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..~lqqJHistorias del
¡..
r 1fl Lontananza

serie del volador


¡,
Yesthey'resharing a drink they call loneliness
But is better than drinking alone
BILLY jOEL

Primera edición, abril de 1997


o 1996, David Toscana
D.R. o 1997, Editorial Joaquín Mortiz, S.A. de C.V.
Grupo Editorial Planeta
Insurgentes Sur 1162, Col. Del Valle
Deleg. Benito Juárez, 03100, D.F.

ISBN: 968-27-0697-1

Ilustración de portada:
Pedro Bonin
Diseño de portada:
Juan Salas
Fotograffa del autor:
Jasso/ Lozano
Tipografía:
ESFERA

Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de la


cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida
en manera alguna ni por ningún medio, ya sea eléctrico,
químico, mecánico, óptico, de grabación o de fotocopia,
sin permiso previo del editor.
BIENVENIDO A CASA
UNAVEZMÁSAMARO REPARTIÓ su mirada entre la ven-
tana y el reloj. Ya pasaba de las nueve y, afuera, los
golpes de viento, hojas y tierra que bajaban de la
montaña presagiaban un aguacero.
lmelda, su mujer, comenzó a cerrar las ventanas,
lamentándose del polvo que se había metido en la
casa.
-Menos mal que hoy no vas a salir --dijo de acuer-
do con su costumbre de buscar el chantaje en vez de
pedir un favor.
Generalmente Amaro se sentía con poco ánimo
para contradecirla y terminaba por complacerla. Sin
embargo, esa noche estaba dispuesto a actuar de otro
modo. "¿Cómo faltar hoy al LONTANANZA -pensó-
justo hoy que seré el centro de atención?" Había de-
cidido llegar tarde, cerca de las diez, cuando ya to-
ciossus amigos estuvieran ahí, esperándolo, hablando
de él.
-¿Verdad que no vas a salir, Hugo?
Algunos años atrás Amaro le había pedido que
ya no lo llamara así. Fue poco después de haber cum-

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l;m iguales a los de todo el mundo. Él la abrazaba y
plido los cuarenta. Una secretaria de la fábrica se
111 contentaba diciéndole que no eran iguales, por-
acercó para entregarle un sobre y le preguntó "¿Us-
que ellos sí los harían realidad. Ella le sonreía y le
ted es Hugo?" La mezcla del usted con ese nombre
decía que lo único verdaderamente. importante era
le resultó aberrante. Hugo era un nombre de niño
estarjuntos toda la vida, aunque toda la vida pasara
o de muchacho, pero no alcanzaba para un hom-
en el pueblo ysin dinero. Entonces él se llamaba Hu-
bre maduro, de vientre amplio y ondulado, sin aire
Kº y ella tenía un trasero armonioso.
para diez escalones ni valor para riesgos que impli-
-No me has contestado, Hugo -los ojosde Imel-
caran algo más que un par de fichas en los juegos
cla mostraban su impaciencia.
de cartas. Decidió que todos le llamaran por su segundo
-¿Verdad que no? -insistió Imelda.
apellido, Amaro, pues el primero, García, lo llevaba
Esa misma tarde, poco antes del silbato de las seis,
medio pueblo. Cuando por teléfono le preguntaban
el gerente de personal lo había llamado. Le agradeció
ele parte de quién, comenzó a responder "de Ama-
sus veinte años de servicio, le empujó un sobre lleno
ro".Y de tanto autonombrarse así, la gente comen-
de billetes y le pidió firmar varios papeles. Amaro
1.ó a olvidarse de Hugo. Sólo Imelda rechazó la idea
volvió a casa más temprano que de costumbre y res-
y le dijo que le diría Amaro el día que él la llamara
pondió a la curiosidad de Imelda diciendo que se
Villarreal.
había sentido mal, un dolor en la espalda, los acha-
Amaro se palpó el bolsillo y sintió los billetes. No
ques de la edad. El resto fue echarse sobre el sofá a
los había querido contar. Para nadie era un secreto
esperar la noche. que cuando en la fábrica corrían a alguien lo liqui-
Amaro volteó hacia su mujer, imponente y abu-
daban con una cantidad inferior a la correspondien-
rrida, y no pudo distinguir ni los restos de aquella
te por ley.Él mismo llegó a indignarse más cuando
muchacha con la que había hecho tantos planes.
le hicieron esto a un compañero que cuando lo ex-
''Voy a ser auxiliar de contador -le dijo feliz cuan-
perimentó en carne propia. Decidió no contar el di-
do se contrató en la fábrica-y creo que en menos
nero para no enterarse del tamaño de su injusticia.
de seis meses nos podremos largar." Los planes eran
No pensaba decírselo a Imelda. Quería pasar una
tan indefinidos que a veces no se distinguían de los
noche a gusto, sin reclamos, sin necesidad de hacer
sueños: se irían a la ciudad, donde él terminaría sus
nuevos planes ni andar pidiendo favores ni de ve-
estudios, podría ganar más y eventualmente mon-
ras ponerse a imaginar su situación del mes o del
taría su propio negocio. Poco pensaban sobre qué
año entrante. Para qué ocuparse ahora de eso si ya
estudiar o qué negocio poner, y a Imelda sólo le preo-
tendría a su mujer convertida en una conciencia de
cupaba que los planes fueran demasiado ordinarios,
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tiempo completo, cuestionándolo, haciéndole cuen- tunte preferible al resto; y Amaro pensaba que las
tas, obligándolo a salir a la calle en busca de un in- noches ofrecían siempre mejores oportunidades
greso. para hallar estos instantes. De día, en cambio, todo
Amaro se encaminó hacia la puerta y, sin decir 11c mostraba demasiado real. Por eso en las noches
nada, salió. rle esos años de esperanza la ciudad era un resplan-
Las flores de buganvilia avanzaban por la calle dor en el horizonte que Amaro sentía demasiado
con cada golpe de viento. Rodaban, y algunas hasta cercano como para no alcanzarlo; y por las maña-
doblaban por la esquina como si tuvieran voluntad nas se volvíaun lugar muy remoto desde donde los
para dirigirse a algún lugar específico. Pero sólo eso patrones de la fábrica llegaban en sus autos negros.
vio, buganvilias, porque las calles estaban desiertas Un relámpago iluminó la calle. Amaro se cargó
de gente. Le angustió pensar que tal vez había per- hacia la acera derecha, repegado a las paredes de las
dido mucho tiempo con su mujer y que, tal vez, sus casas para esquivar la inminente lluvia. Su mirada
amigos, cansados de esperarlo, se habrían regresa- entró intrusa por las ventanas y fue descubriendo,
do a sus casas. romo si observara aparadores, la mercancía de cada
El viento sopló con más intensidad. Amaro sepa- rasa: dos niños durmiendo sobre una cobija deshi-
só una y otra vez las manos por el cabello tratando lachada, una familia silenciosa en torno al televisor,
de enderezarse el peinado, y al tiempo que se lamen- retratos sonrientes de boda, de quince años, sillones
taba por lo inútil de su esfuerzo, le reconfortó pal- rojos forrados en plástico, vírgenes, crucifijos, man-
par el rasgo mejor conservado de esos tiempos que teles bordados, un pan a medio comer, un calenda-
él, en su pensamiento, llamaba "los años de esperan- rio que se quedó en febrero, una pareja de ancianos
za" y que Imelda refería en conversaciones melancó- viéndose con la indiferencia del tiempo, mujeres en-
licas con frases como "cuando éramos felices". vueltasen batas floreadas; nada que le atrajera. Eran
Para Amaro la felicidad era una falacia aprendi- escenasque bien podrían haberse tomado de su pro-
da en las telenovelas. Nadie podía ser feliz porque pia casa.
la alegría era algo demasiado momentáneo que de -¡Métete Gaby,ya va a llover!
pronto aparecía en una risa, con una buena noti- El grito se empalmó con el viento. Amaro volteó
cia, con un buen trago, pero igualmente se esfuma- hacia uno y otro lado sin distinguir de dónde había
ba en un momento y tardaba en volver. La mayor venido. Sintió unas gotas pequeñas, aisladas sobre
parte del día uno no era feliz; tan sólo se dedicaba la cara y se dijo que aún no era la lluvia, apenas un
a comer, dormir, trabajar, irla pasando en espera de presagio. Con otro relámpago descubrió a un hom-
que un amigo o el azar trajera como regalo otro ins- bre al fondo de la calle. Luego lo vio tambalearse

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en la oscuridad y trató inútilmente de identificarlo Amaro sonrió. Todos estaban con él en su noche.
hasta que lo perdió de vista. Apuró el paso. El LON- A algunos de ellos también los habían corrido de
TANANZA parecía más lejos que nunca y acaso, igual la fábrica; otros aún trabajaban ahí. Pero haber per-
que ese hombre, sus amigos ya iban por el camino dido el empleo no era sino un símbolo. Alfin todos
de regreso. ellos habían caído en la trampa que les tendieron
Amaro forzó la respiración. Ansiaba el humo del · para nunca escapar del pueblo, una trampa disfra-
cigarro, las palmadas en la espalda, las frases im- zada de un empleo apenas suficiente para adorme-
bricadas en busca de una risa, de un gesto de apro- cer los sueños, para derrotarlos. Sin embargo, esa
noche se sentían seguros, felices. Esa noche el LON-
bación. Allá,adentro del LONTANANZA, estaba la vida.
!ANANZA era un paraíso donde el fracaso no existía.
-No me van a dejar solo-dijo Amaro en vozalta
Levantaron sus vasosy bebieron.
para tranquilizarse-. Hoy no.
Luego de pedir una ronda para todos, Amaro
Por fin distinguió el lugar y volvióa disminuir el
empezará a relatar los pormenores de su despido y
paso. No tenía caso correr siya podía vigilarla puer- todos se echarán a reír cuando les cuente que fir-
ta. Las paredes de sillar del LONTANANZA, el letrero, el mó cuanto papel le pusieron enfrente con tal de
arbotante de la esquina, todo estaba ahí en espera tomar el sobre del dinero. Hablarán de los traido-
de Amaro, pero el viento seguía llegando sin voces res, de los apestosos que huyeron a la ciudad yvuel-
ni risas,tan sólo con su silbido,sin siquiera otro grito· ven acaso un fin de semana a su casade siempre que
para Gaby. ahora llaman casa de campo. "Desgraciados-dirán
Se acercó nervioso y tomó la perilla de la puerta. con el rostro encendido-, cobardes."
Antes de abrir aguzó el oído. Escuchó el traqueteo Cuando la noche se haga más viejay se detenga el
de la lluvia sobre la lámina y sólo entonces se per- repiqueteo del agua en el techo, Amaro propondrá
cató de que se estaba mojando. Tanteó los billetes un brindis por su mujer y por las de todos. Enton-
antes de atreverse a abrir. Alguien estiró la puerta ces, entre gritos de aprobación y frases de enamo-
desde adentro. rados, abrirán las carteras para sacar los retratos de
-¡Miren quién llegó! hace más de veinte años, de los años de la esperan-
Distinguió a sus amigos,poniéndose de pie, cami- za, porque nadie pensaría siquiera en un brindis
nando hacia él con magníficas sonrisas que algo te- por las mujeres cada vez más amplias y tediosas que
nían de solemnes.Lo abrazaron,le apretaron la mano dejaron en casa.
con el mayor de los afectos y lo condujeron hasta la Por cuenta de Amaro correrán las bromas y los
cabecera de una ristra de mesas que habían unido chistes,y todos serán aprobados igualque se le aprue-
para la ocasión. ban a un patrón.

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Después, cuando el cantinero comience a hacer se-
ñas desde la barra, uno a uno irá despidiéndose de
Amaro y le dará las gracias por haberles regalado
esa velada tan maravillosa.
Amaro pagará sin chistar el consumo de todos, LA VERDADERA HISTORIA
sin importar lo que bebieron antes de que él llega- DE DON MANUEL
ra, sin ocuparse de revisar la cuenta, porque sabe
muy bien que pocas veces en la vida se puede ser
protagonista y no espera que esta oportunidad sea
gratuita. Luego pedirá una botella para el camino
de vuelta a casa, que se hará largo, pesado, oscuro.
Por las calles que corren de norte a sur avanza-
rán pequeños ríos turbios, y Amaro, sin memoria, se
preguntará a qué hora comenzó a llover. Un trago,
tres tragos, diez tragos; la botella a medias y Ama-
ro se desplomará sobre el lodo, bocabajo, orinándo-
se los pantalones, palpando el volumen mínimo de
los billetes en el bolsillo. Y ahí, con el rostro acomo-
dado para sostener nariz y boca fuera del charco,
tratando de no pensar en nada, dormirá.
Dormirá hasta el amanecer, cuando alguien lo vea
y corra a avisarle a Imelda, quien seguramente esta-
rá aún despierta, luchando entre la preocupación y
la rabia. Ella irá hasta su lado y le tenderá una ma- ,
no para levantarlo.
-Hugo, ¿por qué me haces esto?
Amaro, con la mente desorbitada, se colgará de su
hombro y se dejará llevar de vuelta a casa. Ahí que-
rrá pedir perdón o al menos dar una explicación,
pero en vez de eso se echará sobre el sofá y, miran-
do a través de la ventana, comprenderá que ya es de
día.
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( :uELGO EL TELÉFONO en la última vez que
y PIENSO
nos reunimos Toño, Rubén, Anselmo y yo. La cabe-
za no me da para la fecha exacta, pero sí recuerdo
muchas otras cosas:el lugar, el calor, las bebidas, los
rostros, el ánimo.
-Ya le tocaba-balbuceó Anselmoal tiempo que
lomaba su cerveza.
-Sí, pero cómo le dio largas a la muerte -dijo
Toño.
Veníamos de enterrar a don Manuel: un féretro
que apenas daba la impresión de llevar algo den-
tro porque el viejo ya no era sino una cáscara. No
le quedaban parientes y nada más lo despedimos
los que cuarenta años antes fuimos amigos de la
misma calle, frente a su zapatería. El lugar era ape-
nas un villorrio dedicado a elaborar piloncillo; ni
soñar que a las afueras nos pusieran un parque in-
dustrial con una refinería, una fábrica de camiones
y dos maquilasde gringos.Entonces tendríamos unos
diez años y don Manuel ya era un viejo.
-¿Y quién vaa ser el próximo muerto que nos de
motivo para juntarnos? -el comentario de Rubén
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nos hizo sonreír hasta darnos cuenta de que todos -Con lo que le gustaba hablar -dijo Toño-,
dirigíamos la mirada hacia Anselmo. Aunque tenía- 'i: dudo que haya tenido algún secreto.
mos mucho tiempo sin reunirnos, las cosas se saben 1 La primera ocasión que entramos al LONTANAN-
de algún modo y parece que todos estábamos ente- '/.A, buscando quién quisiera bolearse los zapatos, se
rados de su cirrosis. acercó molesto el cantinero y, cuando nos quiso
Yofui el que les llamé para presentarnos en el en- echar, don Manuel intervino. "Vienen conmigo, dé-
tierro. Tenía un secreto que contarles sobre don Ma- julos entrar." Algo tenía don Manuel en la forma de
nuel, un secreto que guardé con paciencia hasta el decir las cosas, y era tan buen cliente que manda-
día de su muerte. ha. Empezamos a ir todas las tardes, después de la
-La cantina está igualita -dijo Toño. escuela. Él nos ofrecía de tomar un poco y nos con-
-Casi, las encueradas ya están a color -dijo Ru- taba sus historias de cuando anduvo en la Re-
bén. , volución. "No le crean -nos gritaban los señores
-Y los precios muy cambiados -se lamentó¡
f' de las otras mesas-, son puras mentiras." Asegu-
Anselmo. .ji
raban que a don Manuel le había dado por escon-
Y alguna capa de pintura, la barra recién barni- J
derse en el tapanco de su negocio cada vez que se
zada y ventiladores en el techo. Por lo demás, la mis-:
acercaban los federales o los revolucionarios y ni
ma de aquellos días.Diría que hasta la misma música.
chistó cuando en dos o tres ocasiones se metieron a
Afuera, el mismo letrero sobre el muro: LONTANANZA,
yjunto a la puerta, con letras rojas pequeñas: PROHI- robarle sus cosas.
BIDA LA ENTRADA A MENORES DE EDAD. Fue precisamen-
A nosotros nos preocupaba muy poco si las his-
te la desobediencia a ese anuncio lo que nos unió a torias eran verdaderas o inventadas. Lo importante
don Manuel. era que nos divertíamos y,sobre todo, que gracias a
-La verdad-dije sin poder contenerme un mi- rilas entrábamos tarde tras tarde al LONTANANZA, de
nuto más-- es que los cité para contarles un secreto manera que después de un tiempo nadie protestó
del difunto. por vernos ahí, y eso nos hacía adultos, pues el le-
Mistres amigos, que se encontraban echados con- trero de la entrada ya no se refería a nosotros.
tra el respaldo de sus sillas,se inclinaron hacia la me- -A ver, cuéntanos ese secreto -me apuró Ru-
sa con ojos brillosos mitad interés, mitad morbo. Por hén.
un momento sentí que éramos los de antes, pero la -Espérate, güey, vamos a pedir otra ronda para
ilusión quedó bloqueada detrás del cabello escaso, hacerla de emoción -opinó Anselmo.
de las cinturas cuarenta o cuarentaidós y del des- Siempre me pregunté siAnselmo tendría un buen
parpajo de Anselmo para rascarse los huevos. recuerdo de don Manuel o silo culpaba por el rumbo
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que tomó su vida. Por eso lo estuve observando cuan- 1 io, déspota y con muy pocas letras para ocupar un
do bajaban el féretro y creo haber percibido una poca 11
puesto del tamaño del suyo, pero contaban que en
de alegríaen su expresión,algoasícomo una vengan- la batalla de Icamole disparó un cañonazo que ma-
zacumplida. Sin embargo es probable que no haya tú a veinte contrarios, y eso le valió una larga carre-
vistosino lo que quise ver. ra en la política. Su incapacidad no nos molestaba;
-¿Te dolió que se muriera? -le pregunté. lo que nunca pudimos perdonarle fue que se ca-
Con su risa entendí lo absurdo de mi pregunta. sara con Estelita. Samuel ltuarte vino una vez a la
¿Aquién podía dolerle la muerte de un viejode más feria del pueblo y quedó prendado de nuestra rei-
de cien años? na del piloncillo. A los pocos días mandó una co-
Sirvieron la siguiente ronda de bebidas entre misión que luego de no se sabe qué negociaciones
aplausos de Toño y vivasde Rubén. secretasacordó el matrimonio de Estelitacon el hom-
-Ahora sí, cuenta -dijo Anselmo. hre aquél de tres vecessu edad. Los mismos padres
El ambiente era caluroso y húmedo, como si fue- ele Estelita tuvieron que irse porque tampoco los
ra a llover.Las botellas de cerveza se cubrieron de perdonamos. En cambio a ella nunca le tuvimosnin-
débiles capas de agua que al rato comenzaron a go- ~ún rencor, la considerábamos algo parecido a una
tear. De pronto sentí el lugar más bochornoso y me mártir que se sacrificaba por una causa no muy cla-
puse de pie para subir la velocidad del ventilador. ra, pero decíamos que al cabo un sacrificiosiempre
-¿Se acuerdan de Samuel Ituarte? -pregunté era noble, y en aquel entonces se decía que Ituarte
al momento de estirar una, dos, tres veces la cade- sería gobernador. Estelita se dejaba ver de vez en
na del ventilador. cuando porque ltuarte, para complacerla, compró
-¿Padre o hijo? -preguntó Rubén. una hacienda cercana que les servía como casa de
-Padre -respondí. reposo, y ella no desaprovechaba cualquier opor-
Volaron las servilletas con el viento. Inmediata- tunidad para darse alguna vuelta por el pueblo y
mente sentimos el frescor del sudor que se evapora. llevarle regalos a sus parientes y amigas.
-Quién no se va a acordar de ese cabrón -dijo Una mano casi invisible puso sobre la mesa un
Anselmo y se aflojó el cinto en previsión de que nos plato con tostadas y otro con cacahuates sin pelar.
sirvieran algo de comer. -Ni que fuéramos changos -reclamó Rubén.
Samuel ltuarte fue alcalde de San Andrés, a unas -Si quieren les traigo la carta -dijo el mesero.
dos horas de aquí. Robaba como todos, tal vez un Ahora las miradas se dirigieron a Toño. Ni surner-
poco más, y realizó tan pocas obras públicas como gido en el mismo calor de todos se había quitado la
cualquier otro, tal vezun poco menos. Era autorita- corbata. Toño era el único, o al menos así lo creía-

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. ~
mos, que podría costear una buena botana de higa..1 litfusta;cuando en septiembre se presentó solo a dar
ditas, queso, machacado y tripas. Él es gerente en; 111 Krito,era que a patadas le habíatumbado los dien-
la refinería, la que mejor paga y la que da un mon~J tr11. Nadie desdijo esto ni cuando vimos después a
tón de prestaciones: relación con políticos, cance- ff,111<·lita
con la dentadura intacta.
lación de multas de tránsito, escuela para los hijos; -¿Se acuerdan -comencé otra vez con la mis-
derecho a viviren la colonia bardeada. Rubén y yo¡ nrn fórmula- cuando don Manuel dijo que Ituarte
trabajamos en la fábrica de camiones: él es opera-;\ rrn un cobarde?
rio, yyo, supervisor, gracias a haber estudiado has~l -Eso lo dijo muchas veces -respondió Rubén.
'1!

