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No existe una definición legal sobre el tema en estudio, sin embargo, encontramos una

noción en el artículo 1896 del Capítulo Cuarto, De la gestión de negocios; del Título
Primero, Fuentes de las obligaciones; de la Primera Parte, De las obligaciones en
general; del Libro Cuarto, De las obligaciones; del Código Civil para el Distrito Federal,
mismo que a la letra dispone:

“…Artículo 1896. El que sin mandato y sin estar obligado a ello se encarga de un asunto
de otro, debe obrar conforme a los intereses del dueño del negocio…”.

En virtud de lo anterior, le corresponde a la doctrina definir esta figura; al respecto Fausto


Rico Álvarez y Patricio Garza Bandala comentan que la Gestión de Negocios es una
“…administración (y/o defensa) espontánea deuno o más asuntos patrimoniales ajenos,
estos es, sin haber tenido encargo alguno por parte del interesado, ni el deber derivado
de una obligación legal…”

Manuel Bejarano Sánchez define esta figura como “…la intromisión intencional de una
persona que carece de mandato y de obligación legal, en los asuntos de otra, con el
propósito altruista de evitarle daños o de producirle beneficios…”

Manuel Borja Soriano, citando a Rossel, comenta que “…La gestión de negocios
consiste en el hecho de que una persona (el gestor) administre voluntariamente el
negocio de otra persona (el dueño) sin mandato de parte de este último…”.

DERECHO ROMANO.

La Gestión de Negocios, ya era contemplada como una fuente de obligaciones en las


Instituciones de Justiniano; aquellas eran divididas en cuatro, según la fuente de donde
procedían, tomando en cuenta su origen: las que nacían de un contrato, de un delito,
como de un delito o como de un contrato; siendo esta última la que nos interesa. La
obligación nace como de un contrato cuando tiene su causa en un hecho lícito distinto
de la convención, es decir, lo que en la doctrina francesa o clásica del hecho jurídico se
conoce como cuasicontrato.
Esta división, que llegó a ser clásica, parece haber sido tomada de Gayo, ya que en el
libro secundo aureorum, menciona que las obligaciones derivan de los contratos, de los
delitos y de otros hechos diversos; y en el libro tertio aureorum, se utiliza con frecuencia
la expresión quasi ex contractu, como de un contrato, de lo anterior Justiniano tomó la
base para la división que se menciona en el párrafo anterior.

En la doctrina romana, las partes en la Gestión de Negocios se nombraban como


negotiorum gestor, aquél que voluntaria y espontáneamente se hacía cargo de los
negocios de otro, y dominus, el dueño del negocio. De igual manera se establecían las
obligaciones de ambas partes, mismas que han perdurado a través del tiempo y sido
adoptadas por las doctrinas posteriores.

El negotiorum gestor tenía la obligación de rendir cuentas de su gestión al dominus,


mientras que este, por su parte, debía indemnizar al primero por sus gastos.

DOCTRINA FRANCESA O CLÁSICA.

En esta corriente, como en la doctrina romana, la Gestión de Negocios continúo siendo


encuadrada dentro de los cuasicontratos, partiendo de la teoría del hecho jurídico que
consagra el pensamiento francés y que predomina en nuestro actual Código Civil.

Los juristas franceses entre los cuales se encuentran exponentes tan destacados como
Bonnecase, Pothier y Capitant; desarrollaron una teoría del hecho jurídico, aceptada por
muchas legislaciones, incluida la nuestra, considerada el día de hoy como clásica y que,
sin embargo, poco a poco ha sido superada por la doctrina alemana, misma que se
aborda en el punto siguiente del presente análisis.
Toda vez que la teoría del hecho jurídico no es materia del presente estudio, me limitaré
a señalar esquemáticamente la división que la citada doctrina daba al hecho jurídico, lo
anterior para poder dar al lector un entendimiento completo sobre el punto de vista en
que la teoría francesa estudia a la Gestión de Negocios.

I. Hecho Jurídico (Latu sensu).

a) Acto Jurídico.

1. Unilateral.
i. Testamento.

2. Bilateral.

i. Convenios.

ii. Contratos.

b) Hecho Jurídico.

