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Seminario Evangélico Unido de Teología

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La palabra en el protestantismo
por Pedro Zamora

1. Introducción 1 Escrituras. En efecto, en la piedad o espi-


ritualidad protestante más popular, es-
Ni qué decir tiene, que La Palabra es tas dos palabras son perfectamente in-
parte fundamental de la teología protes- tercambiables; para muchos se trata
tante; y no sólo de la teología, sino de la simplemente de dos sinónimos de una
espiritualidad protestante2. Esto es de misma y única identidad: la Biblia cris-
conocimiento popular. ¿Quién no ha oí- tiana. Sin embargo, las distintas tradi-
do del principio reformado de la Sola ciones eclesiales protestantes se diferen-
Scriptura? Según este principio, la iglesia cian entre sí por su comprensión de la
y el creyente sustentan su fe en Cristo, Palabra y cómo la entienden con rela-
ya sea en su forma intelectual (defini- ción a las Escrituras.
ción doctrinal) o vivencial (experiencia y
ética), sólo sobre las Escrituras. Se po- Dicho de otro modo, a pesar de que la
dría afirmar sin caer en burdo simplis- Palabra es fundamental en todo el arco
mo, que la Palabra es para el protestan- confesional protestante, existen diversos
tismo lo que la iglesia para el catolicis- modos de comprender y vivir dicha Pa-
mo. labra. Espero mostrar a lo largo del pre-
sente artículo tales diferencias, pero
Cualquier lector avezado en teología, siempre como ilustración del lugar úni-
se habrá percatado de inmediato de la co que la Palabra ocupa en la vida de fe
asociación que he hecho entre Palabra y de las iglesias protestantes, igual que en
el cristiano protestante.
1 Pastor de la Iglesia Evangélica Española, ac- En tanto que uno de esos cristianos
tualmente dedicado a la docencia como director
protestantes, voy a fundamentar mi ar-
del Seminario Evangélico Unido de Teología (El Es-
corial) y profesor colaborador asociado de la gumentación sobre algunos textos fun-
Universidad Pontificia Comillas. damentales del protestantismo y sus
tradiciones teológicas más relevantes,
2 Hablaremos aquí de Protestantismo en tér-
pero sobre todo expondré mi propia vi-
minos muy genéricos, esto es, abarcando todas
las ramas eclesiales distintas a la Iglesia Católica sión personal, como ejemplo vivo de lo
que han surgido desde los movimientos de re- que un protestante puede pensar. Pero
forma del s. XVI. Muchos protestantes se consi- obviamente, este enfoque personal no
deran a sí mismos sólo evangélicos, y reservan el pretende ser representativo de todo el
adjetivo protestante para las iglesias que nacieron
protestantismo.
de la Reforma de Lutero y Calvino, que según
ellos nunca llegaron a ‘depurar’ por completo su
origen católico.

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2. Palabra e Iglesia3 por Melanchton pero inspirada por Lu-


tero, afirma en su artículo VII (La igle-
Cuando Lutero fue excomulgado por sia):
el papa León X4, viéndose la reforma
abocada a la desaparición o bien a en- Se enseña también que habrá de exis-
contrar su propio camino, se puso a tra- tir y permanecer para siempre una santa
bajar de inmediato –o sea, a polemizar iglesia cristiana, que es la asamblea de
con las autoridades y teólogos católicos– todos los creyentes, entre los cuales se
predica genuinamente el evangelio y se
sobre las propiedades o características
administran los santos sacramentos de
de la verdadera iglesia, un tema que ya
acuerdo con el evangelio.7
venía de lejos en la iglesia católica5. Pero
en el entorno reformado surgirá la ex- La predicación genuina del evangelio
presión apologética de las notae ecclesiae, y la recta administración de los sacra-
que se convertirá en lugar común de las mentos, son los dos pilares de la iglesia,
muy diversas teologías protestantes6. El esto es, sus propiedades fundamentales.
primer gran documento doctrinal ‘ofi- Y por si esto no quedara claro, se afirma
cialmente’ reformado, la Confesión de a continuación:
Augsburgo (1530), redactada sobre todo
Para la verdadera unidad de la iglesia
cristiana es suficiente que se predique
unánimemente el evangelio conforme a
3 El autor agradece a sus compañeros de teo-
logía sistemática de SEUT algunos importantes una concepción genuina de él y que los
datos y orientaciones para la elaboración de esta sacramentos se administren de acuerdo a
sección. la palabra divina.8

