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Antropología Forense. Carrera de Licenciatura en Antropología, FFyH, Universidad Nacional de Córdoba.

Curso 2017

UNA REVISION DEL ROL DEL ANTROPOLOGO FORENSE EN EL EXAMEN Y LA INTERPRETACION DEL
TRAUMA ESQUELETAL
Soren Blau

Texto original: Blau, Soren. 2016. How traumatic: a review of the role of the forensic anthropologist
in the examination and interpretation of skeletal trauma. En Australian Journal of Forensic Sciences;
publicado en Mayo de 2016. Traducido para la cátedra por Lucía Andrade Giraudo, Ana Sanchez, y
María Yamila de la Arada (2017)

Instituto victoriano de medicina forense/Departamento de medicina forense, Universidad Monash,


Melbourne, Australia.
Existen numerosos casos donde las variables como el tiempo transcurrido desde el momento de la
muerte, su exposición, el fuego, el carroñeo de animales, y/o la intervención humana resultan en
la esqueletización parcial o total.
Cuando el tejido blando no sobrevive y el esqueleto y/o la dentición es toda la evidencia que
queda del fallecido, la interpretación de la causa y la manera de muerte es comparativamente más
difícil, a menudo complejizada por el hecho de que la información contextual acerca de los
eventos que resultaron en la muerte puede ser limitada o inexistente. Este artículo provee una
revisión exhaustiva del rol del antropólogo forense en el examen y la interpretación del trauma
esqueletal. Se ofrecen definiciones de trauma y específicamente de traumas esqueletales,
seguidas de una descripción de sus tipos. Se discuten los procesos de examen, análisis, e
interpretación del trauma esqueletal, destacando las consideraciones importantes y las
limitaciones en cada etapa. El artículo resume las bases más importantes que apuntalan la toma
de decisiones de las opiniones formadas acerca de los traumas esqueletales, que incluyen la
experticia en anatomía esqueletal, en la biomecánica de los huesos, y la información acerca del
contexto del caso. Finalmente, el artículo resume los recursos disponibles para los estudiantes y
practicantes que ayudarán en la argumentación del proceso de interpretación del trauma
esqueletal.
Palabras clave: trauma esqueletal; antropología forense; análisis; interpretación.
INTRODUCCION
Los humanos modernos son tal vez uno de los únicos animales que habitualmente buscan herir o
matar a miembros de su propia especie. Como resultado de esto, el análisis de los traumas es un
área de la antropología forense que continuamente se debe desarrollar para seguir el ritmo de las
novedosas formas de infligir heridas traumáticas devastadoras elaboradas por el humano.
Luego de una muerte traumática y/o sospechosa donde los restos de un individuo han sido
hallados relativamente cercanos (en el tiempo) al momento de la muerte, el cuerpo es
típicamente examinado por un patólogo forense quien lleva adelante la autopsia. El patólogo
forense examina y evalúa los cambios macroscópicos, histológicos, y radiológicos que se hayan
producido tanto en el tejido blando como en el duro. En la mayoría de los casos, los hallazgos de la
autopsia del patólogo son considerados en el contexto de la información acerca de las
circunstancias de la muerte provista por la policía, familiares, amigos, y/o médicos clínicos, así
como también por parte del análisis de la evidencia asociada, que incluye la vestimenta y los
elementos personales. La consideración de toda la información típicamente permite que el
patólogo forense forme una opinión acerca de la causa y manera de muerte. Sin embargo, hay
numerosos casos en los que variables como el tiempo desde el momento de la muerte, la
exposición, el fuego, el carroñeo de animales, y/o la intervención humana (por ejemplo, el
desmembramiento, enterramiento, etc.) resultan en que los restos estén parcial o completamente
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esqueletizados. A menudo, los restos esqueletales y dentales son toda la evidencia que sobrevive
de un individuo fallecido. En tales casos, la interpretación es comparativamente más difícil, a veces
aún más compleja por el hecho de que la información contextual acerca de los eventos que
resultaron en la muerte puede ser limitada o inexistente. Este artículo provee una revisión
exhaustiva del rol del antropólogo forense en el examen y la interpretación del trauma esqueletal.
Definición de trauma
Un trauma es “la aplicación a un cuerpo humano de la fuerza suficiente para causar un daño,
irritación, o inflamación de los tejidos blandos y duros y puede tener un origen accidental o no-
accidental”. El trauma esqueletal es definido como la modificación, y en última instancia, la
ruptura, de hueso en el nivel macro y/o microscópico en el tejido cortical y/o trabecular como
resultado de un impacto rápido y/o lento con un objeto.
Tipos de traumas esqueletales
Trauma contuso
El trauma contuso resulta de una lenta (esto es, kilómetros por hora) fuerza que es cargada e
impacta en un área focalizada de hueso, que puede ser amplia o pequeña. (Galloway et al. definen
este tipo de trauma como ocurriendo sobre una superficie relativamente amplia). Los ejemplos de
un trauma contuso incluyen el impacto de un objeto (por ejemplo un ataque que involucre un
objeto como un puño, martillo, etc., o el impacto que ocurre luego de un accidente
automovilístico), pero también incluye el impacto de un cuerpo sobre una superficie (por ejemplo,
las caídas en altura donde está involucrada la desaceleración), y la compresión de las vías
respiratorias o las arterias del cuello que resultan del colgamiento, ahogamiento, asfixia o
estrangulación manual.
Es de especial importancia en el análisis de los traumas contusos, la comprensión de la cantidad de
energía cinética (esto es, la energía resultante del movimiento) que fue transferida del objeto al
hueso (más que identificar el objeto en sí mismo), así como el tamaño del área de contacto y la
habilidad del hueso para resistir y absorber la energía. Si una lesión contusa fue producida por una
fuerza de carga lenta, el hueso tarda más tiempo en alcanzar la fractura o su punto de fractura. La
lentitud de la carga se traduce por lo general en una gran cantidad de deformación plástica (ver
debajo). El trauma contuso en el cráneo, por ejemplo, puede mostrar un signo claro de impacto
(su impronta) (figura 1) donde el tamaño y la forma de la herida provee información acerca del
tipo de elemento que se utilizó. Las fracturas resultantes de un trauma contuso seguirán la
trayectoria de menor resistencia, continuando hasta que la energía se haya disipado. Si las
fracturas atraviesan las suturas craneales, es posible llegar a la conclusión de que estuvo
involucrada una gran cantidad de energía.
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El hueso sufre primero una tensión (cuando la carga es aplicada separando el hueso, esto es,
incrementando la dimensión del tejido en la dirección de la fuerza), y después una compresión
(cuando la carga es aplicada al hueso que se empuja a sí mismo, esto es, la disminución de la
dimensión del hueso en la dirección en la que se aplicó la fuerza). Por lo tanto, el trauma contuso
en la bóveda craneal tiene como resultado fracturas que irradian desde el punto de impacto.

