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TRABAJO PRÁCTICO

MARTIN HEIDEGGER Y LA METAFÍSICA

Materia: Teología natural

Profesores: Pablo Etchebehere y Ezequiel Bramajo

Curso: Cuarto Año de Filosofía

Universidad: UCA

Alumno: Juan Solernó


Abstract
El presente trabajo tiene como finalidad abordar la relación que guarda el filósofo
alemán Martin Heidegger con la metafísica. En efecto, en el mismo se expone la lectura
que dicho autor tiene de la estructura de esa disciplina en su forma tradicional, sus
críticas y su concepción como historia del ser, la cual enlaza a los distintos pensadores
bajo la categoría heideggeriana de olvido del ser. Serán temas a tratar, entre otros y en
un primer momento, la diferencia ontológica y la onto-teo-logía, para luego abordar el
tema del olvido del ser, el cual permite re-pensar la metafísica como historia del ser,
concepción que introduce la noción de destino del ser y mediante la cual Heidegger
refuta la filosofía de la subjetividad. En orden a la exposición de dichos temas, se
recurre a la interpretación que el autor Ramón Rodríguez realiza de Heidegger en el
sexto capítulo de su libro Heidegger y la crisis de la época moderna, titulado “¿Qué es
metafísica?”. Por último, se presenta una conclusión a manera de síntesis de lo expuesto
en el trabajo. No se procede a realizar una crítica de lo aquí tratado puesto que no se
cree contar una lectura suficiente de dicho autor que permita reconocer inconsistencias o
puntos debatibles en el camino filosófico del mismo.

1
1. Introducción
Heidegger siempre sospechó, desde un principio, que la metafísica se servía de una
idea del ser entendida como presencia, idea que jamás explicitaba. La tarea iniciada por
este autor en Sein und Zeit se encuentra claramente cercana al pensar metafísico; de
hecho, en sus primeros escritos, el filósofo alemán buscaba una mejor fundamentación
de la metafísica. En Was ist Metaphysik? se observa esta pertenencia de la metafísica a
la “naturaleza del hombre”, que, en cuanto Dasein, es decir, en cuanto que en él se da la
apertura de la existencia al ser, es posible la pregunta metafísica por el ser en cuanto
tal.1 Si bien es cierto que la metafísica heredada por la tradición obstaculizaba la libre
mirada al hecho de lo metafísico en el hombre, la analítica existencial y la comprensión
del ser podrían proporcionar una fundamentación válida a la metafísica. A este primer
Heidegger, que se mueve en el ámbito de la fundamentación de la metafísica, no
podemos atribuirle una fuerte crítica negativa a la metafísica, la cual sí puede ser
encontrada, en cambio, en un segundo momento de este pensador.
En efecto, la obra Vor Wesem der Wahrheit marca el inicio de lo que se conoce bajo
el nombre del “segundo Heidegger”. Este pensador presenta aquí una triple distinción
en cuanto a lo que se entiende por el concepto “verdad”: en primer lugar, se describe la
verdad del enunciado como adecuación o concordancia entre un enunciado y la cosa o
situación objetiva a la que se refiere; en segundo lugar, se enuncia la verdad óntica o
verdad de las cosas, que es lo que Heidegger comúnmente entiende bajo el término
desocultamiento (Unverborgenheit), rasgo propio del ente que significa que éste está
patente o manifiesto, pero conservando una referencia a un previo ocultamiento. A su
vez, el desocultamiento encierra para Heidegger el contenido originario de la noción de
verdad (ἀλήθεια) y guarda relación con el tercer tipo de verdad: la verdad ontológica o
del ser, denominada iluminación (Lichtung), que es el espacio o ámbito de sentido a
partir del cual todo ente resulta iluminado, se muestra o aparece, pero de forma que en
su acción iluminante él mismo se retrae u oculta. En múltiples contextos, ella equivale a
ser. Habiendo explicado esto, en esta vuelta del pensar heideggeriano se enuncia la

1
„Einmal umgreift jede metaphysische Frage immer das Ganze der Problematik der Metaphysik. Sie ist
je das Ganze selbst. Sodann kann jede metaphysiche Frage nur so gefragt werden, daß der Fragende –als
ein solcher– in der Frage mit da, d. h. in die Frage gestellt ist“. HEIDEGGER, M., „Was ist Metaphysik?“,
en Gesamtausgabe Band 9: Wegmarken, Vittorio Klostermann, Frankfurt am Main, 1976, p. 103. “Por un
lado, toda pregunta metafísica abarca siempre la totalidad de la problemática de la metafísica. Es esa
propia totalidad. Así pues, toda pregunta metafísica sólo puede ser preguntada de tal modo que aquel que
la pregunta –en cuanto tal– está también incluido en la pregunta, es decir, está también cuestionado en
ella”. HEIDEGGER, M., ¿Qué es metafísica?, Traducción de Helena Cortés y Arturo Leyte, Alianza,
Madrid, 2009, p. 14.

