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Enfoque eisegético de la obra Rectitud de Adriana Villagra a través de la mimesis

schopenhaueriana

Joaquín E. Velázquez C.

Universidad Nacional de Asunción

Facultad de Arquitectura Diseño y Arte

Instituto Superior de Arte “Dra. Olga Blinder”

Carrera de Artes Visuales

Investigación en arte II, sexto ciclo

Octubre - 2017

Asunción - Paraguay
Introducción

Para entender el concepto de mimesis de Schopenhauer 1 que utilizaremos en este


escrito se tendría que considerar ciertas cuestiones básicas. Debemos ver a Schopenhauer
como un continuador de la filosofía de Kant, por tanto de Platón y profundamente influido
por el budismo. El concepto de mimesis parte de un amplio y complejo sistema filosófico
al cual apenas nos aproximaremos mediante una interpretación. También mostraremos
qué tan abundante y enriquecedora puede llegar a ser la filosofía de los antiguos, de
manera que entendamos que nunca han sellado completamente aquellas puertas que se
veían cerradas, esto nos da la posibilidad de seguir construyendo para el futuro.

Siendo la mimesis el eje central de esta investigación, debemos considerar que el


fin del concepto de mimesis que plantea Schopenhauer no varía de lo que normalmente
se conoció como mimesis a lo largo de la historia del ser humano. No es otra cosa, para
el autor que la representación imitativa de las cosas perceptibles a nuestros sentidos. Pero
hay algo más que se busca cruzar y así ampliar un poco más la idea de la mimesis, no
para justificarla, sino para analizar y reconstruir, esto que se busca sería la condición
existencial del ser humano que como veremos está muy involucrada con el arte, de esta
forma, se van a tocar varios temas, primero la voluntad como ente metafísico, luego cómo
el humano accede al mundo mediante ésta través de la razón pero como siervo de la
voluntad, viendo la razón contrapuesta a la idea, en el primero el mundo es lamentable,
en la segunda se libera de la esclavitud a través del ejercicio mimético que implica intuir
las cosas y pintar como lo confirmaremos con el caso tomado de Adriana Villagra2, este
ejercicio lo convierte en un ser humano especial distinto al común de su género.

A partir de estos supuestos se espera que no se cierren todas las puertas del
entendimiento y se continúen generando distintas perspectivas acerca de lo que es el arte,
así como lo es este pequeño texto, que no es otra cosa que un acercamiento a la amplia
esfera de la teoría sobre el arte de Schopenhauer que tan solo es una parte de toda su
sabiduría.

1
(1788-1860) Filósofo alemán perteneciente al pensamiento de la época romántica, y la etapa final del
idealismo alemán.
2
Adriana Villagra (1978), artista plástica paraguaya, dedicada a la pintura realista.
Descripción de la obra

Figura 1: Obra de formato cuadrangular. Composición vertical compuesta por una


herramienta utilizada en construcción denominada plomada, utilizada para señalar una línea
vertical; colgado desde el centro superior en el que se inclina ligeramente la punta de hierro
formando una sombra de forma triangular invertida, sobre una superposición longitudinal de
ladrillos unidos por la argamasa integrando un pilar en primer plano contrapicado; en segundo
plano puede verse un cielo cubierto de nubes.

Adriana Villagra

Rectitud

Óleo sobre lienzo, 40 x 40 cm.

2010, Colección Privada


La voluntad, el principio de razón y la idea

…en lo bello captamos siempre las formas esenciales y originales de la naturaleza viva e
inerte, es decir, sus ideas platónicas, y que esa captación tiene como condición su correlato
esencial, el sujeto involuntario del conocimiento, esto es, una inteligencia pura sin propósitos ni
fines (Schopenhauer, 2009).

Para Schopenhauer, lo que existe realmente es el límite de todo lo divisible, es la


cosa en sí, la voluntad3. Todo lo que vemos y conocemos es el fenómeno de ésta, que se
manifiesta de manera subordinada al entendimiento o principio de razón con las formas
del tiempo, el espacio y la causalidad, o sea que todo lo sensible se configura bajo estas
leyes. Entonces “El principio de razón es, pues, la forma en que ingresa la idea al caer
dentro del conocimiento del sujeto como individuo”4. Contrario a este, la idea es la
objetivación inmediata de la voluntad y por tanto la adecuada de la cosa en sí, “… la cosa
en sí debe estar libre de todas las formas dependientes del conocimiento en cuanto tal” 5.
Estas diferencias fundamentales entre principio de razón e idea, nos da a entender que el
principio de razón suficiente a través del cual percibimos los fenómenos sea una simple
objetivación mediata de la voluntad y se agote en una ilusión o como él lo dice velo de
maya, en cambio, es la idea la única objetividad inmediata de la voluntad ya que no ha
asumido ninguna forma propia del entendimiento, sólo representa. Así pues, el
conocimiento es totalmente sumiso a la voluntad, conocimiento que sigue el principio de
razón, dado que es este el que pone los objetos en relación con la voluntad de vivir.
Escribe, en ese sentido, Schopenhauer:

De ahí que el conocimiento al servicio de la voluntad no conozca de los objetos más que
sus relaciones y no sepa de ellos más que en la medida en que existen en este momento, en este
lugar, en estas circunstancias, por estas causas y con estos efectos; en una palabra, en cuanto
cosas individuales: y si se suprimieran todas esas relaciones desaparecerían también los objetos,
precisamente porque nada conocía de ellos en otros respectos 6.

