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Por el Maestro

Omraam Mikhaël Aïvanhov

CONÓCETE
A TI MISMO - IV
“EL JNANI YOGA”

Obras Completas – Tomo 17-4


OM-105-04 – 9 conferencias de 34

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Obras Completas Tomo 17 - IV

“CONOCETE A
TI MISMO” 4/5

Relación 4to lote


9 conferencias de 34
Palabras del Maestro -
Pensamiento

LA VERDAD I – LA SIMPLICIDAD
Del 20 de abril de 1965
LA VERDAD III – LA OBJETIVA Y LA SUBJETIVA
Del 11 de Agosto de 1965
LA VERDAD II - LA UNIDAD Y LA MULTIPLICIDAD -1
Del 18 de Julio 1967
LA VERDAD II - LA UNIDAD Y LA MULTIPLICIDAD -2
Del 19 de Julio de 1967
LA VERDAD II - LA UNIDAD Y LA MULTIPLICIDAD -3
Del dos de Enero de 1969
LA VERDAD II - LA UNIDAD Y LA MULTIPLICIDAD -4
Del 31 de Enero de 1971
LA VERDAD IV – EL CONJUNTO Y LOS DETALLES
Del 2 de Enero 1969
LA VERDAD V – LAS DOS CARAS DE LA VERDAD - 1
Del 1 de Febrero de 1970
LA VERDAD V – LAS DOS CARAS DE LA VERDAD - 2
Del 31 de Julio de 1970

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PALABRAS DEL MAESTRO

La Iniciación tiene por fin arrancar al ser


humano del círculo imitado de su yo inferior para
proyectado hacia el círculo imitado de la conciencia
cósmica. Esta conciencia ya vive dentro de él, pero
todavía no tiene una conciencia clara.
Sí, comprended que existen dos polos: vosotros
mismos, aquí, la conciencia que tenéis de vosotros
mismos, es decir vuestro yo inferior, y después,
vuestro Yo superior, vuestro Yo sublime que
también vive en vosotros, que trabaja y se
manifiesta, pero del que no tenéis plenamente
conciencia. Este Ser sublime quiere conocerse a
través de la materia densa que sois; se conoce ya
arriba, es verdad, pero quiere conocerse también
abajo. Gracias al esfuerzo que hacéis para
representar esta aproximación de vuestro Yo
superior, se producirá un día tal iluminación que
vuestra conciencia no tendrá ningún límite; estaréis
en la luz y os sentiréis, finalmente, uno con este Yo
divino.

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Conferencia del Maestro
OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV
Sèvres 20 de Abril de 1965

Tomo 17
Obras Completas
Capítulo IX

LA VERDAD – Y
LA SIMPLICIDAD

Pedid la luz, pedid comprender bien las cosas, pensar


correctamente. Todavía no veis lo importante que es pensar
correctamente de acuerdo con las medidas y las reglas del mundo
divino. Muchos creen pensar correctamente porque respetan unas
normas que son correctas para el mundo. Y en eso sí que son
correctos todos, Dios mío, ninguno se sale de las tradiciones, de
las reglas y del buen tono de la sociedad. Sólo que lo que es
correcto, para los humanos todavía no es correcto para los
Iniciados Por eso hay que revisarlo todo, en función de las normas
de los Iniciados.

Ya sé que pensáis que lo que os pido es demasiado


complicado para vosotros. No, al contrario, porque os llevo hacia
la simplicidad. Sois vosotros los que os encontráis en plena
complicación, y por eso sois desgraciados. Simplemente, porque
en vosotros todo es complicado. Seréis felices cuando volváis a
encontrar de nuevo la simplicidad.

Los hombres no han comprendido la simplicidad, la ven de


una manera exterior; simplicidad en el vestir, en las maneras,
simplicidad en la forma de vivir; no, no han comprendido nada.
La simplicidad es una actitud filosófica que consiste en alejarse
del mundo material de los fenómenos para elevarse hasta los
principios. Esto es la simplicidad: ir hacia el centro, hacia la cima.
Mientras que la complicación no es otra cosa que un alejamiento,
una dispersión, un descenso. Cuando salimos de la claridad, de la
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simplicidad, de la unidad, nos encontramos frente a tantas cosas


que ya no vemos claro, ya no vemos cómo se organizan las cosas
entre sí de acuerdo con las leyes de la afinidad. La simplicidad es
saber dirigirse hacia arriba. Los humanos tienen demasiadas cosas
complicadas en su cabeza. Reconozco sus grandes talentos, sus
grandes conocimientos, pero les falta esta unidad y por eso no
encuentran la verdad. La verdad es simple, es pura luz.

Lo que complica las cosas es la personalidad, porque ésta


sólo ve las facetas innumerables de la vida material y física, y es
el cuento de nunca acabar. Mientras que la individualidad, el
espíritu, que pertenece al mundo de la unidad, sólo busca la
simplicidad, sólo quiere volver a esta simplicidad. La
personalidad lo complica todo, es la que causa los tormentos, los
malentendidos y todas las actividades inútiles a diestro y siniestro.
Creen que esta agitación les dará la felicidad, pero no, esto es un
error, y hay que desprenderse de este error. Para ello hay que
encontrar instructores que vengan de esta unidad, que hayan
realizado esta unidad y que puedan instruirnos sobre la unidad.
Entonces, si, se acabó la complicación.

¿Veis, mis queridos hermanos y hermanas?, de repente ya


no sentís fatiga, porque al hablaros os llevo sin que lo sepáis hacia
la unidad, y la unidad está siempre ahí, viva, desbordante,
generosa. Mientras que en la multiplicidad, en la complicación,
nos dispersamos, y el movimiento se debilita, ya no hay ninguna
concentración. Ahí tenéis otra prueba del poder de la unidad.
Cuando tenéis demasiadas cosas en la cabeza, cuando queréis
alcanzar a la vez varios objetivos, es como si tiraran de vosotros
en todas direcciones, y vuestras fuerzas se van. Mientras que si
llegáis a concentraros en una idea, en un deseo, todas vuestras
fuerzas se orientan hacia este objetivo y desarrolláis un poder
fantástico. Cuando un país está en guerra, si tiene que enviar su
ejército por todas partes, a todos los frentes, sus fuerzas se
dispersan y no tienen tanta eficacia como si estuviesen
concentradas en el mismo lugar. Es algo tan evidente y fácil de
comprender.
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Tomad una lupa y concentrad los rayos de Sol en un punto:


podéis incendiarlo todo. Pero si los rayos siguen dispersos no se
producirá nada, aunque sostengáis la lupa en la mano durante
años Esta concentración del fuego, de la luz, o del pensamiento,
esta concentración de la actividad, es un poder cuyo alcance
nunca se ha podido medir. El láser es un ejemplo fantástico del
poder de la concentración de la luz. Pero, en realidad, el hombre
mismo está construido como un láser: su columna vertebral es la
barra de rubí, y la luz verde es la serpiente kundalini, que se eleva
en espiral. El Iniciado que ha logrado hacer subir la serpiente
hasta la cima desarrolla una fuerza formidable que, saliendo a
través de su cabeza, puede realizar maravillas.

Bueno, queridos hermanos y hermanas, continuaremos en


otra ocasión. Pero pensad en la simplicidad, procurad llegar a ser
simples. Siempre se subestima demasiado la simplicidad, la
prueba la tenéis en que cuando se habla de los "simples de
espíritu", no es algo muy bueno que digamos. Por eso la
traducción que hicieron de las palabras de Jesús: 'Bienaventurados
los simples de espíritu" no es una buena traducción, ni tampoco
"pobres de espíritu". Los pobres de espíritu nunca entrarán en el
Reino de Dios. En el Cielo no hay sitio para esta gente y los
devuelven a la Tierra para que se instruyan

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OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV
Bonfin, 11 de Agosto de 1965

Tomo 17
Obras Completas
Capítulo IX

LA VERDAD – III
LA VERDAD OBJETIVA
Y LA VERDAD SUBJETIVA

En la vida corriente, en las conversaciones, las actas, los


testimonios, se pide a los hombres que sean objetivos, es decir,
exactos, precisos, que no pongan sus impresiones personales en
primer lugar. Y tienen razón, porque a menudo la persona que se
expresa no está muy desarrollada mentalmente, está dominada por
los sentimientos, y farfulla, se aleja de la cuestión, lo mezcla
todo...

Cuando alguien os cuenta un acontecimiento al que ha


asistido, evidentemente, si empieza a mezclar en él sus propios
puntos de vista, sus sentimientos, sus impresiones, e incluso a
veces su imaginación, no os haréis una idea exacta de lo que pasó
verdaderamente. Por eso le pedís que reproduzca solamente lo
que vio y oyó: las palabras, los gestos, el tiempo, las distancias,
exactamente como si todo hubiese sido grabado por una cámara
fotográfica, por un magnetófono Pero, en realidad, cuando le
pedís que sólo cuente lo que sucedió en el plano físico, material,
le pedís que se limite, que sólo hable de un aspecto de las cosas,
lo que tampoco es completo, y, finalmente, no estáis más
informados sobre la realidad exacta que en el primer caso en el
que la persona se dejaba llevar por su subjetividad. Un ser
humano no es solamente una forma, unos gestos, sino que posee
interiormente toda una vida impalpable que emana, que se
propaga, y, si no podéis ver ni sentir nada de esta vida para
presentarla y explicarla, ¿cómo podréis tener razón al decir: "Soy
objetivo"?
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Un Iniciado, que posee el conocimiento de todos los


mundos, os da los medios para discernir cuándo estáis en el
dominio subjetivo, ilusorio, brumoso, enfermizo. Pero os explica
también que el mundo objetivo no es sólo lo que percibís con los
cinco sentidos, y que, por tanto, las informaciones que los cinco
sentidos os proporcionan son incompletas.

Os da, entonces, medios para desarrollar otras facultades Os


hace atravesar esta zona de percepciones ilusorias y os conduce a
las regiones espirituales, en donde veis las cosas con la misma
claridad, con la misma exactitud y precisión que en el plano
físico. Entonces contempláis la verdadera vida, tenéis una visión
completa de las cosas, y, cuando tenéis que explicarlas o
describirlas, presentáis la exacta realidad, porque no contáis
solamente historias personales, ni tampoco os quedáis en el
contorno, en la apariencia de las cosas. Porque, más allá de lo que
vemos y de lo que oímos, suceden muchos otros fenómenos para
los que no tenemos ni oídos, ni ojos, ni cerebro superiores. Y así
va el mundo, ¡lleno de mentiras y de inexactitudes!

Y si os pruebo ahora que todo es subjetivo, ¿qué diréis? Sí,


porque, justamente, si no tenéis esta vida subjetiva, esta vida
psíquica, con vuestros pensamientos, vuestros sentimientos, ¿qué
os quedará de objetivo? Nada. Ni siquiera el mundo objetivo
existirá para vosotros.

Esta vida objetiva, de la que estáis tan orgullosos, sólo


existe gracias a vuestra vida subjetiva. Suprimid la vida subjetiva
y ya no habrá nada objetivo para vosotros: estaréis muertos, y
para los muertos ya no hay nada objetivo ni subjetivo, se acabó.
Para los vivos, gracias a su vida subjetiva, existe algo que
llamamos mundo objetivo. ¿Cómo puede saber un muerto si
existe el Sol, las estrellas, los árboles, las montañas? Está
muerto... ¿Qué debe hacer, pues, el discípulo? Bajo la conducta de
su instructor, debe echar una mirada sobre su vida interior, sobre
su vida subjetiva, si queréis, para sobrepasar esta zona de bruma,
de polvo y de niebla que existe realmente (¡yo nunca os he dicho
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que teníais que aceptar todo lo que hay en vuestro mundo


interior!) y subir muy arriba, hasta la cima de las montañas
espirituales, es decir, hasta alcanzar el plano causal.

La niebla son todas las emanaciones groseras del corazón


humano, la emotividad, la sensiblería, la sensualidad. Y el polvo
son todas las ilusiones, todos los cálculos personales del intelecto.
Cuando el hombre no trabaja correctamente con su corazón, su
sentimentalismo y su sensualidad exagerados producen niebla, y
esta niebla oscurece su vista. Y cuando el intelecto humano
tampoco trabaja correctamente y remueve demasiadas cosas,
produce polvo que impide también ver las cosas claras. Hay que
subir muy arriba, pues, más allá de la región de las nieblas y del
polvo, hasta el plano causal, hasta las altas montañas espirituales.
Entonces comprenderemos que, aunque existe un mundo
subjetivo inferior en el que los humanos se dejan extraviar, existe
también un mundo subjetivo superior en el que obtendrán la
visión clara de las cosas, la verdad.

El mundo subjetivo es el origen de todo, la causa de todo, el


centro de todo, no el mundo objetivo. El mundo objetivo es una
pantalla, una formación, una manifestación, una concretización,
una emanación del mundo subjetivo que está, por tanto, en primer
lugar. Pero, para no caer en las mentiras y las ilusiones, hay que
elevarse hasta los grados superiores del mundo subjetivo. Por eso
los humanos que no conocen el camino que les permitiría escapar
del mundo subjetivo inferior, tienen unas nociones
completamente erróneas del mundo subjetivo. Hay que instruirles,
pues, enseñándoles a subir muy arriba, hasta esta región de la
claridad: el plano causal. No os imaginéis que concentrándoos en
el dominio objetivo llegaréis a ver las cosas claras. No, porque la
claridad no se encuentra ahí. Está, claro, pero sólo en la medida
en que seáis capaces de proyectar en él vuestra propia luz. Pero, si
no tenéis esta luz, este faro, este proyector de vuestro mundo
subjetivo, no obtendréis ninguna claridad en el mundo objetivo.
Nunca le es dado al mundo objetivo tener luz, y. si no hay un haz
luminoso que venga desde el otro mundo, siempre estará sumido
en las tinieblas y el caos. Así que, si os refugiáis en él, como hace
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todo el mundo, os alejáis de la luz, os alejáis de la vida, de la


fuente. Hay que liberar a los humanos de todos los errores,
porque, si no, nunca podrán encontrar la verdad.

