Está en la página 1de 20

José martí

Árbol de mi alma
Como un ave que cruza el aire claro
Siento hacia mí venir tu pensamiento
Y acá en mi corazón hacer su nido.
Ábrese el alma en flor: tiemblan sus ramas
Como los labios frescos de un mancebo
En su primer abrazo a una hermosura:
Cuchichean las hojas: tal parecen
Lenguaraces obreras y envidiosas,
A la doncella de la casa rica
En preparar el tálamo ocupadas:
Ancho es mi corazón, y es todo tuyo:
Todo lo triste cabe en él, y todo
Cuanto en el mundo llora, y sufre, y muere!
De hojas secas, y polvo, y derruidas
Ramas lo limpio: bruño con cuidado
Cada hoja, y los tallos: de las flores
Los gusanos del pétalo comido
Separo: oreo el césped en contorno
Y a recibirte, oh pájaro sin mancha
Apresto el corazón enajenado!
Copas con alas
Una copa con alas: quién la ha visto
antes que yo? Yo ayer la vi. Subía
con lenta majestad, como quien vierte
óleo sagrado: y a sus bordes dulces
mis regalados labios apretaba:?
Ni una gota siquiera, ni una gota
del bálsamo perdí que hubo en tu beso!

Tu cabeza de negra cabellera


?Te acuerdas?? con mi mano requería,
porque de mí tus labios generosos
no se apartaran. ?Blanda como el beso
que a ti me transfundía, era la suave
atmósfera en redor: La vida entera
sentí que a mí abrazándote, abrazaba!
Perdí el mundo de vista, y sus ruidos
y su envidiosa y bárbara batalla!
Una copa en los aires ascendía
y yo, en brazos no vistos reclinado
tras ella, asido de sus dulces bordes:
Por el espacio azul me remontaba!

Oh amor, oh inmenso, oh acabado artista:


en rueda o riel funde el herrero el hierro:
una flor o mujer o águila o ángel
en oro o plata el joyador cincela:
Tú sólo, sólo tú, sabes el modo
de reducir el Universo a un beso!

CUBA NOS UNE


Cuba nos une en extranjero suelo,
Auras de Cuba nuestro amor desea:
Cuba es tu corazón, Cuba es mi cielo,
Cuba en tu libro mi palabra sea.
PABLO NERUDA

12
Para mi corazón basta tu pecho,
para tu libertad bastan mis alas.
Desde mi boca llegará hasta el cielo
lo que estaba dormido sobre tu alma.
Es en ti la ilusión de cada día.
Llegas como el rocío a las corolas.
Socavas el horizonte con tu ausencia.
Eternamente en fuga como la ola.
He dicho que cantabas en el viento
como los pinos y como los mástiles.
Como ellos eres alta y taciturna.
Y entristeces de pronto, como un viaje.
Acogedora como un viejo camino.
Te pueblan ecos y voces nostálgicas.
Yo desperté y a veces emigran y huyen
pájaros que dormían en tu alma.
-
15
Me gustas cuando callas porque estás como ausen te,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.Como todas las cosas están
llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma ,
y te pareces a la palabra melancolía.Me gustas cuando callas y estás
como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.Déjame que te hable
también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.Me gustas cuando
callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

-
Soneto 22
Cuántas veces, amor, te amé sin verte y tal vez sin recuerdo,
sin reconocer tu mirada, sin mirarte, centaura,
en regiones contrarias, en un mediodía quemante:
eras sólo el aroma de los cereales que amo.
Tal vez te vi, te supuse al pasar levantando una copa
en Angola, a la luz de la luna de Junio,
o eras tú la cintura de aquella guitarra
que toqué en las tinieblas y sonó como el mar desme dido.
Te amé sin que yo lo supiera, y busqué tu memoria.
En las casas vacías entré con linterna a robar tu retrato.
Pero yo ya sabía cómo era. De pronto
mientras ibas conmigo te toqué y se detuvo mi vida:
frente a mis ojos estabas, reinándome, y reinas.
Como hoguera en los bosques el fuego es tu reino.
RUBEN DARIO

¡Oh, mi adorada niña!


