Está en la página 1de 2

Del Ego Cogito a la Apercepción kantiana

CARLOS CONTRERAS VILLAYZAN

En este artículo expondré brevemente lo que personalmente considero que son las
principales semejanzas y las diferencias entre el Ego Cogito cartesiano y la Apercepción
kantiana.

Dentro de los puntos en común entre Descartes y Kant, encontramos que tanto el Ego
Cogito como la unidad sintética de apercepción son los principios supremos del
entendimiento humano, ambos contienen por tanto todas las posibles representaciones del
entendimiento. Estas representaciones son modos o atributos del “Sujeto cognoscente” en
Descartes y son las formas lógicas del juicio y las categorías conceptuales (como a priori del
pensar) en Kant. Tanto el Ego Cogito como la Unidad sintética de a-percepción son los que
posibilitan la síntesis de las diversas representaciones, no puede haber ninguna
representación particular sin estos principios unificantes para ambos filósofos.

Un ejemplo de ello se encuentra en la Segunda meditación de las Meditaciones Metafísicas,


en donde Descartes pone como ilustración de su principio, el conocido ejemplo de la cera.

Sin embargo, surgen dos diferencias entre el planteamiento de Kant y el de Descartes.


Primeramente para Descartes el Ego Cogito se conoce solo a través de la intuición, mientras
que para Kant la A-percepción es una representación que contiene todas las representaciones,
pero como representación solo podemos pensarla. Para Kant un entendimiento que solo
intuye captaría simultáneamente toda la diversidad dada a través de la autoconciencia. Esta
concepción que si es admitida por Descartes, solo puede ser propiedad de otras inteligencias
(como podrían ser las de Dios y los ángeles) más para Kant no es una facultad propia del
entendimiento humano. Para Kant como ya es conocido, la intuición solo se da a nivel de lo
empírico. Si el Ego Cogito es pura intuición no se puede explicar su existencia a lo largo de
un tiempo, lo cual nos llevaría a cuestionar la posibilidad misma de la reflexión y del pensar,
que se dan siempre a lo largo del tiempo.

Por esto último Descartes acude en las Meditaciones Metafísicas a Dios como el garante que
le permite sostener objetivamente y permanentemente al Ego Cogito, que en el nivel de la
Segunda meditación había quedado en un plano formal. Esta es la segunda diferencia que
considero existe entre Kant y Descartes, el “Yo pienso” en Descartes posee un contenido
que es dado por Dios mediante las ideas innatas, mientras que en Kant el “Yo pienso”, es
decir la “A-percepción”, es una condición de posibilidad (y como tal enteramente formal)
del entendimiento.

Descartes acude en la Tercera meditación a justificarse en la hipótesis de Dios, porque en la


duda metódica e hiperbólica ha puesto en tela de juicio lo empírico. Con Descartes entonces
se llega a un dualismo entre lo que es la “res extensa” y la “res cogitans” (Ego Cogito), en
donde lo único que es propiamente factible o posible de un conocimiento “cierto y evidente”
es decir “lo claro y distinto” es la res cogitans y solo en función de esta se ordena el mundo
y en esta se basa las ciencias (todo ello en función de un método universal). Kant asume esta
idea con respecto a la a-percepción, el considera que sin este principio es imposible que se
dé un conocimiento objetivo (objetivo en el sentido de la síntesis de una intuición dada) , sin
el propiamente no habría entendimiento en el sujeto. Pero como para Kant el
“entendimiento” no intuye sino que piensa, el “Yo pienso” afirma su identidad intuyendo la
diversidad de una experiencia dada en el espacio y el tiempo, y esto mediante los sentidos
(interno y externo), no existe para él una división marcada entre la experiencia y el sujeto que
lo lleve a considerar una suerte de incomunicación entre ambos. El fenómeno es el que
despierta al entendimiento, que utiliza lo dado por este y le da unidad en el entendimiento,
la unidad completa de todo ello se da en la a-percepción pura en la razón, y no se parte,
entonces del entendimiento hacia el fenómeno.

No hay una incomunicación marcada entre el mundo fenoménico y el mundo cognoscitivo,


debido a que Kant pensó en un mediador importante del cual Descartes no se percató (o al
menos no lo interpreto a la manera de Kant) ; tal mediador es el “Tiempo” que como sentido
interno es afectado por todo tipo de experiencias que afecten al “Yo-psicológico” y mediante
este a la A-percepción , es decir al sujeto cognoscente en general . El tiempo puede por tanto,
captar los diversos fenómenos empíricos que nos vienen de lo que sería la “Res extensa”
cartesiana, así como los diversos fenómenos de la “psique” o de las ideas innatas de la “Res
cogitans” cartesiana. Todo ello evidencia como sugiere Kant en su crítica al idealismo en la
“Critica de la razón pura”, una relación mutua entre la “existencia de las cosas externas” y la
posibilidad de la autoconciencia. Para que exista el tiempo como algo permanente necesita
existir mi autoconciencia como algo permanente , pero también se necesita de cosas
exteriores a mí que se manifiesten permanentemente , solo así puede darse mi autoconciencia
como algo determinado distinto de tales cosas, pero a la ves como tales cosas , mi
autoconciencia se manifiesta en el tiempo (en el sentido interno).

Es imposible para Kant la existencia de representaciones anteriores a toda experiencia, o


ideas innatas como las llama Descartes, puesto que tales representaciones, que aparentemente
pueden ser causadas por las cosas externas, son en realidad causadas por nosotros mismos.