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Psicología Objeto y Método

María Teresa Lodieu

Introducción
El propósito de este trabajo es realizar un abordaje histórico del problema del objeto y del
método en psicología. En función de esta temática abordaremos, sintéticamente, el problema del
conocimiento y una breve historia de la construcción de la ciencia.

El problema del conocimiento


En este rubro mencionaremos dos temas, el problema de la construcción del conocimiento
científico, es decir la metodología que permite acceder y validar el conocimiento y las teorías más
representativas sobre el origen o los fundamentos del conocimiento.

Estas temáticas han recibido diferentes respuestas a lo largo de la historia y atañen hoy a
distintas disciplinas científicas, en especial a la filosofía, a la filosofía de la ciencia y a la
epistemología. Algunas teorías psicológicas han enfocado e investigado diversos aspectos del pro-
blema del conocimiento.

El cuestionamiento sobre el conocimiento está vinculado al problema de la verdad. Un


debate, que ha recibido distintas respuestas a lo largo del proceso de construcción de la ciencia, se
refiere a cuáles son los criterios o los instrumentos que permiten garantizar la validez de un
conocimiento.

La preocupación en torno al conocimiento no estuvo centrada en los mismos interrogantes a


lo largo de la historia. En la Antigüedad la pregunta sobre el conocimiento estaba relacionada con la
interrogación sobre la realidad y el ser. En la época moderna la preocupación por la fundamentación
y la construcción del conocimiento se constituyeron en el eje central de los debates filosóficos. Un
principio rector del pensamiento científico moderno ubicaba a la razón, guiada por una metodología
rigurosa, como la vía de acceso a los conocimientos verdaderos. En la actualidad, la hermenéutica
concibe al lenguaje como el creador tanto del yo como de la realidad. En esta concepción dentro de
cada universo lingüístico estarán dados los parámetros simbólicos que permiten construir y validar
los conocimientos.

En este breve informe sobre la ciencia, la construcción del conocimiento y del sujeto
cognoscente, vamos a iniciarlo con la transcripción del Prefacio del libro Las palabras y las cosas de
Michel Foucault:

“Este libro nació de un texto de Borges. De la risa que sacude al leerlo todo lo familiar al pensamiento
-al nuestro; al que tiene nuestra edad y nuestra geografía-, trastocando todas las superficies
ordenadas y todos los planos que ajustan la abundancia de seres, provocando- una larga vacilación e
inquietud en nuestra práctica milenaria de lo “mismo y lo otro”. Este texto cita “cierta enciclopedia
china” donde está escrito que: “los animales se dividen en a) pertenecientes al Emperador, b)
embalsamados, c) amaestrados, d) lechones, e) sirenas, f) fabulosos, g) perros sueltos, h) incluidos en
esta clasificación, i) que se agitan como locos, j) innumerables, k) dibujados con un papel finísimo de
pelo de camello, l) etcétera, m) que acaban de romper el jarrón, n) que de lejos parecen moscas.”
(Foucault, 1982: 1).
Retomemos algunas palabras de Foucault. Nos habla de un pensamiento, el nuestro, que nos
es familiar -por pertenecer a un orden o razón instituida—, con lo cual permite al mismo tiempo
excluir pensamientos que no son los nuestros, no son familiares —pertenecen al orden de lo
siniestro, de lo absurdo, de lo irracional—, porque no comparten nuestra edad ni nuestra geografía”,
nuestro tiempo ni nuestro espacio. Nos dice que son las coordenadas compartidas y construidas en
una práctica histórica, lo que nos permite construir objetos, clasificarlos y distinguir lo “mismo y lo
otro”. Es entonces, nuestra práctica milenaria, como bien dice Foucault, lo que nos lleva a calificar
como no científica la categorización creada por Borges, sólo aceptable para garantizar nuestra
coherencia mental, como producto de la fantasía.

Este texto de Borges le permitió a Foucault interrogarse sobre la relación entre las palabras y
las cosas en la cultura occidental y analizar cuáles fueron las epistemes1 que permitieron la
construcción del saber en los distintos momentos históricos.

Esta clasificación de los animales, perteneciente a “una cierta enciclopedia china”, al decir de
Borges, que nos sorprende y desorienta, debe permitirnos reflexionar sobre la complejidad y la
diversidad en la construcción de sujetos, de objetos y de saberes.

Objeto y método
Los conceptos de objeto y método nos introducen en el problema del conocimiento
científico. El concepto de objeto hace referencia al qué: qué es lo que una disciplina científica
recorta o construye como objeto de conocimiento. En relación al método, la pregunta es cómo, de
qué manera, con qué instrumento se logra un conocimiento científico.

El método es un camino que uno se ha propuesto para alcanzar un fin ya determinado de


antemano. El fin, en el campo de la ciencia, va a ser la obtención de un conocimiento científico. El
método nos conduce al descubrimiento de nuevos conocimientos y a la validación de los mismos. El
método supone un proceso ordenado que irá desplegándose acorde a un conjunto de reglas a las
que hay que ajustarse para que el resultado sea científicamente válido.

Gregorio Klimovsky, epistemólogo argentino actual, postula que: ‘El método científico es un
procedimiento que permite obtener y justificar un conocimiento científico. ” (Klimovsky, 1997: 22).

En la época moderna una preocupación central giró en torno de la metodología. René


Descartes (15961650), figura clave de esa etapa y de esa inquietud, en las Reglas para la dirección
del espíritu realiza una descripción del método y de sus reglas; la mencionamos a continuación
porque pasó a ocupar un valor paradigmático en el desarrollo científico:

“Entiendo por métodos reglas ciertas, fáciles gracias a las cuales quien las observe exactamente no
tomará nunca lo falso por verdadero y llegará, sin gastar inútilmente esfuerzo alguno de su espíritu,
sino aumentando siempre, gradualmente, su ciencia, al verdadero conocimiento de todo aquello de
que sea capaz”. Reglas para la Dirección del espíritu, (Regla IV), (Fatone, 1969: 160).

Las cuatro reglas del método son para Descartes:

• No aceptar como verdadero lo que con toda evidencia no se reconociese como tal.

• Dividir cada una de las dificultades en tantas partes como sea necesario para resolverlas.

• Ordenar los conocimientos desde los más sencillos, subiendo por grados, hasta los más
compuestos.
• Hacer enumeraciones tan completas y generales que den la seguridad de no haber incurrido
en ninguna omisión.

El método, para Descartes, supone un criterio de verdad que permita no tomar lo falso por
lo verdadero. Ese criterio es la evidencia. La evidencia es la vivencia que cada conciencia tiene de sus
proposiciones; en ese sentido, en Descartes, la experiencia intelectiva es una experiencia mental.

En la historia de la ciencia hay un debate entre los partidarios del método inductivo y los del
método deductivo. Los inductivistas sostienen que el primer paso en la construcción del
conocimiento se inicia con la observación y clasificación de hechos, a partir de las cuales por
generalización se inducen hipótesis, que luego se someten a experimentación con miras a obtener
su confirmación o su desconfirmación.

Los partidarios del método deductivo consideran que es desde una teoría que se elaboran
hipótesis o conjeturas que tratan de explicar los problemas que surgen en la actividad científica o en
la vida diaria y luego las hipótesis se someten a pruebas rigurosas para comprobar si son falsas. Es
decir, no se parte de una observación sino que es la creatividad humana la que recorta un problema
y elabora una conjetura que luego debe someterse a un proceso de verificación. Según el
falsacionismo de Karl Popper (1902-1994), nunca podemos considerar las hipótesis como
confirmadas y definitivas, sólo podemos hablar de leyes y teorías corroboradas, es decir que hasta el
momento han resistido al trabajo de descartarlas. El concepto de corroboración es para Popper más
“débil” que el de confirmación y por lo tanto el único que puede aplicarse al resultado del proceso
de verificación de las hipótesis.

El método científico actualmente más usual en la Ciencia, es el hipotético-deductivo.

“El método científico consistiría entonces en enfrentar problemas, proponer hipótesis, aplicar
la lógica para ver que implican, confrontar sus consecuencias con la realidad observable y de acuerdo
con el resultado, abandonar la hipótesis por refutación o conservarla por corroboración.” (Klimovsky,
1997: 140).

Esta definición es una prueba del valor otorgado a las ciencias físico-naturales. Desde la
época moderna, las conceptualizaciones científicas proceden y se adecúan más a estas ciencias,
situación que propicia condicionamientos y limitaciones para las ciencias sociales y humanas.

A fin de cerrar este breve comentario sobre el método y para relevar el debate constante
sobre estas temáticas, Paul Feyerabend (1934-1994) propone el no método: sostiene que el método
de la ciencia es no tener ningún método o que toda investigación científica exitosa supone
precisamente la inobservancia de las reglas metodológicas vigentes. Esta postura recibe el nombre
de anarquismo metodológico.

Objeto deriva de objetum y significa “echar para adelante”, “ofrecerse”, “exponerse a algo”,
“presentarse ante los ojos”. En la teoría del conocimiento, el objeto es el término del acto de
conocimiento y la forma que se presenta: como “especie sensible “o como “especie inteligible”.

El objeto es una cosa perteneciente al mundo material o el correlato de un hecho intencional


de conciencia. En el primer sentido, se plantean cuestiones de tipo epistemológico si nos
preguntamos cómo llegamos a conocer el mundo externo y cuestiones de tipo ontológico si nos
planteamos en qué consiste la naturaleza de una cosa material. En el segundo senado, el objeto
como referente intencional no es necesariamente algo que pertenece al mundo físico; puede
pertenecer al anímico, psíquico o mental, como es el caso de un sentimiento o de un sueño. Por
consiguiente, el objeto es el polo opuesto del sujeto y aquello que se capta mediante el
conocimiento. Según la teoría del conocimiento tradicional, el fenómeno del conocimiento consiste
fundamentalmente en la relación entre un sujeto (conciencia) y un objeto, que se resuelve en la
aprehensión de las características del objeto por parte del sujeto (Cortés Morató y Martínez Riu:
1996).

Un problema que ha inquietado a todos los filósofos y/o científicos a lo largo de la historia es
la objetividad del conocimiento científico. En filosofía de la ciencia la objetividad remite a la
característica fundamental del conocimiento científico: que se pueda verificar, comunicar y
reproducir. La filosofía del siglo XVII, especialmente entre los cartesianos, que destacan que todo
conocimiento es conocimiento de ideas o de contenidos mentales, lo objetivo es la representación
de un objeto, tanto si posee realidad extramental como si no la posee. Kant enfoca el tema de
manera distinta y relaciona esta noción con la de objetivación entendida como fruto de una
actividad trascendental que se produce en la síntesis entre las formas a priori de la sensibilidad (el
espacio y el tiempo) y los conceptos puros del entendimiento (categorías), que permite que se
objetive lo dado en la experiencia, transformándolo en objeto del conocimiento (Cortés Morató y
Martínez Riu: 1996),

Esta temática va a ser ampliada en el siguiente rubro. Pero antes es importante señalar que
algunas concepciones filosóficas sostienen la imposibilidad tic la objetividad. Nietzsche, por ejemplo,
señala que nunca hay propiamente datos, sino que siempre se trata de interpretaciones.
Actualmente algunas corrientes de la filosofía de la ciencia contemporánea recalcan también que
todo dato es un dato interpretado desde algún marco teórico (Cortés Morató y Martínez Riu: 1996).

Teoría del conocimiento


La ciencia moderna considera al conocimiento como un conjunto de representaciones; este
hecho convierte al conocimiento en un problema científico y por ende requiere teorías que
expliquen su constitución y su validación. Richard Rorty (1983) sostiene que la teoría del
conocimiento creció en torno al problema de saber si nuestras representaciones internas son exac-
tas. En la nota a pie de página se citan los autores más representativos de la Edad Moderna y
algunos de sus textos como demostración del peso otorgado a esta problemática en ese entonces.2

Racionalismo, Descartes
La teoría del conocimiento de Descartes hace del “yo pienso”, o la razón humana reflexiva, el
punto de partida de todo conocimiento, inaugurando así la distinción entre “sujeto que conoce” y
“objeto conocido”. Descartes inaugura la concepción moderna, según la cual el sujeto tiene en sí
mismo la pauta de toda verdad. El hombre se convierte en sujeto porque mediante el uso de su
razón, puede representarse con certeza el ser último de todas las cosas. La naturaleza se transforma
en objeto y por lo tanto puede ser objeto de cálculo y de dominio (Giardina, 2000).

El conocimiento para Descartes, debe partir de una proposición evidente. Descartes sostiene
que el espíritu posee, por el sólo hecho de ser un sujeto pensante, principios evidentes por sí mismo,
ideas innatas, con las que opera el conocimiento. El problema que se plantea Descartes es, si el
sujeto conoce las cosas por las representaciones -sean sensibles o racionales—, ¿cuáles son las ga-
rantías de que esas representaciones sean verdaderas? Los sentidos nos pueden engañar, la
existencia de espejismos e ilusiones nos permite constatar que no es válido apoyarse en los sentidos
para construir un conocimiento verdadero. En cambio, el pensamiento racional, que se apoya en los
principios de identidad, de no contradicción y de tercero excluido son evidentes para el espíritu;
pero aún frente a esta aparente evidencia, Descartes se permite dudar: un genio maligno puede
engañarnos. Este es el camino de la duda, la duda metódica, que conduce a dudar de todo, salvo del
hecho de estar dudando, al dudar se piensa que se duda, por lo tanto se puede dudar de todo salvo
de que se está pensando, lo que conduce a la célebre proposición: “Yo pienso, luego yo existo”
(cogito ergo sum). Y aunque el genio maldito quisiera engañar, sólo puede engañar a alguien que
exista. Esta es la evidencia primaria. Esta certeza se le presenta a la razón como una idea clara y
distinta (Laso, 1998).

Descartes sostiene que la razón apoyada en una metodología adecuada (“Las reglas para la
dirección del espíritu”) logra analizar las representaciones sensibles o racionales y evaluar su certeza.
El racionalismo cartesiano va a postular que la razón nos puede llevar al conocimiento verdadero de
las cosas porque el orden y conexión de las ideas es el mismo que el orden y conexión de las cosas.

“Tal afinidad entre ideas y cosas es garantizada por Dios quien puso ideas innatas en la razón
para que el hombre tenga la facultad de conocer los objetos.” (Laso, 1998: 158).