4La excomunión se ejecutó por medio de la Si la recta predicación del evangelio y


bula Decet Romanum Pontificem (1521), que fue
administración del sacramento es pilar
precedida por el aviso de la famosa bula Exsurge
Domine de 1520.
de la iglesia, también es fundamento de
su unidad. De un plumazo teológico,
5El Credo de Constantinopla (381) es el primero Lutero y Melanchton eliminan las cuatro
en definir cuatro propiedades de la iglesia ver-
propiedades o atributos de la iglesia que
dadera: unidad, santidad, catolicidad y apostoli-
cidad. se habían venido defendiendo desde el
Credo de Constantinopla a lo largo de la
6 Lutero fue el primero en definir la predica- Edad Media, sustituyéndolos por uno
ción del evangelio como la principal característi-
sólo: la recta predicación del evangelio.
ca de la verdadera iglesia (es fundamento de su
argumentación en su “Derecho de la comunidad Y digo uno, porque el segundo sobre los
a elegir a sus predicadores” de 1523 –cf. Lutero. sacramentos, es enteramente dependien-
Obras, ed. de T. Egido, Sígueme: Salamanca, te del primero, como acabamos de ver
1977). Pero sería Melanchton quien calificara las
propiedades esenciales de la iglesia verdadera
de notae ecclesiae en 1531, concretamente en su 7 Confesión de Augsburgo (edición de R. Hoe-
Apologia de la Confesión de Augsburgo (1530), que ferkamp, La Reforma-Fortress Press: Riopiedras-
luego serían introducidas en la versión de 1535 Filadelfia, 1980), pág. 15.
de sus Loci Communes, publicados originalmente
en 1521. 8 Ibídem.

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en el artículo VII de la Confesión de a las marcas o señales (notae) de la ver-


