Está en la página 1de 15

"Año del Diálogo y la Reconciliación Nacional"

ESCUELA DE POS GRADO:

MAESTRIA EN CIENCIAS DE
ENFERMERIA

ALUMNOS : JOSÉ DIAZ GARAY

DOCENTE : Mag. LILIA LOZA MUNARRIS

CICLO : II

CURSO : Ciencia de la Enfermería II

ICA – PERÚ
2018
RESIGNANDO EL CUIDADO: ACTUALIZACIÓN E INTEGRALIZACIÓN

Los debates sobre las enfermerías han apuntado algunas posturas que, aunque
divergentes a veces como los enfoques son unánimes en reconocer la necesidad de
definir el foco central de la enfermería.
Varias de estas posesiones han sugerido y propuesto el cuidar como la esencia
(LEININGER 1991), el imperativo ideal y moral (WATSON, 1988) y el modo de ser de la
enfermería (ROACH 1993). Con base en factores culturales, epistemológicos y
ontológicos, esas líneas, en las dos últimas décadas, han priorizado el cuidar como su
categoría humana en el área de enfermería
Recientemente el cuidado fue referido como la marca del trabajo de la enfermería
(PEDUZZI, 2004). También y referido como lo que caracteriza a la enfermería sea una
práctica de relaciones. El sueño de la autora del presente libro y que en el futuro la
enfermería sea conocida y reconocida como una práctica del cuidado.
Los constantes estudios sobre el fenómeno del cuidado conducen a nuevas reflexiones y,
en esta obra, pasa a ser percibido como algo de la acción, o, mejor dicho, él y más que
una acción y una actitud, lo que lo compatibiliza con algunas posiciones exhibidas por Boff
(1999). El cuidado, entonces, antecede a una acción, y un modo de ser, en realidad,
constituye la esencia del ser. En la enfermería, su nuevo entendimiento y hecho con cierta
dificultad, a veces rechaza y, la mayoría de las veces, interpretado de forma vaga,
confusa e incompleta. Esas dificultades parecen orientarse de una tradición, como
actividad vista de forma subalterna, complementaria y sin bases de conocimiento propio.
Sufre una influencia mercante del modelo biomédico y de los campesinos que se orientan
casi exclusivamente por un actuar técnico científico, estructurado, regulado, lineal y
construido dentro de una racionalidad objetiva, predecible y disciplinadora. Conviviendo
en un escenario robotizado, organizado, de alta tecnología y necesito casi un escenario
de ficción pareciendo que las características arriba se refuerzan. De esta forma, el
entendimiento del cuidado, en este escenario, sufre una adaptada, buscando acercarse al
mundo real que se ha convertido en un mundo que se eleva a la ficción y busca rescatar
al humano de sus protagonistas. Es necesario que las acciones se vuelvan menos
forzosas, menos distantes entre profesionales y pacientes, así como entre los propios
profesionales siendo más aceptable, confluyendo ideas, compartiendo espatos,
conviviendo con contradicciones, heterogeneidades y buscando en la diversidad maneras
armónicos de convivir y crear ambientes de cuidado.

De esta forma, el cuidar hoy en la enfermería, para la autora del presente trabajo,
comprende los comportamientos y actitudes demostradas en las actuaciones que son
pertinentes y aseguradas por ley y desarrolladas con competencia en el sentido de
favorecer las potencialidades de las personas para mantener o mejorar la condición
humana en el proceso de vivir y morir. El cuidado es el fenómeno resultante del proceso
de cuidar, el cual representa la forma como ocurre (o debería ocurrir) el hallazgo o
situación de cuidar entre cuidadora y ser cuidado. Por competencia entiende las
cualidades necesarias al desenvolvimiento de las actividades de enfermería y se traducen
por conocimiento, habilidades y destreza manual, creatividad, sensibilidad, pensamiento
crítico, juicio y capacidad de toma de decisión.
Los comportamientos y actitudes son entendidos como de cuidado y están compuestos
por una vasta lista, donde se destacan: respeto, gentileza, amabilidad, consideración,
compasión, disponibilidad, responsabilidad, interés, seguridad y ofrecimiento de apoyo,
confianza, confort y solidaridad.
En general, cuando se habla en cuidado, se asocia a la idea de la ejecución de algún
procedimiento en enfermería. Los cuidados de enfermería han sido, por larga data,
usados prioritariamente en referencia a la aplicación de técnicas y procedimientos en los
pacientes. Por regla general, resultan de una prescripción médica, relativa a un
tratamiento, que, a su vez, está asociado a un problema patológico o enfermedad.
En las escuelas de enfermería, después del conocimiento de una patología, se sigue una
lista de actuaciones, denominadas normalmente de cuidados de enfermería. Como ya se
ha demostrado, los libros de texto también mencionan cuidados de enfermería u otras
denominaciones.
Los planes de cuidado o prescripto de enfermería describen el tipo de actuación a ser
ejecutada, la frecuencia y, a veces, el local y la forma como debe ser ejecutada. Los
ejemplos de estas acciones son el baño de lecho una vez al día; curación en la
circuncisión quirúrgica con el suero fisiológico dos veces al día; dar soporte emocional;
favorecer la comunicación, etc. Las intervenciones relativas a los tratamientos médicos
especifican agudas, tales como formas de procedimiento para diluir medicinas,
administración de medicinas, observando rotación de local, los horarios, y aso.
Las aportaciones de orden social y psicológico son, normalmente, vacantes, quedando a
criterio de un miembro del equipo para ejecutarla en la forma como le conviene o cómo
entiende ser más apropiada.

Con el tiempo, surgieron orientaciones en el sentido de que los pacientes participar,


cooperando en las intervenciones, ayudando a autocuidar. Esta orientación se deriva de
algunos modelos teóricos (OREM, 1981, HORTA, 1979) que encuentran respaldo en la
comunidad de enfermería. Las prescripciones ahora enfatizan el favorecer, el auxiliar y el
orientar para el autocuidado.
El enfoque en el autocuidado es cuestionable en algunas culturas, sobre todo en aquellas
que, en sus hábitos familiares y de trabajo, se caracterizan por nutrir la dependencia, y la
condición de ser cuidado por alguien. En Brasil, el sistema es caracterizado por la
dependencia, por el patriarcalismo y, en esa medida, el cuidar con el paciente queda aún
a desear. Sin embargo, las orientaciones son favorecer la autonomía del paciente y
ayudar a autocuidar; esta tendencia ha crecido en función, también, de la alta precoz y del
cuidado en el hogar (home care).
En relación al término cuidados de enfermería, se cree que es más adecuada la expresa
atención de pacientes. Si el primero se centra en la enfermería, el otro se refiere al
cuidado del paciente (el cliente). Este cuidado de lo remite a la idea (concretada en la
práctica) de control, ejercicio sobre algo (paciente, cosa). Se piensa que el cuidar es para
el paciente. Cuidase al paciente, con el paciente, cuando sea posible.
De esta forma, el cuidar involucra verdaderamente una acción interactiva. Esta acción y
ese comportamiento están calcados en los valores y en el conocimiento del ser que cuida
para y con el ser que es cuidado el que pasa también a ser cuidador. Es necesario
subrayar que esta experiencia, ocurrida en un momento dado, resulta en una situación de
cuidado. Entendiendo de esa forma, el ser recipiente del cuidado participa (cuando es
posible) ayudado. Así pasa el cuidador de sí, responsable, en cierta medida, total o
parcialmente por su propio cuidado.