La postura de Descartes en relación al conocimiento es conocida como racionalismo.


Gotífried Wilhelm Leibniz (1646-1716) aparece más carde como otro autor representativo de esta
corriente.

Empirismo, Locke
Las teorías empiristas (empiria es experiencia) van a postular que et fundamento, el origen
del conocimiento está en la realidad sensible. El conocimiento proviene de la experiencia. Se suele
agrupar bajo el concepto de empiristas ingleses a: Francis Bacon (1561-1626), Thomas Hobbes
(1588-1679), Locke (1632-1704), George Berkeley (1685-1753) y David Hume (17111776) autores
que postulan que la mente es un especie de receptáculo en donde se imprimen las huellas de las
experiencias del mundo exterior. Nos vamos a referir a Locke, ya que su concepción puede ser
tomada como modelo de las concepciones empiristas.

John Locke quería estudiar la vida mental, su obra Ensayo sobre el entendimiento humano
puede ser considerada “como el primer intento de fundar, mediante un método analítico y
descriptivo, una psicología independiente.” (Müller, 1980: 233).

A modo de ejemplo de la concepción empirista, transcribiremos algunos párrafos de la


citada obra de Locke:

“1. Todo hombre tiene conciencia de que piensa y como quiera que lo que ocupa su mente
mientras está pensando son las ideas que tiene, está fuera de toda duda que los hombres poseen en
sus mentes varias ideas tales como las expresadas en las palabras, ‘blancura, ‘dureza... En primer
lugar debemos inquirir cómo las alcanza el hombre.

2. Supongamos que la mente es como nosotros decimos, un papel en blanco, vacío de


caracteres, sin ideas. ¿Cómo se llena? ¿De dónde procede el vasto acopio que la ilimitada y activa
imaginación del hombre ha grabado en ella con una variedad casi absoluta? A esto respondo con una
palabra: de la experiencia. En ella está fundado todo nuestro conocimiento y de ella se deriva todo en
último término. Nuestra observación, ocupándonos ya sobre objetos sensibles externos, o sobre las
operaciones internas de nuestras mentes, percibidas y reflejadas por nosotros mismos, es la que
abastece a nuestro entendimiento con todos los materiales del pensar.” (Locke, 1984: 49).

El problema del conocimiento en Kant


Si nos detenemos en algunos de los conceptos kantianos es por su influencia como base
epistemológica en las teorías filosóficas y psicológicas.3

Immanuel Kant (1724-1804) sistematiza las conceptualizaciones sobre el problema del


conocimiento. A partir de Kant, la Teoría del conocimiento, también llamada Gnoseología, se
constituye como una disciplina de la Filosofía. Kant instala al objeto de conocimiento en la relación
sujeto-objeto. La importancia de los aportes de Kant a esta temática para la Filosofía y para la
psicología hace necesario explayarnos sobre su concepción.

La posición de Kant en tomo al problema del conocimiento se plantea como una alternativa
superadora frente a la disyuntiva racionalismo-empirismo. La razón, para Kant, aplicada con rigor a
la captación de la experiencia, es la garantía para determinar lo universal de la naturaleza. La
capacidad de la razón de determinar lo universal y necesario y la capacidad de síntesis de la razón, es
decir de reunir lo múltiple en lo uno, permite legislar sobre la naturaleza.

“Pues la ley es una —aunque descubierta a partir de muchos fenómenos semejantes—, vale
para todos los casos (es universal), y expresa una relación que no puede dejar de ser como es
(necesaria).” (Colella, 1998: 76).

El que conoce (sujeto) puede captar lo conocido (objeto) porque cuenta con estructuras
(vacías de contenido) dadas a priori, es decir que no provienen de la experiencia, que le permiten
ordenar la información que recibe. La cosa en sí no puede ser conocida, lo que se conoce va a estar
configurado por los esquemas a priori que conforman la facultad humana de conocer. Todo cuanto
conocemos es fenómeno y no cosa en sí.

La capacidad cognoscitiva permite percibir o sentir un objeto, (esto constituye para Kant una
intuición) y pensar un objeto mediante un concepto (Colella, 1998). El espacio y el tiempo son
formas puras de la sensibilidad, son los a priori para Kant, son las condiciones cognoscitivas que
permiten representar la experiencia. El entendimiento es la capacidad de pensar los objetos. Pensar
es establecer una relación entre las representaciones o conceptos y las categorías.

La unidad de toda experiencia está determinada por la unidad del yo, en el sentido de
unidad de la conciencia que conoce. La unidad de las distintas representaciones subjetivas está
garantizada por la existencia de un yo que se reconoce como uno y el mismo a lo largo del tiempo.
Esta concepción va a tener una fuerte influencia sobre la psicología.

La coherencia en la conformidad del mundo humano está dado en la medida en que, para
Kant, existe una conciencia general, un yo trascendental, una actividad sintetizadora de los datos de
la experiencia organizada en base a los esquemas a priori que estructura la capacidad cognoscitiva
de todo sujeto.

Todo conocimiento de un objeto -toda síntesis de una multiplicidad— lo lleva a cabo un


sujeto: algo es objeto porque se enfrenta a una conciencia que actúa como sujeto, que realiza la
unidad. Nada es objeto conocido —incluso empírico, una manzana, por ejemplo— sin la conciencia
de que, percibiéndolo, unifica el conjunto diversificado de su olor, su sabor, su forma, su color, su
peso, etc. De la misma manera, también cuando se trata, no del conocimiento empírico de algo, sino
de la mera posibilidad de que algo exista como objeto de experiencia, hay que presuponer una
conciencia que ha de ser (lógicamente) anterior al objeto. Condición previa a todo objeto posible de
la experiencia es, por tanto, la existencia de una conciencia que sea razón y origen de la unidad y de
la síntesis. A esta exigencia lógica de todo conocer la llama Kant “unidad trascendental de la
conciencia”, “unidad sintética y originaria de la apercepción”, “yo trascendental” (para diferenciarlo
de un “yo empírico”).

Epistemología e historia de las ciencias


Gastón Bachelard (1884-1962) al estudiar la historia de las ciencias abre un nuevo campo a
lo que se denominaba filosofía de las ciencias, la epistemología: el estudio de las teorías del
conocimiento científico. Su objetivo era investigar la construcción de los sistemas científicos. En su
libro La formación del espíritu científico. Contribución al psicoanálisis del conocimiento objetivo,
publicado en Francia en 1938, encontramos expuestas sus ideas. Las concepciones de Bachelard
provocan una verdadera revolución en la manera de entender la ciencia y, en particular, en la
manera de construir la historia de las ciencias. Este nuevo paradigma fue continuado por Georges
Canguilhem y, con un estilo diferente, por Michel Foucault (1926-1984). La corriente epistemológica
francesa, refiere con el concepto de epistemología, al estudio histórico y crítico de las ciencias, de
sus principios, métodos y resultados.

Bachelard sostiene que el proceso de producción de los conocimientos científicos es un


proceso dialéctico. El movimiento dialéctico consiste en destruir para construir. Los conocimientos, a
medida que progresan por retroacción, agrietan y derriban sus principios iniciales. Las ciencias
progresan mediante este movimiento de retroceso, despojándose de los principios iniciales para
otorgarse otros nuevos. En el proceso de construcción de los conocimientos científicos hay saltos,
brincos, fallas, rupturas, es decir no existe un proceso lineal continuo -como algunos relatos
históricos quieren narrar— sino discontinuidad.

Otro concepto que podemos extraer de las obras de Bachelard es el de historicidad (Lecourt,
1975, 1980).

Los conceptos científicos se producen en un contexto sociohistórico, que determina la


existencia, las características y las limitaciones de los mismos. Bachelard remarca no sólo la
historicidad de los conocimientos científicos, sino además el compromiso de las prácticas científicas
con las ideologías imperantes y las luchas de poder para imponer una determinada concepción
científica.

Nos interesa remarcar estos dos conceptos: la discontinuidad en la construcción de una


disciplina científica y la historicidad de los conocimientos científicos porque desde este enfoque
algunos autores van a describir la historia de la psicología y los avatares de su objeto y de su
método. Así es la historia de la psicología que construye Canguilhem.

El concepto de paradigma, es otro concepto importante en la historia y en la filosofía de las


ciencias introducido por Tomás S. Kuhn (1922-1996), en su obra La estructura de las revoluciones
científicas publicada en 1962, en Estados Unidos. El paradigma es una realización científica
universalmente reconocida “que durante cierto tiempo proporciona modelos de problemas y
soluciones a una comunidad científica. El paradigma supone un acontecimiento científico de
envergadura, es decir, un gran descubrimiento o una teoría científica bien fundada, que pueda servir
como fundamento de investigaciones sucesivas. Una revolución científica, un nuevo paradigma va a
dar un cambio en la “perspectiva histórica de la comunidad científica que afecta a. la estructura de
los libros de texto y a las publicaciones de investigación...”. (Kuhn, 1971: 15).

El progreso científico para Kuhn supone una serie de etapas cíclicas y de procesos. La
“ciencia normal”, con sus reglas y sus procedimientos establecidos puede de Ludovico Geymonat
(1994) quien considera que la ciencia occidental nace en Grecia, entre el siglo VI -con Tales de
Mileto, Pitágoras- y el siglo V a. C. -con los “físicos-filósofos”: Euclídes, Platón, Aristóteles-. Los ar-
gumentos que esgrime para sostener esta idea, son: que el saber se constituye en un sistema
racional -diferenciándose de la simple y mera recolección de experiencias de la vida cotidiana— se
sistematizan los conocimientos y se trabaja con una metodología, la demostración o la prueba, que
otorga validez a los conocimientos alcanzados.

La ciencia debe poder expresar los conocimientos con un lenguaje adecuado. Geymonat
(1994) considera que este objetivo, en la ciencia griega, pudo alcanzarse sólo con las matemáticas.
En los Elementos Euclídes describe con rigurosidad los conceptos básicos de la geometría.

La breve reseña histórica de la Antigüedad que se presenta a continuación, si bien se centra


sólo en dos filósofos, Platón y Aristóteles, el valor de sus concepciones sobre el ser humano, sobre el
conocimiento y sus posiciones filosóficas conforman los pilares y los modelos básicos sobre los que
se ha construido el pensamiento científico occidental.

Platón
En Teeteto o de la Ciencia es donde está explicitado el concepto de ciencia para Platón. La
ciencia filosófica (la dialéctica) debía conducir al saber absoluto y captar el ser puro e inmutable, el
ser más allá de los fenómenos e incluso de las palabras. El conocimiento verdadero implica acceder a
las ideas. El único acto cognoscitivo verdadero, es para Platón la contemplación del ser, esta
contemplación permite captar la pureza del ser. Sólo por medio de la razón el hombre conoce la
verdadera esencia —inmaterial e invisible— de las cosas. La contemplación permite desprenderse de
lo sensible y acceder a las Ideas. Las ideas no son aprehensibles en forma sensible sino que son
“visibles” inteligiblemente, con la “mirada interior”. La contemplación permite llegar al saber
verdadero que se logra cuando se toma posesión de lo universal del objeto.

Aristóteles
La filosofía de Aristóteles se presenta, casi desde el primer momento, como una crítica
sistemática a la teoría de las ideas platónicas y un intento de sustituir la visión idealista platónica por
una especulación de signo realista basada en el sentido común y la experiencia. La ciencia, para
Aristóteles, concierne a lo necesario y a lo eterno, aunque no descarta lo sensible en la construcción
del conocimiento; debe dar cuenta tanto de lo individual y contingente como de lo universal
(Gusdorf, 1977).

En la psicología aristotélica, el hombre aparece como ser capaz de comprender todo el


universo y de tender a ello llevado por el ansia de saber. En Aristóteles el deseo de saber, se vuelca
hacia el mundo, no hacia el alma. Considera, a diferencia de Platón, que el mundo no es el reflejo de
la perfección divina sino que es una naturaleza, o un conjunto jerarquizado, bien ordenado y estable
de naturalezas, que posee un ser propio. El pensamiento abstracto, característico de los hombres y
no de los animales es lo que le permite al hombre no necesitar la presencia de la cosa para pensar. El
pensamiento encontrarse con un problema y los resultados de la investigación de ese problema no
se ajustan a lo esperado por los científicos. Así, explica Kuhn, surgen “anomalías” para la práctica
científica habitual, es decir, aparece un hecho científico que contradice la teoría sustentada por la
comunidad científica hasta ese momento, los nuevos datos no condicen con las teorías existentes. Se
inicia así un período de ruptura y de crisis que lleva a la formulación de una nueva teoría. Estos
episodios; conducen a un nuevo conjunto de compromisos (manera de estudiar, de investigar, de
conceptualizar un hecho) que pueden modificar totalmente la práctica de la ciencia y de allí el
concepto de revolución científica. El paradigma es esa nueva manera de concebir, de estructurar, de
interpretar los hechos científicos.

El concepto de paradigma tiene diversas acepciones dentro de los textos de Kuhn, pero hoy
su uso se ha ampliado y se aplica, sin hacer referencia a la concepción de ciencia normal, como
sinónimo de modelo. En un sentido fuerte, un nuevo paradigma refiere a un cambio epistemológico
radical, una “revolución”, científica.

Historia de la ciencia
A fin de analizar la historia de la construcción de la psicología como una disciplina científica,
vamos a realizar un breve panorama de la historia de la ciencia, ya que sólo dentro de la matriz
sociohistórica que fue forjando el pensamiento científico se puede contextualizar e historizar la
construcción de los distintos saberes científicos.

La definición de ciencia inicia este rubro. El Diccionario de filosofía de. Ferrater Mora aporta
la siguiente información: scientia proviene del verbo scire que significa saber; etimológicamente
equivale a “el saber” (Ferrater Mora, 1994: 545). Ciencia, en griego es episteme, y en latín scientia.
Estas denominaciones tienen un sentido fuerte, opuesto al saber común o vulgar. “La ciencia”
ocuparía un lugar jerarquizado en la estructuración del saber. Ese sentido fuerte remite al grado
supremo del conocimiento. Ciencia es la actividad cultural humana que tiene como objetivo la
constitución y la fundamentación de un cuerpo sistemático del saber.