No podemos ser objetivos, siempre somos subjetivos, de una


forma inferior o superior. No podemos ser objetivos, porque el
mundo objetivo es siempre algo que está fuera de nosotros, no
está en nosotros. Así pues, cuando os piden que seáis objetivos, es
exactamente como si os dijesen: "¡No sean ustedes mismos, por
Dios, para que yo esté contento!" Esto no es posible. ¿Para ser
verídicos, pues, tendríamos que dejar de ser nosotros mismos?
¡Vaya idiotez! No podemos no ser nosotros mismos, somos lo que
somos. ¿Está claro ahora?

Cuando un Iniciado presenta un acontecimiento, describe lo


que ve, lo que ha visto y los demás no ven. Mirad San Juan, por
ejemplo... Cuando cuenta sus visiones en el Apocalipsis, ¿es
objetivo o subjetivo? Todos encontrarán que es subjetivo y. por
tanto, no serio, y que hay dejar de lado todo eso. Hasta la Iglesia
se ha dejado embarcar en la objetividad y ha descuidado el
Apocalipsis. Decidme, pues, ¿era objetivo o subjetivo San Juan?
¿Vio realmente todas estas cosas? ¿Estaba en el plano físico o en
el plano espiritual?... Ahí tenéis problemas a elucidar.

¿Por qué creó Dios el mundo? ¿Y qué es el mundo?... Para


que esté más claro para vosotros, tomemos un ejemplo. Un artista
(un escultor, un pintor...) necesita una materia para modelar,
mármol o tela con colores. Si no tiene esta materia, no puede
exteriorizar nada de lo que él lleva dentro. La creación se explica
de la misma manera. Dios creó la materia para poder modelarla, y
para crear esta materia tomó algo de Sí mismo, una quintaesencia
que condensó. Se dice que creó el mundo de la nada. En realidad,
lo sacó de SI mismo y lo proyectó fuera. ¡Éste es el mundo
objetivo! El mundo subjetivo es Dios mismo, y el mundo objetivo
es la pantalla en la que Dios quiso proyectarse. En cuanto a los
humanos, los hombres y las mujeres, que han sido creados a
imagen de Dios, no hacen más que reproducir el trabajo del Señor
sobre la materia, y el resultado de este trabajo son los hijos. Lo
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que sucede aquí, abajo, no es más que el reflejo de lo que sucede


arriba.

Dios es un artista, un escultor. Y tenía necesidad de una


materia para poder modelar sus estatuas y, a medida que las
creaba, se extasiaba: "¡Qué bello!"... "Y vio Dios que era bueno",
escribe Moisés en el Génesis. Y lo que no quedaba bien, lo
demolía y volvía a empezar. Y ahora, sí estáis indignados por mis
explicaciones, id a preguntarle si es verdad. Lo más sorprendente
es que os dirá: "Sí, es verdad, éstas son las explicaciones que
corresponden, de momento, al grado de comprensión de los
humanos. Cuando estén más evolucionados se les darán otras
explicaciones."

Dios es un artista, y es feliz, trabaja, se ocupa. Así pues,


cuando los humanos trabajan la materia para modelarla, están en
la verdad, porque Dios mismo también lo hace Sólo que hay una
diferencia, y es que Dios nunca se olvida de que es Dios: se ocupa
de la materia, pero nunca se olvida en la materia. Sabe que Él es
la causa de todo, y modela la materia, es decir, el mundo objetivo,
sin olvidar que todo depende de Él, que Él es el factor esencial, y
no la materia. Mientras que los humanos, cuando se ocupan de la
materia se dejan engullir por ella, han olvidado que son ellos el
factor esencial, que lo poseen todo dentro de sí mismos, que son
divinidades.

El ser humano no debe dejar de ocuparse de la materia, pero


debe comprender que existen varias clases de materia, y que, más
allá de la materia densa y grosera, existe otra más sutil, más tenue,
cristalina, pura, luminosa, dispuesta a tomar todas las formas,
todos los matices más divinos que el espíritu quiera darle. Debe
empezar, pues, a ocuparse de esta materia que tiene dentro de sí
mismo para darle formas, colores... Y, de esta manera, en el
futuro, será un artista que poblará la Tierra y el universo entero
con todas sus creaciones aladas. El hombre nunca dejará de
ocuparse de lo objetivo, de la materia, pero se producirá, cada vez
más, un ensanchamiento en su conciencia, un enriquecimiento, y
cambiará de actividad, cambiará de tema: seguirá ocupándose de
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la materia, pero de una materia virgen, de una materia celestial.

Diréis: "¡Pero entonces, usted no está en contra de los


sabios, que se ocupan de la materia! ¡Nosotros pensábamos que
estaba furioso contra ellos porque hubiese querido que se
ocupasen del espíritu!" Quizá no había condiciones favorables
para que me explicase claramente. Impedir que los hombres
trabajen la materia, que sean creadores, artistas, es no comprender
nada de nada. Si yo critico a los sabios es porque la mayoría de
ellos se ocupan sólo de la materia y niegan todo lo demás. ¡Hay
tantas cuestiones que podrían estudiar, incluso en el dominio
objetivo, en el dominio de la materia! Porque, en el mundo
etérico, en el mundo astral, la materia existe también. ¿Creéis que
los Iniciados se han ocupado solamente de trabajar con el
espíritu? ¿Cómo, entonces, descubrieron la alquimia, la
astrología, la magia? ¿Cómo dejaron toda una ciencia sobre las
plantas, los cristales, los animales? Si se ocupaban solamente del
espíritu, ¿cómo exploraron la materia? Sólo que, para ellos, la
palabra "materia" tenía un sentido mucho más amplio, mucho más
vasto que para los sabios oficiales, que todavía no saben lo que es.
Por otra parte, ya van teniendo algunas sorpresas, porque todas las
nociones que tenían sobre la materia están ahora patas arriba, y la
materia se ha vuelto para ellos una especie de energía. Pero,
esperad, todavía harán otros muchos descubrimientos, dentro de
algún tiempo, y se acercarán, cada vez más, a las nociones de los
Iniciados.

Los Iniciados sabían muchas más cosas sobre la materia que


los sabios actuales, pero hay materia y materia... Comprendedme
bien, no hay nada malo en ocuparse de la materia, en trabajar con
ella para modelarla y descubrir todo lo que contiene. Dios lo hace
cada día, los Iniciados lo hacen desde la creación del mundo. Y
yo, ¿de qué creéis que me ocupo? De la materia. Trabajo noche y
día con una materia que no veis, con mi propia materia. No
trabajo con una materia extraña, sino con la materia que el Cielo
me ha dado y que me pertenece Mientras que los sabios se ocupan
de una materia que está fuera de ellos y de la que no obtendrán
gran cosa, porque no les pertenece; y pierden el tiempo... Los
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escultores se ocupan de modelar la madera, la piedra y el barro, o


no sé qué, pero nunca su propia materia... Los pintores colorean
las telas o las paredes, pero nunca se colorean ellos mismos... Y
los químicos trabajan con sus probetas para combinar elementos,
pero no tratan de entrar en sus laboratorios interiores para realizar
en ellos una alquimia espiritual... Nunca me considerarán un
artista o un sabio, porque mis cuadros no se ven, no se ven mis
estatuas, ni mi laboratorio. Pero, un día, el mundo entero se
ocupará de este trabajo y comprenderá que todo lo demás es cero
al lado de este trabajo que podemos hacer sobre nosotros mismos,
con nuestra propia materia. Y para hacer este trabajo hay que ser
omnisciente: hay que ser mecánico, químico, biólogo, astrónomo,
pintor, músico... Como los humanos no tienen todos estos
conocimientos, se ocupan de la materia objetiva para lo que les
basta con saber pocas cosas. Mientras que el trabajo de los
Iniciados es mucho más difícil, pero es la plenitud.

Este trabajo sobre nuestra propia materia es el trabajo de


Dios. Dios trabaja su propia materia, y por eso está en la plenitud,
lo sabe todo, lo puede todo. Mientras que el hombre que no
trabaja su propia materia, sino algo que no es él, se debate en el
vacío. Cuando tiene dinero, aparatos, armas, se imagina que es
todopoderoso, y, efectivamente, es todopoderoso mientras los
tiene a su disposición.

Pero, si los pierde, es tan débil, enclenque, vulnerable, que


tiene miedo. Sí, porque todo eso no le pertenecía verdaderamente.
Mientras que todo lo que poseen los Iniciados es verdaderamente
suyo. Aunque les quitaseis todas sus posesiones materiales se
siguen sintiendo luminosos, poderosos, en la plenitud, porque sus
riquezas, sus aparatos, sus armas, no están fuera de ellos. Todos
aquéllos que poseen algo exteriormente, no poseen nada en
realidad, porque no les pertenece. Ésta es la verdad, y por eso yo
compadezco a esta gente: han acumulado riquezas fuera de ellos,
poseen armas fuera de ellos, y siguen siendo pobres, siguen
siendo débiles. Mientras que los Iniciados, que han comprendido
dónde está la verdadera fuerza, acumulan esta fuerza dentro de sí
mismos, y la tendrán para siempre, nadie se la podrá quitar.
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Cualesquiera que sean los cambios en el mundo, ellos han


comprendido dónde está la fuerza, dónde está la riqueza.

¿Queréis convencerme ahora de que son los demás los que


tienen razón y están en la verdad? Dejad que me ría, veremos
dentro de algún tiempo si están en la verdad. Todo lo que hacen
fuera de ellos no les pertenece, y de todos estos aparatos que
hacen no tendrán ni uno sólo en ellos o con ellos. Es como el
general al que todo el mundo saluda por sus galones. Pero,
cuando está en el baño, enclenque, canijo, gangrenoso, nadie
levantaría ni siquiera la mano para saludarle. Mientras que los
Iniciados, que han trabajado sus aparatos interiores, los
transportan con ellos por todas partes.

Es necesario que tengáis una idea clara de lo que son los


verdaderos Iniciados. Digan lo que digan de ellos, están en la
verdad, porque, con su espíritu, que es divino, trabajan sobre su
propia materia: ellos son los verdaderos artistas, los verdaderos
creadores, y el mundo entero vendrá un día a instruirse con ellos,
porque son los únicos que tienen la verdad. Trabajan como el
Señor, que trabajó con la materia que Él mismo creó y que le
pertenece. ¿Veis?, queridos hermanos y hermanas, estoy tocando
las cuestiones más importantes, cuestiones esenciales, cuestiones
eternas. Queramos o no, no nos podemos salir de ellas... Lo que
hoy os he dado, son verdaderos tesoros.

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OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV
Bonfin 18 Julio de 1967

Tomo 17
Obras Completas
Capítulo IX

LA VERDAD – II
Unidad y Multiplicidad

Sí, mis queridos hermanos y hermanas, yo soy simple, sin


complicaciones, sin disimulos, como un niño. Me presento ante
vosotros tal como soy. Y, como soy simple, empiezo a parecerme
a la verdad. Porque la verdad es simple, sin mezcla. Cuando
llegamos a sincronizarnos con una cosa, a vibrar al unísono con
ella, ya recibimos sus fuerzas, sus ondas. Por eso he descubierto
la verdad, sí, en la simplicidad. Gracias a la simplicidad
encontramos la verdad. Los niños no son sofisticados, les
deforman más tarde en las familias, en las escuelas; les meten en
la cabeza unas nociones erróneas, y se vuelven artificiales, dejan
de ser naturales, verídicos.

¿Cómo volver a la simplicidad? Desgraciadamente, la


simplicidad no le gusta mucho a la gente. Mostraos simples y
perderéis vuestro prestigio. Hay que haber reflexionado mucho de
antemano sobre cómo hacer esto o aquello para engañarles con
falsas apariencias. Entonces, sí, sois alguien, os respetan, os
estiman, os aprecian. Todo el mundo deja de lado a aquél que es
sencillo, natural, porque encuentran que no es interesante. Cuando
una chica es natural, cuando no emplea toda clase de artificios
para atraer a los chicos, pasa desapercibida.

Ser sencillo es tener un solo pensamiento, un solo deseo.


Mientras dejéis que se paseen en vosotros toda clase de
pensamientos y de deseos que se contradicen entre sí, habrá
desorden en vosotros y no sabréis dónde estéis. Muchos vienen a
2

decirme: "Maestro, ya no sé ni dónde estoy." Yo descifro este


mensaje y me digo: éste está metido hasta el cuello en las
complicaciones, ha deseado y acumulado demasiadas cosas
heteróclitas, ¿por qué ha querido engullirlo todo?... Alguien va al
bar y pide oporto, coñac, whisky, y sale medio muerto. ¡Habla
que ser simple y beber agua pura! ¿Y qué hacen los chicos y las
chicas? No les basta con acostarse con uno, o con una... necesitan
dos, tres, diez, y entonces todo se complica debido a esta mezcla.
¡Las mezclas perjudican enormemente!

