrica, de origen decimonónico, ya teorizada por Hans Morgenthau en Política entre las Naciones (1948), el texto basal del pensamiento realista. La otrora figura dominante del Estado territorial está siendo complementada por nuevos actores transnacionales. Un funcionario de la Comisión de Asuntos Exteriores de la UE observó que “a diferencia de lo sucedido en siglos anteriores, en efecto, la geopolítica de nuestro siglo XXI viene determinada cada vez en mayor medida por las relaciones de interdependencia de los diversos bloques regionales, por lo general dentro del marco multilateral constituido por las Naciones Unidas” (Salafranca op. cit., 23). La diplomacia pública podría ser compatible con el enfoque de Robert Keohane sobre la interdependencia compleja, un sistema político mundial extenso, pleno de convenciones y de acuerdos, en cuyo seno el sistema estadual es sólo una parte, nunca la totalidad. La característica clave de este paradigma es la “expectativa de la ineficacia del uso o la amenaza de la fuerza entre los Estados; una expectativa que ayuda a crear apoyo para las convenciones o regimenes que deslegitiman las amenazas de fuerza (…). La interdependencia compleja ejemplifica el papel de las expectativas y las convenciones en la política mundial, y en consecuencia de las instituciones (…) en los sistemas internacionales relativamente institucionalizados, los Estados pueden ser capaces de ejercer influencia remitiéndose a normas diplomáticas generalizadas, a las redes financieras transnacionales legalmente institucionalizadas y a aquellas instituciones internacionales conocidas como alianzas (…) las acciones estatales dependen, considerablemente, de los acuerdos institucionales prevalecientes” [el destacado es mío] (Keohane 1993, 25)21. Además de la revolución de las comunicaciones, Hans Tuch (1990) enumera otras cuatros razones históricas para el surgimiento de una nueva diplomacia: la creciente relevancia de la opinión pública en la arena internacional debido al acceso masivo a la información; la proliferación de nuevos Estados luego de la Segunda Guerra mundial con los que entablar relaciones diplomáticas; las pujas ideológicas que obligaron a las democracias a competir en el terreno global de las ideas; la importancia de las percepciones tanto como de la realidad (los estereotipos). La búsqueda de preeminencia en el campo internacional es más que una lucha por la supremacía
Conviene siempre recordar la salvedad ya apuntada: la cuestión de si las relaciones son “mutuamente beneficiosas”. Como el mismo Keohane advierte, resulta aún ambiguo determinar si las relaciones entre las naciones industrializadas y aquéllas en vías de desarrollo pueden o no considerarse interdependientes. La pretendida interdependencia entre las economías industrializadas y las periféricas puede funcionar sobre la base de una endémica asimetría en los términos de intercambio y las relaciones de producción; un tipo de interdependencia que persiste gracias a la reproducción de las desigualdades entre las naciones. A su vez, el desestimar las variables analíticas del realismo en relaciones internacionales sería no sólo ingenuo, sino también inconducente desde el punto de vista metodológico. De hecho, la importancia que el realismo concede al poder, los intereses y la racionalidad de la acción de los Estados sigue siendo válida para la comprensión de la política mundial. Keohane es uno de los representantes más visibles de la escuela liberal en los estudios de las relaciones internacionales; una escuela que mira al mundo con un enfoque grociano, por la mirilla de los intercambios comerciales y los flujos financieros, de las ONG, de las corporaciones multinacionales, de los actores no estatales que configuran las reglas del sistema mundial que, de esta manera, no queda librado sólo al arbitrio de los Estados.
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militar o por el dominio político; es también una pugna por la mente de los hombres. Ya los realistas de la segunda posguerra llegaron a esta conclusión, influenciados por la batería propagandística nazi, soviética y estadounidense. La diplomacia tradicional, secreta, ambigua y equidistante de Morgenthau, aquella de “doble vía”, de intercambio formal de mensajes entre Estados soberanos, con estilo generalmente monárquico o presidencialista, personalizada en figuras de líderes, que discriminaba el tratamiento de asuntos políticos respecto de los que consideraba cuestiones de “baja política” -como medioambiente, cultura-; cede ahora su lugar a otra más compleja, que articula cualidades multimediáticas, actores transnacionales no estatales, instituciones no gubernamentales y profesionales interdisciplinarios (ver diferencias entre ambos tipos de diplomacia en la tabla 2). Este nuevo estilo sería también una forma de incentivar la participación y el compromiso del sector privado. “Las naciones autónomas no inundan de espías a los estados vecinos, ni abren las puertas a la intriga –dijo ya el ex presidente Woodrow Wilson ante el Congreso estadounidense, cuando solicitó la declaración de guerra contra Alemania, en 1917-. Afortunadamente, la subsistencia de tales grupos resulta imposible en estos ámbitos donde la opinión pública expresa la última palabra e insiste en recibir información cabal de todos los asuntos relacionados con la nación.” Algunos académicos consideran el fin de la Primera Guerra Mundial como el período en que se produce la transición de la diplomacia secreta a la pública. La posición de Wilson en la primera posguerra proponía la actuación de “acuerdos abiertos” (open covenants) como oposición a la restringida práctica diplomática precedente, plena de pactos secretos cuyas cláusulas eran conocidas sólo por los monarcas, jefes de gobierno o élites nacionales (cfr. Martínez Pandiani 2006, 50-51). Sin embargo, a mi juicio, si aquel hubiese sido el auténtico nacimiento de una diplomacia transparente, la Segunda Guerra no hubiese tenido lugar. Dado que esto no fue así, en rigor de verdad, podríamos comenzar a hablar de una auténtica diplomacia pública sólo al final de las intrigas y la opacidad de la Guerra Fría, es decir, a partir de 1991. Lo anterior sería, más bien, una forma de propaganda política internacional. Pero la idea de que la publicidad en las relaciones internacionales constituiría un factor de paz, fue codificada en el preámbulo del Pacto de la extinta Sociedad de las Naciones (el prototipo de Naciones Unidas), nacida en las postrimerías de la Primera Guerra. El repudio a la diplomacia secreta se manifestó en el artículo 18 del tratado, que obligaba a los Estados miembros a registrar en la secretaría del Organismo, para su publicidad, todos los compromisos internacionales celebrados entres ellos (cfr. Moncayo 1997, 147). En este sentido, que promueve la publicidad de la diplomacia, la Comisión para la Diplomacia Pública del Departamento de Estado de EE.UU. reconoció que debe modernizarse la Smith-Mundt Act, una ley de 1948 que prohíbe al gobierno estadounidense exponer a sus ciudadanos los programas de la diplomacia pública (cfr. USACPD 2005). En concreto, la US Information and Educational Exchange Act (su verdadera denominación) establece un límite a la distribución en el país de información oficial destinada a audiencias extranjeras. Los contenidos de la emisora gubernamental Voice of America (VOA), que transmite hacia Europa, quedan enmarcados en las disposiciones del Acta22. El concepto de secreto es ajeno a la nueva diplomacia pública. La diplomacia pública bien puede representar un oxímoron, un paradojal desafío impuesto por la era de la publicidad.

La sección 501(a) del Acta establece que “la información producida por VOA para audiencias fuera de los Estados Unidos no será diseminada dentro de los Estados Unidos (…) pero, a pedido, estará disponible en inglés en VOA, en todo momento siguiendo su lanzamiento como información en el exterior, para ser examinada sólo por representantes de asociaciones estadounidenses de prensa, periódicos, revistas, sistemas de radio, estudiantes de investigación y especialistas, y, a pedido, sólo a miembros del Congreso. La Ley prevé además la organización de los centros binacionales de intercambio estudiantil y atañe a los particulares del programa de becas Fulbright.

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Tabla 2. Diferencias entre diplomacia tradicional y pública Diplomacia tradicional Nivel de difusión / publicidad Actores Gobiernos, ministerios de Asuntos Exteriores, diplomáticos Destinatarios Temática (issues) Gobiernos, políticos, funcionarios diplomáticos Vinculada con la conducta y las políticas de gobierno Opaca, difusión restricta Diplomacia pública Transparente, altamente difundida Gobiernos, diplomáticos, empresas, instituciones, ONG Opinión pública, audiencias extensas selectas Vinculada con actitudes y conductas del público

Cuando las nuevas tecnologías de la información permitieron a los medios llegar a audiencias extranjeras y transmitir en directo desde puntos lejanos, los procesos de toma de decisión en política exterior sufrieron una alteración. Media diplomacy (diplomacia de los medios) es el término angloamericano para definir esta injerencia mediática en el campo de la diplomacia y se refiere a la facultad de los medios para introducir temas en la agenda internacional e influir en los tiempos de acción gubernamental mediante la presión ejercida por la opinión pública local; una suerte de presión vicaria. Un soldado estadounidense muerto en la guerra de Vietnam; otro arrastrado de los cabellos por civiles en las calles de Mogadiscio; otros quemados vivos y sus restos carbonizados exhibidos como trofeos de guerra por iraquíes; el ejército chino masacrando estudiantes ante las cámaras del mundo en la plaza de Tiananmen; una periodista de la CNN denunciando un nuevo holocausto en Bosnia cuando Clinton acababa de anunciar que “no somos la policía del mundo”; gendarmes apaleando ancianos en la plaza de Mayo en Buenos Aires. Todas imágenes que movilizan a la opinión pública e impelen a los gobiernos a gestionar inteligentemente el flujo de la información y a adoptar acciones concretas de política exterior para satisfacer a sus comunidades. En términos generales, la media diplomacy se desarrolla según el siguiente silogismo: los medios seleccionan los contenidos a difundir (noticias); enfatizan algunos conflictos internacionales y acallan otros; la opinión pública presiona para que se tomen medidas inmediatas sobre los conflictos que reciben cobertura mediática; dichos conflictos pasan a formar parte de la agenda política internacional (Diodato op. cit., 41-43). Nik Gowing, periodista estadounidense, escribió que “los funcionarios confirman que a menudo la información les llega primero por televisión o servicios de noticias de texto, mucho antes de que los comunicados oficiales diplomáticos o militares puedan proveer datos, precisión, clarificación y contexto”. Esto se ve en el filme The Queen, que muestra cómo la familia real británica se entera al instante por televisión de todos los detalles de la muerte de la princesa “Lady D”. El ex presidente George Bush padre fue más lejos cuando ironizó acerca de que aprende más de la CNN que de la CIA y su secretario de prensa, Marlin Fitzwater, declaró que “en muchas crisis internacionales, virtualmente apagamos el Departamento de Estado y la oficina de trabajo… Sus informes siguen siendo importantes, pero no llegan aquí a tiempo para tomar la decisión fundamental” (Taylor 1997, 93, 94). La presencia de los medios en el territorio puede disparar la escalada de un conflicto. El conflicto diplomático argentino-uruguayo por la construcción de papeleras en el Río de la Plata ha sumado cuotas de presión pública debido también al espacio que los noticieros daban a los manifestantes que a diario cortaban las rutas binacionales. Se suma como antecedente el caso de la médica cubana impedida de abandonar la isla para visitar a sus nietos en Buenos Aires, conflicto por demás mediático que aumentó las tensiones bilaterales entre dos gobiernos. Después de la polémica Cumbre de las Américas con sede en la Argentina, en noviembre de 2005, los medios favorecieron la escalada de las ásperas declaraciones entre los ex presidentes Néstor Kirchner, de Argentina, y Vicente Fox, de México, por sus diferencias conceptuales entre la integracional regional del Mercosur y la propuesta angloamericana de ampliar el NAFTA a una continental Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA).

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El medio se transforma en un activo agente diplomático. Compromete a todas aquellas prácticas que son posibles gracias a la existencia de los medios, como la de crear canales de comunicación entre gobiernos sin relaciones diplomáticas (como sucede entre EE. UU. e Irán y Cuba, o entre China y Japón); permitir a un Estado dirigirse a la opinión pública de otro evitando la interlocución con el estamento político; reforzar el costado espectacular de cónclaves internacionales entre jefes de Estado; etc. Si la política doméstica puede ser leída como una “guerra de percepciones” en la que los discursos batallan más que las acciones, pues también los asuntos exteriores pueden ingresar en esta lectura. Un sector de las teorías constructivistas de la posguerra Fría subrayó la capacidad del discurso de dar forma al modo en que los actores políticos se definen a sí mismos y a sus intereses y, por lo tanto, modifican sus conductas. A diferencia de las corrientes realistas y liberales, el constructivismo aplicado a las relaciones internacionales concedió a las ideas, los valores, la cultura, las identidades colectivas y la comunicación transnacional un rol central en la autopercepción de los Estados (cfr. Walt 1998, 41). En la diplomacia pública, herramienta del soft power, convergen varios elementos de comunicación política, marketing, gestión de la información. Como explica el académico italiano Alberto Bruzzone, la diplomacia pública presenta un alma doble que comprende tanto actividades culturales, como de información y de propaganda internacional (2005). Es una herramienta de política pública coordinada desde un gobierno que diversifica su rol de transmisor a través de los actores privados. Su objetivo es el de promover el interés nacional del país mejorando su percepción exterior; su destinatario es la opinión pública de naciones extranjeras que formen parte de un selecto grupo para los intereses del Estado emisor. Asimismo, esta diplomacia propende a establecer y mejorar el diálogo entre los ciudadanos de dos o más países. Como lo ha hecho en varios terrenos de la comunicación, EE. UU. ha sido pionero en el campo de la nueva diplomacia pública23, concepto que aún no se ha consolidado en el diseño de política exterior en América latina24. Su misma burocracia estatal dio vida a la U.S. Internatinal Communication Agency, más tarde rebautizada como U.S. Information Agency (USIA). La capacidad estadounidense de exportar su estilo de vida como valor a imitar (the American way of life) ha sido incluso estudiada por los intelectuales de izquierda de la Escuela de Frankfurt bajo las formas de “imperialismo –o neocolonialismo- cultural”. El Departamento de Estado comenzó a emplear el término public diplomacy y a desarrollar tareas de gestión de las percepciones ya antes de la Guerra Fría, aunque por entonces el sesgo ideológico reducía la diplomacia pública a la propaganda internacional, como compartimento estanco. Hoy este instrumento va más allá de los límites de la propaganda. Desde el 11 de septiembre de 2001, aunque no sólo desde entonces, EE. UU. tiene en el mundo islámico un difícil pero ineludible objetivo para su diplomacia pública. Entre diciembre de 2001 y enero de 2002 la consultora Gallup midió la imagen de EE. UU. entre 9.924 musulmanes en nueve países (Marruecos, Turquía, Líbano, Kuwait, Arabia Saudita, Jordania, Irán, Pakistán e Indonesia). El 53% de la muestra manifestó una imagen desfavorable del país en cuestión. Pero el dato inédito fue la elevada percepción negativa entre los habitantes de Arabia Saudita y Kuwait, dos países tradicionalmente aliados de EE. UU.

El primero en referirse académicamente a la diplomacia pública fue Edmond Guillon en 1965, decano de la Fletcher School of Law and Diplomacy de la Tufts University en EE. UU. El mismo año se creó la primera escuela de diplomacia pública del mundo, el Edward R. Murrow Center of Public Diplomacy, que llevó el nombre del periodista de la CBS que el presidente Kennedy convocó para dirigir la United States Information Agency, agencia que hasta 1999 funcionó como ente autárquico para, desde entonces, fundirse con el Departamento de Estado. 24 La excepción en la región parece ser la de Perú. A través de su embajada en Washington habilitó el “Departamento de Diplomacia Pública”. En su sitio de Internet se lee: “Siguiendo una nueva tendencia en la manera en cómo se desenvuelven las relaciones internacionales y la manera en que las embajadas se relacionan con el país ante el cual están acreditadas, la Embajada del Perú ha creado recientemente el Departamento de Diplomacia Pública. El principal objetivo de este departamento es la promoción del Perú en todos sus aspectos, desde la promoción de la cultura peruana, el turismo norteamericano hacia el Perú, la inversión extranjera, la imagen del Perú en la prensa y los medios de comunicación, su gastronomía, entre otros aspectos. Todos estos aspectos están centrados en un solo objetivo: resaltar el Perú en EE. UU.”.

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Los propios estudiosos estadounidenses admiten que “mientras las poblaciones musulmanas en general rechazan el terror y buscan la democracia y la libertad (…) tienen también una creciente antipatía por el gobierno de EE.UU. y sus políticas” (Amr 2004). “¿Por qué nos odian?’; ‘¿Cómo es posible que el país que inventó Hollywood y la Avenida Madison haya permitido que una imagen tan destructiva y parodiada de sí mismo se convirtiera en la moneda intelectual en el extranjero?’ (;) la dirigencia política en Washington sigue rascándose la cabeza mientras se pregunta por qué el país líder en publicidad, relaciones públicas y marketing parece no poder hacer un trabajo efectivo sobre sí mismo”. Las preguntas fueron formuladas por la académica Nancy Snow, ex miembro de la United States Information Agency, quien se da una respuesta precisa: “En 2002, el Congreso de EE. UU. puso en marcha el Acta de Promoción de la Libertad que se vale de intercambios internacionales, programas de asociación de ciudades, enseñanza del inglés y transmisiones mediáticas internacionales para lograr que los valores de EE. UU. sean compartidos por otros. Es lo que en parte el presidente Bush está prometiendo a la gente del Iraq post Saddam Hussein. A menos que el mundo vea coherencia entre lo que EE. UU. dice y lo que hace en el mundo, estos esfuerzos para promover la libertad quedarán en medias tintas, en el mejor de los casos (…). No necesitamos preguntarnos por qué los terroristas golpearon nuestro corazón económico y militar. Los valores de EE. UU. son más políticos, culturales y sociales. Esta batalla, entre intereses y valores, es una batalla entre la Realpolitik (el poder hace al derecho) y el Soft Power (el derecho hace al poder). La Realpolitik ha siempre ganado, porque un único superpoder puede cambiar las reglas del juego a su gusto. EE. UU. es tan poderoso que puede ser contradictorio en su política exterior y salirse con la suya. Más que por cualquier otra razón, es por esto que EE. UU. es hoy odiado” (Snow 2003, 369-374). En 2003 Rumsfeld formuló otro interrogante: “¿Estamos capturando, matando o disuadiendo más terroristas de los que las madrazas y los clérigos radicales están reclutando, entrenando y promoviendo en contra de nosotros cada día?” (Nye, op. cit.). El soft power podría ser el camino para librar esta competencia por las mentes y los corazones. En efecto, la actual estrategia de diplomacia pública estadounidense busca mitigar la antipatía del mundo islámico recordándole: a) el apoyo de EE. UU. a los musulmanes bosnios, kosovares y albaneses amenazados por la llamada “limpieza étnica” del gobierno serbio en los Balcanes, en 1999; y b) su apoyo al pedido de admisión en la UE de un país islámico como Turquía. Cuando en septiembre de 2005 Bush renovó la dirección de la subsecretaría de Estado para la Diplomacia Pública habló de “confrontar rápidamente la propaganda terrorista, antes de que los mitos tengan tiempo de echar raíces en los corazones y en las mentes de la gente de todo el mundo.” Una definición clásica de diplomacia es la del ya citado Morgenthau, quien la describió como “el arte de combinar los distintos elementos de poder nacional para que rindan el máximo efecto sobre aquellos puntos de la escena internacional que más directamente conciernen al interés nacional” (op. cit., 177). Los elementos del poder nacional a los que alude la definición son, para los realistas, objetivos y tangibles: la geografía, los recursos naturales (alimentos, materias primas -petróleo, gas-, la capacidad industrial y militar, la tecnología, la demografía). Así, el poder nacional es cuantificable, racional, y su disponibilidad determina los alcances de la política exterior de las naciones. A su vez, el interés nacional no admite una instancia superadora, algo así como un poder supranacional como el que hoy los europeos discuten en su camino hacia una constitución o un tratado continental. Uno de los principales rasgos que diferencia a la diplomacia pública de la tradicional, tal como se señaló, es precisamente la consideración de factores intangibles como constitutivos del poder nacional y su capacidad de dialogar con actores no gubernamentales, sean éstos individuos o instituciones. La comunicación con las sociedades civiles extranjeras es crucial porque ofrece la posibilidad de ejercer influencia sobre las acciones de sus respectivos gobiernos. La diplomacia pública establece un diálogo entre sociedades, entre pueblos, con la meta de mejorar el entendimiento y las percepciones mutuas (Rosales 1998, 2). Si bien se trata de una actividad impulsada a nivel gubernamental, esto no implica que sea la administración nacional el protagonista de este proceso de comunicación internacional. Los Estados nacionales más bien coordinan los roles de los distintos actores no gubernamentales que actuarán como un coro polifónico. Dicha multiplicidad de actores sociales bien puede ser el eco para la voz internacional de los gobiernos.

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De ahí que sea menester trabajar en colaboración con organizaciones no gubernamentales (ONG) y demás instituciones dotadas de prestigio en la población civil. Estas entidades suelen gozar de tres bienes fundamentales para accionar en la arena mundial: credibilidad, experiencia y sólidas redes de trabajo. El actual gobierno argentino, por ejemplo, procura rodearse de organizaciones de derechos humanos de reconocido prestigio en el exterior cada vez que debe comunicar al mundo avances en esta materia25. De este modo, el gobierno no habla sino a través de actores no estatales. La Comisión para la Diplomacia Pública del Departamento de Estado Americano llama a esta táctica “Third-party credibility”26. Muchas veces ha preferido que las medidas con esperada repercusión mundial fuesen primero anunciadas de modo extraoficial por las asociaciones locales interesadas, para luego encender la voz oficial que ratifica lo informado. Nancy Snow definió la cuestión de este modo: “La diplomacia pública no puede provenir en primer lugar del gobierno de EE. UU. porque son las imágenes de nuestro Presidente y de nuestros funcionarios las que predominan al momento de explicar las políticas públicas estadounidenses. El impulso oficial tiene su lugar, pero está siempre bajo sospecha o signado por pistas y códigos secretos. El recurso primordial para la campaña de imagen de EE. UU. debe provenir del pueblo estadounidense” (en Wolf 2004, 22). Una definición clásica de diplomacia pública fue conocida en 1990 y pertenece a Hans Tuch. Se trata de un “proceso del gobierno para comunicarse con públicos extranjeros en el intento de lograr entendimiento para las ideas e ideales de su nación, sus instituciones y cultura, como así también de sus objetivos nacionales y políticas en curso” (op. cit., 3). Es un proceso abierto, público, cuyo objetivo es promover el interés nacional por medio del entendimiento mutuo, informando y generando influencia en la opinión pública extranjera de naciones consideradas relevantes para el Estado que comunica. Una relación que se retroalimenta al permitir que la población conozca también la idiosincrasia del país objeto de interés. En la práctica, esta diplomacia tendrá que definir un grupo de naciones clave, que resulten relevantes para su estrategia de inserción mundial. No es cuestión de implementar prolongadas estrategias de comunicación con todas las audiencias allí donde el país tenga una representación diplomática. En el capítulo IV se mencionarán los países-objetivo de una posible estrategia de diplomacia pública para la Argentina. La diplomacia pública es un instrumento de promoción y vinculación que, sobre la base de la reciprocidad, busca favorecer la comprensión mutua a través de una comunicación bidireccional (Bruzzone op. cit.), con un flujo de información a dos entradas. El concepto de reciprocidad no sólo distingue a la diplomacia pública de la propaganda, sino que la vuelve congruente con un escenario mundial de cooperación, grociano, descrito en el primer capítulo, antes que con la sola competitividad de la Realpolitik. Esta nueva diplomacia no compite con el país que hospeda a la población de su interés, sino con otros, y lo hace por la atención de una misma opinión pública extranjera. A propósito del rasgo interactivo de la diplomacia pública, vale la pena recordar un pasaje del discurso del ex jefe de Estado italiano, Carlo Azeglio Ciampi, ante el Congreso argentino en oportunidad de su visita al país en 2001, cuando expuso un reclamo oportuno: “Los tiempos están maduros para una aceleración de las relaciones bilaterales. Italia lo auspicia y lo desea. La presencia de Italia en Argentina es una presencia de trabajo, de capitales, de cultura. Es conciente de ser y quiere cada vez más ser un factor de estabilidad y de desarrollo para la nación y la sociedad. Pero también queremos ver reforzada la presencia argentina y la colaboración bilateral en Italia. La amistad italoargentina no es una calle de una mano” (Otranto 2003, 31). Se trata de construir relaciones internacionales duraderas, de crear amarras interculturales entre las sociedades más allá de las esferas gubernamentales. Una forma de alcanzar públicos extranjeros sin tener que pasar por los gobiernos de sus países; de comunicar puntos de vista; buscar coincidencias en áreas de interés global, incluyendo una multiplicidad de actores; de
Durante la 61° Asamblea General de la ONU, en septiembre de 2001, la Argentina y Francia solicitaron a la comunidad internacional que apruebe el Proyecto de Convención Internacional para la Protección de las Personas Contra las Desapariciones Forzadas. A este propósito la delegación argentina se aseguró la presencia de un miembro de las Madres de Plaza de Mayo, organización que es símbolo mundial en el campo de los derechos humanos. 26 “Los partidarios de EE.UU. deberían ser estimulados a hablar en nuestro favor para comunicarse con públicos en el exterior. Estadounidenses expatriados, ciudadanos de prominencia internacional y ex participantes de programas de intercambio son todos excelentes recursos para profesionales de la diplomacia pública. Su conocimiento local, fluidez y presencia hacen de ellos fuerzas especialmente creíbles” (USACPD 2005).
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incrementar la familiaridad con el propio país, aumentando su apreciación, mejorando la lectura de sus potencialidades, promoviendo valores propios mediante la educación, el turismo y la cultura. La diplomacia pública es activa; no se agota en la dimensión reactiva. Se ocupa de mantener viva la presencia del país en los temas internacionales de agenda, intentando moldear las preferencias de las audiencias extranjeras en torno a su propia imagen. No se trata de esgrimir argumentos para ganar un debate o imponer una lectura forzada, sino de lograr un acoplamiento cultural, de sentido, entre las partes. Tampoco se trata de una distribución aleatoria de mensajes predeterminados para audiencias estándar. El propósito es construir relaciones de mediano y largo plazo sobre la base de estrategias de comunicación y vínculos interculturales. II.1.1. Confines con la propaganda ¿No es acaso la diplomacia pública un eufemismo de la propaganda? Los límites conceptuales se desdibujan y subsiste el debate. Para discernir entre ambos campos quizá sea conveniente distinguir las metodologías y los fines de cada una. El sociólogo estadounidense Harold Lasswell definió a la propaganda como “el control de las actitudes colectivas por medio de la manipulación de símbolos significativos (;) se ocupa del control de las opiniones y de las actitudes a través de la manipulación directa de la sugestión social” [el destacado es mío] (en Diodato op. cit., 27, 38). En principio, hay que decir que mientras la propaganda es también dirigida hacia la población doméstica, la diplomacia pública tiene como único destinatario a públicos extranjeros -aunque no niega al ciudadano local la posibilidad de estar informado al respecto-; busca promover el interés nacional mediante la comprensión, la información y la influencia de audiencias extranjeras. Por otra parte, la definición de Lasswell coloca en coincidencia a la propaganda con el paradigma conductista de la causa-efecto (soporte conceptual de hipótesis como la de la Aguja Hipodérmica o Magic Bullet), según el cual la respuesta del receptor era directamente proporcional al estímulo del emisor. Es en este marco que la palabra “manipular” adquiere su máximo sentido, el de “hacer hacer”, es decir lograr torcer conductas y comportamientos a voluntad. También en este contexto el receptor del mensaje es reducido a un objeto, mientras que para la nueva diplomacia de gobiernos hacia públicos extranjeros el ciudadano es un sujeto pleno, con un rol activo en la construcción recíproca del vínculo comunicativo. La diplomacia pública no busca imponer, desinformar ni manipular conductas, sino más bien convencer y compartir. No persigue la supresión de conceptos negativos del país en mentes extranjeras; por el contrario, busca la puesta en común y la explicación de los aspectos positivos. Tampoco puede controlar la cultura popular, sino sólo promocionarla. Descansa sobre el supuesto de que el otro nos comprenderá más y mejor si comparte nuestro mismo nivel de información. Se apoya en la habilidad de modelar las preferencias de las audiencias mediante una acción de atracción y seducción. Por lo tanto, la diplomacia pública avanza en un sentido opuesto al de la propaganda: cuanto mayor sea la difusión de información verídica, mayor será también la penetración cultural en el receptor. Así, el origen de la comunicación está siempre en el receptor; el primer desafío es entender al interlocutor y partir desde su misma posición en el mundo. Como escribió Tuch, “debemos entender las esperanzas, temores y complejos de los demás si queremos tener éxito en persuadirlos de entendernos” (op. cit., 10). La convulsión desatada en el mundo islámico en 2006 por las caricaturas europeas de Mahoma subraya la centralidad del conocimiento de la cultura del destinatario. El que este episodio haya puesto a prueba a la diplomacia danesa en Oriente Medio y zonas de África abre algunos puntos de reflexión teórica: a) desconocer la cultura del receptor de nuestro mensajes, ¿puede significar un punto de no retorno en las relaciones bilaterales?27; b) no debería sostenerse una comunicación de flujo unidireccional que infravalore el retorno del destinatario; c) la diplomacia pública ha de ser interactiva, un proceso bidireccional que recoja las percepciones que el otro tiene de quien emite; d) es menester evitar formas de compulsión evangélica sobre nuestro interlocutor como medio para imponer paradigmas exógenos o cosmovisiones propias. La táctica es siempre inducir, brindar los elementos suficientes de modo que el otro concluya por sí mismo sobre nuestras bondades.
Según Samuel Huntington, Occidente tendrá que “desarrollar un entendimiento más profundo de los supuestos religiosos y filosóficos básicos que subyacen a otras civilizaciones y las formas en que las personas en esas civilizaciones perciben sus propios intereses” (1993, 49).
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II.2. La opinión pública como actor global
“Yo creo exclusivamente en el gobierno de la opinión pública.” Lisandro de la Torre (1930).

El presidente estadounidense Woodrow Wilson lanzó un mensaje directo a los italianos, salteando a las autoridades nacionales, para explicar los fundamentos de sus propuestas de modificación territorial italiana en el marco de las conferencia de paz de Versalles. El presidente iraniano Mahmoud Ahmadinejad dijo en noviembre de 2006, en medio de su conflicto diplomático con EE. UU., que dirigiría un mensaje sin intermediarios al pueblo estadounidense para explicar los motivos de su política exterior y de promoción de energía nuclear. La diplomacia pública está atenta a la influencia que las actitudes públicas ejercen sobre el diseño y ejecución de la política exterior. Con su concepto de democracia demoscópica, basado sobre el imperio de los sondeos y las estadísticas en la política nacional, el francés Alain Minc describió que “ningún freno puede actuar contra la democracia de la opinión pública y, por consiguiente, la primacía del sufragio universal cede de forma progresiva el paso ante ese ser social enigmático e inaprensible, que es la opinión pública” (1995, 265-266). Este fenómeno de protagonismo casi excluyente de la opinión pública se reproduce a escala global. El estudio y la práctica de la diplomacia pública colocan al “ser social enigmático” de Minc en el centro de las relaciones internacionales modernas, más allá de los clásicos ejes de la política y la economía. Pero cuando se alude genéricamente a “opinión pública extranjera”, no se hace referencia a una entelequia o masa uniforme de ciudadanos expuestos a la acción de los medios de comunicación. Más específicamente, el concepto que aquí interesa debe ser desagregado en grupos sociales o audiencias clave, en particular aquéllos con participación pública activa o referentes como el caso de líderes de opinión, intelectuales, académicos relevantes, empresarios, hombres de negocios, dirigentes sociales, periodistas, líderes religiosos, estudiantes de posgrado con posibilidades de conformar la clase dirigente del país. Desde su invasión en Iraq, EE. UU. ha recibido muchas voces de crítica, sobre todo occidentales, que como la del el ex ministro de Relaciones Exteriores de Brasil, Celso Lafer, señalan que el mundo post 11/9 se inclinó hacia una lectura política hobbesiana/maquiavélica de la realidad internacional, un retorno al realismo de los factores de poder (Lafer 2002, 12-13). Ni siquiera durante la guerra de Vietnam se movilizó con tanta concurrencia la opinión pública de las metrópolis mundiales. Mientras Nicolás Maquiavelo aconsejaba al príncipe que para conservar el poder era más importante ser temido que amado, Nye asegura que en el mundo de hoy es mejor ser ambas cosas (2004, 1). No sólo en el mundo árabe la acción estadounidense comienza a ser percibida más como amenaza que como contribución a la paz y a la estabilidad mundial28. Esta percepción, que halla en los medios mundiales una potente caja de resonancia, facilita la emergencia de opiniones públicas que no necesariamente obedecen a límites territoriales. Los procesos de transnacionalización y desterritorialización de la comunicación hacen posible la génesis de una esfera pública transnacional, una suerte de conciencia mundial marcada por la interconexión simultánea entre diferentes esferas públicas nacionales (Diodato op. cit., 98). Ya en marzo de 1995 el Comité Consultivo Estadounidense para la Diplomacia Pública emitió un reporte que resume en un párrafo parte de los conceptos arriba abordados: “Más que en cualquier otro momento de la historia, a lo largo del mundo la gente tiene mayor poder para determinar eventos y las acciones de los gobiernos, haciendo de la diplomacia pública algo tan esencial para los intereses estadounidenses como la diplomacia entre los gobiernos. Cada vez más los gobiernos entienden que el público tiene un gran poder para influir en eventos y decisiones. Se dan cuenta de que la comunicación con públicos extranjeros tiene a menudo mucho más impacto que el intercambio de notas diplomáticas” (Taylor op. cit., 82).
A propósito de la nueva política exterior de EE. UU., el ex jefe del Departamento de Estado Zbigniew Brzezinski escribió: “Es importante que como ciudadanos nos preguntemos si un poder mundial puede ofrecer liderazgo global sobre la base del miedo y de la angustia. ¿Podemos realmente movilizar el apoyo, siquiera de los amigos, cuando les decimos que si no están con nosotros están en contra? [Esto] llama a un serio debate sobre el rol de EE.UU. en el mundo, que hoy se sirve de una abstracta, cuasi-tecnológica definición de la guerra contra el terrorismo… Deberíamos cooperar no sólo unos con otros en casa, sino también con nuestros aliados en el exterior” (en Snow, op. cit.).
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El uso de la diplomacia pública como herramienta de acción política puede tener una derivación pragmática, cuando busca promover inversiones extranjeras y aumentar su participación comercial; como idealista, cuando buscar estimular valores, pensamientos, puntos de vista y hasta estilos de vida. Una adecuada y continua influencia sobre creencias y actitudes de ciudadanos extranjeros puede a su vez lograr determinar las decisiones de política exterior de gobiernos extranjeros en favor propio. David Hoffman observó que en una era de comunicaciones masivas y transmisiones electrónicas, el público importa. La “calle” es una fuerza potente que puede socavar incluso las bases de los mejores acuerdos de paz (2002). La presión de la opinión pública puede modificar el recorrido y acelerar los tiempos de la política exterior de los gobiernos. “Las leyes, promulgadas bajo la ‘presión de la calle’ -escribió Habermas-, difícilmente puedan ahora entenderse como normas emanadas del razonable consenso entre personas privadas que polemizan en público” (1971, 136-137). Esto bien lo saben los terroristas cuando intervienen a golpes de violencia sobre la sociedad civil y generan un frenesí social tal que coloca a los gobiernos en la compleja tarea de actuar con la presión en las calles. El accionar terrorista enfatiza el rol central de la opinión pública en la política mundial porque la convierte en el blanco de sus ataques y en rehén de sus mensajes hacia los gobiernos. Sus golpes de terror son calculados con criterios de noticiabilidad, de manera que la agenda de los medios internacionales les conceda un lugar central, de total visibilidad. El golpe contra Madrid el 11 de marzo de 2004 cambió el rumbo de las inminentes elecciones presidenciales con la derrota del Partido Popular y la victoria del socialista Rodríguez Zapatero, que a poco de asumir decidió separarse de la alianza militar con EE. UU. y retirar las tropas de Iraq. Por su parte, el ex primer ministro británico Tony Blair, luego del ataque de 2005 en Londres, comenzó a matizar su discurso sobre el terrosismo internacional, deslizándose desde una agenda de políticas restrictivas de inmigración hacia la importancia de cooperar con el desarrollo económico en el mundo islámico. II.2.1. Los estereotipos. Una forma de conocimiento
“- ¿Está usted recalcando que, por una vez, Inglaterra no está aislándose? - Mire, creo que nunca lo hicimos, es una imagen con la que tuvimos que cargar. Pero, ¿desde cuándo una imagen refleja la verdad?” Damage, Josephine Hart (1992).

El modo en que un ciudadano observa las cosas es una delicada mixtura de realidad y expectativa; un equilibrio entre lo que existe y aquello que espera encontrar. En el caso que nos ocupa, el de la diplomacia pública, la medición del estereotipo sirve para conocer a qué ideas se asocia la imagen de un país. De un estudio semejante pueden determinarse las variables de percepción externa con las cuales confrontar la autoimagen que cada sociedad nacional se forma de sí. Para actuar sobre la opinión pública de una nación extranjera es menester conocer el estereotipo del emisor que en ella anida. Los sondeos, las encuestas, el monitoreo de medios y los grupos focales formados por audiencias clave son herramientas que nos permiten evaluar la imagen de un país en sociedades extranjeras para confrontar los resultados con el tipo real y calibrar las variables del mensaje a lanzar (estrategia de comunicación = autoimagen + heteroimagen). Conviene recordar que el éxito de la diplomacia pública para dar a conocer una sociedad y sus políticas depende de la comprensión de los motivos, la cultura, la historia, el lenguaje y la psicología de las personas con las que se desea comunicar. En la génesis de un estereotipo concurren ideas, pareceres, sentimientos y actitudes. La opinión, como la definió Platón, es algo más claro que la ignorancia pero más oscuro que el conocimiento. Su alegoría de la caverna describe cómo hombres en cautiverio toman por verdaderas las sombras proyectadas por objetos que se sitúan a sus espaldas y que jamás han visto. El periodista estadounidense Walter Lippmann sostuvo que nuestras opiniones cubren un espacio más amplio, un tiempo más extenso, un mayor número de cosas de las que podemos directamente observar. Deben, por lo tanto, construirse sobre la base de aquello que es referido por otros y de cuanto nosotros mismos logremos imaginar (Lippmann 1922, 103). Entre esos

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“otros” encontramos a los medios, los líderes de opinión y hasta los mismos gobiernos en sus comunicaciones. El estereotipo cumple dos funciones sociales clave, a saber: a) genera una economía del esfuerzo, al resumir en rasgos puntuales la compleja realidad circundante; b) representa una defensa de la tradición y de la posición en la sociedad frente al otro, a lo distinto, a lo desconocido (ivi, 117). En efecto, un sistema de estereotipos arraigado por largo tiempo dirige la atención de las personas principalmente hacia los hechos que tienden a ratificarlo y se desentiende de los que lo contradicen y pueden causar una disonancia cognitiva. Promueve una lectura sesgada de la realidad en pos de las variables confirmatorias: aquello que evoque al estereotipo será considerado con simpatía. Su manera de juzgar se anticipa a los datos de hecho. “Es una modalidad –explica Lippmann- que contiene en sí las conclusiones que los datos de facto casi con certeza confirmarán” (ivi, 139). A pesar de su función simplificadora y de sus errores congénitos, Giovanni Jervis apuntó que los estereotipos étnicos –los referidos a la idiosincrasia de un determinado un grupo social– nacen de observaciones a menudo acertadas y del sedimentarse de concretas experiencias colectivas. “Los caracteres nacionales –explica– existen de veras (…); sabemos bien cuánto las técnicas de subsistencia y los valores éticos implícitos y explícitos, las costumbres y los mitos transmitidos y las formas de educación pueden revelarse distintos de lugar en lugar y ejercer influencias muy profundas a nivel individual” (en Galli della Loggia 1998, 87). El comentario de Jervis surge a propósito del individualismo y del radicado familiarismo que lecturas anglosajonas han identificado como los rasgos del modo de vida del italiano, que habrían retrasado notablemente la llegada de la modernidad a Italia, a destiempo respecto del resto de Europa. Gracias a los mecanismos del estereotipo una nación puede, voluntariamente o no, convivir con al menos tres imágenes distintas: la que poseen sus ciudadanos de sí mismos; la que anida en los extranjeros que observan desde sus respectivos países; la que se crean quienes visitan por turismo o estudio. Por ejemplo, un novelista inglés entendió que Italia no es lo mismo que Italy. “Italia –escribió en 1927- ha desarrollado el sentido del futuro. Italy no tiene futuro, poco presente y un predominio del pasado. Italia tiene estaciones frías, sequías, polvo y vientos malignos. Italy posee un clima eternamente encantador. Italia es una tierra extraña y dura, pulsante y viva. Italy es familiar, limitada y difunta” (ivi, 125). Dos países distintos para una misma tierra. Lejos de ser una creación unilateral, el estereotipo promovido por un extranjero puede retroalimentarse cuando la población local decide adoptarlo como propio y actuar en consecuencia, es decir hacia su definitiva consolidación e incorporación social. Según el académico italiano Ernesto Galli della Loggia, es el caso de la idea, ya difundida fuera como dentro de Italia, de una forma peculiar con que los italianos entienden y viven su vínculo con las instituciones, las organizaciones públicas de la vida colectiva, el Estado y la política. Una relación insuficiente y pesimista que ha suscitado frases como “los italianos no son capaces de gobernarse”; “en Italia no funciona nunca nada”; “gobernar Italia no es difícil, es inútil”. Un vínculo con la política que se construye sobre la base del que sería otro rasgo de la cultura italiana: la tendencia al vínculo social sectario, al grupo, al clan, a la facción. Trasladado al compromiso con la acción política tal inclinación devino, siempre al parecer de Galli della Loggia, un modo para afirmar lazos de pertenencia, para construir o ratificar identidades y vínculos personales, para trazar una línea neta entre “nosotros” y “ellos”. La pertenencia a un partido político o la adhesión a un simple sentimiento partidario de masas habría significado para muchos italianos la confirmación de una solidaridad, la esperanza de un pequeño beneficio, una forma de defenderse o de atropellar, la consecuencia obligada de un vínculo personal (ivi, 113, 147). Durante los años ochenta, el estereotipo de Italia entre los japoneses, por ejemplo, se había reducido a tres variables sintéticas: “comer, cantar, amor”. Esta tríada, que recuerda a la fórmula “pizza y mandolina” con que en Europa se hablaba de Italia, expresaba la visión del italiano como un latin lover, amante de la dolce vita, poco afecto al trabajo (mientras los italianos hacían huelgas en señal de protesta, los orientales aumentaban la jornada laboral), verborrágico, eufórico, no fiable, oportunista, miembro de familias numerosas, habitante de un país asociado con las mafias y el nacionalismo, dueño de un distinguido design en moda29. Atributos que forman parte de “la persistente leyenda de Italia como país donde triunfan sólo la comedia del arte y el melodrama
Datos recabados por el autor en ocasión de la disertación del italiano Fabio Rambelli, profesor de la Universidad japonesa de Sapporo. Università per Stranieri di Perugia, Sala Goldoniana, 24 de marzo de 2006.
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(…), las mandolinas y el ‘familiarismo amoral’, donde cada conflicto terminó o termina por suavizarse, donde todo es inmóvil para que todo quede igual y donde cada discurso sobre ética sabe a burla” (Bodei 1998, XIV). Este estereotipo ofrece una imagen sintética de Italia, no siempre aplicable a un país que, cual mosaico regional heterogéneo, encuentra dificultades en la construcción de una identidad cultural homogénea. Identidad más bien equívoca, oscilante entre la euforia y el pesimismo antropológico de las obras de Maquiavelo, Leopardi, Pirandello o Pasolini; con pinceladas de obstinado estoicismo, fatalismo y melancolía que en la Argentina suelen capitalizar las letras de tangos (primero hay que saber sufrir / después amar / después partir; La vida es una herida absurda), a veces auténticos memorandos de una antropología rioplatense. Pero esta suma de conceptos que hace más de dos décadas generó entre los nipones una idea negativa de la cultura del italiano, hoy es revalorizada a la luz de una nueva forma de vida practicada por los mismos japoneses. Si bien el estereotipo es esencialmente el mismo de otrora, lo que antes en él era negativo ahora es visto como apetecible. La agobiante presión de la vida académica y laboral japonesa hizo que sus ciudadanos prestasen mayor atención a las formas de esparcimiento y a la gastronomía como sana alternativa. El uso del tiempo libre y el descanso, antes considerados sinónimo de holgazanería, pasaron a ser cosa virtuosa. Lo notó también el periodista italiano Luigi Barzini cuando escribió que “el arte de vivir, este arte desacreditado creado por los italianos para derrotar a la angustia y al aburrimiento, está volviéndose una guía inestimable para la supervivencia de muchas personas” (en Severgnini op. cit., 205). El caso de la percepción japonesa arroja al menos dos lecturas apropiadas para este estudio. Primero, el ejemplo es una demostración de cómo el estereotipo se aleja del tipo real para reconstruir una imagen desactualizada e incompleta de su referente inmediato. Segundo, aunque principalmente, enseña que incluso ante un estereotipo inmutable, el receptor puede modificar su juicio según su propia perspectiva y evolución histórica, lo que vuelve capital el conocimiento profundo de la idiosincrasia del destinatario en una estrategia de diplomacia pública. II.3. Taxonomía de la diplomacia pública Mark Leonard, que ha estudiado el caso del Reino Unido, distinguió tres dimensiones de acción en esta disciplina que, a su vez, pueden clasificarse en acciones comunicativas de corto plazo o reactivas (a), y de mediano-largo plazo o programadas y continuas en el tiempo (b y c) (la tabla 3 ofrece un esquema de correspondencia entre dimensiones y tiempos de acción comunicativa): a) Gestión de la información y de las noticias (news management): enmarcada en el corto plazo, esta dimensión reactiva y por lo general unidireccional abarca el uso inmediato de publicaciones, televisión, radio, conferencias y contactos personales. Con la designación de la periodista Karen Hughes como subsecretaria de Estado para la Diplomacia Pública, en septiembre de 2005, el gobierno estadounidense comenzó a movilizar equipos de respuesta rápida para contrarrestar información negativa para el país en diversos puntos del mundo. En la ceremonia de asunción de la funcionaria, Bush reiteró que “estamos en una guerra contra el terror. Todavía estamos en guerra, y para ganar la guerra debemos explicar efectivamente nuestras políticas y valores fundamentales alrededor del mundo.” Esta gestión de los flujos noticiosos incluye un departamento de Información Internacional en el ministerio de Asuntos Exteriores que monitoree los medios para medir cualicuantitativamente la presencia del país (sus menciones), recoger y producir información para la prensa extranjera. La atención en el devenir cotidiano de mensajes permite estar atentos al surgimiento de crisis que conlleven un posible deterioro de la imagen internacional del país. Este departamento trabaja en colaboración directa con la Unidad de Crisis que a su vez se ocupa de los ciudadanos en el exterior durante situaciones de peligro. Involucra la administración gubernamental de la información sensible en casos de conflicto internacional, mediante el control de la fuente y la colocación de las noticias en una estrategia más amplia. Sujetos políticos controlan el flujo de la información oficial a fin de lograr una cobertura mediática que arroje una imagen positiva de las medidas adoptadas por el país para obtener o mantener el consenso de la opinión pública extranjera. Desempeña dos actividades principales: la producción de acontecimientos (pseudo eventos) y noticias y la puesta en circulación de dicha información. El hecho de que el material informativo

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sea difundido por los medios privados en lugar del gobierno aleja en parte la gestión de noticias de la propaganda. Es una delicada actividad estratégica que dosifica la acción de informar y la de reservar datos sensibles que comprometan la seguridad nacional, sin llegar a distorsionar la realidad. A nivel operativo, incluye la gestión de una oficina de prensa y una agencia de relaciones públicas. Particular dedicación merece el vínculo con los corresponsales de la prensa extranjera asentados en territorio nacional. Es conveniente que se trabaje en conjunto con dichos actores y no sólo con las embajadas. Ellos son vehículos privilegiados para que muchas historias sean conocidas por las audiencias de naciones centrales para la estrategia de inserción de los países. Para esto, el ministerio de Asuntos Exteriores debería disponer de i) una cabina de dirección en cada embajada para mantener relaciones fluidas entre los diplomáticos y los corresponsales de los medios argentinos, y ii) un elenco estable de diplomáticos o consejeros mediáticos acreditados en las principales cadenas televisivas encargados de hablar para la prensa en momentos de crisis o de particular atención internacional sobre el país. b) Comunicaciones estratégicas: aquí se opera en el mediano plazo, proactivamente, con el propósito de administrar y apuntalar la percepción global del país en el exterior durante la duración de, por ejemplo, un mandato presidencial. Puede valerse de la “diplomacia de marcas” que identifica la imagen de un país a un logo, como la España posfranquista que usó los colores y figuras del pintor Joan Miró para contarse al mundo30. La comunicación estratégica incorpora el uso de conocimientos sofisticados sobre atributos de la conducta como las actitudes y la estructura de preferencias, tendencias culturales y patrones de uso de los medios (Manheim 1994, 7). Los mensajes estratégicos que se promuevan deben partir de una visión total de las variables de la nación. La ya citada USIA transmite en Europa a través de la estación radial Voice of America más de 900 horas semanales de programación en 47 idiomas. En 2005 lanzó noticieros para Indonesia, Rusia y programación en lengua urdu para Pakistán. Además, la USIA destina US$ 35 millones anuales para financiar la Radio gubernamental Martí, que transmite en español las 24 horas hacia la isla de Cuba, un ejemplo de cómo la diplomacia pública puede tender puentes entre las sociedades de gobiernos con relaciones diplomáticas de baja o nula intensidad. Desde febrero de 2004 el gobierno estadounidense promueve junto al Congreso la financiación de un canal satelital de televisión que transmite contenidos hacia Oriente Medio. Se trata de Alhurra, una estación que opera con la categoría non-profit (sin fines de lucro) con el nombre Middle East Broadcasting Network. Su predecesora es la radio Sawa, del mismo origen, que desde 2002 transmite en lengua árabe y farsi, especialmente a la población joven del mundo árabe. La emisora está controlada por el Broadcasting Board of Governors, una agencia autárquica del gobierno estadounidense. Ambas empresas mediáticas son instrumentos clave de la diplomacia pública del país. La referida acta Smith-Mundt prohíbe que el contenido de esta cadena sea emitido al interior de EE. UU.
30 Al momento de la producción de este documento, las secretarías de Turismo y Medios de Comunicación del gobierno argentino elaboraban la “Estrategia Marca País” (EMP), un proyecto para instalar a la Argentina en el mercado turístico internacional, que incluye la creación de un isologotipo para relanzar la imagen global del país. Las metas del programa son incrementar el flujo de divisas en el país, aumentar las exportaciones, fomentar el turismo receptivo y atraer inversiones (cfr. http://www.marcaargentina.gov.ar). El secretario argentino de Medios de Comunicación señaló que “aspiramos a dejar de ser un país al que sólo se le compran materias primas, al que sólo visitan turistas cuando el cambio es conveniente” (cfr. “El plan del Presidente para ‘vender’ a la Argentina en todo el mundo”, en Clarín, 27 de julio de 2004). La EMP se puede definir como el conjunto de percepciones que caracterizan a una nación. Consiste en identificar los factores diferenciales de un país (productos, íconos, lugares, personajes, arte, cultura, empresas) y posicionarlo internacionalmente para mejorar la autopercepción de la sociedad argentina (cfr. Infobrand). La principal diferencia entre la EMP y una estrategia de diplomacia pública propuesta en este libro es que, mientras la última se dirige sólo a un público extranjero, la primera tiene como objetivo no sólo a los mercados internacionales que se definan como estratégicos, sino al mercado interno. En recientes estudios de marca país, Argentina ha salido relativamente airosa. Según el Ranking Anholt, una encuesta a 25 mil personas de 35 Estados que mide la reputación de los países (cómo se perciben los productos, la gente, la cultura, los gobiernos, la economía y el turismo), las naciones de Europa y Canadá alcanzaron las mejores marcas país del globo. La lista está encabezada por Gran Bretaña, seguida por Alemania, Canadá, Francia y Suiza. Estados Unidos está en el puesto número 11; Brasil, en el 19; la Argentina, en el 23, y México, en el 30.