Augsburgo. dadera iglesia11. Sin embargo, de nuevo
hay que destacar la estrecha vinculación
A partir de este enfoque luterano, las que esta tercera señal tiene con la Pala-
diversas ramas evangélicas pueden ma- bra de Dios. De hecho, esta dependencia
tizar o añadir –no mucho– a estas notae de ella hace que el concepto de discipli-
ecclesiae, pero siempre asumiendo que la na eclesiástica de las iglesias protestan-
recta predicación del evangelio deter- tes se aleje mucho de la disciplina ecle-
mina la genuinidad de la iglesia9. Otro siástica católica, hoy día recogida fun-
documento reformado importante, la damentalmente en el Código de Derecho
Confesión Escocesa10 (1560), en este caso Canónico de 1983.
de tendencia calvinista, recoge y amplía
este principio establecido por el lutera- Antes de seguir, es importante perca-
nismo: tarse de que estas dos tradiciones, la
calvinista y la luterana, no dejan de te-
Creemos, reconocemos y afirmamos, ner, a pesar de todo, un enfoque neta-
por tanto, que las marcas de la verdadera
mente católico: las notae corresponden
Iglesia son: primero, la predicación co-
sobre todo a la institución eclesial, pero
rrecta de la Palabra de Dios, en la cual
Dios se nos ha revelado, como lo decla- no necesariamente a la comunión de los
ran los escritos proféticos y apostólicos; santos. Lutero lo expresa con rotundi-
segundo, la correcta administración de dad en su “Derecho de la comunidad a
los sacramentos de Cristo Jesús, con los elegir a sus predicadores”12:
cuales deben asociarse la Palabra y la
promesa de Dios para sellarlos y confir-
marlos en nuestros corazones; y final-
mente, la disciplina eclesiástica justa y
honestamente aplicada, como lo estipula
11 Calvino compartía enfoque con Lutero
acerca de las notae ecclesiae. De hecho, cuando las
la Palabra de Dios, por la cual se reprime
menciona explícitamente en su Institución de la
el vicio y sustenta la virtud.
Religión Cristiana (Libro IV, capítulo I,9 “Las se-
ñales de la iglesia visible”), sólo habla de la pre-
Dentro de la tradición reformada cal-
dicación y los sacramentos (cf. edición castellana
vinista, de la que forma parte la iglesia de 1967, FELIRE: Rijswijk,, vol. II, pág. 812). Sin
de Escocia, cobró mucha importancia la embargo, en su gobierno de la iglesia de Estras-
disciplina eclesiástica, heredando así el burgo, primero, y luego en la de Ginebra, dará
interés de Calvino por añadir este tema también importancia a la disciplina de la iglesia.
Esto se refleja en el prólogo de las famosas Or-
donnances ecclésiastiques de la Iglesia de Ginebra
(1541), en cuyo prólogo expone la importancia
9 El propio Lutero añadirá nuevas notae eccle- de esta disciplina eclesiástica para “que la doc-
siae en su De los concilios y la iglesia de 1539, si trina del santo Evangelio de nuestro Señor sea
bien todas ellas seguirán dependiendo de la mantenida en su pureza y la iglesia cristiana sea
predicación del evangelio. debidamente conducida” (cf. el texto en Centre
de Ressources Réformées Francophones
10 Versión castellana del Libro de Confesiones [www.crrf.net/main/calvin_ordonnances.html].
de la Presbyterian Church (USA), Louisville,
1995, pág. 20. 12 Op. cit. pág. 206.

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De esta suerte estamos seguros de que tas13. Éstas, son exigentes en la militan-
es imposible que donde actúa el evange- cia: su acento es la vivencia del creyente
lio no haya cristianos. y la iglesia, y no tanto las señales más o
menos institucionales.
Es decir, estas notae ecclesiae no han
sido adscritas a los feligreses reunidos Escuchemos a Menno Simmons, des-
que forman así la iglesia verdadera por- tacado líder de los anabautistas comuni-
que cada uno de ellos –o al menos una taristas y pacifistas del s. XVI:
mayoría— tiene una fe genuina, sino a
la estructura política de ésta. Por esta Verdaderamente esperamos que nadie
razón, la predicación y la administra- de mente sana sea tan necio como para
ción de los sacramentos están sujetas a negar que todas las Escrituras, el Anti-
las autoridades de la iglesia que ejercen guo Testamento y el Nuevo Testamento,
existen para nuestra instrucción, amones-
la disciplina eclesial. Pero no se olvide
tación y corrección, y que son el verda-
que la eclesiología de estas iglesias lleva
dero cetro y reglamento por el que el re-
a una estructura política mucho más ino, la casa, la iglesia y la congregación
democrática que la católica, sobre todo del Señor, tienen que regirse y gobernar-
en la tradición calvinista (¡a pesar de la se. Por lo tanto, todo lo que se opone a
reputación teocrático-dictatorial atribui- las Escrituras, sea en doctrinas, creencias,
da al liderazgo de Calvino en Ginebra!), sacramentos o vida, se debe medir por
y luego también en la propia evolución esta regla infalible y destruir por este jus-
de las iglesias luteranas. Por eso no se to e infalible cetro, y destruir sin respeto
puede decir que las autoridades ecle- a la persona.14
siásticas hayan sido nombradas sin el
A simple vista, se trata del mismo en-
pueblo de Dios.
foque sobre la Palabra que ya hemos
Por otro lado, sí hubo otra rama pro- visto en el luteranismo y calvinismo. Pe-
testante que sí puso desde el principio el ro si leemos detenidamente, veremos
acento sobre la comunión de los santos. que hay unas importantes diferencias:
De hecho, el movimiento evangélico de
1.- Aquí se es mucho más concreto:
reforma que se venía gestando ya abier-
se habla de las Escrituras directamen-
tamente desde mediados del s. XV, pre-
tendía recuperar el sentido primitivo de
la Communio sanctorum según lo describe 13 De hecho, el propio joven Lutero no era
el libro de Hechos de los Apóstoles en los ajeno al ideal de una militancia evangélica como
famosos sumarios de 2,42.43-47 y 4,32- fundamento de la iglesia. Así se percibe con cier-
37 y también según la teología paulina ta nitidez en el denominado “tercer orden de la
de 1Corintios 12. Sin embargo, a la hora misa”, que expone en el prólogo de su “Misa
Alemana” de 1526 (cf. el texto castellano de la
de la verdad este aspecto fue recogido
edición de Teófanes Egido, Lutero. Obras, Sí-
especialmente por la reforma radical, en gueme: Salamanca, 1977, pág. 281).
la que destacaron las iglesias anabautis-
14 Tomado de W. Klaassen, Selecciones teológi-
cas anabautistas. (Herald Press: Scottdale, pág.
120).