¡Oh, mi adorada niña!
Te diré la verdad:
Tus ojos me parecen
Brasas tras un cristal;
Tus rizos, negro luto,
Y tu boca sin par,
La ensangrentada huella
Del filo de un puñal.

Amo, amas
Amar, amar, amar, amar siempre, con todo
El ser y con la tierra y con el cielo,
Con lo claro del sol y lo oscuro del lodo;
Amar por toda ciencia y amar por todo anhelo.

Y cuando la montaña de la vida


Nos sea dura y larga y alta y llena de abismos,
Amar la inmensidad que es de amor encendida
¡Y arder en la fusión de nuestros pechos mismos!
Cuando llegues a amar
Cuando llegues a amar, si no has amado,
Sabrás que en este mundo
Es el dolor más grande y más profundo
Ser a un tiempo feliz y desgraciado.

Corolario: el amor es un abismo


De luz y sombra, poesía y prosa,
Y en donde se hace la más cara cosa
Que es reír y llorar a un tiempo mismo.

Lo peor, lo más terrible,


Es que vivir sin él es imposible.
Estrella, árbol y pájaro

En la estancia de la noche
sola yo, soy una estrella.
Sola yo, soy una estrella
en un ángulo de la luna.

Noche que desgaja lunas


para mí, que soy árbol solo.
Árbol solo, gris y estático
que no va dejando sombra.

En un ángulo del mundo


canto yo, pájaro solo.
Canto yo, pájaro solo.
¡Ah qué antigua es mi canción!

Los arados

Se han bifurcado las sendas


y van atrás los arados.
He comenzado a llamarte "compañero"
y he cosido mi pobreza a tu pobreza.
Yo un punto, tú otro punto
—alguien nos hundió el dedo en los ojos—
porque los dos lloramos sangre...
Pedazos de mi vida, de tu vida
van roturando los arados.
Poema en gris

Igual que un pájaro en su jaula


que no tiene un cielo azul
donde extender sus alas
—así me echo de menos—
sin los cielos untados de tu presencia
donde mi dicha pastoreaba nubes
tarde a tarde.
MIGUEL DE CERVANTES

A Dulcinea del Toboso

¡Oh, quién tuviera, hermosa Dulcinea,


por más comodidad y más reposo,
a Miraflores puesto en el Toboso,
y trocara sus Londres con tu aldea!

¡Oh, quién de tus deseos y librea


alma y cuerpo adornara, y del famoso
caballero que hiciste venturoso
mirara alguna desigual pelea!

¡Oh, quién tan castamente se escapara


del señor Amadís como tú hiciste
del comedido hidalgo don Quijote!

Que así envidiada fuera, y no envidiara,


y fuera alegre el tiempo que fue triste,
y gozara los gustos sin escotes.
A Fray Pedro de Padilla
Cual vemos que renueva
el águila real la vieja y parda
pluma y con otra nueva
la detenida y tarda
pereza arroja y con subido vuelo
rompe las nubes y se llega al cielo:
tal, famoso Padilla,
has sacudido tus humanas plumas,
porque con maravilla
intentes y presumas
llegar con nuevo vuelo al alto asiento
donde aspiran las alas de tu intento.
Del sol el rayo ardiente
alza del duro rostro de la tierra,
con virtud excelente,
la humidad que en sí encierra,
la cual después, en lluvia convertida,
alegra al suelo y da a los hombres vida:
y d'esta mesma suerte
el sol divino te regala y toca
y en tal humor convierte
que, con tu pluma, apoca
la sequedad de la ignorancia nuestra
y a sciencia santa y santa vida adiestra.
¡Qué sancto trueco y cambio:
por las humanas, las divinas musas!
¡Qué interés y recambio!
¡Qué nuevos modos usas
de adquirir en el suelo una memoria
que dé fama a tu nombre, al alma gloria!;
que, pues es tu Parnaso
el monte del Calvario y son tus fuentes
de Aganipe y Pegaso
las sagradas corrientes
de las benditas llagas del Cordero,
eterno nombre de tu nombre espero.
A la reina Doña Isabel
Serenísima reina, en quien se halla
lo que Dios pudo dar a un ser humano;
amparo universal del ser cristiano,
de quien la santa fama nunca calla;

