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PETER PAN

Había una vez, en las afueras


de Londres, tres hermanos
que se llamaban Wendy, John
y Michael. De los tres Wendy
era la mayor y su encanto por
Peter Pan había logrado que
sus hermanos más pequeños
también sintieran esa
veneración por ese personaje.
Noche tras noche ella les
narraba una de esas
maravillosas historias que
cantaba como era la vida de
Peter Pan. Una de esas
noches, cuando ya el sueño
había comenzado a invadir sus cuerpos, los niños divisaron una lucecita que se
movía en el interior del cuarto. Ellos trataron de distinguir que era lo que provocaba
esa pequeña y luz, y de pronto se quedaron maravillados cuando vieron que en su
habitación estaba Campanita, la pequeña hada que siempre acompañaba a Peter
Pan. Esa noche Peter Pan les propuso viajar junto a él y su pequeña amiga
Campanita al País de Nunca Jamás, un lugar donde vivían los niños perdidos, y
para que no sintieran miedo les dijo:

– Campanita los ayudaría. Ella tiene un polvo mágico que cuando se lo echen les
ayudará a volar.

Y fue de este modo que emprendieron viaje y cuando ya estaban llegando al lugar
tan deseado Peter Pan les dijo:

– Ahí va el barco de Capitán Garfio, deben tener mucho cuidado con él y su


tripulación. El capitán Garfio es un hombre que le teme mucho al sonido “tic tac”
pues en una ocasión un cocodrilo le comió un brazo y hasta con el reloj, de ahí su
temor.

Campanita se comenzó a poner un poco celosa porque Peter Pan estaba teniendo
muchas atenciones con Wendy, así que voló un poco rápido con el propósito de
llegar antes a la casa que el resto de las del grupo. Al llegar les dijo a los Niños
Perdidos que junto a Peter Pan volaba un pájaro al que debían disparar. Ellos
escuchando muy atento las palabras de Campanita dispararon una flecha, que a
pesar de que tumbó a Wendy no la logró herir.
Desde que arribaron a la nueva casa Wendy se convirtió en una madre para los
Niños Perdidos y los cuidaba muy bien a todos incluyendo sus hermanitos y al
propio Peter Pan. Una de las reglas por las que se regían este grupo de niños era
que debían evitar encontrarse con los terribles piratas del capitán Garfio, pero ellos
que actuaban sin escrúpulos, al enterarse que habían llegado nuevos habitantes,
organizaron una emboscada y lograron capturar a Wendy, Michael y John. El
capitán Garfio usando todas las herramientas que tenía a su alcance, buscaba el
modo de lograr destruir a Peter Pan y evitar que rescatar a los niños. Para poder
lograr su objetivo aprovechó que Campanita se sentía envidia del cariño que Peter
le daba a Wendy y trató de usarla. Su objetivo era envenenarlo, y para eso, mientras
él dormía dejó caer unas gotas de veneno.

Al despertar Peter pan se dispuso a tomar el agua, pero Campanita muy arrepentida
de lo que había hecho, voló rápidamente y le tumbó el vaso de agua. Mientras el
vaso caía, unas cuantas gotas le salpicaron, y con eso bastaba para que ella
muriese. La única forma que tenían de salvarla era logrando que todos los niños
creyesen en las hadas y en la fantasía. Gracias a todos los niños Campanita logró
salvarse. Mientras esto ocurría aún Wendy y sus hermanos permanecían
prisioneros. Cada vez faltaba menos tiempo para que fueran arrojados al mar con
las manos atadas a la espalada. Fue en ese momento cuando se escuchó una voz
que le dijo:

– ¡Capitán Garfio aquí estoy! ¡Ven y pelea conmigo!

Peter Pan había sido alertado por Campanita y había salido muy rápidamente para
poder salvar a sus amigos de la muerte. Comenzó la pelea, fue intensa y duró
precisamente hasta que se comenzó a escuchar el tic tac, tic tac que tanto
atemorizaba al capitán Garfio. Fue tanto el nerviosismo que sintió Garfio que tropezó
y cayó al mar, y es muy probable que aún siga huyendo de ese terrible cocodrilo
que no lo deja de perseguir ni un segundo. El resto de los piratas siguieron los pasos
de su capitán y se lanzaron al mar mientras los niños se reían a carcajadas. Los
niños ya deseaban volver a casa pues extrañaban a sus padres y sus cosas, así
que decidieron volver. Peter Pan junto a los Niños Perdidos le pidieron una y otra
vez que no los abandonaran y que siguieran con ellos ahí para siempre siendo
niños. A pesar de las insistencias lo niños estaban decididos así que partieron con
la ayuda de Peter, y ya casi a punto de llegar les fijo:

– Nunca pierdan ese niño que tiene dentro, ni abandonen su fantasía ni la


imaginación.

– No lo haremos jamás -respondieron los tres pequeños.


BLANCA NIEVES

Blancanieves era una bella niña que tenía grandes sentimientos. Siendo aún muy
pequeña su madre murió y, tiempo después, su padre volvió a rehacer su vida al
lado de otra mujer. La madrasta de Blancanieves era una terrible mujer y la
envidiaba muchísimo a causa de su belleza. La madrasta de Blancanieves poseía
un espejo mágico que era capaz
de decirle quien era la mujer más
guapa del reino. Ella siempre muy
confiada le decía:

– Ohhh espejito mágico, ¿podrías


decirme tu quién es la más guapa?

