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ECLESIOLOGÍA

Ensayo realizado para el módulo de eclesiología

Ptr. Julio Cesar Benitez

Ariel Alejandro Villca Lacunza

Universidad Seminario Reformado Latinoamericano


29 de enero de 2016
Medellín, Colombia
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Muchos cristianos a menudo escuchan historias motivadoras acerca de lo que pasó con
la iglesia primitiva; a pesar de que se cuenta lo terrible que fue para los cristianos enfrentar
tan grandes niveles de persecución, estas cosas sirven de aliento para muchos al saber que
la iglesia se mantuvo unida y que gracias a que la gran mayoría de ellos murieron por
querer extender la fe los cristianos de la actualidad pueden llegar a creer en Jesucristo;
además, la misma palabra de Dios prometió bendiciones para los hermanos que
permanecen firmes en su fe y ellos lograron dar testimonio vivo de esto. Sin embargo, la
iglesia no siempre tuvo ese ferviente amor por la verdad de Cristo, sino que a medida que el
tiempo pasaba y la persecución menguaba, las evidencias de un cristianismo “fiel hasta la
muerte”, así como animaba Juan a la iglesia de Esmirna (Ap. 2:10), comenzó a desaparecer,
hasta el momento en que ser cristiano ya no representó una amenaza para ninguno de los
líderes y gobernantes de la antigüedad que realizaban, con toda libertad acciones tanto anti
morales como anti bíblicas, llegando al punto en el que la sociedad vio la misma corrupción
en las iglesias y los gobiernos.

Así mismo hasta el día de hoy, ser cristiano carece del sentido que tenía en los tiempos
de la iglesia primitiva, muchos se llaman cristianos con solo creer que alguna vez existió un
hombre llamado Jesús el Cristo. Algunas religiones como los testigos de Jehová niegan
abiertamente la deidad de Cristo, haciendo imposible la salvación por medio de su sangre, y
aun así se llaman cristianos solo por un esfuerzo de seguir sus pasos, ser bautizados en su
nombre y orar en su nombre (jw.org, 2017). De la misma manera otros cristianos que, a
pesar de que pueden llegar a comprender la importancia de Cristo, no miran con igual
importancia a la congregación de la iglesia local, y algunas organizaciones tanto
eclesiásticas como para eclesiásticas (puede que con buenas intenciones o no) apoyan el
pensamiento de estas personas ofreciendo cultos por internet, donde no necesitan ir a una
iglesia local para congregarse (Breaker, 2017), y estas personas, a pesar de que no son parte
de ninguna iglesia, se llaman a sí mismas cristianas. Es por eso que es importante que la
iglesia de Cristo vea la necesidad de ser miembro de una congregación local juntamente
con otros cristianos.

Jesús caminó sobre la tierra predicó el evangelio que llevaría a los suyos con él
diciendo: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4:17). Así
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mismo Jesús no perdió la perspectiva de reino que comenzó a instituir a aquellos a quienes
decía también que se arrepientan. En su primer discurso llamado el sermón de la montaña,
comienza elogiando a aquellos que se habían apropiado del reino siendo pobres en espíritu
(Mateo 5:3), más adelante orando para que venga el reino (Mateo 6:10), en otro momento
expulsando del reino a aquellos que no pertenecen al reino (Mateo 8:12) y pidiendo que se
predique el evangelio del reino (Mateo 10:7); en otras palabras “Jesucristo mismo edifica a
la iglesia llamando a las personas a si mismo […] pero el proceso por el que Cristo edifica
la iglesia es simplemente una continuación de patrón establecido por Dios en el Antiguo
testamento, por el cuál llamó a las personas a sí mismo para que sean una asamblea que
adore delante de él” (Grudem, 2007). El hecho de que haya una comunidad de hombres
salvados por la sangre de Cristo, que se llaman a sí mismos cristianos hace también que
sean parte de un reino instituido por aquel que los salvó y esta idea es la que debería estar
en todo aquel que se llame cristiano: un reino, un rey y un pueblo