Desde siempre os he dado el ejemplo del diamante. Si el


diamante es tan puro es porque es simple, sin mezcla, es puro
carbono. Añadidle otro elemento y ya no es un diamante. Y los
discípulos que no cesan de mezclar toda clase de pensamientos y
de sentimientos crean en ellos mismos una ciénaga en la que
ningún rayo de luz puede penetrar. Si se volviesen simples, es
decir, si quisiesen comer un alimento puro, tener pensamientos y
sentimientos puros, vivir bajo los rayos del Sol, llegarían a ser
como el diamante, pura luz. La luz lo simplifica todo. Los
discípulos que quieren probar todo, tocar todo, experimentar todo,
conocer todo, pierden su valor de diamante y ya no son más que
piedras opacas. El verdadero discípulo debe dirigirse solamente
en una dirección, tener un sólo ideal, un sólo deseo, un solo
alimento. Todo para él es simple, es decir, puro.

La simplicidad es, pues, el equivalente de la pureza, pero


también, en otros casos, de la sinceridad, de la honestidad, de la
integridad; la palabra simplicidad puede trasladarse a todos los
dominios.

La simplicidad es una cualidad que encontramos también en


el dominio del intelecto, del corazón y de la voluntad. En el
dominio intelectual la simplicidad es no tener más que una
filosofía, la filosofía de la luz. En el dominio del corazón, es no
tener más que el deseo de amar al Creador y de unirse a Él. Y en
el de la voluntad es tener una sola actividad ordenada. ¿Veis?,
está claro. Pues bien, justamente, en el dominio del pensamiento
la simplicidad es la claridad. Y para el ser entero la simplicidad se
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manifiesta con la armonía, con la paz. En medio de elementos


contradictorios la paz desaparece, y aparece el desorden, el jaleo y
los sufrimientos. E incluso en una familia, si cada uno desea una
cosa diferente, no hay más que peleas, y, al final, la familia se
disgrega. ¿Por qué los hombres se han vuelto tan complicados?
Cada vez se encuentran menos parejas unidas, menos amistades
duraderas, porque en vez de caminar todos hacia arriba, por el
camino de la simplicidad, están descendiendo. Y. cuando
descendemos, las cosas se complican, vemos cada vez más las
diferencias, las complicaciones.

Cuando tomamos el camino hacia arriba, constatamos que la


multiplicidad de los hechos y de los fenómenos tiende a
simplificarse cada vez más y a reducirse a algunas leyes. Sí
continuamos subiendo, vemos que las leyes se resumen en unos
principios, y, más arriba aún, lo que descubrimos es la unidad.
Ésta es la simplicidad; el número 1. Por eso, cuando nos alejamos
de la Fuente, del Creador, para explorar la periferia, comienzan
las complicaciones, y nos encontramos con toda clase de cosas
con las que chocamos. Todos los malentendidos, todas las luchas
provienen de que las criaturas han abandonado la "casa paterna"
para ir a aventurarse en la periferia para probar suerte.

Todo se explica por la simplicidad (la unidad, el retorno a la


Fuente) y la complicación (la multiplicidad, el alejamiento de la
Fuente). Ahí busco yo siempre la razón de cualquier
acontecimiento. Todas las complicaciones, todas las desgracias y
las tragedias provienen, de que el hombre, en su ignorancia, se ha
alejado de la Fuente. Y todas las dichas, todas las prosperidades,
provienen, al contrario, de que el hombre ha sabido volver a
encontrar el camino hacia la Fuente, hacia la unidad, hacia el
Alma universal, hacia el Señor, es decir, hacia la simplicidad

Como los humanos no tienen ningún criterio, van a buscar


en los libros de filosofía explicaciones complicadas de lo que les
sucede, ¡cuando es algo tan sencillo! Cuando sentís que algo os
perturba, que algo no vibra al unísono con la Causa primera,
debéis saber que os estáis alejando; eso es todo, no busquéis otras
4

explicaciones. Y cuando, interiormente, todo se os hace más fácil,


cuando sentís que os volvéis hijos de Dios, debéis saber también
que os estáis acercando al Sol espiritual, y debéis continuar.
Evidentemente, siempre habrá algunas variaciones, como sucede
con el tiempo: primavera, verano, otoño e invierno. Pero hay que
saber tener paciencia, soportar, porque el invierno pasará y de
nuevo llegará la primavera. Estos inviernos y estas primaveras
pueden durar algunas horas, o algunos días, o algunos siglos. Pero
todos deben pasar por estos estados. Sólo hay que mantener
siempre la misma dirección hacia la unidad, porque, si no, no hay
salvación, nadie podrá ayudaros. Fuera de esta filosofía no
encontraréis ninguna solución.

Os digo la verdad, es simple y clara, no busquéis en otra


parte. Abandonad todo, si queréis, salvo la buena dirección hacia
la unidad, hacia el centro del universo, hacia el Señor, hacia esta
luz deslumbrante. El tiempo que necesitéis, las peripecias por las
que tengáis que pasar, los sacrificios que tengáis que hacer, las
desgracias que debáis soportar, todo eso no debe tener ninguna
importancia, estaba previsto, estaba marcado, eran deudas a
pagar, karma Y, a través de todo eso, mantened la misma
dirección; la simplicidad, la unidad, la verdad. Mientras
busquemos soluciones en otra parte, viviremos en las
complicaciones y sufriremos.

Os resumo hoy en unas palabras la enseñanza de todos los


libros sagrados; ésta es la quintaesencia de la sabiduría, de la
religión, de la verdad. ¿Veis?, es simple, ¿qué queréis de más?
Desgraciadamente, a la gente no le gusta la simplicidad, no cree
en la eficacia de lo simple. Hay que decirles cosas inverosímiles.
'Procuraos el diente de un lobo rabioso, encontrad una golondrina
azul de la que tomaréis el corazón, y un cierto pez verde, del que
tomaréis el hígado... Machacad todo eso en un mortero, etc., etc...
Y así podréis abrir todas las puertas, todas las cajas fuertes...''
¡Mirad lo que se encuentra! ¡Si creéis que gustan las cosas
simples! Por ejemplo, a menudo he hablado con médicos sobre la
eficacia del agua caliente hervida, y me han dicho: "Claro que
conocemos la eficacia del agua caliente, pero si recetásemos eso a
5

nuestros clientes, tendríamos que cerrar la consulta." No aprecian


el agua caliente porque es fácil de preparar y no cuesta nada. La
naturaleza humana es muy rara, sólo confía en los remedios
complicados y también hay que tener toda clase de aparatos -a
veces, bien inútiles- para impresionar a la gente.

La simplicidad, la complicación, acercarse, alejarse... Os


acercáis a la Fuente y todo se simplifica. Os alejáis, y todo se
complica, primero en vuestros pensamientos, y después en
vuestros sentimientos y en vuestros actos, y, de esta manera, toda
vuestra vida se complica, y ya no sabéis dónde estáis. Si no me
creéis, podéis ir a verificarlo, repasad todos los libros sagrados,
preguntad a todos los Iniciados y os dirán lo mismo. No es tan
difícil encontrar la verdad Yo quise ser simple y, en esta
simplicidad, la verdad, que es simple, se me reveló. Los hombres
esperan siempre algo formidable, y no, se equivocan, hay que
volver al número 1.

La simplicidad es el número 1 Con el 2 ya empieza la


complicación, porque 2 es la división, la polarización, la
contradicción, y por tanto la guerra. Después están el 3, el 4, el 5
y el 6... Y la división puede ir hasta el infinito, que es el enésimo
grado de complicación. En matemáticas existe la fórmula
tiende a 0. Interpretada simbólicamente, esta fórmula significa
que el ser humano, que ha querido alejarse del centro, se ha
dispersado y dividido tanto en las complicaciones de la periferia
que ya casi no queda nada de él; está muerto, enterrado,
aniquiladores un cero. Cuando dividimos el 1 entre infinito,
encontramos la muerte. La vida está en el 1, y, por tanto, debemos
trabajar cada día para acercarnos al número 1, que es Dios mismo.
Cuando Jesús decía: "Mi Padre y yo somos uno".3 mostraba que
él había realizado esta gran verdad, esta gran simplicidad. Quiso
fundirse en el Padre para llegar a ser Uno con Él. Todas las
criaturas que no se han inspirado en la filosofía de Jesús se
complican la existencia. Retened estas palabras. Si me
comprendéis, vuestra vida tomará otra dirección, otro aspecto,
otra luz, otro color, otro sentido: el sentido de la vida.
6

A lo largo de los siglos los profetas del Antiguo Testamento


no cesaron de repetir al pueblo hebreo: "Shema Israel, Adonaí
Elohénou, Adonai éhad; Escucha Israel, el Señor, nuestro Dios,
el Señor es Uno." Pero Israel no comprendía, buscaban otras
divinidades: Baal, Belfegor, Astarot o Astarté. Todas las
divinidades babilónicas, asirías, fenicias... ¡Qué lucha entre la
unidad y la multiplicidad!

Encended un fuego: sube, tiende hacia la unidad. Mientras


que el agua se extiende, tiende hacia la multiplicidad. Por eso se
ha escogido el fuego (y el aire) como símbolo del espíritu, y el
agua (y la tierra) como símbolo de la materia. El aire alimenta el
fuego, que, sin él, se apaga. El aire y el fuego se comprenden,
suben siempre hacia arriba El fuego y el aire son dos hermanos,
mientras que el agua y la tierra son dos hermanas que se aman
enormemente: el agua penetra siempre la tierra.

Algunos dirán: ¡Pero es la vida la que nos empuja a ser


complicados! Nos encontramos en unas condiciones que nos
obligan a tener necesidad de toda clase de cosas, que nos obligan
a luchar, a pelearnos..." ¿Pero quién ha creado esta vida? Los
humanos, y unos humanos que no estaban muy instruidos. Si
vienen sabios e Iniciados la vida tomará una dirección
completamente diferente.

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Conferencia del Maestro
OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV
Bonfin 19 Julio de 1967

Tomo 17
Obras Completas
Capítulo IX

LA VERDAD – II
Unidad y Multiplicidad - II

Hoy añadiré unas palabras a lo que os dije ayer sobre la


simplicidad y la complicación. Ya habéis comprendido que la
verdadera simplicidad es el número 1, la Divinidad. Para llegar a
él hay que subir hasta la cima, o, para emplear otra imagen, hay
que ir de la periferia al centro. Hoy me gustaría insistir más sobre
lo que representa desde el punto de vista filosófico este fenómeno
de la salida del centro, que no es otra cosa que la creación, la
manifestación, la materialización. Aquél que llega a comprender
este doble proceso, la salida del centro y el retorno al centro,
posee, la clave del saber.

El retorno a la Fuente, esta unión, esta fusión con nuestro


Padre celestial, es la meta de todas las religiones Es lo que se
llama la reintegración de los seres. La preocupación esencial de
todas las religiones es hacer recobrar al hombre su estado
primordial, este estado de equilibrio, de paz, de gozo, de éxtasis y
de luz que saboreaba en el seno del Eterno. Las religiones no se
ocupan mucho de la creación. Moisés, por ejemplo, no escribió
más de una página para decir cómo creó Dios el mundo. Claro
que algunos filósofos, algunos teólogos y grandes Iniciados se
han ocupado de esta cuestión, pero, en general, se considera que
no es demasiado útil instruir a los humanos sobre este tipo de
problemas, y se han preocupado mucho más de darles consejos,
métodos, ejercicios para hacerles volver hacia el centro.

La creación presupone la materialización y, como los


humanos ya están bien materializados, si siguieran ocupándose de
2

la materialización, seria la perdición total. Por eso esta cuestión se


ha dejado de lado, hasta el día en que tengan suficiente luz,
sentido moral y equilibrio. Así que, ¿veis?, la salida y el retorno...
la involución y la evolución... Conocéis la parábola del Hijo
pródigo, que se había ido de la casa paterna para buscar aventuras
por el mundo y que volvió a la casa de su padre, pobre,
hambriento y enfermo. Todos los Libros sagrados contienen
también imágenes, relatos que ilustran estos dos procesos

Cuando los alquimistas hablan de "solve" y "coagula" es


otra forma de presentar la cuestión. Incluso la naturaleza nos
habla de estos dos fenómenos: miráis el cielo, que está azul,
límpido, tranquilo. Al cabo de algún tiempo aparece un vapor, un
velo: es vapor de agua que se condensa, y ahí están las nubes.
Después, algún tiempo después, todo desaparece, las nubes
parecen haberse disuelto. Por todas partes en el universo veréis
estos dos fenómenos que están ahí para invitar al discípulo a
estudiarlos, a reflexionar para comprenderlos: aparición y
desaparición, nacimiento y muerte, creación y retorno a la nada.

Si os preguntáis ahora por qué y cómo el Señor creó el


mundo, nadie podrá responderos, es el mayor misterio. ¿Había un
espacio?, ¿llenaba Dios este espacio?, ¿qué era Él en realidad?
Nadie lo sabe. Incluso está escrito en los Vedas que los dioses
llegaron después de la creación del mundo.