Figura 1. Imagen volumétrica de la parte posterior del cráneo mostrando un defecto con un patrón
circular como resultado de un trauma contuso (arriba); detalle del occipital y del patrón del

defecto (abajo). (Imágenes: cortesía de VIFM/S. Blau).


Las fracturas se inician en la tabla interna, pero por lo general continúan a través de la tabla
externa, creando un patrón de fracturas radiales. Si la fuerza continúa al impacto en el cráneo, las
fracturas concéntricas (que colapsan el hueso por dentro) también se pueden formar,
circunscribiendo el sitio de impacto (Figura 2).
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Los traumatismos contusos en huesos largos (que son tubulares y consisten de un tejido cortical
relativamente grueso con muy poco o sin tejido esponjoso) pueden resultar en un rango de
patrones de fracturas.

Figura 2. Imagen volumétrica mostrando un trauma contuso en la parte posterior del cráneo.
Láminas cuneiformes causadas por las fracturas radiales y concéntricas. (Imagen cortesía VIFM/S.
Blau)
Ha sido reportado que en casos de traumas contusos, el hueso típicamente fallará primero en el
lado de la tensión (en el punto de mayor presión, interpretado como el directamente opuesto al
punto de impacto), con una fractura secundaria irradiando hacia la zona de tensión. En algunos
casos, se puede crear una “escisión astillada”, que se encuentra en el lado de la compresión. Estas
fracturas son coloquialmente descriptas como “fracturas mariposa/butterfly fractures” (Figura 3) y
son diagnósticas de traumas contusos. Recientemente, investigaciones experimentales han puesto
en duda estas interpretaciones tradicionales.
Trauma de proyectiles de alta velocidad (balístico)
Los traumas de proyectiles de alta velocidad (también conocidos como traumas balísticos) se
producen por medio de cualquier tipo de arma de fuego o munición (e incluye a los escombros
arrojados por explosivos como una bomba), e involucran mucha más velocidad de carga (metros
por segundo) que un trauma contuso (ver arriba): los objetos se mueven a gran velocidad
(balística). Estos altos niveles de carga significan que el hueso alcanza el umbral de la fractura más
rápido que ante un trauma contuso. El hueso no tiene tiempo de doblarse y deformarse por lo que
la etapa de la deformación plástica (que se ve en los traumas contusos) no ocurre: el hueso se
comporta como un material quebradizo (como por ejemplo el vidrio) y se rompe rápidamente. Las
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fracturas con patrones característicos en las formas de las lesiones de entrada y salida son típicas
de los traumas balísticos (figura 4). En muchos casos, la magnitud de la fuerza asociada a los
traumas de proyectiles de alta velocidad resulta en un mayor grado de fracturas y fragmentación
que en otros traumas. Mientras las lesiones de entrada y salida se pueden asociar a patrones de
fracturas radiales y concéntricas (también visibles en los traumas contusos), típicamente hay
menos deformación plástica asociada con el trauma balístico.