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Festivales internacionales de cine y shows musicales son otras variantes de esta dimensión31. Algunos ejemplos: i) luego de la caída del Muro de Berlín, Inglaterra auspició un recital de Elton John en Alemania para comenzar a promover una imagen británica menos conservadora y más cool; ii) para reforzar el rol italiano en los Balcanes, la región Umbria propuso en 2003 emplear fondos del ministerio de Asuntos Exteriores para financiar una edición en Belgrado y Novi Sad (Serbia) de su tradicional festival estivo “Umbria Jazz” con el título ampliado de “Umbria Jazz Balcanic Windows: musica multietnica contro il razzismo”; iii) la Argentina mejoró su perfil en el conflicto palestino-israelí gracias a los conciertos del maestro argentino Daniel Barenboim en las fronteras calientes de la región. El director incluyó en sus orquestas a músicos de ambos pueblos en conflicto (en sus conciertos del verano europeo de 2006 en Madrid y en Milano, con el lema “Música por la paz”, Barenboim dirigió la Orquesta West-Eastern Divan, compuesta por 21 españoles, 42 israelíes y 26 árabes -siete sirios y seis libaneses no pudieron integrar la formación musical debido al conflicto bélico). La Argentina ha tenido años de éxito exportando sus novelas televisivas a Europa y a Oriente Medio. Logró que el público de esas regiones aclamara la presencia de actores argentinos y hasta estudiara el idioma castellano32. Como sostuvo el filósofo y pedagogo John Dewey en lo que consideró un argumento a favor de la cultura como factor relevante para las relaciones internacionales, “las obras de arte son el único medio de comunicación completa y sin trabas entre hombre y hombre, que puede tener lugar en un mundo lleno de abismos y muros que limitan la comunidad de experiencia”33 (Jorgensen 1990)34. c) Construcción de relaciones: esta es la etapa de la llamada diplomacia cultural (desarrollada en el apartado siguiente) e involucra la mayor inversión temporal en la gestación de vínculos permanentes con audiencias clave. Algunos países han creado una agencia de Diplomacia Pública como ente gubernamental autárquico. Incluye la creación de joint-ventures bilaterales (para la transferencia de know how y tecnologías) y un genuino intercambio cultural con traslados
El tango sigue entre los primeros puestos como distintivo mundial de Argentina. En los noticieros de la televisión italiana la presencia de información sobre América latina es casi inexistente; el predominio es de África y Asia. Sin embargo, la Argentina logró reposicionarse fugazmente gracias al Campeonato Mundial de Tango de Buenos Aires, en agosto de 2006. El evento fue a menudo referido en varias ediciones del informativo de la RAI (Radiotelevisión Italiana), la emisora televisiva pública. 32 La cinematografía argentina tuvo en los años cincuenta y sesenta gran repercusión internacional e inserción en mercados latinoamericanos (particularmente en México y Cuba) y asiáticos (como la ex URSS). También Italia y España recibieron telenovelas argentinas en los ochenta e inicios de los noventa, como el caso de “La extraña dama”. En Cuba, filmes protagonizados por Mirtha Legrand estaban entre los más populares. Por su parte, el público de Moscú supo profesar devoción por los largometrajes de la popular cantante argentina Lolita Torres, quien hasta fue recibida en el Kremlin. Más contemporáneos son los éxitos en Israel de las series televisivas Erre Way y las novelas protagonizadas por la actriz Natalia Oreiro, figura reconocida también en el mercado ruso. Actualmente, el cine argentino tiene gran aceptación en España, cuyo público ha consagrado la labor de actores argentinos como Héctor Alterio, Miguel Ángel Solá, Federico Luppi, Leonardo Sbaraglia y Ricardo Darín. Los países de la ex Unión Soviética acogen también manifestaciones cinematográficas argentinas. Sólo en 2004, las industrias culturales argentinas exportaron a México por un valor de 315 millones de dólares, de los cuales 70 millones en contenidos; 40 millones del sector editorial; 26 millones en discografía y 5 millones de industria cinematográfica. El interés mexicano por la Argentina motivó incluso la organización de la Semana de la Cultura Argentina. De acuerdo con datos de la Subsecretaría de Industrias Culturales, que depende del Ministerio argentino de Producción, en 2005 las producciones de cine, publicidad y televisión encabezaron el ranking exportador de cultura local con 25 millones de dólares de ganancia. 33 “Works of art are the only media of complete and unhindered communication between man and man that can occur in a world full of gulfs and walls that limit community of experience.” 34 En su estudio sobre el vínculo entre cultura y relaciones internacionales, Jorgensen ejemplifica cómo históricamente la música proveyó medios para fomentar la buena voluntad política y la paz entre naciones. Se refiere al modo en que los pequeños estados buscaron mejorar sus relaciones con vecinos mayores o conquistadores por medio de alabanzas musicales, como la alegoría presentada en La Scala de Milano que describía a Francisco I de Austria como un legislador endiosado fuente de la bendición de toda Italia. Ya en los tiempos de la unificación territorial de Italia (el Risorgimento), el Nabucco, de Verdi, y en particular el popular Va pensiero, casi se convirtieron en el himno del joven Estado por el nacionalismo que animaba en la población. El tema de esta ópera se refería al cautiverio de los judíos en Babilonia y, por analogía, fue considerado por el público italiano una alusión a la resistencia contra el gobierno austriaco en el norte de Italia. En aquellos días hasta circulaba en la vía pública un acrónimo hecho con el apellido del célebre compositor: Vittorio Emanuele Re D’Italia (“Víctor Emmanuel Rey de Italia”). Así, cuando se aclamaba al Rey de Italia la multitud solía gritar “¡Viva Verdi!”
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binacionales de ciudadanos que se forman en el exterior e incorporan la escala de valores del país hospedante. El intercambio estudiantil, por ejemplo, es una de las herramientas más efectivas de la diplomacia pública a largo plazo. Al momento de elegir un país latinoamericano para cursar estudios de especialización, en la consulta efectuada en este trabajo algunos estudiantes de posgrado se inclinaron por la Argentina gracias a recomendaciones de alumnos italianos que estuvieron en el país y se sintieron a gusto. Las tradicionales becas Fulbright de EE.UU. han contado entre sus beneficiarios a más de 200 alumnos de los cuales muchos devinieron en jefes de Estado en el mundo, como Hamid Karzai, presidente de Afganistán. Ya desde la Guerra Fría EE. UU. viene seleccionando prometedores jóvenes extranjeros para ofrecerles formación académica en su país; tal el caso del Future Leaders Exchange (FLEX). Italia, a través de su ministerio de Asuntos Exteriores (Farnesina), ofrece anualmente becas a profesionales argentinos con y sin ciudadanía italiana para estudios de posgrado en sus ateneos. Para aumentar el intercambio estudiantil sino-italiano se instituyó un recinto universitario (campus) con la participación de los politécnicos de Milán y Turín y de las universidades Fudan y Tongji de Shanghai; el proyecto Marco Polo y se lanzó el programa comunitario Erasmus Mundos, impulsado por la Comisión Europea. También las mismas universidades promocionan becas de intercambio académico, que incluye la creación de una autónoma red cultural de diplomacia académica gestionada por universidades nacionales gracias a su posibilidad de establecer acuerdos bilaterales con ateneos extranjeros (ver Otranto op. cit.). La Universidad de Bologna tiene su sede en la Argentina y sus maestrías bienales contemplan un año de cursado en Buenos Aires y otro en la región italiana de EmiliaRomagna. En 2006, la Universidad para Extranjeros de Perugia hospedó a más de cincuenta estudiantes de origen afgano, en el marco de promoción cultural que el gobierno puso en práctica con el Estado asiático. La New York University eligió a Buenos Aires para inaugurar en agosto de 2007 su primera sede latinoamericana. “La ciudad de Buenos Aires es el centro intelectual de América latina”, afirmó su rector, el ghanés Yaw Nyarko, al momento de justificar la elección. El programa ALßAN, inaugurado en mayo de 2002, es un paquete de becas de estudios de alto nivel de la UE que permite la movilidad de los estudiantes y los profesionales de América Latina hacia la UE, así como la realización de proyectos de formación para estudiantes de tercer ciclo (estudios de posgrado y de doctorado) y para profesionales o futuros responsables (formación especializada de alto nivel) en centros de nivel superior de la UE. Su duración está prevista hasta 2010 con un presupuesto total de 75 millones de euros. La gestión de televisoras públicas internacionales es también una herramienta de la diplomacia pública, con uso de larga data en los países europeos. En América latina puede verse la programación de TVE (Televisión española), RAI (Radiotelevisión Italiana), TV5 (Televisión Francesa, tanto su versión local como la señal especial que emite para el público latinoamericano), Deutsche Welle (Alemania), Al-Jazzeera (emisora del Qatar), BBC (British Broadcasting Corporation), CNN (Cable News Network) y CNN en español. En julio de 2005 Venezuela, Argentina, Cuba, Uruguay y Bolivia colocaron en el aire Tele Sur, una señal televisiva internacional que pretende disputar, aún sin éxito, el liderazgo de CNN en español como difusora de contenidos en la región. En 2007 se sumó Nicaragua. El lema de esta cadena reza: “Nuestro norte es el Sur”35.

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Cfr. www.telesurtv.net

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Tabla 3. Dimensiones de la diplomacia y tiempos de acción comunicativa Reactiva (Gestión de la información) Político-militar Económica Cultural Para recapitular, entonces, una estrategia de diplomacia pública debería proceder como sigue: a) selección de una lista de países prioritarios con los que entablar una relación preferencial, siempre favorable a los intereses del Estado en cuestión; b) discriminación de audiencias preferenciales que serán destinatarias privilegiadas del intercambio comunicativo y cultural; c) una serie de mensajes clave a compartir mediante su difusión en diversos formatos, estilos y soportes de comunicación; d) la creación de una ágil estructura burocrática multilateral de colaboración con actores no sólo estatales. Todo, basado sobre dos dimensiones: i) influencia sobre las actitudes y opiniones de públicos extranjeros y ii) un experiencia de aprendizaje recíproco que permita dar a conocer los valores e intenciones del emisor al tiempo que este conoce los de su destinatario. La reciprocidad se revela una vez más un concepto clave. En el caso que aquí me ocupa, el vínculo bilateral ítalo-argentino, ambas naciones deben renovar el contacto entre sus ciudadanos para imprimir nuevas imágenes del país. El sentido común puede indicarnos que son los argentinos, como habitantes de un país en vía de desarrollo, quienes prestan mayor atención hacia Italia y el Primer Mundo en general; mientras los italianos se ocupan sólo de la suerte de su país y de su vecindario europeo. Sin embargo, la masiva presencia de italianos y descendientes en suelo argentino es estratégica para sus conciudadanos en Europa, aunque dicha presencia no garantice una idea actualizada de Italia, inmaculada de estereotipos. Como observó un funcionario italiano, la masiva presencia italiana, si bien de tercera generación, “quizá no ha tenido contacto con Italia más que en el imaginario colectivo” (cfr. Occhiucci, en Anexo). II.3.1. La diplomacia cultural y la construcción de relaciones La forma en que un país es percibido en el exterior es una cuestión demasiado sensible como para dejarla sólo en manos de los medios de comunicación. Es conveniente que la opinión pública extranjera reciba una voz alternativa, distinta de los medios, que le cuente sobre el país. De esto se ha ocupado la diplomacia cultural, empleada por Francia ya a fines del siglo XIX como una actividad gubernamental que intenta ir más allá de la actividad de la prensa, apelando directamente a poblaciones extranjeras por canales alternativos a los políticos. Se caracteriza por la construcción de relaciones duraderas, a largo plazo, y sus principales instrumentos han sido la enseñanza del idioma y los intercambios estudiantiles. Entre 1949 y 1954, años de la reconstrucción europea, más de diez mil alemanes entre líderes, estudiantes universitarios y adolescentes viajaron a EE. UU. con programas oficiales de intercambio académico. Durante el mismo período, más de ochocientos especialistas estadounidenses fueron enviados a Alemania para enseñar y entrenar. Las llamadas “Casas de América” (America Houses o Amerika Häuser) fueron emplazadas en el territorio alemán con grandes bibliotecas, muestras de arte, enseñanza del inglés, conciertos, teatro, etc. El objetivo de estas casas fue cambiar la percepción que el alemán tenía de la potencia vencedora de la Guerra. Programada / proactiva (Comunicación estratégica) Continuada (Construcción de relaciones)

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Entre 1950 y 1952, mil líderes alemanes fueron invitados cada año a visitar EE. UU. En ocho años 13.354 personas habían participado del U.S. government’s German Exchange of Persons Program. Con el tiempo, la Europa del Plan Marshall se “norteamericanizó”. Los italianos usaban los blue-jeans y se sentían estadounidenses. “Desde los primeros años cincuenta –observó el escritor italiano Gian Enrico Rusconi– la cultura italiana se expuso sin filtros a la más masiva irrupción de autores y obras europeas y estadounidenses de su historia. La comprensible y justificada voluntad de recuperación cultural se transforma pronto en dependencia de las culturas externas y en un sentido de inferioridad de los que nunca más se libraría” (1993, 18). Rusconi es severo no sólo porque se refiere a su propio país, sino porque su juicio se extiende hasta la actualidad. En el imaginario de los italianos de la posguerra, cuenta Bodei, “los Estados Unidos, sinónimo de modernidad, por mucho tiempo siguieron representando la ‘tierra prometida’ y la ‘prosperidad reproducible’. Constituyen incluso un modelo tan influyente que induce a la imitación subalterna de sus estilos de vida y de su idioma” (op. cit, 49). El tema es transversal a la sensibilidad de intelectuales italianos de orígenes diversos. Ernesto Galli della Loggia le dedica un pasaje rotundo cuando sostiene que “en Italia la modernidad sólo raramente ha logrado tener un rostro nacional, asumir costumbres y contenidos típicamente italianos. Especialmente en el campo de las formas de la decoración, pero sobre todo de la indumentaria, del entretenimiento de masa, de los objetos de consumo cotidiano, de la alimentación, en general en todos estos campos (entre otras cosas, particularmente cruciales para la aculturación juvenil) la modernidad italiana ha mostrado un altísimo grado de permeabilidad respecto de modelos de proveniencia extranjera, por lo general estadounidenses: hasta el punto tal de hacerle decir a un observador extranjero que ‘en la Península todo lo que es estadounidense deja de ser percibido como extranjero” (op. cit., 155). Hoy EE. UU. sigue liderando la lista mundial de destinos de estudio. Sólo en 2004, recibió 570 mil estudiantes de programas de intercambio. Francis Fukuyama, en su controvertido artículo de 1989 titulado “¿El fin de la Historia?”36, aseguró que los alrededor de 20 mil chinos que estudiaban en EE.UU. durante aquel año, volverían a su país con la voluntad de democratizar sus instituciones y adecuarlas a la liberalización política que ya experimentaba todo su vecindario asiático, con Japón como paradigma de modernización occidental al estilo estadounidense. Sin embargo, la misma Historia, cuyo cese de evolución dialéctica profetizó Fukuyama en plena implosión de la Unión Soviética, se encargaría de demostrar hasta el hartazgo que los modelos políticos no son exportables. Tal como se ha comentado en los prolegómenos de este escrito, en el desarrollo económico anida un importante factor cultural, ya preconizado por pensadores como Hegel, y su filosofía de la idea como motor material de la Historia; y Max Weber, en sus estudios sobre el rol de la ética protestante como impulso para el crecimiento del capitalismo. Así, por ejemplo, las creencias pueden jugar un rol esencial en el nivel de vida de las sociedades. La cultura sea quizá la piedra basal de un concepto de diplomacia pública aplicada a largo plazo; un salvoconducto abarcador por el que viajan lazos comerciales, financieros y políticos. Con la preponderancia del pensamiento realista, desde Tucídides hasta contemporáneos como Morghentau, Kennan y Kissinger, el campo teórico de las relaciones internacionales se ha concentrado en cómo la acción de los Estados configuró la calidad del sistema mundial por el prisma de los intereses nacionales, con escepticismo respecto a un gobierno, comunidad o legislación a escala internacional. Con el protagonismo de la agenda de seguridad, equilibrio de poderes y política económica, la cultura como factor de estudio en las teorías de los asuntos mundiales recobró importancia recientemente. La vinculación política del factor cultural, a la cual se hizo referencia en el capítulo I.1.1., no se identifica únicamente ni se agota en el criterio territorial sobre el que descansa el Estado nacional, principal unidad de análisis del realismo. No sólo la distribución del poder y los intereses relativos como juego de suma cero determinan las relaciones entre los Estados. Giovanni Jannuzzi, ex embajador de Italia en Buenos Aires, rescató un tipo de influencia internacional que opera más allá de los recursos objetivos del poder económico y militar. “Italia no tiene petróleo u otras materias primas para vender -escribió. Todo lo que produce y difunde en el mundo –moda, cocina, cine, muebles, autos, design y otras mil cosas– es directamente hijo de
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Cfr. FUKUYAMA, Francis. “The End of History?” en The National Interest, N° 16, Summer 1989.

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nuestra antigua y siempre renovada cultura (…). No somos una gran potencia militar: nuestra imagen en el mundo está principalmente confiada a nuestra cultura, y a nuestra imagen global está también vinculada –los economistas bien lo saben– la difusión de nuestros productos: quien compra una Ferrari o un traje de Armani, concientemente o no compra toda una cultura, toda una civilización” (Jannuzzi 2003). Italia supo exportar en clave simbólica la matriz de una sociedad. La idea se vincula, en parte, con la lógica del Made in Italy y el apoliticismo del “patriotismo económico” originalmente craxiano y, más tarde, berlusconiano (ver apartado III.3.1.). La legendaria moto Vespa, que significó la motorización masiva y fue un toque del estilo popular ciudadano italiano de la segunda posguerra, fue usada en noventa películas. El mundo entero, especialmente EE. UU., la reconoció como sinónimo del design italiano: simple, austero, pero funcional y accesible. La visión aportada por el ex diplomático coincide con el concepto de brand diplomacy (diplomacia de marcas), estudiado por Mark Leonard. En el siglo veinte, las marcas de productos comerciales se han transformado en auténticos canales transnacionales para difundir culturas, identidades nacionales y particulares hábitos de vida37. Según un estudio difundido en 2001 por The Foreign Policy Centre de Inglaterra, EE. UU. lidera el ranking de marcas populares a escala mundial, seguido por el Reino Unido, Alemania, Japón, Francia e Italia38. Sólo Coca-Cola (Coke) supera la popularidad de marcas de varias naciones juntas. En el ranking no figura ninguna marca de origen latinoamericano, una pista más acerca de la concentración del comercio mundial y la casi irrelevancia de América latina no sólo en los flujos de intercambio, si no en su presencia cultural mundial. Durante su ya citado discurso en la Argentina, el ex presidente italiano Ciampi destacó la relevancia de los lazos culturales en la promoción bilateral de los países. “Estamos listos para favorecer, más aun, para solicitar, una mayor difusión de la cultura, del cine y de las artes argentinas en Italia. El terreno es fértil: nombres como Borges, Sábato, Testa, Argerich, Barenboim, cuentan con un gran afecto de nuestro público”, sostuvo. Alemania es otro caso de pujante diplomacia cultural. Por medio de las actividades internacionales de la Konrad Adenauer Stiftung39 y de la Friedrich Ebert Stiftung, enriquecidas por la participación de partidos políticos germanos (la diplomacia partidaria), demuestra que no son los Estados los actores excluyentes de la diplomacia pública, sino también una amplia gama de actores no estatales de proyección internacional: ONG (Cruz Roja, Greenpeace, Transparency International), partidos políticos, sindicatos, empresas, congregaciones religiosas, asociaciones profesionales, movimientos sociales, medios de comunicación, deportistas, cineastas y hasta bandas musicales. Nótese el caso del grupo irlandés U2, cuyo líder Bono participa en foros mundiales para debatir sobre la pobreza. En su gira latinoamericana de 2006 hasta se entrevistó con el presidente brasileño Luíz Inácio Da Silva. Un ejemplo reciente de empleo de la diplomacia cultural para reforzar la inserción comercial de los países en el mundo es la declaración del ministerio italiano de Asuntos Exteriores del llamado “Año de Italia en China” (2006). El gigante oriental, la nación continental con concretas condiciones para desafiar la primacía militar de EE. UU. en el mediano plazo y su principal acreedor, ofreció a su población de más de mil millones de habitantes acceso a la gastronomía, el arte y la frondosa cultura italiana. Luego de dos años de tratativas bilaterales, el 24 de abril de 2006 el sistema televisivo chino CCTV comenzó a emitir hasta fin de año tres horas y media semanales de producción televisiva italiana de la RAI, mientras la televisora de la Península hizo lo propio con los contenidos chinos. Un apreciable mercado de consumidores, codiciado por múltiples naciones occidentales, está siendo abordado culturalmente por Italia. Una vasta y variopinta opinión pública apreciará durante un año las variables culturales de un país latino y occidental. La visita protocolar a China del ex presidente italiano Ciampi –que también visitó la India- abrió el paso para el sucesivo desembarco de empresarios. En septiembre de 2006 fue el turno del primer ministro Romano Prodi, que viajó con una comitiva de 800 empresarios que se
Pero las técnicas del marketing para la internacionalización de productos y mercaderías no son siempre válidas para la difusión de valores a través de la diplomacia pública. Para profundizar sobre la diferencia entre private goods y public goods ver Wolf 2004, 5-8. 38 Cfr. http://fpc.org.uk 39 En la Argentina, la asociación Konrad Adenauer ofrece frecuentes seminarios sobre temas estrechamente vinculados con la nueva agenda de la diplomacia pública: medioambiente, desarrollo, comunicación política y derechos humanos.
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entrevistaron con 900 pares chinos. El gobierno definió la gira como la mayor misión comercial sino-italiana de la historia del país. Prodi anunció su voluntad de posicionar a Italia como la “puerta de Asia” o la “puerta del Este” hacia Europa. La propuesta halla asidero en la lectura geográfica Oeste-Este que de Italia ya se propuso en este escrito. En noviembre de 2007, el jefe de Estado italiano Giorgio Napolitano organizó en el emirato de Qatar, con la asistencia del Ministerio de Comercio Exterior, una muestra sobre Leonardo Da Vinci. Paralelamente, la Cancillería y el Ministerio de Cultura montaron en el mismo país la exhibición “Italian Style dressing body and daylife”. Italia también apuntó su diplomacia cultural hacia otro polo emergente de la economía mundial, India. En abril de 2006, 300 estudiantes indios participaron en el road show “Invest your talent in Italy”, coordinado por la Farnesina junto con universidades, cámaras de comercio y empresas de la Península. El programa busca atraer a los jóvenes más brillantes de India para que cursen en Italia maestrías en inglés y realicen luego un período de entrenamiento laboral en empresas del sector. Este proyecto explora la dimensión del largo plazo de la diplomacia pública, incluida la diplomacia académica, y ejemplifica la labor conjunta entre gobierno y actores no estatales. En febrero de 2007, luego del proyecto con China, los italianos lanzaron el programa “Año de Italia en India”. Con 250 millones de consumidores de clase media y un promedio de crecimiento económico de 8% anual40, China e India son claros objetivos de la actual diplomacia pública italiana, aunque esto vaya en detrimento del interés por América latina. La historia de la civilización parece retomar su escritura sobre las páginas de Asia. En resumen, cuatro modelos de relaciones culturales y diplomacia pública emergieron en el pasado. Modelo francés: control estatal a través de un ministerio o agencia oficial. Modelo británico: agencias no gubernamentales o autónomas que actúan con fondos provistos por el Estado. Modelo alemán: sistema mixto con responsabilidad gubernamental sobre las actividades de numerosas agencias. Modelo italiano: retoma el alemán pero suma un sistema voluntario o ad hoc por el cual instituciones o agencias adaptan sus actividades a circunstancias y necesidades contingentes. II.3.1.1. La diáspora, una embajadora itinerante En la última fase de la Segunda Guerra Mundial, un año después de que Italia capituló y quedó dividida entre los partisanos y la República de Saló, al Norte, la primacía británica en la gestión internacional de los asuntos italianos comenzó a ceder lugar a la angloamericana. Si bien signadas por desconfianza mutua, la relación ítalo-estadounidense comenzó a mejorar a partir del verano de 1944. El cambio de clima se debió en cierta medida al mensaje público del presidente Franklin Delano Roosevelt hacia la población italiana. En noviembre de aquel año el mandatario debía enfrentar las elecciones para renovar su mandato. Ya para entonces el electorado italiano (nativo y oriundo) en su país era de envergadura y manifestaba su disconformidad por la forma en que el presidente trataba a su país luego de la caída de Mussolini. Al comienzo de la era republicana, el premier italiano Alcide De Gasperi impulsó mediante sus diplomáticos un intenso trabajo de persuasión en las conferencias de París hacia los países vencedores de la guerra que contaran con una considerable presencia de comunidades de origen italiano. El país era notoriamente marginado de los procesos de decisión luego del conflicto. Winston Churchill, primer ministro inglés durante la Segunda Gran Guerra, fue objeto de la presión ejercida por la comunidad polaca residente en la isla para que el Reino Unido apoyara a Polonia contra la Unión Soviética. Hoy, el presidente de EE.UU. no puede modificar su política exterior hacia Cuba sin pasar por la comunidad cubana de la Florida, a menos que desee poner en riesgo el reservorio de votos republicanos. Estos ejemplos quizá parezcan marginales en la historia moderna, pero demuestran cómo la presencia de las colectividades extranjeras determina cambios de rumbo de la política exterior del país que los hospeda: los expatriados kosovares en Europa occidental, por ejemplo, han ejercido

Cfr. RAO, Akshay R. “Doing business with India and China: a tale of two countries”, Carlson School of Management University of Minnesota en www.osservatoriaasia.com

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presión en los países anfitriones para que en el Consejo de Seguridad de la ONU voten a favor de la independencia política de Kosovo. En la diplomacia cultural adquieren importancia los grupos humanos dispersos que abandonan sus tierras de origen. La presencia de la comunidad argentina en el exterior no debe desestimarse. Desde 1966, año del cuarto golpe de Estado argentino del siglo XX, se inició un proceso emigratorio conocido como “fuga de cerebros”: destacados científicos e intelectuales abandonaron el país por motivos políticos para desarrollar sus tareas en países como EE. UU., Canadá e Israel. Luego, con el golpe de 1976 artistas y escritores se exiliaron en Europa, donde cumplieron una intensa agenda de información para poner en conocimiento del público europeo la realidad de los desaparecidos y las violaciones a los derechos humanos. A los motivos políticos se sumaron más tarde las causas económicas de la inflación de fines de los años ochenta y la quiebra de los sistemas político, económico y financiero en 2001. Cíclicamente, casi década mediante, el declive del país propició la masiva partida de ciudadanos. Aunque el proceso de fuga comenzó a desacelerarse a partir de 2003, la magnitud de la comunidad argentina en el exterior ofrece a la diplomacia una oportunidad de mostrar al mundo las virtudes del país y comenzar así a revertir su alicaída imagen de nación desarticulada en muchos de sus aspectos. La diplomacia cultural puede intercomunicar las distintas colectividades de argentinos en el mundo, facilitando canales autónomos de intercambio, con el propósito de difundir la cultura del país sin necesidad de acudir a la presencia de onerosas figuras del espectáculo. Las embajadas podrían activar bases de datos de argentinos empeñados en difundir particulares sobre el país y proveerles asistencia técnica e intelectual. El alto nivel de integración social con las nuevas comunidades extranjeras demostrada por muchos italianos inmigrantes los convirtió en embajadores involuntarios de su país. Esto significó y significa aún para Italia oportunidades de crear acuerdos comerciales con los países hospedantes de la diáspora. Así lo reconoció el citado Occhiucci: “Son más los argentinos que vienen a Italia que los italianos que van a la Argentina (…). Se pierden los vínculos de identidad cultural. Esto se debe también a la incapacidad de relacionarse. Lo que estoy tratando de comunicar es que si se mantuviese una relación de identidad cultural más fuerte entre los gobiernos y las oficinas culturales habría más intercambio (…). Creo que estas comunidades [se refiere a la presencia italiana, alemana y hebrea en la Argentina] han determinado un impulso hacia formas de internacionalización que quizá no han pasado ni siquiera por los canales estatales. Es decir, los flujos de inmigración de las diversas etnias han mantenido de todos modos un vínculo con la cultura de origen, lo que crea el intercambio” (art. cit. en Anexo). Para asistir a tamaña comunidad, se conformó en Italia el CGIE (Consejo General de los Italianos en el Exterior), un organismo que oficia como consejero del gobierno y del parlamento sobre los temas de interés de la comunidad italiana residente en el extranjero. El organismo se compone de 94 consejeros, de lo cuales 65 resultan electos en el exterior y 29 son nombrados por el gobierno nacional. Aúna, a su vez, a todos los Com.It.Es (Comité de los Italianos en el Exterior) que operan en las jurisdicciones de los consulados italianos y que reciben a diario las peticiones de los italianos que viven de forma permanente en el extranjero. Sus autoridades votan en las elecciones para renovar al CGIE. Los Com.It.Es, cuyos dirigentes son elegidos en comicios regulares por los ciudadanos italianos, son entidades intermedias que cualifican la relación entre las demandas de la ciudadanía y las estructuras estatales (los consulados). Pero el viceministro para los italianos en el Mundo del gobierno Prodi, Franco Danieli, advirtió que “existe un extraordinario protagonismo de una vastísima pluralidad de sujetos, [lo que] frecuentemente se traduce en un desequilibrio, una ineficacia en la gestión de los recursos económicos. Me refiero también a las iniciativas de sujetos privados. Falta un marco estratégico unitario dentro del cual colocar las distintas iniciativas” (ver entrevista con el autor en Anexo). Es necesario ahora confirmarlo: la diáspora es uno de los componentes de la diplomacia pública que la coloca como herramienta para el desarrollo, costado que aquí nos interesa. Gracias a las comunidades presentes en el exterior, Italia sigue dando a conocer su Made in Italy. En muchos de los países donde mayor fue la inmigración italiana existen mercados donde los productos itálicos son apreciados por su calidad. “En el mercado globalizado el vínculo cultural con los italianos en el exterior puede constituir una reserva para multiplicar las colaboraciones industriales, favoreciendo tanto a las inversiones italianas en el exterior como a las inversiones extranjeras en Italia”, explica Giandomenico Magliano, director general para la Cooperación

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Económica y Financiera Multilateral del Ministerio italiano de Asuntos Exteriores.41 Las asociaciones de italianos residentes en el extranjero participan en la estrategia del gobierno italiano para aumentar el intercambio comercial y cultural42. La masiva presencia de conciudadanos en el exterior imprimió en la administración pública de la Península estructuras inéditas, como el Ministero per gli Italiani nel Mondo, una cartera dependiente de la Presidencia del Consejo de Ministros, que tiene sus propias misiones, más allá del clásico ministerio de Asuntos Exteriores (con el cambio de gobierno en mayo de 2006 pasó a ocupar la categoría de viceministerio “con billetera”, es decir con partidas presupuestarias propias). A la red diplomática y a las sedes consulares se sumaron los 89 institutos italianos de Cultura en el exterior, entes abocados a difundir la producción cultural de su país mediante conferencias, espectáculos, ciclos de cine, cursos de idioma, becas de estudio. Esta acción del gobierno italiano coincide con la definición aportada por el diccionario de Relaciones Internacionales del Departamento de Estado de EE. UU.: “La diplomacia pública se refiere a programas auspiciados por el gobierno y destinados a informar o influir en la opinión pública en otros países; su principal instrumento son las publicaciones, las películas, los intercambios culturales, la radio y la televisión.”43 En la Argentina existen dos de estos institutos, uno en Buenos Aires y otro en la provincia de Córdoba. Durante 2005, a treinta años de la muerte de Pier Paolo Pasolini, las retrospectivas del cineasta estaban disponibles al público argentino casi en la misma media –cuando no en mayorque en Italia. Los periódicos locales imprimieron extensos suplementos dedicados al cineasta al tiempo que sus películas eran exhibidas a bajo costo y con el auspicio del Instituto Italiano de Cultura. También resulta frecuente encontrar centros culturales argentinos realizando homenajes a directores como Roberto Rossellini, Giuseppe Tornatore, Federico Fellini y Ettore Scola. En el resto de Europa están los ejemplos del British Council (Inglaterra), la Alliance Française (Francia, pionera en la materia, eligió a Italia como primer destino), la asociación Dante Alighieri (Italia), el Goethe Institut y la Alexander von Humboldt Stiftung (Alemania), el Instituto Cervantes (España) y, en Asia, la Tokyo Foundation (Japón). También en Asia, China cuenta con su Instituto Confucio. El primero fue emplazado en Estocolmo en febrero de 2005 y desde enero de 2006 opera otro en Francia, en la Université de Poitiers; son sólo 2 de los 17 institutos Confucio en el exterior, aprobados por el ministerio de Educación chino y la Oficina Nacional para la Enseñanza del Mandarín. El gobierno chino planea abrir otras cien sedes para difundir su pedagogía y su cultura. El British Council es uno de los ejemplos más ricos. Creado en 1934 como organización semigubernamental encargada de las actividades culturales británicas en el exterior, en su declaración de propósitos hallamos un verdadero programa de diplomacia cultural. Declara sus objetivos “para ampliar en el exterior el conocimiento de la vida y del pensamiento de los británicos; y para promover un mutuo intercambio de conocimientos e ideas con otras personas. Para fomentar el estudio y uso del idioma inglés; (…) para poner a otras personas en contacto cercano con los ideales y las prácticas británicos en los ámbitos educativo, industrial y gubernamental; para poner a disposición los beneficios de las actuales contribuciones británicas a la ciencia y a la tecnología; y para ofrecerles oportunidades de apreciar la producción literaria británica contemporánea, las bellas artes, teatro y música” (Taylor op. cit., 80). Ante el definitivo ocaso de su pasado imperial y de primus inter pares en Europa, la isla decidió jugar la carta de una política de prestigio que compensara la erosión de su poder fáctico. Pero el fenómeno de la diáspora no siempre resulta comprensible para los ciudadanos que no emigraron, quienes a menudo ven con desconfianza el empeño de la administración pública en ocuparse de ella. La prensa italiana casi no hace mención de las comunidades en el exterior y muchos habitantes de la Península no tienen noticia de la existencia de una cartera en la política exterior especialmente diseñada para atender a la diáspora. “Hubo una lenta toma de conciencia sobre la importancia del network étnico italiano”, subrayó el viceministro Danieli, para quien existe una visión provinciana del fenómeno por parte de la clase política y de los medios italianos. El
Cfr. “Crescere nell’era della globalizzazione” en In rete con l’Italia, Farnesina. Anno IV, Número 7 – 8. Agosto 2006. 42 En el marco del empeño del gobierno por extraer beneficios de sus conciudadanos en el extranjero debe mencionarse el Programa de Partenariado Territorial con los Italianos en el Extranjero que en su primera frase, concluida en 2004, creó más de 30 acuerdos de colaboración con asociaciones y empresarios en el exterior. 43 Cfr. “What is Public Diplomacy?” en http://www.publicdiplomacy.org.
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funcionario explica el renovado interés de la opinión pública por la diáspora gracias a la elección en los comicios de 2006 de los primeros dieciocho legisladores italianos elegidos en el exterior, cuya presencia fue decisiva para la formación de la mayoría de gobierno y para el posterior sostén de la coalición hasta enero de 2008. “Esta centralidad objetiva –agregó Danieli– ha reabierto un poco la atención. Pero la ha reabierto con el espíritu del chismorreo, del voyeurismo político. No hay una comprensión real y profunda de la importancia de la comunidad italiana en el mundo (…). Todavía no es un sentir común y vasto, sobre todo en lo que se refiere a la opinión pública. Los medios están aún ausentes; se habla de comunidad italiana cuando hay fenómenos trágicos o cuando hay algún chisme particular” (ver Anexo).

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III. Argentina: desde América latina hacia Europa
“… ma misi me per l’alto mare aperto sol con un legno…” Dante, Infierno, canto XXVI.

