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“INTERPRETACION JURIDICA”

FILOSOFIA DEL DERECHO


DOCENTE : YAMILE BERRIOS MANZUR
ESTUDIANTES:
- LIZ AZUCENA VARGAS ORTIGOZO
- GABRIELA ILLACHURA ADUVIRI
- DAISY CONDORI MAMANI
- NELIDA CATUNTA ZAMALLOA
- NELLY HERRERA RIVERA
CICLO : IX
TURNO : Noche

TACNA-PERÚ
2017
“INTERPRETACION JURIDICA”

EL PRESENTE TRABAJO VA DEDICADO A MIS


PROFESORES, A MI FAMILIA Y AMIGOS,
QUIENES ME APOYAN CONSTANTEMENTE PARA
LA CONSECUENCIA DE MIS OBJETIVOS.

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“INTERPRETACION JURIDICA”

INDICE

INTRODUCCIÓN ............................................................................................... 3

CAPITULO I

1. CONCEPTO DE INTERPRETACION JURIDICA ……………….………………………………………………..…4

2. METODOS DE INTERPRETACION……………………………………………….……………………………………5

2.1. El método literal………………………………………………………………………………………………………..

2.2. El método de ratio legis…………………………………………………………………………………………….

2.3. El método sistemático por comparación con otras normas………………………………….

2.4. El método sistemático por ubicación de la norma………………………………………………….

2.5. El método histórico………………………………………………………………………………………………..

2.6. El método sociológico………………………………………………………………………………………………..

3. LAMUERTE DEL LEGISLADOR……………………………………………………………………………………….5

4. RICCARDO GUASTINI Y LA INTERPRETACIÓN JURÍDICA …………………..…………..…..6

5. CLASIFICACION DE LA INTERPRETACION ……………………………………………………………..7

5.1. La interpretación declarativa………………………………………………………………………….

5.2. La interpretación correctora………………………………………………………………………..

5.2.1. La interpretación extensiva……………………………………………………………..

5.2.2. La interpretación restrictiva………………………………………………………..

CONCLUSIONES ............................................................................................ 25

BIBLIOGRAFÌA ............................................................................................... 26

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“INTERPRETACION JURIDICA”

INTRODUCCIÓN

El presente trabajo sobre la ética y moral en el sistema Jurídico Peruano en la medida


que no constituye un auténtico estado de hecho, lo moral tradicionalmente pretende
situarse por encima del derecho. A través de la iglesia y sus mayoritarios seguidores
influye sobre el sistema jurídico que no llega a ser un sistema autónomo, es decir,
moderno. Aquí no se da la separación del estado y la iglesia, propio del sistema que se
supone que hemos adoptado hace casi dos siglos, sino una intromisión de esta última
en la actividad estatal y en asuntos jurídicos políticos. Por ejemplo si existiera en caso
del “aborto terapéutico” que aunque este permitido jurídica y legalmente, no se aplica
en los centros de salud porque se impone directa o indirectamente la voluntad de la
iglesia católica directamente y a través de sus seguidores, con el pretexto que no hay
protocolo. Estos pueden ser, por ejemplo: los ministros de salud, médicos o autoridades
médicas, etc., enemigos de los derechos y humanos, en la medida que al actuar como
opositores tenaces de la aplicación de protocolos que garantizar medicamente la
interrupción del embarazo por razones terapéuticas, colisionan con el derecho a la vida
y a la salud del gestante. La falta de discusión e investigación de organización de
eventos regionales sobre temas como “moral” y “ética”, en relación o no al derecho,
reproduce y mantiene la ignorancia y la confusión respecto a ellos. Estas son bien
aprovechadas por todos los defensores del statu peruano que en este aspecto no ha
cambiado sustancialmente desde la colonia. En este trabajo presentaremos una
aproximación a este esclarecimiento a partir de una perspectiva que no niega su
carácter subjetivo.

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“INTERPRETACION JURIDICA”

LA INTERPRETACIÓN JURÍDICA

1. CONCEPTO DE INTERPRETACIÓN

La interpretación jurídica es una sub clase de la interpretación de textos en


general.

La interpretación jurídica consiste en determinar el significado de los textos


jurídicos (o textos normativos), tales como la Constitución, las leyes, los
reglamentos, los contratos, los testamentos, las sentencias, los actos
administrativos, entre otros.

Dicha actividad puede consistir en descubrir el significado de los textos


normativos (si consideramos que el significado existe previamente a la labor
interpretativa), o decidir cuál es ese significado (si entendemos que los textos
jurídicos no tienen un significado previo a la interpretación). Esto es materia de
discusión en la Doctrina, como veremos a continuación.

2. LOS MÉTODOS DE INTERPRETACIÓN


Los métodos de interpretación son procedimientos metodológicos en base a los
cuales, podemos obtener conclusiones positivas frente al qué quiere decir la
norma jurídica desentrañando, al aplicarlos, diversos contenidos provenientes
de los criterios antes mencionados. Es decir, los métodos de interpretación
esclarecen el significado de las normas utilizando, cada uno, variable de
interpretación distinta a la de los demás. Criterios y métodos de interpretación
están estrechamente vinculados. Los criterios determinan el uso y las diversas
combinaciones posibles de los métodos. A ellos nos referimos cuando decimos
que la posición axiomática de interpretación determina también la metodología
con la cual trabajar.
En materia de métodos de interpretación ha habido aportes superpuestos en
distintos momentos de la historia del Derecho. Las traducciones y la manera de
pensar de diversas épocas, han generado una gran confusión conceptual y
terminológica. Para una visión global de los aportes de las diversas escuelas
puede consultarse cualquier manual de introducción o historia del Derecho.
Especialmente accesible en nuestro medio es el de Claude Du Pasquier.
Pretendemos aligerar este trabajo con la referencia e ingresar directamente a
la exposición de los métodos acumulados a través del tiempo para, luego, hacer
las necesarias referencias y explicaciones históricas en el tratamiento de cada
uno de ellos.

Atendiendo a esta diversidad terminológica y conceptual, vamos a tomar una


nomenclatura que consideramos válida, sobre todo, porque tiene la virtud de

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“INTERPRETACION JURIDICA”

describir lo esencial de cada método. Según ello, los métodos que trabajamos
son los siguientes: literal; ratío legis; sistemático por comparación con otra
norma; sistemático por ubicación de la norma en el sistema; histórico y
sociológico.

2.1. El método literal


Para el método literal, el procedimiento de interpretación consiste en
averiguar lo que la norma denota mediante el uso de las reglas
lingüísticas propias al entendimiento común del lenguaje escrito en el
que se halla producida la norma, salvo que los términos utilizados
tengan algún significado jurídico específico y distinto del común, en
cuyo caso habrá que averiguar cuál de los dos significados está
utilizando la norma. Es decir, el método literal trabaja con la gramática
y el diccionario.
El método literal es la puerta de entrada a la interpretación dentro de
cualquier sistema jurídico basado en la escritura. Esto es evidente
desde que el método literal no es sino el decodificador elemental y
necesario para los distintos sujetos de la sociedad, sobre lo que
escribió en la norma jurídica quien tenía la potestad de producirla.

El método literal, por tanto, se utiliza siempre. Sin embargo, podemos


hacemos dos preguntas teóricas de importancia:
¿El método literal debe ser utilizado sólo o, en todo caso,
preferentemente a los otros métodos?
¿Es el método de interpretación literal autosuficiente o, más bien,
necesita siempre de la complementariedad de otros?

Sobre la primera pregunta, los tratadistas de las ramas más asentadas


y tradicionales del Derecho como la Civil, la Penal o las procesales,
sostienen a menudo que cuando el método literal produce un resultado
interpretativo suficiente, debe excluir la aplicación de los demás
métodos de interpretación. Naturalmente, esta posición se sustenta en
un punto de partida tecnicista que busca ante todo la vigencia de la
ley, con exclusión de toda otra consideración. Históricamente, tuvo su
momento más importante en la etapa de la exégesis francesa, en los
años inmediatamente siguientes al Código de Napoleón (vigente en
1804).
La exégesis francesa, sin embargo, nunca planteó la exclusividad del
método literal aunque sí su preponderancia y, muy pronto, aparecieron
otras escuelas con distinto pensamiento. Por ello consideramos
importante ubicar históricamente los criterios interpretativos
predominantes, para no extrapolar sus conclusiones en el tiempo y
aplicarlas en contextos en los que no resultan útiles ni convenientes.

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“INTERPRETACION JURIDICA”

Pero, más allá aún, vale la pena preguntarse (con nuestra segunda
interrogante) si el método de interpretación literal es autosuficiente o
si, más bien, necesita de la complementación de los otros métodos.
De hecho, el método literal deja sin solución multitud de problemas
interpretativos. Pensemos por ejemplo en aquella norma ya
mencionada antes que establece "La Constitución no ampara el abuso
del Derecho" (13) Dos problemas aparecen inmediatamente con el
método literal. El primero consiste en que si interpretamos ley en su
sentido estricto (norma aprobada por el Congreso de acuerdo al
trámite constitucional preestablecido), llegaremos al absurdo de decir
que la ley no ampara el abuso pero que sí podrán ampararlo normas
legislativas distintas. El método literal aquí es pues insuficiente.

Sin embargo, el concepto de abuso también es difícil de definir


literalmente porque decir que abuso es el uso excesivo y arbitrario de
un derecho, tampoco explica mucho los casos concretos. El método
literal no aportará mucho a la definición del abuso. Podríamos
multiplicar los ejemplos pero lo esencial está dicho: el método literal es
el primero a considerar necesariamente en el proceso de
interpretación porque decodifica el contenido normativo que quiso
comunicar quien dictó la norma. Sin embargo, el método literal suele
actuar, implícita o explícitamente, ligado a otros métodos para dar
verdadero sentido a las interpretaciones y, en muchos casos, es
incapaz de dar una respuesta interpretativa adecuada. Por tanto, su
utilización preponderante es discutible y no parece provenir de ningún
axioma válido por sí mismo, sino del hecho que el intérprete ha
decidido dar prioridad a un criterio tecnicista con clara preponderancia
de la importancia del texto de la ley sobre lo demás. Históricamente,
ello tuvo una explicación razonable en la época de la escuela francesa
de la Exégesis, pero aplicar dichos criterios en la actualidad, nos
parece obsoleto por haber cambiado las condiciones del Derecho y de
su entorno social, político e histórico.

2.2. El método de la ratio legis


Según el método de la ratio /egis el qué quiere decir de la norma se
obtiene desentrañando su razón de ser intrínseca, la que puede
extraerse de su propio texto. En efecto, el lenguaje suele denotar y
connotar a la vez. El método de la ratio legis busca esclarecer la norma
en base a lo connotado. El ejemplo ya lo dimos en parte anterior; si
digo "el Presidente de la República será elegido por un período de
cinco años y deberá transcurrir un período de gobierno para que quien
ha ejercido el cargo pueda ser reelegido", la razón de ser de la norma
está orientada a evitar que una persona ocupe la Presidencia por largo
tiempo o de manera indefinida. La razón de ser de la norma es llamada

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“INTERPRETACION JURIDICA”

ratio /egis en la teoría y se la debe distinguir de algunas otras figuras


aparentemente similares. La ratio leqis no es la intención que el
legislador al dar la norma. Esta debe buscarse en los documentos que
van conformando la norma jurídica (fundamentaciones, antecedentes,
etc.) mediante al uso del método histórico (lo desarrollamos luego).
La ratio legis debe fluir del texto mismo de la norma o grupo normativo
que le es correspondiente. No supone investigación que vaya a
documentos y fuentes distintas del propio texto de la norma sometida
a interpretación. En segundo lugar, la ratio legis se entiende como la
razón de ser de la norma jurídica propiamente dicha, en tanto que la
ratio iuris más bien es entendida como la razón de ser del Derecho en
general. Sobre esto volveremos a propósito de la integración del
Derecho. Hacemos la distinción, sin embargo, porque la ratio /egis
emana directamente de la norma jurídica bajo interpretación y no es
un contenido abstraído de todo el Derecho. La ratio legis no puede ser
percibida siempre.
Si digo: "cualquiera que por sus hechos causa un daño a otro está
obligado a indemnizarlo", la ratio legis podrá ser que todo aquel que
sufra un daño debe ser indemnizado, o que todo aquel que cause un
daño debe indemnizar. Estas dos conclusiones no son siempre
equivalentes en consecuencias. En este caso, la ratio legis no es
ubicable con precisión y el método de la ratio legis no puede brindamos
gran ayuda para interpretar la norma. Muchas veces, el método de la
ratio legis ha sido considerado como subjetivista porque, se dice, la
ratio legis de una norma no existe: se la da el que interpreta. El
subjetivismo de la ratio legis es cierto. Sin embargo, con ello no se
invalida su uso. Lo recomendable es utilizar la ratio legis haciendo una
cuidadosa distinción entre las ideas personales y la ratio legis de la
norma.
Por lo demás, éste es un ejercicio siempre necesario. En síntesis,
entonces, el método de interpretación de la ratio legis otorga
significados a partir de la precisión de la razón de ser de la norma.
Esta razón de ser es distinta de la intención del legislador y de la ratio
iuris, concepto éste de mayor abstracción. Es un método importante,
reconocido y en verdadero ejercicio en nuestro medio jurídico. Sus
límites son, de un lado, que la ratio legis no siempre es claramente
discernible en las normas jurídicas y, de otro, que se puede prestar a
una utilización subjetiva que desamerite su aporte como método de
interpretación. El método de la ratio legis es correspondiente a un
criterio tecnicista que resalta la importancia de la razón de la norma
frente a otros criterios y contenidos posibles.