– Eres tú mi señora, la más bella


de todas – el espejo respondía
ante la petición de su ama.

Hubo una ocasión en que la respuesta del espejo no fue la que ella acostumbraba
a escuchar sino que en su lugar dijo:

– Mi señora eres tú muy guapa pero, siento decirle que hoy Blancanieves es más
guapa.

Al escuchar aquella respuesta la mujer enfureció muchísimo pues no entendía que


Blancanieves fuese la más hermosa. Debido a esto reunió a todos sus sirvientes
con prisa y les dijo:

– Hace unos instantes el espejo mágico me ha revelado que ahora Blancanieves es


más guapa que yo. Es por esto que les ordeno que la capturen, la lleven al bosque
y la maten, y para estar segura de que cumplieron la orden, me traen en una caja
su corazón.

Todos los sirvientes, ante tal orden, fueron en busca de la joven y al encontrarla le
propusieron ir a dar un paseo por el bosque. Mientras daban el paseo, todos los
empleados iban comentando que no podían hacer eso porque la pequeña
Blancanieves era muy buena y noble y no se merecía ese castigo. Después de un
rato caminando llegaron a las profundidades del bosque, y ahí todos los sirvientes
le contaron que su madrastra los había enviado a matarla pero que ellos no podía
hacer eso, la dejaron ahí y le pidieron que huyera. En su lugar, le llevaron a la
madrastra un corazón de un jabalí para que no sospechara. La pobre muchacha
empezó a caminar por el bosque hasta que encontró una pequeña casita y entró.
En el interior todo era muy pequeño, había una mesa muy chiquitica, 7 sillitas y 7
camitas. La pobre Blancanieves tenía mucha hambre y estaba un poco cansada así
que se comió todo lo que había en los siete platitos y después se acostó sobre las
siete camitas. Esta pequeña casita que Blancanieves había invadido tenía dueños,
y no eran nada más y nada menos que siete enanitos. Al llegar estos a la casa se
percataron como la niña dormía tan placenteramente sobre sus camas. Uno de los
presentes al verla dijo:

– ¡Nunca había visto tanta belleza! Vean que linda es.

– Si es muy bella – respondió otro de los enanos – Podría quedarse a vivir con
nosotros. Y así sucedieron las cosas, al despertar ella les contó todo lo que había
sucedido y las terribles cosas que su madrastra pretendía. Al terminar le pidieron
que se quedara con ellos y ella accedió muy contenta. La madrasta no se daba por
vencida y seguía preguntándole a su espejo que quien era la más guapa de todas,
y el espejo como no podía mentir, respondía una y otra vez:

– Mi señora eres tú muy guapa pero, siento decirle que hoy Blancanieves es más
guapa. La madrastra muy enfadada decía – esto no puede ser, ella está muerta, yo
vi su corazón.

El espejo ante tal exclamación le dijo a su señora:

– Siento decirle que fue engañada, ella no está muerte, sino que vive aún, y está en
una pequeña casa en el bosque junto a siete enanitos. La madrastra muy enfadad,
al descubrir que había sido engañada y que la joven aún vivía, se disfrazó de vieja
y se dirigió hacia donde estaba la pequeña. Para poder acabar de una vez con ella,
llevaba una cesta con manzanas que esteban envenenadas. Al llegar a la casa tocó
a la puerta y Blancanieves dijo:

– ¿Quién llama a la puerta? – dijo Blancanieves.

– Mi niña, soy una anciana muy pobre y he venido a traerte manzanas – respondió
la malvada madrastra.

Al escuchar esas palabras, Blancanieves abrió la puerta y al ver las hermosas


manzanas no pudo resistirse. Tomó una ye inmediatamente cayó muerta. La terrible
mujer se marchaba riendo mucho y muy alegre de que por fin había logrado acabar
con Blancanieves y ser ella la más hermosa de todas. Los enanitos, al llegar a la
casa se encontraron a Blancanieves tendida en el suelo y ellos muy entristecidos
empezaron a llorar. Los enanitos muy apenados construyeron una caja de cristal en
la que pusieron a Blancanieves y la trasladaron al bosque. Mientras estaban allí, el
príncipe pasó y se quedó maravillado con la belleza de Blancanieves y sintió mucho
la tristeza de los enanitos. Fue entonces cuando decidió abrir la caja y besar a
Blancanieves, que despertó. ¡Qué alegría tenían todos los enanos cuando vieron
que Blancanieves estaba viva, no paraban de saltar de la emoción! Después de esto
el príncipe se casó con Blancanieves y ellos junto a los siete enanitos vivieron juntos
en el palacio.
EL PATITO FEO

Al igual que todos los años, en los meses de verano, la Señora Pata se dedicaba a
empollar. El resto de las patas del corral siempre esperaban con muchos deseos
que los patitos rompiesen el cascarón para poder verlos, pues los patitos de esta
distinguida pata siempre eran los más bellos de todos los alrededores.

El momento tan esperado llegó, lo


que causó un gran alboroto ya que
todas las amigas de mamá pata
corrieron hacia el nido para ver tal
acontecimiento. A medida que iban
saliendo del cascarón, tanto la
Señora Pata como sus amigas
gritaban de la emoción de ver a unos
patitos tan bellos como esos. Era
tanta la algarabía que había alrededor del nido que nadie se había percatado que
aún faltaba un huevo por romperse.