arma feliz, de cuya fina malla


se viste el gran Felipe soberano,
ínclito rey del ancho suelo hispano
a quien Fortuna y Mundo se avasalla:

¿cuál ingenio podría aventurarse


a pregonar el bien que estás mostrando,
si ya en divino viese convertirse?

Que, en ser mortal, habrá de acobardarse,


y así, le va mejor sentir callando
aquello que es difícil de decirse.
JOSE ADAN CASTELAR

Cae
la hora, ya
oscurecida.

No hay viento
que junte
los cabellos. El remo hunde las manos
en el agua mansa, rareza
de este crepúsculo.

La pequeña nave
deslizante, roza
el pétalo.

Y en las orillas,
sombra y hojas
nos recuerdan.
Coyoles Central

Ahora mismo yo podría disparar


una bala en este poema
o gritar me lleva
el diablo aplastando una estrella.
Ahora mismo —sin ir muy lejos— yo podría
condenarme al cepo del silencio
sentarme
a la siniestra del hombre—padre
o ir al Carril
besar a Rosa allí
y cantar cantar
pero hay demasiado fruto
lunar en los árboles
y mucho viento del Aguán gritando te amo
y tantos seres comidos por la fluvial
muerte del sur para que yo deba preocuparme
por la ululante soledad
por mi corazón golpeado por la espera
por una muchacha de ojos grises
que me aguarda en la noche
o por ti
lugar de tumbas
"ancho pétalo seco"
me lleva putas de la rabia
del fracaso
o por la poesía del obrerito que por fin
pudo amar este sitio
entre la crueldad
de oscuros habitantes
cercados con alambre de púas como presos
y presos.
Despertar

La vida, atada a un destino


de armas, desfallece.

Los culpables,
sacan del mar
ballenas muertas.

Pero conozco el pétalo de la rabia


y el aire que abre puertas
en lo oscuro.

Respiro ese norte


esta mañana, y, como a una patria,
le he seguido entre piedras
y huertos.
FRANCISCO DE QUEVEDO

DEFINIENDO EL AMOR
Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.

Es un descuido que nos da cuidado,


un cobarde con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado.

Es una libertad encarcelada,


que dura hasta el postrero parasismo,
enfermedad que crece si es curada.

Éste es el niño Amor, éste es tu abismo:


mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo.
EN VANO BUSCA LA TRANQUILIDAD EN EL AMOR
A fugitivas sombras doy abrazos,
en los sueños se cansa el alma mía;
paso luchando a solas noche y día,
con un trasgo que traigo entre mis brazos.

Cuando le quiero más ceñir con lazos,


y viendo mi sudor se me desvía,
vuelvo con nueva fuerza a mi porfía,
y temas con amor me hacen pedazos.

Voyme a vengar en una imagen vana,


que no se aparta de los ojos míos;
búrlame, y de burlarme corre ufana.

Empiézola a seguir, fáltanme bríos,


y como de alcanzarla tengo gana,
hago correr tras ella el llanto en ríos.

DEFINICIÓN DE AMOR
¿Rogarla? ¿Desdeñarme? ¿Amarla
¿Seguirla? ¿Defenderse? ¿Asirla? ¿Airarse?
¿Querer y no querer? ¿Dejar tocarse
ya persuasiones mil mostrarse firme?

¿Tenerla bien? ¿Probar a desasirse?


¿Luchar entre sus brazos y enojarse?
¿Besarla a su pesar y ella agraviarse?
¿Probar, y no poder, a despedirme?