1. Del hombre.

i. Voluntario.

- Lícito.

- Ilícito.

ii. Involuntario.

- Lícito.

- Ilícito.

De la naturaleza.

La división toma como punto de partida el hecho jurídico en sentido amplio, al respecto
Rafael Rojina Villegas comenta que “…En sentido general la doctrina francesa habla de
hechos jurídicos, comprendiendo todos aquellos acontecimientos naturales o del
hombre que originan consecuencias de derechos…”; a partir de este punto la doctrina
divide al Hecho Jurídico latu sensu, en Acto Jurídico y Hecho Jurídico strictu sensu,
siendo este último el

que nos interesa, y que por definición es “…todo aquel acontecimiento natural o del
hombre generador de consecuencias de derecho, no obstante que cuando proviene de
un ser humano, no existe la intención de crear esas consecuencias…”
En efecto, la doctrina francesa considera que en el Hecho Jurídico en sentido estricto,
la voluntad de la persona existe, pero no se exterioriza en el sentido de crear
determinadas consecuencias de derecho, pudiendo incluso, la persona desconocer la
existencia de las mismas en su totalidad.

Ahora, la figura definida en el párrafo que antecede puede tener dos tipos de
manifestaciones, el Hecho Jurídico en sentido estricto del hombre y el de la naturaleza;
sobra decir que esta clasificación depende totalmente de la fuente que la genera.

Es un hecho proveniente de la naturaleza aquél en el que no participa la voluntad del


hombre, pero que crea consecuencias en el mundo del derecho, como un terremoto, el
nacimiento o la muerte misma; y un hecho del hombre, todos aquellos acontecimiento
que producen consecuencias jurídicas, que implican una manifestación de la voluntad,
pero ésta no interviene en la producción de las consecuencias que se generan; éste
último puede ser, según la doctrina en estudio, involuntario o voluntario, dependiendo
del grado en que la voluntad del hombre participe. Por último y siendo el aspecto que
resulta relevante en este estudio, los

Hechos Jurídicos, en estricto sentido, provenientes del hombre voluntarios, pueden


dividirse en lícitos e ilícitos, los primeros son los cuasicontratos y los segundos los
cuasidelitos.

En efecto la doctrina francesa también encuadra la Gestión de Negocios dentro de los


cuasicontratos, ya que es una manifestación voluntaria del hombre, que produce
consecuencias jurídicas, pero dicha voluntad no va encaminada a producirlas.

DOCTRINA ALEMANA.

La doctrina francesa y la alemana, parten de los mismos razonamientos y juicios para


clasificar y definir a los diversos acontecimientos jurídicos, sin embargo la segunda
profundiza y analiza de una manera más objetiva, real y lógica dichos acontecimientos.
Ambas teorías, además, parten del hecho jurídico en sentido amplio como fuente para
la división que proponen.
Sin embargo cabe destacar, no obstante sale del tema de estudio del presente, que la
aportación más importante de esta corriente de ideas es la introducción de un concepto
totalmente nuevo el Negocio Jurídico.

No obstante lo anterior, lo que es necesario comentar respecto de esta doctrina, es la


conceptualización que la misma hace del Acto Jurídico como especie del Hecho Jurídico
latu sensu; al definir a aquél como “…todo acontecimiento voluntario al que el
ordenamiento legal ya le ha señalado las consecuencias a actualizarse por su
verificación…”

Es decir, para la teoría alemana, en el acto jurídico efectivamente participa la voluntad


del hombre al realizar el acto, y las consecuencias se dan, por disposición de ley; sin
importar que el ejecutante quiera o no que, dichas consecuencias, se produzcan; o,
incluso, el desconocimiento de la modificación en el mundo del derecho que su
actuación causó, no es factor para reducir dicha actuación a un Hecho Jurídico strictu
sensu.

Expuesto lo anterior no es difícil adivinar que dentro de la teoría alemana, la gestión de


negocios es un Acto Jurídico, ya que la voluntad del gestor, al encargarse de los asuntos
del dueño, le da ese tinte; no es relevante que la voluntad del ejecutante no esté
encaminada a la producción de las consecuencias jurídicas que esto implica, ya que las
mismas las establece la propia ley.

