Está en la página 1de 18

Bos primigenius primigenius

Uro euroasiático

Rango temporal: 2 Ma-0,001 Ma

PreЄ

Pg

N

Plioceno - Holoceno
Esqueleto de B. p. primigenius

Estado de conservación

Extinto desde 1627

Taxonomía

Reino: Animalia

Filo: Chordata

Clase: Mammalia

Orden: Artiodactyla

Familia: Bovidae

Género: Bos

Especie: B. primigenius

Subespecie: B. p. primigenius
BOJANUS, 1827
Distribución

En color rojizo: la distribución del uro euroasiático.

Sinonimia

Bos taurus primigenius

[editar datos en Wikidata]

El uro euroasiático (Bos primigenius primigenius o Bos taurus primigenius)1 es


un mamífero artiodáctiloextinto perteneciente al género Bos, de la subfamilia Bovinae.
El género Bos es un bovino de gran tamaño, nativo de Asia central, hace aproximadamente 2
millones de años (Bos acutrifons), para después extenderse por India, Medio
Oriente, Asia, África y Europa, originando Bos primigenius y sus diferentes subespecies, que,
a su vez, originaron las distintas razas de ganado doméstico actual. Desapareció
paulatinamente de cada uno de los territorios mencionados debido a la caza, el retroceso de
los bosques y la domesticación. La última subespecie en extinguirse fue la europea —el
ejemplar postrero una hembra que murió en el antiguo bosque de Jaktorów (Polonia)
en 1627—

Subespecies[editar]
Se reconocen 3 subespecies:

 Bos primigenius primigenius el uro euroasiático (que incluye al uro europeo y al uro de
oriente medio).
 Bos primigenius africanus (= B. p. mauretanicus) el uro africano.
 Bos primigenius namadicus el uro indio.
Las distintas subespecies de Bos primigenius dieron origen a las diferentes líneas de ganado
bovino que tenemos hoy en día:

 Bos primigenius:
 1. Bos primigenius primigenius - "Uro europeo" (Haplotipo mitocondrial "P",Haplotipo
sexual masculino "Y1"): No se tiene certeza de una raza bovina que descienda
directamente de esta subespecie, sin embargo, se sabe de cierto aporte genético por
parte de estos animales al ganado doméstico europeo actual.
 2.- "Uro del medio oriente" (Haplotipo mitocondrial "T", "Haplotipo sexual
masculino Y2"): Dio origen al ganado doméstico europeo actual (Bos primigenius
taurus).
 Bos primigenius namadicus "uro indio": Dio origen a las razas cebuinas.
 Bos primigenius africanus "uro africano": Dio origen a las razas africanas.
HISTORIA TAXONOMICA
Con relativa frecuencia, se tiende a confundir los uros con los bisontes europeos, pero son
animales diferentes. Los primeros ejemplos de esta confusión los tenemos en la segunda
mitad del siglo XVIII, cuando los naturalistas europeos comenzaron a realizar las
primeras clasificaciones biológicas. El uro llevaba entonces extinto más de 100 años y el
bisonte era cada vez más escaso, relegado a unas pocas bolsas de población
en Rumanía, Polonia y el Cáucaso. En los países de Europa occidental no se guardaba
información fiable sobre ninguno de los dos. Por ello, Carlos Linneo tuvo sus dudas y decidió
pasar el tema por alto, nombrando al ganado doméstico como Bos taurus y al bisonte europeo
como Bison bonasus.
Inmediatamente se generaron dos corrientes de naturalistas enfrentados: un grupo defendía la
existencia de un único bovino salvaje europeo, considerando los antiguos uros y los bisontes
como miembros de la misma especie. En consecuencia, se inclinaron por nombrar
científicamente a ambos como Bison bonasus, nombre que también debían recibir las vacas y
toros domésticos por ser sus descendientes. En contraposición, otros naturalistas exponían
que las vacas y los bisontes eran animales claramente distintos y que por tanto, en la Europa
de la antigüedad debieron existir dos especies de bovinos separadas, el bisonte europeo por
un lado y el uro por el otro. A comienzos del s. XIX, el descubrimiento, excavación y estudio de
decenas de esqueletos de uros y bisontes diseminados por Europa resolvieron la
polémica. Bojanus, uno de los naturalistas que hasta entonces habían defendido la hipótesis
del bovino único, examinó un esqueleto de uro completo y se vio obligado a admitir que aquel
animal era muy próximo al ganado doméstico pero no tanto al bisonte, por lo que nombró una
especie nueva para el uro: Bos primigenius. A finales del s. XIX se decidió diferenciar otras
dos subespecies para los uros del norte de África y la India, que fueron bautizados
respectivamente como Bos primigenius mauretanicus (Thomas, 1881) y Bos primigenius
namadicus (Falconer, 1859). La denominación Bos primigenius primigenius, por tanto, ha
quedado en la actualidad como nombre para los uros de Europa y los uros de Oriente Medio.

