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SANTA BRÍGIDA

1.303 - 1.373

Su fiesta el 23 de Julio

Santa Brígida nació en Upsala (Suecia) el 14 de junio de 1.303. En ese momento el cura de Rasbo, don Benito oraba por un
feliz parto de la Señora Ingeborde. Súbitamente se encontró envuelto en una nube luminosa en la cual se le apareció la
Santísima Virgen diciéndole: "Una niña ha nacido en Birger y se oirá su voz por todo el mundo".

Brígida tuvo la dicha de nacer en una familia que tenía como herencia de sus antepasados una gran religiosidad. Sus
abuelos y bisabuelos fueron en peregrinación hasta Jerusalén y sus padres se confesaban y comulgaban todos los viernes
y como eran de la familia de los gobernantes de Suecia y tenían muchas posesiones, empleaban sus riquezas en construir
iglesias y conventos y en ayudar a cuanto pobre encontraban. Su padre era gobernador de la principal provincia de Suecia.

De niña su mayor gusto era oír a su mamá leer vidas de Santos. Cuando apenas tenía seis años tuvo su primera revelación.
Se le apareció la Santísima Virgen a invitarla a llevar una vida santa, totalmente del agrado de Dios. En adelante las
apariciones celestiales serán frecuentísimas en su vida, hasta tal punto que ella llegó a creer que se trataba de
alucinaciones o falsas imaginaciones. Pero consultó con el sacerdote más sabio y famoso de Suecia y él, después de
estudiar detenidamente su caso, le dijo que podía seguir creyendo en esto, pues eran mensajes celestiales.

A los 13 años asistió a un sermón de Cuaresma, predicado por un famoso misionero. Este santo sacerdote habló tan
elocuentemente acerca de la Pasión y Muerte de Jesucristo, que Brígida quedó totalmente entusiasmada por nuestro
Redentor. En adelante su devoción preferida será la de Jesucristo Crucificado.

Un día rezando con todo fervor delante de un crucifijo muy chorreante de sangre, le dijo a Nuestro Señor: "¿Quién te puso
así?" y oyó que Cristo le decía: "Los que desprecian mi Amor. Los que no le dan importancia al Amor que yo les he tenido".
Desde ese día se propuso hacer que todos los que trataran con ella amaran más a Jesucristo.

Su padre la casó con Ulf, hijo de otro gobernante. Tuvieron un matrimonio feliz que duró 28 años. Sus hijos fueron ocho:
cuatro varones y cuatro mujeres. Una de sus hijas fue Santa Catalina de Suecia. Uno de sus hijos fue religioso. Otros dos se
portaron muy bien y Carlos fue un pícaro que la hizo sufrir toda la vida. Sólo a la hora en que él se iba a morir logró la santa
con sus oraciones que él se arrepintiera y pidiera perdón de sus pecados a Dios. Dos de sus hijas se hicieron religiosas y
otra fue "la oveja negra de la familia" que con sus aventuras nada santas martirizó a la buena mamá. Fue pues, una familia
como tantas otras: con personas buenas y otras que hace sufrir.

Brígida era una dama principal de las que colaboraban con los reyes de Suecia. Pero en el palacio se dio cuenta de que se
gastaba mucho dinero en lujos y comilonas y se explotaba al pueblo. Quiso llamar la atención a los reyes, pero éstos no le
hicieron caso. Entonces pidió permiso para irse con su esposo en peregrinación a Santiago de Compostela. En el viaje, Ulf
enfermó gravemente. Brígida oró por él y en un sueño se le apareció San Dionisio para decirle que se le concedía la
curación, con tal que se dedicara a una vida santa. El marido curó y entró de monje cisterciense, donde unos años después
murió santamente.

En una visión oyó que Jesús Crucificado le decía: "Yo en la vida sufrí pobreza y tú tienes demasiados lujos y comodidades".
Desde ese día Brígida dejó todos sus vestidos elegantes y empezó a vestir como la gente pobre. Ya nunca más durmió en
camas cómodas, sino siempre sobre duras tablas. Y fue repartiendo todos los bienes entre los pobres de manera que ella
llegó a ser también muy pobre.

Con su hija Santa Catalina de Suecia se fue a Roma y en esa ciudad permaneció 14 años, dedicada a la oración, a visitar y
ayudar enfermos, a peregrinar como orante muchos santuarios y a dictar sus revelaciones que están contenidas en ocho
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tomos muy interesantes; tan estimadas en su tiempo, que los sacerdotes las leían a los fieles en Misa. (Sufrió muy fuertes
tentaciones de orgullo y sensualidad).

Desde Roma escribió a muchas autoridades civiles y eclesiásticas y al mismo Sumo Pontífice (que en ese tiempo vivía en
Avignon, Francia) corrigiendo muchos errores y repartiendo consejos sumamente provechosos. Sus avisos sirvieron
enormemente para mejorar las costumbres y disminuir los vicios.