Figura 3. Vista anterior de un fémur izquierdo con una "fractura mariposa" (derecha): detalle de la
fractura (izquierda). La flecha roja gruesa indica la dirección del impacto. Las fuerzas de
compresión se producen en el sitio de impacto, mientras que las fuerzas de tensión (flechas
delgadas) se producen en el lado opuesto. El hueso falla en tensión (en el cuerpo de la mariposa) y
luego cae bruscamente hacia el sitio de impacto (las alas de mariposa). (Imágenes: cortesía de
VIFM / S. Blau).

Los patrones de fractura también se pueden usar para secuenciar temporalmente múltiples
heridas de proyectil de alta velocidad. Sin embargo, es importante señalar que las fracturas
pueden viajar a través de hueso a una velocidad extremadamente alta, y es posible que las
fracturas radiales de una herida de entrada lleguen al otro lado de la bóveda craneal antes de que
el proyectil salga del cráneo.
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Figura 4. Una herida de bala de entrada en la parte superior del cráneo. Vista ectocranial (arriba) y
vista endocraneal que muestra un biselado interno claramente definido (abajo) (Imágenes cortesía
de VIFM).

Trauma de proyectil de baja velocidad

Otro tipo de trauma por proyectil incluye lesiones producidas por objetos tales como lanzas,
jabalinas y flechas. Obviamente, la fuerza y la velocidad de estos objetos (que viajan a 91 m/s-1)
son completamente diferentes de la producida por armas de fuego o municiones. A pesar de que
hay armas de fuego de baja y alta velocidad, es la diferencia total en la velocidad relativa entre
armas de fuego y objetos tales como lanzas, jabalinas, etc., la variable crítica en la lesión
resultante. Algunos textos sugieren que la velocidad de estos proyectiles (lanzas, jabalinas y
flechas) es tan lenta que el trauma óseo resultante podría clasificarse como un trauma contuso.

Trauma agudo
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El trauma agudo incluye cortes, apuñaladas o lesiones incisas inflingidas por un objeto con un
punta o borde biselado (el bisel del borde se define como "el borde de una cuchilla con ángulo
agudo”) y a menudo deja marcas distintivas tales como hendiduras y estriaciones en el hueso
(Figura 5). El trauma agudo ocurre a una velocidad relativamente lenta (similar al trauma contuso)
sobre una área superficial muy pequeña (pensemos en el tamaño del borde de una cuchilla). El
trauma agudo se ha descrito como "un golpe brusco de la fuerza emitido por un objeto afilado" y
se ha considerado, por lo tanto, una subcategoría del trauma contuso. Los cuchillos (serrados y no
serrados) y las sierras son dos herramientas comúnmente utilizadas para infligir lesiones. Hay una
gran cantidad de investigaciones que documentan las marcas creadas por las sierras, así como los
patrones de lesiones después del desmembramiento.

Terminología
Aunque las clasificaciones del trauma han ayudado al patólogo y al antropólogo a “comprender el
mecanismo de las lesiones”, es importante recordar que, aunque se utilizan categorías discretas, a
menudo puede haber más de un mecanismo. En consecuencia, muchos practicantes de habla
hispana usan el término “cortocontundente” para describir las múltiples fuerzas que han resultado
en una lesión. Por ejemplo, una lesión causada por un machete, que incluye la fuerza aguda de la
cuchilla impactando sobre el hueso seguido por la fuerza contundente del mango. Similarmente,
en las heridas de proyectiles de alta velocidad, es posible observar un trauma contuso tras el
impacto inicial, por ejemplo, sobre el cráneo, el proyectil pierde velocidad (y puede tumbarse,
aumentando así el área de impacto) e impacta en el cráneo, produciendo fracturas similares a las
observadas en traumatismo contuso.
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Figura 5. Imagen renderizada de un codo derecho. La flecha roja indica los defectos hechos por
una sierra (los detalles del tipo de sierra son desconocidos) en la cara medial del húmero derecho
(arriba); Detalle del defecto - escala en mm (medio); Sección transversal del eje del húmero distal
derecho mostrando estriados uniformes (flechas rojas) (escala mm) (fondo) producidos por la
herramienta (Imágenes: cortesía VIFM / S. Blau).
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Daño térmico

Si bien hay muchos cambios tafonómicos que afectan potencialmente al esqueleto, aquellos
creados por el fuego son de particular interés para los antropólogos forenses porque el fuego
tiene un impacto extremo en los huesos y los dientes y es a menudo utilizado por los
perpetradores para ocultar lesiones peri-mortem y / o impedir la identificación. Es importante que
el antropólogo forense sea consciente de las variables que influyen en la forma en que un cuerpo
se quema y, por tanto, la capacidad de diferenciar las fracturas creadas por el fuego en
comparación con las que estaban presentes antes del mismo. Tales variables incluyen la cantidad
de tejido blando presente en el momento de la quema, la presencia de ropa y / u otros materiales,
la temperatura del fuego y la duración de la combustión. En casos de restos esqueléticos afectados
por el fuego, todavía puede ser posible distinguir el trauma peri-mortem de las alteraciones post-
mortem del fuego.