Y si queréis conocer mi opinión a este respecto, pues bien,


yo pienso que el Señor creó el mundo porque se aburría: se
encontraba sólo, ¿comprendéis?, y vivir sólo es muy difícil.
Entonces creó el mundo para tener espectáculos Además, los
mejores espectáculos son los que le dan los humanos. Cuando el
Señor los mira desde arriba, se ríe. Sí, se ríe. ¡Se parte de risa! Es
una buena explicación, ¿verdad? Pero, escuchad, he leído tantas
explicaciones inverosímiles sobre el origen de la creación que yo
también me he decidido a inventar algo. Y quizá ésta sea la
explicación más plausible; el Señor se aburría.

¿Por qué creó Dios el mundo? Quizá para sufrir a causa de


3

los humanos Porque, si bien todas las criaturas del universo,


incluido el Diablo, le obedecen, los humanos, en cambio, hacen lo
que les da la gana. Por otra parte está escrito en el Génesis que
Dios se arrepintió de haber creado al hombre, ¡así que el hombre
se las trae!... ¡Ahora sí que estamos en plena complicación!

Al principio no existía nada fuera de Dios. Él lo era todo. Él


era Uno. Con la creación del mundo apareció la división, la
polarización. Porque cada manifestación es una polarización en
positivo y negativo, en luz y tinieblas, en bien y mal, en sutil y
espeso. Al principio todavía no había ni bien ni mal, sino sólo
unos esbozos, unos gérmenes de bien y de mal que sólo se fueron
manifestando a medida que se condensaba la materia, pero que ya
se encontraban ahí en potencia. La Cábala explica la creación del
mundo por emanaciones. Dios emanó una sustancia, una
quintaesencia, no se puede decir una materia sino quizá un
proyecto de materia, y fue la séfira Kether, o sea la luz, esta luz
que Moisés escribe que Dios creó en primer lugar diciendo:
"¡Hágase la luz!". Esta luz era la séfira Kether. Pero esta
emanación de Dios, esta luz tan sutil, no es la luz física que
vemos, que es en comparación muy densa, muy grosera, material.
En francés sólo tenéis una palabra para designar a la luz. En
búlgaro tenemos dos; svetlina, la luz física, y videlina, la luz
interior, mística, espiritual, la luz que poseen los Iniciados Esta
palabra corresponde a Zohar, en hebreo, que es justamente, el
título del libro que trata de la meditación cabalística.

Está escrito: "AI principio..." Pero el principio es también


una noción incomprensible. Porque ¿dónde situar este principio,
puesto que el tiempo aún no existía? Para nosotros, el tiempo lo
miden el Sol, la Luna y las estrellas, que no fueron creados hasta
el cuarto día... Y ahí también, ¿de qué "día" se trata? No hay día
sin movimiento de la Tierra alrededor del Sol, ¡y el Sol todavía no
había sido creado! Y cuando se dice: "Hubo tarde, hubo mañana:
primer día... Hubo tarde, hubo mañana: segundo día", ¿qué era
este día? Porque desde la tarde hasta la mañana no transcurre un
día, ¡sino una noche! Así que, ¿veis?, ahora nos encontramos en
la complicación, cuando antes todo era simple y claro: hay que
4

dirigirse hacia el centro para volver a encontrar la unidad.

Ahora que salimos de la simplicidad se presentan ante


nosotros muchos caminos, porque de un centro salen una multitud
de rayos que se van hasta el infinito. Un círculo tiene 360°, hay,
pues, muchos caminos posibles para alcanzar un punto de (a
circunferencia. Para ir desde un punto de la periferia al centro,
sólo podemos seguir una dirección, pero, para salir del centro, se
presentan toda clase de caminos, a la derecha, a la izquierda,
hacia delante, hacia atrás... incluso hacia arriba y hacia abajo. Hay
seis direcciones y 360°, los rayos son, pues, innumerables.

Al salir del centro, la primera luz formó la séfira Kether,


cuyo nombre significa Corona. En esta luz vivían unas criaturas,
los Serafines, que fueron los primeros que salieron, pues, del seno
del Eterno. Siguiendo el ejemplo de Dios. Kether, en su plenitud,
en su riqueza, emanó de sí misma la segunda séfira: Hohmah.
Hohmah es más densa, más material que Kether, pero es también
un mundo con su organización, sus criaturas, sus fuerzas, sus
colores, su música. Hohmah, a su vez, emanó Binah. Pero, a partir
de Binah, ya es otra organización. Binah constituye una frontera,
a partir de Binah empezó la estabilización de los sistemas que
forman el armazón, el esqueleto del universo. Y Binah emanó
Hessed, Hessed emanó Guebourah. Guebourah emanó Tiphereth.
Tiphereth emanó Netsah. Netsah emanó Hod, Hod emanó lesod,
y, finalmente, lesod emanó Malhouth, en donde se encuentra la
Tierra, que es el mundo de la mayor densidad, opacidad y
pesadez. Así es cómo fue creado el universo. Cada séfira es un
mundo, cada uno de estos mundos tiene su sustancia, su
organización, su densidad, y la mayor materialización
corresponde al plano físico en el que nosotros vivimos. Para
encontrar la sutileza, la luz y el esplendor que hay arriba debemos
recorrer de nuevo el camino de la evolución.

¿Por qué salimos de este esplendor para llegar a este grado


de materialización? ¿Por qué tenía Dios necesidad de llegar hasta
ahí? Podía no haber creado el mundo, o haberlo creado de otra
manera. ¿Por qué creó Dios al hombre tal como es, sabiendo que
5

iba a extraviarse, para obligarle después a retornar a la Fuente? Se


trata de misterios. Podemos comprenderlos, pero sólo si vamos
muy arriba. Aquí, en la Tierra, no los podemos comprender.
Alguien os pregunta, por ejemplo, por qué existe el mal. Le
respondéis que el mal no tiene existencia propia, que su existencia
depende de la Fuente, del Creador. Pero el Creador no puede crear
nada malo, ¡puesto que es perfecto!... ¡Así que id a resolver el
problema! Igualmente, el Infierno, el Diablo, no pueden existir
por sí mismos. Puesto que toda vida viene de Dios, la vida que
posee el Diablo también viene de Dios. Es Dios quien lo sostiene
y alimenta, y si Él quiere retirarle la vida el Diablo desaparecerá.
¿Y cómo comprender esto, puesto que se presenta siempre al
Diablo como un enemigo del Señor? Yo he estudiado estos
problemas y ya os he explicado muchas cosas.5 Pero hoy estamos
en la complicación. Así que nada de explicaciones, ¡todo será
complicado hasta el final!

Cuando el hombre se aleja del centro para ir a la periferia ya


no puede comprender las manifestaciones de Dios. En la periferia
ya no hay luz. Cuanto más nos alejamos, más oscuridad hay, y en
esta oscuridad no podemos comprender. Por eso los humanos no
cesan de pelearse, sosteniendo cada uno una teoría que no es más
exacta que la del vecino: porque están en la periferia. Para
comprender hay que retornar hacia el centro, hacia Dios, pensar
en Él, amarle. Y de esta manera poco a poco se hace la luz,
porque vuelve a tomar el camino hacia la Fuente y, en este
camino, cada séfira le da sus cualidades: lesod, la pureza; Hod, la
inteligencia; Netsah, la belleza; Tiphereth, la luz; Guebourah; la
fuerza; Hessed, la generosidad; Binah, la estabilidad; Hohmah, la
sabiduría; y Kether, la omnipotencia.

Lo que es extraordinario es que, cada vez que tengo ocasión


de ver lo que los humanos producen actualmente en el dominio
del arte, constato una tendencia al alejamiento. En la música, la
danza, la pintura, la escultura, la arquitectura, la poesía, todos
tienen el deseo de encontrar algo nuevo, y nadie se da cuenta de
que, buscando esta novedad, se alejan cada vez más de la
verdadera belleza. Por eso el arte se ha vuelto algo tan
6

extravagante. No está prohibido buscar la novedad, al contrario,


pero ¿por qué buscarla siempre abajo, alejándose cada vez más de
la Fuente? Los artistas no están guiados por Iniciados. Sólo para
ver este alejamiento de la Fuente, como yo lo he visto, ya hay que
tener una ciencia y una filosofía profundas. Sin ellas el hombre se
abandona al instinto, al impulso de crear. Claro que siempre
puede crear, cualquiera que sea la dirección que tome, buena o
mala. Alejándose de la Fuente, del Sol espiritual, encontrará
también formas, aspectos nuevos hasta el infinito. Y estas formas
contribuyen todavía más a alejar del centro a todos aquéllos que
las contemplan.

Hoy en día, por todas partes, en la música, en la pintura, en


la literatura, constatamos este alejamiento. Incluso en las
relaciones humanas, en la forma de amarse. Es maravilloso ser un
creador de música, de cuadros, de películas... o de hijos, pero hay
que preguntarse sobre el valor de lo que hacemos, porque, si no.
¡creamos monstruos! Se ha creado algo, muy bien, pero ¿qué es lo
que aporta?... ¿A dónde lleva? Pero no piensan en esto.

La gente os explica que tienen necesidad de hacer salir algo


de sí mismos. Sí, todos los seres tienen necesidad de hacer salir,
de una u otra manera, algo de sí mismos, pero ¿es necesario
mostrar todo lo que sale? Dos o tres veces al día, todo el mundo
tiene necesidad de expulsar algo de dentro, pero no lo presentan
en un plato para que lo huelan... Sin embargo, en el dominio del
arte, de la literatura, de la filosofía, eso es lo que hacen algunos
creadores. Presentan a los demás sus excrementos para que los
respiren, para que se los traguen. Diréis: "¡Esto es exagerado!"
No, ¡no es exagerado! 1 Pero cuando los artistas estén instruidos
en las Escuelas iniciáticas, les mostrarán cuál es el verdadero
camino de la creación y producirán obras de arte que expresarán
el Cielo, que inspirarán y dilatarán las almas humanas. Mientras
que ahora, ¿qué inspiración podéis tener ante semejantes
fealdades?

En el pasado muchos artistas eran discípulos de Escuelas


iniciáticas, en donde les revelaban cómo elevarse hacia las
7

regiones superiores para captar en ellas formas, colores,


sonoridades Meditaban, contemplaban, para recibir inspiraciones
celestiales. Cuando llegaban a concretizarías en sus obras, éstas
actuaban sobre los humanos impulsándoles a tomar el camino
hacia las alturas. Por eso, desde hace siglos, estas creaciones
actúan aún en nosotros. Ahora, los artistas salen de las academias
con toda clase de diplomas, pero no conocen ninguna ley
iniciática. Os cuentan toda clase de teorías para explicaros que su
arte abstracto contiene una filosofía, un pensamiento que la masa
no puede comprender. ¿Pero por qué han ido a meterse en las
abstracciones menos estéticas? Las abstracciones son para los
Iniciados, no para los pardillos. Pero ahora cualquier pardillo os
presenta su cuadro abstracto: lo miráis, le dais vueltas en todos los
sentidos... ¿Qué hay a ver o a comprender? Nada, idioteces,
¡cosas absurdas! Ni siquiera los artistas mismos saben lo que es el
arte, su papel, su misión. Y sin embargo es sencillo, yo puedo
decíroslo en dos palabras. La misión del arte es hacer volver a los
humanos al Cielo, a la Fuente.

Me gustaría ahora añadir unas palabras más sobre la


simplicidad. Cuando más descendemos a la materia, más
constatamos variedades y complejidades en la forma, pero, por
otro lado, constatamos también una similitud mucho más grande
entre los individuos que pertenecen a la misma especie. Las hojas
de los árboles, por ejemplo, mirad todas las diferencias que
existen entre sus formas... Pero las hojas de un mismo árbol son
todas parecidas. Mirad también los peces, los insectos, etc.
¡Cuántas formas diferentes! ¿Pero podéis encontrar la diferencia
entre una mosca y otra mosca? Ahora, comparad las caras de
algunos hermanos que tienen una gran vida espiritual; ¡qué
diferencia y qué riqueza en la expresión! Y observad a los
hombres muy groseros, muy primitivos, que no tienen ninguna
vida interior: todos se parecen. Por un lado, pues, está la
simplificación, y por otra la diferenciación. Cuanto más subimos
hacia el Cielo, más nos simplificamos y nos unificamos, y nos
volvemos más expresivos, vibrantes, vivos, con matices. Y,
cuanto más descendemos entre las criaturas inferiores, más se
multiplican las formas, y perdemos más nuestra expresividad y
8

nuestra luminosidad. Esto es muy importante, pero los humanos


ni siquiera se han dado cuenta de que es así.

Cuanto más subimos, más simples nos volvemos, pero eso


es una forma de hablar. Simple no quiere decir idiota, pobre,
miserable, privado de todo. No. cuanto más simples os volvéis,
más os acercáis a la Divinidad: escapáis de las complicaciones y
tenéis, por tanto, más posibilidades de manifestaros
verdaderamente en la luz, el amor, el poder. En la complicación,
estas posibilidades disminuyen, pero, evidentemente, otras
aparecen. Las de sufrir, llorar, gritar, ser malvados, romperlo
todo... ¡Ahí también hay grandes posibilidades!

Dante, que estaba instruido en la filosofía esotérica, describe


el Infierno como un cono invertido. Cuanto más culpable había
sido un hombre, más debía descender a las profundidades del
cono para sufrir limitaciones. Y es verdad: cuanto más descendéis
a la materia, sois más desgraciados, estáis más limitados.
Mientras que, cuanto más subís para acercaros a la Fuente, más os
simplificáis y más aumentan vuestras posibilidades de ver, de
crear, de desplazaros y de expresaros.