Por inspiración divina fundó la Comunidad de San Salvador. El principal convento, en la capital de Suecia, con 60 monjas,
se convirtió en el centro literario más importante de su nación en aquella época. Con el tiempo llegó a tener 70 conventos
en toda Europa.

Se fue a visitar los santos lugares donde vivió, predicó y murió Nuestro Señor Jesucristo. En Tierra Santa parecía vivir en
éxtasis todos los días. Allí recibió continuas revelaciones acerca de cómo fue la vida de Jesús, contenidas en uno de los
tomos.

Al volver de Jerusalén se sintió muy débil y el 23 de julio de 1.373, a la edad de 70 años murió en Roma con gran fama de
santidad. A los 18 años de su muerte, fue canonizada por el Sumo Pontífice.

LA PASION DE JESUS

Santa Brígida deseaba saber cuántos azotes recibiera Jesús en su Pasión. Ante el deseo de la Santa por venerar este
sufrimiento del Redentor, Él se le apareció y le dictó quince oraciones para rezarlas diariamente durante un año, junto con
un Padrenuestro y un Avemaría por cada una. "Al terminar el año - le dijo - habréis venerado cada una de mis Llagas."
Además de las oraciones, también le reveló la promesa de excelentes gracias para quienes las rezaran. (Aprobadas por el
Papa Pío IX)

Durante toda la Pasión, Nuestro Señor recibió multitud de golpes, maltratos, y vejaciones. Pareciera que los infiernos se
desataran para infligir sobre su Sagrado Cuerpo toda clase de torturas. En las revelaciones de la Venerable Ana Catalina, se
detallan todos estos suplicios.

Si atendemos a la historia, encontramos que la flagelación representaba la mayor parte de los casos una pena capital, es
decir, el ajusticiado era azotado hasta la muerte. En otras ocasiones significaba un "simple" castigo ejemplar público o una
corrección por un delito leve.

En el caso de Jesús, se pedía la muerte, aunque Pilatos no tenía esa intención cuando lo mandó azotar. Sin embargo los
verdugos estaban entrenados para flagelar con el mismo ímpetu, tanto si era para pena capital como para castigo
ejemplar, sólo variaba el número de latigazos.

Es de suponer que, aunque lo hicieran muy a menudo, al ser un juicio público y sentirse rodeados de una multitud que
gritaba "¡muerte!", los azotes golpeaban reforzados por el ambiente. Y las burlas se aguzaban a ingenio, para encender al
populacho.

Los flagelos eran de diferentes tipos y cada verdugo estaba "especializado" en golpear con uno de ellos. Es por eso que las
Llagas de Jesús se ven diferentes por ejemplo en la Sábana Santa de Turín. Unas más profundas que otras. Unas más
alargadas, otras más redondas. Algunos látigos eran simples cuerdas anudadas. Otros llevaban pequeñas bolitas en las
puntas. Y parece ser que también usaban varas de espinos.

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Si fuera posible contar cada latigazo y a su vez, cada herida que produce un sólo golpe de flagelo, sean bolitas que se
incrustan o espinos que rasgan la carne, podría salir el número de Llagas que Santa Brígida nos dice que Jesús le reveló.
Además están los latigazos que fue recibiendo durante el camino al Calvario. Y los que con toda probabilidad le estuvieron
dando mientras se burlaban de Él.

Jesús nos pide venerar cada una de sus Llagas. Sea como fueren causadas, son 5.480. Para ello quiere que recemos estas
oraciones durante un año completo. Es decir, 15 oraciones, 365 días. Y así habremos venerado, según sus palabras "cada
una de mis Llagas". Sin embargo, según esta cuenta, resultan 5.475 oraciones. Lo cual viene a significar que no solamente
nos pide orar por los azotes, sino que más bien parece estar hablando de todas sus Llagas, pues pareciera que las cinco
de más, vengan a ser las de las Manos, los Pies y el Costado, que no fueron producidas por un látigo, sino por los clavos de
la Cruz y la lanzada de su Corazón. (La devoción a las Cinco Llagas es también muy apreciada por el Señor junto con la
Llaga de la Espalda revelada a San Bernardo, como la más dolorosa de su Pasión.

No obstante, no existe ninguna objeción para aceptar llanamente que Jesús recibió todos esos miles de azotes, según lo
reveló a una mujer de probada vida santa; y mucho menos cabe objetar el cumplimiento de este deseo del Señor en
venerar amorosamente cada día de todo un año, ese sufrimiento que golpe a golpe, le fue infligido por nuestra causa. No
solamente por las maravillosas y excepcionales promesas que nos ofrece al rendirle nuestro respeto y entregarle nuestro
consuelo por su dolor, sino además porque, aunque las rezáramos durante todos los días de todos años de nuestra vida,
nunca terminaríamos de pagarle tamaño Sacrificio.