El séptimo era el más grande de todos y aún permanecía intacto lo que puso a la
expectativa a todos los presentes. Un rato más tarde se empezó a ver como el
cascarón se abría poco a poco, y de repente salió un pato muy alegre. Cuando todos
lo vieron se quedaron perplejos porque este era mucho más grande y larguirucho
que el resto de los otros patitos, y lo que más impresionó era lo feo que era.

Esto nunca le había ocurrido a la Señora Pata, quien para evitar las burlas de sus
amigas lo apartaba con su ala y solo se dedicaba a velar por el resto de sus
hermanitos. Tanto fue el rechazo que sufrió el patito feo que él comenzó a notar que
nadie lo quería en ese lugar.

Toda esta situación hizo que el patito se sintiera muy triste y rechazado por todos
los integrantes del coral e incluso su propia madre y hermanos eran indiferentes con
él. Él pensaba que quizás su problema solo requería tiempo, pero no era así pues
a medida que pasaban los días era más largo, grande y mucho más feo. Además
se iba convirtiendo en un patito muy torpe por lo que era el centro de burlas de
todos.

Un día se cansó de toda esta situación y huyó de la granja por un agujero que se
encontraba en la cerca que rodeaba a la propiedad. Comenzó un largo camino solo
con el propósito de encontrar amigos a los que su aspecto físico no les interesara y
que lo quisieran por sus valores y características.

Después de un largo caminar llegó a otra granja, donde una anciana lo recogió en
la entrada. En ese instante el patito pensó que ya sus problemas se habían
solucionado, lo que él no se imaginaba que en ese lugar sería peor. La anciana era
una mujer muy mala y el único motivo que tuvo para recogerlo de la entrada era
usarlo como plato principal en una cena que preparaba. Cuando el patito feo vio eso
salió corriendo sin mirar atrás.

Pasaba el tiempo y el pobrecillo continuaba en busca de un hogar. Fueron muchas


las dificultades que tuvo que pasar ya que el invierno llegó y tuvo que aprender a
buscar comida en la nieve y a refugiarse por sí mismo, pero estas no fueron las
únicas pues tuvo que esquivar muchos disparos provenientes de las armas de los
cazadores.

Siguió pasando el tiempo, hasta que por fin llegó la primavera y fue en esta bella
etapa donde el patito feo encontró por fin la felicidad. Un día mientras pasaba junto
a estanque diviso que dentro de él había unas aves muy hermosas, eran cisnes.
Estas tenían clase, eran esbeltas, elegantes y se desplazaban por el estanque con
tanta frescura y distinción que el pobre animalito se sintió muy abochornado por lo
torpe y descuidado que era él.

A pesar de las diferencias que él había notado, se llenó de valor y se dirigió hacia
ellos preguntándole muy educadamente que si él podía bañarse junto a ellos. Los
cisnes con mucha amabilidad le respondieron todos juntos:

– ¡Claro que puedes, como uno de los nuestros no va a poder disfrutar de este
maravilloso estanque!

El patito asombrado por la respuesta y apenado les dijo:

– ¡No se rían de mí! Como me van a comparar con ustedes que están llenos de
belleza y elegancia cuando yo soy feo y torpe. No sean crueles burlándose de ese
modo.

– No nos estamos riendo de ti, mírate en el estanque y veras como tu reflejo


demostrara cuan real es lo que decimos.- le dijeron los cisnes al pobre patito.

Después de escuchar a las hermosas aves el patito se acercó al estanque y se


quedó tan asombrado que ni el mismo lo pudo creer, ya no era feo. ¡Se había
transformado en un hermoso cisne durante todo ese tiempo que pasó en busca de
amigos! Ya había dejado de ser aquel patito feo que un día huyó de su granja para
convertirse en el más bello y elegante de todos los cisnes que nadaban en aquel
estanque.
EL LIBRO DE LA SELVA

Como cada tarde la pantera Bagheera fue al río a saciar su sed, pero ese día estaba
destinado a que pasase algo distinto, que cambiaría su rutina.

A la orilla del río había una pequeña embarcación en ruinas, de cuyo interior
provenía el lamento de un pequeño humano. Bagheera no quiso dejarlo allí solo,
donde podría morir de
inanición o ante el apetito
voraz de cualquier otro
depredador de la jungla, por lo
que lo tomó y lo llevó a la
manada de lobos que habitaba
por allí, para dejarlo a su
cuidado.

En la manada el niño fue


recibido como un hijo de la jungla más y fue nombrado Mowgli.

El criarse en la selva con lobos convirtió a Mowgli en una criatura salvaje, pero con
cuerpo y sentimientos humanos, que gozaba de las simpatías de todos los animales
excepto uno: el tigre Shere Khan, quien advirtió que iría a por el muchacho para
devorarlo.

Shere Khan odiaba a los hombres y no permitiría que uno en la jungla le disputase
su reinado.

Ante el inminente peligro que el sanguinario tigre representaba para Mowgli, los
lobos le dijeran a su protectora, la pantera Bagheera, que lo llevase a la aldea de
hombres más cercana que hubiese, pues allí es donde más seguro estaría.

Bagheera aceptó, contra la voluntad de Mowgli que no temía al tigre, y lo hizo


emprender un viaje junto a ella en busca de la aldea.