Evolución de su clasificación[editar]
De acuerdo con la publicación Mammal Species of the World la especie Bos taurus se
subdivide en 3 subespecies: el uro (B. t. primigenius), el cebú B. t. indicus y el ganado
doméstico (B. t. taurus).2
La nomenclatura del uro es controvertida. A los bóvidos domésticos se les aplicó en nombre
científico Bos taurus en el siglo XVIII, antes del desarrollo de la biología evolutiva. Con el
posterior desarrollo de la misma, se reconoció la estrecha relación entre razas domésticas y
silvestres, el estatus científico de las «especies» domésticas fue cuestionado, y la mayoría de
los biólogos no las consideran más que formas domesticadas de las especies salvajes
originales.
Una especie está constituida por «grupos de poblaciones naturales, efectiva o potencialmente
interfecundas, que están reproductivamente aisladas de otros grupos similares».N 1 En la
actualidad, las «especies» domésticas se cruzan con sus especies parientes cuando tienen la
ocasión. Según la CITES «Teniendo en cuenta que, por lo menos en cuanto a las razas
primitivas de animales domésticos, éstas constituirían, por regla general, una entidad de
reproducción con su especie ancestral, si tenían la oportunidad, la clasificación de animales
domésticos como especies separadas no es aceptable. Es por eso que tratamos de definirlos
como subespecies». Entonces se le dio a la nueva subespecie el nombre de la especie de
origen, completado con el nombre de subespecie (que recupera la segunda parte del antiguo
nombre de especie): Bos primigenius taurus. Pero algunos biólogos son reticentes a utilizar la
noción de subespecie para un grupo domesticado. Desde un punto de vista evolutivo, la idea
de especie o de subespecie está unida a la idea de selección natural, y no a una selección
artificial.
La edición del año 2005 de Mammal Species of the World utilizaba para designar al uro y sus
variantes domésticas el nombre de Bos taurus y no Bos primigenius. El nombre único es
coherente con la idea según la cual existe una única especie. Pero el nombre utilizado no se
ajusta a la decisión 2027 de la Comisión Internacional de Nomenclatura Zoológica, que decidió
en 2003 utilizar Bos primigenius como nombre de la especie silvestre. En cuanto a la
reagrupación de las formas domésticas y salvajes bajo un solo nombre de especie, la
Comisión fue prudente y no resolvió el asunto de un modo definitivo, e indica que los
taxonomistas que consideran el ganado doméstico una subespecie del uro silvestre deberían
usar Bos primigenius taurus, y Bos taurus permanece disponible para los bovinos domésticos
cuando sean considerados como una especie separada.4 5 6
Originalmente, los bovinos con joroba o cebúes fueron considerados como una especie
plena: Bos indicus. Este estatus ha sido revisado y actualmente son considerados como la
subespecie Bos taurus indicus.

 DESCRIPCIÓN4Uro europeo: Los uros europeos eran animales con cuerpos robustos y
espalda "gibosa" a consecuencia de las largas espinas vertebrales torácicas que poseían.
La cabeza de estos animales era grande y más larga que la de la mayoría de los bovinos
domésticos de hoy en día, con un perfil aproximado al de un triángulo escaleno (Fig.1).
Vista de frente, la cabeza del uro adquiere la forma aproximada de un triángulo isósceles
invertido, con base en el borde superior de la frente y con el vértice representado por la
punta del hocico. Solo sobresalen de este patrón las cuencas de los ojos, las cuales
tenían una forma cónica, proporcionaban protección a los globos oculares y eran más
prominentes que las de los toros actuales. (Descripción basada en la morfología
esquelética).
Estos animales tenían cuernos potentes de color blanco en la base y color negro en las
puntas, los cuales podían llegar a medir hasta 100 cm, con la siguiente morfología: siguiendo
la línea de la frente al inicio (hacia afuera), curvándose después hacia el frente, hacia adentro
y hacia arriba tomando finalmente la apariencia de una lira antigua (Imagen 1), ( T Van
Vuuere). Las extremidades, tanto las delanteras como las traseras, eran largas, lo cual
seguramente les confería la gran velocidad que podían alcanzar. La altura media a la cruz era
de 160 a 180 cm en el caso de los machos (pudiendo llegar a los 2 metros) y 150 cm en las
hembras. Por las descripciones de la época romana y medieval, parece que los uros de
Europa, aun con pequeñas variaciones, tenían una capa de color oscura y uniforme, con una
banda de pelo ligeramente más claro que se extendía por el dorso, desde la nuca a la cola, y
el pelo de la frente, que era de color pardo a leonado.

 Uro del medio oriente: Algunas esculturas y representaciones pictóricas encontradas en


los territorios que algunas vez pertenecieron a civilizaciones como la Sumeria o la Persa,
sugieren que este animal no difería mucho del uro Europeo (Imagen 3). Sin embargo,
existían diferencias genéticas entre estos; las cuales ya fueron mencionadas en la sección
"subespecies".

Bos primigenius africanus


Existen algunas descripciones Griegas y Romanas del animal, en las cuales se habla de un
bovino feroz, fuerte, y veloz, de pelaje rojo, ojos azul grisáceo y con un tamaño aproximado
del doble del ganado griego normal. Es plausible pensar entonces, que el uro africano, en
general presentaba un color rojizo, aunque no se pueden determinar con certeza las demás
características fenotípicas del mismo. Algunas representaciones egipcias muestran que tenía
una morfología similar a la del uro europeo, siendo por tanto las únicas diferencias
comprobables, el color del pelaje y el haplotipo mitocondrial.
Bos primigenius namadicus
Hasta el momento no hemos encontrado información descriptiva de este animal, muy
probablemente exista alguna referencia en algún bestiario medieval o en algún libro Hindú
antiguo como "Las vedas". Esperamos poder anexar la información a este artículo cuando sea
encontrada.