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LAS PROMESAS

El Crucificado prometió a Santa Brígida los siguientes privilegios, con la condición de que ella fuera fiel a la diaria recitación
del Oficio Divino. Y se garantizaban también a todo aquel que diga las oraciones devotamente cada día por el espacio de
un año, las siguientes promesas:

1.- Cualquiera que recite estas oraciones, obtendrá el grado máximo de perfección.
2.- Quince días antes de su muerte, tendrá un conocimiento perfecto de todos sus pecados y una contrición profunda de
ellos.
3.- Quince días antes de su muerte le daré mi precioso cuerpo a fin de que escape del hambre eterna; le daré a beber de
mi preciosa sangre para que no permanezca sediento eternamente.
4.- Libraré del purgatorio a 15 miembros de su familia (algunas pueden ser del pasado, otras del presente y también del
futuro)
5.- Quince miembros de su familia serán confirmados y preservados en gracia. (lo mismo)
6.- Quince miembros de su familia se convertirán. (lo mismo)
7.- Cualquiera que haya vivido en estado de pecado mortal por 30 años, pero si recita o tiene la intención de recitar estas
oraciones devotamente, Yo, el Señor le perdonaré todos sus pecados. (Esos porfiados que no quieren confesarse, después
van casi corriendo al sacramento del perdón de los pecados ante un sacerdote).
8.- Si ha vivido haciendo su propia voluntad durante toda su vida y está por morir (sin que la persona tenga el conocimiento
que está por morir próximamente), prolongaré su existencia para que se confiese bien (confesión de vida)
9.- Obtendrá todo lo que pida a Dios y a la Santísima Virgen.
10.- En cualquier parte donde esté diciendo las oraciones, o donde se digan, Dios estará presente con su gracia.
11.- Todo aquel que enseñe estas oraciones a los demás, ganará incalculables méritos y su gloria será mayor en el Cielo.
12.- Por cada vez que se reciten estas oraciones, se ganarán 100 días de indulgencia.
13.- Será liberado de la muerte eterna. (no se condenará)
14.- Goza de la promesa de que será contado entre los bienaventurados del cielo.
15.- Lo defenderé contra las tentaciones del mal.
16.- Preservaré y guardaré sus cinco sentidos.
17.- Lo preservaré de una muerte repentina.
18.- Yo colocaré mi cruz victoriosa ante él para que venza a sus enemigos. (Satanás y sus huestes).
19.- Antes de su muerte vendré con mi amada Madre, la Santísima Virgen Inmaculada.
20.- Lo recibiré muy complacido y lo conduciré a los gozos eternos. Y habiéndolo llevado allí, le daré de beber de la fuente
de mi divinidad ; cosa que no haré con los que no hayan recitado Mis oraciones
21.- Se le asegura que será colocado junto al Supremo Coro de los Santo Ángeles.

APROBACIÓN DE LAS ORACIONES Y PROMESAS

Estas oraciones y promesas fueron copiadas de un libro impreso en Toulousse, (Francia) en el año 1.740. Se publicaron por
el padre Adrien Parvelliers, Jesuita Misionero Apostólico en la Tierra Santa, que obtuvo la aprobación, el permiso y la
recomendación que se requería para difundirlas.

El Papa Pío IX declaró conocimiento de estas oraciones con el acto de presentar el prólogo. De esta manera, el Sumo
Pontífice admitió la autenticidad de estas plegarias por el bien de las almas y firmó la aprobación el día 31 de mayo de
1.862. Este veredicto del Santo Padre fue confirmado con actos tangibles y concretos. Una colección de pequeños libros,
incluyendo estas oraciones, fue aprobada por el Gran Congreso de Malines el 22 de agosto de 1.863.

Papa Benedicto XV: "La aprobación de estas revelaciones implica nada más que esto: después de una examinación lenta y
detenida, se permite publicar estas revelaciones para el bien espiritual de todos los fieles y aunque no se les atribuye el
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mismo grado de fe igual al que se le rinde a las Verdades de la Religión bajo pena, sin embargo se les permite creer con fe
humana. Es decir, conforme a las reglas de prudencia, por las cuales son probables. Por lo tanto, estando ya
adecuadamente afirmadas y apoyadas por suficientes motivos, pueden ser piadosamente creídas."

Las promesas ya se han realizado en favor de todas las personas que han rezado estas oraciones. Además se han
producido numerosos hechos sobrenaturales. Por este medio, Dios se ha dignado dar a conocer la rigurosa veracidad de
estas oraciones y promesas.

ALGO IMPORTANTE ANTES DE COMENZAR

Les aconsejamos que soliciten ayuda a vuestros parientes que se encuentran en el purgatorio, pues ellos están muy
interesados en que ustedes perseveren. Deben saber que el demonio estará siempre tratando de que fracasen.

