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CAMARA FEDERAL DE SALTA


///ta, 05 de diciembre de 2.013.-
AUTOS Y VISTO:
Este expediente N 048/12, caratulado: “Fiscal Federal N 1
solicita acumulación (Burgos, Luis y otros)”, originario del Juzgado
Federal N 2 de Jujuy donde tramita bajo registro N 195/09, y;
RESULTANDO:
I. Resolución de primera instancia: A fs. 4581/4684 el juez de
primera instancia dicta el procesamiento de Carlos Pedro Tadeo Blaquier y de
Alberto Enrique Lemos por considerarlos responsables de los delitos de
privación ilegítima de la libertad agravada (26 hechos) en perjuicio de Delicia
del Valle Álvarez de Narváez, Hipólito Álvarez, Casiano Bache, Raúl Ramón
Bartoletti, Norma Castillo, Alfonso Waldino Cordero, Eublogia Cordero de
Garnica, Germán Tomás Córdoba, María Cortez, Salvador Cruz, Luis Víctor
Escalante, Hilda del Valle Figueroa, Domingo Horacio Garnica, Miguel Ángel
Garnica, Rufino Lizárraga, Eduardo César Maldonado, Héctor Narváez,
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Enrique Núñez, Mario Martín Núñez, Ana María Pérez, Román Patricio
Rivero, Isidro Salinas, Ernesto Reynaldo Samán, Jhonny Vargas Orozco,
Bernardino Oscar Alfaro Vasco y Luis Alfaro Vasco; en concurso real y en
grado de cómplice primario y partícipe secundario, respectivamente; dispone
trabar embargo sobre bienes de propiedad de los imputados hasta cubrir la
suma de pesos diez millones y cinco millones, respectivamente; declara la
falta de mérito de los imputados en relación a los restantes hechos delictivos
oportunamente imputados y mantiene la situación de libertad provisoria de los
citados bajo las pautas del art. 333 del CPPN y la prohibición de salida del
país, bajo apercibimiento de ordenar sus detenciones.-
II.- Agravios de Alberto Enrique Lemos: A fs. 4707/4721 la
defensa del imputado se agravia de la resolución en cuestión por cuanto
entiende que no constituye una derivación razonada de los elementos
probatorios reunidos en la causa; que se ha prescindido de prueba relevante y
parcial que desincriminan a Lemos; que se menciona prueba que no se
encuentra en la causa ni fueron puestas en conocimiento del imputado al
momento de intimarse el hecho en la indagatoria; que el instructor incurre en
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argumentaciones contradictorias por lo que no resulta una derivación razonada
del derecho vigente con aplicación a las constancias del proceso. Considera
que se aplica incorrectamente la teoría de la imputación objetiva; se afirma la
existencia del tipo subjetivo sin ningún elemento de juicio que apoye ese
aserto, basándose en conjeturas desprovistas de fundamentos; se afirma sin
fundamento la existencia del dolo específico requerido para la participación en
los delitos de lesa humanidad; que se prescinde del análisis del conocimiento
de la antijuridicidad de la eventual conducta del imputado, teniendo en cuenta
los visos de legalidad que tenía la actuación de las fuerzas de seguridad; que
se establece un monto de embargo sumamente elevado y desproporcionado
con el grado de cooperación en los hechos que se atribuye al encartado, sin
explicar los motivos para llegar a dicho monto; que no se desprende de la
causa que la empresa o los imputados hayan participado en las detenciones,
que hicieran entrega de las camionetas a las fuerzas de seguridad, personal ni
aportes de otros medios. Se agravia de la descripción del contexto histórico de
los hechos investigados, bibliografía desconocida y de cuestionable
objetividad, sin rigor de verdad por tratarse de opiniones con marcado caríz
ideológico; se efectúa una errónea descripción de la realidad de la producción
de azúcar en las provincias de Salta, Jujuy y Tucumán; del cierre masivo de
ingenios y la transferencia azucarera, de la intervención de los sindicatos y de
la represión, sobre el rol de los industriales, Martínez de Hoz y el grupo
Perriaux; igualmente sobre el control dominante en la relación empleado
empleador de la firma Ledesma; con información tendenciosa, inexacta y
cuyas fuentes se desconocen. Refiere a las acciones sociales de la empresa
llevadas a cabo con posterioridad al golpe, en especial en infraestructura
hospitalaria y educativa. Afirma que durante la gestión de Lemos se realizó
una fabulosa inversión en materia de viviendas y que el hospital fue creado
por la empresa y sostenido por muchos años. En relación con la cesión de
tierras del Parque Nacional Calilegua refiere a la indebida utilización de
bibliografía no incorporada oportunamente a la causa; entiende que los
acuerdos al que arribaron el Estado y la empresa demuestra el espíritu
conciliador de Ledesma. Reitera que no se encuentra acreditada la presencia
de vehículos de la empresa en los operativos en los que se detuvo a las
víctimas; que no se tuvo en cuenta que Gendarmería Nacional contó siempre
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con al menos un vehículo de Ledesma desde mucho tiempo antes de los
hechos, facilitados con fines lícitos en el marco del decreto del gobierno
constitucional de Illia; idéntica apreciación hace con respecto a los vehículos
de los hospitales, es decir que dichos vehículos pueden haber sido
eventualmente usados con total desconocimiento de los directivos de la firma.
Rechaza las argumentaciones referidas a la vinculación de los imputados con
los Poderes Ejecutivos Nacional y Provincial; y al desconocimiento que
tuvieron sobre el ataque generalizado y sistemático y la falta de prueba sobre
ese dolo específico requerido para los delitos de lesa humanidad. Niegan que
los imputados hayan efectuado aporte alguno a las fuerzas de seguridad para
llevar a cabo la privación de la libertad en 26 hechos; las detenciones se
realizaron en varias noches distintas. Se agravia de la incorporación de la nota
del 21 de junio de 1976 dirigida al Juez Federal Mezzena. Considera que
resulta infundada y carente de respaldo probatorio la afirmación referida a que
el aporte de vehículos de la empresa fuera determinante para hacer frente a la
privación ilegítima de la libertad de las víctimas; se agravia de las razones
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esgrimidas para hacer responsable a Lemos, aún más respecto de aquellos


hechos en los que no se utilizaron las camionetas de la empresa. Destaca la
instalación de Gendarmería Nacional dispuesta por el presidente Illia y la
distancia de la frontera; y que la sentencia no ha tenido en cuenta que resulta
indudable la relevancia de dicho destacamento por las funciones trascendentes
que cumple en materia de prevención de delitos federales en dicha zona. Así
también se agravia en cuanto el juez instructor afirma que la fuerza citada no
contaba con sus propios vehículos y que sus funciones fueran las de control y
represión de las actividades sindicales y la recopilación de datos sobre
personas que actuaban en la empresa; alega que la entrega de los vehículos se
realizó con fines lícitos cumpliendo con un decreto del año 1966 y que no
estaba orientada a una actividad delictual llevada a cabo 10 años después.
Arguye sobre la conservación de los legajos de sus empleados sin que se
observen razones para destruirlos; que Weisz resulta ajeno a los hechos de esta
causa; que los allanamientos a las oficinas de Ledesma en el 2005 ocurrieron
mucho tiempo después que Lemos cesara en su relación laboral con la

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empresa; que tuvieron conocimiento efectivo de las detenciones en algunos
casos y con posterioridad a los hechos; rechaza las afirmaciones efectuadas
por el a quo referidas a la entrevista de Lemos con la Sra. de Aredez: dice que
Lemos desconocía la utilización de camionetas de la empresa en la ejecución
de los hechos denunciados; que no tuvieron conocimiento que los hechos de
privación de libertad se llevarían a cabo por parte de las fuerzas armadas y de
seguridad con violencia o amenazas; que no existen constancias en la causa de
la supuesta facilitación de los medios de transporte para el traslado de
detenidos ni de aportes en la fase previa; rechaza que se encuentre acreditada
la vinculación económica de Ledesma con funcionarios allegados al gobierno
de facto. Hace reserva de casación y de los recursos extraordinarios federales.
Agravios de Carlos Pedro Tadeo Blaquier: A fs. 4722/4740 la
defensa del imputado, luego de efectuar una síntesis del relato histórico
efectuado por el juez instructor, se agravia de la resolución en cuestión por
cuanto entiende que 1) las opiniones de los autores citados en la resolución
son absolutamente subjetivas e influidas por ideologías; y que parece ser que
el haber facilitado el uso de las camionetas sería el único elemento probatorio
que compromete al imputado. Considera que se ha llegado a conclusiones sin
el rigor que impone la sana crítica en la apreciación de las pruebas colectadas;
puesto que de “una supuesta comunidad de ideas económicas entre
determinados influyentes económicos y Ledesma”, no se puede desprender
que la citada empresa haya colaborado materialmente con la detención ilegal
de quienes ejercían actividades sindicales. 2) No ha imperado la sana crítica al
dar valor a las pruebas testimoniales que se contradicen –cuando un testigo
declara haber sido llevado en una camioneta blanca doble cabina de Ledesma
y esto es desmentido por otro testigo que sostiene haber sido llevado con el
testigo anterior pero en una camioneta policial, y al mismo tiempo se
determina que casi no existían las camionetas blancas doble cabina
(declaraciones de los hermanos Alfaro Vasco en desacuerdo con Lizárraga); o
efectuadas por personas que eran muy jóvenes y que fueron cambiando su
descripción a lo largo de los años (hermanos Arédez)-, por lo que las
declaraciones pierden credibilidad. 3) No se tuvo en cuenta los elementos
probatorios incorporados que confirman el estado de inocencia; puesto que
para procesar se requieren “elementos de convicción suficientes”, “convicción
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que sin duda exige un estándar de precisión mayor a la sospecha requerida
para el llamado a indagatoria”; alega que Blaquier señala su desprecio al golpe
militar del 76 y niega que Ledesma hubiera tenido vinculación alguna con
Martínez de Hoz, Jaime Perriaux y Alcides López Aufranc. 4) Cuestiona la
afirmación de que la actividad sindical hubiera sido enemiga de la oligarquía
cañero-azucarera, puesto que la Empresa siempre buscó mejorar las
condiciones de trabajo de su gente, remitiéndose a las declaraciones de
Leonard y Hugo José Condorí, al respecto; dice que el gobierno de facto era el
que consideraba inconveniente la actividad sindical y sus miembros como
“integrantes del enemigo”, no el imputado, a cuyos efectos, se remite a las
directivas militares respectivas y a la declaración de Caciano Bache. Niega
que se pueda unificar la actividad militar en todo el Norte Argentino antes de
marzo de 1976. 5) Se agravia de que no se tuviera en cuenta la importante
función social llevada a cabo por la empresa en el ejido de Libertador General
San Martin, quien no se vio beneficiada por el golpe de Estado; que no se
tuviera en cuenta las declaraciones de Mariano Alejandro Gil, Javier Elizalde,
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Juan Carlos Contreras, Jorge Leonard. Dice que no existen motivos para que
el juzgador haya dicho que las leyes provinciales 1655 y 1814 constitúan un
estorbo para la actividad empresarial; que no existía resentimiento social y que
se han valorado con sentido incriminatorios elementos no incorporados al
proceso, como ser el libro de Marcelo Jerez y el expte. 3763 del archivo del
Ministerio de Salud Pública al que la defensa no tuvo acceso y desconoce.
Niega el préstamo de vehículos para secuestrar personas o trasladar detenidos;
afirma que se encuentra probada la existencia de camionetas que se entregaron
al Hospital de Libertador y eran manejadas por choferes que se desempeñaban
en el hospital, pero que no pertenecían a la empresa; que desde el año 1966 la
empresa debía proveer de camionetas y combustibles a Gendarmería Nacional;
que a la fecha de la firma del decreto con Bussi ya habían pasado tres años de
los hechos aquí investigados y la represión prácticamente había terminado. A
todo evento, sostiene que cabe estar al informe de Gendarmería el que
corrobora que la colaboración de Ledesma fue institucional; que Ledesma fue
una empresa apolítica, que no denunció ni efectuó “lista negra” alguna a

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sindicalistas o activistas sociales que pudieran resultar incómodos; que en la
valoración de la prueba sobre las 32 víctimas, el juez solamente refiere a dos
presuntos supuestos (hermanos Alfaro Vasco) de personas secuestradas en las
camionetas de Ledesma, declaraciones que resultan contradictorias con el
testimonio de Lizárraga que refiere haber ido en auto de la comisaría. 6)
Considera que no corresponde la calificación de crímenes de lesa humanidad
de la supuesta actividad del personal de la empresa facilitando vehículos, ya
que resulta imposible acreditar que los supuestos partícipes conocieron el
destino que se darían a los vehículos, lo que descarta el dolo necesario para
esta clase de delitos; que resulta incompatible con la estructura militar suponer
que algún civil pudo tener conocimiento del plan secreto y clandestino
ordenado por los comandantes de las fuerzas. Entiende, conforme con el fallo
“Lona” de octubre de 2012, que no todo delito conexo con los de lesa
humanidad tiene que llevar pegada esa calificación. 7) Señala que como
presidente de una empresa a dos mil kilometros de distancia no pudo estar al
tanto de las personas a las que se facilitaba el uso de vehículos, siendo que el
uso de más de 100 camionetas era descentralizado ya que eran utilizados por
los conductores para su actividad personal; por lo que entiende que no está
probado el dolo de los imputados, quienes no podían saber los crímenes de
lesa humanidad que se estaban cometiendo ya que, como lo afirma el
instructor, se trataba de un plan criminal clandestino. 8) Entiende que el uso
de verbos potenciales por el a quo no hace otra cosa que exhibir una ausencia
probatoria que impide ser asertivo al tiempo que demuestra la falta de
convicción suficiente en contra del encartado. Refiere a las contradicciones de
la resolución referidas a que si el Estado contaba con toda la infraestructrua de
su aparato no puede afirmarse que sin la utilización de las camionetas de
Ledesma el delito no habría podido cometerse. 9) Pide la reducción del monto
del embargo por resultar exagerado y por falta de motivación. Considera que
se trata de un juicio en el que no está en juego el monto económico, habiendo
cobrado las víctimas y sus familiares las respectivas indemnizaciones legales.-
A partir de fs. 219 las defensas de Alberto Enrique Lemos y
Carlos Pedro Tadeo Blaquier, luego de aclarar que los agravios se efectúan
para esta causa y el expte. 48/12; y que se tratan en forma conjunta los
agravios de ambos imputados, formulan una breve reseña de las razones por
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las que entienden que se debe revocar el decisorio apelado, a cuyos efectos,
afirman que no se debió efectuar el presente proceso en contra de sus
defendidos. Aluden a las presiones ejercidas en contra del ex juez federal; a la
inexistencia de pruebas, de un requerimiento fiscal válido y fundado en la
causa que justificaran el sometimiento a juicio; a las irregularidades del
proceso, haciendo reserva de ocurrir a los tribunales nacionales e
internacionales por la evidente conculcación del derecho de defensa en juicio;
a la falta de imparcialidad y el marcado compromiso ideológico con intereses
“supuestamente” enfrentados a la empresa por parte del juez de la causa.
Dicen que no se encuentra probada la utilización de las camionetas de la
empresa y se refieren a las hipótesis al respecto que no fueron tenidas en
cuenta por el juzgador; que se está en presencia del derecho penal de autor y/o
derecho penal del enemigo; que sus mandantes quieren colaborar con el
descubrimiento de la verdad; encauzar el reclamo contra los verdaderos
autores de los delitos y poner freno a la utilización del sistema penal para dar
rienda suelta a una caza de brujas. Las defensas se agravian del auto en
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cuestión por cuanto entienden que: 1) el procesamiento no se apoya en prueba


alguna; por el contrario está basado en opiniones y sucesos –detallados por la
defensa- sin rigor científico, que se tomaron como prueba sin que fueran
incorporadas al proceso con previo control de la parte, con lo que ha
prescindido de las reglas de la sana crítica racional exigidas por los arts. 123,
241 y 398 del CPPN. 2) No se valoró prueba esencial incorporada a la causa,
tales como el informe sobre camionetas, logo y marca de Ledesma (fs.
1718/1724; 1623/1717) que demuestran que el logo dibujado por Olga
Márquez de Aredez se había dejado de usar cuatro años antes de acaecidos los
sucesos; ni el informe de Gendarmería por el cual se hace saber que no existe
constancia del préstamo de vehículos por la empresa en la detención de
personas. No se valoraron las cartas de Lemos y Arédez que demuestran la
buena voluntad en arreglar las diferencias de criterios en relación con la
correcta aplicación de la tasa de inmuebles, entre la Intendencia y Ledesma
respecto a la tasa municipal. No se evaluaron las testimoniales de
Stamboulián, Prudent, Contreras, Elizalde, Leonard y Gil. No se tuvieron en

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cuenta las incongruencias en las declaraciones de Olga Marquez de Aredez;
como así tampoco se tuvieron en cuenta las directivas militares de los años
1975 y 1976 de los que surge que los sindicalistas eran considerados
elementos subversivos para los militares y no para los civiles. 3) Dicen que
tampoco se tomó en cuenta la falta de indicios unívocos y que mantengan
armonía con el resto de la prueba para fundar el procesamiento de los
encartados en las privaciones ilegales de la libertad de las víctimas. Citan
informes, opiniones consultivas y jurisprudencia de la Corte Interamericana
de Derechos Humanos y piden se cumpla el respeto al debido proceso, ya que
no se niegan los aberrantes hechos ocurridos, pero de los que no son
responsables por cuanto no participaron ni intervinieron. Entienden que la
pretensión del a quo es responsabilizarlos objetivamente como criterio de
imputación, lo que ni siquiera es reconocido en el Derecho Penal
Internacional. Entienden que no se encuentra acreditado el dolo de la
participación; ni las supuestas actividades de “espionaje e inteligencia” sobre
la actividad sindical que habría ejercido Ledesma, como así tampoco que
tuviera conocimiento de la desaparición de gremialistas ni que sus detenciones
fueran ilegales. Aducen que no se valoró la prueba incorporada regularmente,
sino que se valoró prueba incorporada irregularmente; que se tuvieron en
cuenta elementos no incorporados al proceso; que se valoraron como si fueran
pruebas las emociones personales del juez; que no se incorporaron pruebas
favorables de otros expedientes de los que tuvo conocimiento la Fiscalía; que
se rechazó la producción de prueba que favorecía a la defensa. Respecto del
convenio con Bussi en 1979, advierten que fue firmado tres años con
posterioridad a los hechos, cuando ya la represión estaba prácticamente
terminada. 4) Cuestionan que no se haya tenido en cuenta que en los delitos de
lesa humanidad debe demostrarse que el respectivo acusado tenía pleno
conocimiento de las consecuencias de sus actos, la intención específica
respecto del crimen en el que participa y que el juzgador esté convencido más
allá de toda duda razonable. Cita doctrina y jurisprudencia. 5) Refieren
también a la falta de veracidad respecto a las relaciones con Luis Ramón
Arédez y sobre los hechos no tenidos en cuenta y prueba incorporada a la
causa; sobre la falacia referida a la ordenanza fiscal durante el período en que
fuera Intendente de Libertador General San Martín; la ineficacia probatoria de
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la testimonial de Olga Márquez de Aredez. 6) Reiteran sobre la valoración
contra legem de datos e ideas no incorporadas a la causa para disponer el
procesamiento de los encartados. 7) Advierten la autocontradicción del
instructor en la valoración de la prueba para procesar a los imputados en un
caso, o para dictarles falta de mérito en otros, tanto en esta causa como en la
de Aredes. 8) Refieren a los elementos de prueba citados por el juez y que no
fueron intimados como prueba en contra de los procesados en sus
declaraciones indagatorias ni controlados por las defensas (los exptes. 331/09,
2566/74, 290/75, los exptes. administrativos 3763 y 341/75), de los que se
colige que no existió animosidad de Ledesma hacia la actividad gremial, sino
que trasunta un verdadero conflicto entre las distintas facciones peronistas que
pugnaban en choques de fuerza para mantener la autoridad del sindicato del
azúcar. 9) Refieren a que no resultan ciertas las opiniones citadas por el juez
instructor, referidas a la supuesta competencia entre los ingenios en el Norte
Argentino; la explotación de los pueblos originarios, el margen de utilidades
de la empresa, las diferencias entre la naturaleza y el clima de las diferentes
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ciudades para la producción de caña de azúcar; a las razones y personas


beneficiadas en el cierre de los ingenios en Tucumán en 1966, la molienda de
caña entre 1965-1970 y el rendimiento fabril; todo lo que demuestra que
Ledesma no se benefició por el cierre de los ingenios en la última provincia
citada. 10) Niegan que existiera apoyo de Ledesma a las políticas neoliberales
instauradas por el gobierno militar y aseguran que fueron más proclives a
posiciones desarrollistas. A tales efectos, argumenta sobre la regulación del
sector azucarero; las políticas desarrollistas del Presidente Frondizi que
buscaron favorecer un programa de desarrollo integral de la industria en el
país, y en especial de la rama celulósico-papelera; destacan el cuestionamiento
de Blaquier al modelo económico del proceso; el no haber sido beneficiado
con la posibilidad de comprar el Ingenio Esperanza en 1981, por las
operaciones contrarias del gobierno de facto, ni los ingenios privatizados en
1978 y 1979. Argumentan sobre las equivocaciones historiográficas
efectuadas por el a quo; sobre la actividad social efectuada por la empresa a
las comunidades de Libertador General San Martín, Ledesma y Calilegua; y la

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debida interpretación que corresponde dar al decreto 2379/66 del Presidente
Illia acerca de la provisión de viviendas, vehículos y combustibles al personal
de Gendarmería Nacional, habiendo aportado combustible y otros insumos a
la fuerza hasta mediados de 2012, lo que demuestra que el aporte lo fue sin
incidencia en el delito que se investiga; y que nunca se prestaron vehículos
para la realización de detenciones u operativos militares (ver declaraciones de
fs. 4401, 4411 y 4412 de la causa “Burgos”); sobre la donación de hospitales
al Estado Nacional. 12) Señalan las inconsistencias advertidas en los casos de
Arédez, Melián y Gainza, las pautas de valoración de los testigos, y la
valoración tergiversada de los elementos de prueba. 13) Cuestionan la
calificación jurídica por “abuso funcional” agravada por “violencia y
amenazas” por cuanto entienden que el supuesto de privación ilegal de la
libertad por abuso funcional supone en si mismo el uso de violencia o
amenzas por el ámbito de coacción que genera la autoridad en sí misma; y
consideran que su participación no fue necesaria, ya que si otras detenciones
se pudieron efectuar sin las camionetas de Ledesma ello indica que el delito
pudo haber sido cometido sin su participación; refiere a la falta de punibilidad
de los actos preparatorios, sin que se encuentre acreditado el aporte a
posteriori al comienzo de ejecución del hecho ni el dolo a tal fin; considera
que la decisión resulta prematura por cuanto faltan importantes medidas de
pruebas tendientes de producción, las que enumera. 14) Consideran cuantiosos
los montos fijados para la traba de los embargos. Piden su reducción en un
10%. Hacen reserva de recurrir en casación y la cuestión federal.-
III.- Agravios de la Secretaría de Derechos Humanos de la
Nación: A fs. 4741/4751 el letrado apoderado de la querellante, después de
referirse a las imputaciones efectuadas por el Ministerio Público Fiscal y a la
intimación de los hechos a los imputados, expresa agravios de su parte, a
cuyos efectos, considera que: 1) corresponde que Alberto Enrique Lemos sea
procesado como cómplice primario de los hechos investigados, por cuanto la
acción de ambos imputados debe analizarse en términos de “distribución de
funciones para la participación” y no como “un aporte en cadena” o accesorio
del cómplice necesario Blaquier; en tanto Lemos formaba parte del Directorio
y las decisiones se tomaban en consenso, detentando un gran poder de
negociación e influencia sobre los factores de poderes locales; que los hechos
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investigados no resultan aislados sino enmarcados en un plan sistemático de
represión ilegal, por lo que el aporte de los imputados no solamente suponía la
puesta a disposición de las fuerzas represivas de vehículos sino también una
cooperación intelectual en punto estratégico y operativo, abarcando acciones
de las cúpulas empresariales y militares; aporte de listas y facilitación de
información de inteligencia, circunstancias que ilustran sobre el pleno
conocimiento de los resultados lesivos. Refiere al análisis efectuado por la
investigadora Victoria Basualdo sobre el grado de involucramiento de las
grandes empresas y que, sostiene, hicieron mucho más que apoyar las
acciones de las fuerzas militares. En consecuencia, considera que existe mérito
suficiente para procesar a los encartados por los demás hechos imputados
oportunamente. Afirma que los encartados aportaron a un plan generalizado y
sistemático que involucraba detenciones masivas de parte de la población
identificada previamente como objetivo; y que el operativo llevado adelante a
partir del 24 de marzo de 1976 debió ser detenidamente planificado, y que los
imputados debieron conocer ex ante la envergadura del operativo, más allá de
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los medios materiales y modalidades en cada caso. Hace referencia al


convenio de colaboración entre Blaquier y Bussi (fs. 2910/2912) y a la
declaración de Mariano Gil, pruebas que acreditan las acciones de
colaboración y de subordinación real de las autoridades represivas respecto de
los directivos de Ledesma. Concluye que se puede sostener que en el aspecto
subjetivo el conocimiento y la voluntad de los imputados abarcó el conjunto
de las acciones delictivas desplegadas en el marco de los operativos conjuntos
de las fuerzas represivas. 2) Considera que existe mérito para procesar a los
imputados por las violaciones a los domicilios, ya que la mayoría de las
víctimas tenían un vínculo con el Ingenio Ledesma; que se encuentra
acreditado el contexto particular en el que se desplegaron las acciones
delictivas investigadas (la persecusión político sindical), en la que los
directivos del Ingenio tuvieron participación. En consecuencia, pide que se
extienda la responsabilidad de los mencionados por el delito de violación de
sus domicilios, ya que constituyen una etapa en la progresión de afectación al
complejo de bienes jurídicos propia de la ejecución del plan sistemático de

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represión y no puede escindirse del resultado lesivo. 3) Dice que corresponde
procesar a los imputados respecto de las torturas sufridas por las víctimas, ya
que el juicio de imputación requiere tener presente que si las fuerzas
represivas no hubieran contado con esos vehículos probablemente el resultado
lesivo no se hubiera consumado; que el aporte criminal que hacen los
partícipes es a un plan criminal, cuya ejecución involucra la afectación a un
conjunto de bienes jurídicos, por lo que el aspecto subjetivo respecto de los
otros tipos penales se encuentra satisfecho ya que, conforme con los indicios
existentes –temprana criminalización de las acciones sindicales de los
trabajadores de la empresa, la calificación de las víctimas como subversivos,
la anuencia de la actuación de las fuerzas militares- permite sostener que los
imputados se representaron el riesgo y la afectación en que eran colocadas las
víctimas y nada hicieron para detener el curso causal. Refiere a las
declaraciones de Olga Márquez de Aredez, Sara Luz Abdala y al testimonio
de Mario Paz en el documental “Sol de noche”. 4) Pide que se eleve el monto
del embargo dispuesto a Alberto Enrique Lemos. Hace reserva de la cuestión
federal (fs. 52/56).-
IV.-Agravios del Ministerio Público Fiscal: A fs. 4752/4773 el
Fiscal Federal ad hoc apela la resolución en cuestión por cuanto entiende que
corresponde procesar a los imputados también por los delitos de violación de
domicilio en 24 hechos, la privación ilegítima de la libertad de Guillermo
Genaro Díaz; las torturas en 32 hechos y por el homicidio de Germán Tomás
Córdoba, Salvador Cruz, Domingo Horacio Garnica, Miguel Ángel Garnica,
Román Patricio Rivero y Johnny Vargas Orozco. Asimismo, solicita que
Lemos sea procesado como cómplice primario y que se ordene la prisión
preventiva de los encausados. A tales efectos, considera que del análisis
historiográfico efecutado por el instructor y de los descargos realizados se
advierten los lazos existentes entre los industriales, lobistas, autoridades
estatales y militares durante el período en estudio. Afirma que Ledesma a lo
largo de los diferentes períodos dictatoriales tuvo una activa participación en
la implementación de las políticas económicas y las medidas dirigidas a la
anulación del reclamo sindical. Aduce que el golpe de Estado tuvo por
finalidad no solamente la preservación de una determinada ideología –valores
occidentales y cristianos- sino también la instauración y la defensa de una
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economía neoliberal. Refiere a los hechos de la causa, transcribiendo a tales
efectos las descripciones y argumentaciones efectuadas por el a quo, las
testimoniales que acreditan las detenciones ilegales, las violaciones de
domicilios, las torturas desde el momento mismo de la privación ilegítima y
los homicidios investigados. Afirma que la empresa participó del plan
represivo mediante la colaboración de medios de transporte, recursos
humanos, espacios físicos; que frente a la prueba del legajo de Weisz surge
que la empresa contaba con información sobre las actividades políticas y
sindicales de sus empleados, con lo que cabe inferir que Ledesma elaboró las
listas de los detenidos, torturados y asesinados; que las fuerzas de seguridad
contaron con la participación e información brindada por integrantes de
Ledesma. Considera de fundamental importancia el testimonio de Hugo
Condorí respecto al conocimiento de la metodología de las fuerzas represivas
del Estado por parte de la empresa. Sostiene que si se limita el área de
responsabilidad a solo una parte de la cadena delictiva –solo por la privación
ilegítima de la libertad y no por los allanamientos, torturas y homicidio- se
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sigue el camino de la impunidad. Recuerda que con esa finalidad los


represores no decían por lo general sus nombres o mentían al hacerlo,
incendiaron los archivos, libros de guardia, libros de novedades, fichas con
datos personales, incluso se dictaron leyes que intentaron exculparlos de los
delitos cometidos; pero entiende que respecto al “operativo del apagón en el
departamento de Ledesma” se cuenta con la certeza de que el procedimiento
fue realizado conjuntamente por fuerzas militares y civiles; que de las pruebas
reseñadas por el a quo en el título “Tipo Objetivo” se desprende que el aporte
de Blaquier y Lemos excede el hecho puntual del aporte de vehículos; que
colaboraron con el régimen usurpador del poder; que se necesitó un gran
número de recursos humanos para poder llevar adelante la tarea, habiendo
testigos que declararon la participción de civiles y uniformados; que los
hechos aquí investigados no pudieron ser ignorados por los que planearon y
ejecutaron los secuestros –entre ellos los encartados-; que la nota agregada al
legajo de Angel Donato Garnica demuestra el control y manejo que tenía
Ledesma respecto de la distribución de energía eléctrica en las localidades que

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nos ocupan. Entiende que el tipo objetivo de participación involucra cualquier
aporte que haya contribuido al plan criminal, ya que la ley no especifica el
modo en el que debe prestarse el auxilio o la cooperación, y sería absurdo
pensar que el único modo de cooperar en el tormento sería prestando la picana
y en el homicidio el arma homicida; que la ley no exige que los partícipes
realicen un aporte específico para cada delito, basta con que al momento de
cometerse la privación de la libertad, se hayan utilizado las camionetas de la
empresa, de esta manera Blaquier y Lemos dejaron al autor principal en
mejores condiciones para cometer el delito; que para la participación basta el
dolo, sin requerírse ningún tipo específico de él. Afirma que no pudo escapar
al conocimiento de los imputados que existía una alta probabilidad de que las
víctimas fueran llevadas a centros clandestinos, sometidas a tormentos y
eliminadas; por lo que en la medida que ello ha ocurrido, les es imputable a
ambos. Hace referencia a hechos que considera análogos, referencias
históricas y actuación del Amicus Curiae en la causa por el “European Center
for Constitucional and Human Rights”. Entiende que es evidente que los
imputados conocieron y consintieron el trato que se dispensaba a quienes eran
apresados; que existió una gran proximidad entre la compañía, el autor
principal y las víctimas; que Blaquier resulta responsable por haber sido el
Presidente de la principal empresa del ramal de la provincia de Jujuy; que se
desprende su complicidad de las copias certificadas del libro de guardia del
Escuadrón 20 - constancias del 13 de abril de 1976 y del 17 de febrero de
1976-; de las declaraciones de Saboredo y Santander; del convenio del 19 de
junio de 1976 entre Blaquier y Bussi, y de su propia declaración indagatoria.
Considera que existen elementos suficientes para que Alberto Enrique Lemos
sea procesado en el carácter de cómplice primario de los hechos imputados, ya
que era miembro del directorio de la compañía. Dice que cabe tener en cuenta
que los tribunales internacionales han dirigido sus esfuerzos en reprimir a los
líderes y dirigentes, con responsabilidad accesoria a los delitos contra los
derechos humanos, cita antecedentes. Hace referencia al documental “Sol de
noche” y a las testimoniales de Eublogia Cordero de Garnica, Hilda del Valle
Figueroa, Mario Paz y Olga Marquez de Aredez. Entiende que no existió
obediencia debida; que ambos fueron un engranaje fundamental en la época de

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los ilícitos . Considera que se encuentran cumplidos los requisitos exigidos
para la procedencia de la prisión preventiva de los imputados.-
V.- Agravios de Angela Córdoba, Delfina Eulalia
Córdoba, Eublogia Cordero de Garnica, Hilda Figueroa y Ernesto
Samán: Los letrados apoderados de los querellantes se agravian de la
resolución de primera instancia por cuanto consideran que corresponde
disponer la prisión preventiva de los imputados ya que existen altas
probabilidades de que se sustraigan al proceso o que obstaculicen su
desarrollo. Consideran que se encuentran cumplidas las causas excepcionales
de procedencia del instituto, y que durante el desarrollo del proceso no ha sido
pacífica su presentación ante los estrados judiciales, conforme los
antecedentes que allí cita, entendiendo que sus actitudes no traslucen buena fe;
lo que también se ve reflejado en la cantidad y calidad de recursos presentados
que obstaculizan el trámite del proceso. Dicen que se encuentra acreditado el
poderío de los imputados en la utilización en el año 2005 de procedimientos
en la marcha del apagón y las posibilidades operativas de los encartados,
USO OFICIAL

considera que se ha probado la complicidad primaria de ambos imputados en


los hechos referidos a las violaciones de domicilio, privación ilegítima de la
libertad, torturas y homicidios (fs. 4782/4785).-
VI. Agravios de María del Milagro Reales: A fs.
4787/4792 el letrado apoderado de la querellante considera que debe ser
incluído en el auto de procesamiento el hermano de su representada, Domingo
Faustino Reales, como una de las víctimas de esta causa, debiendo ser
procesados los imputados por los hechos acontecidos al mencionado, ya que
ha existido un error de juicio en la valoración de las pruebas colectadas.
Refiere a las declaraciones testimoniales que acreditan su ingreso en el
procesamiento dispuesto oportunamente.-
VII.- Agravios de CODESEDH: a fs. 4795 el presidente
del citado comité, con patrocinio letrado, se agravia de la resolución en
cuestión por cuanto el juez de primera instancia no dispuso la prisión
preventiva de los encartados.

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IV. HECHOS INVESTIGADOS: En relación con las
alegaciones efectuadas por las partes resulta preciso tener presente los hechos
que constituyen el objeto procesal de la investigación, y que se reconstruyen a
partir de los testimonios y demás pruebas relevadas en la causa.
DETENIDOS LIBERADOS:
1) Delicia del Valle Álvarez de Narvaez: 17 años a la
fecha de los hechos, a fs. 100/101, 247 del expte. 404/05 y fs. 4476 y 5064 de
estas actuaciones declara que el 21 de julio de 1976 en horas de la noche
mientras se encontraba descansando en el domicilio familiar en Calilegua
escuchó en la calle que disparaban al parecer una metralleta y ladraban perros;
que al poco tiempo personas armadas golpearon las puertas de la casa; que
eran cuatro de uniforme y otro de civil que había visto poco antes con el
policía Verón, quienes empujaron contra la pared a toda la familia y
preguntaron por la declarante; que al identificarse le ordenaron que se
cambiara porque estaba detenida; la llevaron caminando hasta la esquina
donde se encontraba un patrullero, le ataron las manos y le vendaron los ojos y
fue conducida a la subcomisaría de Calilegua en donde le pusieron el número
12; que la subieron a un camión -ahí pudo reconocer por la voz a la Rita
Cordero- que los llevaron hasta la policía o gendarmería del Ingenio, donde
fue manoseada; que con posterioridad fue subida a algo grande como un
camión donde habian varias personas en igual condición; que luego de
aproximadamente tres horas, llegaron a un lugar donde los hicieron bajar –
después supo que era Guerrero-. Recuerda que hacía frío, el piso era de
mosaico y estaban tiradas en unas colchonetas, junto con Rita Cordero, Ana
María Pérez, Hilda Figueroa y María Cortez. A partir del segundo día la
hacían subir unas escaleras hasta un cuartito donde le tomaron varias
declaraciones; que le pegaron cachetadas en la cara, le pusieron picana en la
pelvis y le decían que era amante de Mingo Reales. En una de esas
oportunidades escuchó que una persona le preguntó a otra “porque la metiste
a ella? Y que esa persona les contestó “y que quieren que haga, si ustedes me
pegan y que dé los nombres” dice que era Mingo Reales; que luego de ocho
días la llevaron a la Central de Policía, donde encuentra a varios de Calilegua,
entre ellos a Norma Castillo quien le dijo que hacía dos o tres días que estaba
ahí; que fue entrevistada por el Comisario Jaig y quedó en libertad el 28 de
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julio de 1976. Aduce que otras víctimas –René Rodríguez, Isidro Salinas,
Hilda Figueroa y Ernesto Samán- le contaron que escucharon que ella fue
violada en Guerrero pero que ella no recuerda; que estuvo tan mal de los
nervios que todo se le hacía muy confuso, solo recuerda unos disparos,
corridas y gritos.-
2) Hipólito Álvarez: 38 años a la fecha de los hechos, de
profesión herrero, surge de su declaración brindada a fs. 107/108 del expte.
404/05 en 1984 que en horas de la noche del 20 o 21 de julio de 1976 personal
policial allanó su domicilio en Calilegua y lo detuvieron; que fue trasladado a
la subcomisaría de Calilegua, maniatado y con los ojos vendados; luego a la
Comisaría del Ingenio, donde lo metieron en otro vehículo, en el que habían
otras personas en el mismo estado que el declarante; que luego de andar varias
horas, llegaron a un lugar donde separaron a los hombres de las mujeres y los
tiraron en el piso; que no fue maltratado como los otros, aunque recibió alguna
patada o trompada; que días antes de soltarlo, lo llevaron un día a una
habitación totalmente oscura, donde le sacaron las vendas, y le dijeron que los
USO OFICIAL

muchachos Díaz y Miguel Garnica –que estaban ahí- eran quienes lo habían
denunciado, y que al increparlos dijeron que lo hicieron porque habían sido
muy picaneados y castigados y que “en razón de eso tuvieron que meter a
cuanta persona le nombraban”; que luego les colocaron las vendas y llevado a
otro lugar y de ahí a la Central, donde le sacaron la venda, lo desataron, lo
higienizaron y le dieron la libertad. Aclara que por aquellos días los baños de
los talleres del Ingenio se encontraban llenos de panfletos referidos al
“comunismo” y a los “montoneros” y que esos panfletos al parecer lo ponían
los muchachos, y esa es la razón por la que la Policía y el Ejército arrasaron
con ellos. A fs. 5122 se presentan los hijos denunciando el fallecimiento de la
víctima en diciembre de 2012 y que al ser liberado fue despedido sin causa.
Según las constancias de la causa, la víctima renunció a su trabajo en la
empresa, habiendo ingresado en 1953 hasta el 13 de abril de 1976 (fs. 5464).-
3) Casiano Bache: empleado de Ledesma, con 29 años a la
fecha de los hechos; a fs. 4351 declara que fue detenido el 28 de julio de 1976
en la Comisaría de Calilegua al presentarse espontáneamente antes de ir a

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trabajar al Ingenio, porque lo habian ido a buscar a su casa para averiguación
de antecedentes; que fue llevado a Libertador General San Martín, donde le
pegaron punta pies y puñetazos; a las dos horas fue llevado en una camioneta
vieja de color verde a Jujuy; que le vendaron los ojos, lo ataron y lo metieron
en una bolsa y que lo fueron golpeando en el camino; que llegaron a la Central
de Policía y después al RIM 20, en un patio, que lo reconoce porque se le cayó
la venda y ahí lo empiezan a torturar; que estaban todos los conocidos de
Calilegua; que lo atan con cadenas y lo esposan; que lo picaneaban, le hacían
submarino; que durante el día estaba el personal militar y a la noche
gendarmería. Ahí estaba Román Cruz y el Sr. Rivero y escuchó cómo lo
golpearon a éste último; también estaba Domingo Reales, los hermanos
Garnica, Hilda Figueroa, los hermanos Córdoba, Delicia Pérez, una chica
Álvarez, Carlos Brandan, Miguel Lodi, Mario Nuñez. Agrega que en Ledesma
no tuvo problemas; que a él le empezaron a pegar desde Liberador; que en el
pabellón del RIM 20 eran como 100 personas y que luego los llevaron a
Guerrero en un camión; que como hizo el servicio militar, conocía todo; que el
traslado fue de noche. En Guerrero se escuchaban tiros y gritos; que
empezaron a desaparecer personas. El estaba convaleciente por tanta tortura.
A su lado estaba Domingo Reales quien le decía que se moría; que no lo vio
más. Que tuvo la mala suerte de estar presente en la tortura de Rivero y
escuchó cuando decían que “ya lo pasaron a baraja”. Denuncia que una noche
un gendarme le gatilló dos veces en la cabeza, y que un sargento de apellido
Ceballos lo retó y gracias a él está con vida. Relata sobre las preguntas que le
hacían y que comentó que era sindicalista. En la cárcel de Gorriti, cuando los
sacaban para ir al baño, les pegaban los del servicio penitenciario pero no eran
tan sanguinarios. Afirma que fue trasladado al Cadillal en un camión de
gendarmería en donde le pegaban; que luego los subieron en un avión
“Hércules” y estuvo en La Plata hasta el 28 de julio de 1978. Fue llevado al
penal junto con Mario Nuñez, Pedro Lodi, Carlos Brandan, pero a los
hermanos Córdoba, Domingo Reales, Roman Cruz, y a Raúl Díaz no los
volvió a ver. En el penal lo vio a Carlos Díaz; que en el traslado al aeropuerto
fue con Brandan, Lodi y Ceballos; que los que iban en el Hércules eran todos
de Gendarmería; que volvió a Ledesma y trabajó solamente un mes más
porque le daban trabajo pesado y antes tenía el de supervisor, por eso dejó.
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4) Raúl Ramón Bartoletti: 26 años a la fecha de los
hechos, estudiante de Derecho en Tucumán, participante del Centro de
Estudiantes. Surge de la declaración efectuada a fs. 58 del habeas data y a fs.
810 de estas actuaciones que a la 1 o 2 de la madrugada del 21 de julio de
1976 fue detenido por personas que no puede identificar –en su primer
declaración dijo que fue el Ejército- en el domicilio familiar de Libertador
General San Martín; que le vendaron los ojos, le ataron las manos y lo
subieron a una camioneta; que no puede saber si era del Ingenio aunque
presume que fue en uno de estos vehículos; que si tiene referencias que usaron
esos vehículos que transportan personal (fs. 69 del Habeas Data); que lo
llevaron a la Comisaría que estaba en el Ingenio de Ledesma y luego al centro
clandestino de Guerrero. Relata las condiciones de detención en dicho lugar;
que se escuchaban permanentes torturas, tirados en el piso, vendados y atados,
les hicieron simulacro como de fuga, sometidos a torturas psicológicas; que
había que pedir para que los llevaran al baño; que una vez se demoraron, hacía
frío… y le pegaron con un látigo de alambre; que recibían trato inhumano;
USO OFICIAL

“comíamos al estilo animal”, se les acercaba el plato a la boca (era un caldo y


realmente era grasa pura); que sentían alaridos de hombres y mujeres. Refiere
que en dicho centro estuvo también Jhony Vargas Orozco que era un
compañero y amigo, que era quien lo acusaba, que estaba muy golpeado; que
un día apareció alguien que se identificó como Capitan Jhon o Jhony y
preguntó quien era Jhony Vargas y que pudo escuchar que fue castigado con
algún elemento como un látigo que después usaron contra él, y que ese
Capitán después de la golpiza dijo “así se recibe a determinadas personas”;
que Vargas fue muy castigado, que luego que lo llevaran para que lo acusara a
él no lo escuchó más; que las personas que estaban a cargo tiene entendido
que eran de gendarmería. Relata que estuvieron detenidos allí Hugo Narvaez,
Rubén Cancinos, los hermanos Alfaro, Samán, Weis, Aredes. Menciona que el
4 de agosto fue llevado a la Central de Policía, luego al penal y el 7 de octubre
a la Unidad 9 de La Plata, hasta que en julio o agosto de 1977 fue liberado.
Recuerda que estuvo en el avión junto con gente de Libertador, entre ellos
Ernesto Saman, Caceres, los hermanos Alfaro; también escuchó la voz en

19
Guerrero de Rubén Cancino y Hugo Narvaez; quienes eran amigos que habian
sido traídos de Tucumán; que recuerda a Aredes, a Bravo, a Weiz, y que
escuchó cómo le pegaban; que allí no tuvieron ningún contacto con
guardiacárceles; que los que estuvieron a cargo de su traslado al aeropuerto en
camiones del Ejército era personal del Ejército. A fs. 639 declara que mientras
estuvo detenido en el penal desde el 4 de agosto al 7 de octubre de 1976 el
trato era bueno; que el operativo de traslado fue llevado por personal del
Ejército y que el trato en el traslado fue bueno, aunque recibieron agresiones
verbales; no sabe nombres solo recuerda que en el avión había gente de
Gendarmería.-
5) Norma Castillo: 20 años a la fecha de los hechos. A fs.
5361 declara que ese año estaba estudiando en la Universidad de Salta; que no
estaba en Calilegua cuando fue el apagón; que fueron a su casa y revisaron
todo pero que ella no estaba todavía; que fueron sus hermanos a buscarla, por
lo que se presentó en la policía de Salta, en donde le informaron que no había
orden de detención en su contra. Cuando se fue a Calilegua, no recuerda bien
pero fue durante el receso de las vacaciones de julio de 1976, estima que el 19
o 20, se presentó en la policía y cayeron dos vehículos, un auto y una
camioneta de Ledesma; que a ella la subieron en el auto y la camioneta los
siguió hasta la policía de Libertador; luego la vendaron, la ataron y la llevaron
a un lugar donde tuvo que caminar bastante, probablemente eran pabellones,
donde la interrogaron sobre los chicos del pueblo, la picanearon en los dedos y
en los pechos, una señora la picaneaba y la golpeaba, la volvieron a subir en
un auto envuelta en una colcha con un policía; que pasaron por controles, no
sabe adonde llegaron; que la envolvieron y bajaron, no sabe que tiempo pasó
que la pasaron a un pabellón donde ella sentía que llegaban “parecía una
tropilla”, se sentían pasos por todos lados; llegaba y salía gente; una vez llegó
Delicia con quien se identificaron; estaba Rivero; luego fue trasladada a la
Central de Policía, donde estaban Lito Vides y Germán Córdoba; había un
policía que se acercaba de noche; que se imagina que le entregó una carta pero
no se acuerda de su cara; que les decían que los que estaban en el baño eran
peligrosos; a Vides lo sacaban y lo interrogaban y una vez le prestó plata para
ir en el ómnibus; “siempre iban a interrogarnos y sacaban a la gente y volvían
quejándose”; que estaba Jaig; que Marguetti, que trabajaba en el Ingenio, le
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avisó a su padre el día que ella iba a salir y la fue a buscar a la Central; que
después que la soltaron la seguía Verón; que no sabe porque Marguetti tenía
esa información, tal vez porque quería darle consuelo o porque tenía realmente
la información, era gente fuerte en Ledesma; que ella era becaria de Ledesma,
la mayoría que estudiaban eran becarios. Se pregunta “¿de donde sacaron las
listas? que ella cree que era de ahí de la lista de becarios; la empresa estaba
sabiendo lo que pasaba; ¿porque no cuidaron de sus empleados?”, mejor dice
a sus “esclavos”; que se aprovechaban que la gente era leal; que es una
empresa que tiene mucho poder, la gente necesita trabajar, muchos callaron y
hasta su papá aceptó las cosas; que la gente pedía y preguntaba por sus
familiares; que nunca vino a declarar porque siempre consideró que no estaba
preparada, nadie está preparado para esto. Afirma que ella no tenía nada que
ver con la política; que nunca se presentó a denunciar por miedo; que no
participa de las marchas aunque a veces va, pero que no le hace bien; cree que
es un teje y maneje político y se siente usada; que tuvo cancer y un hijo de
soltera. Aclara que estuvo detenida en tres lugares, el primero la policía de
USO OFICIAL

Libertador y el último un lugar fue la Central de Policía, pero no sabe si


estuvo en Guerrero; que en la segunda parada que no sabe donde estaba, era
donde la mujer le aplicaba electricidad, que le da la sensación de que era un
pabellón, como que eran aulas; en la Central de Policía es donde ve a Lito
Vides y a Germán Córdoba. Denuncian su presencia en Guerrero Eublogia
Cordero (a fs. 4 del expte. 404/05), Humberto Filemón Campos (a fs. 3/4 del
expte. 275/09); Hilda del Valle Figueroa (a fs. 4938); Delicia del Valle
Álvarez (fs. 247 del expte. 404/05).-
6) Alfonso Waldino Cordero: mecánico (hermano de
Eublogia Cordero de Garnica), empleado de Ledesma. Conforme surge del
expte. 276/09 el 4 de mayo de 1984 declara la víctima por ante la CONADEP
y señala que fue detenido a hs. 23 del 21 de julio de 1976 por fuerzas militares
con uniforme acompañados por el agente Verón en su domicilio en Calilegua;
que fue obligado a vestirse y su señora colocada boca abajo; que eran cuatro
personas las que entraron a su domicilio y varios más que estaban afuera; que
fue atado con soga plástica y vendado; que junto a él fue secuestrado su

21
vecino Escalante y que lo colocaron en la parte delantera de una camioneta;
que en el trayecto detienen a dos personas más, una de ellas una mujer; que
llegaron a la subcomisaría de Calilegua; que fue obligado a bajar e
identificarse, luego fue subido a un furgón policial en el que también estaba la
Sra. Cordero de Garnica, siendo trasladados a Guerrero y colocado donde
había mucha gente detenida; que estaba próximo a Hipólito Álvarez, Espinosa,
Román Rivero, Salvador Cruz, Miguel y Domingo Horacio Garnica; que fue
interrogado sobre sus actividades políticas y gremiales y escuchaban gritos de
gente; que Román Rivero increpó a uno de los secuestradores protestando por
que desconocían sus derechos humanos, luego de lo cual fue llevado a torturas
y nunca más supieron de él; que Salvador Cruz se desató y huyó pero lo
atraparon y lo llevaron a torturas no sabiendo más de él. Afirma que no fue
torturado aunque conserva marcas de las ligaduras en las muñecas; que no fue
interrogado; que cuando iba al baño era golpeado brutalmente; que estuvo
detenido dos semanas. Recuerda que se escuchaban ruidos de balas y ladridos
de perros; que fue trasladado vendado y con las manos atadas a la Central de
Policía, donde ve a Isidro Salinas, quien estaba muy torturado –labios y
cabeza quemados, con la espalda herida con látigo-; que ahí le dan una
colchoneta para dormir en una sala; los identifican y son interrogados por Jaig
quien le dice que “la empresa no tiene nada que ver con todo esto” y lo liberan
junto con Salinas; que un agente le advierte que huya porque los iban a matar;
que vuelve a su casa; que dos semanas después sabe que el personal policial
enterró dos ataúdes en forma clandestina; que la empresa Ledesma es la
responsable de su detención, ya que ésta se produjo varios días después de una
huelga en la que participó. En su declaración judicial a fs. 12 aclara que
estuvo detenido una semana; que respecto de los ataúdes enterrados era un
comentario que escuchó en Calilegua; que presumía que la empresa Ledesma
tuvo algo que ver con lo ocurrido; que quiere olvidar y pensar en sus hijos,
que carece de medios económicos para venir reiteradas veces a declarar; que
no reconoció a nadie más.
7) Eublogia Cordero de Garnica: 44 años a la fecha de
los hechos, ama de casa, surge de su declaración ante la Comisión de
Derechos Humanos en 1984 ( fs. 4 y 317 del expte. N 404/05), el Habeas
Data (fs. 127/132) y fs. 816/817 de estas actuaciones que fue detenida en su
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domicilio de Calilegua el 20 de julio de 1976 a hs. 22 juntamente con su hijo
Domingo Horacio Garnica; que los que entraron a su casa no sabe quienes
eran pero eran tres, habian algunos con uniformes, serían de Gendarmería, que
hicieron pedazos todo; que con posterioridad fue llevada a la Subcomisaría de
Calilegua; que fueron vendados y les pusieron un número, después volvieron
al celular y los condujeron hasta las dependencias de Gendarmería en el
Ingenio Ledesma; que ahí no los bajan sino que tuvieron que esperar como
dos horas en el mismo vehículo; que ahí se le aflojó la venda y pudo ver que
había vehículos de la empresa Ledesma, eran unos trailers (declaración ante la
Legislatura de Jujuy en 1984); que cargaron muchísima gente, y finalmente
los llevaron a Guerrero; que la última vez que supo de sus hijos fue ahí, que
los escuchó gritar. Afirma que les pegaban con un látigo, los golpeaban en la
cabeza, la pisaron y le quebraron un tobillo, le hicieron saltar toda la prótesis
quedó sin dientes, tiene cicatrices de haber sufrido quemaduras con cigarrillos;
que estuvo a punto de perder su mano porque tenía todo podrido, porque las
ligaduras eran de plástico, cuando se las quisieron sacar en la policía, ellos
USO OFICIAL

decían “pegenle el tirón”; que en Guerrero se turnaban en la custodia entre la


Gendarmería, el Ejército y la Policía. Afirma que las chicas de apellido
Castillo, Alvarez, Ana María Pérez, Hilda Figueroa fueron violadas. También
puede identificar en Guerrero a los muchachos Córdoba y Reales, que lo sabe
porque los sentía quejarse y los conocía desde chicos. Dormían en el piso, los
mojaban enteros, sintió la voz de sus hijos una vez “después le contaron que
cuando los torturaban ellos no querían gritar para que yo no los escuche”. Dice
que las torturas que les hacían a los hombres “eran por demás”; que se sentían
de noche; que parece que habían tachos con agua y los ponían en el agua; que
se sentía olor a pelo quemado y ya cuando no daban más, ellos gritaban “jefe
este no da mas”, “bueno, tírenlo al dique, comida para los pescados”, eso
decían; que una noche Román Rivero se sacó la venda y como Salvador Cruz
estaba atado al lado de él les querían disparar, que si bien ella no estaba en el
lugar, se sentían los gritos, ellos los hicieron destrozar con los perros, tiraban
por todos lados y los perros atropellaban como si agarrasen a alguien; que el
31 de julio la sacaron de ahí, que eran dos mujeres y diez hombres y los

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llevaron al penal; que ahí por lo menos no sufrio torturas el 8 de octubre fue
llevada a la cárcel de Devoto y que fue puesta en libertad el 5 de marzo de
1977.
8) María Cortez: A fs. 4934 se encuentra agregada una
carta firmada por la víctima y que fuera acompañada por Hilda del Valle
Figueroa en oportunidad de presentarse a dar su testimonial en la causa.
Afirma que fue detenida una noche en su casa, que había un corte de luz total;
que de pronto golpearon las puertas, ventanas y paredes; que abren las puertas
apuntando con armas, la sacan de la cama y le piden que se vista, le vendan
los ojos y la boca, le atan las manos y la suben en la parte de adelante de una
camioneta, que estaba llena de gente, su cuñado Oscar Maldonado y su
hermano René Rodriguez; que fueron a la comisaría de Calilegua o Ledesma,
que le dieron el número 53, ahí lo vio al oficial Ruiz que trabajaba en
Humahuaca; que a partir de allì empezó un infierno, empezaron los golpes, la
suben a un camión y la llevaron a un lugar desconocido; que luego de subir
unas escaleras la tiran al piso en un cuarto; que ahí estaban su hermano René,
Raúl Díaz, Hilda Figueroa, Álvarez, Nuñez; que no podían hablar porque los
callaban con golpes, y cuando la tiraron al suelo fue justo al lado de Hilda
Figueroa a quien le pisaban las piernas (ella tiene polio), gritaba pero a ellos
no les importaba, perdió la noción del tiempo, no sabía cuando era de día o de
noche; que las pasaron a un cuarto a todas las mujeres; que “allí fue peor,
manoseos, acceso sexual porque yo gritaba me tiraron a una cama de chapa
me ponen unas agujas en los pechos y sentí que me agarraba corriente”; que
luego la llevaron a la comisaria de Jujuy; que habían muchas camas cuchetas y
la llevaron a un baño sentada en un inodoro, allí ve a seis hombres tres de cada
lado, no sabe cuanto tiempo estuvo y que no le dieron lo necesario para
higienizarse. La sueltan, en una noche de lluvia torrencial, que estuvo
caminando sin saber a donde ir; que hasta el día de hoy se pregunta que hizo,
¿porque?. Ana María Pérez y Álvarez de Narvaez la mencionan s fs. 239 y
247 del expte. 404/05. A fs. 4457 Ernesto Reynaldo Samán menciona su
presencia en Guerrero y dice que era una de las mujeres que fue violada en
dicho Centro de Detención. Hilda Figueroa a fs. 168 también denuncia su
presencia y dice que tenía 17 años. René Orlando Rodríguez, hermano de la

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víctima, denuncia que ambos fueron detenidos a la 1 de la mañana del 21 de
julio en su domicilio particular (fs. 4981).-
9) Luis Victor Escalante: a fs. 251 expte. 404/05 y
715/718 de estas actuaciones surge que tenía 21 años de edad a la fecha de los
hechos y que estuvo empleado en Ledesma. Declara que fue detenido en la
noche del 20 de julio de 1976 por personal de Gendarmería. Afirma que con
anterioridad a la detención también pudo ver a personal policial (fs. 5127);
que lo ataron y le vendaron los ojos; que lo introdujeron en la caja de una
camioneta donde había otras personas, entre ellos Cordero; que llega a la
subcomisaría de Calilegua -en la que pudo reconocer al agente Choffi- y
luego a la Gendarmería donde estuvo alrededor de 2 días; que en ese tiempo
fue golpeado e insultado; que con posterioridad habría sido trasladado a
Guerrero; lugar en el que solo le dieron de beber agua y podía advertir el
quejido de otras personas; que allí fue interrogado; que le pedía a los custodios
que lo maten ya que estando esposado y en las condiciones narradas el
sufrimiento era tal, que prefería que lo mataran; que bajó como 10 kgs.; que
USO OFICIAL

no puede identificar víctimas o guardianes en ese lugar; luego fue trasladado a


la Central de Policía juntamente con Maldonado, Romero y Brandan donde les
sacaron fotografías, y de ahí fueron enviados al penal; que mientras estuvo en
Gorriti no recibió ninguna atención médica, a pesar de que orinaba sangre; que
fueron tratados de mala manera; golpeados cuando iban al baño, recordando
solamente al celador Narváez; que fue trasladado al aeropuerto en octubre de
1976 por personal del penal quienes los entregaron a personal militar; que
recibieron insultos y malos tratos, hasta que fueron subidos al avión por
personal vestido de verde. Relata su estadía en La Plata donde fue entrevistado
por Bulgheroni y cree que éste estuvo en su traslado en el aeropuerto; que fue
finalmente liberado en La Plata el 9 de julio de 1978.
10) Hilda del Valle Figueroa: 21 años a la fecha de los
hechos, estudiante de derecho en Tucumán. A fs. 658 y 818 de estas
actuaciones y fs. 168 del habeas data declara que fue detenida la noche del 21
y madrugada del 22 de julio de 1976 al llegar a su domicilio en Calilegua; que
en su detención participaron el Ejército, la Policía de la Provincia, la Policía