El punto de partida del recorrido que proponemos, se basa en la siguiente afirmación de


Georges Gusdorf: “La idea de ciencia es una variable histórica.” (Gusdorf, 1977: 15).

Es decir, que en distintos momentos históricos el concepto de ciencia ha sido aplicado a


diferentes sistemas de estructuración del conocimiento.

La ciencia en la Antigüedad4
Los historiadores de la ciencia discrepan en relación a cuál es el momento de nacimiento de
la ciencia. Algunos consideran que es sólo a partir de la Edad Moderna que puede hablarse de
ciencia. Si nos apoyamos en la concepción de Gusdorf “la idea de ciencia es una variable histórica”
podemos concordar con la posición abstracto genera la ciencia. Acorde con estas ideas, la lógica es
el método adecuado para alcanzar el conocimiento. El razonamiento para construir un conocimiento
científico debe realizarse mediante procedimientos sistemáticos que permitan demostrar la validez
de un enunciado. Debe partirse de principios evidentes -cuya verdad no depende de la experiencia
sensible- y si se aplican reglas lógicas, se logran enunciados necesariamente verdaderos (Glavich,
1997).

El hombre, para Aristóteles es un ser racional mortal. La naturaleza humana, sostiene,


implica la unidad del cuerpo y de la mente. El hombre, a diferencia del animal, no sólo siente sino
que elabora la sensación, se acuerda, imagina, razona.

Una crítica recurrente que se le hace a la ciencia griega es que no pudo desarrollar la ciencia
física. En la medida en que la matriz ideológico-cultural griega siguió vigente en la Edad Media, habrá
que esperar hasta la Edad Moderna para que una nueva concepción epistemológica pueda romper el
molde antiguo y constituir un nuevo paradigma para las ciencias físicas. El peso epistemológico de
esta concepción hace que nos detengamos someramente en ella.
Aristóteles, sostiene que en el cosmos todo debe guardar un orden, una armonía, cada cosa
tiene un lugar determinado dentro de una estructura jerárquica. Desde esta perspectiva, se concibe
al movimiento como un desorden, una perturbación del equilibrio del universo. Esta ruptura del
estado natural, debe responder a una causa, y cuando la causa que motiva el movimiento cesa, el
cuerpo vuelve al reposo, el movimiento es transitorio. El reposo absoluto es concebido como un
estado de perfección.

Otra dificultad para el desarrollo científico de la física, lo constituyó la idea de una diferencia
esencial entre el mundo celeste y el mundo terrestre. Aristóteles considera que las leyes que rigen
los cuerpos del mundo terrestre son distintas a las del mundo celeste: los cuerpos terrestres se
mueven en línea recta, los cuerpos celestes en círculos. La física aristotélica no admite la posibilidad
de identificar el espacio del cosmos finito y ordenado con el espacio de la geometría, ni tampoco
concibe un cuerpo aislado de su entorno físico y cósmico. Aristóteles rechaza en principio el vacío
por considerarlo una noción autocontradictoria, considera imposible la existencia de un cuerpo allí
donde no hay extensión alguna. Esta imposibilidad de pensar el vacío y la estructuración jerárquica y
estática del mundo constituyó un obstáculo para el desarrollo de la física.

La estructuración jerárquica y estática del mundo no sólo constituyó un obstáculo


epistemológico para el desarrollo de las ciencias físicas, sino que esa misma ideología configura el
orden social. Las relaciones entre los hombres quedaron marcadas tanto en la Antigüedad como en
la Edad Media por esa disposición jerárquica y estática. Este hecho es lo que permite entender la
presión de los sectores de poder para evitar el surgimiento de cualquier cambio epistemológico que
pudiera cuestionar las bases en las que se apoyaban los sistemas de poder instituidos (religiosos o
políticos).

Ciencia en la Edad Media


Las grandes escuelas de la Edad Media estuvieron abocadas a estudiar, traducir y trasmitir
las concepciones clásicas. De allí, el concepto de escolástica con el que se califica a las filosofías
medievales. El objetivo era recuperar e imitar al pasado. Existían ciertas diferencias y polémicas
entre las distintas escuelas, algunas estaban más apegadas a los textos de la Biblia, otras tenían una
orientación más platónicas, otras más aristotélicas.

La obra filosófica de San Agustín (354-430) significa el primer esfuerzo importante de


armonizar la fe y la razón, la filosofía y la religión, esfuerzo al que se da históricamente el nombre de
filosofía cristiana, que ya había empezado con los llamados padres de la Iglesia y que, en realidad,
continuó durante la alta y la baja Edad Media, dando origen a la filosofía escolástica. San Agustín
más apegado a la tradición platónica, sostiene que hay que alejarse de las apariencias sensibles e ir a
la búsqueda de lo inteligible, es decir dirigirse hacia las ideas contenidas en el espíritu de Dios. Es a
partir de la fe que todo ha de explicarse; la fe, que no requiere justificación alguna exterior a ella
misma, es el fundamento natural de la razón. A la verdad se llega por un camino interior, parecido al
de la conversión, y aquélla no puede prescindir de una iluminación divina. En la teoría del
conocimiento de San Agustín, la posibilidad de alcanzar la verdad reside en la posibilidad misma de
descubrir en el alma verdades eternas (sólo lo eterno es verdadero), el procedimiento para
alcanzarlas es un proceso de iluminación interior, por reflexión del alma sobre sí misma, que se
conoce como imagen de Dios y conoce al mismo tiempo a Dios, creador de las ideas y del alma.

Esta posición será hegemónica en la filosofía platónica medieval, se busca el conocimiento


del alma; no es hacia el mundo adonde dirige la mirada sino hacia el interior del alma, en donde se
ubica la verdad. La verdad eterna y la fuente de toda verdad es Dios. Dios habita nuestra alma.
Conocer el alma es, para la filosofía platónica medieval, conocer a Dios.

Se suele presentar a la filosofía medieval tardía como dominada por la obra de Aristóteles.
Es necesario aclarar que la obra de Aristóteles era la única traducida en su totalidad al árabe y luego
al latín. Habíamos mencionado el culto por la ciencia antigua, sin embargo esta devoción tenía su
límite, cuando la posición clásica no coincidía con el sistema cristiano los textos eran modificados o
prohibidos. Un ejemplo es lo sucedido con la Física de Aristóteles. La autoridad eclesiástica prohíbe
la lectura de la Física en 1210. El ser propio de mundo, el ser de la naturaleza, no como el mero
reflejo de la perfección divina, era una idea difícil para ser asimilada dentro del cristianismo. Surge
así la necesidad de cristianizar la concepción aristotélica, tarea que realiza Santo Tomás de Aquino
(1225-1274). El gran mérito que se atribuye a Santo Tomás de Aquino es el de haber logrado la
mejor síntesis medieval entre razón y fe o entre filosofía y teología. Sus obras son eminentemente
teológicas, pero, a diferencia de otros escolásticos, le otorga a la razón su propia autonomía en
todas aquellas cosas que no se deban a la revelación. Para expresar esta autonomía y naturalidad de
la razón recurre a la filosofía aristotélica. Las ideas de Santo Tomás de Aquino sobre el hombre son
innovadoras, respecto de las de Aristóteles: el hombre es un compuesto de alma y cuerpo, pero el
alma no es la mera forma del cuerpo, que perece con él; es su forma, pero le otorga además el ser y
la individualidad: el hombre existe y es individuo por el alma.

A fin de resaltar los principios esenciales de la Filosofía Escolástica podemos decir que se
caracteriza por un doble y problemático recurso a la autoridad, representada por los textos sagrados
de la Biblia y la tradición de los Padres de la Iglesia (a la fe, en definitiva) y a la razón, que de manera
creciente se aplica a la interpretación de la autoridad y hasta incluso al libre juego de la reflexión
propia (Cortés Morató y Martínez Riu: 1996).

La dignidad de la ciencia, para la escolástica, está en consonancia con el valor de su objeto.


Ningún conocimiento puede ser más perfecto que el conocimiento que el Creador tiene de su
creación. Ciencia desde un punto de vista teológico es el término para designar el conocimiento que
Dios tiene del mundo. La ciencia es, para la escolástica, la posesión absoluta de la verdad; como la
verdad suprema es de orden religioso, sólo el poder divino accede al conocimiento verdadero.

En relación con el desarrollo del pensamiento científico en la Edad Media, la tradición


historiográfica trasmite una versión cuyos rasgos centrales señalan el apego dogmático a la ciencia
de la antigüedad clásica, el rescate de los “tesoros científicos” expuestos en los textos antiguos
(búsqueda, traducción de esos textos), la prohibición de salirse de los principios avalados por la anti-
güedad, la adecuación cristiana de los textos (por ejemplo el ser absoluto de Platón identificado a
Dios). Si bien una visión crítica releva corrientes disidentes que cuestionan esa visión reduccionista
de la Edad Media, hubo un pensamiento hegemónico y éste es el que brevemente hemos relatado.

Entre las escuelas o filósofos “olvidados” por la tradición historiográfica, Geymonat


menciona, en el siglo XII, a la Escuela de Chartres que sostenía el derecho a acudir a otros textos que
no fueran la Biblia y descartaba la idea de que todo lo que no estaba escrito en ella fuera erróneo.
Figuras, pertenecientes al fin de la Edad Media o al inicio de la Edad Moderna tales como Nicolás de
Cusa (1401-1464),5 Pico della Mirándola (14631494), Giordano Bruno (1548-1600), también plan-
teaban posiciones disidentes con la escolástica aristotélica pero sus afirmaciones no pudieron
modificar la episteme de la época. No era fácil disentir con las ideas imperantes. Bruno fue
encarcelado, perseguido por sus doctrinas y quemado vivo en la hoguera por la Inquisición.
Edwin A. Burtt (1960) sostiene que existió un renacimiento del “platonismo” en la Europa
medieval, pero su circulación era medio subterránea. Ese platonismo postulaba una matemática
universal de la naturaleza; suponía que el universo es fundamentalmente geométrico. Es útil
recordar que la escuela aristotélica despreciaba a las matemáticas; la clave para el conocimiento era
la lógica (Burtt, 1960).

La naturaleza para la concepción medieval estaba subordinada al conocimiento, propósitos y


destino humano, en la edad moderna como vamos a constatar luego, se la considera independiente
del hombre.

Ciencia Moderna
En la Edad Moderna no sólo se modifica la concepción del hombre y de la naturaleza sino
que además, hay una modificación radical en los conceptos utilizados, los términos habituales de los
filósofos medievales eran: sustancia, causalidad, accidente, esencia, idea, materia, forma, potencia,
acto. En cambio, los conceptos de los filósofos modernos pasan a ser: fuerza, movimiento, espació,
tiempo (Burtt, 1960).

Las definiciones de la ciencia que se transcriben a continuación, si bien pertenecen a autores


contemporáneos, nos van a servir para señalar los rasgos distintivos de la ciencia desde la época
moderna hasta nuestros días.

“Es el deseo de hallar explicaciones que sean, al mismo tiempo, sistemáticas y controlables
por elementos de juicio fácticos, lo que da origen a la ciencia y es la organización y la clasificación del
conocimiento sobre la base de principios explicativos, lo que constituye el objetivo distintivo de las
ciencias. Las ciencias tratan de descubrir y formular en términos generales las condiciones en las
cuales ocurren sucesos de distinto tipo, y las explicaciones son los enunciados de tales condiciones
determinantes.” (Nagel, 1978).

Gregorio Klimovsky afirma que “la ciencia es esencialmente una metodología cognoscitiva y
una peculiar manera de pensar la realidad.” (Klimovsky 1997: 15).

La ciencia puede ser definida actualmente como “... un modo de conocimiento que aspira a
formular mediante lenguajes rigurosos y apropiados -en lo posible con auxilio del lenguaje
matemático- leyes por medio de las cuales se rigen los fenómenos. Estas leyes deben: describir los
fenómenos, ser comprobables por medio de la observación de los hechos y de la experimentación, y
ser capaces de predecir fenómenos futuros.” (Ferrater Mora, 1994: 545).

Si sólo enumeramos algunos rasgos: explicaciones... sistemáticas y controlables por


elementos de juicio fácticos; formular leyes mediante lenguajes rigurosos... con auxilio del lenguaje
matemático encontramos los hallazgos de la ciencia moderna y los encierros y limitaciones de la
ciencia contemporánea, en un principio para las ciencias humanas y sociales pero incluso frente a los
nuevas concepciones sobre la materia, el tiempo y el espacio, para las ciencias exactas. Estas son las
paradojas de la historia, la revolución epistemológica de la ciencia moderna, que implicó un salto
científico valioso, se transforma, en el transcurrir del tiempo en un dogma que cercena nuevos
avances. Las ciencias humanas y sociales van a padecer este rigor metodológico.

Habíamos mencionado cómo las concepciones epistemológicas que sostenían la física clásica
y medieval constituyeron un freno para el desarrollo científico, vamos a relatar ahora la apertura
que se produce en el campo científico con el advenimiento de la ciencia moderna.
Los historiadores de la ciencia postulan que en el siglo XVII se produce una revolución
epistemológica. La Edad Moderna rompe con el sujeto y el objeto de conocimiento de la Edad
Media. Ya habíamos mencionado que Descartes hace del sujeto, el “yo pienso”, o la razón humana
reflexiva, el punto de partida de todo conocimiento. El sujeto, en la ciencia moderna, pasa a tener un
rol activo y se observa la naturaleza desde la razón. El mundo cerrado, ordenado y jerarquizado de la
antigüedad y del medioevo es reemplazado por un universo abierto e infinito que puede ser
indagado por la razón para descubrir sus mecanismos. Esto es posible porque ya desde los fines de la
Edad Media se iba produciendo una separación entre la fe y la razón. Simultáneamente el mundo
social se va modificando a través del ascenso de la burguesía cuyo punto culminante desemboca en
la Revolución Francesa.

La teoría de Nicolás Copérnico (1473-1543) cambia radicalmente la concepción del universo,


que la tierra dejara de ser centro del cosmos, fue el punto de apoyo de una serie nuevos
posicionamientos que dieron origen a la ciencia moderna. La obra De revolutionibus orbium
coelestium es la descripción de la teoría heliocéntrica del universo, con las demostraciones
matemáticas necesarias para su justificación. El cambio astronómico radical que propone la teoría
heliocéntrica de Copérnico consiste en situar el sol en el centro del universo y hacer girar en torno al
sol todos los planetas, incluida la tierra, considerada ahora como un planeta más -el tercero en la
distancia desde el sol- y ya no como el centro inmóvil del universo, tal como toda la cosmología
aristotélica y ptolemaica la habían concebido.