La reflexión teórica latinoamericana en materia de política exterior ha girado sobre algunos ejes vertebrales: el empeño por el desarrollo nacional, la industrialización y la puja por modificar el deterioro en los términos del intercambio comercial hacia un nuevo orden mundial equitativo, de relaciones mutuamente beneficiosas, con acuerdos de tipo win-win en el que los socios obtengan su beneficio sin ir en detrimento del otro. El Mercosur no escapa a este objetivo. La historia del pensamiento estructuralista44 latinoamericano en relaciones internacionales ha siempre hecho hincapié en la díada centro-periferia como dos caras de una misma moneda; una realidad estructural en donde el subdesarrollo no es un proceso independiente, una etapa previa del desarrollo, sino, por el contrario, una condición contemporánea para la existencia de polos mundiales de desarrollo. El subdesarrollo es parte de la ontología del desarrollo, no su versión anterior. El núcleo del argumento estructuralista sostenía que “la economía mundial está compuesta por un centro de países altamente industrializados y una amplia periferia subdesarrollada (…). El progreso técnico que lleva a aumentar la productividad y al desarrollo económico es la fuerza conductora de este sistema, pero el avance técnico tiene diferentes consecuencias para el centro industrializado, debido a rasgos estructurales de las economías menos desarrolladas y a la división internacional del trabajo heredadas del pasado (…), los frutos del progreso técnico y del incremento en la producción son así retenidos en la economía central y absorbidos por una apreciable fracción de la sociedad” (Bernal-Meza op. cit., 135). La división internacional del trabajo, cuestionada desde la década de los cuarenta por el pensamiento de la CEPAL (Comisión Económica para América latina), persiste aún como realidad que escinde a un grupo de naciones proveedoras de materias primas o productos sin valor agregado de otro compuesto por países manufactureros, hacedores del proceso de industrialización. De lleno en el siglo XXI, la exportación de materias primas, con reducidos casos que incluyen algún grado de transformación, sigue siendo uno de los problemas centrales para explicar la insuficiente participación de los países latinoamericanos en los flujos del comercio mundial (cfr. Gejo 1993, 137). Las principales mercancías exportadas a Europa por América latina y el Caribe son productos agrícolas, material de transporte y energía, a tal punto que la UE tiene un déficit comercial con esta región en este tipo de productos, mientras que en el resto de los sectores registró un excedente comercial (cfr. Comisión Europea 2004). La vieja preocupación de la escuela latinoamericana por el desarrollo de la periferia como adecuado mecanismo de integración en el sistema mundial recobra vigencia luego de que la retórica del neoliberalismo en los años ochenta y su versión sudamericana de los noventa propiciara una visión economicista del desarrollo, en la que la palabra “crecimiento”, entendido como acumulación de riquezas con el PIB como índice, reemplazó a la de “desarrollo”, que alude a la inclusión social, la mejora cultural, el bienestar general, el empleo y la distribución del ingreso. En definitiva, se trata de un crecimiento económico que no se desvincule de las condiciones de vida de la sociedad. Por esto, aquí se prefiere subrayar las restantes dimensiones de desarrollo, ya señaladas en los debates de la UNESCO hace más de tres décadas cuando se entendió que el proceso comprende elementos sociales, educativos, culturales, de calidad de vida y justicia social; dimensiones que encuentran incluso en la comunicación un continente válido y que la diplomacia pública puede traducir en estrategias coadyuvantes. En América latina el concepto de desarrollo es esencialmente inseparable de la gobernabilidad. Existe un consenso entre los países de la región sobre la dificultad de lograr un crecimiento sostenible con exclusión social. Sin condiciones de prosperidad, las variables sociales pueden desestabilizar el orden institucional. De ahí que, como se dijo, una buena política exterior empieza por un diagnóstico local: se trata de traducir necesidades internas en posibilidades externas. Los
El enfoque estructuralista centra su explicación más en las características estructurales del sistema internacional que en las unidades que lo componen. Postula la existencia de una estructura (un conjunto de condiciones) que constriñe el comportamiento de los Estados y que, como tal, es superior a la suma de las partes. Muchos de los autores estructuralistas son de extracción marxista.
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programas de desarrollo son incluso reconocidos por algunos teóricos del realismo como la única vía para que los Estados periféricos (como Argentina) generen una auténtica base de poder nacional en el largo plazo. III.1. Breve diagnóstico de la situación argentina y regional La inserción y participación de las naciones de América latina en el escenario mundial conjuga dosis de determinismo interno y externo. Pero a pesar de la cuota de determinismo estructural (externo) que señaló el pensamiento latinoamericano, más la persistencia de crisis políticoeconómicas en la región, “su creciente marginalidad con respecto a los flujos financieros, comerciales y tecnológicos mundiales, la importante pérdida registrada en su capacidad de incidir en la orientación de las decisiones principales del sistema y el alto grado de dependencia económica de EE. UU.; aún resta una porción sustantiva de decisión en manos propias” (Tomassini op. cit., 102). Es esta porción sustantiva de autonomía la que parece crecer en los últimos años. Desde una lectura basada exclusivamente sobre relaciones de fuerza y acumulación de poder, las naciones latinoamericanas pueden adolecer de protagonismo. Pero América latina es una de las regiones más privilegiadas del mundo. En comparación con el tamaño de su población, sus recursos son abundantes. Cuenta con múltiples fuentes de energía y alimentos y está alejada de las principales zonas de tensión internacional. Con la excepción de Bolivia y -en parte- México, sus conflictos étnicos, religiosos o lingüísticos son escasos. Sudamérica sigue avanzando en sus procesos de democratización. Se consolida en la defensa de los derechos humanos (la Argentina ha ratificado gran parte de los tratados regionales y universales de derechos humanos y, a diferencia de otras tantas naciones, les ha otorgado rango 45 constitucional) . Es una zona donde no prolifera el armamento nuclear y su único foco de terrorismo permanente, la narcoguerrilla de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), está vinculado con un tipo de acción armada de reivindicación económico-territorial y no religiosa o étnica, como ha sucedido con algunos casos europeos (vg. el IRA). Según datos de la CEPAL, las economías de los países de América latina transitan el cuarto año consecutivo de crecimiento y el PIB ha aumentado 4,3% en 2005 (cfr. Salafranca op. cit., 4). Con la expansión de 2006, el subcontinente habría acumulado un aumento del PIB regional de 17,6%. La región está alejándose de las décadas de inflación crónica que en los ochenta y noventa desquiciaron a la Argentina, Bolivia, Perú, Brasil y Nicaragua. Desde 1950 la población de la zona se ha más que triplicado; la esperanza de vida al nacer pasó de 51 a 73 años y la mortalidad infantil se redujo en un 83%, al caer desde 128 a 22 muertes por cada 1000 nacimientos con vida. También se incrementaron los índices de alfabetización y escolarización (Reid, 2007). Es también una rica potencia ambiental gracias a su biodiversidad, sus reservas energéticas (petróleo y gas), alimenticias y acuíferas. Desde fines de 2005 se planea la construcción de un gasoducto de 8000 kilómetros que uniría Venezuela, Brasil, Bolivia y Argentina; y de una refinería de petróleo en el noreste del país carioca. Luego de treinta años de continuidad en sus políticas de Estado y en coincidencia temporal con la caída de la capacidad de producción petrolera de la OPEC, Brasil está alcanzando su independencia energética gracias a sus programas de etanol, biodiesel y extracción costera46. La producción agrícola de energía funciona hoy como nuevo punto de encuentro comercial entre EE.UU. y América del Sur. Su fomento ya produjo

El 9 de mayo de 2006 la Argentina fue elegida por la Asamblea General de las Naciones Unidas para integrar su Consejo de Derechos Humanos, el órgano que reemplazó a la Comisión de Derechos Humanos que funcionó desde 1947. En este ámbito promovió la aprobación del texto de la Convención Internacional contra la Desaparición Forzada de Personas, una iniciativa que el país impulsó en Ginebra junto con Francia. Dicha Convención fue firmada por unos sesenta países, entre los cuales Chile y Uruguay, pero no EE.UU. Para que entre en vigencia, deberá ser ratificada por al menos veinte de los Estados signatarios. La Argentina, además, es el único país de América latina en el Grupo de Trabajo sobre Educación, Memoria e Investigación del Holocausto. 46 Brasil conduce un programa masivo de perforación de pozos petrolíferos costas afuera que le permitió más que duplicar su producción de crudo de 650 barriles en 1999 a 1,6 millones en 2006. La Argentina podría compensar su consumo de petróleo y gas produciendo etanol con sus cosechas de maíz y reemplazar al consumo de gasolina. Podría también emplear su soja y girasol para obtener biodiesel (cfr. Calcagno, Alfredo Eric. “El Futuro se decide hoy” en Le Monde diplomatique, noviembre de 2006).

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consecuencias en las economías de los países exportadores (México y Brasil): inflación, desabastecimiento alimenticio, deforestación y extranjerización de las tierras. Según datos del Foro Mundial del Agua, América del Sur posee el 28% del agua potable del planeta. Esto la convierte en una de las regiones con mayores recursos hídricos. Debajo de los territorios de cuatro de los cinco miembros del Mercosur (Brasil, Uruguay, Paraguay y Argentina) fluye el gigantesco Acuífero Guaraní, una de las últimas reservas subterráneas de agua dulce del planeta, cuya magnitud es capaz de satisfacer una demanda masiva en un mundo de predominante agua salada, no potabilizada y plagado de territorios en donde la escasez de este recurso representará un serio problema. La relevancia estratégica del recurso motivó en Bolivia la creación del ministerio del Agua.47 Desde el plano teórico, se suele dividir a América del Sur en dos corredores que distinguen a los países andinos de los del Cono Sur; los del océano Pacífico y los del Atlántico. Por un lado, la llamada “medialuna de los conflictos” (formada en gran parte por las naciones de la desmembrada Comunidad Andina de Naciones: Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Paraguay); por el otro, la “medialuna de la estabilidad e incógnitas”, integrada por Brasil, Argentina, Uruguay y Chile -pretendida estabilidad que en el caso argentino no es percibida en Italia, según se verá en los resultados del capítulo IV.2. Esta última región del subcontinente ostenta importantes niveles de cooperación económicocultural y la casi desaparición de los tradicionales conflictos bilaterales de disputas territoriales o contiendas geopolíticas, si bien últimamente resurgió el reclamo boliviano hacia Chile por una salida al océano Pacífico. El caso chileno es quizá el más elogiado de América latina en los términos de su inserción comercial mundial48, imitado desde 2007 por Perú. La competitividad de su economía ocupa la 27a posición en un ranking de 177 países, superando a naciones desarrolladas de varios países europeos49. Chile evidencia un modelo económico de mayor solidez en la zona, construido desde hace quince años por una misma coalición de gobierno (la Concertación, formada por la Democracia Cristiana y el Partido Socialista), aunque su disímil distribución del ingreso se halle entre los más pronunciados de la región. América latina registra el mayor índice de desigualdad social y peor distribución del ingreso del planeta, igualado sólo por África subsahariana. Sus discontinuos períodos de crecimiento económico no fueron acompañados por una esperable distribución de la riqueza. La brecha entre los sectores de consumo se agigantó. Con las excepciones de Uruguay y Costa Rica, que siempre registraron los mejores coeficientes de Gini (índice de distribución)50, el resto de las naciones
47 China, India, EE. UU. y Pakistán son algunos de los países con mayores inconvenientes en la administración de agua y las sequías. Carteras de Recursos Hídricos y de Agua e Irrigación fueron implementadas por los gobiernos de Pakistán, Iraq, Kenia, Nepal, Bangladesh, Jordania y Egipto, además de las ya citadas China e India. La cuestión del agua dulce es mucho más urgente y estratégica de lo que los medios de prensa dan a entender. El 97,5 % del agua del planeta no es apta para consumo humano ni animal. Del agua dulce existente, 7 millones de millas cúbicas son hielo en los polos glaciares. Mientras el mercado interno estadounidense consume más agua embotellada que café y cerveza, casi una sexta parte de la población mundial no tiene acceso al agua potable restante. Se estima que 5 millones de personas mueren a causa de enfermedades relacionadas con la escasez del agua, una cifra superior a los muertos por conflictos armados cada año. América latina tiene en su territorio cuatro de los veinticinco ríos más caudalosos del mundo, dos lagos de magnitud y el acuífero Guaraní: el Lago de Maracaibo (Venezuela), es en el mundo el único de agua dulce con salida al mar; el Lago Titicaca (Perú y Bolivia), el segundo lago más grande de Sudamérica y el más grande del mundo por encima de los 2 mil metros de altitud; el Río Orinoco (Venezuela), es el tercer río más caudaloso del mundo; el Río Paraná (Argentina, Paraguay y Brasil); el Río Magdalena (Colombia), que genera el 70 % de la producción hidroeléctrica y el 95 % de la producción termoeléctrica colombianas; el Río Amazonas (Brasil, Perú y Colombia), al que se le atribuye el segundo puesto mundial en longitud, detrás del Nilo, aunque estudios recientes lo confirman como el más largo del planeta. Sólo el Amazonas transporta más agua que el Río Mississippi, el Nilo y el Yangtze combinados. 48 Un caso puntual lo demuestra: en el ámbito comercial, por ejemplo, la Argentina produce un excelente vino tinto Malbec, sin embargo, las exportaciones de Chile superan en gran medida a las argentinas. En el mercado italiano, el Chardonnay chileno está ganando espacio a los tradicionales Barbera piamontés y Chianti toscano. 49 Cfr. World Economic Forum en http://www.weforum.org 50 Creado por el estadístico italiano Corrado Gini, este coeficiente identifica la mayor desigualdad con el valor “1” y con “0” la total equidad. En el caso argentino, el valor bajó de 0,494 -al término del segundo trimestre de 2005- a 0,483 puntos para igual período de 2006. Expresado en otros términos, la cifra indica que en Argentina el 10% más rico de la población concentra el 35% de la riqueza nacional y el 10% más pobre, sólo el 1,1%. Su punto máximo, 0,522, se

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mantiene la endémica desigualdad social, con Brasil a la cabeza. El Informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) para 2005 reveló que de los 550 millones de latinoamericanos, más de 220 millones son pobres y unos 100 millones extremadamente pobres, personas que viven con menos de 1 dólar al día51. El Indec (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos argentino) informó que en 2005 la Argentina aumentó treinta veces la distancia entre el 10% de la población con mayores ingresos y el 10% más pobre. En el bienio 2004-2005, después de veinticinco años, la región latinoamericana volvió a crecer en un porcentaje mayor que el promedio universal. De acuerdo con el FMI, la región crecerá 4,2%. Para la CEPAL, en cambio, el alza será de 4,8%. Pero el crecimiento no ha logrado aún disminuir la brecha social. En América latina la exclusión del mercado y la reducción del poder adquisitivo de la ciudadanía ha desembocado en agitaciones sociales capaces de desestabilizar la continuidad de los gobiernos (allí están los casos argentino de 2001 y boliviano de 2003). Una vez más, aparece la relación dialéctica entre desarrollo y gobernabilidad. En su Índice de Desarrollo Humano, dado a conocer en noviembre de 2006, el PNUD coloca a la Argentina a la cabeza de las naciones latinoamericanas con mayor desarrollo humano. Pero el país sigue siendo dramáticamente desigual: mientras en la capital se alcanzan índices de desarrollo equiparables a los italianos o belgas, basta recorrer provincias como Misiones, Chaco y Formosa para encontrarse con índices africanos. La Argentina de las últimas décadas no conoció un desarrollo económico sostenible; ha más bien oscilado entre fases de crecimiento y recesión con mayor frecuencia que la mayoría de los países de la región. Esto contribuyó a que desde los años setenta el país tuviese una de las tasas de crecimiento más bajas de América latina. Sin embargo, luego de su crisis de 2001, el país alcanzó catorce trimestres consecutivos de crecimiento a partir del segundo trimestre de 2002 (superando al anterior ciclo alcista de 19951998)52. Concluyó el 2006 con un crecimiento anual de su PIB de 8%, el corolario para cuatro años de expansión a tasas chinas. El país “viene creciendo a tasas asiáticas y eso es muy apreciado desde Europa”, declaró el jefe de la delegación de la UE en la Argentina, en julio de 2006. En los primeros meses del mismo año, la Argentina acumulaba un crecimiento de su PIB de 9,1%, ligeramente superado por China, con 9,5%. El crecimiento argentino superó por amplio margen al brasileño y al de actores centrales del sistema económico mundial como EE. UU. (3,4%), Europa (2%), Rusia (7%), India (7,3%) y Japón (2,8%). La Argentina es uno de los países más ricos y desarrollados de América latina en términos de recursos humanos y naturales. Logró incorporar a un amplio sector de su población en términos de derechos sociales. En 2001, luego de cuatro años de recesión, contaba con más de la mitad de la población bajo la línea de pobreza; una desocupación de 21%; una caída del PIB de 16%; una deuda por más de 132 mil millones de dólares; una fuga de capitales por más de 26 mil millones de dólares y el índice de riesgo país más alto del mundo (Alberti 2005, 24). Luego de su más extensa y profunda recesión económica en un siglo y medio (desde 1998 a 2002), la Argentina alcanzó el mayor superávit primario consolidado en más de cincuenta años. La depreciación del peso produjo saldos con superávit en la balanza comercial gracias a la sustitución de importaciones. El Foro Económico Mundial aseguró que el país es la segunda economía más competitiva de América latina, delante de Costa Rica, Brasil, Colombia y México53. Parte de la bonanza económica argentina se atribuye a una benigna coyuntura internacional antes que a los méritos de la propia política económica. De hecho, la región se beneficia de los altos precios de las materias primas gracias, por ejemplo, a la creciente demanda asiática (juntos,
registró en la crisis de 2001. El índice de Gini ha sido reemplazado en algunos casos por el del economista británico Atkinson, que incorpora nuevos valores en el cálculo de la distribución de la renta. 51 De los grandes países desarrollados del mundo, Italia, junto a Inglaterra y EE.UU., es una de las naciones con mayor desigualdad en términos de rédito y de riqueza. Según datos de la oficina de estudios de la Banca de Italia, el 10% de las familias italianas con los réditos más elevados percibe el 26,7% del total de los réditos producidos. En cambio, al 10% de familias con el rédito más bajo le toca sólo 2,6% del total de réditos que se producen cada año en Italia. 52 Cfr. “Argentina. Indicadores económicos”. Ministerio de Economía argentino, informe de enero de 2006. La producción industrial acumula 52% de alza. Los sectores textil y metalmecánico son los que registran el mayor crecimiento desde la salida de la crisis. 53 Datos extraídos de los índices de competitividad global elaborados por el Foro Económico Mundial y difundidos en la reunión de São Paulo, Brasil, el 5 de abril de 2006. Ver Latin American Competitiveness Review 2006 en www.weforum.org.

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China e Inda poseen 2.400 millones de habitantes, aproximadamente, que demanda alimentos). La demanda sino-india, junto con la estadounidense, mantiene elevados los precios agrícolas, del petróleo y de los productos primarios54. Condiciones internacionales que revalorizan el aún perfil primario de las exportaciones argentinas55. Con frecuencia se alude al “boom de la soja”, un commodity argentino relevante junto al petróleo, cuya excepcional cotización en el comercio mundial propició los buenos números en los índices de exportaciones y la excedencia de recursos, además del crecimiento en la industria del turismo56 y el sector de la construcción. El Índice de Materias Primas en octubre de 2006 indicó una suba de 10% respecto de igual período en el año anterior. Luego de su visita a China en noviembre del mismo año, la delegación de la Cancillería argentina, encabezada por el ministro de Asuntos Exteriores Jorge Taina, comprobó que la elevada demanda de bienes primarios del país comienza a sobrepasar a su capacidad de oferta. El boom de las materias primas genera el riesgo de consolidar una estructura económica de producción primaria, poco industrializada. Una cotización de la moneda local que si bien fomenta la exportación dificulta al mismo tiempo la adquisición de maquinarias. La Argentina ha sido un país fluctuante también en política exterior. Ubicada entre las naciones más importantes del mundo a principios del siglo pasado, ha devenido en un caso de desarrollo frustrado, como lo fue gran parte de América latina, si tenemos en cuenta que a fines del proceso desarrollista de los años sesenta e inicios de los setenta la región disponía de factores competitivos tales como tecnología propia, grandes empresas, capitales, gran mercado interno y sus aún vigentes recursos naturales. El país fracasó reiteradas veces en el intento por lograr una acertada inserción mundial. Vaciló en la constitución de una tradición diplomática y una política exterior de Estado ajenas a los vaivenes de los gobiernos nacionales. De la privilegiada relación con Gran Bretaña, en pie hasta los años treinta, pasó a una neutralidad filo germánica marcada por frecuentes enfrentamientos con Washington y la definición de la Tercera Posición como matriz de política exterior (“ni comunistas ni capitalistas, peronistas”). Del tardío –y penado- intento de alineamiento con EE. UU. en las postrimerías de la Segunda Guerra, el país se orientó hacia una política pro latinoamericana y desarrollista para más tarde ingresar en el concierto de los países No Alineados, formado por las decenas de nuevos Estados surgidos durante la segunda posguerra. Ya contemporáneamente (1989-2001), ensayó un acoplamiento con EE. UU. y los lineamientos del “Consenso de Washington”, hasta proponerse incluso como país Aliado extra OTAN (1998)57. Tal como explicó el estudioso argentino Juan Gabriel Tokatlián, “en los últimos lustros el país pasó de ser paria a ser un paraíso y, posteriormente, otra vez a ser paria; transitó la condición de ser modelo regional a fracaso hemisférico; se lo miró como un milagro primero y como un desquicio después; fue visto como alumno aplicado y más tarde como díscolo empedernido [el autor se refiere a los elogios del FMI al país a fines de la década de los noventa, cuando lo calificó de “alumno ejemplar”]. O sea que, en clave anglosajona, la Argentina pasó de ser showcase a volverse basketcase” (Tokatlián op. cit., 179). “Por años fue considerado el país modelo para las recetas neoliberales impulsadas por los organismos multilaterales, pero después de los sucesos de diciembre 2001 se convirtió primero en un modelo de desobediencia civil y luego en una usina
Los principales destinos de los productos primarios argentinos son: Unión Europea (23%); China (21%); Mercosur (15%); Brasil (14%); Oriente Medio (6%); Japón (3%); NAFTA (2%); Chile (2%); República de Corea (2%). Datos del INDEC y Ministerio argentino de Economía. 55 La capacidad exportadora argentina puede clasificarse en cuatro sectores: productos primarios; combustibles; manufacturas de origen agrícola (alimentos y bebidas); manufacturas de origen industrial (en orden de importancia: cueros y marroquinería, material de transporte, materiales plásticos, textiles y confecciones, papel y cartón, químicos, maquinaria, manufacturas no metálicas, calzado, manufacturas de caucho, piedras y metales preciosos). 56 Según el informe presentado por la Organización Mundial del Turismo (OMT) en Madrid el 24 de enero de 2006, la Argentina es el segundo país más visitado de América latina después de Brasil. El país recibió unos tres millones de visitantes durante 2005, casi dos millones menos que su vecino. Aunque no ha sido debidamente instrumentado, el país cuenta además con el llamado “Acuerdo de cooperación sobre turismo entre el gobierno de la República Argentina y el gobierno de la República italiana”, suscrito en Buenos Aires el 20 de diciembre de 1985 y aprobado por el Congreso Nacional mediante Ley 23.632. Este acuerdo bilateral, aún vigente, promueve el intercambio de información a través de los organismos oficiales de turismo, procura la publicidad turística recíproca, las actividades informativas y de propaganda y la elaboración conjunta de programas bilaterales de enseñanza y capacitación en el sector. 57 En 1999, el presidente argentino envió una carta a su par estadounidense solicitando que la Argentina fuese incorporada a la OTAN “en calidad de miembro asociado o una categoría similar a establecerse.”
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de producción de nuevas experiencias de auto-organización, lo cual lo llevó a erigirse prontamente en uno de los laboratorios sociales más originales de la periferia globalizada” (Alberti op. cit., 24). III.2. Eje Mercosur – Unión Europea
“Y nosotros, los iberoamericanos, con tan hondas raíces en España y Portugal, ¿no somos lo más semejante a Europa fuera de Europa? No permitamos que Europa nos sea raptada.” El rapto de Europa. Carlos Fuentes (2007).

La internacionalización del comercio y la apertura de los mercados, postulados de la globalización, parecen no avanzar sin la asistencia de un proceso paralelo de integración regional. La ampliación de la cooperación entre miembros de un mismo bloque, como también entre dos regiones, puede ser un camino para aliviar las condiciones del subdesarrollo y morigerar los efectos de una mundialización asimétrica. Tanto el proceso de globalización como el de regionalización, si bien en apariencia contradictorios, pueden asistirse mutuamente. Hay quienes ven a la regionalización como el proceso mediante el cual la globalización toma forma. Pero visiones menos optimistas alertan sobre el riesgo de que los bloques regionales devengan en fortalezas proteccionistas, algo que ya afecta a las economías en desarrollo. Tal tendencia podría conducir a un escenario de fragmentación económica mundial (Petrash y Ramos 1998, 76, 77). Dentro de estos procesos de integración por bloques, la UE es quizá el actor más original en la configuración de un nuevo orden mundial. Es la región del mundo con más organizaciones multilaterales y la principal inversora y donante en América latina, la zona con mayor número de propuestas de integración, después de Europa misma. Su paciente construcción en más de medio siglo demuestra que la asimetría entre los Estados miembros, la profunda diversidad cultural, idiomática y religiosa no son óbice para un exitoso modelo de cooperación. Por su parte, la inegración latinoamericana no logra aún avanzar hacia un punto de no retorno, a pesar de contar con condiciones privilegiadas: sólo dos lenguas de uso masivo (castellano y portugués), una religión predominante (el cristianismo católico, con presencia protestante) y un mismo origen cultural. Una gran región que se asemeja a una nación dispersa en Estados nacionales, según la visión panamericana del político peruano Víctor Raúl Haya de la Torre. Riquezas naturales, territorio y homogeneidad cultural; América latina tiene una plataforma formidable para, por fin, engranar ventajosamente en esta bisgra temporal que vive. Si la interacción a escala global se hará de forma bilateral (modalidad adoptada por Chile58) o a
Chile fue el primer país latinoamericano que a partir de 1974, con un gobierno de facto, comenzó a aplicar el modelo de liberalización de su mercado y de apertura a la economía internacional (Argentina haría lo propio dos años después, también en el marco de una dictadura). Chile ha adoptado desde entonces un modelo de política comercial acorde con un regionalismo abierto, que preserva la facultad del país para establecer acuerdos bilaterales de libre comercio más allá del bloque regional al que pertenezca. Así, por ejemplo, mientras Chile poseía el estatus de economía asociada al Mercosur (aunque no de miembro pleno debido, entre otras causas, a una diferencia de aranceles aduaneros) y a la Comunidad Andina de Naciones, negoció acuerdos bilaterales con EE. UU. y la UE en 2002, con lo que al año siguiente aumentó 11,4% sus exportaciones al bloque europeo. En 2006 firmó un tratado de libre comercio (TLC) con Panamá, que elimina por diez años varios aranceles entre ambos países, y ya planea un acuerdo similar con Perú. El país andino también firmó TLC con China, Corea del Sur y Nueva Zelanda. El Tratado de Libre Comercio entre Chile y China entró en vigor el 1 de octubre de 2006, con lo que el país andino se convirtió en la primera nación que tiene un tratado de libre comercio de esta naturaleza con China, que incluye la desgravación inmediata del 92% de las exportaciones, con un 7% que se liberalizará en un plazo no superior a diez años. En total, el país andino contabiliza 54 acuerdos comerciales bilaterales, lo que equivale a un mercado de 3 mil millones de consumidores. Para Chile, desde este enfoque pragmático de su política exterior, las diferentes opciones de inserción regional que se presentan en el continente no son excluyentes entre sí, sino más bien complementarias. Esto no le resta a Chile independencia política en sus decisiones de política exterior. De hecho en 2003, justo cuando estaba a punto de sellar su tratado de libre comercio con EE. UU., el país ocupaba uno de los asientos rotativos en el Consejo de las Naciones Unidas al momento de la votación por la opción bélica contra Iraq. En análoga posición se encontraba México, socio comercial por excelencia de EE. UU. junto con Canadá en el NAFTA (North American Free Trade Agreement). Si bien la votación jamás se llevó a cabo debido a la decisión unilateral de Washington de atacar Iraq, ambas naciones latinoamericanas adelantaron que su voto sería desfavorable a la voluntad angloamericana. Por su parte, la región Caribe registra una mayor y consuetudinaria influencia estadounidense. Por ejemplo, de los siete países de latinoamericanos que apoyaron a Washington en su invasión política militar en Iraq (República Dominicana, Costa Rica, Salvador, Honduras, Nicaragua,
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través de un bloque regional, es un debate vigente en América latina. No sólo Chile, también Perú alcanzó en 2006 un tratado de libre comercio con EE. UU. que, luego de las dificultades para practicar su propuesta de Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA), ha preferido la vía de acuerdos bilaterales con los países latinoamericanos. Respecto de esta modalidad, el secretario de Estado español para Asuntos Europeos, Alberto Navarro, señaló que “no podemos esperar que EE. UU. vaya firmando acuerdos con todos los países y que nuestros empresarios vayan perdiendo oportunidades de mercado.”59 En 1995, la UE y el Mercosur firmaron el acuerdo de cooperación política que pretende profundizar los lazos de libre comercio. Fue la primera vez en la historia que dos bloques comerciales negociaban un acuerdo de asociación. La conversación inter-bloque se enmarca en un diálogo aun mayor, el de la UE con ALC, que en 1999 en Rio de Janeiro entablaron conversaciones de asociación abarcando la liberalización de todo el comercio de bienes y servicios. Con la ronda de diálogo de Viena en 2006 ya son cuatro las cumbres celebradas entre ambos bloques (Rio de Janerio en 1999; Madrid en 2002; Guadalajara en 2004). Sin embargo, en la población la visibilidad de la UE en América latina -y viceversa- es aún escasa60. En la primera, predomina la presencia de África y Asia. En la segunda, la de EE. UU. El desconocimiento conduce a la incomprensión y fomenta estereotipos que, como se notó en el apartado II.2.1., deben ser estudiados y accionar sobre ellos si se pretende una adecuada estrategia de diplomacia pública que quite la imagen del país del cono de sombras de la opinión pública extranjera. El ambicioso proyecto de Acuerdo de Asociación Birregional entre UE y América latina gira sobre tres ejes: diálogo político, cooperación y asuntos comerciales61. Respecto del primer eje, en 2006 el Parlamento europeo instituyó EUROLAT, la Asamblea Parlamentaria Eurolatinoamericana que reúne a representantes de legislaturas de países latinoamericanos y a miembros del Parlamento europeo. En cuanto a los dos últimos ejes, un acuerdo de asociación entre ambos daría lugar al segundo bloque comercial del planeta, con un producto aproximado de 9 mil millones de euros y una población superior a los 700 millones de habitantes, el equivalente a casi 10% de la población mundial. Con la incorporación de Venezuela en 2006 (la tercera economía de Sudamérica y miembro de la OPEC -Organization of Petroleum Exporting Countries62-, con tradicional influencia geoeconómica en el Caribe, las reservas petroleras más consistentes del continente y las de gas más importantes de América del Sur), el Mercosur produce el 75% del producto bruto de la región. En noviembre de 2006 Rafael Correa, presidente entonces electo de Ecuador, anunció que perseguirá la incorporación de su país al bloque sureño. Por su parte, el presidente peruano Alan García designó un embajador permanente ante la Comisión de Representantes del Mercosur. Ambos bloques se necesitan. La UE, principal inversor y donante de ayuda no reembolsable al Mercosur, si bien abocada a resolver las asimetrías con los nuevos miembros del Este (Rumania y Bulgaria ingresaron en enero de 2007), algo que podría representar una lesión en la importancia relativa de América latina en Europa63, debe abastecerse de materias primas y explorar nuevos
Panamá y Colombia), seis pertenecen a la zona caribeña y cuando debieron manifestar su apoyo estaban negociando acuerdos comerciales bilaterales con EE. UU. 59 Nota de prensa de la Cámara de Comercio de Bogotá. 23 de junio de 2006. Citado en “España: Puerta de Europa”, 25 de junio de 2006. Observatorio de las Relaciones Europa-América latina. Obreal / Eulare. http://www.obreal.org. 60 Cfr. “Percepción de la Unión Europea en América Latina”. Focus Eurolatino. CJD/Latinobarómetro, 2004 y 2005. 61 De los tres aspectos de diálogo birregional, el comercial parece ser el nudo gordiano. Los miembros del Mercosur solicitan la anulación de los subsidios en el sector agrícola, mientras que los europeos piden el cese de los aranceles para industrias y servicios. Casi 25% de los intercambios comerciales del Mercosur se concentra en la UE, lo que la convierte en su primer socio comercial e inversor. Pero para Europa los mercados del Sur significan sólo 2,5% de su comercio. El desacuerdo por la reducción de aranceles a la importación de productos agrícolas, por parte de EE. UU. y Europa, y de productos industriales por parte de las naciones en desarrollo, es también el dilema de las llamadas “rondas de Doha” desde 2001. La Ronda Doha de la Organización Mundial del Comercio (OMC), noviembre de 2001, evaluó la posibilidad de reducir los aranceles para productos alimenticios e industriales y la eliminación de barreras y subsidios en el comercio agropecuario mundial. 62 Sus países miembros controlan el 80% y el 50% de las reservas mundiales de petróleo y de gas, respectivamente. 63 Sobre la importancia de los nuevos miembros del Este, el gobierno italiano reconoció que la presencia de las empresas italianas en el exterior está aumentando especialmente en el área de Europa del Este la presencia de empresas italianas en el exterior también aumenta estratégicamente en los mercados del Este europeo, en Rusia, China, India y Turquía (datos publicados por la Dirección General para la Cooperación Económica y Financiera Multilateral del

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mercados. Por su parte el Mercosur, cuarto grupo económico del mundo, necesita de inversiones en tecnología, energía, transporte y telecomunicaciones para poder diversificar su producción y facilitar la exportación de valor agregado. El contexto de acción para la Argentina hoy está dado en este marco, el de su integración regional. Dicho marco de cooperación, que data de la década de los ochenta, favorece la definición de la “autonomía relacional”, mencionada en la introducción del presente estudio; concepto inaugurado por los académicos argentinos Roberto Russell y Juan Gabriel Tokatlián. Estos acuerdos regionales promueven “el tránsito de una autonomía que se define por contraste a otra que se construye dentro de un contexto de relaciones (…) la capacidad y disposición de un país para tomar decisiones con otros por voluntad propia y para hacer frente en forma conjunta a situaciones y procesos ocurridos dentro y fuera de sus fronteras” (Bernal-Meza op. cit., 222). Fue la Argentina el primer país de América latina en formalizar su relación con la UE mediante los llamados acuerdos de cooperación de tercera generación (democracia, derechos humanos e integración). Para su comercio exterior, el país descansa sobre dos encalves fundamentales: Brasil y la UE. Si bien la presencia argentina en el mercado brasileño se redujo durante los últimos tres años, la Argentina es el segundo vendedor en importancia de Brasil, superado por EE. UU. Europa es su segundo socio comercial, después de Brasil, y su principal inversor. En los años noventa, la Argentina recibió 127 mil millones de dólares en inversión extranjera directa, de los cuales 47% provenientes de la UE, 41% del NAFTA y 9% del Mercosur (Girandi 2002). Respecto de Brasil, se trata de su socio estratégico en el Mercosur y de la región, que hasta octubre de 2006 mantenía superávit comercial con todos los países sudamericanos, lo que se prestó como justificación para la búsqueda bilateral de acuerdos de libre comercio con EE. UU. por parte del resto de las naciones. Brasil aspira a un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas; es el quinto país del mundo en extensión, con un territorio de 8.547.000 km2; tiene 170 millones de habitantes y un PIB que sitúa a su economía entre las diez mayores del planeta. La performance de su canasta exportadora le arrebata cada vez más mercados a la Argentina. Ya es el segundo productor de porotos de soja y el primer exportador de carne bovina y aviar del mundo. En cortes bovinos multiplicó sus envíos por cinco en siete años y les quitó a los argentinos gran parte del mercado del Reino Unido. Brasil juega su rol regional de moderador frente a una Argentina a menudo díscola, una Venezuela provocadora y una Bolivia durante casi tres años a la deriva (2003-2005). Henry Kissinger, el ex canciller estrella de Richard Nixon, sostuvo que “donde va Brasil va América latina.” En un comunicado sobre el estado de las negociaciones birregionales, la Comisión europea reparó en el rol de Brasil en la región. “La estrategia para profundizar la asociación entre la UE y América Latina –anuncia el documento- también debe tener en cuenta la importancia y el papel especial de los grandes países de la región. Esto es así, en particular, con respecto a Brasil, país para el que la Unión sólo dispone de exiguas estructuras de diálogo bilateral carentes de dimensión política. Esta situación ya no se ajusta a la rápida evolución de Brasil como polo económico y político mundial. Brasil puede desempeñar un papel de motor en la integración regional, objetivo central además de la estrategia europea respecto al Mercosur” (COM 2005). El gigante sudamericano aspira a convertirse en un actor global en sintonía con países pares como Sudáfrica, India y China, con los cuales busca entablar un eje geopolítico transversal (de hecho, el intercambio comercial brasileño total con estos tres actores más Rusia aumentó en los últimos cuatro años poco más de 9 mil millones de dólares). En enero de 2005 Brasil fue invitado a participar en las negociaciones del G864 durante el Foro Económico de Davos. Lo mismo ocurrió
ministerio italiano de Asuntos Exteriores en Mastrojeni 2005, 11). “La economía marchigiana mira hacia el Este, hacia los mercados balcánicos, rusos y asiáticos”, asegura Emilio Beronni, presidente del Consejo de los Marchigianos en el Exterior (“I marchigiani sono sempre più uniti” en In rete con l’Italia, Farnesina. Año IV, Número 9. Septiembre 2006). Del total de inversiones extranjeras directas (IED) que circularon el el mundo durante 2006, América latina receptó sólo el 8%. Los ex países de la órbita soviética en Europa atraen muchas más inversiones que nuestra región porque no han tenido una fuerte tradición sindical y, por lo tanto, los costos laborales son menores para las nuevas empresas occidentales que allí se radican, volviendo más rediticia la inversión. La gran excpeción la repsenta Polonia, sede del gran movimiento Solidarnosc (Solidaridad), del líder sindical y procristiano Lech Walesa. 64 Antes llamado Grupo de los Siete (G7), es el conjunto de naciones con mayor desarrollo económico e industrial del planeta, a saber: Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, Reino Unido y Estados Unidos. Ahora se ha ampliado con la incorporación de la Federación Rusa (G8). Un informe de Goldman Sachs estimó que en 2050 la hegemonía de estos

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con el cónclave de San Petersburgo, Rusia, en julio de 2006, donde el país tropical participó como representante del G2065. Brasil es considerado un actor mundial que a través de su liderazgo en el G20 logra intervenir en las negociaciones del comercio mundial como voz escuchada por EE. UU., Europa y Japón. Es justamente en el terreno de la economía donde la ausencia de jerarquías mundiales permite que los países de menor capacidad militar ejerzan cierta presión sobre los actores centrales. Se trata de la observación crítica que Carlos Escudé le hace al realismo clásico y al estructural, según los cuales el sistema internacional es principalmente anárquico –no en el sentido de caótico, sino de la falta de un gobierno mundial. Escudé argumenta que en el ámbito estratégico, el de la seguridad, hay una clara jerarquía compuesta por Estados más poderosos que otros; pero reconoce la vigencia de la anarquía en el orden económico, como escenario en el que los países menores pueden ejercer un política de poder (cfr. 1995). Nosotros agregamos a la comunicación (y a la diplomacia pública como herramienta) como escenario anárquico que puede revalorizar la presencia mundial de naciones no relevantes en el ámbito de la fuerza. El mejor posicionamiento de Brasil en la región es percibido por Italia, que aumentó su atención hacia él con el objetivo de reforzar el diálogo político e incrementar el comercio bilateral por medio de la creación de empresas mixtas ítalo-brasileñas. El número de empresas italianas que abrieron filiales productivas y comerciales en Brasil casi se duplicó en los últimos diez años, de 120 a 220. Los sectores de cooperación empresarial conjunta son la mecanización agrícola y protección ambiental; agroindustria e industria de la transformación alimenticia; madera y muebles; mármol y granito; textil; cuero y turismo. Desde 2001 está en marcha un acuerdo de cooperación descentrada para el desarrollo local entre cuatro regiones italianas (Umbria, Toscana, Marche y Emilia-Romagna) y la Presidencia de la República de Brasil. Es la primera vez que regiones italianas son autorizadas por el ejecutivo nacional a gestionar sus potestades en política exterior. El artículo 117 de la Constitución italiana atribuye a las regiones administrativas del país la facultad de adoptar legislación propia en materia de “relaciones internacionales y con la Unión Europea” y, por lo tanto, el poder de cerrar acuerdos –exclusivos o compartidos con el gobierno nacional- con terceros Estados. Emilia-Romagna y Veneto ya estudian la posibilidad de un acuerdo del tipo con Israel y Chile, respectivamente. Se fomenta entre los políticos italianos la percepción de un Brasil que está recogiendo los frutos de una política macroeconómica austera, basada sobre la estabilidad monetaria y fiscal. “Un país establemente democrático –escribe un ex ministro italiano de Asuntos Exteriores-, promotor de equilibrio y desarrollo en el escenario internacional y en particular en la región latinoamericana, protagonista de una prometedora fase de crecimiento económico (;) uno de los países emergentes de mayor atractivo para las inversiones y para el comercio.”66 Una posición intermedia de la percepción italiana de Brasil la ofrece el responsable del Servicio Exterior de la Cámara de Comercio de la región de Umbria, para quien “en el imaginario colectivo italiano Brasil está relacionado con las mujeres bellas, la buena vida, el turismo y, además, algo de trabajo. En cambio, la Argentina tiene que ver con algo más serio. Me impacta la imagen de estos dos hombres que bailan el tango entre sí, donde uno de ellos representa idealmente la compañera ausente, la pasión que se lleva dentro. La Argentina es un país más serio, más íntimo,
países sobre la economía global será desafiada por el llamado grupo BRIC: Brasil, Rusia, India y China. Se estima que el conjunto de las economías BRIC será mayor en términos de PIB que las economías de EE.UU. y de la UE. 65 El Grupo de los Veinte (G20), foro informal de ministros de economía y presidentes de bancos centrales, nació el 25 de septiembre de 1999 en la reunión de ministros de finanzas del G7. En su compromiso fundacional se propuso establecer un mecanismo informal de diálogo entre los países importantes dentro de la estructura del sistema institucional de Bretton Woods. Su objetivo enunciado es el de “promover la discusión, estudio y revisión de temas políticos entre los países industrializados y mercados emergentes con un enfoque que promueva la estabilidad financiera internacional”. Sus 18 miembros iniciales fueron, además de los integrantes del ahora G8, Argentina, Australia, Brasil, China, India, México, Rusia, Arabia Saudita, Sudáfrica, Corea del Sur y Turquía. A su vez, Brasil, Sudáfrica, India y China lideran otro G20, integrado por economías emergentes y países en desarrollo productores de alimento. Creado en 2003, este otro foro presiona para aprobar un plan de reducción y eliminación de los subsidios a la exportación y a la producción aplicados por la tríada EE. UU., UE y Japón. 66 Gianfranco Fini, ex ministro italiano de Asuntos Exteriores (2004-2006). Newsletter de la Farnesina del 14 de marzo de 2006.

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más cerebral; mientras que en Brasil está todo más relacionado con el cuerpo y cuando los italianos lo visitan encuentran toda esta ligereza del ser”67 (cfr. Occhiucci, entrevista en Anexo). El hecho de que la economía brasileña sea percibida como más competitiva que la argentina cuando los datos citados en este libro indican lo contrario, subraya la importancia de la comunicación para aumentar la visibilidad internacional positiva de un país. Brasil viene exportando en clave comunicativa sus valores de estabilidad, orden y progreso; variables tradicionalmente constitutivas de su identidad nacional. La diplomacia pública puede establecer relaciones internacionales basadas sobre este tipo de valores. Vista su proyección internacional y su acercamiento bilateral con Italia, la Argentina debería probar estrategias binacionales de política exterior con su vecino. El costado estratégico de la relación privilegiada con Brasil podría explicarse sobre la base de cuatro ejes fundamentales: la formación de una zona de paz; la consolidación de sus democracias; la creación de un espacio económico común y el fortalecimiento de la capacidad de negociación frente al mundo (Russell 2003, 82). América del Sur se presenta como el terreno natural para que la Argentina también se pliegue a una estrategia similar a la brasileña. Puede emplear una política de “control de daños” y presentarse como activa en la solución pacífica de conflictos con sus vecinos (Tokatlián op. cit., 111). Junto con Brasil como potencia media regional, puede ser un articulador de consensos en la zona antes que un permanente elemento de desestabilización para la región. Debería considerar la ocasión de sumarse al “Grupo de Amigos” impulsado por Brasil para evitar una creciente polarización política del Cono Sur. Un eje Brasilia-Buenos Aires puede promover una diplomacia preventiva que atempere las variables de posibles nuevas crisis políticas en la zona. Cuando la decisión del gobierno boliviano en mayo de 2006 de nacionalizar los recursos naturales, el rol de moderador que la Argentina adoptó entre los intereses en pugna bolivianos y brasileños fue incluso resaltado por EE. UU., que espera que el país pueda contener las consecuencias de las nuevas políticas bolivianas y evitar así una engorrosa intervención regional. El rol de la Argentina como moderador o árbitro regional, ahora en manos de Brasil, podría mejorar su perfil luego de la cumbre de mayo de 2006 entre América latina y la UE en Viena. En la ocasión, la comitiva argentina aseguró que “lo mejor que nos está pasando es que ahora [los países europeos] nos miran como parte de la solución y no como parte del problema.”68 La ocasión pareció propicia para que el presidente argentino se ofreciera como mediador entre Bolivia y España, luego de que la estatización de los hidrocarburos afectara los intereses de la empresa ibérica Repsol69. Sin embargo, Chile sigue siendo uno de los actores más confiables y estables como interlocutor regional, aunque el país no tenga en el escenario latinoamericano el peso necesario para guiar las tendencias de sus vecinos. Pero Italia aún no demuestra certeza sobre este rol que la Argentina se arroga. Si bien el gobierno Prodi ha reconocido que el vínculo con el país podría ser un eje clave en la relación ítalosudamericana, ofrece reticencia al momento de concederle a los argentinos un estatus de socio en la declarada voluntad diplomática italiana de aliviar las tensiones en América latina (cfr. Di Santo, entrevista en Anexo). Cuando en octubre de 2006 Guatemala y Venezuela se disputaban un asiento transitorio en el Consejo de Seguridad de la ONU, la diplomacia italiana, que se había abstenido en las votaciones, propuso a Brasil como el interlocutor preferencial para destrabar la difícil elección que terminó con Panamá como elegido. III.3. Argentina e Italia. La cultura como vínculo internacional

67 En Italia están de moda las danzas cariocas y demás variantes latinoamericanas. Proliferan los cursos para aprender a mover la cadera al ritmo de la música brasileña. En las vidrieras de las tiendas de ropa destellan los colores de la bandera de Brasil como marca registrada, un marketing nacional que recuerda a la omnipresencia de la bandera estadounidense. Los programas televisivos de entretenimiento (que en Italia sobreabundan) cuentan, casi por definición, con bailarinas brasileñas o venezolanas exhibidas como atractivo de una belleza exótica. Hay quienes definen a Italia como una sociedad “brasilianizada” por el culto al hedonismo, la obsesión por el cuerpo, las nuevas creencias y la espiritualidad a medida (ver Severgini 2005, 239). 68 Cfr. “Nos miran como parte de la solución” en Página 12, sección El País, 15 de mayo de 2006. 69 España es particularmente sensible a la situación latinoamericana: siete de sus multinacionales tienen invertido en América Latina una suma equivalente a 5,6% del PIB español; se trata de BBVA, SCH, Endesa, Iberdrola, Gas Natural, Telefónica y Repsol YPF.

