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ASESINATO DE MADERO Y MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO

El asesinato de Francisco I. Madero y José María Pino Suárez, el presidente y el


vicepresidente de México, sucedió el 22 de febrero de 1913 en el Palacio de
Lecumberri de la ciudad de México.[3] Fue perpetrado por el comandante de las
Fuerzas Armadas Victoriano Huerta quien, tras traicionar a Madero y Pino Suárez, dio
un golpe de Estado y obtuvo el poder por poco más de un año hasta su renuncia el 15
de julio de 1914.
CIUDAD DE MÉXICO, 22 de febrero.- Era medianoche. El presidente Victoriano Huerta
hizo un llamado urgente a todo su gabinete y con apenas unas palabras dio por
terminada la zozobra producida por los rumores: Francisco I. Madero y José María Pino
Suárez estaban muertos.
Fueron atacados por un grupo armado que intentó asaltar los automóviles en que eran
trasladados de Palacio Nacional a la Penitenciaría de Lecumberri. En la confusión los
prisioneros quisieron escapar.
Así decía el primer reporte que Huerta leyó de los hechos ocurridos minutos después
de las 23:00 horas, del 22 de febrero de hace cien años.
“Sobre las diez de la noche, se acostaron los prisioneros: a la izquierda del centinela, el
catre de Ángeles; el de Pino Suárez al frente; a la derecha, el de Madero. Se apagaron
las luces. A los pocos minutos, un oficial Chicarro penetró con el mayor Francisco
Cárdenas y ordenó a Madero y Pino Suárez que los acompañaran a la Penitenciaría.
Con huella de lágrimas en el rostro, “don Pancho” abrazó al fiel Ángeles y subió al auto
que lo llevaría a la muerte”, narra Manuel Márquez Sterling en su libro Los últimos días
del presidente Madero.

LA DECENA TRAGICA

Febrero 9 de 1913

En la ciudad de México, inician los sucesos conocidos con el nombre de la “Decena


Trágica” que comienza con la revuelta encabezada por Manuel Mondragón, Félix Díaz,
Gregorio Ruiz, Fidencio Hernández y Bernardo Reyes para derrocar al régimen
maderista y que termina el 18 de febrero con la aprehensión del presidente Madero y
del vicepresidente Pino Suárez por parte de Aureliano Blanquet.
En los primeros días de 1913 quedaba poco de la confianza que aún existía en torno a
la política seguida por el presidente Francisco I. Madero. Quienes detentaban el poder
económico temían que las medidas tomadas por el presidente afectaran sus intereses
(se oponían a la ley de ferrocarriles que contemplaba el despido de trabajadores
extranjeros que no hablaran español para sustituirlos por mexicanos y al impuesto a la
explotación petrolera) y quienes lo apoyaban dudaban de los beneficios de su política
conciliadora y pensaban que no debía retardar más la solución de los problemas
nacionales, especialmente de las demandas de los campesinos.
Bernardo Reyes, Félix Díaz y Pascual Orozco se habían sublevado y habían sido
derrotados y los dos primeros encarcelados, pero Orozco seguía libre; Zapata
continuaba su lucha y muchas gavillas que se decían revolucionarias, interferían en las
actividades económicas. El “bloque renovador” de la Cámara de Diputados, condicionó
su apoyo a Madero a cambio de que dejara su política conciliatoria; la prensa le pedía
su renuncia y ni él ni su gabinete hacían algo para impedir la conspiración.

PACTO DE LA CUIDADELA
18 de Febrero de 1913
En la Ciudad de Méjico, a las nueve y media de la noche del día dieciocho de febrero de
mil novecientos trece, reunidos los señores generales Félix Díaz y Victoriano Huerta,
asistidos el primero por los licenciados Fidencio Hernández y Rodolfo Reyes, y el
segundo por los señores teniente coronel Joaquín Mass e ingeniero Enrique Cepeda,
expuso el señor general Huerta, que en virtud de ser insostenible la situación por parte
del gobierno del señor Madero, para evitar más derramamiento de sangre y por
sentimientos de fraternidad nacional, ha hecho prisionero a dicho señor, a su gabinete
y a algunas otras personas; que desea expresar al señor general Félix Díaz sus buenos
deseos para que los elementos por él representados, fraternicen y todos unidos,
salven la angustiosa situación actual. El señor general Díaz expresó que su movimiento,
no ha tenido más objeto que lograr el bien nacional y que en tal virtud, está dispuesto
a cualquier sacrificio que redunde en beneficio de la patria.

LA DICTADURA HUERTISTA
Victoriano Huerta fue un militar que llegó al poder en febrero de 1913 tras hacer un
complot en contra del presidente Francisco I. Madero gracias a su lealtad a los
porfiristas donde lo mandó matar. A la muerte de Madero, llega al poder, y se volvió
un dictador que anuló la democracia y la libertad por medio de la fuerza militar.
Cuando Huerta llega al poder anuló la democracia y la libertad utilizando su poder
moviendo a las fuerzas militares para reprimir al pueblo. Huerta recibió el apoyo de
los grandes hacendados, altos mandos militares, del clero y de casi todos los
gobernadores, a excepción de José María Maytorena, gobernador de Sonora, y de
Venustiano Carranza, gobernador de Coahuila.
La gestión huertista se propuso entonces dos metas: lograr la pacificación del país y
lograr el reconocimiento internacional de su gobierno, especialmente por parte de los
Estados Unidos. Huerta intento pagar por la ayuda de zapatistas y orozquistas, con una
serie de condiciones y puras pláticas Pascual Orozco acepta el 27 de febrero de 1913
oficialmente apoyar su gobierno.
Zapata, por su parte, rechazó tajantemente cualquier oferta, por lo que el movimiento
morelense continuó su lucha contra el gobierno de Huerta.
La Cámara de Diputados se opuso al gobierno de Huerta así como los maderistas,
Belisario Domínguez, diputado en contra de Huerta escribió un discurso que criticaba
la violencia que Victoriano Huerta y también lo acuso de asesino.
Después de ser prohibida su lectura en el Congreso por parte de la Cámara de
Senadores entonces fue cuando lo difundió por escrito y días después apareció
muerto. Cuando la cámara de diputados comenzó a hacer la investigación de su
muerte Victoriano Huerta disolvió la cámara y mando a arrestar a algunos de sus
miembros.
Cuando la Cámara de Senadores tuvo conocimiento de estos hechos sus miembros
acordaron disolver su propia Cámara, por lo que Huerta asumió facultades
extraordinarias.
Al ver que el gobierno de huerta se estaba desmoronando el acepto públicamente que
era inminente su renuncia a la presidencia del país Mexicano y fue en 1914 cuando
Huerta abandonó el país.