Ahora bien, cuando hablo de descender a la materia tenéis


que comprenderme. Todos nosotros hemos descendido a la
materia, puesto que estamos encarnados. Yo también. Me
encontraba muy bien arriba, pero descendí voluntariamente.
Cuando era muy joven, el Maestro Petar Deunov me reveló que
yo había firmado un contrato ante los Veinticuatro Ancianos, los
Señores del karma, para venir a hacer un trabajo en la Tierra.
¿Creéis que este descenso es agradable? Yo también debo sufrir el
terror de la materia. La materia, que está ahí, que nos limita, que
nos encarcela, nos impide ver, comprender, oír. Sí, pero es para
obligarnos a hacer con ella un trabajo especial y no para hacer
experiencias que nos alejen cada vez más del mundo divino.

Os sentís atados, limitados, esclavizados, y os preguntáis:


"¿Dónde me he metido?... ¿Cómo puedo salir de ahí?" Hay una
sola respuesta: volved a tomar el camino hacia arriba, no esperéis
9

a no poder hacer ya nada. Imaginaos a alguien que pisa el


cemento. Evidentemente, mientras el cemento está blando aún,
puede volver a sacar los pies de él. Pero, si se despista pensando
en otra cosa, divirtiéndose, el cemento se endurece mientras tanto,
y se queda atrapado en él. Ahora tiene que romper el cemento,
con el riesgo de lastimarse. Sí, es así, el tiempo endurece las
cosas. Si tardáis en salir de ciertos estados, pronto ya no podréis
"sacar los pies". Yo estoy aquí para deciros estas verdades. Los
hombres quieren explorarlo todo, probarlo todo, porque otros lo
hacen, y se alejan, se alejan... y, a menudo, allí donde esperaban
encontrar mucho gozo, placer, felicidad, no encuentran sino cárcel
y esclavitud.

No pretendo haberos explicado perfectamente el tema de la


simplicidad y de la complicación. Siempre hay lagunas en mis
exposiciones. Pero, de todos modos, siento y veo que, poco a
poco, la luz se hace en vosotros. La Tierra es una escuela a la que
hemos descendido por varias razones, y, principalmente, para
liberarnos de las deudas que hemos contraído en encarnaciones
precedentes, para comprender la situación en la que nos
encontramos actualmente, y, finalmente, para descubrir, despertar,
desarrollar ciertas cualidades que hay depositadas en nosotros.
Éste es el sentido de la vida, mis queridos hermanos y hermanas.

La mayoría de los hombres ni siquiera saben por qué han


descendido a la Tierra, ni lo que deben hacer en ella; se contentan
con comer, beber, dormir, divertirse, pelearse, y después se van al
otro mundo, y, cuando vuelven a descender, vuelven a hacer las
mismas estupideces. Mientras que aquél que tiene las cosas ciaras,
sabe que debe liberarse de su karma y trabajar para
perfeccionarse. Después, trata de comprender por qué se
encuentra en tal país, en tal familia, lo que piden de él, y la razón
por la que fue enviado a la Tierra. Finalmente, se esfuerza en
desarrollar todos los gérmenes de las cualidades y de las virtudes
que el Creador ha depositado en él desde toda la eternidad. ¿Veis
por qué es tan indispensable una Escuela iniciática? No hay nada
por encima de la luz que esta Escuela le aporta al discípulo sobre
estas tres cuestiones; de dónde viene, por qué ha venido, y a
10

dónde va.

Han sido unas palabras sobre el descenso, sobre la creación.


Un día, cuando haya terminado su trabajo. Dios hará desaparecer
la creación. Absorberá el universo en su seno. Será el reposo que
los hindúes llaman "pralaya", que se extiende durante millones y
millones de años. Después, de nuevo hará aparecer otro universo.
Dios respira: cuando espira aparece el universo, y cuando inspira
desaparece. Y como nosotros somos creados a su imagen,
también inspiramos y espiramos. ¡Sólo que la espiración
definitiva es completamente diferente!

Meditad, de momento, sobre la simplicidad, salid de esta


complicación en la que están sumergidos los humanos y que no
les trae más que guerras y miserias.

Bienaventurados aquéllos que han simplificado su vida en la


luz y la pureza, porque, mientras trabajan en la Tierra, viven ya en
el Cielo.

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OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV
Sèvres 31 de Enero 1971

Tomo 17
Obras Completas
Capítulo IX

LA VERDAD – II
Unidad y Multiplicidad - IV

Cuando estudiamos las condiciones de la vida en la Tierra, nos


damos cuenta de que, a causa de nuestro descenso a la materia, que
empezó hace ya tanto tiempo, tenemos ahora necesidad de todo lo que
existe en la naturaleza. No es, pues, del todo malo utilizar lo que está
puesto a nuestra disposición, pero sólo si nos servimos de ello para
volver a la Fuente. Ahora estamos tan lejos que, si queremos volver a
la Fuente, así, directamente, sin ningún medio, sin ningún útil o
instrumento, sería todavía más difícil. Siento que tampoco me habéis
comprendido a este respecto. Alguien se dice: "Como tenemos que ser
simples me desprenderé de todo y me iré directamente al Cielo, y me
fundiré con el Señor." No. esto no es posible. Era posible cuando
estábamos mucho más cerca del Cielo; ahora, que estamos muy
alejados de él, debemos servirnos de todo lo que hay en nosotros y a
nuestro alrededor. Es mucho más sabio utilizar todo lo que poseemos,
siempre que lo hagamos para volver a la unidad y no para dispersarnos
y alejarnos todavía más de ella.

Lo que cuenta es el objetivo, la dirección. Es decir, la razón por


la cual hacéis las cosas. Está bien que comáis, que respiréis, que os
paseéis, que trabajéis, que améis, si lo ponéis todo en acción para
retornar a la unidad, Pero si decís: "No, no, no emplearé nada, ni mis
piernas, ni mis pulmones, ni mi estómago, no andaré, no comeré, no
respiraré... Yo soy un espíritu, y quiero volver a la Fuente'", quizá, en
efecto, volváis a ella, ¡pero de una forma no demasiado deseable! La
simplicidad es, en primer lugar, la simplicidad en el pensamiento,
comprender que hay que vibrar al unísono con el principio divino.
2

Después es la simplicidad en el corazón, es decir, no tener tantos


deseos que se combaten y se destrozan entre sí. Y, finalmente, la
simplicidad en la forma de trabajar, la voluntad de actuar siempre en
el mismo sentido para introducir por todas partes el orden y la
armonía. Entonces es fácil saber si estamos en la simplicidad o en la
complicación. En cuanto sintáis el desorden, las tinieblas, los
sufrimientos, es señal de que os estáis alejando. Entonces,
inmediatamente, buscad cuándo y cómo habéis introducido este
elemento que ha perturbado la armonía y alejadlo con todos los
medios que la Enseñanza pone a vuestra disposición para
perfeccionaros y purificaros.

Ya sé que, en realidad, la simplicidad no es tan simple. Es


incluso la cosa más complicada. Los humanos se han alejado tanto en
la periferia de la vida, que les es difícil ahora volver hacia el Sol, hacia
el centro, hacia la unidad. Hay que tener muchos conocimientos,
medios, capacidades, para poder despojarse de todos los elementos
extraños y contradictorios que forman ahora en el ser humano una
mezcla inextricable. Despojarse, liberarse, desprenderse, eso es la
simplicidad. ¿Acaso no es complicado? ¡Qué saber, qué voluntad, qué
fuerza hay que tener para lograrlo! Así que no es tan sencillo. Es
sencillo, claro, decirlo, pero para realizarlo no hay nada más
complicado que la simplicidad Es por esta razón, justamente, por la
que se dan en la Enseñanza tantas explicaciones, tantos métodos,
tantos ejercicios y actividades.

¡Qué trabajo hay que hacer para poder limpiarse, por fin, de
todas las concepciones erróneas, de todos los sentimientos negativos,
de todos los hábitos nocivos que hemos acumulado! Podemos, sin
embargo, llegar a ser simples instantáneamente, pero solamente en el
pensamiento. En el comportamiento, en los sentimientos, es mucho
más difícil. Pero, si trabajamos cada día para introducir la simplicidad
en el pensamiento, poco a poco esta simplicidad va a introducirse en
los sentimientos, en los actos, y va a invadir nuestro ser entero hasta
que se vuelva como un diamante, puro, transparente, resistente,
precioso. Para llegar a esta simplicidad, a esta limpidez, el discípulo
debe desprenderse de toda la herencia de ideas erróneas que ha
recibido de su familia y de la sociedad y que contradice la filosofía de
3

los Iniciados. Sí, porque eso obstaculiza su evolución.

Aquí estáis en la enseñanza de la simplicidad, en la enseñanza de


la luz, y conserváis todavía las opiniones y los puntos de vista de
muchas otras personas que nunca han vivido en esta simplicidad.
Todo está mezclado en vosotros, por eso no avanzáis. Ahora debéis
hacer una selección, revisar, pesar y analizar todo lo que habéis
recibido; conservad lo que se corresponde con lo que se os enseña
aquí para dirigiros hacia la unidad, hacia la perfección, hacia el Señor,
¡y rechazad todo lo demás!

Estamos al principio de un nuevo año, y éste es el trabajo que el


Cielo os pide que hagáis: revisar todo lo que habéis aprendido, todo lo
que habéis recibido, ver si está en armonía con la idea fundamental de
la Enseñanza de la Fraternidad Blanca Universal; si, si lo está,
subrayadlo, reforzadlo, profundizadlo. Pero si hay pequeñas cosas que
contradicen la Enseñanza y os crean obstáculos, rechazadlas. ¡Qué
liberados os sentiréis después! Estaréis asombrados al ver cómo subís,
cómo voláis... Por el momento, todavía estáis sobrecargados con
demasiadas cosas que os retienen en la Tierra, vuestro globo no puede
subir, debéis deshaceros de todos estos pesos tan pesados. Ahí tenéis,
pues, el trabajo que tenéis que hacer este año. Es algo serio, muy
serio. Si no sabemos qué trabajo tenemos que hacer, pasan los años y
no avanzamos.

Ayer un hermano me decía: 'Maestro, siento que desde hace años


no he hecho ningún progreso... Dígame lo que debo hacer para no
perder más el tiempo." Bueno, ¡al menos alguien se ha dado cuenta de
que había perdido mucho tiempo! Muchos creen que basta con estar
en la Enseñanza. No tienen en la cabeza un trabajo preciso,
determinado, y sin embargo esto es lo que cuenta: tener un programa a
realizar. Cuando os fijáis un programa, aunque no podáis realizarlo,
hay al menos algo que se graba, como un surco, y las fuerzas del
subconsciente vienen a trabajar para realizarlo, para llenar estos
canales que habéis preparado. Si no habéis preparado ningún canal,
pasará el año sin que haya ninguna realización. Cuando cae la lluvia,
el agua sigue exactamente los regueros que habéis preparado. Debéis,
pues, preparar el terreno, preparar los regueros... Sucede como en un
4

transistor: se trazan unos circuitos con un poco de pintura metálica, y


la corriente circula siguiendo exactamente el trazado, como si fuesen
hilos eléctricos.

Este año, pues, poned la selección en vuestro programa. Tanto si


se trata de una actividad, de una asociación, de una empresa, de una
amistad, examinadlo bajo este ángulo: preguntaos si os llevará hacia la
unidad, hacia la simplicidad, hacia la perfección, hacia Dios, o al
contrario... Siempre hay signos que nos advierten. Si sentís una
oscuridad en vuestros pensamientos, una perturbación en vuestros
sentimientos e indecisión en vuestra voluntad, no os comprometáis,
porque éste es un criterio absoluto. Muchos son conscientes de estas
advertencias, pero, como tienen ganas de satisfacer sus deseos, no
hacen caso de estas advertencias y después, evidentemente, lo
lamentan. Siempre hay una advertencia, pero a menudo no la tomamos
en consideración, porque la cosa nos tienta demasiado, nos atrae
demasiado.

Aunque os hable de esta manera sé muy bien que los humanos


prefieren la complicación. Si se les dice, por ejemplo, que sería
posible vivir en un mundo sin enfermedades, sin miserias, sin
cárceles, sin guerras, llevando una vida simple, normal, natural, en
primer lugar, ni siquiera creerán que esto sea posible, y, después, no
harán nada para conseguirlo. Y, sin embargo, mirad ahora lo que
sucede: se ven obligados a detener a gente, a juzgarles, a castigarles...
o a construir tantos hospitales, con tantos aparatos, fabricar tantos
remedios para curarles... ¡Y todas estas guerras, con tantas víctimas y
devastaciones!... Diréis: "¡Pero siempre ha sido así!" No, no siempre
ha sido así.

La Biblia, como la mayoría de los Libros sagrados, habla de un


periodo en el que los humanos vivían una vida simple. En el Paraíso,
Adán y Eva vivían en el gozo y en la luz una vida sin mezcla de
elementos extraños. Con la serpiente empezó la mezcla, y entonces la
vida se volvió complicada: el hombre tuvo que ganarse el pan con el
sudor de la frente y la mujer dar a luz con dolor. Después vino el
primer crimen: Caín, que mató a Abel, etc., etc. Moisés presentó esta
idea del alejamiento de la Fuente bajo la forma de un relato, pero se
5

puede presentar bajo toda clase de formas, y yo os la presento bajo


una forma geométrica: el centro del círculo y la circunferencia.