Analizando el trauma esqueletal: un enfoque antropológico

El análisis del trauma esquelético puede ser importante en los procesos penales, tanto en
contextos domésticos, como en investigaciones internacionales que involucran violaciones
masivas de los derechos humanos. Suponiendo que haya suficiente documentación clínica ante
mortem que permita comparaciones ante y post mortem, el traumatismo esquelético también
puede ser importante en contextos humanitarios donde la identificación del fallecido es
fundamental. Aunque no todas las heridas de la piel se reflejan en el hueso, donde las lesiones
óseas se mantienen, un análisis antropológico de los restos esqueletales, potencialmente,
proporciona una gran cantidad de información sobre el (los) evento (s) traumático (s).
Como el papel tradicional del antropólogo forense (que se centra en el desarrollo de un perfil
biológico) se expande, el antropólogo forense es cada vez más solicitados para analizar traumas
esqueletales. Si bien la causa y la forma de la muerte son responsabilidad del patólogo forense
médicamente entrenado, en los casos en que los restos son parcial o totalmente esqueletizados, el
antropólogo forense puede dar información detallada sobre las lesiones del esqueleto, lo que
puede ayudar al forense en sus conclusiones. Es relativamente poco común que un patólogo
forense evalúe los restos óseos e interprete una fractura sin un análisis de las lesiones asociadas
de los tejidos blandos. Si se toma en consideración el daño óseo es solo en un examen superficial,
por ejemplo, al intentar poner fragmentos de hueso craneal cubiertos de sangre y tejidos blandos
juntos durante la autopsia en la mesa de la morgue para entender mejor las heridas de bala. Se ha
argumentado que los antropólogos forenses son conscientes de patrones de morfología esqueletal
normal o anormal, incluyendo los efectos del trauma, de una manera que muchos otros
practicantes, tales como examinadores médicos o patólogos forenses, no lo son.

El proceso: reconocimiento y examen

Descripción de la preservación

La primera fase de cualquier análisis de material esquelético consiste en fotografiar y, si es posible,


hacer radiografías y /o tomografías computarizadas de los restos que son recibidos por primera
vez por la instalación forense encargada del caso, es decir, esto se realiza antes de la limpieza. Es
importante proporcionar una descripción detallada de la preservación de los restos, esto es, la
integridad y condición de los mismos, porque la preservación influye en las interpretaciones y
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conclusiones acerca de/los traumatismo/s esqueletales y, por lo tanto, en la comprensión del


papel que las intervenciones/acciones humanas jugaron en la creación de la/s lesión/es
traumática/s.

Reconstrucción ósea

Una vez limpiados, todos los huesos (completos y / o fragmentarios) deben ser inventariados y
examinados para buscar evidencias de traumatismo. El antropólogo forense debe determinar si se
pueden reconstruir elementos esqueléticos fragmentados y/o dañados. Similar a un
rompecabezas, a menudo es difícil ver el "cuadro completo" (y por lo tanto interpretar el trauma),
hasta que todas las piezas son re ensambladas (Figura 6). En el proceso de reconstrucción, puede
llevar a comenzar la interpretación del mecanismo de trauma: por ejemplo, los fragmentos óseos
que pueden reunirse fácilmente indican típicamente traumatismo balístico (deformación elástica
que es, un cambio temporal en la forma del hueso que se auto-invierte después de que se retira la
fuerza), mientras que el traumatismo contuso a menudo resulta en trozos de hueso deformados
que no pueden ser ajustados de nuevo juntos (deformación plástica - es decir, un cambio
permanente en la forma del hueso sin fractura).

Documentación de defectos esqueletales

Todos los defectos del esqueleto deben ser descritos y documentados (tanto fotográficamente
como con el uso de grabaciones u otro tipo de registro), detallando la posición del defecto (s) en
relación a puntos de referencia anatómicos, y la anomalía de forma y/o tamaño. Cuando se
requiera reconstrucción, el tamaño y las secciones de los fragmentos también se deben describir y
registrar antes de llevar a cabo la reconstrucción. El objetivo de las descripciones detalladas es
facilitar una opinión sobre la naturaleza y el momento de los cambios esqueletales; es decir, si el
defecto es una lesión esquelética o un cambio post-mortem. Descripciones detalladas escritas y
fotográficas de los defectos debe facilitar una opinión por parte del profesional, así como
potencialmente por cualquier otro experto que desee revisar las pruebas en el futuro.

El proceso: interpretar el traumatismo esqueletal

Si se determina que el defecto esquelético es evidencia de traumatismo esqueletal (en


contraposición a un cambio post-mortem), el antropólogo forense utiliza información sobre
biología ósea y biomecánica para intentar determinar el tipo o los tipos de traumas, si la lesión fue
sostenida: ante-mortem (mientras la persona estaba viva) o perimortem (en o alrededor del
momento de la muerte), el punto de origen del trauma, número y secuencia de impactos al
cuerpo, la cantidad de fuerza requerida y ocasionalmente la clase general de elemento utilizado.
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Figura 6. Reconstrucción de fragmentos esqueléticos (arriba) con una pistola de pegamento


(medio) para observar el esqueleto completo e interpretar un traumatismo esquelético, en este
caso una herida de entrada de bala (flecha roja) (arriba). (Imágenes: A. Sully y S. Blau).