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Federal y Gendarmería; que le vendaron los ojos y le ataron las manos por la
espalda; luego la llevaron a la Comisaría de Calilegua; que la bajan alzada
porque no podía caminar –había sido recientemente operada ya que sufría de
polio- y le pusieron un número (84 u 85); con posterioridad, la tiraron en un
automóvil en el que ya había otras personas y la llevaron a la Gendarmería de
Ledesma; que esperaron en el vehículo hasta que finalmente partieron (aclara
que algunos vehículos fueron para Guerrero, otros al RIM 20 y otros a la
Central de Policía); que de ahí fue trasladada al centro clandestino de
Guerrero. Relata las torturas y violaciones sufridas. Luego fue enviada a la
Central de Policía donde le sacaron las vendas, la desataron y se pudo
higienizar porque el Comisario Jaig le dijo que tenía mal olor; que Eublogia
Cordero y de Narvaez estaban en pésimas condiciones; que a Jhoni Vargas y
Bebe Córdoba, el hermano de Germán, los ve en la Central de Policía donde
confesaron ante un Comisario que ella era la que entregaba revistas a un
venezolano en Tucumán y que también las repartía, lo que ella desmiente.
Afirma que los mencionados “estaban bien limpitos, afeitaditos, bien
higiénicos”. Luego de ello es enviada al penal de Villa Gorriti en el carácter de
detenida a disposición del PEN; que salió cuatro veces de “comisión” a la
Central donde era vendada y la interrogaban golpeandola e insultándola; que
en una de esas salidas fue llevada a Salta donde refiere las torturas y
violaciones sufridas; que en la cuarta comisión a la Central la entrevistó el
Capitán Jones quien estaba con un teniente, pero no sabe quien era, y le dice
que se confundieron con ella y le da una serie de consejos hasta que
finalmente fue puesta en libertad el 11 de enero de 1977.-
11) Rufino Lizárraga: 23 años de edad a la fecha de los
hechos, chofer de camión. Conforme surge de fs. 812 (647) y cc. de estas
actuaciones y del expte. 279/09 fue detenido por unos gendarmes a hs 00:30
en la madrugada del 21 de julio de 1976 en la puerta de su casa de Libertador
General San Martín mientras dormitaba en el camión; que le ataron los ojos,
vendaron las manos y lo subieron a la caja de una camioneta de la Policía de la
Provincia, luego fue trasladado a la Comisaría de Ledesma, donde le sacan las
vendas y ataduras; que serían unas 30 personas; que su número de
identificación era el 89; que fueron puestos contra la pared con las manos en
alto; permaneciendo un par de horas y quienes bajaban las manos eran
26
Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
golpeados, y si bien no fue golpeado, escuchó como golpearon a otros; que
luego subieron a unas camionetas -que puede asegurar que la que lo trasladaba
era de la Policía- con dos custodios de la Policía de la provincia; que estaba
vendado y atado; que recuerda que eran los hermanos Alfaro, los hermanos
Garnica y Samán; que lo llevaron a Guerrero y que reconoció el camino
porque era chofer; que primero fueron identificados y después tirados en el
piso, con las manos atadas y los ojos vendados; que solamente les daban de
comer una vez al día. Entiende que los custodios de noche serían de
Gendarmería o del Ejército y que por lo general a la noche llegaban personas
distintas que eran los que interrogaban; que él no fue torturado en forma
individual ni interrogado allí, pero que en forma general les tiraban agua
hervida y les pisaban las cabezas; que estaba tirado en el piso, y al quinto día
le dieron un colchón; que alguna vez recibió golpes con un cable pesado con
una cobertura que hacía de látigo que le producía dolor y ardor; que reconoció
allí a Jhony Vargas y Rubén Molina por su voz porque fueron compañeros de
colegio, cree que también estaba Juan Jarma; que un día fue golpeado en los
USO OFICIAL

testículos por intentar hablar con Carlos Ruiloba, y que debido a ello fue
operado en 1987 por un quiste; que reconoció las voces de Hilda Figueroa;
que sintió cuando era torturada una persona de apellido Lodi y que quien lo
maltrataba le dijo “ahora no vas a quedar ni para loco”. Con posterioridad fue
“legalizado” -el 4 de agosto de 1976-; que fue llevado a la cárcel por un
vehículo de la Policía; que mientras estuvo en el penal no recibió malos tratos
ni sabe de otros que hubieran recibido un mal trato en forma personal, aunque
recuerda de personas que vinieron del centro de detención muy golpeadas
como Cáceres, Maldonado y Romero; que el día del traslado al aeropuerto el
personal del penal estuvo a cargo hasta que subieron al celular, luego
quedaron a cuidado del personal del Ejército, y que al llegar a El Cadillal se
hizo cargo personal del Servicio Penitenciario Nacional y fueron ellos quienes
los custodiaron en el viaje en avión, donde fueron golpeados con bastones de
goma; que en forma personal fueron golpeados unos 4 o 5, entre ellos Julio
Moisés y una persona de apellido Tilca que era de San Pedro; que a él no lo
golpearon pero que sí a todo aquél que levantara la cabeza; que una persona

27
de apellido Gaspar llegó al penal con signos de haber sido golpeada. En el
expte. 779/09 declara que fue liberado en La Plata el 20 de junio de 1979 y
que en febrero de 1980 fue citado por el Mayor Jones quien lo amenazó
diciéndole que la próxima vez “no vas a caer preso”. Surge de la orden de
servicios 43-DOP/77 de enero de 1977, cuya copia se adjunta a fs. 223, que a
través de una investigación de prontuarios realizado por el departamento de
informaciones policiales, se lo consideraba como vinculado a organizaciones
subversivas, que él no sabe las razones por las que estuvo detenido 35 meses.-
12) Eduardo César Maldonado: habría trabajado en
Ledesma hasta fines de 1975, 23 años a la fecha de los hechos (legajo laboral),
conforme surge del expte. 280/09 y a fs. 1075 de estas actuaciones; que
debido a que las fuerzas de seguridad habían allanado su domicilio en
Calilegua el día 20 de julio de 1976 y no lo encontraron, al día siguiente se
presentó en la subcomisaría de la citada localidad donde fue detenido; que ahí
estaban Herrera y Cachambi; que luego fue llevado en un patrullero a la
seccional II de Libertador General San Martín, donde fue golpeado por el
Comisario Morales; por la noche llegó gente de civil, le ataron las manos, lo
vendaron y lo introdujeron en una camioneta boca abajo; luego fue llevado a
San Pedro, donde fue atendido por el jefe de policía y trasladado con
posterioridad a Guerrero, lugar en el que fue interrogado, sometido a golpes,
patadas, al submarino, lo insultaban, “por ahí nos daban un poquito de comida,
creo que un solo día en 14 días que estuve”; que se encontró con Nuñez y
Salinas, que los tres estaban bastante mal por las torturas; que luego de varios
días fueron llevados al Comando Radioeléctrico y de allí a Gorriti; que ahí los
atendían mejor; que a fines de agosto fueron llevados al Cadillal, y de allí a La
Plata y que en el avión también lo golpearon mucho.-
13) Héctor Narvaez: surge de su declaración testimonial
efectuada a fs. 102/103 del expte. 404/05 y de fs. 334 del expte. 67/07 que fue
secretario general del Sindicato de Obreros y Empleados de Calilegua y luego
presidente de la Federación Azucarera Regional hasta mediados de 1974; que
fue oficial herrero de Ledesma y habría sido echado en abril de 1976; que en
la noche del 21 de julio de 1976 personal policial y militar lo detuvo en su
domicilio, lo vendaron y ataron, y lo subieron a un camión volcador de la
Municipalidad, lo golpearon, luego lo bajaron y fueron caminando 8 cuadras
28
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CAMARA FEDERAL DE SALTA
hasta que lo hicieron subir a un patrullero de la policía; que antes de subir al
patrullero trajeron también detenidos a la Sra. de Guernica y a los dos hijos,
subiendo todos en el patrullero y los llevaron a la subcomisaría de Calilegua
donde pudo saber que también se encontraba su hijo de 17 años; que a la
madrugada los sacaron en un celular policial, que pararon en Libertador una
hora; que el celular estaba lleno de detenidos; que escuchó a su hijo Esteban,
también Espinosa, Salvador Cruz, Román Rivero; que luego de varias horas
de viaje llegaron a un lugar en el que fueron tirados al piso, ahí no pudo saber
de su hijo; que fue interrogado, pateado y golpeado con la culata de un arma,
que a los diez días fue llevado a la Central de Policía y puesto en libertad el 30
o 31 de julio; que Jaig le dijo que lo habían detenido por equivocación y lo
soltaron. A fs. 5273 se denuncia su fallecimiento en 2008 y se presenta como
querellante su hija.-
14) Enrique Nuñez: soldador, 38 años de edad, empleado
del Ingenio Ledesma y echado en abril de 1976; habría sido Secretario de
Actas del Sindicato de Obreros y Empleados de Calilegua y posteriormente de
USO OFICIAL

la Federación Azucarera Regional. Dice que en esa fecha fueron despedidos


40 o 50 personas de la empresa sin pre-aviso por razones de reorganización.
Surge del expte. 281/09 que en la madrugada del 21 de julio de 1976 fue
detenido en su domicilio particular ubicado en Calilegua por personal armado
de Gendarmería Nacional (fs. 105 del expte. 404/05), fuerzas armadas (fs. 3
del expte. 281/09) y policia provincial, que participaron unas 30 personas del
operativo; que alcanzó a ver un camión de la municipalidad de Libertador
General San Martín; que estarían involucrados los policías Verón y Herrera;
que le vendaron los ojos y ataron las manos; que fue obligado a subir a un auto
y llevado a la comisaría de Calilegua donde reconoce la voz del sargento
Viera; que le pusieron el número de identificación 24; que lo suben a un
furgón y lo colocan en el piso con otros detenidos; que ahí reconoce a Raúl
Rodríguez, Carlos Espinosa, Alfonso Correa, Isidro Salinas, Olga Pérez, Rita
Garnica, Hilda Figueroa y Molinas; que fueron trasladados posiblemente a
Guerrero, donde, si bien no lo interrogaron, fue brutalmente golpeado; que
estuvo diez días sin comer; que no podía ir al baño que hacía sus necesidades

29
fisiológicas en el lugar; que fue golpeado en el abdómen, con quemaduras de
cigarrillos en torax; que se sacó las vendas y ataduras y fue brutalmente
golpeado; que al décimo día lo suben al camión con otros detenidos, donde
reconoce a Narváez, y es trasladado a la Central de Policía de Jujuy donde
puede higienizarse y lo liberan dejandolo amarrado en un árbol frente al
hospital Pablo Soria, amenazándolo con acribillarlo si se movía; que fue
rescatado por los médicos y permanece en el nosocomio por 40 días; que
estuvo ciego por 30 dias por lo que le tuvieron que hacer transplante de
corneas (fs. 5271); que quedó con secuelas psiquiátricas y graves dificultades
económicas.
15) Mario Martín Nuñez: 30 años de edad, empleado de
Ledesma y dado de baja de la empresa en 1977. Fue detenido en la madrugada
del 21 de julio de 1976 en su domicilio en Calilegua por personal policial y de
Gendarmería y el Capitán Jones Tamayo (fs. 5130). Denuncia que lo
maniataron, le vendaron los ojos y lo llevaron a la subcomisaria, después fue
metido en otro vehículo donde había personas en su misma condición y fueron
llevados todos a Guerrero, donde los tiraron en el suelo y a partir de ese día
fueron castigados de todas las formas, habiendo recibido golpes en todo el
cuerpo y lo interrogaban, pero que lamentablemente no puede reconocer a
persona alguna; que al cabo de diez días lo llevaron a la Central, al penal y en
octubre a La Plata, recuperando su libertad en julio de 1978 (fs. 253, expte.
404/05).
16) Ana María Pérez: conforme surge del expte. N
278/09 y de fs. 92 del expte. 404/05, habría tenido 20 años a la fecha de los
hechos. Denuncia que el 21 de julio de 1976 a hs. 23 en un gran
procedimiento en el que intervinieron personal de uniforme en camionetas
blancas doble cabina de la empresa Ledesma, fue detenida en el domicilio de
una amiga en Calilegua, por hombres del Ejército y que identifica al Capitán
Jones entre ellos, siendo vendada y atada las manos, obligada a subir en el
vehículo con su compañero Victor Sandoval (propietario del auto), y son
trasladados a la subcomisaría donde le pusieron el número 22 o 24, luego la
suben a un furgón de la policía con detenidos y es trasladada a Guerrero donde
estuvo 8 días; que ahí fue torturada con látigo en todo el cuerpo, le propinaron
brutales golpizas, puñetazos y patadas; que escuchaba fuertes gritos de
30
Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
torturados y ladridos de perros; que la interrogaban sobre los chicos Córdoba y
Reales; que estaban otras chicas detenidas y liberadas como Cordero y
Figueroa; luego fue trasladada a la Central de Policía, en donde pudo
identificar a Raúl y María Cortez, y que el comisario Jaig le pidió perdón por
las torturas sufridas. Hilda Figueroa y Norma Castillo afirman que falleció en
2012.-
17) Isidro Salinas: no existen constancias probatorias
sobre los hechos de su detención. César Maldonado; E. Núñez, Alfonso
Cordero y Enrique Nuñez lo mencionan a fs. 4 del expte. 280/09, fs. 3 del
expte. 281/08, expte. 276/0 9, expte. 281/09 respectivamente.-
18) Ernesto Reynaldo Samán: 23 años a la fecha de los
hechos, estudiante de agronomía en Tucumán, empleado de la Empresa
Ledesma SA. Surge del expte. 277/09, de fs. 246 del habeas data y de fs. 951
y 4457 de estas actuaciones, que el 20 de julio allanaron su domicilio y como
no lo encontraron se presentó al día siguiente en la comisaría nº 24 de
Ledesma en donde fue detenido a disposición del PEN, ese día fue trasladado
USO OFICIAL

en un furgón y con custodia a la Central de Policía de Jujuy en la caja de un


celular de la policía, esposado y acompañado por un agente que lo apuntaba
con un arma. Sostiene que en la Central fue recibido por Jaig, por el
subcomisario Damián Vilte y el oficial Vasquez; que esa noche fue atado por
Vilte a una cucheta mientras era amenazado. Al día siguiente llegó Braga
quien subió a una camioneta verde mientras que él y Vilte subieron a un
patrullero; que en el camino a Reyes, Vilte le venda los ojos y llega a
Guerrero; que le colocaron el número 56, que pudo identificar ahí a Walter
Hugo Juárez, Johny Vargas, Juan Jarma, Raúl Bartoletti, Luis Alfaro Vasco,
Oscar Alfaro Vasco, Juan Miguel Lodi, Carlos Brandan, Alfredo Cortes,
Rufino Lizárraga, Humberto Campos, Alfredo Mérida, Mario Nuñez, Eduardo
Cáceres, Jorge Ríos, Luis Escalante, Raúl Díaz, Casimiro Bache, Rubén
Molina, Leandro Córdoba, Germán Córdoba, Miguel Ángel Garnica,
Domingo Horacio Garnica, Domingo Reales, Salvador Cruz, Román Rivero,
Hilda Figueroa, Ana María Pérez, Delicia Álvarez, Eublogia de Garnica, Cruz,
Narvaez; que eran objeto de torturas permanentes; que eran obligados

31
colectivamente a permanecer largo tiempo de pie, luego de rodillas, en un solo
pie; que eran castigados a puntapies si no cumplían o arrojados violentamente
al suelo; que en varias oportunidades, mientras descansaban, les arrojaban
agua caliente entre las risotadas de los torturadores; que cada vez que iban al
baño eran castigados con latigazos en los genitales; que comían una sola vez;
que le hicieron dos veces simulacro de fusilamiento; que le salió un forúnculo
y cuando les pidió ayuda, le rompieron el pantalón y le dijeron “en
gendarmería curamos así, fue terrible, lo curó entre comillas, perdió mucha
sangre y todavía tiene la cicatriz”; que reconoció las voces de Jaig y de Vilte;
fue interrogado, y ante su negativa, recibió bruscamente un puntapies en la
cara y todo el cuerpo, perdió un diente; que trajeron a Leandro Córdoba y
Jhony Vargas quienes lo acusaban de estar en el ERP, y ante su negativa, lo
torturaban, que le hicieron firmar una declaración; en medio de las torturas
escuchó que también estaba Alfredo Mérida quien dijo que desconocía que él
tuviera actividad subversiva; que mientras estuvo detenido escuchó nombrar
hasta el número 108; que era toda gente de Ledesma, y personas que trajeron
de Tucumán; que de noche escuchaba que violaban a las mujeres, que gritaban
y lloraban; que una noche Germán Córdoba habla y uno de los que estaban ahí
dijo “mira como habla ese maricón” y fue violado; que calcula que estuvo 15
días en el lugar; que el 4 de agosto es introducido en un celular con otras
personas y llevado a la Central, luego al penal y el 7 de octubre es trasladado
al aeropuerto, al penal de La Plata, a Córdoba y a Sierra Chica hasta abril de
1978 en que es liberado; que en Ledesma lo vuelven a tomar pero como
obrero de limpieza en fábrica de papel, fue terrible pero tuvo que hacerlo y
pudo renunciar porque hizo un curso y trabajó como docente. En su legajo
personal consta el aviso de la primer detención y constancia de Bernal Soto en
1978 que hace saber la segunda detención y que no “existe mérito suficiente
para que continúe detenido”.-
19) Bernardino Oscar Alfaro Vasco: 22 años. Denuncia
haber estado afiliado al partido socialista de los trabajadores. A fs. 2264
declara que a la medianoche del 20 de julio de 1976 fue detenido en el
domicilio familiar de Libertador General San Martín por un grupo de ocho
personas con uniforme de color verde, que registraron el lugar y golpearon a
sus habitantes; que afuera estaba el comisario Jaig, a quien conoció en junio
32
Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
de 1976 cuando fue detenido; que fue sacado juntamente con su hermano Luis
y los subieron a una camioneta blanca doble cabina, color blanco de la
empresa Ledesma –esto es así porque pudo ver el logo de la empresa-, en
donde lo vendan y le atan las manos, luego fueron a la Comisaría de Ledema y
a la Gendarmería de Ledesma, adonde empezaron a llegar otras personas; que
ahí permanecieron por espacio de dos o tres horas, y fueron subidos a la caja
de una camioneta, todos amontonados mientras la custodia los pisaba para que
permanecieran quietos; que llegaron a Guerrero y fueron tirados al piso; que
siempre estuvieron con las manos atadas y con los ojos vendados; que lo
interrogaron y torturaron; reconoce al subcomisario Vilte y al oficial Vázquez;
también a Rubén Canseco; que calcula estuvo 20 días en esa situación, y que
de ahí fue llevado a la Central de Policía, donde pudo reconocer a la Sra. de
Garnica. Finalmente fue trasladado al penal y en el mes de noviembre fue
trasladado a La Plata.-
20) Luis Alfaro Vasco: 25 años a la fecha de los hechos,
empleado de Ledesma (legajo laboral reservado en Secretaría). Denuncia que
USO OFICIAL

en Tucumán participaba de la “Línea Independiente Antimperialista”; que


llevó esas ideas a nivel sindical en Ledesma, lo que implicó un cambio a nivel
sindical; que ellos eran estudiantes de Córdoba y Tucumán; que enseñaban a
la gente lo que era la empresa Ledesma, que era el último resabio de una
sociedad feudal. Afirma que se enfrentaban a la empresa Ledesma y que por
eso todos fueron perseguidos; que trabajaba en la empresa; que fue detenido
en el domicilio familiar del pueblo de Ledesma, a media noche del, cree, 23
de julio de 1976, por un grupo de personas con uniforme verde; que estaba
Jaig quien le preguntó a su madre por sus dos hijos; que lo sacaron junto con
su hermano y pudo ver que había una camioneta clara con el logo de la
empresa Ledesma; que el conductor de la camioneta era una persona que no
conocía y que estaba de civil; que después se dirigieron a la Gendarmería o a
la Policía de Ledesma, vendado y atado; que lo hacen bajar y ahí escuchaba
gritos y voces; que le pegaron en el estómago y en la cara y lo pusieron contra
la pared, después los subieron a otro vehículo y los llevaron a Guerrero, donde
los tiraron en el piso y les ataron los pies; que nunca supo cuanto tiempo

33
estuvo detenido, que no comían salvo en alguna ocasión que le dieron algún
líquido parecido a una sopa; que escuchó las voces de Cabrera, Samán,
Polanco, Espinoza, recordando que a estos dos últimos los torturaron y
golpearon; que escuchaba los gritos de lamentos de quienes eran golpeados;
que fue objeto de maltratos; que no fue objeto de interrogatorios; que un día
fue subido a un carro de asalto en el que iban su hermano, Hilda Figueroa,
Bachi y la Sra. de Garnica, que lo llevaron al penal y luego a La Plata (fs.
4042).-
DETENIDOS DESAPARECIDOS:
1) Germán Tomás Córdoba: soltero, estudiante de perito
mercantil, 27 años a la fecha de los hechos, empleado del Ingenio Ledesma
SA. Del expte. 398/05 y de fs. 729 y 730 de estas actuaciones surge por
denuncia efectuada por su hermana que fue detenido el 27 de julio de 1976 por
policía de civil que lo llevó a la Comisaría de Calilegua para averiguaciones y
que nunca más fue visto por sus familiares; que por la detención de Córdoba
actuó directamente la policía de Calilegua; que se desempeñaba el Comisario
Herrera y lo secundaban los agentes Cachambi, Ramírez, Verón y Viera; que
el oficial Ríos le informó que trasladó a su hermano al Ingenio Ledesma por
orden del Coronel Bulacios. Afirma que concurrieron a la Central, al RIM 20
y todos negaban que figurara en la lista de detenidos. Dice que en una de las
tantas oportunidades en que visitaba a la Central de Policía para recoger datos,
vio llegar al oficial Manuel Herrera acompañado del representante del Ingenio,
Mario Paz y Alberto Castillo, “fuerte comerciante del lugar”. Asegura que su
hermano estuvo detenido en Jujuy, que Jaig lo reconoció y les dijo que ya lo
habían largado. Afirma que la empresa Ledesma prestaba las camionetas para
efectuar las detenciones. A fs. 4425 declara Angela Herminia Córdoba: cuenta
lo que le pasó a ella y a su padre cuando fueron a buscar a su hermano –
Leandro Rodolfo Córdoba- a Tucumán el 13 de julio de 1976, la noche del
apagón y la detención posterior de Germán el 27 de julio. A fs. 107 del expte.
398/05 Ricardo Córdoba declaró que su hijo Leandro Rodolfo fue detenido en
Tucumán el 10 de julio; que en relación con su hijo Germán Tomás, el día 27
de julio siendo las 13:45, llegó una persona de civil a su domicilio en
Calilegua y preguntó por Germán Tomás y se fueron juntos hasta la
Comisaría de Calilegua; que al no regresar, su hija Delfina Eulalia fue a
34
Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
buscarlo y el agente Flores le informó que estaba “incomunicado”; que nunca
más lo volvio a ver a pesar de todas las gestiones realizadas ante el Ejército,
policía provincial y federal. A fs. 44/46 del expte. 413/05 surge el habeas
corpus presentado por el padre ante las detenciones de sus hijos en 1981.-
2) Salvador Cruz: 50 años de edad a la fecha de los
hechos, era viudo, padre de 6 hijos, gremialista, vocal del Sindicato de
Obreros de Calilegua, maestro herrero de Ledesma. Surge del expte. 401/05 y
del expte. 413/05 que fue detenido por fuerzas policiales y del Ejército en la
madrugada del 20 de julio de 1976 de su domicilio en Calilegua, sin que los
familiares lo hayan podido ubicar hasta la fecha a pesar de haber presentado
una acción de habeas corpus en 1978; que el Comisario Jaig les informó que
había sido liberado el 26 de julio de 1976. La hermana denuncia que cuando
fue al Comando, un oficial le dijo que había sido muy maltratado, que lo
habían llevado a Guerrero y que le habían hecho firmar la libertad. A fs. 82
Samán, Waldino Cordero, Eublogia Cordero de Garnica, Filemón Campos
confirman su presencia en Guerrero, como así también que habría intentado
USO OFICIAL

escapar y que lo mataron (Waldino Cordero).-


3) Domingo Horacio Garnica: 20 años de edad a la fecha
de los hechos, soltero, electricista, mecánico de un taller de colectivos, una
hija; 4) Miguél Ángel Garnica: 23 años de edad a la fecha de los hechos,
casado, chofer de auto, trabajó para Ledesma, un hijo. Surge fs. 4 y a fs. 317
del expte. N 404/05 de la declaración de Eublogia Cordero de Garnica que el
día 20 de julio de 1976 fue detenida por personal de policía y del Ejército, con
intervención de autos del Ingenio Ledesma, juntamente con su hijo Domingo
Horacio y que son llevados a la Comisaría de Calilegua, donde les colocan un
número, luego van a la subcomisaría de Ledesma y finalmente a Guerrero; la
madre escuchó ahí a su hijo Miguel Ángel, entre otros; que el 31 de julio la
trasladan a la Central; que ese día fue la última vez que escuchó a sus hijos.
En el habeas data la madre declara que no sabe que pasó con sus hijos
Domingo Horacio Garnica, chofer de colectivo y Miguel Angel Garnica,
portero del club de Ledesma, y que la última vez que los escuchó fue en
Guerrero. A fs. 338 la madre denuncia que el 20 de julio de 1976 a hs. 20

35
llegó a su casa el Sr. Rómulo Astorga, portero en el aserradero de Calilegua
quien le informó que había recibido una llamada del Club Atlético Ledesma y
le hicieron saber que Miguel Ángel fue citado por el destacamento de
Gendarmería Nacional en el Ingenio Ledesma para comunicarle algo sobre el
padre (que en ese entonces estaba detenido en La Plata) y que no volvió más
del trabajo y esa misma noche son detenidos la declarante con su otro hijo.-
5) Román Patricio Rivero: 36 años de edad, casado, peón.
Surge del expte. 408/05 por denuncia de su esposa que fue detenido de su
domicilio en Calilegua el 22 de julio de 1976 a hs. 23:45 por fuerzas policiales
que no eran de Calilegua, y habían otros vestidos de militares y otro de civil;
que fueron en patrullero y en un camión del Ejército; que fue por orden del
Coronel Bulacios, sin que se hubiese instruido causa criminal en su contra;
que Jaig le informó que saldría en libertad el 27 de julio, sin embargo nunca
más fue visto con vida. Presentó recurso de habeas corpus en 1978. Héctor
Naravez (fs. 249 del expte. 404/05), Alfredo Cortez (fs. 4971) y Humberto
Filemón Campos (fs. 5070) declaran que estuvo en Guerrero. Asimismo,
Eublogia de Garnica manifiesta que quiso escapar de Guerrero y lo mataron
(expte. N 404/05), igual referencia hacen Hilda Figueroa (fs. 658 y 818),
Caciano Bache (fs. 4351) y René Orlando Rodríguez (fs. 4981).-
6) Jhony Vargas Orozco: 24 años, estudiante, casado.
Surge de la demanda de habeas corpus presentada por la madre en 1978
(expte. 413/05) que fuerzas de la Policía de la Provincia y del Ejército en
forma conjunta detuvieron a la víctima el día 21 de julio de 1976 en su
domicilio de la ciudad de Libertador General San Martín; que actuaron en la
detención el comisario Américo Lescano y el cabo Sanchez y un funcionario
de Gendarmería Nacional; que el Comisario Jaig le informó a la madre que su
hijo estaba a disposición del Área 323; que se hiciera la idea de que no lo iba a
ver nunca más; que a pesar de los trámites realizados nunca pudo saber el
paradero de su hijo. A fs. 262 Lescano manifiesta que en el año 1976 una
madrugada recibió la visita de Jaig y que lo acompañó a la detención de
Vargas y que de allí se lo llevaron a la Central de Policía. Varias victimas
liberadas refieren su presencia en Guerrero (Bartoletti, fs. 810; Figueroa fs.
658; Lizárraga fs. 812; Samán fs. 4457).-

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Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
Que efectuado el sorteo correspondiente, de conformidad con los
arts. 455, 396 y 398 del Código Procesal Penal de la Nación para emitir sus
respectivos votos resultaron desinsaculados en el siguiente orden: doctores
Roberto Loutayf Ranea, Federico Santiago Díaz y Jorge Villada, quienes se
expidieron como sigue:
CONSIDERANDO:
El Dr. ROBERTO LOUTAYF RANEA dijo:
A) Aclaraciones previas: Cabe destacar que los recurrentes no
controvierten la materialidad de los hechos investigados en el sentido que
tuvo, prima facie, por probado los allanamientos, las privaciones ilegítimas de
la libertad, las torturas y los homicidios investigados en la causa, por lo que
este Tribunal solo hará mérito de ellas en la medida necesaria para la
resolución de los recursos en las circunstancias que fuere menester.-
Por otra parte, y respecto de las apreciaciones realizadas por el
magistrado en grado sobre diferentes aspectos históricos, como sobre las
relaciones entre el gremialismo y las empresas azucareras a partir de la década
USO OFICIAL

de 1960 en el noroeste argentino, el cierre de ingenios y sus consecuencias, el


rol de los industriales durante el proceso de reorganizacion nacional o sobre la
animosidad de Ledesma S.A. hacia la actividad gremial, no conforman,
elementos determinantes para responsabilizar puntualmente a los directivos de
la empresa por los hechos que se investigan en la causa. Lo que resulta
importante, a criterio de esta Cámara, y más allá de las diferencias que podrían
haber existido entre la empresa y los sindicatos con motivos de la actividad
gremial y paros que ocurrían (ver en tal sentido el testimonio de Alfonso
Waldino Cordero –declaración del 28-8-1986 en el expediente 276/09-; Luis
Alfaro Vasco -declaración de fs. 4042 de estas actuaciones-; Melitón Vázquez
–fs. 5087-; Raúl Tapia –fs. 2589 del expte. 047/12-, entre otros), es determinar
si hay pruebas que prima facie acrediten la existencia de una participación o
colaboración de Ledesma S.A. en la detención, allanamiento de domicilios,
torturas y homicidio de las víctimas de autos.
Por lo tanto, esta Cámara va a emitir resolución tomando en
cuenta y analizando las probanzas aportadas a la causa y especialmente hasta

37
el dictado del auto de procesamiento puesto en crisis por los diferentes
recursos mencionados. La prueba incorporada por la defensa con posterioridad
al auto de procesamiento de los imputados contiene aspectos que no alcanzan,
en principio, a modificar las conclusiones que con el grado de probabilidad se
requiere en esta instancia respecto de los imputados y lo ocurrido al momento
de los hechos, sin perjuicio que todo el material de conocimiento aportado y
que se aporte sea valorado por el señor juez en grado, según considere y a los
efectos que hubiere lugar.
B) Prueba de cargo recolectada en la causa en contra de los
imputados: Se encuentra prima facie acreditado que la mayoría de las
víctimas fueron detenidas, sin motivo, razón o explicación alguna por parte de
las fuerzas de seguridad, desde diferentes domicilios particulares en Calilegua
o Libertador General San Martín durante un apagón efectuado las noches del
20 y madrugada del 21 de julio de 1976 en un operativo formado por la
Policia provincial, la Gendarmería y el Ejército fuertemente armados,
oportunidad en la que les ataron las manos y les vendaron los ojos, los
identificaron con un número, los subieron a diferentes móviles y los llevaron
indistintamente a las comisarías de Calilegua, Libertador General San Martín
y/o del Ingenio Ledesma, lugares en donde fueron recogidos otros detenidos y
reagrupados en diferentes vehículos para su posterior traslado. Por su parte,
otras víctimas fueron detenidas cuando se presentaron en las comisarias de las
localidades mencionadas por no haber sido encontrados en oportunidad de
haberlos ido a detener a sus domicilios particulares. Todas las víctimas objeto
del presente habrían sido trasladadas al centro clandestino de Guerrero.
Sentado que los hechos existieron en el modo que se ha relatado
precedentemente, y el carácter prima facie ilícito de los mismos en contra de
las victimas nombradas, corresponde considerar si Carlos Pedro Tadeo
Blaquier y Alberto Enrique Lemos, Presidente del Directorio y el
Administrador General de Ledesma SAAI. respectivamente, tuvieron
participación en los hechos investigados y en qué grado, a partir de la
imputación que se les formula, confrontado con la prueba relevada y los
argumentos defensistas que se esgrimen.
Al respecto, cabe tener en cuenta que a los citados se les imputó
oportunamente el haber intervenido en los hechos delictivos que perjudicaron
38
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a las víctimas, a saber: violación de domicilio -24 hechos-, privación ilegítima
de la libertad agravada -27 hechos-, aplicación de tormentos -33 hechos- y
homicidio -6 hechos-; habiendo sido procesados por el juez de primera
instancia como partícipes primario y secundario, respectivamente, en la
privación ilegítima de la libertad en 26 hechos –respecto de Delicia del Valle
Álvarez de Narváez, Hipólito Álvarez, Casiano Bache, Raúl Ramón Bartoletti,
Norma Castillo, Alfonso Waldino Cordero, Eublogia Cordero de Garnica,
Germán Tomás Córdoba, María Cortez, Salvador Cruz, Luis Víctor Escalante,
Hilda del Valle Figueroa, Domingo Horacio Garnica, Miguel Ángel Garnica,
Rufino Lizárraga, Eduardo César Maldonado, Héctor Narváez, Enrique
Núñez, Mario Martín Núñez, Ana María Pérez, Román Patricio Rivero, Isidro
Salinas, Ernesto Reynaldo Samán, Jhonny Vargas Orozco, Bernardino Oscar
Alfaro Vasco y Luis Alfaro Vasco-.
Ahora bien, resulta primordial, en esta etapa del proceso en la
que, como se dijo, no se requiere certeza plena, determinar si existe un vínculo
entre los imputados y los hechos sufridos por las víctimas de autos.
USO OFICIAL

B.1) Ante todo, y conforme las fundamentaciones expuestas en la


resolución del 23 de agosto de 2012 en la causa “Aredez”, expte. 047/12, en
trámite por ante este Tribunal, se observa la compleja situación social, política
y sindical que se vivía en la zona en cuestión, en la que se destacaron los
elementos que permitían advertir tal situación.-
En efecto, el testigo Raúl Tapia –cadete de la farmacia de
Ledesma- declaró que los medicamentos que se daban a los niños no eran
originales (fs. 2837 vta. expte. 047/12); Hugo José Condorí (quien denuncia
haber sido uno de los fundadores de la obra social del sindicato) refiere que
cuando llegaba la mercadería de diferentes laboratorios él los controlaba y
clasificaba; y tomó conocimiento de cuál era el mejor medicamento en lo que
hace a su calidad, separando los de los laboratorios de marca en un lugar, y los
otros en otra habitación, refiere a la existencia de un vademecum de remedios
que se elaboraban en la farmacia y que los médicos eran obligados a recetar
dichos medicamentos. Así también, relata sobre el incumplimiento por parte
de la empresa de las obligaciones dispuestas por la ley 1655 referida al

39
servicio médico asistencial obligatorio; sobre el dudoso manejo de los aportes
de los trabajadores; las altas tasas de mortalidad infantil, los altos niveles de
contagio y epidemia del “mal de Chagas”; la falta de médicos para la atención
del personal; el negativo resultado del convenio efectuado entre Ledesma y el
Cemic por la falta de experiencia de los médicos residentes quienes iban a la
localidad solamente por 6 meses, lo que generaba errores en la atención y el
diagnóstico; alude al permanente diálogo con la empresa, pero afirma que
luego vinieron los problemas con la intervención del sindicato por gente que
considera que fue mandada por Ledesma; sostiene que existía una relación
cordial y constructiva con la empresa en las reuniones, pero que luego no era
positiva porque el Ingenio incumplía con lo que se acordaba “siempre había
algo que no caminaba”; considera que fue un beneficio para Ledesma la
cesión de los hospitales al Estado (fs. 2404 del expte. 047/12).
En igual sentido, Hugo José Condorí (refiere haber sido
presidente del directorio de la obra social del sindicato del azúcar) afirma que
en Ledesma había un servicio asistencial médico bastante deficiente; que
esporádicamente se denunciaban los incumplimientos; que la empresa estaba
obligada por la ley 1655 a dar el servicio medico asistencial a sus obreros y a
su familiar del grupo primario; que el servicio del Ingenio recurría a recetas
magistrales y el mismo jarabe se recetaba para todo tipo de dolencias; que
existía un vademecum de 12 medicamentos, y los médicos no podían recetar
otra cosa; que el Dr. Aredez se resistió y empezó a salirse del vademecum; que
el declarante fue conjuntamente con el Dr. Aredez al Colegio Médico de Jujuy
a denunciar; que todo el mundo sabía que esas anormalidades existían; que
Ledesma nunca cumplió sus obligaciones tanto en viviendas como en
medicamentos (fs. 37 del Habeas Data).
La situación sanitaria también es descripta por Melitón Vazquez
quien refiere que luego de ser elegido Secretario General del Sindictado en el
año 73 fue al lote El Talar, en donde advirtió “que existían muchas violaciones
de convenio de ley”; que habían dos enfermeras para 2000 chicos, que
emplazaron a Ledesma y ante el incumplimiento fueron a una huelga y la
empresa cumplió; que en un mes y medio tenían el hospital construido; que no
se llevaba bien con Mario Paz y lo cambian por Peverelli; que no tenía

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CAMARA FEDERAL DE SALTA
contacto con Lemos –quien le dijo que tratara todo con Peverelli que tenía el
visto bueno suyo-, y luego viene la intervención del gremio (fs. 5087).-
Asimismo, existen actuaciones administrativas del Ministerio de
Bienestar Social de Jujuy que muestran el incumplimiento por parte de
Ledesma -a fines del año 1973-, de las prestaciones médico-asistenciales
obligatorias previstas por la ley 1655/46, las que eran cuestionadas por la
empresa –a través del Administrador Lemos- quien entendía que la ley le era
inaplicable, lo que fue rechazado por el Gobernador de Jujuy, y originó
sanciones pecuniarias a la empresa en febrero de 1975 y el inicio de un
proceso judicial de apremio (expte. 3763/73).
Resultan bastante esclarecedoras, las consideraciones efectuadas
por el entonces Secretario General de la Gobernación de la Provincia de Jujuy,
Dr. Guillermo Snopek, quien destaca que a pesar de que la ley nunca fue
objetada por la empresa, por más de 27 años ha estado reiterando una “gastada
promesa-cuales hábitos en los que dicen lo que nunca hace-”, que fue el
proposito de la empresa ofrecer a sus dependientes una óptima y amplia
USO OFICIAL

cobertura médico asistencial hospitalaria, “entre otras promesas vacuas y


expresiones de anhelos que resultan inconducentes porque no se cumplen” (fs.
6 del expte. 3763/73).
A todo evento, cabe destacar que Ledesma SAAI donó el
Hospital de Ledesma al Estado Nacional en 1975, lo que fuera aceptado por
Decreto del Poder Ejecutivo Nacional 1624/75 (tal como lo afirma la defensa
de los imputados a fs. 142 del expte. 047/10).
Concordantemente, Hugo José Condorí (fs. 754 del expte.
296/09), declaró que las leyes provinciales 1655 y 1814 beneficiaban a la
salud y a las provisiones de vivienda de los trabajadores, lo que estaba a cargo
de Ledesma, y después del golpe de Estado de 1976, pasó al Estado; que tales
leyes establecían los porcentajes que se debían retener a los trabajadores para
gozar de dichos beneficios, que estaban en la letra de la ley pero no en la
realidad. Afirma que el Dr. Arédez los aconsejaba y participaba en el tema, y
hacían presentaciones judiciales a través del Ministerio del Trabajo, tomaban
medidas de fuerza para cambiar la realidad. Reitera sobre la elevada tasa de

41
mortalidad infantil. Afirma que en la zona de los zafreros solo existía una sala
de primeros auxilios atendido por una enfermera sin servicio médico. Aduce
sobre el convenio de la empresa con el Cemic y la aparición de un grupo de
médicos jóvenes que iban a hacer la residencia; que un mes eran oftalmólogos,
otro mes cardiólogos, etc., que ello acarreaba errores en su atención y en su
diagnóstico, lo que fue cuestionado por ellos y el Dr. Arédez. Tuvieron otra
reunión con Luis María Blaquier y posteriormente sale una resolución del
Banco Central de préstamo de dinero para construcción de viviendas; que con
el Brigadier Álvarez conversan y deciden hacer el hospital y 1093 casas. Que
el arreglo consistía en lo siguiente: el terreno lo ponía la empresa, el 60% de
las viviendas la empresa y el 40% los obreros.
Asi también, los períodicos de la época hacen mención a los
incumplimientos referenciados en las testimoniales de párrafos anteriores, en
tanto señalan que la Subsecretaría de salud pública de la Provincia de Jujuy,
en oportunidad de realizar una inspección en los lotes Libertad, Yapeyú, Zora,
Jaramillo, Paulina, Florencia, San Antonio, Palos Blancos, Yuchan, Maíz
Negro y en los pueblos de Ledesma y El Talar, constató que la empresa
transgredía 39 incisos de un total de 69 de la ley 1655 que disponía sus
obligaciones; así específicamente refiere a que “mantiene una situación de
subequipamiento y carencia en las prestaciones médico-sanitarias”…” ; que la
dotación de camas en el hospital llegaba al 50% de lo exigido; faltaba
servicios de enfermería; había escaso índice de consultas médicas; faltaba
dotación de medicamentos, inexistencia de programas de atención médicas,
odontológica y de saneamiento ambiental; servicios sanitarios deficientes
como ej. provisión de agua potable, disposición de basura, etc. (fs. 91 del
expte. 394/05).
Otros artículos periodísticos refieren a las “condiciones de
marginalidad y explotación” que se observaba respecto a la situación sanitaria,
laboral y social en la zona. Señalaban que se observaban condiciones
infrahumanas de vivienda, con promiscuidad y hacinamiento, incompatibles
con la dignidad del hombre; mal nutrición y falta de atención médica; carencia
de servicios sanitarios mínimos: “se ha comprobado hasta cuatro familias (15-
16 personas) hacinadas en pocilgas de 10 metros cuadrados, sin luz, sin agua,
sin ventilación, durmiendo en el piso de tierra. La salud, el decoro y la
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CAMARA FEDERAL DE SALTA
privacidad del núcleo familiar no cuentan para estos marginados”. El informe
continúa haciendo saber que frente a la transgresión de la ley 1655 se emplazó
a la empresa a adecuar sus servicios, y que vencidos los términos se le impuso
una multa, y se le ha requerido el descargo correspondiente. En otro artículo
siguiente se informa que en los lotes de Ledesma son deplorables las
condiciones generales de vida de la población zafrera, “se repite el panorama
lamentable de hacinamiento, promiscuidad y alta exposición al riesgo de
enfermar y morir”, se describe la situación del lote El Talar “donde más de
10000 personas se aglomeran en el más alto grado de hacinamiento que se ha
observado en la provincia” (fs. 91 expte. 394/05).
La necesidad de viviendas para el personal que trabajaba en el
Ingenio se ve plasmada en las declaraciones de Carlos Alberto Melián, quien
hace referencia a la ley 1814 por la que se obligaba al Ingenio a proveer de
viviendas a los trabajadores, y que para ello la empresa se acogió a planes del
Gobierno Nacional del Banco Hipotecario. Afirma que se hicieron varios
barrios y que se originaron fricciones en las relaciones por cuanto la cuota de
USO OFICIAL

$ 10 la llevaron a $ 140. Manifiesta que consideraron que estaban siendo


estafados por el Ingenio quien había pedido un préstamo para construir las
viviendas; que la empresa las construía, las inspeccionaba y las aprobaba; que
la construcción era deficiente y los perjudicaba; que por esta situación viajo a
Buenos Aires junto con Condorí y que se entrevistaron con el diputado Ortega
Peña.
En igual sentido, Hugo José Condorí declara que Ledesma había
creado una fundación que hacía casas a través del Banco Hipotecario, pero
que las cuotas salían 25 % más de lo que la ley preveía para los salarios; que
pidieron reuniones para que les explicaran porqué las cuotas eran tan altas;
que a medida que iban investigando con Weisz y Melián advirtieron que “un
estadio y un club que había ahí que decía que la Fundación lo donaba, era
pagada por nosotros por eso es que la cuota salía tanto”; que se entrevistó por
todas estas cuestiones en Buenos Aires con el Senador jujeño Martearena y
también con el Brigadier Álvarez, que era el director de relaciones públicas de
Ledesma, quien le dijo “Ledesma es una empresa de interés nacional… y por

43
lo tanto nosotros no vamos a permitir que le hagan daño alguno , yo te
aconsejo a vos y por el bien de tu familia apartate de este grupo” (se refería a
Weisz; Patrignani y Arédez) (fs. 39 del Habeas Data).
Por su parte, del informe periodístico del 10 de febrero de 1974
surge que alrededor de 800 personas –obreros de Ledesma- se presentaron en
el público despacho del Intendente Aredez y le hicieron conocer su adhesión, a
través de una resolución que tomara el Sindicato de Obreros y Empleados del
Azucar del Ingenio Ledesma, en la que observan que en los últimos tiempos
ha existido una campaña nacional de los sectores continuistas contra los
intereses populares, expresada a través de la renuncia o destitución de
gobernadores, intendentes u otros funcionarios que tienen una buena actitud
hacia los reclamos obreros y populares, dando el ejemplo, la destitución de
Bidegain en Buenos Aires, y las presiones a Ragone en Salta y a Obregón
Cano en Córdoba. Refieren que eso es lo que pasaba con Aredez a quien se le
pidió la renuncia “para reemplazarlo seguramente por una persona más
complaciente a los intereses de Ledesma SAAI”. Señala que “El Intendente
Aredez le ha ajustado con justicia las clavijas a Ledesma SAAI exigíendole el
pago de los millones de pesos que le adeudaba a la comuna por impuestos
impagos y luchaba constantemente por terminar con el manoseo de la
asistencia médica que el Hospital Ledesma está acostumbrado a cometer con
los compañeros trabajadores”; a dichos fines resuelven comprometer su apoyo
al Intendente Aredez, llamando a efectuar el repudio a traves de gestiones y
movilizaciones necesarias contra aquellos sectores que tratan de lograr la
destitución o renuncia del cargo y nombran una comisión que realice las
medidas que correspondan para que el Dr. Aredez permanezca en su puesto.
Asimismo, se advierten serios problemas en el ámbito sindical en
el período anterior a los hechos de la causa, tal cual surge del expte. 341/75,
donde el Sindicato de Obreros y Empleados del Azúcar del Ingenio Ledesma
denunciaba a principos de 1974 la falta de pago de los obreros changueros, “el
corte de fichas a los obreros temporarios de fábrica”, no ser recibidos por las
autoridades de la empresa, el despido de dos trabajadores, las condiciones
inhumanas de las viviendas en la zona de San Lorenzo, el no pago de las
vacaciones anuales en los años anteriores a los obreros temporarios y el pago
fuera de término, la retención de sumas de dinero correspondiente a los
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Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
trabajadores en concepto de aguinaldo, vacaciones, sin explicación alguna y la
intención de la empresa de intervenir el sindicato en razón de los reclamos
efectuados. Así también existen constancias que finalmente se dispuso la
intervención del sindicato de obreros y empleados del azúcar de Ledesma en
marzo de 1975, las medidas de fuerzas que ocasionó dicha situación, la
denuncia de los diferentes referentes sobre “las maniobras intervencionistas”
de la empresa Ledesma, sobre el monopolio del azúcar, la defensa de los
obreros y las actuaciones que dispusieron el procesamiento de diversos
representantes gremiales por violación a la ley 20840 (constancias del expte.
341/75 citado).
La intervención del sindicato ocasionó los hechos del 21 de
marzo de 1975 en oportunidad de la toma de posesión del cargo del delegado
normalizador Ciardulli, que provocara un paro de los trabajadores del Ingenio
(estiman en 250 personas que apoyaban a la ex comisión directiva), en el cual
hubo víctimas heridas de balas y daño en propiedades (fs. 22 del expte.
341/75).
USO OFICIAL

Melitón Vázquez entiende que la intervención del sindicato sí


benefició a la empresa porque los trabajadores quedaron prácticamente
desprotegidos aunque la empresa también perdió por las huelgas. Afirma que
la empresa recetaba a todos cafiaspirinas, que les decían que era un remedio
barato pero uno de los mejores, que curaba cualquier cosa; afirma que a veces
la gente lo ponía como que Ledesma le había dado un chalet, que era falso,
Peverelli fue el que le dio las herramientas, lo formó y le enseñó para eso, fue
el que lo hizo. (fs. 5092 vta.)
Cabe concluir entonces que estas pruebas contrastan con las
declaraciones efectuadas por los testigos ofrecidos por la defensa, y las
esforzadas alegaciones en contrario que ella realiza, debiendo tenerse prima
facie por ciertos los hechos relatados en párrafos anteriores por cuanto no se
advierte parcialidad en las declaraciones del personal que trabajara en cargos
directivos y de responsabilidad para la empresa, y en consonancia con la
actitud y medias adoptadas por los organismos de gobierno de la provincia.
Pero de todos modos, describen una situación preexistente a la fecha de los

45
hechos y que muestran que pudieron existir por entonces los motivos de
conflicto e intereses contrapuestos y que varias de las víctimas habrían tenido
vinculación y reales diferencias con la empresa Ledesma, la que, por otra
parte, públicamente hizo conocer su adhesión al 4º Aniversario del Proceso de
Reorganización Nacional en el diario Pregón del 24 de marzo de 1980 (fs.
5869).-
B.2) En efecto y en relación con los hechos de esta causa, de la
prueba existente se puede determinar que la mayoría de las víctimas habrían
tenido actuaciones políticas, laborales o sindicales vinculadas con la empresa¸
mientras que otras denuncian haber tenido alguna relación o vínculo con las
personas que se dedicaban a dichas actividades y por ello pudieron ser
consideraradas personas “peligrosas” o “subversivas”. En efecto, se encuentra
acreditado que :
Delicia del Valle Álvarez tenía 17 años a la fecha de los hechos y
habría sido detenida ante los tormentos efectuados a Domingo Reales quien
habría declarado que ella era su novia. Al volver de Guerrero fue liberada en
la Central de Policía. En julio de 1977 ingresa a trabajar al Hospital de
Ledesma, existiendo constancia en su legajo personal que el administrador
Ing. Alberto E. Lemos le otorgó un adicional por atención permanente en el
campamento de Maíz Negro, durante el periodo de zafra, las 24 horas todos
los días y cuando renuncia, en septiembre de 1977 envía el respectivo
telegrama al mencionado administrador.
Norma Castillo: fue detenida a los 20 años, estudiante
universitaria becada por la empresa mientras su padre trabajaba para
Ledesma.-
Hipólito Álvarez: herrero de Ledesma, Héctor Narvaez: oficial
herrero, Secretario General de la Federación Azucarera Regional, habría
ingresado en la empresa en 1948, realizaba actividad sindical; el 13 de abril de
1976 se prescindió de sus servicios; existe también un telegrama colacionado
del 4-576 en el que renuncia a su cargo (legajo laboral nº 31241). Enrique
Nuñez: soldador de la empresa y secretario de actas del Sindicato de Obreros y
Empleados de Calilegua, ingresó en septiembre de 1954; existe constancia del
13 de abril de 1976 por el que se le hace saber que se prescinde de sus
servicios (legajo reservado en secretaría a nombre de Enrique Ñunez) y un
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telegrama colacionado del 23 de abril de 1976 del que surge la renuncia a su
cargo (legajo nº 17433).
Isidro Salinas: habría sido empleado de Ledesma y dirigente
gremial, actuó en nombre y representación del personal de Calilegua SAAYC
(legajo laboral nº31241). Román Rivero: empleado de Ledesma y dirigente
gremial –secretario adjunto del SOEC. Alfonso Cordero: mecánico de
Ledesma y dirigente gremial.
Surge de la prueba adjunta que en noviembre de 1971 se labró un
acta entre los representantes del Sindicato de Obreros y Empleados de
Calilegua: Román Rivero, Secretario Adjunto, Enrique Nuñez, Secretario de
Actas, Alfonso Cordero, Isidro Salinas “delegados de las distintas secciones
afectadas” quienes firman el acta en nombre y representación del “personal de
Calilegua SAAIC”, Héctor Narvaez por la FAR y representantes de Ledesma
SAAIC.
Salvador Cruz maestro herrero de Ledesma, también fue vocal
del Sindicato de Obreros de Calilegua.
USO OFICIAL

Germán Tomás Córdoba era obrero, cosechero


de Calilegua, empleado administrativo de Ledesma. Su hermano, Leandro
Córdoba, fue detenido mientras estudiaba en Tucumán los primeros días de
julio de 1976. Este último fue reconocido en Guerrero y fue careado con
varias de las víctimas (Hilda Figueroa, Alfredo Cortéz). Germán habría sido
fuertemente golpeado y violado por su condición de homosexual (conforme
declaraciones de Ernesto Samán y Walter Juarez).-
Eublogia Cordero de Garnica: estaba casada con Agustin Donato
Garnica quien era empleado de la empresa y dirigente gremial y político, fue
condenado por la justicia federal de Jujuy a tres años de prisión efectiva por
haber sido considerado responsable de atentado contra el orden público.
Miguel Ángel Garnica, empleado del garage de la fábrica del Ingenio
Ledesma. Domingo Horacio Garnica también hijo de los citados fue
escuchado por última vez en Guerrero.-
María Cortez habría tenido 17 años a la fecha de los hechos, fue
detenida en oportunidad que detuvieron a su hermano René Rodríguez,

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empleado de Ledesma, en el domicilio familiar, fue llevada a Guerrero y luego
soltada en la Central de Policía.-
Luis Victor Escalante: fue empleado de Ledesma y también vocal
del Sindicato de Obreros y Empleados del Azúcar y Papel en abril de 1972,
(conforme surge de un acta agregada en el legajo laboral de Weisz).
Hilda del Valle Figueroa: habría sido acusada de subversiva por
los detenidos torturados Leonardo Córdoba y Jhony Vargas Orozco, y
denuncia haber tenido una relación con unos de los detenidos en el centro
clandestino de apellido Canseco.-
Raúl Ramón Bartoletti estudiante en Tucumán, dirigente
universitario, domiciliado en Libertador, habría sido detenido frente a las
acusaciones de Jhony Vargas en su contra, fruto de las torturas.-
Asimismo, fueron empleados de Ledesma Eduardo César
Maldonado (cesanteado en diciembre de 1975 por no haberse reintegrado al
trabajo), Mario Martín Nuñez, Bernardino Oscar Alfaro Vasco, Luis Alfaro
Vasco, Casiano Bache y Ernesto Samán. Respecto de éste último surge de su
legajo personal que el Coronel José María Bernal Soto le extiende una
constancia de que estuvo detenido desde el 21 de julio del 76 al 9 abril del 78
“recuperando su libertad por haber finalizado el estudio de su causa y no haber
mérito suficiente para que continúe detenido”.-
Ana María Pérez 20 años a la fecha de los hechos fue interrogada
sobre Domingo Reales y Leandro Córdoba, y liberada en la Central de
Policía.-
Jhony Vargas Orozco: era estudiante en Tucumán, fue
reconocido por varias víctimas en Guerrero.-
Ahora bien, teniendo en cuenta el servicio de seguridad con que
contaba el Ingenio Ledesma por su estructura y grado de organización, desde
las reglas de la sana crítica racional, la experiencia y la psicología, es muy
difícil (y hasta poco creíble) afirmar que la empresa no haya tenido
conocimiento de las detenciones que se estaban produciendo en estas
localidades pequeñas cercanas entre si, y dentro del radio de actividades del
Ingenio Ledesma; y en algunos casos, de sindicalistas o políticos que pudieran
resultarles molestos.