Así pues, a medida que los humanos se alejaron del centro, todo
fue cada vez más complicado. Y ahora se ha vuelto inextricable Como
tuvieron que crear redes de espionaje, han tenido que crear también
redes de contraespionaje. Por todas partes no vemos más que comités,
sociedades, organizaciones oficiales o secretas. Hay que vigilar esto,
desconfiar de aquello, y los que se sienten vigilados se organizan, a su
vez, para vigilar a los demás. Desde el momento en que empezaron a
desviarse, a salir de la luz, a transgredir una ley, las cosas no hacen
más que complicarse. Os daré una imagen. Es verano, el Sol brilla,
hace calor: la vida es muy simple. Pero llega el invierno: hacen falta
aparatos de calefacción, de carbón, de fuel-oil... Hay que hacer
provisiones... Se necesitan más vestidos, más alumbrado. Y, después,
hay niebla, nieve, las comunicaciones son menos buenas, tenemos más
riesgo de accidentes, etc. Así que, menos luz, menos calor, y todo es
más complicado.

Volvemos a encontrar, pues, otra vez, este símbolo del Sol, que
siempre os he dado. Cuanto más nos alejamos del Sol, más
disminuyen el calor y la luz, y entonces la vida también disminuye,
puesto que la vida no es otra cosa que el calor y la luz del Sol.
Entonces todo se complica: hay que tratar de alumbrarse, de
calentarse, de protegerse...

Y como en los pensamientos, en los sentimientos, en todos los


dominios de la vida, los humanos se han alejado del Sol,
evidentemente, su existencia se ha vuelto complicada.

El día en que los humanos comprendan que deben dirigirse hacia


el Sol, hacia la luz, hacia el Señor, todo se volverá claro, simple, fácil.
No de repente, claro, se necesitarán años para restablecer todo, pero
éste es el único medio, el único camino, et único método: no olvidar
nunca que cuando nos alejamos de la luz, del calor o de la vida, todo
se complica ¿Qué le pasa al animal que se ha alejado demasiado de su
nido o de su guarida? ¿Y al niño que se ha alejado de la casa?... E
incluso en algunos repartos aquéllos que están más cerca del
6

repartidor se llevan las tajadas más grandes y así, luego no queda nada
para los que se encuentran más lejos. ¿Veis?, la palabra lejos es
catastrófica... salvo cuando estamos lejos del Infierno, lejos de las
tinieblas, lejos de las locuras... Porque, entonces, estamos cerca del
Cielo, de la luz, de la sabiduría.

Cada día, por la mañana, por la tarde, debemos acercarnos a la


luz, al calor y a la vida de este Sol espiritual que es Dios. Hay que
vivir, claro, hay que comer, hay que respirar, pero todo hay que
hacerlo con el objetivo de acercarnos a la Fuente. En el momento en
que sintamos que empezamos a alejarnos, debemos paramos para
enderezar las cosas, y entonces, de nuevo, recibimos interiormente una
abundancia de luz y de gozo: porque hemos enderezado la situación,
hemos sido sabios, perspicaces, hemos estado atentos. Mientras que
todos aquéllos que, a pesar de las advertencias, continúan viviendo en
el desorden, divirtiéndose, despilfarrando sus energías, dejan que la
situación se agrave, hasta llegar a la ruina. Lo que les impide a los
humanos comprender es que, a menudo, las cosas se desarrollan muy
lentamente y la ruina no llega inmediatamente, ni la mejora. Entonces
dicen: "¡Ahí!, ¿qué nos cuenta usted? Yo estoy bien, como, bebo,
tengo éxito." Sí, a pesar de los desórdenes, de las locuras, de las
pasiones, tienen éxito, triunfan. Pero estos éxitos no duran. El error
que cometen los humanos es que sacan conclusiones en función de lo
que sucede ahora, o en un pequeño periodo, porque no saben que las
leyes son implacables y que, un día u otro, tendrán que sufrir.

Todos nosotros hemos venido a la Tierra, hemos tomado un


cuerpo para reparar nuestros errores del pasado y para aprender, salvo
algunos, muy pocos, que han venido para ayudar a los demás. Y,
claro, el cuerpo físico es difícil de transformar, de mejorar, porque es
pesado, grosero, está petrificado. Pero hay otras regiones dentro de
nosotros, las regiones del alma y del espíritu, que son extremadamente
sutiles, y ahí es donde podemos hacer un trabajo para mejorarnos,
embellecernos, enriquecernos. Tenemos que empezar, pues, con el
pensamiento, porque el cuerpo físico seguirá después, aunque mucho
más lentamente, pero eso no tiene ninguna importancia. Lo importante
es que en el alma, en el espíritu, en el pensamiento, en el sentimiento,
tenemos una libertad absoluta para trabajar para mejorar las cosas.
7

Quizá este trabajo no se refleje absolutamente en el cuerpo físico,


pero, de todas formas, et cuerpo físico mejorará también, y un día
volveremos con unos cuerpos completamente nuevos, flexibles,
bellos, expresivos, porque nuestra alma, nuestro espíritu, nuestro
pensamiento habrán hecho un trabajo gigantesco

Podemos mejorar el estado del cuerpo físico Siempre he


insistido en ello: podemos, por ejemplo, retrasar el envejecimiento, la
decrepitud.

Pero, poder mantenerlo durante miles de años, ya es otra


cuestión, necesitaríamos el elixir de la vida inmortal, y éste no es el
objetivo de nuestra Enseñanza. Por supuesto que el cuerpo físico
mejora también al participar en el trabajo espiritual, pero no debemos
concentrarnos en él, porque el cuerpo está limitado, tiene un comienzo
y un fin. Nuestra verdadera preocupación es la vida interior, rica,
ilimitada, infinita, y en eso es en lo que debemos trabajar.

Al descender a la materia el hombre se cargó con toda clase de


complicaciones de las que ahora ya no puede desembarazarse La vida
es complicada porque la naturaleza del hombre es complicada, pero
eso no debe durar toda la eternidad, el hombre debe volver de nuevo a
la simplicidad. Diréis; "¡Qué aburrido será!" Es posible; es posible que
la simplicidad sea aburrida, mientras que la complicación es muy
divertida y muy absorbente; al menos os hace correr y tiraros de los
pelos, y esto es muy interesante. Mirad, por ejemplo, la vida de los
hombres honestos: ¿cómo se pueden hacer novelas o películas con su
vida? No hay nada que presentar. Mientras que la vida de un criminal,
de un agente secreto, de un espía, ¡ah!, ¡qué peripecias!, ¡qué
complicaciones palpitantes! Y la vida de una chica sencilla, inocente,
no es muy interesante, pero la de una mujer fatal, seductora, perversa,
¡si que lo es! Lo comprendo muy bien, pero no hay razón para que
esto siga así eternamente, y, si me decís que la vida simple será
aburrida, os responderé que no sabéis de lo que habláis. ¿Cómo es que
los Ángeles, los Arcángeles, o incluso los grandes Maestros, que
viven esta vida simple, luminosa, divina, no se han aburrido todavía?

La vida simple es extraordinariamente abundante, variada,


8

diferenciada. La luz es simple, pero tiene colores, sonidos, perfumes.

No hay que confundir la simplicidad con la pobreza. Se habla,


claro, de vida simple para referirse a los campesinos, a los iletrados, a
los salvajes, pero la vida simple, tal como la comprenden los
Iniciados, es la vida más rica, la más bella, porque dispone de todo el
Cielo. El diamante también es simple, es carbono puro, pero es
considerado como la más bella de las piedras preciosas: lo miramos,
nos maravillamos, y muchos han hecho de todo - ¡incluso crímenes! -
para tenerlos en sus anillos, en sus collares, en sus coronas... ¿Veis?,
la verdadera simplicidad es el diamante, entonces, ¿cómo podéis
pensar que la simplicidad es pobre, aburrida, monótona?

¿Empieza a aclararse esta cuestión, mis queridos hermanos y


hermanas? Toda la vida nos suministra materiales para eso, toda la
vida, toda la naturaleza, todo el universo nos proporcionan los
argumentos, los elementos para verlo claro

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Conferencia del Maestro
OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV
Sèvres 31 de Enero 1971

Tomo 17
Obras Completas
Capítulo I

LA VERDAD – II
Unidad y Multiplicidad - III

Nada existe fuera de Dios, ninguna criatura. Los Ángeles,


los Arcángeles, lo humanos, son los pensamientos del Señor, que
es, pues, al mismo tiempo, el actor y el espectador de su creación.
Si admitimos que existe algo fuera de Dios, Él ya no lo contiene
todo, ni es, por tanto, todopoderoso ni omnisciente.

En realidad, el universo no es más que una ilusión, una


pompa de jabón que revolotea durante unos segundos y después
estalla. Sólo queda el Creador. Diréis que el mundo no
desaparecerá tan rápido, que le quedan aún miles de millones y
miles de millones de años de existencia. Si, ¿pero qué es eso ante
la eternidad? Nosotros no podemos saber por qué creó Dios el
mundo y todo lo que cuentan a este respecto sólo son
explicaciones para niños. "Mamá, ¿cómo nací? - Te trajo la
cigüeña - o - Te encontramos debajo de una col." Para saber la
verdad hay que ir a preguntarle a un Ángel o a un Arcángel, y ni
siquiera es seguro que los Ángeles y los Arcángeles estén al
corriente. Conocen todo lo que ha sido creado, ¿pero saben
exactamente los proyectos del Señor? Que los Serafines me
perdonen, pero me pregunto si, incluso a ellos, el Señor se lo ha
revelado todo. No diré grandes palabras, pero me pregunto si el
Señor no habría corrido grandes peligros revelándolo todo...
Diréis: "¿Cómo?, ¿acaso el Señor puede correr peligros?"
Reflexionad, si hubo un Arcángel de luz que se rebeló, ¿por qué
no iban a hacerlo otros? Si el Señor lo hubiese dicho todo, habría
dado todas las armas contra Él. Mientras que no revelando todos
2

los secretos está a resguardo.

Los humanos serian desestabilizados por la verdad, por eso


les dicen pequeñas mentiras, y así funciona, no se producen daños
A vosotros también sólo se os revela lo que podéis soportar,
porque, si no, vais a abandonarlo todo. Es lo que sucede con los
hindúes. ¡Cuántos ya ni quieren vivir, porque han comprendido la
inutilidad de muchas cosas: ganarse la vida, casarse, tener hijos!
Se hacen tantas cosas, y finalmente todo desemboca en nada...7
Hay que dejar, pues, que los humanos se ocupen y suden un poco,
que se imaginen que hacen algo. Como los niños cuando
construyen pequeños castillos de arena. Cuando los adultos ven
con qué interés, con qué pasión lo hacen, son felices, y dicen:
"¡Ah!, nuestros hijos han pasado un buen día." De la misma
manera, los adultos de arriba, que nos miran, dicen: "Es
maravilloso ver lo ocupados que están: pastelitos, muñequitas,
pequeños castillos,... ¡Qué ardor!" Y lo aceptan, si, ¡es la edad!,
¡son niños!...

Y ahora, si decís: "Entonces, ¿su Enseñanza es una


mentira?" Sí, una mentira, pero la mejor, la más conveniente, la
más útil, la más práctica. Puesto que todo son mentiras, de entre
todas las mentiras yo he escogido la mejor, la más digerible. En
realidad, es la verdad, la verdad más grande, ¿por qué tendría que
engañaros? Pero en la verdad hay grados y grados, y el último
grado de la verdad puede ser que sea el vacio, la nada, el caos. En
todo caso, no es necesario llegar hasta ahí, no os lo aconsejo.
Seguid con las ocupaciones y los festejos... Estamos en la Tierra y
debemos jugar nuestro papel en ella, no hay que querer escaparse,
pero sin olvidar que es teatro. Mirad lo que sucede en el teatro;
dos hombres se detestan y uno de ellos acaba asesinando al otro.
Pero ¿qué es lo que vemos después de la representación? ¡La
víctima está brindando en un bar con el asesino!... Y cuando dos
países están en guerra, por ambas partes hay millones y millones
de muertos. Pero cuando se encuentran en el otro mundo, ¡si los
vieseis!, dicen: "¡Ahí!, ¡qué buena comedia hemos interpretado!
¡Qué curiosa! ¡Venga, brindemos ahora!", y se abrazan, mientras
que antes se exterminaban. En realidad, no se detestan; tenían que
3

interpretar estos papeles Durante la guerra, ¡qué abrazos se daban


los alemanes y los franceses cuando se encontraban en el otro
mundo! Seguro que estaban sentados en un bar ante un vaso de
vino o de cerveza, ¡y se reían! ¡Cuántas cosas aún que no
conocemos!

Pero detengámonos ahí. Hay algunos que quieren saberlo


todo y eso es muy malo. Son como niños. Sólo los niños hacen
preguntas inverosímiles: quieren saberlo todo, pero no pueden
comprenderlo. ¿Por qué ir a buscar ahora la razón por la cual creó
Dios el universo? Ni siquiera debéis plantearos esta cuestión,
porque sobre eso, en realidad, nadie podrá responderos. Dios se
ha guardado la razón para Sí mismo. Había un día un curioso que
le hacía esta pregunta a un pastor: "Señor pastor, ¿qué hacía el
Señor en el Paraíso?" Y el pastor, que no tenía ni idea del asunto,
le respondió iracundo: "Cortaba las ramas que iban a servirle para
fustigar a los que hicieran preguntas semejantes."