El proceso de cuidar implica crecimiento y ocurre independientemente de la curación. Es


intencional y sus objetivos varían dependiendo del momento, de la posición y de la
experiencia. Por ser un proceso, no hay preocupado por un fin.
Los objetivos de cuidar involucra, entre otros, aliviar, confortar, ayudar, favorecer,
promover, restablecer, restaurar, dar, hacer, etc. La curación puede ocurrir o no, así como
la muerte. El cuidado es imprescindible en todas las situaciones de enfermedades,
incapacidades y durante el proceso de muerte. En la ausencia de alguna enfermedad y en
el cotidiano de los seres humanos, el cuidado también es imprescindible, tanto como una
forma de vivir como de relacionarse.
En la perspectiva de esta obra, el cuidado, de forma generalizada y anteriormente
denominado cuidado humano (WALDOW1988), consiste en una forma de vivir, de ser, de
expresarse.
Y una postura ética y estética frente al mundo. Es un compromiso con el estar en el
mundo y contribuir con el bienestar general, en la preservación de la naturaleza, en la
promulgación de las potencialidades, de la dignidad humana y de nuestra espiritualidad;
es contribuir a la construcción de la historia, el conocimiento y la vida.
La Figura 1 ilustra el cuidado (humano) representado por círculos que se interconectan
(en líneas discontinuas) y que compone el yo / ser, el otro ser y el cosmos. Todas estas
dimensiones están impregnadas por variables, tales como valores, conocimiento, respeto,
ética, amor, cultura e historia. Las líneas onduladas representan su dinamicidad, es decir,
constituyen el flujo energético entre las dimensiones y entre las dimensiones y las
variables.

La finalidad del cuidado en la enfermería es prioritariamente aliviar el sufrimiento humano,


mantener la dignidad y facilitar medios para manejar con las crisis y con las experiencias
del vivir y del morir.

4.1. Los significados del cuidar


Como se mencionó en el capítulo 1, Leininger (1991), en la aplicación de su teoría como
referencial encontró 175 construcciones de cuidado / cuidado. Esos constructos, cabe
destacar, fueron investigados junto a las populares, a través de entrevistas y de la
observación directa de los hábitos de vida y de experiencias de salud, enfermedad y
rituales de cuidado.
Entre los constructos encontrados, se citan, por ejemplo, aceptar, asistir a los demás, ser
auténtica, envolverse, estar presentes, confortar, preocuparse, haber considerado, tener
compasión, expresar sentimientos, hacer para / con, tocar, amar , ser paciente, proteger,
respetar, compartir, comprender, tener habilidad técnica, demostrar conocimiento,
seguranza, valorar al otro, ser responsable, usar silencio, relacionarse espiritualmente,
oír. Muchos de estos edificios engloban varios otros, por ejemplo, el respeto: respetar a
los demás, respetar el estilo de vida, respetar los deseos, respetar la privación, respetar
las diferencias sexuales.
Según Leininger (op. Cit.), Las personas desarrollan comportamientos de cuidar, y la
forma en que los expresan está ligada a patrones culturales.
Para la enfermería, el conocimiento de los rituales de cuidado es de extrema importancia,
sobre todo en países donde existe una amplia gama de culturas, como es el caso de los
Estados Unidos, algunos países de Europa y Brasil, principalmente en las regiones central
y sur del país.
El conocimiento de hábitos, patrones y comportamientos del cuidar auxilia en la forma de
cómo se desarrollará el proceso de cuidar, una vez relevado por la cuidadora. La
cuidadora, al conocer los hábitos, patrones y comportamientos, estará más apta para
entender ciertas actitudes y comportamientos de la clientela, propiciando un cuidado
realmente significativo.
Como ilustrado veis, por ejemplo, las culturas germánica e italiana.
Las personas de origen germánico, por ejemplo, se sienten extremadamente incómodas
en depender de otras, pues, invariablemente, ellas son los proveedores de ayuda. Está
acostumbrado a mantener todo organizado y bajo control. Y se sienten extremadamente
constreñidas al necesitar ayuda para su higiene personal. Son personas de naturaleza
fuerte, es decir, no logran demostrar dolor, sufrimiento, o cualquier sentimiento de forma
muy abierta.
Las personas de origen italiano, a su vez, muestran una íntima vinculada con la familia, y
el hecho de vivir lejos de familiares puede ser bastante traumático. La incapacidad de
hablar, verbalizar sus sentimientos, a través del lenguaje o de gestos, también es una
gran dificultad, como en casos en que estén entubadas, pero conscientes,
traqueostomizadas, o con algún contengo de miembros, pues esas personas son
extremadamente comunicativas y exuberantes en sus expresiones.
Este conocimiento, además de los datos específicos de cada paciente, son de extrema
validez en la programación del cuidado. No obstante, a veces, cuidadoras se ven
imposibilitadas de obtener informales ante el cliente que puede estar inconsciente, sin
condigencias, o no haber familiares presentes. En general, el conocimiento sobre la
cultura ya proporciona mucha ayuda y demuestra interés y sensibilidad.
Madeleine Leininger, innegablemente, puede ser considerada la teorista e investigadora
que más teme preocupado en divulgar un cuidado significativo para el paciente / cliente.
Él se convierte en el centro para el cual las acosa de cuidar son dirigidas. Las demás
teoristas y estudiosas del cuidado han contribuido bastante para la comprensión del
cuidar en lo que se refiere a las acciones ya los comportamientos de la cuidadora. Esto
probablemente debido al menor número de investigaciones desarrolladas junto a la
clientela, resultando en teorizantes sobre el proceso de cuidar desde la perspectiva de la
cuidadora.
Roach (1993), defendiendo el cuidar como una forma de expresión de nuestra
humanidad, refiere que el cuidar es responsivo, o sea, es una respuesta a un valor. Ella
explica que el cuidado, como una respuesta, afirma valores ontológicos, pertinentes a la
naturaleza de la cosa representada por la dignidad de la vida, la preciosidad del ser
humano; y por los valores cualitativos, pertenecientes a los dominios de valor, tales como
la estética, la intelectualidad, la moral, la política, la economía y el espíritu.
El cuidado profesional, para Roach (op. Cit.), Asume la naturaleza de una respuesta
deliberada para aquello que importa, o mejor, lo que es importante en sí mismo,
envolviendo el poder espiritual de la afectividad. Esta respuesta implica la donación y la
auto transcendencia. Esta dinámica, según Roach, es la antítesis de la autoanulación o de
cuidado como supervivencia. Identifica cinco categorías, o atributos, del cuidar:
compasión, competencia, confianza, conciencia y compromiso.