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CAMARA FEDERAL DE SALTA
Y es que, a pesar que durante la instrucción se pretendió asumir
una posición de terceros desinteresados, aportando testigos que no escucharon
ni vieron nada las noches o madrugadas de las detenciones de numerosas
personas en esas pequeñas comunidades, tales declaraciones no tienen, prima
facie, entidad como para destruir en este caso las pruebas que señalan la ayuda
prestada a las fuerzas de seguridad la noche en cuestión y días subsiguientes.
Dice la defensa que no se han valorado los conflictos
intersindicales y que las autoridades militares eran quienes perseguían a los
gremialistas y no la empresa. Pero más allá de la validez o credibilidad de tal
aserción, cabe señalar que las relaciones cordiales que alega la defensa entre la
empresa y los sindicalistas y trabajadores, no obstante los conflictos señalados
precedentemente, son cuestiones que no se refieren específicamente a los
hechos que se investigan en el presente proceso ni resultan determinantes para
su solución, dado que no hacen propiamente al tema de si la empresa facilitó o
no los vehículos en oportunidad y con motivo de los hechos por los que se
procesa a los imputados.
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A ese respecto, cabe tener en cuenta que eran de público


conocimiento y discusión, los hechos que estaban aconteciendo en la
comunidad de esas localidades a raíz de las detenciones acaecidas el 24 de
marzo, tanto es así que existe una constancia de una carta interna de Ledesma
SAAI del 26 de marzo de 1976, por la que el sub jefe del “Departamento de
sección servicios en campo”, informa que a hs. 07:30 ingresó al taller de
Calilegua y observó que los obreros Enrique Nuñez, Héctor Narvaez e
Hipólito Álvarez se encontraban reunidos en tres grupos separados de distintos
sectores, que al verlo trataron de “ganar sus lugares de trabajo
inmediatamente”. Afirma que en ese horario toman el mate en sus
correspondientes lugares de trabajo y que al resultarles extrañas estas
reuniones, hicieron averiguaciones obteniendo la versión de que los tres
operarios se dedicaban a conferenciar con el restro del personal tratando
asuntos gremiales que no se pudieron conocer en detalle, por lo que elevan
informe para poner en conocimiento y a fin de tener en cuenta las actitudes de
estos tres obreros (legajo reservado a nombre de Enrique Nuñez). En abril de

49
1976 se habría prescindido de los servicios de Álvarez, Narváez y de Enrique
Nuñez.
Ahora bien, desde la intervención al Sindicato Azucarero de
Ledesma en el año 1975, se acusa al Ingenio de haber tenido participación en
tales hechos y haber colaborado con ambulancias, camionetas y todo tipo de
vehículos para trasladar a los efectivos policiales, para lograr un sindicato a
favor de los intereses de la empresa (panfletos de fs. 72 del expte. 290/75).
B.3) Por su parte, y en relación precisa con las detenciones
referidas los hechos aquí investigados de las pruebas recogidas por el juez
instructor surgen las declaraciones de diferentes testigos que confirman la
presencia de vehículos del Ingenio Ledesma en oportunidad de sus
detenciones.-
Así, Eublogia Cordero de Garnica en su declaración de fecha 5-
05-1984 ante la CONADEP (fs. 317-318 del Expte. Nº 404/05, caratulado
“Garnica, Domingo Horacio y Garnica, Miguel Ángel”), manifiesta que en la
noche de su detención (el día 20 de julio de 1976, a hs. 23 aproximadamente),
cuando la llevaron a la Comisaría de Ledesma, y como se le aflojó la venda
que le habían puesto, pudo ver que habían unos trailers de la Empresa
Ledesma; y coincidentemente en su declaración realizada ante las Madres de
Detenidos Desaparecidos del Departamento Ledesma (fs. 319-321 del Expte.
Nº 404/05, caratulado “Garnica, Domingo Horacio y Garnica, Miguel
Ángel”), precisa que en el lugar a donde los llevaron habían 5 trailers de la
empresa Ledesma lleno de gente, que a ella se le aflojó la venda y pudo ver
que estaban en un lugar montañoso, muy tranquilo, con un río muy cerca,
entraron por un camino y llegaron a una casa grande con pisos, con una galería
grande.-
René Orlando Rodríguez, hermano de María Cortez, declara que
fueron detenidos en la madrugada del 21 de julio en su domicilio particular en
Calilegua por personas del Ejército; que a su hermana la obligan a pararse en
ropa interior, le dicen que se vista y la detienen; que ella por esa época era
menor de edad; que él fue vendado, sacado de su casa y subido a un vehículo,
luego lo suben a Luis Escalante; que le preguntaron por su hermano Alfredo
Cortez y le dijeron que los lleve a buscarlo; que subieron a una camioneta
doble cabina, que antes de subirse pudo ver que en la comisaría había tambien
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estacionadas camionetas blancas del Ingenio Ledesma; que lo llevan a la
comisaría de Calilegua donde estaban Herrera, Chofi y el oficial Cachambe,
que estaban cotejando una lista; que lo vuelven a atar, vendar y lo suben a una
camioneta que estaba en el canchón del Ingenio Ledesma donde estaban los
trapiches, conoce el lugar porque trabajaba ahí; que ingresaban otras
camionetas al lugar; que luego los llevan a Gendarmería donde había mucha
gente, los bajan y había alguien que al parecer conocía a los detenidos e iba
confirmando que cada uno de ellos era quien figuraba en una lista como
persona a detener, que ahí hicieron como un inventario de ellos; que luego los
suben a distintos vehículos y los llevan a Guerrero (fs. 4981)-
Ana María Pérez afirma que en las detenciones intervinieron unas
camionetas blancas doble cabina de la empresa Ledesma (declaración ante la
CONADEP, expte. 278/09).-
Bernardino Oscar Alfaro Vasco refiere que cuando es sacado de
su domicilio junto con su hermano, fueron subidos a una camioneta blanca
doble cabina de la empresa Ledesma, que esto lo sabe porque pudo ver el logo
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de la empresa en la puerta (fs. 2264); por su parte, el citado hermano Luis


Alfaro Vasco confirma que pudo ver que había una camionta clara con el logo
de la empresa Ledesma (fs. 4042).-
Ángela Herminia Córdoba –hermana del desaparecido Germán
Tomás- quien ya había viajado junto con su padre el 13 de julio de 1976 en
búsqueda de su hermano estudiante que había sido detenido en Tucumán,
describe, por su parte, los acontecimientos sufridos la noche del 20 de julio;
que a eso de las 20 hs. comenzaron los cortes de luz; que a eso de la media
noche escucharon tiros relativamente cerca que provenían de la casa de Hilda
Figueroa y aproximadamente a la 1 de la madrugada patearon la puerta de la
casa y golpearon los vidrios; que cuando se levantó vio una gran cantidad de
gente del Ejèrcito y de civil y le decían “abri la puerta hija de puta”; que su
papa enciende la luz y abre la puerta; que todos fueron levantados, puestos
contra la pared, les robaron, manosearon a su hermana, rompieron colchones,
inodoro; que ellos le explicaron que a su hermano ya lo habían detenido en
Tucumán; que luego que se fueron ella pudo ver que quienes se retiraban de la

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vivienda lo hacían en una camioneta de la empresa Ledesma que tenía la L
pintada de amarillo, habían también vehículos particulares, policías y civiles,
hombres y mujeres; que había un trailer de Ledesma lleno de gente ubicado
frente al Club Unión, y pudo ver también a un camión volquete de la
Municipalidad de Calilegua cargado con gente; que su hermano Germán salió
a buscarla, después sería detenido el 27 de julio (fs. 4425).-
Walter Hugo Juárez declara que fue detenido la madrugada del 21
de julio de 1976; que no le vendaron los ojos; que lo llevaron a la comisaría de
Libertador General San Martín y que permanece en una camioneta de cabina
simple que pertenecía al Ingenio Ledesma con el logo de la “L”, que el chofer
era de apellido Carrera, que subieron otros detenidos que no reconoció porque
estaba oscuro; que le vendaron los ojos y los llevaron a Guerrero. Afirma que
le sorprendió ver tantas camionetas del Ingenio en movimiento, junto a las de
Gendarmería y de la Policía; que la camioneta era una Ford del color habitual
celeste grisáceo del Ingenio Ledesma, de cabina simple, con el logo del
Ingenio en la puerta y cree que también en la caja llevaba el logo (fs. 4300).-
En igual sentido, Alfredo Cortez declara que la noche del 20 de
julio llegaba a Calilegua a las 12 de la noche los bajaron del colectivo y el
pueblo estaba a oscuras; que se fue a su domicilio y que ahí lo detuvo la
policía, que le ataron las manos y lo vendaron; que eran varios; que lo
subieron a un camión que cree que era de la empresa Ledesma porque era un
camión tipo volquete sin toldo, y porque ni la Policía ni el Ejército tenían
camiones sin toldo como ese. Además lo reconoció porque trabajó en
Ledesma hasta el 70; que cuando llega al camión había gente, fueron por otras
casas y levantaron más gente en el recorrido y los llevaron a la comisaría de
Calilegua, de ahí cree que los llevaron a la comisaría de Ledesma porque se
sentía mucho movimiento como si fueran los trailers de la empresa; que
estuvieron un rato y los que los custodiaban decían “estos de Ledesma son
más hinchas pelotas. Ello son los que movilizan a los jefes para que nosotros
laburemos” (fs. 4971).-
Por su parte, Ricardo Aredez declaró que en julio de 1976 se
produjeron varios apagones en la ciudad de Libertador; que él fue testigo de
un apagón en la plaza central el día 22 de julio a hs 22; que se cortó la luz y
empezó a correr, y a mitad de cuadra sintió un móvil y una camioneta; que
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dobló la calle y en forma violenta lo enfocan y se baja personal de civil; que
vio el logo de la empresa Ledesma, le alumbran la cara, le pidieron
documentos, y dicen este es Aredez, y dos veces lo dijeron, este no, y salió
corriendo; que fue una noche de terror, sentían gritos y gente que decían no
me lleven; que a las 6 dieron la luz; que los familiares fueron al otro día y les
contaban las detenciones, contaban que fueron llevados a los corrales de la
empresa Ledesma. (fs. 2662 del expte. 47/12).-
Siguiendo esta línea debemos poner énfasis en las declaraciones
brindadas por Victor Antonio Arias y Pedro Ernesto Sánchez que son de
inestimable valor en tanto fueron testigos directos sobre los hechos
acontecidos las noches del apagón sin ser víctimas, con lo que su objetividad
no puede ponerse en duda.
En efecto, el primero de los testigos declara que en julio de 1976
era comerciante y vendía zapatos en Ledesma, y una noche, cuando iba con su
camioneta rastrojero, se apagó la luz del pueblo y ve algunas camionetas del
Ingenio y de una de ellas baja Lescano y le dijo que se vaya del pueblo, que no
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volviera nunca más porque tenía la orden de “hacerlo mierda”; que eran dos
camionetas del Ingenio con cinco policías cada una y no pudo ver más porque
estaba oscuro (fs. 5148).-
Por su parte, Pedro Ernesto Sanchez declara que trabajaba como
radio-operador en Ledesma; que la noche del apagón fue con su señora a lo de
un amigo a comer en su casa en Calilegua; que se apagaron las luces y
sintieron disparos aislados y ruidos de ametralladoras, por lo que se retiraron,
con otros compañeros, en un vehículo de contratistas de transporte de caña
que tenía radio; que unos soldados lo detuvieron y como no les creyeron que
las radios eran para trabajar los llevaron detenidos a la Comisaria; que en el
trayecto escucharon gritos y llanto de gente, y en la Comisaría vieron personas
tiradas en el piso, con los ojos vendados y atados de pies y manos, apilados
como leña, los que eran pateados y golpeados por los soldados; que ahí
paradas estaban dos camionetas F 100 del Ingenio estacionadas en la puerta de
la Comisaría, una blanca y una azul y un camión de la Dirección Provincial de

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Vialidad con prisioneros; que a las 5 de la mañana lo liberaron y volvió a su
casa (fs. 4234).-
Norma Castillo, a su vez, relata que la noche del apagón su casa
fue allanada por las fuerzas de seguridad y al no encontrarla se presentó en la
policía de Calilegua, oportunidad en la que “cayeron dos vehículos”, un auto y
una camioneta de Ledesma, siendo subida en el auto y seguida por la
camioneta hasta la policía de Libertador: “Esa camioneta era de la empresa. La
camioneta era de la empresa. Tenia el logo de la empresa” (fs. 5361 vta.); “las
camionetas eran las de antes, pero tenían el logo, eran celestes, creo. Porque
uno que vive en Calilegua las conoce, las camionetas con el logo son
comunes. Una camioneta de Ledesma en Calilegua, en Fraile, es común
porque la empresa trabaja en todas esas zonas. Es común ver camionetas de
Ledesma pero cuando fueron a buscáca llegó el auto y llegó la camioneta y me
subieron en el auto y me llevaron a la policía. A mi me enviaron a Libertador.
Yo puedo decir que vi la camioneta y vi el auto. Si me preguntan en que me
trasladaron después, ya no se” (fs. 5365).-
Mario Martín Nuñez al constituirse como querellante afirma que
al día siguiente de la detención su madre se acercó a la comisaría en la que
encontró al subcomisario Vilte y a Jaig, y que ella pudo ver camiones y
trailers de la empresa Ledesma (fs. 5130).-
C) Responsabilidad de los imputados: Circunscribiéndonos a
los hechos puntuales que se imputan a Blaquier y a Lemos, cabe analizar y
concluir prima facie en los siguientes ítems:
C.1) De los elementos de convicción existentes en la causa, se
puede advertir que efectivamente existió un aporte de la empresa Ledesma no
solamente en la noche en que se verificaron las detenciones ilegales de autos
entre el 20 y 21 de julio de 1976; sino también –como se señalara en la
resolución del 23 de agosto de 2013 en el expte. 047/10- la noche del 24 de
marzo de 1976 y en días subsiguientes (como en el caso de Carlos Alberto
Melián); y que tal colaboración (aunque por otros motivos), se prestaba desde
la creación de la unidad de Gendarmería con asiento en Ledesma. En este
aspecto cabe destacar, que el gobierno de facto instalado en el poder a partir
de 1976, profundizó las operaciones ya ordenadas con anterioridad por el
gobierno constitucional, más precisamente en el año 1974.
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Estas relaciones entre el Ingenio Ledesma y Gendarmería también
se encuentran confirmadas con las declaraciones efectuadas por unos de los
dependientes de la empresa, Mario Paz en el documental “Sol de Noche”,
minuto 42 (declaración que se valora como un indicio por su naturaleza), y
conforme se señalara en la causa “Aredez”, este indicio en forma concordante
con otros elementos de convicción arrimados a la causa, torna verosímil la
denuncia de las víctimas en relación al préstamo de camionetas y trailers por
parte de Ledesma para las detenciones ilegales.
Sobre el hecho puntual que nos ocupa, se puede advertir que por
la forma en que se brindó este apoyo logístico a las fuerzas de seguridad, es
razonable y lógico inferir prima facie (como lo hace el a quo), que existieron
contactos o solicitudes previas a tales fines, los que ineludiblemente debieron
tener lugar con directivos de la empresa, porque en el orden normal del
desenvolvimiento de una sociedad anónima (como la que corresponde al
Ingenio Ledesma) y dada la entidad de la colaboración requerida, debían
necesariamente ocurrir, ya que la labor de detención planificada y simultánea
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en aquella noche y madrugada de julio de 1976 por parte de las fuerzas que la
encabezaron y desarrollaron, no pudo coordinarse sino con antelación. Es
decir, el uso de las camionetas y trailers de la empresa no pudo ser
sorpresivamente requerido y decidido el mismo 20 de julio y con el absoluto
desconocimiento de los responsables o administrador de la empresa.
Cabe remarcar que aquella noche del 20 y madrugada del 21 de
julio de 1976 se practicaron la mayor parte de las detenciones de las víctimas
de la presente causa, ya sea buscándolas en sus domicilios (Delicia Álvarez,
Hipólito Álvarez, Waldino Cordero, Eublogia Cordero de Garnica, Domingo
Garnica, María Cortez, Luis Victor Escalante, Hilda Figueroa, Héctor
Narvaez, Enrique Nuñez, Mario Nuñez, Ana María Pérez, Salvador Cruz,
Román Patricio Rivero, Raúl Ramón Bartoletti, Rufino Lizárraga, Bernardino
Alfaro Vasco, Luis Alfaro Vasco y Jhonny Vargas Orozco) o por haberse
presentado voluntariamente a las dependencias policiales correspondientes a
sus domicilios o porque el personal policial requirió su comparecencia en las
seccionales de Calilegua o de Libertador General San Martín (Norma Castillo,

55
German Córdoba, Casiano Bache, Eduardo César Maldonado y Ernesto
Reynaldo Samán). Además debe tenerse en cuenta que en oportunidad de las
detenciones, se contó con el aporte de camionetas y trailers del Ingenio
Ledesma, como lo remarcan los testigos señalados en el apartado B.3).
Ya en la sentencia emitida en la causa “Aredes” este Tribunal
destacó que el hecho que el personal de las fuerzas de seguridad y militar
hayan contado con vehículos de la empresa el mismo día del golpe de estado,
en principio, sólo se explica porque con anterioridad habrían existido
contactos o al menos un pedido puntual previo de aquéllos a directivos de la
empresa. Y la misma conclusión cabe arribar en esta causa, en que varios
testigos han visto la presencia de vehículos del Ingenio en la detenciones que
tuvieron lugar en la denominada “noche del apagón”. Es que desde la sana
crítica racional, las normas de la experiencia y la lógica, resulta muy poco
creíble que estos rodados pertenencientes a una poderosa empresa nacional y
provincial, hubiesen sido retirados sin ningún control, sin ninguna constancia,
sin ninguna protesta u otro indicio semejante, que desvincule a los
responsables del patrimonio societario o logístico de la empresa.
Frente a la mera y simple negativa de los imputados, debe
señalarse que el operativo (medido en relación a las circunstancias de tiempo,
modo y lugar), no podía pasar desapercibido para quienes allí vivían o se
desempeñaban, ni para los trabajadores ni encargados o responsables de
Ledesma, que -según se ha podido constatar- poseían su propio servicio de
informaciones, registros y demás documentación (propios de una gran
empresa que manejaba miles de personas y un patrimonio de innegable
envergadura), todo ello –además- conforme surge de la prueba colectada en el
allanamiento practicado por el juez instructor de esta causa el 26 de abril de
2012, constancias de fs. 1852 y cc., del expte. 047/10. Y conviene recordar, no
obstante la negativa constante al respecto, que Lemos habría admitido a la Sra.
de Arédez en la entrevista que le consiguiera Abdala; que la empresa
efectivamente habría puesto 40 móviles a disposición de las autoridades que
intervinieron en el golpe de Estado (según surgiría de las constancias de fs.
2662 del expte. 047/10, de la declaración de Ricardo Aredez ante el Tribunal
Oral de Jujuy el 24 de agosto de 2012). Dicha versión es corroborada por Lara
Virginia Sara Luz Abdala (fs. 2695 del expte. “Aredez”), quien dijo que sus
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CAMARA FEDERAL DE SALTA
padres le contaron que Lemos dijo que los directivos del Ingenio colaboraron
con las fuerzas del orden facilitándoles el uso de camionetas, lo que corrobora
lo manifestado en las declaraciones reseñadas precedentemente. En igual
sentido, Teresa Adriana Arédez manifiesta que el directivo de la empresa
Mario Paz expresó que sus directivos habían puesto mucho dinero para
realizar el golpe de estado de marzo de 1976 (fs. 2654 de la causa “Aredez”).
Debe tenerse en cuenta que, conforme se ha resuelto en otras
tantas causas, de acuerdo a la metodología empleada por las FF.AA. en el
intento de preservar la impunidad de los delitos cometidos, se llevó a cabo la
destrucción de todo tipo de registros y documentación, -inclusive hasta la
destrucción por completo de centros clandestinos de detención-, justamente
para dificultar la investigación y juzgamiento de los perpetradores (ver en tal
sentido el reciente fallo de la Cámara Federal de San Martín de fecha 23 de
octubre de 2013, en la causa 10.619 (CFSM 868/2013) “legajo de apelación
del procesamiento del 20 de mayo de 2013”). Por tal motivo, todo tipo de
prueba obtenida bajo las prescripciones de nuestras normas procesales resulta
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de vital importancia para reconstruir la verdad, que es el único norte que debe
fijarse esta investigación.
Para ello, los testimonios de los detenidos en esos centros junto
con los legajos de la CONADEP resultan en varias oportunidades prueba
fundamental para reconstruir los hechos y muchas veces para sustentar la
imputación (CNFC y C., Sala I, 26-4-2012, “Nerone, Rolando Oscar”, L.L.
online, cita AR/JUR/12764/2012). Por ello, resulta de importancia la
declaración brindada por las personas que han sido detenidas en forma
ilegítima. En el caso bajo análisis, estos indicios, pruebas testimoniales y
documental, resultan concordantes y coherentes en el sentido de la existencia e
intervención de las camionetas y otros vehículos de la empresa Ledesma
SAAII, en las detenciones ocurridas entre los días 20 y 21 de julio para las
operaciones realizadas en las citadas localidades que es para lo que la
colaboración resultaba indispensable. Más ello no puede llevar a
responsabilizar a tales imputados por todas las detenciones que hayan existido
en otras oportunidades, ya que, prima facie, sería una forma excesiva o

57
irrazonable de extender la relación causal del aporte realizado por la empresa,
y no sería prudente ampliarlo con respecto a otros hechos en los que no se
constató la presencia de los vehículos del Ingenio u otra circunstancia que
comprometa su responsabilidad.
C.2) Se encuentra también “prima facie” acreditada la
cooperación mutua y buena relación existente entre la empresa Ledesma y
Gendarmería Nacional.
Al respecto, cabe señalar que, como lo reconoció el imputado
Lemos en su declaración indagatoria en fecha 07-09-2012 (fs. 4268/4275) la
sección Ledesma de Gendarmería Nacional se creó en el año 1966 por decreto
del entonces Presidente doctor Illia para controlar los pasos fronterizos y los
movimientos migratorios entre los meses de marzo a diciembre de todos los
ingenios de Salta y Jujuy; y que la empresa Ledesma facilitaba inmueble,
medios de movilidad, cupos de nafta y demás medios para la creación y
sostenimiento posterior de esa seccional de Gendarmería. Agregó que ello se
mantenía hasta la fecha de su declaración. Algo similar se expresa en la
presentación realizada por la defensa de Pedro Tadeo Blaquier y Alberto
Enrique Lemos, de fecha 8 de noviembre de 2012, en donde se aclara que la
colaboración de la empresa con Gendarmería Nacional fue institucional, lo
que se desprende del informe de dicha fuerza, en el que se alude a la carencia
de registros que documenten la realización de operativos de detención o
traslado utilizando vehículos de Ledesma S.A.; que las camionetas que la
empresa puso a disposición de la Sección Ledesma de Gendarmería Nacional
desde el año 1966 fue en cumplimiento de la finalidad normativa del decreto
2379/66. Se trata del Decreto presidencial 2379/66 que dispone la creación de
la Seccional Ledesma de Gendarmería Nacional, y en donde se consigna el
compromiso de Ledesma S.A..-
En igual sentido, a fs. 2906 la citada fuerza informa que surge de
sus antecedentes el vínculo con Ledesma a tenor del convenio firmado el 19-
6-1979 entre Blaquier y Bussi, como director nacional de Gendarmería, por el
cual se entregó a la institución como donación un automóvil Ford Falcon 1975
y una camoneta pick up Ford, doble cabina, modelo 1972, mil litros de nafta,
lubricantes para su funcionamiento y $ 200.000 por mes para gastos de librería
y limpieza y cuatro viviendas para el personal de la fuerza. Como
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contraprestación Gendarmería tenía la responsabilidad de la protección física
de las instalaciones (custodia de caudales y seguridad en la pista de aterrizaje
en Calilegua), en la actualidad (octubre de 2012) no existe ningún vínculo. No
obran antecedentes relacionados con la reglamentación del decreto 2379/66,
“no existen antecedentes en los archivos de la Fuerza, que durante el periodo
que va desde 1975 a 1983, la empresa Ledesma, haya aportado personal y/o
vehículos para el traslado de personas detenidas”.
Coincidentemente, Luis Ángel Saboredo, Comandante Mayor
retirado de Gendarmería Nacional; declara que era oficial de inteligencia a la
fecha de los hechos y que estuvo en febrero del 75 en el Escuadrón Orán
hasta mayo o junio de 1976; dice que Ledesma daba combustible para el
Escuadrón pero era una donación que le hacía a la Gendarmería y le ponía un
vehículo para que el Oficial que estaba en Ledesma le haga la recorrida de
seguridad del Ingenio (fs 4400). Así también, Horacio Antonio Santander
retirado de Gendarmería, quien prestó servicios en el Escuadrón Orán en
1976 como mecánico motorista de la unidad y oficial conductor, manifestó
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que Ledesma facilitaba vehículos para operaciones porque la Sección


Ledesma no tenía vehículos, tenían una camioneta Ford aunque declara que
nunca vio que la utilizaran para trasladar detenidos (fs. 4411).-
C.3) Conforme surge de las procesos análogos que se realizan
en todo el país, cabe advertir que la mecánica fue igual en la mayoría de las
causas, con lo que cabe suponer que existieron contactos y solicitudes previas
con directivos de la empresa para confeccionar el listado de las personas que
iban a ser detenidas, ubicar sus domicilios, el horario, el personal y los
móviles que se utilizarían para tales fines.
Difícilmente se pueda afirmar –como ya se señaló- que la
empresa no haya tenido conocimiento de las detenciones que se estaban
produciendo en tan pequeñas y cercanas localidades y que no se haya visto,
por lo menos, beneficiada de esta situación a todas luces anormal; ya que se
liberó de la presencia sindical en el establecimiento y ahuyentó la posibilidad
de reclamo alguno de los empleados frente al temor de correr la misma
suerte.-

59
Y es que a pesar de que durante la instrucción pretendieron
asumir una posición de terceros ajenos a los hechos que acontecían en el lugar,
aportando testigos que no escucharon ni vieron nada las noches de las
detenciones frente a un despliegue que no pasó desapercibido para ningún
habitante del lugar, por la cantidad de vehículos circulando, disparos y gritos,
no se ha podido desvirtuar la prueba que prima facie acreditan la ayuda
prestada a las fuerzas de seguridad las noches en cuestión, -facilitación de
vehículos de la empresa-, y que resultan suficientes en esta etapa procesal para
considerar la probabilidad de que ello haya ocurrido .-
C.4) Ya se destacó que, tanto en ésta como en otras causas en las
que se investigan violaciones a los derechos humanos, existe la enorme
dificultad de obtener constancias documentales acerca de los procedimientos
llevados a cabo por distintas fuerzas de seguridad, las que operaban bajo un
manto de impunidad que les permitía el ocultamiento y el encubrimiento de
las conductas ilegales reprochadas, precisamente con el objeto de impedir
intencionadamente el descubrimiento de la verdad u obstaculizar cualquier
proceso de información tendiente a su dilucidación (CFed. Apelaciones Salta,
03-10, Expte. n° 490/09, “Ignatti, Duilio y otros s/denuncia, secuestro y
desaparición forzada de Manuel Medina Ortiz”). Por tal motivo, resulta muy
difícil que se hayan dejado constancias escritas vinculadas con las operaciones
en cuestión.
En sentido coincidente, la Sala I de la Cámara Federal de San
Martín ha señalado que en esta clase de hechos se ha visto dificultado el
acceso a los elementos de prueba, no sólo por el tiempo transcurrido desde que
acontecieron, sino también porque para su concreción se utilizó una
determinada metodología, que tuvo como particularidad su desarrollo en la
más absoluta impunidad, toda vez que –en su mayoría- los procedimientos se
llevaban a cabo en horas de la noche, procurando el aislamiento del lugar
donde se cometían, mediante la participación de individuos que dificultaban
por cualquier modo su identificación. Además, se procuró el ocultamiento de
toda evidencia documentada, lo que significó la destrucción de la mayor parte
de las piezas documentales que hubiesen permitido facilitar la acreditación de
la ocurrencia de los hechos. Por tal motivo, la declaración testimonial es un
medio de prueba que se privilegia frente a modos particulares de ejecución en
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los que deliberadamente se borran las huellas, o bien se trata de delitos que no
dejen rastros de perpetración, o se cometan al amparo de la privacidad
(CFed.San Martín, Sala I, 23-10-2013, causa 10.610 CFSN 868/2013/CAI-
“legajo de apelación del procesamiento del 20-5-2013).-
Resulta interesante mencionar al respecto, que la Corte
Interamericana de Derechos Humanos al fallar en el caso “Velásquez
Rodríguez”, sentencia del 29-7-08, expresó que “la práctica de los tribunales
internacionales e internos demuestra que la prueba directa, ya sea testimonial
o documental, no es la única que puede legítimamente considerarse para
fundar la sentencia. La prueba circunstancial, los indicios y las presunciones
pueden utilizarse, siempre que de ellos puedan inferirse conclusiones
consistentes sobre los hechos. La prueba indiciaria o presuntiva resulta de
especial importancia cuando se trata de denuncias sobre la desaparición, ya
que esta forma de represión se caracteriza por procurar la supresión de todo
elemento que permita comprobar el secuestro, el paradero y la suerte de las
víctimas” (consid. 130-131).
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Debe tenerse en cuenta que –conforme ya se destacó- los relatos


de los testigos que pudieron ver la presencia de los vehículos de la empresa
Ledesma en oportunidad de realizarse las detenciones son coincidentes; y no
se advierte en ellos una intencionalidad de falsear la verdad. Por el contrario,
como ocurre con el testigo Walter Hugo Juárez, distingue lo ocurrido en una
primera detención (en que se utilizó vehículo policial) de lo acontecido en una
segunda (en que también habían camionetas del Ingenio), circunstancia que
evidencia la objetividad de su relato, y que por tal motivo resulta creíble.
Otros testigos dicen que las personas que los detuvieron utilizaron vehículos
policiales, de Gendarmería o de la Municipalidad de Libertador General San
Martín. Todo ello demuestra, prima facie, que los testigos no habrían buscado
falsear la verdad, y sus declaraciones resultan importantes al menos para
acreditar la probabilidad requerida en esta etapa del proceso.
Esta Cámara ha sostenido que la procedencia de la prueba
testimonial como único sostén de la imputación “resulta válida para acreditar
la materialidad del injusto que se pretende elucidar, y debe ser tenida

61
especialmente en cuenta en atención a que la naturaleza propia de los ilícitos
constatados y el contexto histórico en el que se desenvolvieron, dificultan la
recolección de otro tipo de pruebas (como constancias documentales o
periciales), de modo que cualquier tipo de constancia vinculada al episodio
puede servir a los fines probatorios” (CFed. Apelaciones Salta, causal n°
288/08, in re “Álvarez de Scurta, Dominga s/su desaparición”, sentencia del
31-10-08, entre otras). Mas, la valoración de este tipo de pruebas debe hacerse
en el marco de análisis propio de la sana crítica racional como regla contenida
en el plexo procesal vigente. Desde esta perspectiva, tomar en consideración
declaraciones testimoniales no significa hacerlo sin ningún tipo de control o
sin ningún tamiz valorativo que le asigne a cada testimonio el justo encuadre
probatorio que le corresponda, tarea que puede y debe ser realizada por los
magistrados de la causa al no existir pruebas tasadas u otras prerrogativas de
análisis que impongan pautas rígidas al juzgador, pudiendo éste, por el
contrario, arribar al grado de convicción que cada etapa del proceso exige en
base a la libre recolección de constancias de prueba, siempre que se haya
cumplido con los parámetros de legalidad pertinentes al momento de su
recepción en el proceso. Con claridad lo explica Cafferata Nores “El sistema
de la libre convicción o sana crítica racional establece la más plena libertad de
convencimiento de los jueces, pero exige que las conclusiones a que se llegan
sean el fruto racional de las pruebas en que se apoye. (…) La libre convicción
se caracteriza, entonces, por la posibilidad de que el magistrado logre sus
conclusiones sobre los hechos de la causa valorando la prueba con total
libertad, pero respetando al hacerlo los principios de la recta razón, es decir,
las normas de la lógica, de la psicología y de la experiencia común” (en “La
prueba en el proceso penal”, Bs. As., Depalma, 1988, pág. 42). En conclusión,
nada impide tomar en consideración las versiones que como testimonios
brindados en distintas oportunidades se colectaron en la causa, más
corresponde valorarlas de acuerdo a las reglas propias de la sana crítica
racional a los efectos de otorgarles el justo valor que puedan caberles (CFed.
Apelaciones Salta, -10-09, Expte. n° 289/08, “Velásquez, Humberto Telo s/
su denuncia s/privación ilegítima de la libertad en perjuicio de Hugo Armando
Velásquez y Esmeralda Ramona Guerrero”.

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CAMARA FEDERAL DE SALTA
Conforme se ha señalado, la fuerza probatoria de la prueba de
testigos está vinculada con la razón de sus dichos y, en particular, con las
explicaciones que pueden dar acerca del conocimiento de los hechos a través
de los que sus sentidos percibieron (Rep. E.D. 15-762, n° 6; CApel.CC. Salta,
Sala III, 17-2-99, Protocolo año 1999, pág. 42). La razón de los dichos de los
testigos tiene decisiva influencia en la apreciación del testimonio. Y la
circunstancia que hayan declarado en forma coincidente varios de ellos
constituye también un elemento importante que lleva a la convicción de que
dicen la verdad; más aún si dan suficientes razones de sus dichos, y éstos son
corroborados por las demás probanzas. En el caso, los testigos que vieron
vehículos de la Empresa Ledesma S.A. durante las operaciones que se
investigan, a más de ser coincidentes, varios de ellos, dan razón de sus dichos,
lo que permite creer en su veracidad, y su relato constituye prueba suficiente
para tener por acreditada tal circunstancia con el grado de probabilidad
exigido en esta etapa del proceso.
Debe tenerse en cuenta que la prueba testimonial debe tomarse
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como formando parte de un todo y es deber del juzgador valorarla cotejándola


con el resto de los elementos del proceso (C1°Apel. Mar del Plata, 24-11-66,
L.L. 125-534). Es que las declaraciones testificales no son compartimentos
estancos, cuya apreciación pueda hacerse independientemente en cada caso,
sino que es menester conectar unas con otras dentro del esquema probatorio
general (C2°CivCom La Plata, Sala II, 7-6-68, L.L. 134-1055, 20.140-S). El
material probatorio debe ser apreciado en su conjunto mediante la
concordancia o discordancia que ofrezcan los distintos elementos de
convicción arrimados al proceso, pues es la única manera de crear la certeza
moral necesaria para dictar sentencia (CNCiv., Sala E, 28-9-76, Rep.L.L.
XXXVII-1257, n° 41; CApel.CC. Salta, Sala III, 10-5-99, tomo año 1999,
pág. 262).
C.5) La defensa pone énfasis en el informe de Gendarmería
Nacional (fs. 2906). Pero este informe sólo se limita a señalar que no hay
constancias en sus registros de la circunstancia que informan, pero en ningún
momento niega que hayan participado vehículos del Ingenio en las

63
operaciones que son objeto de investigación. Por tal motivo, y sobre todo,
frente a las declaraciones de testigos que afirman que haber visto vehículos de
la Empresa Ledesma S.A. durante tales operativos, no puede la defensa alegar
que ese informe constituye una prueba contundente en sentido contrario.
C.6) Cabe destacar que cobra mayor verosimilitud la versión
sostenida por el auto en grado, en el sentido de que los vehículos de la
empresa eran necesarios para suplir o complementar el escaso o nulo parque
vehicular con el que contaban las seccionales para llevar a cabo la detención y
traslado de las personas, la nota firmada por el Jefe de la Policía de Jujuy,
Mayor Luis Donato Arenas, de fecha 21 de junio de 1976, dirigida al Sr. Juez
Federal, doctor Hugo Mezzena, en donde solicita el uso de camionetas
particulares secuestradas en procesos judiciales, petición que fundamenta en la
falta de medios de movilidad por parte de la Policía debido a la imperiosa
necesidad de poder lograr todos los objetivos en que se encuentran imbuidos
en la lucha contra la subversión (expte. 2566/74 caratulado “Colautti, Renato
y otros”, fs. 172).-
De las pruebas referenciadas, prima facie surge entonces que ni
Gendarmería Nacional ni la Policía Provincial de las localidades de Ledesma,
Calilegua y Libertador General San Martín, contaban con vehículos
suficientes para efectuar el mega operativo de la noche del 20 y 21 de julio de
1976. Al respecto, de las testimoniales de las víctimas o de sus familiares
surgen los vehículos que se habrían utilizado los días en cuestion ya fuera para
su detención o posterior traslado a Guerrero. Y, en principio se advierte
sinceridad en las declaraciones de estos testigos, ya que cada uno precisa con
total espontaneidad las instituciones a las que pertenecían los vehículos
(Policía, Gendarmería, Municipalidad, etc.). Así, Delicia Álvarez menciona
patrullero de la Policía; Norma Castillo un auto; Alfonso Cordero una
camioneta y un furgón policial; Eublogia Cordero un celular; María Cortez
una camioneta y luego un camión; Escalante una camioneta; Lizárraga
camioneta de la Policía de la Provincia; Hector Narvaez y Ángela Córdoba
refieren la presencia de un camión volcador de la Municipalidad; Enrique
Nuñez un auto y un furgón; Ana María Perez furgón de la Policía; Román
Rivero patrullero y un camión del Ejército.-,

64
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CAMARA FEDERAL DE SALTA
Pero también hay otros testigos que, prima facie, con igual
sinceridad y espontaneidad han señalado la presencia de vehículos de la
empresa en oportunidad de sus detenciones y otras testimoniales que destacan
la cantidad inusitada de camionetas y trailers del Ingenio en las detenciones,
que permiten inferir que no habría participado solamente el personal de las
fuerzas de seguridad con sus propios automóviles, sino que también se
necesitaron vehículos municipales y efectivamente el Ingenio Ledesma
colaboró con sus propios vehículos a dichos fines, a petición de los agentes del
Estado. Frente a tal situación, es lógico suponer que se informó el motivo para
el que se los necesitaba (operativo de detención de gremialistas o personas que
consideraban subversivos), y que el préstamo ha sido realizado con total
libertad.-
Otra cuestión a destacar es que gran parte de las detenciones, y en
particular las de las personas que vieron en tal oportunidad los vehículos de la
Empresa Ledesma, tuvieron lugar las noches del 20 y madrugada del 21 de
julio de 1976. En este aspecto debe tenerse en cuenta que la defensa dice en la
USO OFICIAL

expresión de agravios que los detenidos no superaron las 40 personas; sin


embargo, el testigo Lizárraga dice que solamente en la comisaría del Pueblo
Ledesma estaban detenidas cerca de 30 personas (fs. 812/815 de la causa Nº
195/09, caratulada “Fiscal Federal Nº 1 – Solicita Acumulación [Burgos, Luis
y otros]”- y que recibió el número 89); el testigo Casiano Bache refiere que
desde el RIM 20 lo llevaron a Guerrero junto a otras 100 personas
(fs.4351/4353 de la misma causa); Eublogia Cordero de Garnica afirma que
desde la Policía del Ingenio Ledesma la llevaron a un lugar donde había 5
trailers de la Empresa Ledesma “lleno de gente” (fs.319/321 del Expte. Nº
404/05 caratulado “Garnica, Domingo Horacio y Garnica, Miguel Ángel s/su
desaparición”). Es decir, se realizaron muchos procedimientos en estos días
(especialmente los del 20 al 21 de julio), lo que permite inferir, por la
extraordinaria envergadura de las operaciones, la necesidad de que las fuerzas
de seguridad contaran con mayor cantidad de vehículos que los que tenían
para las tareas habituales.

65
A las consideraciones efectuadas en el párrafo anterior y las
detalladas por diferentes testimoniales en el apartado B.3), cabe agregar como
indicio en contra de los imputados la declaración efectuada por Humberto
Filemón Campos quien denuncia haber trabajado a partir del año 1974 en el
departamento de personal del Ingenio de Ledesma, en la oficina de personal,
siendo su jefe Camargo; que se encargaba de los archivos de los legajos del
personal de la empresa; que Camargo le proveía de una lista con nombres de
sindicalistas y de todo activista que había pertenecido al plantel de la
Empresa; “se hacía una selección de personal y se le colocaba una cinta roja y
eso iba a un armario especial que tenía el Sr. Camargo” y el declarante debía
buscar sus legajos personales y ponerles una cinta roja; que mientras trabajaba
ahí veía que había personal de Gendarmería, Fuerza Aérea y Policía Federal
que andaban por la planta del Ingenio, controlaban todo y seguramente tenían
acceso a dicha información. Lo que a él le consta es que Camargo recibió
órdenes directas de Lemos para hacer eso porque no había otra persona por
encima de Camargo más que el mencionado.
En igual sentido, Ernesto Samán, en oportunidad de relatar los
hechos acontecidos en su primera detención, manifiesta que el 24 de junio de
1976 mientras se encontraba trabajando en la Empresa Ledesma SA recibió
una comunicación de su jefe de sección que debía presentarse en la oficina de
personal en forma inmediata y sin la correspondiente autorización para salir de
la fábrica; que mientras se dirigía a la oficina de personal y antes de salir de la
fábrica, dos personas vestidas de civil lo apoyaron contra la pared y con las
manos en alto fue requisado de armas y luego a empellones lo obligaron subir
a un auto marca chevy color verde; que lo llevaron a la Seccional 24 del
Ingenio, donde estuvo 15 minutos, lo subieron de vuelta al auto y lo llevaron
hasta su casa con apoyo de una camioneta policial Dodge con policías
uniformados que llevaban armas largas; que requisaron su domicilio y robaron
algunos bienes de valor y lo llevaron a la Seccional 11 de Libertador General
San Martín donde fue golpeado en el estómago y lo acusaban de guerrillero;
que estuvo allí como 10 minutos, lo subieron de vuelta al auto y lo llevaron a
las casas de su suegra y de su madre, donde también robaron otros bienes
luego de efectuar una requisa; finalmente lo llevaron a la Seccional 9 de San
Pedro y luego a la Central de Policía, en donde pudo ver a Walter Hugo
66
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CAMARA FEDERAL DE SALTA
Juarez, Luis y Oscar Alfaro Vasco, Raúl Bartoletti y su novia Letizia; que fue
interrogado por Vilte y Jaig; que el tercer día fue entrevistado por el Capitán
Jones Tamayo quien le efectuó numerosas preguntas del tiempo en que era
estudiante en Tucumán; que fue golpeado en esa detención y el séptimo día
fue dejado en libertad. Al día siguiente regresa al trabajo en el Ingenio donde
ve a las dos personas que lo detuvieron que estaban charlando con el jefe de
relaciones públicas Oscar Peverelli y su secretaria Romero de López; que al
verlo el jefe le preguntó que hacía ahí y le contestó que tenía la constancia de
la policía que había estado detenido por averiguación de antecedentes y el otro
hombre le mostró un arma.
También Walter Hugo Juárez, con 20 años de edad a la fecha de
los hechos, declaró que la primera vez fue detenido en oportunidad que un jefe
o supervisor de la empresa Ledesma le ordenó salir afuera de su trabajo, donde
es detenido con otras personas (Bartoletti, los hermanos Alfaro, Ernesto
Samán) por la Policía de la provincia el día 24 de junio de 1976 y lo trasladan
a San Salvador de Jujuy; que fue interrogado por John o Johnnes, unos
USO OFICIAL

policías Vilte y Jaig (fs. 4300 de estas actuaciones).-


Por su parte, Dardo Eulogio Morales relata que en julio del año
1975 trabajaba en la fábrica del Ingenio como operador de evaporación y
estaba afiliado al sindicato de obreros de Ledesma; que era época de zafra y
estaba cumpliento su turno de trabajo de hs. 21 a 5 de la mañana; que a eso de
las 3 entraron al Ingenio un grupo de policías y luego de identificarlo le
dijeron que su papá había tenido un accidente y que los acompañaran; que él
les dijo que no podía ser porque su papá no trabajaba de noche y que el
comisario Jaig le puso una pistola en el cuello y le dijo “vamos” y lo sacaron
de ahí en un furgón blanco; que en diciembre de 1976 mientras estaba
detenido en Villa Gorriti, en una requisa Jaig le dijo “¿viste lo que te pasó por
hacerle huelga a Ledesma?” (fs. 4926).-
Raúl Tapia declara ante la Secretaría de Derechos Humanos de la
Nación- Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos de la Nación-
que trabajaba en el Ingenio y que fue detenido el 1º de abril, llevado a
Guerrero, refiere a los hechos de torturas padecidos en ese centro, y luego lo

67
trasladan a Jujuy; dice que Mario Paz y Lemos eran cómplices con el
Ejército; que estando en Jujuy le sacaron la venda y pudo ver que lo habían
trasladado en una camioneta de la empresa Ledesma. Y que en el camino uno
de los Ortiz hablaba por radio con Mario Paz avisandole que se quedara
tranquilo que Tapia ya iba para el penal, y que cuando lo bajan de la
camioneta alcanzó a ver la identificación de un cabo de apellido Sandoval.
Que al ser liberado tanto el declarante como su padre perdieron el trabajo en
Ledesma, y que el motivo de su detención fue que él había contactado al
interventor del gremio del azúcar Sr. Giardulli y al diputado provincial Yaber
para exponerles todo lo que pasaba en el Ingenio: contaminación por
monóxido de carbono que tiraba la chimenea de la fábrica y también la quema
de la caña; el olor del almacenamiento del bagazo que tenía la papelera estaba
afectando a los niños y adultos de la zona; había descubierto que las básculas
que ponía Ledesma estaban armadas con un tope de un tarro de cemento por
debajo para que el peso siempre diera a favor de la empresa (fs. 2589 expte.
047/12). En su ratificatoria en sede judicial amplía su declaración haciendo
saber que mientras estuvo detenido en un lugar oscuro y encapuchado escuchó
que decían “este es el zurdo que le hizo el paro a la empresa por 15 días, de
esta cabeza nace el paro por tiempo indeterminado que sufrió Ledesma, es esta
porquería, el Gordo Saracho y Mario Ernesto Ricci… y por culpa de esta
porquería el Ingenio tuvo que tirar toneladas de caña de azúcar”, lo que le
sorprendió porque era cierto y refiere los hechos acaecidos entre junio y julio
de 1975. Recuerda que cuanto estaba en medio del interrogatorio sintió una
voz de mando que decía “a este zurdo colgalo”, y momentos después le
colocan una soga en el pie izquierdo y lo cuelgan cabeza abajo desde la rama
de un árbol, le sacan la capucha y siente un puntapíe en la nuca (en ese acto el
testigo exhibe las secuelas de las lesiones), y se desvaneció; que le pusieron
alcohol y uno de los militares le dijo si iba a hablar y el contestó que sí, en ese
instante pudo escuchar desde una radio de una camioneta que estaba
estacionada cerca que tenía el logo de la empresa Ledesma que preguntaban si
el declarante estaba allí a lo que sus captores respondieron que si y agregaron
“no te preocupes Mario que este canta ahora…”; refiere al interrogatorio sobre
conversaciones que había tenido con Aredez, Patriniani y Weisz lo que
denotaba que había sido seguido e investigado por servicios de inteligencia,
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Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
fuera y dentro de la empresa. Refiere a que su madre se entrevistó con el señor
Valera, secretario de Mario Paz, quien le dijo “mire señora Elba… su hijo
Raúl le mordió la mano a quien le dá de comer”, lo decía por Pedro Blaquier y
que le comentó que el jefe de policía se había reunido al menos tres veces con
los directivos en la sala de Calilegua para planificar la detención del
declarante, y que Valera le dijo “esto se lo comento a Ud. pero no abra la boca
hasta el final de sus días”. Por otra parte, explicita que fue llevado en la
camioneta de la empresa porque escuchaba la radio de la empresa, que cuando
lo bajaron del árbol pudo ver la camioneta con la puerta abierta, y escuchar el
diálogo, y que el dicente conocía la camioneta pues todo el trabajo lo hacía en
esos vehículos, que se trataban todas de camionetas Ford; que la camioneta en
la que fue trasladado era una Ford F 100 de color celeste o azulino sin cúpula
que tenía en las puertas izquierda y derecha un logo de la empresa que
consistía en un círculo que adentro tenía una letra L mayúscula (hace el
bosquejo del logo) que todas las camionetas tenían una antena de radio; que
los hospitales usaban ambulancia; que antes del golpe Gendarmería andaba en
USO OFICIAL

sus propios vehículos y despues andaban en camionetas de la empresa (fs.


2827 y 2836 del expte. 47/12).-
Por su parte, es preciso recordar que el Brigadier Álvarez
trabajaba en Ledesma como director de relaciones públicas. Al respecto, es de
destacar que, conforme lo refiere el juez instructor, fue Miembro de la Junta
Militar que puso a Juan Carlos Onganía en la dirección del Gobierno en el año
1966 (conforme exordio del Acta de la Revolución Argentina de 28/06/1966).
Hugo José Condorí refiere que en una de las veces en que se entrevistó con él,
le dijo “Ledesma es una empresa de interés nacional… y por lo tanto nosotros
no vamos a permitir que le hagan daño alguno, yo te aconsejo a vos y por el
bien de tu familia apartate de este grupo” se referia a Weisz; Patrigniani y
Aredes (fs. 33 del Habeas Data). A fs. 3965 de estas actuaciones comentó que
de reuniones mantenidas con el Brigadier y Aredez le causó sorpresa el rango
que había tenido militarmente y “luego verlo en una fábrica de azúcar era
medio que no pegaba el tema, no lo veía compatible”.

69
Por su parte, en el legajo laboral de Miguel Ángel Garnica existe
una constancia de la que surge que “no fue tomado para la presente zafra en
razon de ser considerado (NI)- Se trata del hijo del obrero Donato Agustín
Garnica –aserradero Calilegua- quien se encuentra preso desde el año pasado
por haber sido sorprendido con material de corte subversivo (activista)”.-
Así también, existe una constancia documental del 18 de
noviembre de 1975 por la que se informa que Román Rivero juntamente con
René Guitián se “prestan en horas laborales a hacer reuniones perturbando las
tareas diarias a los demás operarios, de carpintería y otros sectores” y debajo
de dicha nota se puede leer “Estos dos operarios son considerados revoltosos
en el área maderas por lo que veríamos con agrado fueran eliminados de
nuestros planteles” (legajo reservado en Secretaría a nombre de Enrique
Nuñez)
C.7) Es decir, del análisis de todas las probanzas aportadas queda
acreditado con el grado de probabilidad requerido en esta etapa procesal, el
aporte de vehículos que fueron vistos para trasladar a los detenidos en el curso
del operativo en cuestión; y ello, porque la facilitación de estos automotores
tenía concordancia con la operación que se proponían llevar adelante las
fuerzas policiales y militares, conforme con la insuficiencia de vehículos
propios que exhibían dichas fuerzas de esa localidad (sea que el aporte se
encuadre en forma de cooperación –concertada o auxilio- ocasional y no
concertada previamente). El aporte, entonces, se concretó para lograr la
privación de la libertad de las personas que han sido detenidas la noche en
cuestión, habiendo los ejecutores contado con los vehículos necesarios a tales
efectos.
En relación a los grados de participación que le cabe a un
imputado en el delito que se trate, ha señalado la Corte Suprema de Justicia de
la Nación que para aceptar la coexistencia de los autores mediatos e
inmediatos, se ha recurrido a un concepto extensivo de autor, a la manera del
doctrinario alemán, Roxin, quien sostiene que es posible la coexistencia de
ambos autores cuando se trata de un obrar a través de un aparato organizado
de poder caracterizado por la fungibilidad del ejecutor, que no opera como una
persona individual sino como un engranaje mecánico. Este concepto de autor
es extensivo con relación a las figuras delictivas de homicidio, privación
70
Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
ilegítima de la libertad, torturas y tormentos (que se imputaban en el caso), ya
que la ampliación de la participación en tales figuras sólo se puede realizar
conforme a la regla del art. 45 del Código Penal, que coloca al autor o autores
en el campo de la ejecución del hecho, y denomina cómplices a los que
realizan cualquier otra acción previa o concomitante fuera del marco de la
ejecución. Frente al criterio legal, que define a la autoría o la coautoría bajo la
exigencia de “tomar parte en la ejecución del hecho”, cualquier otra
intervención vinculada a la realización del delito importa una cooperación, un
auxilio o una ayuda. Y concretamente ha señalado que quienes brindaron los
medios materiales para realizar los hechos ilícitos son partícipes como
cooperadores necesarios, y no como autores en los términos del art. 45 del
Código Penal (CSJN, 30-12-1986, “Causa originariamente instruida por el
Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas en cumplimiento del decreto
158/83 del Poder Ejecutivo Nacional”, Fallos: 309:1689; LL 1987-A-535; JA
1987-I-315). Dice Zaffaroni (refiriéndose a los delicta propia o delitos de
propia mano) que en tales supuestos hay quien presta una cooperación
USO OFICIAL

necesaria y no es considerado autor; que son los casos en que la cooperación


se presta “al autor” y no “al hecho” (Zaffaroni, Eugenio Raúl: “Tratado de
Derecho Penal. Parte General”, Buenos Aires, Ediar, tomo IV, 1999, pág.
347).
Dentro de ese orden de ideas, se considera que los imputados en
autos son “partícipes o cómplices” ya que tal calidad se atribuye a quienes
contribuyen culpablemente en la producción del delito sin realizar la acción
típica y sin ser punibles como autores; participar es ejecutar una acción que
constituye una contribución a producir el hecho delictivo que ejecuta el autor,
no bastando un mero conocimiento del hecho (Fontán Balestra, Carlos;
“Derecho Penal, Introducción y Parte General”, actualizado por Guillermo A.
C. Ledesma, Buenos Aires, LexisNexis, 2002, pág. 404).-
También cabe concluir provisoriamente que existía conocimiento
y voluntad de que ese aporte estaba destinado a privar de la libertad o trasladar
a las personas detenidas, y que a tal fin, se utilizaron tales vehículos. Y ello
porque la facilitación de esos automotores guarda relación con esa finalidad

71
que iban a llevar a cabo las fuerzas de seguridad y militares, por lo que resulta
acertada la resolución en grado en cuanto procesa a Blaquier y Lemos como
partícipes por el delito de privación ilegítima de la libertad de las personas que
se individualizarán luego.
Como se destacó en el fallo en la causa “Aredes”, colaborar con
el préstamo de vehículos en el desenvolvimiento del golpe del Estado del
mismo modo que lo hicieron otras empresas en el país en idéntica fecha, con
el común denominador de que en todos los casos tales vehículos se usaron
para privar de la libertad a personas de forma ilegal y violenta permite inferir
prima facie el dolo de participar en tales actos, los cuales debían considerarse
ex ante como acciones manifiestamente contrarias a la ley, lo que demostraría
prima facie la conciencia de la ilicitud del préstamo. Y con mayor razón ello
resulta aplicable a las detenciones que se investigan en la presente causa,
siendo que ellas han tenido lugar tres meses después de las producidas el día
24 de marzo de 1976, y es de suponer que los imputados conocían lo que
había ocurrido con anterioridad y las detenciones que se iban a realizar la
noche en cuestión.-
Dada la naturaleza de la colaboración requerida resulta verosímil
suponer que las órdenes venían de Blaquier, ya que como Presidente del
Directorio de Ledesma S.A. (según informe de la Comisión Nacional de
Valores de fs. 1484/1486 del expte. de Aredez) es quien debía atender este
tipo de cuestiones, teniendo en cuenta que, de conformidad al art. 268 de la
ley de sociedades 19.550 es el representante de la sociedad anónima. Pero,
cabe señalar que la responsabilidad que se le atribuye a Blaquier no se funda
solamente en la circunstancia de ser el presidente de Ledesma SR, sino que
existen suficientes indicios y constancias en la causa que permiten advertir su
intervención personal en la facilitación de los vehículos de la empresa que se
utilizaron para ejecutar los hechos por los que se lo responsabiliza. A tales
efectos, debe tenerse en cuenta que Adriana Aredez refiere que Rubén Abdala
le propuso a su padre “en nombre de Blaquier” que eligiera el lugar en el país
y que se fuera de Ledesma; que el imputado estuvo involucrado activamente
desde el momento en que asumió la presidencia en el año 1970,
“desmonopolizando las actividades que llevaba a cabo la empresa” y
decidiendo la construcción de casas en las ciudades adyacentes (declaración
72
Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
de Mariano Gil). Esto es corroborado aún más con la declaración de Raúl
Tapia sobre los dichos de su madre respecto a que las órdenes sobre su
detención “venían de más arriba”, del Dr. Blaquier (fs. 2827). Por su parte,
Melitón Vázquez refiere que Carlos Blaquier le pide una reunión después que
ganó las elecciones en el sindicato en el 73, quien le dijo que había que cuidar
a la empresa, le mostró todos los problemas que había y le pidió que pensara
distinto; que él le hizo saber que los problemas más grandes que habían con el
Ingenio eran el incumplimiento de leyes y convenios; le hizo saber que un
trabajador que sale a las 6 o 7 de la mañana tiene que tener desayuno para
comer, lo mismo cuando vuelve a las 12; tiene que saber que a la noche tiene
que dormir con tranquilidad con el estómago lleno, cuando se levante tiene
que saber que va a volver a trabajar y que la empresa no lo va a votar, que el
hijo del trabajador tiene que terminar una primaria y secundaria y que así van
a apoyar a que Pedro Carlos tenga muchas más empresas “pero de esa que
usted me habla de vaca lechera no puede ser que uno tome con jarrones y otro
con cuenta gotas”; también comenta que cuando volvió del exilio en el 87
USO OFICIAL

Lemos le dijo que Blaquier lo quería ver y que se entrevistó por segunda vez
(fs. 5091). Por su parte, Blaquier, en el carácter de Presidente de la empresa,
firmó el convenio de mutua cooperación con Antonio Domingo Bussi en el
año 1979 (fs. 2910/2912).-
Las pruebas citadas, indican prima facie que Blaquier tenía
conocimiento y control sobre la totalidad de las cuestiones atinentes a la
empresa. El hecho de que viviera en Buenos Aires y la necesaria delegación
de funciones que se habría dado en el desenvolvimiento de la empresa
Ledesma, no demuestran por sí mismas que su presidente haya estado al
margen de estas decisiones, sino y por el contrario al tanto de las mismas
sobre el préstamo de los vehículos y de las detenciones que ocurrían en una
localidad en la que la actividad socio económica giraban en torno a la
empresa que él dirigía. A tales efectos, téngase en cuenta que según relata
Lemos, Ledesma era una empresa muy importante con un presupuesto tan
grande como el de la Provincia de Jujuy; y que los bienes de la empresa solo
se prestaban con autorización del Directorio, ya que él como Administrador no

73
tenía facultades ni libre disposición sobre esos bienes (declaración indagatoria
de Alberto Lemos a fs. 2722).
Y a su vez, esas directivas tienen que haber sido ejecutadas por el
Administrador General de la empresa, cargo que detentaba Lemos, tal como
surge de lo declarado por éste en su presentación a fs. 1985 del expte. de
Aredez. Y si bien es cierto que este último también figura en el citado informe
de la Comisión Nacional de Valores como director de la empresa, no puede
responsabilizárselo como partícipe primario siendo que no se ha acreditado
que exista una decisión del Directorio, en la que él también participara, que
haya dado o avalado la orden de brindar el apoyo en cuestión.
Por todo lo expuesto, resulta acertada la resolución en grado en
cuanto considera que la participación de Blaquier ha sido necesaria (art. 45
Código Penal) porque, prima facie, habría sido quien dispuso la facilitación de
los vehículos; y secundaria la de Lemos (Art. 46 del mismo Código), cuya
actuación, en principio, habría sido la de ejecutar esa decisión de prestar la
colaboración requerida, con el conocimiento del alcance de su acto y la
naturaleza ilegal para lo que se requerían los vehículos. Pero el accionar de
Lemos era fungible por otros funcionarios de menor jerarquía .
Es que conforme se dijo en el antecedente “Aredez”,
razonablemente se puede interpretar, entonces, que las fuerzas que operaron
aquella madrugada y días posteriores, contaron con la autorización dada,
prima facie, para el uso de vehículos de la empresa y que tal asentimiento fue
prestado por el Presidente del Directorio (Blaquier) y ejecutada por su
Administrador General (Lemos), ya que tratándose de una empresa de la
envergadura y grado de organización que poseía Ledesma, era imposible
disponer de sus vehículos y apoyo logístico, sin instrucciones o aquiescencia
del Presidente del Directorio. Pero además, porque ninguna constancia de
requisa o medida similar que hubieran realizado las fuerzas del orden quedó
registrada. Ninguna denuncia se levantó en contra del uso no autorizado del
material consignado; ninguna sanción se impuso a quienes teniendo bajo su
esfera de custodia los rodados, los prestaron para aquella operación; ninguna
denuncia se interpuso ante el Juez Federal de la época; ningún acta de requisa
de parte de las fuerzas intervinientes. En suma, dando por sentado (en el grado
de probabilidad exigido para esta etapa procesal) que existió tal colaboración
74
Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
consentida de parte de la empresa, nada desmiente provisoriamente la
imputación que se formula en cuanto que los vehículos fueron entregados
voluntariamente y más aún, al no existir registros de dicha circunstancia y al
haberse efectuado los operativos en horas de la madrugada del día en que se
produjo el golpe de Estado cabe deducir que había conocimiento de la
ilegalidad del operativo y estas mismas consideraciones resultan aplicables a
los operativos de las noches del 20 y 21 de julio de 1976.-
Respecto del agravio de que se debe probar el dolo de los
imputados, puesto que no es verdad que ellos supieran de los secuestros, este
agravio queda prima facie desvirtuado por los elementos ya reseñados, y en
particular porque desde el día 24 de marzo ya se habían efectuado detenciones
contando con vehículos de la empresa Ledesma, circunstancias que por su
envergadura y por haber ocurrido en una localidad pequeña no podían haber
pasado desapercibidas por directivos de la empresa, sobre todo, siendo que en
esos hechos también se vieron vehículos de la empresa Ledesma (ver causa
“Aredez”).-
USO OFICIAL

Prima facie, entonces, se puede sostener con el grado de


probabilidad requerido para esta instancia, que Blaquier y Lemos en el mes de
julio, en oportunidad de los hechos que se investigan en esta causa, ya sabían
para qué se usaron las camionetas, toda vez que siendo Ledesma un pueblo
chico, es posible inferir que una vez producidas las detenciones nocturnas la
noticia se difundió y los imputados conocieron para qué fin fueron usadas las
camionetas solicitadas. Y no obstante ello, continuaron prestando los
vehículos para otras diligencias. Debe tenerse presente que en el delito de
privación ilegítima de la libertad, por tratarse de un delito continuado, ello trae
como consecuencia que a los participantes en cualquier tramo de la ejecución
del hecho se los considere responsables.-
Respecto de los visos de legalidad de la actuación de las fuerzas
de seguridad, que las defensas señalan que existieron, cabe considerar que
tales visos no habrían existido atento a que las camionetas se habrían utilizado
en procedimientos realizados en horarios inusitados (altas horas de la noche o
en la madrugada), contra personas que no estaban cometiendo delitos

75
flagrantes sino que estaban descansando, que no fueron imputadas de delito
alguno, y respecto de las cuales no se exhibió orden judicial alguna para su
detención.
A esto se suma que a los familiares no se les dio información
alguna del porqué de los procedimientos y que esta situación se mantuvo a lo
largo de los días sin mayores variaciones, todo lo que permitía inferir que se
trataba de detenciones ilegales. Tales detenciones se iban conociendo en el
pueblo a partir de los relatos de los familiares de las víctimas que las sufrieron
y cabe suponer, por la infraestructura de seguridad con que contaba la empresa
Ledesma, y porque desde el 24 de marzo ya se habían practicado detenciones
con vehículos de la misma que tanto Lemos como Blaquier sabían de esas
acciones a poco de haberse realizado (no sólo por fuentes de la población sino
también por fuentes de quienes perpetraron las detenciones).
Dice la defensa que no se encuentra acreditado el aporte posterior
ni el dolo a tal fin. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que además que los
ejecutores ya contaban con los vehículos el día 24 de marzo en que se
produjeron las primeras detenciones (lo que según ya se relató permite inferir
la existencia de contactos anteriores), los imputados siguieron prestando las
camionetas lo que se advierte de lo relatado por Melián quien dijo que su
traslado de la comisaría al Penal se hizo en una camioneta del Ingenio a
mediados de abril de 1976, y del relato de Tapia, quien, cuando estaba siendo
torturado, vio una camioneta de la empresa, escuchaba la radio del Ingenio en
la camioneta e incluso escuchó un diálogo de los torturadores con un tal Mario
a través de tal radio. Pero, sobre todo, y no obstante todos esos antecedentes,
también facilitaron los vehículos en oportunidad de las detenciones de las
víctimas que se investigan en esta causa. Con relación a estos últimos hechos,
el dolo requerido para el grado de imputación alcanzado, se bastaba con el
conocimiento de que se contribuía (aunque lo fuera parcialmente) al accionar
clandestino (por ende ilegal) de las fuerzas del golpe de estado, que, como ya
se ha destacado, se inició aquél 24 de marzo de 1976 (en que también
participaron vehículos de la empresa Ledesma en las detenciones ocurridas en
esa fecha); que dicho aporte en el lugar en que se desarrollaron los hechos
resultaba lo suficientemente importante para que estos delitos se cometieran
del modo en que sucedieron y la voluntad de prestar esa colaboración con el
76
Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
alcance del art. 47 del Código Penal, ya que, en principio, las actividades que
se llevaron a cabo por las autoridades militares era patrimonio de los
ejecutores (coautores inmediatos y autores mediatos de las autoridades que
llevaron a cabo el hecho). Este dolo requerido por la figura legal seleccionada
–en los términos de los arts. 45 y 46 del CP, respectivamente- (que exige el
conocimiento del aporte que se realiza al o a los autores de un hecho ilegítimo,
más una voluntad encaminada a “contribuir” con los mismos), se basta con los
elementos relevados en la causa, para arribar al juicio de reproche que desde el
punto de vista subjetivo se les formula a los encartados (Lemos y Blaquier)._-
Lo expuesto indica que el préstamo de los vehículos no obedecía
a una circunstancia imprevista o instantánea ni solamente a los sectores
medios de la empresa, sino que prima facie habría sido el producto de una
decisión previa de quien dirigía aquella sociedad.
Todos los elementos indicados, permiten concluir que existen
probanzas que acreditan con el grado de probabilidad requerido en esta etapa
del proceso la participación de los imputados en los hechos de privación
USO OFICIAL

ilegítima de la libertad de quienes fueron detenidos en la noche del 20 y 21 de


julio del año 1976; y para ello se debe tener en cuenta el préstamo que
realizaban de los vehículos del Ingenio y el conocimiento del fin para el que
los facilitaban (traslado de personas a disposición de la autoridad). Por ello,
corresponde confirmar lo decidido por la sentencia en grado en lo que a estos
aspectos se refiere.-
C.8) La defensa alega que los vehículos que se habrían utilizado
en los operativos de detención pudieron ser los entregados por la empresa a la
Seccional Ledesma de Gendarmería Nacional en cumplimiento del decreto Nº
2379/66, o los cedidos a hospitales, o los que tenían asignados y en su poder
distintos empleados de la empresa ya que el uso de los vehículos era
descentralizado.
Sin embargo, en principio, tales hipótesis no aparecen como
verosímiles, por cuanto difícilmente tantos empleados, personal hospitalario o
adquirentes de los vehículos de la empresa se haya congregado todos juntos en
circunstancias del operativo realizado en la denominada “noche del apagón”

77
colaborando en esa actividad. Y menos manteniendo los vehículos entregados
a Gendarmería Nacional o a los hospitales con los colores y logos de la
empresa, dado que es lógico suponer que Gendarmería pintó con sus colores
los vehículos que se les entregaba para cumplir con sus funciones; y lo mismo,
con mayor razón, cabe suponer de los vehículos cedidos a los hospitales que
por las funciones de urgencia que normalmente desarrollan deben ser
precisamente identificados.
En ese sentido y con relación a los vehículos que la
empresa entregaba a Gendarmería Nacional en cumplimiento del decreto Nº
2379/66, en la resolución en la causa “Aredes” esta Cámara dijo que es lógico
presumir que la fuerza del orden que los utilizaban pusiera un distintivo que
los identificara. Y ello se ve confirmado con el resultado de la inspección
ocular efectuada el 17 de octubre de 2012 de la que surge que las camionetas
identificadas en la Policía y el Hospital de Ledesma no llevan la identificación
de la empresa. En efecto, del acta respectiva surge que en la Seccional 24 de la
Policía de la Provincia de Jujuy en el Ingenio de Ledesma, se constató la
presencia de una camioneta blanca modelo F 100 doble cabina con caja
trasera, que curiosamente aún llevaba la patente Y036971 “que por sus
características externas e inscripciones pertenecería a la Policía de la Provincia
de Jujuy”, con la carrocería desgastada y en desuso con la inscripción en la
puerta delantera derecha “Policía de la Provincia de Jujuy-Comisaría
Seccional 42 Caimancito UR4”. En esa oportunidad también se verificó la
presencia de dos camionetas blancas estacionadas en un garaje con portón
enrejado, en el Hospital de Calilegua y una de ellas era una Ford F 100
modelo viejo con cúpula y coincidentemente con otra patente antigua
Y04119.-
Tampoco tienen entidad para desvirtuar la participación de los
vehículos, la declaración de Mariano Alejandro Gil (fs. 2869), dado que ese
testigo se limitó a decir que nunca escuchó que la empresa colaborara con el
proceso militar; ni la de Javier Alejandro Elizalde (fs. 2873), Marcelo Prudent
(fs. 2968) y Jorge Leonard (fs. 2976), ya que se limitaron a señalar que no les
constaba que hubiera existido participación de la empresa con los delitos
cometidos en la dictadura; es decir, se trata de expresiones genéricas, que no
pueden oponerse a las brindadas por las personas que fueron víctimas o que
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Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
estuvieron presentes en los momentos en que se produjeron las detenciones,
quienes han afirmado que se utilizaron vehículos del Ingenio Ledesma en los
operativos que determinaron las detenciones que se investigan en esta causa, e
incluso han dado las razones por las que han realizado tal aseveración.-
Finalmente, cabe señalar que no es de ningún modo verosímil que
los choferes u otras personas que tenían la guarda de las camionetas, sin
autorización del Ingenio, hayan tomado la determinación de participar de estas
detenciones. El trato del Ingenio con sus empleados era exigente y severo, de
modo tal que si algún subalterno se hubiera tomado esa atribución, muy
probablemente de inmediato lo hubiera sabido el Presidente o la
Administración de la empresa y eventualmente hasta se hubieran aplicado
sanciones laborales en su contra por colaborar con la comisión de delitos.
C.9) La defensa también alega que la resolución en grado ha
merituado probanzas que no ha podido controlar o de las que no ha tenido
conocimiento. Pero debe destacarse que, conforme se ha señalado, la etapa de
instrucción es eminentemente preparatoria y, en todo caso, es en el ámbito del
USO OFICIAL

debate donde las partes podrán eventualmente acceder a un amplio y completo


contralor de los actos de instrucción, donde alcanzan su plena vigencia los
principios de oralidad e inmediación, con la posibilidad de verificar en
plenitud cada una de las pruebas de cargo y discutir su valor probatorio (CN
Fed. Crim. y Correc., sala I, 26-4-2012, “Nerone, Rolando Oscar”, LL on line,
cita AR/JUR/12764/2012). En un caso –inclusive- la Cámara de Apelaciones
ha confirmado la negativa del instructor a que la defensa del imputado
presencie la declaración prestada por un testigo, toda vez que tal decisión no
causa en el marco de la etapa instructoria del proceso gravamen concreto, pues
es durante el debate donde el derecho de defensa se despliega en toda su
extensión al confrontar la prueba con la vigencia del principio de inmediación
(art. 8, inc. 2, f de la Convención Americana de Derechos Humanos y en el
artículo 14 inc. 3º del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (C.
Fed. La Plata, sala II, 29-11-2012, “Ávila, Ramón Antonio”, LL Buenos Aires
2013-427; LL Suplemento Mensual de mayo 2013, pág 97, nº 924).