2
siguiente determinación: la verdad del ser no se identifica con la manifestabilidad de las
cosas; de hecho, el pensamiento que versa sobre la misma es catalogado, en cierta
manera, como anti-metafísico. La metafísica aparece ahora como un bloque conceptual
e histórico, que tiene por objeto el ente en cuanto tal y que justo por ello deja fuera de su
consideración ese iluminar oculto del ser, gracias al cual los entes aparecen.
En la introducción agregada en 1949 a Was ist Metaphysik?, el autor caracterizó al
pensamiento que quiere hacerse cargo de la verdad del ser y que busca el modo de
acercarse a esa iluminación que se retrae como un “retorno al fundamento de la
metafísica”. Allí retoma Heidegger la imagen cartesiana de la metafísica como las raíces
del árbol de la filosofía y propone considerar la verdad del ser como el suelo en el que
las raíces se hunden y del que vive el árbol entero.2 Dicho fundamento es algo que no ha
sido tratado por la metafísica y que, por virtud de su misma estructura, está por fuera de
la misma. Así, el olvido del ser se constituye como el rasgo fundacional
de la metafísica, caracterizada por no atender a la cuestión del ser. El pensar de la
verdad del ser, de hecho, no tiene que ser metafísica. Este retorno al fundamento de la
Metafísica no puede ser entendido como su fundamentación positiva, sino justamente
como su superación:
„Ein Denken, das an die Wahrheit des Seins denkt, begnügt sich zwar nicht mehr mit
der Metaphysik; aber es denkt auch nicht gegen die Metaphysik. Es reißt, um im Bild
zu sprechen, die Wurzel der Philosophie nicht aus. Es gräbt ihr den Grund und pflügt
ihr den Boden. Die Metaphysik bleibt das Erste der Philosophie. Das Erste des
Denkens erreicht sie nicht. Die Metaphysik ist im Denken an die Wahrheit des Seins
überwunden“.3

2
„Überall hat sich, wenn die Metaphysik das Seinde vorstellt, Sein gelichtet. Sein ist in einer
Unverborgenheit (ἀλήθεια) angekommen. Ob und wie Sein solche Unverborgenheit mit sich bringt, ob
und wie gar Es selbst sich in der Metaphysik und als diese anbringt, bleibt verhüllt. Das Sein wird in
seinem entbergenden Wesen, d.h. in seiner Wahrheit nicht gedacht. Gleichwohl spricht die Metaphysik in
ihren Antworten auf ihre Frage nach dem Seienden als solchen aus der unbeachteten Offenbarkeit des
Seins. Die Wahrheit des Seins kann deshalb der Grund heißen, in dem der Metaphysik als die Wurzel des
Baumes der Philosophie gehalten, aus dem sie genährt wird“. HEIDEGGER, M., „Einleitung zu: »Was ist
Metaphysik?«“, en Gesamtausgabe Band 9: Wegmarken, p. 366. “Siempre que la metafísica representa a
lo ente, queda iluminado el ser. El ser ha llegado en un desocultamiento (ἀλήθεια). Si acaso y de qué
modo el ser lleva consigo semejante desocultamiento, si acaso y de qué modo se a-porta a sí mismo a la
metafísica en cuanto tal metafísica, esto es algo que permanece velado. El ser no es pensado en su esencia
desencubridora, es decir, en su verdad. Sin embargo, en sus respuestas a la pregunta por lo ente en cuanto
tal, la metafísica habla partiendo del inadvertido carácter manifiesto del ser. Por eso, la verdad del ser
puede ser considerada el fundamento en el que la metafísica se sostiene y se alimenta en su calidad de raíz
del árbol de la filosofía”. HEIDEGGER, M., “Introducción a «¿Qué es metafísica?»”, en ¿Qué es
metafísica?, pp. 66-67.
3
HEIDEGGER, M., „Einleitung zu: »Was ist Metaphysik?«“, op. cit., p. 367. “Un pensar que piensa en la
verdad del ser ciertamente ya no se contenta con la metafísica, pero tampoco piensa contra ella. Por seguir
utilizando la misma imagen, no arranca la raíz de la filosofía. Le excava el fundamento y le ara su suelo.
La metafísica sigue siendo lo primero de la filosofía. Nunca llega a ser lo primero del pensar. En el
pensamiento sobre la verdad del ser, la metafísica se ve superada”. HEIDEGGER, M., “Introducción a
«¿Qué es metafísica?»”, op. cit., p. 69.

3
Progresivamente brotará de este distanciamiento de la cuestión del ser respecto de la
metafísica un alejamiento crítico, en la medida en que la comprensión de la esencia del
discurso metafísico ponga de manifiesto que desde él se hace imposible todo
acercamiento a la verdad del ser. El próximo paso será la destrucción de la historia de la
ontología en orden a permitir el pensamiento de la verdad del ser a través de la
liberación de la tipología metafísica.

2. La estructura de la metafísica
2. 1. Metafísica y diferencia ontológica
La ocupación central del pensamiento heideggeriano es el tema la esencia y la
verdad del ser. La metafísica tradicional, hasta dicho momento, nunca se ha ocupado de
dicha cuestión: ella no ha hecho más que interrogarse sobre lo que es o lo existente; en
otras palabras, su indagación tiene como núcleo fundamental al ser de lo existente4 pero
no al ser mismo5 y su verdad, que es lo que señala este autor. Si algo ha caracterizado a
la metafísica a lo largo de todos estos siglos, ha sido su constante responder al ser de lo
existente, la cual se ha convertido en su cuestión directriz; sin embargo, ella no es
todavía la cuestión fundamental. En esta última, la cuestión propuesta sobre el ser se
convierte en la pregunta por la esencia de la verdad, es decir, por la desvelación en
cuanto tal y en razón de la cual nos encontramos siempre y previamente en una realidad
manifestada. Aquí el tema de la verdad escapa toda mirada que intente comprenderla
desde el horizonte de una teoría gnoseológica, puesto que el mismo conocimiento
vendría a ser una de las maneras de despejar y hacer propia la verdad, pero no la verdad
misma.
Una nueva tipificación de la metafísica no lograda hasta ahora es puesta en marcha
por Heidegger a partir de la distinción entre, en un primer término, la cuestión del ser
pensada como la cuestión general del ámbito de claridad (en razón del cual venimos a
encontrarnos previamente y en general en una realidad manifestada) y, segundamente,
la cuestión de qué y cómo es lo que aparece en él, esto es, la realidad manifestada o el
ente. Dicha tipificación es concebible sólo si uno se sitúa fuera de la metafísica clásica.
Vemos cómo la salida a la metafísica tradicional se ejerce a través del concepto más
clásico que ella misma cobija: el ser. La postura crítica heideggeriana cuenta con el
rasgo distintivo de ser no un mero ataque externo antimetafísico, sino que resulta de un