Para Boykin & Schoenhofer (1993), la enfermería es cuidar. En su proposición teórica,


afirman que ser persona es vivir el cuidado en la medida en que, a través de él, nuestro
ser es conocido en su plenitud. Las autoras visualizan el cuidar como un proceso en el
que cada persona, a través de la vida, crece y se desarrolla, expresando la capacidad de
cuidar. En ese proceso, creyendo que todas las personas serían seres cuidantes, o de
cuidado, existe un comprometimiento, entendido como dedicado moral. Esto significa un
compromiso de reconocer a sí misma como persona auténtica, lo que permite conocer a
las otras. Por tanto, implica responsabilidad, humildad y coraje.
Otra idea expresada por las autoras es que el cuidar ser vivido en la relación con el otro
ser. Así el constructo clave para Boykin & Schoenhofer (op. Cit.) Es la situación de
enfermería entendida como la experiencia compartida entre la persona que cuida y la
persona que es cuidada. En esa experiencia, la totalidad de la persona es enaltecida.
Varios otros conceptos se introducen en la visión, bastante idealista, de las autoras, tales
como presenta, intencional, comunión y cooperado.
Como se puede observar, las visiones se vuelven bastante filosóficas e incluso
metafísicas. Watson (1988) es otro ejemplo. Su teoría del cuidado transpersonal incluye el
concepto de alma o espíritu y trascendencia.
La noción del proceso de cuidar transpersonal es la de dos campos fenomenales,
definidos como la totalidad de las experiencias humanas que se funden durante un evento
real de cuidar. Este evento, como Watson (op. Cit.) Llama, consiste en un punto focal en
el tiempo y en el espacio durante los cuales la experiencia y la percepción de ambos,
cuidadora y ser cuidado, se vuelven mayor y única, posibilitando la presentación espiritual
de ambos. La idea es la de la intersubjetividad, en que ambos seres comparten sus
campos, en plena unión.
Ambos seres, durante el momento de cuidar, aprenden, y un campo de energía se crea
favoreciendo la autocuración. Watson (1994, 1997) defiende el aspecto del arte del cuidar
en la enfermería como una forma de expreso total. Según ella, el posmodernismo puede
ayudar a encontrar nuevas explicaciones y significados. La realidad y la verdad ya no se
definen objetivamente; el cuidar y el curativo (considerado como una forma de restaurado,
equilibrio y uso de prácticas antiguas diversas para la autocuración) están vinculados
entre sí, al igual que al universo, crear la totalidad es parte de la nueva realidad.

No obstante, si el posmodernismo se caracteriza por generar nuevos cuestionamientos,


sugiriendo que no hay una única forma de conocerse y experimentar la realidad, la
afirmarán arriba y cuestionable, o sea, la visión de totalidad como única forma de ver la
realidad y construir la realidad nueva verdad.
Las autoras arriba citadas fundamentan varias de sus ideas en trabajos de filósofos como
Alfred North Whitehead Martm Bubber, Martin Heidegger, Milton Mayeroff, Pierré TeiIhard
de Chardm, así como en el trabajo de físicos que ha discutido el paradigma holográfico,
tales como Karl H. Pribram rritjof Capra, entre otros pensadores y estudiosos.
El cuidado, para Mayeroff (1971), es un proceso que implica desarrollo; el cuidado es
ayudar a crecer ya realizarse y para ello existe un patrón común: al cuidar experiencias al
otro ser de forma a considerarlo con capacidades y necesidades para crecer. Lo mismo
ocurre con una idea. Al experimentar el otro o una idea, no hay dominado o manipulación,
sólo confianza. El otro ser humano es respetado como sé independiente, así como se
respetan sus necesidades, las cuales son satisfechas con devoro, concepto que Mayeroff
explica como una especie de compromiso hacia el otro. En el proceso de ayudar al otro a
crecer, la idea es que ese ser venga a cuidar también de algo o de alguien, así como de sí
mismo.
Las ideas de Mayeroff (op. Cit.), De cierta forma, convergen con las de Heidegger (1969)
que también visualiza el cuidado como una condición existencial una forma de ser.
Con Heidegger surgió la noción de cuidado auténtico entendido como el ejercicio del
poder del ser, que necesita cuidado, para cuidar de sí mismo. El cuidado auténtico no es
una forma de enseñar autocuidado, sino una forma en que la cuidadora sutilmente
posibilita al otro conocer y utilizar sus propias capacidades, jamás creando dependencia,
tan comuna en las situaciones de cuidado.
Las ideas de Buber (1987) se utilizan en los enfoques del cuidado vistas bajo su aspecto
relacional, personal e impersonal. Para Buber (op. Cit), el ser humano se distingue por su
relación con los otros seres y / o objetos. La relato con otro ser humano es un estado en
el que uno reconoce, conoce al otro como sujeto y con él se le importa.

Obispo y Scudder (1991, 1996) discuten el concepto de presencia en el cuidado


relacionando las ideas de Buber en lo que concierne a la relación yo tú, yo. El primer
caracterizare por la relación de forma integral con otro ser, en que ambos reaccionan y se
relacionan como personas En el caso de la enfermería, la cuidadora no considera el ser
cuidado como una mera categoría patológica o como un papel (paciente) y, sí, como, una
persona única.
No hay necesidad de desarrollar una relación íntima y profunda, sino un relajo que
fortalezca el uno mismo del otro, capacitando para su autocuración y la salud. La relación
entre cuidadora y ser cuidado, de acuerdo con Bishop & Scudder (1997), es capacitar el
bienestar que significa el sentido de la enfermería y caracteriza una relación
intencionalmente terapéutica.
Es frecuente, sin embargo, que las relaces se dan de forma imparcial en que la cuidadora
desempeña su trabajo de forma correcta, eficiente, pero sólo en el aspecto técnico. Eía
realiza procedimientos en un cuerpo cualquiera. Este tipo de relación se caracteriza por la
relajo persona-objeto y sucede con frecuencia en la medicina.
Estudios, en la realidad brasileña, demuestran que enfermeras consideran el cuidado de
una acción dinámica, pensada, reflexiva y realizada con celo.