ta la preparatoria y procurarme algunas lecturas ..i -Sí -aclaré-, pero un día se comprometió a
De tan grande la fábrica me topo muy pocas veces'¡: ch-mostrarlo.
con Rubén y,cuando lo hago, apenas lo saludo con -Aún así -dijo Toño entre risas-, si Ituarte
un movimiento de mano. Siempre he sido más lis-] 1111nca tuvo fama de valiente, ¿de qué servía demos-
to que Toño, pero en la fábrica no te dejan llegar' trar que era un cobarde?
alto sin un título de ingeniero o de lo que sea. An-! -Hasta yo tengo más huevos que ese hijo de pu-
selmo, en cambio, como toda la vida, era el másjo-\ ta -masculló Anselmo desde su botella vacía.
dido. Cuando andaba sobrio trabajaba de afanador, f Comenzaron a bromear y a hablar de asuntos que
gracias a que en las maquilas sólo piden como re- r11 nada se relacionaban con don Manuel. Pensé en

quisito tener dos brazos. lragarme el secreto; no sería el único que dejaría sin
-Sírvanos algo decente y llévese esta porquería revelar.Ellossiguieron pidiendo una ronda tras otra
-por fin dijo Toño. con la confianza de que Toño se haría cargo de la
Anselmo alcanzó a echarse un puño de cacahua- cuenta.
tes al bolsillo. -Voy a mear -dijo Anselmo.
Samuel Ituarte se hacía acompañar de Estelita a -Yo también -secundó Rubén.
cada evento público. Le gustaba presumirla, saber- Toño los siguió sin decir nada.
se odiado a causa de ella.Por eso, cuando por prime- Pronto estarían borrachos y muy poco les impor-
ra vezse presentó solo, los rumores no tardaron: "Es taría enterarse de cualquier secreto, ni aunque se
que la golpea, y ni modo de sacarla a la calle con tratara de sus hijas. En ese momento me jacté en
semejantes chichones." Yasínos llegaban de SanAn- silencio de mi lealtad: divulgar un secreto después
drés tantos chismes en los que creímos firmemen- de tantos años no era síntoma de traición, sino pre-
te, aunque nada nos constara: cuando llegó sin ella cisamente de lo contrario. Y eso, estaba seguro, An-
a inaugurar la plaza de toros, la había azotado con selmo sabía valorarlo, aunque en ese momento su

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interés nada más se centraba en volver a la mesa -En realidad no nos dejó plantados-aclaré-.
para seguir bebiendo. .l!'gó un poco después de que ustedes se fueron.
Yo tenía muy presente aquel momento, porque Se echaron a reír. Recordaron por qué no me pu-
con esas palabras don Manuel no trataba de demos- ' 11· ir con ellos. Cometí el error de cargar con mi ca-
trar que Ituarte era un cobarde sino de hacerse pasar ¡011de bolear. Estuvimos esperando a don Manuel
él mismo por un tipo con agallas, y con ello probar- ¡¡, rr más de una hora, hasta que vimos aparecer la
nos que todas sus aventuras eran ciertas, que un hom- «xcolta particular de Ituarte. Eran tres soldados o
bre como él nunca se escondería en el tapanco, que policías acompañados por un superior. Saludamos
el zapatero de la calle 5 de Mayo, el hombre bajito '011 un poco de temor y nos echamos a andar co-
de pasos cortos, el viejo arrugado que salía por las 1110 si estuviéramos de paso. Un grito nos detuvo. "¡Al-
noches con su mecedora a la banqueta para sumar lo ahí!" La pura ausencia de don Manuel nos hacía
los autos según el color o la primera letra de la pla- «ntir que ya éramos culpables de algo, y volteamos
ca, sí había estado en la Revolución, sí conocía la h.icia la escolta con el gesto descompuesto por el
ciencia de la artillería, sí había disparado su rifle ucrviosismo. "¿Todos son boleros?" preguntó el su-
hasta que le estalló en las manos. "¿O creen que 1 H -rior, "No -se apresuró Anselmo a responder con
e~tas cicatrices me las hice jugando a la mata tena?" ('I índice hacia mí-, nomás él." "Entonces vuélen-
Yque a fin de cuentas, había hecho cosas más teme- 11' ustedes tres y tú, danos lustre." Lleno de rabia y
rarias que prender la mecha de un cañón para ma- miedo, abrí mi cajón y puse manos a la obra para
tar a vein te. l\'rminar lo antes posible. Estaría boleando al segun-
-Me refiero al día en que don Manuel nos citó 1 lo cuando apareció don Manuel por el camino. Ape-
a la entrada de la hacienda de Ituarte -intenté de 11;1s lo reconocí. Vestía un traje militar sucio y de
nuevo comenzar la historia cuando volvieron del .rpariericia vieja. Del pecho colgaba un par de con-
baño. ' lccoraciones que no pude distinguir, pero supuse
-¿Aquella vez que nos dejó plantados? -pre- '¡ue sin duda denotaban un alto rango.
guntó Toño. Les empecé a relatar la historia tal como la re-
Mi cerveza estaba caliente y la empujé hacia An- ' ordaba sin que ellos parecieran tener mucho in-
selmo. La temperatura no pareció importarle. En rcrés, Rubén bromeaba con Anselmo. Le dio una
un momento de duda Toño se llevó la mano al nu- palmada en la espalda y le picó las costillas. Ambos
do de la corbata. Creo que entonces recapacitó en :->e carcajearon sinceramente y Toño los miró con
la conveniencia de mantener distancias, y subió la 1111a sonrisa refrenada, seguramente tentado a parti-
mano un poco más, para rascarse una comezón ficti- «ipar de esas niñerías, pero resignado a actuar como
cia en la barbilla. 1111 hombre de respeto.

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-¿Van a querer que les siga contando? -pre- 1 "•1110yo me había alejado un poco, alcancé a ver
gunté molesto. 1 ¡111· don Manuel les daba la espalda en tanto con-
-Por mí te puedes ir mucho a la chingada -res- 111 il.iba la risa. Por fin volteó y les dijo: "Por orden
pondió Anselmo. Sin embargo yo quise que sus pala- .l,·I señor presidente debemos arrestar al licencia-
bras no fueran sinceras, sino una simple incoherencia ,¡,• Samuel Ituarte." Alguna objeción, algún tímido
de borracho, y seguí hablando. 1• 1hazo brotó de la escolta en forma de murmullo.
La escolta de Ituarte no hizo mayor caso de aquel 1 1t >11 Manuel los acalló. "Supongo que conocen la pe-
hombre de mala facha. Siguieron con sus temas y en 11.1por desobedecer a un superior, y han de saber
espera de mi boleada. "[Firmes!" gritó don Manuel 'I' w desoír un mandato presidencial es traición a la
cuando estuvo cerca de ellos. En un principio se di- ¡ 1.11ria."
rigieron miradas confusas, pero tan pronto uno de -Traición es dejar que se caliente tu cerveza
ellos adoptó la posición de firmes, los demás, in- iu terr urnpió Rubén.
cluido el superior, Jo hicieron también. Me acordé Apuré la botella de un tirón para que me deja-
de los domingos en misa cuando un fiel distraído 1.111 continuar. Hasta entonces reparé en que la mesa
se pone de pie a destiempo y arrastra con él a toda •"''aba llena de tortillas, salsas y vísceras de puerco
la feligresía. ,, 1es que me aguaron la boca. Por poco alargo lama-
-¡Firmes! -gritó Anselmo y Rubén se paró tie- 11< >hacia unos rodetes de chorizo, sin embargo eso
so como un mástil. hubiera sido tanto como anular el motivo de nues-
-No sean así -intercedió Toño-, y dejen que 11;1reunión, al menos mi motivo.
nos termine de contar su historia. Entraron en la hacienda. Yo los seguí a una dis-
Don Manuel iba y venía caminando con las ma- 1.111cia prudente. Ituarte yacía plácidamente en una
nos en la espalda. En una de tantas vueltas me di h.unaca, no sé si dormido. "[Está usted bajo arresto
cuenta de que las condecoraciones militares eran en militar!" Ituarte parecía no muy hecho a las harna-
realidad una medalla de la Virgen de Guadalupe y ' ns porque batalló un rato antes de poder bajarse.
otra del Sagrado Corazón. No sé si los otros repara- S11sreclamos pasaron de la incredulidad a la indig-
ron en esto o si precisamente los motivos religiosos u.ición. "¿Trae usted orden oficial?" Don Manuel
les inspiraron más respeto. "Señores -dijo don Ma- tomó el fusil de uno de los que lo seguían. "¿Nece-
nuel engolando la voz-, nos han confiado una mi- -.;1La más orden que ésta?" Yo escuchaba todo tan
sión bastante delicada." El superior dio un paso al claro que preferí alejarme un poco. Igual me es-
frente y, seducido por el tono heroico de las pala- ' ucharían ellos si me diera por toser o estornudar.
bras de don Manuel, respondió: "Usted ordene." < ;uarecido detrás de una lornita escuché que Ituar-

30 31
" .ucrcaba peligrosamente a las ocho, pues junto a
te hablaba con voz quebrada y, contrario a lo que
l.1b.ura, un letrero decía: 2 X 1 EN BEBIDAS NACIONALES
pudiera pensarse, esto no me alegró. Me avergon-
l •I ¡¡ /\ 9 P.M. y claro, el detalle de BEBIDAS NACIONALES era
zó la manera tan grotesca como se invertían los pa-
11w1aostentación.
peles del poder.
-No mames -dijo Rubén-, todo mundo sabe -Creo que todos nos enamoramos de ella-dije.
que a alcalde se llega con contactos y mañas. -Sí -dijo Toño- fue una ilusión de niños que
-Yo mismo -terció Anselmo-, de haber que- .11111 nos dura.
rido, hubiera sido alcalde. -No seas cursi -protestó Rubén.
Esta vez me agradó la interrupción: era señal de -Es que le falta poesía -dijo Anselmo encarre-
que estaban escuchándome. Sólo Toño no me ha- ' .1clo porque lo habían tildado de poeta-. Lo que
bía interrumpido, seguramente porque a los seño- 'I' 1icre decir es que todavía se la pellizca pensando
ritos de la universidad les enseñan a no hablar «u clla.
cuando no deben. Nada me gustó el tono de la conversación por-
Los perdí de vista cuando entraron en la casa. Es- i¡ 1w se notaba que el terreno no era propicio para
peré un rato mordisqueándome las uñas hasta que ..•.guir hablando de don Manuel. Yomismo me sen-
aparecieron por el zaguán. Ituarte venía en calzo- 11.1 mareado, a pesar de ser el que menos había be-
nes, con las manos atadas, custodiado por sus hom- l 11do.
bres. "[La patria sabrá recompensarles su valor!" -Bien, señores, tuve mucho gusto en verlos-em-
escuché que gritaba don Manuel al tiempo que on- 1111jé mi silla hacia atrás y llevé la mano a la cartera.
deaba un fajo de billetes. Los sirvientes salieron de- -No te vayas -gimoteó Anselmo.
trás de ellos, temiendo que con el arresto del patrón -Espérate, hombre -Toño me empujó hacia aba-
se acabaría el empleo. Entonces se escuchó el rechi- ¡e 1 para afirmarme en la silla- sigue con tu histo-
nido de la reja: era Estelita volviendo del pueblo. 11:1, y por el dinero no te preocupes. Yo invito.
-Mamacita -dijo Rubén con la quijada alar- Desde varias rondas atrás sabíamos que o él invi-
gada hacia el frente. 1.1 bao nos quedaríamos a lavar platos. Aun así me
-No -habló Toño-, Estelita era mucho más
, ¡io rabia que Toño pretendiera erigirse como nues-
que eso. 11e> benefactor. Yosólo había fingido irme para cap-
-Brindo por la mujer-levantó Anselmo subo-
1.1 r de nuevo el interés.
tella-, mas no por esa ...
Estelita se acercó. Ituarte arrastraba la mirada y
-Hasta poeta salió este güey -d~jo Rubén.
Otra vez peligraba el hilo de mi historia. El me- 110la levantó ni al escuchar la voz de su mujer diri-
sero aparecía con nuevas rondas y no\é que el reloj gida no a él, sino al capitán: "¿Qué está pasando?"

33
32
El superior volteó hacia don Manuel y, al ver que l·.~1dita.Caminó hacia mí como si siempre hubiera
este no respondía, dijo: "El general trae órdenes ·i..!1idodónde me escondía y dijo: 'Vámonos". Ni él
del señor presidente para llevarnos preso al licen- 111yo volteamos atrás, pero me gusta imaginarme a
ciado Samuel Ituarte." Estelita conocía bien a don l111:1rte bañado en lágrimas, besando las manos de
Manuel. Había vivido a dos calles de la zapatería. Fue ·111xalvadora. Seguí a don Manuel hasta la entrada
el mismo don Manuel quien le fabricó los zapatos 1 Id pueblo sin decir palabra, con la mente puesta en

blancos con borlas plateadas que lució en la feria 1:.s1t:lita,


en su carácter, más hermosa que nunca. Me
del piloncillo. "¿Me permite hablar un momento 111vitóa pasar a su zapatería. Ahí, entre tanto zapa-
con usted, general?" Para entonces don Manuel era 'º· recapacité en que había olvidado mi cajón de
un rostro púrpura sofocado bajo el atavío militar. l11oleartras la lomita. "Yote compro otro si me juras
"No podría negarme a una dama como usted", res- ..!¡~o."
pondió con el poco aire que le quedaba. -¿Y luego? -preguntó Rubén.
-¡Ya son las ocho! -gritó Rubén y llegaron a la -Estelit.a le había dicho que si alguien se entera-
mesa cuatro pares de botellas. l1:1de lo ocurrido, Ituarte lo mataría -aclaré.
Y otra vez se pararon todos al baño para hacerle -Y tú callaste para salvarle la vida -dijo Toño
sitio a las botellas dobles. Aproveché para comer- •1111sorna.
me un taco de chorizo, que en ese momento consi- -Pero, hombre, Ituarte se murió hace como diez
deré superior a cualquier historia sobre un viejo .uios -dijo Rubén.
zapatero. -Sí -exclamé-, pero queda su hijo.
-Somos todo oídos -dijo Toño cuando volvie- Nadie mencionó a Estelita. También quedaba ella.
ron. -Bien -dijo Anselmo-, ahora cuéntanos el fa-
-Al cabo ya estoy llegando al final -oculté los moso secreto.
restos del taco. -¿Y qué creen que les he estado contando des-
-Yo pensé que por fin se iba a poner interesan- de la primera cerveza? -pregunté incierto.
te --dijo Rubén. -No jodas -dijo Rubén-, esa historia sobre
Se alejaron para hablar sin que lo~ escucharan. don Manuel se la sabe todo el mundo.
Fue una charla amistosa, con algunas sonrisas. Tan -Y no la contaste tal como ocurrió -dijo An-
sólo al final Estelita tomó una postura grave y pun- selmo.
zó el pecho de don Manuel con el índice. Don Ma- Creo que me quedé a beber mi par de cervezas
nuel, más serio que nunca, asentía una y otra vez. del dos por uno. Ellos seguían con humor para bro-
Sacó del bolsillo el fajo de billetes y lo entregó a mear y platicar. Hasta me revelaron cosas que yo no
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sabía: a Ituarte lo sacaron en calzones para exhi- 11 ubiera preferido enterrar a Toño; la presencia
birlo así en el kiosco, y don Manuel no le regresó el , ¡, Anselmo no le hacía mal a nadie.
dinero completo a Estelita. Me puse de pie y arrojé Me acuerdo cuando recién se había apegado a la
un billete a la mesa; no permitiría la humillación '' 1111:1da.Una vez lo encontré llorando y borracho;
de que Toño pagara lo mío. 111('contó que no tenía dinero y sentía la boca tan
-Cuatro me tomé y cuatro pago -dije con aire ·11 '.1 r¡ue le había aceptado unos pesos a un deseo-
de dignidad.
'" ><idode bigotes a cambio de pasar la noche con
-Y también un taco de chorizo -agregó Ansel-
' 1 Creo que todavía éramos unos niños y cuando
mo-. No creas que no te vi.
nt uvo sobrio me suplicó y amenazó para que no se
Media vuelta, unos pasos rápidos y ya estaba afue-
I•>dijera a nadie. "Yosé guardar un secreto" le dije
ra. PROHIBIDA LA ENTRADAA MENORES DE EDAD. De algún
l"'11Sandoen don Manuel.
modo lo supieron, como todos sabíamos de la cirro-
romo el teléfono para llamarle a Toño y Rubén.
sis de Anselmo. Me fui a dormir y por la mañana
< :11·0 que debemos presentarnos en el cementerio
del siguiente o de otro día, en algún pasillo o en el
.1despedir a Anselmo. Al fin y al cabo para eso fui-
comedor de la fábrica, me toparía con Rubén. Ape-
11111s amigos. Luego, si tenemos ganas, podemos ir
nas un saludo a distancia con la mano. Ni acordar-
.il 1.0NTANANZA. Tomaremos cervezas del dos por uno
nos del LONTANANZA ni de don Manuel.
Pero eso fue hace algunos meses y hoy acabo de ,. quién quite y hasta les cuente el secreto de An-
recibir una llamada. "('lmo. O tal vez no diga nada, de cualquier modo las
-¿Conoce usted al señor Anselmo Sandoval? ••»as se saben y con un poco de suerte me entero
Por unos momentos dudé. El apellido Sandoval 'l('I nombre de ese desconocido de bigotes.
me era extraño.
-¿Por qué? -no quise responder afirmativa-
mente hasta saber más del asunto.
-Falleció anoche ... -la voz se hizo solemne y
cortada; tal vez supuso que me echaría a llorar-.
Un accidente ... y le encontramos su teléfono en la
cartera.
El pobre de Anselmo. Tenía que ser el siguiente.
La voz me preguntó si me haría cargo de los fu-
nerales. Le respondí que no. Me dijo que entonces
se lo llevarían al panteón municipal.
36 37
EL CACOMIXTLE
I• 1 1 IOMBRE LLEVABA VARIOSminutos viendo Ja foto-
)',l .uia. La regresó al bolsillo de la camisa para tomar
1.1 botella de cerveza y servir su contenido en el va-
"'': una camisa sin cuello, blanca con una raya roja
1 , •1 ra verde. Bastante fea, pensó Odilón, me recuer-
' l.. el uniforme que usó México en el setentaiocho.
l·.I hombre echó un vistazo lento al resto de los be-
1 wdores, volviendo completamente el cuerpo para
'1hscrvar incluso a los que tenía a su espalda. Recar-
l'.:1doen la barra, Odilón la interpretó como una mi-
1 .ida triste y retadora, y se le ocurrió que el hombre

1 kvaba una pena encima y de seguro buscaría co-


l .rársela con alguien.
No le importaban los problemas de sus clientes;
..,¡,1 embargo, en ese momento presintió que podían
presentarse dificultades para él y su negocio. Había
1 ccordado otra ocasión en que un hombre con la

misma forma de mirar estuvo bebiendo largamen-


te: comenzó con cerveza, siguió con jaiboles y ter-
minó con mezcal, cada vez con ojos más desafiantes
e inquisitivos. Por fin, de tanto mirar a uno de los

41
clientes, provocó la pregunta: "¿Qué me ves?" De '"• Aunque no alcanzó a ver la imagen pensó que
inmediato comenzaron los golpes. Uno de ellos sacó ' ·.1.1ríamuy mal definida, pues él mismo era dueño
su navaja y el piso terminó cubierto de sangre. Al d.- 1111a Polaroid y no importaba la cantidad de luz,
día siguiente, mientras limpiaba la costra seca, Odi- l.1sfotos siempre resultaban como si se hubieran
lón se lamentó de no haber actuado antes. Se hu- 1•• mado de noche, los rostros lucían verdosos y los

biera ahorrado un muerto y las dos horas que le .1.-i;dles,como un lunar o una arruga, simplernen-
tomó cepillar el piso con amole; se hubiera ahorra- '' 110 se dejaban ver. Por eso metió la cámara en un

do los cuestionarios de la judicial, el andar respon- • .1júny nunca más le dio por sacarla.
diendo por gente que ni conocía y la botella de Regresó a la barra desde donde procuró no qui-
creolina que hubo de verter por todo el suelo para 1.11 le la vista al hombre. Se preguntó cuál sería la

matar lo vivo que quedara del muerto, y que duran- ,·s1rategia correcta: echarlo o hablar con él. No con-
te una semana le impregnó la cantina con un olor ·.11 lcró la opción de dejarlo hacer, de esperar. Echar-

profundo a hospital. lo. pensó Odilón, puede ser lo peor, porque lo


El hombre agitó su botella vacía en señal de que 1 •• ndría que hacer yo mismo y luego soy yo el que

deseaba otra. El mismo Odilón fue hasta su mesa y i ccibe el golpe o la cuchillada o el balazo. No tiene

se la colocó junto al vaso. Ahí la destapó. Quería me- ';ira de ser buen bebedor. Aunque, ¿cómo estar se-
dirle de cerca sus intenciones y sus agallas, y de pa- ¡~11ro? Apenas lleva tres cervezas, y tres cualquiera
so aprovechó para recoger dos envases vacíos con l.1saguanta.
sus respectivas corcholatas. No le quedó sino hablar con él, iniciar una fingi-
-¿No hubo suerte? -preguntó Odilón. da charla entre amigos para mandarlo de vuelta a
-Ninguna -respondió el hombre, otra vez con su casa.
la fotografía en la mano. -Ai te encargo -le dijo a su ayudante-, voy a
Las botellas se destapaban frente al cliente por- .uender un asunto.
que por esos días se realizaba una promoción de Destapó una cerveza y, como no había premio,
la empresa cervecera en la que regalaban desde una sacó de un cajón una corcholata de la noche ante-
cerveza hasta cien millones de pesos. La pregunta rior que regalaba un six pack.
de Odilón era acerca de la promoción, pero supu- -Mire, amigo -se dirigió al hombre-, hoy es
so que el hombre le había respondido sobre la vida. su día de suerte.
Distinguió que la fotografía era de una Polaroid, de El hombre tomó la corcholata y la observó con
ésas instantáneas. La reconoció por su forma cua- poco interés.
drada, por su grosor y por el color negro del rever- -Yo no pedí esta cerveza.