4
Seinde en alemán, ens en latín.
5
Sein en alemán, esse en latín.

4
alejamiento de la misma disciplina metafísica a partir de una experiencia de
comprensión de la esencia de la misma.
El nuevo problema que se plantea aquí Heidegger tiene que ver de lleno con la
diferencia entre ser y ente o, como él mismo la llama, la diferencia ontológica (Die
ontologische Differenz); la metafísica tradicional ha olvidado de lleno dicha diferencia y
Heidegger quiere recogerla para pensarla en toda su hondura. Dicha tarea se especifica
aún más al establecer que el ser, en cuanto ámbito de iluminación que hace aparecer a
las cosas, no es algo de éstas ni de uno mismo, sino un acontecer que, al dejar que los
entes se muestren, se retrae a un segundo plano y no aparece como tal. Precisamente por
ello es que el ser no es una cosa ni puede ser pensado sobre el modelo de la cosa. Aquí
aflora el problema de, justamente, cómo hay que pensar el ser.6 Aún así, la diferencia
ontológica nos brinda una nueva luz con la cual mirar a la metafísica.
El “paso atrás” (Schritt zurück) es el modo o esquema con el que Heidegger
interpreta la metafísica. „«Schritt zurück» meint nicht einen vereinzelten Denkschritt,
sondern die Art der Bewegung des Denkens und einen langen Weg. Insofern der Schritt
zurück den Charakter unseres Gespräches mit der Geschichte des abendländischen
Denkens bestimmt, führt das Denken aus dem in der Philosophie bisher Gedachten in
gewisser Weise heraus“.7 Este nuevo pensar propuesto por Heidegger se deja guiar por
la idea de la diferencia ontológica para buscar lo que la filosofía no ha pensado ni ha
preguntado a lo largo de su historia. Aquello aún desconocido late como el fundamento
sobre el cual se mueve toda la metafísica en sentido tradicional. Este “sacarnos” fuera
de lo pensado en la filosofía no hace más que conducirnos a la esencia de la misma, es
decir, a lo que la hace ser. „Die Differenz von Seiendem und Sein ist der Bezirk,
innerhalb dessen die Metaphysik, das abendländische Denken im Ganzen seines Wesens
das sein kann, was sie ist. Der Schritt zurück bewegt sich daher aus der Metaphysik in
das Wesen der Metaphysik“.8

6
Problema que nos llevaría un trabajo aparte poder esbozar posibles respuestas a la luz de los últimos
escritos de Heidegger y del conjunto de pensadores que han interpretado y debatido acerca de su legado.
Por ello mismo, rechazamos aquí cualquier intento de responder a dicha cuestión y nos contentamos con
dejarla planteada.
7
HEIDEGGER, M., Identität und Differenz, versión bilingüe: Identidad y diferencia, traducción de Helena
Cortés y Arturo Leyte, Anthropos, Barcelona, 1990, p. 112. “«Paso atrás» no significa un paso aislado del
pensar, sino el modo de movimiento del pensar y un largo camino. En la medida en que el paso atrás
determina el carácter de nuestro diálogo con la historia del pensar occidental, conduce en cierto modo al
pensar fuera de lo que hasta ahora ha sido pensado en la filosofía”.
8
Ibidem, p. 114. “La diferencia de ente y ser es el ámbito dentro del cual la metafísica, el pensamiento
occidental en la totalidad de su esencia, puede ser lo que es. Por ello, el paso atrás va desde la metafísica
hasta la esencia de la metafísica”.

5
2. 2. La estructura onto-teo-lógica de la metafísica
En su texto Die onto-theo-logische Verfassung der Metaphysik, Heidegger se
aproxima a la esencia de la metafísica al analizar su estructura interna originaria. La
pregunta inicial que ha forjado el estilo y la estructura del pensamiento metafísico es la
pregunta aristotélica por el ente: qué es el ente. La metafísica trata con ella de pensar el
ente como ente y en total, es decir, lo que es en su totalidad. Lo que Heidegger advierte
aquí es que, en el mismo instante en que se plantea el ente en cuanto ente, se está pre-
pensando el ser como su horizonte necesario, constituyéndose el ser como el oscuro
fundamento no tratado del ente. Esto se evidencia en el hecho de que su visión del
mismo es siempre visión del ser como ser del ente. Esto sucede de una doble manera:
primeramente, se entiende “ser” como “esencia del ente” o “entidad” (Ούσία), esto es,
los rasgos principales y universales que constituyen todo ente por el mero hecho de
serlo. Es la respuesta a la pregunta qué es. Y en segundo lugar, “ser” es entendido como
fundamento último que hace ser a los entes, aquello que, realizando en grado sumo la
entidad o los caracteres del ente, es el origen del ente. Esta es la idea del ser supremo o
el concepto metafísico de Dios.
La metafísica posee así, desde sus inicios, una estructura onto-teo-lógica. El mismo
movimiento que lleva a la totalidad del ente lleva al fundamento que hace posible esa
totalidad. Además, la metafísica responde a la impronta del ser como λóγος, es decir,
como fundamento unificante que reúne las cosas en una estructura común y las hace ser.
„Weil Sein als Grund erscheint, ist das Seiende das Gegründete, das höchste Seiende
aber das Begründende im Sinne der ersten Ursache. Denkt die Metaphysik das
Seiende im Hinblick auf seinen jedem Seienden als solchem gemeinsamen Grund,
dann ist sie Logik als Onto-Logik. Denkt die Metaphysik das Seiende als solches im
Ganzen, d. h. im Hinblick auf das höchste, alles begründende Seiende, dann ist sie
Logik als Theo-Logik“.9