Los pacientes hospitalizados perciben el cuidado en forma de afecto, cariño, colaborado;


se sienten agradecidos por la atención recibida, pero demuestran pasividad y hasta
subordinado, aceptando lo que se hace sin cuestionar. Evidentemente lo que apuntan no
puede servir de regla, ya que puede observarse variedad en las respuestas, según el
contexto en que se da el cuidado. En uno de los estudios, atribuye la actitud subordinada
al origen extremadamente humilde de los pacientes, en la mayoría oriundo del interior, de
escolarización baja y de pocas condiciones económicas.
En el estudio de Bittes Jr. (1996) evidenció que el comportamiento del cuidador es que va
a garantizar la ocurrencia del cuidado el sentirse cuidado. El comportamiento del cuidador
fue relacionado a recibir ateneo, cariño, a tener paciencia, siendo disponible y resultando
en satisfactorio, seguranza en la percepción de restablecimiento y en la apreciada de la
atención. Se observa por el estudio que los pacientes perciben el cuidado como una
conjugación de procedimientos técnicos y sentimientos (comportamientos) ejecutados con
amor y cariño. Otro aspecto interesante de destacar es que los pacientes tienen una
expectativa que es la de ser cuidados y, en esa condición, la categoría temporalidad fue
muy significante, o sea, el cuidado ser ejecutado en el momento en que es necesario. La
demora en la atención es percibida como descuidado, desinterés. Las consecuencias del
cuidado (el sentirse cuidado) reflejan sentimientos y emotivo positivos, recuperando la
autonomía y retoman la vida (BITTES Jr., 1996).
Un estudio de Silva (1998, p.27) también privilegia aspectos del área expresiva, más que
la instrumental, a diferencia de la realidad norteamericana. De su estudio, realizado con
enfermeras y pacientes, concluí que, en síntesis, "el cuidado es un proceso interrelacional
y contextual, que envuelve las más diversificadas formas de expresividad terapéutica, de
conocimiento, habilidades y experiencias previas de cuidado".
En la literatura de enfermería en Brasil, varios significados de cuidado se pueden
encontrar en la literatura de enfermería, la mayoría prioriza aquellos apuntados por
enfermeras, no bajo el punto de vista de auxiliares y técnicos de enfermería, los cuales
han tenido la real experiencia de cuidar en el sentido de presentar. Esta presencia, aquí,
considerándose la realizada de procedimientos y las relaciones interpersonales
mantenidas durante y entre las diversas actividades realizadas. Por otro lado, el
significado atribuido al cuidado por parte de los seres cuidados (pacientes / clientes) es
casi nulo como interés de investigación. De esta forma, todavía existe insuficiencia de
estudios sobre el cuidado en Brasil, considerando las lagunas arriba mencionadas,
además de la casi ausencia de expresiones teórico-filosóficas sobre el tema.

