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Pierre Boulez

“Para mí, Stravinski era un gran ilustrador. Cuando tenía un buen argumento, como La
consagración de la primavera o cualquier ballet, lo acompañaba bien. Pero cuando carecía de
historia y trataba de adentrarse en lo formal o lo abstracto, no conseguía nada, aunque diga lo
contrario.”

Schönberg ha muerto…

Se convirtió en uno de los compositores más influyentes en el uso del serialismo aplicado a todos
los parámetros musicales: dinámica, ritmo, timbre y tono (serialismo integral). A través de sus
clases en los cursos que se impartían en Darmstadt, influyó de forma marcada, junto con
Stockhausen, en la vanguardia musical que surgió después de la Segunda Guerra Mundial. Ayudó
de esta manera a crear un nuevo lenguaje y técnica musicales. Esto mismo era lo que recriminaba
a los primeros compositores del siglo XX, éstos habían fallado a la hora de llevar a cabo una
revolución musical que conllevara una era radicalmente nueva. Reconoció la influencia sobre él de
Debussy, Stravinsky y Webern, pero sobre todo de su maestro Messiaen. Después de 1954 adoptó
una postura estética entre Debussy y su ídolo, Webern. Además provocó una cierta frialdad hacia
Schoenberg al colocarlo en una posición inferior a Webern.

En un famoso, y provocativo ensayo titulado Schoenberg ha muerto, escrito en 1952 poco después
de la muerte del compositor vienés, Pierre Boulez comenzaba alabando al viejo maestro por haber
inventado el sistema dodecafónico; para después criticarlo por no haberlo desarrollado en toda su
extensión. Schoenberg había tratado las series como si fueran un “tema” en vez de como una
configuración abstracta de intervalos y las había reemplazado por el esquema formal clásico en
lugar de derivar las estructuras seriales de las propias características de la serie. Según su punto de
vista había que realizar un tratamiento consistente de todos los elementos musicales, no sólo de
los melódicos, sino también de los rítmicos, de los dinámicos, de las texturas y finalmente de los
formales, de acuerdo con los procedimientos estrictamente seriales y que no tuviera ninguna
relación con ningún presupuesto musical anterior. Para él, tanto Stravinsky como Schoenberg son
figuras que vuelven al Neoclasicismo, la diferencia es que uno lo realiza a través de la escala
diatónica y el otro a través de la escala cromática.

En 1951, el joven Boulez le cuestionaba a Schönberg haber explorado el campo dodecafónico con
herramientas del pasado, las formas preclásicas, una arquitectura, en definitiva, no ligada a su
propio descubrimiento. En ese breve libelo que no tardó en diseminarse, lo calificó de reaccionario
e inconsecuente. Boulez sentía una superioridad moral y técnica sobre el maestro vienés. Lo
criticaba desde la presunta certeza emancipadora de ese nuevo y efímero dominio técnico que se
conoció como serialismo integral. Era tanta la confianza que tenían él y parte de su generación en
el control absoluto de todos los parámetros musicales que, sostenía aquel Pierre Boulez, “todo
compositor es inútil fuera de las búsquedas seriales”. La generación de posguerra le debía a
Schönberg el Pierrot y “algunas obras envidiables” del período expresionista. Y nada más. “Es hora
de que el fracaso sea neutralizado”