42 43
Lo que menos esperaba Odilón era un arranque "" 11ido, hablaba sobre la instalación de computado-
de honestidad; un premio era un premio y debía ' .1spara controlar el inventario de alcoholes, la nó-
aceptarse aunque fuera inmerecido. 111111a, el consumo de las mesas y el de los clientes
--Tome la ficha y vaya a canjearla en cualquier .1..«Iuos; la forma de negociar contratos con las com-
depósito. ¡ •.111ías de cable para tener al más bajo costo HBO,
Odilón se dio cuenta de que había muy poca di- ~11 v . Playboy, Channei o las peleas de box de cam-
1 "·< .uato mundial; el tipo de bebida preferido según
ferencia entre lo que dijo y echarlo del local. Pensó
rápido en una forma de arreglar sus palabras, lo que • .ida segmento social, sexual y racial; la responsabi-
menos quería era portarse violento. l «I.id moral del encargado o propietario de un bar
-Entonces tráigame seis--dijo el hombre, cuidan- • 'n1 respecto a los bebedores menores de veintiún

do que la imagen de la fotografia no fuera visible para .111 os y las consecuencias legales en caso de que al-
Odilón-. La quiero canjear aquí. 1'.11110 de ellos se viera involucrado en accidentes o
Dos meses atrás, Odilón había leído un libro titu- , 1unen es. El libro de trescientas noventa y seis pá-
lado Manual del bartender:la guía práctica para adminis- 1•.111as, también incluía las recetas de las mil bebidas
trar con éxito un bar:Muchas veces lo vio en el aparador 1· < ornbinaciones más populares en el mundo. ¡Mil!,

de la revistería que estaba a tres cuadras del LONTA- "'·sorprendió Odilón, en el LONTANA,1\/ZAno servimos
NANZA. Las primeras veces sólo le causó risa: él sabía 111:ís de diez. De hecho, Odilón se jactaba de esa
perfectamente cómo administrar su negocio; lo que l.dta de variedad y seguido platicaba sobre la oca-
menos necesitaba era que un tal Lyonel Baldwin le "".>11 cuando tres norteamericanos le pidieron unos
diera consejos. Sin embargo, cada vez que se asoma- 111argaritas."Los mexicanos no tomamos esa mari-
ba al aparador, el libro le tentaba un poco más. Por ' »nada'', dijo. "Se inventó para los gringos que no
fin, en una de tantas, se animó a entrar. La contra- .1guantan el tequila." De cualquier modo guardó el
portada con el rostro del autor le dio confianza: era libro en un cajón de la barra y se propuso consul-
un hombre de salud bastante precaria, de cabellera r.ulo si alguna vez otro extranjero le solicitaba una
muy rala pero uniforme, de ojos saltones y brillan- lxbida fuera de lo acostumbrado. Al final de la lec-
tes, de piel seca y rostro mal rasurado. Odilón no lo 111ra,sólo el capítulo titulado Cien preguntas lepa-
creyó un hombre que administrara bares, pero sí uno ' "ció valioso. El autor aseguraba que un cantinero
que los visitaba asiduamente. Pagó el libro y lo leyó en debía ser lo suficientemente original como para
dos tardes. «vitar conversaciones acerca del clima o la salud.
Al principio le decepcionó lo que estaba leyen- I'ara comenzar una charla, había que soltar cual-
do. El autor, al fin pensando en bares de primer '¡ uiera ele las cien preguntas que él recomendaba.

44 45
Dichas preguntas eran tan superficiales que no de- larnbién venden cintos -dijo-:-, y ropa inte-
terminarían el rumbo de la conversación, sino que 1 1," y creo que lociones.
daban total libertad para que el cliente hablara de .-..:,·gúnLyonel Baldwin, a más tardar en la terce-
lo que quisiera. Odilón se propuso memorizarlas y 1 .1 u.tcrvención se podría identificar el rumbo por
las leyó una vez tras otra hasta lograrlo. Y no es que , 1'11w el cliente quería llevar la conversación, y aun-
en un momento dado pudiera enumerar las cien 1111'· < )dilón no pensaba que el hombre deseara ha-
preguntas, sino que ya en otras situaciones, si resul- 1d.11de ropa interior, optó por respetar al maestro.
taba oportuno, le venía a la cabeza cualquiera de -¿Ahí surte usted sus calzones?
ellas. En ese instante, viendo las rayas verde y roja FI hombre levantó la cara y mostró una mirada
del hombre frente a él, recordó la pregunta núme- 1 .111 o triste y retadora sino incrédula. Luego se echó
ro veintitrés: 11c·ír con una mueca cargada de burla. Odilón pre-
-¿Dónde compró la camisa? 1111«1 pensar que nunca hizo la pregunta y que ja-
Odilón hizo una reverencia mental a Lyonel Bal- 111.1.s oyó hablar del tal Baldwin. Soy un imbécil, se
dwin. En lo que el hombre le respondía, él mismo di¡o, y sintió la necesidad de reivindicarse ante el
elaboró una serie de posibilidades: fue un regalo, l111111bre.
en tal tienda, me la robé, perteneció a mi difunto pa- -Voy por sus cervezas -dijo.
dre ... Ysi había sido un regalo ahora podían hablar
Fn el camino quiso formular una conversación
de quién se la regaló; tal vez la persona de la foto; y
111tdigente.Pero qué podía saber un viejo que ni si-
ahora el tema ya no sería la camisa sino la persona
•1111cra dominaba su oficio de tantos años. Mil be-
de la foto; y...
l11das,pensó, y yo sólo preparo diez. A los clientes
-En Centro Pantalonero -dijo el hombre.
''"' gustaba hablar de cuestiones económicas: in-
Lástima, pensó Odilón. Comprarla en una tien-
lt'rcses, devaluaciones, deuda externa, bolsa devalo-
da era la opción que daba menos posibilidades. Lo
' "s, impuestos; asuntos en los que todos se la daban
del regalo, el robo o el padre muerto era más ex-
de expertos porque al fin nadie entendía. Odilón
plotable.
-Qué raro -dijo .Odilón-, ahí deberían ven- 11i siquiera llegaba a eso. El Manual del bartenderera
der pantalones. ,·1único libro que había comprado desde que aban-
-Sí venden. donó la secundaria, y la televisión, salvo por losjue-
-Quiero decir sólo pantalones. ¡~osde fútbol, sólo la veía por casualidad. Nadie
El hombre fue moviendo lentamente la mano ¡ .uede fingirse inteligente, se dijo, hablando de go-
hasta poner la fotografía de vuelta en el bolsillo. 1,·so tiros de esquina.

46 47
Atrás de la barra, le advirtió su padre al heredar· ', ,1,'l o.1stabarecuperar un poco más de respeto para
le el negocio, eres el jefe. Nunca te sientes a beber I" ,111 1,-que se fuera.
con nadie porque te perderán el respeto. Odilón apre- N" por nada tengo cuarentaitrés arios en este
taba los clientes porque había roto una regla más 1,. I'.'" 10-respondió.
valíosa que toda la vida y descendencia de Baldwin, 11 l1ombre le tendió la fotografía. Era una mu-
y ahora no le quedaba sino volver a romperla y re· 1'• ,I• i ost.ro difuso y verdoso; aparentemente entra-
gresar a esa mesa donde dejó el respeto. Recordó 1' ,1, h.11-10 y con una toalla enrollada en la cintura,
que la semana anterior, mientras intentaba dormir, I'' •'• 1g11alpensó Odilón que podía ser un vestido
alcanzó a ver en el canal cuatro un reportaje sobre , , ••i .u lo y sin mangas.

el cacomixtle, un animal que se mete en los galline· .·Ysabe también de mujeres?


ros y, por puro placer, se pone a matar cuanta gallina \,-. lo suficiente de una como para no querer
encuentra aunque sólo con una satisfaga su ham- ti" 1 de las demás.
bre. Descartó la idea ele hablar sobre eso. También 1-.J,' estuvo seguro Odilón de si su respuesta había
recordó que una vez un recién converso le dijo que ¡, 1.. 1111c11a, sin embargo se inclinó más a pensar que
cuando se llenaba de dudas, abría la Biblia en una 11.tl,1.1 perdido terreno. El hombre tomó una de las
página al azar, y poniendo el dedo en cualquier lí- , , • '• 1as y le dio un trago largo. Eran cervezas de la-
nea, daba con la respuesta necesaria. Sin descuidar ¡, ·1•1« 110participaban en la promoción. Luego ex-
al hombre, Odilón sacó del cajón .el Manual del bar· ,,'" l11ila mano para solicitar de vuelta la fotografía.
1 1.¡,¡,·,11 la retuvo un rato, sólo para medir la agre-
tender e hizo como le indicó el converso. La línea
donde puso el índice decía: Al servir cerveza en un ,,' "Lid del hombre. Éne mantuvo la mano quieta,
, 11 uclida, paciente.
vaso perfectamente limpio seformará una espuma grue-
sa, compacta, cremosa. La cerveza lucirá clara y libre de Bonita la muchacha -d~jo y se la devolvió.
burbujas de gas. Odilón pensó en sus vasos, en la es- 1.1hombre la guardó en el bolsillo y bajó la mi-
puma que se iba como si fuera de Coca-Cola. Sacó '·" l.. Toda su expresión había cambiado; ahora era
un six pack del hielo y se lo llevó al hombre ', •1110 si se avergonzara ele algo. Entonces Odilón su-
-Usted tiene un problema --le dijo. I", •111cse había equivocado: el hombre quería apa-
El hombre asintió. , 'l'.1i;1r su rabia con una borrachera, no con un pleito.
1·111 .1 la barra por una botella de tequila y un par
-Y necesita desquitarse.
-¿Cómo lo sabe? -preguntó el hombre. •1, • ;11 ..1as.
Odilón se sintió satisfecho. Tal vez esa curiosidad -Yo invito -dijo y sirvió un trago para el hom-
era síntoma de que no lo consideraba un imbécil. ¡ ,, y uno para él. Mi padre se avergonzaría de mí,
t '

48 4c·'
pensó, y le vino a la mente un recuerdo difuso, como .•. preguntó qué hubiera sido de él si desde antes,
en Polaroid, de un hombre más joven que él, recri- 11111cho antes, si desde que abandonó la secundaria
minándolo con la mirada. No le inquietó porque l .uhiera descubierto ese don. ¿Cuál hubiera sido su
hacía unos segundos se le había ocurrido una frase 11nte? ¿Cuáles serían sus recuerdos? Quizás su pa-
y hubiera dado cualquier cosa con tal de decírsela a ,¡".lo había engañado. Por primera vez se sentaba
alguien. ' h.ihlar con un cliente y, de pronto, se sentía otro,
El hombre habló un poco, de economía y de po- •• .d menos quería ser otro, un muchacho, aunque
lítica. Nada que le interesara a Odilón, quien se pre- l 11na un muchacho a punto de morir. Porque su pa-
guntaba sobre la chica de la fotografía. Llenaron de ,l 1<· también le advirtió, y en esto no hubo engaño,
nuevo las cañas y de nuevo las vaciaron. Los ojos del • I ur: la vejez llegaba cuando eran más los recuer-
hombre se movían azarosamente y los párpados se ,¡,is que los sueños. Yahora mismo Odilón presentía
volvieron lentos. Al fin llevó de nuevo la mano al 1111 sueño; apenas lo presentía porque no alcanzaba
bolsillo y sacó la fotografía. Ahora sí, pensó Odilón, • m o ld ear lo, a definirlo; era como una voz difusa
el terreno es el adecuado para sembrar mi frase. •I'u no se distingue de quién es ni de dónde viene.
-¿Sabe?, amigo -dijo Odilón-, los hombres a \' .11111que lo intentaba, no podía ocuparse de desen-
veces somos como los cacomixtles ... 11.11-1ar ese presentimiento sin que una y otra vez le
-Es cierto -interrumpió el hombre y se puso • .ivcra encima el recuerdo de su padre. El recuer-
de pie. Odilón ya no pudo terminar la frase ni ar- ' ¡,•, otro más. Odilón se dijo que, también, uno es
mar de nuevo su idea. El hombre salió con prisa del 11•·< «sariamente viejo cuando piensa en su padre y
LONTANANZA, sin despedirse, sin llevarse las cervezas. 11<·11c la imagen de un hombre más joven. Se sirvió
Odilón no quiso volver a la barra. Se quedó pen- •'''o tequila y decidió poner a prueba su última lec-
sando en el significado de su frase trunca. Él se aca- '''' ;1. Ahí podría estar la clave, en formular una fra-
baba de enterar de la existencia de los cacomixtles. ·' poderosa y transmitirla de mesa en mesa, sentado
No era posible que aquel hombre los conociera al · ••11sus clientes. Las mujeres son como espuma de
punto de anticipar sus palabras. Le vino un senti- • • 1 veza, pensó. lJn vaso limpio es la vida sin burbu-
miento de desolación. Pensó que tal vez, sólo tal vez, ¡.1s,pensó. Los recuerdos deben lavarse como un vaso
él había sido creado para ocuparse de asuntos más • 1, .ude la espuma de los sueños flota en forma de
grandes que atender una cantina. Tal vez dentro de 1,,,, bujas, pensó. La espuma cremosa, gruesa y com-
sí existía un don para formular frases que llegaran 1 '-''ta es la belleza de una mujer ante los ojos de un
al corazón de la gente. Somos como los cacomixtles, • "omixtle, pensó. Negó con la cabeza, tapó la bo-
se dijo, y le pesaron sus ochenta años como nunca y '' l l.r y volvió a la barra, decepcionado. Se puso a
50 'í l
atender sin ánimo a los clientes, con la sensación
de que aquel hombre de la camisa a rayas le ha-
bía encendido la luz por un instante, sólo por un
instante.
UN POETA LOCAL

52
1111 l•FBRANDO FUE RECIBIDO CON una fiesta familiar
"' f',.111izadapor sus padres. El alcalde -su tío- es-
111111 presente como invitado de honor, pues fue con
ili1wros del municipio que pasó dos años en la ca-
1"1.ildel estado, inscrito en el Colegio de Escritores.
\'.olv1úcon la satisfacción de un diploma enmarcado
, 11, liapa de oro que lo autorizaba a escribir profe-
11•.ualmente y con el orgullo de estar entre los úni-
', ,, dieciséis, de un grupo original de cincuenta, que
'' uuinaron el curso.
11ildebrando había ganado fama local porque sus
, ' 1''is eran leídos en cada fiesta patria y patronal.
l'.11.1el veinticuatro de febrero, escribió un poema
1111 rl.ido La tricolor ondeante, cuyo verso más célebre
.t-. Í.t:

Porque si no fueras águila no fuera México

l'.11.1el veintiuno de marzo, había escrito un poe-


" 1.1llamado Bendito Benito, que se volvió tan famoso
'· incluso al pie de la estatua de J uárez, en la calle
. ¡11

55
del mismo nombre, una placa conmemorativa lo ci- · 11.1 libre dedicada al Blue Demon, hijo adoptivo del
taba: 111¡~;11. El evento transcurrió según lo programado: se
•kvcló la placa conmemorativa de la ampliación,
De sangre india tu nobleza .•. iplaudió, hubo discursos y llegó la hora de la oda.
De sangre blanca tus querencias 1 .1sprimeras estrofas hablaron sobre un estado pro-
1'.' .-sista y sobre un gobierno que daba libertad con
Su repertorio abarcaba el primero, cinco y diez de ·•1"ntunidad, sobre la recia figura del mandatario,
mayo; el dieciséis de septiembre, el veinte de no· · ••11ojos siempre mirando al frente. El público in-
viembre, el doce de.octubre y las Navidades. Tam- '"1 rnmpía con aplausos y gritos de mariachi, hasta
bién tenía loas para prohombres como Cuauhtérnoc, 11,¡~;tral verso veintisiete, en el que Hildebrando cm-
Hidalgo, Guerrero, Zapata, Villa, Madero y el pa· 1ol··•'> una de esas palabras de arte:
dre Pro.
El único tropiezo en su carrera -gracias a que El gobernador embebecido
nunca hizo público un soneto a López Portillo-
se lo ganó por haber escrito la Oda al gobernador: La 11111>0 un momento de desconcierto en el que 110
compuso a solicitud de su tío, en cierta ocasión que ,, «xcucharon ni aplausos ni gritos. ¿Qué dijo?, se
el gobernador visitó el pueblo. Educado con lectu- 1·11·guntóla gente y comenzaron a circular las i11-
ras poéticas de años remotos, Hildebrando gusta· 111pretaciones. La prensa, al día siguiente, estuvo
ba emplear palabras de dudoso significado para la l1v1dida. Algunos dijeron que Hildebrando había
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mayoría de su público, pero que él sentía, le daban ,,,...inuado que el primer mandatario estatal actua-
a sus versos la dosis de erudición que todo arte re· 11.1como bebé y otros aseguraban que había em-
quiere. No era raro encontrar en sus obras palabras 1oi1·.1doun sinónimo de baboso. POETA INSULTA AL
como: rosicler;algazara, progenie, lid, denuesto, jJ!iyades, · •1111 RNADOR, rezaba un encabezado.
loor;.fúlgido y fulgente, infando, presura, garzul, aqueste, VI gobierno del estado, a través de la Subsecre-
zagal, querelloso, adalid y, con gran frecuencia, la ex· 1.11 1;1 de Comunicación Social, pidió al alcalde que
presión ¡Oh! 1,, 1scara la manera de disculparse públicamente. El
Escribió de un día para otro la desventurada oda, 1111111icipio pagó en todos los periódicos regionales
terminándola justo antes de la ceremonia en que el 1111 inserto que mostraba el texto íntegro de la Oda
gobernador inauguraría la ampliación de la escuela ,,¡ p,obernador:La palabra embebecidoaparecía resalta-
primaria y el alcalde trataría de negociar una par· ,l.1y con un asterisco. AJ consultarse el asterisco al
tida del presupuesto para instalar una arena de lu- 1u r : de página, podía leerse:

56 57
EMBEBECIDO: Adj. Admirado y pasmado. 1l ubj era tomado el camino de vuelta al pueblo de
FUENTE: Pequeño Larousse Ilustrado. 111 · l1.'her sido porque su decisión de dejar los ver-
rr-. J, • condujo a aceptar la narrativa como su nue-

La explicación fue vista con buenos ojos por parte ' ' 1 •"ación. A fin de cuentas, ser poeta o cuentista

del gobierno estatal, sin embargo, aduciendo moti- .. ol1.1111aturgo o publicista no era más que una es-
vos de falta de recursos, se negó el apoyo económi- 1" • i.ilización dentro de su nueva vida como profe-
co para la arena de lucha libre. ,¡, .n.rl de las letras.
Pese a esto, el balance de Hildebrando resultó po-
sitivo: nunca un poema suyo había alcanzado tanta 11ilclchrando sentía que la escuela le había dado
difusión, y con esa buena fama ni el alcalde le negó 1..•1.1~las habilidades para escribir un cuento, sin
el dinero para sus estudios ni el grueso de la gente ' 111l 1.11go,no le venían las ideas. Por eso lo primero
protestó por el destino de sus impuestos. 'I''' hizo tras su fiesta de bienvenida fue meterse en
Dos años asistió a una escuela donde le mostra- • 1 1• •NTANANZA para ocupar una mesa en la esquina
ron la manera como se deben manejar las metáfo- • 1, 1 íoudo. Ahí colgó un letrero:
ras y metonimias sin abusar de ellas, y le hicieron
memorizarse los elementos que requiere un texto
para ser cuento. Aprendió a redactar guiones de ci- ESCRITOR TITULADO POR
ne, radio y televisión; obras de teatro y ensayos. Supo LA ESCUELA DE ESCRITORES
que palabras como fue, dio y vio ya no llevan acento, BUSCA HISTORIAS PARA
y que extrañamente rió aún lo mantiene; que des- ESCRIBIR CUENTOS
apareció la be de obscuro;que el adjetivo, cuando no
da vida, mata; que los adverbios terminados en mente
no deben emplearse frecuentemente; que pues bien,
"' r cxul taba cierto-como decía el cantinero-que
yo necesito decirte que te adoro ya no hace suspirar a
il 11-«: escuchaban más confesiones que en la igle-
nadie; y, muy a su pesar, se enteró de una verdad
que en un principio le inquietó al punto de supo- '' '· ,··seera el sitio preciso para hacerse de temas.
ner que el maestro le mentía, pero que con el paso l .111 fácil como tronarse unas cervezas y esperar.
del tiempo y lecturas prestadas terminó por acep- -¿Ha habido suerte? -preguntó el cantinero.
tar; una verdad que le dejó sin dormir varias no- -Todavía no.
ches sumido en la decepción y resuelto a nunca 11ildebrando había notado la presencia de un
escribir otro verso: la poesía ya no era rimada. 1,, 1111bre que desde una mesa distante lo miraba con

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11
1 11

~ 1

insistencia pero sin ánimo para acercarse. Supuso No importa -aclaró Hildebrando-, yo escri-
que todo era cuestión de tiempo, de tragos. Cuan- ¡ ,, · , u.ilquier género.
do el hombre estuviera suficientemente borracho i'.ssobre un candidato a primer ministro de una
se acercaría para verter su alma en el papel. 1 111111aginaria.Un candidato muy popular que se-
De repente sus miradas se encontraron. Hilde- 1· 111. 1mente hubiera ganado las elecciones si no es
brando sonrió con torpeza y levantó el brazo en l'"' 'J"C alguien lo asesina en la última etapa de su
señal de saludo. El hombre ni sonrió ni saludó: , 11,,p;11-1a. La gen te lo llora y siente que con él tam-
eructó, se puso en pie y se acercó al escritor. ¡ ,, , 11 se van a la tumba los sueños de progreso eco-
-Tengo la historia perfecta -dijo. ''' •1111co,justiciasocial, empleo digno, democracia,
Volteó hacia la barra e hizo una seña que Hildc- , .1" r.uría nacional, auge comercial, desarrollo cul-
brando interpretó como amor y t=. y que dentro del ¡,,, .d ...
LONTA.NANZA significaba dos cervezas por [aooi: .No son muchas esperanzas para un candidato?
-Cuéntemela, señor, y si vale la pena, yo la con- Se hacen mil esfuerzos por resolver el crimen
vierto en literatura. I'' 1•• 110hay modo de dar con los culpables. Míen-
-Me llamo Adalberto. '' r-. t.mto, el candidato sustituto gana las elecciones

-Bien, Adalberto, sólo quiero aclararte que lo~ 1, 1111 pronto torna el poder, la isla se hunde en una
escritores nos alimentamos de ideas venidas de mu- 11111«-nda crisis...
chas fuentes sin que paguemos gratificaciones o re• Fcnía entendido que iba a ser de ciencia fic-
galías. 1 1•111.