Las figuras más relevantes de la revolución científica moderna son Galileo Galiiei (1564-
1642), Descartes (1596-1650), Johannes Kepler (1571-1610), Isaac Newton (1642-1727)

Los científicos de la Edad Moderna buscan sistematizar el quehacer científico y rigen sus
investigaciones mediante la aplicación de una metodología rigurosa. La atención de los científicos es
hacia los procedimientos del pensamiento, hacia las reglas y métodos de constitución del saber. Esta
temática ha sido ya analizada en el rubro “Objeto y método”. Pascal (1623-1662) afirma que todas
las ciencias deben someterse a la experiencia y al razonamiento y deben crecer para ser perfectas.

En la época moderna es recién cuando la palabra] ciencia se transformó en sinónimo de


búsqueda, de investigación. Este proceso de indagación y búsqueda debía tener un método
adecuado, para este objetivo, el método demostrativo aristotélico era criticado ya que no conducía a
nuevos conocimientos, sino que sólo servía para demostrar los principios ya establecidos. Esa
metodología limitaba las posibilidades creativas del pensamiento científico.

Descartes es quien mejor sistematiza los procedimientos metodológicos que deben conducir
la investigación científica. Las “Reglas para la Dirección del espíritu” están destinadas a este fin. Las
“Reglas” sólo son instrumentos operativos de la Razón. La Razón debe guiar todo este proceso.

En relación a estas cuestiones hay dos temas: uno referido específicamente al método (al
que ya hicimos referencia) y otro al lugar nodal de la Razón6 que propició la denominación de
“racionalismo”, referido al origen o fundamento del conocimiento y al de Ilustración con que se
caracteriza, al Siglo de la Luces.7

La mera acumulación de hechos de observación o de experiencia no constituye una ciencia:


los hechos deben ser ordenados, interpretados, explicados. Si no se somete a los hechos a un
tratamiento teórico no son datos científicos. La observación y la experiencia en sí mismas, o la del
sentido común no son las bases del conocimiento científico, siendo muchas veces un obstáculo.
Koyré (1984) insiste en no confundir la experiencia con la experimentación, siendo esta última la;
que pertenece al campo científico.
El experimentum de Galileo responde a esta concepción. Es desde una teoría que se
construyen los experimentos que luego pueden ser observados y que van a servir para convalidar o
descartar las hipótesis teóricas. Esta es la ciencia activa u operativa que no observa a la naturaleza,
sino que construye la observación. El método científico, para Galileo, implica un predominio de la
razón sobre la simple experiencia, la sustitución de la realidad empíricamente conocida por modelos
ideales, expresados en lenguaje matemático. En ese sentido la ciencia moderna difiere de la
tradición aristotélica, reemplaza los conceptos semicualitativos de la ciencia aristotélica por
conceptos cuantitativos.

Galileo propone conocer el espacio físico mediante la geometría euclidiana. Geometriza el


universo y modifica la concepción del movimiento.

“Todo el mundo sabe la importancia histórica de la ley de la caída, primera de las leyes
matemáticas de la nueva dinámica desarrollada por Galileo, la ley que establecía, de una vez para
siempre, que ‘el movimiento está sometido a la ley del número’.” (Koyré, 1984: 277).

Galileo será el primero en construir instrumentos, por ejemplo el telescopio realizado en


base a una teoría óptica. El camino de la ciencia moderna no fue fácil, Galileo es acusado por el
Santo Oficio, en el año 1616, por sostener “ideas copernicanas”, es enviado a la cárcel, debe abjurar
de sus ideas sobre el movimiento terrestre y admitir que son sólo suposiciones.

Los tiempos han cambiado, cuando Isaac Newton (1642-1727) presenta Los Principios
matemáticos de filosofía natural y sus ideas y su persona obtienen un reconocimiento público.

Los Principios de Newton reúnen los nuevos conocimientos de la física (las leyes del
movimiento de Kepler y las leyes de la caída de los cuerpos de Galileo) y de las matemáticas con el
cálculo infinitesimal de Descartes.

La teoría de la gravitación universal permite conceptualizar el universo, explicar el sistema


solar, el movimiento de los planetas. Newton construye una nueva mecánica y una teoría sobre la
luz.

Ni bien el hombre moderno empieza a descubrir los secretos de la naturaleza, se empeña en


dominarla. A la vez, al no ser Dios el Amo, Señor y Creador de la naturaleza y del hombre toda
posibilidad de avance sobre los límites últimos de la materia serán investigados y apropiados.

El valor dado a la razón, y a través de ella al dominio de la naturaleza, se convierte en una


concepción hegemónica cuyo sustrato sostiene que la ciencia va a conducir al progreso y al bienestar
de la humanidad. La ciencia debe iluminar el camino sociocultural. Las ideas deben difundirse y
todos deben participar de esta nueva fe. La certeza absoluta en la capacidad de la razón para
conocer, explicar y prever los fenómenos de la naturaleza y por ende de conducir al progreso
determinó el nombre con que se identifica esta etapa histórica: Ilustración.

Una temática a resaltar es el valor otorgado al método analítico, cuyo origen en la Edad
Moderna parte de la metodología propuesta por Descartes y apoyada en el cálculo matemático. Los
hechos se presentan como totalidades pero para su comprensión es necesario descomponerlos en
sus partes constitutivas, y elementos para proceder a su análisis, y luego componerlos nuevamente,
en una síntesis que contemple lo hallado. “Según Galileo, la ciencia de la naturaleza construye sus
conceptos racionales a partir de este trabajo de análisis o ‘resolutivo’-resolución, es decir,
separación de un todo en sus partes componentes y de síntesis o compositivo’.” (Moralejo, 2000).
Ciencia Contemporánea
Una serie de acontecimientos científicos rompe con la ciencia moderna. Estamos inmersos
en la actualidad en una nueva revolución epistemológica. La universalidad, la invariabilidad de las
leyes de la naturaleza han sido cuestionadas por nuevos conceptos científicos: evolución,
diversificación, inestabilidad, azar, complejidad, multiplicidad, indeterminación.

Desde la Antigüedad, con las posiciones de Parménides y Heráclito, el debate filosófico en


torno a lo permanente y al cambio, al ser y al devenir, siempre ha estado presente. En el Siglo XIX,
esta temática pasa a tener consecuencias científicas. La ciencia moderna newtoniana era atemporal.
La termodinámica que surge a partir de la formulación de la ley de la conducción del calor de
Fourier, al afirmar la transformación de la materia, introduce de lleno el problema del tiempo en la
ciencia.

La termodinámica que permitió grandes avances científicos y progresos a la humanidad -por


ejemplo, la máquina a vapor, basada en la transformación de la materia en energía-, aunada a los
nuevos conocimientos fisicoquímicos, va a traer consecuencias epistemológicas.

Una nueva concepción del tiempo quiebra la idea de la reversibilidad de éste. La manera en
que se lo pensaba permitía homologar pasado y futuro y suponer que el futuro estaba contenido en
el presente. Para la nueva física, esto es imposible ya que el tiempo es considerado irreversible.

La física tradicional, e incluso la física cuántica, garantizaban la previsibilidad del futuro e


incluso “retrodecir el pasado”, es decir suponer un pasado en base a datos actuales, la física de los
sistemas dinámicos inestables no nos posibilita esas certezas, sólo permite aventurar posibilidades,
conjeturas (Prigogini, 1998).

El problema del tiempo, que no tenía cabida en la dinámica newtoniana, pasa a ser central
en la nueva física. Esta es la física de los procesos de no equilibrio.

“La física del no equilibrio estudia los procesos disipativos caracterizados por un tiempo
unidireccional y al hacerlo otorga una nueva significación a la irreversibiiidad.” (Prigogini, 1998: 11).

Prigogini sostiene que esta nueva concepción permite entender desde los torbellinos, el
comportamiento de la radiación láser, hasta la aparición de la vida en la Tierra.

Las ciencias de la naturaleza conciben hoy un universo fragmentado, rico en diferencias


cualitativas y sorpresas potenciales. La ciencia actual ha constatado que las partículas más
elementales están en perpetua transformación.

La ciencia moderna concebía como eje central la objetividad del conocimiento. La verdad
estaba allí, escrita en “caracteres matemáticos” y con un método adecuado podíamos acceder a ella
y traducirla a leyes universales. Esta concepción apoyada en el auge de las Ciencias de la Naturaleza,
alcanza su cénit en la Edad Moderna, pero presenta límites para la física actual.

Si bien en la ciencia de avanzada contemporánea, los conceptos de orden y objetividad están


cuestionados por el valor de los fenómenos del azar y de la indeterminación, y los conceptos de
universalidad y de verdad inmutable son confrontados con los fenómenos de heterogeneidad y
multiplicidad, persisten en la práctica científica las concepciones de la ciencia moderna. La
persistencia epistemológica de los principios rectores de la ciencia moderna repercute de manera
particular en las ciencias sociales y humanas. Cuando nos adentremos en la historia de la psicología
va a evidenciarse el esfuerzo de algunas teorías psicológicas para adecuarse a la concepción
moderna de la ciencia y poder recibir el título de “científica”. El auge y la valoración de la medición,
de lo cuantitativo, limita la investigación (en recursos, en financiamiento) a las ciencias sociales y
humanas que a la vez encuentran, en otras metodologías, por ejemplo las técnicas cualitativas,
instrumentos más idóneos para dar cuenta de su especificidad.

La caída de los ideales científicos de la modernidad (el poder otorgado a la razón como
instrumento de conocimiento, la idea de una verdad universal, la creencia en el progreso como
destino ético y social de la ciencia) califica como posmodernidad la instalación un nuevo paradigma.
Esta concepción sostiene que las verdades son provisorias y contingentes, que el lenguaje siempre
conlleva una dimensión interpretativa (esta última temática va a ser retomada en el rubro giro
lingüístico) que el progreso científico ha acarreado serios problemas para el destino de la humanidad
y del planeta (armamentos destructivos de altísimo poder, desechos nucleares, contaminación
ambiental, los riesgos de la manipulación genética) (Pardo, 2000).

Clasificación de las ciencias


Dejando un poco de lado las complejidades que para nuestra formación presentan los
nuevos conocimientos en el campo de las ciencias físiconaturales, vamos a mencionar una
clasificación de las ciencias. A lo largo de la historia han existido distintas clasificaciones. Actualmen-
te se las suele dividir en relación al tipo de objeto que recortan para su estudio y al método
empleado para abordar dicho objeto. Se constituyen así dos grandes grupos: las ciencias formales y
las ciencias fácticas.

Las ciencias formales emplean conceptos cuyos referentes son conceptuales. Su objeto de
estudio, por tanto, son constructos conceptuales o formas, como cálculos, números, razonamientos,
teorías. No hacen ninguna referencia a la realidad empírica. La lógica y la matemática integran este
grupo.

Las ciencias fácticas emplean conceptos, cuyos referentes son cosas, objetos, procesos o
hechos que refieren a la realidad empírica. Las ciencias fácticas se dividen en ciencias naturales y
Ciencias sociales.

El objeto de estudio de las ciencias naturales es el mundo material. Recurren al método


experimental, al experimento, a la observación y a la cuantificación. Las ciencias de la naturaleza
buscan el conocimiento del mundo externo a través de leyes causales. Ejemplos de • ciencias de la
naturaleza son la física, la química, la biología, la botánica, la zoología.

Las ciencias sociales se ocupan del hombre y de todas sus producciones simbólicas: las obras
de arte, los documentos históricos, las instituciones sociales. Ejemplos de ciencias sociales son la
historia, la sociología, la ciencia política, el derecho, la sociología, la antropología, la psicología. Otra
denominación para este grupo de disciplinas es la de ciencias humanas o humanidades.

Wilhelm Dilthey diferencia entre ciencias de la naturaleza y ciencias del espíritu. Considera
que las primeras se apoyan en la explicación para dar cuenta de los fenómenos que estudian,
mientras que las ciencias del espíritu recurren a la comprensión.

La clasificación explicitada responde al modelo tradicional de la ciencia, los nuevos


posicionamientos aportados por la ciencia contemporánea, la posmodernidad o el denominado “giro
lingüístico” -que va a ser abordado a continuación— cuestionan esta clasificación.

Jacques Lacan propone la denominación de ciencias conjeturales con el objetivo de debatir y


resolver la oposición entre ciencias exactas y ciencias humanas. En esta clasificación el eje central
parte de la concepción del lenguaje como constituyente del sujeto y por ende de todas su
producciones.

El giro lingüístico
Habíamos afirmado, siguiendo a Rorty (nac. 1931), que es en la época moderna cuando se
concibe al conocimiento como un conjunto de representaciones y el problema, característico de ese
entonces, reflejado en las distintas teorías, era determinar cómo se originaba y cuál era la validez de
ese conocimiento. La herramienta privilegiada para guiar por el buen camino era la razón. Niestzche
(1844-1900) al sostener que la razón interpreta, va a hacer tambalear de ese pedestal a la razón.
“Nuestra razón... está sometida al flujo de lo histórico y estructurada lingüísticamente.” (Pardo,
1998: 223). El sujeto para Niestzche no es otra cosa que el resultado de un conjunto de fuerzas
interpretativas.

Una serie de filósofos convergen en una nueva manera de pensar al sujeto y a la realidad. A
fin de caracterizar este nuevo pensamiento, Gustav Bergmann (1906-1987) (citado en Scavino, 1999)
le denomina el giro lingüístico. La Hermenéutica y el Interaccionismo Simbólico son englobados
dentro de esta denominación. Esta nueva concepción se inicia con Martín Heidegger (18891976),
Ludwig Wittgenstein (1889-1951), y para nombrar sólo algunos de los integrantes de este nuevo
paradigma, citamos a Jürgen Habermas (nac. 1929), George Gadamer (nac. 1900), Jacques Derrida
(nac. 1930).