Lo que es útil es vivir correctamente, es hacer nuestro


trabajo sin rompemos la cabeza pensando en cosas tan lejanas.
Los humanos viven como animales y quieren conocer los secretos
de la creación. Se lanzan a la metafísica y se han olvidado de vivir
correctamente.

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OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV
Sévres 2 de Enero de 1969

Tomo 17
Obras Completas
Capítulo IX

LA VERDAD – IV
El Conjunto y los Detalles

La vida es tener mucho amor en el corazón, no hay que


buscar otra cosa. La vida sin amor no es vida, es un tormento. Si
descuidáis y subestimáis este estado de conciencia que es el amor,
siempre estaréis decepcionados. Amar depende de vosotros.
Cuando queráis amar, podéis hacerlo.

Ya sé que os faltan muchas cosas, pero sé también que


existen muchas más en vuestro corazón y en vuestra alma, como
si toda la Tierra, todo el Cielo, todo el universo os perteneciesen.
Tenéis esta sensación y esta sensación es la realidad. De nada
sirve poseer todas las ventajas materiales si, mientras tanto,
vuestra conciencia se atormenta. Lo importante es amar, y
entonces seréis felices en todas las circunstancias. Pero como el
amor no cuenta en la cabeza de los humanos, siempre se
preocupan de que no les falten las cosas materiales, y, a pesar de
eso, son desgraciados. Mientras que, mirad: no tenéis gas, ni
electricidad, ni coche, ni dinero, ni joyas, ni casa, ni mujer, ni
marido... carecéis de todo, seguro, pero ¿por qué sois felices, ahí,
todos juntos, después de haber escuchado música, después de
haber cantado? Diréis: "Pero sólo dura un minuto, ¡eso no
cuenta!" ¿Y quién os impide prolongar este minuto para que se
convierta en una eternidad?, ¿quién? Nadie, sino sólo vuestra falta
de saber, vuestra falta de luz. ¡Eso es lo que os falta, ninguna otra
cosa!

Ahora, más que nunca, la gente tiene de todo. En el pasado,


es verdad, los humanos carecían de muchas cosas, pero hoy,
2

incluso los más pobres tienen lo que no poseían los ricos antaño.
Lo que falta, siempre lo he dicho, es la luz, el saber, y quizá
también un poco de voluntad.

¿Cómo es que os veo felices? De repente, sois felices. Es


cuando volvéis a vuestras casas cuando os sentís desgraciados,
porque ya no pensáis en el poder del amor, volvéis a tomar
contacto con "la realidad", supuestamente. ¿Acaso la realidad
debe ser siempre fea y triste? No, pero eso depende mucho de la
forma en que os han habituado a ver las cosas, creedme. ¿Por qué
existen personas felices al margen de todas las condiciones físicas
y materiales? Los humanos tienen cada vez menos contacto con
este dominio interior, que es la verdadera riqueza, el verdadero
esplendor, y esta actitud es la causa de todas las desgracias. No
queréis comprenderme, para vosotros todo esto no son más que
palabras y decís: "no, no, yo tengo necesidad de esto y de
aquello..." Ya lo sé que tenéis necesidades, ¡todo el mundo tiene
necesidades! ¿Y por qué no dar un peso más grande al poder del
pensamiento, al poder del amor, de la vida? Como hoy, mirad, os
siento felices, como si nada os faltase, ni siquiera los que estaban
indispuestos y tenían preocupaciones lo sienten ya. Será después,
cuando este estado desaparezca, cuando se darán cuenta de que
estaban enfermos o preocupados. Pero antes, sólo había vida,
felicidad, luz.

De ahora en adelante poned el acento en todo esto y veréis


cómo en todas las circunstancias encontraréis una razón para ser
felices. Aunque vuestro marido os haya abandonado, diréis:
"¡Ah!, no es el único en el mundo, ¡hay otros muchos millones de
maridos!" Y, si estáis cansados, pensaréis: "Bueno, hoy estoy para
el arrastre, pero eso no quiere decir que mañana sea igual." De
vosotros depende el saber utilizar vuestro pensamiento para
transformar una situación. Sólo los objetos inanimados están
condenados a sufrir su destino durante toda la eternidad. Una
piedra siempre es una piedra... Un trozo de vidrio siempre es un
trozo de vidrio... Deben esperar a que la lluvia, el calor, la
humedad, actúen sobre ellos. Mientras que el hombre tiene unas
posibilidades extraordinarias. Pero, en vez de explorar el terreno
3

para descubrir las posibilidades de las que dispone, se ocupa


siempre de lo que le falta, y lloriquea, ¡grita!

Escucho a gente por televisión, a grandes pensadores,


supuestamente, ¡y qué imbecilidades dicen! ¡Ah!, sin duda tienen
un intelecto que trabaja, pero su intelecto sólo descubre la
apariencia de las cosas. Todo el mundo está maravillado: "¡Qué
original!, ¡qué filosofía más profunda!". Sí, pero no es verídica.
Llama la atención, asombra, estoy de acuerdo, pero no es
verídica. Hay muchos pensadores así que envenenan al mundo
entero; presentan unas ideas que pueden parecer verdaderas en
apariencia, pero que no lo son en realidad. Y la masa está
maravillada; como no tiene criterios, aplaude cualquier
imbecilidad, ¡y así es como se propagan los errores! Hasta el día
en que los pensadores se decidan a estudiar la Ciencia iniciática
para comprender que, sin el conocimiento de ciertas verdades,
nunca podrán juzgar o razonar correctamente, no tendrán ojos
para ver la realidad, se fijarán solamente en la apariencia de las
cosas.

Como os decía ayer, cuando os eleváis, es decir, cuando os


acercáis al principio divino, quizá no veáis algún detalle, pero
veis una inmensidad, algo que es coherente, una unidad, y
obtenéis una idea de conjunto sobre la naturaleza de las cosas.
Mientras que si descendéis hacia el plano físico, hacia la materia,
percibís los más pequeños detalles -lo que es interesante, sin
duda- pero ya no tenéis para nada la misma visión de conjunto.
Actualmente, los humanos sólo estudian la materia; pero para
poder estudiar la materia hay que entrar en los detalles y limitarse.

Ahí tenéis la diferencia entre el trabajo de la ciencia oficial y


el trabajo de los Iniciados. Los Iniciados, que quieren ver el
conjunto, que quieren hacer una síntesis, se alejan de la materia, y
por eso tienen unas nociones completamente diferentes a los de
los sabios, que han perdido la idea de conjunto para limitarse a los
detalles. Por otra parte, la especialización muestra hasta qué punto
ha debido limitarse el hombre para estudiar la materia. En
medicina, por ejemplo, uno se dedica solamente a los oídos, otro a
4

los ojos, o al corazón... Está bien estudiar los detalles, pero es


preferible estudiar el conjunto. En realidad, todo depende de lo
que queramos alcanzar: si queréis especializaros, evidentemente,
conoceréis perfectamente un detalle, pero perderéis la visión del
conjunto. Mientras que si estudiáis el conjunto no conoceréis los
detalles. Pero yo pienso, de todos modos, que es más ventajoso
estudiar el conjunto, porque eso nos da más posibilidades,
estamos por encima, dominamos la situación y tenemos, por
tanto, más posibilidades de intervenir y remediar. Gracias al
conocimiento del conjunto estamos más cerca de la verdad.

Actualmente, al dar la preponderancia al estudio del mundo


físico, de la materia, la ciencia pierde la visión del universo y del
Ser que dirige este universo. ¿Acaso es suficiente conocer vuestra
nariz, o vuestro dedo del pie, sin saber cómo se desarrollan los
demás procesos en el conjunto del cuerpo? Éste es, sin embargo,
el estado actual de los humanos: se alejan cada vez más de lo
esencial, se alejan del Creador del mundo de los principios. Al
especializarse, se materializan, se debilitan. El camino de la
especialización es un camino útil, desde luego, incluso necesario,
y que hay que recorrer, pero solamente después de haber visto el
conjunto, después de haber hecho la síntesis. Entonces podemos
permitirnos concentrarnos en un pequeño rincón del universo para
estudiarlo, ya que no habrá ningún peligro de perder la visión de
conjunto. Pero si os dedicáis a explorar solamente una pequeña
parcela sin haber estudiado el conjunto, os faltará siempre algo
esencial; juzgaréis, razonaréis, clasificaréis las cosas de una
manera errónea.

Si tuviésemos tiempo para estudiar en detalle cada dominio,


uno tras otro, sería mucho mejor, pero necesitaríamos una
eternidad. El método de los Iniciados de ver en primer lugar el
conjunto, aunque no nos dé una visión muy precisa de las cosas,
nos da por lo menos una apreciación general exacta. Y, si después
deciden concentrarse en un tema, lo profundizan mucho mejor
que los especialistas, porque el conocimiento que tendrán del
conjunto, de la unidad, les dará luz sobre esta pequeña parcela que
está ahí, separada del todo, y les permitirá situarla exactamente. Si
5

estáis influenciados por la filosofía actual, os volveréis


especialistas, estudiaréis solamente los sapos, los mosquitos, los
ratones, las mariposas... y no conoceréis nada del conjunto, de la
inmensidad, de la vida que lo abarca todo. Yo no me he
especializado... Aunque, si, me he especializado también un poco,
porque estoy en la Tierra, tengo un diploma de pedagogía y de
psicología, pero no conozco la pedagogía y la psicología debido a
estos diplomas. Si soy un poco psicólogo y pedagogo es porque
escogí estudiar lo más importante: la vida, la vida que viene de la
Fuente.

Os daré una imagen. Habéis visto en alguna parte una


manzana, una pera, una fruta cualquiera. Pero esta fruta ya estaba
desprendida del árbol y, si la estudiáis, veréis que es diferente de
una fruta que estudiáis mientras está aún en el árbol, donde las
fuerzas circulan todavía a través de ella. La fruta en el árbol
extrae de él esta savia que viene del universo entero. En cuanto la
desprendemos del árbol, ya no es lo mismo, está perdiendo su
vitalidad. Lo mismo sucede con el hombre, hay que estudiarlo
cuando todavía está conectado con el árbol, con el Árbol cósmico,
porque es un fruto de este Árbol, y ahí está vivo, es bello, rico,
radiante. La ciencia quiere estudiar al hombre cuando ya se ha
desprendido, cuando ya se ha caído del árbol. Por eso lo que
conoce de él no es todavía el hombre, sino algo muerto. Diréis:
"Sí, pero al menos pueden disecarlo para ver cómo está hecho...
Mientras que, cuando está vivo, no pueden hacerlo, grita..." Pues
bien, eso prueba que hay que encontrar otro medio para estudiarlo
sin cortarlo en pedazos, sin diviseccionarlo, un medio para
estudiarlo vivo. Y estos medios existen. Cuando los tengan,
descubrirán todas las corrientes sutiles que circulan, no solamente
dentro del hombre, sino también entre él y el universo. Es toda
una circulación extraordinaria, exactamente como la que existe
entre la fruta y el árbol, o también entre la madre y el hijo que
ésta lleva en su seno. ¡Qué circulación hay entre el árbol: la
madre, y la fruta; el hijo! Cuando el niño nace, cuando se corta el
cordón umbilical, estos intercambios entre la madre y él dejan de
hacerse, pero otros intercambios siguen realizándose con el otro
árbol al que la madre misma está conectada: el árbol único, el
6

árbol de vida, el árbol cósmico.

Cuando tomáis un avión, divisáis desde arriba montañas,


ciudades, ríos. Pero cuando estáis en el suelo estáis limitados,
sólo conocéis un poco de espacio con algunos árboles, con
algunas casitas. Así pues, si subís muy arriba podéis ver toda la
Tierra, y no sólo la Tierra, sino muchos otros planetas, el Sol, las
constelaciones. Lo mismo se produce también interiormente.
¿Entonces, qué vais a escoger?

Si yo también me hubiese concentrado en un dominio


solamente habría sido aceptado por los sabios. Pero, como he
optado por el conjunto, por la vida, nunca seré aceptado entre los
sabios, pero sí entre los Iniciados, porque todos ellos han seguido
este camino, y me reconocerán. En realidad, con vosotros utilizo
los dos métodos: a veces desciendo para precisaros una pequeña
cosa, para iluminarla de forma que la veáis bien, y después os
llevo hacia el conjunto. Luego, de nuevo desciendo, etc. Me sirvo,
pues, de los dos métodos, a veces del de los especialistas, y otras
del de los Iniciados. Pero para mí, prefiero el segundo método:
fusionarme con el todo, para que las energías circulen, porque eso
es la plenitud.