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Debe tenerse en cuenta que el procesamiento es una resolución
provisional que puede ser revocada y reformada aún de oficio durante la
instrucción, conforme al cambio de las circunstancias que puedan producirse
antes de la culminación de la etapa instructoria. Debe motivarse en las
constancias del expediente reunidas durante los primeros momentos de la
investigación, y fundarse en conclusiones que impliquen la obtención de
elementos de convicción suficientes para ese mérito de posible condena en el
futuro. Se trata de la valoración de elementos probatorios suficientes para
orientar el proceso hacia la acusación, vale decir hacia la base del juicio
(Clariá Olmedo, Jorge A.; “Derecho Procesal Penal” -actualizado por Carlos
Alberto Chiara Díaz-, Santa Fe, Rubinzal y Culzoni, tomo II, 1998, págs..
501-503). Por tal motivo, entonces, estos agravios de la defensa carecen de
entidad para determinar una modificación de la decisión en grado.
Es que es preciso recordar que para el dictado del auto de
procesamiento no se requiere plena prueba –y menos certeza absoluta- ni
elementos de juicio que demuestren en forma categórica la existencia de los
ilícitos ni la inequívoca responsabilidad de quienes han sido imputados. Por el
contrario, resulta suficiente contar con pruebas semiplenas, indiciarias o con
factores de convicción que concurriendo coherentemente y siendo serios,
pongan en evidencia circunstancias comprometedoras y probablemente ciertas
para los imputados. A lo expuesto cabe agregar que la resolución en cuestión
no causa estado y puede ser modificada si las circunstancias del caso así lo
autorizan. Es que en esta etapa del proceso se exige semi plena prueba, en
tanto que el procesamiento es un juicio de probabilidad sobre la existencia del
delito y la participación de los imputados en base a una calificación legal
también provisoria, por lo que pretender que el juzgador arribe a un grado de
convicción tal como el que se requiere para la validez de una sentencia de
condena, es una exigencia que resulta ajena a lo estipulado por la ley en esta
fase del proceso penal.
Lo expuesto es sin perjuicio de que durante lo que resta de la
instrucción o eventualmente en la instancia de juicio, pueda determinarse con
mayor exactitud el grado de participación exacto que pudieron haber tenido
los imputados en la causa, o la verosimilitud y suficiencia de las pruebas

80
Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
reunidas, ya que el Tribunal de juicio tiene un amplio y soberano margen de
apreciación y/o valoración que no existe en esta instancia instructoria.
La jurisprudencia tiene dicho al respecto que “la etapa de
instrucción es eminentemente preparatoria y, en todo caso, es en el ámbito del
debate donde las partes podrán eventualmente acceder a un amplio contralor
de los actos de instrucción, donde alcanzan su plena vigencia los principios de
oralidad e inmediacion, con la posibilidad de controlar cada una de las pruebas
de cargo y discutir su valor probatorio (CNFed.Crimy Correc., sala I, 26-4-
2012, “Nerone, Rolando Oscar” LL on line, cita AR/JUR/12764/2012). El art.
308 del CPPN exige al Juez que exprese los motivos en que la decisión se
funda, para ello, debe indicar con precisión las pruebas que señalan que el
delito ha sido cometido por el procesado. A cada hecho relevante para la
imputación, debe precederlo un antecedente probatorio. La motivación de los
autos se funda en ello, y así, cuando el juez afirma un hecho, es porque cuenta
con la prueba que lo acredita. En esta etapa procesal basta que las pruebas
acrediten con grado de probabilidad afirmativa la autoría y responsabilidad del
USO OFICIAL

imputado.
Por otra parte, cabe destacar que “…la selección de pruebas es
facultad privativa del magistrado, quien puede optar por aquellas que a su
juicio sean decisivas para fundar la solución que adopte, sin que esté obligado
a referirse indispensablemente a todos los elementos que se pongan a su
consideración. Por ende, puede descartar algunos y sustentarse en otros,
siempre que con ellos arribe a la convicción suficiente a los fines de tener por
acreditado el hecho y la eventual responsabilidad, o no, de los incusos”(...) “en
lo que hace al modo de apreciación de la prueba, el Juez puede inclinarse por
la que le merece mayor fe en concordancia con los demás elementos de mérito
que puedan obrar en el expediente, ya que -como se dijo- resulta una facultad
privativa y discrecional del Magistrado. Por tanto, no está obligado a seguir a
las partes en todas las argumentaciones que se le presenten, ni a examinar cada
una de las probanzas aportadas a la causa, sino sólo las pertinentes para
resolver lo planteado...”. (Cfr. Causa Nº 8828. “Legajo de Apelación del
Procesamiento de Eduardo Alfonso” de la CFASM, sentencia del 28/08/09).

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C.10) La defensa invoca numerosa doctrina y jurisprudencia en el
ejercicio propio de su actividad, procurando a través de ellas lograr liberar de
toda responsabilidad a los imputados. Pero, cabe señalar que, en su mayor
medida, esta argumentación y enfoques se dirigen a obtener una decisión
absolutoria definitiva, que en un proceso penal se emite en otra oportunidad
procesal. En este momento, nos encontramos en la etapa instructoria en la que,
como se señaló, para decidir como lo hizo el a quo con los elementos de
criterio que tuvo a la vista al momento de resolver, no se requiere plena prueba
ni certeza absoluta sino solamente que se encuentre acreditada la
“probabilidad” de la comisión de un ilícito y la responsabilidad igualmente
probablemente cierta de los imputados, con base en las probanzas
incorporadas al proceso; máxime, teniendo en cuenta que esta instrucción no
está concluida, porque entre otras circunstancias se ha agregado nueva prueba
(aún de parte de la misma defensa) que el a quo deberá evaluar para decidir en
definitiva qué imputaciones deja en pie (si las deja) y cuales desestima
definitivamente. La causa aún está en trámite, hasta la conclusión de la
instrucción y la actuación fiscal correspondiente. No se trata, entonces de la
etapa final de juicio, en la cual además de la inmediación, se otorga a todos los
sujetos intervinientes la más amplia posibilidad de generar pruebas y efectuar
las más ajustadas valoraciones, exigiéndose asimismo que el Sentenciante,
cuente con plena prueba y certeza absoluta para fallar respecto a la existencia
del hecho, la exacta participación de cada uno de los sujetos imputados, la
adecuada calificación legal y el fundamento lógico-racional de su decisión; y
es en esa oportunidad también donde se desarrolla el más amplio y perfecto
ejercicio del derecho de defensa consagrado en la Constitución Nacional.
Resulta verdaderamente valiosa e inestimable esta actividad de todas las partes
en el proceso, porque cuando al cabo de la misma el Tribunal respectivo debe
emitir con tal grado de certeza (absoluta), una sentencia definitiva para
condenar o en caso contrario absolver, cobra enorme relevancia toda esta
actividad desplegada en esa magnitud, en tanto coadyuva a arribar a un fallo
ajustado a la verdad de lo sucedido, basado en los hechos efectivamente
sucedidos y el derecho exactamente aplicable, como manera de coronar el
requerimiento de Justicia de los implicados y la sociedad toda.-

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CAMARA FEDERAL DE SALTA
Es que como se ha resuelto recientemente “razones de celeridad
que deben primar en todo trámite judicial y que permiten garantizar la más
pronta administración de justicia, y la posibilidad cierta de eliminar la
incertidumbre que crea en el imputado el no tener resuelta su situación
procesal, conducen a considerar que no se han vulnerado garantías
constitucionales al decidir los procesamientos ahora en crisis sin haber
esperado a la producción definitiva de las medidas de prueba pendientes. Lo
contrario, es decir, estar a la espera de que la magistrado de primera instancia
recabe la prueba en elaboración, conllevaría a una dilación indebida en el
tratamiento de la situación procesal, lo que redundaría no sólo en desmedro de
los principios ya mencionados, sino en una demora injustificada en la
situación procesal de otros consortes de causa. A mayor abundamiento, debe
señalarse que en el particular caso de las actuaciones relacionadas con la
investigación de hechos cometidos durante el último gobierno de facto como
la que aquí nos ocupa, la Corte Suprema de Justicia de la Nación ha exhortado
a los magistrados a extremar los recaudos para acelerar el trámite de las causas
USO OFICIAL

pendientes, de forma que permita resolver la situación procesal de las personas


inculpadas en un plazo razonable (ver Ac. 42/08 de la CSJN)” (CFed.San
Martín, Sala I, Causa 10.619 citada).-
C.11) En conclusión, se encuentra acreditado entonces con el
grado de probabilidad requerido para esta etapa del proceso, que fueron
detenidas 1) Delicia Álvarez, 2) Hipólito Álvarez, 3) Raúl Ramón Bartoletti,
4) Alfonso Waldino Cordero, 5) Eublogia Cordero, 6) María Cortez, 7)
Norma Castillo, 8) Salvador Cruz, 9) Luis Victor Escalante, 10) Hilda del
Valle Figueroa, 11) Domingo Garnica, 12) Rufino Lizárraga, 13) Héctor
Narvaez, 14) Enrique Nuñez, 15) Mario Nuñez, 16) Ana María Pérez, 17)
Román Rivero, 18) Bernardino Vasco Alfaro, 19) Luis Vasco Alfaro, 20)
Jhony Vargas Orozco, víctimas que de alguna manera estuvieron ligadas con
la empresa Ledesma; que lo fueron por las fuerzas de seguridad ya sea desde
sus propios domicilios o en oportunidad de presentarse voluntariamente en las
diferentes comisarías, el megaoperativo que se realizó las noches del 20 y 21
de julio de 1976, la falta de vehículos de las fuerzas de seguridad para efectuar

83
los traslados, con lo que resultaba necesario el préstamo de otros vehículos lo
que realizó la empresa Ledesma que contaba con una flota suficiente de
vehículos -téngase presente que Casiano Bache refiere a 100 personas (fs.
4351); María Cortez manifiesta que le pusieron el número 53 (fs. 4934); Hilda
del Valle Figueroa asegura que le pusieron el número 84 u 85 (fs. 658 y 818);
Rufino Lizárraga afirma que su numero de identificación era el 89 (fs. 812); a
Enrique Núñez le pusieron el número 24 (expte. 281/09); a Ana María Pérez el
número 22 o 24 (expte. 278/09); Ernesto Samán el número 56 (expte. 277/09)
Vicente Lino Cáceres refiere que estando en Guerrero pudo sacarse la venda y
pudo ver cientos de cuerpos tirados en el piso quejumbrosos y machacados (fs.
4931 vta); Humberto Filemón Campos afirma que al llegar a Guerrero le
dijeron que a partir de ahí tenía el número 200 (fs. 5070 vta.)-; que existe la
posibilidad de que la empresa efectuara una lista de los empleados de la
fábrica con antecedentes -declaración de Filemón Campos-. Estos elementos
alcanzan para sostener una imputación penal contra los sujetos traídos a
proceso.
Por lo dicho, cabe confirmar la resolución en grado, en cuanto
procesa a Carlos Pedro Tadeo Blaquier y Alberto Enrique Lemos por el delito
de privación ilegítima de libertad pero solamente respecto de las siguientes
víctimas: 1) Delicia Álvarez, 2) Hipólito Álvarez, 3) Raúl Ramón Bartoletti, 4)
Alfonso Waldino Cordero, 5) Eublogia Cordero, 6) María Cortez, 7) Norma
Castillo, 8) Salvador Cruz, 9) Luis Victor Escalante, 10) Hilda del Valle
Figueroa, 11) Domingo Garnica, 12) Rufino Lizárraga, 13) Héctor Narvaez,
14) Enrique Nuñez, 15) Mario Nuñez, 16) Ana María Pérez, 17) Román
Rivero, 18) Bernardino Vasco Alfaro, 19) Luis Vasco Alfaro y 20) Jhony
Vargas Orozco, en concurso real, en grado de copartícipes primario y
secundario respectivamente), toda vez que habrían aportado elementos
logísticos indispensables para efectuar los operativos en Ledesma, Calilegua y
Libertador General San Martín para el secuestro o privación ilegítima de la
libertad de las citadas personas en la denominada “Noche del Apagón”, por lo
que, tal como lo afirma el a quo resulta indistinto el hecho de que cada una de
las víctimas fueran trasladadas en vehículos de la Empresa, puesto que la
facilitación de tales medios de transporte fue necesario para colaborar con la

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CAMARA FEDERAL DE SALTA
tarea de los autores consistente en las detenciones de personas vinculadas
indirecta o familiarmente con quienes se consideraba elementos subversivos.-
En efecto, solamente las víctimas reseñadas fueron apresadas en
el operativo conjunto de las fuerzas de seguridad en las que se usaron sus
propios vehículos y los del Ingenio Ledesma para detener y/o trasladarlas; por
el contrario no existen pruebas de dicha participación respecto de 1) Casiano
Bache, 2) César Maldonado, 3) Ernesto Samán, 4) Miguel Ángel Garnica, 5)
Isidro Salinas y 6) Germán Tomás Córdoba, quienes fueron apresados en
oportunidad de presentarse por ante las seccionales de policías respectivas, lo
que impide considerar que para estas detenciones haya tenido incidencia la
participación de los vehículos de la empresa en dichas oportunidades. Por ello
cabe disponer la falta de mérito de los imputados respecto de dichos hechos,
sin perjuicio de lo que resulte de las pruebas a producirse en la etapa
instructoria.-
Es así entonces que el elemento objetivo de la participación de
Blaquier y Lemos en la privación ilegítima de libertad de las víctimas está
USO OFICIAL

representado por la conducta de cooperación en el hecho ajeno mediante la


facilitación de los medios de transporte para su traslado, como también el
elemento subjetivo dolo tal como se señalara precedentemente.
D) Agravios de la Secretaría de Derechos Humanos de la
Nación y el Ministerio Público Fiscal: Los mencionados piden en sus
respectivos escritos de agravios que se procese además a los imputados por los
delitos de violación de domicilio, torturas y el homicidio de seis de las
víctimas (extensión de la imputación).
Cabe señalar al respecto que la pauta rectora del proceso penal es
el descubrimiento de la verdad de los hechos que constituyen su objeto. A
través de la prueba, el Juez va formando su convicción acerca del
acontecimiento sometido a investigación con sus circunstancias, caracteres y
particularidades propias para arribar además a una calificación adecuada
(ajustada a derecho, con especial respeto al principio de legalidad y a la
garantía de tipicidad). Así, la prueba va generando distintos estados de
conocimiento y de convicción sobre la mente del juzgador. Si para incoar la

85
instrucción e iniciación de la causa basta el encuadramiento penal del hecho
afirmado en el acto promotor; para el llamamiento a indagatoria se agrega la
sospecha de participación en ese hecho penalmente relevante; y al momento
de definir la situación procesal del imputado, para ordenar el procesamiento,
se requiere probabilidad de la existencia del hecho delictuoso y de la
responsabilidad que le corresponde al imputado; es decir el juzgador debe
considerar prima facie como probable que el encartado ha sido autor o
partícipe en la realización de la conducta delictiva: se trata, entonces, de un
mérito de culpabilidad y de merecimiento de eventual pena, lo que significa
un mérito más exigente que los anteriores en la línea incriminadora (Clariá
Olmedo, Jorge A.: “Derecho Procesal Penal” (actualizado por Carlos Alberto
Chiara Díaz), Santa Fe, Rubinzal y Culzoni, tomo II, 1998, págs. 500-504; La
Rosa, Mariano: en “Código Procesal Penal de la Nación. Comentado y
Anotado”, Director Miguel Ángel Almeyra, Coordinador Julio César Báez,
Buenos Aires, La Ley tomo II, 2007, págs. 551-557; Cafferata Nores: “La
prueba en el proceso penal”, Buenos Aires, Depalma, 1988, pág. 5), o como
destaca D´Álbora, se requiere la vehemente presunción de la verdad de las
imputaciones (D’Álbora, Francisco J.: “Código Procesal Penal de la Nación.
Anotado. Comentado. Concordado”, Buenos Aires, Lexis Nexis, Abeledo-
Perrot, tomo II, 2003, pág. 637).
Esta disquisición cobra especial efecto en la presente causa,
porque la imputación va dirigida a dos civiles (como Blaquier y Lemos) en
grado de co-partícipes, lo cual exige verificar los extremos previstos por la ley
penal en su art. 47, ya que según lo hemos decidido y fundado
precedentemente debe tenerse en cuenta que el partícipe o cómplice, presta
una ayuda al autor del delito pero sin intervenir en su ejecución, ni tener
disponibilidad sobre su desarrollo o ejecución. De modo que el dolo requerido
por el instituto de la participación criminal, demanda verificar a qué hecho (ya
que la calificación legal como entidad delictiva, la otorga la ley) se aportó y
con qué alcance (calidad del aporte), como así también con qué grado de
conocimiento y voluntad se obró. Hemos sostenido en otras causas de estas
características que no siempre es posible extender o equiparar ilimitadamente
la responsabilidad criminal de los que intervienen en un delito (como
cómplices primarios o secundarios), porque en verdad quienes tienen el
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CAMARA FEDERAL DE SALTA
dominio del hecho (autores y coautores), pueden o suelen ir más allá de los
planes iniciales que manifestaron (recuérdense los casos de los imputados Tte.
1º Vargas –Director del penal de Villa Gorriti-; El Tte. 1º Espeche – en la
causa “Palomitas”, y otros). Tal circunstancia, debe ser tenida especialmente
en cuenta en materia de participación criminal, en razón de lo dispuesto por el
art. 47 del C.P., en tanto dispone que el cómplice responde por el hecho al que
se comprometió a colaborar y no por el que finalmente llevó a cabo el autor o
ejecutor (regla de incomunicabilidad de las circunstancias).
En materia de delitos de lesa humanidad, también enseña la
experiencia, que las fuerzas operaban con alta conciencia de impunidad,
clandestinidad y tabicaban la información aún entre los componentes de la
misma fuerza. Se ha constatado que existió tal recorte de información, la cual
se circunscribió a los integrantes de un Área, o a los integrantes que operaban
en la esfera de Inteligencia, o los grupos operativos clandestinos, mientras que
el resto de los integrantes de la fuerza, muchas veces ni siquiera participaron
necesariamente de los delitos bajo investigación. Con mucho mayor cuidado,
USO OFICIAL

el juzgador debe sopesar el alcance del compromiso de los integrantes de la


empresa, en estos hechos. No sólo porque vienen sospechados de
coparticipación y no de autoría, sino, además, porque eran civiles que en
principio debe considerarse que son ajenos al plan sistemático pergeñado por
las fuerzas represoras en toda su extensión y alcance. Ello no invalida que a lo
largo de la investigación o partir de otras pruebas útiles, las sospechas e
imputaciones de los actores, cobren otra relevancia y tengan mayor sustento, o
que por el contrario, descarten la responsabilidad de los imputados.
Téngase presente que los hechos bajo examen se producen a casi
cuatro meses del golpe militar, y que si bien puede inferirse, como se expresó
más arriba, que los imputados tenían conocimiento de la finalidad del
préstamo de los vehículos (detenciones ilegales), no resulta posible inferir que
tuvieran idéntico conocimiento respecto de las violaciones de domicilio o de
las torturas o tormentos que se aplicarían o de los homicidios. Ello debido a
que prima facie no existía posibilidad de considerar cómo serían las
modalidades concretas de procedimiento de quienes detentaban el poder y el

87
uso de la fuerza en tal momento histórico; y no parece probable que éstos
hubieran comunicado el tenor de los operativos, antes bien lo buscaban
realizar en clandestinidad.
Por lo tanto, para extender el alcance del procesamiento como se
solicita, es necesaria -cuando no indispensable-, una comprobación con alto
grado de probabilidad por parte del juez -aunque su juicio sea provisional-, en
el sentido que lo pretenden los apelantes. No basta la simple posibilidad de
que concurran los extremos de la imputación respecto a las violaciones de
domicilio ni los posibles tormentos ni los homicidios, que pueden ser ciertos,
pero al mismo tiempo, insuficientemente acreditados como para sustentar un
juicio de reproche (fáctica y subjetivamente) en contra de los supuestos
partícipes (Blaquier y Lemos) que válidamente alcancen para fundamentar un
auto de procesamiento en tal sentido.
Tampoco existe certeza negativa de la existencia de ellos, por lo
que con buen criterio, el a quo ha dictado auto de falta de mérito al respecto
sin perjuicio de proseguir con la investigación. Es que “es preciso que a su
criterio existan elementos de convicción suficientes para considerar que el
imputado ha participado en un hecho que encuadra en una figura penal, que es
antijurídico, imputable a título de dolo o culpa y punible” (Vélez Mariconde,
Alfredo: “Derecho Procesal Penal”, Córdoba, Lerner Editores, tomo II, 1969,
pág. 438-439).
Reiteramos que aun cuando a través del relato de las víctimas y
de lo investigado en otras causas (por ante este Tribunal) puede admitirse
como ocurridos los hechos por parte de las fuerzas que intervinieron en los
mismos, y aun cuando han sido acreditados mediante prueba objetiva, la
extensión de responsabilidad a los civiles se ve impedida por la ausencia de
elementos objetivos que la corroboren o sustenten, ya que la resolución
judicial de procesamiento no puede fundarse en elementos puramente
subjetivos (La Rosa: op. cit., pág. 557). Coincidentemente se ha resuelto que
“si bien no es una sentencia definitiva, el auto de procesamiento debe estar
provisto de un mínimo de probanzas que permitan proseguir la investigación
con cierto margen de éxito” (C. Fed. San Martín, Sala I, L.L. 1996-A-122,
fallo 93.875; C. Fed. Cap. Sala I, E.D. 170-508, fallos citados por D’Álbora:
Op. cit., pág. 636); la probabilidad debe exhibir la posibilidad de una condena
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en el futuro (Clariá Olmedo: Op. cit., pág. 504), o al menos otorgarle al
Tribunal de juicio, los elementos suficientes e indispensables para llevar
adelante el proceso, aun cuando hubiere medidas pendientes de practicar.
Por su lado, la Corte Suprema de Justicia de la Nación ha
considerado que es arbitraria la sentencia que decreta el procesamiento por un
delito, si la atribución de responsabilidad efectuada, aparece fundada en meras
apreciaciones subjetivas del juzgador sin que existan pruebas que de manera
correcta demuestren directa o indirectamente la imputación (CSJN, 2-12-2004,
“Varando, Jorge E.”, Fallos 327:5456; L.L. 2005-A-545). Es necesario,
entonces, para poder decretar un procesamiento, que existan pruebas objetivas
que acrediten la probabilidad de la existencia del hecho y la responsabilidad
del imputado, porque es el sustento probatorio y la debida fundamentación lo
que impide que pueda caerse en arbitrariedad.
Analizando la presente causa a la luz de los parámetros indicados
y de las probanzas aportadas, conforme ya se señalara, es posible inferir que
prima facie han existido pedidos o promesas de colaboración a directivos de la
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empresa por parte de las autoridades militares para contribuir logísticamente


en las detenciones. Pero a su vez, la única colaboración que en principio se
halla prima facie acreditada, ha sido la facilitación de vehículos para los
hechos que se investigan en esta causa y que han tenido lugar, precisamente,
la noche del apagón y días posteriores: vehículos que fueron utilizados para
detener o trasladar a las víctimas. Suponer por ello, que estos directivos de la
empresa participaron activamente en un plan preconcebido para violar
domicilios, torturar y cometer homicidios, con el alcance gravoso que ello
tuvo, no puede inferirse hasta este momento a partir de los elementos
existentes en la causa, ya que esta imputación por su gravedad y alcance debe
contar con elementos de prueba que avalen tamaña acusación y no construir
una hipótesis delictiva, a partir de exclusiva subjetividad de los acusadores o
de prueba insuficiente. Ello no obsta –lo reiteramos-, a que el a quo
individualice nuevos elementos de criterio a futuro, que lleven la investigación
(y la imputación) a tales extremos o eliminen definitivamente tal hipótesis.

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Es preciso tener en cuenta que 1) Delicia Álvarez, 2) Hipólito
Álvarez, 3) Raúl Ramón Bartoletti, 4) Alfonso Waldino Cordero, 5) Eublogia
Cordero, 6) Domingo Garnica, 7) María Cortez, 8) Luis Victor Escalante, 9)
Hilda Figueroa, 10) Rufino Lizárraga, 11) Héctor Narvaez, 12) Enrique
Nuñez, 13) Mario Nuñez, 14) Ana María Pérez, 15) Bernardino Vasco Alfaro,
16) Luis Vasco Alfaro, 17) Salvador Cruz, 18) Roman Rivero, 19) Jhony
Vargas Orozco y 20) Norma Castillo tienen como característica que han sido
privadas de su libertad dentro de un mismo procedimiento efectuado por
personal de la policía de la Provincia de Jujuy, Gendarmería Nacional y
Ejército entre los días 20 y 21 de julio de 1976, por lo que los imputados
resultan responsables por el préstamo de los vehículos para colaborar en la
detención de personas en ese operativo que ha tenido lugar en la denominada
“Noche del Apagón”.-
Sin embargo, y más allá de la información sobre las personas que
relata Filemón Campos no existen probanzas de que Blaquier o Lemos hayan
brindado precisiones específicas sobre el lugar en donde podrían haberse
encontrado las víctimas, o el horario en que podrían ubicarlas; como tampoco
sobre la forma en que debía practicarse la detención ni el destino de las
mismas. E igualmente, fuera del aporte de vehículos, no existen pruebas de
que se hayan facilitado otros elementos que permitiera inferir su participación
en esos otros delitos. Debe tenerse en cuenta que difícilmente el sector civil de
la población e incluso algunos sectores de las propias FF.AA. o de seguridad
podían imaginar la escalada y envergadura de las acciones desplegadas o a
desplegar por parte de los responsables del golpe de estado.
Según las constancias de la causa, como ya se reveló, prima facie,
el Ingenio habría colaborado facilitando los vehículos que fueron vistos
principalmente en oportunidad de practicarse algunas detenciones de las
víctimas; e incluso, como también se señaló, es posible inferir que para ello
han existido contacto previo o al menos las solicitudes del caso, porque de lo
contrario la propia empresa habría dejado registro de las eventuales requisas
que bien pudo realizar el comando de operaciones militares, como se hizo en
el año 1982 (conflicto con Chile) y que fue de público conocimiento y en
forma notoria. Debe reiterarse y destacarse, que el propio Lemos aseveró que
ningún bien de la empresa se hubiese cedido a persona alguna sin previa
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autorización de Blaquier, con lo que constatada prima facie la existencia de
dichos vehículos en las detenciones del 20 y 21 de julio, no puede deslindarse
la responsabilidad de la máxima autoridad del directorio en tal préstamo y de
que su ejecución estuvo a cargo del Administrador General.
Por otra parte, extrañamente en autos ninguna constancia existe ni
en los registros militares, ni los de seguridad ni en la empresa, lo que refuerza
la hipótesis de una operación clandestina mínimamente concertada entre
ejecutores y cómplices o al menos conocida o presumida por estos últimos en
grado de probabilidad cierta. Pero aun así, las probanzas aportadas a la causa
sólo permiten inferir con el grado de probabilidad exigido en esta etapa del
proceso que la “colaboración” o aporte brindados por los directivos de la
empresa, sólo alcanzaban a la provisión de los vehículos para trasladar a los
detenidos (o eventualmente brindar apoyo logístico a un operativo a todas
luces clandestino, ya que se realizaba en horarios nocturnos o de madrugada,
sin orden judicial y sin conocer de quien provenía la orden), que es para lo que
por su naturaleza podían servir tales medios de movilidad.
USO OFICIAL

Pero no existen en la causa elementos suficientes que permitan


inferir que dicho aporte se extendiera también para los actos de violación de
domicilio, de tortura u homicidio que pudieran haberse cometido en el
momento de la detención de las personas (por la violencia propia con que se
solían practicar estas acciones) o con posterioridad, ya que no hay probanzas
que demuestren que hubieran conocido que estos hechos iban a ocurrir y de
esa forma (metodología de acción preconcebida), o que existiera un concierto
entre las partes, sobre la modalidad y finalidad que se proponía el operativo
(que estaba bajo el absoluto dominio de los ejecutores -FFAA y Fuerzas de
Seguridad-). Todo ello, no es sino solamente una posibilidad, pero la simple
posibilidad no puede justificar provisoriamente un auto de procesamiento por
tales delitos; porque también es posible que no lo hayan sabido, o que las
fuerzas militares y policiales, por tratarse de tareas operativas propias, no
hayan informado de los hechos y la forma en que los iban a realizar en
ejercicio del plan de represión ilegal que habían elucubrado en tal sentido,
como tampoco lo hicieron con algunas jerarquías menores de las propias

91
fuerzas (según lo hemos visto en la mayoría de las causas por esta clase de
delitos). La duda campea en este aspecto, y por ello resulta ajustada a derecho
la declaración de “falta de mérito” provisoria dispuesta por el a quo, lo que se
adecua a lo prescripto por el art. 309 del CPPN.
Es cierto que los hechos que se investigan en esta causa
ocurrieron casi cuatro meses después de los primeros que tuvieron lugar el 24
de marzo de 1976 (que se investigan en la causa “Aredez”). Las detenciones
practicadas en ese entonces tuvieron difusión en las localidades de la zona, lo
que se explica por la repercusión que lógicamente tiene en una comunidad
pequeña la detención y privación de libertad de vecinos que allí vivían,
algunos de los cuales han permanecido en tal situación al momento de los
hechos que se investigan en esta causa (es el caso de Aredez, Bueno, Filiú y
Gainza). Pero no puede decirse lo mismo respecto de los otros delitos, en
particular las torturas u homicidios que se cometieron con posterioridad a la
detención, porque no hay prima facie elementos que evidencien que los
imputados tuvieron conocimiento de los mismos, ya que fueron realizados en
el marco de las tareas operativas propias de los ejecutores y en ámbitos
dominados totalmente por éstos, lo que impide afirmar, con el grado de
probabilidad requerido para esta etapa en que transita el juicio, que al facilitar
los vehículos para las detenciones producida entre el 20 y 21 de julio de 1976
los imputados (personas civiles) se hubieran podido representar que se iban a
cometer también estos otros hechos delictivos. Ello entra en el campo de las
suposiciones o meras posibilidades, que, como ya se señaló no pueden
determinar un procesamiento.
Conforme lo ha señalado la jurisprudencia, la responsabilidad
penal del presidente o director de una sociedad anónima no está determinada
por la sola circunstancia de ser tal si no se acredita su intervención personal en
los hechos que se investigan (CNPenal Económico, sala B, 31-5-2004,
“Almade SA”, L.L. 2004-F-147; Id. 9-11-2005, “Invercar SA”, L.L. 2006-B-
174; Id. 10-11-2005, “Arriete, Fernando y otros”, L.L. 2006-C-33). En la
causa “Aredez” y en el supuesto sub judice se ha advertido la intervención
personal de los imputados con relación a la privación de la libertad de las
víctimas por las que han sido procesados, a través de la facilitación de los
vehículos de la empresa, tal como se señalara precedentemente. Sin embargo,
92
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la situación es distinta con relación a las torturas y homicidios que se
cometieron con posterioridad, ya que, no obstante el diferente momento en
que tuvieron lugar los hechos investigados en la causa “Aredez” y los
investigados en autos, no hay elementos que permitan inferir, prima facie, que
aquellos fueran conocidos por los imputados en oportunidad de facilitar los
vehículos para los hechos que se investigan en esta causa. Con la actividad de
inteligencia que desarrollaban empleados de Ledesma se buscaba
principalmente conocer circunstancias vinculadas a personas que con su
actividad política o gremial pudieran resultar perjudiciales para la empresa, y
así podían llegar a conocer las detenciones que se produjeron en la localidad;
pero inferir que a través de esa actividad podían llegar a conocer lo que hacían
las fuerzas de seguridad o militares en las tareas operativas propias que
desarrollaban en forma clandestina, no resulta verosímil al menos con el
material existente hasta el momento. Y en cualquier caso, los contactos que
podrían haber existido con las fuerzas de seguridad, según lo relatan Cortez y
Tapia, sólo vincularían a Mario Paz, pero no hay elementos concretos que
USO OFICIAL

muestren que los imputados hubieran conocido o tomado intervención


personal en los mismos. Puede ser que aquél les hubiera comunicado a éstos,
como puede ser también que no; y estamos, entonces, en el campo de la duda,
que como ya se señaló, no puede determinar un procesamiento.
Cabe tener en cuenta que el art. 47, primer párrafo del Código
Penal se refiere al elemento subjetivo de la participación el que requiere el
conocimiento de los elementos del tipo objetivo, y la voluntad –en base a ese
conocimiento- de lesionar el bien jurídico protegido. Y aun cuando se admita
que en algunos casos el partícipe puede resultar penalmente responsable por
actuar con dolo eventual respecto de algunos hechos, para que ello sea así es
necesario que se represente que el o los autores cometerían el delito más grave
que aquél al que había brindado conscientemente su aporte inicial. Y eso es lo
que no se advierte en el presente caso, ya que no consta que los imputados
hayan tomado conocimiento directo de los otros ilícitos cometidos en marzo y
abril de 1976 y por ello no podían representarse la real posibilidad de que los
mismos injustos se podían concretar en el operativo del 20 y 21 de julio del

93
mismo año, salvo la privación de la libertad de algunas víctimas, lo que ha
sido analizado precedentemente.
Al igual que lo señalado en el fallo en la causa “Aredez” la falta
de probanzas, es la principal diferencia que presenta estos casos con relación a
un asunto anterior resuelto por esta Cámara, en que se procesó a un civil
(empresario) por delitos de lesa humanidad, en la que existían suficientes
elementos de convicción para admitir la participación del allí imputado en la
comisión de los delitos por los que se lo procesó -expte. N° 031/12 caratulado
“COBOS, Víctor Manuel y otros s/denuncia s/apremios ilegales” (Expte. N°
695/11 del Juzgado Federal N° 1 de Salta, sent. del 8 de abril de 2013-, quien
concurría al centro de detención y realizaba visitas al mismo en horario
nocturno, en el que generalmente se torturaba a los detenidos por él
denunciados. Igualmente, la misma diferencia se advierte respecto a lo que se
relata en la sentencia de primera instancia recaída en el caso “Ford”
(resolución de fecha 20 de mayo de 2013), en la que surge de su lectura, que
los damnificados eran empleados de la firma (en forma directa o indirecta),
con intensa actividad sindical; que algunos fueron aprehendidos en el predio
de la empresa frente a sus compañeros y directivos, y allí también recibieron
golpes y fueron torturados; y, principalmente, que existían probanzas que
permitían inferir que había existido un trato directo y concreto de los
directivos de la firma con las autoridades militares y que conocían o
cooperaron en los eventos investigados.
Como lo tiene señalado la doctrina y jurisprudencia, la duda
sobre los extremos de la imputación no es suficiente para decretar el
procesamiento (Vélez Mariconde: Op. cit., pág. 439; La Rosa: Op. cit., pág.
551; D’Álbora Op. cit., pág. 635; CCrim.Correc.Fed., Sala I, DJ 2000-3-825,
fallo nº 16.209; CNCrim.Correc., Sala VI, 15-3-2001, “Quintana, José A.”,
L.L. Online cita AR/JUR/1292/2001). En tal situación corresponde confirmar
la falta de mérito de conformidad con lo dispuesto por el art. 309 del CPPN, el
cual dispone tal medida cuando el juez estimare que no hay mérito para
ordenar el procesamiento ni tampoco para sobreseer, dictando un auto que así
lo declara, sin perjuicio de proseguir la investigación (Conf. D’Álbora: Op.
cit., pág. 635, con cita del precedente de la C2ªCrim. Paraná, publicado en J.A.
1987-I-606).
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E) Agravios de María Milagros Reales: La querellante
considera que el procesamiento se debe extender con relación a los hechos
vinculados a su hermano Domingo Faustino Reales.
Cabe recordar que la citada víctima de 20 años de edad y
estudiante de ingeniería a la fecha de los hechos, habría sido detenido el día 10
de julio de 1976 en la ciudad de San Miguel de Tucumán en horas de la
madrugada por un grupo de personal uniformado de la Policía Federal
Argentina juntamente con sus compañeros de estudio Rubén Horacio
Carrazana, Leandro Rodolfo Córdoba y Horacio Burgos; sin que sus
familiares hayan tenido noticias sobre su paradero hasta la fecha. La madre
declaró oportunamente que las seccionales de policía de Tucumán a la que
recurrieron les informaron que fue detenido por orden del Coronel Bulacios,
por lo que se dirigieron a las autoridades de Jujuy, quienes no quisieron
atenderla; indica que tampoco fue ubicado en la ciudad de Buenos Aires ni de
Salta (expte. 278/07). Varias víctimas indican su presencia en Guerrero
(Eublogia Cordero de Garnica -expte. 404/05-, Ernesto Samán –expte. 221/0-,
USO OFICIAL

Delicia del Valle Álvarez – fs. 4476-, Casiano Bache –fs. 4351).
Sin embargo, no hay constancias que en la detención de Reales
hayan intervenido vehículos del Ingenio Ledesma.
De todas maneras, como bien lo señala la resolución en grado, al
menos con relación a los hechos que se investigan en esta causa, no se
advierten, prima facie, motivos para responsabilizar a directivos del Ingenio
Ledesma por otros hechos que no sean los de la detención de las víctimas que
se han producido utilizando vehículos de esa empresa entre los días 20 y 21 de
julio, dado que las privaciones de la libertad tuvieron lugar en un operativo
conjunto de las distintas fuerzas de seguridad para detener a un número
determinado de personas de las localidades de Calilegua, Ledesma y
Libertador General San Martín.
F) Libertad de los imputados: Con relación al pedido de prisión
preventiva de los imputados que el Ministerio Fiscal y las querellas solicitan,
cabe señalar, como lo destaca la sentencia en grado, que el principio general es
la libertad del imputado durante la sustanciación del proceso penal. En tal

95
sentido, el art. 1º del CPPN señala que nadie podrá ser “considerado culpable
mientras una sentencia firme no desvirtúe la presunción de inocencia de que
todo imputado goza”; y el art. 2º dice que “toda disposición legal que coarte la
libertad personal, que limite el ejercicio de un derecho atribuido por este
Código, o que establezca sanciones procesales, deberá ser interpretada
restrictivamente”. A su vez, el art. 280 del mismo Código dispone que “la
libertad personal sólo podrá ser restringida, de acuerdo con las disposiciones
de este Código, en los límites absolutamente indispensables para asegurar el
descubrimiento de la verdad y la aplicación de la ley”. El art. 312 establece
que el juez ordenará la prisión preventiva del imputado al dictar el auto de
procesamiento, cuando: 1) al delito o al concurso de delitos que se le atribuye
corresponda pena privativa de la libertad y el juez estime, prima facie, que no
procederá condena de ejecución condicional; 2) aunque corresponda pena
privativa de libertad que permita la condena de ejecución condicional, si no
procede conceder la libertad provisoria, según lo dispuesto en el art. 319. Y
esta última norma prescribe que podrá denegarse la exención de prisión o
excarcelación, respetándose el principio de inocencia y el artículo 2º del
ordenamiento procesal nacional, cuando “la objetiva y provisional valoración
de las características del hecho, la posibilidad de la declaración de
reincidencia, las condiciones personales del imputado o si éste hubiere gozado
de excarcelaciones anteriores, hicieren presumir, fundadamente, que el mismo
intentará eludir la acción de la justicia o entorpecer las investigaciones”.
La Corte Suprema de Justicia de la Nación ha reconocido la
existencia del derecho a gozar de la libertad durante el proceso, al que le ha
conferido jerarquía constitucional (CSDJN, 14-5-1991, “Gaudin, Jorge
Omar”, Fallos 314:451, consid. 2º), sujeto a las leyes que reglamenten su
ejercicio (CSJN, año 1982, “Celso de Stoll, Elide Josefina Laura”, Fallos
304:319; L.L. 1982-D-259); y que cuando el art. 18 de la Constitución
Nacional dispone categóricamente que ningún habitante de la Nación será
penado sin juicio previo, establece el principio de que toda persona debe ser
considerada y tratada como inocente de los delitos que se le imputan hasta que
en un juicio respetuoso del debido proceso se demuestre lo contrario mediante
sentencia firme (CSJN, 22-12-1998, “Nápoli, Erika”,l Fallos 321:3630; L.L.
1999-B-662).
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CAMARA FEDERAL DE SALTA
También ha dicho que el encarcelamiento preventivo sólo se
justifica en aquellos casos en que existen elementos que permiten suponer que
se frustrará el cumplimiento de los fines del proceso, es decir, la averiguación
de la verdad real o la realización del derecho penal material, a través de la
efectiva ejecución de la sanción penal, en la medida en que la soltura se
encuentra ajustada a la hipótesis de excarcelación previstas por la ley procesal
(CSJN,14-6-1988, “Gómez, Alberto”, Fallos 311:652; L.L. 1989-B-604); que
en razón del respeto a la libertad individual y a la libre disposición de los
bienes de quien goza de una presunción de inocencia por no haberse dictado
sentencia condenatoria, las atribuciones de carácter coercitivo cautelar
personal o real que se otorgan al juez de instrucción deben adoptarse con la
mayor mesura que el caso exija (CSJN, 10-10-1996, “Fiscal vs. Vila,
Nicolás”, Fallos 319:2325; L.L. 1998-D-878); que las restricciones de los
derechos individuales impuestas durante el proceso y antes de la sentencia
definitiva son de interpretación y aplicación restrictiva, cuidando de no
desnaturalizar la garantía del art. 18 de la Constitución nacional según la cual
USO OFICIAL

todas las personas gozan de estado de inocencia hasta tanto una sentencia final
y dictada con autoridad de cosa juzgada no lo destruya declarando su
responsabilidad penal (CSJN, voto del doctor Bossert, 3-10-1997, “Estévez,
José L.”, L.L. 1997-F-832, con cita del precedente de Fallos 316:942).
Clariá Olmedo señala que la prisión preventiva asegura la
intervención personal del imputado durante el proceso, y previene el
cumplimiento de la posible condena. Estas finalidades son las que han
determinado su denominación tradicional. Modernamente se tiende a
eliminarla en cuanto mera declaración, manteniendo su efecto o sea el
encarcelamiento preventivo o la libertad bajo caución. De ahí que en los
códigos más modernos se exige para su dictado que se trate de delitos de
acción pública reprimidos con pena privativa de libertad y que no aparezca
procedente, prima facie, la condena de ejecución condicional, o que
procediendo aquélla, hubiere vehementes indicios de que el imputado tratará
de eludir la acción de la justicia o entorpecer la investigación (Clariá Olmedo,

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Jorge A. : “Derecho Procesal Penal 2”, actualizado por Chiara Díaz, Carlos
Alberto, Santa Fe, Rubinzal y Culzoni, tomo II, 1998, pág. 354).
Analizando el supuesto en análisis, cabe concluir, como lo hace la
resolución de la instancia inferior, que no hay elementos en la causa que
permitan presumir el riesgo procesal de fuga o de entorpecimiento de las
investigaciones. Más aún, ya se ha ordenado la libertad bajo caución de los
imputados Blaquier y Lemos, en los expedientes nº 195/09-09/12 y nº 195/09-
08/12 respectivamente, sin que se hayan aportado elementos que permitieran
un tratamiento distinto con relación al tema. También debe tenerse en cuenta
que los imputados se han presentado ante la Justicia cada vez que les ha sido
requerido; además, la exenciones de prisión se han dispuesto bajo caución; y
existen las condiciones impuestas de cumplir con las pautas enunciadas en el
art. 333 del CPPN y acatar la prohibición de salidas del Territorio Argentino
(ver apartado X de la resolución de primera instancia de fs. 3164 de Aredes).
Todo ello, descarta la existencia de un riesgo procesal que aconsejara un
apartamiento del principio general de la libertad de los imputados durante el
proceso. Y en cuanto a las presentaciones de la defensa y que los querellantes
dicen que obstaculizarían el normal trámite del proceso, cabe señalar que son
atendidas por la jurisdicción, que acoge las peticiones a que se considera que
le asiste derecho, y desestima las que resultan improcedentes.
G) Sobre el embargo preventivo: Con relación al embargo
preventivo ordenado por el a quo (cabe señalar que tal como surge de la
resolución recurrida, por aplicación del art. 518 del CPPN, lo es a fin de
garantizar el pago de gastos, costos y costas que irrogue el proceso y las
eventuales indemnizaciones civiles que pudieren reclamarse. Es una
resolución corriente, librada al arbitrio prudente del juzgador y a estar por los
montos fijados en otras causas, la situación económica de los imputados y la
envergadura de este proceso, no resulta para nada arbitraria.
La defensa de los imputados sostiene que se ha perdido de vista
que se trata de un juicio penal en que todas las víctimas o familiares han
cobrado indemnizaciones legales a través de los trámites efectuados en el
Ministerio del Interior. Sin embargo, no hay elementos que acrediten esa
circunstancia, razón por la que el monto del embargo y al número de víctimas
no parece excesivo.
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CAMARA FEDERAL DE SALTA
La resolución venida en apelación no explicita las razones que
motivaron la medida cautelar impetrada, lo que para nada la invalida, ya que
en realidad esta decisión provisoria, responde a una evaluación genérica que
efectúa el juez de primera instancia, a fin de responder a las eventuales costas
del proceso. La decisión es conexa obligadamente a la del auto de
procesamiento adoptada, luce razonable en su monto y en todo caso la defensa
no da razones valederas para conmover esta decisión accesoria y secundaria.
F) Por los fundamentos expuestos propongo: 1) RECHAZAR los
recursos de apelación interpuestos a fs. 4707/4721, 4722/4740, 52/56 y
4752/4773 y en consecuencia, CONFIRMAR la resolución de fs. 4581/4684
en virtud de la cual se decretó el procesamiento de CARLOS PEDRO TADEO
BLAQUIER Y ALBERTO ENRIQUE LEMOS de las condiciones personales
obrantes en autos por considerarlos prima facie responsables del delito de
privación ilegítima de la libertad agravada en (20) veinte hechos respecto de
1) Delicia Álvarez, 2) Hipólito Álvarez, 3) Raúl Ramón Bartoletti, 4) Alfonso
Waldino Cordero, 5) Eublogia Cordero, 6) María Cortez, 7) Norma Castillo,
USO OFICIAL

8) Salvador Cruz, 9) Luis Victor Escalante, 10) Hilda del Valle Figueroa, 11)
Domingo Garnica, 12) Rufino Lizárraga, 13) Héctor Narvaez, 14) Enrique
Nuñez, 15) Mario Nuñez, 16) Ana María Pérez, 17) Román Rivero, 18)
Bernardino Vasco Alfaro, 19) Luis Vasco Alfaro, 20) Jhony Vargas Orozco,
en calidad de cómplices primario y secundario (respectivamente), (arts. 142
inc. 1º, 144 bis inc. 1º, 45, 46 y 55 del Código Penal y art. 306 del Código
Procesal Penal de la Nación) y REVOCAR la resolución en cuestión y dictar
la falta de mérito, respecto de 1) Casiano Bache, 2) César Maldonado, 3)
Ernesto Samán, 4) Miguel Ángel Garnica, 5) Isidro Salinas y 6) Germán
Tomás Córdoba (art. 309 del Código Procesal Penal de la Nación). II.-
RECHAZAR el recurso de apelación interpuesto por la defensa de CARLOS
PEDRO TADEO BLAQUIER Y ALBERTO ENRIQUE LEMOS respecto de
los puntos II) y IV) de la resolución venida en apelación. III.- RECHAZAR
los recursos interpuestos por el Ministerio Público Fiscal (fs. 4751/4773 y
382/441), la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación (fs. 4741/4751 y
52/56) y la querellante María del Milagro Reales (fs. 4785). IV.- RECHAZAR

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los recursos interpuestos por el Ministerio Público Fiscal (fs. 4751/4773 y
382/441), la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación (fs. 4741/4751 y
52/56), los querellantes Ángela Córdoba, Delfina Eulalia Córdoba, Eublogia
Cordero de Garnica, Hilda Figueroa y Ernesto Samán (fs. 4782/4785) y
CODESEDH (fs. 4765) en cuanto solicitan se disponga la prisión preventiva
de los encartados y CONFIRMAR la situación de libertad de CARLOS
PEDRO TADEO BLAQUIER Y ALBERTO ENRIQUE LEMOS, bajo las
condiciones dispuestas por el juez instructor en el apartado XI de los
considerandos de la citada resolución.
Así voto
El Dr. FEDERICO SANTIAGO DÍAZ dijo: Comparto la
relación de la causa y síntesis de los agravios y de los hechos investigados,
efectuada por el colega preopinante, Dr. Loutayf Ranea.
A) Aclaraciones previas: Cabe destacar que los recurrentes no
controvierten la materialidad de los hechos investigados en el sentido que
tuvo, prima facie, por probados los allanamientos, las privaciones ilegítimas
de la libertad, las torturas y los homicidios investigados en la causa, por lo que
este Tribunal solo hará mérito de ellos en la medida necesaria para la
resolución de los recursos en las circunstancias que fuere menester.-
Por otra parte, y respecto de las apreciaciones realizadas por el
magistrado instructor sobre diferentes aspectos históricos, como sobre las
relaciones entre el gremialismo y las empresas azucareras a partir de la década
de 1960 en el noroeste argentino, el cierre de ingenios y sus consecuencias, el
rol de los industriales durante el proceso de reorganización nacional o sobre la
animosidad de Ledesma S.A. hacia la actividad gremial, no conforman
elementos determinantes para responsabilizar puntualmente a los directivos de
la empresa por los hechos que se investigan en la causa. Lo que resulta
importante, y más allá de las diferencias que podrían haber existido entre la
empresa y los sindicatos con motivos de la actividad gremial y paros que
ocurrían (ver en tal sentido el testimonio de Alfonso Waldino Cordero –
declaración del 28-8-1986 en el expediente 276/09-; Luis Alfaro Vasco -
declaración de fs. 4042 de estas actuaciones-; Melitón Vázquez –fs. 5087-;
Raúl Tapia –fs. 2589 del expte. 047/12-, entre otros), es preciso determinar si
hay pruebas que prima facie acrediten la existencia de una participación o
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colaboración de Ledesma S.A. en la detención, allanamiento de domicilios,
torturas y homicidio de las víctimas de autos.
Por lo tanto, se va a emitir resolución tomando en cuenta y
analizando las probanzas aportadas a la causa y especialmente hasta el dictado
del auto de procesamiento puesto en crisis por los diferentes recursos
mencionados. La prueba incorporada por la defensa con posterioridad al auto
de procesamiento de los imputados contiene aspectos que no alcanzan, en
principio, a modificar las conclusiones que con el grado de probabilidad se
requiere en esta instancia respecto de los imputados y lo ocurrido al momento
de los hechos, sin perjuicio que todo el material de conocimiento aportado y
que se aporte sea valorado por el señor juez de instrucción, según considere y
a los efectos que hubiere lugar.
B) Prueba de cargo recolectada en la causa en contra de los
imputados: Se encuentra prima facie acreditado que la mayoría de las
víctimas fueron detenidas sin motivo, razón o explicación alguna por parte de
las fuerzas de seguridad, desde diferentes domicilios particulares en Calilegua
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o Libertador General San Martín durante un apagón efectuado las noches del
20 y madrugada del 21 de julio de 1976 en un operativo formado por la
Policía provincial, la Gendarmería y el Ejército fuertemente armados,
oportunidad en la que les ataron las manos y les vendaron los ojos, los
identificaron con un número, los subieron a diferentes móviles y los llevaron
indistintamente a las comisarías de Calilegua, Libertador General San Martín
y/o del Ingenio Ledesma, lugares en donde fueron recogidos otros detenidos y
reagrupados en diferentes vehículos para su posterior traslado. Por su parte,
otras víctimas fueron detenidas cuando se presentaron en las comisarías de las
localidades mencionadas por no haber sido encontrados en oportunidad de
haberlos ido a detener a sus domicilios particulares. Todas las víctimas objeto
del presente habrían sido trasladadas al centro clandestino de Guerrero.
Sentado que los hechos existieron en el modo que se ha relatado
precedentemente, y el carácter prima facie ilícito de los mismos en contra de
las víctimas nombradas, corresponde considerar si Carlos Pedro Tadeo
Blaquier y Alberto Enrique Lemos, Presidente del Directorio y el

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Administrador General de Ledesma SAAI., -respectivamente-, tuvieron
participación en los hechos investigados y en qué grado, a partir de la
imputación que se les formula, confrontada con la prueba relevada y los
argumentos defensistas que se esgrimen.
Al respecto, cabe tener en cuenta que a los citados se les imputó
oportunamente el haber intervenido en los hechos delictivos que perjudicaron
a las víctimas, a saber: violación de domicilio -24 hechos-, privación ilegítima
de la libertad agravada -27 hechos-, aplicación de tormentos -33 hechos- y
homicidio -6 hechos-; habiendo sido procesados por el juez de primera
instancia como partícipes primario y secundario, respectivamente, en la
privación ilegítima de la libertad en 26 hechos –respecto de Delicia del Valle
Álvarez de Narváez, Hipólito Álvarez, Casiano Bache, Raúl Ramón Bartoletti,
Norma Castillo, Alfonso Waldino Cordero, Eublogia Cordero de Garnica,
Germán Tomás Córdoba, María Cortez, Salvador Cruz, Luis Víctor Escalante,
Hilda del Valle Figueroa, Domingo Horacio Garnica, Miguel Ángel Garnica,
Rufino Lizárraga, Eduardo César Maldonado, Héctor Narváez, Enrique
Núñez, Mario Martín Núñez, Ana María Pérez, Román Patricio Rivero, Isidro
Salinas, Ernesto Reynaldo Samán, Jhonny Vargas Orozco, Bernardino Oscar
Alfaro Vasco y Luis Alfaro Vasco-.
Ahora bien, resulta primordial, en esta etapa del proceso en la
que, como se dijo, no se requiere certeza plena, determinar si existe un vínculo
entre los imputados y los hechos sufridos por las víctimas de autos.
B.1) Ante todo, y conforme las fundamentaciones expuestas en la
resolución del 23 de agosto de 2013 en la causa “Aredez”, expte. 047/12, en
trámite por ante este Tribunal, se observa la compleja situación social, política
y sindical que se vivía en la zona en cuestión, en la que se destacaron los
elementos que permitían advertir tal situación.-
En efecto, el testigo Raúl Tapia –cadete de la farmacia de
Ledesma- declaró que los medicamentos que se daban a los niños no eran
originales (fs. 2837 vta. expte. 047/12); Hugo José Condorí (quien denuncia
haber sido uno de los fundadores de la obra social del sindicato) refiere que
cuando llegaba la mercadería de diferentes laboratorios él los controlaba y
clasificaba; y tomó conocimiento de cuál era el mejor medicamento en lo que
hace a su calidad, separando los de los laboratorios de marca en un lugar, y los
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otros en otra habitación, refiere a la existencia de un vademecum de remedios
que se elaboraban en la farmacia y que los médicos eran obligados a recetar
dichos medicamentos. Así también, relata sobre el incumplimiento por parte
de la empresa de las obligaciones dispuestas por la ley 1655 referida al
servicio médico asistencial obligatorio; sobre el dudoso manejo de los aportes
de los trabajadores; las altas tasas de mortalidad infantil, los altos niveles de
contagio y epidemia del “mal de Chagas”; la falta de médicos para la atención
del personal; el negativo resultado del convenio efectuado entre Ledesma y el
Cemic por la falta de experiencia de los médicos residentes quienes iban a la
localidad solamente por 6 meses, lo que generaba errores en la atención y el
diagnóstico; alude al permanente diálogo con la empresa, pero afirma que
luego vinieron los problemas con la intervención del sindicato por gente que
considera que fue mandada por Ledesma; sostiene que existía una relación
cordial y constructiva con la empresa en las reuniones, pero que luego no era
positiva porque el Ingenio incumplía con lo que se acordaba “siempre había
algo que no caminaba”; considera que fue un beneficio para Ledesma la
USO OFICIAL

cesión de los hospitales al Estado (fs. 2404 del expte. 047/12).