Como ejemplo de este tipo de conocimiento podría cederse a la ciencia que estudia
las relaciones, situaciones espacio temporal, causas naturales, o sea puras relaciones.

3
Principio o fuerza ilimitada en su magnificencia de todas las cosas, de ella surgen, pero ella permanece
independiente y superior a cambios individuales.
4
Arthur Schopenhauer, El mundo como voluntad y representación, Trad. Pilar López de Santa María,
2da. Edición, España, Editorial Trotta, 2016, pp. 107.
5
Ibíd., pp. 107.
6
Ibíd., pp. 109.
1.1. La voluntad, el desconsuelo

Entonces la voluntad nunca va a ser objeto, ya que el objeto es solo fenómeno de


la voluntad, lo fenoménico no es otra cosa que la fuerza de la voluntad que impulsa dentro
de la representación, se manifiesta claramente como voluntad de vivir, desde las distintas
especies que existen hasta en las personas en quienes alcanza su grado máximo al adquirir
la forma del deseo consciente, como manifestación de esta voluntad el hombre busca
felicidad, pero no la encuentra, por la esencia misma del deseo, que cuando estamos
poseídos por él, sufrimos por ser la expresión de una falta y eso es doloroso; además
Schopenhauer advierte que la felicidad es una sensación temporal del deseo y algo
negativo:

Pues siempre que un hombre pierde de alguna manera los nervios, es derribado por
una desgracia o se enoja o desanima, con ello muestra que encuentra las cosas distintas de
lo que esperaba y, por consiguiente, que estaba en un error, que no conocía el mundo ni la
vida, que no sabía cómo la naturaleza inerte a través del azar, y la animada por medio de
los fines opuestos y la maldad, contrarían a cada paso la voluntad del individuo… 7

Así pues, este querer del humano en llevar una vida bienaventurada o una vida sin
sufrir cae en una contradicción, ya que según dice nuestro teórico, la vida es
esencialmente sufrimiento, y desde el momento en que somos concebidos estamos
condenados al dolor de vivir en el peor de los mundos posibles.

Y esta voluntad mantiene al ser humano continuamente bajo un deseo siempre


insatisfecho, y aun cuando el humano, tras múltiples esfuerzos, consigue escapar
momentáneamente del sufrimiento, termina por caer, en el insoportable vacío del
aburrimiento. Asimismo los seres vivos se hallan en una permanente lucha en la que cada
ser intenta someter a otra especie. De esta estéril lucha egoísta y cruel deviene el dolor
universal, del que todos estamos salpicados en este injusto y malvado mundo.

2. El sujeto cognoscente y la imperturbabilidad del genio: el ejercicio mimético

En suma, la raíz de toda maldad es ser esclavo de la voluntad, si uno sigue


llevándose por las pulsiones de su ego deseando poseer todo cuanto pueda, acabará
sufriendo. Pero Schopenhauer, en su pesimismo de redención nos sugiere que existe una
posibilidad de negar esta voluntad por su clara insignificancia, mediante la nada, un

7
Ibíd., pp. 66.
estado contemplativo, un total aniquilamiento del ego, único remedio para esta constante
voluntad adolorida, convirtiendo su existencia en una contemplación tanto más perfecta
como más desinteresada y desapasionada cobrando distancia de la voluntad. Esto no
únicamente, sino como una posible vía de entre varias se podría lograr a través del arte,
o lo que desarrollaremos sobre el ejercicio mimético.

Ya expliqué lo que, según Schopenhauer, ocurre con el ser humano trivial y


corriente o ser volitivo que solamente sigue el camino del principio de razón suficiente
tirado a través de una cuerda por la voluntad. Se debe mencionar, en contraposición, a un
ser cognoscente, a quien nuestro teórico llama genio; en el tránsito del conocimiento
común de objetos individuales al conocimiento de las ideas ocurre de manera repentina,
dice, precisamente cuando este conocimiento se libera de la subordinación de la voluntad
por tanto de su condición de sujeto o individuo, y pasa a convertirse en un puro y
desinteresado sujeto del conocimiento, quien deja de lado las relaciones del principio de
razón suficiente, descansa en una fija contemplación que se le ofrece, transe de
desconexión quedando absorbido por ella, y así “… el que está sumido en esa intuición
no es ya un individuo, pues el individuo se ha perdido en ella: es un puro, involuntario,
exento de dolor, e intemporal sujeto del conocimiento.”8 Por eso el júbilo y el dolor
permanecen siempre lejos del genio, y ningún acontecimiento perturba su espíritu.

