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Historia de la Filosofía IV

Carlos Bermudez

C.I 25.037.093

Aproximación y justificación del proyecto Husserliano

El contexto histórico en el cual se erige el proyecto husserliano, se


encuentra en pleno auge el avance cientificista a finales del siglo XIX
impactando significativamente el conjunto del saber metódico del cual
procedía la cultura europea. La actitud positivista y cientificista impone una
nueva concepción del mundo en la que se pretende reducir la realidad
ontológica a la mera descripción de hechos factuales estructurado bajo un
sistema de relaciones lógicas aplicadas, en especial el psicologismo,
tendencia epistemológica que para el momento se había gestado como un
intento de reducir la dimensión lógica de la verdad y diversos ámbitos de la
realidad humana (ética, estética o religión) a una dimensión subjetiva
psicológica que se halla cimentada sobre condiciones fácticas.

Husserl ante semejante escenario acusa a los positivistas de


menoscabar y ocultar el fundamento de la racionalidad humana, como él lo
llama "el mundo de la vida", siendo éste el responsable de la constitución del
sentido de toda realidad humana, esta realidad como una vivencia
experiencial que se le atribuye al ser humano constituye la realidad misma del
sentido.

En medio de ésta crisis acontece un continuo deterioro del logos, que


ocupara a Husserl en la puesta al descubierto de las raíces históricas que han
conllevado a una decadencia del humanismo y la existencia misma de Europa,
dicha crisis posee tanto un rostro antropológico como uno epistemológico,
ante este panorama se favorece una crisis de sentido y del horizonte
vocacional europeo que desencadena una pérdida de comprensión
trascendental de la razón, comprensión que resguarda al logos de la
contingencia, siendo éste el garante epistémico de la necesidad y
universalidad valida del conocimiento.

Retomando el hilo conductor de la explicación humana como


factualidad emprendida por el psicologismo y el naturalismo en general,
conducen por un lado a una crisis epistemológica constituyendo la verdad
sobre el suelo fangoso de la contingencia, teniendo como consecuencia de
ello una naturalización de la conciencia en tanto que se le considera en su
constitución fáctica y por otro lado se materializa la idea de una objetivación
del hombre, es decir , se lo estudia como un objeto ocultando que
esencialmente es un sujeto que es fuente además constituyente del mundo.

Lo que emprenderá como horizonte fenomenológico de Husserl será


una restauración del logos que despoje de todo residuo naturalista el carácter
trascendental de la subjetividad, y ésta restauración que plantea el autor no es
más que el retroceso al mundo de la vida al que solo se accede por medio de
una introspección autorreflexiva del propio sujeto como esfera constituyente
del mundo, Husserl emprende este proceso con un método que él denomina
fenomenológico, no teniendo otra función que el encontrar el fundamento de
la experiencia constituyente a partir del reconocimiento del ego trascendental,
es decir, un yo, una conciencia que se trasciende a si misma para constituirse
en el mundo.

La ontología antinaturalista que propone Husserl ha de poner al


descubierto su íntima conexión con la primacía de la subjetividad
trascendental, demostrando la incongruencia con el naturalismo, esto no
quiere decir que el fenomenólogo pretenda encontrar la esencia de lo factico
en una esfera ideal que trasciende a los hechos mismos, por el contrario, es
según Husserl, la instancia más perceptible y realmente dada.

Entre líneas anteriores se mencionaba la referida naturalización de la


conciencia como forma explicativa del psicologismo y por ende se tiende a
una reducción de la dimensión lógica a la dimensión psicológica, grave
consecuencia epistémica en la que Husserl acusa a los naturalistas de incurrir
en el error de confundir por un lado la entidad ideal del pensamiento con el
hecho de pensar y conocer, por ello se esfuerza en formular éste una lógica
pura no naturalista y por otro lado muestra que el psicologismo incurre en una
petición de principio, dado que afirmar la fundamentación de la lógica en la
psicología, en palabras de Husserl, sería como cimentar la verdad de lo
humano o la deducción de leyes necesarias en la contingencia de los hechos,
derivándose por lo tanto de estos.1

Según Husserl, la lógica pertenece a la dimensión trascendental de la


conciencia y se estructura como esfera constituyente de sentido en general,
desde ella se comprende algo en cuanto es verdadero y estructurado como tal,
a su vez se aprehende algo en cuanto es real, esto permite observar el camino
que recorre el proyecto Husserliano de constituir la fenomenología como una
ciencia estricta hallando los fundamentos últimos de la razón justificada en
una lógica trascendental. Para Husserl es inconcebible dejar de lado nuestra
subjetividad para cimentar una realidad no fundada en ella, lo verdadero (la
unidad de verdad) y lo real (la unidad de objetividad) son para el
fenomenólogo correlaciones a priori universales en cuanto se dan en el juicio
como conexiones generales a las que se refieren intencionalmente las
vivencias concretas del pensamiento.