2.3. El método sistemático por comparación con otras normas

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“INTERPRETACION JURIDICA”

Para el método sistemático por comparación con otras normas, el


procedimiento de interpretación consiste en esclarecer el qué quiere
decir la norma atribuyéndole los principios o conceptos que quedan
claros en otras normas y que no están claramente expresados en ella.
Por ejemplo, el artículo 665 del Código Civil dice: "La acción
reivindicatoria (de herencia) procede contra el tercero que, sin buena
fe, adquiere los bienes hereditarios por efecto de contratos a título
oneroso celebrados por el heredero aparente que entró en posesión
de ellos (oo.)" El caso consiste en un heredero que no ha recibido la
herencia que le corresponde. Por el contrario, esta herencia la recibió
otro que no era el heredero verdadero sino un "heredero aparente".
Este heredero aparente vendió los bienes de la herencia a una tercera
persona por título oneroso (es decir, contra un pago o contraprestación
diversa). Lo que el artículo 665 dice es que el heredero real puede
reivindicar (es decir, reclamar los bienes de su herencia) al tercero que
los adquirió de dicha manera. Por su naturaleza, la acción
reivindicatoria de herencia es una acción real y, en tanto tal, está en
principio sometida a un plazo de prescripción extintiva de diez años
de acuerdo al inciso 1 del artículo 2001 del Código Civil.

Sin embargo, el artículo 927 del Código Civil establece que la acción
reivindicatoria de la propiedad es imprescriptible, es decir, que no se
extingue. En la medida que en el artículo 665 no se dice nada sobre la
prescripción de la acción reivindicatoria de herencia y que en cierto
sentido ella es una especie de la acción reivindicatoria, entonces se
asume que la reivindicatoria de herencia es también imprescriptible
aunque el texto del artículo 665 no lo diga expresamente. Así, en
efecto, lo sostienen las obras especializadas en la materia. Poco
importa a estos efectos que el Código Civil haya dicho expresamente
cuales son las acciones imprescriptibles en los otros casos (artículos
276, 373, 410, 664, 927 Y 985, entendiendo como es correcto, que no
caducidad e imprescriptibilidad son conceptos equivalentes). Nótese
inclusive que en el artículo 664, inmediatamente anterior al 665 que
comentamos, se ha considerado expresamente también la
imprescriptibilidad. Hay que notar también que no estamos ante un
caso de analogía como los que desarrollamos en el capítulo siguiente
sino de interpretación porque, en sentido estricto, aquí el artículo 2001
inciso 1 trae una norma expresa: las acciones reales prescriben a los
diez años y la reivindicatoria de herencia es acción real. Lo que en
verdad está ocurriendo es que interpretamos el artículo 665, por
comparación con el 927 dando a la acción reivindicatoria de herencia
la misma naturaleza esencial de la acción reivindicatoria de propiedad
y, por consiguiente haciéndola imprescriptible aunque el texto no lo
mencione expresamente. En otras palabras, estamos interpretando

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“INTERPRETACION JURIDICA”

que la norma sobre prescripción aplicable al artículo 665 es el 927 y


no el 2001 inciso 1. Esta es la manera como opera el método
sistemático por comparación de normas; se toma un artículo bajo
interpretación y se lo compara con otro que aclara su significado (en
este caso, el artículo bajo interpretación es el 665 y el que sirve para
aclararlo es el 927). No obstante, el método sistemático de
comparación de normas tiene que ser utilizado con ciertas
restricciones. Las fundamentales son:
- El método sistemático por comparación tiene que encontrar una ratío
legís equivalente en las dos normas que se compara. Cuando la ratío
legís de ambas normas no es clara, el método de comparación no
puede ser aplicado.
- Como regla general, el método sistemático por comparación de
normas debe ser aplicado entre dos normas de carácter general.
Usualmente no puede compararse una norma general con una
especial. La única posibilidad de hacer esto ocurre cuando la norma
especial no hace excepción a los principios que subyacen a la norma
general. Este aspecto podrá ser mejor comprendido cuando
analicemos la integración jurídica y trabajemos los principios
generales del Derecho en el capítulo siguiente. El método sistemático
por comparación de normas está emparentado con la integración
jurídica, aún cuando estrictamente hablando pertenece a la
interpretación. Por consiguiente, lo que aquí cabe decir es que, cuando
comparemos una norma general con una especial, tenemos que tener
gran cuidado en determinar si los principios subyacentes a ambas son
los mismos. Si esto ocurre, entonces la comparación puede ser
posible. En caso contrario (que será lo usual), entonces el sistemático
por comparación no puede operar.
- Tampoco se aplica el método a las normas prohibitivas y a las que
establecen sanciones que, por definición, son excepciones que
contienen principio distinto al de la norma general permisiva o
autoritativa que les es correspondiente.
- La tercera observación que debe hacerse al método sistemático por
comparación con otras normas es que no se debe olvidar que el
Derecho es un gran sistema estructural conformado por conjuntos y
subconjuntos, cada uno de los cuales tiene a su vez principios y
conceptos particulares, distintos de los de los otros. Por lo tanto, el
método de que hablamos sólo puede ser aplicado cuando los
principios y conceptos son los mismos, nunca cuando son diversos.
Dada la estructura de sucesivos agregados que tiene el sistema
jurídico, puede perfectamente ocurrir que tal principio sólo se aplique
dentro de un sub-conjunto, o que se aplique dentro de todo un
conjunto, o que se aplique de la misma manera en todo el Derecho.
Correspondientemente deberá ser utilizado este método. Finalmente,

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este método contribuye a la aplicación del criterio tecnicista con


contenido dogmático y, también en menor-medida, con contenido
sistemático. En síntesis, entonces, podemos decir que el método
sistemático por comparación con otras normas consiste en extender a
la norma bajo interpretación los principios o conceptos que fluyen
claramente del contenido de otras normas y que, en la interpretada, no
son ostensibles. Para que el método pueda ser válidamente aplicado
es necesario, primero, que tales principios y conceptos sean claros, y
que sean los mismos en las normas a comparar, lo que no ocurre en
todos los casos; y, que el método se aplique tomando en cuenta las
eventuales diferencias que existan entre los conjuntos y sub-conjuntos
a los que pertenecen las normas utilizadas.

2.4. El método sistemático por ubicación de la norma


Según el método sistemático por ubicación de la norma, su
interpretación debe hacerse teniendo en cuenta el conjunto, sub-
conjunto, grupo normativo, etc., en el cual se halla incorporada, a fin
de que su qué quiere decir sea esclarecido por los elementos
conceptuales propios de tal estructura normativa. Si tomo, por
ejemplo, el literal a) del inciso 24 del artículo 2 de la Constitución del
Estado, su texto dice: "Artículo 2.- Toda persona tiene derecho: ( ... )
20. A la libertad y seguridad personales.
En consecuencia a) Nadie está obligado a hacer lo que la ley no
manda, ni impedido de hacer lo que ella no prohibe." Dentro del
sistema jurídico, esta norma se refiere a la persona natural en el
ejercicio de sus derechos personales dentro del ámbito de su vida
privada. Es allí donde sólo obliga lo que la ley manda e impide lo que
ella prohibe. Sin embargo, en otros ámbitos del sistema jurídico, la
norma no es aplicable. Por ejemplo, el Presidente de la República no
puede convocar a un referéndum nacional para que el pueblo vote a
favor o en contra de una decisión tomada, porque no existe norma
jurídica que se lo impida . En el conjunto en el que se ubican las
normas jurídicas referentes a qué puede hacer y qué no puede hacer
el Presidente de la República, el literal a) del inciso 24 del artículo 2 de
la Constitución no tiene nada que normar, porque dicho conjunto se
rige por otros principios que incluyen el de atribución de competencia.
En ese caso (como en el de cualquier otro funcionario), sólo le está
permitido hacer lo que le ha sido atribuido expresamente como materia
de su competencia. Nótese que la ubicación de la norma en el sistema
no es equivalente a decir "el cuerpo legislativo donde se halla
ubicada". En el caso que hemos puesto, las normas sobre libertad y
seguridad personal y las normas referentes a las atribuciones
presidenciales, están todas en la Constitución del Estado, pero a pesar
de ello pertenecen a conjuntos normativos distintos: una a la manera

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como la persona ejerce sus derechos privadamente y, otra, a cómo el


Presidente de la República conduce su actividad como gobernante,
materia cualitativamente distinta. También se da el caso inverso, por
ejemplo, en el artículo 26 del Código Civil: 'Toda persona tiene derecho
a exigir que se le designe por su nombre" . Es una norma que no
solamente se aplica en el ámbito de los derechos privados, como
podría pensarse a partir del hecho que está localizada en el Código
Civil, sino que debe entenderse que está vigente en cualquier conjunto
del sistema jurídico en el que existan derechos, sea privado o público.
En otras palabras, que la norma esté en un cuerpo legislativo
tradicionalmente perteneciente al derecho privado como es el Código
Civil, no quiere decir que debe reducirse solamente a regir en dicho
conjunto normativo. Por ello, cuando este artículo se refiere al derecho
a que se nos designe por nuestro nombre, no debemos entender que
sólo se aplica a sus relaciones de Derecho privado. También se
aplicará a las de Derecho público. De los ejemplos desarrollados, fluye
que la razón de ser del método sistemático por ubicación de la norma
está en darle significado a la norma a partir del "medio ambiente" de
su conjunto, sub-conjunto o grupo normativo. En otras palabras, del
total de principios, elementos, conceptos y contenidos que forman y
explican la estructura normativa en la que está situada la norma a
interpretar. Como contrapartida a los beneficios que ofrece este
método tenemos la limitación de que existen zonas grises en los
linderos entre los diferentes grupos y conjuntos normativos por lo que,
muchas veces, no se sabe a cuál de ellos pertenece exactamente la
norma bajo interpretación. Esta es una limitación que hay que tener en
cuenta al utilizar el método. Como el método anterior, también éste
corresponde al criterio tecnicista con contenido sistemático. En
resumen, el método sistemático por ubicación de la norma interpreta
aplicando el conjunto de principios, conceptos, elementos y contenidos
que sirve den "medio ambiente" a la norma dentro de su grupo o
conjunto normativo. El método reposa en la concepción del Derecho
como un sistema estructural y discrimina la interpretación en función
de ello y no del "cuerpo legislativo" en el que se halla la norma jurídica.
Tiene el inconveniente de que, muchas veces, existe discusión sobre
el conjunto o grupo al que pertenece la norma o, inclusive, puede
concebirse que pertenezca a dos o más de ellos. En estos casos, la
eficacia del método se resiente.