Comportamiento[editar]
Bos primigenius primigenius

 Uro europeo:
Al parecer, eran animales agresivos, capaces de atacar a cualquiera que no guardara la
suficiente distancia: "...muy fuertes y rápidos, no dudan en atacar al hombre o animal que
divisen..." (La guerra de las Galias). Se agrupaban en manadas de tamaño variable
compuestas por machos, hembras y sus crías, aunque los machos viejos tendían a
abandonarlas para llevar a cabo una vida solitaria o en pequeños grupos. Según crónicas
polacas del siglo XVI y XVII, país donde se extinguieron los últimos uros, la época de
apareamiento tenía lugar en agosto y septiembre, y las crías nacían en mayo y junio. El
hábitat de esta especie comprendía bosques de densidad variable y llanuras, siendo más
numerosos en zonas con abundante vegetación arbustiva y agua. Se alimentaban de todo tipo
de hojas, hierbas y ramas tiernas. Probablemente eran animales con hábitos migratorios. Se
sabe que las rutas por las que la "trashumancia" se lleva a cabo en España, eran
originalmente vías migratorias del uro ibérico. Por tanto se puede pensar que los uros se
movían cada cierto lapso de tiempo, tal y como lo hacen hoy en día el caribú en América y el
ñú en África. Entre los depredadores se contaban leones (hasta antes de su extinción en
Europa), lobos, y osos.

 Uro del medio oriente:


De nuevo podemos hacer alusión a la agresividad como característica principal de estos
animales: "...Líbrame señor de la boca del león, y óyeme librándome de los cuernos de los
uros..." (Salmo 22:21).

Bos primigenius africanus


Por tercera ocasión, se habla de animales feroces, agresivos y rápidos, que atacaban a
cualquier animal o persona que se atreviese a acercarse. Habitaban los bosques que alguna
vez cubrieron la región del norte de África.
HISTORIA
Los primeros integrantes conocidos del género, Bos acutrifrons, proceden del Plioceno del
Asia central, unos 2 millones de años atrás. Desde aquí se extendieron paulatinamente hacia
el sur, el norte, el este y el oeste hasta llegar a los territorios de la India, Rusia, China, Medio
oriente, África y Europa; dando origen al Bos primigenius y sus distintas subespecies: Bos
primigenius namadicus en la India central, Bos primigenius mauretanicus en África y Bos
primigenius primigenius en Asia, Europa y Medio oriente. (Fig.5)
Hace unos 700-800 mil años ya se documentan restos de Bos primigenius primigenius en
la península ibérica, aunque tardarán bastante tiempo en adaptarse a las nuevas condiciones
climáticas del Pleistoceno y poblar el norte de Europa, llegando a Alemania hace unos
250 000 años. Poco antes de terminar la era glacial, las tres subespecies de uros poblaban la
mayor parte del territorio europeo (incluidas Gran Bretaña y el sur de Escandinavia), Oriente
Medio hasta la India y Manchuria y todo el norte de África desde Marruecos hasta Egipto. Con
la progresiva aridez del clima que se produjo a partir de principios del Holoceno, los uros
quedaron relegados a Europa, el Magreb, norte de Mesopotamia y un núcleo poblacional
aislado en la India central.
La presión humana sobre el uro salvaje fue en aumento con el tiempo, pues seguía siendo
cazado por su carne (se cree que ésta fue la causa principal de su extinción en Gran Bretaña
hacia el 1300 a. C.), pero su disminución se debió en su mayor parte a la tala de los bosques
en que vivía para destinarlos a la agricultura y la competencia por los pastos con los nuevos
toros y vacas domésticos. Antes de la época romana, el uro salvaje ya se había extinguido en
las zonas más urbanizadas del norte de África, las costas del Mediterráneo, Mesopotamia y la
India, aunque las poblaciones del norte de Italia aún surtían con cierta regularidad los circos
romanos durante la época del Imperio. En la baja Edad Media sólo persistía la subespecie
europea, relegada a una pequeña zona al este de Alemania y en el s. XVI ya no se tiene
constancia de que existiese fuera de los bosques de Jaktorów y Wiskitki, en Polonia (aunque
algunos datos hablan de uros en Suecia hasta 1555). En 1476 la propiedad de esos bosques
y el derecho a cazar en ellos pasó a la familia real polaca, con lo que la muerte de un uro se
convirtió en un privilegio del rey. El mimo con que se criaba a los uros durante el reinado
de Segismundo I el Viejo y su sucesor resulta chocante: estaban vigilados constantemente
para que no fueran molestados por los hombres o los animales salvajes, y en invierno se les
alimentaba con heno. Los reyes posteriores no fueron tan cuidadosos, aunque siguieron
cazándolos.
Varios censos reales reflejan la lenta e inexorable disminución de los toros salvajes polacos.
El primero de los censos, en 1564, contabilizó 38 animales en Jaktorów y Witkiski;
en 1566 sólo quedaban 24, y en 1602 apenas se encontraban 5 animales en Jaktorów, 4
machos que fueron cazados en los 20 años siguientes y una hembra a la que se indultó,
muriendo por causas naturales en 1627.

Procesos de domesticación[editar]
Los análisis genéticos de diferentes razas de vacas actuales han confirmado que la
domesticación de este animal no ocurrió en un solo lugar ni a partir de una única población.
Los primeros vestigios de domesticación del uro proceden de Grecia y tienen unos 8500 años
de antigüedad; poco tiempo después se domesticaron los uros en la India, que darían lugar
más tarde al cebú B. taurus indicus, y en Asiria, desde donde se exportaron
a Mesopotamia, Anatolia, Canaán y Egipto. A partir del primer milenio antes de Cristo se tiene
constancia de que la subraza del Magreb había sido domesticada e introducida en
la península ibérica a través del estrecho de Gibraltar.

Intentos de «recrear» al uro[editar]


Grupo de bovinos de Heck en una granja alemana.

