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Introducción

En los años 50, el escritor alemán Hermann Hesse expresaba: “Lo que le urge a Occidente es la
práctica del Yoga”.

En las últimas décadas la práctica del yoga y la meditación han crecido de manera notable en en
todo el mundo. En el año 2003 se estimó que entre 30 y 40 millones de personas en el mundo
practicaban yoga (Feuerstein, 2003). Hoy, según la Unesco, más de 200 millones de personas
practican esta disciplina. ¿Pero qué realmente lo que han encontrado estas personas en esta
disciplina milenaria?

Estas personas han comprendido que el Yoga es más que un conjunto de posturas, es un método
completo que busca el bienestar psicofísico, la práctica de valores éticos y virtudes mentales, el
desarrollo de la capacidad de concentración y meditación para construir una vida con calidad en
todos los aspectos.

Qué es el bienestar?

Según la Psicología positiva, el bienestar, asociado a la Eudaimonia (concepto aristotélico de

felicidad), es un tipo de felicidad basado en un mayor sentido de propósito y significado más

profundo en la vida.

La perspectiva eudaimónica del bienestar se encuentra presente en muchas filosofías y psicologías


asiáticas, en las cuales conceptos como autorrealización, crecimiento personal, autonomía y
sentido de vida son principales. En este sentido, uno de los objetivos fundamentales de la práctica
del yoga es la integración del practicante con su “verdadero Yo”.

En Occidente, la ciencia también ha experimentado con la Eudaimonía en la búsqueda del


bienestar humano. Y es así como el profesor de medicina de la Universidad de California, Dr.
Steve Cole (2013) ha realizado estudios sobre la relación entre el sistema inmune y la felicidad,
o cómo reaccionan nuestras células a lo que subjetivamente llamamos felicidad, de lo que ha
concluido que "no hay duda de que la mente y el sistema inmune están ligados". La mente parece
modular en varios aspectos las respuestas inmunes. En el estudio se midió el perfil de expresión
genética de un grupo de voluntarios y se relacionó con una evaluación de sus niveles de felicidad,
la cual se dividía en dos tipos: felicidad "hedonista" y "felicidad eudaimónica". "La felicidad
hedonista es el estado de ánimo elevado que experimentamos después de un evento de vida
externo, como comprar una casa", en tanto la eudaimonía es "nuestro sentido de propósito y
dirección en la vida, nuestro involucramiento con algo más grande que nosotros", explica Cole. El
estudio mostró una notable correlación entre la felicidad eudaimónica y un mejor funcionamiento
del sistema inmune.

El estrés crónico que reduce la felicidad eudaimónica, sugiere Cole, puede acortar la longitud de
los telómeros (extremos de los cromosomas), mientras que actividades como el Yoga y la
Meditación mantienen la longitud de estas regiones cromosómicas que protegen el ADN e
intervienen en el proceso de envejecimiento. En otras palabras, la disciplina mental es capaz de
afectar la expresión genética y regular la función de nuestro ADN.

Aspectos Relevantes de la práctica

Evolución espiritual, física y mental de los asistentes

En un principio, los asistentes a las clases venían con la idea de que el yoga sólo los iba a ayudar
con la parte física, ya que se encontraban poco “flexibles” y sentían que aquello era el resultado
de algunas dolencias físicas. A medida que fueron pasando los días y sus prácticas se hicieron más
frecuentes, empezaron a notar pequeñas mejorías en su estado de ánimo, se sintieron más
relajados y por ende más flexibles tanto física como mentalmente. En cada clase se observaron
avances significativos a nivel físico, sobre todo en personas de edad que llegaron con dolencias
crónicas puntuales como en caderas y columna. Algunos de ellos manifestaron que el yoga le ha
devuelto la movilidad y que por lo mismo han dejado de consumir ciertos medicamentos, como
antiinflamatorios.

La motivación, la constancia y la felicidad que manifestaban cada vez que empezaban y


terminaban las clases fueron claves para poder descifrar lo que realmente estaba ocurriendo a
nivel espiritual en los alumnos. Y en este punto, quiero recalcar que la Meditación fue un paso
sumamente importante en el desarrollo espiritual de ellos.

En un principio fue bastante difícil, pues no todos podían sentarse bien sobre el suelo y
mantenerse correctamente erguidos. Tampoco podían concentrarse ni respirar adecuadamente.
Para ello se fueron ofreciendo las distintas posturas alternativas de meditación, incluyendo en
casos muy extremos, la silla y se enfatizó el control de la respiración a través del Swara Yoga. Al
cabo de un mes, los alumnos comenzaban la meditación casi sin problemas y con una muy buena
predisposición al ejercicio.
Algunos de ellos han manifestado sentirse más plenos, más felices y satisfechos con su vida.
También sienten que han descubierto el amor y la compasión hacia sí mismos y por los demás.

Aprendizajes personales como profesor

Ha sido una experiencia muy enriquecedora poder enseñar yoga , aún mas, cuando se tienen
tantas horas y tantos bellos alumnos. Fue muy gratificante en todo sentido, pues me abrió la
posibilidad de conocer gente muy distinta, con la cuál hubo una maravillosa retroalimentación.

Cada vez que amplío mi conocimiento de la experiencia y la educación, se abre la siguiente puerta,
porque el yoga es tan amplio e inagotable, que ha pasado a ser un proceso

Actualmente tengo siete horas a la semana. A menudo, se agregan hasta tres horas
cuando me hago cargo de las representaciones. Antes de tener hijos, enseñé el
doble. Fue una experiencia importante para mí enseñar tantas veces y de tantas
maneras y probar todo, aceptar todo lo que vino. Para aprovechar su propia
experiencia. Esa es la única forma en que puedes aprender.
A medida que mi experiencia creció, también creció mi conciencia del equilibrio entre
dar y recibir. Me di cuenta de cuánto podía dar y cuánto necesitaba para reponer mis
necesidades. Como profesor de yoga, tengo una gran responsabilidad con otras
personas. La primera responsabilidad recae en sí misma. Si regalas todo, te pierdes y
ya no eres una fuente inspiradora y auténtica porque la fuente está agotada.
El yoga ha sido mi estilo de vida durante muchos años. Practico yoga porque no puedo
evitarlo. Está en mí y fluye fuera de mí. Experimento el don de enseñar yoga como un
vínculo con mi propia intuición. Es un sentimiento, un impulso, una puerta al
interior. Un presentimiento, que solo puede surgir en mí a través del eterno llenado de
inspiración y confianza si lo permites. Para conectarse conmigo, siempre tengo que
atravesar mi cuerpo con la respiración. Entonces, para mí, el don como profesor de
yoga es una interacción de conocimiento, técnica, devoción y pasión, intuición y
sentido del ritmo, experiencia y rutina. Este regalo como maestro puede ser algo
diferente para todos. Para mí, muchas cosas con las que he estado trabajando fluyen
juntas. Se siente bien y me da confianza.
Como profesor de yoga, necesitas un buen marco sólido y una base de sustancia y
alma. Esto es lo que obtuve de Spirit Yoga y con el paso de los años he podido ampliar
mis conocimientos a través de talleres y capacitación. El marco en mí se ha vuelto más
fuerte y más suave.