2. 3. La metafísica como olvido del ser


La metafísica entendida y una vez establecida como onto-teología no piensa el ser,
sino que lo que ella hace es pensar el ente en cuanto ente, volcándose en lo presente y
manifiesto. Lo que ella olvida es el hacerse cargo del ser como ámbito en el que los
entes son: desde este horizonte es que hay que pensar a los entes en cuanto ellos tienen
su origen en el proceso de iluminación. Conceptos tales como “entidad” y “ser

9
Ibidem, p. 150. “Es porque el ser aparece como fundamento, por lo que lo ente es lo fundado, mientras
que el ente supremo es lo que fundamenta en el sentido de la causa primera. Cuando la metafísica piensa
lo ente desde la perspectiva de su fundamento, que es común a todo ente en cuanto tal, entonces es lógica
en cuanto onto-lógica. Pero cuando la metafísica piensa lo ente como tal en su conjunto, esto es, desde la
perspectiva del ente supremo que todo lo fundamenta, entonces es lógica en cuanto teológica”.

6
supremo” dejan de manifiesto que el ser no es pensado por la metafísica, puesto que
dichos conceptos son ya formas del ente, siendo que el primero señala la estructura
fundamental de lo real y el segundo es ya un ente. Ambos conceptos ya se mueven en el
plano de la Lichtung o claro del ser.
Lo que escapa a la metafísica, en última instancia, es el intento de pensar el hecho de
que el ser desaparece en los entes justo para que éstos sean. La metafísica en cuanto tal
se aferra al estado terminal del proceso de iluminación, que es el ente en cuanto tal. Éste
ya supone el ser y la metafísica, si bien presenta una oscura conciencia de la diferencia
ontológica, se desembaraza de la misma en favor de lo patente: el ente, sus estructuras y
su fundamento. Esto que Heidegger ha denominado “el olvido del ser”
(Seinsvergessenheit) forma parte de la estructura misma de la metafísica. Este olvido es
la característica fundamental del pensamiento metafísico, que se centra en lo presente y
manifiesto, el ente y sus estructuras, y no atiende al fondo que hace posible que el ente
aparezca (el ser como iluminación). La metafísica, en efecto, no experimenta dicho
olvido, sino que cree responder, a su manera, a la cuestión del ser. Sin embargo, este
olvido no es experimentado por la propia metafísica: ella, a su manera, cree responder a
la cuestión del ser, agotando la idea misma de ser con la idea del ente en cuanto tal o ser
del ente.
„Allein, die Metaphysik antwortet nirgends auf die Frage nach der Wahrheit des Seins,
weil sie diese Frage nie fragt. Sie fragt nicht, weil sie das Sein nur denkt, indem sie
das Seinde als das Seinde vorstellt. Sie meint das Seinde im Ganzen und spricht vom
Sein. Sie nennt das Sein und meint das Seinde als das Seinde. Das Aussagen der
Metaphysik bewegt sich von ihren Beginn bis in ihre Vollendung auf eine seltsame
Weise in einer durchgängigen Verweschlung von Seiendem und Sein“.10

Fuera del ámbito de la metafísica queda ese acontecer que al iluminar desaparece.
Pero sólo entreviendo esa posibilidad de la verdad del ser, se comprende la metafísica
en su esencia. Esta permanece ligada al horizonte de la presencia desde sus inicios con
Aristóteles. Lo que aparece, lo que se muestra, es lo que se mantiene en la presencia, en
un doble sentido: primeramente como lo constante, lo permanente frente al movimiento
y, en segundo lugar, como lo presente en cuanto contrapuesto a lo ausente, a lo que no
aparece. La metafísica reposa su mirada en lo que aparece sin llevarlo hacia su origen en

10
HEIDEGGER, M., „Einleitung zu: »Was ist Metaphysik?«“, op. cit., p. 370. “La metafísica nunca
contesta la pregunta por la verdad del ser, porque nunca pregunta esta pregunta. Y no pregunta porque
sólo piensa el ser representándose lo ente en cuanto ente. Alude al ente en su totalidad y habla del ser.
Nombra al ser y alude a lo ente en cuanto ente. Los enunciados de la metafísica se mueven de principio a
fin de una manera extraña en un trueque y confusión permanente entre lo ente y el ser”. HEIDEGGER, M.,
“Introducción a «¿Qué es metafísica?»”, op. cit., pp. 72-73.

7
la ocultación del ser. En relación con el predominio de la presencia, el pensamiento
metafísico entroniza la verdad como adecuación o concordancia. Este giro decisivo en
la concepción de la verdad es visto por Heidegger expresamente en la teoría platónica
de las ideas:11 hasta Platón, en la palabra verdad (ἀλήθεια) latía una referencia a lo
encubierto, a ese fondo oculto del cual provienen las cosas. Aquí “verdad” es un
carácter del ente en cuanto se mantiene descubierto, es decir, en cuanto surge del
ocultamiento. Este descubrimiento sigue estando vigente para Platón, pero éste se
interesa ante todo por el aparecer de lo descubierto, esto es, el εἶδος entendido como el
aspecto, lo visible e inteligible, lo absolutamente presente. En cuanto tal, indica una
relación esencial a la mirada a él dirigida, a un “ver” cuya meta está en percibir la idea,
en atenerse a su presencia. Así, todo comportamiento humano queda determinado por el
mirar la idea (Ideenblick), por el atenerse a lo permanentemente presente en las cosas.
Inevitablemente, surge la necesidad de conseguir un recto mirar, es decir, un mirar que
se conforme o se adecúe a lo mirado, a la idea. Es así como, a partir de la primacía de la
idea, el desocultamiento es postergado a favor de la concordancia. De igual manera, hay
un re-posicionamiento de la verdad, que pasa de ser el rasgo fundamental del ente a ser
una característica del comportamiento humano.12