En igual sentido, Hugo José Condorí (refiere haber sido
presidente del directorio de la obra social del sindicato del azúcar) afirma que
en Ledesma había un servicio asistencial médico bastante deficiente; que
esporádicamente se denunciaban los incumplimientos; que la empresa estaba
obligada por la ley 1655 a dar el servicio medico asistencial a sus obreros y a
su familiar del grupo primario; que el servicio del Ingenio recurría a recetas
magistrales y el mismo jarabe se recetaba para todo tipo de dolencias; que
existía un vademecum de 12 medicamentos, y los médicos no podían recetar
otra cosa; que el Dr. Aredez se resistió y empezó a salirse del vademecum; que
el declarante fue conjuntamente con el Dr. Aredez al Colegio Médico de Jujuy
a denunciar; que todo el mundo sabía que esas anormalidades existían; que
Ledesma nunca cumplió sus obligaciones tanto en viviendas como en
medicamentos (fs. 37 del Habeas Data).
La situación sanitaria también es descripta por Melitón Vazquez
quien refiere que luego de ser elegido Secretario General del Sindictado en el

103
año 73 fue al lote El Talar, en donde advirtió “que existían muchas violaciones
de convenio de ley”; que habían dos enfermeras para 2000 chicos, que
emplazaron a Ledesma y ante el incumplimiento fueron a una huelga y la
empresa cumplió; que en un mes y medio tenían el hospital construido; que no
se llevaba bien con Mario Paz y lo cambian por Peverelli; que no tenía
contacto con Lemos –quien le dijo que tratara todo con Peverelli que tenía el
visto bueno suyo-, y luego viene la intervención del gremio (fs. 5087).-
Asimismo, existen actuaciones administrativas del Ministerio de
Bienestar Social de Jujuy que muestran el incumplimiento por parte de
Ledesma -a fines del año 1973-, de las prestaciones médico-asistenciales
obligatorias previstas por la ley 1655/46, las que eran cuestionadas por la
empresa –a través del Administrador Lemos- quien entendía que la ley le era
inaplicable, lo que fue rechazado por el Gobernador de Jujuy, y originó
sanciones pecuniarias a la empresa en febrero de 1975 y el inicio de un
proceso judicial de apremio (expte. 3763/73).
Resultan bastante esclarecedoras, las consideraciones efectuadas
por el entonces Secretario General de la Gobernación de la Provincia de Jujuy,
Dr. Guillermo Snopek, quien destaca que a pesar de que la ley nunca fue
objetada por la empresa, por más de 27 años ha estado reiterando una “gastada
promesa -cuales hábitos en los que dicen lo que nunca hace-”, que fue el
propósito de la empresa ofrecer a sus dependientes una óptima y amplia
cobertura médico asistencial hospitalaria, “entre otras promesas vacuas y
expresiones de anhelos que resultan inconducentes porque no se cumplen” (fs.
6 del expte. 3763/73).
A todo evento, cabe destacar que Ledesma SAAI donó el
Hospital de Ledesma al Estado Nacional en 1975, lo que fuera aceptado por
Decreto del Poder Ejecutivo Nacional 1624/75 (tal como lo afirma la defensa
de los imputados a fs. 142 del expte. 047/10).
Concordantemente, Hugo José Condorí (fs. 754 del expte.
296/09), declaró que las leyes provinciales 1655 y 1814 beneficiaban a la
salud y a las provisiones de vivienda de los trabajadores, lo que estaba a cargo
de Ledesma, y después del golpe de Estado de 1976, pasó al Estado; que tales
leyes establecían los porcentajes que se debían retener a los trabajadores para
gozar de dichos beneficios, que estaban en la letra de la ley pero no en la
104
Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
realidad. Afirma que el Dr. Arédez los aconsejaba y participaba en el tema, y
hacían presentaciones judiciales a través del Ministerio del Trabajo, tomaban
medidas de fuerza para cambiar la realidad. Reitera sobre la elevada tasa de
mortalidad infantil. Afirma que en la zona de los zafreros solo existía una sala
de primeros auxilios atendida por una enfermera sin servicio médico. Aduce
sobre el convenio de la empresa con el Cemic y la aparición de un grupo de
médicos jóvenes que iban a hacer la residencia; que un mes eran oftalmólogos,
otro mes cardiólogos, etc., que ello acarreaba errores en su atención y en su
diagnóstico, lo que fue cuestionado por ellos y el Dr. Arédez. Tuvieron otra
reunión con Luis María Blaquier y posteriormente sale una resolución del
Banco Central de préstamo de dinero para construcción de viviendas; que con
el Brigadier Álvarez conversan y deciden hacer el hospital y 1093 casas. Que
el arreglo consistía en lo siguiente: el terreno lo ponía la empresa, el 60% de
las viviendas la empresa y el 40% los obreros.
Asi también, los periódicos de la época hacen mención a los
incumplimientos referenciados en las testimoniales de párrafos anteriores, en
USO OFICIAL

tanto señalan que la Subsecretaría de salud pública de la Provincia de Jujuy,


en oportunidad de realizar una inspección en los lotes Libertad, Yapeyú, Zora,
Jaramillo, Paulina, Florencia, San Antonio, Palos Blancos, Yuchan, Maíz
Negro y en los pueblos de Ledesma y El Talar, constató que la empresa
transgredía 39 incisos de un total de 69 de la ley 1655 que disponía sus
obligaciones; así específicamente refiere a que “mantiene una situación de
subequipamiento y carencia en las prestaciones médico-sanitarias…” ; que la
dotación de camas en el hospital llegaba al 50% de lo exigido; faltaban
servicios de enfermería; había escaso índice de consultas médicas; faltaba
dotación de medicamentos, inexistencia de programas de atención médicas,
odontológica y de saneamiento ambiental; servicios sanitarios deficientes
como ej. provisión de agua potable, disposición de basura, etc. (fs. 91 del
expte. 394/05).
Otros artículos periodísticos refieren a las “condiciones de
marginalidad y explotación” que se observaba respecto a la situación sanitaria,
laboral y social en la zona. Señalaban que se observaban condiciones

105
infrahumanas de vivienda, con promiscuidad y hacinamiento, incompatibles
con la dignidad del hombre; mal nutrición y falta de atención médica; carencia
de servicios sanitarios mínimos: “se ha comprobado hasta cuatro familias (15-
16 personas) hacinadas en pocilgas de 10 metros cuadrados, sin luz, sin agua,
sin ventilación, durmiendo en el piso de tierra. La salud, el decoro y la
privacidad del núcleo familiar no cuentan para estos marginados”. El informe
continúa haciendo saber que frente a la transgresión de la ley 1655 se emplazó
a la empresa a adecuar sus servicios, y que vencidos los términos se le impuso
una multa, y se le ha requerido el descargo correspondiente. En otro artículo
siguiente se informa que en los lotes de Ledesma son deplorables las
condiciones generales de vida de la población zafrera, “se repite el panorama
lamentable de hacinamiento, promiscuidad y alta exposición al riesgo de
enfermar y morir”, se describe la situación del lote El Talar “donde más de
10.000 personas se aglomeran en el más alto grado de hacinamiento que se ha
observado en la provincia” (fs. 91, expte. 394/05).
La necesidad de viviendas para el personal que trabajaba en el
Ingenio se ve plasmada en las declaraciones de Carlos Alberto Melián, quien
hace referencia a la ley 1814 por la que se obligaba al Ingenio a proveer de
viviendas a los trabajadores, y que para ello la empresa se acogió a planes del
Gobierno Nacional del Banco Hipotecario. Afirma que se hicieron varios
barrios y que se originaron fricciones en las relaciones por cuanto la cuota de
$ 10 la llevaron a $ 140. Manifiesta que consideraron que estaban siendo
estafados por el Ingenio quien había pedido un préstamo para construir las
viviendas; que la empresa las construía, las inspeccionaba y las aprobaba; que
la construcción era deficiente y los perjudicaba; que por esta situación viajo a
Buenos Aires junto con Condorí y que se entrevistaron con el diputado Ortega
Peña.
En igual sentido, Hugo José Condorí declara que Ledesma había
creado una fundación que hacía casas a través del Banco Hipotecario, pero
que las cuotas salían 25 % más de lo que la ley preveía para los salarios; que
pidieron reuniones para que les explicaran por qué las cuotas eran tan altas;
que a medida que iban investigando con Weisz y Melián advirtieron que “un
estadio y un club que había ahí que decía que la Fundación lo donaba, era
pagada por nosotros por eso es que la cuota salía tanto”; que se entrevistó por
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Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
todas estas cuestiones en Buenos Aires con el Senador jujeño Martearena y
también con el Brigadier Álvarez, que era el director de relaciones públicas de
Ledesma, quien le dijo “Ledesma es una empresa de interés nacional… y por
lo tanto nosotros no vamos a permitir que le hagan daño alguno, yo te
aconsejo a vos y por el bien de tu familia apartate de este grupo” (se refería a
Weisz; Patrignani y Arédez) (fs. 39 del Habeas Data).
Por su parte, del informe periodístico del 10 de febrero de 1974
surge que alrededor de 800 personas –obreros de Ledesma- se presentaron en
el público despacho del Intendente Aredez y le hicieron conocer su adhesión, a
través de una resolución que tomara el Sindicato de Obreros y Empleados del
Azúcar del Ingenio Ledesma, en la que observan que en los últimos tiempos
ha existido una campaña nacional de los sectores continuistas contra los
intereses populares, expresada a través de la renuncia o destitución de
gobernadores, intendentes u otros funcionarios que tienen una buena actitud
hacia los reclamos obreros y populares, dando el ejemplo, la destitución de
Bidegain en Buenos Aires, y las presiones a Ragone en Salta y a Obregón
USO OFICIAL

Cano en Córdoba. Refieren que eso es lo que pasaba con Aredez a quien se le
pidió la renuncia “para reemplazarlo seguramente por una persona más
complaciente a los intereses de Ledesma SAAI”. Señala que “El Intendente
Aredez le ha ajustado con justicia las clavijas a Ledesma SAAI exigiéndole el
pago de los millones de pesos que le adeudaba a la comuna por impuestos
impagos y luchaba constantemente por terminar con el manoseo de la
asistencia médica que el Hospital Ledesma está acostumbrado a cometer con
los compañeros trabajadores”; a dichos fines resuelven comprometer su apoyo
al Intendente Aredez, llamando a efectuar el repudio a través de gestiones y
movilizaciones necesarias contra aquellos sectores que tratan de lograr la
destitución o renuncia del cargo y nombran una comisión que realice las
medidas que correspondan para que el Dr. Aredez permanezca en su puesto.
Asimismo, se advierten serios problemas en el ámbito sindical en
el período anterior a los hechos de la causa, tal cual surge del expte. 341/75,
donde el Sindicato de Obreros y Empleados del Azúcar del Ingenio Ledesma
denunciaba a principos de 1974 la falta de pago de los obreros changueros, “el

107
corte de fichas a los obreros temporarios de fábrica”, no ser recibidos por las
autoridades de la empresa, el despido de dos trabajadores, las condiciones
inhumanas de las viviendas en la zona de San Lorenzo, el no pago de las
vacaciones anuales en los años anteriores a los obreros temporarios y el pago
fuera de término, la retención de sumas de dinero correspondientes a los
trabajadores en concepto de aguinaldo, vacaciones, sin explicación alguna y la
intención de la empresa de intervenir el sindicato en razón de los reclamos
efectuados. Así también existen constancias de que finalmente se dispuso la
intervención del sindicato de obreros y empleados del azúcar de Ledesma en
marzo de 1975, las medidas de fuerza que ocasionó dicha situación, la
denuncia de los diferentes referentes sobre “las maniobras intervencionistas”
de la empresa Ledesma, sobre el monopolio del azúcar, la defensa de los
obreros y las actuaciones que dispusieron el procesamiento de diversos
representantes gremiales por violación a la ley 20840 (constancias del expte.
341/75 citado).
La intervención del sindicato ocasionó los hechos del 21 de
marzo de 1975 en oportunidad de la toma de posesión del cargo del delegado
normalizador Ciardulli, que provocara un paro de los trabajadores del Ingenio
(estiman en 250 personas que apoyaban a la ex comisión directiva), en el cual
hubo víctimas heridas de balas y daño en propiedades (fs. 22 del expte.
341/75).
Melitón Vázquez entiende que la intervención del sindicato sí
benefició a la empresa porque los trabajadores quedaron prácticamente
desprotegidos aunque la empresa también perdió por las huelgas. Afirma que
la empresa recetaba a todos cafiaspirinas, que les decían que era un remedio
barato pero uno de los mejores, que curaba cualquier cosa; afirma que a veces
la gente lo ponía como que Ledesma le había dado un chalet, que era falso,
Peverelli fue el que le dio las herramientas, lo formó y le enseñó para eso, fue
el que lo hizo. (fs. 5092 vta.)
Cabe concluir entonces que estas pruebas contrastan con las
declaraciones efectuadas por los testigos ofrecidos por la defensa, y las
esforzadas alegaciones en contrario que ella realiza, debiendo tenerse prima
facie por ciertos los hechos relatados en párrafos anteriores por cuanto no se
advierte parcialidad en las declaraciones del personal que trabajara en cargos
108
Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
directivos y de responsabilidad para la empresa, y en consonancia con la
actitud y medidas adoptadas por los organismos de gobierno de la provincia.
Pero de todos modos, describen una situación preexistente a la fecha de los
hechos y que muestran que pudieron existir por entonces los motivos de
conflicto e intereses contrapuestos y que varias de las víctimas habrían tenido
vinculación y reales diferencias con la empresa Ledesma, la que, por otra
parte, públicamente hizo conocer su adhesión al 4º Aniversario del Proceso de
Reorganización Nacional en el diario Pregón del 24 de marzo de 1980 (fs.
5869).
B.2) En efecto y en relación con los hechos de esta causa, de la
prueba existente se puede determinar que la mayoría de las víctimas habría
tenido actuaciones políticas, laborales o sindicales vinculadas con la empresa¸
mientras que otras denuncian haber tenido alguna relación o vínculo con las
personas que se dedicaban a dichas actividades y por ello pudieron ser
consideraradas personas “peligrosas” o “subversivas”. En efecto, se encuentra
acreditado que :
USO OFICIAL

Delicia del Valle Álvarez tenía 17 años a la fecha de los hechos y


habría sido detenida ante los tormentos efectuados a Domingo Reales quien
habría declarado que ella era su novia. Al volver de Guerrero fue liberada en
la Central de Policía. En julio de 1977 ingresa a trabajar al Hospital de
Ledesma, existiendo constancia en su legajo personal que el administrador
Ing. Alberto E. Lemos le otorgó un adicional por atención permanente en el
campamento de Maíz Negro, durante el periodo de zafra, las 24 horas todos
los días y cuando renuncia, en septiembre de 1977 envía el respectivo
telegrama al mencionado administrador. Esto último sería un indicio de que a
pesar de la cesión realizada por la Empresa al Estado Nacional en el año 1975,
al mes de septiembre de 1977, la Empresa Ledesma seguía a cargo y control
de la administración del Hospital.
Norma Castillo: fue detenida a los 20 años, estudiante
universitaria becada por la empresa mientras su padre trabajaba para
Ledesma.-

109
Hipólito Álvarez: herrero de Ledesma, Héctor Narvaez: oficial
herrero, Secretario General de la Federación Azucarera Regional, habría
ingresado en la empresa en 1948, realizaba actividad sindical; el 13 de abril de
1976 se prescindió de sus servicios; existe también un telegrama colacionado
del 4-5-76 en el que renuncia a su cargo (legajo laboral nº 31241). Enrique
Nuñez: soldador de la empresa y secretario de actas del Sindicato de Obreros y
Empleados de Calilegua, ingresó en septiembre de 1954; existe constancia del
13 de abril de 1976 por el que se le hace saber que se prescinde de sus
servicios (legajo reservado en secretaría a nombre de Enrique Ñunez) y un
telegrama colacionado del 23 de abril de 1976 del que surge la renuncia a su
cargo (legajo nº 17433).
Isidro Salinas: habría sido empleado de Ledesma y dirigente
gremial, actuó en nombre y representación del personal de Calilegua SAAYC
(legajo laboral nº31241). Román Rivero: empleado de Ledesma y dirigente
gremial –secretario adjunto del SOEC. Alfonso Cordero: mecánico de
Ledesma y dirigente gremial.
Surge de la prueba adjunta que en noviembre de 1971 se labró un
acta entre los representantes del Sindicato de Obreros y Empleados de
Calilegua: Román Rivero, Secretario Adjunto, Enrique Nuñez, Secretario de
Actas, Alfonso Cordero, Isidro Salinas “delegados de las distintas secciones
afectadas” quienes firman el acta en nombre y representación del “personal de
Calilegua SAAIC”, Héctor Narvaez por la FAR y representantes de Ledesma
SAAIC.
Salvador Cruz maestro herrero de Ledesma, también fue vocal
del Sindicato de Obreros de Calilegua.
Germán Tomás Córdoba era obrero, cosechero
de Calilegua, empleado administrativo de Ledesma. Su hermano, Leandro
Córdoba, fue detenido mientras estudiaba en Tucumán los primeros días de
julio de 1976. Este último fue reconocido en Guerrero y fue careado con
varias de las víctimas (Hilda Figueroa, Alfredo Cortéz). Germán habría sido
fuertemente golpeado y violado por su condición de homosexual (conforme
declaraciones de Ernesto Samán y Walter Juarez).-
Eublogia Cordero de Garnica: estaba casada con Agustín Donato
Garnica quien era empleado de la empresa y dirigente gremial y político, fue
110
Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
condenado por la justicia federal de Jujuy a tres años de prisión efectiva por
haber sido considerado responsable de atentado contra el orden público.
Miguel Ángel Garnica, empleado del garage de la fábrica del Ingenio
Ledesma. Domingo Horacio Garnica también hijo de los citados fue
escuchado por última vez en Guerrero.-
María Cortez habría tenido 17 años a la fecha de los hechos, fue
detenida en oportunidad que detuvieron a su hermano René Rodríguez,
empleado de Ledesma, en el domicilio familiar, fue llevada a Guerrero y luego
soltada en la Central de Policía.-
Luis Víctor Escalante: fue empleado de Ledesma y también vocal
del Sindicato de Obreros y Empleados del Azúcar y Papel en abril de 1972,
(conforme surge de un acta agregada en el legajo laboral de Weisz).
Hilda del Valle Figueroa: habría sido acusada de subversiva por
los detenidos torturados Leandro Córdoba y Jhony Vargas Orozco, y denuncia
haber tenido una relación con uno de los detenidos en el centro clandestino de
apellido Canseco.-
USO OFICIAL

Raúl Ramón Bartoletti estudiante en Tucumán, dirigente


universitario, domiciliado en Libertador, habría sido detenido frente a las
acusaciones de Jhony Vargas en su contra, fruto de las torturas.-
Asimismo, fueron empleados de Ledesma Eduardo César
Maldonado (cesanteado en diciembre de 1975 por no haberse reintegrado al
trabajo), Mario Martín Nuñez, Bernardino Oscar Alfaro Vasco, Luis Alfaro
Vasco, Casiano Bache y Ernesto Samán. Respecto de éste último surge de su
legajo personal que el Coronel José María Bernal Soto le extiende una
constancia de que estuvo detenido desde el 21 de julio del 76 al 9 abril del 78
“recuperando su libertad por haber finalizado el estudio de su causa y no haber
mérito suficiente para que continúe detenido”.-
Ana María Pérez 20 años a la fecha de los hechos fue interrogada
sobre Domingo Reales y Leandro Córdoba, y liberada en la Central de
Policía.-
Jhony Vargas Orozco: era estudiante en Tucumán, fue
reconocido por varias víctimas en Guerrero.-

111
Ahora bien, teniendo en cuenta el servicio de seguridad con que
contaba el Ingenio Ledesma por su estructura y grado de organización, , desde
las reglas de la sana crítica racional, la experiencia y la psicología, es muy
difícil (y hasta poco creíble) afirmar que la empresa no haya tenido
conocimiento de las detenciones que se estaban produciendo en estas
localidades pequeñas, cercanas entre sí, y dentro del radio de actividades del
Ingenio Ledesma; y en algunos casos, de sindicalistas o políticos que pudieran
resultarles molestos.
Y es que, a pesar de que durante la instrucción se pretendió
asumir una posición de terceros desinteresados, aportando testigos que no
escucharon ni vieron nada las noches o madrugadas de las detenciones de
numerosas personas en esas pequeñas comunidades, tales declaraciones no
tienen, prima facie, entidad como para destruir en este caso las pruebas que
señalan la ayuda prestada a las fuerzas de seguridad la noche en cuestión y
días subsiguientes.
Dice la defensa que no se han valorado los conflictos
intersindicales y que las autoridades militares eran quienes perseguían a los
gremialistas y no la empresa. Pero más allá de la validez o credibilidad de tal
aserción, cabe señalar que las relaciones cordiales que alega la defensa entre la
empresa y los sindicalistas y trabajadores, no obstante los conflictos señalados
precedentemente, son cuestiones que no se refieren específicamente a los
hechos que se investigan en el presente proceso ni resultan determinantes para
su solución, dado que no hacen propiamente al tema de si la empresa facilitó o
no los vehículos en oportunidad y con motivo de los hechos por los que se
procesa a los imputados.
A ese respecto, cabe tener en cuenta que eran de público
conocimiento y discusión, los hechos que estaban aconteciendo en la
comunidad de esas localidades a raíz de las detenciones acaecidas el 24 de
marzo, tanto es así que existe una constancia de una carta interna de Ledesma
SAAI del 26 de marzo de 1976, por la que el sub jefe del “Departamento de
sección servicios en campo”, informa que a hs. 07:30 ingresó al taller de
Calilegua y observó que los obreros Enrique Nuñez, Héctor Narváez e
Hipólito Álvarez se encontraban reunidos en tres grupos separados de distintos
sectores, que al verlo trataron de “ganar sus lugares de trabajo
112
Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
inmediatamente”. Afirma que en ese horario toman el mate en sus
correspondientes lugares de trabajo y que al resultarles extrañas estas
reuniones, hicieron averiguaciones obteniendo la versión de que los tres
operarios se dedicaban a conferenciar con el resto del personal tratando
asuntos gremiales que no se pudieron conocer en detalle, por lo que elevan
informe para poner en conocimiento y a fin de tener en cuenta las actitudes de
estos tres obreros (legajo reservado a nombre de Enrique Nuñez). En abril de
1976 se habría prescindido de los servicios de Álvarez, Narváez y de Enrique
Nuñez.
Ahora bien, desde la intervención al Sindicato Azucarero de
Ledesma en el año 1975, se acusa al Ingenio de haber tenido participación en
tales hechos y haber colaborado con ambulancias, camionetas y todo tipo de
vehículos para trasladar a los efectivos policiales, para lograr un sindicato a
favor de los intereses de la empresa (panfletos de fs. 72 del expte. 290/75).
B.3) Por su parte, y en relación precisa con las detenciones
referidas, los hechos aquí investigados, de las pruebas recogidas por el juez
USO OFICIAL

instructor surgen las declaraciones de diferentes testigos que confirman la


presencia de vehículos del Ingenio Ledesma en oportunidad de sus
detenciones.-
Así, Eublogia Cordero de Garnica en su declaración de fecha 5-
05-1984 ante la CONADEP (fs. 317-318 del Expte. Nº 404/05, caratulado
“Garnica, Domingo Horacio y Garnica, Miguel Ángel”), manifiesta que en la
noche de su detención (el día 20 de julio de 1976, a hs. 23 aproximadamente),
cuando la llevaron a la Comisaría de Ledesma, y como se le aflojó la venda
que le habían puesto, pudo ver que habían unos trailers de la Empresa
Ledesma; y coincidentemente en su declaración realizada ante las Madres de
Detenidos Desaparecidos del Departamento Ledesma (fs. 319-321 del Expte.
Nº 404/05, caratulado “Garnica, Domingo Horacio y Garnica, Miguel
Ángel”), precisa que en el lugar a donde los llevaron habían 5 trailers de la
empresa Ledesma lleno de gente, que a ella se le aflojó la venda y pudo ver
que estaban en un lugar montañoso, muy tranquilo, con un río muy cerca,

113
entraron por un camino y llegaron a una casa grande con pisos, con una galería
grande.-
René Orlando Rodríguez, hermano de María Cortez, declara que
fueron detenidos en la madrugada del 21 de julio en su domicilio particular en
Calilegua por personas del Ejército; que a su hermana la obligan a pararse en
ropa interior, le dicen que se vista y la detienen; que ella por esa época era
menor de edad; que él fue vendado, sacado de su casa y subido a un vehículo,
luego lo suben a Luis Escalante; que le preguntaron por su hermano Alfredo
Cortez y le dijeron que los lleve a buscarlo; que subieron a una camioneta
doble cabina, que antes de subirse pudo ver que en la comisaría había también
estacionadas camionetas blancas del Ingenio Ledesma; que lo llevan a la
comisaría de Calilegua donde estaban Herrera, Chofi y el oficial Cachambe,
que estaban cotejando una lista; que lo vuelven a atar, vendar y lo suben a una
camioneta que estaba en el canchón del Ingenio Ledesma donde estaban los
trapiches, conoce el lugar porque trabajaba ahí; que ingresaban otras
camionetas al lugar; que luego los llevan a Gendarmería donde había mucha
gente, los bajan y había alguien que al parecer conocía a los detenidos e iba
confirmando que cada uno de ellos era quien figuraba en una lista como
persona a detener, que ahí hicieron como un inventario de ellos; que luego los
suben a distintos vehículos y los llevan a Guerrero (fs. 4981)-
Ana María Pérez afirma que en las detenciones intervinieron unas
camionetas blancas doble cabina de la empresa Ledesma (declaración ante la
CONADEP, expte. 278/09).-
Bernardino Oscar Alfaro Vasco refiere que cuando es sacado de
su domicilio junto con su hermano, fueron subidos a una camioneta blanca
doble cabina de la empresa Ledesma, que esto lo sabe porque pudo ver el logo
de la empresa en la puerta (fs. 2264); por su parte, el citado hermano Luis
Alfaro Vasco confirma que pudo ver que había una camioneta clara con el
logo de la empresa Ledesma (fs. 4042).-
Ángela Herminia Córdoba –hermana del desaparecido Germán
Tomás- quien ya había viajado junto con su padre el 13 de julio de 1976 en
búsqueda de su hermano estudiante que había sido detenido en Tucumán,
describe, por su parte, los acontecimientos sufridos la noche del 20 de julio;
que a eso de las 20 hs. comenzaron los cortes de luz; que a eso de la media
114
Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
noche escucharon tiros relativamente cerca que provenían de la casa de Hilda
Figueroa y aproximadamente a la 1 de la madrugada patearon la puerta de la
casa y golpearon los vidrios; que cuando se levantó vio una gran cantidad de
gente del Ejèrcito y de civil y le decían “abrí la puerta hija de puta”; que su
papá enciende la luz y abre la puerta; que todos fueron levantados, puestos
contra la pared, les robaron, manosearon a su hermana, rompieron colchones,
inodoro; que ellos le explicaron que a su hermano ya lo habían detenido en
Tucumán; que luego que se fueron, ella pudo ver que quienes se retiraban de
la vivienda lo hacían en una camioneta de la empresa Ledesma que tenía la L
pintada de amarillo, habían también vehículos particulares, policías y civiles,
hombres y mujeres; que había un trailer de Ledesma lleno de gente ubicado
frente al Club Unión, y pudo ver también a un camión volquete de la
Municipalidad de Calilegua cargado con gente; que su hermano Germán salió
a buscarla, después sería detenido el 27 de julio (fs. 4425).-
Walter Hugo Juárez declara que fue detenido la madrugada del 21
de julio de 1976; que no le vendaron los ojos; que lo llevaron a la comisaría de
USO OFICIAL

Libertador General San Martín y que permanece en una camioneta de cabina


simple que pertenecía al Ingenio Ledesma con el logo de la “L”, que el chofer
era de apellido Carrera, que subieron otros detenidos que no reconoció porque
estaba oscuro; que le vendaron los ojos y los llevaron a Guerrero. Afirma que
le sorprendió ver tantas camionetas del Ingenio en movimiento, junto a las de
Gendarmería y de la Policía; que la camioneta era una Ford del color habitual
celeste grisáceo del Ingenio Ledesma, de cabina simple, con el logo del
Ingenio en la puerta y cree que también en la caja llevaba el logo (fs. 4300).-
En igual sentido, Alfredo Cortez declara que la noche del 20 de
julio llegaba a Calilegua a las 12 de la noche los bajaron del colectivo y el
pueblo estaba a oscuras; que se fue a su domicilio y que ahí lo detuvo la
policía, que le ataron las manos y lo vendaron; que eran varios; que lo
subieron a un camión que cree que era de la empresa Ledesma porque era un
camión tipo volquete sin toldo, y porque ni la Policía ni el Ejército tenían
camiones sin toldo como ese. Además lo reconoció porque trabajó en
Ledesma hasta el 70; que cuando llega al camión había gente, fueron por otras

115
casas y levantaron más gente en el recorrido y los llevaron a la comisaría de
Calilegua, de ahí cree que los llevaron a la comisaría de Ledesma porque se
sentía mucho movimiento como si fueran los trailers de la empresa; que
estuvieron un rato y los que los custodiaban decían “estos de Ledesma son
más hinchas pelotas. Ello son los que movilizan a los jefes para que nosotros
laburemos” (fs. 4971).-
Por su parte, Ricardo Aredez declaró que en julio de 1976 se
produjeron varios apagones en la ciudad de Libertador; que él fue testigo de
un apagón en la plaza central el día 22 de julio a hs 22; que se cortó la luz y
empezó a correr, y a mitad de cuadra sintió un móvil y una camioneta; que
dobló la calle y en forma violenta lo enfocan y se baja personal de civil; que
vio el logo de la empresa Ledesma, le alumbran la cara, le pidieron
documentos, y dicen este es Aredez, y dos veces lo dijeron, este no, y salió
corriendo; que fue una noche de terror, sentían gritos y gente que decían no
me lleven; que a las 6 dieron la luz; que los familiares fueron al otro día y les
contaban las detenciones, contaban que fueron llevados a los corrales de la
empresa Ledesma. (fs. 2662 del expte. 47/12).-
Siguiendo esta línea debemos poner énfasis en las declaraciones
brindadas por Víctor Antonio Arias y Pedro Ernesto Sánchez que son de
inestimable valor en tanto fueron testigos directos sobre los hechos
acontecidos las noches del apagón sin ser víctimas, con lo que su objetividad
no puede ponerse en duda.
En efecto, el primero de los testigos declara que en julio de 1976
era comerciante y vendía zapatos en Ledesma, y una noche, cuando iba con su
camioneta rastrojero, se apagó la luz del pueblo y ve algunas camionetas del
Ingenio y de una de ellas baja Lescano y le dijo que se vaya del pueblo, que no
volviera nunca más porque tenía la orden de “hacerlo mierda”; que eran dos
camionetas del Ingenio con cinco policías cada una y no pudo ver más porque
estaba oscuro (fs. 5148).-
Por su parte, Pedro Ernesto Sanchez declara que trabajaba como
radio-operador en Ledesma; que la noche del apagón fue con su señora a lo de
un amigo a comer en su casa en Calilegua; que se apagaron las luces y
sintieron disparos aislados y ruidos de ametralladoras, por lo que se retiraron,
con otros compañeros, en un vehículo de contratistas de transporte de caña
116
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CAMARA FEDERAL DE SALTA
que tenía radio; que unos soldados lo detuvieron y como no les creyeron que
las radios eran para trabajar los llevaron detenidos a la Comisaria; que en el
trayecto escucharon gritos y llanto de gente, y en la Comisaría vieron personas
tiradas en el piso, con los ojos vendados y atados de pies y manos, apilados
como leña, los que eran pateados y golpeados por los soldados; que ahí
paradas estaban dos camionetas F 100 del Ingenio estacionadas en la puerta de
la Comisaría, una blanca y una azul y un camión de la Dirección Provincial de
Vialidad con prisioneros; que a las 5 de la mañana lo liberaron y volvió a su
casa (fs. 4234).-
Por su parte, Norma Castillo relata que la noche del apagón su
casa fue allanada por las fuerzas de seguridad y al no encontrarla se presentó
en la policía de Calilegua, oportunidad en la que “cayeron dos vehículos”, un
auto y una camioneta de Ledesma, siendo subida en el auto y seguida por la
camioneta hasta la policía de Libertador: “Esa camioneta era de la empresa. La
camioneta era de la empresa. Tenía el logo de la empresa” (fs. 5361 vta.); “las
camionetas eran las de antes, pero tenían el logo, eran celestes, creo. Porque
USO OFICIAL

uno que vive en Calilegua las conoce, las camionetas con el logo son
comunes. Una camioneta de Ledesma en Calilegua, en Fraile, es común
porque la empresa trabaja en todas esas zonas. Es común ver camionetas de
Ledesma pero cuando fueron a buscarla llegó el auto y llegó la camioneta y
me subieron en el auto y me llevaron a la policía. A mí me enviaron a
Libertador. Yo puedo decir que vi la camioneta y vi el auto. Si me preguntan
en que me trasladaron después, ya no sé” (fs. 5365).-
Mario Martín Nuñez al constituirse como querellante afirma que
al día siguiente de la detención su madre se acercó a la comisaría en la que
encontró al subcomisario Vilte y a Jaig, y que ella pudo ver camiones y
trailers de la empresa Ledesma (fs. 5130).-
C) Responsabilidad de los imputados: Circunscribiéndonos a
los hechos puntuales que se imputan a Blaquier y a Lemos, cabe analizar y
concluir prima facie en los siguientes ítems:
C.1) De los elementos de convicción existentes en la causa, se
puede advertir que efectivamente existió un aporte de la empresa Ledesma no

117
solamente en la noche en que se verificaron las detenciones ilegales de autos
entre el 20 y 21 de julio de 1976; sino también –como se señalara en la
resolución del 23 de agosto de 2013 en el expte. 047/10- la noche del 24 de
marzo de 1976 y en días subsiguientes (como en el caso de Carlos Alberto
Melián); y que tal colaboración (aunque por otros motivos), se prestaba desde
la creación de la unidad de Gendarmería con asiento en Ledesma. En este
aspecto cabe destacar, que el gobierno de facto instalado en el poder a partir
de 1976, profundizó las operaciones ya ordenadas con anterioridad por el
gobierno constitucional, más precisamente en el año 1974.
Estas relaciones fueron señaladas por Mario Paz quien hace un
relato al respecto en el documental “Sol de Noche”, minuto 42 (declaración
que se valora como un indicio por su naturaleza) y que justamente siendo
relatada por una de las personas más influyentes de Ledesma al momento de
los hechos, es como mínimo un indicio que en forma concordante con otros
elementos de convicción arrimados a la causa, torna verosímil la denuncia de
las víctimas en relación al préstamo de camionetas y trailers por parte de
Ledesma para las detenciones ilegales.
Sobre el hecho puntual que nos ocupa, se puede advertir que por
la forma en que se brindó este apoyo logístico a las fuerzas de seguridad, es
razonable y lógico inferir prima facie (como lo hace el a quo), que existieron
contactos o solicitudes previas a tales fines, los que ineludiblemente debieron
tener lugar con directivos de la empresa, porque en el orden normal del
desenvolvimiento de una sociedad anónima (como la que corresponde al
Ingenio Ledesma) y dada la entidad de la colaboración requerida, debían
necesariamente ocurrir, ya que la labor de detención planificada y simultánea
en aquella noche y madrugada de julio de 1976 por parte de las fuerzas que la
encabezaron y desarrollaron, no pudo coordinarse sino con antelación. Es
decir, el uso de las camionetas y trailers de la empresa no pudo ser
sorpresivamente requerido y decidido el mismo 20 de julio y con el absoluto
desconocimiento de los responsables o administrador de la empresa.
Cabe remarcar que aquella noche del 20 y madrugada del 21 de
julio de 1976 se practicaron la mayor parte de las detenciones de las víctimas
de la presente causa, ya sea buscándolas en sus domicilios (Delicia Álvarez,
Hipólito Álvarez, Waldino Cordero, Eublogia Cordero de Garnica, Domingo
118
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CAMARA FEDERAL DE SALTA
Garnica, María Cortez, Luis Victor Escalante, Hilda Figueroa, Héctor
Narvaez, Enrique Nuñez, Mario Nuñez, Ana María Pérez, Salvador Cruz,
Román Patricio Rivero, Raúl Ramón Bartoletti, Rufino Lizárraga, Bernardino
Alfaro Vasco, Luis Alfaro Vasco y Jhonny Vargas Orozco) o por haberse
presentado voluntariamente a las dependencias policiales correspondientes a
sus domicilios o porque el personal policial requirió su comparecencia en las
seccionales de Calilegua o de Libertador General San Martín (Norma Castillo,
Germán Córdoba, Casiano Bache, Eduardo César Maldonado y Ernesto
Reynaldo Samán). Además debe tenerse en cuenta que en oportunidad de las
detenciones, se contó con el aporte de camionetas y trailers del Ingenio
Ledesma, como lo remarcan los testigos señalados en el apartado B.3).
Ya en la resolución emitida en la causa “Aredez” este Tribunal
destacó que el hecho que el personal de las fuerzas de seguridad y militar
hayan contado con vehículos de la empresa el mismo día del golpe de estado,
en principio, sólo se explica porque con anterioridad habrían existido
contactos o al menos un pedido puntual previo de aquéllos a directivos de la
USO OFICIAL

empresa. Y la misma conclusión cabe arribar en esta causa, en que varios


testigos han visto la presencia de vehículos del Ingenio en las detenciones que
tuvieron lugar en la denominada “noche del apagón”. Es que desde la sana
crítica racional, las normas de la expericencia y la lógica, resulta muy poco
creíble que estos rodados pertenencientes a una poderosa empresa con
relevancia nacional y provincial, hubiesen sido retirados sin ningún control,
sin ninguna constancia, sin ninguna protesta u otro indicio semejante, que
desvincule a los responsables del patrimonio societario o logístico de la
empresa.
Frente a la mera y simple negativa de los imputados, debe
señalarse que tamaño operativo (medido en relación a las circunstancias de
tiempo, modo y lugar), nunca podía pasar desapercibido para quienes allí
vivían o se desempeñaban, ni para los trabajadores ni encargados o
responsables de Ledesma, que -según se ha podido constatar- poseían su
propio servicio de informaciones, registros y demás documentación (propios
de una gran empresa que manejaba miles de personas y un patrimonio de

119
innegable envergadura), todo ello -además- conforme surge de la prueba
colectada en el allanamiento practicado por el juez instructor de esta causa el
26 de abril de 2012, constancias de fs. 1852 y cc., del expte. 047/10. Y
conviene recordar, no obstante la negativa constante al respecto, que Lemos
admitió a la Sra. de Arédez, en la entrevista que le consiguiera Abdala, que la
empresa efectivamente había puesto 40 móviles a disposición de las
autoridades que intervinieron en el golpe de Estado (según surgiría de las
constancias de fs. 2662 del expte. 047/10, de la declaración de Ricardo Aredez
ante el Tribunal Oral de Jujuy el 24 de agosto de 2012). Dicha versión, es
corroborada por Lara Virginia Sara Luz Abdala (fs. 2695 del expte.
“Aredez”), quien dijo que sus padres le contaron que Lemos habría admitido
que los directivos del Ingenio colaboraron con las fuerzas del orden
facilitándoles el uso de camionetas, lo que corrobora lo manifestado en las
declaraciones reseñadas precedentemente. En igual sentido, Teresa Adriana
Arédez manifiesta que el directivo de la empresa Mario Paz –quien hablaba
como si fuera dueño de la misma- expresó que sus directivos habían puesto
mucho dinero para realizar el golpe de estado de marzo de 1976 (fs. 2654 de la
causa “Aredez”).
Debe tenerse en cuenta que, conforme se ha resuelto en otras
tantas causas, de acuerdo a la metodología empleada por las FF.AA. en el
intento de preservar la impunidad de los delitos cometidos, se llevó a cabo la
destrucción de todo tipo de registros y documentación, -inclusive hasta la
destrucción por completo de centros clandestinos de detención-, justamente
para dificultar la investigación y juzgamiento de los perpetradores (ver en tal
sentido el reciente fallo de la Cámara Federal de San Martín de fecha 23 de
octubre de 2013, en la causa 10.619 (CFSM 868/2013) “legajo de apelación
del procesamiento del 20 de mayo de 2013”). Por tal motivo, todo tipo de
prueba obtenida bajo las prescripciones de nuestras normas procesales resulta
de vital importancia para reconstruir la verdad, que es el único norte que debe
fijarse esta investigación.
Para ello, los testimonios de los detenidos en esos centros junto
con los legajos de la CONADEP resultan en varias oportunidades prueba
fundamental para reconstruir los hechos y muchas veces para sustentar la
imputación (CNFC y C., Sala I, 26-4-2012, “Nerone, Rolando Oscar”, L.L.
120
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online, cita AR/JUR/12764/2012). Por ello, resulta de importancia la
declaración brindada por las personas que han sido detenidas en forma
ilegítima. En el caso bajo análisis, estos indicios, pruebas testimoniales y
documental, resultan concordantes y coherentes en el sentido de la existencia e
intervención de las camionetas y otros vehículos de la empresa Ledesma
SAAII, en las detenciones ocurridas entre los días 20 y 21 de julio para las
operaciones realizadas en las citadas localidades que es para lo que la
colaboración resultaba indispensable. Más ello no puede llevar a
responsabilizar a tales imputados por todas las detenciones que hayan existido
en otras oportunidades, ya que, prima facie, sería una forma excesiva o
irrazonable de extender la relación causal del aporte realizado por la empresa,
y no sería prudente ampliarlo con respecto a otros hechos en los que no se
constató la presencia de los vehículos del Ingenio u otra circunstancia que
comprometa su responsabilidad.
C.2) Se encuentra también “prima facie” acreditada la
cooperación mutua y buena relación existente entre la empresa Ledesma y
USO OFICIAL

Gendarmería Nacional.
Al respecto, cabe señalar que, como lo reconoció el imputado
Lemos en su declaración indagatoria en fecha 07-09-2012 (fs. 4268/4275) la
sección Ledesma de Gendarmería Nacional se creó en el año 1966 por decreto
del entonces Presidente doctor Illia para controlar los pasos fronterizos y los
movimientos migratorios entre los meses de marzo a diciembre de todos los
ingenios de Salta y Jujuy; y que la empresa Ledesma facilitaba inmueble,
medios de movilidad, cupos de nafta y demás medios para la creación y
sostenimiento posterior de esa seccional de Gendarmería. Agregó que ello se
mantenía hasta la fecha de su declaración. Algo similar se expresa en la
presentación realizada por la defensa de Pedro Tadeo Blaquier y Alberto
Enrique Lemos, de fecha 8 de noviembre de 2012, en donde se aclara que la
colaboración de la empresa con Gendarmería Nacional fue institucional, lo
que se desprende del informe de dicha fuerza, en el que se alude a la carencia
de registros que documenten la realización de operativos de detención o
traslado utilizando vehículos de Ledesma S.A.; que las camionetas que la

121
empresa puso a disposición de la Sección Ledesma de Gendarmería Nacional
desde el año 1966 fue en cumplimiento de la finalidad normativa del decreto
2379/66. Se trata del Decreto presidencial 2379/66 que dispone la creación de
la Seccional Ledesma de Gendarmería Nacional, y en donde se consigna el
compromiso de Ledesma S.A..-
En igual sentido, a fs. 2906 la citada fuerza informa que surge de
sus antecedentes el vínculo con Ledesma a tenor del convenio firmado el 19-
6-1979 entre Blaquier y Bussi, como director nacional de Gendarmería, por el
cual se entregó a la institución como donación un automóvil Ford Falcon 1975
y una camoneta pick up Ford, doble cabina, modelo 1972, mil litros de nafta,
lubricantes para su funcionamiento y $ 200.000 por mes para gastos de librería
y limpieza y cuatro viviendas para el personal de la fuerza. Como
contraprestación Gendarmería tenía la responsabilidad de la protección física
de las instalaciones (custodia de caudales y seguridad en la pista de aterrizaje
en Calilegua), en la actualidad (octubre de 2012) no existe ningún vínculo. No
obran antecedentes relacionados con la reglamentación del decreto 2379/66,
“no existen antecedentes en los archivos de la Fuerza, que durante el periodo
que va desde 1975 a 1983, la empresa Ledesma, haya aportado personal y/o
vehículos para el traslado de personas detenidas”.
Coincidentemente, Luis Ángel Saboredo, Comandante Mayor
retirado de Gendarmería Nacional; declara que era oficial de inteligencia a la
fecha de los hechos y que estuvo en febrero del 75 en el Escuadrón Orán
hasta mayo o junio de 1976; dice que Ledesma daba combustible para el
Escuadrón pero era una donación que le hacía a la Gendarmería y le ponía un
vehículo para que el Oficial que estaba en Ledesma le haga la recorrida de
seguridad del Ingenio (fs 4400). Así también, Horacio Antonio Santander
retirado de Gendarmería, quien prestó servicios en el Escuadrón Orán en
1976 como mecánico motorista de la unidad y oficial conductor, manifestó
que Ledesma facilitaba vehículos para operaciones porque la Sección
Ledesma no tenía vehículos, tenían una camioneta Ford aunque declara que
nunca vio que la utilizaran para trasladar detenidos (fs. 4411).-
C.3) Conforme surge de procesos análogos que se sustancian en
todo el país, cabe advertir que la mecánica fue igual en la mayoría de las
causas, con lo que cabe suponer que existieron contactos y solicitudes previas
122
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CAMARA FEDERAL DE SALTA
con directivos de la empresa para confeccionar el listado de las personas que
iban a ser detenidas, ubicar sus domicilios, el horario, el personal y los
móviles que se utilizarían para tales fines.
Difícilmente se pueda afirmar –como ya se señaló- que la
empresa no haya tenido conocimiento de las detenciones que se estaban
produciendo en tan pequeñas y cercanas localidades y que no se haya visto,
por lo menos, beneficiada de esta situación a todas luces anormal; ya que se
liberó de la presencia sindical en el establecimiento y ahuyentó la posibilidad
de reclamo alguno de los empleados frente al temor de correr la misma
suerte.-
Y es que a pesar de que durante la instrucción pretendieron
asumir una posición de terceros ajenos a los hechos que acontecían en el lugar,
aportando testigos que no escucharon ni vieron nada las noches de las
detenciones frente a un despliegue que no pasó desapercibido para ningún
habitante del lugar, por la cantidad de vehículos circulando, disparos, gritos y
demás circunstancias que acontecieron en comunidades tan pequeñas, no se ha
USO OFICIAL

podido desvirtuar la prueba que prima facie acredita la ayuda prestada a las
fuerzas de seguridad las noches en cuestión, facilitación de vehículos de la
empresa, y que resultan suficientes en esta etapa procesal para considerar la
probabilidad de que ello haya ocurrido .-
C.4) Ya se destacó que, tanto en ésta como en otras causas en las
que se investigan violaciones a los derechos humanos, existe la enorme
dificultad de obtener constancias documentales acerca de los procedimientos
llevados a cabo por distintas fuerzas de seguridad, las que operaban bajo un
manto de impunidad que les permitía el ocultamiento y el encubrimiento de
las conductas ilegales reprochadas, precisamente con el objeto de impedir
intencionadamente el descubrimiento de la verdad u obstaculizar cualquier
proceso de información tendiente a su dilucidación (CFed. Apelaciones Salta,
03-10, Expte. n° 490/09, “Ignatti, Duilio y otros s/denuncia, secuestro y
desaparición forzada de Manuel Medina Ortiz”). Por tal motivo, resulta muy
difícil que se hayan dejado constancias escritas vinculadas con las operaciones
en cuestión.

123
En sentido coincidente, la Sala I de la Cámara Federal de San
Martín ha señalado que en esta clase de hechos se ha visto dificultado el
acceso a los elementos de prueba, no sólo por el tiempo transcurrido desde que
acontecieron, sino también porque para su concreción se utilizó una
determinada metodología, que tuvo como particularidad su desarrollo en la
más absoluta impunidad, toda vez que –en su mayoría- los procedimientos se
llevaban a cabo en horas de la noche, procurando el aislamiento del lugar
donde se cometían, mediante la participación de individuos que dificultaban
por cualquier modo su identificación. Además, se procuró el ocultamiento de
toda evidencia documentada, lo que significó la destrucción de la mayor parte
de las piezas documentales que hubiesen permitido facilitar la acreditación de
la ocurrencia de los hechos. Por tal motivo, la declaración testimonial es un
medio de prueba que se privilegia frente a modos particulares de ejecución en
los que deliberadamente se borran las huellas, o bien se trata de delitos que no
dejen rastros de perpetración, o se cometan al amparo de la privacidad
(CFed.San Martín, Sala I, 23-10-2013, causa 10.610 CFSN 868/2013/CAI-
“legajo de apelación del procesamiento del 20-5-2013).-
Resulta interesante mencionar al respecto, que la Corte
Interamericana de Derechos Humanos al fallar en el caso “Velásquez
Rodríguez”, sentencia del 29-7-08, expresó que “la práctica de los tribunales
internacionales e internos demuestra que la prueba directa, ya sea testimonial
o documental, no es la única que puede legítimamente considerarse para
fundar la sentencia. La prueba circunstancial, los indicios y las presunciones
pueden utilizarse, siempre que de ellos puedan inferirse conclusiones
consistentes sobre los hechos. La prueba indiciaria o presuntiva resulta de
especial importancia cuando se trata de denuncias sobre la desaparición, ya
que esta forma de represión se caracteriza por procurar la supresión de todo
elemento que permita comprobar el secuestro, el paradero y la suerte de las
víctimas” (consid. 130-131).
Debe tenerse en cuenta que –conforme ya se destacó- los relatos
de los testigos que pudieron ver la presencia de los vehículos de la empresa
Ledesma en oportunidad de realizarse las detenciones son coincidentes; y no
se advierte en ellos una intencionalidad de falsear la verdad. Por el contrario,
como ocurre con el testigo Walter Hugo Juárez, distingue lo ocurrido en una
124
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CAMARA FEDERAL DE SALTA
primera detención (en que se utilizó vehículo policial) de lo acontecido en una
segunda (en que también había camionetas del Ingenio), circunstancia que
evidencia la objetividad de su relato, y que por tal motivo resulta creíble.
Otros testigos dicen que las personas que los detuvieron utilizaron vehículos
policiales, de Gendarmería o de la Municipalidad de Libertador General San
Martín. Todo ello demuestra, prima facie, que los testigos no habrían buscado
falsear la verdad, y sus declaraciones resultan importantes al menos para
acreditar la probabilidad requerida en esta etapa del proceso.
Esta Cámara ha sostenido que la procedencia de la prueba
testimonial como único sostén de la imputación “resulta válida para acreditar
la materialidad del injusto que se pretende elucidar, y debe ser tenida
especialmente en cuenta en atención a que la naturaleza propia de los ilícitos
constatados y el contexto histórico en el que se desenvolvieron, dificultan la
recolección de otro tipo de pruebas (como constancias documentales o
periciales), de modo que cualquier tipo de constancia vinculada al episodio
puede servir a los fines probatorios” (CFed. Apelaciones Salta, causa n°
USO OFICIAL

288/08, in re “Álvarez de Scurta, Dominga s/su desaparición”, sentencia del


31-10-08, entre otras). Mas, la valoración de este tipo de pruebas debe hacerse
en el marco de análisis propio de la sana crítica racional como regla contenida
en el plexo procesal vigente. Desde esta perspectiva, tomar en consideración
declaraciones testimoniales no significa hacerlo sin ningún tipo de control o
sin ningún tamiz valorativo que le asigne a cada testimonio el justo encuadre
probatorio que le corresponda, tarea que puede y debe ser realizada por los
magistrados de la causa al no existir pruebas tasadas u otras prerrogativas de
análisis que impongan pautas rígidas al juzgador, pudiendo éste, por el
contrario, arribar al grado de convicción que cada etapa del proceso exige en
base a la libre recolección de constancias de prueba, siempre que se haya
cumplido con los parámetros de legalidad pertinentes al momento de su
recepción en el proceso. Con claridad lo explica Cafferata Nores “El sistema
de la libre convicción o sana crítica racional establece la más plena libertad de
convencimiento de los jueces, pero exige que las conclusiones a que se llega
sean el fruto racional de las pruebas en que se apoye. (…) La libre convicción

125
se caracteriza, entonces, por la posibilidad de que el magistrado logre sus
conclusiones sobre los hechos de la causa valorando la prueba con total
libertad, pero respetando al hacerlo los principios de la recta razón, es decir,
las normas de la lógica, de la psicología y de la experiencia común” (en “La
prueba en el proceso penal”, Bs. As., Depalma, 1988, pág. 42). En conclusión,
nada impide tomar en consideración las versiones que como testimonios
brindados en distintas oportunidades se colectaron en la causa, más
corresponde valorarlas de acuerdo a las reglas propias de la sana crítica
racional a los efectos de otorgarles el justo valor que puedan caberles (CFed.
Apelaciones Salta, Expte. n° 289/08, “Velásquez, Humberto Telo s/ su
denuncia s/privación ilegítima de la libertad en perjuicio de Hugo Armando
Velásquez y Esmeralda Ramona Guerrero”.
Conforme se ha señalado, la fuerza probatoria de la prueba de
testigos está vinculada con la razón de sus dichos y, en particular, con las
explicaciones que pueden dar acerca del conocimiento de los hechos a través
de los que sus sentidos percibieron (Rep. E.D. 15-762, n° 6; CApel.CC. Salta,
Sala III, 17-2-99, Protocolo año 1999, pág. 42). La razón de los dichos de los
testigos tiene decisiva influencia en la apreciación del testimonio. Y la
circunstancia que hayan declarado en forma coincidente varios de ellos
constituye también un elemento importante que lleva a la convicción de que
dicen la verdad; más aún si dan suficientes razones de sus dichos, y éstos son
corroborados por las demás probanzas. En el caso, los testigos que vieron
vehículos de la Empresa Ledesma S.A. durante las operaciones que se
investigan, a más de ser coincidentes, varios de ellos, dan razón de sus dichos,
lo que permite creer en su veracidad, y su relato constituye prueba suficiente
para tener por acreditada tal circunstancia con el grado de probabilidad
exigido en esta etapa del proceso.
Debe tenerse en cuenta que la prueba testimonial debe tomarse
como formando parte de un todo y es deber del juzgador valorarla cotejándola
con el resto de los elementos del proceso (C1°Apel. Mar del Plata, 24-11-66,
L.L. 125-534). Es que las declaraciones testificales no son compartimentos
estancos, cuya apreciación pueda hacerse independientemente en cada caso,
sino que es menester conectar unas con otras dentro del esquema probatorio
general (C2°CivCom La Plata, Sala II, 7-6-68, L.L. 134-1055, 20.140-S). El
126
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CAMARA FEDERAL DE SALTA
material probatorio debe ser apreciado en su conjunto mediante la
concordancia o discordancia que ofrezcan los distintos elementos de
convicción arrimados al proceso, pues es la única manera de crear la certeza
moral necesaria para dictar sentencia (CNCiv., Sala E, 28-9-76, Rep.L.L.
XXXVII-1257, n° 41; CApel.CC. Salta, Sala III, 10-5-99, tomo año 1999,
pág. 262).
La defensa pone énfasis en el informe de Gendarmería Nacional
(fs. 2906). Pero este informe sólo se limita a señalar que no hay constancias en
sus registros de la circunstancia que informan, pero en ningún momento niega
que hayan participado vehículos del Ingenio en las operaciones que son objeto
de investigación. Por tal motivo, y sobre todo, frente a las declaraciones de
testigos que afirman haber visto vehículos de la Empresa Ledesma S.A.
durante tales operativos, no puede la defensa alegar que ese informe
constituye una prueba contundente en sentido contrario.
C.5) Cabe destacar que cobra mayor verosimilitud la versión
sostenida por el auto en grado, en el sentido de que los vehículos de la
USO OFICIAL

empresa eran necesarios para suplir o complementar el escaso o nulo parque


vehicular con el que contaban las seccionales para llevar a cabo la detención y
traslado de las personas, la nota firmada por el Jefe de la Policía de Jujuy,
Mayor Luis Donato Arenas, de fecha 21 de junio de 1976, dirigida al Sr. Juez
Federal, doctor Hugo Mezzena, en donde solicita el uso de camionetas
particulares secuestradas en procesos judiciales, petición que fundamenta en la
falta de medios de movilidad por parte de la Policía debido a la imperiosa
necesidad de poder lograr todos los objetivos en que se encuentran imbuidos
en la lucha contra la subversión (expte. 2566/74 caratulado “Colautti, Renato
y otros!, fs. 172).-
De las pruebas referenciadas, prima facie surge entonces que ni
Gendarmería Nacional ni la Policía Provincial de las localidades de Ledesma,
Calilegua y Libertador General San Martín, contaban con vehículos
suficientes para efectuar el mega operativo de la noche del 20 y 21 de julio de
1976. Al respecto, de las testimoniales de las víctimas o de sus familiares
surgen los vehículos que se habrían utilizado los días en cuestión ya fuera para

127
su detención o posterior traslado a Guerrero. Y, en principio se advierte
sinceridad en las declaraciones de estos testigos, ya que cada uno precisa con
total espontaneidad las instituciones a las que pertenecían los vehículos
(Policía, Gendarmería, Municipalidad, etc.). Así, Delicia Álvarez menciona
patrullero de la Policía; Norma Castillo un auto; Alfonso Cordero una
camioneta y un furgón policial; Eublogia Cordero un celular; María Cortez
una camioneta y luego un camión; Escalante una camioneta; Lizárraga
camioneta de la Policía de la Provincia; Hector Narvaez y Ángela Córdoba
refieren la presencia de un camión volcador de la Municipalidad; Enrique
Nuñez un auto y un furgón; Ana María Perez furgón de la Policía; Román
Rivero patrullero y un camión del Ejército.-,
Pero también hay otros testigos que, prima facie, con igual
sinceridad y espontaneidad han señalado la presencia de vehículos de la
empresa en oportunidad de sus detenciones y otras testimoniales que destacan
la cantidad inusitada de camionetas y trailers del Ingenio en las detenciones,
que permiten inferir que no habría participado solamente el personal de las
fuerzas de seguridad con sus propios automóviles, sino que también se
necesitaron vehículos municipales y efectivamente el Ingenio Ledesma
colaboró con sus propios vehículos a dichos fines, a petición de los agentes del
Estado. Frente a tal situación, es lógico suponer que se informó el motivo para
el que se los necesitaba (operativo de detención de gremialistas o personas que
consideraban subversivos), y que el préstamo ha sido realizado con total
libertad.-
Otra cuestión a destacar es que gran parte de las detenciones, y en
particular las de las personas que vieron en tal oportunidad los vehículos de la
Empresa Ledesma, tuvieron lugar las noches del 20 y madrugada del 21 de
julio de 1976. En este aspecto debe tenerse en cuenta que la defensa dice en la
expresión de agravios que los detenidos no superaron las 40 personas; sin
embargo, el testigo Lizárraga dice que solamente en la comisaría del Pueblo
Ledesma estaban detenidas cerca de 30 personas (fs. 812/815 de la causa Nº
195/09, caratulada “Fiscal Federal Nº 1 – Solicita Acumulación [Burgos, Luis
y otros]”- y que recibió el número 89); el testigo Casiano Bache refiere que
desde el RIM 20 lo llevaron a Guerrero junto a otras 100 personas
(fs.4351/4353 de la misma causa); Eublogia Cordero de Garnica afirma que
128
Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
desde la Policía del Ingenio Ledesma la llevaron a un lugar donde había 5
trailers de la Empresa Ledesma “lleno de gente” (fs. 319/321 del Expte. Nº
404/05 caratulado “Garnica, Domingo Horacio y Garnica, Miguel Ángel s/su
desaparición”). Es decir, se realizaron muchos procedimientos en estos días
(especialmente los del 20 al 21 de julio), lo que permite inferir, por la
extraordinaria envergadura de las operaciones, la necesidad de que las fuerzas
de seguridad contaran con mayor cantidad de vehículos que los que tenían
para las tareas habituales.
A las consideraciones efectuadas en el párrafo anterior y las
detalladas por diferentes testimoniales en el apartado B.3), cabe agregar como
indicio en contra de los imputados la declaración efectuada por Humberto
Filemón Campos quien denuncia haber trabajado a partir del año 1974 en el
departamento de personal del Ingenio de Ledesma, en la oficina de personal,
siendo su jefe Camargo; que se encargaba de los archivos de los legajos del
personal de la empresa; que Camargo le proveía de una lista con nombres de
sindicalistas y de todo activista que había pertenecido al plantel de la
USO OFICIAL

Empresa; “se hacía una selección de personal y se le colocaba una cinta roja y
eso iba a un armario especial que tenía el Sr. Camargo” y el declarante debía
buscar sus legajos personales y ponerles una cinta roja; que mientras trabajaba
ahí veía que había personal de Gendarmería, Fuerza Aérea y Policía Federal
que andaban por la planta del Ingenio, controlaban todo y seguramente tenían
acceso a dicha información. Lo que a él le consta es que Camargo recibió
órdenes directas de Lemos para hacer eso porque no había otra persona por
encima de Camargo más que el mencionado.
En igual sentido, Ernesto Samán, en oportunidad de relatar los
hechos acontecidos en su primera detención, manifiesta que el 24 de junio de
1976 mientras se encontraba trabajando en la Empresa Ledesma SA recibió
una comunicación de su jefe de sección que debía presentarse en la oficina de
personal en forma inmediata y sin la correspondiente autorización para salir de
la fábrica; que mientras se dirigía a la oficina de personal y antes de salir de la
fábrica, dos personas vestidas de civil lo apoyaron contra la pared y con las
manos en alto fue requisado de armas y luego a empellones lo obligaron subir