Cuidado con dejarlo para la noche, cuidado con la noche, a veces es imposible por los acontecimientos del día, pero traten
de evitarlo todas las veces que puedan. Nos sucedió varias veces, sentados y vestidos pero ya muy entrada la noche, nos
quedábamos dormidos en cada Avemaría, despertábamos y en la siguiente oración; lo mismo: tardamos tres veces el
tiempo acostumbrado. En otras ocasiones, nos ayudó bastante cuando por el cansancio del día y por haberlo dejado para
la noche, al sentir venir el sueño, con el dedo pulgar hacer la señal de la cruz, adelante, izquierda y derecha (en nuestra
frente), se quita el sueño por algunos minutos pero luego vuelve. Esto hay que repetirlo sin dejar de rezar las oraciones,
toda vez que se necesite.

No se desesperen si en ocasiones, mientras las rezan, se notan que están muy distraídos, sigan y terminen igual. Es válida.

COMO ORAR LAS 15 ORACIONES

Para que se cumplan las promesas, se deben rezar las 15 oraciones (las quince oraciones todos los días) durante un año
completo. No se debe faltar. Si faltase por alguna vez, se perderán los PRIVILEGIOS (aunque vayan terminando el mes
doce, ¿se saltaron un día? ¡No sirve! Tienen tiempo, en caso de olvido, después de las 12:00 de la noche, hasta la
madrugada, antes del alba). Se debería empezar de nuevo otra vez rezando las oraciones diariamente por el año entero.
Suponiendo que durante el año completo se rezan 5480 oraciones. Se debe rezar con devoción, concentrando en las
palabras que se pronuncian. Las oraciones se rezan mentalmente, es decir se van leyendo. Se rezan en forma individual;
no son para ser rezadas en comunidad, cada persona las debe rezar por separado.

El papa Pio IX declaró conocimiento de estas oraciones. De esta manera, el Sumo Pontífice admitió la autenticidad de esta
plegaria para el bien de las almas; y firmó la aprobación el día 31 de mayo de 1862.

Esta declaración del Santo Padre Pío IX fue confirmada con actos tangibles y concretos. Las promesas ya se han realizado
a favor de todas las personas que han rezado estas oraciones. Además, se han producido numerosos hechos
sobrenaturales. Por este medio, Dios se ha dignado dar a conocer la rigurosa veracidad de estas oraciones y promesas.

Los que visitan la Iglesia de San Pablo en Roma todavía pueden contemplar el Crucifijo Milagroso, colocado arriba del
Sagrario, se encuentra en la Capilla del Santísimo Sacramento. Este Crucifijo Milagroso fue esculpido por Pierre Cavallini.
Es el mismo crucifijo ante cual estuvo arrodillada Santa Brígida cuando recibió estas 15 Oraciones del mismo Nuestro
Señor.

Por mucho tiempo, Santa Brígida había deseado saber cuántos latigazos había recibido Nuestro Señor en Su Pasión. Cierto
día se le apareció Jesucristo, diciéndole: “Recibí en Mi Cuerpo cinco mil, cuatrocientos ochenta latigazos; son 5.480 azotes
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(recordemos que fueron sesenta los verdugos quienes lo azotaron, quienes se iban relevando, Pilato había prometido
dejarlo libre después del castigo y los judíos sobornaron a los verdugos para que resultara muerto, pero Jesús no moría y
seguían azotándolo y azotándolo, por ello se explica la cantidad de azotes que recibió y se podrán dar cuenta en las
condiciones deplorables en que llevó la Cruz). Si queréis honrarlos en verdad, con alguna veneración, decid 15 veces el
Padre Nuestro; también 15 veces el Ave María, con las siguientes oraciones, durante un año completo. Al terminar el año,
habréis venerado cada una de Mis Llagas”. (Nuestro Señor mismo le dictó las oraciones a la santa.)

Nota: Posteriormente se le agregó el Gloria (a la Santísima Trinidad)

ORACIÓN A SANTA BRIGIDA

Santa Brígida, te rogamos nos alcances del Señor, la perseverancia diaria para rezar estas oraciones por las Santas

Llagas de Jesucristo. Tráenos de su Divina Misericordia el privilegio de meditarlas y su aprovechamiento espiritual.

Intercede ante el Señor para que disfrutemos con gozo de las promesas que contienen, por mediación de Nuestra

Santísima Madre.

Amén.

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LAS 15 ORACIONES

1.- Para empezar, invoquemos al Dulce Huésped de nuestras almas.

2.- Señal de la Cruz.

3.- Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego eterno de tu amor. Envía Señor tu
Espíritu y todo será creado y se renovará la faz de la tierra.

Oremos:
Oh Dios, que alesionaste los corazones de tus fieles con la ciencia del tu Espíritu Santo; has que guiados por este mismo
Espíritu, saboreemos la dulzura del bien y gocemos siempre de tu divino consuelo. Por Cristo nuestro Señor. Así sea.

Amén

4.- Un Credo al Sagrado Corazón de Jesús, haciendo un acto de Fe.