¿Decirme agravios? ¿Reprenderme el gusto?


¿Y en fin, a beaterías de mi prisa,
dejar el ceño? ¿No mostrar disgusto?

¿Consentir que la aparte la camisa?


¿Hallarlo limpio y encajarlo justo?
Esto es amor y lo demás es risa.
Historia de la literatura hondureña
La literatura hondureña tiene sus orígenes en el periodo colonial con los escritores:

 Francisco Carrasco de Saz.


 Antonio de Paz y Salgado1 (nacido en Real de Minas de Tegucigalpa a finales de
1600 y fallecido probablemente en 1748), es autor de dos obras de índole
humorística: Instrucción de litigantes o guía para seguir pleitos y El Mosqueador o
abanico con visos de espejo para ahuyentar y representar todo género de tontos,
moledores y majaderos,
Siglo XIX
En el siglo XIX destacan los siguientes escritores:

 José Tomás de Adalid y Gamero (originario de Nicaragua y fallecido en 1811),


quien llegó a la villa de la Inmaculada Concepción de Danlí, donde contrajo
matrimonio en 1802 y en 1806 dio a conocer su "Cartilla irónica para entrar a la
moda", texto que circula secretamente tanto ahí como en Nicaragua pues las
autoridades eclesiásticas la consideraron "una obra herética y perniciosa".
Luego de la independencia y la introducción de la imprenta, inicia una nueva era en
la literatura de Honduras. En la corriente litúrgica, destaca José Trinidad Reyes y sus
Pastorelas.
Durante este siglo confluyen el Romanticismo y el Modernismo. En el primero de estos
movimientos destacan autores como:

 Carlos F. Gutiérrez (1861-1898), autor de Piedras falsas (1898), uno de los primeros
poemarios publicados en el país, y de la novela Angelina (1898), unos de los
primeros esbozos en este género en el país cuyos temas predominantes son el
amor, la muerte, la locura, la honra, el destino trágico y se caracteriza por su color
local, el culto a la naturaleza y el gusto por los contrastes. Escribió, además, sin
título, el que es considerado como el primer cuento en la historia literaria de
Honduras.

 Marco Aurelio Soto (1846-1908), autor del cuento "Cabañitas", Ramón Rosa (1848-
1893), autor del cuento "Mi maestra escolástica", más emparentado con el género
de las memorias que con el de cuento.

 En este siglo, el movimiento Modernista tiene sus máximos representantes en


Froylán Turcios (1874-1943), autor de varios poemarios, libros de cuentos y novelas
breves, entre ellos Cuentos del amor y de la muerte, El vampiro y El fantasma
blanco.

 José Antonio Domínguez (1869-1903), autor de al menos 19 sonetos y de su


extenso poema "Himno a la materia", en el que se percibe la hondura del
pensamiento filosófico y el estar al día con teorías científicas muy avanzadas;
Juan Ramón Molina (1875-1908), con una obra poética que quedó dispersa en
periódicos y revistas y que fue recopilada y publicada en 1913 bajo el título Tierras,
mares y cielos.

 Lucila Gamero (1873-1964) publicó 9 novelas, entre las que destacan Amelia
Montiel (1892), Adriana y Margarita (1893) y Blanca Olmedo (1908).

Siglo XX
En el siglo XX destacan narradores como los siguientes:

 Arturo Martínez Galindo cuya obra Sombra, una recopilación de cuentos


publicada originalmente en periódicos y revistas durante la década de los años
20, muestra rasgos románticos y algunas técnicas que permiten ubicarlo como
uno de los precursores de la literatura vanguardista hondureña.

 Lucila Gamero continua su trayectoria como escritora, completa su obra Blanca


Olmedo en 1903 y es publicada en 1908, es el primer libro publicado por una
escritora en Honduras. Es la novelista más relevante del romanticismo en
Honduras, la mayoría de sus libros se publicaron en la primera mitad del siglo XX.2

 Óscar Acosta, con una obra poética de gran valor literario y un único libro de
cuentos, El arca, publicado en Perú en 1956, que rompe con los moldes del
realismo costumbrista imperante en esa época en Honduras.