El viaje del singular binomio tuvo muchas peripecias. Una noche treparon a un árbol
para dormir y una enorme serpiente, conocida como Kaa, hipnotizó al niño para
engullirlo.

Gracias al rápido accionar de Bagheera esto no sucedió y pudieron seguir su


camino, en el que tropezaron con una banda de elefantes, que funcionaban como
la patrulla de la jungla, encargada de velar por el orden en la misma.

A Mowgli le encantó el estilo de estos elefantes y quiso desfilar con ellos, lo cual
molestó mucho al jefe de la patrulla, quien no quiso dañar al muchacho pero pidió a
la pantera que se lo llevase urgentemente de allí.
Molesto por tener que seguir viaje hacia un sitio en el que no quería estar, el chico
escapó del control de su protectora hacia las profundidades de la selva, donde
conoció a un perezoso y simpático oso llamado Baloo.

Este hizo de inmediato buenas migas con el muchacho y le dijo que lo enseñaría a
ser un buen oso despreocupado como él.

A Mowgli le encantó la idea y comenzó a aprender de Baloo todo lo que necesitaba


para ser un gran oso como él.

Pero sucede que al percatarse de la presencia del niño por esos alrededores, los
monos Bandar Long lo raptaron para llevarlo ante su líder King Louie, un orangután
cuyo estado mental emulaba con la locura.

King Louie no quería dejar ir a Mowgli hasta que no le revelase el secreto del fuego,
algo que el chico no sabía porque no había estado nunca entre humanos.

Por suerte Bagheera y Baloo, que se habían juntado ante la desaparición de Mowgli,
dieron con su paradero y lo rescataron de los locos monos Bandar Long, no sin
antes protagonizar una curiosa lucha cuya consecuencia fue la destrucción del
templo de King Louie.

Tras mucho discutir como buenos amigos que eran, la pantera convenció al oso y
al niño de que lo mejor era que este último estuviese con sus semejantes. Allí tendría
más seguridad y ello no implicaba que dejasen de verse de vez en cuando.

Cuando faltaba poco para llegar a la aldea el tigre Shere Khan fue al encuentro de
Mowgli para matarlo, pero Baloo intercedió en su defensa y se batió fieramente con
el depredador.

A pesar de su habilidad, Baloo tenía las de perder, razón por la que Mowgli acudió
a la pelea con una rama prendida con fuego, que se había incendiado ante el
impacto de un rayo en un árbol cercano, y causó temor en el fiero felino, que huyó
despavorido.

Así, el trío de amigos reemprendió viaje hasta que por fin llegaron a las
inmediaciones de la aldea. No hizo falta que ninguno de los dos animales
convenciese a Mowgli de que allí debía estar, pues este quedó prendado de una
bella niña que merodeaba por allí, buscando agua, y sin dudarlo y apenas
despedirse de sus amigos, la siguió.

Baloo quedó entristecido pero al igual que Bagheera comprendía que el hijo de la
jungla estaba donde le correspondía, entre hombres, aunque en la selva siempre
tendría fieles y adorables amigos.
LOS TRES COCHINITOS

Había una vez 3 cerditos que eran hermanos y vivían en lo más profundo del
bosque. Siempre habían vivido felices y sin preocupaciones en aquel lugar, pero
ahora se encontraban temerosos de un lobo que merodeaba la zona. Fue así como
decidieron que lo mejor era construir cada uno su propia casa, que les serviría de
refugio si el lobo los atacaba.

El primer cerdito era el más


perezoso de los hermanos, por
lo que decidió hacer una
sencilla casita de paja, que
terminó en muy poco tiempo.
Luego del trabajo se puso a
recolectar manzanas y a
molestar a sus hermanos que
aún estaban en plena faena.

El segundo cerdito decidió que


su casa iba a ser de madera,
era más fuerte que la de su
hermano pero tampoco tardó mucho tiempo en construirla. Al acabar se le unió a su
hermano en la celebración.

El tercer cerdito que era el más trabajador, decidió que lo mejor era construir una
casa de ladrillos. Le tomaría casi un día terminarla, pero estaría más protegido del
lobo. Incluso pensó en hacer una chimenea para azar las mazorcas de maíz que
tanto le gustaban.

Cuando finalmente las tres casitas estuvieron terminadas, los tres cerditos
celebraron satisfechos del trabajo realizado. Reían y cantaban sin preocupación -
“¡No nos comerá el lobo! ¡No puede entrar!”.

El lobo que pasaba cerca de allí se sintió insultado ante tanta insolencia y decidió
acabar con los cerditos de una vez. Los tomó por sorpresa y rugiendo fuertemente
les gritó: -“Cerditos, ¡me los voy a comer uno por uno!”.

Los 3 cerditos asustados corrieron hacia sus casas, pasaron los pestillos y pensaron
que estaban a salvo del lobo. Pero este no se había dado por vencido y se dirigió a
la casa de paja que había construido el primer cerdito.

– “¡Ábreme la puerta! ¡Ábreme o soplaré y la casa derribaré!”- dijo el lobo feroz.


Como el cerdito no le abrió, el lobo sopló con fuerza y derrumbó la casa de paja sin
mucho esfuerzo. El cerdito corrió todo lo rápido que pudo hasta la casa del segundo
hermano.