La hermenéutica, sostiene Dardo Scavino, es una filosofía de la finitud humana. “El ser
humano no puede sustraerse a su cultura, a su mundo histórico, a su comunidad, para ver las cosas
de una manera a-cultural, a-histórica”, y para afirmar este enunciado cita a Gianni Vattimo: “El
sujeto no es el portador del a priori kantiano, sino el heredero de un lenguaje histórico y finito que
hace posible y condiciona su acceso a sí mismo y al mundo.” (Scavino, 1999: 44).

En ese sentido la hermenéutica sostiene, en oposición a la racionalidad iluminista, que no


conocemos las cosas cal como son fuera de los discursos que hablan de ellas, discursos que crean o
construyen las cosas. El iluminismo suponía que el orden y conexión de las ideas correspondía al
orden y conexión de las cosas. El giro lingüístico se convierte en un constructivismo radical, al
sostener que las teorías científicas no descubren la realidad sino que la crean (Scavino, 1999).

Derrida, al criticar el concepto de sujeto autónomo de la modernidad, sostiene: “Sólo tengo


una lengua y no es la mía”. No le es propia, le viene del otro, no hay autonomía del sujeto, el sujeto
está sometido al nomos (normas, hábitos, costumbres) del otro, del logos (concepto que alude a la
palabra, el pensamiento, la razón universal, la ley, el discurso) ámbito inteligible que hace posible el
decir y el hablar.

Comenzamos esta primera parte de este trabajo dedicado al problema del conocimiento y al
desarrollo de la ciencia con los interrogantes que se planteaba Foucault a partir del texto de Borges.
Vamos a cerrarlo, antes de esbozar una historia de la psicología, con otro comentario de este autor.

Foucault plantea que la ruptura ente la modernidad y la posmodernidad se basa en la


concepción diferencial en relación al lenguaje. El lenguaje deja de ser la marca, la signatura de las
cosas o el revelador del orden para convertirse en el creador del orden. Pero además el pensamiento
moderno excluye la significación, elemento esencial en la posmodernidad. Si la pregunta moderna
podía ser ¿Qué es pensar? La pregunta actual es: ¿Qué es hablar?
La psicología y su historia
En los relatos históricos sobre la constitución de la psicología existe una posición muy
frecuente que es considerar su conformación como disciplina científica, a partir del momento en que
se desprende de la filosofía y se constituye como disciplina independiente, poniendo como punto de
partida la creación del Laboratorio de Psicología Experimental en Leipzig, en 1879. Consideramos
que es necesario revisar los fundamentos de esta posición y en ese sentido haremos un pasaje por
las concepciones teóricas que estudian la construcción de los sistemas científicos, pero al mismo
tiempo sostenemos que no sólo las consideraciones filosóficas impregnan todo quehacer humano
sino que, a la vez, es imposible pensar al sujeto y toda teoría psicológica-supone una concepción del
sujeto, fuera de los teorías y de las herramientas epistemológicas que brinda la filosofía.

Hemos mencionado a varios autores: Bachelard, Canguilhem, Foucault, Kuhn. Los tres
primeros enrolados en la nueva corriente epistemológica francesa, Kuhn con mayor peso en el
mundo científico anglosajón. La importancia de estos autores radica en que, actualmente la lectura
de la historia de una disciplina científica, en nuestro caso de la psicología, no puede pensarse sin el
marco referencial que aportan estos pensadores, e incluso no pueden entenderse algunos textos,
entre ellos la polémica conferencia de Canguilhem titulada “¿Qué es la psicología?” que es un
referente ineludible en coda historia de la psicología. La lectura de los libros de Foucault, entre
algunos de ellos Historia de la Locura en la edad clásica, Vigilar y castigar, Genealogía del racismo,
Microftsica del poder, no sólo es lectura para los psicólogos sino asimismo para los estudiantes de
Ciencias de la Educación, de Ciencias de la Comunicación, de Relaciones Industriales, ya que en ellos
podemos encontrar elementos para entender las relaciones de poder, y la construcción histórica de
saberes y sujetos.

La mención de estos autores es además porque sus postulados epistemológicos nos obligan
a tratar de explicitar, cuáles son los referenciales teóricos con que encaramos los temas que
trabajamos. Hoy no podemos hablar de método, de objeto ni de historia, en nuestro caso de la
psicología, sin decir desde qué lugar enfocamos su estudio.

Vamos a ir constatando a lo largo de este trabajo que el objeto de la psicología no ha sido el


mismo en las distintas etapas históricas. Los métodos para alcanzar un conocimiento también han
cambiado a lo largo de la historia de la constitución de la psicología. Todo lo dicho nos puede llevar a
concluir que no podemos pensar en un método, un objeto, una historia. Los diferentes métodos, los
objetos que encontremos en un recorrido histórico de la psicología, darán prueba de la implicancia
histórica de los conceptos y de los instrumentos de esta disciplina. No hay una historia de la
psicología sino historias.

No se puede negar la presencia de la psicología en la sociedad occidental actual. Y en


nuestro medio en particular. Los psicólogos son habitualmente consultados por los medios de
comunicación de masas frente a determinados acontecimientos. Algunos programas de televisión
actuales muestran la fuerte pregnancia de la imagen del psicólogo-psicoanalista. Un periódico local
tiene una vez por semana dos páginas dedicadas a la psicología. Pero allí mismo la diversidad de
corrientes teóricas, el mercado de ofertas diversas, de cursos, de alternativas terapéuticas se hace
evidente. Si bien se constata una hegemonía de lo clínico-psicológico-psicoanalítico coexiste una
diversidad y heterogeneidad en cuanto a teorías científicas, objetos, métodos y prácticas. Esta
situación muestra dos cosas: la existencia en los debates públicos de la problemática psicológica y la
diversidad de corrientes teóricas.
Las problemáticas de salud mental han entrado en la agenda pública; instituciones públicas
organizan reuniones para debatir temáticas actuales: violencia, malestar, adicciones, género y a nivel
legislativo se ha debatido y sancionado una ley de salud mental.

Kurt Dazinger, psicólogo alemán, postula que él crecimiento de la psicología en distintos


países ha posibilitado que el campo de la historia de la psicología se constituyera como un campo
legítimo del saber. Esta situación permite que la historia de la psicología se inscriba como una
disciplina más, en la historia de las ciencias.

Si se trata de construir la historia de la psicología, la primera pregunta que surge es: ¿Qué es
la psicología? Y esta pregunta nos enfrenta con un hecho (bien explicitado en el texto de
Canguilhem): la diversidad de objetos y de métodos. Una mirada rápida a los objetos de estudio que
pueden ser englobados bajo el concepto de psicología nos muestra, a lo largo de la historia, res-
puestas diferentes. Podía ser para Aristóteles el estudio del alma, el estudio de los hechos de la
conciencia, para la denominada psicología clásica, el estudio de la conducta, para los conductistas, o
el inconciente, para una concepción que parte de la postulación de una psicología Psicoanalítica. En
relación a los métodos nos encontramos con la observación, la introspección, el método
experimental, el método clínico.

¿Qué es la psicología? ha sido una pregunta polémica encarada duramente por Canguilhem,
en una conferencia, en diciembre de 1956, en el Colegio Filosófico de París. A Canguilhem se le
atribuye, a partir de entonces, haber decretado, la “muerte de la psicología”, por la crítica
demoledora que dirige a la psicología debido a la heterogeneidad de objetos, de métodos y de
prácticas, incluidos bajo su denominación. Y no es poco decir ya que Canguilhem es, como vimos, un
importante epistemólogo francés, siendo los epistemólogos, los científicos que se dedican a estudiar
la construcción de las teorías científicas.

Analicemos entonces qué pasa con el objeto y el método de la psicología. Un primer


elemento a considerar es que el objeto científico es una construcción teórica. El objeto de la
psicología (conciencia, conducta, inconciente) no está dado naturalmente, se lo construye en una
práctica científica. Esa misma práctica científica instituye un método para acceder a ese objeto.
Todos los objetos científicos son objetos con una existencia histórica. Cuando hablamos de la
construcción histórica de un objeto teórico, estamos apoyándonos en la concepción epistemológica
de Bachelard que mencionábamos antes. Nos referimos a que en cada momento histórico hay
condiciones específicas que permiten analizar, recortar y categorizar la realidad desde lugares
diferentes. Foucault, que profundiza los planteos de Bachelard, conceptualiza como episteme la
estructura subyacente que delinea el campo del conocimiento. La episteme brinda el lugar desde
donde el hombre queda instalado y desde el cual conoce. La episteme es lo que hace posible la
existencia de las figuras epistemológicas y de las ciencias (Foucault,-1982: 324) (ver nota 1).

Dazinger al estudiar la historiografía de la psicología postula que hay dos tipos de


historiadores de la psicología. Los psicólogos y los historiadores profesionales (no psicólogos). Las
historias realizadas por cada uno de ellos presentan ventajas y desventajas. Los psicólogos que
realizan una historia de su profesión, lo hacen desde una posición, sostenida por su pertenencia a
una escuela o a una corriente psicológica y desde este lugar, sus propias conceptualizaciones
imprimen un sesgo particular a la reconstrucción histórica que encaran. Pueden “favorecer” las
posturas o antecedentes vinculados con su teoría y olvidar o parcializar otras líneas teóricas. Pero la
ventaja es, según Dazinger, el mayor conocimiento de la disciplina. Los historiadores profesionales
están favorecidos por un mayor alejamiento de las disputas por las hegemonías teóricas, pero están
menos adentrados con los conceptos teóricos. Dazinger centra sus críticas en A History of
Experimental Psychology (Historia de la psicología experimental en su versión en español) de Edwin
G. Boring (1978), un clásico en los estudios históricos de esta disciplina. Considera que en ese texto,
la psicología experimental es la psicología. En la jerarquía tradicional los experimentalistas están en
la cúspide, la psicología social o la psicología de niños son “formas menores” (Dazinger, 1993).

Una manera de pensar la historia de la psicología es a partir de las lecturas que los diferentes
historiadores de la psicología hicieron de la obra de Boring (1978). A la psicología se le otorga el
atributo de científica a partir de la creación de los laboratorios de psicología experimental, y estas
historias descubren una paternidad: Wundt es el padre de la psicología científica. A la vez, la
atribución de cientificidad conlleva una lógica exclusión, la separación, el corte o la ruptura con la
filosofía, apoyada incluso esta exclusión, en muchas de las historias de la psicología, en un
borramiento de las posiciones de Wundt que no coincidían con este ideal científico.

Boring, en su capítulo sobre Wundt, expresa lo siguiente: “Wundt afirmaba que la psicología
es Erfahrungswissenschaft, la ciencia de la experiencia. No es metafísica y debe desarrollarse por sí
misma sin recurrir a la metafísica... [...] La psicología alemana había sido siempre metafísica. Wundt,
casi un filósofo, inauguró la tradición antimetafísica que aún persiste.” (Boring, 1978: 353).

En 1874 Wundt publica Physiologische Psychologie (.Psicología Fisiológica) que reedita en


1880. En 1881 crea la revista Philosophische Studien (Estudios Filosóficos) y es allí en donde publica
artículos sobre psicología experimental. La productividad de Wundt y el auge del laboratorio de
Leipzig posibilitan esta afirmación de Boring:

“En 1890 Wundt había logrado que la psicología experimental se estableciera de manera
permanente en el mundo de la ciencia. Había bautizado a la psicología, ‘psicología fisiológica. ”
(Boring op. Cit: 347).

Entre 1882 y 1899 Wundt escribe los siguientes libros Lógica: investigación de los principios
del conocimiento y de los métodos de investigación científica, Ética y sistema de filosofía científica.
Boring mismo se pregunta: “¿Fue Wundt un experimentalista y al mismo tiempo un filósofo?”
Analicemos su respuesta: “Esta pregunta es muy difícil de contestar. Es cierto que utilizando un
método racional filosófico, llegó a sus convicciones acerca de la psicología experimental, que fundó
un laboratorio, comenzó a publicar una revista experimental, dirigió investigaciones experimentales
y que siempre sostuvo sus teorías apoyadas en los resultados experimentales y sujetas a revisión a la
luz de nuevos experimentos, pero también es cierto que hizo todo esto, no porque por naturaleza
fuera un experimentalista, sino como resultado de sus convicciones filosóficas.” (Boring op. cit: 349).

En la temática que estamos desarrollando sobre las diferentes maneras de contar la historia,
sobre las lecturas de la historia, en el caso de Wundt, nos sirve para pensar en la configuración que
adquieren las disciplinas, los conocimientos científicos, y sus historias en los distintos contextos
socioculturales. En Alemania, existía una larga tradición filosófica, quizás los laboratorios
“exportados” a Estados Unidos, país carente de una tradición filosófica, se adecuaron y adecuaron
las historias y paternidades a ese modelo cultural. Esta situación puede haber condicionado la
visibilidad otorgada al Wundt experimentalista y el velamiento de su posición filosófica.

Dazinger deseando contrarrestar estos sesgos presentes en las historias de las ciencias,
afirma la necesidad de regirse por una postura crítica. En este aspecto su postura coincide con las
corrientes epistemológicas francesas que hemos mencionado. Dazinger postula que hay dos
maneras de concebir la historia.
• Una historia tipo “crónica”. El historiador funciona como “un cronista de corte” (justificaba la
intención de gobernar, desacreditaba a los rivales). Un ejemplo en EE.UU. sería la historia escrita por
Boring; esa psicología experimental era un modelo a imitar.

• Una historia crítica, que supone una estrategia en la investigación histórica.

• El compromiso por una historiografía crítica supone adoptar una postura frente a tres
coordenadas que conforman el marco inmediato del historiador

• Actitud crítica hacia los propios esfuerzos, cuestionar los compromisos y suposiciones del
historiador. La actitud crítica se extiende a las autoridades y fuentes históricas tradicionales, al
propio historiador y a la disciplina. No suponer un progreso lineal y ubicarse desde un paradigma
actualmente dominante, para desde allí, realizar el análisis de la historia.

• Abandonar el naturalismo ingenuo que supone que los objetos están dados naturalmente y
son “descubiertos” transformando así a la historia en una crónica de descubrimientos. Los objetos
como la inteligencia, las actitudes, la personalidad son construcciones históricas. En esto insiste
Dazinger, son construcciones humanas producidas por agentes sociales en condiciones históricas
específicas. Los objetos de la psicología, históricamente construidos, deben analizarse en relación
con la actividad constructiva de la que son producto. Dazinger no sólo menciona como objetos
construidos al objeto y al método de la psicología sino que postula otras actividades constituyentes
de objetos:

• teóricas que crean objetos conceptuales;

• prácticas que construyen objetos técnicos: tests mentales, datos experimentales;

• institucionales que definen objetos sociales como terapeuta, cliente.