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te, y no del más genérico “la Palabra” tiana se ha convertido en sinónimo de la


o “predicación del evangelio”; Palabra. En la Biblia se encuentra el úni-
co fundamento de la doctrina, y en ella
2.- El acento está puesto sobre la se encuentran todas las respuestas que
obra o eficacia de las Escrituras: amo- el creyente se plantea. Pero lo cierto es
nestación, corrección e instrucción, que esto es apenas una pobre caricatura
eliminando cuanto no sea conforme a de lo que debiera significar la Palabra en
ellas. las iglesias evangélicas.
Así como en el luteranismo y calvi-
nismo, la recta predicación del evange- 3.1. La teología magisterial
lio es suficiente para decir que donde se
Si nos volvemos a las confesiones de
predica rectamente ahí está la iglesia
la teología magisterial, como la luterana
verdadera, aquí se pone el acento en la
y calvinista, nos percataremos de que la
comunidad de los santos que obedecen
Palabra es algo más que sólo el texto de
a las Escrituras, de donde resultará que
las Escrituras. Para la definición de la
la militancia se convierta en definitoria
verdadera iglesia, el texto de las Escritu-
de la genuina iglesia.
ras debe ser predicado; y no sólo predi-
Con este recorrido sobre tres impor- cado, sino rectamente predicado. Eso sí,
tantes ramas del protestantismo, hemos rectamente predicado quiere decir que
establecido un hecho destacado de las la proclamación o predicación de la Pa-
reformas evangélicas del s. XVI: su ecle- labra de Dios se hace conforme a la co-
siología no puede entenderse sin el lu- rrecta interpretación de las Escrituras,
gar central de la Palabra, cualquiera que que necesariamente conduce siempre al
sea su tendencia teológica. evangelio. Los luteranos gustaban de
hablar del evangelio como la esencia de
todas las Escrituras, alineándose sin du-
3. ¿Qué es pues la Palabra?
da con la tradicional lectura cristológica
Hasta aquí hemos venido hablando de las Escrituras.
de la Palabra sin ningún tipo de explica-
Pero este enfoque no puede confun-
ción o matización. Sin embargo, acaba-
dirse con un biblicismo como el que se
mos de ver que por tal se podría enten-
percibe hoy día en muchas lecturas lite-
der, en sentido muy restrictivo, las Es-
ralistas de la Biblia, generalmente pro-
crituras, o también podría entenderse
venientes del fundamentalismo evangé-
una acción particular dentro de la iglesia
lico. Todo lo contrario, para la teología
(y también del mundo) que involucra de
magisterial la Palabra debe entenderse
modo especial a las Escrituras.
como la acción divina de comunicación
En los ámbitos protestantes españoles viva con su iglesia a partir de las Escri-
suele hacerse esta simplificación: la Pa- turas. O dicho de otro modo, toda ver-
labra es la Biblia. Aunque se sabe que la dadera comunicación divina arranca ne-
Palabra es Cristo (sobre todo gracias a cesariamente de las Escrituras, pero no
Juan 1,1), lo cierto es que la Biblia cris- toda comunicación que arranque de