De nuevo el lobo más enfurecido y hambriento les advirtió:

-“¡Soplaré y soplaré y esta casa también derribaré!”

El lobo sopló con más fuerza que la vez anterior, hasta que las paredes de la casita
de madera no resistieron y cayeron. Los dos cerditos a duras penas lograron
escapar y llegar a la casa de ladrillos que había construido el tercer hermano.

El lobo estaba realmente enfadado y decidido a comerse a los tres cerditos, así que
sin siquiera advertirles comenzó a soplar tan fuerte como pudo. Sopló y sopló hasta
quedarse sin fuerzas, pero la casita de ladrillos era muy resistente, por lo que sus
esfuerzos eran en vano.

Sin intención de rendirse, se le ocurrió trepar por las paredes y colarse por la
chimenea. -“Menuda sorpresa le daré a los cerditos”, – pensó.

Una vez en el techo se dejó caer por la chimenea, sin saber que los cerditos habían
colocado un caldero de agua hirviendo para cocinar un rico guiso de maíz. El lobo
lanzó un aullido de dolor que se oyó en todo el bosque, salió corriendo de allí y
nunca más regresó.

Los cerditos agradecieron a su hermano por el trabajo duro que había realizado.
Este los regañó por haber sido tan perezosos, pero ya habían aprendido la lección
así que se dedicaron a celebrar el triunfo. Y así fue como vivieron felices por
siempre, cada uno en su propia casita de ladrillos.
BAMBI

Era uno de esos bellos días, de los que normalmente ocurrían en el bosque, cuando
un pájaro comenzó a expandir la noticia por todos los lugares. Volaba rápido e iba
despertando a todos los animales diciéndoles que ya había un nuevo príncipe en el
bosque, había nacido Bambi. Al
escuchar las palabras del pájaro todos
fueron a su encuentro.

Bambi comenzó a crecer y junto a él


siempre estuvo un conejillo conocido
por tambor. Él lo ayudó a dar los
primeros pasos, le enseñó todas las
cosas magníficas que podía encontrar
en la naturaleza y todos sus misterios,
ya que para Tambor no había nada
oculto.

Pasaban mucho tiempo jugando y


corriendo, y en unas de esas correrías conocieron a Flor, una pequeña zorrita que
poco a poco se fue incorporando a las andanzas de juegos y carreras de Bambi y
Tambor.

Un día, en cuanto amaneció, la madre de Bambi le pide que fuera con ella a la Gran
Pradera pues ya había llegado el momento de conocer a alguien muy importante y
especial. Ese animal tan importante no era nada menos que el padre de Bambi, el
rey del bosque y cuyo aspecto era majestuoso. Fue en este recorrido donde también
pudo conocer a Falina, una linda cervatilla, por la que Bambi quedó muy atraído.

Llegó el primer invierno de Bambi, y a pesar de que para él era muy divertido pudo
darse cuenta de que en este período la situación se ponía difícil para los animales.
La alimentación era uno de los principales renglones que se veía afectada pues a
consecuencia del clima muchos alimentos escaseaban por lo que comer les sería
muy difícil.

Otra de las cosas que más afectaba a los animales en este período era la presencia
del hombre, su peor enemigo. Ellos siempre andaban con perros y palos con llamas
muy altas, y tenían como objetivo cazar a todos los que tuviesen en frente. Cualquier
animal que se cruzara en su camino, moría sin dejar rastro alguno. El pequeño
Bambi tuvo que presenciar esta situación, y ver como su madre era una de las
víctimas del hombre. Un día cuando iban a toda carrera en busca de un escondite
para protegerse, Bambi escuchó un disparo, y después de eso no volvió a ver a su
madre jamás.
Por suerte el invierno acabó y llegaron los cálidos y bellos días de primavera donde
desapareció el blanco de la nieve y renació el verde de las plantas. Junto con este
cambio de estación, Bambi cambió también, ya no era más un pequeño e indefenso
animal sino que ya tenía unos cuernos muy bellos que resaltaban en su cabeza. Es
en esta delicada etapa del año cuando todos los animales deciden enamorarse,
pero Bambi y sus amigos no eran de esos. Ese grupo de tres siempre andaba
diciendo que ellos nunca se enamorarían y que no eran de ese tipo, pero sucedió
todo lo contrario. Primero se enamoró Flor, después Tambor emprendió camino
junto a una conejita muy linda con pestañas muy largas, y por último Bambi se
encontró con Falina delante de la que cayó perdidamente enamorado.

Bambi no era el único que deseaba el corazón de Falina así que tuvo que pelear
con otro ciervo tan joven y esbelto como él. En esta pelea nuestro querido Bambi
fue el vencedor, y fue desde ese entonces que jamás se separaron de nuevo.

Cuando creían que ya eran felices completamente, llegó el hombre para echarlo a
perder todo de nuevo y destruir la paz con la que vivían. Los atacaron fuertemente,
sobre a todo a Falina, quien pudo liberarse de los perros gracias a Bambi quien no
solo peleo contra ellos sino que buscó la forma de mantenerlos entretenidos para
que Falina pudiese huir.

Hubo un disparo, y después cayó Bambi, y para empeorar la situación el bosque


comenzó a incendiarse. Los animales le temían al fuego más que a los propios
cazadores así que corrían desesperados por todos los lados posibles con el único
propósito de poder salvarse. Todos podían hacer esto, todos menos el pequeño
Bambi que no podía porque su herida era muy grave.

