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Teorías sobre el género fantástico

Para Tzvetan Todorov lo fantástico implica la existencia de un acontecimiento extraño,


imposible de explicar por las leyes de el mundo que conocemos. Esto que provoca la
vacilación, es decir, la duda, en el lector y en el personaje. El lector duda entre darle una
explicación sobrenatural o una explicación natural a los acontecimientos relatados. Esa
vacilación puede ser sentida también por el personaje, por lo que la podemos encontrar
representada en la obra. Lo fantástico ocupa el tiempo de esa incertidumbre vive de esa
ambigüedad.

En cuanto se elige una respuesta, es decir, cuando se da una explicación de lo fantástico,


se deja lo fantástico para entrar en un género vecino, lo extraño o lo maravilloso. Lo
fantástico es la vacilación experimentada por un ser que no conoce más que las leyes
naturales, frente a un acontecimiento sobrenatural.

Barrenechea basa su teoría en la de Todorov, pero polemiza con algunos de sus


argumentos. Para esta autora, la literatura fantástica es aquella que presenta en forma de
problema hechos anormales, a-naturales o irreales. Pertenecen a ella las obras que ponen
el centro de interés en la violación del orden terreno, natural o lógico, y por lo tanto, en la
confrontación de uno y otro orden dentro del texto, en forma explícita o implícita. Para
Barrenechea la duda y la disipación de la duda no son esenciales para el género fantástico.

Contraste
Sin contraste
De lo anormal / lo normal

Sólo lo no anormal
Lo posible
Problematizado No Problematizado
Lo normal
FANTÁSTICO Lo extraño
MARAVILLOSO

El modelo de Barrenechea incluye una confrontación entre el mundo representado en el


texto literario y el régimen de experiencia del receptor, es decir, todo aquello que
pertenece a lo que consideramos posible y / o normal desde esta especie de “marco” de
pensamiento. Tenemos que tener en cuenta que este regimen de experiencia no es algo
individual porque está determinado social y culturalmente, tampoco es invariable, es una
construcción histórica y, por lo tanto, va cambiando a lo largo del tiempo. Al confrontar el
mundo representado y lo que nos parece posible en la realidad observamos que hay
textos en los que hay contrastes, choques, diferencias, rupturas, en esos casos los textos
serán fantásticos o maravillosos.

Cuando no hay contraste estamos en el ámbito realista, donde ocurre sólo aquello normal,
o sea, los acontecimientos que constituyen una normativa, que acontecen
sistemáticamente, normalmente, por ejemplo, el cambio de las estaciones o la sucesión
del día y la noche. Lo normal implica necesidad. El ámbito realista también es el de lo
posible, en otras palabras, aquello que entra en el regimen de experiencia, pero que no
ocurre por necesidad. Es contingente, podría ocurrir o no. Es posible, no necesario. Ahora
bien, lo extraño sería aquello que parece quebrar el orden de lo posible. Es posible pero
insólito, su grado de contingencia llega a un límite muy poco frecuente. No es familiar o
recurrente. Implica una variabilidad dentro de la experiencia de lo posible. Sería lo posible
insólito, poco frecuente, no acostumbrado.

Volvemos, finalmente, a la diferencia entre lo fantástico y lo maravilloso. Debemos


considerar si el contraste es problematizado o no por la figura del narrador. Lo fantástico
excede el límite de lo posible y de lo real. No se produce ni en el orden de la contingencia
(lo posible) ni en el de la necesidad (lo normal). Y el narrador problematiza ese contraste,
lo que podemos percibir como lectores. En cambio, en el relato maravilloso el contraste no
está problematizado ni por el narrador ni por los personajes, propone un mundo “otro”
donde coexisten, por ejemplo, humanos y seres sobrenaturales que se vinculan según las
leyes de lo maravilloso planteadas por cada texto. El contraste lo percibimos en el ámbito
de la recepción, desde nuestro regimen de experiencia, por lo tanto, siempre es válido
preguntarse cuál es el límite de ese regimen de experiencia que, como ya dijimos, tiene
una base cultural y está mediatizado por nuestras creencias.