129
a un auto marca chevy color verde; que lo llevaron a la Seccional 24 del
Ingenio, donde estuvo 15 minutos, lo subieron de vuelta al auto y lo llevaron
hasta su casa con apoyo de una camioneta policial Dodge con policías
uniformados que llevaban armas largas; que requisaron su domicilio y robaron
algunos bienes de valor y lo llevaron a la Seccional 11 de Libertador General
San Martín donde fue golpeado en el estómago y lo acusaban de guerrillero;
que estuvo allí como 10 minutos, lo subieron de vuelta al auto y lo llevaron a
las casas de su suegra y de su madre, donde también robaron otros bienes
luego de efectuar una requisa; finalmente lo llevaron a la Seccional 9 de San
Pedro y luego a la Central de Policía, en donde pudo ver a Walter Hugo
Juarez, Luis y Oscar Alfaro Vasco, Raúl Bartoletti y su novia Letizia; que fue
interrogado por Vilte y Jaig; que el tercer día fue entrevistado por el Capitán
Jones Tamayo quien le efectuó numerosas preguntas del tiempo en que era
estudiante en Tucumán; que fue golpeado en esa detención y el séptimo día
fue dejado en libertad. Al día siguiente regresa al trabajo en el Ingenio donde
ve a las dos personas que lo detuvieron que estaban charlando con el jefe de
relaciones públicas Oscar Peverelli y su secretaria Romero de López; que al
verlo el jefe le preguntó que hacía ahí y le contestó que tenía la constancia de
la policía que había estado detenido por averiguación de antecedentes y el otro
hombre le mostró un arma.
También Walter Hugo Juárez, con 20 años de edad a la fecha de
los hechos, declaró que la primera vez fue detenido en oportunidad de que un
jefe o supervisor de la empresa Ledesma le ordenó salir afuera de su trabajo,
donde es detenido con otras personas (Bartoletti, los hermanos Alfaro, Ernesto
Samán) por la Policía de la provincia el día 24 de junio de 1976 y lo trasladan
a San Salvador de Jujuy; que fue interrogado por John o Johnnes, unos
policías Vilte y Jaig (fs. 4300 de estas actuaciones).-
Por su parte, Dardo Eulogio Morales relata que en julio del año
1975 trabajaba en la fábrica del Ingenio como operador de evaporación y
estaba afiliado al sindicato de obreros de Ledesma, era época de zafra y estaba
cumpliento su turno de trabajo de hs. 21 a 5 de la mañana y que a eso de las 3
entraron al Ingenio un grupo de policías y luego de identificarlo le dijeron que
su papá había tenido un accidente y que los acompañaran que él les dijo que
no podía ser porque su papá no trabajaba de noche y que el comisario Jaig le
130
Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
puso una pistola en el cuello y le dijo “vamos” y lo sacaron de ahí en un
furgón blanco; que en diciembre de 1976 mientras estaba detenido en Villa
Gorriti, en una requisa Jaig le dijo “¿viste lo que te pasó por hacerle huelga a
Ledesma?” (fs. 4926).-
Raúl Tapia declara ante la Secretaría de Derechos Humanos de la
Nación -Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos de la Nación-
que trabajaba en el Ingenio y que fue detenido el 1º de abril, llevado a
Guerrero, refiere a los hechos de torturas padecidos en ese centro, y luego lo
trasladan a Jujuy; dice que Mario Paz y Lemos eran cómplices con el
Ejército; que estando en Jujuy le sacaron la venda y pudo ver que lo habían
trasladado en una camioneta de la empresa Ledesma. Y que en el camino uno
de los Ortiz hablaba por radio con Mario Paz avisándole que se quedara
tranquilo que Tapia ya iba para el penal, y que cuando lo bajan de la
camioneta alcanzó a ver la identificación de un cabo de apellido Sandoval.
Que al ser liberado tanto el declarante como su padre perdieron el trabajo en
Ledesma, y que el motivo de su detención fue que él había contactado al
USO OFICIAL

interventor del gremio del azúcar Sr. Giardulli y al diputado provincial Yaber
para exponerles todo lo que pasaba en el Ingenio: contaminación por
monóxido de carbono que tiraba la chimenea de la fábrica y también la quema
de la caña; el olor del almacenamiento del bagazo que tenía la papelera estaba
afectando a los niños y adultos de la zona; había descubierto que las básculas
que ponía Ledesma estaban armadas con un tope de un tarro de cemento por
debajo para que el peso siempre diera a favor de la empresa (fs. 2589 expte.
047/12). En su ratificatoria en sede judicial amplía su declaración haciendo
saber que mientras estuvo detenido en un lugar oscuro y encapuchado escuchó
que decían “este es el zurdo que le hizo el paro a la empresa por 15 días, de
esta cabeza nace el paro por tiempo indeterminado que sufrió Ledesma, es esta
porquería, el Gordo Saracho y Mario Ernesto Ricci… y por culpa de esta
porquería el Ingenio tuvo que tirar toneladas de caña de azúcar”, lo que le
sorprendió porque era cierto y refiere los hechos acaecidos entre junio y julio
de 1975. Recuerda que cuanto estaba en medio del interrogatorio sintió una
voz de mando que decía “a este zurdo colgalo”, y momentos después le

131
colocan una soga en el pie izquierdo y lo cuelgan cabeza abajo desde la rama
de un árbol, le sacan la capucha y siente un puntapíe en la nuca (en ese acto el
testigo exhibe las secuelas de las lesiones), y se desvaneció; que le pusieron
alcohol y uno de los militares le dijo si iba a hablar y el contestó que sí, en ese
instante pudo escuchar desde una radio de una camioneta que estaba
estacionada cerca que tenía el logo de la empresa Ledesma que preguntaban si
el declarante estaba allí a lo que sus captores respondieron que sí y agregaron
“no te preocupes Mario que este canta ahora…”; refiere al interrogatorio sobre
conversaciones que había tenido con Aredez, Patriniani y Weisz lo que
denotaba que había sido seguido e investigado por servicios de inteligencia,
fuera y dentro de la empresa. Refiere a que su madre se entrevistó con el señor
Valera, secretario de Mario Paz, quien le dijo “mire señora Elba… su hijo
Raúl le mordió la mano a quien le dá de comer”, lo decía por Pedro Blaquier y
que le comentó que el jefe de policía se había reunido al menos tres veces con
los directivos en la sala de Calilegua para planificar la detención del
declarante, y que Valera le dijo “esto se lo comento a Ud. pero no abra la boca
hasta el final de sus días”. Por otra parte, explicita que fue llevado en la
camioneta de la empresa porque escuchaba la radio de la empresa, que cuando
lo bajaron del árbol pudo ver la camioneta con la puerta abierta, y escuchar el
diálogo, y que el dicente conocía la camioneta pues todo el trabajo lo hacía en
esos vehículos, que se trataba todas de camionetas Ford; que la camioneta en
la que fue trasladado era una Ford F 100 de color celeste o azulino sin cúpula
que tenía en las puertas izquierda y derecha un logo de la empresa que
consistía en un círculo que adentro tenía una letra L mayúscula (hace el
bosquejo del logo) que todas las camionetas tenían una antena de radio; que
los hospitales usaban ambulancia; que antes del golpe Gendarmería andaba en
sus propios vehículos y después andaban en camionetas de la empresa (fs.
2827 y 2836 del expte. 47/12).-
Por su parte, es preciso recordar que el Brigadier Álvarez
trabajaba en Ledesma como director de relaciones públicas. Al respecto, es de
destacar que, conforme lo refiere el juez instructor, fue Miembro de la Junta
Militar que puso a Juan Carlos Onganía en la dirección del Gobierno en el año
1966 (conforme exordio del Acta de la Revolución Argentina de 28/06/1966).
Hugo José Condorí refiere que en una de las veces en que se entrevistó con él,
132
Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
le dijo “Ledesma es una empresa de interés nacional… y por lo tanto nosotros
no vamos a permitir que le hagan daño alguno, yo te aconsejo a vos y por el
bien de tu familia apartate de este grupo” se referia a Weisz; Patrigniani y
Aredes (fs. 33 del Habeas Data). A fs. 3965 de estas actuaciones comentó que
de reuniones mantenidas con el Brigadier y Aredez le causó sorpresa el rango
que había tenido militarmente y “luego verlo en una fábrica de azúcar era
medio que no pegaba el tema, no lo veía compatible”.
Por su parte, en el legajo laboral de Miguel Ángel Garnica existe
una constancia de la que surge que “no fue tomado para la presente zafra en
razon de ser considerado (NI)- Se trata del hijo del obrero Donato Agustín
Garnica –aserradero Calilegua- quien se encuentra preso desde el año pasado
por haber sido sorprendido con material de corte subversivo (activista)”.-
Así también, existe una constancia documental del 18 de
noviembre de 1975 por la que se informa que Román Rivero juntamente con
René Guitián se “prestan en horas laborales a hacer reuniones perturbando las
tareas diarias a los demás operarios, de carpintería y otros sectores” y debajo
USO OFICIAL

de dicha nota se puede leer “Estos dos operarios son considerados revoltosos
en el área maderas por lo que veríamos con agrado fueran eliminados de
nuestros planteles” (legajo reservado en Secretaría a nombre de Enrique
Nuñez)
C.6) Es decir, del análisis de todas las probanzas aportadas queda
acreditado con el grado de probabilidad requerido en esta etapa procesal, el
aporte de vehículos que fueron vistos para trasladar a los detenidos en el curso
del operativo en cuestión; y ello, porque la facilitación de estos automotores
tenía concordancia con la operación que se proponían llevar adelante las
fuerzas policiales y militares, conforme con la insuficiencia de vehículos
propios que exhibían dichas fuerzas de esa localidad. El aporte, entonces, se
concretó para lograr la privación de la libertad de las personas que han sido
detenidas la noche en cuestión, habiendo los ejecutores contado con los
vehículos necesarios a tales efectos.
En relación a los grados de participación que le cabe a un
imputado en el delito de que se trate, ha señalado la Corte Suprema de Justicia

133
de la Nación que para aceptar la coexistencia de los autores mediatos e
inmediatos, se ha recurrido a un concepto extensivo de autor, a la manera del
doctrinario alemán, Roxin, quien sostiene que es posible la coexistencia de
ambos autores cuando se trata de un obrar a través de un aparato organizado
de poder caracterizado por la fungibilidad del ejecutor, que no opera como una
persona individual sino como un engranaje mecánico. Este concepto de autor
es extensivo con relación a las figuras delictivas de homicidio, privación
ilegítima de la libertad, torturas y tormentos (que se imputaban en el caso), ya
que la ampliación de la participación en tales figuras sólo se puede realizar
conforme a la regla del art. 45 del Código Penal, que coloca al autor o autores
en el campo de la ejecución del hecho, y denomina cómplices a los que
realizan cualquier otra acción previa o concomitante fuera del marco de la
ejecución. Frente al criterio legal, que define a la autoría o la coautoría bajo la
exigencia de “tomar parte en la ejecución del hecho”, cualquier otra
intervención vinculada a la realización del delito importa una cooperación, un
auxilio o una ayuda. Y concretamente ha señalado que quienes brindaron los
medios materiales para realizar los hechos ilícitos son partícipes como
cooperadores necesarios, y no como autores en los términos del art. 45 del
Código Penal (CSJN, 30-12-1986, “Causa originariamente instruida por el
Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas en cumplimiento del decreto
158/83 del Poder Ejecutivo Nacional”, Fallos: 309:1689; LL 1987-A-535; JA
1987-I-315). Dice Zaffaroni (refiriéndose a los delicta propia o delitos de
propia mano) que en tales supuestos hay quien presta una cooperación
necesaria y no es considerado autor; que son los casos en que la cooperación
se presta “al autor” y no “al hecho” (Zaffaroni, Eugenio Raúl: “Tratado de
Derecho Penal. Parte General”, Buenos Aires, Ediar, tomo IV, 1999, pág.
347).
Dentro de ese orden de ideas, se considera que los imputados en
autos son “partícipes o cómplices” ya que tal calidad se atribuye a quienes
contribuyen culpablemente en la producción del delito sin realizar la acción
típica y sin ser punibles como autores; participar es ejecutar una acción que
constituye una contribución a producir el hecho delictivo que ejecuta el autor,
no bastando un mero conocimiento del hecho (Fontán Balestra, Carlos;

134
Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
“Derecho Penal, Introducción y Parte General”, actualizado por Guillermo A.
C. Ledesma, Buenos Aires, LexisNexis, 2002, pág. 404).-
También cabe concluir provisoriamente que existía conocimiento
y voluntad de que ese aporte estaba destinado a privar de la libertad o trasladar
a las personas detenidas, y que a tal fin, se utilizaron tales vehículos. Y ello
porque la facilitación de esos automotores guarda relación con esa finalidad
que iban a llevar a cabo las fuerzas de seguridad y militares, por lo que resulta
acertada la resolución en grado en cuanto procesa a Blaquier y Lemos como
partícipes por el delito de privación ilegítima de la libertad de las personas que
se individualizarán luego.
Como se destacó en el fallo en la causa “Aredez”, colaborar con
el préstamo de vehículos en el desenvolvimiento del golpe del Estado del
mismo modo que lo hicieron otras empresas en el país en idéntica fecha, con
el común denominador de que en todos los casos tales vehículos se usaron
para privar de la libertad a personas de forma ilegal y violenta, permite inferir
el dolo de participar en tales actos, los cuales debían considerarse ex ante
USO OFICIAL

como acciones manifiestamente contrarias a la ley, lo que demostraría prima


facie la conciencia de la ilicitud del préstamo. Y con mayor razón ello resulta
aplicable a las detenciones que se investigan en la presente causa, siendo que
ellas han tenido lugar tres meses después de las producidas el día 24 de marzo
de 1976, y es de suponer que los imputados conocían lo que había ocurrido
con anterioridad y las detenciones que se iban a realizar la noche en cuestión.-
Dada la naturaleza de la colaboración requerida resulta verosímil
suponer que las órdenes venían de Blaquier, ya que como Presidente del
Directorio de Ledesma S.A. (según informe de la Comisión Nacional de
Valores de fs. 1484/1486 del expte. de Aredez) es quien debía atender este
tipo de cuestiones, teniendo en cuenta que, de conformidad al art. 268 de la
ley de sociedades 19.550 es el representante de la sociedad anónima. Pero,
cabe señalar que la responsabilidad que se le atribuye a Blaquier no se funda
solamente en la circunstancia de ser el presidente de la empresa Ledesma, sino
que existen suficientes indicios y constancias en la causa que permiten
advertir su intervención personal en la facilitación de los vehículos de la

135
empresa que se utilizaron para ejecutar los hechos por los que se lo
responsabiliza. A tales efectos, téngase en cuenta que Adriana Aredez refiere
que Rubén Abdala le propuso a su padre “en nombre de Blaquier” que eligiera
el lugar en el país y que se fuera de Ledesma; que el imputado estuvo
involucrado activamente desde el momento en que asumió la presidencia en el
año 1970, “desmonopolizando las actividades que llevaba a cabo la empresa”
y decidiendo la construcción de casas en las ciudades adyacentes (declaración
de Mariano Gil). Esto es corroborado aún más con la declaración de Raúl
Tapia sobre los dichos de su madre respecto a que las órdenes sobre su
detención “venían de más arriba, del Dr. Blaquier” (fs. 2827). Por su parte,
Melitón Vázquez refiere que Carlos Blaquier le pide una reunión después que
ganó las elecciones en el sindicato en el 73, quien le dijo que había que cuidar
a la empresa, le mostró todos los problemas que había y le pidió que pensara
distinto; que él le hizo saber que los problemas más grandes que habían con el
Ingenio eran el incumplimiento de leyes y convenios; le hizo saber que un
trabajador que sale a las 6 o 7 de la mañana tiene que tener desayuno para
comer, lo mismo cuando vuelve a las 12; tiene que saber que a la noche tiene
que dormir con tranquilidad con el estómago lleno, cuando se levante tiene
que saber que va a volver a trabajar y que la empresa no lo va a votar, que el
hijo del trabajador tiene que terminar una primaria y secundaria y que así van
a apoyar a que Pedro Carlos tenga muchas más empresas “pero de esa que
usted me habla de vaca lechera no puede ser que uno tome con jarrones y otro
con cuenta gotas”; también comenta que cuando volvió del exilio en el 87
Lemos le dijo que Blaquier lo quería ver y que se entrevistó por segunda vez
(fs. 5091). Por su parte, Blaquier, en el carácter de Presidente de la empresa,
firmó el convenio de mutua cooperación con Antonio Domingo Bussi en el
año 1979 (fs. 2910/2912).-
Las pruebas citadas, indican prima facie que Blaquier tenía
conocimiento y control sobre la totalidad de las cuestiones atinentes a la
empresa. El hecho de que viviera en Buenos Aires y la necesaria delegación
de funciones que se habría dado en el desenvolvimiento de la empresa
Ledesma, no demuestran por sí mismas que su presidente haya estado al
margen de estas decisiones, sino y por el contrario al tanto de las mismas
sobre el préstamo de los vehículos y de las detenciones que ocurrían en una
136
Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
localidad en la que la actividad socio económica giraba en torno a la empresa
que él dirigía. A tales efectos, téngase en cuenta que según relata Lemos,
Ledesma era una empresa muy importante con un presupuesto tan grande
como el de la Provincia de Jujuy; y que los bienes de la empresa solo se
prestaban con autorización del Directorio, ya que él como Administrador no
tenía facultades ni libre disposición sobre esos bienes (declaración indagatoria
de Alberto Lemos a fs. 2722).
Y a su vez, esas directivas tienen que haber sido ejecutadas por el
Administrador General de la empresa, cargo que detentaba Lemos, tal como
surge de lo declarado por éste en su presentación a fs. 1985 del expte. de
Aredez. Y si bien es cierto que este último también figura en el citado informe
de la Comisión Nacional de Valores como director de la empresa, no puede
responsabilizárselo como partícipe primario siendo que no se ha acreditado
que exista una decisión del Directorio, en la que él también participara, que
haya dado o avalado la orden de brindar el apoyo en cuestión.
Por todo lo expuesto, resulta acertada la resolución en grado en
USO OFICIAL

cuanto considera que la participación de Blaquier ha sido necesaria (art. 45


Código Penal) porque, prima facie, habría sido quien dispuso la facilitación de
los vehículos; y secundaria la de Lemos (Art. 46 del mismo Código), cuya
actuación, en principio, habría sido la de ejecutar esa decisión de prestar la
colaboración requerida, con el conocimiento del alcance de su acto y la
naturaleza ilegal para lo que se requerían los vehículos.
Es que conforme se dijo en el antecedente “Aredez”,
razonablemente se puede interpretar, entonces, que las fuerzas que operaron
aquella madrugada y días posteriores, contaron con la autorización dada,
prima facie, para el uso de vehículos de la empresa y que tal asentimiento fue
prestado por el Presidente del Directorio (Blaquier) y ejecutada por su
Administrador General (Lemos), ya que tratándose de una empresa de la
envergadura y grado de organización que poseía Ledesma, era imposible
disponer de sus vehículos y apoyo logístico, sin instrucciones o aquiescencia
del Presidente del Directorio. Pero además, porque ninguna constancia de
requisa o medida similar que hubieran realizado las fuerzas del orden quedó

137
registrada. Ninguna denuncia se levantó en contra del uso no autorizado del
material consignado; ninguna sanción se impuso a quienes teniendo bajo su
esfera de custodia los rodados, los prestaron para aquella operación; ninguna
denuncia se interpuso ante el Juez Federal de la época; ningún acta de requisa
de parte de las fuerzas intervinientes. En suma, dando por sentado (en el grado
de probabilidad exigido para esta etapa procesal) que existió tal colaboración
consentida de parte de la empresa, nada desmiente provisoriamente la
imputación que se formula en cuanto que los vehículos fueron entregados
voluntariamente.
Respecto del agravio de que se debe probar el dolo de los
imputados, puesto que no es verdad que ellos supieran de los secuestros, este
agravio queda prima facie desvirtuado por los elementos ya reseñados, y en
particular porque desde el día 24 de marzo ya se habían efectuado detenciones
contando con vehículos de la empresa Ledesma, circunstancias que por su
envergadura y por haber ocurrido en una localidad pequeña no podían haber
pasado desapercibidas por directivos de la empresa, sobre todo, siendo que en
esos hechos también se vieron vehículos de la empresa Ledesma (ver causa
“Aredez”).-
Prima facie, entonces, se puede sostener con el grado de
probabilidad requerido para esta instancia, que Blaquier y Lemos en el mes de
julio, en oportunidad de los hechos que se investigan en esta causa, ya sabían
para qué se usaron las camionetas solicitadas anteriormente, toda vez que
siendo Ledesma un pueblo chico, es posible inferir que una vez producidas las
detenciones nocturnas la noticia se difundió y los imputados conocieron para
qué fin fueron usadas. Y no obstante ello, continuaron con préstamos de
vehículos para otras diligencias. Debe tenerse presente que en el delito de
privación ilegítima de la libertad, por tratarse de un delito continuado, ello trae
como consecuencia que a los participantes en cualquier tramo de la ejecución
del hecho se los considere responsables.-
Respecto de los visos de legalidad de la actuación de las fuerzas
de seguridad, que las defensas señalan que existieron, cabe considerar que
tales visos no habrían existido atento a que las camionetas se habrían utilizado
en procedimientos realizados en horarios inusitados (altas horas de la noche o
en la madrugada), contra personas que no estaban cometiendo delitos
138
Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
flagrantes sino que estaban descansando, que no fueron imputadas de delito
alguno, y respecto de las cuales no se exhibió orden judicial alguna para su
detención.
A esto se suma que a los familiares no se les dio información
alguna del por qué de los procedimientos y que esta situación se mantuvo a lo
largo de los días sin mayores variaciones, todo lo que permitía inferir que se
trataba de detenciones ilegales. Tales detenciones se iban conociendo en el
pueblo a partir de los relatos de los familiares de las víctimas que las sufrieron
y cabe suponer, por la infraestructura de seguridad con que contaba la empresa
Ledesma, y porque desde el 24 de marzo ya se habían practicado detenciones
con vehículos de la misma, que tanto Lemos como Blaquier sabían de esas
acciones a poco de haberse realizado (no sólo por fuentes de la población sino
también por fuentes de quienes perpetraron las detenciones y por fuentes
propias de la empresa).
Dice la defensa que no se encuentra acreditado el aporte posterior
ni el dolo a tal fin. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que además de que los
USO OFICIAL

ejecutores ya contaban con los vehículos el día 24 de marzo en que se


produjeron las primeras detenciones (lo que según ya se relató permite inferir
la existencia de contactos anteriores), los imputados siguieron prestando las
camionetas, lo que se advierte de lo relatado por Melián quien dijo que su
traslado de la comisaría al Penal se hizo en una camioneta del Ingenio a
mediados de abril de 1976, y del relato de Tapia, quien, cuando estaba siendo
torturado, vio una camioneta de la empresa, escuchaba la radio del Ingenio en
la camioneta e incluso escuchó un diálogo de los torturadores con un tal Mario
a través de tal radio. Pero, sobre todo, y no obstante todos esos antecedentes,
también facilitaron los vehículos en oportunidad de las detenciones de las
víctimas que se investigan en esta causa. Con relación a estos últimos hechos,
el dolo requerido para el grado de imputación alcanzado, se bastaba con el
conocimiento de que se contribuía (aunque lo fuera parcialmente) al accionar
clandestino (por ende ilegal) de las fuerzas del golpe de estado, que, como ya
se ha destacado, se inició aquél 24 de marzo de 1976 (en que también
participaron vehículos de la empresa Ledesma en las detenciones ocurridas en

139
esa fecha); que dicho aporte en el lugar en que se desarrollaron los hechos
resultaba lo suficientemente importante para que estos delitos se cometieran
del modo en que sucedieron y surge claramente la voluntad de prestar esa
colaboración con el alcance del art. 47 del Código Penal, ya que, en principio,
las actividades que se llevaron a cabo por las autoridades militares era
patrimonio de los ejecutores (coautores inmediatos y autores mediatos de las
autoridades que llevaron a cabo el hecho). Este dolo requerido por la figura
legal seleccionada –en los términos de los arts. 45 y 46 del CP,
respectivamente- (que exige el conocimiento del aporte que se realiza al o a
los autores de un hecho ilegítimo, más una voluntad encaminada a
“contribuir” con los mismos), se basta con los elementos relevados en la
causa, para arribar al juicio de reproche que desde el punto de vista subjetivo
se les formula a los encartados (Lemos y Blaquier)._-
Lo expuesto indica que el préstamo de los vehículos no obedecía
a una circunstancia imprevista o instantánea ni solamente a los sectores
medios de la empresa, sino que prima facie habría sido el producto de una
decisión previa de quien dirigía aquella sociedad.
Todos los elementos indicados, permiten concluir que existen
probanzas que acreditan con el grado de probabilidad requerido en esta etapa
del proceso la participación de los imputados en los hechos de privación
ilegítima de la libertad de quienes fueron detenidos en la noche del 20 y 21 de
julio del año 1976; y para ello se debe tener en cuenta el préstamo que
realizaban de los vehículos del Ingenio y el conocimiento del fin para el que
los facilitaban (traslado de personas a disposición de la autoridad).
C.7) La defensa alega que los vehículos que se habrían utilizado
en los operativos de detención pudieron ser los entregados por la empresa a la
Seccional Ledesma de Gendarmería Nacional en cumplimiento del decreto Nº
2379/66, o los cedidos a hospitales, o los que tenían asignados y en su poder
distintos empleados de la empresa ya que el uso de los vehículos era
descentralizado.
Sin embargo, en principio, tales hipótesis no aparecen como
verosímiles, por cuanto difícilmente tantos empleados, personal hospitalario o
adquirentes de los vehículos de la empresa se haya congregado todos juntos en
circunstancias del operativo realizado en la denominada “noche del apagón”
140
Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
colaborando en esa actividad. Y menos manteniendo los vehículos entregados
a Gendarmería Nacional o a los hospitales con los colores y logos de la
empresa, dado que es lógico suponer que Gendarmería pintó con sus colores
los vehículos que se les entregaba para cumplir con sus funciones; y lo mismo,
con mayor razón, cabe suponer de los vehículos cedidos a los hospitales que
por las funciones de urgencia que normalmente desarrollan deben ser
precisamente identificados.
En ese sentido y con relación a los vehículos que la
empresa entregaba a Gendarmería Nacional en cumplimiento del decreto Nº
2379/66, en la resolución en la causa “Aredes” esta Cámara dijo que es lógico
presumir que la fuerza del orden que los utilizaba pusiera un distintivo que los
identificara. Y ello se ve confirmado con el resultado de la inspección ocular
efectuada el 17 de octubre de 2012 de la que surge que las camionetas
identificadas en la Policía y el Hospital de Ledesma no llevan la identificación
de la empresa. En efecto, del acta respectiva surge que en la Seccional 24 de la
Policía de la Provincia de Jujuy en el Ingenio de Ledesma, se constató la
USO OFICIAL

presencia de una camioneta blanca modelo F 100 doble cabina con caja
trasera, que curiosamente aún llevaba la patente Y036971 “que por sus
características externas e inscripciones pertenecería a la Policía de la Provincia
de Jujuy”, con la carrocería desgastada y en desuso con la inscripción en la
puerta delantera derecha “Policía de la Provincia de Jujuy-Comisaría
Seccional 42 Caimancito UR4”. En esa oportunidad también se verificó la
presencia de dos camionetas blancas estacionadas en un garaje con portón
enrejado, en el Hospital de Calilegua y una de ellas era una Ford F 100
modelo viejo con cúpula y coincidentemente con otra patente antigua
Y04119.-
Tampoco tienen entidad para desvirtuar la participación de los
vehículos, la declaración de Mariano Alejandro Gil (fs. 2869), dado que ese
testigo se limitó a decir que nunca escuchó que la empresa colaborara con el
proceso militar; ni la de Javier Alejandro Elizalde (fs. 2873), Marcelo Prudent
(fs. 2968) y Jorge Leonard (fs. 2976), ya que se limitaron a señalar que no les
constaba que hubiera existido participación de la empresa con los delitos

141
cometidos en la dictadura; es decir, se trata de expresiones genéricas, que no
pueden oponerse a las brindadas por las personas que fueron víctimas o que
estuvieron presentes en los momentos en que se produjeron las detenciones,
quienes han afirmado que se utilizaron vehículos del Ingenio Ledesma en los
operativos que determinaron las detenciones que se investigan en esta causa, e
incluso han dado las razones por las que han realizado tal aseveración.-
Finalmente, cabe señalar que no es de ningún modo verosímil que
los choferes u otras personas que tenían la guarda de las camionetas, sin
autorización del Ingenio, hayan tomado la determinación de participar de estas
detenciones. El trato del Ingenio con sus empleados era exigente y severo, de
modo tal que si algún subalterno se hubiera tomado esa atribución, muy
probablemente de inmediato lo hubiera sabido el Presidente o la
Administración de la empresa y eventualmente hasta se hubieran aplicado
sanciones laborales en su contra por colaborar con la comisión de delitos.
C.8) La defensa también alega que la resolución en grado ha
merituado probanzas que no ha podido controlar o de las que no ha tenido
conocimiento. Pero debe destacarse que, conforme se ha señalado, la etapa de
instrucción es eminentemente preparatoria y, en todo caso, es en el ámbito del
debate donde las partes podrán eventualmente acceder a un amplio y completo
contralor de los actos de instrucción, donde alcanzan su plena vigencia los
principios de oralidad e inmediación, con la posibilidad de verificar en
plenitud cada una de las pruebas de cargo y discutir su valor probatorio (CN
Fed. Crim. y Correc., sala I, 26-4-2012, “Nerone, Rolando Oscar”, LL on line,
cita AR/JUR/12764/2012). En un caso –inclusive- la Cámara de Apelaciones
ha confirmado la negativa del instructor a que la defensa del imputado
presencie la declaración prestada por un testigo, toda vez que tal decisión no
causa en el marco de la etapa instructoria del proceso gravamen concreto, pues
es durante el debate donde el derecho de defensa se despliega en toda su
extensión al confrontar la prueba con la vigencia del principio de inmediación
(art. 8, inc. 2, f de la Convención Americana de Derechos Humanos y en el
artículo 14 inc. 3º del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (C.
Fed. La Plata, sala II, 29-11-2012, “Ávila, Ramón Antonio”, LL Buenos Aires
2013-427; LL Suplemento Mensual de mayo 2013, pág 97, nº 924).

142
Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
Debe tenerse en cuenta que el procesamiento es una resolución
provisional que puede ser revocada y reformada aún de oficio durante la
instrucción, conforme al cambio de las circunstancias que puedan producirse
antes de la culminación de la etapa instructoria. Debe motivarse en las
constancias del expediente reunidas durante los primeros momentos de la
investigación, y fundarse en conclusiones que impliquen la obtención de
elementos de convicción suficientes para ese mérito de posible condena en el
futuro. Se trata de la valoración de elementos probatorios suficientes para
orientar el proceso hacia la acusación, vale decir hacia la base del juicio
(Clariá Olmedo, Jorge A.; “Derecho Procesal Penal” -actualizado por Carlos
Alberto Chiara Díaz-, Santa Fe, Rubinzal y Culzoni, tomo II, 1998, págs..
501-503). Por tal motivo, entonces, estos agravios de la defensa carecen de
entidad para determinar una modificación de la decisión en grado.
Es que es preciso recordar que para el dictado del auto de
procesamiento no se requiere plena prueba –y menos certeza absoluta- ni
elementos de juicio que demuestren en forma categórica la existencia de los
USO OFICIAL

ilícitos ni la inequívoca responsabilidad de quienes han sido imputados. Por el


contrario, resulta suficiente contar con pruebas semiplenas, indiciarias o con
factores de convicción que concurriendo coherentemente y siendo serios,
pongan en evidencia circunstancias comprometedoras y probablemente ciertas
para los imputados. A lo expuesto cabe agregar que la resolución en cuestión
no causa estado y puede ser modificada si las circunstancias del caso así lo
autorizan. Es que en esta etapa del proceso se exige semi plena prueba, en
tanto que el procesamiento es un juicio de probabilidad sobre la existencia del
delito y la participación de los imputados en base a una calificación legal
también provisoria, por lo que pretender que el juzgador arribe a un grado de
convicción tal como el que se requiere para la validez de una sentencia de
condena, es una exigencia que resulta ajena a lo estipulado por la ley en esta
fase del proceso penal.
Lo expuesto es sin perjuicio de que durante lo que resta de la
instrucción o eventualmente en la instancia de juicio, pueda determinarse con
mayor exactitud el grado de participación que pudieron haber tenido los

143
imputados en la causa, o la verosimilitud y suficiencia de las pruebas reunidas,
ya que el Tribunal de juicio tiene un amplio y soberano margen de apreciación
y/o valoración que no existe en esta instancia instructoria.
La jurisprudencia tiene dicho al respecto que “la etapa de
instrucción es eminentemente preparatoria y, en todo caso, es en el ámbito del
debate donde las partes podrán eventualmente acceder a un amplio contralor
de los actos de instrucción, donde alcanzan su plena vigencia los principios de
oralidad e inmediacion, con la posibilidad de controlar cada una de las pruebas
de cargo y discutir su valor probatorio (CNFed.Crimy Correc., sala I, 26-4-
2012, “Nerone, Rolando Oscar” LL on line, cita AR/JUR/12764/2012). El art.
308 del CPPN exige al Juez que exprese los motivos en que la decisión se
funda, para ello, debe indicar con precisión las pruebas que señalan que el
delito ha sido cometido por el procesado. A cada hecho relevante para la
imputación, debe precederlo un antecedente probatorio. La motivación de los
autos se funda en ello, y así, cuando el juez afirma un hecho, es porque cuenta
con la prueba que lo acredita. En esta etapa procesal basta que las pruebas
acrediten con grado de probabilidad afirmativa la autoría y responsabilidad del
imputado.
Por otra parte, cabe destacar que “…la selección de pruebas es
facultad privativa del magistrado, quien puede optar por aquellas que a su
juicio sean decisivas para fundar la solución que adopte, sin que esté obligado
a referirse indispensablemente a todos los elementos que se pongan a su
consideración. Por ende, puede descartar algunos y sustentarse en otros,
siempre que con ellos arribe a la convicción suficiente a los fines de tener por
acreditado el hecho y la eventual responsabilidad, o no, de los incusos”(...) “en
lo que hace al modo de apreciación de la prueba, el Juez puede inclinarse por
la que le merece mayor fe en concordancia con los demás elementos de mérito
que puedan obrar en el expediente, ya que -como se dijo- resulta una facultad
privativa y discrecional del Magistrado. Por tanto, no está obligado a seguir a
las partes en todas las argumentaciones que se le presenten, ni a examinar cada
una de las probanzas aportadas a la causa, sino sólo las pertinentes para
resolver lo planteado...”. (Cfr. Causa Nº 8828. “Legajo de Apelación del
Procesamiento de Eduardo Alfonso” de la CFASM, sentencia del 28/08/09).

144
Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
La defensa invoca numerosa doctrina y jurisprudencia en el
ejercicio propio de su actividad, procurando a través de ellas lograr liberar de
toda responsabilidad a los imputados. Pero, cabe señalar que, en su mayor
medida, esta argumentación y enfoques se dirigen a obtener una decisión
absolutoria definitiva, que en un proceso penal se emite en otra oportunidad
procesal. En este momento, nos encontramos en la etapa instructoria en la que,
como se señaló, para decidir como lo hizo el a quo con los elementos de
criterio que tuvo a la vista al momento de resolver, no se requiere plena prueba
ni certeza absoluta sino solamente que se encuentre acreditada la
“probabilidad” de la comisión de un ilícito y la responsabilidad igualmente
probablemente cierta de los imputados, con base en las probanzas
incorporadas al proceso; máxime, teniendo en cuenta que esta instrucción no
está concluida, porque entre otras circunstancias se ha agregado nueva prueba
(aún de parte de la misma defensa) que el a quo deberá evaluar para decidir en
definitiva qué imputaciones deja en pie (si las deja) y cuales desestima
definitivamente. La causa aún está en trámite, hasta la conclusión de la
USO OFICIAL

instrucción y la actuación fiscal correspondiente. No se trata, entonces de la


etapa final de juicio, en la cual además de la inmediación, se otorga a todos los
sujetos intervinientes la más amplia posibilidad de generar pruebas y efectuar
las más ajustadas valoraciones, exigiéndose asimismo que el sentenciante,
cuente con plena prueba y certeza absoluta para fallar respecto a la existencia
del hecho, la exacta participación de cada uno de los sujetos imputados, la
adecuada calificación legal y el fundamento lógico-racional de su decisión; y
es en esa oportunidad también donde se desarrolla el más amplio y perfecto
ejercicio del derecho de defensa consagrado en la Constitución Nacional.
Resulta verdaderamente valiosa e inestimable esta actividad de todas las partes
en el proceso, porque cuando al cabo de la misma el Tribunal respectivo debe
emitir con tal grado de certeza (absoluta), una sentencia definitiva para
condenar o en caso contrario absolver, cobra enorme relevancia toda esta
actividad desplegada en esa magnitud, en tanto coadyuva a arribar a un fallo
ajustado a la verdad de lo sucedido, basado en los hechos efectivamente

145
sucedidos y el derecho exactamente aplicable, como manera de coronar el
requerimiento de Justicia de los implicados y de la sociedad toda.-
Es que como se ha resuelto recientemente “razones de celeridad
que deben primar en todo trámite judicial y que permiten garantizar la más
pronta administración de justicia, y la posibilidad cierta de eliminar la
incertidumbre que crea en el imputado el no tener resuelta su situación
procesal, conducen a considerar que no se han vulnerado garantías
constitucionales al decidir los procesamientos ahora en crisis sin haber
esperado a la producción definitiva de las medidas de prueba pendientes. Lo
contrario, es decir, estar a la espera de que el magistrado de primera instancia
recabe la prueba en elaboración, conllevaría a una dilación indebida en el
tratamiento de la situación procesal, lo que redundaría no sólo en desmedro de
los principios ya mencionados, sino en una demora injustificada en la
situación procesal de otros consortes de causa. A mayor abundamiento, debe
señalarse que en el particular caso de las actuaciones relacionadas con la
investigación de hechos cometidos durante el último gobierno de facto como
la que aquí nos ocupa, la Corte Suprema de Justicia de la Nación ha exhortado
a los magistrados a extremar los recaudos para acelerar el trámite de las causas
pendientes, de forma que permita resolver la situación procesal de las personas
inculpadas en un plazo razonable (ver Ac. 42/08 de la CSJN)” (CFed.San
Martín, Sala I, Causa 10.619 citada).-
C.9) En conclusión, se encuentra acreditado entonces con el
grado de probabilidad requerido para esta etapa del proceso, que fueron
detenidas 1) Delicia Álvarez, 2) Hipólito Álvarez, 3) Raúl Ramón Bartoletti,
4) Alfonso Waldino Cordero, 5) Eublogia Cordero, 6) Domingo Garnica, 7)
María Cortez, 8) Luis Victor Escalante, 9) Hilda Figueroa, 10) Rufino
Lizárraga, 11) Héctor Narváez, 12) Enrique Núñez, 13) Mario Núñez, 14) Ana
María Pérez, 15) Bernardino Alfaro Vasco, 16) Luis Alfaro Vasco, 17)
Salvador Cruz, 18) Román Rivero, 19) Jhony Vargas Orozco y 20) Norma
Castillo, víctimas que de alguna manera estuvieron ligadas con la empresa
Ledesma; que lo fueron por las fuerzas de seguridad ya sea desde sus propios
domicilios o en oportunidad de presentarse voluntariamente en las diferentes
comisarías, durante el megaoperativo que se realizó las noches del 20 y 21 de
julio de 1976, encontrándose acreditada la falta de vehículos de las fuerzas de
146
Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
seguridad para efectuar los traslados, con lo que resultaba necesario el
préstamo de otros vehículos, lo que realizó la empresa Ledesma que contaba
con una flota suficiente de vehículos -téngase presente que Casiano Bache
refiere a 100 personas (fs. 4351); María Cortez manifiesta que le pusieron el
número 53 (fs. 4934); Hilda del Valle Figueroa asegura que le pusieron el
número 84 u 85 (fs. 658 y 818); Rufino Lizárraga afirma que su número de
identificación era el 89 (fs. 812); a Enrique Núñez le pusieron el número 24
(expte. 281/09); a Ana María Pérez el número 22 o 24 (expte. 278/09);
Ernesto Samán el número 56 (expte. 277/09); Vicente Lino Cáceres refiere
que estando en Guerrero pudo sacarse la venda y pudo ver cientos de cuerpos
tirados en el piso quejumbrosos y machacados (fs. 4931 vta); Humberto
Filemón Campos afirma que al llegar a Guerrero le dijeron que a partir de ahí
tenía el número 200 (fs. 5070 vta.)-; que existe la posibilidad de que la
empresa efectuara una lista de los empleados de la fábrica con antecedentes
-declaración de Filemón Campos-. Estos elementos alcanzan para sostener una
imputación penal contra los sujetos traídos a proceso.
USO OFICIAL

Por lo dicho, cabe confirmar la resolución en grado, en cuanto


procesa a Carlos Pedro Tadeo Blaquier y Alberto Enrique Lemos por el delito
de privación ilegítima de libertad pero solamente respecto de las siguientes
víctimas: 1) Delicia Álvarez, 2) Hipólito Álvarez, 3) Raúl Ramón Bartoletti, 4)
Alfonso Waldino Cordero, 5) Eublogia Cordero, 6) Domingo Garnica, 7)
María Cortez, 8) Luis Víctor Escalante, 9) Hilda Figueroa, 10) Rufino
Lizárraga, 11) Héctor Narváez, 12) Enrique Núñez, 13) Mario Núñez, 14) Ana
María Pérez, 15) Bernardino Alfaro Vasco, 16) Luis Alfaro Vasco, 17)
Salvador Cruz, 18) Román Rivero, 19) Jhony Vargas Orozco y 20) Norma
Castillo, en concurso real, en grado de copartícipes primario y secundario
respectivamente), toda vez que habrían aportado elementos logísticos
indispensables para efectuar los operativos en Ledesma, Calilegua y
Libertador General San Martín para el secuestro o privación ilegítima de la
libertad de las citadas personas en la denominada “Noche del Apagón”, por lo
que, tal como lo afirma el a quo resulta indistinto el hecho de que cada una de
las víctimas fueran trasladadas en vehículos de la Empresa, puesto que la

147
facilitación de tales medios de transporte fue necesario para colaborar con la
tarea de los autores consistente en las detenciones de personas vinculadas
indirecta o familiarmente con quienes eran considerados elementos
subversivos.-
En efecto, solamente las víctimas reseñadas fueron apresadas en
el operativo conjunto de las fuerzas de seguridad en las que se usaron sus
propios vehículos y los del Ingenio Ledesma para detener y/o trasladarlas; por
el contrario no existen pruebas de dicha participación respecto de 1) Casiano
Bache, 2) César Maldonado, 3) Ernesto Samán, 4) Miguel Ángel Garnica, 5)
Isidro Salinas y 6) Germán Tomás Córdoba, quienes fueron apresados en
oportunidad de presentarse por ante las seccionales de policía respectivas, lo
que impide considerar que para estas detenciones haya existido participación
de los vehículos de la empresa en dichas oportunidades. Por ello cabe disponer
la falta de mérito de los imputados respecto de dichos hechos, sin perjuicio de
lo que resulte de las pruebas a producirse en la instrucción.-
Es así entonces que el elemento objetivo de la participación de
Blaquier y Lemos en la privación ilegítima de libertad de las víctimas está
representado por la conducta de cooperación en el hecho ajeno mediante la
facilitación de los medios de transporte para su traslado.
Ahora bien, es necesario puntualizar que conforme se tratará en el
apartado siguiente, y atento a que en el mismo se hace lugar parcialmente a las
apelaciones del Ministerio Fiscal y de la Secretaría de Derechos Humanos de
la Nación, en algunos casos la privación ilegítima de la libertad concurrirá en
forma ideal con la violación de domicilio, y a su vez concurrirá en forma real
con el delito de torturas, y respecto de este último delito, en algunos casos
resultará aplicable la figura básica, mientras que en otros el encuadramiento
será en la figura que agrava la penalidad por haberse cometido las torturas en
perjuicio de un perseguido político.
D) Agravios de la Secretaría de Derechos Humanos de la
Nación y el Ministerio Público Fiscal: Los mencionados piden en sus
respectivos escritos de agravios que se procese además a los imputados por los
delitos de violación de domicilio, torturas y el homicidio de seis de las
víctimas (extensión de la imputación).

148
Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
Sostiene el Ministerio Público Fiscal que debe tenerse por
probada la participación de Lemos y Blaquier en torturas y tormentos,
bastando que se hayan utilizado las camionetas para tenerlos por partícipes.
No se requiere que hayan realizado un aporte específico para cada delito, ya
que con su aporte dejaron al autor principal en mejores condiciones de
cometer el delito; no se requiere que haya personal de la empresa en la
violación de domicilio o en la tortura, ni que hayan dado la picana; no pudo
escapar al conocimiento de Blaquier y Lemos que existía una alta probabilidad
de que fueran llevadas las víctimas al centro clandestino de detención y
sometidas a tormentos (fs. 4763 vta.), “los intereses corporativos de la
empresa se mimetizaron con los del estado golpista”… concluye que el
Presidente y el administrador de Ledesma conocían y consentían la forma y el
trato que se dispensaba a quienes eran apresados por ser considerados
subversivos.-
Cabe señalar al respecto que la pauta rectora del proceso penal es
el descubrimiento de la verdad de los hechos que constituyen su objeto. A
USO OFICIAL

través de la prueba, el Juez va formando su convicción acerca del


acontecimiento sometido a investigación con sus circunstancias, caracteres y
particularidades propias para arribar además a una calificación adecuada
(ajustada a derecho, con especial respeto al principio de legalidad y a la
garantía de tipicidad). Así, la prueba va generando distintos estados de
conocimiento y de convicción sobre la mente del juzgador. Si para incoar la
instrucción e iniciación de la causa basta el encuadramiento penal del hecho
afirmado en el acto promotor; para el llamamiento a indagatoria se agrega la
sospecha de participación en ese hecho penalmente relevante; y al momento
de definir la situación procesal del imputado, para ordenar el procesamiento,
se requiere probabilidad de la existencia del hecho delictuoso y de la
responsabilidad que le corresponde al imputado; es decir el juzgador debe
considerar prima facie como probable que el encartado ha sido autor o
partícipe en la realización de la conducta delictiva: se trata, entonces, de un
mérito de culpabilidad y de merecimiento de eventual pena, lo que significa
un mérito más exigente que los anteriores en la línea incriminadora (Clariá

149
Olmedo, Jorge A.: “Derecho Procesal Penal” (actualizado por Carlos Alberto
Chiara Díaz), Santa Fe, Rubinzal y Culzoni, tomo II, 1998, págs. 500-504; La
Rosa, Mariano: en “Código Procesal Penal de la Nación. Comentado y
Anotado”, Director Miguel Ángel Almeyra, Coordinador Julio César Báez,
Buenos Aires, La Ley tomo II, 2007, págs. 551-557; Cafferata Nores: “La
prueba en el proceso penal”, Buenos Aires, Depalma, 1988, pág. 5), o como
destaca D´Álbora, se requiere la vehemente presunción de la verdad de las
imputaciones (D’Álbora, Francisco J.: “Código Procesal Penal de la Nación.
Anotado. Comentado. Concordado”, Buenos Aires, Lexis Nexis, Abeledo-
Perrot, tomo II, 2003, pág. 637).
Esta disquisición cobra especial efecto en la presente causa,
porque la imputación va dirigida a dos civiles (como Blaquier y Lemos) en
grado de partícipes, lo cual exige verificar los extremos previstos por la ley
penal en su art. 47, ya que según lo hemos decidido y fundado
precedentemente debe tenerse en cuenta que el partícipe o cómplice, presta
una ayuda al autor del delito pero sin intervenir en su ejecución, ni tener
disponibilidad sobre su desarrollo o ejecución. De modo que el dolo requerido
por el instituto de la participación criminal, demanda verificar a qué hecho (ya
que la calificación legal como entidad delictiva, la otorga la ley) se aportó y
con qué alcance (calidad del aporte), como así también con qué grado de
conocimiento y voluntad se obró. Esta Cámara ha sostenido en otras causas de
estas características que no siempre es posible extender o equiparar
ilimitadamente la responsabilidad criminal de los que intervienen en un delito
(como cómplices primarios o secundarios), porque en verdad quienes tienen el
dominio del hecho (autores y coautores), pueden o suelen ir más allá de los
planes iniciales que manifestaron (recuérdense los casos de los imputados Tte.
1º Vargas –Director del penal de Villa Gorriti-; El Tte. 1º Espeche – en la
causa “Palomitas”, y otros). Tal circunstancia, debe ser tenida especialmente
en cuenta en materia de participación criminal, en razón de lo dispuesto por el
art. 47 del C.P., en tanto dispone que el cómplice responde por el hecho al que
se comprometió a colaborar y no por el que finalmente llevó a cabo el autor o
ejecutor (regla de incomunicabilidad de las circunstancias).
En materia de delitos de lesa humanidad, también enseña la
experiencia y la lógica, que las fuerzas operaban con alta conciencia de
150
Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
impunidad, clandestinidad y tabicaban la información aún entre los
componentes de la misma fuerza. Se ha constatado que existió tal recorte de
información, la cual se circunscribió a los integrantes de un Área, o a los
integrantes que operaban en la esfera de Inteligencia, o a los grupos operativos
clandestinos, mientras que el resto de los integrantes de la fuerza, muchas
veces ni siquiera participaron necesariamente de los delitos bajo investigación.
Con mucho mayor cuidado, el juzgador debe sopesar el alcance
del compromiso de los integrantes de la empresa, en estos hechos. No sólo
porque vienen sospechados de participación y no de autoría, sino, además,
porque eran civiles que en principio debe considerarse que son ajenos al plan
sistemático pergeñado por las fuerzas represoras en toda su extensión y
alcance.
Es de relevancia considerar que los hechos bajo examen se
producen a casi cuatro meses de producido el golpe militar. Pues bien, tanto
Lemos como Blaquier ya habían tenido una primera experiencia de préstamos
de vehículos de la empresa Ledesma a las fuerzas de seguridad con motivo del
USO OFICIAL

golpe de estado, ya que surge de las testimoniales de la causa que en los meses
de marzo y abril se habían efectuado préstamos de vehículos de Ledesma a
fuerzas de seguridad para la detención y el traslado de personas consideradas
peligrosas o subversivas.
De las primeras detenciones sufridas por Aredez, Gainza, Melián
y Tapia, en los meses de marzo y abril, se conoció que los procedimientos en
los que se usaron los vehículos de Ledesma tenían las siguientes
características: que eran sin orden judicial; que fueron en horas de la noche o
en la madrugada, y tuvieron como víctimas personas que estaban descansando
junto a sus familiares; que los detenidos fueron encapuchados o vendados sus
ojos y atadas o esposadas sus manos y fueron trasladados en esas condiciones;
que los familiares de los detenidos carecían de toda información respecto de a
dónde se los llevaría y qué sucedería con ellos; que nada se informaba al
detenido o a sus familiares respecto de la causa de su detención. También
había sucedido la detención y tortura de Raúl Osvaldo Tapia, detenido el uno
de abril. Se lo había torturado y se lo había colgado de un árbol atándolo de

151
un pie, lo que le provocó fractura de tibia y peroné y por ello se lo internó en
un hospital por una considerable cantidad de días.
Cabe preguntarse, pues, si los imputados tuvieron, con relación al
pedido que efectuaron las fuerzas de seguridad en el mes de julio, el
conocimiento de las consecuencias que traería aparejadas un nuevo préstamo
de vehículos a las fuerzas de seguridad.
Hemos sostenido que teniendo en cuenta el servicio de seguridad e
inteligencia con que contaba el Ingenio Ledesma por su estructura y grado de
organización, es muy difícil (y hasta poco creíble) afirmar que la empresa no
haya tenido conocimiento de las detenciones que se estaban produciendo en
estas localidades pequeñas cercanas entre sí, y dentro del radio de actividades
del Ingenio Ledesma; y en algunos casos, de sindicalistas o políticos que
pudieran resultarles molestos.
Por el contrario, cabe concluir que existía un alto nivel de
colaboración entre la empresa Ledesma y las acciones de las fuerzas de
seguridad, de lo cual existen en la causa diversos indicios, aunque los mismos
no permitan afirmar con certeza que hayan participado los imputados Blaquier
y Lemos de un plan represivo concertado y acordado con tales fuerzas.
Son indicios de esta colaboración: 1) La clasificación que se
realizaba en la oficina de personal de la empresa Ledesma colocando cintas
rojas a los legajos de los empleados de la empresa que eran sindicalistas y
activistas, los que eran reservados en un armario especial del jefe de personal,
al cual habrían tenido acceso personal de las fuerzas de seguridad (testimonio
de Filemón Campos); 2) La expresión escuchada a las fuerzas de seguridad
por parte de Alfredo Cortez, quien fue detenido el 20 de julio, y escuchó decir
a quienes lo custodiaban: “estos de Ledesma son más hinchas pelotas. Ellos
son los que movilizan a los jefes para que nosotros laburemos” (fs. 4971);
3) Las detenciones a personal del ingenio realizadas en el propio lugar de
trabajo, como es el caso de Ernesto Samán, detenido dentro de la fábrica por
dos personas de civil que lo llevan a la Seccional 24 del ingenio, y al regresar
de su detención al ingenio encuentra a las mismas personas que lo detuvieron,
las cuales estaban charlando con el jefe de relaciones públicas Oscar Peverelli
y su secretaria; de Walter Hugo Juárez, detenido cuando un jefe le ordena salir
afuera de su trabajo, oportunidad en que es detenido junto con otras personas
152
Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
(fs. 4300); y también de Dardo Eulogio Morales, detenido en la fábrica del
ingenio por Jaig en julio del 75, a las 3 de la mañana. A Morales, en diciembre
de 1976, cuando estaba detenido en Gorriti, el comisario Jaig le dijo: “¿viste
lo que te pasó por hacerle huelga a Ledesma?” (fs. 4926). 4) El seguimiento e
investigación de los empleados que desarrollaban acción sindical, como era el
caso de Weisz, respecto de quien la agencia de investigaciones “World
Division -Psicología Industrial”, por pedido de la empresa Ledesma,
confeccionó un detallado informe sobre las actividades del dirigente gremial y
otrora empleado, sus relaciones y sus vínculos familiares y profesionales.
Obra además en el legajo secuestrado de Weisz un memorandum
confeccionado a máquina sobre las actividades conocidas de Jorge Weisz, que
lo define como un gremialista agitador y panfletero dedicado a generar
problemas promoviendo ante cada conflicto un “plan de lucha” e interviniendo
y participando en cada huelga realizada por el gremio. Este informe de
inteligencia sobre las actividades gremiales de Weisz y los panfletos
presuntamente por él repartidos fueron puestos a conocimiento del imputado
USO OFICIAL

Alberto Enrique Lemos, según letra manuscrita en carta interna de la Empresa


Ledesma S.A.A.I con nota de elevación el día 9 de abril de 1973. 5) La
manifestación de Mario Paz, quien, conforme testimonio de Teresa Adriana
Arédez, hablando como si fuera dueño de la empresa Ledesma, expresó que
sus directivos habían puesto mucho dinero para realizar el golpe de estado de
marzo de 1976 (fs. 2654 de la causa “Arédez”) y que a cambio “deberán
sacarnos de encima mucha gente que nos está molestando…” 6) La voluntad
de Ledesma S.A. de cambiar el lugar de residencia de los principales
referentes sindicalistas (expulsarlos de la zona de la compañía), por ejemplo el
propio imputado Blaquier ofreció a Arédez, a través de Rubén Abdala, que
eligiera el lugar en el país y que se fuera de Ledesma (testimonio de Adriana
Aredez). 7) El testimonio de Lara Virginia Sara Luz Abdala (fs. 2695 del
expte. “Aredez”), quien dijo que sus padres le contaron que Lemos dijo que
los directivos del Ingenio colaboraron con las fuerzas del orden facilitándoles
el uso de camionetas. 8) Las relaciones entre Gendarmería Nacional y la
empresa Ledesma, descriptas por Mario Paz en el documental “Sol de Noche”,

153
minuto 42, que muestran que este último, una de las personas más influyentes
de la empresa, admitía como normal y efectivo en cuanto a sus resultados el
uso de apremios ilegales o torturas por parte de Gendarmería Nacional como
método de averiguación de la verdad; de cuyo resultado era informado él por
Gendarmería. 9) Lo referido por Valera, secretario de Mario Paz, a la madre
de Raúl Osvaldo Tapia, quien le dijo: “Mire señora Elba… su hijo Raúl le
mordió la mano a quien le dá de comer”, lo decía por Pedro Blaquier. Además
le comentó Valera a la madre de Tapia que el jefe de policía se había reunido
al menos tres veces con los directivos de la empresa en la sala de Calilegua
para planificar la detención de Tapia, y le dijo: “esto se lo comento a Ud. pero
no abra la boca hasta el final de sus días”. 10) El testimonio de la hermana de
Germán Tomás Córdoba, quien al visitar la Central de Policía para averiguar
por su hermano, vio al oficial Manuel Herrera acompañado del representante
del ingenio Mario Paz. 11) Las palabras del Dr. Arédez a su esposa, en una
carta en que le encomendaba gestiones para su libertad: “Trata de contactarte
con Mario Paz y a su vez con Lemos aunque fuera indirectamente porque ellos
tienen sobre esta situación mucha influencia… Cariños y besos. Luis” (fs.
3302); 12) Carlos Alberto Melián, en su declaración del habeas data a fs. 182,
denuncia sobre los vínculos entre Mario Paz, director de las Relaciones
Públicas del Ingenio Ledesma, Menéndez, Bussi y el Comisario Jaig de Jujuy.
El referido precedentemente era el marco de las relaciones de la
empresa Ledesma con las fuerzas de seguridad, y del que surge que la empresa
estaba interesada en detener el accionar de todo aquel que pudiera
considerarse agitador, sindicalista o subversivo.
No obstante no existir prueba directa de la entrega de listas por
parte de la empresa a las fuerzas de seguridad, son indicios de su existencia el
hecho de las detenciones de empleados dentro de la propia empresa, así como
la amenaza que hiciera Mario Paz a la Sra. de Aredez cuando fue a preguntarle
por el paradero de su marido, advirtiéndole que deje de movilizarse porque
ella figuraba en otra lista para ser detenida (ver documental Sol de Noche,
minuto 43). También la declaración de Filemón Campos, referida más arriba.
A pesar del contexto descripto, no existe dentro del plexo
probatorio arrimado a la causa hasta el presente, probabilidad suficiente para
afirmar el dolo directo de los imputados respecto de los delitos de violación de
154
Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
domicilio y de torturas perpetrados como concomitantes o como consecuencia
de los sucesos de los días 20 y 21 de julio de 1976, los cuales en principio no
se supone que ocurrirían partiendo de un simple préstamo de vehículos.
Sin embargo, en este caso del segundo gran préstamo de vehículos
de Ledesma a las fuerzas de seguridad, efectuado el 20 y 21 de julio de 1976,
cabe al menos imputar a Blaquier y Lemos dolo eventual. El haber tenido la
experiencia anterior de préstamo de vehículos y el haber conocido para qué
fueron utilizados, hace que a los imputados se les pueda extender
responsabilidad penal respecto de los delitos de violación de domicilio y de
torturas ocurridos en la oportunidad del préstamo de vehículos de julio de
1976, ya que conocían perfectamente lo que pasó anteriormente y podían
representarse que era probable que sucediera exactamente lo mismo en el
marco del nuevo préstamo de vehículos, préstamo al cual accedieron
asumiendo los riesgos de lo que era probable que ocurriera. Más aún: en el
segundo préstamo no sólo se pusieron a disposición camionetas, sino también
trailers, lo que implica que los imputados sabían la cantidad de hechos que
USO OFICIAL

iban a cometerse, y prestaron su consentimiento a esa empresa aportando


vehículos en cantidad suficiente para que se llevaran a cabo.
Blaquier y Lemos claramente pudieron representarse que las cosas
iban a suceder en el modo en que sucedieron, al menos con relación a los
delitos de violación de domicilio y de torturas que se realizarían con el
préstamo de vehículos de julio de 1976, por lo que deben ser declarados
cómplices de los autores de tales hechos.
Es decir, los imputados obraron con dolo eventual respecto de los
delitos de violaciones de domicilio y de torturas, delitos cuya ocurrencia se
representaban como probable en razón de la experiencia que habían tenido en
oportunidad del primer préstamo de vehículos.
El cómplice puede llevar adelante su aporte con dolo eventual; en
este caso, era claramente previsible para los imputados que las personas que
fueran detenidas probablemente iban a tener similar trato al que fueron
sometidas las detenidas 3 o 4 meses antes (marzo y abril).