Toro tudanco en Johannahoeve, Holanda. La fundación danesa Stichting Taurus cría esta y otras razas
para acercarse fenotípica, genotípica y ecológicamente lo más posible a los uros.

En 1920, los hermanos alemanes Lutz y Heinz Heck se propusieron «recrear» el extinto Bos
primigenius primigenius mediante cruces de distintas razas de ganado vacuno, intentando
potenciar los rasgos más típicos de los uros en cada nueva generación. El resultado fue la
aparición del «uro de Heck» o simplemente el más aconsejado «bovino de Heck», una nueva
raza grande, robusta, de largos cuernos y pelo negro o pardo que puede verse en distintos
zoológicos del mundo como curiosidad. Sin embargo, las críticas se han vertido sobre estos
animales prácticamente desde que el primer «toro de Heck» viera la luz. Varias de las
supuestas características primitivas potenciada por los Heck no eran tales en realidad, sino
fruto de concepciones erróneas de los criadores. Se da el caso de que esta raza tiene, incluso,
menos características físicas urinas que otras domésticas. En distintos lugares la propia
selección natural ha hecho que varias razas de distintos lugares confluyan en animales que se
asemejan más a los primigenios uros que los bovinos de Heck.
De hecho, Van Vuure llega a sugerir incluso que los toros de lidia son el más urino de los
descendientes de los uros, más incluso que el bovino de Heck, al que considera un
experimento fallido de uro recreado por cría selectiva en algunos zoológicos durante el siglo
XX, y que hoy están siendo introducidos erróneamente en reservas naturales de los Países
Bajos y Alemania. A pesar del empeño puesto en la selección, estos supuestos uros
modernos siguen presentando en la actualidad una complexión más ligera de la esperada,
tamaño erróneo, cuernos de longitud variable y coloración no siempre correcta. En el aspecto
temperamental, los uros recreados se encuentran en una situación aún peor, ya que son
incapaces de encontrar alimento suficiente en invierno o defenderse de los lobos. Por esta y
otras razones, los críticos de los Heck consideran su experimento fallido, consistente en un
simple grupo de vacas sacadas del establo y puestas a pastar en bosques y praderas. El
profesor Z. Pucek, responsable del programa de recuperación del bisonte europeo en el
bosque de Bialowieza (Polonia), ha llegado incluso a definir al toro de los Heck como "la
mayor estafa científica del siglo XX" y se ha negado en rotundo a la introducción de unas
cuantas cabezas en la reserva.
Hoy en día, programas serios como el TaurOs project, intentan recrear al uro, basados en
datos genéticos y morfológicos precisos del animal. Para ello, se dará más peso a otras razas
de características primitivas como la pajuna andaluza, la tudanca cántabra, la sayaguesa
zamorana, la maremana italiana, la highland escocesa, la esteparia húngara, las enanas
de Córcega y Turquía, el toro de la Camarga y la maronesa de Portugal.8

El uro en la cultura[editar]
Una muestra de una poesía que fue expresamente dedicada al uro, el cual se enamoró
de Circe:
El Uro no tiene miedo
y posee grandes cuernos.
Un habitante solitario del páramo
es un animal valiente.

Características de las castas[editar]

Monumento al toro de lidia en Tordesillas, Valladolid.

Casta navarra: Los toros navarros, hoy inexistentes como tales, fueron toros de sierra,
pequeños de tamaño, pero de temperamento tan bronco y casta tan señalada que suplían su
falta de trapío con una portentosa acometividad y bravura.
Casta jijona: Reconocible por sus muchos ejemplares de pelo colorado. Todavía hoy se
denomina a los animales de este pelaje como toros jijones.
Casta castellana o morucha-castellana: De toros grandes, hermosos y muy duros de lidiar.
Casta andaluza: Según José María de Cossío, debería ocupar el primer lugar en
consideración por haber sido la que ha logrado el prototipo y epítome del toro de lidia.
Casta cabrera: De gran alzada, cuerpo largo y agalgado, con defensas muy desarrolladas, de
la que proceden, entre otros, los ejemplares de Miura.
Casta vazqueña: Fundada hacia 1780 por don Gregorio Vázquez reuniendo los mejores
ejemplares de ganaderías castellanas y andaluzas. Adquirida por el rey Fernando VII y,
después, por el Duque de Veragua, en cuyas manos cobró fama imperecedera.
Casta vista-hermosa: Fundada por el conde de Vistahermosa en 1772, estirpe de la que
proceden la mayoría de las reses que se lidian en la actualidad.
Casta atanasio-fernandez: Toros de cabeza grande, ancha y con la cornamenta dirigida
hacia arriba, tienen el pecho ancho, la cola larga y gruesa. Actualmente hay muy pocos
ejemplares, se pude considerar que esta en peligro de desaparecer.

Comportamiento[editar]

El toro bravo en la arena de una Plaza de Toros (España).