Una persona que diga que es ciudadano del reino no puede vivir lejos de él; así mismo
cuando el Señor salva a una persona esta tiene no solo el deber, sino que se le concede el
deseo de pertenecer al reino al que fue llamado. Las Sagradas Escrituras hacen una
distinción entre un reino invisible (llamada una iglesia universal), que está conformada por
aquellos creyentes de todo el mundo, al que se añaden cada día a las personas que creen en
Cristo, y un reino visible (una iglesia local), en el que se ven a los Santos adorando a Dios y
viviendo en comunión en una asamblea o congregación. Todo creyente, aquel que es
salvado por Cristo pertenece a la iglesia universal por la inclusión de Cristo al haberlo
lavado con su sangre, pero el hecho de pertenecer al reino de Cristo, implica obedecerlo
haciéndose parte de una iglesia local, de lo contrario está desobedeciendo a su Señor
(Harris, 2016).

Además de la necesidad del ciudadano del reino de ser parte del pueblo, está el hecho
de que debe amar ser parte del pueblo de Dios. Las Sagradas Escrituras muestran a la
iglesia como la esposa amada de Cristo, cuyo rescate le costó la vida entera (Efesios 5:25);
cuando el creyente desprecia a la esposa que Cristo amó desde la eternidad y amará por
toda la eternidad, no solo desprecia a la iglesia en sí misma, sino al que es autor de la
iglesia y el salvador de la iglesia. Todo cristiano necesita estar en una iglesia local, porque
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es la forma en la muestra el mismo amor que Cristo tuvo por su iglesia ya que “no amarla
es no amar lo que Cristo más ama en la tierra” (Benitez, 2011). Esto es, desde el punto de
vista de Juan, una prueba de la comunión del cristiano con Dios, ya que él dice de forma
contundente: “el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios a quien
no ha visto” (Juan 4:20), es por eso que todo aquel que dice amar a Dios estará en medio de
los hermanos a los que amará de igual manera.

Al igual que un templo está construido con varios ladrillos, un rebaño contiene varias
ovejas o una la vid varias ramas, el cuerpo de Cristo está conformado de varios miembros.
(Dever, 2016) y el apóstol Pablo dice que la iglesia es el cuerpo de Cristo, y este es único, o
que no hay otro cuerpo más que el de Cristo (Efesios 4:4), el cuerpo no puede funcionar
correctamente si alguno de sus miembros no está en común acuerdo, así mismo, cada
miembro del cuerpo debe cumplir una función específica dentro de la congregación a la que
fue llamado, cada cristiano perteneciente al cuerpo de Cristo tiene una responsabilidad que
cumplir con el resto del cuerpo, y esta es una responsabilidad específica e intransferible.

Una de las responsabilidades primordiales dentro de la membresía de la iglesia local es


velar por la santificación de los creyentes, los unos a los otros. En la palabra de Dios la
santificación es un proyecto de comunidad, que se realiza en medio de la comunión de
hermanos llamados así por Cristo. Mucha gente que dice vivir vidas de piedad sin
necesidad de congregarse en una iglesia local puede estar fuera de la verdad, por lo tanto en
una falsa vida de piedad, además de no contar con una congregación que dé testimonio de
su santidad; porque un motivo por el cual están a los hermanos en la fe es ayudar a velar
por la santificación de los otros, debido a la dificultad que posee cada uno de ver su propia
vida (1 Tesalonicenses 5:11). De esta manera la ayuda de la congregación entera ayuda a
fortalecer aquellos puntos débiles en los que cada miembro de la iglesia flaquea, y ayudan a
cuidan de que los puntos fuertes de cada uno no sea motivo de caída, este es el proceso
eficaz de santificación.