PRIMERA ORACIÓN
Padre Nuestro – Ave María – Gloria
¡Oh Jesucristo! Eres la eterna dulzura de todos los que te aman. La alegría que sobrepasa todo gozo y deseo; la salvación y
esperanza de todos los pecadores.
Has manifestado no tener mayor deseo que el de permanecer en medio de los hombres en la tierra. Los ama hasta el
punto de asumir la naturaleza humana, en la plenitud de los tiempos, por amor a ellos.
Acuérdate de todos los sufrimientos que has soportado desde el instante de tu concepción y especialmente durante tu
sagrada pasión; así como fue decretado y ordenado desde la eternidad, según el plan divino.
Acuérdate Oh Señor; que durante la última cena con tus discípulos, les has lavado los pies y después le diste tu
Sacratísimo Cuerpo y tu Sangre Preciosísima. Luego, confortándolos con dulzura, les anunciaste tu próxima pasión.
Acuérdate de la tristeza en tu alma, como tú mismo lo afirmaste, diciendo: “Mi alma esta triste hasta la muerte”.
Acuérdate de todos los temores, las angustias y los dolores que has soportado, en tu sagrado cuerpo, antes del suplicio de
la crucifixión.
Después de haber orado tres veces, todo bañado de sudor sangriento, fuiste traicionado por tu discípulo, Judas; apresado
por los habitantes de una nación que has escogido y enaltecido. Fuiste acusado por falsos testigos e injustamente juzgado
por tres jueces; todo lo cual sucedió en la flor de tu madurez y en la solemne estación pascual.
Acuérdate que fuiste despojado de tu propia vestidura y revestido con manto de irrisión. Te cubrieron los ojos y la cara
infligiendo bofetadas. Después, coronándote de espinas, pusieron en tus manos una caña.
Finalmente, fuiste atado a la columna; desgarrado con azotes y agobiado de oprobios y ultrajes.
En memoria de todas estas penas y dolores que has soportado antes de tu pasión en la cruz; concédeme antes de morir,
una contrición verdadera, una confesión sincera y completa; adecuada satisfacción y la remisión de todos mis pecados.
Amén.

SEGUNDA ORACIÓN
Padre Nuestro – Ave María – Gloria
¡Oh Jesús, la verdadera libertad de los ángeles y paraíso de delicias!
Acuérdate del horror y la tristeza con que fuiste oprimido; cuando tus enemigos como leones furiosos te rodearon con
miles de injurias, salivazos, bofetadas, laceraciones, arañazos y otros suplicios inauditos. Te atormentaron a su antojo.
En consideración a estos tormentos y a las palabras injuriosas, te suplico: ¡Oh mi Salvador y Redentor!, que me libres de
todos mis enemigos visibles e invisibles, y que bajo tu protección, haz que yo alcance la perfección de la salvación eterna.
Amén.

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TERCERA ORACIÓN
Padre Nuestro – Ave María – Gloria
¡Oh Jesús, creador del cielo y de la tierra, al que nada puede contener ni limitar!
Tú abarcas todo y todo es sostenido bajo tu amorosa potestad.
Acuérdate del dolor muy amargo que sufriste cuando los judíos, con gruesos clavos cuadrados, golpe a golpe, clavaron tus
sagradas manos y pies a la cruz. Y no viéndote en un estado suficientemente lamentable para satisfacer su furor,
agrandaron tus llagas, agregando dolor sobre dolor. Con indescriptible crueldad, extendieron tu cuerpo en la cruz y con
jalones y estirones violentos, en toda dirección, dislocaron tus huesos.
¡Oh Cordero Divino! en memoria de todo lo ocurrido en la colina del Gólgota, te rogamos nos concedas la gracia de amarte
y honrarte cada día más y más.
Amén.

CUARTA ORACIÓN
Padre Nuestro – Ave María – Gloria
¡Oh Jesús, médico celestial, elevado en la cruz para curar nuestras llagas con las tuyas!
Acuérdate de las contusiones y desfallecimientos que has sufrido en todo tus miembros, y que fueron distendidos a tal
grado, que no ha habido dolor semejante al tuyo.
Desde la cima de la cabeza hasta la planta de los pies. Ninguna parte de tu cuerpo estaba exenta de tormentos.
Sin embargo, olvidando todos tus sufrimientos, no dejaste de pedir por tus enemigos, a tu padre celestial, diciéndole:
“Padre; perdónalos, porque no saben lo que hacen.”
Por esta inmensa Misericordia y en memoria de estos sufrimientos, te hago esta suplica: Concédenos que el recuerdo de tu
muy amarga Pasión, nos alcance una perfecta contrición y la remisión de todos nuestros pecados.
Amén.

QUINTA ORACIÓN
Padre Nuestro – Ave María – Gloria
¡Oh Jesús, espejo de resplandor eterno!
Acuérdate de la tristeza aguda que has sentido al contemplar con anticipación, las almas que habían de condenarse.
A la luz de tu Divinidad, has vislumbrado la predestinación de aquellos que se salvarían, mediante los meritos de tu
Sagrada Pasión.
Simultáneamente, has contemplado tristemente la inmensa multitud de réprobos que serian condenados por sus pecados;
y te has quejado amargamente de esos desesperados, perdidos y desgraciados pecadores.
Por este abismo de compasión y piedad; y principalmente por la bondad que demostraste hacia el buen ladrón, diciéndole:
“Hoy estarás conmigo en el Paraíso”; hago esta suplica, dulce Jesús: Te pido que a la hora de mi muerte tengas
misericordia de mí.
Amén.

