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Desventuras de dos aventureras

Gity y Tigy eran dos gatitas muy domésticas, que todos los días a la
misma hora, mientras el sol atravesaba la ventana, miraban hacia el
jardín de su casa e imaginaban todas las aventuras que podrían vivir allí,
porque siempre permanecían dentro de la casa junto al calor de la
chimenea.

Un día, en que se encontraban solas, se les ocurrió escapar y convertir


sus ingeniosas hazañas en realidad. Se fueron con sigilo hasta la puerta
que daba al jardín y Tigy que era la más ágil y la más liviana, se subió
sobre el lomo de su hermana, se apoyó sobre la puerta mientras ponía
su garrita sobre la manilla para colgarse y la abrió. Salieron rápido
dándose empujones, y celebraron con saltitos a la vez que meneaban
sus colas.

Estaban tan felices bailando cuando un golpe las sobresaltó, con sus
movimientos habían cerrado la puerta otra vez. Se miraron asustadas y
maullaron al mismo tiempo.

—Que va a ser de mí ahora que no puedo volver. Extraño mi camita —


dijo Tigy.

—Tengo hambre, ya siento que me muero —dijo Gity.

—Creo que ya empieza a darme frio —agregó Tigy.

—Nuestras colitas se van a congelar —respondió Gity.

Comenzaron a maullar más fuerte y a rasguñar la puerta para que se


abriera, pero no pudieron conseguirlo. Se desesperaron, dieron vueltas
en círculos, y luego intentaron entrar por la ventana pero también
estaba cerrada. Por sus cabecitas de gato pasaron mil imágenes de
ellas viviendo para siempre bajo la fría noche, imaginaron también sus
platos vacíos, y enumeraron una a una sus desgracias.

De pronto, escucharon pisadas que se acercaban ruidosamente y se


abrazaron. Pensaban que era algún animal del jardín y se asustaron
mucho. Cerraron los ojos y no quisieron ver quien las atrapaba y las
agarraba por la panza.
Por suerte era su dueña que las llevaba de vuelta a sus camitas dentro
de la casa. Suspiraron con alivio y se aferraron a su ropa, cerraron los
ojos y se acomodaron en sus brazos.

Cuando se encontraron seguras, corrieron a su ventana favorita y


estuvieron de acuerdo en que mejor vivirían todas sus aventuras desde
allí. Sin peligros y sobre todo, sin hambre y sin frio.