Cuando estoy sólo en mi casa, o bien en la montaña, o ante


el océano, ¿por qué quedarme en las cosas pequeñitas? Lo que me
gusta es la inmensidad, la unidad. Quiero sumergir mi alma en el
océano cósmico y beber, desplegarme. Hay que darle la
inmensidad al alma humana, porque en ella se alegra, respira 3
Dadle un espacio limitado y se ahoga, se siente prisionera. Esto
es, por otra parte, lo que les sucede a los humanos: se han
limitado demasiado a pequeñas cosas, y no tiene ni un minuto
para sumergirse en la inmensidad y encontrar la plenitud. No
tienen tiempo, según parece. Pues bien, esto es precisamente lo
que fatiga a los humanos: todas estas pequeñas cosas en las que se
dispersan. La limitación es necesaria, desde luego. Mirad el
nacimiento de un niño: es una limitación; pero es necesaria para
permitir la manifestación. Para descender a la materia el hombre
debe limitarse, pero en el momento de la muerte vuelve a la
7

unidad, a la inmensidad. La vida está hecha de estos dos procesos


y, para ser felices, debéis saber aplicarlos en vuestra existencia:
entráis en vuestro fuero interno, os conectáis con el universo, con
el Alma universal, y después volvéis a limitaros para trabajar
entre los humanos. Pero no os quedéis ahí demasiado tiempo,
porque, si no. vais a aburriros y a sufrir. Volved a tomar de
nuevo, pues, el camino hacia arriba, sumergíos en el océano
cósmico. Si los humanos son desgraciados, si se sienten vacíos y
desesperados, es porque no saben practicar estos dos métodos

Hacen falta las dos cosas, la inmensidad y los detalles. Los


humanos descuidan la inmensidad, porque, según ellos, es algo
vago, indeterminado. Pero yo encuentro que con ella tendréis más
luz que si os limitáis a los detalles, porque entonces ya no veis
claramente el conjunto y todo se os escapa. La gente se imagina
que en los detalles va a encontrar la luz, la precisión, pero no, esto
es una ilusión. En lo "vago" y lo "impreciso" recibiréis una mayor
luz. He ahí otra cosa a probar, ¡pero cuántas veces ya he hecho la
experiencia! ¡Cuántas veces me ha asombrado ver que en este
dominio, considerado como inexacto, impreciso, se encontraba la
luz, la fuerza y el gozo, mientras que en lo que era muy preciso no
había ninguna luz! Sí, me he visto obligado a constatarlo.

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Conferencia del Maestro
OMRAAM MIKHAËL AÏVANHOV
Sèvres 1 de Febrero de 1970

Tomo 17
Obras Completas
Capítulo IX

LA VERDAD – V
LAS DOS CARAS DE LA VERDAD II
EL AMOR Y LA SABIDURIA

La verdad es una medalla que tiene dos caras: el amor y la


sabiduría. Si buscáis la verdad independientemente del amor y de
la sabiduría, no la encontraréis. Pero si poseéis el amor y la
sabiduría, busquéis o no la verdad, la poseéis también.

En la medida en que tenéis amor y sabiduría, estáis en la


verdad. No se puede poseer la verdad sin la inteligencia y sin el
corazón. Si no tenéis ni pensamientos ni sentimientos, estáis
muertos, y los muertos no pueden conocer la verdad. Y, si no, es
que los muertos están más vivos que los vivos: se han ido al otro
mundo para estar más vivos y ahora están viendo cómo son las
cosas. ¡Cuántos se asombran cuando, al llegar al otro mundo,
echan un vistazo sobre su familia y sus amigos! Ni siquiera vale
la pena deciros lo que ven... Ven incluso que nuestra Enseñanza
es algo extraordinario (lo que no habían sido capaces de
comprender cuando estaban en la Tierra).

Os preguntáis cómo es posible que los humanos puedan


conocer la verdad cuando están muertos y ya no son capaces de
sentir el amor ni de manifestar la sabiduría que son necesarios
para conocerla... En realidad, tienen más amor y sabiduría, porque
la muerte libera al hombre del cuerpo físico que le mantenía en la
ignorancia impidiéndole sentir y comprender. Por eso se sufre
tanto en el otro mundo. Cuando ya no tenemos caparazón
sufrimos más, salvo, evidentemente, si el hombre ha preparado ya
2

algo de lo que pueda alegrarse en el otro mundo, viviendo en la


Tierra de manera correcta e inteligente. Pero, si ha vivido
estúpidamente, sufre; ahora, que es más lúcido, más sensible, las
más mínimas cosas le hacen sufrir, y es atroz. Eso es lo que se
llama Infierno. El Infierno no es otra cosa que un estado que ya
nos hemos preparado en la Tierra, pero que no podíamos sentir
porque la sensibilidad estaba embotada a causa del cuerpo físico.
Si queréis, ¡el Infierno es una sopa que ya nos habíamos
preparado, pero que todavía no habíamos probado! 2 Y ahora, que
empezamos a saborearla, gritamos. Lo mismo sucede con el
Paraíso. Aquí, en la Fraternidad, ya preparáis vuestro Cielo, pero,
como no podéis saborearlo, ni verlo, ni sentirlo, ni oírlo, decís;
"Trabajo en el vacío, todo eso es viento". No, pero todavía no
podéis sentir nada.

Aquí tenéis, pues, la verdad: amor y sabiduría. No olvidéis


nunca que no encontraréis la verdad como algo separado. Si,
¿cómo podríamos concebir la verdad si no tenemos ni corazón ni
intelecto? Cuanto más amor y comprensión tengáis, más os
mostrará la verdad el mundo entero, porque la verdad es algo
ilimitado. Se han escrito libros sobre la verdad, pero nunca la han
concebido como yo os la presento. Hacen de ella un dominio
separado, cuando, en realidad, no se puede concebir el mundo de
la verdad independientemente del corazón y del intelecto. En la
medida en que tengáis un corazón y un intelecto, la verdad
existirá para vosotros. Y si vuestro corazón y vuestro intelecto no
están a punto, no conoceréis el grado superior de la verdad. Por
otra parte, si hay tantas verdades diferentes y contradictorias entre
los humanos, es porque reflejan las deformaciones de su corazón
y de su intelecto. Alguno de vosotros dice: "Para mí, la verdad es
tal y cual..." En realidad, ésta es "su" verdad, y esta verdad habla
de su corazón y de su intelecto, que son insuficientes, que están
deformados, o que, al contrario, son muy elevados. Así es cómo
se explica que cada uno tenga "su" verdad, aunque, en realidad,
sólo haya una verdad.

Si la verdad no tuviese ninguna relación con el corazón y


con el intelecto, todo el mundo tendría que haber descubierto la
3

misma. Pero no es éste el caso, lo sabéis bien. Todo el mundo


descubre verdades diferentes, salvo aquéllos que poseen el
verdadero amor y la verdadera inteligencia. Éstos han descubierto
la misma verdad, y por eso hablan el mismo lenguaje. Desde la
creación del mundo hasta el final, la verdad siempre será la
misma, porque Dios ha puesto la verdad en el corazón y el
intelecto, en el alma y el espíritu, y, si los humanos desarrollan
armoniosamente en ellos estos principios, se verán obligados a
ponerse de acuerdo en las mismas verdades. Esto también vale
para los gustos. ¿Por qué alguien encuentra placer donde otro
encuentra sufrimiento? Si estuviesen construidos según el mismo
modelo verídico, todos deberían tener los mismos gustos. Pero los
humanos están cada vez más depravados en sus gustos, en sus
ideas, en sus creencias, y pronto ya no tendrán ninguna verdad en
común. Unos aman la belleza y otros la fealdad, unos aman la luz
y otros las tinieblas. Existen incluso criaturas tan deformadas que,
al final, para ellas, la verdad es la mentira. Sí, para las criaturas
infernales, las mentiras son la verdad.

Todo depende, pues, del desarrollo armonioso del corazón y


del intelecto, y, más arriba todavía, del alma y del espíritu. Si se
produce una deformación, un desequilibrio, el hombre se alejará
de la verdad. Escribirá libros para exponer su punto de vista,
arrastrará a la gente, y. claro, será sincero, pero no estará en la
verdad, porque no existen varios puntos de vista sobre la luz,
sobre el amor, sobre la pureza, sobre la moral, sobre Dios, sobre
la justicia, sobre la libertad, sino uno sólo. En el dominio
espiritual también existe un Instituto de Pesas y Medidas en el
que os pueden decir si estáis en la norma o si os habéis desviado
de este modelo que Dios creó al principio.

Los humanos se han alejado de la Fuente y han aceptado la


esclavitud y la mentira porque han querido ser libres. Después,
para justificar sus extravíos, están orgullosos de decir que para los
gustos y los colores no hay que discutir. Y, para que la cosa
parezca más profunda, más filosófica, lo dicen incluso en latín:
"De gustibus et coloribus non disputandum". Lo que significa que
cada uno tiene su locura particular y que tiene derecho a
4

entregarse a todas las depravaciones imaginadas por su locura.


No, existe una norma para los gustos: lo que es bueno y bello
debe ser bueno y bello para todo el mundo. Sólo en la cantidad
somos libres, no en la calidad. Debemos siempre escoger lo que
es puro, luminoso, divino. Existen, por ejemplo, tantos Ángeles y
Arcángeles que nadie os preguntará por qué habéis escogido tal
Ángel y no tal otro, y podréis estar con él tanto como queráis.
Pero, si habéis escogido un demonio, entonces os lo reprocharán.

Ahora, si me habéis comprendido, podéis analizaros:


"Veamos, ¿cómo siento las cosas en mi corazón? ¿Acaso es
verdadero amor?... Y mi pensamiento, ¿cómo considera las cosas?
¿Se ha infiltrado en él algún elemento que pueda inducirme a
error?"3 Veo que todavía no comprendéis las ventajas de estar en
la verdad; pensáis que se puede vivir muy bien sin la verdad.
¡Pero si estuvierais en la verdad seríais libres! La verdad aporta la
libertad. Jesús lo dijo: "La verdad os hará libres". Ninguna otra
cosa puede liberaros. Ni el amor, ni la sabiduría. Si tenéis mucho
amor, no seréis más libres, hasta puede ser que, al contrario, estéis
más encadenados. Y si tenéis mucha sabiduría, quizá os volváis
más orgullosos, lo que tampoco es una liberación. Pero con el
amor y la sabiduría estaréis en la verdad, y la verdad os hará
libres.

Y ahora, si creéis que soy yo quien ha imaginado estos


criterios, no, es la Inteligencia cósmica la que me ha mostrado
cómo ve y comprende las cosas. Porque, supongamos que yo
decido que he encontrado la verdad. No, con eso no basta, los
locos también piensan que la han encontrado, e incluso están más
convencidos que los demás. Hay que verificarlo, pues, y yo sé
cómo verificarlo y en qué lugar de la naturaleza. Sólo cuando la
naturaleza ha dicho que si acepto algo como una verdad. Si dice
no, la rechazo, no acepto nada sin verificación.

Un día fui invitado por un ingeniero, un hombre muy


intelectual, que me mostró los cuadros que había hecho, unos
dibujos geométricos muy interesantes que tenían, según él, un
significado esotérico. Me los mostró colgados en las paredes de
5

varias habitaciones. Le hice preguntas sobre lo que habla querido


representar, y cuando me respondía: "Esto representa tal
acontecimiento... tal fuerza de la naturaleza... tal torbellino", yo
estaba asombrado al ver que no correspondía en absoluto. Le
pregunté: "¿Ha ido usted a verificar en la naturaleza si todo esto
es verdad? - ¿Cómo?, ¿si es verdad? Es verdad, ¡puesto que yo lo
pienso! - Eso no basta, podemos pensar muchas cosas que no son
verídicas. Hay que ir a verificarlo en la naturaleza y encontrar la
verificación de lo que piensa en los dominios mineral, vegetal,
animal, humano, y hasta en las estrellas. Si la naturaleza confirma
su pensamiento, un día u otro el mundo entero se verá obligado a
aceptarlo, sí, porque la naturaleza estará detrás para apoyarle.
Pero si la naturaleza no está de acuerdo, aunque de momento el
mundo entero haya aceptado sus teorías, al cabo de algún tiempo
éstas se van a caer, puesto que la naturaleza no le sostiene." Para
la mayoría de los humanos todo lo que se les pasa por la cabeza es
verdad. También a veces me pasan a mí, cosas por la cabeza,
pero no las acepto tan fácilmente. Yo verifico en la naturaleza y si
ésta no está de acuerdo, ¡venga, fuera! Si tuviese que pensar ahora
que todo lo que se me pasa por la cabeza es la verdad absoluta,
¿dónde estaría? Y vosotros también, tenéis que aprender que
debéis verificarlo todo en la naturaleza.

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Bonfin 31 de Julio de 1970

Tomo 17
Obras Completas
Capítulo IX

LA VERDAD – V
LAS DOS CARAS DE LA VERDAD I
EL BIEN Y EL MAL

No hay que quedarse exclusivamente con un aspecto de la


realidad, porque, si no, nunca poseeremos la verdad. Y esto es
cierto, incluso para el mal. En una medalla, que es la verdad, el
bien es una cara, y el mal la otra cara. Por eso los grandes
Iniciados no se contentan con conocer el bien, sino que conocen
también el mal y van a visitar el Infierno. Toman precauciones,
claro, toman armas, y una vez que están bien protegidos,
descienden al Infierno a estudiar sus regiones, a estudiar sus
habitantes. Para ellos habían dado esta fórmula: "Saber, querer,
osar y callarse." Os decía, un día, que, en esta fórmula, "osar" es
la palabra más misteriosa. Sí, porque osar, es osar descender hasta
el Infierno para ver, comprender, conocer y vencer. Y, después,
callarse, porque nunca hay que hablar del Infierno a aquéllos que
no están preparados para afrontarlo, porque estarían perdidos.

No olvidéis nunca, pues, que la verdad tiene dos lados: el


puro y el impuro, el luminoso y el tenebroso, y el verdadero saber
debe contener los dos. Evidentemente, si sois débiles e ignorantes
es mejor que no vayáis a explorar el Infierno, y no os aconsejo
que lo hagáis. Os explico solamente que los más grandes
Iniciados son aquéllos que han sido capaces de afrontarlo, porque
entonces poseen el saber completo.

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