SEXTA ORACIÓN
Padre Nuestro – Ave María – Gloria
¡Oh Jesús, Rey infinitamente amado y deseado!
Acuérdate del dolor que has sufrido, cuando desnudo y como un criminal común y corriente, fuiste clavado y elevado en la
cruz.
También fuiste abandonado de todos tus parientes y amigos, con la excepción de tu muy amada madre. En tu agonía, ella
permaneció fiel junto a ti; luego, la encomendasteis a tu fiel discípulo, Juan, diciendo a María: “!Mujer, he aquí a tu hijo!” y a
Juan:”He aquí a tu Madre!”
Te suplico, Oh mi Salvador, por la espada de dolor que entonces traspaso el alma de tu Santísima Madre, que tengas
compasión de mí. Y en todas mis aflicciones y tribulaciones, tanto corporal como espiritual, ten piedad de mí.
Asísteme en todas mis pruebas, y especialmente en la hora de mi muerte.
Amén.
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SÉPTIMA ORACIÓN
Padre Nuestro – Ave María – Gloria
¡Oh Jesús, inagotable fuente de compasión, ten compasión de mí!
En un profundo gesto de amor, has exclamado en la cruz: “!Tengo sed!” era sed por la salvación del género humano.
¡Oh mi Salvador! Te ruego que inflames nuestros corazones con el deseo de dirigirnos hacia la perfección, en todas
nuestras obras.
Extingue en nosotros la concupiscencia carnal y el ardor de los apetitos mundanos.
Amén.

OCTAVA ORACIÓN
Padre Nuestro – Ave María – Gloria
¡Oh Jesús, dulzura de los corazones y deleite del espíritu!
Por el vinagre y la hiel amarga que has probado en la cruz, por amor a nosotros, oye nuestros ruegos.
Concédenos la gracia de recibir dignamente tu Sacratísimo Cuerpo y Sangre Preciosísima, durante nuestra vida y también
a la hora de la muerte; para servir de remedio y consuelo a nuestras almas.
Amén.

NOVENA ORACIÓN
Padre Nuestro – Ave María – Gloria
¡Oh Jesús, Virtud Real y Gozo del alma!
Acuérdate del dolor que has sentido, sumergido en un océano de amargura, al acercarse la muerte.
Insultado y ultrajado por los judíos, clamaste en alta voz que habías sido abandonado por tu Padre Celestial, diciéndole:
“Dios Mío, Dios Mio, ¿Por qué me has abandonado?” Por esta angustia, te suplico, Oh mi Salvador, que no me abandones
en los terrores y dolores de mi muerte.
Amén.

DÉCIMA ORACIÓN
Padre Nuestro – Ave María – Gloria
¡Oh Jesús, principio y fin de todas las cosas, eres la Vida y la Virtud Plena!.
Acuérdate que por causa nuestra fuiste sumergido en un abismo de penas; sufriendo dolor desde la planta de los pies
hasta la cima de la cabeza.
En consideración a la enormidad de tus llagas, enséñame a guardar, por puro amor a ti, todos tus mandamientos; cuyo
comino de tu ley Divina es amplio y agradable para aquellos que te aman.
Amén.

UNDÉCIMA ORACIÓN
Padre Nuestro – Ave María – Gloria
¡Oh Jesús! ¡Abismo muy profundo de misericordia!
En memoria de las llagas que penetraron hasta la médula de tus huesos y entrañas; para atraerme hacia ti, presento esta
suplica. Yo miserable pecador, profundamente sumergido en mis ofensas, pido que me apartes del pecado.
Ocúltame en los huecos de tus llagas; hasta que tu cólera y justísima indignación hayan cesado.
Amén.

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DUODÉCIMA ORACIÓN
Padre Nuestro – Ave María – Gloria
¡Oh Jesús, espejo de la verdad, sello de la unidad y vinculo de la caridad!
Acuérdate de la multitud de llagas con que fuiste herido, desde la cabeza hasta los pies. Esas llagas fueron laceradas y
enrojecidas.
Oh, dulce Jesús, por la efusión de tu Adorable Sangre. ¡Oh, que dolor tan grande y repleto has sufrido por amor a nosotros,
en tu carne virginal!
¡Dulcísimo Jesús! ¿Qué hubo de hacer por nosotros que no has hecho” Nada falta. ¡Todo lo has cumplido!
¡Oh amable y adorable Jesús! Por el fiel recuerdo de tu Pasión, que el fruto meritorio de tus sufrimientos sea renovado en
mi alma.
Y que en mi corazón, tu amor aumente cada día; hasta que llegue a contemplarte en la eternidad.
¡Oh amabilísimo Jesús! Tu eres el tesoro de toda alegría y dicha verdadera, que te pido concederme en el cielo.
Amén.