2.5. El método histórico


Para el método histórico la interpretación se hace recurriendo a los
contenidos que brindan los antecedentes jurídicos directamente
vinculados a la norma de que se trate, y se fundamenta en que el
legislador siempre tiene una intención determinada al dar la norma

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“INTERPRETACION JURIDICA”

jurídica, llamada intención del legislador, que debe contribuir


decisivamente a explicamos su sentido. Esta intención del legislador
puede manifestarse a través de varias fuentes directas e indirectas.
Las principales son:
- Las fundamentaciones expresas de los proyectos legislativos,
dejadas por escrito por los mismos autores. Aquí podemos encontrar
una subclasificación. De un lado, las llamadas "exposiciones de
motivos que generalmente acompañan a los proyectos de leyes
elaborados por especialistas del Derecho que, así, dejan constancia
de las razones por las que proponen la norma y sus contenidos
específicos. Mientras menos modificaciones sufra el proyecto al
convertirse en ley, mayor será la utilidad de esta exposición de
motivos.
- Otro tipo de documentos son las fundamentaciones que hacen los
ponentes de las normas ante el órgano legislativo. Estas
fundamentaciones, sin embargo, tienen un valor histórico restringido
porque en los órganos colegiados, la verdadera intención del
legislador generalmente no puede ser identificada, ya que votan
muchas personas en distintos sentidos. Estas fundamentaciones
tienen mayor sentido cuanta mayor unanimidad haya habido en una
votación legislativa. A veces, los fundamentos de la norma son
puestos en una parte considerativa que precede a las normas
estrictamente dichas. Esta parte considerativa es efectivamente una
fuente histórica de los fundamentos de dicha normatividad.
- También son importantes para el método histórico las normas en las
que el legislador declara haberse inspirado y las normas derogadas
por la que ahora interpretamos, pues el cotejo en re ambas pueden
decir mucho del contenido de la actual por lo que se le puso o quitó en
relación a aquella.
- Entre los contenidos importantes del método histórico está la llamada
ocassio legis que podemos definir como aquella situación concreta
que fue la causa eficiente de la aprobación de una norma jurídica.
Así por ejemplo, si a raíz de una ola delictiva determinada, cierto tipo
delictivo se le agrava la pena, la ocassio legis de dicho agravamiento
es la ola delictiva. Esto permite dar interpretaciones diversas a la ley
penal cuando hay ola delictiva y cuando no la hay (dentro de los
márgenes de flexibilidad permitidos, desde luego).

El método histórico, con todas estas variantes, se utiliza como hemos


visto para llegar a conocer la intención del leqislador y así entender
porqué o para qué dio la norma a fin de interpretar sus alcances en
consonancia. Está fundado, pues, en el criterio tecnicista que toma en
cuenta, sobre todo, los antecedentes jurídicos de la norma bajo
interpretación. La validez de este método es discutida por varias

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“INTERPRETACION JURIDICA”

razones. La primera que, muchas veces, la intención del legislador no


puede averiguarse lo que hace que el método sea poco aplicable
desde el punto de vista de la cantidad de normas existentes. De otro
lado, se argumenta que aún cuando exista material suficiente para
poder reconstruir la intención del legislador, tal reconstrucción siempre
es subjetiva del intérprete, es decir, una proyección suya. Finalmente,
y tal vez lo más importante, el método histórico fija las concepciones
jurídicas sobre el tema legislado en el momento que el legislador
produjo la norma lo que no atiende a la evolución social y a las
necesarias adaptaciones que deben producirse por esta razón. En
este sentido, si en muchos casos la interpretación histórica puede ser
esclarecedora, en otros puede constituir una forma cuestionable de
entender al Derecho por su contenido conservador.
En síntesis diremos, entonces, que el método histórico interpreta
mediante la determinación de cual fue la intención del legislador al dar
la norma, para luego aplicar sus contenidos a la determinación del
significado normativo. En esto, el método histórico utiliza todo tipo de
antecedente jurídico, destacando las fundamentaciones de los autores
de los proyectos, las partes considerativas de los textos legislativos, el
contraste entre la norma a interpretar y sus normas precedentes, así
como la ocassio legis.
El método puede aportar elementos de juicio interesantes a la
interpretación, pero su uso es muy discutido porque muchas veces la
intención del legislador no es manifiesta; otras es determinada con
mucho contenido subjetivo por el intérprete y otras, finalmente, el
resultado de la interpretación histórica es un obstáculo a la necesaria
adaptación del Derecho a las nuevas circunstancias sociales a las que
pretende normar.

2.6. El método sociológico


Para el método sociológico la interpretación de la norma debe
realizarse tomando en cuenta las variables sociales del más diverso
tipo, del grupo social en el que va a producirse la aplicación de la
norma. Como es obvio, se funda en el criterio sociologista de
interpretación y vale, para explicarlo, mucho de lo que dijimos al tratar
este criterio. El método sociológico de interpretación supone el aporte
de 18S distin- tas ciencias sociales al esclarecimiento y adaptación de
la normatividad a la realidad y, en verdad, uno de sus objetivos
centrales es trabajar para lograr tal adecuación entre Derecho y
sociedad. Mucho se ha trabajado en los últimos decenios en torno a
este problema. En un esfuerzo sincero y no siempre fructífero para
enlazar ambos elementos, convirtiendo al Derecho de entelequia
autónoma en disciplina social. Sin embargo, no es a esto a lo que
alude el método sociológico de interpretación. No se trata, entonces,

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“INTERPRETACION JURIDICA”

de una sociologización del Derecho sino, más bien, de hacer intervenir


consideraciones sociales para esclarecer el qué quiere decir la norma.
Un ejemplo especialmente aplicable a amplios sectores de nuestro
país es el siguiente: el matrimonio de prueba existe en muchos lugares
de nuestra Sierra, es conocido como servinakuy y consiste en una
antigua y conocida tradición de sociedades campesinas que consiste
en hacer una prueba de conformación de familia entre varón capaz de
trabajar y mujer púber. Esto suele ocurrir, entonces, entre varones
mayores de edad y mujeres de los doce años en adelante. Sin
embargo, para el Código Penal, una relación sexual de este tipo
constituye un delito de violación de menor, aún cuando ésta brindara
su aceptación, pues se la supone totalmente incapaz de hacerlo por la
edad .
Evidentemente, aquí hay un choque de culturas y lo que para los
sectores occidentalizados de nuestra sociedad es una acción
monstruosa, para otros sectores sociales de cosmovisión tan válida
como la otra, es algo perfectamente legítimo y amparado por
ancestrales costumbres. Desde el punto de vista penal, sin embargo,
aplicando el método so- ciológico, nosotros podemos aducir falta de
culpabilidad en el presunto agresor, pues no hay en él la menor
conciencia de estar haciendo algo reprobable y, menos aún,
delictuoso. Naturalmente, esta es una interpretación que soslaya
mucho de lo que es la interpretación literal del Derecho, dentro de la
cual, la contundencia del artículo 173 inciso 3 del Código Penal no
admite discusión en este caso. Sin embargo, aún en la rama penal,
nos parece que la aplicación del método sociológico para atenuar o
eliminar la culpabilidad del presunto agresor en un caso como éste,
puede ser altamente justificada.
El ejemplo del servinakuy es uno de naturaleza cultural, pero existen
otros de naturaleza diversa y no menos interesantes. Por ejemplo, la
evolución del Derecho Civil a reconocer cada vez más una culpa de
riesgo, frente a la tradicional culpa subjetiva . Hasta hace doscientos
años, en el mundo los peores peligros para la vida y la propiedad
podían ser, probablemente, un caballo desbocado, una bala de cañón
o una temprana locomotora. Salvo la bala de cañón arteramente
disparada, de todo lo demás era relativamente fácil protegerse o,
incluso, precaverse. Hoy en día, sin embargo, el caballo desbocado
puede ser sustituido por una tonelada (o más) de metal desplazándose
a ciento cincuenta kilómetros por hora bajo la forma de automóvil; la
bala de cañón por un artefacto bélico cualquiera que en caso de
explotar, aún accidentalmente, puede dañar millones de vidas e
incalculable cantidad de bienes; y la locomotora antigua puede ser
sustituida por un tren super rápido o, eventualmente por un avión.
Hace doscientos años nadie se podía electrocutar por acción humana

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“INTERPRETACION JURIDICA”

pero hoy el hombre maneja tantas fuerzas naturales como aprendiz de


brujo que un cable de alta tensión o un reactor atómico pueden causar
muchos daños o devastar toda una región. En fin, a lo que queremos
llegar es a que la sociedad humana es hoy mucho más riesgosa que
antes y la inminencia del daño depende cada vez menos de la voluntad
humana directa y más de factores inmanejables una vez puestos en
movimiento por la decisión de quien podría estar pretendiendo
controlarlos.
No es curioso, entonces, que desde que el hombre tiene noticia del
Derecho hasta hace ciento y tantos años, la teoría jurídica
predominante sobre la responsabilidad civil haya sido la subjetiva pero
que, en el último siglo y medio, la situación vaya transitando hacia la
responsabilidad objetiva o de riesgo como sistema general y termine
estableciendo el seguro universal de responsabilidad para garantizar
que todo el que sufre un daño sea indemnizado, al margen de
cualquier consideración subjetiva sobre las calidades, posibilidades y
responsabilidad de quien lo causó . Este es un típico caso en el que el
desarrollo de las condiciones materiales de vida lleva a modificaciones
significativas en las concepciones del Derecho. Es sintomático, por
ejemplo, que a pesar que el Código Civil de 1984 es subjetivista en
esta materia, su artículo 1970 introduzca la responsabilidad por riesgo.
Aquí se han planteado ya problemas de interpretación muy
interesantes a corto plazo, en especial por su contraste con el artículo
1969 que consagra una responsabilidad subjetiva en términos muy
tradicionales. Podríamos poner muchos otros ejemplos, pero estos
dos de naturaleza totalmente distinta, permiten ver la forma cómo el
método sociológico puede moldear el significado de las normas sin
que ello signifique desnaturalizar las instituciones y el modo de operar
del Derecho. En resumen, podemos señalar que el método sociológico
de interpretación esclarece el significado de la norma jurídica,
recurriendo a los diversos datos que aporta la realidad social donde la
norma interpretada se aplica para realizar un permanente ajuste entre
Derecho y sociedad, fundado en que el Derecho es un instrumento de
regulación social particular, pero no un cuerpo normativo autárquico y
que se explica y justifica por sí mismo.

3. LA MUERTE DEL LEGISLADOR

3.1. LA INTERPRETACIÓN: PUNTO DE PARTIDA DE UNA REFLEXIÓN


TEÓRICA SOBRE EL DERECHO

Esta heterodoxia me lleva a comenzar no por los valores (como la


haría un iusnaturalista) ni por el sistema formal de normas vigentes
(como lo haría un positivista), sino por la interpretación.4 He señalado

15
“INTERPRETACION JURIDICA”

ya que me niego a asumir a priori cualquiera de las corrientes clásicas


de la filosofía del derecho; pero quizá debería decir que rechazo en
general comenzar el estudio del derecho por la filosofía. Si la
perspectiva filosófica es una "reflexión" -es decir, una indagación de
segundo nivel sobre un objeto- debemos comenzar por el objeto: el
punto de partida debe ser la experiencia misma del derecho, el
fenómeno jurídico en su complejidad.

Un principio epistemológico que parece obvio y que, sin embargo,


muchas veces no se observa, es que hay que iniciar por el comienzo.
Nietzche lo dijo con una claridad inigualable: "La tarea: ¡ver las cosas
como son!". Y Husserl planteaba el retorno a las cosas como
programa. Por consiguiente, quiero realizar una primera flexión sobre
el derecho mismo tal como se presenta cotidianamente, esto es, en su
aplicación efectiva, integrando valores y hechos, actuando en la
sociedad, facultando, regulando, prohibiendo u obligando a realizar
conductas reales.

El derecho no es otra cosa que una forma de organizar la sociedad de


los hombres; por tanto, hay que verlo primero en el seno de esa tarea.
Desde tal perspectiva, la interpretación parece constituir un fenómeno
medular porque es el acto a través del cual el derecho se hace carne,
toma la forma de comportamiento efectivo, autorizado o prohibido. Y
no me refiero necesariamente a la interpretación profesional del juez
o del abogado sino a la que es realizada por todo el que usa el
derecho, por todo el que cumple o incumple una norma, por todo el
que se aprovecha de sus posibilidades, sea juez o no, sea abogado o
no. La interpretación es así la inserción del derecho en la vida, el paso
de un derecho nominal a un verdadero derecho actuante dentro de la
sociedad, el camino por el que una afirmación prospectiva -la ley- se
convierte en una conducta efectiva.
Colocarnos en la interpretación significa, entonces, situarnos en un
eje, en una bisagra, en un puente que une lo ideal y lo real.

Toda norma tiene que ser interpretada, porque toda norma tiene que
ser aplicada dentro de un contexto, tiene que ser corporizada con las
circunstancias. Hay quienes creen que la interpretación no es sino un
recurso excepcional que se requiere -como un mal necesario- sólo en
determinados casos, debido a un defecto de la ley: si la norma hubiera
sido concebida y redactada con la claridad deseable, se dice, no
habría nada que interpretar.

Empero, la claridad puede no ser una facilidad sino un obstáculo del


conocimiento: lo claro es sólo una primera impresión que nos detiene,

16
“INTERPRETACION JURIDICA”

que nos frena cuando deberíamos avanzar en el conocimiento, porque


nos hace creer que todo está ahí bajo nuestros ojos y que ya no queda
nada por descubrir o por inventar. Pero si penetráramos más en esa
aparente claridad, veríamos que nada es sencillo, nada es simple,
nada se encuentra perfectamente ordenado, sino que cada norma -
como, en el fondo, cada parte de la realidad- se abre al infinito y nos
ofrece un sinnúmero de mundos de significación que se multiplican, se
juntan nuevamente, se desorganizan y se reorganizan. Como decía
Gastón Bachelard, "lo que cree saberse claramente, ofusca lo que
debiera saberse", porque la claridad no es un conocimiento perfecto
(lo que no existe) sino un obstáculo epistemológico.

