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DE LA ADMINISTRACION ESCOLAR A LA GESTION EDUCATIVA

Un transcurrir no dado en su totalidad.

En el campo de la educación, se discute con bastante ímpetu en la actualidad, un


concepto que ha tenido acogida en materia de normatividad y nuevas políticas de
calidad emanadas del ministerio de educación nacional, se trata de la gestión
educativa, entendida ésta, como un desafío a la tradición del concepto de
administración escolar, en materia de funciones directivas, que se instauran en
las instituciones educativas en Colombia.

Para analizar las implicaciones y consideraciones reales del fenómeno de la


transformación en la dirección de las instituciones educativas, se hace necesario
destacar el concepto base, según los estudios realizados por IIPE UNESCO1 en
torno a que: “la gestión educativa se ve como un conjunto de procesos teórico-
prácticos integrados horizontal y verticalmente dentro del sistema educativo. Es un
saber de síntesis capaz de ligar conocimiento y acción, ética y eficacia, política y
administración en procesos que tienden al mejoramiento de las prácticas
educativas, a la exploración y explotación de posibilidades, y a la in-novación
permanente como proceso sistemático”.

Desde esta perspectiva, la organización escolar exige un cambio de estructuras


mentales que articulen las practicas pedagógicas con los procesos administrativos
e involucren la reflexión y participación de todos los miembros de la comunidad
educativa, si se piensa en lo común que hasta el momento se ha venido haciendo
en las instituciones educativas, donde aún dominan las teorías organizacionales
bajo el modelo administrativista.

El ministerio de educación ha otorgado un mayor protagonismo a los rectores de


las instituciones educativas, denominándolos Lideres de los procesos internos que

1
“Competencias para la profesionalización de la gestión educativa. Diez módulos destinados a los responsables de los
procesos de transformación educativa”. Tomado del IIPE-UNESCO, Buenos Aires. www.iipe-buenosires.org.ar La
responsabilidad de la síntesis recae en los editores
revierten mayor importancia e inciden en el clima organizacional, se habla ahora
de conducción institucional, aprovechamiento óptimo de los recursos humanos y
del tiempo, planificación de tareas, distribución del trabajo y su productividad, la
eficiencia de la administración, el rendimiento de los recursos materiales y la
calidad de los procesos educacionales.

Dando grandes esperanzas a las instituciones educativas, conciben además que


la gestión educativa podrá corregir algunos de los errores que se venían
presentando en materia de administración, pues se pensaba a la escuela como
una empresa, donde el rector no era más que el gerente que vigilaba y
supervisaba los procesos, sin contar con la participación y el trabajo en equipo.

Dadas estas directrices una buena gestión aportara a las instituciones una mejor
organización si se cuenta con: un buen líder que: propenda por una dirección
sólida, que involucre procesos de liderazgo, decisión y reflexión operando
consolidadamente con el aporte de un gobierno escolar que participe en las
decisiones y las tomen en acuerdo con toda la comunidad, que presente una
rendición de cuentas claras, frente a cada uno de los procesos pedagógicos y
administrativos – financieros y que proyecte una estrategia pedagógica clara, que
se refleje en un plan de estudios coherente con las realidades situacionales de la
población permeada por la institución.

Siendo ésta, la literatura que permea los discursos gubernamentales, se debe


pensar en ¿Qué tan efectiva y eficaz resulta en la realidad, la aplicabilidad del
concepto de gestión educativa en las instituciones escolares en Colombia?, pues
sabemos que existen una variedad de factores (prácticas cotidianas) que ponen
algunas limitaciones en el desempeño de los involucrados en la gestión directiva.

Se hace necesario establecer algunas categorías basadas en la realidad actual del


contexto educativo, que nos permitan ahondar en la pregunta inicial y nos lleven a
profundizar en un análisis de las implicaciones trascendentales que se deben
instaurar en las instituciones educativas, a la luz del cambio de pensamiento y
visión de la función directiva.