Pero siempre hay una luz al final del camino, y fue que cuando para Bambi todo
estaba perdido, el rey del bosque salió para ayudarlo dándole el ánimo necesario y
señalándole el camino al río, que sería su única posibilidad de salvación. Pero al
final pudo llegar y salvarse, y al final atravesaron un largo camino llegan al lago
donde se reunirían con Falina.

En la siguiente primavera Bambi fue proclamado rey del bosque debido a que su
padre se había retirado, y además en este momento tuvo unos bellos hijos.
LA CENICIENTA

Cuenta una vieja historia que en un bello país había un rico comerciante que tenía
una bella hija llamada Cenicienta.

Padre e hija vivían solos en una esplendorosa casa porque el comerciante había
enviudado. La madre de Cenicienta había sido tan bella como la hija, pero una
repentina enfermedad había acabado con su vida.

Solos vivieron unos años hasta


que el padre decidió que su hija
merecía las atenciones y el
cuidado de una nueva madre.
Por ello contrajo matrimonio
con una respetable señora,
que también tenías dos hijas
de la misma edad
aproximadamente de
Cenicienta, aunque ante la belleza de esta las dos deslucían completamente.

Por ello, desde el principio la nueva madrastra y sus hijas miraban con profunda
envidia a la tierna Cenicienta. Pasaron otros pocos años y la desgracia se
apoderaría de la bella muchacha. Su padre también murió de forma imprevista, por
lo que el control de la casa y la fortuna familiar recayó sobre la madrastra, quien lo
malgastó satisfaciendo sus caprichos y los de sus hijas. Bajo el régimen despótico
de estas, Cenicienta acabó siendo sirvienta en la casa que la vio nacer, y que por
derecho merecía más que estas.

Sus jornadas se tornaban tortuosas, pues tenía que hacerlo todo en la casa,
mientras sus hermanastras y madrastra vivían rampantes, sin hacer nada salvo
explotarla. Un día a la casa llegó la noticia de que el rey ofrecía un baile donde se
seleccionaría la chica a la que el príncipe desposaría.

Cenicienta, que había visto al príncipe en alguna que otra ocasión y sentía simpatías
por él, le preguntó a la madrastra si podía ir. Con burla, esta le dijo que si hacía
todos los deberes para esa fecha y encontraba un vestido decente le permitiría
asistir con sus hijas.

Sin embargo, durante esos días recargó tanto de tareas a la muchacha, que si no
hubiese sido por la ayuda de los animales de la casa, los únicos amigos de
Cenicienta, esta ciertamente no hubiese terminado en tiempo y mucho menos
hubiese tenido un vestido hermoso con el que ir.

Así, llegó la fecha marcada y Cenicienta, con todo terminado, bajó a la sala en un
lindo vestido que había sido de su madre y sus amigos le habían ayudado a preparar
para la ocasión. Muertas de envidia las hermanastras se arrojaron sobre ella y
destruyeron su vestido, con lo que a Cenicienta no le quedó otra que echarse a llorar
de impotencia mientras la madrastra y sus envidiosas y poco agraciadas hijas iban
al baile. Tanto lloró Cenicienta que sus sollozos llegaron a los oídos del hada
madrina de las causas imposibles, quien fue hasta la otrora casa de un rico
comerciante y su linda hija. Al ver a la muchacha y conocer la causa de su llanto, el
hada madrina le dijo que haría posible que fuese al baile, con la condición de que
regresara antes del término de las 12 campanadas que anunciaban la medianoche.

Cenicienta accedió y con tan solo unos golpes de varita del hada, quedó vestida
divinamente para la ocasión.

Asimismo, tenía a su disposición un bello carruaje hecho a partir de una calabaza y


personal de servicio, que eran sus amigos animales transformados por arte de
magia. Sin perder un segundo Cenicienta fue al palacio y apenas llegó todos
quedaron maravillados por su belleza, incluido el príncipe, que la invitó a bailar de
inmediato.

Toda la noche danzaron juntos, pues en el corazón del joven no había cabida para
ninguna otra de las asistentes al baile. Aunque les resultaba familiar la misteriosa
muchacha, ni la madrastra ni sus hijas pudieron reconocer a Cenicienta, que apenas
empezaron a sonar las campanadas de medianoche se percató de su descuido y
huyó de los brazos del príncipe. Este quedó destrozado y la siguió por unos
instantes, pero no le fue posible darle alcance a la mujer con la que sentía debía
casarse sin perder un día más.

Por suerte para él, en su carrera Cenicienta dejó una de las zapatillas de cristal que
el hada le había dado para que calzase, así que su pena podría tener solución. Al
día siguiente todo era igual que siempre en casa de Cenicienta, salvo por una cosa.
Aguardaban a la caravana real, que estaba yendo casa por casa y probando la
zapatilla de la misteriosa joven a todas las muchachas de la comarca. A la que
calzase la zapatilla, sería llevada de inmediato a palacio para contraer nupcias con
el príncipe. Cuando llegaron a casa de Cenicienta, que había sido encerrada por su
madrastra para no optar por la rara prueba, las dos hermanastras se esforzaron por
que les sirviese la zapatilla, pero todo fue en vano. Como no parecía haber más
nadie en ese domicilio la caravana estaba a punto de partir, más una vez más los
animalitos ayudaron a Cenicienta y la liberaron de su encierro. La chica pudo
probarse su zapatilla y casarse con el príncipe, con lo que puso punto final a todo
su infortunio y ganó la felicidad total para toda su vida.
LA SIRENITA

Érase una vez un reino submarino de gran majestuosidad, donde habitaban todas
las criaturas marinas que el hombre solo ha conocido en su imaginación y viejas
leyendas. Este reino era gobernado por el sabio rey Tritón, el cual tenía cinco bellas
hijas sirenas.