Propiedades intrínsecas del hueso y características extrínsecas de la fuerza aplicada


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Para entender cómo responde el hueso tanto al estrés crónico como al agudo y, por lo tanto, para
interpretar el traumatismo esquelético, el antropólogo forense debe considerar los factores
intrínsecos (internos) y extrínsecos (externos) y las interacciones entre estas variables. Los factores
intrínsecos incluyen variables tales como la edad del individuo al morir y la salud relativa (que
tienen un efecto sobre la mineralización y remodelación ósea), el hueso específico afectado (y por
lo tanto el porcentaje relativo de hueso cortical y/o esponjoso, la presencia de forámenes, el
refuerzo del cráneo, curvatura, etc.) y la localización anatómica de la lesión en ese hueso.
Las variables extrínsecas se relacionan con los principios de la biomecánica, es decir, "la aplicación
de la ciencia biológica de fuerzas y energías a un tejido vivo". Los factores biomecánicos que
afectan potencialmente al esqueleto incluyen:
 fuerza: una acción o influencia que se aplica a un cuerpo libre; hay una serie de fuerzas
direccionales que afectan al hueso, incluyendo la compresión (actúa para comprimir el material),
la tensión (actúa para estirar el material), la flexión (provoca fuerzas de tracción y compresión en
diferentes áreas del esqueleto), el cizallamiento y la torsión (compresión y cizallamiento);
 carga: la fuerza ejercida sobre un objeto, cuerpo o superficie; es decir, el peso de una
cosa externa sobre un objeto, por ejemplo: el peso del cuerpo humano crea una carga en los pies;
 tipo de carga: que puede ser directo, indirecto (donde la energía es transferida o
difundida) o penetrante;
 velocidad de carga: velocidad a la que se produce la tensión, que puede ser dinámica, es
decir carga rápida (alta magnitud para una duración corta) o estática, es decir, carga lenta
(magnitud más baja durante un tiempo más largo). El hueso puede resistir una fuerza de carga
rápida (donde el hueso se rompe sin deformación plástica) mejor que una fuerza de carga lenta
(donde el hueso se somete a estrés durante un período de tiempo más largo pasando así por
fases elásticas y plásticas hasta finalmente fallar);
 dirección de la carga: el origen de la fuerza es relativa al cuerpo;
 duración: duración de la aplicación de la fuerza al hueso;
 magnitud: la cantidad de fuerza aplicada al hueso;
 tamaño del objeto contundente: por ejemplo, un golpe a la mandíbula en comparación
con ser golpeado por un vehículo en movimiento;
 estrés: la fuerza aplicada al hueso, es decir, la carga por unidad de área;
 tensión: la magnitud de la carga, que puede dar lugar a deformaciones elásticas (fuerzas
que atraviesan la flexión del hueso) o deformación plástica (fuerzas que doblan el hueso con
deformación permanente), y
 falla: cuando se alcanza la carga final del hueso y el mismo se fractura.

Cuando un objeto entra en contacto con un hueso o un individuo encuentra una superficie, las
fuerzas pueden impactar sobre el esqueleto de varias maneras diferentes dependiendo de la
capacidad del tejido para absorber y disipar la energía. Sin embargo, típicamente, cuando una
fuerza actúa en un hueso, el hueso reaccionará en etapas predecibles y consecutivas. Los
resultados potenciales de las fuerzas que actúan sobre el esqueleto se resumen por una medida
de elasticidad, definida en el siglo XIX por el científico británico Thomas Young. El módulo de
Young (medida) de elasticidad proporciona detalles del cambio en la dimensión del hueso durante
la fase elástica de su curva tensión-deformación.
Cuando el hueso está sometido a una fuerza que puede soportar, habrá deformación elástica
durante la fase inicial de la carga. El hueso puede volver a su forma original si la fuerza cesa, sin
alteración estructural visual. Sin embargo, si la fuerza aplicada aumenta y se alcanza el umbral de
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tolerancia (límite de elasticidad), se produce una deformación plástica, que da lugar a un cambio
permanente en la estructura ósea. Finalmente, el hueso fallará (fractura) una vez que la fuerza
aplicada excede el punto de la competencia estructural. En los casos de proyectil de alta velocidad
o traumatismo explosivo, donde la aplicación de la fuerza se produce a una velocidad aumentada,
el hueso no puede pasar por las fases elásticas y plásticas, por lo que fallará inmediatamente.

Cronología de las lesiones esqueléticas: terminología e interpretación.