• La historia debe distinguir los problemas que se. plantea un actor histórico específico y la
problemática dentro de la que opera. La problemática marca los límites de los problemas posibles,
define los esquemas, las imágenes, las metáforas, los términos en los que se formulan los
problemas. Una problemática no es privativa de un sujeto sino que surge en una interacción social.
No son los actores individuales los que funcionan como sujetos históricos, sino los grupos que
comparten una misma problemática. La historia crítica debe tener en cuenta a los sujetos colectivos.
La problemática define un área problema y prescribe la naturaleza general de las soluciones
aceptables. La problemática está en relación con intereses sociales.

Es muy loable el voto por una historia crítica de la psicología tal como la plantea Dazinger, el
interesado en estos temas puede encontrarse entonces, con los “olvidos históricos”, los
ocultamientos, las continuidades o las discontinuidades. Es claro que los poderes dominantes,
político-económicos determinan hegemonías o desapariciones. Así es lo sucedido con las teorías
psicológicas de Lev Vygotsky, enseñado, en nuestro medio, por José Itzigsohn en la década del 60
(vinculado a la reflexología y al materialismo histórico). Desapareció en las prácticas teóricas y
académicas de los 70, para resurgir a mediados de los 80 de la mano de los constructivistas sociales
norteamericanos.

Hugo Vezzetti, profesor de la materia Historia de la psicología en la Facultad de Psicología


de la UBA, autor y compilador de libros sobre la historia de la psicología y del psicoanálisis en la
Argentina, afirma que desde un presente se trazan líneas de fuerza que ordenan las temáticas del
pasado pero para posicionarse frente al acontecer del presente. Esta manera de construir la historia
implica que se conciba a los autores, o instituciones como expresión de una continuidad de un
discurso y de un saber teórico o aplicado y se los ordene en una secuencia lineal (Vezzetti, 1988).
Esta modalidad constructiva histórica permite ubicar a la última teoría científica en la cúspide del
saber y desde ese lugar calificar a las teorías anteriores. La frase de Canguilhem: “La anterioridad
cronológica es una inferioridad lógica” (Canguilhem, 1986: XVI) denuncia con precisión estas
posturas. En psicología el carácter de científico o precientífico puede enrolarse en esta concepción.

Los textos de la historia hacen referencia a otros textos. Narraciones, discursos que se dan
en un campo particular de fuerzas, en el cual las prácticas profesionales adquieren valor posicional
en la disputa por la hegemonía, por el mercado teórico, por el mercado laboral. Este campo
intelectual, como lo conceptualiza Pierre Bourdieu, no deja de ser un espacio complejo en el que
participan actores individuales, grupos, círculos, escuelas y en que circulan ideas, valores,- reglas,
que tejen redes de relaciones de poder internas y externas.

Unidad versus muerte


Una violenta polémica, como ya hemos mencionado, atravesó el campo de la psicología
luego de la conferencia pronunciada por Canguilhem, en diciembre de 1956, en el Colegio Filosófico
de París. Situación que fue reiterada, como comenta Elisabeth Roudinesco (1992), al publicarse la
conferencia dos años más tarde y al reeditarse en 1966 para los Cahiers pour l’analyse. Roudinesco
demuestra cómo esta conferencia fue un arma política en manos de los estudiantes de la Escuela
Normal Superior para desplazar al antifreudismo e imponer el “retorno a Freud” propulsado por
Jacques Lacan.

A partir de ese discurso, recordemos, se tematiza la “muerte de la psicología”.

La conferencia de Canguilhem era una respuesta al ideal explicitado por Daniel Lagache en el
programa que había establecido para la cátedra de Psicología General y cuya lección inaugural se
había titulado: “La unidad de la psicología” (Roudinesco, 1992). Lagache postula que “una de las
principales tareas de la psicología general es tratar de formular conceptos y principios funda-
mentales comunes a todas las psicologías...” (Lagache, 1995: 5). “La conducta es el objetivo central
de las investigaciones psicológicas.” (op. cit.: 11). “A modo de conclusión, trataremos de caracterizar
el espíritu de la psicología contemporánea, resumiendo las principales ideas que inspiran el
pensamiento y la investigación de los psicólogos hoy. Este intento responde a nuestra necesidad
intelectual de coherencia... El espíritu de la psicología contemporánea parece caracterizado especial-
mente por la necesidad de unidad, por el empleo de la noción de conjunto... (op. cit: 20)... por
divergentes que parezcan las disciplinas, los métodos y las doctrinas psicológicas, en muchos puntos
llegan a resultados y formulaciones análogos, cuando no idénticos; es así que la psicología
experimental, la psicología clínica, el psicoanálisis y la psicología, social se complementan; la primera
aporta los principios más simples y seguros; los otros los puntos de vista más abarcativos.” (op. cit.:
22).

Canguilhem sostiene que buscar la unidad de la psicología mediante una teoría general de la
conducta implica pretender una síntesis de la psicología experimental, la psicología clínica, el
psicoanálisis y la psicología social y de la etnología y que esta situación corresponde más a un pacto
de coexistencia pacífica que una esencia lógica. “De las dos tendencias entre las cuales el profesor
Lagache busca un acuerdo sólido: la naturalista (psicología experimental) y la humanista (psicología
clínica), se tiene la impresión que la segunda le parece tener un mayor peso. Esto es lo que explica,
sin duda, la ausencia de la psicología animal en esta exposición de las partes en litigio. Ciertamente,
es evidente que ella está incluida en la psicología experimental -que es en gran medida una
psicología de los animales- pero lo está como material sobre el cual aplicar el método. Y, en efecto,
una psicología sólo puede llamarse experimental en razón de su método y no en razón de su objeto.
Mientras que pese a las apariencias, es por el objeto más que por el método que una psicología es
llamada clínica, Psicoanalítica, social, etnológica. Todos estos adjetivos son indicativos de un solo y
mismo objeto de estudio: el hombre, ser locuaz o taciturno, ser sociable o insociable. En
consecuencia, ¿se puede hablar rigurosamente de una teoría general de la conducta, en tanto no se
ha resuelto el problema de saber si hay continuidad o ruptura entre el lenguaje humano y el
lenguaje animal, entre la sociedad humana y la sociedad animal?” (Canguilhem, 1956: 2).

Esta polémica se reactualiza en cada intento de formular una Historia de la Psicología.

Unidad versus crisis


En las diferentes historias de la psicología la necesidad de construir una visión armónica,
coherente y única de la psicología se pone de manifiesto. En el texto recién mencionado de Lagache
esto es evidente, pero vamos a citar como otro ejemplo la presentación al libro de Edna Heidbreder
Psicologías del siglo XX cuyo título en inglés era Seven psychologies realizada por los editores (Jaime
Bernstein es quien realiza la supervisión). Se cita allí una frase ya empleada en relación a la
psiquiatría “se va preparando el paso de la ‘época de las Psicologías’ a la ‘época de la Psicología.”
(Heidbreder, 1960: 9) (La bastardilla es nuestra). La autora misma muestra “la gran profusión con
que florecen los sistemas de psicología en suelo norteamericano” pero constata que “no hay un sis-
tema único y sólido” (op. cit: 17). Intentando encontrar algo que unifique escribe: “Los grupos
antagónicos se asemejan, cuando menos, en un aspecto todos ellos son infatigablemente
laboriosos.” (Op. cit: 20)

George Politzer postula que una psicología concreta debía ser el resultado del psicoanálisis y
el conductismo. Sería así una psicología positiva.

Si no existe unidad, se supone que hay una crisis en la disciplina. Antonio Caparrós en su
texto Crisis de la psicología: singular y plural Aproximación a algo más que un concepto
historiográfico cita una cantidad de artículos aparecidos en revistas desde 1904, en donde la preocu-
pación por la falta de unidad es la comprobación de la crisis de la disciplina y el riesgo de su
cientificidad (Caparrós, 1991).

Wolman, citado por Caparrós, sostiene que más que una disciplina “es un océano con sus
miles de corrientes y subcorrientes, mares y golfos, miles de islas y miles de millones de peces.”
(Caparrós op. cit: 14)

Origen del término psicología


Psicología significa etimológicamente estudio o ciencia del alma, de la psyché En la
antigüedad la psicología no era independiente de los sistemas filosóficos. Aunque se consideraba al
alma, la psyché como ser natural. Los estudios sobre el alma estaban en tratados sobre la metafísica,
la lógica, la física.

El término psicología fue usado por primera vez como título de una obra de Rodolfo
Goclenius (1547-1628) en 1590. La convalidación del término psicología está relacionada con dos
libros escritos por un discípulo de Leibniz, Christian Wolff: Psicología empírica (1732) y Psicología ra-
cional (1734), Sin embargo la difusión del término psicología se produce recién en el siglo XIX y es en
ese entonces cuando podemos situarla como una disciplina específica.

Construcciones teóricas para la historia de la psicología


Foucault (1957) en su descripción de la psicología de 1850 al 1950, ubica dos temáticas
básicas, que van a configurar las características de las concepciones psicológicas; a una la denomina
el prejuicio de la naturaleza y la otra se refiere al descubrimiento del sentido.

El perjuicio de la naturaleza: “La psicología del siglo XIX heredó de la Aufklarung (la
Ilustración) la preocupación por alinearse con las ciencias de la naturaleza y por reencontrar en el
hombre la prolongación de las leyes que rigen los fenómenos naturales. La determinación de
vínculos cuantitativos, la elaboración de leyes que operen a la manera de las funciones matemáticas,
la puesta en marcha de hipótesis explicativas, son los intentos por los cuales la psicología intentaba
aplicar, no sin artificio, una metodología que los lógicos creyeron descubrir en la génesis y el
desarrollo de las ciencias de la naturaleza. Así es como el destino de esta psicología, que quiso ser un
conocimiento positivo, vino a descansar sobre dos postulados filosóficos: que la verdad del hombre
se agotaba en su ser natural y que el camino de todo conocimiento científico debía pasar por la
determinación de vínculos cuantitativos, la construcción de hipótesis y la verificación experimental.”
(Foucault, 1957: 1).

La valoración de los principios que guiaban la práctica científica en las ciencias naturales
obligó a la psicología a buscar su validación científica al amparo de estas ciencias. La psicología, para
adecuarse a ese ideal científico, toma prestado los métodos y modelos de las ciencias naturales:

• El método físico-químico: es utilizado por todas las psicologías que como esquema de
análisis parten del análisis elemental y la asociación. Los fenómenos complejos deben analizarse,
como realiza el análisis químico con las sustancias complejas, para encontrar los elementos simples
que lo componen. A nivel de la percepción el elemento simple es la sensación. Una ley de carácter
universal, la asociación, rige las relaciones y agrupamiento entre los elementos.

• El modelo orgánico: con el mismo esquema que se estudiaba el cuerpo, en cuanto


organismo con sus reacciones espontáneas, sus procesos de adaptación y regulación, podían ser
estudiados los fenómenos psíquicos. A nivel psíquico se podía estudiar la regulación dolor-placer.

• El modelo evolucionista: el impacto y el auge de la teoría de la evolución de Darwin, traslada


temáticas y conceptualizaciones al campo de lo psicológico: el desarrollo de etapas evolutivas, la
herencia, lo adquirido. Permite luego realizar estudios comparativos entre los animales y los seres
humanos.

El descubrimiento del sentido: Foucault inicia este rubro ubicando como punto de partida
una concepción particular del hombre, no ya en su dimensión biológica, sino en su rasgo diferencial,
en su realidad humana, es decir en todo aquello que escapa a las determinaciones de la naturaleza.
“Tomar al hombre, no en el nivel de ese denominador común que lo asimila a todo ser viviente, sino
en su propio nivel, en las conductas en que se expresa, en la conciencia en la que se reconoce, en la
historia personal a través de la cual se constituyó.” (Foucault, 1994: 5).

La concepción de conducta de Pierre Janet conlleva esa idea del sentido. La conducta no es
un mero reflejo a un estímulo, sino que implica un proceso de regulación interno o externo. La
regulación interna puede estar relacionada por ejemplo con el sentimiento despertado por una
conducta, la alegría o la tristeza. Una regulación externa puede estar dada por la reacción de una
persona frente a una conducta y esta reacción es posible que condicione la conducta del primer
sujeto. Es decir la reacción funciona como un feed-back.
Una segunda vertiente en esta temática —el descubrimiento del sentido— que marca a las
psicologías, lo constituye la fenomenología. La fenomenología toma como objeto de estudio la
descripción de lo vivido, analizando el sentido inmanente de la experiencia vivida.

La última vertiente que plantea Foucault es el psicoanálisis. El problema que va a quedar


planteado con esta inclusión que realiza Foucault del psicoanálisis dentro de la psicología, es la
relación entre la psicología y el psicoanálisis.

“Pero ninguna forma de psicología dio más importancia a la significación que el


psicoanálisis. [...] es en el interior del sistema freudiano que se produce ese gran trastocamiento de la
psicología; es en el curso de la reflexión freudiana que el análisis causal se transformó en génesis de
significaciones, que la evolución dio lugar a la historia, y que la exigencia de analizar el medio
cultural sustituyó el recurso a la naturaleza.” (Foucault, op.cit.: 7).

Canguilhem en su sistematización discontinua organiza en tres grandes rubros la historia de


la psicología.

• La psicología como ciencia natural.

• La psicología como ciencia de la subjetividad.

• La psicología como ciencia de las reacciones y del comportamiento.

Vezzetti en su abordaje delinea tres líneas en la construcción de las disciplinas de


pensamiento e investigación psicológicas en el siglo XIX.

• Psicofísica y sus derivaciones en psicologías experimentales.

• El evolucionismo y sus efectos sobre la psicología comparada y evolutiva.

• Psicopatología y sus consecuencias en la clínica de la hipnosis y la psicoterapia.

Lucía Rossi, profesora de Historia de la Psicología de la Facultad de Psicología de la UBA en:


Para una historia de la psicología propone para poder elaborar una historia de la psicología basarse
en tres grandes construcciones:

• la conciencia;

• la conducta;

• el inconsciente.