-No quiero dinero ... Sí, espérate tantito -d~jo Adalberto y dio un
-Hildebrando. 11.1¡~" largo a su cerveza (luengo trago, pensó Hil-
-¿Eres el del poema a Juárez? -Adalberto so ,1, lu.mdo )-. Ocurre que un famoso científico con-
entusiasmó y tendió la mano sin hallar correspou- 1.· l.1d cuerpo del difunto o lo conserva sumergido

ciencia. . 11' ualquier sustancia rara que se te ocurra, y para


Llegaron las dos cervezas. Hildebrando destapó 1111< s del siguiente periodo electoral, ¿qué crees>,
la pluma y abrió su cuaderno. Las hojas estaban casl , 11•ucntra la forma de revivirlo. Por supuesto otra
todas repletas de tachaduras y frases que no con- • • / 1 >< .pularidad total, la esperanza perdida, sácanos
cluían, de inicios de cuentos que se quedaron en el .r. 1pozo y no sé cuánto más. El candidato ex muer-
,,, 1~:111a entonces las elecciones, mayoría absoluta,
"' .1s;1,toma el poder ... y la isla se vuelve a hundir
• 111111a crisis todavía peor.
()!
Adalberto miró a Hildebrando, ansioso por detcc- I" «hia extenderse y al rato llegarían plomeros, al-
tar entusiasmo en su rostro. 1,111ilcs, abogados y hasta médicos a colgar sus le-
-¿Me viste cara de pendejo? ¡1, 1•>~ con horarios, tarifas y especialidades. SE

-¿Por qué? 1 oi .1 i\l'AN CAÑOS/ DEFIENDO TRABAJADORES DESPEDIDOS

-La alusión es tan evidente que hasta un niño la ·.1 l'ONEN INYECCIONES. ¿En qué se convertiría mi
pesca -ahora fue Hildebrando el que bebió hasta 11··¡~ocio?
apurar la botella--. Además no quiero meterme en 11ildebrando volteó a ver su propio letrero y qui-
líos con nadie; ya me veo: el Rushdie de petatiux, "• 1n ordar a algún colega que hubiera hecho algo
No estoy para eso; mi búsqueda es puramente lite- I '·" c·cido en otra cantina, pero apenas le alcanzó la
raria, sin compromisos que la corrompan. •. ilw1.a para imaginar a Carlos Fuentes en La Ópe-

-Pero muy bueno para hacerle odas al gobcr- 1 .1.de la mano de Candice Bergen.

nador. -El muy ojete -dijo para sí-, con esa vieja has-
-Es diferente, eso lo escribo porque lo siento. 1.11' > escribo una Terra nostra ... y capaz que la mía
-A mí se me hace que eres un lambiscón. .,, ·,e· entiende.

-Y tú eres puro hocico -Hildebrando se inco- ( :,iucibió un libro titulado Historias del Lontanan--
modó por lo infantil de su respuesta. " c·11el que el primer cuento narraría las andanzas
Vio que Adalberto se ponía en pie y se marcha· · 1. 1111 escritor que entra a un bar y cuelga un letrero
ba. ¡Síguelo!, le gritó una voz por dentro. ¿Quién va · 111-usca de temas. Pensó a su vez en un títul o apro-
a pagar las cervezas de amor y paz? Pero tuvo míe- 1 ''·"In para ese cuento y, llevado por la cultura cine-

do de armar un escándalo, de parecer un imbécil 111.11ográfica, se le ocurrió Los apuros de un escritor.


corriendo detrás, y no obstante sus bolsillos vacíos, l·ia la única idea que hasta el momento le había
cerrando los puños lo dejó partir. . urusiasmado y se le fue el tiempo tomado de ella.
'.111.-mbargo no se ponía de acuerdo sobre narra-
Al día siguiente las cosas no fueron mejor. Estuvo r!. •1('.~,tonos, tiempos y demás. El escritorentro al bar.
toda Ia mañana sentado en la misma mesa, bebicn- 'J, • Fl escritor entra al bar.No. Entró al bar:No. Entra-
do agua y haciendo garabatos en el cuaderno sin "'" al bar.No. El bar estaba vacío. Con un carajo. Lue-
que nadie se le acercara, salvo el cantinero. J'." de dos horas de pensar, sólo le había satisfecho

-Si no consumes te tienes que ir -le advirtió, y . 1 1vIraseamien to del título: Un escritor en apuros.
le explicó que de cualquier modo, aun chupando- 1:11esas andaba cuando se acercó un hombre.
se una coronita por minuto, no estaba muy convcu- -Si quiere escribir algo realmente importante,
ciclo de permitirle colgar el letrero. El mal ejemplo 1,' 11·puedo dar un tip.

62 ()3
Hildebrando levantó la vista al escuchar la voz v.Lrlberto pidió un par de cervezas y se sentó.
profunda y pausada. Vio un hombre viejo, con unu Mira-dijo-, acepto que lo que te conté ayer
mezcla extraña de fortaleza y cansancio. !''''de parecerse en algo a lo de Kennedy ...
--Lo escucho -dijo. Kcn n e dy mis huevos -interrumpió Hilde-
¡., .111(10.
-¿No me invitas a sentarme?
Imaginó al viejo pidiendo un par de cervezas y .pero ahora te voy a contar una historia sobre
1111 '11rita que sabía más de la cuenta.
luego yéndose sin pagar.
-Todavía no -dijo Hildebrando-, primero 11.ldebrando lo miró con desconfianza. El can ti-
''' 1.• 1 rajo las dos cervezas.
dígame de qué se trata.
< > las pagas por adelantado -advirtió Hilde-
El hombre no hizo caso y se sentó. Sacó un pól•
t.. 111do- o no escucho nada.
nuelo del bolsillo de la camisa y secó una capa cla
v.Lrlberto extendió un billete al cantinero y co-
sudor en su frente a punto de gotear.
11"1111,> a relatar:
-Conozco la verdadera identidad de Blue llcl•
Trata de un sacristán que accidentalmente se
mon -dijo. .!11• 1 w11ta de que el párroco se roba las limosnas. El
Hildebrando cerró su cuaderno.
',, 11.->L'rn no tiene pruebas y comienza a investigar
-No sabía que fuera un secreto.
1111 ¡•<H:opor su cuenta ...
En silencio, el hombre desmenuzó una servilkl•
C: Iodo ocurre en una isla imaginaria?
y luego sopló con fuerza para hacer volar losjirrn 1eM1 No, Hildebrando, ésta es otra historia -dio
-Es cierto -dijo decepcionado-, tal vez ya 111 1111 11:1g-oa la cerveza-. El sacristán se espanta cuan-
sea secreto. ,¡.. ·.e entera de que el párroco está confabulado
-Y en todo caso -dijo Hildebrando- no ere •"",.¡alcalde en estos negocios; y como se corre el
que sea importante. , l11·.111c de que anduvo haciendo preguntas y en-
El hombre se puso en pie y se retiró con paso lc1 ,,, .uidose de cosas que no debía, una noche loma-
to. Su voz baja pero audible alcanzó a decir: , 1,. 1c:tn en la central de autobuses.
-Tienes razón, tal vez ya no le importe a nadie, 1l1ldebrando golpeó la mesa con la mano abierta.
Apenas salió del LONTANANZA, entró Adalbcrtu¡ Sí, claro -dijo-, y dicen que fue un acciden-
aprovechando el impulso de vaivén que le dio ul ,, 1¡11clo confundieron con Chucho el Roto.
hombre a la puerta. No exactamente -dijo Adalberto-. Si fuera
-Ahí estás -dijo seiialando hacia Hildebranrlo, 1,111 "111ple yo mismo escribiría la historia. Ocurre
-¿Qué? ¿Tiene otra historia de ciencia ficción] •I' 11.iquí el asunto se multiplica con cientos de per-

65
I~
1

11
sonajes y ton decenas de hipótesis sobre lo qu 1.'na tanto como exhibir su derrota. Abrió su cua-
¡iJ
ocurrió. ,1,1110 y fingió que escribía, pasando la pluma sobre
Por un momento Hildebrando se entusiasmó co 1, r-, trazos de proyectos anteriores, incluyendo el del
el proyecto; pensó en una novela con varias voco , ·.•1itor en apuros. Entre trago y trazo descubrió un
encontradas, narradores omniscientes, equicienl(! .. .kndario que colgaba a un costado de la puerta
y deficientes; y narradores omniscientes que se hílfi' ·lil baño. No le llamó la atención la gringa descolo-
cen los deficientes; personajes claves que aparecen 1 11 l.1 con cerveza en mano, sino la fecha: agosto 27.
en una página y desaparecen en la siguiente. Tam l 11cinco días comenzaría septiembre, mes de lapa-
bién se le ocurrió meter dentro de los antagonisu '' 1.1.Pensó en sus versos a Hidalgo, Allende, Mo-
a un curita italiano para emparentar su novela co1L ,,·los; al grito de Dolores, al abrazo de Acatempan
las de Puzzo; pero aquí le vino una idea que lo d 1 1las agallas del Pípila. Muchos los sabía de me-
cepcionó por completo: ¿qué hacer con una novclai 111111ia y los repasó en silencio, con el tono heroico
donde el protagonista está muerto y los demás pe ¡ •.11 ;1 el que fueron escritos. Entonces le vino un re-

sonajes son antagonistas? No recordó que le hubi ''' -v.ido entusiasmo por las palabras, tal como lo sen-
ran enseñado eso en la escuela de escritores. ''' .mtes de que le informaran que la rima estaba
-Si tienes complejo de fiscal especial ve a la P 1111w1ta y sepultada. Buscó en su cuaderno una ho-
Ge Erre -dijo Hildebrando con exasperación-; 1 1' «11blanco. Aún le quedaban algunos héroes sin
mí no me interesan tus hipótesis. 1' 1sificar, y se dijo que no había muerto ni sepul-
-Deja contarte el resto. 1111 ;1 que se resistieran al talento. Levántate y anda,

-Ya escuché suficiente -lo detuvo Hildebran- '1.-.rctó en su cabeza, se persignó con la misma ma-
do-. ¿De veras me ves tanta cara de pendejo? 1111 que sostenía la pluma y comenzó a escribir.
Adalberto comprendió que estaba perdiendo su
tiempo. Tomó ambas cervezas y las llevó a otra me ¡Oh! desventurada patria la mía
sa, donde se puso a beber sin prisa. Que pagó con santa sangre de niño
Hildebrando retiró su letrero. ¿Aquién se le ocu- La intromisión de un extraño enemigo
rría? Probó la seña de amor y paz y rápido llegó el Porque en Chapultepec parque no había.
cantinero con un par de coronas.
-Así me gusta -dijo-, consumiendo y sin le•
trero serás siempre bienvenido.
También bebió con lentitud. Esperaría hasta que
Adalberto saliera porque se le ocurrió que irse a11·

66 67
LA BROCHA GORDA
1 1 CALLE SE ENCONTRAHA MUY vacía para ser media
111.11-1;rna.
Rubén insertó con prisa la llave de la puerta
1"•rque el teléfono estaba sonando. Tan pronto abrió
·.• .ibalanzó hacia el aparato sobre el mostrador.
-La Brocha Gordaa sus órdenes.
-Disculpe -dijo la voz al otro lado-, me cqui-
1 ••qué.

Colgó la bocina. Desde que el negocio cayera en


•111airremediable cuestabajo, sus fantasías lo habían
lhvado a pensar que cada llamada telefónica podía
11uer la solución: un pedido millonario, un contrato
11.1rapintar mil casas o la raya central de una nueva
, .rrretera que atravesaría el país, una gran fábrica
de muebles en busca de laca, el departamento de
u ánsito que había decidido pintar ele amarillo to-
' Lislas áreas de no estacionarse.
Los cobradores, en cambio, nunca llamaban por
1clt:fono. Hacerlo era como poner a la presa sobre
.iviso y darle tiempo para correr o esconderse. No
.uiticipaban su presencia más que con el tronar de
-us motocicletas, casi cuando ya estaban ahí. Todos

71
eran iguales, vinieran de parte del banco, de los pm• 1111 p;ttrón sino un amigo, pues era tanto el ocio, que
veedores, del gobierno o del rentero. Vestían una !'11• 111.11nenterecibía una orden y, en cambio, ambos se
misa blanca, con tres botones abiertos y tan rala q11tt l.1 ¡ »isaban conversando,jugando naipes y dominó,
un poco de sudor bastaba para revelar vellos y t<·tl• · .uvcnrando formas para sobrevivir la jornada.
llas. Todos parecían conducir la misma moto y gua11. F11 un momento de escrúpulos, cuando ya Mun-
dar sus papeles en el mismo estuche azul marino y , 1 •• había recogido sus cosas, Rubén agregó:
usar los mismos lentes oscuros con pretensiones d<• -Te prometo que cuando las cosas mejoren te
Ray Ban. ¡ •.•g<> tus dos meses y tu liquidación.
Dos horas antes lo había visitado uno. l'cro no había modo de pensar que las cosas me-
-¿El señor Rubén Soto? 1' '';irían.
YRubén respondió como lo hacía con todos: -No se preocupe, serior, al cabo yo no manten-
-De momento no se encuentra. ¿Algún recado? !'.', ;1 nadie.
-Vengo de Pimsa. Dígale que si para el viernes -Y si quieres -dijo Rubén-, hasta te vienes otra
no paga, sus cuentas se van al departamento jurl- 1·0. a trabajar conmigo.

dico. Mundo no respondió. Cruzó la calle y se sentó en


-Bien, yo le digo. • 1 filo de la banqueta. A los pocos segundos se de tu-
,.,• una pesera. Cuando Rubén la vio arrancar y per-
Seis meses atrás contaba con la ayuda de un em- ,lcrse en la distancia deseó de todo corazón poder
pleado, lo que le permitía abrir el negocio de ocho .u.rrcharse igual que Mundo.
de la mañana a ocho de la noche. Ahora lo cerraba
cada vez que salía a su casa o al banco o a realizar 1·.I teléfono volvió a timbrar. La voz que Rubén es-
cualquier trámite. Yfuera su ausencia de cinco mi- ' uchó al otro lado de la línea le resultó más decep-
nutos o de todo el turno, no variaba el letrero de la ' ronante que el número equivocado. Era Clara, su
puerta: VUELVO AL RATO. Un letrero que, por lo gene- 111L~jer, y Clara nunca hablaba para algo bueno.
ral, nadie leía. -¿Rube?
-Mundo -·le dijo el día que lo desocupó-, no -Sí, dime.
tengo para tu sueldo. -Te tengo malas noticias.
-Ya lo sé -diío Mundo-s-, tiene dos meses de Él se mantuvo en silencio. Le aburrían los artifi-
no pagarme. cios empleados por su mujer para iniciar una con-
Durante ese tiempo Mundo nunca le exigió su versación en vez de ir directamente al asunto.
salario. Se había acostumbrado a ver en Rubén no -¿No me vas a preguntar qué?
72 73
Rubén supuso que se trataba de dinero. ¿De qué -Mire -dijo la mujer señalando el muestrario-,
otro asunto se ocuparía Clara? Luego pensó en , ¡11 wro tres cubetas de un color como éste.

que por fin se hubiera muerto la tía Encarna, pero Ahora necesitaba salvar el segundo obstáculo: Be-
no la consideró una mala noticia. ' 1 venía en treinta y seis colores, mientras que Cope,
-Qué poco te importa lo que nos ocurre -re- ,.lo cn doce. Rubén no podía venderle un color como
clamó Clara. , "' Son unos pendejos los de Cope, afirmaba, no
-Bueno, pues -dijo Rubén para evitar una dis- r • d l('I\ que nomás los huevos se venden por docena.

cusión-, cuéntame qué pasa. l 11 tanto planeaba una estrategia, notó que la mujer
Clara ya había cambiado de opinión. u ' volvíamás consciente del local. Por ningún lado se
-Ahorita no, te lo digo cuando vuelvas a la casa. 1, 1.111 cubetas de pintura, si acaso un anaquel con la-
-Como quieras, pero tengo que cortar porque 1.1..; de medio litro. En la pared, un anuncio de lámina
llegó un cliente.
1"1;1baPINTA TU ÉXITO CON BROCHAS ÉXITO; y del exhi-
Por lo general esa frase era un truco para termi-
1.1( lor sólo pendían dos brochas del número tres. Las
nar conversaciones. Esta vez, en verdad había una
I" •< as lijas ya se habían pandeado con la humedad
mujer en el quicio de la puerta sosteniendo el mues-
1 d piso mostraba una capa de polvo de al menos dos
trario de una marca rival.
"' ruanas sin barrer.
-Oiga -dijo la mujer-, ¿tiene pintura Berel?
-Mucha gente se queja de ese color -elijo Ru-
Rubén estaba harto de esa pregunta. Todos los que
l w11-, porque una vez que se aplica se ve mucho
entraban por esa puerta querían pintura Berel y no
111.1s oscuro.
la basura que él vendía.
Había en su voz algo de fragilidad que inspiraba
-No, señora, nada más tengo Cope.
La mujer iba a darse la media vuelta cuando Ru- '•111fianza.La mujer preguntó:
bén soltó su frase tan estudiada: -¿Entonces qué me recomienda?
-Cope le da la misma calidad a mitad de precio. Rubén sacó el muestrario de Cope y señaló uno
Las manos de Rubén temblaron con los truenos , le- los colores.

de una motocicleta que se aproximaba. La mujer se -Mejor llévese el café piñón.


mantuvo inmóvil mientras medía las intenciones del -No sé -dijo la mujer- yo quería algo más
hombre tras el mostrador. .unar illito.
-¿Me lo asegura? -Los ternos amarillos acaban por cansar la vista.
Rubén asintió con alivio. La motocicleta se había Se congratuló por su respuesta y sólo se arrepin-
seguido de largo. 11<1 ele no haberla inventado antes. Le pareció una

74 75
forma efectiva de disuadir a cualquiera, y que se po i..11.1Para Rubén, más ele cinco timbrazos eran una
dría emplear para todos los colores. 1,i11.1 de educación y hasta ese momento iban once.
1 111111jer avanzó hacia el aparato como tentada a
-¿Lo tiene en existencia?
11 "l'"11der. Por fin dijo:
-¿Por qué me pregunta eso, señora?
-Es que veo tan vacío su local. .. < >iga, ¿no va a contestar?
Rubén sonrió. l~11hénestaba seguro de que era Clara. No se ha-
-Prefiero guardar todo en la bodega -seúalo ¡,, 1.1;1guantado las ganas de contarle la mala noti-
' 1.1 11ide preguntarle si, ahora sí, el cliente le había
hacia el acceso cubierto con una cortina que te11Íi1
a sus espaldas. •..111pradoalgo.
Volteó hacia atrás y gritó: No -dijo Rubén-, yo le doy preferencia a la
-¡Mundo, tráeme tres cubetas de café pinón! I'.' u t«: que se toma la molestia de venir, no a la que
-Espérese-dijo la mt~jer-, todavía no me din• 111.11< a un número.
el precio. 1imbró catorce veces y se silenció. Rubén metió
l.1 11,taal cajón.
-¿De las tres o de cada una?
--El total. -No sé qué le pasa a este muchacho. Ha de es-
1 11hasta el fondo de la bodega y no me escucha.
Rubén abrió un cajón y extrajo la lista de pre·
cios. Odiaba abrirlo porque era igual a ver el mou- 1 « pidió a la mujer que lo esperara y se metió tras
tón de cuentas vencidas; sólo el recibo del teléfono l.1, ortina. La supuesta bodega era un pequeño cuar-
tenía sello de pagado. 10., <in escritorio y baño. Había un bulto de estopa y
-¿Va a querer brochas o rodillos? 1111.1 caja llena de botellas vacías, principalmente de
La mujer negó con la cabeza. Ya no parecía tan 1.,¡11ila,en lasque se despachaba el adelgazador. Sólo
dócil como un minuto antes. • "'• Lo más próximo a Mundo era una camiseta de
-¡Mundo! -gritó de nuevo. 1.,, Vaqueros de Dallas con el número ochenta que
El teléfono comenzó a timbrar. Una, dos, tres ve- I'""día de un clavo en la pared; su camiseta de tra-
ces y Rubén no se movió ni quitó los ojos de la lista l1.1 ¡o que decidió dejar porque, a fin de cuentas, ya
de precios. En un trozo de cartón se puso a escribir 11"tenía trabajo. Rubén volteó a ver su reloj para
cualquier serie de números que le viniera a la ca- 11 «xlir la paciencia de la mujer. No fue mucha; antes
beza. Primero el año de su nacimiento, luego el úl- .!<"dos minutos escuchó que le gritaba:
timo sueldo que cobró mucho tiempo atrás, cuando -¡Oiga!
trabajó para una fábrica de refrigeradores. En ter- No respondió. Sólo quería que se fuera, que lo
cer lugar escribió su código postal. El teléfono in- i1 r : [ara solo, que no le anduviera preguntando estu-

76 77
pideces sobre precios y colores de pintura. A esa -Tráigame una botella de Orendáin -d~jo.
hora, el cuarto era un sitio sofocante; el sol calen- -No tenemos-dijo el cantinero-, pero si quie-
taba el techo como si fuera una parrilla y no hahiu ' • le puedo traer. ..
1:1,

ventanas para que circulara el aire. Primero le sud() -Orendáin o nada -interrumpió Rubén.
la frente; después las axilas y las manos. Que se va- Ambos se miraron fijamente por unos instantes. 11

l
ya al demonio, que me deje en paz. A los tres minu- I~11 bén pudo adivinar la rabia del cantinero cuando
tos la sintió caminar hacia la salida. Luego escuchó , xrc le respondió:
que el auto arrancaba. Cada vez la gente tiene me- -Nada.
nos paciencia, se dijo. El cliente de ayer aguantó sic- Entonces sonrió y se retiró satisfecho, sintiéndose
te minutos. •'n 1 el derecho de no pagar la cerveza. El cantinero
Salió casi detrás de ella, esperando sólo lo suíi- ""hizo el intento de ir tras él.
ciente para no ser visto, y cerró la puerta luego <fo Rubén volvió a su negocio. Antes de entrar escu-
colocar el letrero: VUELVO AL RATO. ' liú que otra vez sonaba el teléfono. No se apresuró
··11abrir la puerta; quiso saber si su mujer lo dejaría
Entró en el LONTANANZA y pidió una cerveza. Mie11· ·,1111ar más de catorce veces. Sin embargo, de pron-
tras la bebía, observó al cantinero con envidia. Él sí 1• • se le ocurrió que tal vez no era Clara y corrió ha-
tenía un negocio próspero con clientes a cualquier , 1;1la bocina. Sólo escuchó el tono de marcar, y sin
hora y con la libertad de vender las marcas que qui·
demora lo aprovechó para llamar a su casa.
siera. Además, todos los que entraban por esa pue1•
-Clara.
ta aceptaban sin remilgos cualquier trueque. "Deme
-Dime, Rube.
un Presidente." "Nornás tengo Viejo Vergel." "Bue·
-¿Para qué me llamaste?
no, déme de ese." Adentro del LONTANANZA no impor-
-Ya te dije, una mala noticia, pero me espero a
taba que todo fuera blanco o negro o azul. Ypor si
•¡11evuelvas.
fuera poco, los clientes no cuestionaban precios ni
-Sí -dijo Rubén-, eso fue la primera vez.
revisaban las notas a conciencia. Ese sí era un nego·
-La única ---,dijo ella.
cio noble. Por qué carajos, se preguntó Rubén, fui a
poner una tlapalería y no una cantina. Hubo un largo silencio. Colgó la bocina sin des-
Llamó al cantinero. Por las botellas vacías que le pedirse. Pensaba en una carretera que cruzaría el
1 »iís de norte a sur, una carretera de cuatro carriles
compraba para el adelgazador, Rubén sabía que en
el LONTANANZA manejaban tres marcas de tequila: Sau- •¡ue necesitaría no sólo raya en medio sino en cada
za, Herradura y Cuervo. .xtrerno; seis rayas en total.