3. Metafísica como historia del ser


3. 1. La continuidad histórica de la metafísica
La perspectiva de la diferencia ontológica permite contemplar la estructura de la
metafísica tradicional como constituida por los elementos de la ontoteología, la
presencia y la verdad como adecuación. La condición de posibilidad de la metafísica es
el olvido del ser. Ella no es algo episódico, casual, ni tampoco un simple “modelo” de
pensamiento; ella es, antes que nada, un modo de instalación en la
realidad, que comprende hombre y mundo, un acontecimiento esencial en el cual
vivimos y que configura la entera historia de Occidente. La metafísica permanece como
incomprendida en cuanto sólo es contemplada como una simple forma del pensamiento.

11
Cfr. HEIDEGGER, M., „Platons Lehre von der Wahrheit“, en Gesamtausgabe Band 9: Wegmarken, pp.
203-238. Traducción al español por Helena Cortés y Arturo Leyte, “La doctrina platónica de la verdad”,
en Hitos, Alianza, Madrid, 2011, pp. 173-198.
12
Sin embargo, tanto Platón como Aristóteles mantienen una cierta ambigüedad en tanto que la verdad
sigue siendo un carácter del ente, en cuanto presente en el aparecer. Pero el descubrimiento ya no es algo
que remita del ente al ocultamiento del ser, sino de la idea a la mirada correcta. El “resplandor de la idea”
con Platón, ya no refiere a ningún ocultamiento previo, sino que es el puro estar manifiesto, y desde él se
fija y determina todo desencubrir y todo lo que lo oculta.

8
Todo el pensamiento occidental, desde Platón a Nietzsche, se mueve en el campo de
la metafísica según Heidegger. Tal continuidad esencial resulta en cierta manera
arbitraria: es enormemente discutible que la metafísica tradicional responda al esquema
trazado por Heidegger. Pero la mirada de este autor sobre la metafísica está dirigida por
la cuestión del ser, es decir, por la necesidad de rastrear en ella la experiencia del
iluminar-ocultar, que es, como tal, lo no pensado, lo no dicho y que, por tanto, no
comparace en el desarrollo interno de los sistemas filosóficos. El olvido del ser se
convierte así en la noción desde la cual el discurrir de la filosofía cobra una
insospechada unidad, imperceptible para quien se queda en su interior. Mediante esta
idea realiza Heidegger realizar interpretaciones de gran calibre de temas y de autores
tales como Friedrich Nietzsche, Immanuel Kant, los griegos, la técnica moderna, etc.
De lo que se trata ahora no es tanto de las interpretaciones que dicho pensador realiza
de los autores mencionados sino de comprender cómo la metafísica como
acontecimiento suministra una posibilidad de proseguir elaborando la cuestión del ser.

3. 2. Metafísica, destino y épocas del ser


La metafísica es olvido del ser y se puede avanzar un paso más en la cuestión del ser
si uno se hace cargo de dicho olvido en cuanto se lo asume. El olvido del ser es
estructural y necesario para la metafísica en tanto que al insistir en el ente no aparece el
ser. Este atenerse de la metafísica al ente es justamente necesario, esto es, no es el
resultado de una opción tomada en un momento dado de la historia, sino que toda
decisión humana supone el estar en el ser como ámbito de manifestabilidad, a partir del
cual pueden aparecer lo que se va a decidir y el hombre mismo. El ser precede toda
posible opción metafísica. Si la libertad pudiera decidir atenerse al ser en vez de al ente,
eso significaría que sería dueña del ser, abandonándolo o acogiéndolo a su voluntad.
Pero tal posibilidad es completamente ajena a la libertad, de manera que la metafísica
no es ella misma responsable del olvido del ser. „Sie kann ihren Grund keineswegs in
einer bloßen Nachlässigkeit des Denkens haben oder in einer Flüchtigkeit des
Sagens“.13 La necesidad del olvido del ser, radicada en la estructura de la
metafísica, emana, a su vez, de una necesidad que proviene del ser mismo.

13
HEIDEGGER, M., „Einleitung zu: »Was ist Metaphysik?«“, op. cit., p. 370. “De ningún modo puede
tener su fundamento en una mera negligencia del pensar o en una ligereza del decir”. HEIDEGGER, M.,
“Introducción a «¿Qué es metafísica?»”, op. cit., p. 73.

9
„Die Metaphysik gilt und weiß sich selbst – auch dort, wo sie nicht als Onto-
Theologie ausspricht – als das Denken, das überall und stets »das Sein« denkt,
wenngleich nur im Sinne des Seinden als solchen. Allerdings kennt die Metaphysik
dieses »wenngleich nur…« nicht. Und sie kennt es nicht deshalb nicht, weil sie das
Sein selbst als zu Denkendes abwehrt, sondern weil das Sein selbst ausbleibt. Steht es
so, dann entstammt das »ungedacht« nicht einem Denken, das etwas unterläßt“.14