Ahora bien, tradicionalmente se ha considerado que interpretar no es


otra cosa que entender lo que el derecho establece para una situación
concreta y determinada o para un conjunto de situaciones posibles, es
decir, hacer explícito lo que estaba implícito en el texto legal.

Sin embargo, tan pronto nos acercamos a la interpretación -cuando


menos así entendida- ésta se nos escapa, desaparece como un
fantasma. El llamado "intérprete" supone que, previamente a su
interpretación, existe un derecho ya hecho, una verdad jurídica
contenida en la ley, que expresa un ideal colectivo y que tiene que ser
simplemente puesta de manifiesto.

Pero no podemos cegarnos a una realidad inobjetable: el derecho -es


decir, lo que la sociedad quiere que los hombres hagan o no hagan-
es bastante más que la ley; paralelamente a ella, la sociedad se
expresa a través de principios, valores, convicciones de distinto orden,
que no tienen una formulación precisa y que no están contenidos en
las normas. Y la ley misma admite siempre múltiples significados y
muy diversas utilizaciones. Y eso lo sabe muy bien el auténtico
positivismo, lo sabe muy bien Kelsen.

Es solamente un positivismo "pop" el que nos ha querido hacer creer


que la ley tenía una y sólo una interpretación posible; y que de ello
dependía la seguridad jurídica. Sin embargo, este planteamiento
ingenuo se destruye con un simple experimento de introspección que
muchas veces planteo a mis alumnos y que cualquiera puede repetir
por su cuenta, haciéndose la siguiente pregunta: ¿el derecho sería el
mismo en la hipótesis de que, sin cambiar norma alguna, se
substituyera simplemente a todos los jueces y abogados del país por
juristas egresados de la
Universidad de Moscú durante el periodo marxista de Rusia? Muchas
veces a mis clientes les he preguntado también si en ese caso tendrían

17
“INTERPRETACION JURIDICA”

la misma confianza para invertir en el país. La respuesta que recibo es


generalmente la misma: no habría confianza para invertir porque, a
pesar de que las leyes no habrían cambiado, el derecho efectivo sería
distinto porque esas leyes serían aplicadas con otra mentalidad. De lo
que se deduce que toda ley puede ser interpretada de diferentes
maneras.

Esto significa, entonces, que la interpretación no es una mera


aplicación mecánica de la ley, en la que nada se agrega; y significa
también que el derecho es más que la ley, significa que una cierta
atmósfera cultural puede ser tan importante como la ley misma en
materia de conductas sociales efectivas.

3.2. LA INTERPRETACIÓN COMO ILUSIÓN

Desde mi punto de vista, la interpretación es una ilusión. Es una ilusión


porque, como he dicho, supone una verdad a descubrir, una verdad
previamente establecida que está ahí, frente al intérprete e
independientemente de él. Pero esa verdad no existe en el derecho.

Si observamos de cerca -y con honestidad- la interpretación tal como


la practican los juristas, comprobamos que no se trata de un puro
esfuerzo intelectual que extrae una conclusión válida –la única válida-
de una norma, sino de una confrontación vital de perspectivas e
intereses que intentan imponerse unos a otros dentro de las fronteras
lingüísticas de las normas: la interpretación es más una tarea de
construcción que de intelección, es más el resultado de un conflicto de
poderes que una deducción racional.

Cuando dirigimos nuestra atención hacia esa aplicación interpretada


del derecho -cualquiera que sea su nivel- nos encontramos con
hombres antes que con ideas, con hombres cargados de intereses,
con hombres cargados de intenciones particulares, con hombres
cargados de deseos individuales; y cada uno de esos hombres intenta
colocar sus intereses, sus intenciones, sus deseos, bajo el amparo de
una de las tantas perspectivas que pueden ubicarse dentro del marco
del texto legal. Estas diferentes perspectivas a veces corren paralelas
sin agredirse mutuamente.
Pero otras veces, se encuentran y se superponen dando lugar a
enfrentamientos, a pretensiones de exclusividad que tienen que ser
concordadas, negociadas o reguladas; y estas transacciones o estas
normas que concilian los intereses son inmediatamente cuestionados
a su vez por las nuevas perspectivas e intereses que surgen
incesantemente de la vida. Los acuerdos son siempre transitorios, las

18
“INTERPRETACION JURIDICA”

interpretaciones son siempre efímeras, pues la vida sigue produciendo


nuevos puntos de vista que replantean todo, que crean fisuras y
divergencias. La actividad interpretativa no presenta, entonces, un
mero discurso teórico, perfectamente coherente y ordenado, sino un
desorden de intereses caóticos haciéndose temporalmente orden para
volver a deshacerse en desorden; y así sucesivamente.

La verdad supone la existencia de algo objetivo, ya dado, con lo cual


comparamos nuestra idea y la encontramos conforme. Los antiguos
decían que la verdad es adquatio intellecti ad rem; y ello implica que
hay una cosa en sí con la cual podemos verificar nuestra idea y de
esta manera confirmar la verdad de ella. La verdad supone, entonces,
encontrar un tesoro escondido, un mensaje más allá del texto, que
espera ser descubierto, que espera ser decodificado mediante la
interpretación.
Pero, ¿cuál puede ser esa cosa en sí que está más allá del texto legal
y que puede ser tomada como criterio de verdad?

3.3. LA RESPUESTA IUSNATURALISTA

Los romanos, con su indudable genio jurídico, comprendieron que la


interpretación no podía consistir meramente en la intelección de una
verdad escondida, sino que exigía inevitablemente una construcción,
una invención de verdades. Por eso Pomponio afirma que la
interpretación no es otra cosa que el uso de la prudencia,6 es decir,
usar la razón que crea y no la razón que se limita a comprender; y es
esta opción por una prudencia creativa que proporciona esa riqueza
extraordinaria al derecho romano, impidiendo que se petrifique.7 Es
sólo con Justiniano y su aversión contra la función creativa de jueces
y juristas, que se impone una interpretación meramente
esclarecedora, la cual privilegia de manera decisiva la voz del
legislador frente a la voz de los intérpretes.

Los juristas del Medioevo intentaron escaparse de las ataduras


incipientemente positivas de
Justiniano, interpretando extensivamente la noción misma de
interpretación.8 Más tarde, la interpretación medieval se convirtió en
un instrumento de lucha de la Iglesia y de lo que ahora llamaríamos la
sociedad civil, contra el poder de los príncipes. Frente al valor positivo
de la ley basado en la pura autoridad, la Iglesia opone el valor moral:
las normas no valen simplemente porque son mandatos, sino porque
son buenas moralmente. Y, ¿cuál será el criterio moral oponible
incluso a un príncipe? La voluntad de Dios expresada sea a través de

19
“INTERPRETACION JURIDICA”

su palabra, sea a través de la naturaleza por él creada. Ninguna otra


instancia si no era Dios mismo podía restarle autoridad al príncipe.

De ahí surgirán dos corrientes iusnaturalistas. Para unos, herederos


de San Agustín, el derecho natural está constituido fundamentalmente
por la revelación; para otros, herederos de Santo
Tomás, el derecho natural es un producto de la razón. Los primeros
colocan la verdad directamente en la palabra de Dios; los segundos
toman por verdad ciertas orientaciones puestas en la naturaleza por
Dios como guía de nuestros actos. Para los primeros, la interpretación
deberá proceder a una exégesis estricta del dogma cristiano. Para los
segundos, la interpretación consistirá en buscar la justicia según la
naturaleza; teniendo en cuenta, como señala Calasso, que en el
pensamiento medieval hay una ecuación que equipara la naturaleza a
Dios.

Como se puede ver, de una manera o de otra, la tarea del intérprete


era la misma: encontrar una verdad elusiva, oculta en el texto religioso
o en la naturaleza de las cosas. Y, una vez establecida tal vaguedad
garantizada por Dios, la interpretación tendría un carácter indiscutible.

Sin embargo, el derecho no pertenece al campo de la religión donde


el cristiano puede encontrar verdades incontrovertibles gracias a la
revelación, donde el dogma campea y donde detrás de cada verdad
está la autoridad incuestionable de Dios. El derecho pertenece, más
bien, a ese campo movedizo de las relaciones humanas, donde prima
la materia controvertible, donde las cosas pueden ser y no ser, donde
no podemos alcanzar una verdad plena sino básicamente
perspectivas y donde todo está en permanente transformación de
acuerdo a las circunstancias.

El jurista no puede, entonces, resolver sus problemas con la


revelación. Y, de otro lado, la interpretación de un derecho presente
en la naturaleza ofrece dificultades insuperables, porque las
indagaciones sobre lo natural pueden llevar a múltiples y
contradictorias conclusiones y porque el hombre moderno no cree que
la naturaleza lo gobierna. Para el hombre moderno, la naturaleza no
es un modelo; no es tampoco un bosque en el que Dios nos atisba
detrás de cada árbol, no es un libro divino, estático e inalterable, que
nos da lecciones universales desde el principio de los tiempos. La
naturaleza hoy es entendida como la contraparte del hombre en una
relación dinámica, en la que hombre y naturaleza se transforman
mutuamente. El hombre se separa de la naturaleza, asume su papel
creador y la humaniza, la hace suya, convirtiéndola en algo distinto,

20
“INTERPRETACION JURIDICA”

nuevo. A su vez la naturaleza exige sus respetos, establece sus


condiciones de colaboración; pero no lo hace en términos religiosos ni
morales sino en términos sistémicos, ecológicos.

3.4. LA RESPUESTA POSITIVA

Por su parte, el positivismo jurídico precisamente plantea que el


iusnaturalismo ha fracasado en su intento de encontrar una verdad del
derecho en la naturaleza, porque se ha engañado con un espejismo.
El conocimiento humano es siempre relativo, incompleto y
circunstanciado; por tanto, no puede aspirar a una verdad eterna y
absoluta. Las acciones humanas se desarrollan dentro de esa
atmósfera de incertidumbre y, consecuentemente, no pueden ser
reguladas con verdades eternas ni absolutas.

Ahora bien, si ni la revolución ni la naturaleza nos proporcionan esa


cosa en sí, esa verdad que el intérprete debería aspirar a descubrir
detrás de las normas ¿es que el positivismo puede ofrecernos algún
otro tipo de criterio escondido al cual debe apuntar una interpretación
meramente comprobativa?

Según el positivismo, el hombre tiene una aspiración a la seguridad;


pero ésta no se puede lograr en el campo del derecho descubriendo
ilusorios dogmas universales: lo que hay que hacer es inventar
dogmas concretos para cada momento a través de la legislación. Así
el positivismo no niega el carácter dogmático del derecho sino que
simplemente lo vuelve laico. Y esto, de alguna manera, lo hace aún
más intolerante; porque tratar de conocer la intención de Dios a través
de la naturaleza es algo que cuando menos admite dudas y puede
originar algunas controversias; en todo caso, es una tarea que obliga
a un estudio muy cuidadoso y cauto de las circunstancias
"naturales". En cambio, la intención del legislador parece que estuviera
al alcance de la mano y que se puede encontrar mediante el simple
análisis del texto legal. De esta manera, el sentido de la interpretación
cambia (y se hace más científico, según los positivistas): ya no se trata
de entender descubrir dogma religioso o cuasi religioso sino de
entender plenamente el sentido de la voluntad de un legislador
humano a la que se le ha otorgado un valor dogmático.

El positivismo, entonces, sobre todo bajo su forma más naif, nos


propone que el elemento objetivo en las normas legales, el criterio de
verdad que el intérprete debe encontrar y explicar, está constituido por
la intención del legislador. Esto implica que esa intención, cualquiera
que sea su valor moral, es verdad incuestionable para el intérprete -es

21
“INTERPRETACION JURIDICA”

dogma- por el sólo hecho de que el legislador se propuso positivizarla


a través de una norma. En otras palabras, la verdad interpretativa
según esta versión positivista, ya no resulta de una adequatio intellecti
ad rem sino de una adequatio intellecti ad legislatoris mentem.

Pero la intención del legislador -entendida como una voluntad definida,


única y estrictamente razonada- es una fantasía.

No siendo Dios, el legislador no es omnisciente, no prevé todas las


aplicaciones posibles de la ley ni tiene un razonamiento puro y
perfecto. De manera que, aunque fuera una persona perfectamente
lúcida y coherente en sus intenciones, es probable que carecerá de
intención respecto de muchas cosas en las cuales la ley tendrá
posteriormente que intervenir. Respecto de tales casos no pensados,
la intención del legislador sólo puede ser encontrada de manera
presunta, a través de un método analógico que incorpora mucho de
ficción y de subjetividad.