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El estudio clásico de la política internacional ha sido dividido en al menos tres campos analíticos, siguiendo la orientación de Tucídides: el estratégico-militar, vinculado con la supervivencia de los Estados como unidades únicas; el económico, con las representaciones en mercados externos; el de los valores. Este último, cuya relevancia política se señaló en el apartado I.1.1., se refiere a las afinidades y discrepancias en la manera de entender la vida en sociedad y las convenciones que regulen la convivencia internacional. En este campo, Buenos Aires despliega sus mejores lazos con Roma. Una encuesta difundida en 2002 por el Centro de Estudios Nueva Mayoría en Buenos Aires mostró que Italia es el segundo entre los países que los argentinos eligieron como modelo a imitar70. Por sus vínculos culturales que se remontan a fines del siglo XIX, la nación peninsular europea es para la Argentina un “país llave” o “país portal” por cuyo intermedio es posible acceder a importantes mercados mundiales. Italia, como España, es uno de los enclaves geoestratégicos de la Argentina71; se trata de un actor a través del cual profundizar la integración del país con Europa. Como integrante del grupo de las naciones más industrializadas, su gestión puede favorecer el acceso argentino a créditos, acuerdos y negociaciones. A su vez, la Argentina ofrece a Italia una de sus más sólidas perspectivas Atlánticas fuera de su membresía en la OTAN. No sin un dejo de ironía, Jorge Luis Borges, mundialmente reconocido escritor porteño, aseguró que los argentinos son “italianos que hablan español”. “Al no ser italiano, ni hijo de italianos – agregó-, me siento un extranjero en la Argentina”. Por su parte, el escritor mexicano Carlos Fuentes sostuvo que “los mexicanos descendemos de los aztecas, los peruanos de los incas y los argentinos de los barcos”. “¿Vosotros sois conscientes de que habitáis la única república italoespañola del planeta? Es un privilegio que los demás pueblos del mundo no podemos dejar de envidiarles”, dijo a los argentinos el filósofo español Julián Marías. Los italianos estaban presentes en Argentina ya en los albores del siglo XIX, cuando comenzaba el proceso sudamericano de descolonización. La Imprenta del Estado en Buenos Aires fue confiada a Pietro De Angelis, un napolitano contratado por Bernardino Rivadavia, el primer presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata (1826-1827), anterior a la conformación del Estado nacional. Más tarde, con la publicación de los periódicos Crónica política y literaria de Buenos Aires y El Conciliador, De Angelis propinó el puntapié inicial para una saga de diarios que la comunidad italiana produjo en el Río de la Plata: L’Italiano (1854), L’operaio Italiano (18711876), L’Italia al Plata (1889), La Patria, La Patria degli Italiani (1876-1949), La Nuova Patria, il Giornale d'Italia, La Scena Illustrata, Roma, Il Mattino d’Italia (desde 1930 a 1945; este último, fundado hacia 1932 por pedido de Benito Mussolini, quien no quiso descuidar la presencia italiana en una Argentina con dirigencia por entonces profascista), L'Italia del Popolo, Il Maldicente (1880). De la posguerra son la revista Italpress y los periódicos Corriere degli Italiani, L'Italia d'Oltremare, Tribuna Italiana y L’Eco d’Italia. La escena teatral y cinematográfica argentina fue ampliamente alcanzada por la influencia itálica. El estudioso argentino Jorge Miguel Couselo documenta que entre 1895 y 1915, período culminante del naturalismo escénico, los teatros porteños coronaron el éxito de trágicos peninsulares como Novelli, Garavaglia, Taccone y Grasso. En el mismo período, en 1905, llegó al país el músico siciliano Mario Gallo para dirigir una compañía de operetas. A Gallo se debe, comenta Couselo, la primera película argentina con argumento y actores profesionales: El Fusilamiento de Dorrego, estrenada el 24 de mayo de 1908. Contemporáneos fueron otros dos italianos inmigrantes, Attilio Lipizzi (Resaca, 1916; Federación o Muerte, 1917) y Federico Valle, director de El apóstol (1917), un largometraje de dibujos animados que satirizó la figura del presidente Hipólito Yrigoyen. En 1920 Valle lanzó la Film Revista Valle con una vigencia de diez años y seiscientas ediciones. Otro de sus conciudadanos, Mario Parpagnoli, fue hacedor del debut

Sobre un universo de 1200 casos, los resultados fueron: España 16%, Italia 14%, EE. UU. 10%, Cuba 6%, Chile 4%, Brasil 2%, Ninguno 31%, Otros 12%, No sabe / No contesta 7%. 71 Respecto a la relevancia de España para la Argentina, los presidentes de ambos países firmaron en junio de 2006 un plan de acción para actuar la Declaración de Asociación Estratégica entre Argentina y España, firmada en Buenos Aires el 25 de enero de 2005. El canciller español, Miguel Ángel Moratinos, declaró que en el Plan “hay mucho de diálogo político, de lo que consideramos que la Argentina y España pueden hacer dentro de la comunidad iberoamericana”. En cuanto a su visión del país, el funcionario español agregó que la Argentina “tiene mucha capacidad de influencia, de autoridad política. Es un actor fundamental en la región e irá ejerciendo cada vez más esa labor de socio constructivo, positivo y estabilizador de la zona.”

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cinematográfico de la cantante rosarina Libertad Lamarque en su filme Adiós Argentina (1930), una de las primeras películas sonoras. El exordio de la sonorización del cine acogió a otro relevante personaje del cine argentino, Mario Soffici, nativo de Florencia y radicado en el país desde los nueve años de edad. Con su estilo costumbrista, Soffici devino en uno de los representantes del cine argentino nacionalista de posguerra. Su filme Prisioneros de la tierra (1939), melodrama de denuncia política, fue incluso elogiado por Jorge Luis Borges (Couselo 1963, pp. 57-63). Italiano era también Luis César Amadori, director de Dios se lo pague (1948), basada en la obra teatral de Joracy Camargo; con Zully Moreno y Arturo de Córdova. El filme batió récords de boletería en varios países de América, llegando a estar nominado como Mejor Película Extranjera por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood, cuando aún el Oscar no se había instituido en ese rubro (Gallina 2000). En términos relativos a su demografía, la Argentina fue el único caso en la historia mundial de un país construido por los inmigrantes antes que por la población nativa. Hacia principios del siglo XX, de no haber mediado la enseñanza primaria obligatoria, el italiano hubiese sido el idioma más hablado en Buenos Aires. La ciudad portuaria llegó a albergar más foráneos que nativos. La presencia de extranjeros alcanzó su clímax en 1914, cuando llegó a representar casi un tercio de la población. “Buenos Aires es una gran ciudad italiana”, sostuvo Placido Vigo, ex cónsul general de Italia en la capital argentina72. Hasta la característica de la arquitectura urbana porteña tuvo su impronta itálica. Los inmigrantes italianos “determinaron incluso el cambio de la fisonomía urbana de Buenos Aires, de sus alrededores y de las principales ciudades. Mientras en la periferia se creaban barrios residenciales con villas y jardines, en el corazón de la ciudad se recortaban los rascacielos: el Mirafiori de la FIAT, el de Alitalia-Olivetti, el rascacielos Pirelli, el de Italmar, el de Techint y así sucesivamente” (Giuliani 2003, 23). Una avasalladora presencia de italianos nativos y oriundos se destaca en varias áreas de la sociedad argentina: comercio, pesca, arte y política. Casi 20 de los 38 millones de argentinos poseen ascendencia italiana, aunque sólo 527 mil posean la ciudadanía del país europeo (por nacimiento, matrimonio u opción), de los cuales 253 mil, aproximadamente, pertenecen a la jurisdicción territorial del Consulado General de Buenos Aires, que con sólo 53 empleados se coloca a la par de municipios italianos de envergadura como Verona y se convierte en el consulado italiano más grande del mundo. Sólo el Consulado General de Italia en Buenos Aires administra la mayor jurisdicción consular del mundo, con un registro de ciudadanos que equivale aproximadamente a la población de una ciudad italiana como Florencia. En 2004, cuando los italianos en el exterior votaron la renovación de los Comité de los Italianos en el Exterior, sólo en Buenos Aires se presentaron 144 candidatos en 7 listas. El Consulado General recibió 77.715 votos y alrededor de 6.500 ciudadanos se presentaron ante la Oficina Electoral en tres días para reclamaran sus pliegos electorales. Si se mantiene el actual ritmo de crecimiento de la comunidad italiana en el país, podría duplicarse en tan sólo quince años. De acuerdo con datos de 2006 del Ministerio italiano de Asuntos Exteriores, de los 349 parlamentarios de origen italiano electos en 27 naciones, la Argentina poseía el mayor porcentaje del total, con 89 parlamentarios, seguida por Uruguay (46), Brasil (40), EE. UU. (26), Canadá (21), Francia (19) y Chile (18). Un llamativo dato que bien podría servir como sólida base para el diálogo político bilateral antes que como fuente de divergencias.73 La red consular italiana en la Argentina es vasta: cinco consulados generales, dos consulados, dos agencias consulares de primera categoría y cincuenta y seis viceconsulados y oficinas consulares honorarias. Esto se debe a que el 17,5% de la población italiana residente en el exterior (de las cuales un tercio tiene más de 65 años de edad) se concentra en la Argentina,
Cfr. Sportello Italia. RAI International. Emisión del 21.02.2006. Del diálogo binacional nació el Foro Permanente de Diálogo Argentino-Italiano, una instancia de comunicación bilateral creada mediante una declaración conjunta suscripta el 29 de mayo de 1999 entre los ministros de Relaciones Exteriores de la Argentina y de Italia. La iniciativa, que ya tuvo tres encuentros (Buenos Aires, 10 de mayo de 1999; Palazzo Clerici, Milano, 23-24 de junio de 2000; Cæsar Park Hotel, Buenos Aires, 6 de junio de 2003), incluye la participación de personalidades de la sociedad civil, del mundo político, académico, empresarial y económico, de la cultura y de la información. Para poner en movimiento el Foro, que se reúne alternativamente en los dos países, ambas cancillerías delegaron las facultades organizativas al Consejo Argentinos para las Relaciones Exteriores y al Istituto per gli Studi di Politica Internazionale (ISPI) de Milano.
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seguida por Brasil, EE. UU. y Australia74 (solamente Alemania alberga una comunidad italiana levemente superior a la Argentina, con 533.237 residentes). El dato no sólo convierte al país en la nación extraeuropea que hospeda la mayor colectividad italiana del mundo, sino en la que mayor influencia cultural percibió: la democracia argentina contabiliza hatsa hoy 31 diputados, 8 senadores y 10 ex presidentes de origen italiano. La última reforma de la Constitución italiana estableció la “jurisdicción exterior” que por primera vez da a los italianos residentes en el exterior la ocasión de votar y postularse en las elecciones políticas de la Península. Después de Alemania, Argentina es el mayor distrito electoral desde las elecciones parlamentarias italianas de 2008: 447 mil electores, lo que representa más de 50% de Sudamérica, región que se reserva cinco legisladores. Alrededor de 800 asociaciones italianas operan en territorio argentino. Casi 80 mil estudiantes argentinos aprenden el italiano en 104 escuelas privadas, 147 escuelas públicas y 15 escuelas legalmente reconocidas. La escuela italiana Cristoforo Colombo, presente en Buenos Aires desde 1952, es el instituto bilingüe y bicultural que depende simultáneamente de los ministerios de Educación argentino e italiano. Su título secundario, válido en ambos países (bachiller bilingüe y maturità scientifica), habilita para el ingreso en universidades a ambos lados del Atlántico. Existen, además, doscientas representaciones de la Asociación Dante Alighieri; decenas de cámaras de comercio; una oficina regional del Istituto nazionale per il Commercio Estero (ICE); una delegación del Ente Nazionale Italiano per il Turismo (ENIT)75; ocho hospitales; setenta docentes italianos; alrededor de cincuenta acuerdos interuniversitarios y un teatro, el “Coliseo”. Desde 1999, el influyente periódico italiano Corriere della Sera se imprime en la Argentina y está disponible por monedas al público local simultáneamente a su tirada en Italia. Hasta hace poco, también el diario La Repubblica se imprimía cotidianamente con el periódico argentino Clarín. III.3.1. Senderos políticos El mismo mes y el mismo año, junio de 1946, Italia y la Argentina comenzaron procesos políticos novedosos. En el primer caso, el camino hacia la república por medio de un referéndum popular, dejando de lado una monarquía y dos extensas guerra mundiales. En el segundo, el comienzo de la revolucionaria experiencia peronista que dejaría su marca indeleble en la historia contemporánea del país, con la inclusión política de la clase obrera y el reconocimiento de importantes derechos económico-sociales a los trabajadores y políticos a las mujeres. A partir de sus respectivos hitos, la Argentina vio el alternarse de gobiernos civiles y militares; Italia, una frenética cantidad de gobiernos que caían y se rearmaban gracias a su particular sistema de democracia parlamentaria basada en la “fiducia” (confianza) de los legisladores al primer ministro. La sucesión de gobiernos de coalición de corta duración permitió que desde la instauración de la república, en 1946, Italia tuviese una Asamblea Constituyente y dieciséis legislaturas (períodos de gobierno). A su vez, cada legislatura estuvo compuesta por una serie de administraciones que surgían ante el fracaso de la coalición de partidos al poder. Así, entre asambleas constituyentes, gestiones de políticos electos y técnicos de transición, Italia registra un récord: 62 coaliciones de gobierno en 60 años de vida republicana76 (a esta cifra podemos sumarle los 56 gobiernos del Reino de Italia en sólo 53 años, desde 1861 hasta la llegada de Mussolini en 1922). Sólo 24 hombres lideraron esos 62 gobiernos entre los cuales uno, Giulio Andreotti, que encabezó siete de ellos. En el mismo período, Alemania tuvo sólo nueve cancilleres, el Reino Unido doce jefes de gobierno y EE.UU. doce asunciones presidenciales entre

Cfr. EURISPES (www.eurispes.it) y Qui Roma, RAI International, 23.02.2006. Tanto el ICE como el ENIT trabajan en red con las embajadas y consulados italianos para proveer de información a las empresas italianas que buscan oportunidades de inversión y crecimiento en el exterior. Una forma de diplomacia comercial que ejemplifica la integración logística entre Estado e instituciones al momento de hallar nuevos mercados para el comercio internacional (cfr. Mastrojeni op. cit.). 76 Desde la instauración de la República de Italia, las fuerzas políticas de centroderecha demostraron mayor habilidad para crear alianzas duraderas: el récord de permanencia en el gobierno pertenece a las administraciones de Silvio Berlusconi (11 de junio de 2001 al 23 de abril de 2005, seguido de su “gobierno bis” hasta el 2 de mayo de 2006) y de Bettino Craxi (4 de agosto de 1983 al 27 de junio de 1986). Desde 1946 hasta 1992, la mayoría de los primer ministros italianos salió de las filas de la Dc.
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elecciones y reelecciones. La última ocasión en que Italia eligió un jefe de gobierno por primera vez fue en 1996, cuando Romano Prodi derrotó a Silvio Berlusconi. Como el 9 de octubre de 1998, el 24 de enero de 2008 el gobierno de Romano Prodi volvió a caer por la falta de mayoría en un voto de confianza en el Senado, cuando los legisladores de ese cuerpo, uno a uno, deben dar el “sí” o el “no” a la continuidad de una gestión. El voto de confianza fue entonces necesario luego de la renuncia del ministro de Justicia, jefe de un partido de la coalición de gobierno que en las elecciones generales sólo había obtenido el 1,2% de los votos. Que todo un gobierno caiga por el distanciamiento de un partido minúsculo es posible por una intrincada ley electoral que establece un sistema proporcional en el Senado para los partidos minoritarios, que obtienen así más bancas que votos. En cierto sentido, sistemas como el italiano son más democráticos que otros como el estadounidense, donde el que gana “se lleva todo”. El sistema proporcional le da voz incluso a pequeñas agrupaciones que de otro modo verían sus agendas sepultadas en una plataforma partidaria más amplia. Pero con tantos intereses en pugna en el mosaico político italiano, se vuelve fácil para un “partido enano” (como los llama el politólogo Giovanni Sartori) extorsionar al gobierno del que forma parte77. Caer por votos de confianza nunca sucedió en la historia italiana, excepto por los dos gobiernos de Prodi. En Italia los gobiernos cayeron siempre por motivos extraparlamentarios. Los únicos casos de confianza negada por el Parlamento anteriores a Prodi tuvieron lugar al momento del “bautismo” de una gestión. Fueron cinco los Ejecutivos que no pasaron el examen parlamentario y murieron antes de nacer: De Gasperi en 1953, Fanfani en 1954, Andreotti en 1972 y en 1979 y, nuevamente, Fanfani en 1987. En más de la mitad de los casos, la crisis fue completamente extraparlamentaria, con renuncias que llegaron por iniciativa del primer ministro en ejercicio. En otros casos, el gobierno renunció luego de una consulta electoral, según la praxis constitucional. En siete ocasiones las renuncias fueron impuestas por el rechazo en el Parlamento de leyes fundamentales para la vida del gobierno. Esta particularidad del sistema italiano, que tiene al Parlamento como protagonista, hizo que a menudo los primer ministros y sus cancilleres estuviesen más empeñados en cuestiones internas para sostener a sus coaliciones de gobierno, con la consecuencia de una presencia internacional errática para el país y la dificultad de una tarea diplomática continuada que actuase los dos o tres puntos basales de la política exterior italiana transversales a todo su vida republicana. El sistema parlamentario imprimió en la cultura política del país una dinámica que no existe en la Argentina: los ex jefes de gobierno, lejos de desaparecer después de sus gestiones, retornan a menudo para ejercer como ministros; los partidos minoritarios (incluso aquellos que no alcanzan ni siquiera el 2% de los votos) ocupan ministerios y espacios mediáticos al nivel de sus aliados mayores; los principales referentes del gobierno (ministros de Economía y Relaciones Exteriores, por ejemplo) se prestan incesantemente a debates mediáticos con la oposición y lo hacen no sólo en tiempos de campaña. Algo infrecuente en los políticos argentinos. La videopolítica, en Italia, es una realidad cotidiana. La estructura política propia de las democracias parlamentarias europeas crea singulares procesos políticos que distinguen los atributos y las características de un presidente y de un primer ministro. A diferencia del primero, cuyo cargo no depende del apoyo mayoritario del Congreso, para continuar en su cargo el primer ministro debe preservar la coalición que lo llevó al poder y evitar gobernar construyendo mayorías variables según el tema a debatir; deberá esforzarse por seguir siendo atractivo para los partidos socios de su alianza parlamentaria. Pero esta búsqueda de apoyo legislativo permanente a menudo acota su libertad de acción y lo lleva a postergar -cuando no a eliminar de su agenda- el tratamiento de temas en los que no hay consenso inmediato.

Al momento de la publicación de este libro, Italia estudiaba una nueva ley electoral que evite la inestabilidad política. Las opciones eran dos: evitar la representación parlamentaria de los partidos que no superen el 5% de los votos o bien otorgar premios (bancas) a los partidos más votados, tal como sucede ya en la Cámara de Diputados. Según cifras del matutino italiano Il Sole 24 Ore, el imperfecto bipolarismo italiano tiene 40 agrupaciones políticas, entre partidos y grupos parlamentarios. Una nueva ley electoral limpiaría el escenario y dejaría no más de cinco partidos, lo que puede constituir un bipolarismo más robusto.

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Los años cincuenta fueron para ambos países el exordio de la televisión pública: canal 7, más tarde rebautizado como “Argentina Televisora Color”, despuntó el 17 de octubre de 1951 con la imagen de Eva Perón y otro aniversario del Día de la Lealtad peronista. A la RAI le llegó el turno en 1954, cuando estrenó su perfil pedagógico: fue la televisión que enseñó el idioma nacional, que unificó a los italianos de cientos universos dialectales (basta comentar que durante los combates de la Gran Guerra, un general véneto y otro siciliano necesitaban de un intérprete para entenderse. Ya en la antesala de la unificación de Italia, el poeta Alessandro Manzoni se ocupó de estudiar cuál de todos los dialectos, a los que concedía categoría de idioma autónomo, sería el más adecuado como nueva lengua nacional unitaria para favorecer la consolidación del territorio). Es la misma televisión que en el exterior, a través del satélite, imparte aún hoy lecciones de gramática para los inmigrantes que llegaron con un dialecto en sus valijas de cartón y un italiano oral; y para sus descendientes, que al repetir el idioma que sus padres despliegan en casa creen hablar italiano. Otro punto de inflexión para ambas naciones lo marcó el fin de la Segunda Guerra Mundial. Italia, que en pleno conflicto abandonó el eje Berlín-Tokyo para apoyar a las potencias aliadas por medio del accionar partisano, comenzó en los años posteriores un crecimiento económico que se aceleró en las años sesenta y setenta hasta colocarla en el puesto de cuarta economía del mundo en los años ochenta, por encima incluso de Gran Bretaña, como se jactó el ex jefe de gobierno italiano Bettino Craxi. En pocos años, Italia abandonó su condición de Estado pobre, campesino, para convertirse en una de las naciones más industrializadas. Desde entonces, el país retoma, no siempre con rumbo claro, la vieja persecución del rol de potencia media con intereses globales. Le sobran raziones: Italia tiene el tercer más grande PIB de los 15 países que formar parte de la zona euro. Su población es casi igual a la de dos pesos pesados europeos como Francia y Gran Bretaña. El país mantiene relaciones diplomáticas con más países que EE.UU. Según algunas estimaciones, Italia tiene un gasto militar que casi iguala al de China y tiene más uniformados que Alemania y Japón. Pero su endémica inestabilidad política hace difícil que Roma consolide su influencia en el escenario mundial. También la Argentina vivió una inédita situación de prosperidad económica e industrialización con el peronismo, el movimiento político de base operaria que por su rasgo populista, estatista y de movilización de masas fue definido como fascista por historiadores angloamericanos. Ambas experiencias políticas –fascista y peronista- se ocuparon de inocular una idea de conciencia nacional y de clase a masas rurales y operarias, respectivamente, que vivían en la periferia no sólo geográfica, sino político-económica. Perón, que durante 1939 y 1940 vivió en la Italia fascista como agregado militar de su gobierno y que solía hacer gala de su dominio del idioma italiano78, nunca ocultó su atracción por el estilo de conducción política de Mussolini. Pero no son pocas las variables que separan el fascismo del peronismo: aunque democracia de baja intensidad, el peronismo nunca llegó a convertirse en un régimen dictatorial. Mientras el peronismo comenzaba a modificar para siempre la estructura política argentina, en 1946 Italia emprendía su camino hacia una república bipartidaria en manos de dos formaciones que condujeron los sucesivos gobiernos hasta inicios de los años noventa: la Democracia Cristiana (Dc) y el Partido Comunista Italiano (Pci) -una de las dos más importante religiones seculares del siglo veinte, según Ernesto Galli della Loggia; la otra sería el fascismo. Y un tercer actor: el socialismo. Estos rivales consuetudinarios convocaron a los italianos a formar parte de la vida política: la Dc los aunaba en las parroquias, las Asociaciones Cristianas de los Trabajadores Italianos (ACLI), la Federación Universitaria Católica Italiana (FUCI) y los Comité Cívicos. Por su parte, el Pci lo hacía en las llamadas “Casa del pueblo”. “En el cuarto oscuro: Dios te ve, Stalin no”, era la frase usada por los democristianos en la campaña electoral del 18 de abril de 1948. “La primacía de la política representa así –explica Remo Bodei-, en forma miniaturizada y parcelada, la continuidad (aunque con los medios de la persuasión democrática) del intento fascista de integrar a los ciudadanos en la vida de la colectividad” (Bodei op. cit., 27). Católicos y comunistas generaron lo que Bodei llamó el “noi diviso” (“nosotros divididos”), un cuerpo social compacto y compuesto por antítesis. Un oxímoron (como el concepto de diplomacia pública), destinado a durar casi cuatro décadas e inmortalizado por la versión cinematográfica de
Un estudio sostiene que Perón nació en la isla italiana de Sardegna, con el nombre de Giovanni Piras. La hipótesis fue plasmada por un autor italiano en un libro que no alcanzó repercusión entre los argentinos.
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la saga “Peppone e Don Camillo”, los relatos de Giovanni Guareschi que, en clave cómica, cuentan el enfrentamiento entre un párroco y un intendente comunista por el control de los habitantes de un pequeña ciudad italiana. Ambas organizaciones partidarias promovieron una idea de Italia alejada de los principios de patriotismo y de nacionalismo que habían caracterizado al discurso político fascista. En el imaginario popular, nación, patria y fascismo se fundían en una simbiosis. “Luego de la decadencia nacionalista y fascista – comenta Rusconi-, el patriotismo y el sentido de pertenencia nacional no serían un recurso cívico y político activable en una democracia” (op. cit., 13, 14). La idea de patria se volvió políticamente incómoda. Así, para la izquierda fue una “idea de derecha”; para la cultura católica, un obstáculo. (Recién a partir de 1999 Carlo Azeglio Ciampi, jefe de Estado italiano proveniente del centroizquierda, tuvo el coraje político de restaurar el uso del “tricolore” en las fiestas patrias, los tres colores de la bandera italiana que habían quedado pegados al imaginario nacionalista de la derecha. En efecto, el lema “tricolore” es aún hoy empleado como distintivo por una rama política en el exterior del ex fascista partido Alianza Nacional). Ya no era el destino imperial de la Roma del Duce y su “Defiéndanme”. El escudo de concepto patrimonialista del Mare Nostrum (en alusión al Mar la DC detiene a la hoz y el Mediterráneo come eje del proyecto neoimperial). Por el martillo de los comunistas, en contrario, ambas formaciones políticas propugnaban una un afiche electoral. lectura universal de la política. La idea de patria quedaba a la vez comprendida y superada por la referencia a comunidades ideales omnímodas como el “internacionalismo proletario” y el “ecumenismo católico”, respectivamente (Bodei op. cit., 21). Se reconocían referentes más allá de las fronteras nacionales: la Dc, desde el Vaticano, sobrevolaba el Atlántico hasta Washington; el Pci abrevaba en Moscú (o, en menor medida, en la Yugoslavia comunista del mariscal Joseph Tito), hasta que con el dirigente Enrico Berlinguer79 adquirió un perfil autónomo al despegarse del núcleo soviético (el llamado “strappo”) mucho antes de que este implosionase. Desde entonces, el Pci se orientó hacia el eurocomunismo y los valores democráticos de los países occidentales; abrió la posibilidad de relaciones maduras y amistosas con EE. UU. Con la Casa Blanca y el Kremlin jugando directamente en territorio italiano, en este período histórico la política internacional dejaba a la interna magros márgenes de acción autónoma. La toma de posición frente a la bipolaridad mundial se fundía con el concepto de interés nacional. Con una Democracia Cristiana erigida en escudo de Occidente y con el más fuerte partido comunista del mundo capitalista abocado a la llamada transformación socialista, el sistema político italiano quedó fuertemente ligado al sistema internacional, casi en una posición subalterna y de inevitable referencia. Así, Italia fue uno de los países occidentales que con mayor intensidad reflejó en su interior la división bipolar del mundo. Con el fin de la contienda Este-Oeste se terminaron para Italia muchas de las ventajas que durante el período había logrado obtener gracias a su condición
En los años setenta, Berlinguer se ocupó de gestionar el refugio en Italia de los exiliados latinoamericanos que escapaban de las dictaduras, entre ellos muchos argentinos. Otra figura, la de Enrico Calamai, ex cónsul de Italia en Buenos Aires (1972-1977), se destacó porque durante su permanencia en Argentina habría hecho posible que decenas de personas amenazadas por la dictadura viajaran a Italia, incluso con pasaportes especiales.
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El “monstruo rojo” del comunismo atropellando al Altar de la Patria, en Roma.

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geopolítica de “territorio de frontera” entre ambos bloques, para ingresar luego en un etapa definida como “limbo geopolítico” (Mammarella 2006, 269). Las antinomias políticas comenzaron a encresparse en ambos lados del Atlántico. En la Argentina los opuestos peronismo/antiperonismo o peronismo/radicalismo imprimieron la dinámica de al menos tres décadas, con una tercera variante: la del “yo argentino”, una pretendida posición de neutralidad asumida por los ciudadanos que consideraban a la política como la negación de la patria. También en Italia, cuando la atmósfera de la amenaza terrorista alcanza su ápice, algunos ciudadanos desconfían hasta del cuerpo político que debería combatirla, tanto que muchos proclaman no alinearse “ni con el Estado ni con las Brigadas Rojas”, invocando también una suerte de extraterritorialidad política (Bodei op. cit., 126). De las polaridades italianas durante el siglo pasado pueden reconocerse desencuentros del tipo monárquicos/republicanos, Sur/Norte, laicos/católicos, intervencionistas/neutrales, proteccionistas/liberales, fascistas/antifascistas, comunistas/anticomunistas. Mientras los argentinos comenzaban a popularizar el uso del término “gorila” para designar al antiperonista, entre los italianos el debate fascistas vs comunistas ya tenía un polémico sucedáneo en la figura de los partisanos, de los miembros de la mafia y de los actores del orden público de posguerra. La literatura y el cine se ocuparon con abundancia del tema. Magistral es el retrato que de esta división maniquea hace el escritor siciliano Leonardo Sciascia. En Il giorno della civetta (El día de la lechuza), una de sus mejores novelas sobre la mafia italiana meridional, relata la vivencia de un oficial norteño de los Carabineros que enviado en misión a Sicilia debe descifrar el asesinato de un empresario, de apellido Colasberna, ultimado por el crimen organizado que opera en un ambiente social de viejos intereses y con la complicidad tácita de la omertà80. Sciascia retrata la antinomia en un diálogo telefónico entre el oficial protagonista y un superior suyo que le solicita el prontuario del empresario asesinado:
“Aveva precedenti penali, sí: nel millenovecentoquaran… ecco: quaranta, tre novembre del quaranta… Viaggiava in autobus, a quanto pare gli autobus erano jettatura sua, e si parlava della guerra che avevamo attaccata in Grecia; uno dice ‘entro quindici giorni ce la succhiamo’, voleva dire la Grecia; e Colasberna fece ‘e che è, un uovo?’ Sull’autobus c’era un milite: lo denunciò… Come?... Scusate, voi mi avete chiesto se aveva precedenti penali, io con le carte in mano dico: li aveva… Va bene: non aveva precedenti penali… Fascista io? Ma io quando vedo il fascio faccio gli scongiuri… Sí signore, agli ordini. Attaccò il telefono alla forcella con esasperata delicatezza, si passò il fazzoletto sulla fronte. – Questo qui ha fatto il partigiano –disse– mi mancava provare proprio uno che ha fatto il partigiano.”81 (Sciascia 1961, pp. 14, 15).

La lectura periodística de Beppe Severgnini -columnista del matutino italiano Il Corriere della Sera- subraya la pasión de sus conciudadanos por los debates inconclusos: “El mismo Garibaldi – a diferencia de los padres de la patria estadounidenses, venerados por todos– ha tenido problemas: la unidad de Italia, de la cual es uno de los artífices, no es aún pacífica. Ciento cuarenta y cuatro años después, Norte y Sur se vigilan y se acusan recíprocamente (…). Los alemanes han metabolizado el nazismo, los franceses han dejado de lado Vichy, los ingleses han borrado ciertas páginas coloniales, los estadounidenses han digerido Vietnam (…). Nosotros los italianos seguimos dividiéndonos sobre el fascismo que hemos tenido, sobre el comunismo que hemos arriesgado, sobre el terrorismo que hemos experimentado, sobre la corrupción que hemos tolerado” (2005, 210).

80 El término se refiere a un código mafioso de conducta según el cual debe evitarse todo contacto o cooperación con las autoridades estatales. Los italianos lo usan genéricamente para referirse a un pacto de silencio entre criminales. La palabra también fue popularizada por la novela homónima de 1999 de Mario Puzo, autor de la saga El Padrino. 81 “Tenía antecedentes penales, sí: en mil novecientos cuaren… sí: cuarenta, tres de noviembre del cuarenta… Viajaba en colectivo, por lo que parece los colectivos le traían mala suerte, y se hablaba de la guerra que habíamos empezado en Grecia; uno dice ‘dentro de quince días nos la chupamos’, dijo en referencia a Grecia; y Colasberna comentó ‘¿y qué es, un huevo?’ En el colectivo había un soldado: lo denunció… ¿Cómo?... Disculpe, usted me preguntó si él tenía antecedentes penales, con los papeles en mano digo: los tenía… Está bien: no tenía antecedentes penales… ¿Fascista yo? Pero si cuando veo el fascio [se refiere a la simbología del fascismo] hago conjuros… Sí señor, a sus órdenes. Cortó el teléfono con exasperada delicadeza, se pasó el pañuelo por la frente. – Este fue partisano –dijo– faltaba que me toque justo uno que fue partisano.”

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El concepto enunciado por Severgnini fue ya anticipado por Bodei. Sin dejar de reconocer que Italia no ha querido borrar su pasado al estilo de la llamada “Alemania sin luto” o de Francia y su república di Vichy, el intelectual admite que “indudablemente hubo una fase en la que, incluso a nivel popular, la tentación del olvido, especialmente en algunas clases [sociales], ha sido fuerte. Esto ocurrió sobre todo después del trauma representado, para el Frente popular, de la clamorosa victoria de la Democracia cristiana en las elecciones de 1948” (Bodei op. cit., 60). Es “el pasado que no pasa” que Galli della Loggia subraya cuando concluye que “la modernidad italiana no logra borrar la antimodernidad, no es capaz ni de superar ni de resolver en sí el pasado; simplemente se superpone a él, se mezcla torpemente produciendo sólo incongruencia y ineficiencias” (op. cit., 139). En un filme italiano, un profesor de medicina le dice a uno de sus más brillantes alumnos: “¿Usted tiene alguna ambición profesional? Entonces váyase de Italia. Este es un país para destruir. Un lugar hermoso e inútil. Aquí todo permanece inmóvil, igual; destinado a morir”.82 La propensión del italiano al revisionismo histórico recuerda al insistente retorno de viejos debates en la retórica política argentina. Paradigmático al respecto es el caso de las fiestas nacionales, que en Italia como en la Argentina siguen siendo objeto de enconados debates acerca de quién tiene la autoridad de gestionar la memoria y herencia de los acontecimientos. Particular atención merece en Italia la conmemoración del 25 de abril de 1945, día de la liberación de Italia del fascismo y la ocupación nazi, y recuerdo de la Resistencia partisana. Cada aniversario es una renovada ocasión de debate mediático entre movimientos de izquierda que reivindican la lucha armada de los partisanos comunistas en la resistencia antifascista (combate que algunos veían como la antesala de la revolución comunista en Italia) y agrupaciones católicas que defienden la tesis de una resistencia masiva, popular, en el sentido de “resistencia pasiva”, no violenta, conducida por la Iglesia (Rusconi op. cit., 47). “La guerra de liberación la pelearon en su mayoría los comunistas, pero las elecciones las ganaron los democristianos”, escribió Norberto Bobbio y, en un golpe de pluma, resumió la antinomia que signó la vida política italiana en los años de posguerra. Aún hoy los italianos, en particular la población anciana, emplean el rótulo “comunista” para resumir la miríada de partidos del centroizquierda. Para un argentino, en tanto ciudadano de un país con escaso arraigo electoral del comunismo o del socialismo, luego de que el peronismo fagocitara ambos electorados, el uso del término “comunista” puede parecer extemporáneo, démodé, cuando no vacío de significado. Igualmente desconcertante puede resultar para un argentino definir la política local en términos de centroizquierda y centroderecha, tan caros al léxico cotidiano de los italianos. Tales rótulos no forman parte ni siquiera del más rudimentario discurso político mediático argentino, por la razón que no sirven como ejes discursivos de un sistema de partidos en donde los actores partidarios, como el mismo peronismo, asumen roles alternativos según el clima electoral imperante. No así para un italiano, cuyo país ostenta la condición de cuna del partido comunista más grande y fuerte de Occidente (y a la vez sede del Vaticano; lo que enriquece toda posible contradicción de la vida política italiana), el Pci inspirado en los conceptos de Antonio Cabriola, retomados por Gramsci, uno de los fundadores junto con Togliatti y Berlinguer. En la actualidad al menos dos partidos relevantes del sistema político de la Península llevan la palabra “comunismo” en su nombre (Refundación Comunista y Comunistas Italianos). Sorprendentes y turbios fueron los años setenta. La Argentina ingresaba en su noche más larga con la dictadura de 1976, nacida del golpe de Estado contra la fallida experiencia peronista de María Estela Martínez de Perón quien, como su marido, supo mantener relaciones con la francmasónica italiana P2 (Propaganda Due) de Licio Gelli, cofradía que alcanzó gran influencia en las altas esferas del Estado italiano a fines de los años setenta83. Años de sorpresas para Italia,
La meglio gioventù (2003). Filme italiano dirigido por Marco Tullio Giordana. Agente de la Italia fascista, Licio Gelli fue además un operador anticomunista de la Guerra Fría que supo vincularse a distintos sectores del poder en Italia. La logia masónica Propaganda Due, de la cual fue líder, creció con fuerza en la década de los setenta y en sus filas reunió a jefes de las fuerzas armadas, servicios secretos italianos, políticos y altos funcionarios del Estado. Fue acusado de haber conspirado con sectores de ultraderecha y la mafia para dar un golpe de Estado y condenado por la quiebra fraudulenta del Banco Ambrosiano de Milán. La P2 tenía presencia en Argentina. Habrían formado parte de ella el almirante Emilio Massera y el ex general Guillermo Suárez Mason, jerarcas de la última dictadura argentina (1976-1983). Gelli fue amigo de Perón, quien lo condecoró con la Gran Cruz de la Orden del Libertador San Martín, el 18 de octubre de 1973, poco después de asumir su tercera presidencia. Ambos se conocieron cuando Perón estuvo en Italia como agregado militar del gobierno argentino, entre 1939 y 1940. Gelli también mantuvo
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que no obstante su denso arraigo católico y la presencia política del Vaticano, protagonizó dos hitos históricos: los resultados de los referéndum sobre el divorcio (12 de mayo de 1975, con 59,3% por la aprobación) y sobre el aborto (17 de mayo de 1980, con 67,9% de votos favorables). Turbios porque, como sucedió en Argentina, la política tomó forma de terrorismo. En nombre de una “rebelión operaria contra el patrón y contra el Estado de los patrones” emergieron las Brigadas Rojas, la organización clandestina de extrema izquierda que en 1978 asesinó al ex primer ministro Aldo Moro, dirigente de la Dc que intentaba un histórico acercamiento a la oposición, una especie de acuerdo que durante su gobierno (1963-1968) fue denominado “apertura hacia la izquierda” o “paralelas convergentes”, concepto ideado por Moro para designar un posible punto de encuentro entre dos concepciones en antitéticas como la comunista y la cristiana. Conocida como “los años de plomo”, el aire de guerra civil y el clima ideológico de esta década fueron la clara contraposición entre democristianos y comunistas, entre “negros y rojos”84. El sólo proclamar o demostrar pertenencia a alguno de ambos sectores podía ser el pasaporte a la muerte. Las Brigadas Rojas causaron graves atentados en ciudades política y económicamente relevantes como Milán, Roma y Génova.85 Pero el terrosismo italiano también tuvo, como en la Argentina de la misma época, una cara de derecha: las fuerzas anticomunistas del grupo paramilitar Gladio, operación presente en varios países y que en Italia habría estado pronta a perpetrar un golpe de Estado si el comunismo ganaba las elecciones. En la Argentina esta lógica funcionó sistemáticamente, activando golpes de Estado cada vez que el peronismo, proscripto, ganaba elecciones provinciales con otros lemas electorales. El terrorismo de derecha comenzó a consolidarse a partir de 1974 con la Alianza Anticomunista Argentina, gestada y dirigida desde el Estado para combatir el ala izquierdista y socialista del peronismo que más tarde se organizó como guerrilla urbana bajo el nombre de Montoneros. Por aquellos años, el orgullo de ser italiano estaba estigmatizado por las secuelas del nacionalismo fascista y por las críticas de la Comunidad Económica Europea de los setenta que definían a Italia como “anillo débil” y “gran enferma de Europa”, se repondrá más tarde en clave comercial y futbolera. Los años ochenta son la época en que florece el Made in Italy y el mundo comienza a asociar a los productos italianos con símbolo de estatus, buena vida, calidad, estilo y elegancia. La Ferrari ofrece buen diseño e inmejorable motor. La moda de Giorgio Armani y Gianni Versace comenzaba a esplender en las pasarelas del mundo. En el plano mundial, Italia retomaba su autoridad internacional con misiones de paz en el Líbano: mientras soldados franceses e ingleses sufrían bajas en la región, los italianos demostraban al mundo su idoneidad en la tarea86. Sus dos ex aliados bélicos, Alemania y Japón, no colocarían pie fuera de sus fronteras por mucho tiempo: la primera misión militar alemana en el exterior fue recién en 1999, en Kosovo; mientras que para ingresar en Oriente Medio, Alemania aguardó sesenta años hasta mandar sus primeros militares al sur del Líbano, en 2006 (alemanes custodiando las fronteras de Israel era una imagen internacional muy fuerte). Veinticuatro años más tarde, esta vez con mandato de la ONU, Italia regresó al Líbano, un escenario del que se había retirado prácticamente sin bajas: 75 heridos y 1 muerto.
una relación estrecha con María Estela Martínez y José López Rega, viuda y secretario personal de Perón, respectivamente. 84 La “pasiones rojas”, según explica Bodei, eran típicas de movimientos socialistas y comunistas, organizados tanto en partidos como en sindicatos. Proclamaban un futuro de igualdad y fraternidad entre todos los hombres no sin por momentos sucumbir en lo que el intelectual llamó “odio de clase”. Por su parte, las “pasiones negras” de la posguerra, con picos durante toda la década de los setenta, herederas en parte del fascismo, se manifestaban enemigas del individualismo y sospechosas de toda búsqueda de una felicidad personal. Se orientaron hacia objetivos como el retorno a la uniformidad monolítica de los ciudadanos en torno a la patria o a la restauración de sus “confines sagrados”. Para ampliar el tema, cfr. BODEI, Remo (1995). Il rosso, il nero, il grigio. Il colore delle moderne passioni politiche en Vegetti Finzi S. (comp.) (1995). Storie delle passioni. Roma-Bari: Laterza, pp. 315-355. 85 Los terroristas reaparecieron en 1999, con el asesinato de Massimo d’Antona, asesor del Ministerio de Trabajo; y en 2002, para matar a Marco Biagi, también asesor de la cartera laboral del gobierno nacional. 86 El contingente italiano en el Líbano fue parte de una fuerza multinacional para mantener la paz en la región. Debido al veto de la URSS, el Consejo de Seguridad de la ONU mostró por enésima vez su incapacidad para emitir una resolución. Durante la Guerra Fría las Naciones Unidas vivieron paralizadas por los vetos de ambos bloques. Entonces, EE. UU., Francia e Italia acordaron un plan de acción directamente con el Líbano y las tropas extranjeras rendían cuenta de su acción sólo ante sus países de origen.