La metafísica, como ya se ha dicho en reiteradas oportunidades, se centra en el ente


en cuanto ente, cuyo desocultamiento permanece como tal desocultamiento (en cuanto
referido a lo oculto desde lo que proviene) impensado, no por un defecto de la
metafísica, sino porque el ser mismo se “contrae” y desaparece. El ser está entonces
presente en la metafísica en la forma de la ausencia, ausencia que no debe ser entendida
como la reducción del ser a los entes ni como la ausencia de una persona o un objeto
que ha estado presente y luego se retira. Si la metafísica emana de una necesidad del ser
mismo y éste no puede ser un algo determinado, entonces el ser no es algo que esté tras
su ausencia, sino la ausencia misma. „Das Ausbleiben des Seins ist das Sein selbst als
dieses Ausbleiben. Das Sein ist nicht irgendwo abgesondert für sich und bleibt überdies
noch aus, sondern: das Ausbleiben des Seiens als solchen ist das Sein selbst“.15 La
experiencia del olvido del ser es entonces una “experiencia” del ser mismo.
Mediante la palabra “destino” (Geschick) Heidegger expresa el hecho de que la
metafísica se funde en una necesidad basada en la retirada o ausencia del propio ser. La
propuesta del autor es entender la metafísica como un destino originado en el ser, lo
cual conlleva la idea de que su modificación no depende de la propia filosofía y acentúa
a la vez en la metafísica su carácter de hecho en el cual estamos y no de simple producto
de la inteligencia humana. „Ob es und wie es [das Seinde] erscheint, ob und wie der
Gott und die Götter, die Geschichte und die Natur in die Lichtung des Seins
hereinkommen, an- und abwesen, entscheidet nicht der Mensch. Die Ankunft des

14
HEIDEGGER, M., Nietzsche II, Verlag Günther Neske, Pfullingen, 1961, p. 353. “La metafísica – incluso
allí donde no se expresa como onto-teología – es considerada y se sabe a sí misma como el pensar que
siempre y en todas partes piensa «el ser», aunque sólo en el sentido del ente en cuanto tal. Pero la
metafísica desconoce este «aunque sólo…». Y lo desconoce no porque rechace al ser mismo como lo que
hay que pensar sino porque el ser mismo permanece fuera. Si es así, entonces lo «impensado» no procede
de un pensar que omite algo”. HEIDEGGER, M., Nietzsche II, Traducción de Juan Luis Vernal, Destino,
Barcelona, 2000, p. 287.
15
HEIDEGGER, M., Nietzsche II, p. 353. “El permanecer fuera del ser es el ser mismo como tal
permanecer fuera. El ser no está en algún lado por sí, separado, y además permanece fuera, sino: el
permanecer fuera del ser en cuanto tal es el ser mismo”. HEIDEGGER, M., Nietzsche II, Traducción de Juan
Luis Vernal, p. 287.

10
Seienden beruht im Geschick des Seins“.16 El destino debe ser entendido aquí como
“destinación” en el sentido activo de que el ser mismo envía o destina a la metafísica a
conceptuar el ente de esta o aquella manera.17
Por otra parte, la palabra destino señala una ineludible referencia a la historia.
Efectivamente, la metafísica es un acontecer que se desenvuelve en la historia y la
sucesión de figuras o formas de metafísica, desde Platón hasta Nietzsche, no puede ser
tan sólo un desarrollo interno de teorías filosóficas. Si el modo como la metafísica
descubre la esencia de lo real nunca es una libre decisión de ella misma, los cambios en
ese descubrir tienen su raíz en el destinar del ser: son el destino del ser. En el texto
titulado Der Spruch des Anaximander,18 Heidegger relaciona el retraerse del ser con las
épocas históricas mediante la adopción de la palabra griega ἐποχή. El autor emplea
dicho vocablo, de origen estoico, para nombrar la retracción del ser en la manifestación
de los entes, renunciando al sentido de suspensión de todo juicio sobre la realidad
utilizado por su maestro Edmund Husserl. Así, la ἐποχή del ser funda una época
histórica, es decir, una determinada manera de aparecer el mundo y el hombre en él. La
idea misma de una “historia del ser” (Seinsgeschichte) se refiere originariamente a ese
destinar del ser, que envía a la vez que se retrae. Retomando hasta aquí todo lo visto, el
devenir histórico de la metafísica sólo puede ser entendido en la perspectiva del olvido
del ser, como épocas del ser mismo, como “envíos” del ser que establecen la forma en
que el ente ha de aparecer en cada caso.
De esta manera, la historia de la metafísica descansa en la historia del ser y, en la
medida en que éste no es más que el enviar o el destinar que se retrae, la metafísica, en
cuanto acontecer de esta retracción, es la historia del ser mismo. Ya se ha dicho que la
ausencia del ser es el propio ser y, en consecuencia, la historia de la metafísica como
ausencia del ser es la propia historia de éste. Tal historia del ser no puede representarse
como un conjunto de acontecimientos que suceden fuera de la historia humana sino
como la misma historia humana en cuanto regida por un destinar que la posibilita, ser

16
HEIDEGGER, M., „Brief über den »Humanismus«“, en Gesamtausgabe Band 9: Wegmarken, pp. 330-
331. “Si acaso y cómo aparece [el ente], si acaso y de qué modo el dios y los dioses, la historia y la
naturaleza entran o no en el claro del ser, se presentan y se ausentan, eso es algo que no lo decide el
hombre”. HEIDEGGER, M., “Carta sobre el «Humanismo»”, en Hitos, Traducción de Helena Cortés y
Arturo Leyte, Alianza, Madrid, 2001, p. 272.
17
Tales expresiones chocan desde luego con el carácter no personal del ser, pero
probablemente Heidegger no encuentra mejor modo de subrayar el componente de necesidad que yace en
esa retirada del ser que funda la metafísica.
18
HEIDEGGER, M., „Der Spruch des Anaximander“, en Gesamtausgabe Band 5: Holzwege, Vittorio
Klostermann, Frankfurt am Main, 1977, pp. 321-374. Traducción al español de Helena Cortés y Arturo
Leyte, “La sentencia de Anaximandro”, en Caminos de Bosque, Editorial, Madrid, 2010, pp. 239- 277.