DÉCIMO TERCERA ORACIÓN


Padre Nuestro – Ave María – Gloria
¡Oh Jesús, fuerte león, Rey inmortal e invencible!
Acuérdate del inmenso dolor que has sufrido; cuando agotadas todas tus fuerzas, tanto moral como física, inclinaste la
cabeza y dijiste: “Todo está consumado”
Por esta angustia y dolor, te suplico, Señor Jesús, que tengas piedad de mi en la hora de mi muerte; cuando mi mente
estará tremendamente perturbada y mi alma sumergida en angustia.
Amén.

DÉCIMO CUARTA ORACIÓN


Padre Nuestro – Ave María – Gloria
¡Oh Jesús, único hijo del Padre Celestial, esplendor y semejanza de su esencia!
Acuérdate de la sencilla y humilde recomendación que hiciste de tu alma, a tu Padre Eterno, diciéndole: “!Padre, en tus
manos encomiendo mi Espíritu!”
Desangrado tu cuerpo, destrozado tu corazón y abiertas las entrañas de tu misericordia para redimirnos, has expirado.
Por tu preciosa muerte, te suplico, Oh Rey de los Santos, confórtame, socórreme, para resistir al demonio, la carne y al
mundo. A fin de que, estando muerto al mundo, viva yo solamente para ti.
Y a la hora de mi muerte, recibe mi alma peregrina y desterrada que regresa a ti
Amén.
DÉCIMO QUINTA ORACIÓN
Padre Nuestro – Ave María – Gloria
¡Oh Jesús, verdadera y fecunda vid!
Acuérdate de la abundante efusión de sangre que tan generosamente has derramado de tu Sagrado Cuerpo.
Tu preciosa Sangre fue derramada como el jugo de la uva bajo el lagar.
De tu costado perforado por un soldado con la lanza, ha brotado Sangre y Agua, hasta no quedar en tu cuerpo gota alguna.
Finalmente, como un haz de mirra, elevado a lo alto de la cruz, la muy fina y delicada carne tuya fue destrozada; la
sustancia de tu cuerpo fue marchitada y disecada la medula de tus huesos.
Por esta amarga pasión y por la efusión de tu Preciosa Sangre, te suplico: Oh Dulcísimo Jesús, que recibas mi alma
cuando yo esté sufriendo en la agonía de mi muerte.
Amén.

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ORACIÓN FINAL

¡Oh dulce Jesús! Hiere mi corazón, a fin de que mis lágrimas de amor y penitencia me sirvan de pan, día y noche.
Conviérteme enteramente Oh Mi Señor, a ti. Haz que mi corazón sea tu habitación perpetua, y que mi conversación de sea
agradable.
Que el fin de mi vida te sea de tal suerte ensalzable, que después de mi muerte pueda merecer tu paraíso; y alabarte para
siempre en el cielo, con todos tus Santos
Amén.

Sea por siempre bendito y alabado Jesús, que con su sangre nos redimió.
(Tres veces)

GLOSARIO DE TERMINOS

Amén: Amén es una palabra hebrea, cuya raíz significa solidez, certeza; era utilizada en la liturgia como respuesta de fe a la Palabra de
Dios. Con el "Amén" se reconoce lo que se nos ha dicho como una palabra firme, estable, válida y vinculante. Su traducción exacta,
cuando es una respuesta a la Palabra de Dios, es ésta: "Así es y que así sea". Indica fe y obediencia al mismo tiempo; reconoce que lo que
dice Dios es verdad y uno se somete. Es decir "sí" a Dios.
Abismo: Profundidad grande, imponente y inmensa.
Agobiado: Cargado de espaldas o inclinado hacia adelante.
Agonía: Pena o aflicción extremada
Angustia: Dolor o sufrimiento.
Ardor: Encendimiento, enardecimiento de los afectos y pasiones.
Cólera: Ira, enojo, enfado.
Concupiscencia: En la moral católica, deseo de bienes terrenos y, en especial, apetito desordenado de placeres deshonestos.
Contrición: En el sacramento de la penitencia, dolor y pesar de haber pecado ofendiendo a Dios.
Contusiones: Daño que recibe alguna parte del cuerpo por golpe que no causa herida exterior.
Desfallecimientos: desmayo, Extinción, fenecimiento.
Desgarrado: Descarnado, terrible.
Desterrada: Pena que consiste en expulsar a alguien de un lugar o de un territorio determinado, para que temporal o perpetuamente
resida fuera de él.
Disecada: Cortar o seccionar.
Dislocaron: Sacar algo de su lugar. Referido a huesos y articulaciones.
Distendidos: Causar una tensión violenta en un tejido, una membrana.
Divinidad/Divina: Muy excelente, extraordinariamente primoroso.
Efusión: Derramamiento de un líquido, y más comúnmente de la sangre.
Ensalzable: manifestar aprecio o admiración.
Entrañas: Parte más íntima o esencial.
Esencia: Lo más importante y característico de una cosa.
Esplendor: Lustre, nobleza.
Expirado: Acabar la vida.
Expiación: (Reparación): La expiación es la remoción de la culpa o pecado. El sujeto culpable queda absuelto de cualquier pena.
Extingue: Dicho de un plazo o de un derecho: Acabarse, vencer.
Fecunda: Que crea abundantes obras o produce buenos resultados.
Furor: Furia, ira exaltada.
Hiel: Sentimiento de intensa pena, amargura o desabrimiento.
Hiere: Mover o excitar en el ánimo alguna pasión o sentimiento, frecuentemente doloroso; afligir, atormentar el ánimo.
Inaudito: Que causa asombro, sorpresa y extrañeza, Que no puede admitirse o tolerarse y merece ser rechazado.
Indescriptible: Que no se puede describir.
Indignación: Enojo, ira o enfado vehemente contra una persona o contra sus actos.
Infligiendo: Causar daño, Imponer un castigo.
Injuria: Ofensa o agravio inferido a una persona; es toda expresión proferida o acción ejecutada en deshonra, descrédito o menosprecio
de otra persona. Un delito contra el honor o la buena fama, contemplado en la mayor parte de las legislaciones.