Y aun respecto de los casos que ha previsto, hay muchas cosas que
se le escapan, su intención no es completa, plena; y la expresión
lingüística de tal intención no es en general suficientemente clara y
precisa porque el lenguaje mismo es abierto y ofrece inevitablemente
diferentes posibilidades de sentido. No olvidemos a Jean-Jacques
Rousseau quien, a aquellos que le increpaban el hecho de las palabras
utilizadas en sus obras se prestaban para ser entendidas con sentidos
diferentes, respondió que le gustaría ofrecer a sus lectores cada libro
acompañado de un diccionario donde se explicaran las significaciones
empleadas para cada palabra de la obra. El problema, decía
Rousseau no sin cierta sorna, consiste en que ese diccionario, tendría
a su vez que utilizar palabras para explicar las palabras; de manera
que habría que hacer un diccionario del diccionario, y así
sucesivamente hasta el infinito.

Pero hay además un aspecto muy grave del proceso legislativo que no
puede ser descuidado: el llamado legislador no tiene una coherencia
perfecta en su razonamiento, sin contradicción alguna, porque no hay
un legislador único sino un cuerpo colegiado donde existe una
pluralidad de legisladores, cada uno con su propias intenciones. Por
tanto, la ley no es la expresión de una idea única y absolutamente
consistente, sino un mosaico formado por piezas diferentes y que
incluso tiene vacíos.

A pesar de que hablamos siempre del "legislador" como si fuera una


persona identificable, el

22
“INTERPRETACION JURIDICA”

"legislador" no existe: es una ficción. Lo que existen son numerosos


legisladores, cada uno con sus propias ideas, sus propios niveles de
conocimiento de las cosas, sus propios intereses y sus propias
limitaciones. Por consiguiente, nadie se puede atribuir la autoría plena
del texto legal porque éste es siempre un crisol en el que se han
fundido principios, intereses y lógicas diferentes.
Estos razonamientos diferentes -todos imperfectos y comprometidos-
tienen que ser concordados a través de transacciones que alteran aún
más profundamente la coherencia y la unidad de pensamiento del
proyecto de ley resultante. Y, llegado el momento de la votación,
pueden aprobarse unos artículos dentro de un sentido y con ciertas
finalidades y otros que, tratando de no parecer incompatibles,
pretenden hacer primar otros principios u otros intereses. Aún más, es
probable que ciertos congresistas voten en favor de una norma,
porque la entienden de una determinada forma y creen que puede
aplicarse de una cierta manera; pero otros congresistas votan por ella
debido a que la entienden de manera diferente y piensan que su
aplicación será en otro sentido.

De ello se desprende que el texto legal, finalmente, una amalgama que


trata de homogeneizar intenciones discrepantes, las que
inevitablemente dejan sus huellas diferenciadas. Muchas veces, ese
texto permite todavía atisbar sus diferentes elementos componentes
que no han logrado integrarse en un nuevo sistema coherente. Eso
sucede cuando la homogeneización se logra mediante una
transacción en la que se admite que una parte de la ley contenga
ciertas disposiciones que se derivan de una determinada intención a
cambio de que otra parte contenga otras disposiciones que se derivan
de una intención distinta, La transacción puede consistir también en
atenuar las consecuencias de una determinada intencionalidad con el
fin de obtener los votos de quienes no hubieran estado de acuerdo con
una posición extrema; pero esa atenuación es, entonces, el reflejo de
dos intenciones distintas. En una palabra, desde el momento en que
varias personas intervienen en la dación de una ley, no se puede
hablar de una intención del legislador en singular.

Pero aun en los casos en que se consigue que la ley presente un


pensamiento relativamente coherente, éste no es el de ninguno de los
legisladores en particular sino el resultado de la interacción de esos
legisladores particulares; por tanto, esa coherencia se agota en el
interior del texto y no puede ser referida a una coherencia anterior o
subyacente al texto, que no existe.

23
“INTERPRETACION JURIDICA”

Por consiguiente, la intención del legislador resulta inalcanzable,


porque lo único que tenemos delante es un texto legal que se presta
para diferentes interpretaciones.

Podríamos todavía preguntarnos, ¿y si el propio legislador expresara


más tarde la intención que tuvo al redactar ese texto? ¿Si quienes
participaron en la formación de la ley se explicaran posteriormente?
¿Acaso ello no solucionaría el problema y estaríamos ante una
intención clara?

Pero, ¿tendría fuerza obligatoria la exposición de sus intenciones en


un texto que no tiene carácter de ley? Ciertamente no. ¿Tiene el autor
empírico -entiéndase, el legislador- alguna prioridad o privilegio para
interpretar su texto? Ninguno. Aquellas de sus intenciones que no se
encuentran incorporadas en la ley, no son ley; y por tanto, no son
obligatorias. Aquellos sentidos o aquellas exclusividades de sentido
que ese legislador no introdujo en la ley misma, son irrelevantes
cuando esa ley ha entrado en vigencia. Puede argüir: "A mí me hubiera
gustado decir más claramente que esta ley no puede interpretarse en
el sentido A y también en el sentido B, sino que mi intención fue darle
fuerza legal sólo al sentido A"; o también: "Lo que yo he querido decir
es tal cosa". Nada de ello tendría fuerza obligatoria: mientras el texto
en sí mismo lo permita, quienes usen y apliquen posteriormente esa
ley podrán intentar darle el sentido B si parece más conveniente a una
cierta situación. En verdad, un legislador que alega privilegios en la
interpretación se asemeja a un padre que pretende arrogarse el
derecho de aclarar lo que su hijo ha dicho: la ley como el hijo tienen
su propia lógica interna, que no coinciden necesariamente con la de
su autor; y el hecho de que el legislador haya creado la ley no le da
más derecho sobre ella que el que tiene el padre sobre las expresiones
del hijo que ha procreado.

Notemos que este planteamiento hace igualmente inaceptable el


carácter retroactivo de la llamada interpretación "auténtica", es decir,
aquella que se produce cuando el cuerpo legislativo que ha dado una
ley decide aclarar su sentido con otra ley posterior. Si la primera ley
había dejado una ambigüedad que permitía que los obligados a
cumplir se comportaran como A o como B, la ley posterior no puede
decir que la conducta A es la verdadera y que todos los que se
comportaron como B deben ser sancionados, porque ello sería aplicar
retroactivamente la segunda ley, lo que afectaría muy gravemente la
seguridad jurídica: el texto de la primera ley permitía tal conducta al no
haberla prohibido; y, en consecuencia, los actos que se realizaron
durante su vigencia son legales, sin perjuicio de que puedan ser

24
“INTERPRETACION JURIDICA”

prohibidos posteriormente -hacia el futuro- por esa ley llamada


interpretativa.

En consecuencia, las opiniones de los legisladores que no constituyen


parte del texto legal sólo pueden ser consideradas como lecturas
posibles, al igual que otras lecturas alternativas que pudieran proponer
quienes no fueron legisladores. Todo lo que tenemos delante de
nosotros con fuerza obligatoria es un texto. No hay una intención
obligatoria del legislador, sino sólo un texto obligatorio. De ahí que la
misión del jurista no sea encontrar esa intención recóndita del
legislador histórico sino la forma más adecuada de la aplicación de ese
texto en la realidad de hoy. Como dice Batiffol, la indagación del jurista
no persigue encontrar una verdad histórica sino una regla que le
permita dar una solución justa, efectiva, socialmente aceptable a un
problema que tiene por delante.10 El intérprete (léase, el juzgador
entre otros) no es un historiador que recupera una verdad enterrada
en el pasado ni un psicólogo que hurga el alma del legislador: es una
persona que intenta resolver un problema práctico; y lo hace con la
ayuda de ciertas reglas y dentro de un marco de efectividad y
racionalidad.

Todo ello no significa, que la intención del legislador sea inutilizable en


la interpretación y que sea preciso descartarla. Simplemente, tal
intención es uno de los tantos elementos de los que se puede valer
quien debe aplicar o usar la ley para fundamentar una aplicación o un
uso de determinada manera; pero no es un elemento decisorio ni
exclusivo.

En esta forma, el texto legal no es el mero vehículo de un pensamiento


que se encuentra detrás de él sino que es el pensamiento mismo
creado para la ocasión en forma de texto. Ello implica que en un texto
legal no hay "una" intención de legislador que se encuentra detrás y
que habría que buscar a través de la interpretación: el texto no tiene
referencia a nada anterior porque es en sí mismo una creación, algo
nuevo que no puede ser considerado un simple medio de expresión
de una idea anterior. El texto es la idea misma.

Por consiguiente, la intención del legislador es sólo un mito, que


cumple una función de legitimación; y el intencionalismo -esto es, la
interpretación según la intención del legislador- es una falacia: con la
argucia de ampararse en la intención del legislador, es posible pasar
las propias intenciones como si fueran hechos objetivos y ajenos. En
el fondo, esa intención del legislador histórico no existe previamente
sino que es el resultado de una construcción del intérprete.

25
“INTERPRETACION JURIDICA”

El intérprete se encuentra, entonces, sólo con una expresión escrita


de la ley, que es lo único que le resulta obligatorio. Pero, si nos
limitamos al texto, no cabe duda de que todo texto tiene infinitas
lecturas y ninguna puede ser preferida a las otras por el valor del sólo
texto.

Los positivistas más inteligentes y honestos lo han comprendido


perfectamente, admitiendo que la aplicación del derecho no es una
suerte de silogismo donde, a la manera matemática, fuera posible
extraer de cada norma la prescripción aplicable al caso que ya estaba
previamente contenida en la norma misma.

H. L. A. Hart dice con claridad absoluta que:

Si el mundo en que vivimos se caracterizara sólo por un número finito


de rasgos, y si todos estos con todos los modos en que pueden ser
combinados fueran conocidos por nosotros, entonces se podría
establecer de antemano normas para cubrir toda posibilidad.
Podríamos crear reglas cuya aplicación al caso particular nunca
exigiera una opción posterior [...] Pero definitivamente, ese mundo no
es nuestro mundo. Los legisladores humanos no tienen ese tipo de
conocimiento sobre todas las posibles combinaciones de
circunstancias que el futuro puede traer. Y esta inhabilidad para
anticipar origina una relativa indeterminación de propósitos.

Por consiguiente, es inevitable que quien aplica la norma tenga que


crear nuevos sentidos de ella y ejercitar opciones no previstas por el
legislador.

Por su parte, Kelsen no se cansa de advertir que toda norma,


considerada sólo por sí misma, ofrece varias posibilidades de
interpretación, sin que ninguna de ellas pueda ser tenida como
verdadera. Desde el punto de vista exclusivamente científico, dice, no
hay método alguno que nos permita llegar a una y solo una
interpretación posible de la ley positiva. Por consiguiente, el llamado
intérprete es siem- pre un creador porque tiene necesariamente que
introducir elementos nuevos que no estaban contenidos en la ley para
poder aplicarla al caso concreto; elementos que se derivan de sus
propias opciones y valoraciones.13 Por eso, la operación que
llamamos interpretación no es un mero acto de conocimiento, subraya
Kelsen, sino también un acto de voluntad creadora.

26
“INTERPRETACION JURIDICA”

De esta manera, el positivismo jurídico, aun cuando quisiera muchas


veces fundarse en una normatividad maciza, no ha podido negar la
necesidad disolvente de la interpretación como verdadera tarea
creativa de derecho.

3.5. SEMIOSIS LIMITADA

Llegamos así a la conclusión de que el intérprete no tiene una verdad


que descubrir detrás del texto: tiene un texto que puede decir muchas
cosas.

Desde esta perspectiva, el intérprete no es un ser pasivo, sometido a


la hipotética voluntad de un hipótetico legislador, como si fuera su
simple portavoz; el intérprete es, en realidad, un co-inventor del
derecho, tiene la libertad de agregarle a la norma nuevos sentidos
ajenos a la intención del legislador. De hecho, la norma es, como diría
Barthes, un espacio multidimensional que puede albergar muchos
sentidos; y el que asuma la norma en cada caso específico no es un
espíritu enteramente insuflado por el legislador en el texto, no es un
mensaje codificado por descifrar, sino el resultado de la actividad
creativa del -mal llamado- intérprete sobre el texto de la ley.

¿Quiere decir esto que la interpretación no tiene límites ni barreras y


que podemos hacer decir a la ley cualquier cosa? Obviamente, no. Los
textos pueden ser muy abiertos, pero su forma misma impone una
semiosis limitada a los marcos textuales.

