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Bouvard y Péchuchet: Sobre la interpretación de textos literarios.

Durante la segunda mitad de la novela, Bouvard y Pécuchet experimentan la situación social y

política de finales de la Restauración y comienzos de la Segunda República Francesa.

Tienen la experiencia de enamorarse, aunque no termina muy bien, puesto que Bouvard no

entiende a las mujeres y Pécuchet contrae una enfermedad venérea. Luego de esto, desarrollan un

interés por la gimnasia, el ocultismo, la teología, la filosofía.

Esta última tiene una consecuencia poco beneficiosa, ya que las teorías filosóficas poseen

muchas contradicciones que siembran un escepticismo, con el cual les es imposible encontrar

sentido a su existencia y terminan considerando el suicidio. En este punto de la historia su

salvación viene del ambiente Navideño del catolicismo y es así como se hacen creyentes.

Esta fase de creyentes fervorosos también termina en fracaso puesto que, la Iglesia ha cometido

muchas injusticias a lo largo de la historia, la biblia posee enseñanzas que son absurdas y no

tiene exactitud por ser un texto demasiado metafórico.

Después tienen interés por la educación, debido a que adoptan a dos pequeños abandonados,

hijos de un preso, Victor y Victorina. Siguen a este interés fallido la música y la planeación

urbana, que genera discusiones con los habitantes del pueblo.

La novela no fue terminada, pues Flaubert murió antes de hacerlo, y solo se tiene conocimiento

de los posibles planos del final planteados por el escritor. Allí se sigue la historia con una

conferencia, el interés en el futurismo, el escape de la cárcel y finalmente la vuelta al oficio de

copistas con la compra de un escritorio para dos.

Con todos estos intereses, se tomará el de la interpretación de la palabra de Dios que hacen

Bouvard y Pécuchet, para analizarla y relacionarla con la literatura.


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En primer lugar, para Bouvard la religión se entiende y está presente en el cotidiano vivir, con la

observación de los niños, la naturaleza y las imágenes de los santos.

En cuanto a Pécuchet, la Biblia es el pilar de su fe, puesto que posee una interpretación simple y

directa, es decir, las enseñanzas se realizan tal como lo indican las escrituras. Es por ello que,

encuentra en su lectura y en la reclusión la vida religiosa que desea.

Centrándonos en la visión que tiene Pécuchet de las escrituras se pueden resaltar tres episodios.

Por un lado, busca suprimir de su vida todas las acciones que lo hagan pecador: “Pécuchet, en su

deseo de perfección, investigó sus vicios; los arranques de orgullo habían desaparecido ya hace

tiempo. Su afición al trabajo lo protegía contra la pereza; en cuanto a la gula, nadie era más

sobrio. A veces tenía arrebatos de cólera.

Juro que no volvería a suceder.” (Flaubert 254)

Siguiendo este fragmento acerca de las virtudes que debía tener: "Después, había que adquirir las

virtudes, primeramente la humildad, es decir, no creerse merecedor de nada, ser indigno de la

mejor recompensa, u colocarse tan bajo que te pisoteen como el barro de los caminos. Todavía

estaba lejos de estas disposiciones” (Flaubert 254-255)

Esta búsqueda de la perfección viene de la interpretación simple y directa del texto bíblico, pues

se cree que todo lo que afirma como bueno o malo debe ser llevado a cabo o dejado de lado.

Siendo así, Pécuchet busca cumplir mecánicamente con todo lo establecido sin hacer un análisis

más a fondo de sus implicaciones o posibles causas, lo cual puede cambiar el sentido de la

acción.

Además la empresa de llegar al desarrollo de la perfección en un arte o teología, es difícil dadas

las ambigüedades que presenta cada una y por ende las diferentes interpretaciones según quien

lee u observa.
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Por otro lado, está el episodio en que Bouvard encuentra a su amigo castigandose: “Su amigo

desnudo de cintura para arriba, con el zorro de la ropa se golpeaba suavemente los hombros,

después, animandose, se quitó los calzoncillos, se azotó las nalgas y cayó en una silla sin

aliento.”

Este tipo de acción que toma Pécuchet es exagerada incluso para su amigo dado que, la

concepción de fe que tiene Bouvard se encuentra relacionada con la presencia de Dios en el día a

día, que nos invita a ser buenos y no a hacernos daño o a expresar tal fanatismo. Dandose así,

un choque entre las dos maneras en que los amigos interpretan la noción de fe cristiana.

De este modo, se puede decir que la Biblia por su carácter metafórico, como algunos textos

literarios, suele necesitar una base de interpretación que está fundada en los curas y en los

académicos.

Esto quiere decir que existen autoridades, quienes a través del estudio realizado han podido

llegar a establecer o seguir la interpretación más acertada del texto literario. Sin embargo, estas

figuras significan la limitación del campo de la interpretación a un esquema normativo.

Por ello, sería conveniente que el lector llegue hacer una interpretación simple del texto, luego

una sobre interpretación de este, examine las posibles ideas que no están expresadas

directamente o controvierta, exagerar las directas, y finalmente compare sus conclusiones con el

contexto en que vive el autor, las críticas que se hallan hecho de él o con la opinión de expertos

en el tema.

Este tipo de procedimiento tiene grandes ventajas porque significa que el lector toma consciencia

de lo que está leyendo, es decir, se hace un lector activo que busca tener un dialogo con lo escrito

para confrontarlo con sus preconceptos y extraer de él ideas importantes, que no están orientadas

a alcanzar al perfecto entendimiento del texto, sino que ayudado de las opiniones de expertos
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logra establecer la interpretación que es más acertada para su visión del mundo.

Sin embargo, existiría ambigüedad en “la interpretación apropiada”, en general, para los lectores

y se producirían choques interpretativos, como les sucede a estos dos amigos.

Siendo así, queda claro que en la interpretación de textos literarios existe cierta ambigüedad. A

pesar de esto, el lector no debe limitarse a extraer lo más simple o lo que encuentra en la capa

más externa del texto, sino que debe ahondar en las ideas u opiniones que no se expresan de

manera directa. Con lo cual podrá hacerse participe de lo que en él se cuenta, se describe o se

expone. Así crea su propio criterio, que toma como guía al autor o a académicos, para dirigir su

interpretación hacia el camino más acertado.

Bibliográfica.

Flaubert, G. Bouvard y Pécuchet. Edición de German Palacio. Madrid: Cátedra, 2a ed., 2011.

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