4.2. Las controversias en relate al cuidado


Fry (1990, 1991, 1993) es una autora que, más recientemente, ha propuesto un modelo
de cuidado afinado a su aspecto moral. Ello apunta a los atributos más usuales,
contenidos en el concepto, tales como el cuidar como un modo de ser, como una
precondición para iniciar el proceso con un ideal social o social.
Las ideas de Fry (op. Cit.), Inspiradas en un análisis filosófico realizado por Griffin (1983),
relacionan dos aspectos importantes en el cuidado: el aspecto de actividad y el aspecto
de actitudes y sentimientos. Ambos aspectos se consideran complementarios y
relacionados, es decir, ocurren en virtud de una relación entre enfermera paciente.
Las actividades, definidas como ayudar o asistir y servir o satisfacer, son medidas a
través de la relación entre enfermera y paciente. Según Griffin, esta relación es un tipo de
contacto personal que ocurre al ser desempeñadas tareas en función de necesidades,
siendo llamadas de actividades de cuidar. No obstante sólo pueden considerarse
realmente cuidando al ser desempeñadas de un modo particular, por la expresión de un
componente emocional.
El cuidar entonces, relacionado con una responsabilidad en responder a una necesidad,
es visto por Fry (1990; 1991, 1993) como un fenómeno moral. Y Griffin (1983) advierte al
sujeto cognitivo de ese aspecto moral, representado por la percepción de la necesidad y
del deber en satisfacer la necesidad.
Otros autores (NODDINGS, 1984, MAYEROFF, 1971) han señalado esta cuestión de
deber o de obligación en el cuidado, y esto ha causado algunas reacciones.
Lo que motiva el cuidar, independientemente de gustar o no, está relacionado a un
sentimiento, a un llamado, a una compulsión para ayudarle o aquello que necesita,
contorne el juicio emitido. Y hacer algo en el sentido del bien. No es un comportamiento
impensado, al contrario, es consciente de responder a principios y valores morales.
El cuidado activa un comportamiento de compasión, de solidaridad, de ayuda en el
sentido de promover el bien, en el caso de las profesiones de salud, especialmente de la
enfermería, visando al bienestar del paciente, su integridad moral y su dignidad como
persona.
El aspecto moral del cuidado, aunque sea bastante cómodo, ofrece una excelente
contribución a otro aspecto al que está íntimamente relacionado, la cuestión ética. Estos
dos aspectos, discutidos en profundidad, pueden ilustrar muchos dilemas éticos
enfrentados por los profesionales de enfermería, contribuyendo en la definición o en la
redefinición de muchas posturas en la práctica profesional.
En las características del cuidado, se reconocen atributos deseables o idealizados.
Siempre existe el lado opuesto, el del no cuidado. Algunos seres humanos pueden no ser
motivados a cuidar, si bien esta idea es totalmente rechazada por las autopistas como
Roach (1993) y Boykin & Schoenhofer (1993).
Hay personas no inclinadas a desarrollar actividades encajadas dentro de lo que se
pretende significar por cuidado o, al menos, no en su totalidad. Además, incluso en las
actividades que exigen o incluyen comportamientos de cuidar, muchas personas,
cuidadoras, no presentan necesariamente comportamientos de cuidar.
Es bastante común trabajar, en el área de enfermería, desarrollar sólo tareas, es decir,
cumplir una población de trabajo, apenas como una actividad de remunerado, un medio
de supervivencia. No existe, en este caso, un real desarrollo, un compromiso (moral) con
la presión o actividad. A veces son cuidadoras eficientes, responsables, pero demuestran
una actitud bastante lejana y fría con los pacientes. Por otro lado, hay personas que
desempeñan su trabajo con compromiso, con participación, con placer. Normalmente son
cuidadoras bastante sensibles que logran expresar su sensibilidad.
Conforme a los casos anteriores, el cuidado deja de existir? O en cuál de los; dos el
cuidado realmente se demuestra? Morse et al. (1991) afirman que si una enfermera no
demuestra comportamientos de cuidar y si, aún así, a la cuenta de las actividades
proporcionando un cuidado satisfactorio, el concedo de cuidado seno inadecuado o
inapropiado como tema central para una teoría de enfermería. En la visión de la autora del
presente libro, el cuidado está compuesto por acciones y comportamientos.
Se cree que el cuidado, por sus múltiples características y principalmente por ser
interactivo y modo desarrollado por maquinas, presenta también variedades en sus
expresiones de cuidar, muchas veces cuidadoras fallará en el cuidado aunque haya
buenas intenses. Parece que el cuidado en el sentido ideal no se procesa, aunque no deje
de ocurrir. O mejor, el cuidado no ocurre, pero las intervenciones de enfermería son
realizadas.
Adélia, una enfermera considerada eficiente, responsable, sensible, con muchos de los
atributos necesarios para cuidarlo, recuerda una urna en que, al intentar ofrecer apoyo a
una paciente, en realidad desencadenó una reacción adversa que, analizada desde el
punto de vista del cuidado, se consideraría como un problema. Rose (1997) ilustra con
una posición similar en la que, en virtud de un disfraz, se volvió más obesa y sedentaria.
Al ser sometida a un procedimiento de inserción de cánula en la vena por el médico, la
enfermera que la asistía, en el intento de amenizar la tensión, comentó que las venas
simplemente habían desaparecido. Después de varios intentos para que las venas se
volvieran visibles, la enfermera se disuelve la próxima vez que usted venga al hospital
para cirugía usted tendrá que hacer ejercicios por 6 meses, así que sus venas quedarán
como las de Schwarzenegger. "Rose (op. Cit.) y que no se sienten vergüenza y culpa en
no realizar más sus ejercicios, además de otros recuerdos que le vinieron a la mente,
relacionados con sus antiguas actividades.
Hay detalles y hechos que, a veces, no son reportados por los pacientes. Además, en
nuestra realidad, la instituida de salud a veces no utiliza registros detallados sobre los
pacientes, apenas aspectos sucintos de examen y evaluación diagnóstica, bastante
común la enfermería no tener el hábito o no haber espacio garantizado para sus registros,
ni personal suficiente para realizar. El tiempo de permanencia del paciente a veces es
mínimo, no permitiendo un registro más detallado, tampoco una interacción más larga.
La enfermera Zaida recuerda una vez en que, al acompañar a un familiar para realizar
una cirugía, un miembro del equipo de enfermería entró en la habitación para verificar las
señales v, tales de admisión. Entró sin decir una palabra, verificó las señales, sin decir
una palabra, y salió. Debe haber presumido que la paciente era la persona que estaba
sentada en el borde de la cama, sin embargo eran tres personas en la habitación. Esta
fue la recepto en la humedad, además de haber sido la primera persona en entrar en
contacto con la paciente. El médico, durante el corto paso en la instituida, fue la única
persona que demostró algún preocupado y afecto, si así se puede decir, pues tan pronto
como las condes de la paciente estaban estables, prescribió alta, justificando que la
paciente sabía que se sentiría mejor y, más bien cuidada en casa. Evidentemente su
actitud fue tomada en el fondo de las condes del ambiente, que, por lo menos, en aquella
humedad eran pésimas. Es necesario hacer un pariente a ese respecto, pues la paciente
estaba internada en una ur- no privada. En la ocasión, además de la aparente falta de
personal e indiferencia por los pacientes, la unidad estaba con problemas de material,
tales como jabón, toalla, papel higiénico, sin contar la higiene que quedaba a desear.
Sabemos que las condiciones de hotelería, al menos, son bastante diferentes en unidades
privativas. Desafortunadamente, esa es una realidad en el actual sistema de salud del