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También en los años ochenta apareció en escena una opción intermedia en el continuo bipartidista de la arena política: el Partito Socialista Italiano (Psi) cuyo conductor, Bettino Craxi, primer líder político nativo de Milano, gobernó por medio de alianzas con la Dc y la marginación del Pci. Craxi leyó la tendencia de un nuevo “patriotismo económico”, superador de la precedente antinomia Dc-Pci, y gestionó el ingreso de Italia en el reciente G5, nacido en Helsinsky, que junto a la simultánea admisión de Canadá pasó a denominarse G7. En 1986 el líder milanés anunció ufanado que Italia había sobrepasado nada menos que a Gran Bretaña en la carrera económica, colocándose en el quinto puesto entre las naciones occidentales más industrializadas. Al orgullo económico se sumó el político. Un año antes, en octubre de 1985, Craxi, que mantenía buenas relaciones con el líder de Palestina, Yasir Arafat, rechazó la solicitud del presidente de EE.UU. Ronald Reagan de deportar a Mohammed Abu Abbas, miembro del Frente para la Liberación de Palestina acusado de asesinar a un hebreo de EE. UU.87 y detenido en la base militar estadounidense de Sigonella, en Sicilia. Ambos países se disputaban la jurisdicción del caso. Italia, aquel país famélico y descalzo que se reconstruyó con los dólares del Plan Marshall, ahora se daba el lujo de desoír a EE. UU. con el argumento de la soberanía territorial88. Otro motivo para reafirmar el renovado orgullo nacional italiano de los ochenta. Craxi era un milanés que eligió un hotel para pasar sus días como primer ministro en Roma; una opción que hablaba por sí sola de la nueva geografía septentrional del poder político del país. Con él ya Milano despuntaba como centro de gravitación del país y del comercio mundial; sería luego la capital económica de Italia89, posterior hipocentro de proyectos políticos como el partido Fuerza Italia, de Silvio Berlusconi, y la secesionista Liga del Norte, de Umberto Bossi. Para Severgnini, “Milán explica y anticipa a Italia. Resurgimiento y socialismo, fascismo y antifascismo, resistencia y boom económico, Tangentopoli y Mani Pulite, craxismo, leguismo, fútbol y moda, editoriales y televisión, publicidad e informática: todo pasa antes por aquí” (op. cit, 61). En el mismo año de su llegada al Líbano, Italia obtuvo la tercera de sus cuatro copas del Mundo en fútbol, una pasión popular cuya intensidad es sólo comparable a la argentina o a la brasileña. Y es desde el fútbol que algunos dirigentes de la Península comenzaron a construir sus carreras políticas. Es el caso del fundador de Forza Italia y dos veces jefe de gobierno Silvio Berlusconi, presidente del club Milan y accionista y padre del vicepresidente del potente grupo mediático Mediaset90, titular de los derechos televisivos de los campeonatos del fútbol italiano. También es
Se trata del caso Achille Lauro, nombre del crucero italiano secuestrado en la costa de Egipto el 7 de octubre de 1985 por miembros del Frente para la Liberación de Palestina (FLP), una parte de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP). Los secuestradores exigían la liberación de los prisioneros palestinos en Israel. Más de 400 pasajeros del barco fueron liberados gracias a las tratativas entre el presidente egipcio Mubarak y el jefe de la FLP, Mohammed Abbas. Sin embargo, al momento de la liberación los secuestradores habían asesinado y lanzado por la borda al pasajero judío estadounidense Leon Klinghoffer. Más tarde, mientras un avión comercial egipcio conducía a Abbas y a los secuestradores hacia El Cairo, Ronald Reagan envió aviones caza para interceptar el vuelo y obligarlo a descender en la base aérea ítalo-americana de Sigonella, en Sicilia, con la idea de arrestar allí al líder. Sin embargo, el primer ministro italiano Craxi impidió la captura, reivindicando la jurisdicción italiana sobre la base militar. EE. UU., que consideraba a Abbas autor intelectual del secuestro, pidieron que este permaneciera en Italia para facilitar su extradición. Pero el primer ministro permitió que Abbas se marchara a Yugoslavia. Con Giulio Andreotti como canciller, Craxi no ocultó su inclinación favorable a las autoridades palestinas antes que a la postura de Israel. 88 Un episodio con algunos ingredientes similares se repitió el 17 de febrero de 2003, aunque con diverso epílogo, cuando el religioso egipcio Osama Moustafa Hassan Nasr, residente en Milán y sospechado de vínculos con la red terrorista islámica Al Qaeda, fue literalmente raptado por agentes de la Agencia Central de Inteligencia Americana (CIA), con la supuesta anuencia de algunos miembros del Servicio Secreto italiano (Servizio per le Informazioni e la Sicurezza Militare -SISMI). El caso resurgió a la luz pública en 2006, cuando el por entonces flamante gobierno de Romano Prodi apoyó una investigación que podría terminar con el arresto de cuatro ciudadanos estadounidenses, de los cuales, al momento de la abducción, tres eran miembros de la CIA y uno consejero militar de la base ítaloestadounidense en Aviano, provincia de Pordenone, por donde habrían sacado al egipcio de la Península. Dos oficiales italianos del SISMI fueron detenidos en el marco de la causa. La Argentina recuerda un episodio semejante cuando en 1960 el Servicio Secreto israelí (Mossad) secuestró y sacó ilegalmente de Argentina al ex jerarca nazi Adolf Eichmann. Pese a lo reiterados reclamos internacionales argentinos por violación de soberanía, Israel enjuició y condenó a muerte al alemán en Jerusalén. 89 El municipio de Milano planeaba instalar para 2010 unas 15 mil antenas para ofrecer Internet inalámbrica en todos los puntos de la ciudad. Conocido como “Milano Wireless”, el proyecto superará a Seúl que posee 13.500 antenas de este tipo. Milano es la ciudad europea con mayor red de cableado de fibra óptica. 90 La oferta italiana de televisión por aire se divide en dos grandes grupos con tres canales cada uno: RAI, televisora pública con control parlamentario que emite las señales RAI 1, 2 y 3; y Mediaset, que por su parte ofrece los canales
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el caso del empresario Diego della Valle, dirigente del club de fútbol Fiorentina y luego miembro del sindicato Confindustria, tribuna de relevancia política desde donde desafió al magnate milanés. Fue su carácter innovador y su corta vida lo que según Bodei permitió a Forza Italia evitar raíces en el pasado, asociar su nombre a la jerga futbolística y acercar la política a la cultura de “hinchada” colocándola en sintonía con las pasiones populares deportivas (Bodei op. cit., 143). El fenómeno Berlusconi ha sido a menudo comparado con la figura del ex presidente argentino Carlos Menem. Si bien el carisma, el populismo y la tendencia neoliberal de ambos líderes marcaron coincidencias epidérmicas de conducción política, no es fácil hallar analogías en sus respectivos historiales políticos ni en las condiciones sociales que abrieron paso a sus liderazgos. La mixtura entre política, deporte, medios de comunicación y éxito en el mundo empresarial (tribuna idónea para profesar un sentido de extrañeza y hasta de desprecio por “el teatro de la política”) no es sólo patrimonio italiano. El ex vicepresidente argentino y luego gobernador de la mayor provincia del país, Daniel Scioli, debe su fama local e internacional a su ex condición de regatista. El empresario Mauricio Macri, ex presidente del club de fútbol Boca Juniors e hijo de un acaudalado empresario italiano, se convirtió en 2007 en jefe de gobierno de la ciudad autónoma de Buenos Aires. Un dirigente cuyo perfil es congruente con algunos elementos de la nueva política italiana: empresario, escasa o nula formación intelectual, ausencia de militancia partidaria, gran patrimonio personal y gestor de empresas populares (como el mercado del fútbol o de los medios de comunicación). La riqueza y la pertenencia a familias adineradas se colocan como el parámetro global que vuelve idóneo a quien pretenda actuar en política. A comienzos de los años noventa, mientras los argentinos comenzaban a vivir con euforia los primeros resultados de un plan económico que liquidaría la inflación, el clásico bipolarismo político de Italia se resquebrajaba. En 1992 la justicia italiana condujo uno de los más grandes procesos contra la corrupción política de la historia reciente que sacudió a la Milán política. Se lo conoció como Mani pulite (manos limpias) o Tangentopoli (ciudad de la coima). Casi una década después de aquel megaproceso, la Argentina rozaba la posibilidad de una tempestad judicial análoga por su magnitud y por los actores implicados. Se trató del escándalo institucional por las coimas que un ministro de Trabajo habría pagado a un grupo de legisladores de distintos partidos para que aprobaran la ley de reforma laboral propuesta por el Ejecutivo. Se supone que la maniobra contó con el aval del jefe de Estado. El Mani pulite marcó el fin de los partidos políticos clásicos y dio inicio, según algunos, a la segunda república italiana aunque, en rigor, la constitución del país siga siendo esencialmente la misma de 1948 –a diferencia de las cinco repúblicas francesas y sus propios diseños constitucionales. De la implosión nació una miríada de agrupaciones91, simplificadas luego con los rótulos “centroderecha” y “centroizquierda”; una pléyade electoral que obligó a concertaciones multipartidarias para gobernar el país. Desde entonces, basta el disenso de uno de los aliados de

Italia 1, Canal 5 y Red 4. Existe un tercer polo llamado “La 7”, otro canal privado de la empresa Telecom Italia que ocupa el séptimo puesto de la grilla luego de los seis canales que en total pertenecen a la RAI y a Mediaset. El usuario italiano dispone además de la opción de televisión satelital por medio del servicio Sky Tv, de Rupert Murdoch, un facsímil de DirecTv en la Argentina. 91 De la reacomodación del sistema partidario surgió la polémica Lega Nord, un movimiento que mediante apelaciones a una identidad étnica local promueve de la independencia del norte de Italia y que por enésima vez reabrió la discusión sobre la delicada idea de “identidad nacional italiana”. Delicada porque las actuales identidades regionales y lingüísticas de Italia preexisten a la unificación del territorio nacional; una realidad que supo colocar dificultades a la emergencia de un común sentimiento de “italianeidad”. A diferencia de la creación del Estado argentino, que a posteriori vio a sus hacedores ocupados en la creación de una identidad nacional antes inexistente (la nación coincidió con la organización territorial), la génesis del Estado italiano involucró a una serie de regiones-Estado que ya se sentían unidas entre sí por cultura, idioma e historia. Estas diferencias pre-estatales, que en los Balcanes estallaron como reivindicaciones étnicas, en Italia retornan con la forma de reclamos económicos. La complejidad de una definición de identidad italiana involucra temas como la debilidad del Estado nacional, la ineficiencia de los instrumentos de nacionalización y de sus estructuras administrativas, la ausencia de una cultura del servicio público y la omnipresencia de la política. Para profundizar en el tema aconsejo el capítulo “La assenza storica di Stato” en Galli della Loggia, Ernesto (1998). L’identità italiana. Bologna: Il Mulino.

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la coalición para que el ejecutivo nacional caiga y se convoque a nuevas elecciones (los italianos suelen llamar a este proceso “ribaltone”)92. La experiencia de coaliciones partidarias post Mani pulite resultaría ajena a la cultura política argentina, sobre todo luego del fracaso de la llamada Alianza (1997-2001), híbrido entre la Unión Cívica Radical (UCR) y el Frente País Solidario (Frepaso). En 1999 el entonces primer ministro italiano Massimo D’Alema visitó la Argentina y se entrevistó con el candidato presidencial de la Alianza, Fernando de la Rúa. Ya los Democráticos de Izquierda (DS) italianos se acercaban al Frepaso, luego de años de diálogo político exclusivo con el radicalismo. El mandatario italiano explicaba a los argentinos el éxito de El Olivo, una coalición fundada en 1995 por el ex democristiano Romano Prodi, expresión que unía a los mayores partidos del centroizquierda italiano (excluido Refundación Comunista). Más tarde, esa formación fue sustituida por La Unión, también liderada por Prodi, una mega coalición partidaria de centroizquierda que tiene dentro a católicos y a comunistas, los viejos protagonistas del “nosotros dividido” de Bodei. Una ingeniería política de extrema delicadeza, casi ajena en la experiencia política argentina de no ser por la heterogeneidad de la coalición que en 1946 acompañó a Perón en su primera elección presidencial. Gobernaron Italia desde mayo de 2006 hasta abril de 2008, cuando el gobierno cayó y el liderazgo del espectro de la izquierda moderada fue retomado por el Partido Democrático, la nueva experiencia política encabezada por el ex alcalde de Roma, Walter Veltroni, que reemplazó a La Unión en su intento por crear un bipolarismo al estilo estadounidense o español. La proliferación de sistemas de alianzas, tanto de un lado como del otro, no significó necesariamente la consolidación del protagonismo de los partidos como actores de la democracia. Por el contrario, se incrementó la personificación de la política en la figura de líderes carismáticos o de persistente presencia mediática. El fenómeno fue acompañado por el ingreso en la arena política de los técnicos, hombres del mundo financiero y académico que acuden al servicio de la política para gestionar crisis cuando el sistema partidario colapsa. Los interinatos de Carlo Azeglio Ciampi (1993-1994), ex director del Banco Central italiano, y de Lamberto Dini (1995-1996), su vicepresidente en el directorio del Banco, fueron llamados “gobiernos técnicos” que condujeron el epílogo de legislaturas truncas. Desde entonces, la figura del técnico fue intercambiable, transversal a los partidos políticos gracias a su versátil perfil apartidario y a su cartera de contactos internacionales con los centros de poder financiero mundial. El técnico se convirtió en interlocutor válido para cualquier coalición de gobierno. Domingo Cavallo, en la Argentina, fue ministro de Economía de dos gobiernos sucesivos (el PJ de Menem y la UCR de De la Rúa), encabezados por los partidos históricamente rivales que en la campaña electoral se presentaban como antinomias insalvables. Cavallo solía ser un punto de referencia para las negociaciones con Washington y el Fondo Monetario Internacional. Otra figura de perfil técnico fue la de Roberto Lavagna, convocado en 2002 por el gobierno de transición de Eduardo Duhalde ante la casi acefalía de la cartera de Hacienda. Los hombres de partido se agotaban; no deseaban truncar sus carreras políticas tratando de encauzar una economía desquiciada. Se recurrió entonces a este embajador argentino ante la UE que había servido al radicalismo en tiempos de Alfonsín como ideólogo del Mercosur. De ser una figura de emergencia, provisional, Lavagna pasó a ser el pilar del modelo de recuperación económica argentina conducido por el peronismo (ver Marini op. cit, pp. 52-57). Tampoco faltaron en ambas naciones descontentos masivos contra el sistema político de partidos y la idea, por momentos fascista, de hacer política sin políticos. En Argentina, el hastío hacia la clase dirigente se cristalizó en la frase “Que se vayan todos”, en 2001. “Vaffanculo”, en la Península, fue la expresión soez de los italianos contra sus políticos, en 2007. Estos movimientos de la anti-política fueron capitalizados en ambos casos por dos cómicos, Nito Artaza y Beppe Grillo, respectivamente. Tanto la Argentina como Italia padecieron violencia, terrorismo, inflación, corrupción, mafias, fracturas. Luego de gobiernos neoliberales que orientaron la política exterior hacia Washington en desmedro de la atención a sus socios regionales, ambas naciones retomaron la vía de los
Esta característica de la república parlamentaria italiana quiso ser modificada mediante una ley de reforma constitucional aprobada en 2005 que no adquirió vigencia debido al rechazo del electorado en el referéndum confirmativo del 25 y 26 de junio de 2006.
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proyectos comunitarios. Pero la Argentina, que tiene más riquezas naturales y energéticas, está notablemente más atrasada. Mientras Italia, que vivió en medio de la Guerra Fría 47 de sus 60 años de república, alcanzó el estatus de séptima economía mundial (aún hoy Italia forma parte del G8), posición que todavía conserva a pesar de su nulo nivel de crecimiento económico en 2003 y en 2005. Según el instituto alemán de investigaciones económicas IWD, el PIB de Italia aumentó entre el 2000 y el 2006 tan sólo un 0,9 por ciento real anual: el último lugar en Europa. Mientras en este período el comercio mundial creció un 40%, las exportaciones italianas lo hicieron sólo un 2%. Debido al euro, Roma ya no puede compensar como antes la productividad con una devaluación de la lira, lo que antes de la introducción del euro impulsaba las exportaciones y era una práctica más que recurrente de sus gobiernos. III.3.2. Migraciones Hasta los años sesenta, década del boom económico, Italia exportaba población masivamente. Las remesas enviadas por los emigrados a sus familias representaron un beneficio sustancial para la economía italiana de posguerra y su balanza internacional de pagos. En el decenio de 1902 a 1912 las remesas cubrieron el 61% del excedente de las importaciones sobre las exportaciones causado por la necesidad de aprovisionamiento de materias primas para la embrionaria industria siderúrgica. El senador italoargentino Luigi Pallaro, electo en Argentina como representante de la jurisdicción América del Sur, estimó que “en los diez años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, cuando en Italia la situación era muy difícil, de los emigrantes llegaron 30 mil millones de dólares”93. Hoy el mayor flujo de dinero que sale de Italia pertenece a las remesas de los inmigrantes. En 2004 sólo los brasileños enviaron 3.443.000 euros94. El último estudio de la Fundación Migrantes, presentado en abril de 2007, estima en 3.568.532 la cantidad de italianos residentes fuera de la Península (una cifra ligeramente superior a la registrada en el A.I.R.E. consular -Anagrafe degli Italiani all’Estero) y entre 60 y 70 millones los oriundos, quienes tienen derecho a la ciudadanía italiana. A estos números se suman 150 millones de personas que en el planeta hablan el idioma italiano. Los tres millones y medio de nativos se distribuyen así: Europa es el continente con mayor presencia, con el 57,3% del total. Sigue América con el 34,3% y Oceanía con el 3,6%. Más lejos se ubican África, con 1,3%, y Asia, con 0,7%. Las comunidades residentes en Suiza, Alemania y Argentina superan el medio millón, las más numerosas del mundo. “Durante el llamado siglo de la emigración italiana de masa, desde 1865 a 1975, desde Italia partieron alrededor de 27 millones de ciudadanos”, precisó el senador italiano Franco Danieli (ver entrevista en Anexo). Literalmente, otra Italia más allá de las fronteras, que conserva códigos de valor ya en desuso (un “ethos arcaico”, diría Bodei), quizá olvidados o hasta desconocidos por la actual generación de italianos peninsulares. Sicilia, Campania y Lombardia son las mayores comunidades regionales en el exterior. Pero aquel flujo migratorio, inmortalizado en el imaginario popular por las valijas de cartón y los abrigos reciclados, se extinguió hacia la mitad de los años setenta y, en menos de una generación, Italia invirtió la tendencia para convertirse en uno de los principales receptores de flujos inmigratorios de Europa. Mientras los últimos movimientos migratorios de hace treinta años eran intraeuropeos (Francia, Suiza y Alemania recibían italianos meridionales, españoles, griegos, yugoslavos, polacos, etc.) y activamente promovidos para reclutar fuerzas de trabajo, el actual proceso absorbe a tientas la llegada de extracomunitarios en puestos precarios, secundarios o directamente en negro. La posición geográfica de Italia en el Mediterráneo es un puente para los países de la Europa del Este (Albania, ex Yugoslavia) y para naciones del norte africano (Marruecos, Argelia, Túnez, Libia). El problema es europeo. La inmigración desarticulada ya cambió la geografía social de Europa. Etnias que en las urbes conviven sobre la base de una mutua desconfianza e indiferencia. Si España e Italia son las puertas de acceso al continente, países como Alemania suelen ser el destino final. La metáfora usada por el periodista Severgnini deviene realista: “Italia pende como un fruto sobre la cabeza de los pobres de África, de los Balcanes y del Cercano Oriente”. Con sólo
Cfr. “Senador Pallaro: ‘No es cierto que haya recibido presiones de Kirchner” en Clarín, sección “El Mundo”, del 3 de marzo de 2007. 94 Datos del Ufficio Italia Cambi, 2004.
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observar en el mapa la permeabilidad de las riberas occidental y oriental de la Península “se comprende bien –escribe Ernesto Galli della Loggia– hasta qué punto Italia ha sido por razones naturales predispuesta a convertirse en terreno de encuentro elegido por corrientes migratorias y de experiencias culturales (…) No asombra que en tantos ámbitos haya sido justamente Italia el primer paso, el punto de tránsito, gracias al cual llegaron a la Europa continental cosas, conocimientos y culturas de orígenes no europeos”95 (op. cit., 8). La Argentina, por su lado, recorrió un camino en sentido inverso: desde 1880 hasta 1955 fue un masivo receptor de inmigrantes europeos. Su legislación nacional promovió la llegada de los extranjeros ofreciéndoles tierras, trabajo y ciudadanía. Pero a partir de los años sesenta –por motivos políticos- y ochenta –por razones económicas-, los argentinos iniciaron una lenta pero constante emigración hacia EE. UU. y Europa mientras el país recibía el aflujo de ciudadanos de naciones limítrofes, atraídos por la sobrevaluación de la moneda argentina. Pero Italia envejece. El promedio de ancianos es superior al resto del continente, como récord de ancianidad alcanzó su clase dirigente. La Comisión europea ha estimado que en 2050 las italianas vivirán hasta los 89 años y los hombres hasta los 84, con el 27% de la población entre los 60 y 79 años. La llamada “tasa de sustitución”, que designa el número de hijos que cada mujer debería tener para que la población mundial permanezca constante, es de 2,1. Pero en Occidente la natalidad está muy por debajo de este dígito. El promedio de la UE es de 1,47 hijos por mujer y el de Italia, un record: 1,32 hijos (datos del Istat, 2006). Sin embargo, la población italiana no desciende porque es compensada por una inmigración permanente que suele ocupar las tareas y oficios abandonados por los italianos. Ya en 2006 nacieron en el país muchos más hijos de extranjeros. La caída de la tasa de natalidad y el envejecimiento de la población (por cada niño italiano hay cinco abuelas) representan también la reducción progresiva de la fuerza laboral que sostiene los costos de los sistemas de previsión social y sanitario. Mientras, los pedidos de asistencia a los ancianos aumentan. La economía del Estado social europeo siente las consecuencias de su recalentamiento debido a este desfase. Italia destina al pago de jubilaciones 14,2% de su PIB, lo que colocó en la agenda política el debate sobre la extensión de la edad mínima para jubilarse. Pero la longeva población italiana –y del resto de Europa occidental- puede aumentar las riquezas del país: si la tendencia se sostiene y los italianos modifican su actitud laboral, cada nueva generación tendrá una vida productiva mayor a la anterior. Según estimaciones de la organización Caritas, difundidas el 31 de mayo de 2006, en diez años Italia se convertirá en el segundo país de inmigración de Europa después de Alemania, y en uno de los mayores del mundo. Los datos prevén que el total de inmigrantes con permiso de residencia se redoblará al pasar de los 3 millones del 2005 a alrededor de 6 millones en 2015. La población extranjera, considerando los recién nacidos, aumentará en 300 mil personas. La merma, sin embargo, es evitable si se mantienen ciertos niveles de inmigración. El estudio calcula que gracias a los extranjeros el saldo migratorio puede ser positivo en 5,7 millones. Ante la disminución y el envejecimiento de las poblaciones, la ONU ha propuesto programas de migraciones de reemplazo. Italia, por ejemplo, necesitaría 6.500 inmigrantes por año por cada millón de habitantes. Muchas pequeñas y medianas empresas, que representan la estructura económica regional italiana, deberían cerrar o reducir drásticamente su producción sin la presencia de trabajadores extranjeros. Sin el aporte de los inmigrantes, el producto per cápita de las economías alemana e italiana habría caído 1,5% y 1,2%, respectivamente, desde 1995 a 2005. El dato lo aportó Caixa Catalunya, la institución financiera española cuyo estudio reveló cómo en dicho decenio el crecimiento anual de 1,8% en el PIB per cápita de los entonces quince Estados de la UE fue posible gracias a la aportación de los inmigrantes. La mayoría de los países europeos sufriría caídas de su producto por habitante si se prescindiese de la contribución de los inmigrantes al mercado de trabajo96.
“Si capisce bene fino a qual punto l’Italia sia stata per ragioni naturali predisposta a divenire terreno d’incontro elettivo di correnti migratorie e di esperienze culturali (…). Non stupisce che in tanti ambiti sia stata proprio l’Italia il tramite primo, il punto di transito, grazie al quale sono giunte all’Europa continentale cose, conoscenza e culture di origine non europea.” 96 El estudio agrega que la influencia de los inmigrantes en la economía europea varía en función de los países. La mayor dependencia la registra Irlanda, donde el crecimiento del PIB per cápita pasaría de 5,9% anual a 1,1% sin la
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III.3.3. Economía, industria y energía Entre 1850 y 1914, Iberoamércia representaba el 8% del comercio mundial. En las décadas previas a la Segunda Guerra Mundial, las 2/3 partes de las exportaciones mundiales eran alimentos y materias primas, justo lo necesario para el modelo agropecuario y no industrializado de la Argentina, el único país que mejoró su posicionamiento internacional sin haber participado en la Revolución Industrial (Ferrer 2000, 360). Pero el cambio en las condiciones sistémicas y en los patrones de relación hizo que hoy la misma región apenas alcance 3% del comercio mundial, la misma medida que actualmente ocupa sólo Italia. Hace más de medio siglo el ingreso per cápita de la Argentina era casi el doble del de Italia. Hoy es tres veces inferior. En la relación comercial de la Argentina con la UE, Italia ha sido dentro del bloque continental uno de sus mayores socios, aunque hoy la balanza comercial del país sudamericano sea deficitaria con Italia. “Italia es el principal exportador hacia Argentina dentro de la Unión Europea, con una cuota de mercado del 4% en una escala global en 2000. Esto le permitió [a Italia] ser la tercera entre los países exportadores hacia Argentina y la quinta economía entre los importadores. Respecto del flujo de inversiones, Italia se ha convertido en uno de los mayores inversores en Argentina, con una participación de alrededor del 5% de las inversiones extranjeras directas en el período 1995-2000. Esto le permite (…) seguir a España, EE. UU., Francia y Canadá en la clasificación de los mayores inversores mundiales en el país sudamericano” (Girandi op. cit.). Destacados grupos financieros y económico-productivos italianos operan en Argentina: Benetton, Camuzzi, Ferrero, Fiat, Italgas, Pirelli, Banca Nazionale del Lavoro, Banca Intesa, Generali Assicuazioni, Sea-Aeroporti di Milano97. Con un cuadro regional de similares características al argentino, persisten en el interior de Italia desequilibrios entre el Norte rico, industrializado, y el Sur, con rentas más bajas y estigmatizado por un pasado y un presente de cultura mafiosa. Las regiones septentrionales producen algo más del 70% del PIB del país. Pero si se tiene en cuenta la heterogeneidad del territorio italiano, la tradicional bipolaridad Norte-Sur se vuelve una realidad cuádruple98. Las cuatro italias son la del Sur, aún de predominante base agraria; la del Noroeste, con el ex triángulo industrial Milán-Turín-Génova; la Italia del Noreste, dueña de un llamado capitalismo molecular caracterizado por la presencia de micro emprendimientos, a diferencia de la industria de escala propia de las grandes empresas al estilo fordista; la Italia central, formada por las “regiones rojas”, así conocidas por sus tradicionales
inmigración (4,8 puntos de diferencia). En el extremo está Francia, que en el mismo caso hipotético podría pasar de 1,6% a 0,3% (una tasa di variación de 1,3%). Alemania e Italia encabezan la lista de dependencia (-1,5% y -1,2% anual, respectivamente), seguidas por Suecia (-0,8%) y España, Portugal y Grecia (los tres con un -0,6%). 97 El Grupo BNL retiró su presencia en la Argentina en 2006 mediante transferencia de sus activos y pasivos a la banca británica HSBC. La operación se completó en alrededor 155 millones de dólares. La decisión fue tomada luego de la crisis argentina de 2001. Por su parte, la empresa italiana Camuzzi, concesionaria del servicio público de distribución de gas y electricidad, suspendió los recursos contra el Gobierno argentino interpuestos ante la CIADI (Centro Internacional de Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones, del Banco Mundial), luego de un acuerdo que prevé la suba de las tarifas, congeladas desde la devaluación de la divisa argentina en enero de 2002. 98 Geopolíticamente, el análisis es aún más rico. La cadena montañosa de los Apeninos, espina dorsal de Italia, ha alimentado la lectura de diferencias entre Este y Oeste, a las que se suman tantas otras Italias: la continental, que se extiende en la llanura padana y es permeable al influjo transalpino; y la mediterránea, en contacto con influencias transmarinas. Tal diversidad favoreció la presencia contemporánea en el territorio de heterogéneos pueblos conquistadores; un rasgo que a la postre se traduciría en la dificultosa legitimación de una identidad nacional italiana postunitaria. Hans Morgenthau, padre del realismo en política internacional, reparó en la geografía italiana como elemento de poder al señalar que la morfología de los Alpes, cuyos declives caen hacia la zona sur y su parte más escarpada da al Norte, resultó decisiva en las relaciones internacionales italianas ya que este accidente geográfico complicó la invasión de Europa central desde Italia, mientras que facilitó la invasión de Italia desde el norte. Por lo tanto, concluye el académico alemán, Italia debió soportar más invasiones de las que pudo encarar por su cuenta (cfr. Morgenthau 1948, 144). Si bien se mira, la inclinación longitudinal del eje de la Península itálica coloca a su extremo meridional en posición sudeste, oriental respecto del septentrión. De esta manera, muchas ciudades italianas del sur están atravesadas por los mismos meridianos que tocan el corazón de la Europa del Este y balcánica, con ciudades como Sarajevo, Budapest y Varsovia. En efecto, ciertas representaciones cartográficas del Renacimiento orientaban al territorio de Oeste a Este. Una evidencia geográfica que yace, y perece, bajo la rigidez del tradicional debate Norte-Sur.

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gobiernos de centroizquierda (Toscana, Umbria, Emilia-Romagna y Marche). En el centro se destacan las pequeñas industrias cuya producción se caracteriza por la relevancia del territorio donde opera, como lo demuestran la producción del cuero toscano y del calzado marchigiano. La Italia del Noreste se mantiene como timonel de la economía del país. Por décadas, Italia fue “la economía enferma de Europa”. Pero a diferencia de los países del Mercosur, especialmente de los más pequeños, la economía italiana –como la española- ha recibo un impulso notable con la participación en la Comunidad Económica Europea. Hoy se basa principalmente sobre la industria, la agricultura y el turismo –actividad, la última, que representa entre 10 y 12% de su PIB. La industria textil puede considerarse la más antigua industria italiana. La alimentaria, por su parte, se encuentra muy ligada a las actividades primarias (agricultura y ganadería); sin embargo, utiliza gran cantidad de productos importados que lesionan la industria local por la competencia de precios. La agricultura italiana, desde el punto de vista territorial, no está favorecida por la naturaleza: el 80% del territorio es zona montañosa, pero no hay un solo centímetro de tierra desaprovechado. Como en Argentina, la vid, el olivo y los cítricos constituyen los cultivos leñosos de gran renombre y difusión. Mientras Italia es un importador neto de energía en materia de gas, carbón y petróleo, la Argentina cuenta con abundantes recursos energéticos y con una significativa diversidad de fuentes, como la hidroeléctrica y el gas, además del petróleo, carbón y uranio. Según el estudio “Panorama Internacional de la Energía 2006” de la Administración para la Información Energética de EE. UU., la Argentina puede incrementar sus volúmenes de producción petrolera en al menos 65.000 barriles por día en los próximos tres años y convertirse en productor de 1 millón de barriles por día, en diez años. El país también está dotado de fuentes no convencionales de energía, tal el caso de la geotérmica, eólica, mareomotriz, solar y biomasa. Sus centrales nucleares Atucha I y II (esta última construida en un 80%), generan energía nucleoeléctrica con 319 MW y 600 MW de potencia, respectivamente. En 2006 las autoridades argentinas anunciaron la prolongación de la vida útil de la central nuclear Embalse y la terminación de la construcción de Atucha II. Además, se informó sobre la creación de una cuarta central y sobre la reanudación de la producción de uranio enriquecido en el complejo tecnológico Pilcaniyeu, en la provincia de San Juan. Particular relevancia tiene en la Península el mundo de las pequeñas y medianas empresas (pymes)99: son el 95% de las firmas y tienen un promedio de menos de diez personas empleadas. Las pymes representan el 26% de las exportaciones de Francia; el 40% de Corea y el 56% de Taiwán. En Italia los datos difieren, pero no bajan de 60%. De este porcentaje, 36% de las exportaciones las realizan empresas con menos de doce empleados. Hasta esa cantidad, son subsidiadas, no pagan impuestos, ni siquiera los laborales. Existen 11 mil pymes, con buen nivel tecnológico en diseño de producto. Se distinguen por la amalgama de buen proceso, buen diseño, buen producto y buena coordinación empresarial, lo que les abrió mercado en 65 países. Con su conocimiento y experiencia en el rubro, el país hizo de las pymes un sólido modelo de desarrollo industrial que aún hoy constituye el corazón de su economía. En cuanto al proceso de internacionalización de sus pymes, la diplomacia comercial italiana junto a actores privados se propuso asistir, tutelar y promocionar el sistema productivo de su país en el proceso de radicación en el exterior. Busca fortalecer el concepto de “made by Italy” frente al de “made in Italy” (cfr. Mastrojeni 2005). Con la ley 56 del 31 de marzo de 2005 Italia racionalizó la acción del Estado a favor de sus empresas y, al menos en la letra de la disposición, creó en el exterior un estructura central de referencia dentro de la red diplomático-consular: el “Portal Único” o “Portal Italia”, una sede en donde los empresarios italianos deberían encontrar toda la asistencia para insertarse en mercados extranjeros. Las embajadas y consulados, dueños de una comunicación privilegiada con las autoridades del país hospedante, desempeñarían junto con las oficinas del Instituto Italiano de Comercio Exterior, las Cámaras de Comercio italianas y las asociaciones de los italianos en el exterior un rol de defensores de las necesidades de las empresas frente a la administración pública extranjera, ofreciendo apoyo en las licitaciones públicas, acceso a los mercados y protección de los inversiones. ExTender es el sistema operativo

Según la definición elaborada por Europa, las pymes poseen menos de 250 dependientes, facturan menos de 50 millones de euros y no forman parte de un grupo empresarial mayor.

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informático que pretende unir toda la red diplomático-consular con las cámaras de comercio que están fuera y dentro de Italia100. III.3.4. Caminos que se bifurcan: la crisis de los bonos La Argentina fue el primer país latinoamericano en reconocer formalmente al Estado de Italia, cuya conformación unitaria concluyó el 17 de marzo de 1861. Tal gesto anticipaba la voluntad europeísta argentina y los vínculos que señalarían la vida común de ambos Estados. Pero los recientes resquemores bilaterales interfirieron –y siguen haciéndolo- en la prosperidad de sus relaciones comerciales. Tensas fueron las reuniones entre ambas naciones en las rondas del FMI, por la reestructuración de la deuda externa argentina durante el bienio 2004-2005, operación que aplicó sobre los tenedores de bonos de la deuda (entre ellos, muchos italianos) un quita de casi 75% del valor de sus títulos. Aproximadamente 400 mil italianos tenían un total de 20 mil millones de bonos argentinos en sus carteras de inversión, ahorro y jubilación, algo así como 14,5 millones de dólares, según estimaciones del Ministerio italiano de Economía101. Italia es el país con mayor cantidad de bonistas afectados por el canje de deuda. Aunque el gobierno argentino capitalizó internamente la hazaña de la deuda como un paso histórico sin precedentes contemporáneos, dicha reducción en sus obligaciones puso en discusión la confiabilidad que se supone un país debería inspirar para relanzar su imagen internacional y estimular nuevos procesos de inversión extranjera. De allí, una seguidilla de vórtices con Italia. La opinión pública italiana, además de la alemana y la japonesa, resultó ser la más irritada con la Argentina. El gobierno italiano fue vocero de la Banca, se sumó al malestar de su opinión pública y criticó con enjundia a la administración argentina por la quita en sus pasivos. La respuesta no se hizo esperar y, desde aquel cenit, las relaciones bilaterales atraviesan frecuentes momentos de desconfianza mutua y discordia.102 La diplomacia pública tiene una gran tarea de cara a la ciudadanía italiana. Respecto a la crisis de los bonos, Severgnini observó que “hay 450 mil personas a las que les han dicho: tomen los bonos, un estado no puede fracasar. Son 450 mil personas que no dicen cosas agradables de la Argentina, pequeños embajadores que no les están haciendo a ustedes buena publicidad. Si les sumamos familias y amigos, estamos hablando de dos millones de personas. Tener dos millones de embajadores en contra es un problema muy serio”103. Ante la opinión pública europea, el gobierno argentino ensayó dos estrategias: por un lado, la de mostrarse como víctima de planes económicos propuestos por el FMI y aplicados con la complicidad interna de una dirigencia política ligada a la especulación del sector financiero y bancario. Por el otro, la clave de la gestión del equipo económico en su gira por Italia y Alemania fue convencer a los bonistas sobre la responsabilidad de los bancos de sus países en la colocación de bonos a sabiendas de la vulnerabilidad de la economía argentina. Mientras los

El sistema productivo italiano en los mercados internacionales integra a las casi 150 oficinas comerciales que operan en las 238 sedes diplomático-consulares italianas, junto con las 104 oficinas del Instituto para el Comercio Exterior y las 66 Cámaras de Comercios italianas en el exterior. 101 Cfr. “Problematiche relative all’offerta pubblica di scambio volontaria sulle obbligazioni argentine per le quali è stato dichiarato il default”. Audizione dell’ex ministro dell’Economia e delle Finanze, Domenico Siniscalco. VI Commissione della Camera dei Deputati. Roma, 13.01.2005. 102 El presidente argentino dijo que “no somos nosotros, los argentinos de bien, los que hemos estafado a los bonistas italianos. Mucha responsabilidad tienen esos bancos que ya sabían que eran bonos insolventes y se los fueron a vender a los queridos jubilados italianos, engañándolos. Que se hagan responsables de lo que hicieron” (26.11.2004). Sobre la postergación de la apertura del canje de bonos en default en Italia, el mandatario Néstor Kirchner agregó: “Qué actitud distinta la del gobierno italiano en relación con la reestructuración de la deuda, comparada con la que tuvimos nosotros, que les abrimos nuestro corazón y los brazos a los italianos en los peores momentos (…). Nos duele la actitud de Italia y pedimos que se rectifique” (28.11.2004). El nivel de estancamiento de la relación bilateral quedó demostrado cuando los votos de los italianos residentes en Argentina fueron clave para definir la victoria del centroizquierda en Italia, con la mayoría en el Senado, derrotando a la Casa de las Libertades, la coalición de Berlusconi en el gobierno. Entonces, en las calles de la Argentina se vieron afiches que rezaban “Romano Prodi. La esperanza de una nueva relación. Gracias italianos residentes en la provincia de Buenos Aires”. El cartel llevaba la firma de Felipe Solá, gobernador de la provincia de Buenos Aires y, en aquel momento, aliado político de Kirchner. 103 Cfr. CHIARAVALLI, Verónica. “Italia y la Argentina son países que necesitan una niñera”, en La Nación, 31 de mayo de 2006.

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títulos de la deuda pública italiana arrojaban una renta de 4,75%, los bonos argentinos daban intereses de 12%; más atractivos, aunque de mayor riesgo. El riesgo conciente que significaba la compra de títulos argentinos fue el centro de la argumentación usada por el gobierno de Kirchner para trasladar responsabilidades a la banca italiana y legitimar su propuesta de quita. Táctica que tuvo por marco la estrategia general de lograr la aceptación de los mercados sin comprometer el sustento del modelo económico argentino. La reestructuración de la deuda era presentada como la “única compatible con un proceso de crecimiento y equidad continuado” (cfr. discurso del ex ministro argentino de Economía y Producción, Roberto Lavagna, 12.01.2005). Pero la estrategia argentina adoleció de coordinación. En nombre del Estado, el secretario argentino de Finanzas utilizó la pantalla de la RAI para, literalmente, pedir perdón a los italianos afectados por el default y la reestructuración de la deuda externa. Este paso en falso comprometió la táctica de sobreseer a la Argentina de su culpabilidad, mostrarla como presa de condiciones macroeconómicas no buscadas, al tiempo que estigmatizar el rol de la banca europea y su usura en la venta de bonos argentinos. De la prensa europea, la italiana fue la más crítica en cuanto al canje de deuda y la que más espacio dedicó en las primeras planas de sus periódicos. Lo demuestra el monitoreo de medios del centro argentino de estudios Global News (2004), cuyo informe asegura que mientras el resto de los medios europeos, estadounidenses y latinoamericanos incluyeron algunas valoraciones positivas sobre la reestructuración de la deuda, en Italia no se publicó ninguna nota positiva sobre el canje. Dos de los diarios italianos más leídos comentaron: Il Sole 24 Ore: “Según el dicho popular, la esperanza es lo último que muere. Sin embargo, no es así para los italianos que rechazaron la oferta de canje argentina y que actualmente tienen US$ 8.000 millones de viejos bonos tango, aislándose del resto del mundo que adhirió en masa. En la atormentada y complicada reestructuración de la deuda en default de Argentina, la mayor de todos los tiempos, los bonistas poseedores de viejos títulos ahora no saben qué deben esperar. La última esperanza, si la hay, ¿dónde está? Los italianos que no adhirieron a una pérdida de capital equivalente al 70%, han comprometido la recuperación del otro 30% y se están enfrentando con el fantasma de una pérdida total”. La Repubblica: “Venció Argentina. La adhesión global al canje de bonos tango en default es de 76,07%. (...) En tanto, se delinea un ‘caso Italia’, donde 350.000 ahorristas (3 de cada 4) no adhirieron a la oferta. Ahora tienen dos caminos: hacer juicio a los bancos que les vendieron los bonos, o bien, confían en la Task Force Argentina (apoyada por los bancos italianos) que pretende denunciar a la Argentina en sede internacional y pedir el embargo de los bienes del país”. Numerosos titulares del diario argentino Clarín daban a entender el deterioro de la histórica relación bilateral:
27.11.2004
COMPLICACIONES EN EL FRENTE EXTERNO: DECLARACIONES DEL PRESIDENTE DURANTE UN ACTO EN CHUBUT

Kirchner: “Nos duele la actitud de Italia y pedimos que se rectifique”
Dijo que el reproche “es para Berlusconi” por rechazar la propuesta argentina por la deuda. Y culpó a los bancos que les vendieron “bonos insolventes” a los jubilados italianos.
28.11.2004
COMPLICACIONES EN EL FRENTE EXTERNO: DESPUÉS DE LAS CRITICAS DE KIRCHNER A BERLUSCONI

Deuda: aumenta la tensión e Italia ya prepara una respuesta
Así lo admitió una fuente de la Embajada a Clarín. Dijo que la Cancillería italiana se pronunciará mañana. Kirchner le había reprochado al primer ministro por el endurecimiento de su gobierno ante el tema del default.
28.11.2004
COMPLICACIONES EN EL FRENTE EXTERNO: VICTORIO TACCETTI, EMBAJADOR ARGENTINO EN ROMA

“Las relaciones están deterioradas”
El representante argentino dice que la deuda lesionó el vínculo. Y que el sector económico “es el que demuestra menos comprensión en Italia”.

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30.11.2004

Argentina e Italia acordaron bajar el tono al entredicho por los bonistas
Kirchner había criticado a Berlusconi por las trabas a la salida del default. Ayer el embajador pidió una audiencia y expresó "la sorpresa y amargura" de su país por estos dichos. Argentina justificó su postura.
19.01.2005
LA SALIDA DEL DEFAULT | LA CANCILLERIA ITALIANA AMENAZA CON PEDIR SANCIONES INTERNACIONALES CONTRA ARGENTINA

Por la deuda, la relación con Italia “está en etapa de crisis”
25.04.2005
LA SITUACION POR EL CANJE DE LA DEUDA

Una señal del presidente Ciampi en el vendaval de los bonistas italianos
El mandatario fue a saludar a Kirchner, mientras Roma endurece su postura.
01.07.2005
LAS DEBILITADAS RELACIONES ENTRE BUENOS AIRES Y ROMA LUEGO DEL CANJE

Tras la reunión de Berlusconi y Bielsa, anuncian que viene el canciller italiano
Gianfranco Fini vendrá en enero. Así, Argentina e Italia buscan recomponer relaciones.

La estrategia argentina, rechazada por la intransigencia del gobierno conservador de Silvio Berlusconi, encontró más tarde en el gobierno del centro-izquierda posiciones cercanas, según puede deducirse de las declaraciones del subsecretario de Asuntos Exteriores de Prodi: “Lamentablemente, eran alrededor de 450 mil personas físicas, con una familia a cargo, personas modestas que probablemente mal aconsejadas han invertido parte relevante de sus patrimonios con un resultado catastrófico. Esto, objetivamente, ha determinado un problema serio que no concierne al Gobierno. Este es un problema entre bancos, personas individuales y una realidad de un Estado que vivió una fase tan dramática” (cfr. Di Santo, art. cit. en Anexo).104

Taxativa es al respecto la Declaración de Viena de la cumbre UE-ALC de 2006. Establece que el problema de la deuda “requiere un compromiso continuo de la comunidad internacional, a fin de encontrar soluciones durables y equitativas; enfatizamos que los acreedores y los deudores deben compartir la responsabilidad de prevenir y resolver situaciones de deuda insostenible de manera oportuna y eficaz.”

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IV. La política exterior y la imagen argentina. Temas de agenda, países objetivo y percepciones Sin desconocer las prácticas de Realpolitik que nunca dejaron de caracterizar a las relaciones internacionales, una hipótesis de máxima para los objetivos de la política exterior de un país como Argentina o como Brasil podría ser la de contribuir a la disminución de las asimetrías de poder, empezando por las que se registran entre los socios menores del Mercosur (Paraguay y Uruguay)105, y contrarrestándolas con la mencionada participación idónea y oportuna en los asuntos mundiales. La UE ofrece un saludable ejemplo de cómo la presencia y el aporte de los países menores -económica y geográficamente- pueden equilibrar la presencia de los más grandes e inyectar dinamismo a los debates intrabloque. No se trata aquí de abonar una concepción idealista de la realidad mundial ni de recluirse en el pesimismo hobbesiano (el camino debiera ser más bien ecléctico). Pero sí de suponer, apoyados sobre el citado concepto de autonomía relacional, que la confluencia de voluntades entre Estados y actores no estatales puede contribuir con una mejor gobernabilidad del sistema mundial. No en vano las actuales agendas argentina y brasileña de política exterior colocan al Mercosur en primer lugar, entre otras coincidencias que se suponen coordinadas, como la cancelación por parte de ambos países de sus deudas con el FMI, en el segundo semestre de 2005, y la decisión de no enviar tropas a la frontera líbano-israelí en agosto de 2006. En este apartado se examinarán los intereses y objetivos de la política exterior argentina, a partir de los cuales construir una estrategia de diplomacia pública que, como se dijo, mira a aumentar la presencia en la agenda de asuntos internacionales y a que sociedades extranjeras comprendan el porqué de las decisiones externas del país. Asimismo, conocer la agenda internacional argentina ayudará a determinar cuáles son los países centrales para su estrategia mundial. Algunas de las cuestiones sensibles que integran las prioridades externas de un país pequeño como Argentina son: a. la profundización de la alianza estratégica con Brasil como modo de fortalecer la base de inserción política y económica argentinas en el contexto internacional; el fortalecimiento de la asociación estratégica con Chile, la estabilización de los vínculos con Venezuela y con Bolivia, la mejora de la relación bilateral con los otros países limítrofes; b. la integración regional de tipo político, económico, cultural y educativo, no sólo aduanero y comercial; la ampliación del comercio interregional; impulsar el empleo de monedas locales (el Peso y el Real) en el comercio bilateral intrabloque argentino-brasileño, en sustitución del dólar; c. el desendeudamiento externo y, paralelamente, la recuperación de la credibilidad exterior del país frente a sus principales interlocutores en el mundo industrializado (entre ellos, Italia); d. la reforma de la ONU hacia una mayor multilateralidad y democratización en su estructura y proceso de decisión; y del FMI, para mejorar la representación de los países en el organismo, según sus posiciones relativas en la economía mundial, y reforzar la representación de los países menos desarrollados. La política exterior argentina, en consonancia con la brasileña, propone cambiar el sistema de representación en el directorio del FMI, flexibilizar sus condiciones para el otorgamiento de créditos a los países en desarrollo y solicitar el consentimiento de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) ante ciertas reformas laborales sugeridas por el FMI como condición para alguno de sus préstamos; e. la creación de una alianza política y económica (asociación estratégica) entre la UE y el Mercosur;
Con 67% del territorio y 70% de la población del Mercosur, Brasil genera 68% del PIB del bloque. Uruguay, en cambio, representa al 1% del territorio; al 1,3% de la población y genera 1,5% del PIB del Mercosur. En 2005, las exportaciones e importaciones con Brasil fueron significativas para la economía uruguaya, pero a la inversa representaron un porcentaje ínfimo. Cfr. ELÍAS, Antonio. “Las paradojas del Frente Amplio” en Le Monde diplomatique de marzo de 2007.
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f. la promoción de una mayor equidad y beneficio en las relaciones comerciales internacionales y fortalecimiento de la posición negociadora de los países socios. En la reunión de la OMC de Hong Kong en diciembre de 2005, la Argentina solicitó reformulaciones en las condiciones de intercambio comercial, objetando los subsidios agrícolas de la UE y las subvenciones a la exportación. En particular, se pide la modificación de la Cuota Hilton (un límite que Europa mantiene a las importaciones de carne argentina), de la PAC (Política Agrícola Común de la UE), la apertura del mercado estadounidense para los productos agrícolas y cárnicos y, con ello, la exclusión progresiva de aranceles y subsidios agrícolas. Este grupo de objetivos coincide con los propuestos en la Ronda Doha de la OMC, en noviembre de 2001. El proteccionismo del comercio agrícola mundial aplicado por EE. UU., Europa y Japón mediante incentivos a los productores domésticos y la imposición de barreras arancelarias contribuye a limitar las exportaciones argentinas. La PAC de la UE tiene subsidios que representan casi 50% del presupuesto total comunitario. Europa es proteccionista en los sectores donde la Argentina es competitiva; g. la exploración de formas alternativas de energía como la nuclear, la solar, la eólica y la hídrica. La Argentina forma parte del directorio de quince países del Organismo Internacional de Energía Atómica. Junto con Brasil ha construido su propia tecnología de enriquecimiento de uranio. Ambas naciones buscan la independencia energética nuclear. Son las únicas en América latina que han desarrollado el ciclo completo de combustible nuclear: dominan desde la extracción del mineral de uranio de las minas hasta su conversión en pastillas de uranio ligeramente enriquecido para alimentar centrales nucleares. Argentina es hoy uno de los treinta y dos países que posee reactores nucleares con fines comerciales. La energía eléctrica producida en Argentina a través del recurso nuclear representa 8% del total. Así, el porcentaje argentino es cercano al de Sudáfrica y Rumania, y el doble de lo que se genera en Brasil, Holanda o la India, en términos de porcentaje con respecto al total de electricidad producida. El país se ha posicionado como líder mundial en la categoría de reactores de investigación, exportando su tecnología a Perú, Argelia y Egipto106. Esta serie de objetivos en política exterior, que puede resumirse en la tríada integración regional / comercio internacional / política energética, sirve como matriz para diagramar un esquema con las naciones del mundo funcionales a estos propósitos y que, por lo tanto, formarán parte del objetivo internacional argentino (ver Tabla 4) y, por consiguiente, de la “audiencia nicho” para su proyecto de diplomacia pública. Además, la selección de los países tiene en cuenta la cercanía cultural, el vínculo político-económico y su propio nivel de influencia sobre el escenario internacional. La presencia de militares y civiles en misiones de paz en el exterior también compromete los objetivos internacionales de un país. La Argentina, por ejemplo, mantiene una contingente en Haití desde el derrocamiento de su presidente. Cumple así una acción de recomposición institucional en el país caribeño. Además, forma parte del llamado Grupo de amigos de Haití, que integra junto con otros miembros de la Organización de Estados Americanos: Bahamas, Belice, Canadá, Chile, EE. UU., Guatemala, México, República Dominicana, Venezuela y, en su rol de “observadores permanentes”, Alemania, España, Francia y Noruega. La presencia italiana en la Península de los

106 El mundo produce en electricidad nuclear lo mismo que en 1960 producía en electricidad proveniente de todas las fuentes combinadas. Existen en el planeta aproximadamente 440 reactores que producen el 16% del total de la electricidad generada en el mundo, comparada con el 39% producido por el carbón, el 19% por el agua, el 15% por el gas y el 10% por el petróleo. Se estima que en el mundo existen 32 reactores en construcción, que equivaldrían a un incremento de 7,5% en la capacidad existente al momento. En Francia, la electricidad nuclear representa el 77% del total. En Lituania, el 78%. Países como Finlandia, Bélgica, Bulgaria, Hungría, Japón, Suecia o Suiza obtienen algo más de un tercio de su poder eléctrico de la energía nuclear (cfr. World Nuclear Association en CARI 2002). La energía nuclear se utiliza en quince de los veintisiete Estados miembros de la UE y representa 30% de la producción eléctrica del bloque. El 88 % de la energía mundial proviene aún del trinomio petróleo, gas natural y carbón, que sigue siendo el motor de la economía mundial. Los países industrializados hospedan el 25 % de la población mundial y consumen el 75 % de la energía producida en el planeta. Se estima que la demanda global crecerá 40 % hasta 2020 (IAPG, 2000).

