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Los futuros[i]

Martin Heidegger
Fragmento (correspondiente a la sección VI) de Beiträge Zur
Philosophie (Vom Ereignis) que publicará la Biblioteca Internacional
Martín Heidegger en la colección "En el camino hacia el Otro pensar",
dirigida por Rogelio Fernández Couto. Traducción de Diana
Picot, Pensamiento de los Confines, número 9/10, primer semestre de
2001.

248. Los futuros

Esos forasteros de igual corazón, igualmente decididos por la donación y el


rehúso que se les destina. Los detentores de la verdad del ser (Seyn),[ii] en la que
el ente se erige en simple dominio esencial de cada cosa y aliento. Los más
serenos testigos de la calma más serena, en la que una imperceptible sacudida
vuelve la verdad hacia su esencia desde la confusión de todas las correcciones
calculadas: mantener oculto lo más oculto, el estremecimiento de la decisión de
los dioses que pasa, el esenciarse del ser (Seyn).

Los futuros: los fundadores de esa esencia de la verdad, despaciosos y de


larga escucha. Los resistentes al choque del ser (Seyn).

Los futuros[iii] son esos venideros a los que, en tanto que de retorno aguardan
en oferente retención, adviene la seña y acometida de la lejanía y cercanía del
último dios.

A estos futuros se trata de preparar. Sirve a tal preparación el pensar inicial


como silenciamiento del evento. Pero el pensar es sólo un modo en el que pocos
dan el salto al ser (Seyn).

249. La disposición fundamental de los futuros[iv]

Resonancia y pase, salto y fundación tienen cada uno su disposición conductora,


que concuerdan originariamente a partir de la disposición fundamental.

Pero esta disposición fundamental no es tanto para describir como para


obtener en el todo del pensar inicial.
Mas apenas se la puede nombrar con una palabra, a no ser con el nombre
de retención. Pero entonces esta palabra tiene que ser tomada en toda la plenitud
originaria. que acrece históricamente en su significado a partir del imaginar el
evento.

La disposición fundamental contiene el estar de humor, el ánimo de coraje en


tanto querer dispuesto-sabedor del evento.

Las disposiciones conductoras están dispuestas y disponiendo en consonancia


recíproca.

La disposición conductora de la resonancia es el sobresalto en el


desocultarse del abandono del ser (Seyn) y a la vez el temor ante el evento que
resuena Sobresalto y temor juntos recién permiten realizar de modo pensante la
resonancia.

La consonancia originaria de las disposiciones conductoras es apenas


plenamente entonada a través de la disposición fundamental. En ella están los
futuros, y en tanto así dispuestos son de-terminados por el último dios. (Sobre
disposición comp. lo esencial en los cursos- Hölderlin).[v]

250. Los futuros

Están en el saber señorial en tanto verdadero. Quien alcanza este saber, no se deja
calcular ni forzar. Este saber es además inútil y no tiene “valor” alguno; no rige y
no puede ser asumido inmediatamente como condición de la actividad que se está
desarrollando.

¿Con qué tiene que comenzar el saber de quien verdaderamente sabe? Con
el auténtico conocimiento histórico; es d. con el saber del ámbito y con el estar
(cuestionador) en el ámbito, desde el cual se decide la historia venidera. Este
conocimiento histórico no consiste nunca en la constatación y descripción de los
actuales estados y almacenajes de sucesos y de sus abrigadas metas y exigencias.
Este saber sabe las horas del acaecer, que recién conforma historia.

Nuestra hora es la época del ocaso.

Ocaso,[vi] mentado en sentido esencial, es el camino a la callada preparación


de lo venidero, del instante y del sitio, en los que cae la decisión acerca del
advenimiento y la falta de los dioses. Este ocaso es el primer comienzo de todos.
Pero la in-esencia del ocaso va por su propio y otro camino y es ensacarse, ya no
poder, cesar tras la apariencia de lo gigantesco y masivo y de la primacía de la
organización ante lo que ella debe cumplir.

Los que van-al ocaso en sentido esencial son aquellos que pasan-
inadvertidos[vii] por lo que viene (lo venidero) y se inmolan a él como su
fundamento invisible venidero, los encarecidos que incesantemente se exponen al
preguntar.

La época del ocaso es sólo sabible para los pertenecientes. Todos los otros
tienen que temer el ocaso y por ello negarlo y desconocerlo. Pues les es sólo
debilidad y un fin.