país, o sea, no todos reciben el mismo tratamiento y cuidado.
No hay que decir que el familiar de Zaida, así como los demás miembros de su familia, se
sintieron extremadamente inseguros, además de sentir revueltas por ser tratados con
tanta indiferencia. La paciente en cuestión se sentía bastante sola sin calor humano,
desprotegida, como relató más tarde. El medio ambiente, como se verá más adelante,
tiene un impacto en la forma en que se realiza el cuidado.
Las escuelas de enfermería tradicionalmente han orientado de algunos comportamientos
y posturas consideradas adecuadas y muchas todavía enfatizan un comportamiento o
actitud caracterizados como postura profesional. Aunque no se define precisamente, la
postura profesional parece querer significar una actitud de disenso, de respeto, de interés
para el paciente, pero manteniendo una cierta distancia. De preferencia esa actitud
debería ser también en relajo a los miembros del equipo de enfermería, más la actitud que
demostró autoridad e imparcialidad. Esas y otras actitudes y comportamientos,
componiendo a veces una larga lista, han sido cuestionados y muchas mudanzas han
ocurrido con el paso del tiempo.
Sólo más recientemente, algunos comportamientos han sido discutidos y expresados en
el relajo de cuidado, o sea, entre cuidadora y ser cuidado.
Varias investigaciones evidencian algunos de esos comportamientos, en gran mayoría
percibidos por la enfermería. En relación con las características del cuidado percibidas por
la clientela. los trabajos todavía parecen insuficientes. En ese sentido, existen algunas
dificultades en los pacientes que, a veces, no están dispuestos a relatar cómo ven el
comportamiento a aquellos que practican el cuidar. Otra dificultad es no entender lo que
está siendo solicitado, o por desconocer el significado de cuidar, o aún, por confundir con
otros significados. Esto puede indicar que, en el verdadero cuidado / cuidado no es un
término apropiado, sea por sus diferentes connotaciones, sea por su desvalorización.
La literatura refiere que el cuidar se vuelve aparente en su ausencia, es decir, las
personas no consiguen ejemplificar lugares de cuidado o enumerar términos que sean
sinónimos de cuidar y, sí, recordar situaciones traumáticas y términos que caracterizan el
no cuidado.
Otro aspecto, levantado por Reverby (1987), y si la sociedad no valora el cuidado, cómo
puede ser identificado.
Retomando Griffin (1983) y Morse et al. (1990, 1991) el cuidado de la estancia
relacionado con la sensación. Esta noción de sentimiento, comportamiento, expresión
emocional, o aún, elementos o ingredientes de cuidar están relacionados, como se ha
visto, al aspecto moral y deberían estar presentes en todas las categorías planteadas por
Morse et al.
Considerando el cuidar como una interacción interpersonal, como una característica
humana e incluso como una intervención terapéutica, elementos como respeto,
considerado, con pasión, así como afecto, deben estar siempre presentes.
Tal vez ese sea uno de los problemas actuales en las interpretaciones del cuidar. Algunas
personas parecen entender que esas categorías son características aisladas en diferentes
enfoques y otras parecen entender que el cuidado significa sólo una tierna y recíproca
relación, o una demostración de cariño, encarado sólo en el ámbito de ofrecer aula a
través del cariño y del toque. Y evidentemente existen las interpretaciones, que admite
apenas el cuidado como una íntegra terapéutica, una técnica, rechazando cualquier
contacto más cercano con el ser cuidado.
A veces resulta difícil identificar si la autora de un modelo o una teoría sólo considera uno
u otro aspecto del cuidar o si, para relevar el enfoque, no menciona las otras acciones y
comportamientos.
Las inter relaces entre las categorías, cuando existen, no siempre están claras, y eso
parece haber contribuido para que no haya entendimiento satisfactorio, generando vanos
equívocos y confusiones. A veces, la impresión es que el cuidado y visualizado de forma
fragmentada, no induciendo todas sus dimensiones conocimiento, habilidades,
emociones, etc.
La énfasis en los aspectos emocionales del cuidado, altamente priorizados en los
recientes trabajos sobre el cuidar, es un punto que merece análisis.
Es interesante resaltar que, entre los estudios, algunos muestran pequeño variado entre
el valorizado del área instrumenta y la expresiva principalmente considerando el tipo de
ambiente. Como ejemplos están los trabajos de Ray (1989) en que los comportamientos
de cuidar de los profesionales de la salud están relacionados al contexto y al tipo de
función desempeñada. En el área administrativa, el cuidar / cuidado fue definido por la
forma como era desempeñado, o sea, en términos de competido y de éxito en la
obtención de recursos humanos y materiales con miras a preservar la economía de la
organización. Las enfermeras administradoras, aunque poseedoras de atributos de cuidar,
tenían la función de mantener la política y la economía organizacional de modo que el
cuidado directo fuera prestado de fuera adecuada. Por regla general, se enfrentaban los
objetivos de la organización y las necesidades de cuidado de los pacientes.
En la perspectiva de los miembros de las unidades clínicas, el significado de cuidar /
cuidado varió bastante. En la unidad de oncología, por ejemplo, fue descrito y observado
por la dimensión de intimidado y de carácter espiritual; en la unidad de tratamiento
intensivo, por el carácter, por excelencia, técnico; en la emergencia por el carácter
técnico, político y legal; y en la pediatría, por las dimensiones de las seguridades, la
participación y el mantenimiento del trabajo de la unidad.
Los estudios de Larson (1986) y de Mayer (1987) evidencian algunos puntos de
similitudes a partir del contexto y de la clientela los factores contextos y conducción de
salud parecen influenciar la visión del cuidado, cornudo, así, predomina el aspecto
instrumental.
Lamentablemente, son insuficientes los estudios, tanto en la realidad americana y en la
braille, para poder afirmar las características culturales de ambas realidades. Una
hipótesis a ser cantada y que, en la realidad americana, la competencia, en el desempeño
de la técnica y del conocimiento, es una exigencia del consumidor en cualquier servicio, lo
que parece no ocurrir en la realidad brasileña. Por otro lado, la cultura americana, la
semejanza de las culturas europeas, caracterizada por un comportamiento menos efusivo
en lo que concierne a las emociones. En Brasil, los sentimientos son priorizados,
formando parte de la húmeda cultura latina.
Noddings aclara cómo entiende la reciprocidad en el cuidado que se intentará traducir.
Según ella, necesariamente, existe una forma de reciprocidad en el cuidado. Lo significa
una devolución, es decir, no y comportarse de la misma manera, sino mostrar
receptividad, como, por ejemplo, el ser cuidado aceptar el cuidado. Puede ser
representado por el reconocimiento del ser cuidado a través del cuidado recibido por la
cuidadora con una respuesta sutil no siempre objetiva, pero que pueda ser captada como
un cambio en la forma de expresarse, de comportarse, por ejemplo, una mejora en el
cuadro del paciente; demostrada por una mirada, un signo de crecimiento, un gesto, una
manifestación creativa, en el caso, de un alumno o una actitud más autónoma. Puede,
también, ser respalda (percibida la preocupación por el hijo).
No es fácil, sin embargo, ver cómo el paciente reacciona en respuesta. Pueden ser
observadas modificaciones relacionadas con las relaciones terapéuticas, como alivio del
dolor, caída de la presión de la temperatura, mejora de la cicatrización y así
sucesivamente. En cuanto a las acciones relativas al área expresiva, ellas son menos