78 79
-¡Mundo! -grito-. ¿Por qué no lo contestaste] 1.,•J,· los tíos y tías. Por supuesto nunca le brotó una
Por las sombras supo que ya pasaba de medio- ¡, ,, .1 la altura de sus sueños, y con ese cuerpo ni
día. No le quedaba sino esperar el resto de la tarde 1¡11w11 se atreviera a presentarla en televisión.
a que aquella persona, fuera quien fuera, volviera lt l\ubén canceló sus pensamientos de un tajo. Los
comunicarse. 1111t1ú muy planos y sin originalidad. No le servía el
11.11 uso de los demás sin alguien con quien compar-
Intentó eludir el aburrimiento de varias formas. D111'• 111 ln. De haber estado Mundo, entre los dos hubie-
mió una siesta, pero el calor lo despertó. Compró 1.111desarrollado toda su vida: algún motivo que le
el diario de la tarde y lo leyó de cabo a rabo, inclu- 1, , Lira el derecho a la felicidad; luego su matrimo-

yendo la programación de la televisión y el aviso 1111 •con un hombre viejo, enfermo y sin dinero, que
oportuno. Intentó resolver el crucigrama de la pc11• '" • buscaba la compañía de una mujer sino los cui-
última página pero se dio por vencido en el siete hori- , l.u los de una enfermera; su costumbre de cantar
zontal: Especie de instrumento musical que se hace con 11"11 > lo que escuchara en el radio, incluyendo los
una calabaza que tienepiedrecitasdentro. Consultó el cru- p11gles;su frustración porque el marido se le murió
cigrama resuelto al pie de la página y encontró que 1.111 pronto que no hubo oportunidad de concebir
era la solución al del día anterior. 1111 hijo.
-Ni loco vuelvo a comprar este periódico. Perdió de vista a la mujer cuando dio la vuelta en
Salió a la calle a jugar a las biografias. Junto con 1111 <1 esquina. No es divertido jugar solo a las biogra-
Mundo solía emplear a diario este recurso para re· l 1.1s,pensó, y cuando entró de nuevo al local también
sistir el hastío. 1wnsó que tal vez nunca había sido divertido, pero
Pasó una mujer obesa. Tendría unos cuarentai- , '•n Mundo al menos había modo de engañarse y de
cinco años y llevaba una blusa sin mangas desde l 111girla risa.
donde asomaban unos brazos descomunales. En el El alumbrado público se activó y los coches co-
izquierdo se distinguía, como un sello brillante y mcnzaron a circular con los faros encendidos. Ru-
blancuzco, la cicatriz de una antigua vacuna. Estira- 1,.·nsupo que era hora de partir, de volver a casa para
ba constantemente su falda hacia abajo porque cada . onocer las malas noticias que su mujer le había pre-
tres o cuatro pasos se le trepaba muy por encima de p.irado. vunvo AL RATO, leyó y se preguntó si tendría
las rodillas. .uiimos para volver al día siguiente.
Desde niña es igual de gorda, pensó Rubén. Sólo Se alejó lentamente del local, aguzando los oídos
que entonces tenía sueños de ser cantante. Su mamá ¡sor si escuchaba un último llamado del teléfono. Cru-
la ponía a cantar en fiestas familiares, ante el disgus- zó la calle y decidió sentarse un rato en el borde de

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la banqueta para contemplar desde ahí su neg'O• 1.;t mujer subió la voz con tono más amargo que
cío. Vio el letrero de lámina que decía LA BROCHA ( :< >K- , 11.111do prohibió las telenovelas.
DA bajo una gran brocha que trazaba un arco iris, la1 -Lárguese o le hablo a mi marido.
ventanas que multiplicaban el logotipo de Pintu- l'or el dejo de alarma en la mujer, Rubén supo
ras Cope y el toldo rojo y blanco desde el que colgn- ·111(· no era sino una amenaza, que ese marido, de
bala frase MÁS CALIDAD POR MENOS PRECIO. Un taxi lo , \ istir, estaba muy lejos.
interrumpió la vista al detenerse frente a él. El cho- -Me voy porque quiero -dijo Rubén=-. Porque
fer aceleró varias veces sin arrancar, dirigiéndole u111i 11"1 iene Berel.
mirada solícita. ( .aminó hasta la siguiente cuadra y se detuvo de
-No voy -dijo Rubén, y se echó a caminar. 111 wvo frente a una casa. Esta vez no la eligió porque
Luego de dos cuadras escuchó voces en una ca- ' «uchara gritos adentro sino por el aspecto lepro-
sa. Eran dos mujeres, aparentemente madre e h~ja, '", de su fachada. La pintura rosa se había vuelto un
porque una le reclamaba a otra las malas califica· I" .lvo que se iba desprendiendo con cada viento y
ciones que había obtenido y la amenazaba con 110 lluvia y dejaba ver el gris del enjarrado. Rubén talló
permitirle ver más telenovelas. La otra se explicaba , 1 1u uro con la mano y luego se chupó los dedos cu-
diciendo que los maestros la traían contra ella y qu<· l 11ntos con el polvo rosa. No le cupo duda: era Co-
las telenovelas eran las menos culpables. Rubén d11· l"·, del color que en el muestrario llevaba el nombre
dó por un instante antes de tocar la puerta. ,¡, rosa talismán. Todos habían sido bautizados con
La discusión se silenció de inmediato. No obstan- 111 .mbres que en ese momento le parecieron absur-
te, pasó un largo rato antes de que le abrieran. Pri- ,¡,is: el azul encanto, el blanco ostión, el gris europa,
mero se encendió un foco sobre la puerta, luego • 1 verde esperanza y el verde ensueño, el café pi-
rechinaron los goznes. 11,·111 y el café terrenal.
-¿Sí? -asomó la cabeza una muchacha de esca- Tocó varias veces sin que nadie le abriera y en-
sos quince anos. t .nces, con la seguridad de que no había nadie en
1

-Disculpe -dijo Rubén-, ¿tiene pintura Berel? , .isa, se puso a dar de patadas contra la puerta me-
La muchacha no supo qué contestar, sólo miró 1.11 ica. En eso vio que al otro lado de la calle venía la
con ojos incrédulos al hombre que tenía enfrente. 11111jer de la vacuna. La cantante, pensó.
Entonces la puerta se abrió más y dejó ver la figura -Cánteme algo --susurró. Hubiera querido
de una mujer malhumorada. ¡·,11tarlo,pero le faltó el aire tras el esfuerzo de las
-¿Qué quiere? -preguntó. ¡ »uadas.
-Dice que si tenemos pintura Berel -dijo la La mujer captó que Rubén le había hablado y se
muchacha. detuvo.
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-No le escuché -dijo. 1\ 11 bén miró el largo de la calle y las luces rojas
Su voz resultó mucho más dulce de lo que RuhAn ,1, 1111 auto que se alejaba, y se preguntó si acaso las
hubiera imaginado. Se le ocurrió que tal vez la m11jf' '" ".1< as podrían ser instrumentos musicales he-
iba de vuelta a casa, donde encontraría un marido , 1 •• •.\ de calabazas con piedras dentro.
amoroso y dos o tres hijos que le besarían la 1rn;ll•
lla. Tal vez nunca quiso ser cantante y tal vez nu11<'"
deseó nada fuera de sus posibilidades. La vio cn1t
zar la calle y acercársele.
-¿Qué se le ofrece, señor? -preguntó-. ¿Nr•
cesita algo?
Tan amable, tan dulce, tan cerca se volvió fasli•
diosa; al punto que Rubén no pudo sobrellevar su
presencia. La ignoró, se dio la media vuelta para 10•
car de nuevo la puerta y se mantuvo de espaldas
hasta asegurarse de que se había ido. Poco le impon
tó que no le abrieran; al fin faltaban varias cuadrua
para llegar a su casa y quedaban muchas puertas pot'
tocar. Además, haría una escala en el LONTANANZA,
Nada le sería tan reconfortante como gastar el úl·
timo dinero en un trago que le diera la pacienci ••
necesaria para enfrentarse a la mala noticia de Cla-
ra, al teléfono que no suena, al muestrario de dore
colores, a la camiseta número ochenta de los Vaque-
ros de Dallas, a las mujeres de voz dulce. Qué m;ÍM
daba si le servían Orendáin o Sauza o lo que fuera;
ahora, lo verdaderamente importan te era hacer rcn-
dir su dinero, MÁSCAl'fflDAD POR MENOSPRECIO, tráigame
lo que sea, del más barato, aunque sea tan corriente
como la pintura Cope, aunque luego tenga quepa·
gar por la botella vacía para llenarla de adelgaza·
dor y taparla con un trozo de periódico enrollado
con un crucigrama a medio resolver.
84 85
MILLONARIOS
\ 1llERTO SINTIÓ UN ESTIRÓN EN el saco cuando se dis-
1" 111 ía a entrar en el LONTANANZA.
-¿Qué quieres, niño? -dijo molesto.
1Iubiera jurado que la calle estaba vacía. Por eso
·,. molestó, porque se había asustado.
-Lotería, señor.
-No, gracias, ahora no.
-Ándele, señor, no he vendido ni uno.
Yaconocía Alberto esa frase. Se la escuchaba a los
11i1-1os cuando vendían chicles o paletas o lotería o
1 •• c¡ue fuera, y odiaba que usaran esas mañas para

l 1..cersede un cliente. Alberto mismo era vendedor


'le enciclopedias y,cuando tocaba una puerta, lo úl-
111110 que pensaba era decirle al posible comprador
".111dele,no he vendido ... "
-Te digo que no.
-Hoy juega, señor, son diez millones. Imagíne-
\(' lo que haría con ese dineral.
El cambio de estrategia le pareció más respetable,
.\ill embargo nunca había creído en el azar. Toda la

89
vida estaba escrita y no había modo de cambiar la~ ,,,,•11ue,por conflictos sindicales, los inversionistas
cosas. '"" u-americanos habían decidido cerrar la ensam-
-Yo no te voy a comprar, pero espérate un rato 1ol.ic11 ira de televisores. Desde entonces Carlos estaba
y verás que viene alguien por toda la serie. ",, <'111 pleo. Para los cientos de obreros despedidos,

-¿Me lo promete? -dijo el chico entusiasmado, 1,, .\11 uación no fue muy grave: ganaban el salario
-Sí, hombre, nomás siéntate aquí en la banqur- 111111irno y ese lo consiguieron con cualquier otro em-
ta y ten paciencia. ¡ .r, 11. Carlos, en cambio, era ingeniero y no le re-

Alberto empujó la puerta del LONTANANZA y vol· "" lt.iba fácil obtener un sueldo como el que tenía
teó hacia atrás para preguntar: , 11l.r ensambladora. Trabajó un par de meses como
-¿Qué número traes? 1• ndedor en una zapatería, pero terminó por re-
El chico estaba débilmente iluminado por la lm, 111111ciar porque le parecía muy vergonzoso estar-
amarillenta del arbotante. Con un pie dentro y el "' inclinando para poner y quitar zapatos. Visitó los
otro fuera del establecimiento, Alberto tuvo que Í¡.(• I" •<os lugares donde podrían solicitar un ingenie-
norar el bullicio y la música para escuchar la res· ir
i, y les entregaba solicitudes en las que se inventaba
puesta: . xper iencia e incluso falseaba su edad y entrega-
-El 29353. ¡'·' fotografías viejas, de cuando tenía menos canas.
29353 se repitió Alberto varias veces para memo· La verdad, decía Alberto a espaldas de Carlos, es
rizarlo. Tiene dos treses: en medio y al final. El cin- 1 •.1stantemalo como ingeniero, pero con los gringos
co menos tres me da dos, que es el primer número, '" iba bien porque sabe hablar inglés.
Y el nueve ... ¿Qué demonios hago con el nueve? -¿Ya conseguiste trabajo?
Tendría que multiplicar el dos por el tres del me· -Quién quiere contratar a un viejo como yo.
dio y sumarle el tres del final. O elevar al cuadra· --No digas eso, Carlos, que somos de la misma
do el dos y sumarle el cinco y... Creo que mejor lo •.dad.
memorizo sin lógica. 29353 siguió repitiendo has· -Un par de viejos, eso somos.
ta llegar a la mesa donde estaba Carlos. Vivía gracias al sueldo de su mujer, Adelina, una
-Quiubo, Alberto. «nfermera mucho más joven que él.
-Qué tal. ¿Cómo va todo? Diez años antes, su matrimonio resultó asombro-
-Más o menos. '') para los conocidos. Una muchacha de vein te años
Era una respuesta común en Carlos; él nunca con- • on un hombre que le doblaba la edad. Más del
testaba con el habitual "bien", porque era tanto co- doble. Los amigos cercanos bromeaban sobre la fi-
mo negarse a hablar de sus problemas. Hacía un delidad de Adelina, y Carlos entonces sabía reír y

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aseguraba que su mujer nunca le faltaría. Poco a ptt• 1 il •• metros a la redonda. Dijeran lo que dijeran, el
co las bromas fueron terminando para dar pas<1 1\ , l 11
icro sí era la felicidad.

los elogios y todos terminaron por aceptar que 1111• \' <nmque Carlos no le devolvió la pregunta, Al-
i •• 11 o habló sobre un viaje que haría por todo el
maban una buena pareja, e incluso Alberto lleg<'t11
decir que los envidiaba. 1111111do, pero sin mencionar ciudades específicas.
-Pues yo no me siento tan viejo. \ 111 es de partir prendería una gran fogata con el
I, 111m de la juventud y México a través de los siglos.
-Ya veremos el día que te dejen sin trabajo.
-Por cierto, Carlos, quiero que te aprendas un
Bebieron tres rondas de cerveza. Permanecían c11
1111111ero.
silencio hasta vaciar las botellas y volvían a conversar
-¿De teléfono?
mientras esperaban la siguiente ronda. Nada nuevo,
-No, de lotería.
Casi todo se centraba en los problemas personales,
-Pero yo tengo muy mala memoria.
y Carlos actuaba como si tratara de demostrar q111•
-No importa, si quieres apúntalo.
era el hombre más desgraciado del lugar. Si Alberto
-A ver, dime cuál es.
comentaba que le calaban los zapatos, Carlos decía: -El 29353.
-Yo tengo un dolor insoportable en la vejiga. -No me gustan los números nones.
Si Alberto hablaba de que se desveló hasta las tres l•J mesero se acercó a preguntar si querían to-
de la mañana, Carlos decía: 111;iralgo más. Pidieron otras cervezas.
-Yo no pude pegar el ojo en toda la noche. --Qué más da, no es para ti. Nomás apréndete-
Aún así Alberto se entretenía y disfrutaba esas char- 1•• y revisa mañana en el periódico si resultó ser el
las. Los amigos, a fin de cuentas, son para confiarse 1~-111ador.
sus problemas. Llegó otro par de cervezas frías. Las botellas co-
-¿Qué harías con diez millones? urcnzaron a sudar. Carlos también.
A Carlos le gustaba soñar. Le era sencillo brincar -A lo mejor llueve -d~jo Alberto-, mira cómo
de sus desvelos y dolores de espalda a un rancho de .udan las botellas.
cientos de hectáreas lleno de ganado calidad de ex- Fue como si ese comentario hubiera hecho cons-
portación y una casa de tres pisos y un escritorio , rente a Carlos de que el ambiente dentro del LON-
de caoba desde donde pudiera dar órdenes. Por las 1,\1\JANZA
comenzaba a asfixiarle. Se desabrochó dos
mañanas recorría sus propiedades montado acaba- 1•otones de la camisa y se la arremangó.
llo y, cuando quería ir a la ciudad, arrancaba a gran -Además -elijo Alberto para continuar una
velocidad en su pick up de llantas descomunales ' onversación dejada más atrás-, ¿cómo puedes sen-
para dejar una estela de polvo visible desde varios 11rte viejo con una mujer como Aclelina?

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-Tal vez ella agrave las cosas. Muchos pirn~l\ll [Adeliria! ¡Adelina! Siempre la traes en la bo-
que es mi hija. ;" 1 .1hasta pienso que estás enamorado de ella.
-Eso tiene arreglo -dijo Alberto con u11;1 ~011 vl n na fue Alberto el que volteó hacia la puerta
risa-. Cuando quieras te la cambio por mi 'fo1111, , 1 .11 los el que culpó al alcohol.
Carlos volteó hacia la puerta para pretender qll l '.1-;;ironun rato en silencio, hasta que Carlos dijo:
no había escuchado. Alberto entendió lo desa1l11~ ·1crrnina en cincuentaitrés.
do de su comentario y quiso alisar el terreno. .Oué?
. '-'
-Perdón -dijo-. Creo que ya se me subió. l·:t número.
-Mejor sigue hablando de tu viaje. .vlbcrto estaba repasando las palabras de Carlos.
-Igual no voy a ningún lado. Lo meto al ba11111 '.1° 11i¡>re la traes en la boca. Adelina. ¿Cómo le ha-
y me dedico a calcular intereses. ¡.,·' hecho este cabrón?, se preguntó. ¿Qué le dio?
-¿Compraste ese número? Es mi edad.
-Me lo ofreció un nirio en la calle, pero no 11111 -Hasta el mes que entra -dijo Alberto.
interesó. -Y me llamo Carlos. Comienza con la tercera le-
Carlos dio un trago largo a su cerveza. Se mcllh 1 •.•del abecedario.

la mano a los bolsillos en busca de cigarros, a .~•I' -Qué importa. Si le buscas, vas a encontrar que
hiendas de que los tenía vacíos, pero con la inun- • ·.i.1., relacionado con cualquier número.
ción de obligar a Alberto a ofrecerle uno. Albcrtu
-Sí, Alberto, ¿pero sabes qué ocurriría si maña-
permaneció en silencio.
11.1 reviso el periódico y resulta que el 29353 se ganó
-Tengo una teoría -dijo Carlos.
, 1 premio mayor?
-¿Sobre?
-No ocurriría nada, todo seguiría igual.
-En esta vida todos tenemos una cuota de bue·
-Sería terrible: todo igual.
na y de mala suerte, y al final, la suma de ambas sr
=-La semana pasada te dije que en Grolier que-
equilibra.
' 1.111 un vendedor, y ni te interesó.
-Esa idea no es tuya -dijo Alberto-. Yala ha·
bía escuchado. -Nomás·los limosneros tocan de puerta en puerta.
--,-Mejor eso que andar de mantenido.
-No importa-dijo Carlos-. Lo que quiero de-
cir es que toda la vida he tenido muy mala suerte. Carlos tomó la botella y la bebió de un tirón.
Como que ya va siendo tiempo de que me ocurra -¿Dónde viste el número?
algo bueno. -Ya te dije. Me lo quería vender un nino allá afue-
-¿Cómo dices eso? Tienes a Adelina. ' .1.Yaves que aquí no dejan entrar menores de edad.