Los antropólogos forenses y los patólogos usan el término trauma "ante-mortem" para describir el
momento del trauma que muestra signos de curación (por ejemplo, la formación de hueso nuevo
o una respuesta a la infección) y que, por lo tanto, se sostuvo cuando el individuo estaba vivo. Sin
embargo, los patólogos forenses y los antropólogos tienen diferentes significados para los
términos peri y post mortem.
El patólogo forense, generalmente centrado en los tejidos blandos, también puede utilizar el
término «vital» o «peri-mortem» para describir lesiones que ocurrieron inmediatamente antes de
la muerte o que causaron la muerte y el término «post mortem» para describir cualquier lesión
que haya ocurrido algunos minutos después de la muerte. Por el contrario, un antropólogo
forense, basándose únicamente en la firma ósea, utiliza el término "peri-mortem" para describir el
momento de las lesiones óseas donde el hueso muestra evidencia de haber respondido como
hueso fresco (es decir, que contiene colágeno y humedad, proporcionando al hueso una mayor
elasticidad). Dependiendo del contexto y las circunstancias de la muerte, el hueso puede retener
el colágeno (y por ende la humedad) durante semanas o meses después de la muerte. Puede ser
posible que un individuo tenga, por ejemplo, evidencia de una herida de bala (que se supone fue
efectuada alrededor del tiempo de la muerte), pero también evidencia de un trauma contuso
(causado por el equipo usado durante el proceso de recuperación después de la muerte). Sin
embargo, es posible que ambos eventos hayan ocurrido cuando el hueso estaba relativamente
fresco y, por lo tanto, parecen ser «peri-mortem». Por lo tanto, es muy difícil distinguir entre
traumatismo óseo sostenido inmediatamente antes de la muerte e inmediatamente después de la
muerte. Es por esto que el intervalo peri-mortem suele ser amplio y, dependiendo de muchos
factores, incluyendo el entorno en el que se encuentran los restos, puede extenderse en años. En
verdad, el antropólogo forense está determinando el momento de la lesión basado en las
características biomecánicas del hueso fresco en lugar del propio evento de muerte.
La evidencia del trauma a hueso fresco incluye:
 Fracturas de bisagra (que rara vez se observan en los casos post-mortem debido a la falta
de colágeno que resulta en una ruptura completa);
 Tinción en el hueso asociado a un hematoma: la histología ha desempeñado un papel en el
intento de proporcionar detalles sobre la presencia o ausencia de hemorragia para confirmar o
negar la vitalidad de una fractura;
 La presencia de pequeños fragmentos óseos adheridos al hueso fracturado adyacente;
 Fracturas relativamente rectas (frente a fracturas irregulares observadas en el hueso post-
mortem);
 Deformación (en oposición a las roturas post-mortem, que no tienen deformación
asociada) - Obsérvese que la deformación puede ocurrir post mortem en casos, por ejemplo,
cuando los huesos están mojados)
 Color: las fracturas peri-mortem pueden ser teñidas por ejemplo, por hemorragia y/o
fluidos de descomposición. Por el contrario, las rupturas post mortem no son uniformes en color,
son típicamente más claras que los huesos circundantes porque estas superficies se exponen al
ambiente cuando el hueso está seco.
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El reconocimiento del trauma esquelético ante-mortem, puede ser útil en casos en los que
se encuentran restos esqueléticos humanos no identificados, pero no hay hipótesis inicial de quién
pueda ser la persona. La evidencia, por ejemplo, de lesiones traumáticas cicatrizadas (como
fracturas de costillas o fracturas nasales) o intervención médica (como prótesis o una
craneotomía) indica que el individuo había tenido algún tipo de procedimiento quirúrgico y, por lo
tanto, es probable que existan registros médicos. Tal evidencia puede ser útil en el proceso de
identificación. El análisis de traumatismo ante-mortem en contextos forenses también puede ser
importante en el diagnóstico de lesiones no accidentales en niños. También se han realizado
investigaciones sobre huesos humanos secos para desarrollar un "sistema de datación de
fracturas" como medio de estimar el intervalo de tiempo post-traumático de las fracturas ante-
mortem. Tal trabajo puede ser útil para evaluar el estado médico individual y la atención al
momento de la muerte
.
El antropólogo forense también tiene una contribución significativa para hacer como
resultado de su familiaridad con una gama de variaciones esqueléticas y su capacidad para
diferenciar las anomalías congénitas esqueléticas a partir del trauma. Ejemplos de anomalías
esqueléticas potencialmente confundidas con cambios traumáticos incluyen: huesos accesorios
(por ejemplo, osículos en el cráneo), anomalías no fusionadas (por ejemplo, espondilolisis de la
vértebra lumbar) y agujero congénito (por ejemplo, abertura esternal).

El término "post mortem" es usado por antropólogos forenses para describir un defecto
que ocurrió sin dudas después de que el hueso ha perdido todo su contenido orgánico. El hueso ya
no puede considerarse fresco, pero es quebradizo y por lo tanto responde como material
inorgánico: «parecido a la forma en que una rama seca o una rama que ha perdido su contenido
de humedad se va a romper, un palo verde tendrá más flexibilidad». Por lo tanto, los cambios
postmortem no están relacionados con la muerte del individuo, pero pueden haber ocurrido, por
ejemplo, durante el proceso de recuperación, o como resultado de cambios térmicos o de barrido.
Consecuentemente, los cambios post-mortem se incluyen a menudo en la discusión de tafonomia.
La complejidad de la terminología puede demostrarse mediante el ejemplo de la interpretación
del trauma en casos de desmembramiento. En contextos en los que sólo sobreviven restos óseos y
muestran evidencia de marcas de sierra asociadas con el desmembramiento, el patólogo forense
usará el término postmortem para describir el momento de las lesiones, ya que se supone que el
individuo fue asesinado primero y luego descuartizado. En contraste, la evidencia de las marcas de
la sierra, una firma que puede ocurrir solamente en hueso fresco, sería descrita por el antropólogo
forense como peri-mortem.