visibles, a no ser cuestionadas o verificadas a través de signos subjetivos, como sonrisas,
apariencia relajada, tranquila y en algunos pacientes su colaboración en el cuidado, lo que
puede denotar una comprensión de las orientaciones proporcionada. Algunos pacientes
verbalizan su apreciación y agradecimiento, pero todas estas señales pueden
simplemente ser en función de la personalidad o de la condición del paciente, entre otros.
También se observa, en la cultura brasileña, que personas de origen humilde a menudo
agradecen el cuidado recibido como si estuvieran obteniendo un favor, en lugar de un
derecho.
En la dimensión de esta obra, e importante resaltar que el cuidado necesariamente no es
reciproco. Dependiendo de la situación, la persona que necesita cuidado puede no
responder, o mejor, el cuidado puede no surtir ningún impacto, porque el paciente puede
estar incandescente o imposibilitado en el momento, en el momento de sentirse amerado,
o simplemente no estar sintonizado con la cuidadora o incluso mostrar indiferencia con un
comportamiento más afectivo o más distante.
No significa que, al no demostrar o no responde », ser cuidado no sienta la diferencia
entre comportamientos de cuidado y no cuidado; puede haber una incapacidad de
expresar en el momento. El dolor, el miedo y la preocupación por su situación es el centro
del contacto del paciente. La diferencia, sin embargo, es que, si no se siente totalmente
cuidado, el ser cuidado podrá sentirse amerado.
En general, pacientes (o clientes) no están interesados sólo en recibir un trato cariñoso.
Ellos quieren sentirse seguros y confiados de que, además de ser considerados seres
humanos, tendremos el equipo de salud desempeñando sus fungos con conocimiento y
habilidad. Una cuidadora, que demuestre extrema eficiencia, pero que sea ruda o
indiferente, puede transmitir al paciente sentimientos de solidaridad y de carencia,
agravando su vulnerabilidad. Por otro lado, una cuidadora extremadamente delicada,
interesada y afectiva, pero con falta de experiencia, conocimiento y habilidad técnica,
puede producir en el paciente sentimientos de inseguridad, incomodidad y amenaza.
Para que el cuidado realmente ocurra en su plenitud la cuidadora debe expresar
conocimiento y experiencia en la performance de las actividades técnicas, en la
prestación de informaciones y en la educada con el paciente y su familia. A ello debe
conjugar expresiones de interés, considerado, respeto y sensibilidad, demostradas por
palabras, tono de voz, postura, gestos y toques. Esta es la verdadera expresión del arte y
de la ciencia del cuidado: la conjugada del conocimiento, de las habilidades manuales, de
la intuición, de la experiencia y de la expresión de la sensibilidad.
El cuidado incluso en el silencio es interactivo y promueve el crecimiento. Ayudar al
paciente a crecer involucra ayudarle a enfrentar momentos difíciles, mantenerse presente
y solidaria, y ayudándolo a extraer significado de la experiencia vivida. El cuidado auxilia
en el proceso de curación, acelerándolo y haciendo lo menos traumático.
Hay situaciones en que se logra establecer una especie de mutuo entendimiento, de
reconocimiento y de afirmado entre cuidadora y ser cuidado o familiar. Por regla general,
se sitúan de extrema vulnerabilidad, principalmente con pacientes terminales. La
experiencia a seguir, vivida por Luiza, demuestra la importancia de la presente en el
cuidado.
Luiza cuenta que nunca olvidó una ubicación ocurrida cuando trabajaba como enfermera
de una unidad pediátrica. Había una niña, rubia, fruncida, con diagnóstico de leucemia y
la previsión era que no tenía mucho tiempo de vida. Era una niña bastante quieta, pero
demostraba mucha afectividad y, siempre al llegar a la unidad, ella venía encontrada.
Luiza no sabía ni cómo, ni el porqué de la niña se afectó a ella y, al llegar a la unidad iba a
verla. Luiza la sentaba en su regazo y reía los prontuarios, haciendo las anotaciones. Y
por varias veces se quedaban, ella haciendo su trabajo, y la niña permanecía quieta con
el rostro colgado al de Luisa. Una vez expresó que me gustaría salir, de pasear. Luiza
habló que no podían salir, pero que la llevaría para ver la ciudad. Se llevó al terrado del
edificio y, de allí, mostró la ciudad, el cielo, los árboles, los carros y las personas allá
abajo. Jugaron de rueda, y ella se reía, pareciendo feliz. Poco tiempo después murió
durante la madrugada. Al llegar a la unidad, el equipo de enfermería dio la noticia a Luiza,
acompañando la hasta la sala donde habían dejado el capullo de la niña para que Luisa
se despidiera, antes de enviarlo a la morgue del hospital. Luisa cuenta que quedó muy
enternecida con el gesto y puede entonces quedarse unos minutos al lado de aquel
pequeño ángel rubio y llorar.
Sin expresar verbalmente, Luiza y la niña lograrán establecer una interacción en la que el
interés y afecto de Luiza hicieron a la niña feliz. De la misma forma, el equipo de
enfermería mostró considerado y cuidado para ambas.
No es muy fácil entender y generalizar lo que Watson (1988), entre otras autoras, refiere
por entrar en la experiencia del otro ser. La cuidadora tendrá posibilidades mayores, por
medio de la empatía, interés y envolvimiento para entrar en la experiencia del ser cuidado,
pero éste para entrar en la experiencia de la cuidadora parece ocurrir mucho más
raramente, justamente por estar centrado en sí y en su situación.
Como en el ejemplo de la niña, parece que hubo una comunión, pero en el sentido en que
la niña sintió amada y protegida. Luisa llenó sus necesidades de afecto. En el caso, ella
no estaba prestando cuidado directo, pero fue escogida, demostrando su carencia,
debilidad, y Luisa respondió a su llamada. En general, el cuidado que necesitaba
técnicamente era doloroso.
Es difícil imaginar cómo los pacientes se sienten en remedio al cuidado. Tal vez el término
reciprocidad no sea el más apropiado, pues puede haber un reconocimiento, aceptación y
apreciación del cuidado, pero reciprocidad significa dar y recibir mutuamente; dar vuelta,
pues es un intercambio. Esta idea puede llevar a interpretaciones equivocadas, como es
el caso de prestar el cuidado con una intención de retorno.
La literatura menciona que la intención real de cuidar es no esperar la reciprocidad. El
cuidado es despertado por el deseo natural de ayudar e involucra a la esperanza, lo que,
según Mayeroff (1971), difiere de expectativa, la cual prevé un determinado resultado de
comportamiento. Es el caso que ocurre en las situaciones de tenga en que los cuidadores
tienen una expectativa de que el paciente deberá vencer la incapacidad, la enfermedad o
la muerte. De la misma forma, es el caso de pacientes muy queridos e insatisfechos, a
pesar de los esfuerzos realizados por los cuidadores. No es inusual que estos pacientes
despertar reacciones desagradables por parte del equipo, pues ellos deberían responder
de manera diferente, como se esperaba, o sea, atendiendo las expectativas, según los
esfuerzos realizados. Si el paciente no puede responder a las expectativas, surge un
sentimiento de impotencia y frustración por parte del equipo.
El cuidado, en ese sentido, puede ser entendido como altruista, significando no querer
obtener beneficio o resultado, sino apegarse a asegurar y Para que el medio ambiente de
cuidado sea favorecido bajo esos cuatro aspectos es necesario que cuidadoras entiendan
y significado del cuidar y lo valoren, sentenciadas motivadas empoderadas para que el
cuidado sea una práctica en la realidad de la enfermería, así como de todo el sistema, y
no sólo de un sueño.
Son frecuentes casos de omisión, mala práctica, negligencia o grosería en función de la
falta de personal, de material y de preparación de las personas involucradas en el
cuidado. Una persona que necesite un examen, una consulta o hasta hospitalizado siente