2.1. La contemplación intuitiva

¿Qué es la intuición? ¿Qué es el conocimiento intuitivo? En general, basándonos


en nuestro filósofo, es eso que eleva a un ser a la categoría de genio. Schopenhauer nos
da pistas diciendo que intuir no es reflexionar, tampoco pensar, ya que son condiciones
del principio de razón. Sostiene que las representaciones intuitivas se refieren
directamente al mundo visible, son las manifestaciones más simples del entendimiento;
la intuición tiene a su base la consideración del mundo como apariencia, como fenómeno,
como representación. De esta manera, la intuición es la fuente de todo conocimiento, o
sea, todo conocimiento está formado en imágenes dice, por consiguiente se nota un
considerable adelantamiento a Hans Belting, quien también sostiene su tesis sobre la
imagen, pero este último se lleva todos los méritos al enmarcarla dentro de la

8
Ibíd., pp. 109 – 110.
antropología, “…el ser humano no aparece como amo de sus imágenes, sino… como
lugar de las imágenes, que toman posesión de su cuerpo…”9.

En el acto contemplativo, el objeto individual se convierte en la idea de su especie,


y el individuo en un puro sujeto de conocimiento, de nuevo, el individuo sólo conoce las
cosas particulares, el puro sujeto de conocimiento las ideas, así aparece en su totalidad el
mundo como representación y se produce la completa objetivación de la voluntad ya que
la idea es la objetividad adecuada:

Esta encierra en sí el sujeto y el objeto de igual modo, ya que ellos son su única
forma: en ella ambos mantienen el equilibrio: y así como el objeto no es aquí más que la
representación del sujeto, también este, al quedar totalmente absorbido por el objeto
intuido, se ha convertido en el objeto mismo, ya que la conciencia toda no es sino su más
clara imagen. 10
El sujeto puro se ha absorbido y perdido en la intuición de la naturaleza, esto hasta
el punto de dejar de existir. Y finalmente la fuente del placer estético radicaría en la
captación de la idea conocida como objeto. En suma, cuando esto ocurre, se logra, aunque
sea momentáneamente, arrancarnos de la subjetividad, de la esclavitud de la voluntad, e
instalarnos en el estado de conocimiento puro. Por eso el que está atormentado por la
pasión, o bien por la necesidad y la inquietud, se alivia, consuela y alienta repentinamente
con una sola mirada libre a la naturaleza y todo queda entonces inmediatamente
apaciguado de forma asombrosa. Podríamos fijarnos en la entrevista hecha a Adriana
Villagra, y así comprobar sólidamente la tesis del filósofo decimonónico. Sobre todo se
sugiere que detenidamente se consideren las últimas respuestas que nos da la artista; ya
que ella misma revela que intuir es esa conexión con la realidad o sea realidad como
aquello esencial, la idea, puesto que también afirma que para llegar a esa dimensión
profunda de la idea deberíamos apartar los velos, el velo de Maya o las capas
superpuestas. Así también, cuando ella va intuyendo o pintando sobre el lienzo dice
experimentar una desconexión espacial, se vuelve intemporal o se convierte en un puro y
desinteresado sujeto cognoscente como diría Schopenhauer, así mismo dice que “A través
del arte aprendí a ver el mundo de otra manera, como si fueran velos que hay que ir
descorriendo para descubrir verdades esenciales.” En la figura 1, se ve una de sus obras

9
Hans Belting, Antropología de la imagen, Trad. Gonzalo María Vélez Espinosa, Buenos
Aires, Katz Editores, 2007, pp. 14.
10
Arthur Schopenhauer, El mundo como voluntad y representación, Trad. Pilar López de Santa María,
2da. Edición, España, Editorial Trotta, 2016, pp. 110.
y, claramente, se nota esa capacidad de reproducción fidedigna que posee la artista al
tomar las cosas dispuestas a su percepción y reproducirlo con tanta serenidad y
delicadeza, quien sostiene que solamente con una adecuada intuición lo puede lograr de
manera que “en el momento de crear una obra, creo que la relación espacio-tiempo
adquiere otra dimensión.” Si es este el caso, la teoría se vuelve más verosímil y queda
demostrado que Adriana Villagra definitivamente es ese puro sujeto de conocimiento o
genio del que habla Schopenhauer, quien era aquel que sabía ver de manera tan objetiva
objetos tan mínimos, tal como se necesitaba ser para fijar la atención en objetos
insignificantes, indiferente, aquel quien aparta su atención de la voluntad de vida y todo
lo que la solicita, de todo interés propio, como objetos de contemplación desinteresada y
reproducirlos con tanto cuidado.