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Balcanes, Bosnia, Kosovo107 y Albania, por ejemplo, es decisiva en la prosperidad de la región desde los conflictos de 1999, tanto como lo es su misión en Afganistán, Darfur, Líbano y sus gestiones diplomáticas en Somalia108. Con casi ocho mil militares en el exterior, hoy las fuerzas armadas italianas están comprometidas en 24 misiones, en 18 países, con un total de 7.730 militares. Estos y otros datos hacen de Italia uno de los países más comprometidos en el mundo con sus fuerzas armadas: el sexto en número de militares en el exterior, con unos ocho mil soldados empeñados en misiones de paz (el tercero en este tipo de operaciones, luego de EE.UU. e Inglaterra). Tabla 4. Países clave para la política exterior argentina (2003-2007) Tipo de relación Target Grupo 1: Brasil, Chile, Venezuela, Uruguay, Paraguay, Bolivia, México. Grupo 2: Alemania109, EE. UU., España, Francia110, Italia, Canadá, Inglaterra, Japón, Israel. Grupo 3: India111, China112, Rusia113, Sudáfrica. Miembros del Mercosur, Grupo de Río114, UE, NAFTA, CAN115, CARICOM116, ONU, OMC, OCDE117, Asen118, Organismo Internacional de Energía Atómica, G77119, G20, NOAL (Países No Alineados). Objetivos Influencia política; redes de política común; mejorar el intercambio comercial; fortalecimiento relaciones interbolques.

Bilateral o birregional (o competitiva)

Multilateral (o cooperativa)

Redes de gobernabilidad postconflicto y (re)construcción institucional (Haití, Bolivia); favorecer el desarrollo y la estabilidad mundial; reducir la pobreza; promover nuevas formas de energía mundial.

107 Aquí Italia forma parte de llamado Contact Group que desde hace diez años supervisa la diplomacia en los Balcanes junto con EE. UU., Gran Bretaña, Francia, Alemania y Rusia. 108 En su ex colonia africana, Italia financia un proyecto de cooperación de 2 millones de euros con el objetivo de promover el proceso de reconciliación y el diálogo interregional luego de 14 años de guerra civil, ausencia de gobierno central y despojo de instituciones de control social. 109 En exportación e importación, Alemania es uno de los principales socios comerciales de la Argentina fuera del Mercosur. 110 Al igual que con Italia, desde la salida de su anterior modelo económico Argentina enfrenta serias dificultades en su relación bilateral con Francia. Los temas sensibles son las tarifas de los servicios públicos en manos de consecionarias francesas y la seguridad jurídica que afecta a las empresas del país europeo. El país galo anunció en 2007 la inversión de la empresa Alstom para la construcción de trenes bala que unan Buenos Aires con Rosario y con Mar del Plata. 111 Hasta el primer semestre de 2006, las exportaciones argentinas crecían a 16% en promedio, desde 2002, y las ventas hacia la India a 33%, el doble del promedio del crecimiento de las ventas argentinas al resto del mundo. El gigante asiático busca un tratado de libre comercio con Argentina y con Brasil. 112 China devino en el cuarto cliente de la Argentina, detrás de Brasil, Chile y EE. UU. Aceites y semillas oleaginosas (principalmente soja) representan 84% de las exportaciones hacia China. 113 La Argentina es el principal abastecedor de carne a Rusia. 114 Se trata de un mecanismo de consulta política entre países latinoamericanos creado en Rio de Janeiro, en 1986. 115 Comunidad Andina de Naciones, creada en 1996 e integrada por Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela. Debido a desacuerdos por negociaciones comerciales bilaterales con EE. UU., Venezuela anunció en 2006 su retiro del bloque para sumarse como miembro del Mercosur. 116 “Caribean Community”, organización creada en 1973 para coordinar la política económica y exterior de 14 países del Caribe como miembros plenos. 117 La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), integrada por 29 países, se propone coordinar las políticas económicas y sociales de sus miembros. La OCDE busca mantener la estabilidad, promover el

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IV.1. Atributos de la imagen internacional argentina. Variables de percepción en Italia A efectos teóricos, los atributos de un país pueden clasificarse en objetivos y subjetivos. Argentina, como nación que reúne características de todos los continentes, ofrece los siguientes atributos del primer tipo: es el octavo país del mundo en superficie, con 2,7 millones de km² y una población estimada de 39.537.943 habitantes en 2005. Tiene una densidad de 14 hab/km², aproximadamente. Posee todo tipo de climas: tropical al Norte, templado en el Centro y muy bajas temperaturas en la Patagonia; diversidad en flora y fauna, con ecosistemas de praderas, desiertos, montañas, selvas, bosques, llanura. Su economía tradicional está basada sobre la agricultura y la ganadería, con la zona pampeana central del país como uno de los territorios más fértiles del planeta. Es el segundo exportador mundial de miel y se colocó en primer puesto cuando China se apartó del mercado en 2003 por haber alterado sus productos. Es rico en producción de carne, pesca y minería. Exporta energía hidroeléctrica y es uno de los mayores productores de energía nuclear en América latina (Rosales, op. cit., 23). Es autosuficiente en petróleo pero sus recursos de gas, exportados a Chile, escasean, por lo que importa de Bolivia y de Venezuela (cuarto exportador mundial de petróleo). Según datos de la UNESCO de 2004, Argentina es el segundo país en índices de alfabetización de América latina, con una tasa de 97,2%, igualada por Cuba y sólo superada por Uruguay en el primer puesto (con 98,1%). Veamos ahora la dimensión subjetiva. Para mejorar los esfuerzos oficiales por promover una percepción positiva en el exterior, el British Council conduce a menudo un sondeo mundial para determinar la imagen del Reino Unido en la opinión pública extranjera de países de su interés. Se conoce como Through Others' Eyes (“A través de los ojos de otros”) y en su edición de 2000 encuestó en dos años a más de 6 mil jóvenes líderes en 30 países. Los resultados revelaron que el mundo se ha forjado una imagen ambigua de los ingleses. Si bien se descubrió que una nueva generación de líderes globales ve a Inglaterra con ojos positivos, a escala individual asocian al ciudadano inglés con una serie de percepciones negativas tales como la incapacidad de adaptarse a los nuevos tiempos y actitudes hostiles hacia los extranjeros (Cfr. “Do they mean us?” en BBC News Online, 10 de noviembre de 2000). Pero además de este sistema de encuestas a una población clave, la percepción de un país en el exterior puede evaluarse mediante un monitoreo de medios como el que durante cuatro años (2000-2004) realizó el citado centro argentino de estudios Global News, analizando 78 periódicos internacionales120. Entre los matutinos italianos, el estudio determinó que la Argentina
“tiene en las columnas deportivas de los diarios italianos una presencia significativa, producto de la actuación de jugadores y deportistas argentinos en el país desde hace mucho tiempo. Eso hace que los medios, sobre todo los especializados, muestren un flujo más o menos constante de información sobre el deporte argentino. Más allá de eso, los ‘otros’ temas que ocupan a la prensa diaria varían. Por supuesto, desde diciembre de 2001, el default sobre la deuda externa, que afectó a casi medio millón de ahorristas italianos, es el único que accedió a las primeras planas. Il Corriere della Sera, por ejemplo, sostiene que Argentina es la única responsable de la situación. Esta posición está claramente alineada con los reclamos de Task Force Argentina, el grupo de ahorristas apoyado por la asociación bancaria italiana que se rehusó a participar en la oferta de canje de títulos. Lo llamativo es que cuando comenzó a hacerse más evidente que la reestructuración iba a ser exitosa, el diario, que hasta ese momento publicaba con asiduidad información al respecto, dejó de informar sobre el tema casi por completo. La posición de La Repubblica en este asunto es más conciliadora, y refleja la responsabilidad compartida de los bancos italianos en la venta de títulos de deuda argentina. El diario económico Il Sole 24 Ore mantiene también una posición neutra (…). Salvo los directamente afectados por el canje de bonos luego del default, en general se aprecia a la Argentina empleo, el crecimiento económico y la mejora de los niveles de vida en los países socios. Además, postula ayudar a la expansión económica en el proceso de desarrollo de los países miembros como de los ajenos a la Organización. 118 Asociación de las naciones del sudeste asiático, en negociación comercial con China. 119 El G77 agrupa a naciones en vía de desarrollo, con el objetivo de adoptar posiciones consensuadas en temas de comercio y desarrollo, promover sus intereses económicos y potenciar su capacidad de negociación en la Conferencia de Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD). Aunque actualmente integrado por 128 países, el Grupo mantiene en su denominación el número que corresponde a la cantidad de miembros fundadores, en 1964. 120 Los periódicos censados pertenecen a EE. UU., Inglaterra, Francia, España, Italia, Alemania, Brasil, Chile, México, Paraguay y Uruguay.

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como el país más glamoroso de Latinoamérica, de donde siempre provienen noticias inesperadas, pero que no terminan de hacer cambiar la concepción de que se trata del gran país de Sudamérica, sobre todo por lo que hace a las manifestaciones de su cultura, personalidades deportivas y recursos naturales” (Global News op. cit.).

Del malestar por la reestructuración de la deuda emergió el uso retórico del caso argentino como sinónimo de descomposición institucional y bancarrota de las naciones. En 2005 y 2006, la prensa italiana reflejó a menudo la opinión de personalidades y ciudadanos que veían en la desaceleración de la economía de Italia el camino hacia un desenlace como el de la crisis argentina. Conclusiones del tipo “otros cinco años de gobierno de Berlusconi nos habrían hecho terminar como la Argentina” (Tutto Perugia, 27 de abril de 2006, opinión de un ciudadano encuestado); “Italia sigue a la Argentina por el mismo camino de la ruina” (Financial Times, 24 de marzo de 2006); “Bajo crecimiento y reformas no implementadas, terminarán como Buenos Aires”. Titulares que ocuparon páginas destacadas en diarios de tirada nacional: “Italia sigue las huellas de la Argentina” (Corriere della Sera, 25 de marzo de 2006), “La economía italiana corre el peligro de una deriva como la argentina”; “Que el gobierno se despierte o terminaremos como la Argentina”; “Alarma roja para Italia: riesgo de ‘deriva Argentina” (La Repubblica, 26 de marzo de 2004). La crisis sirvió de ejemplo para tematizar en la agenda pública el proceso de “argentinización”, término que sustituyó a la idea de “balcanización”, concepto a menudo empleado por los europeos para referirse a la desintegración territorial de los Estados, el eclipse de las sociedades nacionales (dos variables que, sin embargo, no aplican al caso argentino) y el desorden socioeconómico. Una nueva instancia para valorar los Estados fallidos (failed states). Ante la pregunta sobre qué tipo de semejanzas encuentra entre Argentina e Italia, uno de los funcionarios consultados por este estudio respondió que “lamentablemente, en los últimos años veo más a Italia parecerse a la Argentina que viceversa”. Otros temas que la retórica de ciertos italianos suele identificar con Argentina son los desaparecidos, el autoritarismo, la riqueza natural del país, la desorganización política e institucional, la corrupción, la pobreza, la inseguridad jurídica y física, el fútbol, el tango, la Patagonia, Maradona, Eva Perón, el default, atentados, etc. A la hora de definir a la Argentina como país, también resuenan vocablos como soberbia, inestabilidad, descontrol, caos, crisis, inseguridad, militarismo, caudillaje, machismo y populismo. A estas adjetivaciones se suma un frecuente desconocimiento de la existencia del Mercosur, de sus miembros y de procesos internos. El embajador argentino en Roma, Victorio Taccetti, observó que el Mercosur “se encuentra en estos momentos en una etapa similar a la que atravesaba la Comunidad Económica Europea en los años setenta y este es un punto a explotar a la hora de hacer comprender al europeo la importancia del Mercosur como mercado regional de proyección continental” (ver entrevista en Anexo). A propósito de las imágenes sobre la sociedad argentina, encuentran arraigo los conceptos de autoritarismo y populismo, rasgo que a su vez se identifica con el resto de América latina. En los artículos y notas sobre la Argentina, el diario estadounidense The New York Times ha empleado frases del tipo “país territorio de nazis” o pueblo de “actitudes autoritarias y machistas” (Global News op. cit.). Por su parte, el populismo, que tuvo su cuna en Europa con el fascismo, es ahora vinculado por los dirigentes italianos como prerrogativa latinoamericana y, particularmente, patrimonio del peronismo argentino. En una entrevista al diario italiano La Repubblica, Francesco Rutelli, líder político del centroizquierda, ex alcalde de Roma y ex vice primer ministro de Italia, comparó el gobierno de Berlusconi (2001-2006) con el peronismo: - “Peronismo. No me viene en mente ningún otro modelo para describir a esta derecha de viejo estilo, para nada liberal, que gobierna Italia”. - “Rutelli, Italia no es Argentina: ¿de dónde viene este acercamiento entre Berlusconi y Perón?”, le preguntó el periodista. - “De la evidencia de los hechos. Luego de más de un año, están demostrando lo que valen: propaganda martilladora y populismo”121.
GIANNINI, Massimo. “Questo è un governo peronista ma non bastano i girotondi’. Rutelli: Ulivo, entro il 2004 un progetto per tornare a vincere”, en La Repubblica, 4 de septiembre de 2002.
121

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IV.2. La Argentina en ojos italianos En este apartado se exhiben los resultados del sondeo de opinión, a cargo del autor, que midió la percepción y los estereotipos de la Argentina en 54 líderes de opinión italianos. El muestreo empleó entrevistas personales semi estructuradas y un cuestionario predeterminado (que puede verse en el Anexo). El alcance fue federal, lo que permitió involucrar representantes de gran parte de las regiones del territorio italiano. Los resultados servirán tan sólo como indicio que nos dejará apenas a las puertas de un prediagnóstico. Pretende ser un ejemplo del tipo de sondeo que la diplomacia pública debiera realizar con firme periodicidad para saber cómo el país está posicionado en las audiencias sensibles a su interés nacional. Algunas respuestas fueron pasionales, viscerales. Hubo quien hasta incluyó comentarios admonitorios sobre lo que el país debiera hacer para recuperarse, como quien aconseja a una hermana menor descarriada. En estos casos, el problema argentino pareció reverberar casi como una cuestión propia, como si se tratase de un miembro de la familia que a menudo descarrilla. La muestra estuvo compuesta por personalidades provenientes de diversas ocupaciones y disciplinas del conocimiento, según la siguiente distribución:
0% Académicos Funcionarios Empresarios Estudiantes de postgrado Periodistas Presidentes ONG Sindicalistas 1,9 7,4 14,8 13,0 11,1 18,5 35% 33,3

Los consultados son nativos de diversas zonas del país: Lombardia (20,4%), Lazio (14,8%), Veneto (13%), Emilia-Romagna (9,3%), Sicilia (7,4%), Marche (7,4%), Piemonte (5,6%), TrentinoAlto Adige (3,7%), Puglia (3,7%), Friuli Venezia Giulia (3,7%), Umbria (1,9%), Sardegna (1,9%), Molise (1,9%), Campania (1,9%), Toscana (1,9%) y Liguria (1,9%). El 51,9% de los encuestados visitó Argentina –especialmente políticos y funcionarios-, de los cuales el 82% lo hizo más de una vez. Más de la mitad de los visitantes (53%) estuvo en el país por motivos de trabajo; sólo el 21% lo hizo por turismo y el 9% por estudio. De quienes no visitaron Argentina –en su mayoría académicos y estudiantes de posgrado-, el 60% dijo tener al menos un amigo o conocido argentino. Las personas suelen formarse imágenes de las naciones a partir de sus ciudadanos en el exterior, de los extranjeros que frecuenta en su vida cotidiana, afectiva como laboral. Consideración y familiaridad con la Argentina El primer paso del cuestionario se propuso observar cuánto el encuestado dice conocer a la Argentina en comparación con otros países de América latina. La selección de naciones puestas a consideración incluyó a los países de la región con mayor presencia en la prensa mundial respecto de sus pares. Pero antes, veamos cuáles son las fuentes de información de los entrevistados para tomar contacto con la realidad argentina.

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¿Puede usted indicar cuáles son en Italia las fuentes de información más importantes para formarse una opinión sobre la Argentina?
0% Internet Revistas especializadas Diarios Contactos personales Ateneos Medios en general Centros culturales y de estudio Asociaciones italoargentinas Representaciones diplomáticas Libros Televisión No responde No 3,7 2,4 2,4 2,4 2,4 2,4 10 6,1 5 5 8,5 15 30% 26,8

Otros: Clases de tango; documentales; filmes; teatro; fuentes ocasionales.

En las fuentes de información citadas predominan "Lamentablemente, no noto en los medios la prensa argentina en la Internet y las revistas para italianos gran interés por la Argentina". un público especializado. La Red telemática se Presidente ONG reveló más importante como fuente para quienes ya estuvieron en la Argentina y, sobre la base de sus "Generalmente no hay informaciones. Excepto conocimientos del terreno, pueden guiar su en casos extraordinarios como el default". búsqueda en un medio descentralizado como este. Político Las publicaciones especializadas, que ofrecen una lectura orientada por parámetros editoriales, son "No hay fuentes. La prensa habla sólo cuando preferenciales –y quizá ideales- para quienes poco hay alguna gran crisis o algún evento conocen del país. De los contenidos de la Internet, particularmente relevante. La mayor parte de la los sitios citados fueron: los diarios argentinos La información proviene de los pocos estudios de investigadores italianos". Académico Nación y Clarín, la Embajada de Italia en Buenos Aires, el Ministerio italiano de Asuntos Exteriores, "Los contactos que he tenido con la Embajada Lonely Planet, Argentina On Line, el diario regional argentina en Italia no resultaron muy argentino La Capital, de Mar del Plata, el sitio de satisfactorios; en cambio, se reveló muy útil el política internacional IPALMO, el newsletter de la continuo contacto directo con ciudadanos Universidad del Salvador y el Instituto italiano de argentinos a través del intercambio de e-mails". Comercio Exterior. De los periódicos italianos fue Político nombrado especialmente La Repubblica. Entre las revistas especializadas, alcanzó mayoría Limes, publicación sobre asuntos internacionales. La Universidad de Bologna, el Instituto Italolatinoamericano y el ICE sede Buenos Aires son las tres instituciones elegidas como punto de contacto con datos sobre la Argentina. La diáspora de argentinos residente en Italia fue también considerada como fuente de información actualizada. Es importante la cantidad de personas (10%) que no fueron capaces de citar una fuente precisa porque entendieron que en Italia no existe tal cosa para el caso argentino. Ninguno, por ejemplo, mencionó algún boletín electrónico o newsletter del gobierno de Buenos Aires. Esto puede ser tan

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positivo como negativo. El que la voz gubernamental no sea oída no quiere decir que una estrategia de diplomacia pública deba acallar al Estado. “La Argentina es considerada un poco a los márgenes no sólo geográficos, sino también de las cuestiones internacionales –sostiene el viceministro italiano Franco Danieli. De modo que, al final, es poca la cantidad de información que llega. Geográficamente es lejana. En definitiva, más allá de las situaciones de crisis económica, desde hace algunos años ya no hay fenómenos visibles que atraigan la atención internacional. Digamos que la última noticia relevante es el default argentino. La otra es la elección de Kirchner. Pero basta. Si se va a preguntarle a la extensa platea de los ciudadanos qué es lo que saben de la Argentina actual, continuarán respondiendo ‘desaparecidos’ y quizá dirán ‘default’, ya que 400 mil familias han vivido esta situación” (ver Anexo). La lejanía geográfica de la Argentina, a la que alude Danieli, es un factor que a menudo se activa en el imaginario italiano al oír hablar del país; se considera a la variable como desfavorable para una relevante participación en el escenario mundial. Sin embargo, tal concepto no es compatible con la recurrente referencia a la globalización como proceso que transforma al mundo en una aldea gracias a la instantaneidad de los canales de comunicación y de los flujos financieros, comerciales y de personas. New York, Pekín y hasta Brasilia también están lejos de Roma, pero no por esto dejan de tener importancia para la política exterior italiana. Considerar a la lejanía geográfica del país como obstáculo para su mejor participación en los asuntos internacionales puede resultar, finalmente, un eufemismo del discurso político. Usando las categorías predeterminadas, indique cuánto conoce a cada uno de los siguientes países:
0% Argentina Brasil Chile México Venezuela 0 3 2 12 Conozco muy bien 6 13 13 26 Conozco bien Conozco poco 28 16 No conozco nada 10% 11 10 20% 30% 40% 18 33 31 11 7 50% 60% 70% 23 5 80% 90% 100% 2

“Conocer poco un país significa también La Argentina es la nación que los censados dicen que el país no se deja conocer. Los conocer mejor. Y no sólo. El país alcanza la mayoría en las dos primeras opciones (“conozco muy bien” y consulados argentinos son estructuras que imitan a ciertos centros de la primera “conozco bien”), lo que indica que incluso si se República italiana, donde el poder era consideran ambas categorías por separado, el país administrado en el propio interior antes que sigue perfilándose como el más cercano al expresado con energía y entusiasmo sobre pensamiento de los encuestados. el territorio”. Periodista Lo sigue Brasil, su socio estratégico en la región, aunque este puesto no indique que el ciudadano italiano vea a ambas naciones vinculadas estratégicamente. Venezuela, a pesar de su reiterada presencia en medios europeos desde la llegada de Hugo Chávez al poder, es indicada como no menos conocido de los países señalados. Los académicos más los políticos y funcionarios son los grupos que mayormente declararon conocer bien al país. Entre quienes lo desconocen predominan los estudiantes y los empresarios.

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Empleando las categorías predeterminadas, indique cuál es su opinión general sobre los siguientes países:
0% Argentina Brasil Chile México Venezuela 1 Muy positiva 3 15 Ligeramente positiva 7 18 18 14 Indiferente 10% 10 34 21 21 14 Ligeramente negativa 8 6 4 Muy negativa 20% 30% 40% 50% 32 60% 70% 80% 6 7 4 90% 6 100% 0 11

3 0 4 0 6 6 No sabe

Si bien en términos absolutos la Argentina recoge la mayor cantidad de juicios favorables, en términos relativos es Chile el país latinoamericano que suscita la valoración (“Muy positiva").

“No doy más, pero la amo hasta la locura y quisiera pasar mi vejez en Buenos Aires”. Empresario “Argentina queda grabada en el corazón incluso de quien la conoció sólo por una semana; una razón habrá”. Periodista

Las razones de este resultado quizá coincidan con las mencionadas en los primeros párrafos del tercer capítulo, donde se analiza el particular posicionamiento de Chile en América latina. Esta consideración de la Argentina es transversal a todas las categorías (conocedores y no, visitantes y no); mantiene su constante proporcional, con un pico de máxima valoración entre quienes se declaran conocedores o visitaron el país al menos una vez. Un valor positivo predominó incluso entre quienes manifestaron su desacuerdo con la afirmación de que el país está comprometido con la defensa de los derechos humanos.

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¿Qué le viene en mente cuando siente hablar de la Argentina?
0% Crisis económica / Default / Cacerolazos Gran territorio / Pampas Juan y Eva Perón Dictadura militar / Desaparecidos Carne / Asado Tango Fútbol / Maradona Italianos inmigrantes La Patagonia Buenos Aires Agricultura Madres y Abuelas de Plaza de Mayo Ganadería Bellezas naturales Borges Néstor Kirchner Riqueza de recursos Tierra del Fuego La bandera Trigo Belleza femenina 1 1 1 1 1 2 1,5 1,5 1,5 1,5 1,5 2,5 2 5,6 5,6 5,1 8,1 7,6 7,6 7,1 10,1 15%

Otros: Alfajores; Américo Vespucio; amistad con Italia; avenida Libertadores; buena gente; caballos; caos de la vida pública; Carlos Gardel; Cataratas; Che Guevara; clase política frustrante; corrupción; desindustrialización; deuda pública; dificultad de progreso; Domingo Cavallo; dulce de leche; empanadas; glaciares; grandes colectivos; guerra de las Malvinas; inconciencias históricas; inestabilidad política; inflación; José de San Martín; Julio Bocca; La Boca; lunfardo; Los Andes; los bonos de la deuda externa; los gauchos; mate; Mercosur; neoliberalismo; Perito Moreno; petróleo; pingüinos; Plaza de Mayo; populismo; progreso socio-económico reciente; Río de La Plata; River Plate; San Telmo; semifinal Mundial Italia '90; similitud con Italia; Teatro Colón; Tres Fronteras.

Del total de menciones sólo el 19,2% se refiere a elementos positivos, es decir a valores asociados al país. El resto se reparte entre alusiones negativas o desvalores (24,2%) y observaciones neutrales (56,6%). Clasificados por rubros, la geografía y los lugares turísticos encabezan la lista (21,2%), seguido por la economía del país y sus recursos (18,2%), personalidades (17,2%), eventos históricos (14,6%), gastronomía (9,1%), arte (5,6%), sociedad y costumbres (4,5%), deportes (4,5%) y política (1,5%). Entre quienes dijeron conocer bien al país, la

“Se habla sólo de tango, de Maradona y de la Patagonia. En Italia, la política internacional son sólo los Estados Unidos y algún que otro país europeo, nada más.” Periodista “La veo como una bella mujer, por desgracia descalza y descuidada, que se dejó estar, pero que aún conserva cierto atractivo”. Funcionario “Creo que es un país cíclico. Pero ahora me parece poder afirmar que la Argentina, y toda América latina, se encuentra en un punto de no

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retorno. La ausencia de conflictos religiosos y crisis económica, el default y los cacerolazos de situaciones de contraste social, en un ocupan los primeros puestos de menciones, mundo afectado por problemas terroristas y seguidos por la referencia a la carne argentina y su tradicional asado. En tercer y cuarto lugar, aparecen migraciones de masa, pueden ser el verdadero gran recurso argentino”. Periodista las alusiones a la pareja Juan y Eva Perón, y la dictadura militar. Todos estos ítems son también “Una serie de reformas preponderantes entre quienes admitieron conocer económicas corajudas”. Político poco del país y jamás lo visitaron, con una salvedad: el primer lugar de las menciones lo ocupa "Los argentinos demuestran una la idea de un gran territorio nacional y la recurrencia extraordinaria capacidad en todas las artes y, sin embargo, en Italia a duras penas se a las pampas argentinas. La carne, el asado y la conocen algunos bailarines de tango y, extensión territorial desplazan el recuerdo de la obviamente, Maradona". Periodista crisis económica en quienes visitaron el país. Referencias positivas como negativas comparten los primeros puestos entre las personas que manifestaron un juicio favorable sobre la Argentina (ver adelante). El hecho de que este grupo recuerde particularmente la violación de los derechos humanos y los descalabros económicos sin que esto oriente de modo negativo su imagen del país, obliga a estar atentos a la diferencia conceptual entre opinión y actitud, tal como se distingue en el apartado dedicado a los estereotipos. La tematización sugerida por los resultados de esta ronda de consultas coincide en gran parte con los intereses y preocupaciones manifestados por un grupo de italianos que en octubre de 2006 asistió a un seminario sobre la Argentina, organizado en Milán por el Instituto de Estudios Políticos Internacionales (ISPI). La mesa redonda de aquel encuentro se propuso realizar un balance y un diagnóstico de la historia argentina a treinta años del golpe de Estado de 1976122. Al momento de la participación del auditorio -que incluyó italianos profesionales, estudiantes y ciudadanos interesados-, he tomado nota de las preguntas dirigidas a los disertantes, evitando mi intervención como argentino para no tematizar a la audiencia. Los tópicos de los interrogantes del público se refirieron a los bonos de la deuda externa, la inseguridad, los “nuevos desaparecidos” (en alusión a la desaparición en 2006 del argentino Julio López, luego de haber prestado testimonio en el juicio contra un ex policía de la dictadura) y la experiencia poscrisis de fábricas en quiebra expropiadas por sus trabajadores y autogestionadas como cooperativas. Un lugar destacado en la percepción de los consultados lo ocupa la última dictadura militar argentina, con una excepción: la de quienes visitaron el país que, a diferencia de quienes no lo hicieron, no hablan ya de ella. En un artículo que repasa los métodos más conocidos de tortura física de la historia del Hombre, la revista italiana Focus se refiere a “los últimos horrores en orden de tiempo”, y concede particular relieve a las cámaras de la tortura argentinas (1976-1983) “en las que se utilizaba mucho la electricidad: los torturadores conectaban la batería de un auto a los genitales o a las tetillas de las víctimas, sometidas a continuas duchas heladas y amenazas de muerte. Se deshacían de los cadáveres (o de los prisioneros agonizantes) arrojándolos al océano desde los aviones”123. Desde 1985 Italia lleva adelante un proceso penal contra los responsables de la desaparición en Argentina de ciudadanos de origen italiano. La opinión pública italiana se encontró reiteradas veces con el tema. El 6 de diciembre de 2000 la justicia de aquel país, con el gobierno de la Península constituido en parte civil, concluyó el llamado “Processo di Rebibbia” con la condena a prisión perpetua para los generales argentinos Guillermo Suárez Mason y Omar Riveros, en un juicio por la desaparición de aproximadamente trescientos ciudadanos origen italiano. Seis años después, la tematización mediática volvió sobre el particular con el título “Processo ESMA” (Escuela de Suboficiales de Mecánica de la Armada): un fallo de la justicia italiana reenvió a juicio a cinco oficiales de la Marina argentina, en el marco de la investigación por el secuestro y desaparición de tres ciudadanos italoargentinos entre los años 1976 y 1977. Los acusados (Jorge Eduardo Acosta, Alfredo Ignacio Astiz, Jorge Raúl Vildoza, Héctor Antonio Febres y Antonio
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La conferencia contó con las disertaciones de dos argentinos –el ex secretario de cultura de Kirchner, Torcuato Di Tella, y el embajador de Argentina en Italia, Victorio Taccetti– y dos italianos –el senador Gilberto Bonalumi, secretario general de la Red Italia América latina, y el periodista de Il Sole 24 Ore, Roberto Da Rin. 10 de octubre de 2006. 123 Cfr. “Torturati per bene” en Focus. N. 166, agosto de 2006.

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Vanek) fueron finalmente condenados a cadena perpetua en marzo de 2007, por fallo de un Tribunal de Roma. El 19 de junio del mismo año, la justicia italiana definió en una sentencia que la dictadura militar argentina fue “un verdadero genocidio” que se produjo con el pretexto de la “guerra fría”, promovido por EE.UU. y el silencio de la Iglesia católica. “Los primeros años del compromiso político y social de gran parte de la clase dirigente que hoy conduce Italia, incluido quien suscribe –comenta el viceministro Danieli-, estuvieron caracterizados por algunos dramas; digamos que algunas vivencias históricas. Vietnam, la cuestión israelípalestina, el apartheid en Sudáfrica, el golpe en Chile, la dictadura argentina y sus desaparecidos. Por lo tanto, estos elementos están muy presentes porque han marcado a sujetos que hoy gobiernan este país. Luego, con el pasar de los años, hubo una actualización de aquellos dramas” (ver Anexo). ¿Puede nombrar alguna personalidad del arte, la cultura o la ciencia argentina contemporánea?
0% Jorge Luis Borges Astor Piazzolla Carlos Gardel Ernesto Sábato Julio Cortázar Osvaldo Soriano Quino Lucio Fontana Antonio Berni Julio Bocca Manuel Puig Mercedes Sosa Guillermo Mordillo No sabe / No responde 2,3 2,3 1,6 1,6 1,6 1,6 12,4 3,9 3,9 3,1 6,2 5,4 8,5 20,9 25%

Otros: Alfonsina Storni; Atahualpa Yupanqui; Charly García; Che Guevara; Daniel Barenboim; Daniel Barman; Fernando Solanas; Fito Páez; Gino Germani (italoargentino); Gustavo Ceratti; Gustavo Santaolalla; Horacio Quiroga; Inés Bancalari; Javier Daulte; Jorge Lanata; José Cura; Lino Spilimbergo; Lito Vitale; María Elena Walsh; Martín Caparrós; Marta Argerich; Martín Mazora; Oscar Cornblit; Osvaldo Pugliese; Quinquela Martin; Raúl Soldi; Roberto Arlt; Rodolfo Walsh; Rubén Bernblum; Torcuato Di Tella; Victoria Ocampo.

Con gran dispersión, fueron 45 las personalidades argentinas citadas. Es indiscutida la preeminencia de Jorge Luis Borges, colocado como icono de la literatura argentina. Incluso entre quienes manifestaron desconocimiento del país, el escritor porteño fue mencionado con llamativa insistencia. Es, además, uno de los exponentes más citados de la cultura argentina entre docentes universitarios, intelectuales y artistas italianos. Umberto Eco se inspiró en Broges para crear al bibliotecario personaje de su novela El nombre de la rosa. El prestigioso escritor siciliano Leonardo Sciascia, ya citado en este trabajo, solía aludir a él como uno de sus máximos referentes literarios. El influyente diario The New York Times publica con frecuencia artículos sobre el literato argentino124. El resto de los escritores, si bien presente en el mercado editorial italiano, debe afrontar presencias contemporáneas avasalladoras como la de los brasileños Paulo Coelho y Jorge
Cfr. ROHTER, Larry. “Borges’s Buenos Aires: A city populated by a native son’s imagination”, sección Footsteps, edición del 14 de mayo de 2006.
124

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Amado, y de la chilena Isabel Allende. Por Uruguay se destacan Mario Benedetti y Eduardo Galeano. Con las excepciones de Federico Andahazi y –en menor medida- de José Pablo Feinmann, la nueva narrativa argentina es prácticamente desconocida entre los italianos. Además de Borges, predominan algunos pocos autores clásicos como Bioy Casares, Sábato, Cortázar y Soriano. Los artistas Guillermo Mordillo y Lucio Fontana fueron citados a menudo, aunque en la Argentina resultan casi desconocidos al gran público. Es un caso de diáspora que puede jugar un rol esencial. No aparecen mencionados, ni siquiera por error, alguno de los cinco Premio Nobel argentinos (es probable incluso que muchos argentinos encuentren dificultad en recordarlos, siempre y cuando sepan que existen) cuyas figuras puede reforzar en el mundo la idea de calidad del sistema universitario público argentino, visto que todos los premiados se graduaron o dictaron cátedra en la Universidad de Buenos Aires (Saavedra Lamas, Houssay, Leloir y Milstein) y en la Universidad Nacional de La Plata (Pérez Esquivel). En materia deportiva quedan residuos perceptivos de Maradona y de su descollante desempeño en el club Napoli, hace más de dos décadas. Pero no aparece la figura de Emanuel Ginobili, el argentino descendiente de italianos que se posicionó como uno de los mejores jugadores de basquetbol del mundo, luego de ganar dos ediciones de la NBA con los San Antonio Spurs (2003 y 2005), obtener el subcampeonato mundial de basquetbol (2002) y la medalla de oro en los Olímpicos de Atenas (2004). Es exigua la mención de directores de cine, a pesar de que cineastas de la talla de Fernando Solanas coordinan regularmente talleres y seminarios en ciudades italianas como Roma, Bologna y Perugia. No parece ser un fenómeno europeo –en referencia a su extensión continental- la acogida que el público español dio al cine argentino en el último lustro, un fenómeno que no ha penetrado en Italia. ¿Puede mencionar algún período de la historia argentina que conoce o recuerda particularmente?
0% Gobiernos de Perón Dictadura militar 1976-1983 / Desaparecidos Crack económico de 2001 a hoy Regreso a la democracia Inmigración italiana Guerra de Malvinas No 4,5 3 9,0 13,4 11,9 20,9 30% 26,9

Otros: los años treinta; gobierno de Isabel Perón; la guerra contra Paraguay; presidencia de Carlos Menem.

Aquí la elección es coherente con las imágenes que los entrevistados asocian al país. Si se suman los dos primeros puestos con el último (peronismo, dictadura y “No”), descubrimos que casi el 60% de las referencias a la historia argentina pertenecen a tiempos anteriores al regreso de la democracia, en 1983. Evidencia el notable desconocimiento de una historia nacional precariamente articulada en el imaginario como sucesión de acontecimientos. Peronismo originario (1946-1955; 1973-1976) y dictadura, son protagonistas en las respuestas de los que conocen poco del país y de quienes aseguran tener información sobre él, con una leve diferencia: el peronismo histórico lidera el primer grupo, mientras que la dictadura lo hace con el segundo.

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¿A qué país cree que asemeja la Argentina?
0% Italia Australia Brasil España Canadá No sabe / No responde A ninguno 3,2 12,7 20 4,8 4,8 6,3 40% 38,1

Casi tres cuartas partes de las respuestas están determinadas por un contraste: “Italia”, “Creo que, a su manera, es único porque no existe un “ninguno” o “sin respuesta”. Colocar a la país tan grande y poco poblado, con numerosas Argentina en situación de comparación diferencias sociales. Creo que desde el punto de vista geográfico, el país más cercano es Australia; mientras parece haber sido para la mayoría de los que en el aspecto político y social, pienso que está entrevistados un juego de todo o nada. De cercano a Italia, con las debidas proporciones”. quienes se inclinaron por la similitud con Estudiante Italia, el 17,3% aclaró que se refería a su región meridional y a la realidad de la “Argentina me parece comparable a la Italia del boom Península en la segunda posguerra. económico de los años sesenta”. Presidente ONG Asimismo, Italia fue elegida sólo por quienes previamente manifestaron su opinión “Si Sicilia fuese un Estado, se podrían encontrar favorable a la Argentina pero, algunos puntos de contacto con la Argentina”. contradictoriamente, reconocieron las Periodista similitudes en los rasgos negativos de “Argentina, más que parecerse a un determinado país, ambas naciones (el semanario inglés creo que es el resultado de una síntesis de las estadounidense The Economist sostuvo que características de muchos pueblos y culturas. No me Italia es el único país latinoamericano de parece casual que los mismos argentinos digan que su Europa). país es fruto de la espada española, del fusil inglés y del Quienes optaron por Australia, aclararon brazo italiano. Es más, me resulta particularmente que lo hicieron pensando en los aspectos halagador que se nos reconozca el mérito de haber geográfico y demográfico de la nación participado en la construcción de este Estado no por insular. Por su parte, la presencia de medio de la violencia, sino del trabajo”. Político potencialidades inexploradas fue el rasgo que inspiró el parangón con Canadá. Entre “En la cultura política se asemeja quienes no visitaron y poco conocen de la a Brasil; en la cultura económica, a Italia; en la cultura artístico–literaria, a España”. Académico Argentina, apareció la elección de Brasil, influenciados quizá por la proximidad “A nivel de debate político interno, veo más geográfica, sin poder distinguir las comparaciones entre Italia y Chile”. Político particularidades por falta de elementos de juicio. Brasil fue el único país de América latina citado. El resto son comparaciones con naciones desarrolladas.

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¿Cuál cree que es la principal fortaleza de la Argentina?
0% Recursos naturales / Materias primas Recursos humanos / La gente Agricultura / Alimentos / Ganadería El territorio Recursos energéticos Los italianos Creatividad Riqueza y nivel cultural de la población Crecimiento rápido / Potencial de desarrollo 2,4 2,4 2,4 2,4 4,9 7,3 12,2 21 30% 29,3

Otros: capacidad empresarial; capacidad de reflexión; formación estudiantil; fútbol; multiculturalidad; ninguna; posición geopolítica; potencialidad de desarrollo; unidad nacional; vínculo con la Europa latina. “La paciencia y determinación de la gente que ha reconquistado la democracia”. Sindicalista “En el sector del turismo hay una dificultad objetiva. No existen guías turísticas, no se estima al turismo, no se facilitan las relaciones con los extranjeros en Argentina, elevando los precios y colocándolos en dólares, desalentando en primer lugar al turismo italiano, poco dispuesto a gastar en una oferta poco comprensible”. Periodista “Después del crack y de la revuelta, se afirmó un proceso democrático y reformista, incluso sorprendente… Sin embargo, no sabría decir cuán sólida y radicada están la democracia y las fuerzas progresistas en un cuadro de situación -si entiendo bien- de fragmentación y debilidad de los partidos y de preponderancia de las personalidades; [un cuadro a la vez] ‘moderno’, por cómo la política se está trasformando en todos lados; y ‘antiguo’, por su vínculo con las raíces populistas y peronistas”. Sindicalista

¿Cuál cree que es la principal debilidad de la Argentina?
0% Inestabilidad / fragilidad institucional La clase dirigente Economía / Sistema financiero Organización del Estado Desigualdad social Soberbia / Narcisismo Falta de credibilidad Modelo economicista Incertidumbre en las reglas de juego Corrupción Desocupación Burguesia especulativa Poco deseo de trabajar No sabe / No responde 15,6 15,6 11,7 5,2 3,9 2,6 2,6 2,6 2,6 2,6 2,6 2,6 2,6 3,9 20%

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Otros: Asistencialismo; autoritarismo; clase media débil; cultura política movimentista; desaprovechamiento de la explotación de riquezas naturales; deuda externa; el peronismo; escasa infraestructura vial; exceso de impuestos; exceso de materia prima; falta de proyecto; incapacidad para guiar a América latina; inconsistencia de las pymes; la Iglesia católica; EE. UU; país subpoblado; pobreza; poca iniciativa empresarial.

La idea de debilidad económica predominó entre quienes no visitaron el país y aseguran tener poca información, pero fue descartada por los líderes que visitaron la Argentina y están en contacto con la actualidad. Éstos prefieren hacer hincapié en la inestabilidad del orden institucional, en la incertidumbre a ella asociada y en la escasa idoneidad de la clase dirigente local. Ambas percepciones (debilidad económica y fragilidad institucional) quedan sin embargo unidas en los primeros puestos para quienes vieron en la Argentina un país similar a Italia.

“Cuando llegué a Buenos Aires, la sensación fue muy fuerte: un país con grandes contradicciones donde la extrema riqueza convive con la extrema pobreza, donde parece que las dificultades sociales y económicas son vividas con resignación… Quizá con demasiada”. Político “La burocracia y las contradicciones son muy evidentes y representan un lastre para todo crecimiento económico y social. Las diferencias sociales son fuertemente apreciables”. Periodista “Existe el riesgo de un desarrollo incorrecto, demasiado influenciado por modelos y parámetros exclusivamente económicos”. Empresario

“La autoreferencialidad es el costado negativo de su principal fortaleza: la capacidad de mirarse dentro, de hablar de sí misma”. Empresario “La espiral de reformas y contrarrevoluciones en las que cayó durante los últimos cuarenta años”. Académico “Una sociedad que perdió el valor del trabajo y se ilusionó con poder vivir de la sola negociación y de la asistencia externa e interna”. Funcionario “Su capacidad de asumir un rol de guía del subcontinente latinoamericano, a pesar de sus potencialidades”. Académico

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A continuación, encontrará una serie de afirmaciones expresadas en referencia a la Argentina. Le pido que manifieste su parecer respecto de cada una.
0% La Argentina está comprometida con la defensa de los derechos humanos La Argentina tuvo preponderancia de gobiernos populistas La sociedad argentina no es autoritaria ni machista Los argentinos son tolerantes con los extranjeros de países limítorfes Los argentinos deberían ser más organizados y fiables 3,7 7,4 22,2 20,4 31,5 1,9 9,3 5,6 5,6 13,0 14,8 13,0 27,8 20,4 18,5 17 37,0 29,6 14,8 Estoy parcialmente de acuerdo Estoy en desacuerdo 42,6 51,9 46,3 60%

34

3,7

9,3

Estoy de acuerdo Estoy parcialmente en desacuerdo No sabe

La percepción de una historia argentina "El problema de la falta de fiabilidad de los argentinos es mucho más grave de lo que parece, sobre todo para signada por una sucesión de gobiernos lograr crear formas de cooperación que no sean mero populistas se reveló transversal a todas las asistencialismo". Periodista categorías de encuestados. Está presente incluso entre quienes aseguraron tener sólo un vago conocimiento de la Argentina. Asimismo, este sector demostró opiniones divididas en el resto de los postulados, con al excepción de la defensa de los derechos humanos, en donde la mayoría hizo saber su acuerdo. Sobre esta última consigna, evidenciaron dudas quienes dicen conocer y haber estado en el país, el único grupo que en ninguna de sus respuestas exhibió desconocimiento sobre las cuestiones del populismo y la idea de mayor organización en el accionar de los argentinos. Respecto de la presencia de rasgos autoritarios y machistas en la sociedad argentina, se manifestaron positivamente quienes viajaron alguna vez al país o quienes, sin haber estado jamás, poseen amigos o contactos frecuentes con ciudadanos de ese origen. No emergen certezas ni posiciones determinantes sobre tendencias xenófobas argentinas respecto de inmigrantes de naciones limítrofes.