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ellas es verdaderamente divina. Por eso, bién típicamente protestante magisterial


en términos generales se entiende que la y mucho menos vital, al menos en apa-
recta predicación del evangelio es la que riencia: la docencia. Para la vida de la
hace presente a Cristo, la Palabra por iglesia será vital la formación de los
antonomasia, en medio de la iglesia. predicadores, asegurando de este modo
su recta predicación, para lo cual tam-
Ni qué decir tiene, que este enfoque bién será esencial su recta interpretación
tiene como consecuencia más inmediata de las Escrituras. Pero este adverbio será
trasladar el centro cultual de la iglesia culpable del ‘escolasticismo evangélico’
de la eucaristía al púlpito. Es el púlpito que se desarrollará a partir del s. XVII
el lugar desde el que debe irradiar la entre las iglesias de la reforma magiste-
verdadera presencia de Cristo en la rial, poniendo la ortodoxia de la defini-
asamblea congregada15. Es cierto que se- ción doctrinal en el centro de la predica-
ría deseable que ésta respondiera al ción evangélica. Bajo este escolasticismo,
púlpito como testimonio de la presencia ya no se tratará tanto de presentar a
de Cristo. Sin embargo, desde este enfo- Cristo mismo, cuanto de definir correc-
que no es determinante: cualquiera que tamente las doctrinas sobre Cristo desde
sea la respuesta de la asamblea, lo de- el púlpito.
terminante es que la predicación haya
sabido presentar a Cristo. Y allí donde Y desde entonces, el conjunto del pro-
está Cristo, hay sin duda iglesia (cf. su- testantismo siempre es susceptible de
pra, la cita del “Derecho de la comuni- sucumbir fácilmente a la tentación de
dad a elegir a sus predicadores” de Lu- ‘matar’ la predicación del Cristo vivo
tero). por medio de una predicación centrada
en la precisión doctrinal. Y esto inde-
Creo que este enfoque sigue dando pendientemente de la ideología teológi-
hoy día mucha ‘garra’ al protestantismo. ca que se siga: ya sea el protestantismo
De él surge y surgirá permanentemente fundamentalista o el liberal, puede caer
la fuerza de su renovación espiritual y fácilmente en el racionalismo. Por este
de su capacidad para actualizar el signi- motivo, se podría decir –no sin cierto
ficado de predicar el evangelio en cada grado de simplismo consciente– que el
generación. Pero obviamente, el adver- protestantismo siempre se debate y de-
bio rectamente conlleva otro acento tam- batirá entre su sumisión −aunque pueda
incluso tener forma de fideísmo − al ra-
cionalismo, o su renovación espiritual
15 En buena lógica, la Palabra no sólo debiera de una predicación viva que verdade-
haber llevado a la centralidad del púlpito, sino a ramente presente a la asamblea reunida
la centralidad del anuncio en la calle. Pero en el al Cristo crucificado y resucitado (Gála-
caso luterano se quedó en sólo el púlpito, por- tas 3,1) que le devuelva la experiencia de
que en su contexto de cristiandad la sociedad
la libertad evangélica que experimenta-
era cristiana, y el púlpito una palestra pública de
primer orden. El problema hoy día es que éste ron aquellas primeras asambleas evan-
ya no es el caso, y muchas iglesias no saben có- gélicas del s. XVI.
mo llevar el púlpito a la calle.