El toro de lidia es un animal gregario, que halla seguridad y refugio en una manada. Después
del nacimiento, y antes del destete, el becerro vivirá ocho o nueve meses alimentado y
protegido por su madre. Dado que su madurez sexual se produce a los 16 meses
aproximadamente, poco después del año se separan machos y hembras, que, a partir de ese
momento, vivirán en cercados diferentes. Las diferentes edades se denominan con nombres
específicos: añojos (un año), erales (dos años), utreros (tres años), cuatreños (cuatro años) y
cinqueños (cinco años).
En las manadas de toros se establece una rigurosa jerarquía. Se denomina mandón al toro
dominante y que maltrata a los demás. Con cierta frecuencia, este jefe es desafiado por otro
miembro de la torada para arrebatarle el liderato, produciéndose violentas peleas. El toro
derrotado se denomina abochornado y es atacado y perseguido por el resto de la manada,
quedando apartado de la misma y volviéndose irascible y muy peligroso.
Dado que los toros no tienen acceso a las hembras, se montan unos a otros para mitigar su
apetito sexual. En cada torada acostumbra a haber un toro más débil o tímido que el resto, al
que montan los demás.2
Es una creencia extendida que a los toros supuestamente les altera de alguna manera el color
rojo. Esta creencia es falsa, como también lo es que estos animales vean en blanco y negro,
pues en realidad los toros cuentan con visión dicromática específicamente deuteranopía, es
decir, tienen capacidad de descomponer el espectro luminoso en dos componentes
esenciales, y según la cantidad de cada uno son capaces de diferenciar los diferentes colores
pero carecen de los fotorreceptores retinianos del verde. En realidad, a los toros no les altera
el rojo, lo ven, pero no les crea una conducta agresiva, cuando cargan contra el capote,
cargan contra el movimiento.3
Gregario
Para otros usos de este término, véase Gregario (ciclismo).

Un animal o persona gregaria es la que practica el gregarismo. El término viene


del latín gregarĭus.1 2 Esto significa que sigue una tendencia a agruparse en manadas o
colonias (insectos eusociales), en el caso de los animales, o en grupos sociales, en el caso de
las personas, o también que el se necesita de un grupo para poder sentirse bien.
Filosóficamente se dice que el ser humano no es ni completamente gregario, como
las hormigas o las abejas, ni totalmente solitario, como los tigres o los leopardos, sino que es
más complejo y tiende a ser semigregario, es decir, algunos de sus impulsos y necesidades
son sociales y otras son solitarias.
El gregarismo es una relación intraespecífica que se da cuando los individuos de una
población se asocian y trabajan juntos para conseguir un objetivo en común.
La ciencia que tiene por objeto el estudio de las sociedades animales es la etología y la que
analiza y caracteriza a las sociedades humanas es la sociología. Por otro lado
la sociobiología es la rama de la sociología que estudia los fundamentos biológicos de los
hechos sociales y establece un diálogo entre sociología y biología.

Toro de lidia
Toro bravo

Nomenclatura binominal Bos primigenius taurus (toro/vaca)

Región de origen España y Portugal

Características

Morfología dimorfismo sexual, elipométrica, mesomorfa y celoide, gran


desarrollo muscular y excepcional actitud dinamógena; variada en
aspectos accesorios

Tipo bovino

Dimensiones grande

Tamaño variable
Peso valor medio 300 kg ♀ - 500 kg ♂

Pelaje extremadamente variable

Cuernos gancho corto con muchas variantes, pigmentación variable, sección


circular

Cabeza perfil variable, entre media y pequeña, corta y ancha

Boca variable

Ojos ojos grandes, más o menos salientes

Cola variable

Patas cortas y bien dirigidas

Carácter bravo

Otros datos

Utilización espectáculos taurinos

[editar datos en Wikidata]

bovino de Heck
El bovino de Heck es una raza bovina lograda por selección artificial realizada
en Alemania en las décadas de 1920 y 1930 con el objetivo de recrear la forma salvaje de la
cual se originaron las actuales razas de ganado bovino doméstico de Europa, es decir, al
extinto uro europeo.1
Orígenes
ORIGEN DEL TORO DE LIDIA
El toro de lidia constituye la mayor aportación española a la genética mundial y a la cría animal. Antes que
innovadores ganaderos ingleses comenzaran a formar importantes razas vacunas y porcinas durante los siglos
XVII y XVIII, incluso antes de que en 1791 se creara el Libro Genealógico del caballo de pura sangre inglesa,
ya se seleccionaba en España el toro de lidia, pues los primeros ganaderos españoles ya controlaban y
anotaban su genealogía, comportamiento y características en primitivos libros de ganaderías.

El Uro, representado en un cuadro adquirido a un anticuario de Augsburgo. En una esquina del original puede
leerse la palabra “Thur”, nombre polaco del Uro.

Las civilizaciones del pasado nos han legado numerosos enigmas difíciles de descifrar. En torno al toro existen
numerosas pinturas rupestres en que abundan las representaciones de toros desde el V a III milenio antes de
Cristo. Según numerosos arqueólogos, estas figuras fueron realizadas con finalidades mágicas para propiciar
la existencia de una abundante caza.

La fauna predominante en la península Ibérica durante el Paleolítico estaba compuesta de caballos, toros,
ciervos, jabalíes y otras especies. El hombre europeo del paleolítico inferior, que era cazador de piezas
gigantescas y peligrosas, entre las que se encontraba el uro o toro salvaje, era nómada y vivía errante en
persecución de los animales que significaban su sustento. El toro salvaje de la prehistoria tenía como utilidad
servir al hombre de sustento; tenía que cazarlo para completar su dieta de carne, aprovecharse de la leche de
sus hembras, valerse de sus pieles y servirse de su fuerza como elemento de trabajo.

Después, en los milenios V y IV sobreviene un período en que el hombre alterna la caza con la ganadería y la
agricultura, hasta hacerse sedentario y depender únicamente de estas dos últimas actividades. Quizá en esta
etapa, ciertos bovinos aceptaron la domesticación y el consecuente pastoreo, mientras el hombre observaba
sus reacciones y descubrió y aprendió ciertos manejos, lo que en alguna medida constituiría un toreo
rudimentario, defensivo y sumamente provechoso. El hombre de la Prehistoria cazaba mediante el “acoso en
común”, en que un grupo de gente producía estampidas de manadas enteras en dirección de alguna trampa
natural (precipicios, gargantas estrechas, zonas pantanosas), donde les hacía frente y capturaba o sacrificaba.
En esta caza del toro salvaje debió estar el principio del arte de torear.