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La Argentina y América latina ¿Cuál cree que es el rol de la Argentina en América latina?
0% Liderazgo / Potencia regional Importante / Referente Promover la integración regional Referente cultural Mayor autonomía respecto de EE.UU. Motor económico Promover la cooperación Escaso / Marginal No sabe / No responde 4,8 3,2 3,2 3,2 3,2 23 8,1 23 21,0 30%

Otros: Convertirse en un país normal; dispensador de materias primas; modelo de país industrializado; ninguno; principal aliado de Brasil.

En este caso, la duda o el desconocimiento del rol argentino en la región son tan elevados como las respuestas que le asignan un rol de liderazgo. Si a estas se le suman las que le reconocen al país un rol importante, pero no por esto proactivo (“importante/referente”), surge el perfil de un actor regional con una vaga definición de sus objetivos en materia de política exterior. Nótese cómo las consideraciones sobre el rol argentino en el subcontinente están dominadas por verbos en condicional: “debería”, “podría”, etc. Una nación que tiene las condiciones, pero que no se decide o no sabe asumir un rol central; tal la sensación que despiertan los comentarios. En este sentido, se refleja algo de aquel “destino manifiesto” (rever apartado I.1.1.) del que Argentina se jactaba a inicios del siglo XX y que hoy le critica a EE. UU. Lo curioso, y a la vez interesante, es que la raíz de esta idea también se manifieste en la opinión de los italianos. Son escasas las referencias al Mercosur. Brasil y la Argentina pocas veces fueron vinculados estratégicamente. Sobre su papel latinoamericano, el país es visto como uno que resignó o desaprovechó su rol de líder natural, a favor de Brasil.

“En el pasado fue un pésimo ejemplo; en los años recientes, un ejemplo muy positivo. Mucho de su futuro está en el Mercosur, en el cual debería invertir el máximo posible”. Académico “Contribuir con una política de mayor autonomía respecto de EE. UU. y de desarrollo compatible para un aumento generalizado del rédito en América del Sur.” Político “Debería tener un rol pujante, pero no lo tiene. Bolivia, Venezuela y Chile se están destacando por sus propuestas concretas y su comercio con Europa”. Periodista “Argentina podría ser un faro cultural y uno de los motores económicos, si tan sólo lo deseara”. Académico “Retomar la guía del Mercosur y del proceso de integración”. Político “Veo un rol en perenne conflicto con Brasil”. Periodista "El rol de la Argentina es marginal respecto de sus potencialidades.” Empresario

“Si los italianos allí residentes se empeñasen en expresar con coraje su propia inventiva profesional, la Argentina sería el país timonel en América latina”. Presidente ONG “Debería aceptar, de una vez por todas, ser el principal aliado de Brasil. Abandonar los sueños de proyectos geopolíticos imposibles y no tratar de desempeñar un rol de liderazgo que no está en condiciones de asegurar, ni como capacidad política, ni como capacidad diplomática”. Funcionario

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“Actualmente, no me consta que tenga un rol propiamente dicho en el continente. Podría tenerlo, pero sólo con una fuerte integración regional con Brasil”. Empresario “Es una potencia media regional, con una relación conflictiva entre sus propias ambiciones de liderazgo y la realidad de sus propias dimensiones políticas y económicas”. Académico “Podría tener un rol de guía, pero la clase política debería cambiar radicalmente y romper con el pasado. En los jóvenes, sobre todo en los de origen italiano, he notado que se han alejado de la política. Quizá la reciente experiencia de voto en el exterior reservado a los italianos, junto con una toma de conciencia sobre el valor del compromiso civil, esté despertando entusiasmos adormecidos”. Político

¿Qué cosas cree que diferencian a la Argentina de los otros países latinoamericanos?
0% Fuerte presencia europea Nivel cultural superior Su vínculo con Europa Mejor desarrollo y educación Modo de vida europeo Mejor distribución de la riqueza Clase media sólida La gente / Composición étnica El tango Impulso de progreso Pasado de mayor bienestar Mayor dinamismo social No sabe / No responde 2,4 2,4 2,4 2,4 2,4 14,6 3,7 3,7 4,9 7,3 7,3 9 15,9 20%

Otros: ausencia de problemas étnicos; capacidad de reacción contra crisis; falta de clase dirigente estructurada; incongruencia entre cultura y economía; la carne; las condiciones naturales; madurez democrática; mayor autoestima; mayor proyección internacional; mayor rédito per cápita; mayor seguridad personal; mejor infraestructura; nada; recursos económicos; sistema productivo agrícola e industrial; sociedad más abierta; variedad climática.

El conjunto de todas las menciones a elementos europeos (presencia, vínculo y estilo de vida) alcanza casi el 30%, alejando la cuestión del nivel de educación de los argentinos, más arriba señalado como claramente superior al de sus pares latinoamericanos. Sólo quienes conocen en detalle más de dos países de la región, invierten los dos primeros puestos colocando en primera línea el mejor desarrollo, educación y cultura, para después mencionar el aspecto europeo de la sociedad argentina. Pero también es considerable el nivel de dificultad para reconocerle al país particularidades respecto del resto de los actores latinoamericanos. Estos resultados no arrojan un atributo distintivo de la Argentina. Respecto de la tendencia eurocentrista, el sentimiento argentino de superioridad étnica en la región fue ya en el siglo XIX una voluntad afirmada por escritores y pensadores nativos que anunciaban

“Creo que el hecho de ser un país de mayoría inmigrante ha difundido una cultura del saqueo social”. Estudiante “A diferencia de casi todas las otras naciones, creo que la Argentina es un país mayormente compuesto en el plano cultural. Sin embargo, esta ventaja a menudo se transforma en una pizca de esnobismo que perjudica el crecimiento de la identidad del país”. Periodista “Su particularidad reside en la incongruencia entre cultura y economía; la primera, difundida, y la segunda, no regulada por leyes y costumbres ecuas y probas”. Empresario “Argentina es el país más ‘europeo’ entre los países latinoamericanos, tanto como

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la conversión de la Argentina en una verdadera sociedad blanca, racialmente superior al resto de las repúblicas sudamericanas y, por lo tanto, la primera nación del subcontinente. Los indicios no europeos de la historia y la geografía del país fueron ignorados y eventualmente olvidados por estos hombres en el proceso de fecundación del mito de una Argentina blanca (Dodds op. cit., 156). En la década de los noventa, el ex canciller argentino Guido Di Tella retomó la tradicional concepción eurocéntrica del país: “Lo que hemos hecho básicamente es decir Tercer Mundo y No Alineados, países pobres en general, no los queremos... Abandonamos los No Alineados porque no nos convenía, porque no nos interesaba y porque no teníamos intereses comunes... Nos interesan mucho los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico... Nos interesa generar esta relación con los países del Norte porque una de las confusiones que tenemos es que, por estar ubicados en América Latina, somos un país más de Latinoamérica. Esto no es cierto... Argentina es un país europeo.” (Discurso del 29 de junio de 1994, citado en Cisneros 2000, Tomo XV).

tradición que como cultura. Además, estuvo históricamente caracterizado por bajas tasas de desigualdad (acentuadas desde la reciente crisis) en comparación con los otros Estados de la región. Por lo tanto, el tejido social resulta más uniforme”. Académico “Antes de la crisis de 2001, la Argentina era el país latinoamericano más cercano a Europa. Hoy es a todos los efectos como los demás: fortísima polarización social, pauperización de la clase media, asistencialismo estatal vinculado con el control social y del voto, corrupción, etc.” Funcionario

Si usted o algún familiar tuviese que cursar un posgrado en América latina, ¿en qué país lo haría?
0% Argentina Brasil Uruguay México Chile Costa Rica No sabe / No responde 1,6 1,6 10,9 6,3 4,7 27 50% 46,9

Entre las razones para elegir a la Argentina como principal destino de estudios en América latina, se encuentran también motivos extra académicos. De mayor a menor, las justificaciones fueron: buenas universidades, de renombre; afinidad cultural con Italia; mayor nivel cultural; país dinámico de América latina; estilo y calidad de vida; colaboración con universidades italianas; buenos estándares científicos; buenos ateneos de arte; buena tradición académica; cursos de cooperación internacional; buenas referencias; mejor

“Pienso que la Argentina tiene un buen mix de diversión y organización al estilo europeo”. Estudiante “Depende de la especialización: para cardiología y odontotécnica elijo sin más Argentina por la óptima preparación universitaria constatada en persona”. Presidente ONG “He tenido modo de visitar la Universidad de La Plata y tuve la ocasión de conocer

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organización universitaria; belleza paisajística. docentes de gran espesor, además de una buena organización y disponibilidad a la Predominó la elección de la Argentina también en el colaboración con universidades italianas”. grupo de los académicos y estudiantes de posgrado o Político investigadores. En cuanto a quienes optaron por Brasil, en segundo puesto, las razones fueron –también en orden jerárquico: importante posición económico-política del país; amplitud y variedad de mercado; buenas facultades de economía y sociología; población activa y entusiasta; universidades de renombre; interés cultural; mayor atractivo extra-académico; variedad social; recursos a descubrir; belleza paisajística; probable país líder de América latina. Aquí predominaron los intereses no estrictamente académicos, quizá una muestra de cómo la importante presencia de la cultura brasileña en Italia redunda en beneficio incluso de su oferta educativa. ¿Cuál cree que es el nivel de educación de los argentinos respecto de los demás ciudadanos latinoamericanos?

21

24

4

0

5

0%

10% Superior

20%

30%

40%

50%

60%

70%

80% Inferior

90% No sabe

100%

Levemente superior

Igual / Estándar

Levemente inferior

La óptima apreciación del nivel educativo de los argentinos fue unánime. No hubo respuestas que lo consideraron inferior al resto del subcontinente. Tan sólo el 9,3% contestó no saber al respecto. Mayoritaria también fue la respuesta de quienes aseguraron conocer en profundidad más de uno de los países latinoamericanos enunciados al comienzo del cuestionario, incluida la Argentina, lo que revaloriza particularmente la respuesta ante la posibilidad concreta de comparación fundada. Con una matrícula cercana a 1,5 millón de estudiantes, el sistema universitario argentino se coloca a la altura de los países intermedios de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, un indicador de peso para evaluar el nivel de formación de la población económicamente activa. En el contexto latinoamericano, los resultados educativos y del sistema científico-tecnológico ocupan una posición de liderazgo en la matriculación combinada de los tres niveles de enseñanza (83%) y en la cantidad de científicos en relación a la población (ver EMP 2005). Junto a Uruguay y Chile, la Argentina se ubica entre las naciones latinoamericanas con mejores indicadores educativos, lo que conlleva un bajo porcentaje de analfabetismo y mayor nivel de escolarización (ver UNESCO 2006).

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La Argentina, Italia y el mundo ¿Cómo cree que la Argentina considera sus relaciones con las siguientes regiones del mundo?
0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% 80%

África

América latina

Asia

Estados Unidos

Europa

Estratégica / Esencial

Importante

Formal

Secundaria

Indiferente

No sabe

Si bien más arriba los encuestados vacilaron en identificar un rol para la Argentina en su contexto regional, aquí emerge al menos la percepción de que el país considera estratégico y esencial el vínculo con sus pares regionales. No por esto resigna la importancia de las relaciones con dos de los actores principales del sistema, Europa y EE. UU., con una leve ventaja a favor de este último, que parece ser visto como el punto de referencia inevitable para el continente americano. Europa, a diferencia de EE. UU., no obtuvo ninguna consideración de rol “secundario”. Relevancia le fue conferida a Asia, región emergente que para los europeos reviste particular importancia y ocupa numerosos espacios en la prensa local. África concentra la mayoría de las elecciones en las categorías “secundaria” e “indiferente”. Sin embargo, el principal socio del Mercosur, Brasil, pretende jugar su rol mundial precisamente con Sudáfrica, entre otros en el marco de su más amplia política exterior de potencia media. Puede que aquí persista la idea de una Argentina aislada, no como parte de un bloque regional que actúa políticas en común, como el caso de la política exterior; o bien la dificultad de percibir -por incapacidad del emisor-, al Mercosur como un bloque cuyos miembros acuerdan sus acciones exteriores.

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De los temas en la lista, seleccione cuál cree usted que debería ser el más importante en la política exterior de un país como la Argentina:
0% Cooperación económica y desarrollo en América latina Integración política regional Protección de los derechos humanos Lucha contra el terrorismo y el narcotráfico Seguridad regional y defensa común No responde 1,9 1,9 14,8 5,6 17 60% 59,3

Si se considera la dispersión de respuestas al momento de identificar el rol de la Argentina en América latina, con esta pregunta surge con decidida mayoría el perfil que debería tener un país con sus características, sin desestimar el crónico porcentaje de incertidumbre. Para este grupo, América latina se presenta, una vez más, como el escenario natural del país. ¿Qué semejanzas encuentra entre la Argentina e Italia?
0% Afinidad cultural La gente / Mentalidad / Sistema de valores La economía Solidaridad y hospitalidad Ciudadanos de origen italiano La clase política Sociabilidad / Facilidad de comunicación Creatividad / Capacidad empresarial Desconfianza en instituciones / políticos Pasión futbolera Apego a las raíces Propensión al populismo Desorganización Ninguna No responde / no sabe 3,7 3,7 2,5 2,5 2,5 2,5 2,5 2,5 3,7 11,1 6,2 6,2 4,9 11,1 21,0 25%

Otros: Apego al trabajo; clientelismo; falta de credibilidad; fragilidad política; gran clase media; Iglesia católica; irresponsabilidad institucional; predisposición al fatalismo; pymes; tradición de intervención estatal125; velocidad para superar crisis.

Esta analogía encuentra apoyo en una observación que en 2004 hizo el Nobel de Economía 2006, Edmund Phelps: “Hay una tradición de corporativismo que une a la Argentina con Europa -dijo en una entrevista con el diario Clarín-, por este motivo, no es fácil empezar un negocio en la Argentina. Hay una tradición mediterránea de intervencionismo

125

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Analogías entre la clase política de ambas naciones fueron particularmente subrayadas por quienes visitaron alguna vez la Argentina. Quienes no la visitaron, en cambio, reconocieron como denominador común similitudes de orden cultural y sociológico (sistema de valores, influencia italiana). Preocupados por los datos de la economía, algunos italianos no se cansan de repetir que su país terminará como la Argentina -fue incluso, como ya se dijo, un tópico de moda en la prensa. Tal insistencia parece omitir una variable crucial: Italia está en la UE, la Argentina no. Fue gracias a Bruselas, no siempre a Roma, que Italia tomó medidas para descomprimir futuras crisis: comenzó a aligerar su burocracia, a fomentar la competencia, privatizar algunos sectores, mejorar la seguridad y aprender la importancia de mantener un déficit reducido. Los parámetros de Maastricht son un paraguas para los italianos.

“Lamentablemente, en los últimos años veo más a Italia parecerse a la Argentina que viceversa”. Funcionario “Encuentro en común la desconfianza en la clase política, cierta predisposición al fatalismo, pero también una gran solidaridad y la capacidad de resurgir con rapidez de situaciones críticas”. Académico “Lo que me sorprende de la Argentina es la dignidad de las personas que he conocido. Una dignidad que en Italia estamos perdiendo incluso desde el punto de vista de los rasgos de cortesía, de atención”. Empresario “Viajando he notado los cambios positivos y negativos de la sociedad argentina, cambios sustancialmente idénticos a aquellos italianos; influenciados por opciones económico-políticas que pueden estar más o menos en consonancia”. Presidente ONG “Ambos países tienen una especie de poca responsabilidad presente. Son países que tratan de resolver el problema una vez creado el desastre. Con las debidas proporciones, son países similares”. Estudiante

“Hay un sustrato cultural que produce una clase política con las mismas ambiciones; pero en Italia la Unión Europea las limita”. Político “La Argentina tiene defectos congénitos como Italia tiene otros tantos. Pero los italianos son un pueblo que vive una realidad europea con continuos estímulos y la necesidad de permanecer en un mercado. La Argentina no siente la necesidad de abrirse porque aún no ha resuelto nudos estructurales”. Periodista “Si no fuese por un más acentuado apego al trabajo de parte nuestra, diría que Italia y Argentina son dos naciones gemelas”. Presidente ONG “La Argentina es una hermana en un ambiente distinto”. Político

estatal en las decisiones de negocios. Mi impresión es que la Argentina es una de las economías más corporativistas en occidente. Y este sesgo atenta contra la innovación.”

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¿En qué sectores o temas considera que la Argentina debería mejorar su relación bilateral con Italia?
0% Relación cultural Relacíón comercial Cooperación económica Ciencia / Investigación Pymes / Industria En todos Relación política Turismo Relación con emigrados Tecnología innovadora Sector agricola y alimenticio Educación Deuda externa / Bonos en default Intercambio de personas No sabe / No responde 2,2 2,2 2,2 2,2 2,2 2,2 2,2 10,1 3,4 5,6 4,5 7,9 12,4 15,7 20,2 25%

Otros: Agenda internacional común; mano de obra de calidad; mayor credibilidad político-económica; promoción de los derechos humanos.

Muchos se manifestaron por la “Debería mejorar un poco en todos los sectores porque en los intensificación de la cooperación últimos años hubo una fuerte caída del interés por la comercial y empresarial. Ya desde Argentina”. Académico 2006, el Ministerio argentino de Asuntos Exteriores comenzó a nuclear “Argentinos e italianos son muy parecidos en las costumbres y los esfuerzos del sector público y trabajar en grupo no presenta particulares problemas”. privado a través de una misión Periodista multisectorial para establecer “Vista la calidad del capital humano y la afinidad cultural, la acuerdos con Alemania, Italia y Suiza. Argentina debería volver a ser el portal privilegiado para el En septiembre del mismo año, el acceso de las empresas italianas en el mercado continental canciller argentino, el presidente de la sudamericano”. Académico Unión Industrial Argentina y una comitiva de empresarios firmaron “Se debería crear una cabeza de puente entre Italia y acuerdos de cooperación en materia Argentina y accionar en Europa”. Empresario de promoción comercial y de inversión directa entre empresas, políticas para pymes e incremento de las relaciones entre las comunidades empresarias de los países signatarios. Además, durante el primer semestre del mismo año, el Ministerio de Economía coordinó misiones comerciales de compradores internacionales en las que participaron más de ochocientas pymes.

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V. Una diplomacia pública para Argentina Se ha dicho aquí que la diplomacia pública es una herramienta de la política, coordinada desde el gobierno, el cual puede a su vez diversificar su rol de transmisor a través de actores privados del país. Se dijo también que su objetivo es el de promover el interés nacional de un país mejorando su percepción exterior y que su destinatario es la opinión pública de naciones extranjeras que formen parte de un target vital para los intereses de la nación emisora. Asimismo, esta diplomacia propende a establecer y a mejorar el diálogo entre los ciudadanos de dos o más países. Es menester recordar cuál es el corazón de la diplomacia pública: su reciprocidad. No sólo se trata de dar a conocer el país a una determinada audiencia. Es cuestión también de disponer las herramientas necesarias para conocer en profundidad a esa audiencia y traerla hacia casa. Tampoco debe olvidarse que la diplomacia pública y su versión cultural representan políticas de largo aliento. Sus resultados no se miden en meses o años, sino en décadas. Nada fructífero podrá lograrse ahorrando esfuerzos y recursos. Una buena diplomacia pública no es barata. El Estado debe comprometer una partida considerable, aunque siempre relativa a sus prioridades. Si bien mutuamente provechosa durante decenios, hoy la relación bilateral italoargentina encuentra serias dificultades objetivas en los terrenos económico, judicial y político. Desatar estos nudos requerirá de extensas gestiones que el nivel político pondrá en campo sin cesar. Mientras la acción gubernamental explora sus vías consuetudinarias, la diplomacia pública no debe asistir inactiva a las gestiones, esperando el momento de un terreno fértil. Debe sustraerse de los tiempos de la política y ejercer su acción de “segundo plano”, no sólo perseverante a pesar de las tempestades políticas sino, sobre todo, atenta a las actitudes y necesidades de la opinión pública del interlocutor estatal. Es su misión labrar el terreno para que cada vez que las condiciones del diálogo estén dadas, estas encuentren un escenario fértil a disposición. La reciprocidad, la información de retorno, no deben dejar de ocupar su función vital ni siquiera en tiempos de crisis diplomáticas. El estudio del caso italiano -en la concepción y uso de su diplomacia pública– y los resultados arrojados por la experiencia de sondeo entre líderes de opinión sugieren algunas orientaciones para que el gobierno argentino construya las bases de un plan de diplomacia pública que tenga por objetivo a la opinión pública italiana. Tal empresa debería considerar algunos de los siguientes aspectos: Termómetro. El modelo de consulta usado en este trabajo podría ser el embrión de un sistema permanente de medición de la percepción argentina en la opinión pública de los países clave para los intereses internacionales de la nación. Si se quiere establecer un vínculo concreto y eficaz con comunidades extranjeras cuyos líderes puedan a su vez influir en decisiones gubernamentales, se debería mirar, por ejemplo, hacia alguno de los instrumentos implementados por Italia en su particular relación con la vasta colectividad de sus conciudadanos en el mundo. De esto ya se ha escrito aquí. Otro ejemplo de instrumentación efectiva es el Eurobarómetro, el observatorio público de la Comisión Europea que mediante entrevistas personales monitorea constantemente el comportamiento, las tendencias y las necesidades de la opinión pública de los Estados miembros de la UE. Hoy es una de las principales bases de datos europeas. Nuestra región emplea desde hace doce años el Latinobarómetro, un sondeo de frecuencia anual que comprende a 18 países con un total de 196.788 casos. Su objetivo es medir los fenómenos políticos y sociales a través de las percepciones de la opinión pública. Coordinación. Hay que programar una actividad interdepartamental, institucional y política entre la Cancillería y los demás organismos del Estado, atendiendo a la cooperación con las provincias, demás entes regionales, el sector privado, asociaciones intermedias y representantes de la sociedad civil. El Ministerio italiano de Asuntos Exteriores coordina su diplomacia cultural con el Ministerio para los Bienes y las Actividades Culturales y con el Ministerio de Educación Universitaria e Investigación. La Cancillería argentina, que ya actúa junto con la Secretaría de Medios y Comunicación, debería ampliar los alcances y actores de la red.

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Especialización diplomática. Es aconsejable crear, en el Instituto argentino para el Servicio Exterior de la Nación (ISEN), la carrera de Consejero Diplomático en Comunicación, una nueva figura profesional que deberá combinar los conocimientos de un diplomático tradicional, un científico político y un comunicador social. Al interior de la representación diplomática, este profesional estudiará la conformación de la sociedad en que actúa, segmentando su opinión pública para identificar a los líderes de opinión y personalidades influyentes a quienes dirigir el mensaje. El “entrenamiento mediático” debería ser un rasgo que por antonomasia defina a los diplomáticos de nueva generación. Marcada por la proliferación de los medios de comunicación y de los canales informativos, “la función tradicional del diplomático, la de informar al propio gobierno sobre la política de aquél en el cual está acreditado, corre el riesgo de transformarse en una función superflua. Más importante que la negociación política, ya reservada directamente a las relaciones entre los gobernantes, gracias a la facilidad y a la rapidez de las consultas intergobernativas, es la acción sobre la vertiente económica dirigida a informar y a crear ocasiones de encuentro y a introducir al operador económico nacional en la realidad y en los ambientes del país de acreditación, así como acompañar y coordinar la acción de institutos especializados en la obra de penetración económica y comercial (…). Esto requerirá una profunda reforma en las funciones y en la preparación del representante diplomático” (Mammarella op. cit., 297). Actores privados. Una estrategia de diplomacia pública debe trascender una gestión de gobierno y convertirse en una política de Estado que involucre la participación de actores privados y no estatales con la coordinación gubernamental. “Entendí que en Argentina, además del elemento estatal, hay un elemento privado que funciona en manera eficiente”, observó un funcionario italiano vinculado con el comercio internacional (cfr. Occhiucci, art. cit. en Anexo). Por vía de incentivos como la reducción tributaria el Estado podría promover acuerdos de cooperación con el sector privado para proveer fondos de financiación a las actividades de la diplomacia pública, como el intercambio de estudiantes e investigadores. Como se ha visto en los resultados de este trabajo, la percepción de elementos negativos es escasa entre los italianos que visitaron el país. Estimular estas visitas, invitando a personalidades clave, es una forma concreta de revertir la presencia masiva de estereotipos mediáticos sobre la Argentina. Cultura. Vista la unánime consideración del escritor Jorge Luis Borges, incluso entre los italianos consultados que dijeron conocer poco de la Argentina, debería considerarse la posibilidad de dar vida al Instituto Borges que, inspirado en los institutos de cultura europeos y asiáticos, sea una sede cultural argentina en las principales ciudades del mundo para propagar los valores, historia, arte e ideas del país. Organismos culturales estatales como la Orquesta Sinfónica Nacional y el Patrimonio de Artes Plásticas de los museos argentinos pueden convertirse en una producción cultural argentina itinerante. En sentido inverso, Italia ya está aplicando su diplomacia cultural: en junio de 2010 la ciudad autónoma de Buenos Aires contará con un museo extraordinario, con exposiciones permanentes italianas que se renovarán cada tres años, pertenecientes a la Gallería degli Uffizzi de Florencia, a la galería de Brera de Milán y el Museo Arqueológico de Nápoles, tres de los más importantes museos de Italia. Becas. Las becas de estudio y de investigación patrocinadas por el gobierno argentino deberían ingresar con mayor intensidad en el escenario académico europeo, actualmente concentrado en traslados centrípetos, intracontinentales. A escala regional y en su calidad de miembro, el país debería proponer a sus socios del Mercosur la adopción de un programa análogo al proyecto europeo Sócrates-Erasmus, que introdujo por primera vez un sistema de becas de estudio que permite a alumnos de la UE cursar dos semestres en una universidad de otro país del bloque y rendir exámenes del propio plan de estudios, que luego serán reconocidos por el ateneo de proveniencia126. La región sudamericana no debe soslayar la gran experiencia de movilidad

El programa Erasmus -nombre inspirado en el renacentista holandés Erasmo de Rótterdam- fue instituido por la Comisión Europea en 1987. Desde entonces, cerca de medio millón de estudiantes cursaron en universidades europeas extranjeras. En 1990 se creó la Red Estudiantil Erasmus-ESN, que ya cuenta con unos 10 mil miembros y reúne a más

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estudiantil que ya es tradición en Europa. Según datos de la Cancillería argentina, en 2006 aumentó un 30% la inscripción de extranjeros en universidades locales: 657 alumnos de este tipo ingresaron en los ateneos estatales, casi el doble que en 2004. En total, la UNESCO ha calculado que la Argentina hospeda a unos 3.300 estudiantes extranjeros –aunque se estima una cifra mayor si se considera a quienes no tramitaron la visa de estudio-, principalmente latinoamericanos, cantidad que representa sólo el 0,3% de la matrícula universitaria total. El Ministerio de Educación estima que en lo que va de 2007 hay unos 14 mil estudiantes extranjeros en las universidades argentinas, más del doble que en 2004. El 60% proviene de Estados Unidos y Europa: unas 3.700 personas. Identidad regional. Considerada la importancia que actores como Brasil comienzan a adquirir entre los países europeos, la Argentina, que por décadas se inclinó hacia el eurocentrismo, debería comenzar a desarrollar una serie de actividades culturales dentro del Mercosur que refuerce la identidad latinoamericana del país, con el propósito de asegurar ser vista por los Estados de la región como un aliado esencial en la cooperación internacional. Diásporas internas y externas. Debería pensarse en reforzar los lazos comunicativos con las colectividades extranjeras residentes en territorio local, participando en sus acontecimientos culturales para lograr que reverbere en sus países de origen una determinada imagen de la Argentina. Para esto es relevante el contacto personal: cada extranjero en suelo argentino es un posible puente de comunicación con su nación de origen, así como cada argentino en el exterior es un potencial embajador. EE. UU. se valió de sus expatriados para dar vida a las American Corners, pequeños centros de información instalados en el exterior y gestionados por ciudadanos estadounidenses de residencia permanente fuera de sus países. En estos centros, los extranjeros pueden acceder a datos relevantes en contacto directo con los ciudadanos del país promocionado. Es, además, una manera de dar trabajo a los conciudadanos desocupados o subocupados en el exterior. Diversidad. Según datos de la sede argentina de la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR), en 2006 la Argentina recibió, en promedio, una persona al día en condición de refugiado o con pedido de asilo político. La permanencia de estas personas -la mayoría senegaleses, colombianos y peruanos- en suelo argentino acentuará la heterogeneidad étnica y cultural del país. El Comité de Elegibilidad para los Refugiados, que depende de la Dirección Nacional de Migraciones, recibió en 2005 385 solicitudes de personas que escapaban de 41 países de África, Asia y América latina. Por otra parte, son cada vez más los extranjeros que deciden residir establemente en Buenos Aires luego de un período de vacaciones. Veintitrés mil son los estadounidenses que viven en la Capital127. De los extranjeros que en 2006 ingresaron al país con visa turística, 3.885 solicitaron la extensión del permiso de permanencia. A su vez, 16.220 extranjeros que ya se hallaban en Argentina solicitaron la residencia permanente128. “No se puede generalizar, pero es verdad que en algunos sectores hay una cantidad notoria de europeos y norteamericanos que se está mudando a nuestro país”, comenta Pablo Bohoslavsky, titular del Programa de Promoción de la Universidad Argentina del Ministerio de Educación. “Conozco a muchos creadores de software y diseñadores de páginas Web que se están viniendo, porque pueden vivir acá y vender sus productos en Europa. En Argentina encuentran buen clima de trabajo, desarrollo cultural y niveles de seguridad compatibles con los de sus países”.129 En la Dirección Nacional de Migraciones, la tramitación de residencias temporarias o permanentes para ciudadanos europeos y estadounidenses aumenta desde 2002 -a partir de la devaluación del Peso argentino-, y en 2007 el Estado llegó a otorgar, en promedio, casi una residencia por hora a ciudadanos del Primer Mundo.

de 240 universidades. Sin embargo, se estima que hasta hoy sólo el 6% de los universitarios europeos participan en este programa. 127 Datos de la Embajada de los Estados Unidos de América en Argentina. 128 Datos de la Dirección General de Migraciones argentina. 129 SAVOIA, Claudio. “En la UBA pronostican otra ola de inmigrantes europeos” en Clarín, 3 de septiembre de 2007.

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Una encuesta de la consultora Universum, de mayo de 2007, mostró que Buenos Aires fue la ciudad latinoamericana preferida por los estudiantes de maestrías en negocios (MBA) de las univeidades estadounidenses. La metrópolis hospeda además a la Sociedad de Jóvenes Expatriados de Buenos Aires (YesBA), con 4.700 socios que emigraron a la ciudad. El periódico italiano Il Sole 24 ore, en un artículo titulado “Buenos Aires es la capital más cool”, indicó que al menos 25 mil estadounidenses y 5 mil británicos ya viven en la ciudad lo que, junto con el bajo costo de la vida para los extranjeros, la convierte en la emergente capital internacional de la cultura y del cool, como Praga en los años noventa, indica Alessandro Giberti, autor del artículo. El año pasado, en Venecia, Buenos Aires fue candidata a ser declarada por la UNESCO “paisaje cultural de la Humanidad”. Mientras en el mundo se propala la hipótesis –que en Europa parece materializarse- de un choque de civilizaciones o, a mi parecer, de un desencuentro étnico, el país debería reforzar su costado multicultural y multiétnico mediante la difusión de mensajes positivos que muestren una Argentina que logró una amalgama cultural en su base social. Un estudio de la Universidad de Buenos Aires tiene por hipótesis que la multiplicación de inundaciones, sequías y terremotos; la escasez y contaminación de recursos naturales como el agua y la energía; y la presión social y laboral del Primer Mundo por los inmigrantes de los países pobres, estarían causando una ola de emigrantes de Europa y Estados Unidos hacia otros sitios más "limpios" y supuestamente estables, la Argentina entre ellos. Titulada “Transformaciones sociales en un mundo globalizado, migración y medio ambiente”, la investigación es conducida por el profesor de sociología de la migración y ex coordinador del Programa Iberoamericano de Educación, Cultura y Migraciones de la UNESCO, Roberto Aruj, quien basa su hipótesis en datos de la ONU -que ya creó la categoría de "migrante ambiental" para definir a quienes dejarán su lugar de origen, desplazados por la contaminación y los cataclismos. Contacto personal. Respecto del intercambio de recursos humanos, el país debería crear una base de datos que incluya a todos los estudiantes, académicos, científicos y artistas extranjeros que algunas vez pasaron por ateneos argentinos en calidad de becarios. Esta red servirá para retomar el contacto entre el gobierno y estas personas que, de vuelta en sus naciones de origen, hayan adquirido posiciones de influencia sobre la opinión pública. A su vez, la promoción de políticas para incentivar el estudio de extranjeros en el país debe ir acompañada por gestiones concretas para que el estudiante visitante pueda a su regreso difundir su experiencia y resultados de su estudio en su comunidad. Para esto, es clave el rol de la red diplomática argentina y sus contactos en el exterior. Las organizaciones de emigrados aparecen como recursos de información útil para actualizar la imagen argentina. Son prolíferos y proficuos los vínculos entre las asociaciones regionales y las autoridades federales italianas, con frecuentes visitas mutuas. Montarse sobre esta estructura para renovar los vínculos a escala nacional, es una vía. No debe olvidarse que Italia no puede ser considerada sólo en términos de gobierno central. Más bien debe ser abordada por las puertas de ingreso que ofrece cada región, cada provincia. Medios. Aquí puede estimularse la creación de documentales de ficción para colocar en el mercado de la televisión pública italiana, en coordinación con el Instituto Nacional de Artes Audiovisuales y la Universidad Nacional del Cine. Esta variante audiovisual prevé la creación de guiones con lenguaje de documental que relaten historias con escenario en la Argentina y reflejen sus costumbres. Brasil ya puso en práctica un recurso de este tipo en 2006, por medio de la pantalla de la RAI. Si se tiene en cuenta la importancia de la lengua castellana en el mundo, un grupo de profesionales argentinos de la comunicación y de las letras podría dar vida a un noticiero internacional producido y emitido desde la Argentina, junto a una programación más amplia que incluya lecciones del idioma. Respecto de la consideración central concedida a la Internet como fuente de información por parte de los líderes de opinión aquí consultados, las diversas áreas de la administración pública argentina podrían integrar los servicios de todos sus sectores en un portal web único, interactivo, de modo que el ciudadano y el corresponsal de prensa extranjeros en búsqueda de datos sobre el país eviten enfrentarse a una dispersión tal de fuentes de información que lo induzcan a desistir. La diplomacia pública argentina debería ir más allá de tácticas culturales como el intercambio

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académico, becas de estudio y medios masivos de comunicación. Nuevos foros tecnológicos no masivos como los blogs y los web chats, para dialogar con públicos extranjeros, podrían considerarse si, en una relación de mediano-largo plazo, se quisiese apuntar a públicos jóvenes con posibilidad de ocupar puestos clave en sus sociedades. La gente debe ser alcanzada allí donde está. Es el país el que tiene que moverse hacia ellos y no viceversa. Y mucha de esa gente, sobre todo los jóvenes, están en la Web. El cine no escapa a este apartado. Cada vez se filman más cortos publicitarios extranjeros en Buenos Aires. Las productores eligen la ciudad por los bajos costos, el nivel profesional de sus técnicos, la variedad de la población al momento del casting actoral y porque muchas de sus esquinas y paseos se convierten fácilmente en ciudades europeas o estadounidenses, dada la exquisita combinación de arquitectura francesa, española y modernidad neoyorquina. Idioma. Entre los 21 países que reconocen al castellano como lengua oficial, Argentina y España son los únicos que disponen de un modelo de examen internacional de lengua castellana (respectivamente, el CELU –Certificado de Español, Lengua y Uso- y el DELE –Diploma de Español como Lengua Extranjera). Si bien la nación ibérica destina el 15% de su PIB a la producción cultural, compite con Argentina por la enseñanza del castellano en el mundo. Vista la elevada consideración manifestada por los encuestados acerca del nivel de educación de los argentinos respecto de sus pares latinoamericanos130, y considerando la relevancia mundial que adquiere la lengua castellana, la Argentina podría posicionarse como apta para la enseñanza de la misma en el exterior, mediante centros culturales argentinos estratégicamente colocados en las capitales de los países relevantes para su política exterior. En ocasión del III Congreso Internacional de la Lengua Española, que en noviembre de 2004 tuvo por sede la ciudad de Rosario, la Argentina demostró al exterior su autoridad en la materia, dada la gran variedad de escritores nativos de talla que participaron en el evento. Acontecimientos como este recuerdan, por enésima vez, que el país puede asumir un decisivo rol de referente cultural en el subcontinente latinoamericano. Según datos difundidos por el Instituto Cervantes en el V Congreso Estatal de Escuelas Oficiales de Idiomas (en La Coruña, 2007), el castellano es el segundo idioma más estudiado en el mundo, sólo superado por el inglés. Es la lengua básica en 21 países y son 14 millones los alumnos que la estudian en 90 países donde no es idioma oficial. Desde 2005, Brasil sancionó la Ley 11.161 que establece la enseñanza obligatoria del español en las escuelas secundarias. Una ocasión sin igual para Argentina, socio estratégico del gigante sudamericano. V.1. ¿Qué Argentina queda? La imagen de la Argentina en Italia está desactualizada y congelada. No llegan novedades. El país ha caído en un paréntesis de indiferencia por parte de la opinión pública y los medios italianos. Una vez más, la nación austral se coloca en el tradicional cono de sombras de los actores menores del sistema, que sólo emergen a la atención mundial cuando son sacudidos por fenómenos particularmente traumáticos. Su imagen quedó detenida diacrónicamente, es decir, en cortes y discontinuidades históricas sin ilación. Los fragmentos temporales que surgen con vigor son de valor negativo, los de mayor impacto mediático y emocional: gobiernos percibidos como regímenes (tal el caso de la percepción del peronismo vernáculo), dictadura y crisis económicas. Si no fuera por la falsedad del siguiente enunciado, de lo antedicho podría afirmarse que en la percepción italiana la Argentina se confirma como un país de periferia, poco conocido y menos nombrado. Sin embargo, entre las naciones latinoamericanas mencionadas en la encuesta, la Argentina fue elegida como la más y mejor conocida. Pero de inmediato se nota cómo este conocimiento quedó vinculado con menciones sobre su pasado histórico y crisis recientes. Esta aparente contradicción puede indicarnos que la falta de información sobre el presente del país, que en muchos casos incluye hasta el desconocimiento de quién es su presidente, no es óbice para que la Argentina siga formando parte del imaginario colectivo italiano.

Según el informe “Educación para todos en 2015”, difundido en noviembre de 2007 por el Instituto de Planeamiento de la Educación de la UNESCO, Cuba y Argentina lideran los sistemas educativos en América latina. A nivel mundial, Argentina está 27ª sobre 129 países.

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Es una memoria colectiva ciertamente fragmentada, espástica, de un lejano país que quedó impregnado a modo de fotogramas, sin solución de continuidad. Por ejemplo, es llamativo que el apabullante predominio de la memoria de la crisis de 2001 esté acompañado por la ausencia total de referencias a la década de gestión del ex presidente Carlos Menem (hubo sólo una mención en nuestro sondeo) y a los dos años de su sucesor, Fernando de la Rúa. Se trata de dos períodos de la historia sin los cuales no sólo es difícil comprender el estallido económico-institucional posterior, sino toda la Argentina contemporánea, de la cual se opina en abundancia y se coloca como ejemplo de lo que podría padecer la economía italiana. La Argentina tiene que empeñarse en rodar su propio filme; en ofrecer a la opinión pública italiana los eslabones perdidos de una cadena que, así como está, refleja anarquía y desorden: el cuadro maniqueo de un país que -por capricho o por azar- péndula desde la riqueza a la pobreza, sin puntos intermedios. La ausencia del país en los grandes titulares, si va acompañada por un trabajo persistente de diplomacia pública en segundo plano respecto de los formales canales del diálogo político bilateral y de las clásicas rutas mediáticas, puede devenir en un capítulo fructífero para la futura reinserción mundial argentina. El sustraerse de la vorágine informativa puede ayudar a cultivar una imagen en el largo plazo que, de otro modo, con el desgaste cotidiano, fatigaría en consolidarse. Confirmaría la regla según la cual a menor visibilidad, mayor valencia positiva: Japón, alejado de la información internacional en la segunda posguerra, cultivó elementos favorables para luego relanzar su presencia en el mundo. La desatención de la opinión pública es también ocasión para trabajar en el establecimiento de bases sólidas que permitan alcanzar un punto intermedio aristotélico entre hard y soft power. Ambas dimensiones del poder (económico-militar y comunicacional-cultural) confluyen en un concepto superior denominado smart power (poder inteligente). Argentina no debe aumentar su visibilidad mundial hasta no mejorar su valencia. De lo contrario, reavivará los elementos negativos residuales que aún se le asocian y que no son pocos. Muchos de los consultados encontraron dificultad para definir un rol argentino en el contexto latinoamericano: no saben o no responden, son escépticos sobre su posición. Se lo considera un actor relevante en la región, “pero no en condiciones de ejercer una influencia determinante”. La conciencia de un proceso de integración regional, activado desde hace dos décadas, no logra afirmar sus bases en la percepción de este público selecto. Semejante incertidumbre puede entrar en contacto con la elección de la presencia europea como valor distintivo del país respecto del resto de América latina. Un valor hasta cierto punto. Después de las imágenes de la crisis que recorrieron el mundo en 2001-2002, los italianos ya no consideran a la Argentina del todo europea. Ni del todo latinoamericana. Un dilema de identidad que persistirá mientras siga irresuelto para los mismos argentinos. Continuar resaltando la impronta europeísta, otrora redituable, comienza a volverse contraria en un mundo que interacciona sobre la matriz de bloques regionales, antes que bilaterales. Los actores no identificados con un bloque, o de posicionamiento internacional ambiguo, aparecen confusos al público extranjero. Así y todo, los italianos parecen aún dispuestos a aceptar y a reconocer un rol de referente cultural para la Argentina en América latina, reservando a Brasil el puesto de motor económico. La percepción de un mayor nivel cultural de la población, de una buena y sólida tradición académica, de escritores de renombre y las reiteradas menciones a la creatividad argentina fueron variables recurrentes. La mayoría de esta muestra -de la cual sólo el 9% visitó el país por motivos de estudio- sostiene que la enseñanza argentina en el subcontinente sudamericano es de excelencia, aunque pocos europeos asisten a sus cursos. Muchos italianos siguen prefiriendo los posgrados estadounidenses y británicos, embelezados como están por ambos países. Esta difundida idea de buen nivel académico es quizá el reflejo de una Argentina que ya no es, pero que puede comenzar a reconstruir su imagen sobre la base de esta percepción residual. La cuestión será si los argentinos están dispuestos a aceptar el desafío. La sola idea de un nuevo liderazgo cultural en la región aún suscita, dentro y fuera del país, viejos resquemores que ven en cualquier intento al respecto la búsqueda de imponer una tendencia europeizante o sentimientos de superioridad étnica. Las memorias históricas juegan fuerte. Los resultados del trabajo de campo sugieren que muchos de los italianos encuestados construyeron sus juicios sobre la Argentina estableciendo comparaciones con su propio país. La cercanía cultural ha favorecido respuestas por analogías, sobre todo en los campos donde

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escasean datos concretos o información precisa. Al momento de reflexionar sobre los argentinos, los italianos suelen valerse de los mismos parámetros que usan para juzgarse a sí mismos. Viceversa, no sería improbable que leyendo el capítulo sobre los estereotipos italianos (ver II.2.1.) el lector argentino haya sentido que los ejemplos allí ofrecidos hagan referencia a sí mismo, a su país. Más que con cualquier otra nación con la que Argentina desee mejorar su vínculo, en el caso de Italia se revaloriza uno de los principios axiales de la diplomacia pública: el conocimiento del otro. Conocer mejor a los italianos es no sólo un requisito para una estrategia de acción comunicativa; es también un conocimiento reflejo, especular, mediante el cual los argentinos se conocen a sí mismos. La particularidad de este vínculo bilateral reside en su facultad de cuestionar el principio ya citado de Hans Tuch, según el cual “debemos entender las esperanzas, temores y complejos de los demás si queremos tener éxito en persuadirlos de entendernos”. En el caso que nos ha ocupado, este axioma bien podría plantearse exactamente al revés.