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3.2. La teología radical santos, esto es, de todos los santos, y no


sólo de sus ‘autoridades’.
Toca ahora prestar atención a la teo-
logía anabautista sobre la que también Para romper este modelo constanti-
vimos algo en la sección 2. Además, en niano, la Palabra era fundamental entre
el caso español la abrumadora mayoría los radicales, sobre todo porque la tota-
de iglesias y corrientes teológicas beben lidad del movimiento reformista había
de la fuente anabautista, aunque tam- desechado todos los referentes que no
bién hay que decir que buena parte de fueran la Palabra. Es decir, si en algo
estas iglesias se queda con los aspectos hay acuerdo entre todas las tendencias
más secundarios de aquella reforma ra- reformistas del s. XVI –y desde entonces
dical. entre todo el protestantismo–, es sobre
la Sola Scriptura. Pero en el movimiento
Si para la teología magisterial el Cris- radical, la Palabra necesitaba imperio-
to vivo está presente en la recta predica- samente concretarse, materializarse en
ción, se puede afirmar, grosso modo, que la comunión de los santos. Quizás de ahí
para la teología anabautista o radical, que se buscara en el texto sagrado un
Cristo se hace presente en la comunidad modelo concreto bien perfilado y defi-
que obedece a su Palabra. De no ser así, nido, no sujeto a interpretaciones abier-
para los radicales la Palabra, por muy tas. Es decir, el movimiento radical tras-
recta que fuera, no sería más que una cenderá la recta predicación del evangelio
entelequia, una creación artificial sin para llegar al recto seguimiento de Jesús, y
realidad sustancial. derivado de éste, al recto modelo de co-
munión de los santos claramente establecido
Hay que tener muy en cuenta que el
en las Escrituras. Si en la reforma magis-
proyecto anabautista o radical, aunque
terial la cristología ejerce una función
muy diverso y fragmentado por su pro-
mediadora entre Palabra y Escrituras, en
pia naturaleza, podría resumirse en su
el anabautismo esa función la ejercerá el
determinación por recuperar el espíritu
seguimiento de Jesús, o sea, sobre todo
y la forma de la iglesia primitiva según
del Jesús presentado por los Evangelios.
la definición de Lucas en el libro de Los
Hechos de los Apóstoles. Es decir, en con- Éste es el marco que establecieron los
junto se trataba de romper con el mode- dos movimientos principales de reforma
lo constantiniano que había alimentado de la iglesia del s. XVI, en el que se han
a la iglesia hasta el s. XVI (y que sin du- movido los movimientos evangélicos
da pervive hoy en no pocos países). Este posteriores. Y de la mezcla de ambos
modelo, caracterizado por la estrecha polos han surgido derivas de todo tipo
colaboración entre iglesia y estado, llevó que no son del todo coherente con sus
a la total exclusión de la feligresía de la supuestos orígenes. Por supuesto se
toma de decisiones eclesiales. Y esto tu- puede hablar de ‘cruce-fertilizador’,
vo no sólo un alcance puramente políti- aunque no siempre los cruces son tan
co, sino que llegó a desfigurar la esencia positivos. En nuestros días están co-
de la iglesia como congregación de los brando más fuerza modelos eclesiales