Kelsen, al plantear que la ley puede conducir a múltiples


interpretaciones, señalada, sin embargo,
que el análisis racional, científico, de la norma, contribuye a reducir el
campo de las interpretaciones posibles, a establecer los marcos dentro
de los cuales pueden caber las interpretaciones posibles, a establecer
los marcos dentro de los cuales pueden caber las interpretaciones
legítimas. Según Kelsen, la ciencia del derecho no es capaz de seguir
el proceso interpretativo hasta encontrar una sola interpretación válida;
encontrará varias. Pero, en todo caso, en el camino descarta también
muchas interpretaciones como inválidas.

Esto significa que no hay una libertad creativa irrestricta y que, por
consiguiente, no todas las interpretaciones serán correctas, aunque no
exista solamente una y sólo una correcta: aun siendo varias o muchas
las interpretaciones válidas, habrá ciertas interpretaciones que
manifiestamente no lo son porque se oponen frontalmente al texto
mismo de la ley o porque no pueden ser extraídas de ella por ningún

27
“INTERPRETACION JURIDICA”

procedimiento racionalmente aceptable. En consecuencia, lo que


prima es el texto, aún contra la intención del legislador; pero la fuerza
obligatoria de ese texto no puede ser desconocida, porque sería
interpretar contra legem, lo que no es admisible lógicamente ya que
ello quitaría todo sentido a la ley y la convertiría simplemente en una
propuesta.
Dentro de ese orden de ideas, creo útil también para el jurista la
reflexión que hace Umberto Eco en materia de interpretación de textos
literarios;16 distingue entre una intentio auctoris, una intentio operis y
una intentio lectoris. A la primera -la intención del autor- le da poca
importancia: lo que cuenta fundamentalmente de tal intención es
aquella parte que ha logrado impregnar la obra y que ha pasado a ser
por tanto la intentio operis o intención de la obra, es decir, del texto
mismo. Ahora bien, esa intención de la obra -y sólo ella- constituye
una limitación de esa otra intención dinámica, conquistadora, que es
la intentio lectoris o intención del lector. En otras palabras, el lenguaje
no es absolutamente transparente y neutro o si se quiere plenamente
plástico, maleable, manipulable en forma total por la intención del
lector; porque en tal caso no diría nada. Por consiguiente, el texto
mismo de la norma, más allá de la intención de su autor-legislador,
lleva una carga de intención intrínseca, textual, que no puede ser
desconocida. Pasar por encima del texto sería una sobreinterpretación
inaceptable; pero esto no significa tampoco reconocer una
interpretación canónica basada en la intención del autor. Como agrega
Eco con su extraordinario sentido del humor: si Jack el Destripador nos
dice que cometió sus crímenes inspirado en una interpretación del
Evangelio según San Lucas, es probable que aun quienes apoyan las
líneas más creativas de la interpretación pensarían que el tal Jack
había leído a San Lucas en forma descabellada.17

Esto significa que entre la intención del autor y la intención del lector,
existe la intención del texto.
Esta intentio operis no puede ser reducida a una intención pre-textual
del autor. Sin embargo, a pesar de su relativa independencia respecto
del autor del texto, genera siempre una cierta restricción a la intención
del lector, aunque basada exclusivamente en el texto mismo. Dicho de
manera más irreverente, tenemos que respetar el texto, no al autor del
texto; lo que equivale en derecho a decir subversivamente: tenemos
que respetar la ley, no al legislador.

3.6. EL DERECHO COMO CREACIÓN PERMANENTE

Quiero plantear, pues, que la verdad no existe en el derecho. Y


entiendo aquí por verdad la adecuación de lo que pensamos

28
“INTERPRETACION JURIDICA”

jurídicamente, con un mundo previo y superior; ya sea que éste se


encuentre en la mente del legislador o en la estructura de la naturaleza
o en ideas presuntamente innatas en la mente humana. No existe
verdad en el derecho porque no hay ningún mundo previo: el derecho
no es algo que esté ahí y que hay que descubrir sino, más bien, es
algo por hacer que hay que inventar dentro de los límites impuestos
por el texto de la ley.

Por consiguiente, el derecho está siempre en proceso de hacerse a


través de la llamada interpretación que es, en gran medida, un acto de
creación. De ahí que esa interpretación que pretende saber
simplemente cómo está hecho el derecho, qué es lo que manda el
derecho, se equivoca; porque el derecho nunca está totalmente hecho.

Nada en el derecho tiene ese carácter inmóvil, que es indispensable


para servir de criterio de comparación: la intención misma del
legislador -aun si pudiera ser perfectamente identificada y objetivada-
sería una materia inerte, muerta, algo que "está ahí". Pero lo que
cuenta en el derecho es la vida jurídica y no la muerte, lo que cuenta
es el martillo y el cincel del escultor golpeando el mármol y no el
mármol en la cantera ni la estatua debidamente etiquetada y
catalogada que ya se encuentra en el museo. El derecho no es algo
fabricado en el pasado sino algo haciéndose día a día, es la
efervescencia de la creación cotidiana que reutiliza desde diversas
perspectivas esas cristalizaciones frágiles que pueden ser las leyes o
las teorías jurídicas: no es en ellas que está el derecho listo para ser
descubierto; ellas no son sino materiales de construcción que tenemos
que utilizar en la creación de un derecho en perpetua renovación.

En realidad, la interpretación que se tiene por más verdadera es


aquella que parece insoslayable, aquella que adquiere un aire
irrefutable, que ofrece más resistencia a ser discutida, que tiene más
fuerza de persuasión.
¿Y de dónde le viene tal fuerza? No de legislador original sino de la
combinación de las circunstancias que rodean a ese texto con las
circunstancias que rodean a quien tiene necesidad de interpretarlo.
Por consiguiente, la fuerza de la interpretación correcta no está en la
letra muerta de la ley sino en el espíritu del intérprete que la vivifica.
Cuando interpretamos, siempre queremos saber qué significa esto
para nosotros. Y nosotros no somos espíritus puros, meros
espectadores, sino actores dentro de un conflicto de voluntades. Por
consiguiente, la interpretación contiene siempre, en mayor o menor
grado, algo de nosotros: al interpretar, hemos usurpado al legislador
una parte de su patrimonio; y esperamos convencer -al juez, a la

29
“INTERPRETACION JURIDICA”

autoridad administrativa, a la contraparte, a la comunidad de


estudiosos del derecho o a la opinión pública- que ese planteamiento
que hacemos es el más adecuado para ese momento dentro del marco
de una determinada ley.

La búsqueda forzada de la verdad jurídica no es sino una forma de


evadir el riesgo de la aventura de la libertad. Porque la libertad es
siempre peligro, incertidumbre, posibilidad de creación para el bien o
para el mal.

Hay personas que tienen miedo de la creatividad y que quisieran


actuar siempre de manera regular y segura. Para ellas, se hace
indispensable garantizar la verdad del derecho, sea a través de
procedimientos rígidos de interpretación que quisieran tomar prestado
su rigor de las matemáticas, sea a través de garantes que pueden ser
la tradición, el derecho romano, la razón o incluso Dios. En lugar de
crecer y asumir la plena responsabilidad de inventar su vida, esas
personas preferirían estar protegidos como los niños por reglas claras,
tener siempre un gran papá que pensara y legislara por ellos. Y ese
papá puede ser Dios, puede ser el legislador o ciertos autores cuya
palabra tiene autoridad ex cathedra porque están irrefutablemente
imbuidos del espíritu del derecho; incluso ese gran papá puede ser el
consenso popular idealizado y
antropomorfizado.

Una filosofía dinámica del derecho, como la que quiero proponer aquí
tiene por eso que alzarse irrespetuosamente contra todos los valores
establecidos y contra todas las autoridades paternas, para recuperar
la libertad, la originalidad, la capacidad de creación y,
consecuentemente, la plena responsabilidad de sus planteamientos.
El jurista no puede ser el servidor sumiso del legislador o de la escuela
o de la doctrina aceptada sino que tiene que asumir el papel de héroe
trágico y proseguir bajo su propio riesgo, la tarea de creación
permanente del derecho.

3.7. DERECHO Y CONFLICTO

Pero tampoco debe pensarse que el derecho es una creación pacífica


y lineal: el derecho nace siempre dentro del conflicto, surge como una
dialéctica, en la que las oposiciones juegan un papel fundamental.

Cada hombre es un centro de fuerza, en grados que varían según las


circunstancias; un centro que tiene una capacidad de acción y una
capacidad de resistencia frente al resto de los hombres.

30
“INTERPRETACION JURIDICA”

Dado que el mundo humano está caracterizado fundamentalmente por


la escasez, esa fuerza orienta la acción humana a satisfacer sus
propios deseos y necesidades, aun pasando por encima de los deseos
y necesidades de los otros hombres. Y así como surge el conflicto y
también la necesidad de una regulación jurídica de las conductas. En
los casos extraños de bienes respecto de los cuales no hay escasez,
en los casos en que la abundancia de bienes permite la satisfacción
general de las necesidades sin conflicto, no hay necesidad del
derecho, aunque el bien sea de la máxima importancia. ¿Qué puede
ser de mayor importancia que el aire, ya que la falta de ese elemento
por sólo unos minutos nos produce la muerte? Pero su abundancia lo
libera de tratamiento jurídico podemos gozar de ese bien sin
necesidad de ningún orden impuesto.18

En cambio cuando los bienes son escasos, se hace necesaria una


forma de reparto, sean en el tiempo (a través de un turno), sea en el
espacio (a través de una lotización); y es así como surgen los derechos
y las propiedades. En condiciones de escasez, observamos a los
hombres manifestando sus intenciones, manipulando las situaciones
y forzando las cosas para obtener lo que quieren.

El conflicto aparece porque existen diferentes intereses y diferentes


puntos de vista sobre las cosas, que compiten entre sí. Algunos de
estos intereses se oponen recíprocamente, porque un individuo o un
grupo de individuos intenta maximizar la satisfacción de sus intereses
a despecho de los intereses de los demás. Pero los conflictos no
siempre son el resultado de un egoísta enfrentamiento material sino
una consecuencia de la adhesión a valores diferentes, que pueden
incluir propuestas solidarias discrepantes entre sí. En este último caso,
se trata de intereses no en el sentido de deseos materiales sino de
proyectos, tendencias, metas, en las que el hombre pone su empeño,
por las que el hombre está dispuesto a luchar e incluso a morir.

Cada uno de estos intereses -en el sentido amplio del término, que
incluye a los valores- es puesto en acción como una fuerza, como una
energía que intenta transformar su entorno. Y es en ese intento que
se encuentran los hombres unos frente a otros, luchando entre sí por
la realización de sus valores y por la satisfacción de sus necesidades
y deseos. Sin embargo, una vez que comprenden que llevar una lucha
desenfrenada no permitiría alcanzar los bienes culturales
superiores, porque la violencia y el desorden sólo conducen a la
paralización y al embrutecimiento general, esa misma voluntad de
poder que los lleva a luchar, los lleva también a restringir ciertas
agresiones para así obtener poderes y satisfacciones más altas. El

31
“INTERPRETACION JURIDICA”

desorden de la efervescencia de deseos y poderes llama a un orden;


pero este orden no es una imposición abstracta ni la aplicación de
valores inhumanos sino el resultado de la humanidad en lucha, el
resultado de las persuasiones, transacciones, victorias, armisticios,
adhesiones y rendiciones de esos hombres luchando entre sí.

Y es así como se va plasmando un derecho. Pero los resultados de la


lucha -expresados como normas, contratos y doctrinas aceptables- no
quedan fijos para siempre; son meras cristalizaciones temporales que
inmediatamente son reintroducidas a su vez en las luchas futuras
como materiales de construcción de nuevas soluciones originales. Por
eso es que las leyes no son el derecho, sino apenas solidificaciones
transitorias, prontamente cuestionadas, reinterpretadas y utilizadas
sea como arma, sea como blanco, en esa dialéctica de intereses y
poderes que no termina nunca.

3.8. INEXISTENCIA DEL DERECHO

Esto nos lleva a plantearnos que el derecho como tal no existe; no hay
algo ahí afuera, frente a nosotros, ya hecho, que se llame derecho.
Hay leyes, hay doctrinas, hay jurisprudencia; pero todo ello no es
todavía derecho sino elementos para construir el derecho, entendido
éste como una concepción siempre nueva, constantemente en
proceso de renovación, cada vez como una invención para el caso
específico.

Estamos, pues, siempre ante un derecho por hacerse. Y esto obliga al


jurista a innovar: el buen jurista no se acoge a dogmas sino trata
siempre de encontrar una solución original, una solución creativa, que
se adapte más adecuadamente a la peculiaridad de cada situación. El
jurista tiene que intentar y tiene que tentar.