OBLIGACIONES DE LAS PARTES.

A) DEL GESTOR:

i) Debe obrar conforme a los intereses del dueño.

ii) Debe realizar su gestión como haría en el caso de que el negocio fuera propio, en
términos del derecho romano, como un buen Pater Familias.

iii) Debe avisar al dueño de la gestión tan pronto como sea posible, esperando su
decisión, a menos que cualquier tipo de demora implique un riesgo inminente para el
dueño.
iv) Si no fuere posible dar aviso al dueño, debe continuar con la gestión hasta la
conclusión del asunto.

B) DEL DUEÑO:

i) Cuando el asunto fue gestionado útilmente, debe cumplir con las obligaciones que el
gestor hubiere contraído a su nombre.

ii) Debe pagar los gastos que el gestor hubiere erogado con motivo de la gestión; sin
embargo para tal efecto se deben seguir ciertas reglas marcadas por la propia Ley.

a) Si la gestión fue útil, o bien, tuvo por objeto liberar al dueño de un deber impuesto
por interés público, deben pagarse todos los gastos necesarios que hayan sido
erogados por el gestor, con su correspondiente interés legal; y hasta la concurrencia de
los beneficios

obtenidos por el dueño.

b) Si la gestión es contra la voluntad expresa del dueño, sólo surge la obligación de


pagar los gastos hasta el alcance de los beneficios obtenidos por aquél.

GESTIÓN DE NEGOCIOS CONTRA LA VOLUNTAD DEL DUEÑO.

No obstante lo expuesto en el punto que antecede, la gestión surte efectos aún contra
la voluntad del dueño, por lo que el mismo está obligado a pagar los gastos que se
hubieren generado, cuando la misma se realiza con objeto:

A) De cumplir un deber impuesto por interés público.

B) De proporcionar alimentos al acreedor alimentario que los necesita.

C) De pagar los gastos funerarios, y en este caso, la obligación de satisfacer los gastos
es a cargo de aquellos que hubieren tenido la obligación de proporcionar alimentos a la
persona de cuyo funeral se trata.
DIFERENCIAS CON EL MANDATO.

Desde la doctrina romana, la Gestión de Negocios se ha llegado a confundir con el


Mandato, lo anterior, en efecto, tiene una razón de ser, ya que ambas figuras refieren y
regulan la actuación de una persona en los asuntos de otra; sin embargo, las diferencias
entre las dos instituciones hacen clara una individualidad total y separada la una de la
otra.

CONTENIDO DE LA GESTIÓN.

El artículo 1896 del Código Civil para el Distrito Federal, al dar una noción de la Gestión
de Negocios, utiliza la expresión “…se encarga de un asunto de otro…”; por su parte el
artículo 2546 del mismo ordenamiento, al definir el Contrato de Mandato, menciona que
“…ejecutar por cuenta del mandante los actos jurídicos…”.

En efecto, los alcances de lo que puedo hacer el gestor y el mandatario, son totalmente
incompatibles.

El Gestor tiene un panorama bastante amplio respecto a las acciones que puede llevar
a cabo para encargarse del o los asuntos ajenos, abarcando indistintamente hechos,
actos jurídicos e, incluso, negocios jurídicos.

Por su parte el Mandatario sólo puede ejecutar actos jurídicos. Además, y de la misma
lectura de los artículos citados, se desprende que el Gestor puede hacer cualquier cosa,
ya sea que esto implique la realización de un hecho, acto, sea éste jurídico o material,
o negocio jurídico, para proteger el asunto ajeno, siempre obrando conforme a los
intereses del dueño, históricamente, actuando como un buen pater familias. Lo anterior
implica que muy probablemente, a menos que la gestión se ratifique, el dueño jamás
pidió la consecución de las acciones llevadas a cabo por el Gestor, tal vez, jamás se
enteró de ella mientras se llevaba a cabo. Y en el contrato de Mandado, al ser éste un
acuerdo de voluntades, el mandatario sólo puede ejecutar los actos jurídicos que el
mandante le encargue sujetándose a las instrucciones recibidas.