El uro o toro salvaje estaba domesticado en Oriente (al igual que el perro) desde épocas muy remotas. Así,
llegó a la Europa central y Nórdica en el Neolítico el “buey de turba”, del cual derivan muchas de nuestras razas
alpinas y centroeuropeas actuales. En Egipto y Asia Menor, desde 5.000 anos antes de Cristo, se domesticó el
buey y se le rindió culto.

En el Cuaternario, sucesivas variaciones del clima determinaron cambios en la flora y en la fauna,


extinguiéndose numerosas especies. En la Península Ibérica al parecer, el clima nunca fue demasiado riguroso,
pues la mayor parte de la flora y fauna sobrevivieron a estos cambios, siendo más que probable que la península
atrajera migraciones de ganado vacuno de Centroeuropa y del Norte de África, pues la península estaba todavía
unida al continente africano.

LA ERA DE TAURO
La era de tauro corresponde a los años 4513 a 2353 antes de Cristo, y se caracteriza en las diversas
civilizaciones históricas por el culto a divinidades tauricas. En todas las culturas mediterráneas y en el mundo
celta, la creencia mágica en las virtudes genéticas del toro y su transmisión al hombre, le hicieron figura sacra
y objeto de culto y de numerosos ritos religiosos y celebraciones festivas. Así, en la Mitología griega aparece
en forma de Minotauro o como disfraz de Zeus para raptar a Europa, en Egipto el buey Apis es el dios de la
fecundidad y de la abundancia, los hebreos adoran al becerro de oro, en Babilonia tenemos los toros alados,
por no hablar del toro Tarnos céltico o del toro irlandés de Cualungé. El mundo romano adoptó el culto de origen
persa a Mitra, el joven dios que sacrifica al toro primordial para hacer surgir al mundo: de su sangre brotaron
las vides, de la médula, el trigo y de su semen, los animales.

Julio Cesar hace 2.000 años, describía el uro que habitaba en la selva Hercinia, en Germania, a orillas del
Danubio, subrayando su carácter indómito, su bravura y ligereza, y el divertimento que constituía su caza para
los jóvenes. Era un animal enorme y peligrosísimo que poblaba los bosques de la Europa Central y Nórdica.
Los germanos le llamaban auerochs o toro salvaje, y fue Julio Cesar quien introdujo el vocablo urus en la lengua
latina.

El uro, que se extinguió en Europa en la Edad Media, es el antepasado salvaje de todas las razas bovinas
domésticas existentes hoy. El toro de lidia actual es, entre todos los descendientes directos del uro, el que mejor
conserva sus características.

UNOS CONCEPTOS BÁSICOS DE TAXONOMÍA


El "nombre y apellido" de cualquier animal viene definido en zoología por su
género y especie [1]. Todos los animales que pertenecen a un mismo género
tienen en común una serie de caracteres similares (caracteres genéricos). Así,
todos los animales pertenecientes al género Canis, como el perro y el lobo, tienen
caracteres comunes suficientemente obvios (es este caso) pero también
caracteres diferenciadores [2]. Por ello, el primero pertenece a la especie familiaris
(Canis familiaris) y el segundo a la especie lupus (Canis lupus) [3]. Con los
bóvidos sucede igual: la vaca y el cebú pertenecen al género Bos, pero la primera
es de la especie taurus (Bos taurus) y el segundo de la especie indicus (Bos
indicus). Podríamos por tanto decir, en términos generales, que los animales de
una misma especie, además de tener los caracteres genéricos propios, se
asemejan entre sí tanto como a sus padres, se distinguen de las demás especies
del mismo género, y se reproducen entre sí dando descendientes fecundos.

Pero ocurre con mucha frecuencia, que grupos de animales de una misma especie
presentan entre sí caracteres que permiten diferenciarlos claramente (por ejemplo,
todos los perros son de la misma especie, pero es posible diferenciar con claridad
a un caniche de un mastín). En este caso estamos ante un hecho que obliga a
categorías inferiores dentro de las especies: son las especies politípicas. Y es en
estas subdivisiones donde las normas taxonómicas se muestran más oscuras: las
especies se pueden dividir en subespecies y/o en variedades, y estas en
subvariedades o biotopos. El uso del sinónimo "raza" por "variedad" es frecuente y
correcto. Siguiendo con nuestro ejemplo canino, un galgo sería un Canis familiaris
de raza galgo.

Estas normas taxonómicas, un tanto simplificadas para facilitar su comprensión,


no tienen otro objeto para nuestros fines que dar una idea de conjunto. Pero es
importante señalar que los caracteres que permiten clasificar a un grupo de
animales dentro de una misma raza deben cumplir inexorablemente las siguientes
reglas:

1. Que sean diferenciadores con respecto a las demás razas de la especie (los caracteres que ya se dan en
una raza no sirven para describir a otra).
2. Que sean estables en el sentido de que se confirmen y perpetúen con la herencia (un carácter que pueda
no aparecer en los descendientes, no sirve para describir una raza).
3. Que sean susceptibles de descripción científica (un carácter como "proporcionado" no es válido para
marcar alguna característica propia de una raza, pues es una apreciación subjetiva).
Mientras que 3) es una regla de obviedad racional, 1) y 2) lo son no sólo por
concepto científico, sino también por definición semántica del vocablo "raza": Cada
uno de los grupos en que se divide una especie orgánica, formado por individuos
que tienen ciertos caracteres comunes que los distinguen de los de los otros
grupos de la misma categoría y que se transmiten por herencia (María Moliner).