Rossi, considera que estas tres construcciones son históricas y constituyen la trama
conceptual de las articulaciones fundamentales de la psicología.

Las sistematizaciones propuestas por Foucault, Canguilhem, Vezzetti y Rossi, si bien


responden a una base epistemológica común, la epistemología inaugurada por Bachelard, inician su
recorrido desde puntos de partida históricos diferentes. En relación con estas diferentes
sistematizaciones, en este trabajo, vamos a relevar algunas de estas conceptualizaciones como ejes
orientadores del relato histórico que proponemos.

I Psicología como ciencia natural


Canguilhem ubica en este rubro a Aristóteles. Así mismo postula una línea que desde el siglo
II a través de Galeno, seguido por Franz Joseph Gall (1758-1828) y Pablo Broca (1824-1880)
desemboca en la psicofisiológica.
Un primer sistema sobre lo que hoy podemos designar como hechos psicológicos lo
constituye el tratado De ánima de Aristóteles.

Aristóteles tiene una concepción orgánica o biológica del alma, en la medida que es principio
de la vida animal. El tratado aristotélico del alma es un tratado de biología general, un capítulo de la
física. El estudio del alma pertenece a la fisiología y está en el orden de la naturaleza. El objeto de la
física es el cuerpo natural y organizado. El cuerpo es una substancia, es materia y el alma es una
forma. El alma es la primera entelequia del cuerpo físico orgánico. El alma es una forma del cuerpo
viviente, no separada de la materia. Considera que no tiene sentido aclarar si el cuerpo y el alma son
una sola realidad, ejemplifica esta relación con la cera, porque sería como preguntar por qué la cera
y la forma que adquiere la cera son una realidad. Materia y forma se dan juntas, pero sólo a través
de la forma puede actualizarse la potencialidad inherente de la materia. El sentido de la unidad del
cuerpo y el alma es la relación de una actualidad con una potencialidad. El alma es lo esencial del
cuerpo. “Si el ojo fuera un animal, la vista sería su alma, pues la vista es la substancia o forma del
ojo”. El ver es potencial, es un atributo de los ojos pero se actualiza cuando abrimos los ojos y
miramos lo que está a nuestro alrededor. El alma es la causa o fuente del cuerpo viviente. El alma es
el principio de las operaciones del cuerpo orgánico, al alma se la define en función de lo que hace.
Hay distintos tipos de alma (vegetativa, animal, humana). La manera principal de operar del alma
humana es la racional. Hay en el alma humana otras formas de operar que son sensitiva,
imaginativa, nutritiva, apetitiva. Mediante las operaciones del alma, en especial la sensible y la
racional, el alma puede reflejar todas las cosas ya que todas son sensibles o pensables. (Ferrater
Mora, 1994: 112-113).

En la obra Parva naturalia hay descripciones de las características de las distintas etapas de
la vida, de la “psicología” del hombre y de la mujer, de los procesos de recordar y de fenómenos
ocultos que se encuentran en los sueños y en las adivinaciones. Aristóteles estudia los sentidos, el
aprendizaje, la memoria, la imaginación, el razonamiento. Relaciona los procesos de la memoria con
lo que posteriormente se denominará leyes de la asociación: contigüidad, similitud, y contraste.

El método era especulativo, se accedía al conocimiento teórico por especulación o


contemplación. Especulativo originalmente se relacionaba con observar desde una altura, no tenía
este término una faz peyorativa sino más bien era observar atentamente. El criterio de verdad de
Aristóteles era la evidencia: era verdadero aquello que parece aceptable a primera vista.

II Psicología como ciencia de la subjetividad


Descartes inaugura una nueva línea en la que puede inscribirse una serie de sistemas
psicológicos. En el Discurso del método podemos ubicar un nuevo racionalismo fundado en la
captación directa del sujeto pensante por sí mismo. Descartes, en la búsqueda de la verdad puede a
través de su duda metódica dudar de todo, pero la duda tiene un límite que es el Cogito ergo sum.
Yo pienso, luego yo existo, por lo tanto yo soy una cosa pensante. El yo se aprende a sí mismo como
naturaleza pensante. Significa también poseer en la conciencia. La concepción dualista de Descartes
postulaba la existencia de una sustancia pensante y de una sustancia extensa-no pensante. En las
respuestas a las segundas objeciones a las Meditaciones, Descartes dice que bajo la palabra
pensamiento comprende todo lo que está tan en nosotros que sommes (estamos-somos)
inmediatamente connaissants (conocientes) (en el texto en nota al pie agregan la palabra latina:
conscil). Así todas las operaciones de la voluntad, del entendimiento, de la imaginación y de los
sentidos son pensamientos. Estudia a los seres vivos desde una perspectiva fisicoquímica y considera
que todos los fenómenos que encuentra son de orden físico. Por ejemplo la reacción de un brazo
frente al acercamiento al fuego (es por esto que se lo menciona como “precursor” del concepto de
acto reflejo). Los movimientos se producen sin que el alma intervenga, son los espíritus animales
que mueven el cuerpo.

Las pasiones del alma es un tratado de psicofisiológica. Descartes postula que hay una unión
del alma y el cuerpo a través de la glándula pineal. Se puede ver esta unión en la descripción que
hace del odio: el pulso será igual o más pequeño y se siente una especie de calor áspero y picante en
el pecho. La interacción del alma y cuerpo se manifiesta en los fenómenos de volición, percepción y
comportamiento.

El yo pienso cartesiano abre una nueva etapa y es en ese sentido como lo sintetiza
Canguilhem bajo el rubro Ciencia de la subjetividad. “El yo personal” es elevado “hasta la altura de la
evidencia primordial y a la fuente de la razón misma” (Samaja, 1993: 343) pero a la vez es ubicar a la
subjetividad como condición de la posibilidad de la objetividad. En relación a la psicología, es el
ingreso de la conciencia como objeto de estudio.

Otro representante significativo en este rubro es John Locke. Locke se proponía estudiar la
vida mental. Su obra Ensayo sobre el entendimiento humano puede ser considerada “como el
primer intento de fundar, mediante un método analítico y descriptivo, una psicología in-
dependiente.” (Müeller, 1980: 233).

A modo de ejemplo transcribiremos algunos párrafos; los dos primeros ya hicimos referencia
al comentar la concepción empirista:

1. Todo hombre tiene conciencia de que piensa y como quiera que lo que ocupa su mente
mientras está pensando son las ideas que tiene, está fuera de toda duda que los hombres poseen en
sus mentes varias ideas tales como las expresadas en las palabras, ‘blancura, ‘dureza... En primer
lugar debemos inquirir como las alcanza el hombre”.

2. Supongamos que la mente es como nosotros decimos, un papel en blanco, vacío de


caracteres, sin ideas. ¿Cómo se llena? ¿De dónde procede el vasto acopio que la ilimitada y activa
imaginación del hombre ha grabado en ella con una variedad casi absoluta? A esto respondo con una
palabra: de la experiencia. En ella está fundado todo nuestro conocimiento...”. (Locke, 1984: 49).

“...otra fuente Con que la experiencia abastece de ideas al entendimiento es la percepción de


las operaciones de nuestra mente dentro de nosotros mismos... Estas operaciones cuando el alma las
refleja y considera, deparan al entendimiento otra serie de ideas... tales son ‘la percepción’, el
dudar’... y diferentes actos de nuestras propias mentes, de los cuales, siendo nosotros conscientes y
observándolas en nosotros mismos recibimos en nuestro entendimiento ideas tan distintas como las
que tenemos de los cuerpos que afectan nuestros sentidos”. (Locke, op. cit: 50). En este párrafo
podemos encontrar lo que Canguilhem va a sintetizar como sentido interno en su clasificación, de la
psicología.

“La identidad personal consiste, no en la identidad de sustancia, sino en la identidad de


conciencia.” (Locke, op.cit: 129).

Locke sostenía que había dos fuentes de ideas: la sensación y la reflexión. La sensación es
cuando llegan a través de los sentidos a nuestra mente cualidades sensibles que provienen de los
objetos exteriores y en la mente producen percepciones. La reflexión -a la que denomina sencido
interno- es una fuente secundaria de ideas, es decir son ideas sobre las ideas y de la forma en que
ocurren, son las operaciones de la mente que constituyen un segundo objeto de conocimiento.
La concepción asociacionista de Locke podemos ejemplificarla con esta frase: “Sea
cualquiera la naturaleza secreta y abstracta de la sustancia en general, todas las ideas que tenemos
de las distintas clases de sustancias particulares, no son más que diversas combinaciones de ideas
simples que coexisten por una unión desconocida de nosotros y que hace al todo subsistir por sí
mismo.” (Locke, op. cit: 111).

Dentro de este mismo rubro, psicología como ciencia de la subjetividad, Canguilhem


distingue el subrubro ciencia del sentido externo. Aquí podemos ubicar a la psicofísica de Gustav
Theodor Fechner (1801-1887) que es un intento de investigar al ser humano partiendo de la
medición de las sensaciones y de la manera en que esas sensaciones son registradas como
representaciones mentales.

Fechner se graduó en la Facultad de Medicina de Leipzig, y luego se interesó por la física y las
matemáticas; sus dificultades económicas colaboraron en el conocimiento de estas disciplinas,
tradujo 12 volúmenes de libros franceses de física y química. Sus conocimientos lo llevaron a ser
nombrado profesor de física en la universidad. Bajo el seudónimo de Dr. Mises, Fechner publicaba
diversos artículos, algunos satíricos sobre ciertos usos de la medicina que estaban de moda en ese
entonces y otros vinculados a temáticas psicológicas.

Luego de una crisis, por el exceso de trabajo, según relata Boring, emerge en Fechner una
preocupación religiosa y un interés por el problema del alma; le molestaba el materialismo
imperante en ese momento en la ciencia y sentía que tenía una misión filosófica. Fechner trataba de
encontrar una ecuación que estableciera la relación entre alma y materia. Postulaba una identidad
entre mente y cuerpo. Los resultados de sus experimentos los publicó en 1860, en su libro
Elementos de psicofísica. Buscaba la relación entre el estímulo físico (materia) sobre los órganos de
los sentidos (luz, sonido, peso) y la sensación producida por ese excitante, del orden del alma. Esta
relación entre la medida del estímulo y la medida de la sensación introduce la medición en el campo
de la psicología. Las historias tradicionales ubican a Fechner como un pionero ya que introduce la
medición y la experimentación en psicología.

Boring afirma: “Si decimos que la 'psicología científica’ comenzó en 1860, estamos
simplemente escogiendo un año convencional, el año de la publicación de los Elemente der
Psychophysik de Fechner. En la historia del pensamiento científico no existen acontecimientos
abruptos ni discontinuados” (Boring, 1978: 182). En esta cita queremos remarcar dos cuestiones. La
primera en relación al lugar que le otorga Boring a Fechner y lo expresa con los siguientes términos,
en el capítulo dedicado a Fechner: “Al fin hemos llegado al comienzo formal de la psicología
experimental y empezaremos con Fechner, no con Wundt, quien era 31 años menor que aquél, y
publicó sus trabajos psicológicos más importantes cuando era joven, dos años después de que los
trabajos de Fechner estaban haciendo época entre los científicos. Empezaremos con Fechner no
porque fuera un gran filósofo ni un gran fisiólogo, sino porque fue el primero en llevar a cabo con
todo el rigor científico una serie de experimentos que fueron la base para el establecimiento de la
nueva psicología, y que hoy todavía son el fundamento de la metodología psicológica.” (Boring,
1978: 297)

Siguiendo con esta línea de continuidad nos encontramos con Wilhelm Wundt (1832-1920) a
quien todos los manuales de historia tradicionales suelen ubicar como el iniciador de la psicología
experimental. Este título honorífico -para esa tradición historiográfica criticada por Dazinger- le es
otorgado en virtud de ser el creador del primer Laboratorio de Psicología Experimental en Leipzig, en
1879. Sus discípulos, según esa historia oficial, van a propagar por el mundo laboratorios de
psicología experimental, en especial en EE.UU. adonde emigran huyendo del nazismo.
Heidbreder inicia el capítulo “Los comienzos de la psicología científica “de su libro:
Psicologías del Siglo XX con la siguiente frase “El primer laboratorio de psicología fue fundado en
1879 por Wilhelm Wundt, el Leipzig. Esta frase figura casi inevitablemente en toda exposición acerca
del desarrollo de la psicología como ciencia. La referencia no es por completo exacta y la verdad que
contiene puede llevar a conclusiones falsas, pero como se acerca tanto a un hecho de importancia,
ha encontrado lugar seguro en la erudición psicológica.” (Heidbreder, 1960: 73).

Boring comienza el capítulo sobre Wundt afirmando: “Wundt es el psicólogo más importante
de la historia de la psicología. Es el primero, que sin reservas podemos llamar propiamente
psicólogo. Antes de él se hizo mucha psicología pero no había psicólogos... (...) Cuando lo llamamos
el ‘fundador de la psicología experimental, queremos decir que fue él quien promovió la idea de la
psicología como una ciencia independiente y que es él el más importante de los psicólogos.” (Boring,
1978: 338).

Wundt estudia medicina, porque, según sostiene Boring, las facultades de medicina en
Alemania proporcionaban un verdadero entrenamiento que permitía un fácil acceso al ejercicio
profesional, de allí surge la vertiente fisiológica de la psicología Wundt no estaba interesado en el
ejercicio de la práctica médica, su interés se dirigía a la fisiología. En 1856 estudia en el instituto de
fisiología de Johannes Müller, quien era considerado el fisiólogo más grande del mundo, y siguiendo
con las paternidades “el padre de la fisiología experimental”, Wundt se dedica durante un cierto
tiempo a enseñar fisiología para futuros médicos; bien pronto comienza a dar conferencias y a
escribir sobre psicología fisiológica y a partir de 1867, en Heidelberg dicta un curso con esa denomi-
nación. Publica, en 1873 Psicología fisiológica, obra que se reedita varias veces hasta 1911, con
cambios en las concepciones teóricas. En 1875 acepta una cátedra de filosofía en Leipzig, allí
comienza a dar conferencias y a hacer demostraciones experimentales. El laboratorio de Wundt
comienza a ser conocido y muchos futuros psicólogos experimentales se forman en él. A fin de
divulgar los trabajos, Wundt funda en 1881 la revista Philosophische Studien (Estudios filosóficos)
considerada como la primera revista de psicología experimental.