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que mezclan el antiguo escolasticismo ca, que de alguna manera establece co-
reformado con el fundamentalismo, cu- mo mediación objetiva la iglesia, enten-
yo origen –no se olvide16—es ilustrado diendo por tal el magisterio eclesiástico,
(racionalista). Además, puede estar esto es, episcopal y finalmente papal. El
adobado con unos acentos moralistas a católico que quiera entender el concepto
modo de remedo del seguimiento radi- de Palabra en el protestantismo, debe
cal de Jesús. Algunos llamamos ‘evange- tener en cuenta que éste se resiste a de-
licales’ (del inglés evangelical) a estos finir mediaciones objetivas por el otro
modelos por su procedencia eminente- gran principio evangélico: la Sola Fides.
mente norte-americana, a fin de distin- Es decir, el protestante entiende que re-
guirlos de movimientos propiamente cibe la Palabra de Dios por medio de la
evangélicos que tratan de mantener lo fe, no gracias a las garantías de media-
esencial de las reformas del s.XVI. ción objetiva alguna. Muchos protestan-
tes aceptan –aceptamos– de buen grado
3.3. La Palabra que siempre hay mediaciones objetivas
entre el ser humano y la Palabra de
Tras este recorrido, se hace claro que Dios. Pero estos mismos se resistirían –
es difícil definir qué es la Palabra para el nos resistiríamos— a definirlas y fijarlas,
protestantismo en general, porque una al entender que es Dios mismo quien
cosa es lo que se proclama como teoría o elige las mediaciones para su comunica-
doctrina básica, y muy otra las distintas ción. Y una de las que sí ha establecido
prácticas resultantes. Con todo, en nin- como fundamentales y universales, son
guna tradición teológica evangélica la las Escrituras. Y a partir de ahí Dios
Palabra es confundible sin más con las puede escoger muchos otros apoyos o
Escrituras. Éstas juegan siempre un pa- mediaciones que considere necesarios,
pel esencial, pero no único. Siempre hay según las épocas y los lugares.
algún otro componente humano o divi-
no que hacen de la Palabra una realidad Quizás esta explicación dé buena
compleja. Pero en cualquier caso, hay cuenta de la porosidad del protestan-
que entender que en toda teología pro- tismo respecto de su entorno social e in-
testante por medio de la Palabra se telectual: no teniendo más mediación fi-
afirma la comunicación directa y obje- ja que las Escrituras, hace libre uso de su
tiva de Dios a su iglesia y al mundo en entorno para interpretarlas y escuchar la
los términos por Él mismo escogidos, y Palabra de Dios. Por ejemplo, la incor-
se rechaza la necesidad de fijar media- poración en el s. XIX de las ciencias his-
ciones objetivas (humanas) para dicha tórico-literarias a la exégesis bíblica, se
comunicación. hizo con relativa rapidez en el protes-
tantismo (a pesar de no pocos y acalora-
Es éste el quid de la cuestión, y el ver- dos debates), precisamente porque para
dadero desmarque de la teología católi- muchos teólogos la Ilustración trajo con-
sigo una nueva mediación que abría po-
sibilidades para la interpretación de las
16 Cf. infra, nota 17. Escrituras. Es decir, eran capaces de ver

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en la Ilustración también una acción di- de la vida de la iglesia una, santa, católi-
vina. Y aunque muchos teólogos protes- ca y apostólica. Dicho de otro modo, se
tantes rebatieron este optimismo acerca da una cierta simbiosis natural entre Es-
de la Ilustración, lo cierto es que utiliza- crituras e Iglesia, de modo que la Pala-
ron las mismas armas ilustradas para bra surge armónicamente del concierto
rebatirlo. Y todavía hoy, el racionalismo de ambas. Algo tiene que ver en este en-
es fundamento del fundamentalismo foque el que la doctrina católica oficial
que rechaza la modernidad y post- difícilmente pueda considerar pecadora
modernidad ilustradas17. El caso es que a la iglesia18. En este sentido, se podría
en esta dialéctica, el protestantismo tie- decir que las Escrituras son dependien-
ne plena confianza en que la Palabra de tes de la vida de la iglesia.
Dios se da en la iglesia; esto es, Dios se
comunica ciertamente a su iglesia (y en Por el contrario, el protestantismo en
el mundo) en cada generación, a partir general mantiene una conciencia clara
de su permanente retorno a las Escritu- de la pecaminosidad de la iglesia, de
ras y en medio de mediaciones humanas modo que es ésta la que queda sujeta
cuyos contornos no siempre son preci- siempre al juicio de la Palabra, y por
sos (es decir, no siempre son netamente tanto cada vez que abre las Escrituras
buenos o malos respecto de la comuni- entiende que debe sujetarse a su eficacia
cación divina). redentora (que incluye juicio y reden-
ción). Creo que el texto de Deuterono-
Para ir concluyendo el artículo, qui- mio 31,26 es muy apropiado de la com-
zás resulte imprescindible volver a mi prensión protestante de la Palabra y, por
afirmación inicial de que la Palabra es al ende, de las Escrituras:
protestantismo lo que la Iglesia al catoli-
cismo. Para éste, la iglesia es de alguna Tomad este libro de la ley y poned-
manera una de las mediaciones objeti- lo al lado del arca del pacto del Señor
vas fijadas por Dios absoluta y univer- vuestro Dios, y esté allí por testigo
salmente. Y el catolicismo no puede en- contra ti.
tender a la iglesia desvinculada de las
Para el protestantismo, lo que la Pa-
Escrituras, en la medida que éstas son el
labra hace en el mundo, lo realiza pri-
claro testimonio o incluso el resultado
meramente y primordialmente en el se-
no del Pueblo de Dios (Israel y la iglesia).
Sin esta Palabra de juicio y redención, la
17 A este respecto, el ensayo de G.T. iglesia no es nada. Por eso los creyentes
Sheppard, “’Two-party’ Rhetoric amid ‘Post- y las iglesias evangélicas se aferran a
modern’ Debates over Christian Scripture and
Theology” en D. Jakobsen y W.V. Trollinger
(eds.), Re-forming the Center, (Eerdman’s: Grand
Rapids, 1998, págs. 445-466), es muy esclarece- 18 Basta con leer entera la Constitución Lumen
dor acerca de los falsos antagonismos común- Gentium del Concilio Vaticano II. Y como ejemplo
mente aceptados entre liberalismo y fundamen- particular, su afirmación del cap. V, art. 39: “La
talismo, entre otras dicotomías epistemológicas Iglesia [...] creemos que es indefectiblemente
actuales. santa.”