No cabe duda de que dichas reglas son perfectamente aplicables a nuestro


ejemplo canino, pero ¿lo son también a los Bos taurus que se utilizan en la lidia?
Antes de dar respuesta, permítaseme esbozar el origen y evolución de dichos
animales.

EL ORIGEN DE LOS ACTUALES TOROS DE LIDIA


Su más antiguo predecesor conocido es el Bos planifrons, que vivió durante el
plioceno (final de terciario). De él descienden al menos dos especies: el Bos
primigenius (o uro europeo) y el Bos nomadicus (o uro afroasiático). Del Bos
primigenius, cruzado posiblemente con alguna especie braquícera (de cuernos
cortos) aparece sobre el 10000-8000 a.d.c. el Bos taurus actual, el cual empieza a
diversificarse de tal forma, que ya en el Neolítico (unos 4000 a.d.c.) se conocen no
menos de tres diferentes subespecies. A partir de entonces, y en razón de su
domesticidad, sufre constantes cruces, muchas ves con la intervención del
hombre, que busca variedades para carne, para trabajo y para leche. Y por no
remontarnos mucho más allá, ya nos encontramos en la España del siglo XIV, de
donde se tienen datos ciertos de que los toros para la lidia se compran a los
carniceros [4], los cuales, en razón de su oficio, conocen a los toros que se
muestran más bravos de entre las vacadas con las que comercian. Es decir, se
escogen ejemplares de razas criadas para carne, no para lidia. Entre estas razas
españolas eran frecuentes la Berrenda, la Cárdena, la Salmantina, la Retinta, etc.
Son todas razas pertenecientes a la especie Bos taurus, con caracteres fijados a
lo largo de siglos e incluso milenios.

Pero algunos ganaderos se dan cuenta de que el criar reses especialmente para
la lidia puede ser tan rentable o más que para carne, y a mediados del siglo XVIII
comienzan a aparecer las primeras ganaderías de toros para lidia. Estos vaqueros
seleccionan, cruzan y mestizan de entre las razas a su alcance, y comienzan a
producir toros condenados de nacimiento a la lidia. ¿Han creado por tanto una
nueva raza del Bos taurus? Ahora estamos de nuevo al principio.

¿EXISTE LA RAZA DE LIDIA?


La respuesta es sencillamente NO, y podemos dar argumentos al respecto.
Recordemos que para poder definir una raza se han de cumplir tres reglas, y que
si no se cumple aunque sólo sea una de ellas, no puede hablarse de raza. Pues
bien, el denominado ganado de lidia no cumple ninguna de las tres:
1. No existen caracteres morfológicos propios de los toros de la hipotética raza de lidia, ya que estos (los
caracteres morfológicos de los toros de lidia) son indefinibles por dispares. Descríbase cualquier ejemplar
de cualquier ganadería de las que crían toros para lidia, y se podrá comprobar que tal descripción no es
aplicable a otros ejemplares de otras ganaderías que crían ejemplares con el mismo fin [5]. Tampoco
existen caracteres diferenciadores definibles entre los toros de la hipotética raza de lidia con respecto a
otras razas de la misma especie.
2. Los caracteres diferenciadores psicológicos que se le suponen a la hipotética raza de lidia (principalmente
la difícilmente definible "bravura") no parecen perpetuarse de forma regular con la herencia, hasta tal
punto que la inmensa mayoría carece ellos, según denuncian los propios taurómacos. De lo contrario, las
tientas serían innecesarias, y todos los toros nacidos de padres "bravos" serían igualmente bravos.
Tampoco parecen perpetuarse los caracteres morfológicos: observando fotografías de ejemplares de toros
bravos de distintas épocas, incluso de las mismas ganaderías, puede observarse que presentan caracterí-
sticas morfológicas muy diferentes.
3. No conocemos ni una sola descripción científica de los caracteres diferenciadores de la hipotética raza de
lidia. Y ello a pesar de haber consultado una muy amplia bibliografía. La razón es sencilla: no puede ser
descrito lo que es inexistente. Tan es así, que ni en el propio Reglamento de Espectáculos taurinos se
describen, limitándose a prohibir que se lidien reses que no estén inscritas en el Registro de Empresas
Ganaderas de Reses de Lidia, y que las mismas tengan las características zootécnicas de la ganadería a
la que pertenezcan [6].

Por todo ello, habría que decir que la raza de lidia sólo existe como idea u objetivo
a alcanzar por los ganaderos interesados, y ello aceptando que exista un
fenotipo [7] ideal, lo cual no es cierto en tanto que el concepto de "toro de lidia",
tanto en el aspecto morfológico como en el psicológico, viene cambiando a lo largo
de los tiempos de acuerdo con las modas taurómacas de cada momento.

La afirmación de que no existe la raza de lidia, no es evidentemente sólo nuestra.


Por ejemplo, el que es posiblemente el más completo y documentado trabajo
publicado sobre las razas autóctonas españolas [8], dice al efecto: "El ganado de
lidia constituye en España una heterogénea población bovina a la que es bastante
dudoso integrar dentro de raza, ya que la única característica que se les puede
asignar en común es su capacidad para mostrar un temperamento agresivo, que
los aficionados a la fiesta de los toros llaman bravura... Por ello, es dudoso
integrar esta diversa población bovina dentro del concepto de raza."