La menor de todas se llamaba Ariel, quien superaba a sus hermanas en belleza,


pero también en curiosidad y atrevimiento.

La sirenita Ariel soñaba con ir


hacia la superficie del mar
para conocer la belleza del
cielo y conocer de cerca a
esas inteligentes criaturas
llamadas humanos.

Conocedor del profundo


interés de su hija, Tritón vivía
preocupado y continuamente
le decía que cuando cumpliese 15 años podría subir a la superficie, pero que nunca
le permitiría acercarse a los humanos. Ariel contaba los días para la marcada fecha.
Así, cuando esta llegó pidió permiso a su padre y con la venia de este fue sin dudarlo
a la superficie.

Ciertamente el cielo era tan lindo como se lo habían descrito. Tras unos minutos de
deleite vio un extraño cuerpo que se acercaba al sitio exacto donde estaba. Era un
barco y quedó impactada por la majestuosidad de tan rara construcción. De
inmediato se refugió tras una roca para no ser vista, pero lo suficientemente cerca
como para saber quiénes iban a bordo de la embarcación.

De esa forma vio por primera vez en su vida a los humanos y quedó particularmente
prendada de uno: el joven Eric, quien era el capitán de la tripulación y en su honor
se estaba festejando con verdadero jolgorio. Sin embargo, la felicidad de los
humanos se vería importunada. Una rápida tormenta se formó y fieras olas
zarandearon el barco, tirando por la borda a gran parte de sus tripulantes, Eric entre
ellos. Al ver esto la sirenita Ariel no podía quedarse impasible.

De inmediato se dirigió a donde estaba Eric, luchando por su vida pero


prácticamente inconsciente. Ariel lo ayudó a llegar a la orilla y allí lo dejó. Mientras
lo contemplaba con una mirada de amor, el joven Eric despertaba de su letargo y
por unos segundos contempló a la bella muchacha que le había salvado la vida.

Quedaron enamorados a primera vista, pero Ariel sabía que era imposible, por lo
que huyó a las profundidades del mar antes de que el príncipe pudiese verla bien.
Pasaron unos días y ninguno de los dos podía dejar de pensar en el otro. Ariel
estaba profundamente enamorada y cada día se escapaba en las tardes a su refugio
secreto, donde había reunido restos y enseres de la embarcación que había
conocido.

Tan raro era su comportamiento por esos días, que su padre la siguió y al descubrir
qué era lo que con tanto celo guardaba su hija, se enojó mucho. Quería protegerla
de la crueldad humana a toda costa y por ello no dudó en destruir los tesoros de
Ariel con verdadera furia.

La sirenita se sintió muy triste y castigada por su padre.

No concebía por qué se le negaba lo más lindo que había sentido y tenido en su
vida: el amor. Sin saber qué hacer, fue a ver a la malvada bruja Úrsula, para ver si
con su magia negra podía ayudarla a convertirse en una mujer humana. La bruja de
largos tentáculos la convirtió en mujer como deseaba, pero la privó de su principal
encanto: su voz. Le explicó a la sirenita, ahora bella muchacha, que tenía tres días
para besar al joven Eric. Si no lo hacía en ese lapso, volvería a ser una sirena y no
recuperaría nunca su voz. Ariel aceptó el reto y se presentó ante el joven Eric, quien
pensó que por el físico era su amada, a la que soñaba cada noche, pero dudaba
constantemente dado que aquella tenía una bella voz y la que estaba a su lado no
podía hablar. Durante tres días fueron varios los momentos en que la pareja pudo
haberse besado, pero Úrsula impidió que esto ocurriese.

En su malévola mente tenía un plan y era apoderarse para sí de la voz de la sirenita,


con lo que adoptaría su forma y sería ella quien se casase con el príncipe. Llegado
el término del plazo el plan de Úrsula se materializó. Ariel volvió a ser sirena y la
bruja adoptó la figura de la bella muchacha, con su voz y todo. Hechizado, Eric le
propuso casarse enseguida a la bruja y creyó que Ariel era una malvada criatura
que lo había engañado.

Por suerte, antes del sí quiero todos los animales y criaturas marinas, que adoraban
a la sirenita Ariel y querían su felicidad por encima de todo, el rey incluido, que había
recapacitado, acudieron en ayuda de la niña e impidieron la boda. Rápidamente
descubrieron a Úrsula y se las arreglaron para que Ariel recuperase su voz. Eric
cayó en la cuenta de que había sido engañado, por lo que acabó con la vida de la
bruja y no dudó en besar a Ariel, aunque fuera una sirena. Pero sucede que con el
beso los sueños de ambos se cumplieron. El amor todo lo puede y la cola de Ariel
se convirtió en un par de lindas piernas.