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Irrisión: Burla con que se provoca a risa a costa de alguien.
Jalones: tirones firmes y violentos.
Laceradas/Laceraciones: Lastimar, golpear, magullar, herir.
Lagar: Sitio donde se prensa la aceituna para sacar el aceite, o donde se machaca la manzana para obtener la sidra.
Llagas: Úlcera, Daño o infortunio que causa pena, dolor y pesadumbre.
Marchitada: Enflaquecer, debilitar, quitar el vigor, la robustez, la hermosura.
Medula: Sustancia blanda del interior de los huesos.
Méritos: Resultado de las buenas acciones que hacen digna de aprecio a una persona.
Mirra: Licor gomoso y oloroso que sale de los árboles nuevos que producen la mirra ordinaria. Los antiguos la tenían por un bálsamo muy
precioso.
Miserable: Desdichado, abatido o infeliz.
Misericordia: Virtud que inclina el ánimo a compadecerse de los sufrimientos y miserias ajenos.
Oprimido: Que está sometido a la vejación, humillación o tiranía de alguien.
Oprobios: Cosa que produce deshonra o vergüenza públicas.
Pasión: Acción de padecer.
Penitencia: Dolor y arrepentimiento que se tiene de una mala acción, o sentimiento de haber ejecutado algo que no se quisiera haber
hecho.
Peregrina: Dicho de una persona: Que por devoción o por voto va a visitar un santuario, especialmente si lleva el bordón y la esclavina.
Perpetua: Que dura y permanece para siempre.
Perturbada: Dicho de una persona: Que tiene alteradas sus facultades mentales.
Plena: Completo, lleno.
Potestad: Dominio, poder, jurisdicción o facultad que se tiene sobre algo.
Predestinación: Destinación anterior de algo.
Propiciación: (Sacrificio): es una acción agradable a Dios, con que se le mueve a piedad y misericordia; o un sacrificio que se ofrece para
aplacar la justicia divina.
Remisión: (Perdón): El perdón de las malas acciones después de cumplir con la condición de que primero haya arrepentimiento. La
remisión de los pecados se hace posible por medio de la expiación de Jesucristo. El hombre puede obtener la remisión de sus pecados si
tiene fe en Cristo, si se arrepiente de sus pecados, si recibe las ordenanzas del bautismo y la imposición de manos para comunicar el don
del Espíritu Santo, y si obedece los mandamientos de Dios.
Redimirnos: Rescatar o sacar de esclavitud al cautivo mediante precio.
Réprobos: Condenado a las penas eternas.
Satisfacción: Una de las tres partes del sacramento de la penitencia, que consiste en pagar con obras de penitencia la pena debida por
las culpas cometidas.
Solemne: Formal, grave, firme, válido, acompañado de circunstancias importantes o de todos los requisitos necesarios.
Sumergido: Dicho de una persona: Que tiene la atención concentrada en algo.
Suplica: Rogar, pedir con humildad y sumisión algo.
Suplicio: es un tormento o dolor, ya sea físico o moral. El término puede hacer referencia a la lesión corporal o incluso la muerte que es
infligida a modo de castigo, o al lugar donde un reo padece este castigo.
Sustancia: Parte esencial o más importante de algo
Ultraje: Hecho o insulto que ofende a una persona por atentar contra su dignidad, su honor, su credibilidad, etc., especialmente cuando se
hace en público y con cierta violencia.
Vinculo: Atar o fundar algo en otra cosa.
Virtud: Acción virtuosa o recto modo de proceder.
Vislumbrado: Conocer imperfectamente o conjeturar por leves indicios algo inmaterial.

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