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Carlos se llevó a la boca la botella vacía y fü1K'I(\ -¿Ya viste la hora?
un trago. l J11 reloj de números romanos sobre el espejo de
-Espérame aquí -dijo, y salió con prisa. l.1barra dio la respuesta.
Alberto bebió con calma su cerveza y pasó el í11• -Las ocho y diez.
dice sobre un rodete de agua en la mesa para dibu- -Ya debe haber devuelto los billetes que no ven-
jar una A. .1i.- •.
-Afuera no hay nadie -Carlos volvió inquictu, Otra vez Carlos corrió hacia la calle. En ese ins-
-Qué raro -dijo Alberto-~ hace rato estaba St'll• 1.111te Alberto entendió que tendría que hacerse
tado en la banqueta. '.11go de toda la cuenta y se arrepintió de su bro-
-¿Ya dónde fue? 111.t.Puso dos billetes sobre la mesa y siguió, con pa-
-Yo qué sé, igual vendió los billetes y se fue pa• "'• lento, la ruta hacia la puerta.
ra su casa.
-No, Alberto, no puedo tener tan mala suerte, ( .arlos sabía dónde estaba la sucursal de la Lotería
Ayúdame a buscarlo. Tú lo viste. De seguro lo pur·· N:tcional. Era una casona vieja a espaldas del Cine
des reconocer. l mperio, a unas diez cuadras del LONTANANZA. Siem-
-Hombre, Carlos, no te alteres. Ya verás que ga• 111 e volteaba, aunque fuera de reojo, para ver las
na otro número. '.1rteleras del Imperio plagadas de mujeres semi-
-¿Cómo iba vestido? .Icsnudas. Esta vez se siguió de largo sin respetar su
-Ni me fijé. 'ostumbre.
Carlos se sentó resignado. Al ver la A dibujada c11 Encontró la luz apagada y la puerta cerrada. 29353.
la mesa, trazó una C con el rodete de su cerveza. l ,(1 <-ic asomó por una ventana y apenas vio el contorno
hizo sin pensar, por mera imitación. Volteó de nuc- 'le un escritorio y un archivero. Las demás ventanas
vo hacia la A y se preguntó si era de Alberto o dt' «staban cubiertas con cortinas anaranjadas. Se reti-
Adelina. En un movimiento rápido borró ambas le- ' ú sin siquiera oprimir el timbre. Desgraciados, dijo
tras con una servilleta.
1 rara sí. 29353.
-Ayúdame, Alberto. Tengo una corazonada. Empezó a llover. Una lluvia leve, pero fría. Una
El viento silbó por entre las láminas del techo. lluvia que a lo largo de diez cuadras lo mojó igual
Alberto vio a Carlos y su tono para pedir ayuda I('
que un aguacero.
recordó el "ándele, seúor, no he vendido ni uno".
Entró en el LONTANANZA con una sensación de va-
-Aunque quisiera no puedo.
cío similar a la que le vino cuando cerraron la en-
-¿Por qué?
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sambladora. ¿Yahora qué?, era la pregunta sin rl"~ 1"ª que rodear o brincar charcos y los zapatos se
puesta. «unaban más pesados a cada paso.
-¿Qué le sirvo? Rascó las suelas en la reja de su casa para remo-
-Nada, gracias. verles el lodo. Adelina estaba de turno en el hospi-
-Esto no es refugio contra la lluvia. Algo tiene 1.ilcomo todos los viernes. De cualquier modo, al
que tomar. «utrar; preguntó en voz alta ¿dónde estás? Necesi-
-Lo que sea -dijo Carlos. r.iba una caricia que lo tranquilizara. No pasa nada,
Lo que sea fue un whisky con hielo. El hielo se de- 111i amor, ya verás que no pasa nada.
rritió mucho antes de que Carlos lo probara. Pidió Esperó una hora tras otra. Sentado, inmóvil, sin
al cantinero que buscara en la radio la estación qm· ¡~;masde pensar pero inevitablemente pensando.
transmite los sorteos de la Lotería Nacional, pero ~!tJ353.29353. Su número telefónico comenzaba con
éste le dijo: y·,. Su número de lista en la secundaria, lo recorda-
-Sería tanto como espantar a la clientela -y h;1 bien, era el 29. Nació el día 9 del mes 5. Tenía

como retándolo, subió el volumen del aparato, que 1res hermanos ...
se hallaba sintonizado en una estación de música De vez en vez sejustificaba a sí mismo, diciendo-
ranchera. \(' que esa ansiedad no era sino producto del can-
Carlos no insistió ni se molestó. Ni siquiera esta- s.mcio y de lo que había bebido. A ratos le ganaba
··I sueño y dejaba caer la cabeza sobre el pecho. La
ba seguro de querer escuchar el sorteo. Había que
¡iosición le alcanzaba para dormir si acaso cinco mi-
sobrevivir la noche, hasta que aparecieran los pe-
11utos. Luego despertaba con un movimiento brus-
riódicos con el 29353 o sin él. Se dijo que el resulta-
rn, como sobresaltado. Se quedó dormido en más
do, fuera cual fuera, prefería conocerlo con Adelina
de diez ocasiones y en todas ellas soñó la continua-
a su lado, no dentro de una cantina donde no ha-
ción de su vigilia: el número, el periódico, el vende-
bía a quién abrazar, con quién desahogarse. ¡Dos!
' lor de lotería, los niños chillones, premio mayor,
¡Nueve! ¡Tres! ¡Cinco! ¡Tres! En la mente de Carlos
premio mayor.
retumbaba la voz chillona de los niños que a esa
Se acercaba e) momento, el amanecer. Las ma-
hora estarían anunciando los números ganadores.
nos sudaron. Se puso de pie y fue hasta su ropero y
¡Premio mayor, premio mayor, veintinueve mil tres- tomó una corbata. Eligió la azul con motas amari-
cientos cincuentaitrés!
llas. No supo por qué, pero ya con la corbata en la
Cuando salió del LONTANANZA ya no llovía, pero mano decidió anudársela. Se remojó la cara y salió
era difícil caminar por las calles enzoquetadas. Ha- ;1 la calle, despeinado, con temblor en los ojos, con

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la camisa desfajada y con su corbata perfectauu-u 1. """->11 que se le había acumulado durante la no-
te anudada. A lo largo del horizonte comenzuhu il , 111·
pintarse una franja rosa. El lodo de la calle ya 110-• ¿Qué te pasa, mi amor?
pegaba a los zapatos. No tardaría en romper s1• 111 l '1 )J sobre todo, a Adelina le intrigaba la corbata
silencio del ambiente ni tardarían los vocead.um "' il de motas amarillas.
en aparecer con sus atados de periódicos. Acklli114 .<.;i11 soltar el abrazo, como en un baile extraño; Car-
estaría saliendo de la clínica, checando su t;11j11l11 l... 1ctrocedió hacia la recámara y se tumbó junto
con el gusto de no volver hasta el lunes, adiós, do1 •"" su mujer en la cama. Adelina acomodó la taza
tor, nos vemos, Adelina. ",¡,,e el buró.
Se sentó en la plaza a esperar. Cruzó los braw~ y =No lo sé --d~jo Carlos--. Ojalá no nos pase nada.
los apretó para darse calor; la lluvia había enfri.ulu Aclelina supuso que Carlos quería hacer el amor.
la mañana. Primero se tendieron los puestos d<" 114 1ll.1se sentía cansada, había sido una noche de
cos, luego pasaron los camiones de refrescos y d 11111cho trabajo. Sin embargo se dijo que accedería
pan. ¿A qué hora?, se preguntó Carlos por enési111K 1. ualquier deseo de su marido con tal de no ver-
vez, aunque sabía que los sábados el periódico llt< 1 ••• .lterado.
gaba más tarde. Abrió la tortillería de enfrenu- y \ostuvieron el abrazo sin hablarse ni besarse ni
sonó el silbato de una fábrica. " .11iciarse. Carlos se quedó dormido. Lo último que
Por fin apareció un muchacho con su cuota d ,¡, .111zóa pensar antes de perder la conciencia, fue
diarios bajo la axila. '¡11(·todo había sido una estupidez, que ya tendría
-¡Hey! -gritó Carlos mientras sacaba su cartcru, 111·111po para cobrarle la broma a Alberto.
Volvió a su casa sin atreverse a leer. La primera
plana hablaba de un nuevo plan del presidente ¡m 11(':.;pertócon la voz de su mujer. No tenía idea de
ra controlar la inflación. l.1hora, sólo distinguió que por la ventana se cola-
-Hola, mi amor -Adelina, toda de blanco y con 11.1 una luz mucho más intensa que cuando se dur-
una taza de café, lo abrazó-. ¿Qué haces despierto 1111(1.Adelina no estabajunto a él, su voz provenía
tan temprano? .\(' otra parte de la casa.
Carlos la abrazó con fuerza, con la necesidad dr -¿Adelina? -preguntó sin obtener respuesta.
un niño. El periódico cayó al suelo y unas gotas de ca- Caminó hacia el vano de la puerta. Desde ahí la
fé se derramaron sobre la cara del presidente. E11 •livisó hablando por teléfono, recostada en el sillón
ese momento sintió que liberaba gran parte de 111 ,¡,. la sala y en ropa interior, blanca como siempre

100 101
la usaba para que no trasluciera por su u11i101111
de enfermera.
Escuchó una risa baja de Adelina y lueg<' tlll
mencionaba el nombre de Alberto.
DERRUMBES
Dio media vuelta y se miró en el espejo. No 1
explicó cómo se había atrevido a salir con es;11111
bata ni cómo se pudo dormir con ella. Se la <pillft
de un tirón, tratando de recordar quién se la l1ahl•
regalado porque, estaba seguro, él nunca la hulilnt•
comprado y su mujer tampoco. Un escalofrío le 11·1 n
rrió de la cintura a la nuca. Recordó la lluvia y pt'll
só que no tardaría en resfriarse.
Escuchó de nuevo la risa baja de Adelina.
Se echó sobre la cama sin ganas de cuestiou.us
nada. Tras lo del número de lotería no quería ca1w11
de nuevo con el peso de su imaginación. Cuando oy~
que su mujer colgaba el teléfono cerró los ojos pa11'
hacerse el dormido.
Adelina volvió a la recámara, se metió entre 111~
sábanas y lo abrazó larga y cálidamente. Le dio 1111
beso, a medias en la boca y a medias en la mejilla.
-Alberto está loco -dijo-. Dice que eres 1111
tipo con mucha suerte.
Carlos abrió los ojos y asintió a la fuerza y pewu'1
que a su edad, sin empleo, con dolor en la vejiga y
sin ánimo para abrir el periódico, por mucha
Adelina de calzones blancos que tuviera a su lado,
alguien tendría que enseñarle a diferenciar entro
la buena y la mala suerte.

102
11 U:TOR SINTIÓ UN HILO DE sudor que le bajaba por
l.i (rente. Su primer impulso fue tomar una serville-
1.1 y pasársela por la cara, pero decidió esperar un
momento; prefirió averiguar cuál sería el cauce de
<u diminuto río, que en ese momento ya se exten-
día hasta la ceja derecha. Ahí se contuvo un rato,
Í < imo en una represa, sólo mientras acumuló la fuer-

1~L suficiente para escurrir muy cerca del lagrimal,

hacia la nariz. Héctor experimentó un cosquilleo


<¡uefinalmente lo forzó a tomar la servilleta.
-Qué jijo calor -dijo-. Si al menos la cheve
Í·stuviera fría.
Besó el pico de la botella y echó la cabeza hacia
.urás, Con cada trago iba creciendo la espuma den-
tro del cristal. Observó con rabia el ventilador apa-
~ado y pensó qw'., aun siendo las nueve pasadas, el
techo de lámina seguiría caliente como pavimento 1

de mediodía. Poco antes se había parado sobre la


1

silla para tratar de alcanzar la cadena del ventila-


dor. Desde la barra Odilón le dijo que no funcio-
naba. Héctor le respondió que ya lo sabía y se puso
a estirar la cadena con ganas de romperla.
LOS
i'
1111

-Qué calor -repitió. Héctor se desabrochó un par de botones de la


Hizo bola la servilleta húmeda de sudor y la ano •.irnisa. El sudor le daba a su pecho un brillo sinté-
jó hacia la sinfonola, descompuesta también, poi• 1110. Parra se entretenía leyendo la etiqueta de la
que desde hacía dos semanas la máquina sólo tocaha , «rveza que recién se había bebido.
el disco de la posición Al. Héctor se puso a ca11t;11 -¿Ves al pinche gorilón que está sentado en la
mentalmente Magia blanca tú tienes, me has hechizado l1;1rra?
a mí, con tu mirada coqueta... y se interrumpió cuan- -Cerveza Carta Blanca, calidad premiada, certi-
do escuchó el ruido de una botella que se quebraba. l 1<ada, contenido neto 325 eme ele, Cervecería Cuauh-
-No sé por qué seguimos viniendo aquí -dijo. 1 <-·
moc, ese a de ce ve, Monterrey, México.
Parra levantó una mirada indiferente y de in- -Hace tiempo me piqué a su vieja -continuó
mediato la volvió a bajar. Había acomodado nueve 1 1 éctor con voz baja.
corcholatas, una sobre otra, y estaba por colocar la -Sí -levantó la vista Parra-, ya me lo contaste 11111

última. Con un manotazo Héctor las tiró al suelo, y v.uias veces. ¿Qué quieres? ¿Que le vaya al güey con
mientras las veía rodar y rebotar se dijo que sona- d chisme para que te mate?
ban igual que las monedas de a peso. Odilón los -Nómbre, Parrita, te lo digo en confianza, como
contemplaba molesto, detrás de la barra, como pr<"- «uates.
guntándose quién iba a recoger las corcholatas.
-Con una vez basta. Además la vieja no está co-
-DUe que no sé por qué seguimos viniendo aquí.
1110para andarlo pregonando.
Ahora Parra mostró rabia en los ojos, pero en vc1.
-De todos modos no creo que le importe al güey.
de reñir encendió un cigarro, se estregó las barbas
Me contaron que va seguido a los baños de vapor. '11

y hasta entonces contestó:


-Yo tampoco.
Arrojó hacia el frente la primera fumarada y
-¿Y eso qué? Yo también voy.
Héctor se echó hacia el respaldo de su silla, con
una sonrisa a punto de volverse carcajada.
I
Héctor contuvo la respiración durante unos se- 11

gundos. -No te conocía esas costumbres, Parrita. Así que


-¿Por qué nadie echa el humo por la nariz? vas y te encueras ahí frente a todos para que te pe-
-No sé -respondió Parra-. Creo que no es ele- guen una tentaleada.
gante. -No seas imbécil. Uno va a sudar, a que le salga
-¿Otra ronda? por los poros el veneno que trae dentro.
-Sí, pero que sean coronitas. A ver si están más -Claro.
frías que éstas. -Tu madre, güey.

106 107
111Rco, BAÑO RUSO y se preguntó cuál sería la diferen-
La sonrisa de Héctor permaneció estática por v;1
' ia entre ellos. Pensó que el cuadro lo había visto
ríos segundos, aun cuando ya había echado de s11
mente el asunto de los baños de vapor. Parra habló 1·11el recibidor de casa de la tía Estela, con un gran
de cualquier cosa para volverle el rostro al estado marco chapa de oro, tan grande que podía estar ocul-
r.mdo una puerta.
natural:
-Tengo años viendo esos pósters de la rubia S11 -Mi mujer tiene la méndiga costumbre de con-
perior y siempre son puras gringuillas insípidas. tarme sus sueños en el desayuno -dUo Héctor tan
-Una vez organizaron un concurso, quesque P'!" pronto volvió Parra.
que los de la cervecería querían que la modelo ful' -¿Y qué soñó anoche?
ra una güera mexicana. Eran esas épocas en que ;1 -No me acuerdo de mis sueños y quieres que
güevo querían que nos sintiéramos muy orgullosos recuerde los de ella.
de nuestra nacionalidad, nomás lo de México valía. -Pos no dices ...
Ya ves que hasta Roca no quiso llevarse a Cabinho -Sí, pero nunca le pongo atención. Es de gente
al mundial porque era brasileño. •.nferrna eso de contar sueños.
-¿Y luego? -Una vez leí en el periódico que cuando cree-
-Nada. Resulta que concursó pura fauna que· mos que estamos soñando en realidad estamos des-
ni con barios de Miss Clairol se veían rubias. Les piertos y cuando creemos que estamos despiertos
dieron las gracias y se volvieron a contratar gringas. en realidad estamos sonando.
-Así le pasó a Roca. Ai andaba llorando a Ca- -No mames, Parrita, y de seguro te lo creíste.
binho cuando quedamos en último lugar. -Tanto como creérmelo no, pero sí se me hizo
-Voy al bario. muy interesante la idea.
-No me tienes que avisar, ni que fuera escuela. -El punto es que siempre me desayuno a las ca-
Héctor lo vio retirarse con pasos rápidos. Le vio rreras para que mi vieja no me cuente sus sueños.
la barriga colgante como una gran papada que lo -Mejor dile que no te gusta.
obligaba a entallarse los pantalones a la altura de Lt -Ya se lo dije, pero ella me reclama que nunca
cadera. Quiso imaginarlo envuelto en una toalla c11 hablamos de nada; que está bien, que ya no me los
los barios de vapor y en cambio recordó un cuadro va a contar, pero que entonces yo le platique algo.
de hombres barbados vestidos con túnicas como de -Hace poco vi una entrevista con Roca y dijo
romanos. Había ángeles y una mujer desnuda. Re- que no estaba arrepentido de nada.
cordó también un anuncio a dos calles de ahí que -¿Quedó en último lugar y resulta que no se
decía con letras intermitentes: BAÑOS DE VAPOR, BAÑu arrepiente?

108 109
-¿Y qué iba a decir si no? No era de esos progra L1 esposa del policía, atada a una columna de ma-
mas en los que confiesan todas sus vergüenzas con ' lera, amenazando a sus raptores.
tal de salir en la tele. -¿No que no? -llegó Parra con un puñado de
Ambos se prendieron de sus botellas. Héctor vio corcholatas-. Me dio veinticuatro. :111

que Parra tenía espuma de cerveza en la barba. l ,r -Se me hace raro.


pareció demasiado larga y sucia y se preguntó si s1· -Es que le dije que eran para jugar ajedrez.
la lavaría con jabón o con sham poo; si se la peinaba -Narcos o lo que fueran no me creí la película.
al menos de vez en cuando, si la espuma apestaría -¿Cuántas crees que pueda acomodar?
-Hoy no me quiero poner pedo.
para mañana. Él mismo, cuando era estudiante clr
-Joto.
leyes, había deseado una barba como esa, cerrada, 11

Una por una, Parra fue acomodando las corcho- '


rizada, oscura, porque entonces suponía que era ne-
latas,Las primeras cinco, fácilmente. Luego el traba-
cesaría para que lo tomaran en serio como aboga·
jo se fue complicando porque, torcidas por la fuerza
do, pero tantos años de amanecer con apenas una
del destapador, las piezas no tenían la simetría ne-
felpa en la barbilla le hizo archivar ese deseo junto
«csaria para un montaje seguro. Un hombre se acer-
con otros desengaños.
cú a la sinfonola y echó una moneda.
-Anoche vi una película muy buena -dijo P;1-
-Seguro no sabe que está descompuesta -d~jo
rra-. No sé cómo se llamaba pero era de unos 1 léctor.
narcos que secuestraban a la esposa de un policía. Apenas comenzó la música, el hombre dio una
-Yo no la terminé de ver. ¿Cómo es posible qu<' patada al aparato y volteó a su alrededor avergon-
1'1111 1

la esposa esté buenísima y los narcos no le hagan zado.


nada? -No jala -explicó a quien quisiera oírlo--. Yo
-Eran narcos, no violadores. 110 escogí esa -pero ya la voz de los Hermanos 1l¡11

-Ya se va el gorila. < .arrión asaltaba el lugar.


-Voy con Odilón a pedirle corcholatas. ¿Cuán-
tas crees que pueda acomodar sin que se caigan? Magia blanca tú tienes, me has hechizado a mí ...
-Es un ojete. No te va a dar.
Otra vez Héctor lo vio retirarse con pasos rápi- < .ada vez que Parra acomodaba otra corcholata, vol-
dos y le vio la barriga colgante y estaba recordando rcaba a medir las intenciones de Héctor, y aunque
de nuevo el cuadro de los hombres barbados, pero lo vio ajeno y pensativo, pensó que igual era una
cortó los pensamientos de cuajo para darle paso a forma de sorprenderlo y derribarle de nuevo su to-

110 111
rre. Las últimas corcholatas lo obligaron a contener Héctor acercó la cara hasta que casi topaba su
la respiración y a controlar el temblor de su pulso. nariz con la torre.
-¿Cuál es la serie policiaca que más te ha gus· -Te felicito -dijo. 11

tado? -Héctor sintió que su pregunta era interv- -Sí, claro -dijo Parra y de un manotazo derri-
11

san te. bó su propia edificación.


1
-¿De todas? -¿Por qué?
-Sí, hombre. -Si lo hubieras hecho tú, nunca te lo perdonaría.
Parra detuvo su construcción por un momento. -No tenía la más mínima intención.
Deseaba contestar esa pregunta de la manera más -Más vale prevenir.
sincera. Otra vez Odilón los miraba molesto. Parra y Héc-
-Barnaby janes -dijo. tor lo notaron, y aunque sus botellas ya estaban va-
-No es posible -dijo Héctor. Barnaby Jones era cías, decidieron esperar antes de pedir más.
un vejete que no hacía nada. Todo se lo arreglaba -Creo que tu mujer tiene razón -dijo Parra. 1

su nuera. -¿Sobre qué? 1]11

-Precisamente. Era un viejo sin fuerzas, por eso -Que eres una mierda.
tenía que usar su ingenio. -Nunca ha dicho eso -reclamó Héctor.
-Entonces debería gustarte más Cannon. Ese era -De seguro lo piensa.
viejo, gordo y en silla de ruedas. -Te estaba diciendo que quiero ponerme pedo, I!

-¿Sabías que la nuera de Barnaby Jones la hacía quiero festejar.


antes de Batichica? -Y yo también lo pienso. Eso de no escucharle
De pronto Héctor levantó los brazos, sonrió y apre- ni sus sueños ...
tó los puños y se mantuvo inmóvil por unos segun- Un perro entró, ladró dos veces y salió de inme-
dos, como una fotografía de alguien celebrando un diato con la cola entre las patas. La sinfonola ya
gol. había terminado de tocar.
-Está bien -dijo Héctor entusiasmado-, me -Presiento que hoy es una noche especial.
voy a poner pedo, pero no con cerveza. -Además no hay nada de malo en eso. Yo a ve-
Parra tomó la última corcholata y poco antes de ces le cuento a mi mujer lo que sueño y ella me lo
acomodarla se puso furioso con sólo pensar que a cuenta a mí.
propósito Héctor le daría una patada a la mesa. -Vamos a tomar whisky.
-Para el libro de Guinness -dijo al fin-. Mira -¿Tú pichas?
nomás qué belleza. -Claro, yo soy el que tiene motivos para festejar.