inseguridad y arterna y puede entrar en pánico, si, al ser admitida en el recepto, es
recibida con indiferencia, descaso o grosería.
Si el cuidado es realmente importante y significativo, debe ser reconocido no sólo por
aquellas personas que son cuidadoras profesionales, como por todas las personas que
directa o indirectamente están involucradas en él. Y es ahí donde se habla en cuidado
humano pues en verdad, todos somos o deberíamos ser cuidadores. La enfermería, sin
embargo, por el mayor contacto con la clientela y por ser formalmente educada para el
cuidado profesional, tiene como responsabilidad la iniciativa de practicarla de promoción y
de hacerla visible.
En cuanto al medio ambiente, es importante traer más casos de casos. Otros elementos
ya discutidos pueden ser identificados en los siguientes ejemplos, tales como el poder, o
mejor, la falta de poder y el reconocimiento del cuidado a su desvalorización, la
negligencia, la falta de responsabilidad, entre otros, que, en otras palabras, el no cuidado.
Débora recuerda una situación ocurrida al inicio de su carrera como enfermera
responsable de la unidad quirúrgica y un pequeño hospital de la red privada que atendía
la especialidad de ortopedia. Su responsabilidad incluía supervisar, además del centro
quirúrgico con dos salas de cirugía y una a pequeña para cirugías de ambulatorio, el
centro de material y esterilización y la sala de recuperación pos anestésica. La dirección
hospital, compuesta por médicos, no parecía dar el real al cuidado, pues aunque
verbalizas la importancia del servicio de enfermería y el cuidado a los pacientes, las
prioridades eran, primero, el lucro; segundo, la satisfacción de las necesidades del cuerpo
médico; en tercer lugar, la atención cada vez mayor de los pacientes. La falta de material
era constante en todos los sectores. El personal de enfermería, compuesto en su casi
totalidad por asistentes de enfermería, no era suficiente para atender a. necesidades de
los pacientes. Debora vivía en constante fricción con la dirección del hospital, implorando
personal y material y exponiendo los riesgos a que los pacientes estaban sujetos.
Un día, "la bomba estalló" en las manos de la propia Débora como de la misma relata. Sin
funcionaria en la sala de recuperación postanestésica después de las 15 horas sola para
recibir, los pacientes de la escala quirúrgica de la tarde. Normalidad mayor movimiento
era por la mañana, cuando y en el caso de necesidad, con una operadora de algún otro
sector, la operadora terminaba su planta, las 1 b horas a veces se quedaba hasta más
tarde si fuese necesario o si pudiera quedarse, ese día, no podía quedarse al cabo de las
16 horas, Débora no consiguió otra persona y, para llorar la situación, se habían añadido
cirugías que no figura en la programación.
Alrededor de las 18 horas, Débora estaba con ocho pacientes recién operados, y los tres
últimos habían llegado casi al mismo tiempo. Uno de ellos, una crianza, sometida a una
intervención ambulatoria, estaba con la mala en una salita reservada para ese tipo de
caso. Se cercioró de que la paciente estaba bien, le pidió a la mala que la llamara, si fuera
necesario.
Uno de los médicos anestesistas que atendía en el hospital tenía el hábito de entregar a
los pacientes aún entubados a la sala de recuperación, a pesar de los insistentes
llamados y discusiones de Débora en relación a eso.
De los ocho pacientes, dos aún estaban entubados. Era imposible, para Débora, controlar
los signos vitales conforme a la retina, administrar medicado y supervisar las condiciones
circulatorias de los miembros engrasados y / o envasados, su posicionamiento y los
curativos, además de prestar informales a los que despertaban, tranquilizándolos.
Al comprobar la presión de uno de los pacientes recién llegados, Débora buscó, con la
mirada, chequear a los demás y súbitamente sintió un frío y un temblor en las piernas,
cuestión de segundos. Incluso estando más lejos, uno de los pacientes, recién llegado y
aún entubado, parecía no respirar! Débora lo dejó todo, aprehensiva corrió hacia el lecho
del paciente y constató que el mismo estaba en hipoxia. Mientras intentaba conectar el
respirador, gritaba por ayuda. Fue uno corre corre. Los médicos que acudieron, tratando
de recuperar al paciente, lo pedían y aquello y Débora, como en trance, recuerda que
consiguió ayudar en lo que puede, alcanzando material, preparando medicación y, aún,
checando a los demás pacientes.
El paciente, un joven de 23 años que se había internado sólo para retirar una varilla
metálica de uno de los miembros inferiores, se recuperó, pero se quedó con lesión
cerebral.
Débora jamás olvidó el incidente y, aunque cliente de que no pudo haber hecho más y
mejor, en el fondo se sentía culpable por no haber sido más incisiva y enfática, más
asertiva, negándose a aceptar las condiciones de trabajo, tales como las de la instituida.
Incluso habiendo ocurrido hace cerca de 25 años, las condiciones de aquel hospital en
particular eran bastante precarias y, boje en día, inadmisibles.
En el caso de un hospital de bastante prestigio y con un equipo de enfermería compuesta
por enfermeras, auxiliares y técnicos de enferma, al ser liberada de la unidad de
enfermería, tratamiento intensivo donde había permanecido por cerca de 24 días, de los
cuales 16 entubada. Alicia encontró su mano en la habitación, sobre la cama de la forma,
probablemente había sido transportada de la camilla sin estar cubierta y con el catéter de
oxigonio suelto en el suelo. Ya se había internado por presentar enfisema respiratorio y
luego presentó obstruyo intestinal, siendo presentado llevada a la cirugía. Realizó dos
cirugías y, en la última, se constató trombosis mesentérica. Sus condiciones empeoraron,
y varias intercoherencias se siguieron en función de su debilidad y edad.
Para Alice, fue un choque encontrar su mano allí, encima de la cama, abandonada y sin
oxigonio (que afortunadamente parece no haber sentido falta), aproximadamente a las 20
horas, sabiendo que su madre había llegado a la unidad a la tarde.
Otro episodio ocurrido con la mano de Alice fue cuando una auxiliar de enfermería entró
en la habitación para hacer el vendaje. Aun los paquetes, caló guantes y no se utilizó de
las gotas, limpiando la herida con las manos envueltas. Al usar el suero fisiológico, Alice
percibió que la funcionaria no había colocado el contenido dentro de la cuba y estaba
tomando el frasco con las manos, endobladas. Habló la que estaba contaminando el
curativo, pero la funcionaria negó, respondiendo que estaba usando guantes esterilizados.
La funcionaria mostró la convicción de estar haciendo bien. Alicia relató lo ocurrido a la
enfermera responsable de la unidad que se encontraba en una salita discutiendo la
asunto de trabajo con otra enfermera. Para su inminencia, las dos enfermeras no
parecieron sorprenderse, y la responsable de la unidad justificó que la funcionaria era
nueva y estaba en período probatorio. Sólo ese hecho sería motivo para la supervisión
directa, sin embargo la enfermera parece no haberse dado cuenta.
En los episodios relatados, se puede evidenciar la presencia de vanos aspectos, tales
como la irresponsabilidad, la falta de visión de iniciativa y el descuido por parte del equipo
de enfermería principalmente por parte de las enfermeras, en lo que concierne a la
administración del cuidado. Los hechos demuestran falla en la enseñanza del cuidado y
puede concluirse que el valorado del cuidado realmente debe iniciarse primero en el
interior de la propia enfermería.
El proceso de cuidado se describirá en el siguiente capítulo. Varias modificaciones
también se realizaron como se puede constatar, también, por su representación gráfica,
desde su verso presentado en Waldow (1998).