2.2. Pero ¿por qué evadirse de la voluntad?

Para concluir, podría decirse que la mimesis no es una simple actividad con fines
vacíos de reproducción o copia, sino que implica todo un camino de redención por
recorrer hasta llegar al ejercicio de la pintura en el que se consuma el consuelo que procura
el artista, el entusiasmo del genio que le hace olvidar las fatigas de la vida, ese privilegio
que tiene el genio sobre los demás y que le compensa del sufrimiento y de la soledad que
sufre en medio de una especie heterogénea, todo esto se debe a que el en sí de la vida, la
voluntad, la existencia misma es un continuo sufrimiento tan lamentable como terrible.
Así al artista según Schopenhauer le fascina contemplar el espectáculo de la objetivación
de la voluntad, se queda parado en él, no se cansa de contemplarlo y de reproducirlo en
su representación, y el ejercicio mimético se convierte en el método aquietador de la
voluntad y en la continua supresión del ego que nos ayudaría a escapar de los sentimientos
siempre agitados y todo lo que fermenta en el ser mortal, pues el sujeto queda absorto en
ese desprendimiento, tranquilo, apacible, lleno de serenidad, y placidez de espíritu, ese es
el estado libre de dolores y el mayor de todos los bienes según nuestra artista y el
mencionado filósofo.
Bibliografía

Belting, Hans. Antropología de la imagen. Buenos Aires: Editorial Katz Editores, 2007.

Entrevista hecha a Adriana Villagra via Facebook, 06-062017.

http://www.adrianavillagra.com/ 29-10-2017.

http://galeriarealismosimbolico.blogspot.com/2012/01/rectitud-oleo-sobrel-lienzo-40-x-
40-cm.html 29-10-2017.

Marias, Julián. Historia de la filosofía. Madrid: Editorial Revista de Occidente, 1972.

Schopenhauer, Arthur. El mundo como voluntad y representación. Madrid: Editorial


Trotta, 2016.

Schopenhauer, Arthur. Parerga y Paralipomena: escritos filosóficos menores. Madrid:


Editorial Trotta, 2009.
Anexo

Entrevista a Adriana Villagra

Según tus conocimientos, ¿cómo crees que funciona este plano que llamamos
realidad?

Desde mi punto de vista, la realidad que experimento a diario funciona como


velos, como capas superpuestas que uno va descorriendo en búsqueda de aquello esencial.
La apariencia externa es apenas un punto de partida o una entrada hacia una dimensión
más profunda.

¿Cómo crees definir al ser?

Como aquello esencial, inmaterial.

¿Qué crees que significa voluntad?

Es aquella fuerza misteriosa que reside dentro de cada uno y nos lleva a concretar
una acción, idea o pensamiento.

¿Qué pensas acerca del deseo?

Es como una pulsión, una necesidad de saciar algo mediante una acción. A veces
el deseo se concreta y otras veces no.

¿Qué crees que es el ego?

Creo que sería aquella conciencia equilibrada que uno tiene de sí mismo.
Reconocer las limitaciones, capacidades, motivaciones y a partir de ahí construir la propia
identidad.

¿Cómo definís al dolor según tu grado de experiencia?

Como aquellas experiencias donde uno experimenta su debilidad y vulnerabilidad


como ser humano.

¿Qué crees que es la nada?

Aquello misterioso, que no tiene explicación, el no-lugar, el no-ser que sin


embargo forma parte de nuestra realidad y equilibra la existencia.

¿A qué llamas serenidad?


A aquel estado donde uno logra la armonía física, mental y espiritual.

¿A qué llamas compasión?

A aquel sentimiento de empatía que uno experimenta ante la adversidad.

¿Qué crees que significa intuir?

Aquel pensamiento que no puede explicar racionalmente pero asociado a una


posible consciencia primitiva o conexión con la realidad.

En el momento de llevar a cabo una obra ¿percibís alguna diferencia espacio


temporal a diferencia de otros momentos cotidianos?

Si, en el momento de crear una obra, creo que la relación espacio-tiempo adquiere
otra dimensión. El arte no tiene tiempo y no es cuantificable, es como si fuera un eterno
presente al que hay dedicarle toda la atención y entrega.

¿Hay algo que haya marcado tu vida y que se relacione con la manera en la que
asimilas la realidad?

Sin duda alguna ese hecho fue el día que empecé a pintar y tomé consciencia de
la necesidad del arte en mi vida. A través del arte aprendí a ver el mundo de otra manera,
como si fueran velos que hay que ir descorriendo para descubrir verdades esenciales.