El derecho, por consiguiente, no es un ser sino un devenir, no es algo


hecho sino algo haciéndose permanentemente; y eso implica que es
también algo deshaciéndose permanentemente. Y así, dado que no se
puede aspirar a una sociedad sin conflicto, tampoco se puede aspirar
a un derecho sencillo, limpio, transparente, sin cortinas ni pliegues,
perfectamente concordado y sistematizado, absolutamente claro y
deducible, duradero, del cual haya desaparecido toda dificultad
interpretativa; en realidad, el conflicto social y la dificultad interpretativa
tienen un mismo origen: la libertad y la capacidad creativa del hombre.

Quizá debiéramos ser más radicales en el planteamiento: si el derecho


no existe ya hecho, no podemos hablar de interpretación porque no

32
“INTERPRETACION JURIDICA”

hay nada qué interpretar. Tenemos que hablar de construcción: el


juez, el abogado, no interpretan las leyes sino que las usan para
organizar soluciones; no hay simplemente intelección sino creación. El
derecho no es, entonces, ante todo, una forma de conocimiento sino
una voluntad de administración, una voluntad de poder. Pero,
¿voluntad de quién? De todos y de nadie: el derecho resulta del
choque de voluntades. Entendido así, el derecho es un tejido de
confrontaciones; pero la trama de este tejido, los nódulos que lo
constituyen, al igual que la tela de Penélope, se tejen y se destejen
continuamente, se forman y se deforman, de acuerdo con las
dinámicas individuales y sociales.

El jurista no persigue, entonces, conocer a un supra-orden -que


pudiera encontrarse en la mente del legislador o en la naturaleza o en
la mente de Dios- sino organizar adecuadamente los poderes dentro
de una sociedad, para que no se inutilicen unos a otros: tiene que
convertir un conflicto destructivo en un conflicto productivo.

3.9. EL ORDEN Y EL DESORDEN

¿Es que no hay, entonces, orden alguno? ¿Es que no tenemos ningún
cimiento, es que en materia de derecho no existe ningún motor inmóvil
que permita fundar el movimiento valorativo y hablar objetivamente de
justicia en tanto que orden moralmente correcto? La inoperancia del
concepto de verdad en el fenómeno jurídico, la falta de un criterio fijo
y seguro, la ausencia de una cosa en-sí que nos permita apreciar la
corrección de nuestra representación jurídica, ¿hace imposible todo
orden?

Pienso que el desorden y el orden se implican recíprocamente: uno


produce al otro; y el sistema de relaciones sociales no es un
desesperanzado desorden donde cada individuo pelea por lo suyo sin
que de ello surja ninguna visión de conjunto; pero tampoco es un orden
perfectamente establecido, como lo hubiera querido el derecho
tradicional.

El orden resulta de un movimiento centrípeta que busca unificar, que


pretende totalizar significativamente la diversidad. Pero si el orden
fuera pleno, la diversidad desaparecería y el sistema perdería su
dinamismo interno. Por ello, esas fuerzas centrípetas presuponen,
coexisten y generan fuerzas centrífugas que tienden a cuestionar el
orden, a fragmentar la unidad y a desarrollar la multiplicidad. Y esta es
la respiración de la historia; y quizá la respiración de la vida en todas

33
“INTERPRETACION JURIDICA”

sus dimensiones: una constante aspiración y expiración, una implosión


y una explosión.
La razón concentra, mientras que la libertad desparrama. Pero si la
razón concentra demasiado, mata la libertad y se vuelve totalitaria; y
si la libertad desborda a la razón, el cosmos se disuelve en el caos y
la propia libertad se pierde.

En consecuencia, esta dialéctica de la razón y de la libertad genera un


orden dinámico en el que la razón disciplina y hace coherente a la
libertad; y la libertad flexibiliza e impide el anquilosamiento de las
estructuras racionales.

La seguridad jurídica no se logra, entonces, convirtiendo las leyes en


dogmas y canonizando interpretaciones y doctrinas. Por el contrario,
ese camino no conduce sino a mayor inseguridad porque, teniendo
siempre la norma una textura abierta e incompleta, su dogmatización
se niega a afrontar racionalmente el problema de la creación de
derecho implicado en toda aplicación de una regla; y así esta tarea
inevitable es realizada de manera inconsciente, con grave riesgo de
arbitrariedad y de prejuicio.

La razón, con su exigencia de coherencia y rigor, organiza la libertad,


le otorga una estructura que puede plasmarse en una ley, en un
acuerdo o en una doctrina. Esa misma coherencia racional obliga a
quienes usan posteriormente el derecho a tomar en cuenta esas
estructuras: es un principio del sistema el que la ley no pueda ser
desconocida; y, aunque la jurisprudencia y la doctrina no son
obligatorias, no sería tampoco racional apartarse de ellas sin una
buena justificación. Pero la libertad de esos actores jurídicos que se
encuentran dentro de un mundo de normas y doctrinas hace que
puedan completar creativamente la norma, colocarla dentro de
nuevos contextos de manera que adquiera nuevos sentidos; y esa
misma libertad los lleva a cuestionar las doctrinas establecidas con la
esperanza de persuadir a los demás de que una perspectiva distinta
es mejor, para así establecer nuevas formas de regular una
determinada situación, aun sin cambiar las leyes mismas.
La seguridad jurídica no es, entonces, producto del dogmatismo ni de
la rigidez sino de una creatividad coincidente, una libertad creadora
organizada socialmente por la razón. Y esta razón que organiza no es
un obstáculo ni una restricción de la libertad sino una forma de hacerla
más eficiente y productiva, una forma de evitar que se consuma
demasiado rápidamente en una orgía de auto-afirmación agresiva y
que dirija más bien su energía hacia su despliegue a niveles superiores
de expresión de lo humano. Como dice Kant, toda oposición o

34
“INTERPRETACION JURIDICA”

restricción a la acción del hombre que contrarresta un obstáculo a la


libertad, no es un recorte de la libertad sino una forma de promoverla
y realizarla.19 Y el derecho no es así una represión de los apetitos del
hombre sino una forma de realizar el apetito más importante, aquel
que funda los demás apetitos, que es la libertad.

3.10. ÉTICA Y RACIONALIDAD LIBERTARIA

Pero si asumimos una posición perspectivista y construccionista, ¿es


posible todavía hablar de una ética? ¿Qué es lo que hace que, entre
una gama de interpretaciones -o de construccionesposibles, se escoja
una y no la otra? Parecería que cada persona intentara hacer pasar la
interpretación que más le conviene a su propia posición; y aquella que
logre persuadir a las otras será la que prime. De esta manera, las
interpretaciones se estarían confrontando permanentemente entre sí
y la que tenga más fuerza -es decir, aquella que sea más aceptable
por quien debe imponerla- será la que salga adelante. La
confrontación de fuerzas -y cuando hablamos de fuerzas incluimos las
espirituales- va a ser resuelta por el peso específico de cada una de
ellas; lo que puede resultar equivalente a decir que aquellas
posiciones respaldadas por una mayor fuerza física o aquellas que
sean presentadas con mayor habilidad, con mayor capacidad de
persuación, serán las que resulten valederas.

¿Significa esto eliminar la ética, la objetividad y la justicia del campo


derecho? ¿Significa esto reducir el derecho a una física que debe ser
estudiada simplemente de acuerdo con la teoría de la composición de
fuerzas? ¿Quiere decir que no hay un orden moral posible y que todo
se limita a un simple enfrentamiento de poderes, como toros salvajes
que se dan de golpes con el testuz?
¿No queda otra cosa que la anarquía moral más absoluta y la ley del
más fuerte (aunque lo fuerte no debe entenderse simplemente como
represión o fuerza física o económica sino también como fuerza de
convicción)? ¿Caemos de esta forma en un nihilismo o en la apología
del sofisma?
De ninguna manera. Creo que es posible encontrar un fundamento
racional que permita encauzar la libertad. Es más; creo que es
indispensable reconstruir un sistema ético, es decir, una base para
proponer conductas deseables. Pero esta ética no puede sostenerse
en una escala cosificada de valores ni en una suerte de super-derecho
establecido de una vez para siempre sino en un criterio que pueda
encarnar esa respiración de la razón y de la libertad, que pueda regular
la libertad sin sofocarla por falta ni por exceso.

35
“INTERPRETACION JURIDICA”

Para encontrar una palanca moral de ese tipo, tenemos que hallar un
punto de apoyo que sea al mismo tiempo fijo y movible, estático y
dinámico, que sea un soporte al pedido de orden pero que no ahogue
la dinámica del desorden. Ese punto de apoyo es la idea misma de
libertad, entendida no como ejercicio alocado sino como una actividad
con un propósito: ese apoyo hay que buscarlo en una noción de poder
que se reconoce como tal y que consciente de sus exigencias en tanto
que poder.

La libertad no es una "cosa" sino un proceso, un elan. El hombre está


hecho para transcenderse, para superarse, para adquirir niveles cada
vez superiores de consciencia y de relación con los demás hombres y
con el mundo (entendido en particular y como un todo); y la libertad es
la condición de esa trascendencia. De ahí que la finalidad del derecho
no pueda ser simplemente
conservacionista: no se trata meramente de preservar al individuo y de
proteger sus derechos: el derecho no es la garantía de una libertad
muerta, ya adquirida, sino el establecimiento de las condiciones que
posibilitan llevar esa libertad cada vez más lejos, que permiten darle
vida, disparándola hacia horizontes desconocidos.

Si el derecho es una forma de vivir la libertad y si la libertad es


permanente creación, es efervescencia, es invención de sí misma a
cada instante, ningún elemento estático puede ser criterio de valor, ya
que sería inmediatamente sobrepasado por la libertad, desplegándose
a sí misma. El valor más alto, el valor fundante, sólo puede estar en la
libertad misma, en aquello que afirmando su permanencia es por
naturaleza impermanente. El método para hallar, entonces, el criterio
moral pasa por la siguiente pregunta: ¿cuál interpretación, qué actitud,
qué conducta llevan a un mayor desarrollo de la libertad?

No es posible plantear como criterio de valor y de orden un "así es" ni


un "así debe ser" porque toda forma concreta de ser puede -y debe-
ser trascendida: el "así" constituiría una predeterminación y una rigidez
inaceptable para el espíritu libre porque pretendería negar la inventiva
de la propia libertad. No puede admitirse una ética de bienes y ni aún
una ética de fines predefinidos: la ética sólo puede orientarse a un fin
abierto, que se redefine continuamente.

Es en ese sentido que afirmamos que el hombre no tiene una


naturaleza. Ni siquiera nos es permitido decir que la naturaleza del
hombre es su libertad; porque la libertad no es, sino que se va
haciendo: el hombre no es sino un proyecto, una actividad que nos
impulsa hacia adelante, un arco tendido. Esa libertad creadora no se

36
“INTERPRETACION JURIDICA”

da contra la naturaleza, pero tampoco se somete a ella: el hombre


ayuda a la naturaleza a superarse y va más allá de los límites
naturales. Así, el hombre tiene que superarse permanentemente y
superar la naturaleza. Pero esa superación no puede realizarse
mediante la destrucción de su entorno, porque hombre y entorno
forman un sistema de vida. Una superación que no conserve o supere
su entorno es, en el fondo, una auto-destrucción.
Como lo señala la ecología, la superación del hombre, la
trascendencia de su "esencia", supone la superación del todo: el
hombre sólo puede superarse -es decir, sobrepasarse, construirse por
encima de su dato presente- haciendo que la naturaleza entera se
sobrepase.

3.11. EL DERECHO COMO ARTE

La perspectiva heterodoxa que he intentado presentar nos lleva a una


consecuencia igualmente heterodoxa respecto de las relaciones entre
derecho y ciencia.

Pienso que Kelsen tenía razón cuando decía que la ciencia del
derecho, la representación intelectual del derecho, termina con el
análisis teórico de las normas: no permite llegar hasta la solución de
los casos concretos. Del análisis del material legal, a la solución
efectiva de las controversias, hay un salto enorme que, según Kelsen,
no se puede dar sino por un acto de voluntad: la razón nos deja todavía
en una abstracción y desde ahí tenemos que bajar a tierra mediante
una decisión antes que a través de una intelección.

Pero pienso también que Kelsen se equivocó cuando renunció a


comprender el derecho más allá de ese análisis abstracto de las
normas: para él, el abogado y el juez ya no son propiamente juristas
porque tienen necesariamente que apartarse de la racionalidad pura
para internarse en consideraciones que obedecen más bien a
adhesiones, valores y convicciones no justificables por la coherencia
misma del sistema normativo. A fin de mantener la cientificidad del
derecho como representación, redujo el derecho en tanto que objeto
de tal representación a la norma positiva, en vez de ver ese material
normativo en operación. En otras palabras, intentó aprehender un
objeto dinámico de conocimiento mediante una visión estática; de la
misma manera como si se pretendiera reducir el estudio de la guerra
al análisis tecnológico de las armas, considerando que el uso mismo
de ellas resulta ininteligible racionalmente.

