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Ejercicios para regular el chi y abrir los meridianos

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Secuencia de pre-calentamiento para la práctica del Tai Chi de Jaume Díaz ,


podéis dirijiros a este profesor para recibir una instrucción precisa sobre su
ejecución (repeticiones, respiración, contraindicaciones) y beneficios.

Al practicar esto ejercicios no hay que forzar nuestras


posibilidades. Es más importante la regularidad y la corrección
en su ejecución.

Frotamos las manos. Acariciamos primero un brazo desde la mano al


hombro ascendiendo por su parte externa y descendiendo por la
interna (varias veces de 3 a 6).

Frotamos de nuevo las manos. Acariciamos la frente primero con una


mano y después con la otra (limpiamos, por lo tanto los
movimientos son siempre del centro al exterior).

Acariciamos los ojos desde el lacrimal al exterior con las puntas de


los dedos.
Posamos las palmas abiertas sobre los ojos sin tocarlos (baño).
Acariciamos la nariz con los dedos de una y otra mano
Acariciamos los labios de forma similarFrotamos las manos.
Acariciamos la nuca y depués el cuello
Frotamos enérgicamente el bajo vientre (Tantien) y después los
riñones.

Deslizamos las palmas desde los riñones hasta los tobillos por la
parte posterior de las piernas y ascendemos de los tobillos hasta
Tantien por la parte anterior.

Giramos la cabeza a la izquierda y la desplazamos hacia la derecha


con el mentón bajo, doblando el cuello al frente. La acción ha de ser
relajada y suave. Al descender espiramos, al ascender inspiramos.

Acercamos la oreja izquierda hacia el hombro (sin mover los


hombros) doblando el cuello lateralmente. Levantamos la cabeza y la
inclinamos hacia la derecha.

Hacemos girar los hombros primero de atrás hacia el frente, despúes


del frente hacia atrás. Los hombros han de moverse en un círculo
amplio.

Giramos los brazos de atrás hacia delante formando círculos amplios.


Después de adelante hacia atrás.
Dirigimos los brazos hacia adelante, a la altura de los hombros, y los
sacudimos desde el hombro hasta la punta de los dedos para soltar
codos y muñecas. Los brazos han de estar relajados.

Acercamos los brazos al esternón y los lanzamos hacia adelante


manteniendolos a la altura de los hombros, con las palmas hacia el
suelo.

Abrimos los brazos en cruz, a la altura de los hombros, paralelos al


suelo, con las palmas a cada lado del cuerpo mirando al cielo.
Acercamos las manos al cuello, doblando los codos. Lanzamos las
manos a los lados, manteniendo la altura de los antebrazos.

Con los brazos sueltos al lado del cuerpo, agarramos la muñeca


izquierda con la mano derecha y levantamos el brazo izquierdo. Lo
estiramos enérgicamente hacia arriba. Hacemos lo mismo con el
brazo derecho (una vez cada brazo).

Juntamos las manos con los brazos levantados por encima de la


cabeza y estiramos enérgicamente hacia arriba cuidando de estirar el
torso y la cintura. Las muñecas se entrelazan de forma que el dorso
de la mano izquierda se situa hacia el lado derecho y a la inversa.

Practicamos un estiramiento similar con las manos dirijidas al frente


y los brazos paralelos al suelo, a la altura de los hombros.

Estiramos los brazos hacia el suelo con las palmas horizontales,


paralelas al mismo.

Giramos la cintura dejando los brazos sueltos. Hemos de parecer un


muñeco de trapo, sin embargo los pies se mantienen firmes y la
columna estirada. Los hombros giran al compás de cintura y brazos.

Con los brazos sueltos al lado del cuerpo, estiramos el brazo


izquierdo con la palma abierta hacia el cielo y mantenemos el
estiramiento desde la punta de los dedos y la coronilla, nos
inclinamos hacia la derecha con objeto de estirar la cintura,
manteniendo el brazo vertical. Lo mismo hacia la izquierda.

Giramos con la cintura como si jugasemos al juego del aro. Primero


hacia un lado y luego hacia el otro.

Juntamos los pies. Nos inclinamos y flexionamos ligeramente las


rodillas para que estén sueltas. giramos las rodillas en un círculo
horizontal primero hacia una dirección y luego hacia otra. Los pies no
se deben despegar del suelo, cuidar de no despegar ni los laterales
del pie ni los talones.

Doblamos la cintura hacia delante, con la espalda recta, estirada


mediante la cabeza. Finalmente relajamos la cabeza. Reposamos un
momento. Nos incorporamos.

Abrimos los pies y doblamos la cintura hacia un lado estirando la


pierna del lado hacia el que nos inclinamos y flexionando ligeramente
la otra. Repetimos la misma acción hacia el otro lado.
Doblamos la cintura hacia delante hasta que el dorso de las manos se
apoyen en el suelo, sin flexionar las piernas.

Nos agachamos con los pies separados el ancho de hombros, en


cuclillas. Las rodillas pegadas al pecho, sin tocar el suelo con el coxis.
Los pies han de permanecer pegados al suelo. Apoyamos los codos
en el interior de las piernas, a la altura de las rodillas y juntando las
palmas de las manos formamos una horizontal con los antebrazos,
separando las rodillas. Reposamos un momento con los pulgares
apoyados en el pecho y la cabeza relajada. Apoyamos las palmas en
el suelo y nos levantamos muy despacio sin levantar la cabeza. Al
levantarnos enderezamos la columna desde el sacro hasta la
coronilla, vértebra a vértebra, para finalmente cuando estemos
totalmente erguidos, levantar la cabeza. (Atención a este ejercicio es
necesario ser cuidadoso).

Separamos los pies el doble del ancho de los hombros y flexionamos


las piernas con el torso erguido, como si fueramos a sentarnos (un
par de veces). Adoptamos la posición del jinete y nos relajamos un
rato (cinco minutos bastarán) cómodamente sentados en el aire, con
los muslos paralelos al suelo, los tobillos verticales y las puntas de
los pies mirando al frente, de forma que ambos pies estén paralelos.
La columna vertical. (Al principio podéis realizar esta posición
descendiendo hasta donde os permita vuestra forma física aunque es
recomendable que desde un principio cuideis la posición de pies
tobillos y columna, realizadlo a diario y exigiros cada día un poco
más).

Nos levantamos y estiramos una y otra pierna doblando la rodilla


opuesta, mirando al frente. Nos agachamos hasta donde seamos
capaces, pero siempre sin despegar los talones del suelo. La columna
puede inclinarse. Realizamos el estiramiento completo de una pierna
dirijiendo el talón hacia fuera y los dedos del pie hacia nosotros.

Realizamos otro estiramiento de las piernas mirando hacia un lado y


doblando la rodilla de la dirección hacia la que miramos, la pierna que
se estira es la que queda a nuestra espalda.

Finalmente abrimos ambas piernas cuanto podamos (pies enraizados


en el suelo, paralelos, mirando al frente. No deben despegarse del
suelo ni los laterales del pie ni los talones) Inclinamos la cintura hacia
adelante y cuando está paralela al suelo, perfectamente estirada y
recta estiramos ligeramente de los isquiones (nalgas) hacia atrás,
para finalmente relajar la cabeza y reposar un momento.

Estamos listos para proseguir. Llenos de energía y relajados.

Esta secuencia es extremadamente beneficiosa y puede


realizarse a diario al levantarnos o antes de acostarnos en un
período de 10 a 15 minutos.
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