 El narrador Ramón Amaya Amador es autor de Prisión Verde, novela con la que se
inaugura la literatura del realismo social dentro del país, es otro de los autores
importantes. Marcos Carías, Eduardo Bähr, Galel Cárdenas, Roberto
Castillo, Ernesto Bondy Reyes y Julio Escoto, son algunos de los más importantes
narradores de finales del Siglo XX en Honduras.
 Roberto Sosa (poeta) (Yoro, 18 de abril de 1930 - Tegucigalpa, 23 de mayo de
2011) es una de las figuras más importantes de la literatura hondureña de finales
de este siglo y principios del siguiente. Autor de obras importantes como Los
pobres (1968), que obtuvo el Premio Adonáis de Poesía en España, y Un mundo
para todos dividido (1971), que ganó el Premio Casa de las Américas en Cuba, lo
sitúan como uno de los poetas más importantes no sólo de Centroamérica sino de
Latinoamérica.
Siglo XXI
En el siglo XXI ha surgido varios autores destacados en todos los géneros literarios,
como Marta Susana Prieto, con una saga de novelas históricas; Ernesto Bondy Reyes,
con varios libros de cuentos y dos novelas de corte policial; Dennis Arita, con los libros
de cuentos Final de invierno y Música del desierto; Mario Gallardo, con los cuentos
de Las virtudes de Onán, además de La danta que hizo dugú, una recopilación de
cuentos de la tradición oral garífuna de Masca, y dos antologías de cuento
hondureño; Felipe Rivera Burgos, con los cuentos de Para callar los perros; Giovanni
Rodríguez, autor de varios libros de poesía, cuento, novela y ensayo; Raúl López
Lemus, que publicó Entonces, el fuego y Perro adentro; Darío Cálix, autor de una
novela, Poff, y de los cuentos de El último tango en San Pedro, y Samuel Trigueros,
autor de la novela breve Una despedida.
Uno de los escritores más activos de los últimos años es Bayardo de Campoluna que
arrancó con su proyección en la narrativa con sus libros El Hijo Bastardo del
Diablo (2012), novela romántica contemporánea ambientada en España y Honduras;
y Límite Difuso, una colección de relatos que van desde el thriller psicológico hasta lo
erótico y sobrenatural.
Entre los poetas destacan Leonel Alvarado, autor además de una biografía del poeta
Edilberto Cardona Bulnes; Marco Antonio Madrid, José Antonio Funes, Samuel
Trigueros, Mayra Oyuela, Rebeca Becerra, Fabricio Estrada, Salvador Madrid y Jorge
Martínez.
Durante los últimos años la literatura hondureña ha cosechado importantes premios
regionales, como ser el Premio Centroamericano de Literatura Rogelio Sinán 2013, por
Leonel Alvarado con su libro de poesía Xibalbá, Texas; el Centroamericano de Novela
Mario Monteforte Toledo 2014 por Raúl López Lemus con Alguien dibuja una sombra; y
los Juegos Florales de Quetzaltenango, Guatemala, 2006 y el Premio
Centroamericano y del Caribe de Novela Roberto Castillo 2015, por Giovanni
Rodríguezcon el libro de poesía Las horas bajas y la novela Los días y los muertos,
respectivamente. Denia Nelson Moncada fue galardonada con el primer lugar del
premio Terra Austral, en Sidney, Australia en 2004, con el testimonio El regreso de una
wetback; Azucena Ordoñez Rodas, cuyo libro Romance de Lunhabella fue
reconocido como el Libro del año 2017 en Miami, USA. Otro premio internacional
reciente el de Luis Fernando Lezama, otorgado por la Fundación García Márquez en
Colombia por su cuento "Bañar al bebé".