Los que verdaderamente van-al ocaso no conocen la turbia “resignación”, que


ya no quiere, porque no quiere nada venidero, tan poco como al ruidoso
“optimismo”, que a pesar de todo aseguramiento aún no quiere verdaderamente,
porque se opone a querer más allá de sí y ganarse a sí mismo recién en la
transformación.

Los que van-al ocaso son los que siempre preguntan. La intranquilidad del
preguntar no es ninguna vacía inseguridad, sino la inauguración y el abrigo de
esa tranquilidad, que como concentración en lo más cuestionable (el evento)
aguarda la simple intimidad del clamor y sostiene la furia extrema del abandono
del ser.

El preguntar por la esencia de la verdad y por el esenciarse del ser (Seyn), qué
otra cosa es más que la resolución a la extrema meditación. Pero esta resolución
crece desde la apertura a lo necesario, que hace ineludible la experiencia de la
indigencia del abandono del ser. Mas la experiencia de esta indigencia depende
nuevamente de la magnitud de la fuerza de recuerdo, en su totalidad del señor-ío
del saber.

Preguntar de este tipo es la retención del buscar, dónde y cómo la verdad del
ser se deja fundar y abrigar.

Buscar nunca es un mero no tener aún, un carecer. Visto así es tenido en


cuenta sólo por el resultado alcanzado. Primero y propiamente el buscar es el pre-
ceder en el ámbito, en el que la verdad se inaugura o rehúsa. Buscar es en sí
futuro y un acercarse[viii] al ser. El buscar lleva al que busca recién así mismo,
es d. a la mismidad del ser-ahí, en el que acaece el claro y la ocultación del ente.
El ser-sí mismo es ya el hallazgo que se encuentra en el buscar, la segura
lámpara, que luce anticipándose a toda veneración, sólo gracias a la cual estamos
abiertos a la resonancia de lo más singular y máximo.

252. La esencia del pueblo y ser-ahí[ix]

Un pueblo es pueblo, sólo cuando en el encuentro de su dios recibe asignada su


historia, de ese dios, que lo fuerza por encima de sí mismo y de este modo lo
repone en el ente. Sólo entonces elude el peligro de girar en torno a sí mismo e
idolatrar como su incondicionado lo que son sólo condiciones de su subsistencia.
¡Pero cómo ha de encontrar al dios si no están aquellos que
callados buscan para él y como tales buscadores hasta tienen que estar
aparentemente contra el “pueblo” todavía no popular! No obstante estos
buscadores primero tienen que ser; en tanto que son han de ser preparados. Ser-
ahí, qué otra cosa es sino la .fundación del ser de estos entes, de los futuros del
último dios.

La esencia del pueblo se funda en la historicidad de los que se


pertenecen a partir de la pertenencia al dios. Del evento, en donde esta
pertenencia se funda históricamente, surge recién la fundamentación de por qué
“vida” y cuerpo, procreación y género, linaje, dicho en palabra fundamental: la
tierra, pertenecen a la historia y a su manera retoman nuevamente en sí la historia
y en todo ello sirven sólo a la contienda de tierra y mundo, llevados por el más
íntimo temor de ser un incondicional. Pues su esencia está así, porque íntima a la
contienda, a la vez cerca del evento.

252. El ser-ahí y los futuros del último dios

Las oposiciones más simples pero extremas erigirá este dios sobre su pueblo,
como las vías sobre las cuales anda más allá de sí para hallar otra vez su esencia
y apurar el instante de su historia.

Mundo y tierra en su contienda elevarán a lo sumo amor y muerte y los


unirán en la fidelidad al dios y el subsistir de la confusión en la cuádruple
superación de la verdad del ente.

Los futuros del último dios disputarán el evento en la impugnación de esta


contienda y en la más amplia ojeada retrospectiva recordarán a lo máximo creado
en tanto cumplida unicidad y singularidad del ser. Al lado lo masivo soltará todas
las intrigas de su enfurecerse y acarreará todo lo inseguro y a medias, todo
consolarse sólo con lo vigente.¿Expirará entonces el tiempo de los dioses y
comenzará la recaída en la mera vida de esencias pobres de mundo, para las
cuales la tierra (ha) quedado no más que como lo explotable?