¿QUÉ SON ENTONCES LOS TOROS DE LIDIA?


Es indudable, y ya lo hemos señalado anteriormente, que las actuales razas
bovinas españolas son el resultado de cruces de otras razas más antiguas, y éstas
el resultado de cruces y/o diversificación de especies aún anteriores. Es decir, que
en un momento dado se partió de animales mestizos hasta que sus caracteres
(aquellos que sus "creadores" consideraron idóneos para sus fines) se fijaron por
selección artificial para dar lugar a una raza propiamente dicha. La razón por la
que los caracteres de las razas autóctonas se fijaron en su día y los de los toros
de lidia no, hay que buscarla no ya en el tiempo que necesariamente tiene que
transcurrir para que ello ocurra (con más de dos siglos ha habido tiempo suficiente
para ello) sino en los propios intereses del negocio taurino.

Si desde un primer momento (o incluso en tiempos posteriores) se hubiera


decidido el prototipo de toro que se quería alcanzar, a buen seguro que hoy
existiría una raza de toro de lidia. Pero las modas y los intereses han conducido a
los ganaderos a continuar mestizando continuamente [9], de forma que los toros
de lidia de hoy no se parecen a los de ayer, estos a los de anteayer, y tampoco se
parecerán a los de mañana de continuar en el mismo camino.

En definitiva: los toros de lidia actuales no son sino animales mestizos que no
pertenecen a ninguna raza determinada, y sólo para fijar un concepto que sirva de
referencia, me permito definirlos como "animales pertenecientes a diversas
pseudorrazas de Bos taurus, con la característica frecuente, indefinible cientí-
ficamente, de manifestar una agresividad instintiva cuando son provocados o
acosados", característica que comparten con otros muchas especies e incluso con
ejemplares de otras razas bovinas.

¿SON LOS TAURINOS SINCEROS CUANDO SE


PREOCUPAN DE SU POSIBLE DESAPARICIÓN?
Es evidente que a los taurinos lo que les preocupa es la desaparición de las
corridas, no de los toros: a unos, los simples aficionados, porque perderán su
divertimento; a otros -ganaderos, críticos, matadores, etc.- porque perderán su
negocio. Pero ni a unos ni a otros les interesa la suerte de las pseudorrazas de
lidia. Y para hacer esta afirmación me baso en las siguientes evidencias:

1. Muchas pseudorrazas se han perdido ya y otras se seguirán perdiendo, de forma provocada, y no por ello
ponen el grito en el cielo [10].
2. Varias razas bovinas autóctonas (verdaderas razas) han desaparecido en estos últimos años
(campurriana, pasiega, lebaniega, etc.) y otras muchas se encuentran en peligro eminente de desaparición
(albera, blanca cacereña, cachena, murciana, etc.) y no son precisamente los taurinos los que destacan
pidiendo su protección.

¿DESAPARECERÁN LAS PSEUDORAZAS DE LIDIA


CUANDO DESAPAREZCAN LAS CORRIDAS?
Los toros bravos no existen porque existan las corridas, sino al revés: las corridas
existen porque existían toros bravos. Recordemos que los primitivos ganaderos de
bovino intentaron durante siglos erradicar ese carácter de bravo de entre su
ganado, seleccionando a los animales más mansos y, por tanto, más manejables.
Y aun así, en el siglo XVIII los primeros ganaderos de reses para lidia se
encontraron con ejemplares cuyo gen de bravura no había desaparecido. Todavía
hoy existen ejemplares entre las ganaderías de toros de carne, que manifiestan
una instintiva agresividad cuando son acosados o provocados [11]. No hay, por
tanto, motivos para dudar de que dicho carácter se perpetuará aún durante mucho
tiempo, de forma natural, sobre todo si no se selecciona en sentido contrario.

Por tanto es primordial velar por la conservación de las razas bovinas autóctonas
españolas, verdadera riqueza zoológica y zootécnica de nuestro país, antes que
por las pseudorrazas de lidia. Se calcula que el 32% de las primeras se
encuentran en inminente peligro de desaparición, y el 38% en peligro moderado
de desaparición [12].

En cuanto a las pseudorrazas de lidia, con un valor ecológico mucho menor que
las anteriores, su supervivencia a las corridas es un simple problema de voluntad.
De momento habría que decidir qué fenotipos se desean perpetuar para impedir a
los ganaderos que continúen haciéndolos desaparecer. No olvidemos que el
propio negocio taurino es en estos momentos su peor enemigo. Una vez
establecidos los caracteres diferenciadores de la raza de lidia, sólo deberían ser
inscritos en el Libro Genealógico de la Raza Bovina de Lidia los ejemplares que
lostuvieran, y en pocos años ya sí podría hablarse de la raza de lidia.

Y existiendo una raza de lidia, su protección en dehesas al efecto sería económico


y sencillo. Mucho más que la protección de otros animales en peligro de extinción
(como linces, lobos u osos [13]) que se ha mostrado posible.

Y tampoco hay que olvidar que, incluso sin ser utilizados para la lidia, las actuales
pseudorrazas de lidia son económicamente rentables como productoras de carne,
o al menos tan rentables como muchas razas españolas de cría extensiva [14]. Es
decir, son una verdadera alternativa de producción para terrenos que no permiten
mantener otras razas más delicadas, aunque su manejo resulte mucho más
complicado.

En resumen: las pseudorrazas de lidia no tiene porqué desaparecer si las corridas


fueran abolidas, y no hay duda de que quienes ahora abogamos por su abolición
seríamos los que a partir de entonces lucharíamos por la protección de tan bellos
y magníficos animales.