Así, la pareja vivió feliz para siempre y lograron establecer la armonía entre el reino
de los hombres y el de las sirenas.
LOS ARISTOGATOS

A pesar de ser viuda, Madame Adelaida Bonfamille era muy feliz. Su casa era bella
y gracias a la lealtad y buen empeño de su mayordomo Edgar, en ella todo estaba
ordenado y marchaba bien, por lo que su fortuna no mermaba en lo más mínimo.

Pero lo que más feliz la hacía de todo era


la belleza y buenos hábitos de sus gatos,
los que sin dudas estaban entre los más
afortunados de la gran urbe parisina, pues
tenían todas las atenciones y comodidades
que un gato doméstico pudiese desear, al
punto de que eran conocidos en el
vecindario como los aristogatos (por
aristocracia) de Madame Adelaida.

Duquesa, la mayor de las mascotas, era una bella gata blanca. Además de ella, en
la gran mansión vivían sus tres pequeñines: Marie, que cantaba con dulzura y
simulaba en belleza a su madre; Beriloz, que tocaba el piano con gran habilidad; y
Toulose, que pintaba y desbordaba creatividad, pero también picardía.

Los tres eran orgullo de Duquesa y de Madame Adelaida, las que aspiraban que al
igual que la gran gata blanca, los pequeños se convirtieran en grandes nobles, en
unos verdaderos aristogatos. La felicidad y armonía en casa de Madame Adelaida
se rompería súbitamente.

Resulta que esta llamó un día a su abogado con el objetivo de hacer su testamento,
pues consideraba que ya iba siendo tiempo por su edad. En el documento, legó toda
su fortuna y mansión a sus felinos, cuyo cuidado encargaba al mayordomo Edgar,
quien a su vez heredaría todo una vez los animales no estuvieran. Al tanto de esto,
el mayordomo fui víctima de la codicia. Pensó que para ver reciprocado todo su
trabajo, lealtad y dedicación de los últimos años, debería esperar mucho tiempo,
pues cada gato se decía que tenía siete vidas.

Por ello, dejándose llevar por las ambiciones más bajos que suelen nublar el juicio
de las personas, ideó un malévolo plan que no dudó en llevar a cabo.

Este consistió en encerrar a los cuatro gatos en una bolsa y llevarlos bien lejos de
la casa, para lanzarlos a un río y cerciorarse que los animales no fuesen obstáculos
para heredar la fortuna de la señora a la que había servido tanto tiempo. Así lo hizo
y si no hubiese sido por un gato callejero, llamado Tomás O´Malley, su plan hubiese
resultado.

Duquesa y sus hijos habían logrado salirse de la bolsa y del río, pero tras pasar una
noche con mucho frío y sin saber dónde estaban y cómo regresar a su casa,
O´Malley, que era como el pequeño Toulose adulto, acudió en su socorro y prometió
ayudarles a regresar a su hogar.

De esta forma, acompañados por un verdadero conocedor de la calle y de todos los


recovecos de París, Duquesa y sus pequeños estaban felices, pues sabían que
volverían a la comodidad de la mansión, bajo los gratos cuidados y amor de
Madame Adelaida. Desde el pirncipo O´Malley quedó prendado de Duquesa y le
agradaron los niños, y aunque los ayudaría de buena fe, lamentaba el hecho de que
pronto volverían a separarse. El camino a la mansión era largo, por lo que tuvieron
que pasar la noche en otra barriada de París.

O´Malley les dijo que podían descansar en su buhardilla y a la mañana siguiente


reemprenderían viajes con más energía, algo que aceptó Duquesa.

Sin embargo, cuando llegaron al recinto de su salvador, había muchos otros gatos
que habían irrumpido en él. Se trataba de Gato Jazz, amigo de O´Malley, y los
integrantes de su banda, los que dieron una calurosa bienvenida e hicieron disfrutar
su música a las Aristogatos, que nunca antes se habían divertido de tal forma.

A la mañana siguiente llegó el momento de la despedida. Tanto los pequeños como


Duquesa le habían tomado mucho aprecio a O´Malley y no concebían el hecho de
que ya no volvieran a verse. Resulta que cuando los gatos entraban de nuevo en la
mansión, entusiasmados por volver a ver a Madame Adelaida, Edgar, que los había
visto con antelación, les tenía una trampa tendida. Los había vuelto a encerrar y se
disponía a mandarlos en una caja a un país muy alejado, del cual nunca podrían
volver a regresar.

Por suerte, un pequeño ratón amigo de Duquesa presenció la escena y bajo las
indicaciones de esta, acudió a la buhardilla de O´Malley para que una vez más fuese
al rescate. Sin dudarlo, el gato callejero y galán, que ya había conquistado el
corazón de Duquesa, fue acompañado por sus amigos músicos a rescatar a sus
amigos aristócratas. Hacerlo no le tomó gran trabajo y con zancadas y arañazos
logró salvar a sus amigos y meter a Edgar en la caja, con lo 1ue fue el mayordomo
quien nunca más regresó a la mansión.

De esta forma Madame Adelaida recuperó a sus gatos, a los que siguió dando los
mismos caprichos y atenciones de siempre, con una diferencia; ahora el grupo tenía
un nuevo miembro, O´Malley, pareja de Duquesa y todo un padre para los tres
pequeñines y futuros Aristogatos, a los que también les gustaba el Jazz y la vida en
las calles de París.