112 113
Héctor hizo una seña a Odilón y tan pronto lo nar sus estudios, todo un ejemplo de dedicación y
tuvo cerca le pidió un par de jaiboles. Un hombre esfuerzo. Por Dios, te verías ridículo con libros bajo
que acababa de entrar se acercó a la sinfonola, pero el brazo. ¿De qué le vas a platicar a las muchachas?
alguien le advirtió que no füncionaba, a menos qu(' Se van a burlar de ti, del pinche ruco. Ahí tú serás
quisiera oír Magia blanca. Parra vio su reloj. Eran el fracasado, entre puros muchachos que piensan
las doce y diez. que a tu edad serán dueños del mundo. Si quieres
-¿Cumples años? ponerte pedo es tu asunto, pero no me vengas con
-No. vidas nuevas.
-¿Entonces qué celebras? -Ya sé qué te molestó -dijo Héctor-, pero te
Llegaron los dos vasos con más hielo que bebida. juro que no iba a tirarte las corcholatas.
Héctor lo levantó para brindar. Parra se cruzó de Ambos bebieron en silencio susjaiboles, con tra-
brazos. gos cortos, procurando mantener la boca pegada
-Mañana comienzo una vida nueva. al vaso y así tener una excusa para ya no hablar. El
-No mames, Héctor, ¿otra vez? golpeteo de los hielos contra el cristal fue amino-
-Lo que pasa, Parrita, es que tú eres un fraca- rando hasta que todo se volvió un líquido demasia-
sado. do transparente y sin sabor.
-Por favor, trabajamos en la misma empresa, -¿Quieres otro trago, Parrita? Yo invito.
tenemos el mismo puesto, ganamos lo mismo. -Aquí se está muy bien, Héctor, aunque no jale
-¿Nunca te has preguntado qué hubiera pasa- el abanico, aunque nomás haya una canción.
do si en vez de meternos a trabajar hubiéramos ter- Parra tomó su cajetilla y sacó un cigarro, lo ma-
minado la carrera? noseó un rato y se lo puso en la boca.
-No.
-¿Y qué hay de malo? -preguntó Héctor-.
Parra tomó su vaso. Héctor aprovechó para levan- Mira la edad de BarnabyIones.
tar el suyo y de nuevo invitarlo a brindar. Otra vez Ambos evitaron encontrar sus miradas. Parra
Parra lo ignoró. guardó el cigarro de vuelta en la cajetilla.
-¿Qué te pasa, Parrita? Un brindis no se le nic- -Es televisión, Héctor.
ga a nadie. Pidieron otra ronda y cada quien se puso a beber
-Tu madre. inmerso en un silencio que no les incomodaba, que
-¿Es porque te dije fracasado? ¿Te molestó? les servía para atrapar conversaciones aje nas y ver
-He aquí que a sus cuarentaipico de años Héctor a la demás gente. En la mesa de la derecha tres hom-
de la Rosa vuelve a la facultad de leyes para terrni- bres comentaban que los hijos son unos malagra-
114
11j
I'

decidos; en la mesa posterior un hombre asegu1;1- rreado meses atrás. Su mujer lo había regañado, que
ba quién sería el ganador de las próximas eleccio- tuviera más cuidado, que esas manchas no se quitan
nes de gobernador, y para ganar credibilidad, con y él le dijo que se callara.
frecuencia empleaba la frase "te lo digo yo". Parra -Mira -extendió una tarjeta de presentación 1

sacó un hielo y se frotó la frente con él hasta de· de un abogado.


rretirlo por completo. Por fin Héctor señaló hacia Parra la miró por un rato.
su derecha y dijo: -¿Tienes problemas?
-:-¿Ves al güey del copete parado que está allá? -No, Parrita. ¿No te acuerdas de Robledo? Me
-Sí. lo topé cuando venía para acá. Me contó que tie-
-No tiene amigos. ne un despacho y secretaria y anda de corbata. Le
-¿Lo conoces? dije que viniera, que nos íbamos ajuntar aquí, pero
-No. se disculpó porque andaba muy ocupado, que a
Héctor no se decidió a revisar su cartera aunque ver cuándo.
il
a esas alturas ya no estaba seguro de si tenía sufi- -Sí, a ver cuándo -repitió Parra y rompió la 1

ciente dinero para pagar la cuenta. Se preguntó si tarjeta. Héctor no se sintió con ganas de protestar y
ya estaba ebrio y se respondió que un poco. Recor- entonces se dijo que ya sabía que la iba a romper.
dó el asunto de los barios de vapor y supuso que eso Los trozos de papel pararon muy cerca de las cor-
era lo que había molestado a Parra. cholatas; esta vez Odilón volteaba hacia otro lado.
-En todo caso yo también estoy encabronado -Starsky y Hutch -dijo Héctor.
-dijo. -~Ya no vas a invitar otros jaiboles?
-¿Por qué? Si hasta estabas celebrando tu vida -Esos sí la hacían, con su carro rojo de raya blan-
nueva. ca y llantas anchas. Ésos sí se ligaban viejas bien bue-
-Cuando te pregunté por el mejor programa po- nas, no como el ruco de Barnaby Janes.
liciaco tú debiste pedir mi opinión. -¿Sabías que Barnaby Janes era el apá de los Be-
'
-Es que no me interesa==-dijo Parra-, en todo verly Ricos?
caso me interesarían más los sueños de tu mujer. -Ni me acuerdo de ese programa.
-A ella déjala fuera. -Era de unos rancheros que encuentran petró-
Parra se echó hacia el respaldo y de nuevo se cru- leo y...
zó de brazos. Héctor se desabrochó un botón más. -Sí, ya sé, pero nunca lo veía.
Vio su camisa, toda gris con una mancha oscura en -Tienes que ver de todo si luego quieres decir
la bolsa a causa de una pluma que se le había cho- cuál es el mejor.

116 117
-Veo lo suficiente. -Supongo -dijo Parra-. Pobre güey.
-Hasta confundes las cosas. Cannon sí era un pin- -¿Con qué te lavas la barba?
che gordo, pero el anciano en silla de ruedas se lla- -Muy mi pedo.
maba Ironside. Héctor vio su vaso con desconfianza. La vuelta
Héctor escarbó en su memoria y se preguntó sí al baño había acabado por marearlo y ya no esta-
Parra tendría razón. ¿Cannon caminaba? Tal vez sí, ba seguro de querer un trago más. Sin embargo, no
era demasiado gordo como para sentarse en una creía correcto despreciar la invitación de Parra.
silla de ruedas. -Te prometo que mañana sí le oigo sus sueños
-Tú estás igual -dijo Héctor-. El ajedrez se a mi vieja -dijo y dio un trago largo.
juega con treintaidós piezas. -Amí qué.
Ahora fue Parra el que hurgó en su mente para -Es que quiero empezar una vida nueva.
hacer cuentas: una reina, un rey, dos alfiles, dos ca- -Y dale con lo mismo. ¿Fuiste a la iglesia o dón-
ballos, dos torres ... de te metieron esas ideas?
-Bueno, no importa-dijo. Héctor se alzó de hombros y tomó el resto de su
-Picha tú otra ronda -dijo Héctor y se encami- bebida.
nó al baño. -Ahora sí ando pedo -dijo.
Mientras orinaba repasó los marcadores con que -Desde hace rato -agregó Parra.
había perdido el equipo de Roca frente a Túnez, Ale- Un estado de ánimo parecido a la felicidad se apro-
pió de Héctor. Se puso en pie y echó una moneda a
mania y Polonia. Habían sido dos goles a favor y do-
la sinfonola. Algunos desconocidos le reclamaron
ce en contra. Él había visto los tres partidos en una
con un silbido, pero él no se inmutó: en ese momen-
televisión que montaron en la facultad de leyes. Tal
to le era indispensable escuchar música, aunque fuera
vez lo de Alemania y Polonia era normal, pero mm-
de los Hermanos Carrión. Comenzó percutiendo so-
ca un equipo africano había ganado un juego, y la
bre la sinfonola para llevar el ritmo, luego se puso a
primera vez tuvo que ser contra México. Uno de sus
cantar, y sólo cuando le dio por hacer algunos movi-
compañeros se echó a llorar sin empacho, él sólo se
mientos emparentados con el baile, Parra se levantó
llenó de rabia. ¿Qué nos queda después de esto?, le por él.
111
preguntó a Héctor con los ojos llorosos, y Héctor -No seas imbécil -le dijo. 11
le respondió que no exagerara, que sólo era un jue- -¿Sabías, Parrita, que en el setentaiocho le me- 1111

go. Los jaiboles estaban servidos cuando volvió. tieron a México doce goles? ¡11
--Si el tipo del copete tuviera amigos, ya le hu- -Sí, me acuerdo. Ya te dije que hace poco vi a 111
bieran dicho que se peinara de otro modo. Roca en la tele.
111

118
119 '11/
,
1

rf1
-¿Y dijo que no se arrepentía de nada?
-Sí -Parra lo depositó en su silla.
-Ésos son pantalones.
-Supongo.
-¿Y sabías que Robledo se echó a llorar cuan- EL HEREDERO
do perdimos contra Túnez?
-Pobre pendejo.
-Sí, pobre.
Héctor se dedicó a escuchar la música. Continua-
ba con la sensación de felicidad, aunque ya no tenía
deseos de bailar ni de hacer nada. Bastaba con estar
ahí sentado y sentir un calor que ya no le molesta-
ba y escuchar los coros de los Hermanos Carrión y
ver a la gente que lo rodeaba y seguir escuchando
hasta que el disco regresara a su posición. Tal vez
entonces volvería a la sinfonola con otra moneda y
qué más daba si otra vez le silbaban y ojalá ahora sí
Parra lo dejara bailar. Sacó su cartera y puso todo lo
que tenía sobre la mesa.
-¿Era en serio eso de que Cannon caminaba?
-preguntó.
-Sí, hombre, pero no corría porque le daba un
infarto. Una vez atrapó a un ladrón con una caña
de pescar.
Parra encendió un cigarro y echó el humo por la
nariz. Todo salió por la fosa izquierda porque la de-
recha estaba tapada.
-Con una caña -dijo Héctor en el momento
en que se le perdía la mirada-. Me hubiera gusta-
do ver eso.

120
LASSILLAS,PATAS ARRIBA, ESTABAN alzadas sobre las
mesas. Cristóbal pasaba sin mucha convicción un
trapeador sucio y seco que revolvía sin remover la
tierra del suelo, mientras Odilón, sentado detrás de
la barra, una noche más aburrido, hacía sus cuen-
tas del cierre. Separó los billetes en dos montones:
los de aspecto nuevo y los sucios y arrugados por
tanto manoseo. Tomó algunos de los nuevos y com-
paró sus fechas, las firmas del director general, del
representante de la junta de gobierno y del cajero;
en dos años habían cambiado tres veces al director
y siete veces al de lajunra. Se preguntó quién era don
Andrés Quintana Roo y ya no tuvo ojos para distin-
guir las letras de los grabados del reverso.
-¿Terminaste, Güero?
-Ya casi.
La enfermedad de Odilón había impuesto una
mayor carga de trabajo sobre Cristóbal, el único de
ocho hermanos que conservó el color claro de un
antepasado francés. É'.l aceptaba esta carga a cam-
bio de cierta esperanza.

123
-¿Para qué sirve el dinero? -repitió Odilón -No diga eso, señor -Cristóbal, exasperado,
su cantilena de cada vez que echaba los billetes en apretó los dientes.
la bolsa. Las monedas siempre las dejaba en la ca-
Apenas seis meses antes Odilón tenía otra can-
ja. No me gusta batallar con la feria. Ycon el batallar tilena: tengo ochentaidós años y no me duele ni una uña.
no se refería a la cuestión económica sino a la di-
De hecho comenzó a repetirla desde que llegó a
ficultad para recoger las monedas pequeñas, de a
los ochenta, con algunas variaciones en cuanto al 1

diez y de a veinte, con los dedos temblorosos y rí- 1

sitio en que no sufría dolor: a veces eran las uñas,


gidos. En cambio, sí le gustaban los billetes porque
a veces los huesos o el cabello. A Cristóbal le pare-
podía tomarlos suavemente, usando dos o más de-
cía muy poca cosa que le llegaran a doler los pelos
. dos, y en caso de caérsele alguno, no importaba su
y le irritaba verlo tan fuerte, cargando un barril de
denominación, caería en silencio, sin delatar su tor-
peza. cerveza, subiendo una escalera para cambiar un fo-
A veces, Cristóbal aborrecía su trabajo. No le im- co, agachándose una y cien vecespara recoger coli-
llas, corcholatas, corchos y latas.
portaba atender a los bebedores, escuchar sus que-
-Hoy vendimos muy poco.
jas e insultos;aceptabalavarel baño ylimpiarvómitos.
Todo eso estaba bien. Un trabajo como cualquier otro, -Es que todos andan muy amolados -Cristó-
se decía. Pero algunas noches, cuando sus amigos bal sintió la necesidad de dar una excusa.
entraban al LONTANANZA, de puro coraje se le subía -En mi época, cuanto másjodido se estaba, más
el rojo a la cara. Sírvenos, Cristóbal. Ándale, huevón. Y eran las ganas de un trago.
le tronaban los dedos y era una burla tras otra toda -Son otros tiempos, señor.
la noche sin que nunca le dejaran un céntimo de -¿Y qué podemos hacer para que seacomo antes?
propina. Lo peor venía en su noche libre. Frente a -No sé, señor.
las muchachas, frente a Consuelo, los amigos conti- Cristóbal se guardaba sus planes: colocaría una
nuaban sus bromas. Cristóbal, tráeme una cerveza, un televisión en cada esquina para ver el box y el fút-
vaso, una servilleta. Yya fuera en un salón de baile bol, una buena mano de pintura, mesas de billar,
o en la casa de una de ellas, Cristóbal seguía siendo otras marcas de cerveza-la gente se estaba cansan-
el mozo siempre listo para atenderlos. No por mucho do de tomar pura Corona-, aire acondicionado y,
tiempo. sobre todo, un cambio de nombre. Compraría un
Odilón levantó la bolsa de los billetes y la agitó. anuncio luminoso que prendiera y apagara toda la
-Si pudiera comprar tus años, muchacho. Pero a noche: BAREL GÜERO. La palabra cantina era del pasa-
mi edad uno sólo puede aspirar a un buen morir. do. o mejor aún: EL GÜERO BAR.
124
125
Un día Odilón se cayó al suelo sin oportunidad dero? ¿Le pusiste creolina a los baños? Yal pasar frente
siquiera de poner las manos. Cristóbal recordaba a casa de Consuelo, Cristóbal agachaba la cabeza,
la caída como un hecho muy lento, como si Odilón avergonzado, pero a la vez tranquilo porque ella
hubiera sido un globo. El grito; los brazos buscan- siempre se acostaba temprano.
do en dónde apoyarse: en la barra, en un banco, en -¿Ya terminaste, Güero? +-repitió la pregunta.
un cliente; el aterrizaje; la cabeza rebotando sin ha- -Sí, señor.
cer un sólo ruido; el viejo en el suelo, inmóvil, in- Eran cerca de las dos de la mañana, muy tempra-
capaz de incorporarse. Los que estaban alrededor no para ser viernes. Cristóbal fue a la bodega y co-
lo levantaron para sentarlo junto a la barra y re- menzó a apagar las luces. No le extrañó escuchar
visarle algunos huesos. No es nada, dijo Odilón y con- que alguien golpeaba la puerta. Seguido se presen-
tinuó sirviendo y cobrando y lavando vasos.Al rato taban algunos trasnochados dispuestos a pagar lo
se sintió mal. Te digo que no es nada, hombre, si acaso un que fuera con tal de que les permitieran entrar. To-
mareo. Contra su costumbre decidió retirarse antes can, pensó. Diles que ya no son horas. De camino a la
de cerrar el negocio, y luego de darle a Cristóbal puerta pasó frente a Odilón y quiso bloquear los
una serie de recomendaciones, se despidió dicien- oídos para no escuchar:
do hasta mañana. -Tocan. Diles que ya no son horas.
No fue ni al día siguiente ni a la semana siguien- Odilón tenía hechas sus frases para cada cir-
te cuando volvió.Tardó casi un mes y llegó conver- cunstancia. Resultaba fácil anticipar sus palabras
tido en un viejode pasoscortos, cada vezmás cortos, cada vez que entraba un cliente, cuando se rompía
y pendiente del reloj porque ahora cargaba una una botella o cuando alguien se negaba a pagar la
cajita metálica llena de pastillas que había de to- cuenta; y tan no se salíade sus costumbres que con-
mar cada cuatro, seis,ocho o doce horas para la circu- tinuaba preguntando por la creolina de los baños
lación, la acidez, los gases,las piernas entumecidas. aunque ya ni en las boticas había modo de conse-
Desde entonces cada noche le pedía a Cristóbal que guirla. Les eché Cloralex, respondió Cristóbal las pri-
lo acompañara de vuelta a casa. Cristóbal accedía, meras veces. Después se conformó con asentir.
resignado, a servirle de muleta, a tomar un rumbo -Está cerrado -dijo Cristóbal por el postigo a
opuesto al suyocon una lentitud que le hastiaba, con un par de espaldas en retirada.
esas manos en busca de equilibrio sobre sus hom- Cristóbal moviólos labiosen silencio. ¿Qy,édesean
bros y respondiendo sí a todas las preguntas de ru- tomar? Peroya saben que a esta hora todo cuesta el doble.
tina que brotaban ante la falta de conversación: -Vámonos, Güero, estoy muy cansado.
¿Apagaste la sinfonola? ¿Cerraste bien la llave delfrega- -Espéreme tan tito, me faltó apagar una luz.
126
127
De vuelta en la bodega tomó una botella de bran- temblor de las manos sobre sus hombros y conven-
sic dyy se siguió de largo hacia el baño. Al girar la tapa cido de que todo era una prueba. ¿Pero cuántas veces
la escuchóel rompimiento del sello.Seguramente Odi- más tendré que pasarla? Una prueba, sin duda, por-
hu lón ya estaría de pie, apoyándose en sillasy mesas que Odilón no iba a creer que tanta lealtad, tanto
do para alcanzar la salida. Cristóbal se sentó sobre el sacrificioera por el sueldo de cada semana. Vasa ver,
un escusadoa esperar. El olor no era el de una hora an- Consuelo, cómoal rato me va a ir mejor.Entonces, como
ce tes, cuando comenzó a asear.¿Qy,éles cuesta estirarle? siempre que trataba de imaginar ese futuro, su op-
ca ¿Qy,é les cuesta mejorar la puntería? Afortunadamente timismo se truncaba con la imagen del sobrino de
lo no había testigosen esa parte de su trabajo. Un poco ( Jdilón, un poco oscura, despreciable, inquietante.
vis al frente, un poco sobre su cabeza observó el tubo Esacara sebosa que retenía todo el polvo del vien-
tir. que Odilón había mandado soldar para poder sen- Lo. No esposible;es un bueno para nada. ¿Cuándo ha pro-

se tarse y pararse sin ayuda de nadie. curado a su tío?Una serie de relámpagos iluminó el
ml -Apúrale, Güero, por favor. contorno de los cerros. La luz permanecía por tan
de Cristóbal no se atrevió a tomar de la botella. La poco tiempo que no se alcanzaba a captar ningún
un colocó bocabajo sobre un mingitorio y escuchó el color.
do gorgotear del líquido que se iba. -Está relampagueando.
-Ya voy,señor. -Eso parece.
te Todo el interior quedó a oscuras. Con un fuerte Ycuando llovíay los zapatos se llenaban de una
tid jalón Cristóbal cerró la puerta hinchada. Odilón gi- plasta de lodo que alargaba la distancia, Odilón de-
ró la llave. El viento de la calle era una revoltillo de cía:
Yl
ca aire fresco y caliente, como si en un lugar cercano -Está lloviendo.
m: estuviera lloviendo. Odilón puso las manos sobre La casa de Consuelo apareció tan silenciosa co-
lar los hombros del muchacho. mo todas las noches. Cristóbal vio de reojo el me-
D( -Vámonos, Güero. neo de las cortinas y las palomillas alrededor del
lo ¿Por qué no se compra unas muletas el cabrón? ¿Para foco encendido en la terraza. Un día, Consuelo... No
re: qué me traejugando a la víbora de la mar? Cristóbal se supo continuar la idea. Le empezaban a aburrir sus
preocupaba porque suspreguntas empezaban a ser proyectosy tal vez a ella también.
ºI= Más adelante se acababa la tierra de la calle pa-
es: tan repetitivas como las del viejo. ¿Apagaste la sinfo-
br nola? ¿Cerraste bien la llave del fregadero ? ¿Le pusiste ra dar paso al pavimento. La casa de Odilón estaba
tir creolina a los baños? Arrastraba un pie, daba otro pa- justo en el límite, del lado de la tierra. Al fondo se
¿A so y Cristóbal decía sí, sí, sí, asqueado de sentir el divisabael mechero de la refinería.

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!l1 F

-Un día va a explotar eso y nos vaa llevara todos.


