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Rolando Astarita ¿Exigirle a Cambiemos que deje de ser

Cambiemos?

¿Exigirle a Cambiemos que deje de ser Cambiemos?


En un conocido texto de 1903 Lenin recordaba “la certera observación de
Parvus” acerca de que “es difícil cazar a un oportunista con una simple fórmula
porque no vacilará en firmar cualquier fórmula, y con la misma facilidad
renegará de ella, ya que el oportunismo consiste precisamente en la falta de
principios más o menos definidos y firmes” (véase ​¿Qué hacer?​).

Si bien se refiere a los oportunistas de izquierda, la vieja observación de


Parvus-Lenin es útil para cuestionar, una vez más, la táctica de “exigencias” a
que nos tiene acostumbrados un sector del socialismo. Consiste en pedir (o
exigir) a dirigentes que están consustanciados con el sistema capitalista, que
“rompan” con tal o cual programa, gobierno, organización, etcétera; o que se
opongan a tal o cual medida, incluso cuando esta se encuentra orgánicamente
vinculada al programa que defienden. Un caso extremos de esta orientación la
hemos tenido por estos días cuando los legisladores Nicolás del Caño y Nathalia
González Seligra, del PTS-FIT, enviaron una carta “a sus pares de la Cámara de
Diputados” titulada ‘No permitamos un nuevo robo a los jubilados’” (véase
http://www.pts.org.ar/Los-diputados-de-izquierda-envian-carta-abierta-a-sus-par
es-para-que-no-vote-un-nuevo-robo-a-los​; agradezco a AP, lector del blog, que
envió este enlace a “Comentarios”). Entre otros pasajes, los diputados del PTS
dicen:
“No podemos permitir que sean los sectores más vulnerables los que paguen
este ajuste. No puede ponerse como excusa la disciplina de bloque cuando ésta
va en contra de las condiciones de vida de nuestros abuelos, de los que
trabajaron toda su vida, a los que se condena a un sufrimiento aún mayor al que
ya padecen desde hace años con haberes jubilatorios muy por debajo de sus
necesidades básicas. (…) Es por eso que instamos a las diputadas y diputados
que no estén dispuestos a contribuir con el mayor empobrecimiento de nuestros
jubilados, no sigan las ‘disciplinas de bloque’ y se sumen al rechazo a esta
nefasta Ley. Nada ni nadie los puede obligar a realizar esta ‘ingrata tarea’”.

Conmovedor: los diputados de izquierda apelan a los sentimientos de los


legisladores para que no lleven a cabo la “ingrata tarea” que les han
encomendado. Como si la aprobación, o no, de la reforma previsional

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dependiera de los sentimientos, convicciones morales y actitudes éticas “de los


pares legislativos”.

Pues bien, frente a este mensaje, sostengo exactamente lo opuesto: no se trata de


los sentimientos (¿recuerdan cuando Domingo Cavallo se puso a llorar en una
conversación con jubilados?), ni de moral o ética (sobre ética y marxismo,
aquí​), ​sino de programas e intereses que hunden sus raíces en la estructura
social capitalista​.

Más en concreto, el punto de partida del análisis es que el programa de


Cambiemos –y de otras fuerzas que consensúan con Cambiemos- consiste, en
esencia, en ​mejorar las condiciones para la explotación del trabajo y la
reproducción del capital​. Aquí poco importa si las tareas asociadas al objetivo
son gratas o ingratas, ya que todo tiene que ver con algo mucho menos
espiritual: la lógica de la ganancia y la seguridad de la propiedad privada. En
consecuencia, ocultar estos hechos con estúpidos llamados “a los sentimientos
de los pares” solo suma al cuento de que los problemas de las masas se
resuelven con cambios de actitud de los representantes de la clase dominante, ​y
no por medio de la lucha de clases​. Equivale también a quedarse en el terreno
de las meras apariencias, en donde se disipan las fronteras entre las clases (“la
preocupación por los abuelos debe ser de todos, sin distinciones”, etcétera). Y
significa contribuir a “la mentira legal de los Estados constitucionales, que nos
dice que el Estado es el interés del pueblo” (Marx; puede leerse “Parlamento”
en lugar de “Estado”).

Llegado a este punto, sin embargo, el izquierdista adicto a la “táctica-exigencia”


nos dirá que con su pedido desenmascara a los legisladores de Cambiemos y
aliados, y que esto ocurriría incluso si estos se ven obligados a modificar alguna
de las reformas más irritativas para las masas.