155
Con relación a las violaciones de domicilio, se habían producido
las mismas en el marco de las detenciones de Aredez, Bueno, Gainza y
Melián.
En cuanto a torturas, había ya sucedido el caso de Tapia, que fue
torturado en el mes de abril (fue detenido el 1 de abril). Su caso merece un
análisis detallado, debido a la presencia de vehículos de Ledesma en su
detención y traslado, y por las comunicaciones que a través de la radio de la
empresa se dieron entre sus torturadores y captores y Mario Paz, cuya fluida
relación con las fuerzas de seguridad en materia de represión fue referida
anteriormente, al aludir a lo que él mismo expuso en el documental Sol de
Noche. Tapia describe con detalle las distintas alternativas de su cautiverio,
las lesiones sufridas (de las cuales conserva aun hoy secuelas) y la
participación de Mario Paz a través de la radio de la empresa, ubicada en las
camionetas que lo trasladaron.
Raúl Osvaldo Tapia a fs. 2589 declara ante la Secretaría de
Derechos Humanos dependiente del Ministerio de Justicia, Seguridad y
Derechos Humanos de la Nación en el año 2004. Relata que fue detenido el 1º
de abril de 1976 a las 3 am en Libertador General San Martín, 8 hombres del
Ejército armados, quienes lo encapuchan y lo llevan a la comisaría de San
Martín; al día siguiente lo trasladan a un destacamento militar clandestino en
un camión del ejército, no sabe dónde, estuvo ahí 5 o 6 días siempre
encapuchado. Allí fue torturado, golpeado y lastimado con una bayoneta
(refiere laceración de espalda altura riñón izquierdo, corte de considerable
profundidad, fractura de pierna izquierda en la tibia y peroné), fue colgado de
los pies con una soga de un árbol, le vertían alcohol puro por la nariz, le
patearon el cráneo (en dicha acta se deja constancia que el declarante muestra
las secuelas de las torturas, cicatrices en el tobillo, cerca de la rodilla, en la
espalda a la altura del riñón izquierdo y la secuela del golpe en el cráneo).
Cuando es curado lo llevan a Jujuy a la cárcel de Villa Gorriti, donde lo recibe
el Sargento Gallo. Que estando en Jujuy le sacan las vendas de los ojos y
alcanzó a ver que lo habían trasladado en una camioneta de la empresa
Ledesma, que estando en camino uno de los hermanos Ortiz hablaba por radio
con Mario Paz –empleado de Ledesma- avisándole que se quede tranquilo que
Tapia ya iba para la cárcel de Jujuy; que en octubre fueron separados y varios
156
Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
de sus compañeros se fueron a La Plata; que le dan la libertad el 28 de
diciembre de 1976.
A fs. 2827, ante el juzgado federal, en octubre de 2012: dice que
trabajaba desde los 16 años en la farmacia del hospital del Ingenio y estuvo 6
meses. Aclara que cuando lo sacan de su casa lo suben a un camión del
Ejército, que el lugar clandestino era un lugar cerrado, oscuro, no tenía noción
de donde estaba, pues había recorrido caminos de asfalto y tierra (refiere que
se desmayó en dicho trayecto por los golpes), escuchó en la habitación el
llanto de dos mujeres y los alaridos de tres hombres más detenidos; ahí dice
que su cautiverio fue de dos días; que lo llevan caminando por 20 minutos
hacia otro lado al aire libre donde permanece encapuchado durante el
interrogatorio, le preguntan sobre Weiss, Aredez, Bermúdez, uno decía “este
es el zurdo que le hizo el paro a la empresa por 15 días, de esta cabeza nace el
paro por tiempo indeterminado que sufrió Ledesma, es esta porquería, el
Gordo Saracho y Mario Ernesto Ricci… y por culpa de esta porquería el
ingenio tuvo que tirar toneladas de caña de azúcar”, lo que le sorprendió
USO OFICIAL

porque era cierto. Cuando estaba hincado escuchó que decían “a este zurdo,
colgalo” y lo cuelgan de una soga en el pie izquierdo cabeza abajo, le sacan la
capucha y siente un puntapié en la nuca (exhibe las secuelas) que se
desvaneció y al recuperar el sentido sentía que le tiraban alcohol por la nariz,
en ese interín escuchó desde una radio de una camioneta que estaba
estacionada cerca, que tenía el logo de la empresa Ledesma, que preguntaban
si el dicente estaba allí, a lo que sus captores dijeron que sí, agregando “no te
preocupes Mario que este canta ahora”; en ese momento uno de ellos le dice
“que es lo que le comentaste al Dr. Patriniani acerca de la balanza del canchón
de pesa que estaba truchada a favor de la empresa…”; que el dicente no
entendía como ellos podían saber eso, ellos tenían conocimiento de todo lo
que el dicente como persona había difamado contra la empresa Ledesma
cuando asumió la intervención del gremio; que lo llevaron a un hospital, no
sabe cual, lo operaron y le colocaron yeso, estaba aislado e internado varios
días, custodiado por dos o más efectivos del Ejército; a los 15 o 20 días lo
llevan de vuelta al lugar de detención donde estuvo 5 o 6 días y de ahí a Villa

157
Gorriti. Dice que cuando salió ya se conocía ahí lo de “Palomitas” en Salta;
por lo que cuando le dieron la libertad tiró sus cosas y salió corriendo en
zigzag hacia el rio Xibi Xibi (Río Chico), escuchó disparos desde el penal
hacia su persona y se escondió en un barranco cerca del cementerio; refiere
que estuvo escondido en varios lugares hasta que en febrero volvió a
Ledesma. En las repreguntas a fs. 2837 vta. dijo que el traslado desde la
comisaría al lugar clandestino lo fue en la camioneta de la empresa, lo sabe
porque escuchaba la radio de la empresa.
Más allá de si el traslado de Tapia desde la comisaría hasta el lugar
de detención se haya efectuado en una camioneta de Ledesma o en un camión
del ejército, lo cierto es que la referencia que hace Tapia del uso que hacían
las fuerzas de seguridad de la radio de la empresa ubicada en las camionetas
de la empresa es perfectamente coherente con lo expresado por Mario Paz en
“Sol de Noche”. Las fuerzas de seguridad reportaban directamente a él. Daban
cuenta de sus acciones de investigación de la verdad a través de torturas y se
lo referían a él. Esto es lo que cuenta Raúl Tapia y que concuerda plenamente
con lo vertido por Mario Paz. Son dos los momentos en los que durante el
cautiverio de Raúl Tapia tiene intervención Mario Paz: el primero, durante la
tortura de Tapia en la cual los torturadores le avisan a Mario Paz (el Mario de
la radio no puede ser otro que él, atento lo expresado por el propio Paz de que
las fuerzas de seguridad le informaban a él el resultado de sus
“procedimientos”) que no se preocupara, que “este canta ahora”. El segundo
momento de intervención de Mario Paz es en el traslado de Tapia desde el
lugar clandestino de detención al penal de Gorriti, oportunidad en la cual se da
un diálogo entre Paz y uno de los hermanos Ortiz, estos últimos en ese
entonces empleados del servicio penitenciario afectados a tareas del ejército,
diálogo en el cual le decía Ortiz a Mario Paz que se quedara tranquilo, que
Tapia ya iba para el penal de Jujuy.
No resulta creíble que las torturas infligidas a Raúl Tapia no hayan
sido conocidas por Blaquier y Lemos. Mario Paz integraba el grupo de
funcionarios de la empresa más cercano a Blaquier, y por su función, debía
tener contacto diario con Lemos (a Lemos, Camargo le reportaba la existencia
de empleados catalogados como activistas o subversivos). Recordemos que
conforme al testimonio de Teresa Adriana Arédez, Mario Paz hablaba como si
158
Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
fuera dueño de la empresa. En razón de ello, los imputados conocían lo
sucedido con Raúl Tapia y a qué tormentos había sido sometido. Repárese que
estos hechos respecto de Tapia ocurrieron entre el 1 de abril y el comienzo del
mes de mayo de 1976, si se computan los días en que Tapia estuvo detenido
en un centro de detención no identificado, los días que estuvo en el hospital
donde fue operado y enyesado, hasta que en definitiva fue trasladado al penal
de Gorriti en San Salvador de Jujuy.
Ante este cuadro fáctico, cabe considerar que respecto de los
imputados Blaquier y Lemos, hasta el presente, el dolo directo respecto de los
delitos de torturas o de violación de domicilio que sucedieron en ocasión del
segundo préstamo de vehículos de la empresa Ledesma a las fuerzas de
seguridad, no tiene un grado de probabilidad suficiente. Pero de lo que no
cabe lugar a dudas es de su dolo eventual respecto de tales hechos. Los
imputados sabían que en marzo y abril se cometieron tales delitos en el marco
de las detenciones que se hicieron con los vehículos que ellos habían aportado,
por lo que claramente se representaron la probabilidad de que ocurrieran de
USO OFICIAL

nuevo idénticos delitos en el marco del nuevo operativo. Y no obstante tal


representación, brindaron su aquiescencia para tal préstamo. Esto configura
dolo eventual.
En el segundo préstamo de vehículos, debe tenerse presente que los
imputados ya conocían cuáles habían sido los fines para los cuales fueron
solicitados vehículos en la primera oportunidad, y las acciones que en
concreto se habían realizado utilizando los vehículos como instrumentos.
Sabían que se habían cometido privaciones ilegítimas de la libertad ingresando
a domicilios sin orden judicial, o bien deteniendo a personas sin causa alguna
cuando respondían a las citaciones policiales. También sabían que Raúl Tapia
había sido torturado en oportunidad de haber sido detenido (mes de abril de
1976), y tenían a través de Mario Paz la información al instante de lo que
ocurrió con Tapia, conforme se analizó precedentemente.
Lemos y Blaquier sabían a quién prestaban los vehículos y qué uso
se iba a dar a los mismos. Sabían de qué eran capaces las fuerzas de seguridad
solicitantes. Una actitud prudente, conociendo los ilícitos ya perpetrados en

159
oportunidad del primer préstamo, sin ninguna duda hubiera implicado una
negativa cerrada ante el pedido formulado en el caso de este segundo
préstamo. Los imputados prestaron los vehículos conociendo los riesgos
concretos de producción de estos ilícitos y asumiendo que tal eventualidad era
probable. Y no obstante ello, se inclinaron hacia efectuar el préstamo, a pesar
de que la eventualidad probable les exigía abstenerse de hacerlo.
Los imputados se representaron la probabilidad de que los
vehículos prestados durante el mes de julio pudieran ser usados para detener
personas sin orden judicial y para torturarlas, así como que los destinatarios
del préstamo ingresaran sin orden judicial a los domicilios de las víctimas.
Ello es así porque ya conocían que así se había procedido en los meses de
marzo y abril, y cabía la alta probabilidad de que estas conductas se repitieran
en esta nueva oportunidad de préstamo. Lo cual, sin embargo, no fue óbice
para que se entregaran los vehículos, en este segundo préstamo en mayor
cantidad que en el primero. El riesgo de la producción de idénticos delitos que
en la anterior oportunidad fue asumido por Blaquier y Lemos. Emprendieron
una acción que, sabían, encerraba el riesgo de que se concretasen resultados
lesivos, y obraron voluntariamente frente a esa perspectiva.
También tenían conciencia los imputados de que la redada
planificada por las fuerzas del orden sería en esta segunda oportunidad de
mayor envergadura, toda vez que se solicitaron no sólo camionetas, sino
también trailers pertenecientes al ingenio, los cuales posibilitaban el traslado
de un número mayor de personas. Esto permite establecer que tuvieron plena
conciencia los imputados de que el operativo ilegal –y los probables daños
consecuentes- revestirían una mayor entidad. No obstante ello, accedieron
voluntariamente al segundo préstamo, a pesar de las eventualidades que
resultaban claramente probables. Es decir que pese a todo, los imputados se
decidieron por el préstamo, adoptando una decisión claramente enfrentada con
el bien jurídico, evidenciando un desprecio o indiferencia respecto de las
probables consecuencias de esta acción.
En este segundo préstamo, pues, existió en estos cómplices dolo
directo para aportar los vehículos para las detenciones ilegales (privaciones
ilegítimas de la libertad), y dolo eventual para participar mediante idéntico

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CAMARA FEDERAL DE SALTA
aporte en las violaciones de domicilio y las torturas que se registraron en el
marco del segundo conjunto de detenciones ilegales.
En los agravios que estamos tratando se solicita también que se
extienda a los imputados, responsabilidad penal por los homicidios que
tuvieron lugar respecto de personas detenidas en los operativos que estamos
analizando. Sin embargo, debemos considerar que no resulta posible extender
la responsabilidad penal de los imputados también a tales delitos en razón de
que al momento del préstamo de vehículos en julio de 1976 era posible que
ellos no pudieran representarse tal eventualidad. No se habían registrado en la
zona de Ledesma muertes hasta ese momento, que hubieran tenido origen en
este tipo de detenciones ilegales. Por ello, no cabe deducir que los imputados
se representaran tal eventualidad, y por ende no corresponde atribuir
responsabilidad penal por dolo eventual respecto de los delitos de homicidio.
Cabe señalar que en la provincia de Jujuy, al momento del
operativo que se examina, ya se habían producido las primeras desapariciones
(de Álvarez de Scurta, Turk Llapur, Giribaldi, Lara, Ranzoni, Juana Torres,
USO OFICIAL

Pedro Torres, todos el día 10 de junio). Sin embargo, el hermetismo que


existía respecto de este tipo de hechos, y la imposibilidad en concreto de
establecer fehacientemente si se trataba efectivamente de desapariciones
(homicidios) o por el contrario, de traslados a otros centros de detención,
impiden considerar que existía al momento de este segundo préstamo de
vehículos la posibilidad en los imputados de representarse tamaño resultado.
Cabe destacar además, que estos hechos eran silenciados por orden
del gobierno militar, y que los mismos diarios se encargaban de hacerles saber
a sus redactores los límites del derecho a informar. “Por disposición de esta
dirección y con motivo de las directivas del Comando del Tercer Cuerpo de
Ejército, en el día de la fecha no se deberán publicar reclamos de familiares de
presuntos detenidos que deseen conocer su paradero”, podía leerse en el
Memorando interno N° 44, del 24 de abril de 1976, que La Voz del Interior,
de Córdoba, dirigió a la Secretaria de Redacción. Indudablemente que este
memorando jamás se publicó en los medios. Recién sería La Prensa la que
publicaría, al año siguiente, la primera solicitada de los familiares de

161
desaparecidos…” (véase: “Los grandes medios gráficos y los derechos
humanos en Argentina 1976-1983”, en:
www.fopea.org/content/download/1638/8335/file).
Respecto del dolo eventual, ha sostenido la doctrina:
“Cuando nos encontremos con la producción de un resultado típico
concomitante que como posible fue abarcado por la voluntad realizadora, se
tratará de dolo eventual. Cuando la finalidad se dirija directamente a la
producción del fín típico habrá dolo directo.” (Zaffaroni, Eugenio Raúl,
Tratado de Derecho Penal, Edit. Ediar, Bs. As., 1987, T III, p. 87); Cuando la
consecuencia resulta sólo posible, tiene lugar el dolo eventual. “La distinción
entre dolo directo de segundo grado y dolo eventual finca en que en el primero
el resultado se representa como necesario, en tanto que en el segundo se
representa siempre como posible.” (Zaffaroni, op. cit. T III, p. 350)
El dolo eventual –también llamado dolo condicionado- se da
cuando “el autor tiene como seriamente posible la realización del tipo legal y
con ella se conforma, o sea, cuando el autor acepta la posibilidad de la
producción o, inversamente, cuando no confía en que no se produzca…lo que
el autor debe aceptar es la posibilidad del resultado o el resultado en tanto
posible, no el resultado en sí, porque en tal caso hay dolo directo… Los casos
de dolo eventual requieren pues, conciencia del peligro concreto, pero por sí
misma no basta si no se complementa con su aceptación como probabilidad
de resultado.” (Zaffaroni, op. Cit., t III, p. 351-353)
“El dolo es eventual cuando: a) el sujeto se representa el resultado
como relativamente probable y b) incluye esa probabilidad (no el resultado a
secas sino la probabilidad de resultado) en la voluntad realizadora.”
(Zaffaroni, op. Cit., t III, p. 355)
En el dolo eventual, “el autor no tiene la intención directa o
indirecta de delinquir, sino que se limita a tomar a su cargo lo que, por
presentársele como probable, puede, frente a su conciencia, eventualmente
ocurrir…” (Núñez, Ricardo: Tratado de Derecho Penal, Edit. Marcos Lerner,
Córdoba, t. II, pp. 58-59).
Los requisitos para la existencia del dolo eventual se
circunscriben a la previsión del resultado y la adhesión o aceptación de
éste por parte del agente, debiéndose analizar la indiferencia del imputado
162
Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
ante el hecho que lo insta a delinquir: su aceptación o conducta consecuente
con el resultado cuya posibilidad estuvo en él representada, consolida la
calificación con dolo eventual.
En el dolo eventual el sujeto se representa el resultado como de
probable producción y, aunque no quiere producirlo, sigue actuando,
admitiendo su eventual realización. El sujeto no quiere el resultado pero
"cuenta con él", "admite su producción", "acepta el riesgo", etc. (Francisco
Muñoz Conde, Derecho Penal, Parte General, 3ra. ed., Tirant Lo Blanch,
1998, págs. 296 y ss., 302 y 304).
El dolo eventual significa que el autor considera seriamente como
posible la realización del tipo legal y se conforma con ella. El contenido del
injusto del dolo eventual es menor que el de las otras dos clases de dolo,
porque aquí el resultado no fue ni propuesto ni tenido como seguro, sino que
se abandona al curso de las cosas.
Para poder afirmar el dolo eventual se debe pasar por dos
filtros, de acuerdo a las teorías más actuales sobre el tema, y partiendo
USO OFICIAL

siempre, de que todo dolo debe contener tanto el elemento intelectual, como
el volitivo. El primer filtro es que debe existir un peligro cierto y concreto
para el bien jurídico, en el sentido que existe la posibilidad concreta de que
se produzca. El segundo filtro, es que el autor debe haber tenido
conocimiento de ese peligro concreto, no abstracto y lo haya tomado en serio,
de manera que tenga una comprensión correcta de la situación global y de
igual forma se decida a actuar.
Así, siempre que al realizar la acción, el autor cuente con la
posibilidad de la realización del tipo, se dará el dolo eventual. Aunque el
sujeto no considere probable la realización de los elementos objetivos del tipo,
se dará el dolo eventual si contaba con dicha posibilidad.
Respecto del dolo eventual, la teoría del asentimiento (que
compartimos) sucede a la de la representación, y “permite aceptar como
dolosa la conducta de quien se representa –según circunstancia de hecho- el
resultado ilícito como cierto o probable, puesto que, aunque él no tenga la
intención o voluntad directa de realizarlo, asiente o acepta que se produzca…

163
no se trata de reprocharle la sola previsión o representación, o el saber…” El
agente “puede incluso perseguir fines intencionales lícitos, pero advierte que
para acceder a ellos se representa la posibilidad eventual del delito, que a
pesar de no querer, lo acepta (…quiere como decisión voluntaria de
aceptación).” (Viñas, Raúl Horacio: Derecho Penal-Parte General, Edit. Nova
Tesis-Editora Jurídica, Buenos Aires, 2007, T II, pp. 145/146)
Por su parte, la jurisprudencia ha admitido la posibilidad del dolo
eventual en los cómplices:
“En cuanto a la pretendida incomunicabilidad del dolo y la
limitación de la responsabilidad del partícipe (art. 47 del Código Penal), y si
bien es regla que solamente se participa en el hecho en la medida en que el
coautor lo quiso, no es menos cierto que esa voluntad puede hacerse presente
también mediante la forma de dolo eventual, perfectamente compatible
con la convergencia subjetiva a cuyo efecto es suficiente la
representación, como posible, de que determinado hecho puede producir
determinada consecuencia, asumiendo su riesgo. Dentro de la ejecución del
plan concebido entre las partes, la realización de violencia como
parámetro de imputación para el tipo agravado del art. 142, inc. 1°, del
Código Penal, se presentaba al menos como potencialmente posible ante la
reacción previsible de las víctimas. De ahí que si los ejecutores
intensificaron su acción, quienes los acompañaron deben responder por
el exceso.” (del Voto de la Dra. Berraz de Vidal; Cámara Nacional de
Casación Penal, Sala IV, Berraz de Vidal, Hornos, David, Registro n°
3326.4, autos: Diamante, Gustavo G. s/recurso de casación. 20010426).
“La limitación de la responsabilidad penal prevista por el art. 47
del Código Penal se aplica para el caso de establecerse que el acusado de
complicidad no quiso cooperar o no ha previsto como posible la realización de
un hecho más grave que el cometido por el autor, pero el querer del cómplice
comprende al dolo eventual, y por tanto cuando de las características del
hecho surge que sus consecuencias más graves eran previsibles, entonces
quienes prestaron colaboración para que éste se concretase recibirán la misma
pena correspondiente al delito.” (Cámara Nacional de Casación Penal, sala IV,
11/06/2008, autos: Martínez, Carlos Sebastián y otros, Cita Online:

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Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
AR/JUR/4581/2008, publicado en: Sup. Penal 2008 (octubre), 54 -
DJ31/12/2008, 2557 - DJ2008-II, 2557 - LA LEY 2008-F, 264.)
“Los cómplices primarios e instigadores del delito de sustracción
de persona deben responder por el homicidio de la víctima a título de dolo
eventual, ya que si bien es cierto que la lejanía del lugar de los hechos obra a
favor de ellos, no es menos cierto que se presupone conocimiento profesional
de la violencia que conllevan los procedimientos de aprehensión, y en su
condición de hombres de armas, las consecuencias y peligros concretos de su
utilización.” (Cámara de Apelaciones y Garantías en lo Penal de Dolores,
autos: Cabezas, José L., 03/02/2000, publicado en: LA LEY 2000-A , 501, cita
online: AR/JUR/4476/2000).
“Se responde como partícipe, a fortiori como instigador, si el sujeto
consintió como posible la acción del autor principal y contribuyó no obstante a
su producción, ratificando con su voluntad cuanto previera como posible: dolo
eventual; porque en el tema se aplican los principios que reglan la culpabilidad
sin cortapisas, claro que sin permitirse la posibilidad de intervenir en grados
USO OFICIAL

subjetivamente distintos.” (Cámara de Apelaciones en lo Criminal y


Correccional de Mercedes, sala I, 15/10/1996, autos: Gouarnalusse, Juan C. y
otros, cita Online: AR/JUR/504/1996, publicado en: LLBA1997, 68.)
Determinada la participación de los imputados a título de dolo
eventual respecto de las violaciones de domicilio y de las torturas ocurridas
con motivo y en razón de las detenciones ilegales del 20 y 21 de julio de 1976
en la zona de Ledesma y Calilegua, cabe recortar tal participación a los casos
en los que hemos considerado que existió privación ilegítima de la libertad y
en los que ocurrieron también estos dos tipos penales. No corresponde
extender a otros hechos tal responsabilidad dado que faltaría el necesario nexo
de causalidad entre el acto de los imputados de brindar su aporte para la
realización del operativo de detención de personas y los delitos en concreto
perpetrados. Asimismo, tal participación será con el carácter de partícipe
primario en el caso de Blaquier, y de partícipe secundario en el caso de
Lemos, por los motivos expresados en el acápite anterior de esta resolución.

165
Por otro lado, en los casos en que concurrieran los delitos de
privación ilegítima de la libertad con violación de domicilio, si se tratara del
mismo hecho, deberá reputarse que concurren en concurso ideal, porque existe
en tal caso una relación de medio a fin entre la violación de domicilio y la
privación ilegítima de la libertad, ya que se allana el domicilio en forma ilegal
para apresar a la persona que es sujeto pasivo del delito. Además, porque se
advierte una unidad de resolución conforme el plan concebido, es decir, la
intención es detener al buscado, aunque para su realización sea menester
violar su domicilio.
Dentro de una concepción de derecho penal de acto, si existe una
sola conducta, debe existir un solo delito, y consecuentemente, una pena.
Si existen varios movimientos, sólo habrá una sola conducta si hay
un plan común (factor final) y si hay una unidad de sentido para la prohibición
(factor normativo). Si una conducta es prohibida por varios tipos, no por ello
se multiplica, ya que el derecho no crea conductas. El art. 54 del C.P. habla de
“un hecho”. Un hecho es una conducta.
Para que varios movimientos sean una sola conducta debe existir
un plan común, una unidad de resolución. Pero debe complementarse con el
factor o criterio jurídico.
En el caso de las violaciones de domicilio perpetradas con la
finalidad de materializar una privación ilegítima de la libertad, hay un solo
hecho que es calificado por varios tipos penales, y por ende estamos en el
supuesto del art. 54 del C.P., concurso ideal. En el caso de este concurso, la
conducta encuadra en ambos tipos, pero resulta mayor y comprensivo del otro
tipo la privación ilegítima de la libertad, que por su extensión abarca a la
violación de domicilio, ya que el subtipo agravado por la realización con
violencia consume a la violación de domicilio, porque comprende esa forma
de cometerlo.
Por ello, corresponde calificar como concurso ideal entre tales
delitos, y según el art. 54, en la etapa procesal correspondiente se aplicará
solamente la pena mayor. En la relación de consunción que puede existir
cuando dos tipos penales concurren respecto de una sola conducta, uno de los
tipos agota el contenido de prohibición por cuenta propia y por cuenta del otro
tipo penal. Es lo que sucede en el caso del tipo de privación ilegítima de la
166
Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
libertad calificada por el uso de violencia cuando concurre con la violación de
domicilio. Estas ideas concuerdan con la expresión contenida en el art. 150 del
Código Penal, que al definir el concepto del delito de violación de domicilio,
aclara “…si no resultare otro delito más severamente penado…”
Pero en los casos en que se haya irrumpido en un domicilio sin
orden judicial y no se haya concretado detención alguna por no encontrarse el
requerido, la violación de domicilio se configura en forma autónoma y así
debe declararse, ordenándose el respectivo procesamiento por tal delito.
Por otro lado, la privación ilegal de la libertad y la imposición de
tormentos concurren en forma material. La aplicación de tormentos no se
deriva necesariamente de una privación ilegítima de la libertad, así como
pueden cometerse torturas dentro del marco de una privación de la libertad
ordenada por autoridad competente. En cuanto a la configuración de
tormentos, no sólo cabe considerarse tales a los pasajes de corriente eléctrica o
golpes aplicados a las víctimas, sino también a las condiciones de detención
inhumanas, caracterizadas por la escasa alimentación, la carencia de asistencia
USO OFICIAL

médica, la permanencia atados y con los ojos vendados o con una capucha
colocada, la imposibilidad de asearse, etc. Por lo que debe considerarse
tormentos a la normal estadía en el centro de detención de Guerrero, atento a
las circunstancias narradas por las víctimas al respecto.
A pesar de la diversa evolución doctrinaria, jurisprudencial y
legislativa, que registran en nuestro país los conceptos de vejaciones,
severidades, apremios ilegales y torturas (véase la extensa referencia de Jorge
Buompadre en “Delitos contra la Libertad”, Mave, Buenos Aires, 1999, págs.
94 y 95), estas últimas son entendidas unánimemente como malos tratos
físicos o morales de tal gravedad que ocasionan una lesión material o daño
psíquico en la víctima, pero que tienen como particularidad que le son
aplicados o impuestos con la intención de torturarla sea para arrancar una
confesión (de un sospechoso o de un testigo), o por venganza o por represalias
u otra finalidad malvada, pues la ley reprime cualquier especie de tormento,
caracterizado por su modo, gravedad o fin (Ricardo C. Núñez, “Tratado de
Derecho Penal Argentino”, Tomo III, Lerner, Córdoba, págs. 56/57);

167
A su vez, la Convención contra la Tortura y otros Tratos y Penas
Crueles, Inhumanos y Degradantes, Aprobada por la Asamblea General de las
Naciones Unidas el 10/XII/1984 y por la República Argentina por Ley N°
23.338 e incorporada con rango constitucional en 1994, dispone que: “Se
entenderá por el término tortura todo acto por el cual se inflijan
intencionadamente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean
físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero información o
una confesión, de castigarla por un acto que haya cometido, o de intimidar o
coaccionar a esa persona o a otras, o por cualquier razón basada en cualquier
tipo de discriminación, cuando dichos dolores o sufrimientos sean infligidos
por un funcionario público u otra persona en el ejercicio de funciones
públicas, a instigación suya, o con su consentimiento o aquiescencia. No se
considerarán torturas los dolores o sufrimientos que sean consecuencia
únicamente de sanciones legítimas, o que sean inherentes o incidentales a
éstas”.
De igual modo, en el ámbito interamericano se dictó la Convención
Interamericana para Prevenir y Sancionar la Tortura, adoptada por la
Asamblea General de Organización de Estados Americanos en su
Décimoquinto Período Ordinario de Sesiones, Cartagena de Indias, Colombia,
el 9 de diciembre de 1985, con entrada en vigor el 28 de febrero de 1987,
ratificada por nuestro país el 31 de marzo de 1989, establece en su art. 2
primera parte que: “Se entenderá por tortura todo acto realizado
intencionalmente por el cual se inflijan a una persona penas o sufrimientos
físicos o mentales, con fines de investigación criminal, como medio
intimidatorio, como castigo personal, como medida preventiva, como pena o
con cualquier otro fin. Se entenderá también como tortura la aplicación sobre
una persona de métodos tendientes a anular la personalidad de la víctima o a
disminuir su capacidad física o mental, aunque no causen dolor físico o
angustia psíquica”.
Por su parte, ha sostenido la jurisprudencia:
“Mientras que las severidades son aquellos tratos rigurosos o
ásperos, que pueden consistir en atentados contra la incolumidad personal, en
particulares modos de colocación o mantenimiento del preso, o en ilegítimas o
irrazonables restricciones, las vejaciones consisten en ciertas prácticas
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mortificantes para la personalidad, que se caracterizan por ser indecorosos,
agraviantes o humillantes; los apremios ilegales, por su parte, son los rigores
usados para forzar a la persona detenida a efectuar una declaración, por lo
general, autoincriminante o para influir en sus determinaciones y los
tormentos consisten en todo maltrato material o moral cuando es inflingido
intencionalmente para torturar a la víctima, caracterizado por su modo,
gravedad o fin.” (Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Corrientes,
04/08/2011, autos: Panetta, Ángel Vicente s/denuncia, Cita Online:
AR/JUR/62994/2011, publicado en: L.L. Litoral 01/01/1900, 81)
“La conducta típica constitutiva de tortura no está circunscripta
sólo al sometimiento a interrogatorios bajo la aplicación de sufrimientos
físicos o psíquicos, sino que las características del contexto que implica la
privación de la libertad en un centro clandestino de detención la alejan de un
típico régimen carcelario —en el caso, por hechos cometidos durante la última
dictadura militar— y, por ello, las conductas que tienen entidad para
materializar el tipo la configuran el tabicamiento o colocación de vendas en
USO OFICIAL

los ojos, o la colocación de capuchas, los traslados en esa condición, la


percepción de que se encuentran numerosas personas en igual condición de
sometimiento, la percepción de la imposición de tormentos a otras personas
que implica una permanente amenaza de ser torturado, la escasa y deficiente
alimentación, falta de higiene, exposición en desnudez y otros padecimientos
de neta connotación sexual, entre otros.” (Cámara Federal de Apelaciones de
Bahía Blanca, 11/11/2010, autos: Castro, Oscar Alfredo, Cita Online:
AR/JUR/73567/2010, publicado en: LLBA2011 (abril), 315.
“En el marco de las causas en las que se investigan delitos de lesa
humanidad cometidos durante la última dictadura militar, los testimonios de
los detenidos en centros clandestinos de detención resultan prueba
fundamental, debido a que la metodología de las Fuerzas Armadas consistió
en destruir todo tipo de documentaciones y registros, a fin de preservar la
impunidad de los ilícitos cometidos” (Cámara Nacional de Apelaciones en lo
Criminal y Correccional Federal, sala I, 26/04/2012, autos: Nerone, Rolando
Oscar y otro s/ procesamiento y embargo, Cita Online: AR/JUR/12764/2012)

169
“Las detenciones ejecutadas por funcionarios de fuerzas de
seguridad durante el Proceso de Reorganización Nacional es indudable que
eran ilegales, ya que se realizaban en total clandestinidad formal, no se dejaba
constancia en acta de las circunstancias de la detención, salvo casos
excepcionalísimos, y era acompañada, la mayor de las veces, por exhaustivos
registros de los domicilios de las víctimas que se caracterizaban no sólo por la
violencia propia de toda medida coactiva, sino por un abusivo ejercicio de
poder que les llevaba a ejercer violencia física sobre familiares y víctimas, a
sustraer objetos de valor, además de ser trasladadas las víctimas maniatadas y
encapuchadas, a diversos Centros Clandestinos de Detención, donde más
tarde, serían torturados.” (Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Corrientes,
04/08/2011, autos: Panetta, Ángel Vicente s/denuncia, Cita Online:
AR/JUR/62994/2011, publicado en: LLLitoral 01/01/1900, 81
“A los fines de la configuración del delito previsto en el art. 144 ter
del Cód. Penal -en el caso, se condenó por la comisión de este delito a
miembros de las fuerzas de seguridad que cometieron delitos de lesa
humanidad durante la última dictadura militar- poco interesa, a fin de
determinar la condición de perseguido político de la víctima, que esta última
haya efectivamente desarrollado esta actividad, sino que lo medular radica en
que el sujeto activo se represente que persigue a la víctima por motivos
políticos.” (Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Corrientes, 04/08/2011,
autos: Panetta, Ángel Vicente s/denuncia, Cita Online: AR/JUR/62994/2011,
publicado en: LLLitoral 01/01/1900, 81)
Por todo lo expuesto, corresponde admitir parcialmente la
apelación deducida por el Ministerio Fiscal y la Secretaría de Derechos
Humanos de la Nación, y con fundamento en los parámetros antes reseñados,
analizando los casos traídos a conocimiento, debe dictarse el auto de
procesamiento a los imputados por los siguientes hechos:
Violaciones de domicilio: por 15 hechos, a saber: 1) Delicia del
Valle Álvarez de Narváez, 2) Hipólito Álvarez, 3) Raúl Ramón Bartoletti, 4)
Alfonso Waldino Cordero, 5) Eublogia Cordero de Garnica y Domingo
Horacio Garnica (idéntico domicilio para ambos); 6) María Cortez, 7)
Salvador Cruz, 8) Luis Víctor Escalante, 9) Héctor Narváez, 10) Enrique
Núñez, 11) Mario Martín Núñez, 12) Ana María Pérez, 13) Román Patricio
170
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CAMARA FEDERAL DE SALTA
Rivero, 14) Jhonny Vargas Orozco, 15) Bernardino Oscar Alfaro Vasco y Luis
Alfaro Vasco (mismo domicilio). En todos los casos, con el carácter de
partícipe primario en lo que respecta al imputado Blaquier, y de partícipe
secundario con relación a Lemos, cometidas con dolo eventual, en concurso
ideal con privación ilegítima de la libertad agravada en todos los casos.
Torturas: por veinte hechos, a saber: 1) Delicia Álvarez, 2)
Hipólito Álvarez, 3) Raúl Ramón Bartoletti, 4) Alfonso Waldino Cordero, 5)
Eublogia Cordero, 6) María Cortez, 7) Norma Castillo, 8) Salvador Cruz, 9)
Luis Victor Escalante, 10) Hilda del Valle Figueroa, 11) Domingo Garnica,
12) Rufino Lizárraga, 13) Héctor Narvaez, 14) Enrique Nuñez, 15) Mario
Nuñez, 16) Ana María Pérez, 17) Román Rivero, 18) Bernardino Alfaro
Vasco, 19) Luis Alfaro Vasco, 20) Jhony Vargas Orozco. En todos los casos,
con el carácter de partícipe primario en lo que respecta al imputado Blaquier,
y de partícipe secundario con relación a Lemos, cometidos con dolo eventual,
y en concurso real con privación ilegítima de la libertad agravada.
La ley penal reprime “al funcionario público o agente de la
USO OFICIAL

autoridad que allanare a un domicilio sin las formalidades prescriptas por la


ley o fuera de los casos que ella determina". El bien jurídicamente tutelado por
el art. 151 del Codigo Penal sigue siendo el mismo que en el art. 150
(Violación de domicilio), pero protegiéndoselo no ya de la intromisión ilegal
de un particular, sino específicamente de los abusos de autoridad pública, que,
teniendo facultades y competencia para llevar a cabo esta conducta o ingreso
legalmente, lo hace violando las formas impuestas por la Constitución y sus
leyes inferiores. En rigor, sólo tienen en común con la figura anterior, el
objeto del delito (domicilio) y la invasión a la intimidad, pero no por ello deja
de ser un verdadero abuso funcional. La jurisprudencia tiene dicho al respecto
que “la directiva constitucional expresa que el domicilio es inviolable y que
una ley determinará en qué casos y con qué justificativos podrá procederse a
su allanamiento y ocupación”. (Voto de la Dra. Ledesma, CCCFed, sala II,
“Barboza, Carlos”, sent. del 24/10/84).
Con relación a los casos respecto de los cuales se ordena el
procesamiento por privación ilegal de la libertad, se debe extender tal

171
procesamiento por violación del domicilio de las víctimas en concurso ideal,
conforme relataron las víctimas en testimonios transcriptos más arriba. Pero
no corresponde extender el procesamiento al caso de Norma Castillo, ya que
no es precisa la fecha en que se cometió la violación de domicilio a fin de
aprehenderla (sin resultados positivos), y no existe certeza de la participación
de vehículos de Ledesma en tal oportunidad. Asimismo, debe excluirse de tal
extensión los casos de Rufino Lizárraga e Hilda Figueroa, cuyas detenciones
se realizaron sin violación de domicilio.
De los relatos de las víctimas detenidas en forma ilegal se
desprende que no se cumplieron los requisitos legales exigidos en oportunidad
de proceder a la detención de las veinte víctimas que fueron privadas de su
libertad. En efecto, tales procedimientos fueron efectuados por funcionarios
públicos (policías), sin orden judicial (conforme lo mandaba el art. 188 del
Código de procedimiento en materia penal –vigente a la época de tales
hechos-), sin información de las causas que justificaban su presencia, y aun
cuando no hubiese existido necesidad de forzar la puerta de la morada para
lograr el ingreso.
Conforme surge de las testimoniales y demás pruebas rendidas
en autos existieron violaciones de domicilio en los siguientes hechos:
1) Álvarez de Narváez: escuchó que en la calle disparaban una
metralleta y ladraban perros, y al poco tiempo personas armadas golpearon las
puertas de la casa; empujaron contra la pared a toda la familia, y luego de
identificarla, la llevaron detenida, atándole las manos y vendándole los ojos;
2) Hipólito Álvarez: allanaron su domicilio en Calilegua y lo
detuvieron, maniatado y con los ojos vendados;
3) Raúl Ramón Bartoletti: a la 1 o 2 del 21-7-76 detenido en su
domicilio familiar, vendándole los ojos y atándole las manos;
4) Alfonso Waldino Cordero: detenido el 21-7-76 a las 23 en su
domicilio de Calilegua. Fue obligado a vestirse y su esposa a tirarse en el piso
boca abajo. Fue atado con soga plástica y vendado.
5) Eublogia Cordero de Garnica y Domingo Horacio Garnica:
detenidos en su domicilio de Calilegua, quienes entraron hicieron pedazos
todo, luego ella y su hijo fueron vendados y les pusieron un número.

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6) María Cortez: detenida en su casa, había corte de luz total, de
pronto golpearon las puertas, ventanas y paredes, y abren las puertas
apuntando con armas, la sacan de la cama y le piden que se vista, le vendan
los ojos y la boca, le atan las manos y la suben en la parte de delante de una
camioneta llena de gente.
7) Luis Víctor Escalante: detenido la noche del 20-7-76 de su
domicilio en Calilegua. Le ataron las manos y le vendaron los ojos.
8) Héctor Narváez: el 21-7-76 fue detenido en su domicilio por la
noche, por personal policial y militar que lo vendó y ató.
9) Enrique Núñez: la madrugada del 21-7-76 fue detenido en su
domicilio particular de Calilegua, le vendaron los ojos y le ataron las manos.
10) Mario Martín Núñez: detenido la madrugada del 21-7-76 en
su domicilio de Calilegua. Lo llevan maniatado y vendado.
11) Ana María Pérez: el 21-7-76 a las 23, detenida en el
domicilio de una amiga en Calilegua, la vendaron y ataron sus manos.
12) Bernardino Oscar Alfaro Vasco y Luis Alfaro Vasco: los
USO OFICIAL

detienen juntos de su domicilio familiar del pueblo de Ledesma, el día 20 de


julio de 1976 o el 23 de ese mes. Ingresaron 8 personas de uniforme verde,
registraron el lugar y golpearon a sus habitantes. Les vendan los ojos y atan
sus manos.
13) Jhony Vargas Orozco: lo detienen en su domicilio el 21 de
julio de 1976, en Libertador Gral. San Martín.
14) Román Patricio Rivero: detenido en su domicilio en
Calilegua el 22-7-76 a las 23.45 por fuerzas policiales.
15) Salvador Cruz: detenido la madrugada del 20-7-76 de su
domicilio en Calilegua.
Con relación a Norma Castillo, violaron su domicilio procurando
detenerla. No estaba en Calilegua. Las fuerzas de seguridad entraron a su casa
y revisaron todo. Días después ella se presenta espontáneamente y es detenida,
en este caso la hacen subir en un automóvil escoltado por una camioneta de
Ledesma. En este caso, los delitos de privación ilegal de la libertad y violación
de domicilio concurren en forma real. Pero al no poder establecerse la fecha

173
de la violación de domicilio, no corresponde procesar a los imputados por este
delito, ya que no está probado el aporte de vehículos de Ledesma para este
hecho, que habría ocurrido antes del operativo realizado los días 20 y
siguientes de julio de 1976.-
No corresponde incluir el caso de Rufino Lizárraga como
violación de domicilio, ya que fue detenido del camión en que estaba
durmiendo frente de su domicilio, pero no existe constancia de que las fuerzas
que lo detuvieron hayan ingresado al domicilio. Tampoco el caso de Hilda
Figueroa, ya que de su relato no surge que haya sido detenida del interior de
su domicilio.
En cuanto a las torturas, deben tenerse por acreditados los
siguientes casos:
1) Delicia del Valle Álvarez de Narvaez: al detenerla, le ataron
las manos y vendaron los ojos, le pusieron el número 12, en la policía o
gendarmería del ingenio fue manoseada. En Guerrero, hacía frío, el piso era de
mosaico, estaban tiradas en unas colchonetas. Le pegaron cachetadas en la
cara, la picanearon en la pelvis. Otras vícitimas le contaron que escucharon
que fue violada en Guerrero, lo que no recuerda. Estuvo tan mal de los nervios
que todo se le hacía muy confuso, sólo recuerda disparos, corridas y tiros;
2) Hipólito Alvarez: al detenerlo, es maniatado y vendados sus
ojos. Recibió alguna patada o trompada. Estuvo en Guerrero.
3) Raúl Ramón Bartoletti: le atan las manos y le vendan los ojos
al detenerlo; en Guerrero se escuchaban permanentes torturas, estaban todos
tirados en el piso, vendados y atados, les hicieron simulacro de fuga, los
sometieron a torturas psicológicas; había que pedir para que los llevaran al
baño. Una vez que se demoraron y hacía frío se hizo encima sus necesidades y
le pegaron con un látigo de alambre; comían al estilo animal, les acercaban el
plato a la boca (un caldo que era grasa pura); se sentían alaridos de hombres y
mujeres. Escuchó cómo golpeaban a Aredez, Bravo y Weisz.
4) Alfonso Waldino Cordero: al detenerlo, lo ataron con soga
plástica y lo vendaron. Cuando iba al baño era golpeado brutalmente.
Escuchaban ruidos de balas y ladridos de perros. Vio muy torturado a Isidro
Salinas, tenía labios y cabeza quemados, la espalda herida con látigo.

174
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5) Eublogia Cordero de Garnica: la vendan al detenerla, en
Guerrero escuchó gritar a sus hijos, les pegaban con un látigo, les golpeaban la
cabeza, la pisaron y le quebraron un tobillo, le hicieron saltar toda la prótesis,
quedó sin dientes, tiene cicatrices de quemaduras con cigarrillos, estuvo a
punto de perder su mano porque tenía todo podrido, por las ataduras de
plástico. Sentía quejarse a muchos conocidos, dormían en el piso, los mojaban
enteros, las torturas se sentían de noche, había tachos con agua y los ponían en
el agua, se sentía olor a pelo quemado. Cuando los torturados no daban más,
los torturadores lo comunicaban y el jefe decía: “bueno, tírenlo al dique,
comida para los pescados”. Que a Román Rivero y a Salvador Cruz los
hicieron destrozar con los perros.
6) María Cortez: al detenerla, le vendan ojos y boca y le atan las
manos, le dan el número 53, la golpearon. En Guerrero, no podía hablar con
otros, porque la callaban a golpes. A Hilda Figueroa le pisaban las piernas
(tenía polio), perdió la noción del tiempo, violaron a todas las mujeres:
manoseos, acceso sexual, porque gritaba la pusieron en una cama de chapa, le
USO OFICIAL

pusieron agujas en los pechos y sintió que le agarraba corriente.


7) Norma Castillo: la detienen cuando se presenta en la policía,
había un auto y una camioneta de Ledesma. La suben al auto y la camioneta
los sigue hasta la policía de Libertador. Es vendada y atada, la llevan hasta un
lugar donde la interrogaban sobre los chicos del pueblo, le picanearon los
dedos y los pechos, una señora la picaneaba y la golpeaba, la trasladan en un
auto envuelta en una colcha, con un policía. Estuvo en Guerrero, ya que
reconoció a Delicia y a Rivero. Cuenta que sacaban gente para interrogatorio y
volvían quejándose. No denunció por miedo. Nunca se está preparada para
esto. Estuvo detenida en tres lugares. La reconocen en Guerrero Eublogia
Cordero, Filemón Campos, Hilda Figueroa y Delicia Alvarez.
8) Salvador Cruz: desapareció luego de ser detenido el 20-7-76.
Un oficial dijo a su hermana que había sido muy maltratado, que estuvo en
Guerrero y que le hicieron firmar la libertad. Samán, Waldino Cordero,
Eublogia Cordero, Filemón Campos, confirman su presencia en Guerrero, que
habría intentado escapar y lo mataron (Waldino Cordero).

175
9) Luis Víctor Escalante: al detenerlo lo atan y vendan sus ojos,
es golpeado e insultado en Gendarmería; en Guerrero sólo le dieron de beber
agua, escuchaba el quejido de otras personas; fue torturado, pedía a los
custodios que lo maten ya que estando esposado y en las condiciones en que
estaba prefería morir a seguir sufriendo; bajó como 10 kg. En Gorriti no
recibió atención médica a pesar de que orinaba sangre, y los golpeaban cuando
iban al baño.
10) Hilda del Valle Figueroa: al detenerla le vendan los ojos y
atan sus manos por la espalda, recién la habían operado porque sufría de polio,
le pusieron el número 84 u 85; en Guerrero sufrió torturas y violaciones. En
Villa Gorriti, la sacaron 4 veces a la Central donde era vendad y la
interrogaban golpeándola e insultándola. En una de esas salidas fue llevada a
Salta donde fue torturada y violada.
11) Domingo Garnica: detenido junto a su madre, lo trasladan a
Guerrero donde fue torturado. Allí lo escuchó su madre por última vez.
Desparecido.
12) Rufino Lizárraga: al detenerlo, le vendaron los ojos y ataron
sus manos. Le dieron el número 89, en la comisaría de Ledesma los pusieron
contra la pared con las manos en alto; permaneciendo un para de horas y los
que bajaban las manos eran golpeados. Lo llevaron a Guerrero. Los tiraron en
el piso, con las manos atadas y los ojos vendados; comían una vez al día. A la
noche llegaban quienes los interrogaban. Les tiraban agua hervida y les
pisaban las cabezas; al quinto día le dan un colchón. Recibió golpes con un
cable pesado con una cobertura que hacía de látigo que producía dolor y ardor.
Le golpearon los testículos, lo que le produjo un quiste, por lo que años
después tuvo que operarse. Escuchó torturar a Lodi, y que el torturador le
decía: “ahora no vas a quedar ni para loco”.
13) Héctor Narváez: al ser detenido fue vendado y atado. En
Guerrero fue interrogado, pateado y golpeado con la culata de un arma.
14) Enrique Núñez: fue vendado y atado al detenérselo. En
Guerrero fue brutalmente golpeado, estuvo diez días sin comer, no podía ir al
baño por lo que se hacía las necesidades encima, fue golpeado en el abdomen,
quemado con cigarrillos en el tórax; fue brutalmente golpeado al sacrse las
vendas y ataduras. Lo abandonan atado a un árbol frente el hospital Pablo
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Soria, los médicos lo rescatan y lo internan por 40 días. Estuvo ciego 30 días,
le hicieron transplante de córneas. Quedó con secuelas psiquiátricas.
15) Mario Núñez: al detenérselo, es maniatado y son vendados sus
ojos. En Guerrero, los tiraron al suelo y allí fueron castigados de todas las
formas, habiendo recibido golpes en todo el cuerpo y lo interrogaban.
16) Ana María Pérez: es vendada y atada de manos al ser
detenida, le dan el número 22 o 24, la trasladan a Guerrero donde estuvo 8
días. Fue torturada con látigo en todo el cuerpo, le propinaron brutales
golpizas, puñetazos y patadas; escuchaba fuertes gritos de torturados y
ladridos de perros.
17) Román Rivero: fue visto por Alfredo Cortez y Filemón
Campos eh Guerrero. Eublogia de Garnica dice que se quiso escapara y lo
mataron, igual referencia hacen Hilda Figueroa, Casiano Bache y René
Rodríguez.
18) Bernardino Alfaro Vasco: lo vendan y le atan las manos al
detenerlo, los amontonan en una camioneta, la custodia los pisaba para que
USO OFICIAL

estén quietos. En Guerrero los tiran al piso, lo interrogaron y torturaron.


19) Luis Alfaro Vasco: Lo llevan a la gendarmería o policía de
Ledesma, vendado y atado; allí escuchaba gritos y voces; le pegaron en el
estómago y en la cara y lo pusieron contra la pared, después lo subieron a otro
vehículo y lo llevaron Guerrero, allí los tiraron en el piso y les ataron los pies;
nunca supo cuánto estuvo allí detenido, no comían salvo en alguna ocasión
que le dieron un líquido como sopa. Escuchó cómo torturaron a otros
detenidos, y los lamentos de quienes eran golpeados. Fue objeto de malos
tratos.
20) Jhony Vargas Orozco: varias víctimas refieren su estadía en
Guerrero y las torturas que sufrió (Bartoletti, Figueroa, Lizárraga, Samán).
En la totalidad de estos casos se comprobó la tortura, los
testimonios son coincidentes, otros testigos relatan las siguientes condiciones
de detención en Guerrero: se escuchaban tiros y gritos; empezaron a
desaparecer personas. Se escuchaba la tortura de otros presos. Les gatillaron
en la cabeza. Alimentación nula o casi nula. Falta de atención médica.

177
Condiciones inhumanas de detención por la postura, las ataduras y la venda en
los ojos. Torturas psicológicas: escuchar el dolor y los quejidos de los demás,
simulacros de fusilamiento, simulacros de fuga. Otros tormentos: recibir agua
hirviendo o agua helada que los torturadores les arrojaban en pleno invierno,
acompañada esta acción de la risotada de los guardias; castigos con látigos,
prohibición de hablar y comunicarse, golpes y quemaduras con cigarrillo; uso
de la picana sobre el cuerpo de los presos; abusos sexuales con y sin acceso
carnal de las detenidas; falta de acceso al baño, al servicio médico y a
medicamentos; todo tipo de golpes hasta el límite de que los presos prefieran
la muerte a continuar con tal sufrimiento. Todas estas torturas se aplicaron con
graves secuelas no sólo físicas sino psíquicas en las víctimas, como se
puntualiza más arriba.
Corresponde encuadrar la conducta de las torturas en el art. 144 ter
del Código Penal, pero por el principio de la ley penal más benigna, es
necesario examinar los tipos penales vigentes en la época de los hechos y el
vigente actualmente, para seleccionar la ley más favorable para los imputados.
De esta comparación, surge que la ley vigente a la fecha de los hechos era más
favorable que la actual, por tener escalas penales menores en su máximo y en
su mínimo.
Para encuadrar correctamente la conducta en el tipo penal
respectivo, debe destacarse que las torturas se produjeron en algunos casos
sobre personas que eran perseguidos políticos.
Cabe destacar que los imputados conocían cuál era el objeto del
préstamo de los vehículos, porque ya habían efectuado un préstamo de menor
entidad en el mes de marzo, la noche del golpe de estado. Hemos sostenido en
la causa “Arédez” que colaborar con el préstamo de vehículos en el
desenvolvimiento de un Golpe de Estado del mismo modo que lo hicieron
otras empresas en el país en idéntica fecha, con el común denominador de que
en todos los casos tales vehículos se usaron para privar de la libertad a
personas en forma ilegal y violenta, permite inferir prima facie el dolo de
participar en tales actos, los cuales debían considerarse ex ante como acciones
manifiestamente contrarias a la ley, lo que demostraría prima facie la
conciencia de la ilicitud del préstamo.

178
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CAMARA FEDERAL DE SALTA
Precisamente, de la experiencia del primer préstamo del vehículos,
ya los imputados tenían la clara conciencia de que cabía la probabilidad de que
las personas que iban a ser detenidas fueran personas que las fuerzas de
seguridad consideraban subversivas u opositoras al régimen político de facto
instaurado en marzo anterior. En el mes de marzo se había detenido a
importantes dirigentes sociales y políticos (por ejemplo Arédez y Melián). Y
en este segundo préstamo, varios de los detenidos resultaron efectivamente
personas consideradas subversivas, opositores políticos o agitadores sociales,
quienes sufrieron torturas por ser considerados contrarios al gobierno,
opositores, subversivos, agitadores, sindicalistas, etc. Esto nos lleva a
encuadrar las torturas respecto de tales personas en un tipo agravado por
dirigirse a perseguidos políticos.
Sin embargo, cabe distinguir: Delicia Álvarez, Hipólito Álvarez,
Norma Castillo, Eublogia Cordero, Domingo Garnica, Hilda Figueroa,
María Cortez, Luis Víctor Escalante, Mario Núñez, Ana María Pérez,
USO OFICIAL

Jhony Vargas Orozco, Román Patricio Rivero, Bernardino Oscar Alfaro


Vasco, fueron privados de su libertad y torturados por datos (verdaderos o
falsos) obtenidos de otros presos bajo tortura, o por ser familiares de
importantes dirigentes sociales (como es el caso de Eublogia Cordero,
Domingo Garnica, Mario Núñez y Bernardino Alfaro Vasco), o por motivos
desconocidos, sin que hayan estado comprometidos en actividades de
compromiso social o de oposición al régimen.
Diferente fue la situación en otros casos: Bartoletti pertenecía al
Centro de Estudiantes de Derecho de Tucumán; Waldino Cordero fue
detenido a su criterio porque hizo una huelga a Ledesma, y fue interrogado por
sus actividades políticas y gremiales; Rufino Lizárraga era considerado por
informaciones policiales vinculado a organizaciones subversivas; Héctor
Narváez era secretario general del Sindicato de Obreros y Empleados de
Calilegua, y luego presidente de la Federación Azucarera Regional; Enrique
Núñez había sido secretario de Actas del Sindicato de Obreros y Empleados
de Calilegua y posteriormente de la Federación Azucarera Regional; Salvador
Cruz era gremialista, vocal del Sindicato de Obreros de Calilegua; y Luis

179
Alfaro Vasco participaba en Tucumán de la “Línea Independiente
Antiimperialista”, considerando a la empresa Ledesma el último resabio de
una sociedad feudal, enfrentándose a ella y estimaba que por ello eran
perseguidos. Respecto de estas siete personas, habrá de aplicarse la figura
agravada de torturas por ser la víctima un perseguido político, conforme texto
de la ley 14.616, ya que la percepción que las fuerzas de seguridad tenían de
tales dirigentes sociales era que se trataba de enemigos políticos.
Comparando la ley penal vigente en el momento de los hechos con
la vigente actualmente, se advierte que la escala penal era menor en aquel
momento, por lo que es aquélla la que deberá aplicarse, por el principio de la
ley penal más benigna (la escala actual es de 8 a 25 años, en tanto que el tipo
agravado de la ley anterior era de 3 a 15 años). Yendo al art. 144 tercero
vigente en aquel tiempo (según ley 14.616), se advierte que tenía para el caso
de aplicarse torturas a un perseguido político (agravante hoy derogada) la pena
de 3 a 15 años, en tanto que el tipo sin agravante tenía una pena de 3 a 10
años. Por lo que habrá de disponerse el procesamiento por torturas a los
imputados con dolo eventual, para Blaquier como cómplice primario y para
Lemos como cómplice secundario, por el tipo de torturas, agravado o sin
agravante, según los casos, conforme se detalla en el párrafo anterior.
En igual sentido ha fallado el Tribunal Oral en lo Criminal Federal
de Corrientes: “Si los diversos hechos juzgados -en el caso, encuadrados como
delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar-
tuvieron comienzo de ejecución en la década de los años setenta, siendo en
esta época que las figuras penales de los arts. 144 bis y 144 ter del Cód. Penal,
cuyo reproche se asigna a los imputados, encontraban cobijo en la redacción
conferida por la ley nro. 14.616, ésta es la norma aplicable, no obstante las
sucesivas reformas de la que fuera objeto en el tiempo posterior a la comisión
de los delitos, pues resulta ser la ley penal más benigna, en tanto que el art.
144 bis no ha sufrido modificación alguna, mientras que la reforma
introducida al art. 144 ter por la ley 23.097 produjo un agravamiento en la
punibilidad del delito al elevar la escala punitiva.” (autos: Panetta, Ángel
Vicente s/denuncia, 04/08/2011, LLLitoral 2012 (febrero), p. 81,
AR/JUR/62994/2011).