Es interesante observar, sin embargo, que el contexto del caso es también importante
para la terminología que se usa. En Colombia, por ejemplo, que tiene un elevado número de casos
de descuartizamiento, hay numerosas declaraciones de testigos que describen a los perpetradores
que descuartizan a las víctimas cuando todavía están vivas como una forma de tortura y como un
medio de amenazar a las comunidades. Mientras que los antropólogos forenses y los patólogos
coinciden en que en la mayoría de los casos no es posible determinar una causa de muerte cuando
sólo sobreviven los restos óseos, la evidencia de marcas de corte en casos de descuartizamiento
en Colombia son descritas por patólogos forenses como la causa de la muerte; es decir, habiendo
ocurrido peri-mortem.
Secuencia de las heridas
Basado en la investigación llevada a cabo por el patólogo forense alemán G. Puppe sobre líneas de
fractura entrecruzadas, se ha establecido que las fracturas radiantes de un segundo punto de
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impacto continuarán hasta que sean detenidas por una fractura previa (donde la mayor parte de la
energía cinética es disipada). En consecuencia, la llamada «ley de secuenciación» de Puppe puede
utilizarse para determinar el orden en que se produjeron múltiples impactos. Aunque ésta ley se
aplica típicamente en casos de múltiples traumatismos de fuerza contundente en el cráneo,
también se ha aplicado al análisis de fracturas de cráneo resultantes de heridas de bala, aunque se
cree que la secuenciación es mucho más difícil en casos de múltiples heridas de bala. La
determinación de la secuencia de las lesiones puede ayudar al forense en la diferenciación de las
lesiones fatales de las no mortales.
Cantidad de fuerza
Las preguntas sobre el grado de fuerza requerido para causar una fractura esquelética se
piden comúnmente tanto al patólogo forense como al antropólogo. Se ha argumentado que «en
ausencia de procesos patológicos como la osteoporosis o el cáncer, se requiere un grado
significativo de fuerza para causar una fractura a cualquier hueso sustancial» . Además, las
descripciones de la cantidad de fuerza varían de leve, donde sólo está involucrado tejido blando,
moderado, con la participación del cartílago, y grave con la participación del hueso. Sin embargo,
la cantidad de fuerza requerida es subjetiva y hay poca discusión en la literatura acerca de qué
significa "significativo", u otros términos como "leve", "moderado" o "severo". Además, debe
recordarse que hay una multitud de variables (incluyendo, pero no limitándose a, la forma y el
tamaño del implemento, en los casos de heridas de puñalada la nitidez y el ancho de la punta de la
cuchilla y la hoja, la presencia (o ausencia) de vestimenta y los potenciales efectos resistivos, la
anatomía de la zona afectada del cuerpo y la energía cinética relativa conferida por el arma /
instrumento) que potencialmente influyen en la formación de una fractura.
Clase general del instrumento
A menudo se intenta determinar el implemento que causó una lesión en el tejido blando.
Aunque el patrón puede identificarse en el hueso, la identificación de una herramienta específica
es difícil y desalentada en la práctica profesional con el fin de evitar proporcionar conclusiones
excesivas. Más comúnmente, se puede pedir al antropólogo que emita una opinión sobre si una
herramienta o arma sospechosa podría haber producido un defecto esquelético específico.
Fuentes de información para ayudar en la interpretación del trauma esquelético
Cuando el esqueleto es todo lo que queda, el antropólogo forense intenta proporcionar
información sobre los eventos que resultaron en defectos observados en el tejido duro. La
ausencia de información contextual a menudo limita la interpretación y, en consecuencia, se han
utilizado diversas fuentes para mejorar la capacidad del practicante para formar opiniones e
interpretar el traumatismo esquelético. Estas fuentes incluyen colecciones anatómicas
esqueléticas, investigación experimental, datos obtenidos a partir de trabajos observacionales en
estudios clínicos, y hallazgos mortuorios, donde se conocen las circunstancias de la muerte.
Debido a la naturaleza altamente variable del trauma de la fuerza contundente, la mayoría de las
publicaciones en los últimos 10 años se han centrado en estudios de caso anecdóticos de tal
trauma.
Las radiografías de lámina convencional siguen siendo una valiosa herramienta para
observar fracturas sutiles, como las del cartílago laríngeo y tiroideo, costillas y / o metáfisis. Más
recientemente, la tomografía computarizada con múltiples detectores (TCMD) se ha convertido en
otro recurso útil para ayudar a la interpretación de los traumatismos esqueléticos en situaciones
post-mortem, incluyendo proyectiles de alta velocidad, lesiones de fuerza contundente y aguda, y
hasta en casos de cuerpos afectados por el fuego. Con el aumento del uso de MDCT, como una
herramienta en el procedimiento de la autopsia regular en muchos institutos de medicina forense
(por ejemplo, la tomografía computarizada post-mortem - PMCT) y con el almacenamiento
posterior de los datos de imágenes digitales (DICOM) en un sistema de archivo y comunicación de
Antropología Forense. Carrera de Licenciatura en Antropología, FFyH, Universidad Nacional de Córdoba. Curso 2017