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que no puede ser pensado como ente o cosa, y que por ello no puede tener una historia
propia y aparte. Por eso Heidegger dice: „Es gibt Sein nur je und je in dieser und jener
geschicklichen Prägung: φύσις, λóγος, ἐν, ἰδέα, ἐνέργεια, Substanzialität, Objektivität,
Subjektivität, Wille, Wille zur Macht, Wille zum Wille“.19 El ser sólo se da haciendo
que se manifieste de diversas maneras la entidad, esto es, el ser de las cosas. „Doch
diese Geschichte der Metaphysik ist als die Geschichte der Unverborgenheit des
Seienden als solchen die Geschichte des Seins“.20
La destinación del ser, que funda las épocas de la metafísica, debe ser entendida ella
misma como histórica, temporal; de lo contrario, carecería de sentido: „Das epochale
Wesen des Seins gehört in den verborgenen Zeitcharakter des Seins und kennzeichnet
das im Sein gedachte Wesen der »Zeit«“.21 El ser se temporaliza abriendo las distintas
épocas de la metafísica.22

3. 3. La historia del ser como disolución de la filosofía de la subjetividad


Heidegger expone su oposición a toda forma de subjetivismo al formular su
pensamiento de la historia del ser. Según esta concepción, todas las acciones, decisiones
y pensamientos humanos se mueven en el terreno histórico ya abierto por el destinar
epocal del ser: la historia del ser soporta y determina toda situación y condición
humana. El mundo histórico, la forma en que el hombre se encuentra en la realidad, no
es, en ningún caso, producto de la subjetividad, empírica o trascendental, sino
destinación del ser. Heidegger rechaza que su pensamiento sea considerado como
humanismo porque él observa que éste es siempre una forma de subjetivismo, un
intento de situar al hombre en el centro del universo y fundar en él la realidad. Por el
contrario, el pensamiento de la historia del ser muestra lo siguiente: „die humanitas des
homo humanus aus dem Hinblick auf eine schon feststehende Auslegung der Natur, der
Geschichte, der Welt, des Weltgrundes, das heißt des Seienden im Ganzen bestimmt

19
HEIDEGGER, M., Identität und Differenz, p. 142. “Sólo hay ser cuando lleva en cada caso la marca que
le ha sido destinada: φύσις, λóγος, ἐν, ἰδέα, ἐνέργεια, substancialidad, objetividad, subjetividad,
voluntad, voluntad de poder, voluntad de voluntad”.
20
HEIDEGGER, M., Nietzsche II, p. 379. “Pero esta historia de la metafísica, en cuanto historia del
desocultamiento del ente en cuanto tal, es la historia del ser mismo”. HEIDEGGER, M., Nietzsche II,
Traducción de Juan Luis Vernal, p. 307.
21
HEIDEGGER, M., “Der Spruch des Anaximander“, p. 338. “La esencia epocal del ser forma parte del
oculto carácter temporal del ser y caracteriza la esencia del «tiempo» pensada en el ser”. HEIDEGGER, M.,
“La sentencia de Anaximandro”, op. cit., p. 251.
22
Cómo haya de entenderse el tiempo del ser, cuál es su relación con el tiempo de la historia y qué es el
tiempo respecto del ser mismo son algunas preguntas de gran oscuridad que tocan los momentos más
abismáticos del pensamiento heideggeriano y que aquí sólo son problemáticamente mencionadas.

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wird.“23 La metafísica, como historia del ser, funda una época histórica y sólo en el seno
de ella la acción humana y el hombre mismo tienen sentido.

3. 4. La superación de la metafísica
La tarea de una superación de la metafísica, contenida en la obra tardía de Heidegger,
puede ser leída a través de la idea de la metafísica como historia del ser. La superación
que este pensador propone no está en sintonía con las ideas de abandono y de rechazo,
propias de la actitud de “dejar algo de lado”, abandonarlo o rechazarlo; tampoco ella se
trata de una evolución que, en un estadio nuevo, deja atrás una fase anterior. Para
Heidegger, la metafísica sólo puede ser superada en cuanto se realiza en ella
la “experiencia” del olvido del ser. „Seingeschichtlich gedacht, besagt »Überwinding
der Metaphysik« stets nur: Preisgabe der metaphysichen Auslegung der Metaphysik.
Das Denken verläßt die bloße »Metaphysik der Metaphysik«, indem es den Schritt
zurück vollzieht, zurück aus dem Auslassen des Seins in dessen Ausbleiben“.24 El paso
atrás supera la metafísica al no mantenerse dentro de las representaciones metafísicas en
las que el ser está sencillamente omitido, y el olvido del ser olvidado, sino que las
experimenta como la donación-retracción del ser, como la ausencia del ser que es el ser
mismo.
Paradójicamente, la superación de la metafísica se torna así una repetición de ella. El
pensar (Denken) se vuelve recuerdo (Andenken) de la historia del ser, que sólo puede
leerse en la historia de la metafísica. Repetir, recordar la historia de la metafísica en la
dirección de lo no pensado por ella es su verdadera superación y a la par “experiencia”
del ser mismo. Por ello, la interpretación de la historia de la metafísica no es un
apéndice al proyecto sistemático de elaborar la cuestión del ser, sino su propio centro.

23
HEIDEGGER, M., „Brief über den »Humanismus«“, en Gesamtausgabe Band 9: Wegmarken, p. 321. “La
humanitas del homo humanus se determina desde la perspectiva previamente establecida de una
interpretación de la naturaleza, la historia, el mundo y el fundamento del mundo, esto es, de lo ente en su
totalidad”. HEIDEGGER, M., “Carta sobre el «Humanismo»”, op. cit., p. 265.
24
HEIDEGGER, M., Nietzsche II, p. 370. “Pensada según la historia del ser, «superación de la metafísica»
siempre quiere decir únicamente: abandono de la interpretación metafísica de la metafísica. El pensar
abandona la mera «metafísica de la metafísica» al dar el paso atrás, desde el dejar fuera del ser hacia su
permanecer fuera”. HEIDEGGER, M., Nietzsche II, Traducción de Juan Luis Vernal, p. 301.