De esta manera, debemos reflexionar en torno a las siguientes categorías que han
marcado los espacios de organización institucional: Los niveles de participación de
los diferentes actores de la educación en la gestión educativa; Bajo que
parámetros se están tomando las decisiones internas en una institución; Que
sucede en el espacio escolar rural y Que características definen las políticas
institucionales locales, además de las problemáticas que se presentan al interior
de las instituciones educativas con lo que respecta al estilo de dirección y
relaciones de poder.

En este sentido y con relación a las funciones que se espera que asuma el rector,
se puede evidenciar en las instituciones educativas bastantes vestigios de la
tradicional administración escolar, que tanto se ha querido dejar atrás; elementos
tales como la poca participación de la comunidad, estructuras rígidas de autoridad,
confundidas con el autoritarismo, falta de participación y democracia en los
procesos escolares y más grave aún, falta de capacitación, actualización y en
otros casos resistencia al cambio por parte del directivo.

Situaciones que se viven en las escuelas rurales donde se desconoce la realidad


un tanto apartada de los indicadores de gestión que muestran los estudios hechos
por el ministerio de educación nacional y dejan ver además, la poca articulación de
procesos y recursos tanto físicos como humanos; factores que se convierten en
situaciones problema y desmiembran- delimitan las tareas de forma individual,
debilitando los canales de comunicación y trabajo cooperativo del que se
abandera el ministerio de educación.

El clima organizacional no es como lo muestran o lo narran las guías e informes


gubernamentales de las políticas de calidad, nos encontramos con una realidad
marcada por la escasez del recurso, por la exigencia de cantidad y no de calidad
en los procesos administrativos; la cultura burocrática nos enmarca en estándares
y parámetros a todos por igual, dejando a un lado realidades poblacionales que
hacen mello en las minorías y que convierten los procesos en exigencias
inequitativas y excluyentes.

Siendo esta la perspectiva actual, se debe pensar entonces en la integración y


sobretodo capacitación y formación teórica para los directivos docentes, hay que
resaltar que los cambios se deben dar desde la formación y no desde la sanción,
se hace necesario estudiar a fondo las regiones apartadas de nuestro país y
revisar que tanto responden los rectores a las políticas de gestión educativa que
se quieren implementar por parte del ministerio, y si lo hacen de manera eficaz,
teniendo en cuenta la brecha generacional y la experiencia en la dirección que han
tenido muchos de ellos.

Si revisamos que, la actual legislación, le brinda al directivo docente mayor


autonomía, es el ministerio de educación quien también debe establecer políticas
de seguimiento y revisar que tan aplicables resultan sus directrices en cuanto a
calidad educativa, o si son realmente llevados a cabo por los rectores titulares de
la institución; pues como hemos dicho resultan ajenas a la realidad situacional de
muchas de las instituciones educativas de nuestro país.

Pensar entonces en que tanto conoce el ministerio de educación de las micro


políticas o los procesos escolares en las instituciones rurales, analizar qué
acciones propias del rector se están adelantando en la búsqueda del
mejoramiento de la calidad; porque los resultados se conocen al ojo de las
secretarias de educación y sus informes generales, pero, quienes realmente
realizan las disposiciones y mandatos en muchos casos no son los rectores, sino
que éstos, delegan trabajos adicionales a los demás funcionarios (docentes,
administrativos), al punto de dejar una carga mayor a la reglamentaria, y en su
papel del “Líder” llegan a convertirse en simples figuras de poder y no en modelos
de conducción y gestión como lo enuncia el ministerio.
Es aquí donde las secretarias de educación departamental y en cabeza el
ministerio de educación nacional, debe pensar en la formación del directivo
docente, como el aspecto más importante que permita transformar la concepción
antigua de administración y se de paso a nuevos estilos de pensamiento y
organización, en rectores preparados para afrontar e innovar en aspectos de
organización, planificación y direccionamiento institucional.

BERLY YOMARA GARCIA ALVAREZ