imágenes (PACS) como parte de la revisión de casos y la gestión de la calidad, existe una
oportunidad única de obtener información detallada sobre los efectos de una variedad de
diferentes tipos de trauma en el esqueleto.
A partir de una extensa base de datos de casos forenses en el Instituto Victoriano de
Medicina Legal (VIFM) donde se registran la edad y el sexo del fallecido, se confirman las
circunstancias y la causa de la muerte y se registra fotográficamente y se documentan todas las
lesione en los tejidos blandos y duros, desarrollándose una guía de referencia exhaustiva para
ayudar al antropólogo forense (y al patólogo) en su análisis e interpretación, cuando sólo
sobreviven los restos del esqueleto. Sin embargo, se reconoce que no es posible proporcionar un
"libro de reglas" para la interpretación de traumatismo esquelético, ya que ningún instituto
forense verá cada iteración de traumatismo esquelético. Las variables intrínsecas (es decir, edad
de la persona y hueso específico) y extrínsecas (es decir, intencional o no intencional del evento,
posición corporal, etc.) afectan a la morfología de la herida y explican el alto grado de variación.
Sin embargo, una descripción descriptiva completa (escrita) y visual (fotográfica y de tomografía
computarizada) de una serie de ejemplos de traumatismo esquelético donde se conocen las
circunstancias y la causa de la muerte, proporcionará un recurso invaluable para comprender
mejor los patrones de traumatismo esquelético. Este recurso también facilitará el desarrollo de
futuras investigaciones experimentales sobre los traumatismos esqueléticos.
Información contextual
A pesar de las discusiones sobre los efectos limitantes del sesgo contextual sobre la interpretación
de una gama de pruebas forenses y la interpretación específica del traumatismo esquelético,
algunos argumentan que los detalles contextuales específicos de un caso deben ser conocidos y
que la falta de conocimiento puede de hecho tener «Un efecto profundo en la interpretación de
los casos finales». Además, es a menudo el patrón de cambios esqueléticos observados dentro de
un contexto especıfico el que facilita una interpretación detallada, se recupera después de
períodos de conflicto o casos de sospecha de violencia doméstica. En consecuencia, debe
destacarse que incluso si el antropólogo forense puede proporcionar información sobre el
mecanismo que causó el trauma, sólo puede ser información sobre el contexto de los supuestos
sucesos proporcionados por la investigación que facilita una opinión sobre si la lesión esquelética
fue el resultado de un accidente versus violencia intencional. Por esta razón, el análisis del trauma
esquelético se mejora significativamente mediante la colaboración entre los funcionarios
encargados de la aplicación de la ley y los médicos forenses. El valor de los patólogos forenses que
trabajan con antropólogos forenses en los casos de análisis e interpretación de traumatismo
esquelético ha sido bien demostrado.
Conclusión
Además de proporcionar información sobre la identidad de una persona fallecida, los
antropólogos forenses desempeñan un papel importante en el examen detallado y la
interpretación del trauma esquelético. El objetivo de un análisis antropológico forense es describir
primero cualquier alteración del esqueleto y luego progresar hasta proporcionar una
interpretación sobre el defecto. Las interpretaciones pueden incluir una opinión sobre el
momento del trauma (ante-, peri- o post-mortem), el tipo de fuerza involucrada (por ejemplo,
proyectil romo, de alta velocidad, fuerte o una combinación de fuerzas) y, en casos de múltiples
lesiones, la secuencia temporal de los eventos. Tales interpretaciones se basan en una
comprensión detallada de la anatomía esquelética, la biomecánica del hueso y la tafonomía.
Mientras que los practicantes deben ser conscientes de las trampas asociadas con el sesgo
contextual, la información sobre las circunstancias de la muerte también suele aumentar la
interpretación. Los informes de casos de traumatismo esquelético de los entornos clínicos y
mortuorios, así como los resultados de la investigación experimental, continúan ampliando
Antropología Forense. Carrera de Licenciatura en Antropología, FFyH, Universidad Nacional de Córdoba. Curso 2017

nuestra comprensión del impacto de una serie de fuerzas intrínsecas y extrínsecas sobre el
esqueleto humano. Además, el aumento del uso de la TC en los ajustes post-mortem proporciona
un valioso medio para documentar y revisar una amplia gama de casos de traumatismo
esquelético donde se conocen causas y formas de muerte. Estos datos constituyen un valioso
recurso educativo que fomentará el estudio, mejorará la práctica y promoverá el conocimiento de
la antropología forense y la patología en el campo de la interpretación de los traumatismos
esqueléticos.