Pero las cosas no funcionan así. La razón es sencilla: no es posible


“desenmascarar” a ningún oportunista –y los políticos burgueses son eximios
oportunistas- con tácticas oportunistas y por fuera de la lucha de clases, ya que
el oportunista siempre sabrá maniobrar, ocultar, disimular y enredar, de manera
que las “exigencias” queden en la nada. Y este arte de la politiquería burguesa

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se potencia en el terreno parlamentario. Por ejemplo, supongamos que los


diputados de Cambiemos introduzcan (consideraciones sentimentales mediante)
alguna rectificación parcial al proyecto que viene del Senado. ¿Modificará esto
la esencia del “ajuste”? En absoluto. La cosa se volverá a discutir en el Senado,
se negociarán nuevos “arreglos” en infinitas comisiones, y todo quedará más o
menos igual, en tanto las expectativas de la gente común se desinflan. Es lo
típico. Y en todo caso, si baja en algo el recorte de los ingresos a los jubilados,
apretarán por otro lado. Es habitual que estas medidas estén sujetas a tanteos,
avances y retrocesos parciales, sin que por ello se modifique la dirección
fundamental.

Por lo tanto, ningún socialista debería inducir a que se piense que una ofensiva
del capital en toda regla (como la que está en curso en Argentina) se detiene,
siquiera en parte, con invitaciones lacrimógenas a “pensar en los abuelitos”.
Hay que tener mucho “cretinismo parlamentario” encima para ilusionarse de
que pueda ser de otra manera (para un ejemplo de cretinismo parlamentario
“clásico”,​ ​aquí​). ​Hay que volver a lo fundamental de las ideas socialistas: las
relaciones de fuerza entre las grandes clases sociales (incluida la conciencia
política y la disposición, o no, a luchar de las masas), y la estructura
económica existente​. Todo lo demás son malabarismos propios de vendedores
de humo, que para colmo, se consideran a sí mismos “tácticos geniales”. Y la
realidad es que los legisladores no mutan su naturaleza de clase en respuesta a
tal o cual exigencia proveniente de la izquierda.

Por otra parte, la política de la exigencia solo sirve en casos muy particulares y
precisos. Por ejemplo, si ante una lucha gremial que es posible ganar, el
dirigente sindical vacila, la exigencia puede dar un impulso al movimiento y por
eso será progresiva. Pero si un dirigente gremial dice de forma pública que está
a favor de la conciliación con el capital; afirma, además, que es necesario
arreglar con el gobierno a cambio de prebendas “para la organización”; y se
pone de acuerdo con las patronales para que echen de las empresas a los
activistas de izquierda, el llamado a que “se ponga a la cabeza de los
trabajadores y convoque a luchar” es puro sinsentido que no lleva a ningún lado.
Ni siquiera vale el argumento de “queremos desenmascararlo delante de las
bases”. Para “bajarlo a tierra”, ¿acaso los trabajadores mercantiles argentinos no

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saben quién es su dirigente, Armando Cavalieri? ¿A quién se le ocurre que la


situación en el sindicato de empleados de comercio pueda cambiar exigiendo,
por ejemplo, a Cavalieri que convoque a la huelga general contra Macri? Por
supuesto, llegado el caso, don Armando firmará en el aire cualquier
compromiso, cualquier declaración o promesa, llamará aun a alguna lucha
aislada… para seguir con el disimulo y las negociaciones con el poder (como
advertía Parvus hace más de 100 años).

Por estos motivos, y más en general, Lenin decía que no tenía sentido exigir a
un gobierno autocrático que dejara de ser autocrático; o exigir a un gobierno
imperialista que dejara de ser imperialista. Es la continuidad, bajo otras formas,
de la idea de 1903, de que no tiene sentido exigirle a un oportunista que deje de
ser oportunista. Como no tiene sentido pedirle a una organización racista que
deje de ser racista; o a una organización de banqueros que deje de defender al
capital financiero. Y para el tema que nos ocupa, no tiene sentido pedirle a los
legisladores de Cambiemos (y compañía) que dejen de ser Cambiemos (y
compañía). Necesitamos más mensajes claros y críticos, y menos tacticismo
empeñado en la imposible tarea de tender trampas a la politiquería burguesa.