Retención y reserva serán la más íntima fiesta del último dios y ganarán el
modo propio de confianza en la simplicidad de las cosas y la corriente propia de
la intimidad del éxtasis encantador de sus obras, el abrigo de la verdad hará estar
oculto a lo más oculto y le prestará de esta manera el único presente.

Hoy ya hay pocos de estos futuros. Su vislumbrar y buscar es apenas


cognoscible para sí mismos y su auténtica inquietud; pero esta inquietud (es) la
tranquila duración del quiebre. Lleva una certeza, tocada por la seña más
temerosa y lejana del último dios y es dirigida a la invasión del evento. Como en
la retenida reserva esta seña es custodiada como seña y como tal custodia siempre
está a la vez en el despedirse y advenir, en la tristeza y en la
alegría sobre todo, en esa disposición fundamental de los retenidos, sólo a los
cuales el quiebre del ser (Seyn) se abre y cierra. Fruto y acaso, acceso y seña.

Los pocos futuros cuentan para sí a los esencialmente inaparentes, a los que
no pertenece publicidad alguna, pero que reúnen en su belleza interior el previo
resplandecer del último dios y de nuevo obsequian en reflejo a los pocos e
insólitos. Todos ellos fundan al ser-ahí, a través del cual vibra la consonancia de
la cercanía del dios, que no se sobreeleva ni tampoco hunde, sino (ha) tornado la
solidez del más íntimo temor como el espacio de vibración más singular. Ser-ahí
-movimiento de todas las referencias de alejamiento y cercanía (acceso) del
último dios.

La desmedida del sólo ente, del no ente en su totalidad y lo insólito del ser,
por lo que se busca a los dioses alinterior del ente. Cuando se busca y no se
encuentra y por ello se introduce por la fuerza en forzadas maquinaciones,
ninguna libertad del retenido esperar y poder aguardar de un encuentro y una
seña. La nobleza de ensamble y el vigor de la confianza en la seña, la rencorosa
furia de lo terrible, sea ser-ahí el orden más íntimo, del cual
la impugnaciónrecién toma su ley. Eclipsa a todo el que sale al encuentro y
recién nos hace experimentar lo simple de lo esencial. El orden es lo más simple
que se muestra y de buena gana es falsamente mirado como algo “al lado” y “por
encima” de los fenómenos, es d. no visto
Los futuros, los encarecidos del ánimo de retención en el fundado ser-ahí,
sólo a la cual se dirige el ser (salto) como evento, los acaece y autoriza al abrigo
de su verdad.

Hölderlin, su poeta venido de lejos y por ello el más futuro. Hölderlin es el


más futuro porque procede de lo más lejos y en esta
vastedad recorre y transforma lo más grande.

Martin Heidegger

[i] Comp- Reflexiones V, 44 y sig; VII, 47 y sig. El autor escribe “Zu-


kunftingen” para, como en otros casos subrayar la composición de la palabra,
recurso que aquí podríamos reproducir en castellano con el término por-venir.

[ii] Distinguimos con el autor (“Seyn”) en tanto ser como evento, de la noción
metafísica de ser (“Sein”) que equivale a ser del ente.

[iii] Comp. Prospectiva, 45. La “decisión”. El autor escribe “Zu-künftigen”.

[iv] Com. Prospectiva, 5. Para los pocos – Para los insólitos, p. 14 y sigs.

[v] Curso del semestre de invierno 1934/35 “Himnos de Hölderlein ‘Alemania’ y


‘El Rihn’ (Obras completas tomo 39); Curso del semestre de invierno 1941/42
“Himno de Hölderlein ‘Recuerdo’ (Obras completas tomo 52); curso del
semestre de verano 1942 “Himno de Hölderlein ‘El Ister’ (Obras completas tomo
53)

[vi] El autor escribe “Unter-gang” separando los componentes de la palabra para


destacar su sentido, refiriéndose luego a la raíz “Gang” que traducimos por
“camino”.

[vii] Traducimos “Unter-gehenden” por “pasan-inadvertidos”, el autor destaca el


prefijo “unter”, que integra también la palabra “Unter-gang”, “ocaso”.

[viii] El autor escribe “In-die-Nähe-kommen”, venir-a-la-cercanía.

[ix] Comp. La fundación, El ser-ahí, comp. Reflexiones V, 35 y sig.