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Anexo
“La Argentina es considerada un poco a los márgenes” Entrevista con el senador italiano Franco Danieli, viceministro de Asuntos Exteriores para los Italianos en el Mundo. Roma, 18 de septiembre de 2006. - Usted ha declarado que se necesita un termómetro permanente para medir las condiciones de las colectividades italianas en el exterior si con ellas se quiere mantener un vínculo eficaz. ¿Cuáles son los medios concretos utilizados por el gobierno de Italia para medir estas condiciones? - Termómetro hay más de uno. Está el termómetro por excelencia que es el institucional, la red diplomático-consular. Es toda la estructura institucional de la República que en el exterior permite monitorear la realidad de las comunidades italianas. Esto no basta, porque la red diplomáticoconsular mantiene con nuestras comunidades un contacto de tipo burocrático-institucional. Por lo tanto, a este termómetro hay que sostenerlo con otro, que es el termómetro derivado del conocimiento, más allá del institucional, que permite adquirir información de una red de instrumentos que son los más diversos sensores en el territorio: patronatos, sindicatos, red asociativas, iniciativas culturales. Es decir que hay otros indicadores que, correlacionándose con la red diplomático-consular, al final reflejan una imagen algo más seria, exhaustiva y detallada de la realidad de una comunidad. - ¿Cuál es entonces la temperatura del termómetro de la colectividad italiana en la Argentina? - La comunidad italiana en Argentina está integrada. Integrada porque, a diferencia de comunidades que se colocaron en países físicamente más cercanos a Italia, la elección de la Argentina como país de acogida es una elección que implica la mayoría de las veces la decisión de adoptar a aquel país como lugar de residencia estable y definitiva. De manera que, en este caso, existe una voluntad expresa y conciente: voy a la Argentina, me establezco y me integro allí; la Argentina está lejos e difícilmente volveré a Italia a la edad de la jubilación. En cambio, países más cercanos a Italia, como Suiza o Alemania, permiten desarrollar un recorrido migratorio del tipo “voy a Suiza, trabajo treinta años, junto un poco de dinero, me construyo la casa en el pueblo y cuando llego a la edad de la jubilación, vuelvo. Mientras tanto, cada año, vuelvo a casa para Navidad, Pascua y durante el verano”. La cercanía física de los lugares de emigración respecto del punto de partida define otro recorrido mental y de vida del emigrante. La lejanía de la Argentina ha determinado esta elección, lo que no quiere decir que los italianos de la Argentina no vuelvan más a casa. Lo hacen, sí, pero como turistas, para encontrarse con familiares y para ver los lugares de origen. Pero es un regreso temporáneo. No está la elección de permanecer en Argentina por un período de vida y luego retornar a Italia. A diferencia de otros países, esto comportó recorridos más acelerados de integración. LA cercanía geográfica de países como Suiza ha determinado psicológicamente, en la mayoría de los casos, el rechazo a integrarse. Una barrera de naturaleza psicológica. La idea era “voy, me quedo algo de tiempo e mañana vuelvo”. Lamentablemente, en algunos casos el mañana no llega más, sino a la edad de la jubilación. Los hijos de integran, se vuelve ciudadanos del país de acogida, y los padres, con esta barrera psicológica, son quienes más que otros sufren las consecuencias de la incomodad de la integración frustrada. En la Argentina hay una comunidad anciana con sectores consistentes donde se verifican problemas relacionados con la dificultad económica que el país ha vivido en años recientes y e parte continúa a vivir. Tenemos sectores de conciudadanos que viven en condiciones de necesidad económica y social respecto de las cuales tenemos el deber de intervenir por medio de instrumentos de naturaleza asistencial. Las jóvenes generaciones han madurado un interés por la relación con Italia tanto por razones de orden cultural como por motivos de oportunidad profesional. Respecto de estas exigencias, obviamente el Sistema Italia responde, pero lo hace aún en manera fragmentaria. Existe un extraordinario protagonismo de una vastísima pluralidad de sujetos que operan. Esto es solidaridad, es riqueza, es pluralismo y es

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también cooperación descentrada que frecuentemente se traduce en un desequilibrio, una ineficacia en la gestión de los recursos económicos. Me refiero también a las iniciativas de sujetos privados. Falta un marco estratégico unitario dentro del cual colocar las distintas iniciativas. Esto permitiría una optimización del uso de los recursos. - ¿En qué ocasiones la diáspora italiana resultó para el gobierno una vía más eficaz que las diplomáticas para obtener un acuerdo e influenciar las decisiones políticas de las autoridades argentinas en tiempos de estancamiento bilateral? - En las relaciones Italia-Argentina la comunidad italiana ha sido y es constantemente un puente importante de comunicación y e relaciones. Incluso cuando nosotros como República italiana hemos tenido situaciones de tensión en los años recientes sobre el escenario bilateral, ha sido la comunidad italiana residente en Argentina quien ha desarrollado una acción de mediación. Ha ayudado a la comprensión y a la relación. Es una actividad que ha desarrollado constantemente, quizá sin siquiera ser conciente de ello. Los tantos componentes políticos, representantes institucionales con orígenes italianos presentes en el Parlamento y en el Gobierno argentinos son también, y por el sólo hecho de tener orígenes italianos, un elemento fundamental en la relación ítalo-argentina. Son instrumentos esenciales de comprensión recíproca. - De la ronda de consultas que he activado con líderes emerge que muchos italianos vinculan la imagen de la Argentina a los recuerdos de la dictadura militar y a la figura de los desaparecidos. Se trata de hechos de hace más de veinte años que, sin embargo, reaparecen fuertemente radicados en el actual imaginario de una opinión pública extranjera como la italiana. Usted que como es subsecretario de Estado en Asuntos Exteriores se ha ocupado de procesos judiciales contra ex militares argentinos, ¿cómo explica este particular? - Los primeros años del compromiso político y social de gran parte de la clase dirigente que hoy conduce Italia, incluido quien suscribe, estuvieron caracterizados por algunos dramas; digamos algunas vivencias históricas. Vietnam, la cuestión israelí-palestina, el apartheid en Sudáfrica, el golpe en Chile, la dictadura argentina y sus desaparecidos. Por lo tanto, estos elementos están muy presentes porque han marcado a sujetos que hoy gobiernan este país. Luego, con el pasar de los años, hubo una actualización de aquellos dramas. Desaparecidos argentinos no es un fenómeno cerrado, con los nietos de las Abuelas de Plaza de Mayo que fueron adoptados por los secuestradores de sus padres. Por lo tanto, este es un elemento “genético”, de algún modo sentimental y de actualidad. Es evidente que más allá del primer impacto todo el resto necesita de profundización y conocimiento. Y respecto del conocimiento existe una gran precariedad. La Argentina es considerada un poco a los márgenes no sólo geográficos, sino también de las cuestiones internacionales. De modo que, al final, es poca la cantidad de información que llega. Geográficamente es lejana. En definitiva, más allá de las situaciones de crisis económica, desde hace algunos años ya no hay fenómenos visibles que atraigan la atención internacional. Digamos que la última noticia relevante es el default argentino. La otra es la elección de Kirchner. Pero basta. Si se va a preguntarle a la extensa platea de los ciudadanos qué es lo que saben de la Argentina actual, continuarán respondiendo ‘desaparecidos’ y quizá dirán ‘default’, ya que 400 mil familias han vivido esta situación. - He notado que en Italia poco se habla de los italianos en el exterior y que la prensa local casi no hace referencia a ellos. Muchos italianos hasta ignoran la existencia de un viceministerio dedicado exclusivamente a los conciudadanos emigrados. Vista la situación, ¿qué tipo de relación existe entre los italianos de la Península y los del exterior? - Existe una relación que deriva de un hecho: durante el llamado siglo de la emigración italiana de masa, desde 1865 a 1975, desde Italia partieron alrededor de 27 millones de ciudadanos. Por lo tanto, el vínculo existe, dado que cada familia italiana ha tenido parientes emigrados. Hay un vínculo objetivo. La emigración italiana involucró prácticamente a cada núcleo familiar. El abuelo del residente del Senado, Franco Marini, estuvo cuatro veces en los Estados Unidos. El subsecretario de la Presidencia del Consejo de Ministros, Riccardo Levi, nació en Montenvideo.

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Sin embargo, en la dimensión pública de la comunicación y de la información hay una visión provincial que ha connotado tanto a los medios italianos como a la información general, quizá consecuencia incluso de la visión provinciana que la clase política institucional italiana ha tenido durante largos años. Por lo tanto, ha habido una subestimación de la importancia de la comunidad italiana en el mundo. La importancia de la dimensión internacional es un descubrimiento más bien reciente, de hace dos o tres décadas, no más. La evolución se observa incluso en la compaginación de los diarios: hace tres décadas, las dos primeras páginas se referían a la política interna y la tercera era la gran página del debate. Desde hace pocas décadas comenzó a prestársele atención a las dimensiones del mundo. Es evidente que esta maduración se debe a la afirmación de la globalización como fenómeno común. Esto consintió una maduración en comprender que hay que ocuparse incluso de lo que sucede más allá de las fronteras nacionales. En este escenario, sólo lentamente ha madurado la atención hacia la comunidad italiana en el mundo. Aquí incluso más lentamente respecto de la importancia de las temáticas internacionales. Nosotros logramos modificar la Constitución nacional sólo en 2000, introduciendo la jurisdicción exterior y el número de legisladores a elegir en el exterior. Sólo en 2000, por entonces como subsecretario de Asuntos Exteriores encargado de los italianos en el mundo, organicé la primera conferencia de los italianos en el mundo y el primer encuentro de legisladores de origen italiano. Hubo una lenta toma de conciencia sobre la importancia del network étnico italiano. Hubo un retorno de la atención debido a las circunstancias relativas a la presencia de dieciocho legisladores [italianos elegidos en el exterior en 2006] ya que éstos fueron determinantes para la formación del gobierno [de Prodi] y continúan siéndolo para mantener la mayoría parlamentaria. Esta centralidad objetiva ha reabierto un poco la atención. Pero la ha reabierto con el espíritu del chismorreo, del voyeurismo político. No hay una comprensión real y profunda de la importancia de la comunidad italiana en el mundo. Es un trabajo que debe ser hecho; una actividad educativa que debe desarrollarse día a día para que finalmente se afirme la conciencia de esta importancia. Digamos que esto ha sido entendido por la parte más sensible de la clase política italiana. Todavía no es un sentir común y vasto, sobre todo en lo que se refiere a la opinión pública. Los medios están aún ausentes; se habla de comunidad italiana cuando hay fenómenos trágicos o cuando hay algún chisme particular. No hay una información constante. Uno de los temas irresueltos es el de la información de retorno [de retroalimentación], sobre la que estamos trabajando. Si no hay información sobre la realidad de la otra Italia, sobre qué cosas trabajar, sobre qué producir, no habrá una toma de conciencia. - En estudios de campo he observado que muchos italianos en el exterior encuentran más información, de mayor calidad y más rápidamente en la programación de la versión internacional de la RAI [Radiotelevisión italiana] que dirigiéndose a los consulados o a las embajadas italianas. ¿De qué modo piensa resolver este desfase? - En julio [de 2006], en una reunión operativa junto con el ministro de Comunicaciones, he solicitado aumentar la cantidad de información de Italia hacia el mundo, colocando en difusión también a otros canales televisivos, como por ejemplo RAI News 24 [una señal que al momento se ve sólo en territorio italiano]. Respecto de la RAI International, esta vive una dimensión contradictoria dado que junto a algunos programas de servicio o de utilidad, como el caso de Sportello Italia, hay una serie de programas que deja gran insatisfacción en la comunidad italiana. Hay posibilidades de construir un nuevo proyecto editorial para la RAI Internacional. Es evidente que si hoy las comunidades italianas consideran más útil Sportello Italia, en una renovada RAI Internacional el objetivo es que sea considerada más útil aun e quizá con mayor modernidad. La RAI Debe mejorar sus contenidos, pero es notorio que será siempre más apreciada una información que llega a través de la pantalla, estando sentados en el living de casa, sobre un espectro de preguntas muy vasto que va desde el ICI [Impuesto Municipal sobre el Inmueble] hasta los pasaportes, pasando por las jubilaciones, etc. Estos programas invitan a expertos en muchas materias a las que dan respuestas, algo que en una estructura consular, sobre todo en el exterior, es un poco complicado de realizar. El razonamiento es que de algún modo se deberían privilegiar los Portales Únicos [al respecto, ver apartado III.3.3.]. Pero el Portal Único es difícil de implementar. Se está experimentando para el caso de las empresas. En el caso del consulado se trata de concentrar al máximo posible todas estas informaciones tan vastas en un lugar donde no siempre existe la posibilidad de proveer estas respuestas porque faltan los elementos informativos

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cuando la respuesta es rara o insólita. Es claro que si el usuario quiere saber cuánto es el ICI que tiene que pagar en su ciudad por un determinado inmueble, la respuesta se vuelve complicada porque involucra a otros sujetos institucionales. Esta es un poco la dificultad objetiva del hecho que el consulado funciona como Terminal de un Estado pero no tiene a sus espaldas toda la estructura burocrático-informativa que en el mismo Estado está estructurada en decenas o centenares de lugares distintos especializados en proveer un tipo de información. De todos modos, el intento es el de concentrar.

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“El vínculo con Argentina podría ser una de las claves” Entrevista con el diputado Donato Di Santo, subsecretario de Estado para las Relaciones Exteriores con América latina del Gobierno de Italia. Perugia, 5 de julio de 2006. - ¿Cuál es la visión estratégica de medio y largo plazo que el nuevo gobierno italiano tiene de América del Sur y, en particular, de la Argentina? - Estamos en el comienzo. Todo este trabajo está empezando ahora. El primer objetivo, justamente de carácter estratégico, es el de tratar de invertir la tendencia de los últimos años de reducir las actividades entre Italia y América latina. Queremos, en cambio, aumentar estas actividades tanto cuantitativa como cualitativamente; aumentar las iniciativas en los terrenos político y gubernamental pero también en el terreno institucional. Queremos ser no sólo un elemento directivo sino además facilitador de las otras actividades de la sociedad civil, como las empresas y la cultura, desarrolladas con la mira en América latina. Queremos hacer todo esto teniendo presentes algunas precisas ideas de fondo. Para construirnos estas ideas de fondo algo más precisas, disponemos no sólo de la estructura del Ministerio de Asuntos Exteriores, con su Dirección General para las Américas y la red de embajadas. Le he pedido al Centro de Estudios de Política Internacional de Roma que organice seminarios en tres etapas. La primera tendrá por objeto la temática de los entes locales, asociacionismo, sindicatos y ONG como consulta del mundo italiano de la sociedad civil respecto de las temáticas de América latina. Los otros dos encuentros estarán dedicados a los asuntos de la economía, de la universidad y de la cultura. Estos tres seminarios tienen por objetivo dialogar, pero sobre todo, para mí, recoger propuestas, sugerencias, ideas, críticas y elaboraciones. Al final de este período de recolección de opiniones de sujetos fundamentales de nuestra sociedad, se preparará un documento estratégico, un pequeño plan programático de trabajo hacia América latina. Junto con el Instituto Italolatinoamericano queremos relanzar con fuerza la iniciativa italiana hacia los países de América latina. El Consejo de los Delegados de este Instituto está formado por veinte embajadores más un delegado italiano. Por primera vez en la historia, este representante italiano del Consejo no será una persona delegada por el subsecretario de Asuntos Exteriores para representar al gobierno italiano, sino que será directamente el subsecretario, es decir yo como funcionario del Estado para América latina. Esta voluntad caracterizó incluso al discurso del presidente del Consejo de Ministros, Romano Prodi, frente al Parlamento, al momento de la presentación del gobierno, cuando aceptó, entre las cosas prioritarias, la relación con América latina justamente porque venimos de un período de estancamiento y de escasa atención. Luego, mi propia designación como subsecretario para América latina va también en esta dirección. Ciertamente, soy un exponente político de los Democráticos de Izquierda [partido político de la coalición de gobierno] pero caracterizado sobre todo por veinte años de trabajo hacia las temáticas latinoamericanas. Por lo tanto, en pocas palabras, estas es la primera parte de un plan que se está construyendo en estos meses para relanzar las actividades hacia los países de América latina. - Por medio de mi trabajo académico he identificado una pronunciada caída del interés por la Argentina tanto por parte de la opinión pública como de la política y la prensa. En cambio, se habla a menudo de la relevancia de Brasil como puerta de ingreso de Italia al Mercosur. ¿Para qué le sirve a Italia la Argentina como interlocutor? - La Argentina es un interlocutor fundamental en cuanto es un país con el que desde siempre tenemos relaciones fraternas y estrechas, lo que es decir poco. Es inútil mencionar una vez más todos los ejemplos porque los conocemos; una parte importante de la población argentina tiene orígenes italianos más o menos lejanos. Existen además fortísimos vínculos empresariales. Lamentablemente, la caída del interés ha sido general hacia toda América latina y, por lo tanto, respecto de la Argentina. Respecto de este último país, en la fase de la dramática crisis económica de 2001 y 2002, debe también mencionarse que estuvo este hecho serio del default que vio a muchos inversores italianos involucrados en el crack. No se trataba sólo de inversores institucionales que, está bien, compiten y saben que se puede perder o no. Lamentablemente, eran alrededor de 450 mil personas físicas, con una familia a cargo, personas modestas que

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probablemente mal aconsejadas han invertido parte relevante de sus patrimonios con un resultado catastrófico. Esto, objetivamente, ha determinado un problema serio que no concierne al Gobierno. Este es un problema entre bancos, personas individuales y una realidad de un Estado que vivió una fase tan dramática. Pero al decir que no concierne a nuestro gobierno no digo toda la verdad, porque mientras se trata de cifras que varían entre las decenas, las centenas o lo pocos miles, es una cosa; pero cuando estamos hablando de cientos de miles de familias… Si bien oficialmente no concierne al gobierno, de facto concierne y debe concernir al gobierno porque es una parte muy relevante de la cual obviamente tenemos presiones, señalamientos y protestas. Este es un problema, pero no debe determinar un cambio de actitud, como lamentablemente ha determinado quizá por una cierta desatención del precedente gobierno italiano. Esta es una situación que debemos resolver con la buena voluntad recíproca. Hay ideas que ahora, naturalmente, se encuentran en estado embrionario y no estoy en condiciones de poder exponerlas. Sobre todo el resto, la voluntad es reabrir globalmente las relaciones. Es relevante el hecho de que entre las primeras llamadas de felicitaciones a Prodi esté la del (ex) presidente Kirchner, y el hecho de que, tanto en el plano oficial como personal, hemos recibido señales de fuerte voluntad recíproca de reanudación. Soy optimista. Creo que las condiciones están. Es necesario trabajar y crear el ambiente adecuado. Esperamos remover algunos de estos obstáculos, de los que he citado uno que para nosotros está seguramente entre los más relevantes y difíciles por su alcance social. - Desde la crisis que usted ha mencionado han pasado ya cinco años. Hoy los números de la economía argentina se muestran positivos y con algunos récords históricos. ¿Qué se espera Italia que esta “nueva Argentina” haga para mejorar la relación bilateral? - Se puede mejorar en tantos niveles, pero aún no hay una agenda. Esta entrevista se hace justo cuando dicha agenda se está formando. No es reticencia de mi parte, pero yo debería expresar opiniones personales y no es el caso. Estamos trabajando justamente en estos días. Por este motivo, no puedo entrar en el detalle. Lo lamento pero debo darle una respuesta diplomática. Como usted decía, los datos de la balanza argentina son muy positivos. Me alegra porque esta mejora de la situación argentina es importante. En cuanto a la temática de la relación ItaliaSudamérica, el vínculo con la Argentina podría ser una de las claves de bóveda ya que nos conocemos, tenemos relaciones estrechísimas desde hace tantos años y existen vínculos moleculares en toda la sociedad. - Seguramente usted está al tanto de los cambios políticos y de los virajes que se están verificando en América latina. En este contexto, algunos países de la región se han inclinado por la vía de los acuerdos comerciales bilaterales con EE. UU. o con la UE, como los casos de Chile, Perú y México. Otros, en cambio, eligen el camino de la integración regional y de los acuerdos más bien multilaterales. Frente a esta realidad, ¿cómo prefiere actuar el gobierno italiano en la arena latinoamericana, por vía bilateral o como actor comunitario? - Por ambas, porque nosotros como socios fundadores somos parte fundamental de la Unión Europea. Seguramente, en muchos aspectos nos moveremos como país comunitario. Durante los dos años en que el actual ministro de Asuntos Exteriores, Máximo d’Alema, fue legislador europeo y presidente de la Comisión del Parlamento Europeo para las relaciones con el Mercosur, ha viajado a los países latinoamericanos comenzando, si no me equivoco, por la Argentina, con el propósito de favorecer la posibilidad de un acuerdo que lamentablemente aún no se ha concretado por las evidentes resistencias francesas sobre las reducciones de las barreras aduaneras respecto de los países del sur del mundo, etc. De modo que la voluntad es actuar en el plano comunitario por razones obvias, porque existe la Unión Europea y nosotros somos artífices y protagonistas de su construcción. Pero al mismo tiempo no tenemos ninguna intención de limitar al otro canal, el bilateral, en el cual tenemos tanta actividad. No hay una opción prioritaria. Ambos instrumentos serán puestos en marcha. Además, querríamos poner en marcha nuestra diplomacia, nuestra capacidad de gobierno y la capacidad de relaciones internacionales sin tomar parte en las discusiones y temáticas que están desarrollándose en América latina. Naturalmente, conocemos cuáles son las temáticas que están apasionando e interactuando respecto del

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gobierno del presidente Chávez de Venezuela y del nuevo gobierno de Evo Morales en Bolivia. Conocemos las demás planteamientos, siempre en un óptica progresista de renovación, de cambio que hacen referencia sobre todo al presidente Lula, a la presidente Bachelet, de algún modo al (ex) presidente Kirchner, y a Tabaré Vázquez del Uruguay. No es fácil decirlo así porque luego casa realidad tiene sus matices. Conocemos todas estas cosas. Pero como gobierno queremos desempeñar un rol también componedor, de alguna manera un rol de composición de algunas fibrilaciones que a su vez se están evidenciando en algunas realidades de países latinoamericanos. Por ejemplo, estamos apoyando algunos proyectos de cooperación descentrada que van en la dirección de crear proyectos de carácter transfronterizo que puedan bajar ciertas tensiones, crear integración entre países de América latina, poner a disposición la modesta pero importante experiencia de construcción europea, si bien las cosas no son iguales. No es casualidad que el primer viaje que hago como subsecretario de Asuntos Exteriores para América latina será el viaje que en pocos días me verá ir a Perú para la asunción del nuevo presidente Alan García, pasar luego por Brasil, donde está en curso una gran iniciativa de los entes locales italianos frente a las realidades brasileñas, una iniciativa que involucra al mismo gobierno de Lula que hasta ahora fue un algo ignorado por el anterior gobierno italiano. Pasaré también por un país como Bolivia, que en apariencia podría no ser definido como prioritario para Italia pero lo hago precisamente porque existe la voluntad de conocer, de entender y de verificar directamente los grandes cambios que están sucediendo en tantos países latinoamericanos. Son cambios importantes, que abren dudas que deben ser verificadas y por esto me reuniré con el presidente Morales y otros exponentes de su gobierno. Esta es la mejor respuesta a la voluntad de actuar tanto en el plano comunitario como en el bilateral. En cuanto a este último plano, no queremos quedar encerrados sólo en el ámbito de las relaciones con aquellos países con los que hay una mayor afinidad de programa político. La voluntad no es la de aislar si no la de conocer y dialogar incluso con aquellos países que mantienen posiciones políticas seguramente distantes de las mías, pienso en Colombia, o con posiciones que abren interrogantes, como pueden ser algunas actitudes del gobierno de Chávez o del gobierno de Evo Morales, pensando en las nacionalizaciones. La voluntad es la de tener la ocasión del diálogo con todos estos países, ninguno excluido. Sólo excluimos las relaciones las dictaduras. - En este intento diplomático por calmar las tensiones, la Argentina ¿podría ser un actor regional confiable para ayudar a Italia en este rol? - Bue…, no lo sé. Ve, son preguntas que… Yo tengo mis opiniones; puedo responderle como ciudadano privado. Pero a usted no le interesa mi respuesta de ciudadano privado. Como funcionario digo que lo hablamos dentro de dos o tres meses.

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“No suele relacionarse la idea del Mercosur con la Argentina” Entrevista con Victorio Taccetti, embajador argentino en Italia. Roma, 19 de febrero de 2007. - En declaraciones al diario argentino La Nación (23/02/2004), usted señaló que “un tema macro que me preocupa mucho es hacer entender a los italianos, y a través de los italianos a los europeos, la importancia que tiene el Mercosur”. ¿Por qué la diplomacia debería hablarle directamente a la gente de estos países? ¿Qué beneficios obtiene haciéndolo? - La consolidación y profundización del proceso de integración que representa el Mercosur es uno de los pilares de la política exterior argentina. La integración regional ha sorteado desde la firma del Tratado de Asunción en 1991 una serie de obstáculos lógicos a un proceso de asociación entre países que hasta pocos años antes habían manejado hipótesis de conflicto. El Mercosur se encuentra en estos momentos en una etapa similar a la que atravesaba la Comunidad Económica Europea en los años setenta y este es un punto a explotar a la hora de hacer comprender al europeo la importancia del Mercosur como mercado regional de proyección continental. La difusión de los avances en materia de integración es fundamental desde el punto de vista de la “toma de conciencia” del funcionario y empresario europeo e italiano, porque permite posicionar ante la opinión pública italiana al Mercosur como un bloque con potencial para la concreción de negocios. De allí que se tienen que multiplicar las oportunidades para presentar al Mercosur e incrementar el interés y conocimiento que muchos empresarios italianos tienen de la Argentina y del bloque sudamericano como un socio genuino y atractivo a la hora de generar negocios. - Visto que las representaciones diplomático-consulares no suelen ser consideradas fuentes de información por parte del público, ¿De qué instrumentos se vale la diplomacia argentina que usted representa para dialogar con la opinión pública extranjera, en este caso la italiana? - Las Embajadas y Consulados cumplen un rol fundamental en lo que respecta a la representación del país. Si bien puede darse este fenómeno de considerarlas como compartimientos estancos por parte de la opinión pública por una cuestión de desconocimiento del público en general, la Embajada argentina en Italia desarrolla una estrategia orientada a mantener un contacto fluido con los medios de prensa y fuerzas vivas locales. Con ello, se busca asegurar la presencia de nuestro país en los medios de comunicación siempre que sea relevante. Por otro lado, la difusión cultural y el trabajo de promoción de las condiciones económicas de nuestro país para la generación de negocios entre los empresarios, cámaras y asociaciones sectoriales son otros dos puntos clave en los cuales se asienta esta estrategia de difusión de la Argentina a través de nuestra Embajada y Consulados en Italia. - ¿Cuáles son las dificultades y contradicciones que la diplomacia encuentra en un diálogo simultáneo con dos interlocutores distintos –el gobierno italiano y su opinión pública-, ambos con demandas, necesidades y tiempos distintos? - Teniendo en cuenta lo señalado anteriormente, el diálogo con el gobierno italiano se maneja a través de canales institucionales y en base a una agenda bilateral en la cual se intercambian demandas y temas concretos que interesan a una y otra parte. En cambio, el contacto con la opinión pública permite ir más allá de la “rigidez” de la agenda bilateral institucional, con la consiguiente ampliación del espectro temático y de demandas de la sociedad a través de actividades culturales, comerciales y de la labor que nuestros consulados desarrollan para salvaguardar las necesidades de los conciudadanos argentinos residentes en este territorio y de italianos que desean tomar contacto con la Argentina. - ¿Por qué cree que muchos italianos y europeos no perciben al Mercosur como importante? ¿Cree que lo mismo sucede con la imagen de la Argentina en la opinión pública italiana?

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- La imagen que la opinión pública italiana y europea tienen del Mercosur se debe básicamente a una falta de información y al hecho de que el proceso de integración aún no se ha profundizado de forma de dar una idea de “comunidad” como la desarrollada por Europa luego de 1957. Ello también se ve influenciado por el hecho de que Italia y Europa se focalizan más en las relaciones bilaterales con los países que integran el bloque, en las cuales no suele relacionarse la idea del Mercosur con la Argentina o con Brasil. Este fenómeno responde precisamente a la falta de una campaña de divulgación y de promoción del bloque regional, falencia que nuestros países deberían superar promoviendo paralelamente el bloque junto a los intereses nacionales que cada Estado defiende.

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“Es una tierra por descubrir” Entrevista con Fulvio Occhiucci, responsable del Servicio Exterior de la Cámara de Comercio de la Región Umbria. Perugia, 13 de junio de 2006. - Sobre la base de su experiencia tanto profesional como personal, ¿cuál es su imagen de la Argentina? - En movimiento, es un país en movimiento y en repunte. Según la información que tengo, posee incluso la posibilidad de desarrollarse en modo muy eficaz en algunos campos. El país tiene también dificultades de tipo estructural, pero quien tiene capacidad logra poner juntas las energías adecuadas para realizar cosas concretas. Creo asimismo que es importante la masiva presencia de origen italiano, si bien de tercera generación, que quizá no ha tenido contacto con Italia más que en el imaginario colectivo. Para mí es una tierra por descubrir. La descubro ahora que tengo 49 años. De hecho, he impulsado la estructura en donde trabajo a entrar en un programa comunitario llamado “Al Invest” para favorecer las relaciones entre la Unión Europea y América latina hasta 2007. En el ámbito de este programa hemos incluido al Centro Exterior de las Cámaras de Comercio en una red de puntos de observación para desarrollar vínculos de negocios entre América latina e Italia. Yo elegí a la Argentina. - Si usted tuviera que comparar su reciente descubrimiento de la Argentina con la imagen que de ella tenía previamente, ¿cuáles serían las diferencias? - Creo que la diferencia está en el hecho evolutivo. Es decir que la economía argentina evoluciona, si bien el modelo de la comunidad italiana de origen es, de alguna manera, el modelo de la memoria. Aunque creo que esto es también un valor para un búsqueda de identidad. En definitiva, creo que en Argentina hay diversas etnias. Hay una comunidad hebrea, una ortodoxa y una preponderantemente católica. Esto me ha sorprendido. De todos modos, Buenos Aires es un gran centro del psicoanálisis131. Esto quiero decir que los argentinos tienen un fuerte problema de identidad. La identidad como vínculo entre la memoria y la actualidad. Los grandes centros del psicoanálisis son Londres, Milano, New York y Buenos Aires. Este asunto del psicoanálisis es todo privado, mientras en Italia toda la sanidad es pública pero es toda más tecnológica. No se le presta atención al motivo de por qué la gente se enferma. Frente a la enfermedad se reacciona tecnológicamente, pero nadie empeña su inteligencia en entender por qué uno se enferma. Además, la Argentina es un país de recursos naturales, por lo tanto es independiente desde el punto de vista agroalimentario y energético. Es un país que, seguramente también en el pasado, ha atraído a estas empresas multinacionales estadounidenses que, de todas maneras, han tenido una radicación en el país. Pienso que de a poco tendrá que encontrarse un camino. No digo el modelo chileno, porque son distintos. También entendí que ahí hay una gran diferencia. No es porque se habla español que son todos iguales. Hay identidades nacionales bien radicadas. Lo que me sorprende de la Argentina es la dignidad de las personas que he conocido. Una dignidad que en Italia estamos perdiendo incluso desde el punto de vista de los rasgos de cortesía, de atención. Desde este punto de vista, Italia se está degradando. Sin haber jamás estado, hago estas evaluaciones sobre la Argentina sobre la base de vínculos directos con argentinos que he conocido en Italia y de cosas que he estudiado. - He notado que con frecuencia usted se refiere a Buenos Aires en vez que a la Argentina. ¿No existe una visión homogénea del país? - Habiendo estudiado sé que no es así. Nosotros nos relacionamos mucho con la red de las cámaras de comercio italianas en el exterior y, por lo tanto, sé bien que existe una realidad que es Córdoba, otra que es Rosario y que también está la Patagonia, con todo un tema de turismo en el
Esta observación del entrevistado coincide con otra expresada por uno de los periodistas incluidos en la muestra de líderes de opinión de este estudio: “Patrocinar un espectáculo es fácil; mucho más difícil es proponer un convenio de psicólogos argentinos para un intercambio con las escuelas psicoanalíticas en Italia, algo que me parecería francamente interesante dado que la Argentina es para un número de psicólogos el segundo país del mundo.”
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sur. No percibo a la Argentina desde un punto de vista estándar. Existen particularidades en el interior del país. No creo que la argentina sea una sociedad homogénea. Es más, creo que tiene enormes potencialidades porque tiene tantos recursos. Para decir algo banal, sé que en Argentina se comercializa una grapa italiana que es lo pero que puede existir en el mercado italiano de las grapas. Y entonces digo, ¿por qué a quien gusta de la grapa no puede degustar algo que no sea eso? Y, viceversa, nosotros podríamos probar el mate, pero no lo bebemos porque conoce el mate sólo quien va allá. Es decir que se puede empezar por pequeñas cosas. Estoy convencido de que esto debe conectarse sobre relaciones personales más la tecnología. Pero toda esta tecnología no sirve para nada si no hay una relación de identidad humana que se construye sobre un conocimiento recíproco, entendiendo cómo está hecha otra cultura, otro país; siempre en la convicción de que nuestros valores no son los predominantes. Quizá en una óptica de globalización se acortan las distancias y, encontrando a las personas adecuadas, hoy hay más posibilidades de incrementar incluso los negocios, que no son exclusivamente especulativos. Hay un capitalismo especulativo tout court, por el cual voy a Iraq porque me sirve el petróleo y punto, terminado. - En la descripción que ha hecho de la Argentina, ¿puede identificar debilidades estructurales del país que permanecen en el tiempo y pueden obstaculizar sus relaciones internacionales? - Esta es una pregunta compleja. La percepción es que ha habido períodos críticos en la vida del país, incluso en términos de democracia. Pero, en mi vida, a medida que pasan los años, lo importante es lograr ver lo que puede construirse. Esto no quiere decir perder la memoria histórica. Seguramente, en la Argentina hay manchas en términos de la historia del país. De todos modos, esto pertenece al pasado. Es fuerte la conciencia de desarrollar un futuro. También en América latina se lleva a cabo este mercado extendido como se hizo el mercado único de la Unión Europea, como el caso del mercado entre México, Canadá e los Estados Unidos. Quien tiene una visión corta tiende incluso a ver los factores que limitan el desarrollo. Por ejemplo, son más los argentinos que vienen a Italia que los italianos que van a la Argentina. Viajan quienes tienen una relación de parentesco y alguno de las grandes empresas italianas que hay en Argentina, pero son siempre pocos. Existiendo un comunidad de tantos millones de italianos de origen se debería viajar en mayor cantidad. Durante las vacaciones sería mejor ir a la Argentina que a Egipto, por ejemplo. Se pierden los vínculos de identidad cultural. Esto se debe también a la incapacidad de relacionarse. Lo que estoy tratando de comunicar es que si se mantuviese una relación de identidad cultural más fuerte entre los gobiernos y las oficinas culturales habría más intercambio. En breve viajaré a la Argentina y si veo que existe la posibilidad de hace algo al respecto vuelvo, pero no dentro de tres años, vuelvo dentro de un mes para crear un formación con un programa comunitario después de consultar algunas empresas umbras [gentilicio de la región italiana Umbria] que en base a su información de mercado tengan ocasión de estar presentes en Argentina. Pero quizá encuentro empresas argentinas que desean venir aquí. - Si consideramos los cambios políticos y económicos que se verifican en América del Sur, ¿cuál cree que puede o debe ser el rol de la Argentina, si es que a caso pueda ser comparable al de algún país europeo en la distribución e roles al interior de la Unión Europea? - Si bien el país posee una gran comunidad de italianos, la Argentina podría ser comparable un poco más a Alemania, ya que cuenta con una serie de empresas estructurales. Seguramente puede desempeñar un rol de guía, de impulso. Se debería crear una cabeza de puente entre Italia y Argentina y accionar en Europa. Creo que, además, hay vínculos directos de negocios con alemanes en Argentina, si bien minoritario. Históricamente, parte de los negocios de Alemania se transfirieron a la Argentina. Pero también en Chile hay comunidades alemanas, especialmente en el sur. Tampoco debemos olvidar a la comunidad hebrea. Creo que estas comunidades han determinado un impulso hacia formas de internacionalización que quizá no han pasado ni siquiera por los canales estatales. Es decir, los flujos de inmigración de las diversas etnias han mantenido de todos modos un vínculo con la cultura de origen, lo que crea el intercambio. De todos modos, está siempre luego el problema de la política de un Estado y de la democracia. No tengo en claro

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cuál es la percepción de los argentinos respecto de la política. No sé si la política es un gran asunto también en Argentina o si es un sentimiento democrático difundido. En Italia, por ejemplo, la política se ha vuelto un gran negocio. Hay un libro de Cesare Salvi llamado Il costo della democrazia [El costo de la democracia]. Es un análisis de cuánto costa la política en Italia, desde la figura más chica, como el consejo de jurisdicción, que es el fragmento de un barrio de un municipio y cuyo presidente percibe una retribución de 1800 euros netos al mes, sin tener que trabajar ocho horas, hace tres reuniones por mes. Luego, en el otro extremo, está el legislador europeo italiano que gana 149 mil euros netos por año. Esto no quiere decir que debe disminuirse el valor de la política. Sin embargo, es un hecho que la política en Italia es también un medio para enriquecer la propia posición personal. No tengo en claro si en Argentina es igual. No conozco cuál es el índice de participación democrática. Pero comprendí que en Argentina, además del elemento estatal, hay un elemento privado que funciona en manera eficiente. Hay datos estructurales de conveniencia, como el costo del trabajo que es diez veces más bajo que el nuestro, porque los argentinos ganan alrededor de 150 y 200 euros por mes. Los costos, comparados con Italia, son inferiores quizá en un 30% o 40%, de modo que con un millón de euros en Italia se puede hacer un trabajo en Argentina. Si existe una ventaja de negocios es conveniente trabajar entre Italia y la Argentina no sólo en términos especulativos, es decir un empresario italiano que va a vender, hace el negocio y adiós. No. Hay que crear polos de desarrollo. Es necesario estudiar cuáles pueden ser los sectores donde puede tener lugar una colaboración. Por ejemplo, en Argentina hay una empresa umbra que opera en el sector de la agroindustria, que construye filtros para la industria agroalimentaria. - En estos años, cuatro regiones italianas –Umbria, Toscana, Emilia-Romagna y Marchehicieron su primer acuerdo directo con un Estado extranjero, Brasil. ¿Por qué, según su opinión, eligieron Brasil y no Argentina? - Quizá porque hay un aspecto lúdico y también político. En el imaginario colectivo italiano Brasil está relacionado con las mujeres bellas, la buena vida, el turismo y, además, algo de trabajo. En cambio, la Argentina tiene que ver con algo más serio. Me impacta la imagen de estos dos hombres que bailan el tango entre sí, donde uno de ellos representa idealmente la compañera ausente, la pasión que se lleva dentro. La Argentina es un país más serio, más íntimo, más cerebral; mientras que en Brasil está todo más relacionado con el cuerpo y cuando los italianos lo visitan encuentran toda esta ligereza del ser. Estos acuerdos regionales nacen sobre la base de relaciones personales, de conocidos. Qué sé yo, dos o tres intendentes vienen aquí a Umbria, hacen algunas reuniones, quizá son de izquierda también ellos… No olvidemos que estas son todas regiones de izquierda y que por lo tanto hay un hilo conductor que es político. Creo que la política se mueve en este contexto pero que después, detrás, no hay un seguimiento económico. - Cuando usted dice que la Argentina es un país más serio, ¿quiere decir también más confiable? - Claro que sí. Y más laborioso, que requiere de más trabajo, más organización y conocimiento.

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QUESTIONARIO PER LA RILEVAZIONE DELLA PRESENZA ARGENTINA IN ITALIA
Tempo di risposta: 8 min. circa

Istruzioni
In questo breve questionario Lei troverà due tipi di domande: aperte e strutturate. Per rispondere a quelle aperte, identificate da un elenco puntato, basta scrivere la sua risposta per esteso nella riga successiva. Per le domande strutturate di scelta multipla, invece, occorre soltanto inserire una “X” nella casella desiderata. Alla fine del questionario troverà uno spazio per aggiungere eventuali commenti sull’argomento di questa inchiesta. Si ringrazia per la preziosa collaborazione.

Vorrei chiederle la sua opinione riguardo a cinque paesi diversi. Probabilmente, Lei ne conosce alcuni meglio di altri. Utilizzando le categorie predeterminate, vorrei che Lei indicasse quanto conosce ognuno dei paesi sotto elencati. Argentina Conosco molto bene Conosco molto bene Conosco molto bene Conosco molto bene Conosco molto bene Conosco abbastanza bene Conosco abbastanza bene Conosco abbastanza bene Conosco abbastanza bene Conosco abbastanza bene Conosco poco Conosco poco Conosco poco Conosco poco Conosco poco Non conosco niente Non conosco niente Non conosco niente Non conosco niente Non conosco niente

Brasile

Cile

México

Venezuela

• Cosa Le viene in mente quando sente parlare dell’Argentina? • Ha mai visitato l’Argentina? Se sì, quante volte e per quale motivo? • Ha amici o conoscenti argentini? • Può nominare qualche personaggio dell’arte, la cultura o la scienza argentina contemporanea? • Può scegliere un periodo della storia argentina che conosce o ricorda particolarmente? Utilizzando le categorie sotto indicate, La prego di segnalare la sua opinione sui seguenti paesi: Argentina Molto positiva Molto positiva Abbastanza positiva Abbastanza positiva Indifferente Abbastanza negativa Abbastanza negativa Molto negativa Molto negativa Non lo so

Indifferente

Non lo so

Brasile

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Cile

Molto positiva Molto positiva Molto positiva

Abbastanza positiva Abbastanza positiva Abbastanza positiva

Indifferente

Abbastanza negativa Abbastanza negativa Abbastanza negativa

Molto negativa Molto negativa Molto negativa

Non lo so

Indifferente

Non lo so

Messico

Indifferente

Non lo so

Venezuela

• Quale crede sia la principale forza dell’Argentina? • Quale crede sia la principale debolezza dell’Argentina? • A quale paese Lei crede che assomigli l’Argentina? Di seguito troverà delle affermazioni espresse nei confronti della società argentina. La prego di esprimere il suo parere riguardo ad ognuna: a) L’Argentina è impegnata nella difesa dei diritti umani. Sono d’accordo Sono abbastanza d’accordo Sono abbastanza d’accordo Sono abbastanza d’accordo Sono abbastanza d’accordo Sono abbastanza d’accordo Sono abbastanza in disaccordo Sono abbastanza in disaccordo Sono abbastanza in disaccordo Sono abbastanza in disaccordo Sono abbastanza in disaccordo Sono in disaccordo Non lo so

b) L’Argentina ha avuto maggiormente governi populisti.

Sono d’accordo

Sono in disaccordo

Non lo so

c) La società argentina non è autoritaria né maschilista.

Sono d’accordo

Sono in disaccordo

Non lo so

d) Gli argentini sono tolleranti con gli stranieri provenienti dai paesi vicini.

Sono d’accordo

Sono in disaccordo

Non lo so

e) Gli dovrebbero essere più affidabili e organizzati.

Sono d’accordo

Sono in disaccordo

Non lo so

• Se Lei o qualche suo parente dovesse frequentare un corso postlaurea in America latina, in quale paese lo farebbe? Perché? Riguardo ai cittadini argentini, quale crede sia il loro livello d’istruzione rispetto agli altri cittadini latinoamericani? Superiore Leggermente più alto Uguale / standard Leggermente più basso Inferiore Non lo so

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• Quale crede sia il ruolo dell’Argentina in America latina? Come crede che l’Argentina consideri il rapporto con le seguenti regioni del mondo?: Africa Strategico / Essenziale Strategico / Essenziale Strategico / Essenziale Strategico / Essenziale Strategico / Essenziale Importante Formale Secundario Indiferente Non lo so

Importante

Formale

Secundario

Indiferente

Non lo so

America latina

Importante

Formale

Secundario

Indiferente

Non lo so

Asia

Importante

Formale

Secundario

Indiferente

Non lo so

Europa

Importante

Formale

Secundario

Indiferente

Non lo so

Stati Uniti

Tra gli argomenti sotto elencati, scelga quale secondo Lei dovrebbe essere il più importante nella politica estera di un paese come l’Argentina. Sicurezza e difesa comune regionale Cooperazione economica e sviluppo nell’America latina Protezione internazionale dei diritti umani Lotta contro il terrorismo e il narcotraffico Integrazione politica regionale Sviluppo di energia alternativa e rinnovabile Indicare altro se necessario: • Secondo Lei, che cose differenziano l’Argentina dagli altri paesi latinoamericani? • Che tipo di somiglianza trova tra l’Argentina e l’Italia? • In quali settori o temi ritiene che l’Argentina dovrebbe migliorare il suo rapporto con l’Italia? • Può indicarmi quali sono in Italia le fonti d’informazioni più importanti per formarsi un parere specificamente sull’Argentina? Aggiungere dei commenti generali se necessario:

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Agradecimientos Debo mi gratitud inicial al doctor Emidio Diodato, tutor del proyecto y docente de la Università per Stranieri di Perugia, por sus observaciones sobre los primeros borradores de esta publicación. Al profesor Oronzo Balestra, por su incentivo. A la profesora Elisabetta Chiacchela, docente del Master en Didáctica del Italiano de la Università per Stranieri di Perugia, por su contribución referente a la presencia argentina en la literatura italiana. Al Lic. Rodrigo Lloret, miembro del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales, por su gestión ante mis pedidos. Al Lic. Jorge dell’Oro, presidente de la consultora Dell’Oro Trigo, por su aporte acerca de la imagen internacional de Argentina. A Benjamín von der Becke, asesor presidencial sobre imagen de la Argentina en la prensa internacional y miembro de la “Estrategia Marca País” de la Secretaría de Medios de Comunicaciones, Presidencia de la Nación Argentina. Al historiador Mario Gallina, estudioso del teatro y de la cinematografía argentinos, por sus precisos aportes sobre la influencia itálica en esta materia. Al Lic. Rodolfo Olivera, por sus contribuciones acerca de las similitudes y contrastes históricos entre la Argentina e Italia. A Marcelo Carrara, consejero del Comitato degli Italiani all’Estero de Mar del Plata y miembro de la colectividad emiliano-romagnola de la zona. A Maria Gloria Ricciardi, corresponsal de la agencia News Italia Press en la provincia de Buenos Aires. A Tina Street, del Internet Business Development del British Council en Manchester. A Mirta Alessi, asistente de Información del British Council delegación Roma. A la doctora Veronica Ronchi, becaria e investigadora de la Universidad de Milano. Al señor Aldo Mecozzi, consejero de la Región Marche y miembro de la Asociación Marchigiana de Mar del Plata. Al doctor Fernando Rizzi, docente de la Universidad de Mar del Plata, presidente de la Asociación Lombarda y asesor del Consejo Deliberante de la misma ciudad. A los profesionales que gentilmente accedieron a responder el cuestionario utilizado para censar la imagen argentina. Las personas mencionadas quedan eximidas de los puntos flacos y de las imprecisiones que este estudio pueda conservar aun después de las correcciones, como así también de la responsabilidad por los contenidos vertidos.

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