180
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E) Agravios de María Milagros Reales: La querellante
considera que el procesamiento se debe extender con relación a los hechos
vinculados a su hermano Domingo Faustino Reales.
Cabe recordar que la citada víctima de 20 años de edad y
estudiante de ingeniería a la fecha de los hechos, habría sido detenido el día 10
de julio de 1976 en la ciudad de San Miguel de Tucumán en horas de la
madrugada por un grupo de personal uniformado de la Policía Federal
Argentina juntamente con sus compañeros de estudio Rubén Horacio
Carrazana, Leandro Rodolfo Córdoba y Horacio Burgos; sin que sus
familiares hayan tenido noticias sobre su paradero hasta la fecha. La madre
declaró oportunamente que las seccionales de policía de Tucumán a la que
recurrieron les informaron que fue detenido por orden del Coronel Bulacios,
por lo que se dirigieron a las autoridades de Jujuy, quienes no quisieron
atenderla; indica que tampoco fue ubicado en la ciudad de Buenos Aires ni de
Salta (expte. 278/07). Varias víctimas indican su presencia en Guerrero
(Eublogia Cordero de Garnica -expte. 404/05-, Ernesto Samán –expte. 221/0-,
USO OFICIAL

Delicia del Valle Álvarez – fs. 4476-, Casiano Bache –fs. 4351).
Sin embargo, no hay constancias de que en la detención de Reales
en la ciudad de Tucumán hayan intervenido vehículos del Ingenio Ledesma.
De todas maneras, como bien lo señala la resolución en grado, al
menos con relación a los hechos que se investigan en esta causa, no se
advierten, prima facie, motivos para responsabilizar a directivos del Ingenio
Ledesma por otros hechos que no sean los de la detención de las víctimas que
se han producido en el marco del operativo del 20 y 21 de julio de 1976,
realizado con el aporte de los imputados facilitando vehículos de esa empresa,
dado que las privaciones de la libertad tuvieron lugar en un operativo conjunto
de las distintas fuerzas de seguridad para detener a un número determinado de
personas de las localidades de Calilegua, Ledesma y Libertador General San
Martín.
F) Libertad de los imputados: Con relación al pedido de prisión
preventiva de los imputados que el Ministerio Fiscal y las querellas solicitan,
cabe señalar, como lo destaca la sentencia en grado, que el principio general es

181
la libertad del imputado durante la sustanciación del proceso penal. En tal
sentido, el art. 1º del CPPN señala que nadie podrá ser “considerado culpable
mientras una sentencia firme no desvirtúe la presunción de inocencia de que
todo imputado goza”; y el art. 2º dice que “toda disposición legal que coarte la
libertad personal, que limite el ejercicio de un derecho atribuido por este
Código, o que establezca sanciones procesales, deberá ser interpretada
restrictivamente”. A su vez, el art. 280 del mismo Código dispone que “la
libertad personal sólo podrá ser restringida, de acuerdo con las disposiciones
de este Código, en los límites absolutamente indispensables para asegurar el
descubrimiento de la verdad y la aplicación de la ley”. El art. 312 establece
que el juez ordenará la prisión preventiva del imputado al dictar el auto de
procesamiento, cuando: 1) al delito o al concurso de delitos que se le atribuye
corresponda pena privativa de la libertad y el juez estime, prima facie, que no
procederá condena de ejecución condicional; 2) aunque corresponda pena
privativa de libertad que permita la condena de ejecución condicional, si no
procede conceder la libertad provisoria, según lo dispuesto en el art. 319. Y
esta última norma prescribe que podrá denegarse la exención de prisión o
excarcelación, respetándose el principio de inocencia y el artículo 2º del
ordenamiento procesal nacional, cuando “la objetiva y provisional valoración
de las características del hecho, la posibilidad de la declaración de
reincidencia, las condiciones personales del imputado o si éste hubiere gozado
de excarcelaciones anteriores, hicieren presumir, fundadamente, que el mismo
intentará eludir la acción de la justicia o entorpecer las investigaciones”.
La Corte Suprema de Justicia de la Nación ha reconocido la
existencia del derecho a gozar de la libertad durante el proceso, al que le ha
conferido jerarquía constitucional (CSDJN, 14-5-1991, “Gaudin, Jorge
Omar”, Fallos 314:451, consid. 2º), sujeto a las leyes que reglamenten su
ejercicio (CSJN, año 1982, “Celso de Stoll, Elide Josefina Laura”, Fallos
304:319; L.L. 1982-D-259); y que cuando el art. 18 de la Constitución
Nacional dispone categóricamente que ningún habitante de la Nación será
penado sin juicio previo, establece el principio de que toda persona debe ser
considerada y tratada como inocente de los delitos que se le imputan hasta que
en un juicio respetuoso del debido proceso se demuestre lo contrario mediante

182
Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
sentencia firme (CSJN, 22-12-1998, “Nápoli, Erika”,l Fallos 321:3630; L.L.
1999-B-662).
También ha dicho que el encarcelamiento preventivo sólo se
justifica en aquellos casos en que existen elementos que permiten suponer que
se frustrará el cumplimiento de los fines del proceso, es decir, la averiguación
de la verdad real o la realización del derecho penal material, a través de la
efectiva ejecución de la sanción penal, en la medida en que la soltura se
encuentra ajustada a la hipótesis de excarcelación previstas por la ley procesal
(CSJN,14-6-1988, “Gómez, Alberto”, Fallos 311:652; L.L. 1989-B-604); que
en razón del respeto a la libertad individual y a la libre disposición de los
bienes de quien goza de una presunción de inocencia por no haberse dictado
sentencia condenatoria, las atribuciones de carácter coercitivo cautelar
personal o real que se otorgan al juez de instrucción deben adoptarse con la
mayor mesura que el caso exija (CSJN, 10-10-1996, “Fiscal vs. Vila,
Nicolás”, Fallos 319:2325; L.L. 1998-D-878); que las restricciones de los
derechos individuales impuestas durante el proceso y antes de la sentencia
USO OFICIAL

definitiva son de interpretación y aplicación restrictiva, cuidando de no


desnaturalizar la garantía del art. 18 de la Constitución nacional según la cual
todas las personas gozan de estado de inocencia hasta tanto una sentencia final
y dictada con autoridad de cosa juzgada no lo destruya declarando su
responsabilidad penal (CSJN, voto del doctor Bossert, 3-10-1997, “Estévez,
José L.”, L.L. 1997-F-832, con cita del precedente de Fallos 316:942).
Clariá Olmedo señala que la prisión preventiva asegura la
intervención personal del imputado durante el proceso, y previene el
cumplimiento de la posible condena. Estas finalidades son las que han
determinado su denominación tradicional. Modernamente se tiende a
eliminarla en cuanto mera declaración, manteniendo su efecto o sea el
encarcelamiento preventivo o la libertad bajo caución. De ahí que en los
códigos más modernos se exige para su dictado que se trate de delitos de
acción pública reprimidos con pena privativa de libertad y que no aparezca
procedente, prima facie, la condena de ejecución condicional, o que
procediendo aquélla, hubiere vehementes indicios de que el imputado tratará

183
de eludir la acción de la justicia o entorpecer la investigación (Clariá Olmedo,
Jorge A. : “Derecho Procesal Penal 2”, actualizado por Chiara Díaz, Carlos
Alberto, Santa Fe, Rubinzal y Culzoni, tomo II, 1998, pág. 354).
Analizando el supuesto en análisis, debemos tener presentes
varias particularidades del caso.
En primer término ha de repararse en la extrema gravedad de los
hechos imputados, la cual se asienta no sólo en la lesión a los bienes jurídicos
protegidos por los tipos penales en los que han sido encuadrados, sino también
y fundamentalmente en el carácter de crímenes de lesa humanidad de los
mismos; la abundante prueba colectada que ha permitido el dictado de este
auto de procesamiento; la cantidad de víctimas involucradas y la selección de
varias de ellas de entre quienes eran considerados subversivos u opositores
políticos del régimen militar; y los daños físicos y psíquicos que tuvieron que
sufrir los sujetos pasivos de los delitos achacados a los imputados, en muchos
casos con graves secuelas que permanecen vigentes hasta hoy.
En segundo lugar, ha de considerarse la responsabilidad del
estado argentino, en razón de tratados internacionales vigentes con jerarquía
constitucional, por los cuales se ha comprometido a asegurar el juzgamiento
de los crímenes de lesa humanidad, deber que pesa sobre todas las autoridades
(también sobre los jueces), para lo cual no es indiferente la aplicación de la
prisión preventiva como medio de asegurar la efectiva realización del juicio
oral y el correspondiente dictado de una sentencia. Cabe tener presente que
reiterada jurisprudencia tanto de la Corte Interamericana de Derechos
Humanos como de la Comisión Americana sobre Derechos Humanos y el
Comité de Derechos Humanos, no sólo respecto de la Argentina sino también
de otros países, se refiere a la obligación de los tres poderes del Estado de
avanzar en el sentido de garantizar el juzgamiento de los crímenes de lesa
humanidad.
En tercer lugar, debemos hacer mérito también de las pautas
objetivas de la ley procesal para conceder o no la excarcelación, las cuales si
bien han sido flexibilizadas a partir de la interpretación derivada del plenario
“Díaz Bessone”, constituyen una presunción de riesgo procesal a ser tenida
presente en cada caso en que se examine la concesión o no de una
excarcelación. En el caso en concreto, advertimos que en razón del concurso
184
Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
de delitos que se achaca a los imputados y las penas amenazadas en los
mismos, no cabe conceder la excarcelación en la presente causa. En efecto,
teniendo presente el delito de torturas, cuyo procesamiento se ordena por siete
casos con el agravante de que el sujeto pasivo es un perseguido político, la
pena en expectativa, según la ley aplicable referida más arriba, iría de 3 a 15
años, no resultando excarcelable ni siquiera para el cómplice secundario, ya
que el máximo en la escala atenuada quedaría en diez años.
Por otro lado, si bien se debe reconocer que los imputados han
respondido en forma a las citaciones cursadas por la justicia hasta el presente,
habiéndose modificado las imputaciones, y al habérseles enrostrado delitos
más severamente penados, se puede presumir que intentarán eludir la acción
de la justicia en su contra, ante la expectativa de una probable condena por una
abultada cantidad de años de prisión, existiendo un riesgo procesal cierto de
fuga, lo que obliga a revocar la situación de libertad de los mismos.
No podemos dejar de lado la consideración de la más reciente
jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, obligatoria para
USO OFICIAL

los tribunales inferiores, que en numerosos casos análogos al que tratamos, ha


resuelto la revocación de las excarcelaciones otorgadas a imputados por
crímenes de lesa humanidad, con fundamento en la gravedad de los delitos y
en el peligro de fuga consecuente, en razón de que no es lo mismo la situación
de quien espera una condena de ejecución condicional que la de quien tiene en
expectativa una condena grave, ya que en este último caso razones de
prevención general y especial aconsejan revocar el beneficio acordado.
Por todo lo expuesto hasta el presente, corresponde revocar la
excarcelación concedida a los imputados, y ordenar su inmediata detención.
En sentido concordante con la decisión que adoptamos, ha dicho
la jurisprudencia:
Corresponde dejar sin efecto la sentencia que concedió la
excarcelación del imputado por delitos de lesa humanidad toda vez que la
extrema gravedad de los hechos que se le atribuyen evidencia que no es lo
mismo la sujeción a la medida restrictiva de la libertad de una persona que
espera la realización de su juicio con la expectativa de ser condenada a una

185
pena de ejecución condicional o de efectiva privación de la libertad por un
periodo de tiempo limitado, que otra respecto de la cual, de recaer condena,
será fatalmente de efectivo cumplimiento, pues razones de prevención general
y especial así lo aconsejan (doctrina de la C.S.J.N. en: “Jabour, Yamil”,
30/11/2010, La Ley Online, AR/JUR/78179/2010).
“La excarcelación solicitada por el imputado por delitos de lesa
humanidad debe rechazarse, pues la escala penal prevista para éstos y la
objetiva y provisional valoración de las características del hecho permiten
presumir fundadamente que intentará eludir la acción de la justicia o
entorpecer las investigaciones, ello de conformidad con las pautas establecidas
en el art. 319 del Cód. Procesal Penal de la Nación y bajo el prisma delineado
por la Corte Suprema de Justicia de la Nación en el precedente “Diaz
Bessone” (Cámara Federal de Apelaciones de Mar del Plata, 07/02/2013,
autos: Excarcelación de Fernando Alberto Otero, Cita Online:
AR/JUR/177/2013, publicado en: LLBA2013 (junio), 550)
“Debe revocarse la sentencia que concedió la excarcelación del
imputado, pues, el riesgo de fuga o entorpecimiento de la investigación no
puede considerarse superado por la propicia situación personal, familiar y
social de aquel que fuera valorada por el a quo para ordenar su libertad.”
(Corte Suprema de Justicia de la Nación, autos: “Díaz Bessone, Ramón
Genaro”, 30/11/2010, La Ley Online, AR/JUR/78178/2010).
“Debe rechazarse la excarcelación solicitada por el imputado de
la comisión de delitos de lesa humanidad, en tanto existe un impedimento
relativo a la superación del exceso del monto de pena máximo fijado por el
art. 316 del Cód. Procesal Penal para la procedencia del beneficio…” (Juzgado
Federal de 1a Instancia de Santa Rosa, 13/01/2012, autos: Baraldini, Luis
Enrique s/excarcelación, Cita Online: AR/JUR/4/2012)
“A efectos del especial deber de neutralizar toda posibilidad de
fuga o entorpecimiento de la investigación en casos de la comisión de delitos
de lesa humanidad, excarcelar al imputado, no sólo pone en riesgo la
realización de la justicia penal, sino también la responsabilidad internacional
del Estado argentino.” (Del dictamen del Procurador Fiscal que la Corte hace
suyo). (Corte Suprema de Justicia de la Nación, 01/11/2011, autos: Daer, Juan

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Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
de Dios s/causa n° 11.874, Cita Online: AR/JUR/64726/2011, publicado en:
LA LEY 09/11/2011, p. 11)
“El pronunciamiento de casación que autorizó la libertad del
imputado por la comisión de varios delitos calificados como de lesa
humanidad, con la consiguiente posibilidad de que se sustraiga a la acción de
la justicia, debe revocarse, pues esa decisión compromete la responsabilidad
internacional del Estado argentino, que debe garantizar el juzgamiento de
todos los hechos de esas características, de acuerdo con el derecho
internacional vinculante para nuestro país, configurando así un caso de
gravedad institucional.” (Del dictamen del Procurador Fiscal que la Corte, por
mayoría, hace suyo). (Corte Suprema de Justicia de la Nación, 04/10/2011,
autos: M., M. A. s/ causa n° 12.680, Cita Online: AR/JUR/53744/2011,
publicado en: LA LEY 31/10/2011, 11, P.q.-S ; Sup. Penal2011 (noviembre),
49 - LA LEY 2011-F, 409 - con nota de Andrés Gil Domínguez)
“Debe dejarse sin efecto la excarcelación decretada en el caso en
el que se le imputa al acusado numerosos delitos calificados como de lesa
USO OFICIAL

humanidad, pues, se encuentra comprometida la responsabilidad internacional


del Estado argentino, que debe garantizar el juzgamiento de todos los hechos
de esas características, de acuerdo con el derecho internacional vinculante para
nuestro país y la decisión del a quo que autoriza su libertad, con la
consiguiente posibilidad de que se sustraiga a la acción de la justicia, pone
inmediatamente en riesgo aquellos compromisos de la Nación y, por lo
mismo, configura un caso de gravedad institucional. (Del dictamen del
Procurador Fiscal que la Corte, por mayoría, hace suyo). (Corte Suprema de
Justicia de la Nación, 14/09/2011, Vigo, Alberto Gabriel s/causa n° 10.919,
Cita Online: AR/JUR/54725/2011)
“La excarcelación concedida a quien está imputado por la
comisión de delitos de lesa humanidad debe ser revocada, en tanto los
argumentos que brinda la casación para sostener la inexistencia de riesgos
procesales no condicen con el especial deber de cuidado que pesa sobre los
jueces para neutralizar toda posibilidad de fuga o entorpecimiento de la
investigación en casos donde se intenta esclarecer los crímenes cometidos

187
durante la última dictadura militar (del dictamen del Procurador Fiscal que la
Corte hace suyo).” (Corte Suprema de Justicia de la Nación, 08/02/2011,
autos: Carrizo, Tomás Hermógenes s/causa n° 11.468, Cita Online:
AR/JUR/5222/2011)
“Corresponde dejar sin efecto la excarcelación del imputado por
delitos de lesa humanidad, pues, en los casos en los que se encuentra
comprometida la responsabilidad internacional del Estado argentino debe
garantizarse el juzgamiento de todos los hechos constitutivos de violaciones
graves a los derechos humanos de acuerdo con el derecho internacional
vinculante para nuestro país, razón por la cual, pesa sobre los magistrados un
especial deber de cuidado frente a la posibilidad de fuga o entorpecimiento de
la investigación en estos hechos, elementos no fueron analizados por el a quo,
pese a haber sido introducidos adecuadamente. (Del dictamen del Procurador
fiscal en la causa "Dopazo, Orlando" 30/11/2010 —La Ley Online— al cual
remite) (Corte Suprema de Justicia de la Nación, 30/11/2010, autos: Páez,
Rubén Oscar, Cita Online: AR/JUR/78160/2010)
“Teniendo en cuenta que excarcelar a un imputado de numerosos
delitos de lesa humanidad no sólo pone en riesgo la realización de la justicia
penal, sino también la responsabilidad internacional del Estado argentino,
corresponde dejar sin efecto la sentencia que concedió el beneficio, pues, los
argumentos que brinda la casación para sostener que la decisión de la cámara
federal que confirmó la denegatoria de excarcelación no se basa en criterios
objetivos cuando afirma la existencia de riesgos procesales, no condicen con
el especial deber de neutralizar toda posibilidad de fuga o entorpecimiento de
la investigación” (Corte Suprema de Justicia de la Nación, 23/11/2010, autos:
Pereyra, Antonio Rosario, Cita Online: AR/JUR/73147/2010, publicado en:
La Ley Online)
“Debe denegarse la excarcelación a quien está detenido e
imputado por el delito de secuestro extorsivo reiterado en el marco de una
causa por comisión de delitos de lesa humanidad, pues la categoría especial en
la cual se incluyen esos delitos conlleva un interés estatal en su persecución e
implica una importante expectativa de pena, la que al ser valorada
conjuntamente con las particulares características que ostenta la metodología
utilizada en los hechos investigados, permiten inferir la existencia de riesgos
188
Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
procesales.” (Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional
Federal, sala II, 15/07/2010, Martínez de Hoz, José Alfredo, Cita Online:
AR/JUR/32753/2010, publicado en: La Ley Online)
“Procede denegar el pedido de excarcelación interpuesto por
quien habría cometido delitos de lesa humanidad, ya que teniendo en cuenta
las graves trasgresiones a los derechos humanos que se le atribuyen, no parece
violatorio de sus garantías fundamentales que continúe cumpliendo la prisión
preventiva” (del voto del Dr. Planes) (Cámara Federal de Apelaciones de
Bahía Blanca, sala II, 11/09/2009, autos: Forchetti, Vicente Antonio, Cita
Online: AR/JUR/31992/2009, publicado en: La Ley Online)
“Corresponde denegar la solicitud de excarcelación a quien habría
cometido delitos de lesa humanidad durante el último gobierno de facto, pues
si bien no deben hacerse distinciones en cuanto a la gravedad de los ilícitos
investigados a fin de no desvirtuar la naturaleza cautelar de la prisión
preventiva, no debe olvidarse que el Estado Argentino tiene la obligación
estatal de llevar adelante el juicio oral y público en el que se establezca la
USO OFICIAL

responsabilidad en los hechos investigados, siendo necesario para ello


asegurar la presencia del imputado en el debate” (Cámara Federal de
Apelaciones de Bahía Blanca, sala I, 13/07/2009, autos: Carrizo, Tomás
Hermógenes, Cita Online: AR/JUR/23130/2009, publicado en: La Ley Online)
“Tratándose de la investigación de delitos de lesa humanidad, el
Estado Argentino resulta responsable en virtud de los compromisos
internacionales asumidos -artículo 75 inciso 22 de la Constitución Nacional-
de llevar adelante el juicio oral y público en el que se establezca la
responsabilidad de los hechos, resultando necesario asegurar la presencia del
imputado en el debate.” (Cámara Federal de Apelaciones de Bahía Blanca,
sala I, 13/07/2009, autos: Fogelman, Víctor Oscar, Cita Online:
AR/JUR/23124/2009, publicado en La Ley Online)
“Corresponde revocar la resolución que otorgó la excarcelación al
imputado, acusado de los delitos de homicidios calificados como partícipe
necesario, tres hechos en concurso real, los cuales fueron cometidos durante la
última dictadura militar, pues a la par de la particular naturaleza y gravedad de

189
los hechos enrostrados al encartado, concurren una serie de extremos, tales
como la seriedad y contundencia de las pruebas reunidas en la causa principal,
que han permitido sostener, de manera fundada y prima facie, la existencia
material de los hechos y la participación responsable del imputado en su
comisión, ordenándose en consecuencia su procesamiento y prisión
preventiva, pocos días antes de que se concediera la libertad al acusado en
primera instancia, sin que existan en autos nuevos elementos que hagan
modificar la opinión de la Alzada” (del voto del doctor Sánchez Torres).
(Cámara Federal de Apelaciones de Córdoba, sala B, 17/06/2009, autos:
Alsina, Gustavo Adolfo y otros, Cita Online: AR/JUR/28816/2009, publicado
en: La Ley Online.)
G) Sobre el embargo preventivo: Con relación al embargo
preventivo ordenado por el a quo (cabe señalar que tal como surge de la
resolución recurrida, por aplicación del art. 518 del CPPN, lo es a fin de
garantizar el pago de gastos, costos y costas que irrogue el proceso y las
eventuales indemnizaciones civiles que pudieren reclamarse. Es una
resolución corriente, librada al arbitrio prudente del juzgador y a estar por los
montos fijados en otras causas, la situación económica de los imputados y la
envergadura de este proceso, no resulta para nada arbitraria.
La defensa de los imputados sostiene que se ha perdido de vista
que se trata de un juicio penal en que todas las víctimas o familiares han
cobrado indemnizaciones legales a través de los trámites efectuados en el
Ministerio del Interior. Sin embargo, no hay elementos que acrediten esa
circunstancia, razón por la que el monto del embargo no parece excesivo.
La resolución venida en apelación no explicita las razones que
motivaron la medida cautelar impetrada, lo que para nada la invalida, ya que
en realidad esta decisión provisoria, responde a una evaluación genérica que
efectúa el juez de primera instancia, a fin de responder a las eventuales costas
del proceso. La decisión es conexa obligadamente a la del auto de
procesamiento adoptada, luce razonable en su monto y en todo caso la defensa
no da razones valederas para conmover esta decisión accesoria y secundaria.
Por los fundamentos expuestos considero que corresponde:
I) REVOCAR PARCIALMENTE el auto apelado, en cuanto ordena el
procesamiento de los imputados por las privaciones ilegítimas de la libertad
190
Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
agravadas respecto de: 1) Casiano Bache, 2) César Maldonado, 3) Ernesto
Samán, 4) Miguel Ángel Garnica, 5) Isidro Salinas y 6) Germán Tomás
Córdoba, declarando su FALTA DE MÉRITO, sin perjuicio de proseguirse
la investigación de estos hechos en la instrucción (art. 309 del C.P.P.N.).
II) CONFIRMAR EL PROCESAMIENTO de los imputados por
PRIVACIÓN ILEGÍTIMA DE LA LIBERTAD AGRAVADA (art. 142,
apartado 1º del Código Penal, texto vigente) en los siguientes casos: Delicia
Álvarez, Hipólito Álvarez, Norma Castillo, Eublogia Cordero, Domingo
Garnica, Hilda Figueroa, María Cortez, Luis Víctor Escalante, Mario Núñez,
Ana María Pérez, Jhony Vargas Orozco, Román Patricio Rivero, Bernardino
Oscar Alfaro Vasco (trece hechos); ORDENANDO asimismo su
PROCESAMIENTO en idénticos caracteres (cómplice primario Blaquier y
cómplice secundario Lemos) y en concurso ideal en estos casos (salvo
respecto de Norma Castillo e Hilda Figueroa) por el delito de VIOLACIÓN
DE DOMICILIO (art. 151 del C.P.); y ORDENANDO asimismo su
PROCESAMIENTO en idénticos caracteres y en concurso real por el delito
USO OFICIAL

de TORTURAS (art. 144 tercero del Código Penal, texto según ley 14.616,
primer párrafo, figura básica) en los trece casos antes mencionados.
III) CONFIRMAR EL PROCESAMIENTO de los imputados por
PRIVACIÓN ILEGÍTIMA DE LA LIBERTAD AGRAVADA (art. 142,
apartado 1º del Código Penal, texto vigente) también en los siguientes
casos: 1) Raúl Ramón Bartoletti, 2) Alfonso Waldino Cordero, 3) Rufino
Lizárraga 4) Héctor Narvaez, 5) Enrique Nuñez, 6) Salvador Cruz y 7) Luis
Alfaro Vasco (SIETE HECHOS); ORDENANDO asimismo su
PROCESAMIENTO en idénticos caracteres (cómplice primario Blaquier y
cómplice secundario Lemos) y en concurso ideal en estos casos (salvo
respecto de Rufino Lizárraga) por el delito de VIOLACIÓN DE
DOMICILIO (art. 151 del C.P.); y ORDENANDO asimismo su
PROCESAMIENTO en idénticos caracteres y en concurso real por el delito
de TORTURAS AGRAVADAS POR HABERSE COMETIDO EN
CONTRA DE UN PERSEGUIDO POLÍTICO (art. 144 tercero,

191
SEGUNDO PÁRRAFO, del Código Penal, texto según ley 14.616) en los
siete hechos antes mencionados.
IV) CONFIRMAR la resolución de fs. 4581/4684 en cuanto fijó el monto de
los embargos en las sumas de $ 10.000.000 y $ 5.000.000, respectivamente.
V) RECHAZAR el recurso interpuesto por la querellante María del Milagro
Reales (fs. 4785), por los fundamentos expuestos en los considerandos.
VI) ORDENAR LA PRISIÓN PREVENTIVA de CARLOS PEDRO
TADEO BLAQUIER Y ALBERTO ENRIQUE LEMOS, y en razón de los
procesamientos que se disponen, ORDENAR SU INMEDIATA
DETENCIÓN.
Así voto.-
A su turno el Dr. JORGE LUIS VILLADA dijo: He de
remitirme al relato detallado y extenso de los hechos y a la descripción y
valoración de la prueba desarrollados en el RESULTANDO de la presente
resolución, y anticipando que adhiero a los fundamentos y solución a la que
arriba el primer voto (que lidera la presente), todos en relación al caso y por
ende en lo referido a las privaciones ilegítimas de la libertad, en grado de
complicidad que se atribuye a Blaquier (primaria) y Lemos (secundaria),
en cuanto se describe en general la plataforma fáctica, las pruebas y el aporte
que se atribuye en cada caso a los imputados en los delitos bajo investigación;
todo ello como hecho sucedido en el mundo real y que debe ser materia de
análisis al momento de decidir la calificación legal y el grado de
responsabilidad que jurídico-penalmente se les debe atribuir, lo que tiene que
ser valorado con estricto apego a las reglas de legalidad, equidad, racionalidad
y objetividad que se requiere al juzgador al momento de decidir, teniendo en
cuenta en el caso que nos ocupa los argumentos del a quo en su resolución,
como así también los vertidos por las partes en sus respectivas peticiones.
Sucintamente, tal como lo afirma la resolución en crisis, los
imputados Blaquier y Lemos cedieron diversos vehículos (camionetas y
tráileres) a las FFAA y de seguridad, para el transporte de detenidos, en el
operativo realizado durante la llamada “noche del apagón” en la provincia de
Jujuy, en la región denominada “El Ramal”. En esa ocasión se detuvieron
ilegalmente a cientos de personas con suerte diversa (en su mayoría fueron
torturados, otros liberados y otros desaparecidos), todo ello previo a ser
192
Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
trasladados a San Salvador de Jujuy o al CCD Guerrero o a la cárcel de Villa
Gorriti.
Por otra parte, está probado con el grado de intensidad que requiere
esta etapa del proceso y tal como lo entendió en general el Sr. Juez instructor,
que además de los vehículos de la empresa Ledesma intervinieron otros de
distinta procedencia -entre los que por cierto los había de las fuerzas que
manejaban el operativo-. Pero además también está acreditado (esencialmente
por los testimonios relevados), que gran parte de esos detenidos fueron
buscados en sus domicilios en horas de la madrugada y otros se presentaron
espontáneamente en dependencias policiales, donde quedaron privados de su
libertad.
Con lo dicho, al haberse encuadrado originariamente, las conductas
delictivas en las figuras de Privación Ilegítima de la libertad, Tormentos,
Desaparición de personas, Violación de Domicilio (todos delitos contra las
personas individuales), corresponde precisar en cuántos hechos (o sea,
respecto de cuántas víctimas) y en qué forma intervinieron efectivamente los
USO OFICIAL

vehículos cedidos por los imputados; por otra parte el grado del aporte que
quisieron realizar a la ejecución de los mismos y finalmente el alcance de la
ley penal que les resulta aplicable en consecuencia. Es en estos últimos
aspectos, donde voy a disentir respetuosamente con el voto del vocal
preopinante (segundo voto) por los fundamentos y consideraciones que
expondré en cada caso.

Primera cuestión: Aporte del cómplice al hecho y no a los


autores. Contrariamente a lo que sostienen muchos autores nacionales (cuya
opinión a nuestro entender basan la línea de razonamiento en ordenamientos
penales foráneos), debemos reafirmar la premisa y convicción de que en el
Derecho penal argentino se investiga, persigue y reprime a todos los sujetos
que hayan intervenido dolosamente en un hecho típico, antijurídico, culpable
y punible, en el grado que efectivamente se compruebe que lo hicieron
(conforme a las reglas de los arts. 45 y 46 del C.P.).

193
Esta definición conceptual inicial que se puede encontrar en
cualquier manual de cátedra, establece claramente que toda conducta (positiva
o negativa) que no se halle tipificada en la ley penal de fondo, es indiferente a
la persecución y sanción penal conforme lo disponen los arts. 18 y 19 de la
Constitución Nacional; y a su vez representa un dogma de la libertad que
resulta irrenunciable e inmodificable, en tanto reafirma el llamado derecho
penal de acto, por oposición al derecho penal de autor (propio de los
regímenes autoritarios que ha conocido la humanidad a lo largo de su
historia). Este principio resulta inderogable aún por los tratados
internacionales, que sólo operan en plenitud, en tanto no se opongan ni
deroguen lo dispuesto por los primeros 31 artículos de nuestra Carta Magna,
tal y como surge de lo que dispone el art. 27, la cual prevalece aún sobre tales
Convenciones en cuanto se pudieren oponer a aquellas disposiciones -art. 75
inc. 22-
Por su parte, la ley procesal penal (basada en el art. 18 de la
Constitución Nacional), manda perseguir y castigar a los que de cualquier
modo hayan participado (en sentido amplio) en el hecho que vulnera un
determinado bien jurídico individual o social (penalmente relevante),
tipificado conforme a la ley vigente (al momento del hecho), que resulta
antijurídico (lo que supone ausencia de causas de justificación expresamente
consagradas por el orden jurídico) y punible (que igualmente exige ausencia
de condiciones negativas de punibilidad).
En este orden de ideas, el dolo del partícipe sea que se lo enfoque
desde las antiguas teorías psicologistas, sea que se lo defina desde el encuadre
normativista o hasta de las opiniones eclécticas, siempre requiere por una
parte la representación de una conducta que es opuesta al derecho (conciencia
de la criminalidad del acto) y de otro costado, la voluntad libre de obrar en
determinado sentido no obstante haber previsto la probabilidad cierta del daño
que pueda causarse.
Entonces, de nada serviría que el cómplice acuerde hasta entregarle
su vida al autor o ejecutor, si éste no va a cometer un delito (hecho típico,
antijurídico, culpable y punible). Dice bien Jescheck (Tratado de D.P., pág.
630), que “…la complicidad presupone también una conexidad entre el hecho
principal y la acción del cómplice”. Por ello, no compartimos la prestigiosa
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CAMARA FEDERAL DE SALTA
doctrina, que concibe al nexo de punibilidad que atrae al cómplice al proceso
penal, por el mero acuerdo a secas con el autor o ejecutor. Es que la doctrina
en general, pero en particular desde Carpzov allá por el Siglo XV, hasta
nuestros días, pretendió ampliar el estrecho ámbito que para el dolo
reservaban los juristas en el derecho romano (intención criminal). Y es así que
se fue extendiendo el concepto del dolo, a ciertos sucesos no directamente
queridos pero que conforme el curso natural de las cosas cabe esperar
fundadamente que se produzcan, como consecuencia de una acción
efectivamente perseguida. Esta opinión en la que se enrola voto que me
precede, es aquélla con la que disiento y seguidamente fundaré.
Este esfuerzo por extender la significación del dolo según Pérez
Barberá, comenzó desde el derecho medioeval por intentar ampliar el llamado
dolus malus, básicamente en virtud de necesidades político-criminales y
probatorias (El dolo eventual, págs. 150 y ss. Ed. Hammurbi), lo que condujo
pendularmente las ideas desde el extremo subjetivista al objetivista, con las
vacilaciones propias de la evolución del pensamiento y que hasta hoy causan
USO OFICIAL

confusión.
Por el contrario, creemos que la conexidad del cómplice es
esencialmente objetiva, ya que como se dijo es el delito el elemento central y
esencial que comunica a todos los intervinientes en el mismo y provoca el
accionar estatal persecutorio y sancionador. Sin delito no hay pena, ni proceso,
ni responsabilidades criminales (culpabilidad) que determinar, porque
simplemente nada tiene que hacer el derecho penal, si no hay un hecho
jurídico penalmente relevante.
Entonces y como lógica consecuencia, para determinar quiénes
son pasibles de esta persecución y sanción, debe verificarse la existencia de
los siguientes elementos imprescindibles: acción (humana, voluntaria, libre y
consciente, sea positiva o negativa); tipicidad (previsión legal sancionada por
el Congreso de la Nación, estricta, escrita y publicada con anterioridad al
hecho motivo de la causa); antijuridicidad (calidad de oposición del hecho al
ordenamiento jurídico en su conjunto); culpabilidad (existencia de dolo en el
grado o intensidad requerido según el delito de que se trate, al momento de

195
producirse el hecho); y ausencia de causas que excluyan la punibilidad. Pero
a renglón seguido y cuando nos encontramos con los cómplices o participes en
sentido estricto, debe recurrirse necesariamente a esta evolución de las ideas
penales que en materia de dolo llevó a cabo la doctrina, ya que conforme la
postura que se adopte pueden diferir las soluciones para el caso concreto.
En la causa que nos ocupa y conforme a los testimonios, indicios y
constancias concordantes, coherentes y claramente volcados al expediente,
pero que además han sido extensa y certeramente analizados, surge que los
vehículos de la empresa dirigida y administrada por ambos imputados -
respectivamente-, tomaron parte en la detención ilegal y abusiva de 20
víctimas (ergo: 20 hechos).
Por tal intervención (préstamo de vehículos para un mega
operativo que a la postre hemos acordado que resultaba ilícito), debe
determinarse a continuación en qué carácter (de los previstos por la ley penal
únicamente) se les puede imputar a los encartados su grado de responsabilidad
y participación, y si la misma es jurídico-penalmente reprochable o neutra,
anticipando que tal aporte se pactó o acordó ex ante.
A partir de las ilegales detenciones, las víctimas corrieron diversa
suerte, sufriendo distintos ataques a su libertad, salud física y mental, y otras
clases de abusos perpetrados por las fuerzas que operaban en forma
clandestina (especialmente en su mayoría a mano de las de seguridad y sus
jefes, como así también por parte de la banda o asociación ilícita compuesta
por unos cuantos sujetos que pertenecían a las FFAA). Tiempo después
inclusive, y luego de pasar por algunos centros de detención, algunas de estas
víctimas encontrarían la muerte. En efecto ha sido establecido, probado y
afirmado por nuestros tribunales y esta Cámara, (entre otras en la causa contra
Zirpolo y Arias-homicidio de Meliton Bustos) que tal cadena de delitos,
descompuesto en varias fases, desdobladas en tiempo y lugar, era del
exclusivo dominio de quienes planificaron y dirigieron las operaciones,
manejándose con instrucciones secretas, información tabicada, clandestinidad
y anonimato, inclusive hasta reservadas para miembros de las mismas fuerzas
de seguridad y armadas, ya que la mayoría de sus componentes no solo no
habrían participado de estos delitos, sino que además no fueron señalados ni

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CAMARA FEDERAL DE SALTA
reconocidos ni apuntados ni involucrados por los testimonios, pruebas e
indicios rescatados en el tiempo.
Quiere decir que tanto en las jurisdicciones de Salta como de
Jujuy, operaban bandas ilícitas organizadas y dirigidas directamente por los
máximos responsables de las fuerzas implicadas (autores mediatos), que
encubiertas en los aparatos de poder, se llegaron a denominar “Áreas, zonas y
sub zonas”. Esos grupos, aprovecharon el estado de sitio, el desconcierto de
una población que hasta hoy está descubriendo la magnitud y gravedad de los
hechos sucedidos, la ilegalidad consentida (por ignorancia, acción u omisión),
la falta de autoridades e instituciones propias de un estado de derecho, la
anulación de los otros poderes del estado, el silenciamiento de la prensa, la
anulación de la actividad sindical u otras de carácter representativo, para
operar en grandes proporciones y en toda la geografía de estas provincias
(como lo hicieron en el resto del país). Y obraron con un alto grado de
impunidad, de mayor perversidad e innegable conciencia de la criminalidad de
sus actos, concretando la totalidad de la operación encarada y sus nefastas
USO OFICIAL

consecuencias en el tiempo y en el espacio sin limitaciones posibles. Todo


ello, en el grado y profundidad que se llevó a cabo, facilitado por el
desconocimiento cierto de la mayoría de la sociedad y demás integrantes de
las fuerzas.
Ante estas características tan especiales del plan represivo que se
concibió y así ejecutó en nuestro país, el juzgador debe definir en qué
carácter intervino el o los sujetos imputables por cada hecho bajo
investigación, para evitar caer en generalizaciones arbitrarias e imprecisas;
impedir que se frustren los procesos por eventuales planteos nulificantes, y
avanzar sobre la criminalidad, apegado a la legalidad, racionalidad, equidad y
justicia, como únicos instrumentos legítimos de su proceder.
Es que en los juicios de lesa humanidad, después de muchas
décadas, al fin se decidió confiar en la justicia (que debió estar presente desde
siempre); y entonces, el rol del juzgador debe arribar a la verdad de lo
sucedido con el mayor grado de apego a la ley y a la Constitución que nos
rigen, porque se quiera o no, es el Poder Judicial el que debe aportarle a

197
nuestra sociedad la verdad de lo sucedido, de los hechos ocurridos, la calidad
exacta de su ilegalidad (o no); la individualización acabada de los culpables (y
los no culpables) y, finalmente, sancionar sin pasiones pero inexorablemente a
quienes fueron responsables por crímenes cometidos, respondiendo siempre a
los mandatos legales y constitucionales, ya que nunca la Justicia puede ser
instrumento de “vindicta pública” ni “privada” (para ellas -según las doctrinas
clásicas penales- están predispuestos respectivamente: el Ministerio público
fiscal y las querellas particulares). Todo ello, sin dejar de resaltar y reconocer
las dificultades que ofrece una investigación que se remonta a más de tres
décadas en el pasado, con los escasos medios que cuenta el Poder Judicial para
llevar adelante tamaña labor.
Entonces, establecidos los hechos atribuidos a los imputados
Blaquier y Lemos, cabe remitirse inescindible e ineludiblemente a la
conceptualización legal que otorgan los arts. 45, 46 y ss. del C.P., que define a
instigadores, autores y coautores (sean mediatos o inmediatos), cómplices
necesarios y no necesarios, quedando excluido el encubridor, que en realidad
delinque (por otro hecho y contra la administración de justicia) y a partir de
ello, las consecuencias jurídico-penales accesorias que corresponden.

Segunda cuestión: Los encartados no fueron hallados autores


porque no ejecutaron -exigencia legal del art. 45- las detenciones ilegales ni
los delitos subsecuentes; tampoco tuvieron dominio sobre tales ilícitos ni
sobre sus ejecutores o jefes; tampoco pudieron en modo alguno interferir en el
curso causal de los acontecimientos, ni atenuar o evitar el daño que la
incontinencia de los ejecutores llevaba adelante en el transcurso del tiempo.
No estuvieron en las comisarías, ni en el CCD “Guerrero”, ni en la Central de
Policía ni en Villa Gorriti.
Tampoco pueden ser catalogados de instigadores porque hasta
ahora la prueba no lo revela así (a pesar de las pretensiones extensivas de la
Fiscalía y las querellas, basadas en la animosidad que algunos empleados o
sindicalistas despertaban eventualmente en los directivos de la empresa –tesis
que niega férreamente la defensa-).
Con lo dicho, anticipamos que el accionar atribuido por el a quo
(partícipes) se ajusta a derecho y debe ser confirmado.
198
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CAMARA FEDERAL DE SALTA
Es menester recordar que en materia penal, la prueba (aunque sea
en grado semipleno para esta etapa procesal), solo adjudica a los imputados
haber aportado parte de los elementos logísticos utilizados en el operativo
planeado y dirigido por las FFAA y de seguridad y ese aporte (vehículos),
según la ley penal, constituye el carácter de partícipes o cómplices, en tanto y
en cuanto auxilien, cooperen o ayuden a la realización de un hecho delictivo,
convergiendo intencionalmente al mismo y realizando el aporte voluntaria y
libremente. Pero además: con el alcance del conocimiento de la criminalidad
del delito al que aportan (atento la limitación impuesta por el art. 47 del C.P),
porque ese límite es el que define su responsabilidad (grado de culpabilidad
exigible).
Los imputados Blaquier y Lemos, fueron hallados cómplices de
delitos cometidos contra personas. Partícipes de un hecho ajeno, en el que no
tomaron parte ejecutiva ni instigaron a realizar ni pudieron interferir y menos
dominar. Pero esta conclusión a la que arriba el a quo y que desde ya
compartimos, impone pasar al análisis de las siguientes cuestiones, porque
USO OFICIAL

como toda decisión judicial exige estar fundada debida, legal y


racionalmente, para que sea justa y legítima, ya que toda afirmación
infundada, puramente dogmática o basada en opiniones o circunstancias
ajenas a la causa, o nacidas de la íntima convicción, serán arbitrarias.

Tercera cuestión (calificación legal). Este acápite exige dos


cuestiones a analizar conforme a las reglas existentes en materia de
participación criminal estricta: Comunidad de hecho y convergencia
intencional y han de tratarse separadamente, porque es en este punto donde
disentimos, con el Sr. Vocal preopinante a pesar de sus fundados motivos; tal
disenso genera consecuencias distintas a la hora de resolver en definitiva sobre
la situación legal de los imputados.
a) Comunidad de hecho (aspecto objetivo de la participación).
Partiendo de la idea de que en nuestro derecho penal argentino, el grado de
complicidad se mide en cuanto a su intensidad y a su alcance en relación al
hecho motivo de la investigación, porque el art. 45 claramente enuncia (para

199
el caso de la participación estricta: complicidad): “el que preste al o a los
autores un aporte sin el cual el hecho no hubiere podido cometerse” -
complicidad necesaria-, “u otra clase de ayuda no indispensable” (o
determinante) -complicidad secundaria-, concluimos tal como lo hace el
Instructor, que corresponde atribuirle a Blaquier el carácter de cómplice
necesario, ya que el traslado de tal cantidad de personas, demandaba
necesariamente de la cantidad de vehículos cedidos a la operación. Sin tamaño
aporte, el o los delitos relevados, no se hubieren podido cometer en el modo y
tiempo que lo fueron. Los testimonios de cargo rendidos en autos, son
bastantes y suficientes para sostener -en el grado de convicción exigible para
esta etapa procesal-, que había camionetas, autos y tráileres de la empresa,
llevando y trayendo gente detenida.
Desde luego, esta circunstancia puede ser desmentida o reafirmada
en el curso del proceso y especialmente del juicio, donde además de los
testigos que depusieron hasta aquí, puede haber otros tantos que sostengan lo
contrario. El Tribunal de juicio (o eventualmente antes de concluirse la
instrucción, el a quo), debe escuchar todas los testimonios que aporten con sus
respectivas versiones, a la verdad de lo sucedido con el mayor apego posible a
la realidad, para así decidir en definitiva sobre lo realmente sucedido y la
responsabilidad cabal que les corresponda a los acusados.
Por su parte, en el caso de Lemos, quien se habría limitado a
ejecutar la orden de su jefe (labor fungible que pudo llevar a cabo otro gerente
de menor jerarquía), el a quo consideró adecuadamente que, con la prueba
existente hasta este momento, su reproche alcanza el grado de participación
secundaria (ya que su intervención no era indispensable para que el hecho
sucediera como lo fue). Fue una pieza intermedia entre el aporte decidido por
Blaquier y la ejecución de la provisión de los vehículos. Si suprimimos a
Lemos de la escena de los hechos, su lugar pudo ser ocupado por el jefe de
taller, el encargado del parque vehicular o por los gerentes de cada sección en
que se dividía tamaña empresa. Es errado pretender equipararlo a la situación
de los militares que operaban formando parte de una “cadena de mandos”.
Eran civiles y Ledesma una empresa particular, de la cual en ese momento,
Lemos cumplía funciones de Administrador General, nada más.

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CAMARA FEDERAL DE SALTA
b) Convergencia intencional. Este requisito atañe el aspecto
subjetivo del instituto de la participación criminal, y debemos anticipar que la
doctrina y la jurisprudencia se han ocupado del tema de manera divergente en
algunos casos y bastante confusa en otros, llegando inclusive a insalvables
contradicciones. Ello obedece esencialmente a un defecto o falencia (a nuestro
modo de ver) de algunos intérpretes, que tiene explicación -según
anticipamos-, en las distintas posturas iniciales asumidas (desde las
psicologistas, normativistas y eclécticas, hasta las más modernas y
clarificadoras de Roxin –“JuS”, Múnich, 1964, págs. 53 y ss; o Kühl
(“Strafrech…”, Munich, 4° edición 2002).
Pero por otra parte y tal como lo hemos advertido en algunos de
nuestros trabajos, jamás la voluntad o la subjetividad del juez (o del intérprete)
deben prevalecer por sobre la voluntad de la ley, porque ese es el primer gran
paso hacia el autoritarismo. Enseñaba Carrara -del cual todavía no aprenden al
cabo de dos siglos-, que la primera condición ineludible para interpretar la ley
penal al momento de aplicarla es la racionalidad, y no hay razón en la
USO OFICIAL

subjetividad. La razón da fundamentos lógicos, objetivos, comprobables y


siempre dispuestos a ser modificables ante otros argumentos superiores o más
perfectos. Lo contrario es la pasión que enceguece, el dogma que resulta
inmutable y la subjetividad que es arbitraria.
Hecha esta aclaración, debemos anticipar que así como se
distingue entre el dolo del delito consumado (que admite todas las
modalidades imaginables) del dolo de la tentativa (que solo admite el modo
directo por mandato de la fórmula legal misma), igual distinción admiten el
dolo del autor (toda clase de dolo) respecto al de la instigación (dolo directo);
y, finalmente en igual sentido, merece un análisis más profundo el dolo de la
participación criminal (reflexión a la que nos obliga el art. 47 del C.P.)
Si hemos dicho como cualquier autor (Núñez, Jescheck, Zaffaroni,
Mezger, Fontán Balestra, Bacigalupo, Carrera, Caballero, Fierro, Terán
Lomas, Muñoz Conde, Soler, Carrara, Welzel, Lascano (h), Parma, Laje
Anaya, Laje Ros, Creus, Roxin, Puppe, Kühl, Stratenwerth, Schmidhäudser u
otro que se invoque), que el partícipe se obliga a prestar una ayuda, un auxilio

201
o una cooperación para la realización de un hecho delictivo que ejecutará otro,
teniendo como límite de su responsabilidad, el conocimiento y voluntad de
aquello a lo que se ha obligado, en algunos delitos jamás se le puede atribuir
sino dolo directo o como máximo indirecto pero nunca el eventual, salvo las
limitadísimas excepciones que alguna moderna doctrina establece.
Viñas, en el tomo II de “Derecho Penal Parte General” pág. 308 y
ss., destaca el estudio meticuloso de Carrara en el que refería a “concurso de
acción sin voluntades coincidentes”, que llamaba “divergencia intencional”.
La primera hipótesis refería a quien intervenía con inocente intención,
desplegando una acción que otro malvado aprovecha; o cuando hay
intenciones criminales distintas al comprometer su ayuda a un hecho menos
grave que el cometido por el autor (coincidentes con el art. 47 de nuestro
C.P.); o cuando alguien tiene una intención imperfecta (que llamaba dolo de
4° grado), es decir cuando el autor obra con ímpetu de ira o irritativo de índole
pasional, y donde solo erróneamente se podría extender esta condición
personal exclusiva a otros que no la compartan en lo más mínimo.
En la pág. 309 de la obra citada, este mismo autor, al referirse a las
limitaciones subjetivas en materia de participación, evoca a Núñez quien habla
de dos disparidades subjetivas: a) unas que conciernen a la índole distinta del
hecho consumado, ya que cuando es muy significativa destruye el concepto
unitario de comunidad o “corpus” del hecho delictivo participado y, b) otras
más complicadas, cuando lo que difiere es la mayor gravedad del hecho o que
ocasionan una lesión más intensa del bien jurídico (en lugar de lesionar se
mata, o en lugar de injuriar se lesiona, o bien no se priva sólo de libertad a una
mujer, sino que se la conduce fuera de fronteras, art. 145). Será pues decisivo
investigar si el coautor, cómplice o instigador no quisieron el hecho más
grave, probado lo cual, su responsabilidad no se extenderá a los dos últimos
(art. 47 C.P.), aunque sin desdeñar que suele rondar las áreas delictivas, el
solícito y “casi fatal” dolo eventual.
Si se quiere y siguiendo el más moderno lenguaje de Donna, Roxin
y otros, el cómplice solo puede ser reprochado por obrar con dolo de primer o
segundo grado y con ello nunca podría responder por los excesos del autor que
como bien enseña -el injustamente olvidado- Carrara, puede llevar a cabo un
delito hasta con el llamado dolo de ímpetu (por aquello que la ocasión hace al
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Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
ladrón). Justamente el colega preopinante trae a colación una cita de Jescheck
en su Tratado de Derecho Penal (p. 269) que en similar sentido dice: “El
contenido del injusto del dolo eventual es menor que el de las otras dos clases
de dolo, porque aquí el resultado no fue ni propuesto ni tenido como seguro,
sino que se abandona al curso de las cosas”. A la importante opinión anterior
deben agregarse el concepto de Wessels y Beulke para quienes, el dolo como
hecho psíquico, es la voluntad de realización de un tipo penal en conocimiento
de todas sus circunstancias objetivas. Pero aclara Pérez Barberá, que estos
representantes de la doctrina dominante entienden que existe imprudencia
inconsciente y no dolo eventual si por contraposición al requisito básico, el
autor no “toma en serio” la posibilidad de realización del tipo o no se
conforma con ella, con lo que les son aplicables las criticas expuestas a la
doctrina dominante. Por su parte, Kühl adecuadamente señala que el núcleo
conceptual del dolo no se limita al mero conocimiento pasivo de las
circunstancias conformadoras del tipo sino que contiene además un momento
activo: la decisión a favor de la acción junto con sus consecuencias a pesar de
USO OFICIAL

las circunstancias típicas y de la previsión de tales consecuencias. Y sigue: no


significa que deba tenerse en cuenta momentos emocionales como el deseo o
el rechazo del resultado típico ya que tales actitudes emocionales constituyen
meros indicios siempre rebatibles…. “En el dolo la cuestión pasa por resaltar
la decisión del autor en contra del bien jurídico y respecto de ello las posturas
emocionales para con el hecho y sus consecuencias deben emplearse en todo
caso como un indicio siempre rebatible”. Pero estas apreciaciones, son válidas
para el autor o coautores, ya que éstos son quienes ejecutarán el hecho y a su
actitud anímica reprochable es a la que van dirigidas las opiniones
reproducidas. Debemos concentrarnos en el partícipe que (como en el caso),
realiza un aporte anterior y se desprende del curso causal de los
acontecimientos.
Entonces, volviendo sobre la causa que nos ocupa, debe
memorarse que a la fecha del “apagón”, los detenidos con anterioridad
(Aredes, Melián, etc. permanecían detenidos en Villa Gorriti). ¿Podían saber
de su suerte o destino los imputados? ¿Cómo era posible la “representación”

203
del alcance y extensión de la criminalidad del hecho de otros, al que
contribuían?
Por lo tanto, reiteramos que la afirmación sobre el dolo eventual,
que realizan nuestros Tribunales y autores nacionales (en su mayoría citados
precedentemente), es perfectamente válida cuando se trata de aplicarla a la
autoría o coautoría, porque quien lleva a cabo (ejecuta) la conducta típica,
puede tener una finalidad delictiva, más acotada, más extensa o hasta diversa
de la de quien coopera. Por ello el art. 47 regla el alcance de la responsabilidad
del partícipe. Es más, en su conciencia, el autor hasta puede pretender llegar a
un buen fin por un medio ilegal, que igualmente lo hará incurrir en delito.
Véase el caso puntual que argumentan algunos de los acusados por delitos de
lesa humanidad. Para cumplir con la orden de aniquilar la subversión,
emanada de un gobierno constitucional, llevaron a cabo su cometido por
cualquier medio, aun los ilegales; y en verdad -por más justificaciones que
pretendan-, el fin propuesto no los autorizaba el uso de cualquier medio,
como los que se emplearon. Pero dentro de este mismo ejemplo, además de
traspasar los límites legales (homicidios clandestinos, secuestros, torturas)
hubo otros excesos que nada tuvieron que ver con la orden del P.E. nacional
primigeniamente encomendada, como lo fueron las violaciones a mujeres y
hombres (ocurridas en Guerrero) o la apropiación de niños, conductas que
excedían groseramente la orden de aniquilar la guerrilla (no a los guerrilleros).
Si conforme al art 47 del C.P., en la generalidad de los casos el
cómplice responde criminalmente hasta el límite del delito por el que se obligó
a cooperar, solo puede responder entonces con dolo directo –de participación-
(certeza de las consecuencias que generará su aporte o su comportamiento
positivo o negativo a la realización del hecho del autor y voluntad de obrar en
tal sentido). Por ende, no puede tomar a su cargo los excesos en que incurra el
ejecutor a lo largo de su íter criminis; mucho menos si estos excesos
provienen de aquél dolo de ímpetu o de un plan preconcebido o premeditado
al que el cómplice fue ajeno. Y esto lo afirmamos porque, como ya se dijo, tal
como se viene observando en las causas de lesa humanidad que han pasado
por nuestros estrados -como en otros tribunales del país-, el plan sistemático
de aniquilación de la subversión fue diseñado por nuestras fuerzas armadas en
forma secreta, instruidos por militares franceses expertos en esta clase de
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guerra de guerrillas a partir de sus experiencias en Argelia, Vietnam y otros
escenarios similares (testimonio del Gral. Díaz Bessone que tuvimos a la vista
en la causa contra Arias y Zírpolo por la desaparición del escribano Melitón
Bustos).
En igual sentido, R. Núñez al referirse al art. 47 del C.P. (“Las
disposiciones generales del Código Penal argentino”, Ed. Lerner – pág. 209),
sostiene: “De acuerdo al art. 47, el delito cometido por el autor no es el que
determina la responsabilidad de los cómplices, sino la medida de la
cooperación (auxilio o ayuda) que se ha querido aportar a los efectos de la
empresa delictiva común. Si el cómplice solo quiso cooperar (auxiliar o
ayudar) para que se cometiera un delito menos grave que el cometido por el
autor, su responsabilidad y, así, su pena, son las que corresponden al delito
menos grave que quiso que se ejecutara. De esta manera, el cómplice sólo
responde y es punible hasta el límite de su convergencia intencional con el
autor. La regla no juega al revés….”. Y en nota al pie de página, amplía:
“Aunque el art. 47 solo se refiere a la complicidad por cooperación,
USO OFICIAL

corresponde aplicarlo en los casos de auxilio o ayuda, ya que la


responsabilidad por participación delictiva tiene por base y límite el dolo del
participante” (cuando es diverso al del autor); “Los términos ‘hecho que el
cómplice prometió ejecutar’, en vez de ‘hecho al que prometió cooperar’, debe
atribuirse a un descuido en el manejo de las palabras” ( según González
Roura, Derecho Penal, 2ª edición, T. II – pág.193).
De este modo, con base en el “estado de inocencia” que alcanza a
cualquier persona sometida a proceso -conforme a nuestra Constitución
Nacional-, para sostener aun en grado de probabilidad suficiente que los
imputados (Blaquier y Lemos) conocían los hechos y circunstancias que se
desencadenarían a partir de su aporte logístico a las fuerzas, solo podrían
cargar con la responsabilidad de los delitos subsiguientes ejecutados por los
autores (en la “noche del apagón”), si el Estado -en su función persecutoria
que le impone el deber y la obligación de probar- lograra establecer que los
cómplices participaron también del plan de aniquilación militar secreto, a
pesar de ser civiles; y asimismo, que continuaban cooperando en forma

205
concomitante con el posterior desarrollo de los hechos criminales ejecutados
por las fuerzas armadas y las fuerzas de seguridad, con la misma perversa
intención de torturar y matar a sus propios empleados, que vivían en sus
propias tierras y cuyas familias trabajaban también para su propia empresa,
más allá que alguno de ellos se reintegraron con posterioridad a la empresa,
según surge en los testimonios rendidos.
La excepción a esta regla, se da cuando el cómplice, por sus
calidades personales (miembros de FFAA o de seguridad o de inteligencia) o
por la calidad peligrosa de su aporte (como podría serlo la provisión de armas,
explosivos, o elementos peligrosos similares), se representa como ciertamente
posible el desencadenamiento dañoso mayor de la conducta que ejecutará el
autor.
Pero por otra parte, las declaraciones o defensas que esgrimieron
ambos imputados -a pesar de sus escasos argumentos en tal sentido-, no se
condicen con tal grado de voluntad criminal ni con los testimonios de varias
víctimas (o sus familiares) que recurrieron justamente a los propios directivos
de la empresa para que los auxiliaran ante la represión desatada. En efecto, ni
de los elementos de criterio aportados a la causa ni de la labor probatoria de
los actores penales (especialmente el Ministerio P. Fiscal), surgen elementos
de cargo que sean relevantes o aporten la convicción suficiente para aseverar
tal grado de compromiso criminal, aun con la inferior intensidad acreditante
que requiere esta etapa del proceso. Por ello, reiteramos que -atinadamente-, el
a quo en forma provisoria, dictó al respecto “auto de falta de mérito” en
relación a los demás delitos que se les imputaban a ambos encartados.
Al igual que en el caso de la tentativa, debe concluirse que el dolo
del partícipe sólo puede ser directo y limitado a lo que él pudo conocer, salvo
en aquellos casos en los cuales el aporte acarrea per se la conciencia cierta de
peligrosidad O como bien lo sostiene Muñoz Conde en “Teoría general del
delito”, pág. 215: “…la conducta del cómplice ha de ser peligrosa de manera
que, desde una perspectiva ex ante, represente un incremento relevante de las
posibilidades de éxito del autor y, con ello, de las de puesta en peligro o lesión
de un bien jurídico. Ello ocurrirá cuando, en el momento previo a la acción
del cómplice (que es el caso de autos), sea previsible que con su aportación, la
comisión del delito sea más rápida, más segura o más fácil, o el resultado
206
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CAMARA FEDERAL DE SALTA
lesivo más intenso que sin ella. Pero la mera peligrosidad de la acción no basta
para apreciar complicidad, pues será preciso, además, que el riesgo de
favorecer la comisión del delito por el autor se traduzca en una efectiva
cooperación (no necesaria) a la realización del mismo. Así, una conducta,
para ser considerada complicidad, debe ser de tal manera causal, que
realmente haya acelerado, asegurado o facilitado la ejecución del hecho o
intensificado el resultado del delito en la forma que era previsible”.
Sostener lo contrario, como lo hacen algunos de los fallos citados
por el Sr. Vocal preopinante, significa extender la responsabilidad criminal sin
límites precisos y corriendo el riesgo de instalar la presunción del dolo que
está prohibida por mandato constitucional. Como bien enseñaba Núñez, el
dolo no se presume sino que como los demás elementos del delito también
debe ser probado, pero en el particular, a partir de las circunstancias de
tiempo, modo, lugar y personas en torno a las cuales se desarrolló el delito,
especialmente teniendo en cuenta que la interpretación penal es de carácter
restrictivo en virtud del principio de legalidad de la represión penal y la
USO OFICIAL

garantía de tipicidad.
Véase que en gran medida, la pretensa mayor vinculación criminal
de los imputados con las fuerzas que ilegalmente operaban, se finca en las
supuestas declaraciones de Mario Paz, quien para algunos se conducía como
“dueño de la empresa”, tenía fuertes vinculaciones con personal de las fuerzas
implicadas y otros elementos similares e inclusive se llega a sostener “que las
fuerzas de seguridad reportaban el operativo al propio Paz” (sometimiento de
las fuerzas a la Empresa).
Sin embargo, Paz, además de estar muerto y jamás haber ratificado
tales aseveraciones que refieren los testigos que lo nombran, solo aparece en
un documental (no peritado) que no pasaría de constituir provisoriamente un
indicio de su actuación. Y en todo caso, bien podría dejar claro que Paz, era un
elemento que operaba hasta sin consentimiento de los imputados. O sea, no
está probado el vínculo intelectual y fáctico de las conductas de Paz con
Blaquier y Lemos o a quien respondía el mismo y bajo qué condiciones. No
fueron pocos los colaboradores con los que contó el régimen por aquéllos días

207
según se ha visto en otras causas. Con ello, no consideramos provisoriamente
válido, fincar la acusación hacia Lemos y Blaquier sobre la supuesta
intervención de Paz, y menos suponer que su supuesta vinculación con las
fuerzas ilegales le fue encomendada por los directivos de la empresa. Del
avance de la instrucción podrán surgir mayores elementos de criterio al
respecto, pero no hasta este momento.
Por ello y con buen criterio entonces, el Juez de Instrucción limitó
el reproche a la participación en la privación ilegítima de la libertad. Porque
hasta allí, los civiles Blaquier y Lemos podían conocer cabalmente para qué se
usarían los vehículos que se estaban prestando (lo cual venía sucediendo desde
años atrás -trasporte de detenidos, patrullajes, etc.-). La modalidad en que esta
particular acción se llevaría a cabo, como asimismo los excesos en que podían
incurrir quienes detentaban la autoridad pública o los que con posterioridad se
cometieron en los centros de detención, sólo podían ser previstos o
representados como probables para quienes tomaron parte del plan criminal y
en ese aspecto -con igual buen criterio- el a quo sin desestimar tal posibilidad,
dictó auto de falta de mérito (a las resultas de la profundización de la
instrucción), ya que si hubiere estado convencido de la inocencia de los
encausados los hubiese sobreseído.
Por todo lo expuesto, hecha estas aclaraciones y adhiriendo al
primer voto que lidera la presente, concluyo en que debe confirmarse el auto
recurrido, limitando la acusación provisoria a la participación punible de los
encartados en el delito Privación ilegítima de la libertad agravada por 20
hechos, desestimando los recursos interpuestos (por la defensa y los actores
penales), sin perjuicio que del devenir de la investigación (ya que se sigue
agregando prueba), el a quo arribe a diversas y/o a más profundas
conclusiones que puedan resultar más beneficiosas o perjudiciales para la
situación procesal de los encartados. Igual conclusión me merece la situación
referida a la libertad provisoria de los encausados que sostiene el primer voto
por los fundamentos vertidos, y el mantenimiento del embargo trabado por
idénticas razones.
ASÍ VOTO.

208
Poder Judicial de la Nación
CAMARA FEDERAL DE SALTA
Por lo expuesto, La Cámara Federal de Apelaciones de Salta
por mayoría de sus miembros
RESUELVE:
I. RECHAZAR los recursos de apelación
interpuestos a fs. 4707/4721, 4722/4740, y 219/368 y en consecuencia,
CONFIRMAR parcialmente la resolución de fs. 4581/4684 en virtud de la
cual se decretó el procesamiento de CARLOS PEDRO TADEO
BLAQUIER Y ALBERTO ENRIQUE LEMOS de las condiciones
personales obrantes en autos por considerarlos prima facie responsables del
delito de privación ilegítima de la libertad agravada en (20) veinte hechos
respecto de 1) Delicia Álvarez, 2) Hipólito Álvarez, 3) Raúl Ramón
Bartoletti, 4) Alfonso Waldino Cordero, 5) Eublogia Cordero, 6) María
Cortez, 7) Norma Castillo, 8) Salvador Cruz, 9) Luis Victor Escalante, 10)
Hilda del Valle Figueroa, 11) Domingo Garnica, 12) Rufino Lizárraga,
13) Héctor Narvaez, 14) Enrique Nuñez, 15) Mario Nuñez, 16) Ana María
USO OFICIAL

Pérez, 17) Román Rivero, 18) Bernardino Vasco Alfaro, 19) Luis Vasco
Alfaro, y 20) Jhony Vargas Orozco, en calidad de cómplices primario y
secundario (respectivamente), (arts. 142 inc. 1º, 144 bis inc. 1º, 45, 46 y 55 del
Código Penal y art. 306 del Código Procesal Penal de la Nación) y
REVOCAR parcialmente la resolución en cuestión y dictar la FALTA DE
MÉRITO de CARLOS PEDRO TADEO BLAQUIER Y ALBERTO
ENRIQUE LEMOS, respecto de los siguientes hechos: 1) Casiano Bache, 2)
César Maldonado, 3) Ernesto Samán, 4) Miguel Ángel Garnica, 5) Isidro
Salinas y 6) Germán Tomás Córdoba (art. 309 del Código Procesal Penal de
la Nación).
II.- RECHAZAR el recurso de apelación interpuesto por la
defensa de CARLOS PEDRO TADEO BLAQUIER Y ALBERTO
ENRIQUE LEMOS respecto de los puntos II) y IV) de la resolución venida
en apelación, por los fundamentos expuestos en los considerandos y, en
consecuencia, CONFIRMAR la resolución de fs. 4581/4684 en dichos puntos
en cuanto fijó el monto de los embargos en las sumas de $ 10.000.000 y $
5.000.000, respectivamente.

209
III.- RECHAZAR los recursos interpuestos por el Ministerio
Público Fiscal (fs. 4751/4773 y 382/441), la Secretaría de Derechos Humanos
de la Nación (fs. 4741/4751 y 52/56) y la querellante María del Milagro
Reales (fs. 4785), por los fundamentos expuestos en los considerandos y en
consecuencia, CONFIRMAR la resolución de fs. 3089/3166 en los puntos
que fuera objeto de agravios por los citados apelantes.
IV.- RECHAZAR los recursos interpuestos por el Ministerio
Público Fiscal (fs. 4751/4773 y 382/441), la Secretaría de Derechos Humanos
de la Nación (fs. 4741/4751 y 52/56), los querellantes Ángela Córdoba,
Delfina Eulalia Córdoba, Eublogia Cordero de Garnica, Hilda Figueroa y
Ernesto Samán (fs. 4782/4785) y CODESEDH (fs. 4765) en cuanto solicitan
se disponga la prisión preventiva de los encartados y CONFIRMAR la
situación de libertad de CARLOS PEDRO TADEO BLAQUIER Y
ALBERTO ENRIQUE LEMOS, bajo las condiciones dispuestas por el juez
instructor en el apartado XI de los considerandos de la citada resoluciónal.
V.- REGÍSTRESE, notifíquese, hágase conocer al C.I.J.
(conforme acordada Nº 15/2013) y oportunamente devuélvanse las
actuaciones al Juzgado de origen a sus efectos.
Fdo: Dres. Roberto Loutayf Ranea-Federico Santiago Diaz-Jorge Villada
Ante mí: María Victoria Cárdenas Ortiz

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