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Conclusión
Los rasgos propios de la metafísica tradicional son su estructura onto-teo-lógica, la
primacía de la presencia y la verdad como adecuación. La primera de ellas consiste en el
armazón propio de la disciplina como fruto de no pensar la diferencia ontológica. De
esta manera, la pregunta por el ente pre-supone o pre-comprende el ser sin preguntarse
propiamente por el ser mismo, sino sobreentendiéndolo como fundamento en un doble
sentido: ser como esencia del ente y ser como ente supremo. En ambas nociones, el ser
siempre es abordado desde lo ente y no en su condición de posibilidad de todo ente en
cuanto horizonte, plano o ámbito de iluminación donde cada ente recibe su iluminar o es
iluminado y cobra sentido en su aparecerse al Dasein. En segundo lugar, la primacía de
la presencia señala la identificación implícita que la metafísica ha hecho del ente
respecto con lo presente y manifiesto sin tomarse la molestia de explicitar dicha
concepción. Tal forma de entender el ser toma relevancia particularmente a partir de
Platón, quien identifica el ser con la idea y en quien, además, y tomando el tercer
elemento que compone a la metafísica, la verdad se torna adecuación a la idea y ya no
desocultamiento del ente que retrae al ser a lo oculto. En su constitución tradicional, la
metafísica se ocupa del ente en cuanto tal y deja como no pensado la verdad del ser, es
decir, aquel fundamento de la metafísica que, en la imagen cartesiana del árbol de la
filosofía, se identifica con el suelo en el cual se hunden las raíces que simbolizan a la
metafísica. Por ello, Heidegger menciona que la metafísica es lo primero de la filosofía,
mas no así lo primero del pensar.
La concepción heideggeriana de la metafísica como historia del ser encuentra la raíz
de la unidad en la continuidad histórica en el fenómeno denominado bajo el nombre de
olvido del ser. En efecto, la atención puesta sobre el ente en cuanto ente ha provocado el
olvido de la cuestión del ser, aunque la metafísica piense que responde a ella desde lo
ente. Aunque el ser sea el gran ausente a lo largo de toda la historia de la metafísica,
para Heidegger el ser es el gran presente al entender la ausencia del ser como su forma
de presencia a lo largo del desarrollo histórico de esta disciplina. Por ello, él es capaz de
decir que la historia de la metafísica no sólo se apoya sobra la historia del ser sino que
ella misma es la historia del ser. Por otra parte, dicho olvido del ser no es fruto de una
opción tomada por la libertad humana, sino de una destinación del ser mismo. El
hombre no posee en sus manos la iniciativa del desocultar, sino que es el ser mismo
quien se destina y se envía posibilitando la desvelación de lo ente bajo diversas formas.
Por eso, cada época histórica presenta una manifestación distinta del ser de las cosas:

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naturaleza, razón, ente, idea, energía, substancialidad, objetividad, subjetividad,
voluntad, voluntad de poder, voluntad de voluntad.
La historia de la metafísica diluye, además, toda filosofía de la subjetividad desde el
momento en que el mundo en el que el hombre se sitúa no es producto de la
subjetividad humana sino de la destinación del ser. El centro de la escena lo ocupa aquí
el ser y no el hombre, como sí sucede en las distintas formas de humanismos históricos.
Cada uno de ellos, el griego, el romano, el renacentista, e incluso el sartreano, se
encuentran previamente sobre el mundo fundado por el destinarse epocal del ser, mundo
en el cual la acción humana y el hombre mismo cobran sentido.
Por último, superar la metafísica no significa dejarla de lado, ni abandonarla o
rechazarla, ni una evolución que se desprende de un estadio o fase anterior: la
metafísica se supera cuando se realiza en ella la experiencia del olvido del ser. Superar
la metafísica quiere decir abandonar la interpretación metafísica de la metafísica. Dicho
abandono se da mediante el paso atrás, desprendiéndose uno de las representaciones
metafísicas histórico-destinales y experimentando la metafísica como la donación-
retracción del ser. Superar la metafísica es volver a repetirla, en cuanto que el pensar
(Denken) se torna recuerdo o pensar rememorante (Andenken) de la historia del ser que
encontramos en la historia de la metafísica. Hay que repetir o recordar la historia de la
metafísica en la dirección de lo no pensado por ella.

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Bibliografía

HEIDEGGER, M., Gesamtausgabe Band 5: Holzwege, Vittorio Klostermann, Frankfurt am


Main, 1977. Traducción al español de Helena Cortés y Arturo Leyte, Caminos de Bosque,
Editorial, Madrid, 2010.
---, Gesamtausgabe Band 9: Wegmarken, Vittorio Klostermann, Frankfurt am Main,
1976. Traducción al español de Helena Cortés y Arturo Leyte, Hitos, Alianza, Madrid,
2001, p. 272.
---, Identität und Differenz, versión bilingüe: Identidad y diferencia, Traducción al
español de Helena Cortés y Arturo Leyte, Anthropos, Barcelona, 1990.
---, Nietzsche II, Verlag Günther Neske, Pfullingen, 1961. Traducción al español de
Juan Luis Vernal, Nietzsche II, Destino, Barcelona, 2000,
RODRÍGUEZ, R., Heidegger y la crisis de la época moderna, Síntesis, Madrid, 2006.

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