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ella conocedores de que sin ella retorna- tum que difícilmente se deja serenar por
rían a La Cautividad babilónica de la iglesia cualquier pretensión de ‘palabra o auto-
(permítaseme emplear este polémico tí- ridad última’. Sin duda, hay muchas
tulo de una obra de Lutero). En efecto, a iglesias o tradiciones evangélicas que no
pesar de que las Escrituras pueden ser parecerían responder a este carácter ex-
durísimas en su juicio del Pueblo de pectante, pero lo cierto es que en toma-
Dios, el creyente evangélico identifica en do en su conjunto, el protestantismo sí
ellas el origen de su liberación, de su es un hervidero de mentes (e iglesias)
experiencia de libertad, mientras que inquietas. O sea, de ahí nace un sano in-
experimenta la propia realidad pecami- conformismo. Y ante la estima que el
nosa de la iglesia como una amenaza protestantismo tiene de esta libertad
constante de retorno a la cautividad. De evangélica, pagará el precio que sea, co-
ahí que la iglesia necesite estar siempre mo por ejemplo su fragmentación, o
en reforma permanente, según la cono- quizás cierta devaluación de la escucha
cida divisa reformada: Ecclesia reformata y discernimiento comunitarios de la Pa-
semper reformanda est, aunque por alguna labra.
razón pocas veces se cita la última parte
del lema, a saber: secundum verbum Dei. Espero haber abarcado de modo sin-
tético y respetuoso la diversidad de pos-
turas evangélicas o protestantes respecto
4. Conclusión
de la Palabra, evitando perfilar un dog-
Quizás sea el marco teológico evangé- ma unívoco protestante sobre la Palabra,
lico establecido para la Palabra –nótese y presentando, por contra, un marco
que ni siquiera hablo de doctrina níti- doctrinal en el que nos encontramos
damente definida– el más característico prácticamente todos los evangélicos. Y
del talante evangélico o protestante. Éste sobre todo espero no haber empleado
vive en la confianza de que Dios cierta- una jerga excesivamente evangélica, pa-
mente habla en cada generación de una ra que mis hermanos católicos puedan
manera nueva, aunque siempre desde entender un punto tan fundamental de
un mismo fundamento (las Escrituras). la teología evangélica.
Quizás por eso el conjunto del protes-
El Escorial, 13 de mayo de 2008
tantismo es expresión de un cor inquie-

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