37
“INTERPRETACION JURIDICA”

En cambio, si aceptamos la teoría dinámica del derecho que he


propuesto antes, las normas tienen interés solamente en tanto que
punto de partida; pero no podemos limitar el estudio únicamente a ellas
porque se nos habría escapado el derecho como proceso vivo,
dialéctico.
Paradójicamente, en un cierto sentido las normas positivas han dejado
de ser derecho porque no
son sino el resultado ya fosilizado de un conflicto que se solucionó con
la promulgación de la regla; y, en otro sentido, no son todavía derecho
mientras no se pongan en operación, mientras no sean utilizadas por
los hombres. En otras palabras, las leyes participan de la ambigüedad
de los murciélagos, que pueden ser vistos como ratones o como
pájaros; igual podríamos decir que el mero texto legal es ya un cadáver
o es todavía un feto. Por consiguiente, Kelsen, alucinado por su ideal
de puridad científica, estableció una teoría que no es sino una ciencia
cadavérica del derecho o una ciencia fetal; pero no estudió el derecho
vivo, adulto, operando confusamente e impuramente en la rea-lidad
social. Y quizá lo más importante del derecho está precisamente en la
aplicación y uso efectivo de las normas y principios, en la guerra de
los hombres dentro del campo de batalla jurídico, que Kelsen
desprecia debido a que no puede ser manejada intelectualmente,
debido a que no permite ser abordada científicamente porque no
responde a una pureza racional: la aplicación y uso efectivo del
derecho, la guerra de los hombres dentro del campo de batalla del
derecho.

Ahora bien, si la aplicación del derecho no es tanto una disciplina que


descubre o que entiende, sino un obrar que crea y que transforma, el
derecho no es una ciencia: es un arte. Como la guerra.

Claro está que decir que el derecho no es una ciencia no significa


negar la utilidad del conocimiento científico para el jurista. No cabe
duda de que las armas deben ser conocidas de manera rigurosa y
completa por los combatientes; pero ese conocimiento no es todavía
la práctica de la guerra, como el conocimiento científico de la
normatividad no es todavía el ejercicio del derecho. Apenas lo que
hace es establecer los límites de la semiosis, a los que se refería Eco.

Pero el derecho propiamente nace cuando a ese conocimiento


riguroso de los textos legales se le da un uso creativo, cuando ese
conocimiento colabora en la organización práctica de la vida social. El
pintor persigue inventar un objeto nuevo; y, por tanto, cuando pinta un
cuadro no está realizando un acto de conocimiento sino que está
ejerciendo un poder. Pero ese pintor se vale sin duda de los resultados

38
“INTERPRETACION JURIDICA”

de la ciencia en materia de colores como instrumento para acrecentar


y afirmar su poder creativo. Así el jurista requiere de un conocimiento
profundo de las leyes. Pero no será jurista mientras no invente,
mientras no cree soluciones siempre nuevas con esas leyes; de la
misma forma que un químico experto en colores no es un pintor si no
pinta un cuadro.

4. RICCARDO GUASTINI Y LA INTERPRETACIÓN JURÍDICA

Guastini afirma que el término interpretar puede ser analizado en cuanto


actividad o en cuanto resultado de esa actividad. Cuando él elabora su teoría de
la interpretación del derecho parte de considerar dicho término en el segundo de
sus sentidos. Por esa razón sostiene que el objeto de la teoría de la
interpretación del derecho son los discursos de los intérpretes, es decir el
resultado al que da lugar la actividad de los sujetos que interpretan el derecho.
La característica principal que debe tener, para el autor, un estudio que pretenda
erigirse en una teoría es poseer carácter descriptivo.

4.1. Tesis sobre la interpretación jurídica

4.1.1. Diferencia entre “disposiciones normativas” y “normas”


Sin embargo, Guastini distingue entre “disposición normativa” y
“norma”. La disposición normativa constituye un conjunto de palabras
mediante las cuales se pretende regular la conducta de las personas;
la norma constituye el significado de la disposición normativa. Sobre
el particular, Guastini afirma:

es necesario distinguir cuidadosamente entre los enunciados


normativos – las “disposiciones”, como suele decirse- y las normas,
entendidas como significados: entre las dos cosas, de hecho, no se da
una correspondencia bi-unívoca. Muchos enunciados normativos son
ambiguos: expresan dos (o más) normas alternativamente. Muchos
enunciados normativos (quizás todos los enunciados normativos)
tienen un contenido de sentido complejo: expresan y/o implican una
pluralidad de normas conjuntamente. ( )

De acuerdo a su planteamiento, no existe una correspondencia


precisa entre disposición normativa y norma. Una disposición
normativa puede ser ambigua y expresar dos o más significados
alternativamente (dos o más “normas”); también puede tener un
contenido complejo (expresar una pluralidad de “normas” al mismo
tiempo).

4.1.2. El carácter decisorio de la labor interpretativa

39
“INTERPRETACION JURIDICA”

Para Guastini, el intérprete no descubre el significado de los textos


jurídicos, sino que decide ese significado, sobre la base de las teorías
dogmáticas que maneja, el método de interpretación que utiliza y sus
propias ideas de justicia. El resultado de esta actividad será la
atribución de un determinado significado al texto interpretado (la
creación de una norma jurídica), que se desprenderá directa o
indirectamente del texto, con un alcance literal, o quizás más amplio o
restringido que aquél. Con relación a este punto, Guastini explica lo
siguiente:

la interpretación … en un acto de voluntad, que consiste no en tomar


conocimiento del único significado, sino en decidir “un” significado en
el ámbito de los varios significados igualmente posibles. Se sigue que
los enunciados interpretativos no pertenecen al discurso descriptivo,
por lo que están privados del valor de verdad. ( )

De acuerdo a Guastini, cuando un jurista se limita a dar a conocer


todos los posibles significados de un texto jurídico,
independientemente de un caso concreto, realiza una “interpretación
en abstracto”.

La “interpretación en abstracto” es una actividad decisoria, pero no


tiene efectos jurídicos, pues no modifica la realidad jurídica, creando
derechos, deberes u obligaciones para las personas. Constituye sólo
un ejercicio intelectual. La “interpretación en concreto” es una actividad
decisoria que sí produce efectos jurídicos, pues modifica la realidad
jurídica, creando derechos, deberes u obligaciones para las personas
involucradas en el supuesto de hecho examinado. Ésta constituye un
verdadero acto de producción jurídica.

4.1.3. Los límites legales y naturales de la interpretación jurídica

De acuerdo el planteamiento de Guastini, los intérpretes no tienen una


libertad absoluta para interpretar los textos jurídicos, pues están
sujetos a límites normativos y factuales.

Los primeros son impuestos por la ley, cuando ésta indica la forma en
que debe realizarse la labor interpretativa, estableciendo una
preferencia entre los métodos interpretativos, o la manera en que los
métodos deben aplicarse a los textos normativos. En cuanto a los
límites factuales, debe tenerse en cuenta que existe un número
máximo de significados atribuibles a las palabras de un texto jurídico,
de acuerdo al lenguaje ordinario y a la dogmática jurídica del ambiente

40
“INTERPRETACION JURIDICA”

cultural del intérprete, así como las interpretaciones ya consolidadas


de los textos jurídicos.

4.1.4. Las clases de interpretación jurídica

Guastini diferencia entre “interpretación en abstracto” e “interpretación


en concreto”. La primera es hecha por los juristas, cuando dan a
conocer los posibles significados de un texto jurídico; la segunda es
realizada por los órganos de aplicación del Derecho, entre ellos los
jueces, cuando eligen una interpretación determinada para solucionar
un caso concreto.

5. CLASIFICACIÓN DE LA INTERPRETACIÓN JURÍDICA

5.1. La interpretación declarativa


Para Guastini, la interpretación declarativa es aquella cuyo producto
interpretativo guarda conformidad con el tenor de la disposición
normativa interpretada. En este caso, el intérprete atribuye a una
disposición normativa el significado más inmediato que se desprende
del uso común de las palabras y de las reglas sintácticas. Guastini
define este tipo de interpretación, de la siguiente manera:

Por interpretación literal o declarativa puede entenderse, grosso modo,


la interpretación que atribuye a una disposición su significado “literal”,
es decir, el más inmediato – el significado prima facie, como suele
decirse – que se desprende del uso común de las palabras y de las
reglas sintácticas . ( )

5.2. La interpretación correctora


Para Guastini, la interpretación correctora consiste en atribuir a los
textos jurídicos un significado diferente al literal, pudiendo ser dicho
significado más extenso que el literal (interpretación extensiva) o más
restringido (interpretación restrictiva).

Antes de realizar una interpretación correctora, el intérprete debe


desacreditar la interpretación declarativa. Para esto puede utilizar el
argumento de “ratio legis”, el argumento de la “razonabilidad del
legislador” y el argumento de la “naturaleza de las cosas”. Con relación
a esta clase de interpretación, Guastini afirma:

Es evidente que la argumentación correctora debe sostenerse con


argumentos que desacrediten por impracticable, y por tanto excluyan,
la interpretación literal. ( )

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“INTERPRETACION JURIDICA”

5.2.1. La interpretación extensiva


La interpretación extensiva consiste extender el significado literal de
una disposición, introduciendo en su campo de aplicación supuestos
de hecho que, según la interpretación declarativa, no entrarían en él.
Guastini define esta clase de interpretación de la siguiente forma:

Se llama extensiva a aquella interpretación que extiende el significado


prima facie de una disposición, incluyendo en su campo de aplicación
supuestos de hecho que, según la interpretación literal, no entrarían
en él. ( )

En la interpretación extensiva se pueden utilizar dos argumentos: el


argumento “a simili” y el argumento “a fortiori”.

De acuerdo a Guastini, en el argumento “a simili”, se presenta un


supuesto de hecho regulado por el Derecho y otro no regulado, y se
sostiene que debe aplicarse al supuesto de hecho no regulado la
consecuencia jurídica del supuesto regulado, en razón a que existe
entre ellos una “semejanza esencial”. Según Guastini, en el argumento
“a fortiori”, se presenta un supuesto de hecho regulado por el Derecho
y otro no regulado, y se sostiene que debe aplicarse al supuesto de
hecho no regulado la consecuencia jurídica del supuesto regulado,
pues el primero merece “con mayor razón” la misma consecuencia
jurídica.

5.2.2. La interpretación restrictiva

De acuerdo a Guastini, se denomina “restrictiva” a la interpretación que


restringe el significado literal de una disposición normativa, excluyendo
de su campo de aplicación algunos supuestos que, según la
interpretación literal, entrarían en él.
Para hacer una interpretación restrictiva, se hace uso del argumento
de la disociación. El argumento de la disociación consiste en introducir
en el texto jurídico una distinción en la que el legislador no ha pensado,
con el fin de reducir el campo de aplicación de una disposición sólo a
algunos de los supuestos de hecho previstos por ella, según una
interpretación literal.

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“INTERPRETACION JURIDICA”

CONCLUSIONES
o La interpretación Jurídica es de vital importancia, pues el Derecho
sólo puede ser aplicado tras ser interpretado. Por tanto, no puede
haber Derecho sin Interpretación.
o Los métodos de interpretación esclarecen el significado de las
normas utilizando, cada uno, variable de interpretación distinta a
la de los demás.
o La interpretación jurídica no sólo permite la aplicación del Derecho,
sino que además va más allá: descubre su mensaje correcta o
incorrectamente; le da su verdadero significado, alcance y sentido
o se lo quita; lo acerca a la justicia o a la injusticia.
o la interpretación es un término que abarca significados diversos
entre sí, no considera posible hacer algo así como un tratado
general sobre la misma.

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“INTERPRETACION JURIDICA”

BIBLIOGRAFIA/WEBGRAFIA

- GUASTINI, Riccardo. Estudios sobre la interpretación jurídica. México: Instituto de


Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México, 1999. 100
pp. Trad. del italiano por Marina Gascón y Miguel Carbonell.

- GIMENO PRESA, María Concepción. Teoría y doctrina de la interpretación jurídica en la


propuesta de Riccardo Guastini.

- RUBIO CORREA, Marcial, EL SISTEMA JURIDICO, Introduccion al Derecho.

- LA MUERTE DEL LEGISLADOR ,Fernando DE TRAZEGNIES GRANDA -La naissance du


lecteur doit se payer de la mort de l'Auteur. Roland BARTHES

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