La Biblia dice en la carta a los hebreos 10:24-25 “y consideremos cómo estimularnos


unos a otros al amor y a las buenas obras, no dejando de congregarnos, como algunos
tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros, y mucho más al ver que el día se
acerca”. La santificación colectiva de la iglesia es un hecho, el escritor de la carta a los
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hebreos anima a los hermanos a estimularse al amor y a las buenas obras siempre los unos a
los otros, que en otras palabras es velar cada uno por la santidad del otro. Es necesario
remarcar que no es la salvación lo que la iglesia logra de forma colectiva, sino la
santificación; así como una persona no se convierte en coche por entrar en una cochera, un
no cristiano no es cristiano por asistir a una iglesia. Por este motivo, puede que la obra que
manda el autor de la carta a los hebreos exhortando a velar los unos por los otros dentro en
la congregación llegue o no al fin ideal, En otras palabras el hecho de que los hermanos de
una congregación busquen la santificación del otro, no resultará siempre en una iglesia
totalmente santa, debido a que esto depende del estado de la salvación de cada uno y la
soberanía de Dios; a pesar de ello, la comunión y la santificación en dicha iglesia no
perderá eficacia por el solo motivo de hacer lo que la Palabra de Dios manda.

Así mismo todo creyente que entiende que debe congregarse en una iglesia local goza
de la protección de la misma. La Biblia muestra que Cristo dejó la iglesia en manos de los
apóstoles, y estos lo dejaron a los ancianos, pastores y maestros (Efesios 4:11). Todos ellos
cumplen con la labor de guiar al rebaño del Señor Jesucristo. Y como tal tienen sobre sus
hombros a la congregación de todos los santos de los cuales deben estar pendientes. El
escritor de la carta a los hebreos explica que los miembros deben estar sujetos a sus
pastores, de quienes gozan la protección de sus almas. Cuando un creyente es miembro de
la iglesia universal hecha su alma entera a la protección y pastoreo del buen Pastor (Juan
10:11), pero cuando uno se hace miembro de la iglesia local debe su protección también a
la iglesia, siendo el principal responsable el pastor u obispo que esta al cuidado de la vida
del creyente (Hebreos 13:17), a la vez que la Palabra de Dios delega la responsabilidad del
cuidado del rebaño de Cristo (Hechos 20:28)

Muchas veces la posición de pastor puede ser tentadora para un hombre y puede llegar a
corromper su ser con el poder que le fue encomendado. Este es el caso de muchos pastores
que empezando su ministerio terminan demostrando pruebas de que en realidad no fueron
salvados. Es necesario remarcar esto porque hoy en día se ven muchas iglesias cuyos
ministros que si bien comenzaron mostrando la verdad (como puede ser el caso de alguno
de ellos) fueron demostrando que la verdad no estaba en ellos al no amar a sus hermanos y
dejándose llevar por el poder que el mundo ofrece, haciendo evidente su convicción al
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cambiar la verdad de Cristo por el dinero u otro bien material, y usando su cargo como
excusa para abusar de los miembros de la congregación, como tal es el caso de los
ministros de la prosperidad moderna. La preocupación radica en que no todas las
congregaciones cuentan con un ministro fiel de la palabra de Dios, y no todas las iglesias
locales tendrán un ministro preocupado por el bienestar de su grey, en estos casos es
importante notar lo que las Escrituras dicen que son una labor esencial de los pastores: la
oración y la ministración de la palabra (Hechos 6:4) que buscan el beneficio y bienestar del
rebaño de Cristo. Así que aquellos que no tienen como principal fin al rebaño de Cristo no
son pastores de Cristo y sus iglesias no siempre son iglesias.