El objeto de la psicología, para Wundt, está conformado por las experiencias inmediatas.
Wundt que la psicología no era la ciencia de la “experiencia interna”, porque la distinción entre
experiencia interna y experiencia externa, sostiene, no es válida. El sentimiento es “interno” en la
medida en que es consciente subjetivamente, y la percepción es “externa” en cuanto se refiere a
objetos, pero la psicología tiene que ver con ambas. No existe un “sentido interno”, la percepción no
tiene que ser percibida para que sea una percepción, simplemente ocurre (Boring, 1978).

La psicología no se ocupa de la experiencia interna sino de la inmediata. Las experiencias


inmediatas del individuo son accesibles tan solo por medio de la introspección, método que consiste
en pedir al mismo individuo un informe sobre lo que piensa o siente, o sea sobre sus estados
subjetivos. El método es también analítico. Consiste en disociar en elementos los procesos
conscientes y buscar las leyes que rigen las conexiones. Este método fracasa con el estudio de
procesos superiores y entonces estos procesos son descartados como objeto de estudio de la
psicología experimental.

El método analítico-aditivo de la ciencia moderna es incapaz de dar cuenta de los procesos


que se producen cuando hay interrelación entre las partes. La propiedad aditiva, que se apoya en las
matemáticas, sólo puede calificar y definir los aspectos cuantitativos, pero los sistemas o estructuras
dinámicas cuyo rasgo esencial está constituido por la relación entre las partes, no pueden ser estu-
diados con esta metodología. En ese sentido para estudiar los hechos humanos se requiere un
procedimiento radicalmente diferente. Será la teoría de la Gestalt la que va a introducir un nuevo
paradigma al postular que el todo es más que la suma de sus partes.

Según Wundt, los procesos superiores deben ser estudiados a través de la historia de la
naturaleza humana, su Psicología de los pueblos se encamina hacia ese objetivo. Boring sostiene que
Wundt nunca afirmó que el método experimental fuera adecuado para toda la psicología.

La psicología de Wundt tiene como objeto de estudio los estados subjetivos, es decir estados
conscientes. Rossi sostiene que la conciencia como objeto de estudio persiste largo tiempo, aunque
con cualidades diferentes: en Edmund Husserl (1859-1938) y Maurice Merleau-Ponty (1908-1961)
como conciencia perceptiva, en Jean Paul Sartre (1905-1980) como conciencia política.

III Psicología como ciencia de las reacciones y del comportamiento


El conductismo va a contraponerse al método de la introspección y a plantear un nuevo
objeto de estudio. El objeto de estudio es la conducta observable. El método es la observación
experimental.

En 1913, en una revista de psicología estadounidense, Psychological Review, aparece un


artículo de John B. Watson titulado: “La psicología tal como la ve un conductista”: es el acta de
nacimiento de una nueva concepción psicológica, el behaviorismo o conductismo. Según esta
concepción, una psicología verdaderamente científica, no podría tratar sobre otra cosa que no fuera
la conducta objetivamente observable de los organismos tanto animales como humanos. Watson
combate cualquier resabio mentalista, ya que lo aleja del ideal positivista.8 El conductismo se
postula como el comienzo de la psicología como ciencia, calificando a todo antecedente en la
materia, como “no científico”. Watson considera que la psicología debe predecir, prever y controlar
la conducta. El método experimental es el único método científico para el estudio de la conducta,
acorde a lo que afirman los conductistas.

Quizás convenga cerrar todo lo expuesto hasta el momento, en relación a la historia de la


psicología con una cita de Paul Fraisse en donde puede encontrarse sintetizada la concepción de
ciencia, de psicología y del ser humano presente en las escuelas y teorías psicológicas mencionadas.
Esta cita a la vez, nos va a permitir señalar el corte o ruptura epistemológica con lo que va a ser
descripto en el rubro: descubrimiento del sentido.

“La psicología se llama experimental por su método, establecido con la intención de


constituir la psicología como ciencia. Puesto que ciencia es el conocimiento de las leyes de la
naturaleza, la psicología científica se esfuerza por extender el campo de la ciencia hasta el animal y
el hombre, considerados como parte de la naturaleza. Por cierto, la experimentación no es el único
método de la ciencia y, sin duda alguna, la psicología científica no se sustenta ni se sustentará jamás
en un conjunto de conocimientos extraídos únicamente a partir de la experimentación. La
observación, en todas sus formas, ocupará siempre en ella un lugar importante, pero esta
observación podrá cuestionarse tanto menos en la medida en la que se la considere como un
momento del procedimiento experimental, al que habrá que limitarse cada vez que las características
de los hechos o las exigencias morales impidan recurrir a la experimentación. Esta última sigue
siendo el ideal científico, puesto que es cierto que no conocemos adecuada y exhaustivamente un
hecho sino cuando podemos reproducirlo. En este momento, la ciencia puede no sólo predecir los
fenómenos sino también llegar a aplicaciones científicas.” (Fraisse, 1972:10).

Paul Fraisse describe cuatro etapas básicas en el método experimental:


- La observación que permite descubrir hechos significativos y conocerlos con precisión.
- La formulación de las hipótesis acerca de las relaciones que pueden existir entre los hechos.
- La experimentación propiamente dicha cuya meta es la verificación de las hipótesis.
- La elaboración de los resultados y su interpretación.

IV El descubrimiento del sentido


En párrafos anteriores habíamos descripto la sistematización propuesta por Foucault, el
descubrimiento del sentido. Como uno de los rasgos fundamentales que identifica en su relato
histórico de la psicología mencionamos a la psicología de Pierre Janet, a la fenomenología y al
psicoanálisis. En la medida en que es imposible extenderse en una descripción de todas las teorías o
escuelas psicológicas, en este rubro vamos a plantear sólo el psicoanálisis y la psicología clínica.

El problema ya planteado es si el psicoanálisis puede ser incluido dentro de la psicología


como una vertiente más. Rossi lo incluye. Canguilhem lo excluye de su polémica conferencia, pero lo
excluye, como bien plantea Roudinesco para enaltecerlo, para confrontarlo con la psicología.
Controversia, que bien se inscribe en ese campo de fuerzas y de luchas de poder descriptas por
Bourdieu y Foucault.

Sigmund Freud (1956-1939) demuestra las falencias de las psicologías de la conciencia y lo


excluido por ellas: el sujeto y su deseo. A partir de Freud un nuevo objeto de estudio se instaura: el
inconsciente. Freud, como buen hijo de su tiempo, no estuvo ajeno al auge de las ciencias naturales,
de sus esquemas y metodología; los modelos y las metáforas Freudianas están impregnadas de las
ciencias de la época, la física, la fisiología. Incluso consideraba al psicoanálisis una ciencia de la
naturaleza (Assoun, 1982). Sin embargo sus propios aportes y los desarrollos posteriores del
psicoanálisis van a implicar una ruptura con ese ideal científico.

Freud demuestra que una serie de temáticas subjetivas: olvidos, síntomas, sueños, chistes
son descifrables y tienen un sentido que puede ser reconstruido mediante la asociación libre.

“La suposición de que el ser humano es descifrable, indica sostener la hipótesis de que en él
habita algo cifrado, una suerte de jeroglífico de lenguaje que lo determina, susceptible de ser desci-
frado por un código cerrado enigmático que desconoce. Ese jeroglífico no es ningún signo o escritura
extraña, está hecho de las mismas palabras que nuestra lengua materna, la que nos determina...”.
(Indart, s/f:25).

La técnica de acceso al inconsciente, para el psicoanálisis, es la asociación libre. El paciente,


en una situación terapéutica, es invitado a hablar libremente. En el discurso emergerán los
cortocircuitos: los lapsus, los olvidos, que van a posibilitar, mediante las asociaciones que surjan,
desplegar ese otro discurso que determina al sujeto más allá de su voluntad.

Emparentado con el psicoanálisis surge la psicología clínica. Lightner Witmer fue el primero
en utilizar las expresiones “psicología clínica”, “método clínico en psicología”. La psicología clínica se
nutrió de la psicopatología y de la medicina, adoptando el método de la observación clínica que
éstas instrumentaban para profundizar en el estudio de la enfermedad de un paciente y arribar a un
diagnóstico. Originalmente, en el campo médico, lo clínico refiere al permanecer cerca de la cama
del paciente para realizar la observación del proceso de enfermedad.

A través del método clínico se intenta lograr un estudio profundo de la problemática de un


sujeto, indagando en su historia personal y en la historia del síntoma o motivo de consulta. En la
entrevista, a través de la anamnesis se busca recoger los datos de la historia del sujeto, del problema
que trae, del motivo de consulta. A esta indagación clínica se fueron incorporando, para profundizar
el diagnóstico pruebas psicológicas, tests.

Las corrientes positivistas atacan al método clínico porque lo consideran como no científico.
Juan Samaja, defendiendo la cientificidad del método clínico, afirma que “cuando un terapeuta
observa científicamente a un paciente no lo hace desde una subjetividad ingenua, pero tampoco ar-
bitraria” (Samaja, 1993:149). Sostiene que el contexto clínico es una institución social cuyas técnicas
y normas de funcionamiento se han formado y transformado a lo largo de milenios. Es una
institución social en la medida en que sus modalidades de funcionamiento están pautadas y forman
parte del aprendizaje sistemático, explícito o adquirido en el contexto de la socialización profesional.

Aquí hacemos un corte, ya que no es nuestro propósito hacer una historia de la psicología,
sino tan solo poder sistematizar algunas instancias de esta multiplicidad de objetos y métodos.

Desafíos para la psicología


Dazinger critica el naturalismo ingenuo con que los historiadores y los psicólogos encaran el
estudio de la historia de la psicología, porque suponen una correspondencia esencial entre el
conjunto de categorías psicológicas más recientes y una naturaleza humana invariable. Considera un
error conceptual el suponer que las categorías de la ciencia psicológica actual se corresponden con
la arquitectura universal de la subjetividad humana. Recomienda distinguir entre el lado subjetivo de
la existencia humana y la forma en que lo construye la psicología a través de sus conceptos y
métodos. Sostiene que no existe ningún conjunto de conceptos psicológicos que haga justicia a la
realidad de la subjetividad humana ni hay ningún conjunto de preceptos metodológicos que no
distorsione esa realidad.
Notas:
Episteme: "Por episteme se entiende, de hecho, el conjunto de las relaciones que pueden unir, en
una época determinada, las prácticas discursivas que dan lugar a unas figuras epistemológicas, a
unas ciencias, eventualmente a unos sistemas formalizados: el modo según el cual en cada una de
esas formaciones discursivas, se sitúan y se operan los pasos a la epistemologización, a la
cientificidad, a la formalización; la repartición de esos umbrales, que pueden entrar en coincidencia,
estar subordinados los unos a los otros, o estar desfasados en el tiempo; las relaciones laterales, que
pueden existir entre unas figuras epistemológicas o unas ciencias en la medida en que dependen en
prácticas discursivas contiguas pero distintas. La episteme no es una forma de conocimiento o un
tipo de racionalidad que, atravesando las ciencias más diversas manifestara la unidad soberana de
un sujeto de un espíritu o de una época: es el conjunto de las relaciones que se pueden descubrir,
para una época dada entre las ciencias cuando se las analiza al nivel de las regularidades
discursivas." (Foucault, 1969:322). >

2. Lista de autores de la Edad Moderna y algunos de sus textos que dan cuenta de la inquietud por el
problema del conocimiento. Sus teorías sobre el conocimiento son referentes esenciales de todo
debate sobre el conocimiento:

• René Descartes (1596-1650): Discurso del método para conducir bien a la razón y buscar la
verdad en las ciencias. El Discurso del método.

• Gotífried Wilhelm Leibniz (1646-1716): Nuevos ensayos sobre el entendimiento humano.

• John Locke (1632-1704): Ensayo sobre el entendimiento humano.

• George Berkeley (1685-1753): Principios del conocimiento humano.

• David Hume (1711-1776): Ensayos filosóficos sobre el entendimiento humano. >

3. El material de base para este tema ha sido extraído del artículo “El conocimiento en Kant" de Juan
José Colella y Silvia Diana Maeso. >

4. El material que se presenta, en los rubros: Historia de la Ciencia en la Antigüedad, en la Edad


Moderna y la Edad Contemporánea ha sido publicado en parte en: Sorokin (coordinadora, 1998):
Ciencia, investigación y sociedad, Editorial Estudio, Bs. As. >

5. Nicolás de Cusa (1401-1464) aplica esquemas matemáticos para ilustrar sus concepciones sobre la
divinidad y el mundo, Pico della Mirándola realiza una interpretación totalmente matemática del
mundo, Giordano Bruno concibe un universo infinito y en constante transformación. >

6. La razón, en el racionalismo del siglo XVII, es la facultad que permite acceder a los principios del
ser; al descomponer lo complejo y llegar a lo simple se suponía que se podía conocer y reconstruir la
realidad. La razón para la Ilustración es una fuerza que puede transformar lo real. >

7. El “Siglo de las Luces", la Ilustración, la “razón ilustrada” son conceptos que se aplican para
denominar un periodo histórico, del siglo XVII y XVIII, hegemónico en Francia, Alemania, e Inglaterra
que se caracterizó por la confianza absoluta en el poder de la razón para conocer y reorganizar la
sociedad en base a principios racionales. Conjunto sistemático de ideas filosóficas y políticas que se
caracteriza por una confianza plena en la razón, la ciencia y la educación, para mejorar la vida
humana y una visión optimista de la vida, la naturaleza y la historia, contempladas dentro de una
perspectiva de progreso de la humanidad, junto con la difusión de posturas de tolerancia ática y
religiosa y de defensa de la libertad del hombre y de sus derechos como ciudadano. La importancia
de la razón crítica, que es pensar con libertad, ha de ser como la luz de la humanidad, está presente
en la misma raíz de las palabras con que, en los distintos idiomas, se significa este periodo: Siglo de
las Luces en español, Siécle des Lumiéres en francés, Enlightenment en inglés. >

8. Positivismo: doctrinas filosóficas que se fundan en realidades concretas y en realidades accesibles


a los órganos de los sentidos. Augusto Comte (1798-1857) es quien desarrolló la "filosofía positiva".>

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