La lógica pura que persigue Husserl articula desde si relaciones


ideales dado que el verdadero conocimiento no se cimenta en una ristra de
vivencias intencionales, sino que nuestros contenidos de conciencia que
derivan de estas vivencias se encuentran entrelazados objetivamente y que
presta a los actos del pensamiento concretos, en el caso de la ciencia se da
una referencia objetiva unitaria y una validez ideal. En la esfera de la
subjetividad absoluta a la que remite la lógica husserliana, se constituye como
un campo trascendental de la experiencia, en la medida que la autorreflexión
no encuentra en ese campo la forma objetiva de reglas formales sino
experiencias que se muestra como modos de vivencia de una conciencia en la

1 Luis Sáez Rueda. “Movimientos filosóficos actuales”. Editorial Trotta. 2009. Madrid. p. 37.
que se aprehende la objetividad y se experimenta como tal, vivencias que
identifican los actos intencionales del ego en la que el sujeto cobra presencia.

Sin embargo, es importante mencionar de acuerdo a la interpretación


de Saez Rueda, que el proyecto fenomenológico de Husserl no se agota en la
certeza apodíctica del yo soy cartesiano sino que va más allá y se quiere
mostrar que la autorreflexión tiene acceso a toda una esfera de vivencias con
un carácter constituyente.2 Este carácter experiencial de la dimensión
trascendental del sujeto y la conexión entre la verdad y lo real es lo que
Husserl llama <<volver a las cosas mismas>>, la superación de la crisis del
logos implica una tematización del sujeto como esfera constituyente del
mundo de las cosas objetivas.

Para alcanzar este fin Husserl introduce la epojé, un recurso de


procedimiento metódico que inicia en toda experiencia fenomenológica y
consiste en una reducción fenomenológica iniciada a partir de lo que él llama
la actitud natural y permite poner entre paréntesis todo el mundo objetivo del
naturalista para que éste aparezca desde el prisma de la vivencia
trascendental, al mostrarse el ser del ente en su desnudez, el ser del ente así
comprendido ciertamente es ideal pero no lo es en un sentido extra mundano
pues sus raíces se cimentan en el mundo terrenal o a lo que Husserl llama el
mundo de la vida, lo que éste pretende con la distinción entre la verdad (leyes
ideales) que suministra la lógica pura y lo real (vivencia real) es justificar un
camino seguro a la edificación de una gnoseología de la realidad del mundo
humano.

A partir de este vínculo entendido como a priori de correlación se


tiende un puente que conecta el mundo subjetivo y el mundo objetivo, es
decir, la relación que une al sujeto en sus actos intencionales (vivencia de la
conciencia que se autotrasciende para referirse a un objeto) con la
autodonación de un ente que se muestra desde sí mismo en sus modos
intencionales, un modo de darse a la conciencia con todas las características
que le inhieren, en la medida en que se constituye como un objeto intencional,

2 Ibid. p.44
se aclara que el darse de dicho objeto no adopta una facticidad empírica sino
que se da a la conciencia como una aprehensión de un sentido que se da desde
sí.

En resumen, esta doble polaridad parte por un lado del sujeto para
alcanzar el objeto, siendo esta esfera constituyente, es decir, un agente de
actos intencionales que generan toda la realidad pero que al mismo tiempo
esta actividad se revela como una aprehensión de un sentido que se muestra
desde sí. Por otro lado, esta polaridad contemplada desde el objeto, se muestra
como modo de ser de un ente que reside en el movimiento mismo de la
autodonación y que se constituye en el seno de una vivencia en cuanto objeto
intencional, se presentan dos caras de un mismo acontecimiento que enmarca
una aprehensión constituyente (desde el sujeto) y una donación de lo
constituido (desde el objeto).

Aquello que se da a la conciencia desde sus modos intencionales


Husserl lo llama como un fenómeno de sentido, es decir, se constituye en el
acto mismo de aprehender un sentido de aquello se muestra o se da desde si
a la conciencia, con esto Husserl pretende explicar que el fenómeno mismo
del aparecer constituye la esencia misma del ente, se configura pues al sujeto
como esfera constituyente de sentido, en la medida en que los actos de la
conciencia del ego trascendental dota de sentido y significado a los datos que
suministra la vivencia experiencial de un objeto, se conforma de esta manera
una unidad de sentido que posibilita la significación cognoscitiva de todos los
objetos en cuanto objetos intencionales que encuentran su fundamento sobre
el suelo del mundo de la vida.