Por otro lado, la iglesia debe estar en comunidad congregada como pueblo de Dios para
hacer eficaz su culto y adoración a Dios. Si bien es cierto que el creyente tiene una relación
personal con Dios y puede adorarlo en cada acción de su vivir cotidiano, la adoración se
hace importante cuando se ve a la iglesia como un cuerpo en Cristo. Las Sagradas
Escrituras miran a la iglesia como un edificio de Dios (1 Corintios 3:9) colaboradores, y
parte su labranza, y no puede estar un ladrillo del edificio fuera o un colaborador sin
colaborar, sino que para que el edificio sea eficaz y la obra resaltante, todos los ladrillos
deben estar en su lugar cumpliendo su función al igual que los colaboradores cumpliendo la
función para la que son delegados, aquellos que están separados simplemente son
inservibles. Es por eso que la iglesia debe estar unida al momento de adorar a Dios, y estar
todos juntos habitando en armonía (salmo 133:1)

Nada puede sustituir el momento en que la iglesia se reúne para adorar a Dios, algunos
creyentes creen que con tener un tiempo devocional se está rindiendo culto al Señor, o
algunos en algún grupo de estudio con los vecinos; esto simplemente carece de sentido
bíblico, la meditación personal, o ver un servicio por televisión o internet el domingo por la
mañana no pueden compararse al culto que la iglesia rinde a su Señor. Cuando la iglesia
está reunida para adorar y oír la predicación de la Palabra de Dios tiene lugar una
motivación y una nutrición espiritual que no puede darse de la misma manera en ningún
otro lugar. La adoración colectiva edifica y fortalece al creyente, y da la Gloria a Dios más
que otra forma de adoración personal y privada.
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Por último, es prueba de la fe del cristiano estar con los que profesan la misma fe. En
alguna ocasión dijo Mark Dever dirigiéndose a jóvenes universitarios “si no eres miembro
de la iglesia a la que asistes con regularidad, es muy probable que vayas al infierno”
(Harris, 2016). Este pensamiento no necesariamente transmite la idea de la salvación se da
solamente en la iglesia; sino que el estar en medio de la iglesia es prueba de que el cristiano
verdaderamente salió del grupo del mundo y entro en el grupo de los salvados por Dios. El
hecho de que una persona desprecie lo que el mundo ama, significa que ama ahora lo que
Cristo ama, y lo que Cristo ama más que nada es a su iglesia por quien dio la vida, y el
cristiano está llamado a amar lo que Cristo ama (1 Juan 2:9) Es por eso que un cristiano no
puede decir amar a la iglesia universal de Cristo, pero no ser parte de una iglesia local, o
amar aquello que no ve sin mostrar un amor por aquellos que si puede ver.

Todo aquel que nace de nuevo tiene no solo el deber, sino le es concedido también el
deseo de ser parte de una iglesia local, y esto es prueba de su misma membresía a la iglesia
universal de Cristo, al mismo tiempo el creyente debe ser activo en la iglesia, demostrando
su amor por sus hermanos, participando en la santificación con los suyos, y siendo participe
de la adoración con los suyos. El creyente en su iglesia local goza así mismo de la
protección demostrada por Cristo en la iglesia universal que se le es demostrada por los
pastores u obispos delegados por el Señor para apacentar su grey, el fin de todo es que todo
hombre que dice ser cristiano, lo es por haber sido redimido por Cristo, y ahora lo sigue
como a su señor y salvador; Cristo lo hace parte de su reino universal, una iglesia
compuesta por todos aquellos en el mundo quienes son salvados por Cristo, pero una
prueba de la pertenencia a la iglesia universal, será la pertenecía a una iglesia local. El
cristiano piensa globalmente, pero ama localmente a la iglesia de Cristo (Harris, 2016).

Bibliography

(2017, April 14). Retrieved from jw.org: https://www.jw.org/es/testigos-de-


jehov%C3%A1/preguntas-frecuentes/testigos-de-jehov%C3%A1-cristianos/

Benitez, J. (2011). La iglesia y su fundamento apostólico. Bogotá, CO: Centro de


publicaciones Biblos.
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Breaker, R. (2017, April 14). La iglesia de la nube. Retrieved from


http://www.laiglesiadelanube.com/lo-que-creemos.html

Dever, M. (2016). ¿Qué es una iglesia sana? Washington, D.C.: 9Marks.

Grudem, W. (2007). Teología Sistemática. Miami, FL: Editorial Vida.

Harris, J. (2016). Deje de coquetear con la iglesia. Miami, FL: Editorial Unilit.