¿A usted qué le preocupa?
-Dios no lo quiera -dijo Cristóbal porque Odi-
lón opinaba que meter a Dios en cualquier conver-
sación era cosa de biennacidos. VERÓNICA
Subieron losdos escaloneshasta la puerta. Odilón
extendió las llavesal muchacho. ¿Y eljoven Miguel?
la voz de Consuelo golpeó la cabeza de Cristóbal.
Ya te dije que esees un bueno para nada. Sí, insistíaCon-
suelo, pero la sangre es la sangre. Cristóbal nunca lle-
gaba más allá de la puerta. Serehusaba a encaminar
a Odilón hasta su recámara porque en el pasilloine-
vitablemente se toparía con el retrato de bodas del
sobrino, del taljoven Miguel, sonriente, desprecia-
ble, tomado de la mano de una mujer gorda, casisin
ojos.
-Hasta mañana, señor.
-Gracias, Güero, no sé cómo pagártelo.
La puerta se cerró y rechinaron dos pasadores.
Hasta mañana, señor. El eco siguió rondando por un
rato hasta que la noche acabó por silenciarlo.

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ESTÁBAMOS CANSADOS DEDAR vueltasen el coche.Amíl-


carnos había asegurado que la plaza estaría llena
de muchachas decentes, dijo, que en este pueblo no
es tan fácilligar.Pero también aseguró que su Cama-
ro las haría caer en tentación.
-Nomás vean las placas de Texas -dijo-, van
a saber que aquí hay dólares -y se tocó el relieve
de la billetera en el pantalón.
Medimos el tamaño del pueblo por las calles pa-
vimentadas. Unas cuantas nada más. Hidalgo, More-
los,Allende,Madero,Carranza,loshéroes de siempre.
En cosa de media hora vimos cinco veces todo lo
que había por conocer. Casa tras casa, de adobe o
sillar,una pegada a la otra, pared con pared y todas
con rejas como si adentro guardaran presos o locos;
y un depósito, una tortillería, una mercería, una far-
macia y un taller, por supuesto cerrados. Nada nos
pareció diferente de cualquier otro pueblo, salvoque
este lugar parecía muerto. Ni Felipe ni yo entendía-
mos por qué no aceptábamos de una vez que la no-
che había resultado un desperdicio. Era hora de
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asimilar la derrota y tomar las dos horas de carrete- -¿Qué, güey-preguntó Felipe-, necesitas za-
ra de vuelta a Monterrey, Sin embargo Amílcar era patos?
el dueño del carro y él sí estaba disfrutando el paseo.
El motor seguía con su hervidero. A mí me daba
Le resultaba como transitar de nuevo por su infancia,
la impresión de que de veras se estaba calentando y
por el lugar que dejó veinte años atrás. Seguramente
no tardaba en reventar el radiador y tendríamos que
se le llenaba la boca de comentarios que quería ha-
quedarnos ahí a pasar la noche dormidos dentro
cer sobre tantos recuerdos que le venían en mana-
del carro hasta la mañana siguiente, cuando abrie-
da, pero estaba seguro de que nuestras burlas no le ra el taller.
permitirían el menor sentimentalismo. -¿Qué pasa?-insistió Felipe.Ahora él era el que
-Tan decentes las viejas -dijo Felipe- que ni no obtenía respuesta.
a la calle salen.
En el taller nos dirían que lo sienten mucho pero
Tal vez se nos habían confundido las fechas y las
no tienen refacciones para un Camaro, que apenas
horas. Tal vez no era sábado ni eran las diez de la
en el otro lado, que si acaso pueden pedirnos una
noche.
grúa para remolcarnos hasta donde queramos, pero
-¿Qué día es hoy? -pregunté.
que nos costará un ojo de la cara.
No me respondieron. Pensé que mi voz se había
-Ahí nací -dijo Amílcar.
perdido con el ruido del motor. Cuando Amílcar ba-
-¿Naciste en una zapatería?-preguntó Felipe.
jaba la velocidad sonaba igual a una olla hirviendo,
Conmigo no cuenten, pensé, en el momento en
sólo que más fuerte. Cuando aceleraba, el hervide-
que truene el motor me busco un autobús para vol-
ro se volvía una metralla.
ver. Que Amílcarme pague el boleto, al fin él me tra-
-¿Qué día es hoy? -grité.
jo y él trae la billetera con dólares. Siquiere hacerse
Felipe volteó a verme. Amílcar siguió con la vis-
cargo de la grúa, es cosa suya,y si no quiere, que deje
ta fija en el camino. Se me hacía tarde para volver. el coche aquí arrumbado.
Poco a poco fue bajando la velocidad hasta dete-
-No seaspendejo -dijo Amílcar-, antes era una
nerse frente a una zapatería. ASDRÚBAL ZAPATILl.NDIA, casa, la nuestra.
decía el letrero sobre la puerta. El local era similar
-El hombre de Zapatilandia-dijo Felipe.
a cualquier casa, sólo que con colores más vivos,ro-
Amílcar arrancó el auto velozmente. Las llantas
jo y verde, y por los vidrios se distinguían cartones rechinaron en el silenciode la calle.Caside inmedia-
que anunciaban ofertas y descuentos del veinte al
to tuvo que bajar la velocidad porque el pavimento
cuarenta por ciento. se terminó a las dos cuadras.
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Cada vez que Amílcar volvía de los Estados Uni- gamos Toño sino Tony.Yclaro, cuando está allá di-
dos nos llamaba y arreglaba las cosas para que nos ce que no le gustan las hamburguesas ni el queso
viéramos. Era como si pretendiera que el tiempo no amarillo y se la vive escuchando música mexicana
había pasado, que seguíamos siendo los mismos mu- y le importa muy poco el colesterol. Mamón. Amíl-
chachos de secundaria a los que nos gustaban las car, en cambio, se sabe comportar, y salvolos dóla-
mismas canciones, las mismas películas, las mis- res y el Camaro, sigue siendo de los de aquí.
mas muchachas, los mismos deportes. -Vamos a tomar algo -sugirió Amílcar.
-¿Y quién es Asdrúbal?-pregunté. No hizo falta ni asentir. De sobra sabía que está-
-No sé -respondió Amílcar. bamos de acuerdo. Tomó una de las calles sin pavi-
-Pues con ese nombrecito -dijo Felipe- de mentar y el carro comenzó a dar de brincos. Atrás
seguro es pariente tuyo. de nosotros, una nube de polvo se perdía en la os-
Felipe yyo no nos veíamos en todo el año, y aun- curidad.
que aceptábamos la invitación de Amílcar, lo hacía- -Más despacio,imbécil-dijo Felipe-, vasa des-
mos por falta de valor para negarnos. Por educación, baratar el coche.
decía Felipe, por cortesía. Amílcar realizaba un -Los voya llevar a donde me tomé mi primera
viaje de diez o más horas para vernos y ni modo de cerveza -dijo Amílcar.
decirle hoy no, vuelve en otra ocasión. Esta vez le . Seguía con sus ganas de recordar. Todo el cami-
dio por traernos a su pueblo. Nos platicó maravi- no, desde que salimos de Monterrey, se la pasó con
llas de él; que la plaza, que muy limpio, que podías frases como te acuerdas de, o te acuerdas cuando. Y
dejar el carro con las llaves puestas y ni quién se lo terminábamos hablando de lo mismo que siempre
robara. hablábamos. De la ocasión cuando en el laborato-
-Si en cinco minutos no salen las viejas -dijo rio de la escuela causamos un incendio, del día en
Felipe- nos regresamos. que nos perdimos en el Cerro de la Silla,de Veróni-
-Más bien creo que ya se metieron -dije. ca, la muchacha de las chichotas que trabajaba en la
Al menos Amílcar no se portaba tan mamón co- revisteríafrente a mi casa.Siempre lo mismo. Felipe
mo muchos que se van al otro lado. Un primo, cada se había casado y divorciado en cosa de unos me-
vez que viene se la pasa quejándose de las calles con ses, pero de eso no hablamos, apenas se mencionó.
baches, del humo que echan los camiones, de que Ni Amílcar ni yo le preguntamos por qué, ni nos
la leche parece agua pintada y cosas por el estilo. interesamos en saber quién había sido su mujer o
Aprovecha cualquier oportunidad para dejar es- si tenía algún hijo con ella o si de perdida estaba
capar palabras en inglés y nos pide que ya no le di- embarazada.

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-Mientras estén frías -dijo Felipe- puedo -¿Dónde aprendiste a decir esasjotadas?
aguantar tus nostalgias. El local estaba casivacío,sólo un par de hombres
Creo que si yo me fuera quince años de mi ciu- junto a la barra. Elegimos una mesa en la esquina
dad me olvidaría de calles y rumbos. Por eso me más alejada de la puerta. Bastóver la actitud del can-
admiré de la seguridad con que Amílcar se metió tinero para darse cuenta de que el negocio andaba
por esas calles tan polvosas y mal trazadas, sin titu- mal. Se acercó a nosotros con una gran sonrisa y
bear ni un instante, seguro de no toparse, pese a lo limpió la mesa que ya de por sí estaba limpia. Lue-
disparejo del terreno, con zanjas o piedras que de go nos preguntó que qué queríamos beber y nos
verdad le dañaran el auto. De pronto se detuvo. llamó caballeros. Los tres pedimos Tecates.
-Aquí es -dijo Amílcar.
-Enseguida, caballeros -dijo y se volvió a su
En la esquina contraria se distinguía un local con
puesto tras la barra.
un letrero luminoso que decía LONTANANZA. Un cú-
Amílcar nos habló de su primera cerveza. Su pa-
mulo de zancudos y palomillas revoloteaban en tor-
dre, que en paz descanse, era plomero y visitaba
no a la luz.
seguido el LONTANANZA para destapar los baños. Lo
-¿Qué es lontananza? -preguntó Felipe.
hacía por las mañanas, cuando el local estaba ce-
-Es un bar -respondió Amílcar.
rrado. Si Amílcar lo acompañaba, le pedía que lo
-Pregunto por la palabra. ¿Qué quiere decir?
-No sé. esperara sentado en una de las mesas porque le
Voltearon a verme en busca de respuesta. Levan- avergonzaba que lo vieran con las manos metidas
té los hombros para unirme a su ignorancia. en un escusado y, según decía, para evitar que su
-Vamos adentro -dije-. Ahí le preguntamos hijo también quisiera ser plomero. Una de esas oca-
al encargado. siones, el dueño del LONTANANZA, un tal Odilón, le
Amílcar apagó el motor, pero hasta un rato des- sirvióuna cerveza a Amílcar,que entonces tenía sie-
pués dejé de escuchar el hervidero. Caminamos te años. Se la bebió rápido para que su padre no lo
despacio hacia la puerta, como silos tres nos cuestio- sorprendiera. En total complicidad, Odilón le reti-
náramos si no sería mejor volvera Monterrey en ese ró la botella tan pronto estuvo vacía y le obsequió
momento. El LONTANANZA lucía tan promisorio como un chicle de menta para apaciguar el aliento. Sin
la plaza. Con ganas de desanimarlos a entrar, dije: embargo, cuando estuvieron destapados todos los
-Nomás no tomes mucho, Amílcar, porque tie- escusados, Amílcar se sentía demasiado mareado y
nes que manejar de regreso. no pudo disimular su borrachera. De vuelta en la
Pero Felipe me reclamó: casa su padre le dio una tunda y dijo que, aunque
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sentía más rabia contra Odilón, a él no le reclama- la sensación de que se reían de nosotros. Ahora sí
ba porque era su mejor cliente. éramos los únicos clientes,y eso, para un sábado en
-El año pasado nos contaste eso -dijo Felipe- la noche, resultaba alarmante.
sólo que el chicle era de yerbabuena. -¿Qué día es hoy?-pregunté.
Para mí era una historia nueva, que igual se me El hombre se metió tras un estante con botellas.
olvidaría como se me olvida todo lo que tiene que Felipe le había pedido otra ronda de Tecatesy unos
ver con Amílcar y Felipe después de la secundaria; limones.
y si el año que entra la vuelve a contar, me parece- -¿Entonces de qué hablamos?-preguntó Amíl-
rá de nuevo que la escucho por primera vez. Y pen- car.
sar que el imbécil de Felipe se gasta el cerebro en -Vamos a pedir que la prendan -Felipe señaló
conservar un chicle de yerbabuena. un televisor sobre una repisa en la pared.
-¿Se acuerdan de las chichotas de Verónica? -No mames -dijo Amílcar-, para ver tele me
-preguntó Amílcar. hubiera quedado en Houston.
-Por favor -reclamó Felipe-, ya hablamos de -Podemos jugar dominó -dije-, de seguro
eso en el coche. aquí nos prestan uno.
El cantinero venía a la mesa con mucha frecuen- -Somos tres -dijo Amílcar-, así no se puede
cia para preguntarnos si se nos ofrecía algo más. No jugar.
variaba su sonrisa y tenía siempre el trapo listo para -Le pedimos al cantinero que juegue con no-
remover cualquier gota de agua o cerveza que ca- sotros -dije.
yera sobre nuestra mesa. Le dije que no se preocupa- -Yo no juego con ese güey-dijo Felipe-. Me
ra, que si queríamos algo más le haríamos una seña. deprime.
Pero antes de que se fuera, Amílcar le preguntó: Llegaron las cervezas y los limones. Amílcar es-
-¿Yüdilón? .tuvo un rato tratando de abrir la lata. Con cada in-
El hombre tardó un rato en contestar. Vi que en tento hacía un gesto de fastidioy se llevabael índice
sus ojos se notaba la expresión de esa gente que to- a la boca. Felipe tomó una mitad de limón.
do lo pide por favor. -Se nota que el cantinero es un improvisado
-Odilón ya no está -dijo. Y en su boca, no es- -dijo-. Los parte como sifueran para hacer limo-
tar, era sinónimo de haberse muerto. nada.
Los dos tipos de la barra se rieron ruidosamen- Entró una persona y echó un largo vistazoal in-
te y salieron del local. No podían escucharnos, es- terior, deteniendo un rato su ojos sobre nosotros.
tábamos muy lejos de ellos, sin embargo me quedó El cantinero le dio las buenas noches y lo invitó a

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pasar. Él sólo inclinó la cabeza y salió. Felipe dijo resultaba patético lo que esto implicaba: el hombre
que era igualito a su tío Ernesto, sobre todo por la y su mujer sabían que estaban al borde de la quie-
nariz ancha y cacariza, pero nos dio lo mismo por- bra. No sé si querían agradecer nuestra presencia
que ni Amílcar ni yo conocíamos al tío Ernesto. con las crepas o si suponían que sirviendo crepas el
Notamos que el cantinero se acercaba con tres pla- lugar se les iba a llenar de gente. Cualquiera de las
tos. Nos miramos con extrañeza porque ninguno dos opciones me entristecía igual.
de nosotros había ordenado algo de comer. Cuando El hombre no se iba de nuestro lado y su mujer
puso los platos sobre la mesa los miramos aun con nos seguía sonriendo. ¿Qué esperaban? ¿Que pidié-
más extrañeza. ramos más crepas? ¿Que les pagáramos las que nos
-Son crepas -nos informó-. Las hizo mi es- comimos? ¿Que les siguiéramos diciendo lo sabro-
posa. sas que estaban? El momento se volvió muy tenso.
Levantamos la vista y vimos a una mujer joven No podíamos tolerar un segundo más sus miradas.
y bonita detrás de la barra; nos estaba sonriendo y Entonces Felipe encontró un modo de aligerar la
casi levantaba la mano para ondeada. Demasiado bo- situación.
nita, diría yo, como para andar sonriendo tras la ba- -El hombre de Zapatilandia-dijo ydio una gran
rra de una cantina vacía un sábado por la noche. No
palmada en la espalda de Amílcar.
era una belleza que moviera al deseo sino a la sim-
Amílcar se levantó quejándose de dolor y nos
patía, al afecto. Tal vez así me pareció por el contras-
reímos forzadamente. Felipe tomó un par de latas
te entre sus labios forzosamente alegres y sus ojos
vacíasy se las acomodó bajo la camisa a la altura del
dolorosos, ambos clavados en una piel demasiado
blanca para ese pueblo. Estuve seguro que, de tener
pecho.
la oportunidad de hablar con ella, le contaría mi vida
-Adivinen quién soy.
con todo detalle. Luego le daría un beso. Nada más.
-Verónica, mi amor -dijo Amílcar y se abalan-
Comimos las crepas sin que el hombre se retira- zó hacia él.
ra de nuestro lado. Estaban bañadas en cajeta y con La mujer del cantinero se metió por una puerta
una especie de crema blanca que no reconocí. Tal tras la barra, tal vezpensando que estábamos borra-
vez era pura leche. No sé. chos.
-¿Qué tal las crepas? -nos preguntó. -¿Van a querer más?-dijo el hombre. Me com-
La verdad estaban buenas y así se lo hicimos sa- padecí de él y estuve a punto de responderle que sí,
ber. Yo empecé a ponerme demasiado triste. Uno no per? acabé por decir:
va a un bar a comer crepas con cajeta, y menos a -No, gracias.
que a uno lo vean comer crepas con cajeta. Además
142 143
""!""'"

Amílcar tomó a Felipe de las tetas metálicas y las Al cabo de un rato nos dio el total y pagamos por
apretó hasta hacerlas crujir. Vi al hombre perderse partes iguales.Comparé la cuenta con la listade pre-
tras la barra, igual que su mujer. Lo imaginé dicién- cios que estaba en la pared y entonces supe que las
dole que ya no hiciera más crepas, que ya los clientes crepas resultaron una cortesía. El hombre nos dio
no querían. Ella bajaría la cabeza entre abatida y las gracias; nosotros no dijimos nada. Felipe le iba
avergonzada y preguntaría ¿por qué?, ¿es que no les reclamando a Amílcar la mancha roja que se le es-
gustaron?, y él le diría sí, mi amor, pero es sólo que taba formando en la camisa. Nos subimos al carro y
ya no quieren, con una para cada uno fue suficien-
comenzó el hervidero del motor.
te. Entonces ella detendría sus ojos llorosos y le diría
-Espérense -dije-, se me olvidó algo.
entusiasmada que tiene una buena idea, que a par-
tir de mañana, además de las crepas, cocinaría pas-
El coche era de dos puertas yyo estaba en el asien-
teles de chocolate y de fresa y de manzana. Y él la
to de atrás. Le pedí a Felipe que abriera la puerta,
abrazaría porque no se atreve a decirle que ya todo
pero él se negó.
es inútil.
-Antes dinos qué se te olvidó.
Ahora fue Felipe el que se quejó de dolor.
Sólo quería ver a la mujer por última vez.Agrade-
-Ya párale, güey-dijo.
cerle las crepas. Decirle algo de mí, aunque fuera
Se levantó la camisa y dejó caer las latas. En el pecho
se le notaba un rasguño de unos diez centímetros,
algo mínimo, superficial; mi nombre, mi edad, que
del que empezaba a brotar un poco de sangre. A nin- cuando era niño pensaba que si mis papás no se hu-
guno le quedó rastro de lo que unos segundos atrás bieran casado yo de cualquier modo hubiera naci-
era risas y diversión. do, aunque fuera en otro país, pero con mi misma
-¿Por qué no nos vamos? -pregunté. cara, mismas ideas, mismo sexo. Pero decirle esto a
-Sí -dijo Amílcar. Felipe y Amílcar era tanto como escuchar el hervi-
-¡La cuenta! -gritó Felipe. dero convertirse en metralla.
El hombre había tenido tiempo para reconstruir -Es que no preguntamosqué eslontananza-dije.
su sonrisa y para exprimir el trapo. Nos preguntó de -No importa-dijo Amílcar-, lo puedes buscar
nuevo si se nos ofrecía algo y de nuevo nos llamó en un diccionario.
caballeros. Felipe le dijo que queríamos la cuenta, -Lo necesito saber ahora mismo -dije.
nada más. Cuando el hombre volvió a la barra para Tal vez de tan absurdo mi argumento fue que Fe-
hacer la suma, Amílcar dijo: lipe abrió la puerta. Corrí hacia el localy cuando en-
-El pobre nos atiende como si pensara que va- tré, vi a la mujer lavando unos vasos.
mos a volver. -¿Qué desea? -me preguntó.
144 145
No vi al marido. Lo mismo estaba en la bodega
que en el baño. No importaba, como tampoco im-
portaba si hubiera estado ahí. Comoquiera le hu-
biera dado ese último vistazo a la mujer.
-Nada-dije-. Es que se me olvidó darle las gra- ÍNDICE
cias.
Afuera sonó el claxon del Camaro. Alterné mi vis-
ta entre la mujer y la calle. Ella cerró la llave del agua
y me dijo:
-Tus amigos te esperan.
De regreso en el auto Felipe me preguntó el sig-
nificado de lontananza. Pensé rápido en una men- Bienvenido a casa, 9
tira y le dije que era una palabra árabe que quiere La verdadera historia de don Manuel, 19
decir buena suerte. El cacomixtle, 39
Salimos del pueblo y, ya en la carretera, Amílcar Un poeta local, 53
subió la velocidad a ciento veinte kilómetros por La Brocha Gorda, 69
hora. Igual que todos, tenía prisa por llegar. Me ten- Millonarios, 87
dí en el asiento para tratar de dormir. Sabía que me Derrumbes, 103
bastarían unos minutos de sueño para olvidarme de El heredero, 121
mis sentimientos hacia la mujer y su marido, y tra- Verónica, 131
taría de hacer una imagen mental de ella para dar-
me cuenta de que no era tan hermosa como me
pareció en un principio y su piel blanca más pa-
recía una enfermedad que una cualidad. Sin mucho
esfuerzo logré dormirme, no unos minutos sino casi
dos horas, porque cuando desperté lo primero que
vi fue un letrero que decía MONTERREY 12 KM. Y tal
como lo supuseme importó muypoco lo que ocurrie-
ra con la mujer ysus crepasy su marido ysus pasteles
de chocolate, y me dio lo mismosi el resto de su vida
se llenaba de desdicha o de lontananza.

146
HISTORIAS DE LONTANANZA
SE IMPRIMIÓ EN LOS TALLERES DE
IMPRESOS Y ACABADOS MARBETH, S.A.
PRIVADA DE ÁLAMO NÚM. 35
COLONIA ARENAL
MÉXICO, D.F.

SE TIRARON 2,000 EJEMPLARES

IMPRESO Y HECHO EN MÉXICO


PRINIED AND MADE IN M'EXJCO

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